Principios y promesas

Conferencia General Octubre 2016
Principios y promesas
Por el presidente Thomas S. Monson

 Cuidemos de nuestro cuerpo y de nuestra mente al guardar los principios que están en la Palabra de Sabiduría, un plan dado por los cielos.

Esta noche, hermanos, ruego por la guía de nuestro Padre Celestial al compartir mi mensaje con ustedes.

En 1833, el Señor reveló al profeta José Smith un plan para una vida saludable. Ese plan se encuentra en la sección 89 de Doctrina y Convenios y se conoce como la Palabra de Sabiduría. Da indicaciones específicas en cuanto a los alimentos que comemos, y prohíbe el uso de substancias que son perjudiciales para nuestro cuerpo.

A los que son obedientes a los mandamientos del Señor y que fielmente obedecen la Palabra de Sabiduría, se les prometen bendiciones especiales, entre ellas buena salud y fortaleza física1.

Recientemente leí un relato verídico de una dramática manifestación en cuanto a estas promesas. Un fiel miembro de la Iglesia, John A. Larsen, sirvió durante la Segunda Guerra Mundial en el servicio de guardacostas de los Estados Unidos, en el barco USS Cambria. Durante una batalla en las Filipinas, se avisó que se aproximaba un escuadrón de bombarderos y aviones de combate kamikazes o suicidas. Se dieron órdenes para una inmediata evacuación. Ya que el USS Cambria se había ido, John y tres de sus compañeros recogieron sus cosas y rápidamente fueron a la playa, esperando que alguien los llevara a uno de los barcos que partían. Por fortuna, una barcaza los recogió y rápidamente se dirigió al último barco que dejaba la bahía. Los hombres de ese barco, en el esfuerzo de evacuar de ahí lo más rápido posible, estaban ocupados en la cubierta y solo tuvieron tiempo de arrojarles sogas a los cuatro hombres, con la esperanza de que subieran hasta la cubierta.

John, con un pesado radio a sus espaldas, se encontró colgado al final de una soga de 12 metros, al costado del barco que se dirigía a mar abierto. Empezó a subir por sí mismo, mano sobre mano, sabiendo que si no se agarraba ciertamente perecería. Después de ascender solo un tercio del tramo, sus brazos le ardían de dolor. Se había debilitado tanto que pensó que no se podría sostener más.

Con sus fuerzas agotadas, al pensar fatídicamente en su destino, en silencio John oró a Dios, diciéndole que él siempre había obedecido la Palabra de Sabiduría y que había vivido una vida recta, y que ahora desesperadamente necesitaba las bendiciones prometidas.

Posteriormente, John relató que al finalizar su oración había sentido una gran aumento de fuerza. Empezó a subir otra vez y rápidamente escaló por la soga. Cuando llegó a la cubierta, su respiración era normal, sin muestras de cansancio. Las bendiciones de más salud y vigor, prometidas en la Palabra de Sabiduría, le habían sido dadas. Le dio gracias a su Padre Celestial en ese momento, y por el resto de su vida, por la respuesta a su desesperada oración de ayuda2.

Hermanos, que cuidemos de nuestro cuerpo y de nuestra mente al guardar los principios que están en la Palabra de Sabiduría, un plan dado por los cielos. Con todo mi corazón y mi alma, testifico de las gloriosas bendiciones que nos aguardan si lo hacemos. Que así sea, lo ruego en el nombre de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo. Amén.

REFERENCIAS 

  1. Véase Doctrina y Convenios 89:18–21.
  2. Véase John A. Larsen, en las compilaciones de Robert C. Freeman y de Dennis A. Wright, , Saints at War: Experiences of Latter-day Saints in World War II (2001), págs.350–351; usado con permiso.

 

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Para que se haga fuerte también

Conferencia General Octubre 2016
Para que se haga fuerte también
Por el presidente Henry B. Eyring
Primer Consejero de la Primera Presidencia

 Ruego que estemos a la altura de nuestro llamamiento de edificar a los demás, a fin de prepararlos para su glorioso servicio.

Me siento bendecido de estar en esta reunión con quienes poseen el sacerdocio de Dios. La devoción, la fe y el servicio abnegado de este grupo de hombres y jóvenes son un milagro moderno. Hablo hoy a poseedores del sacerdocio, mayores y jóvenes, unidos en el servicio incondicional al Señor Jesucristo.

El Señor otorga Su poder a aquellos que, en todos los oficios del sacerdocio, sirven dignamente en sus responsabilidades del sacerdocio.

Wilford Woodruff, cuando era Presidente de la Iglesia, describió su experiencia en los oficios del sacerdocio:

“Escuché el primer sermón en esta Iglesia y al día siguiente, fui bautizado… Se me ordenó al oficio de maestro. Mi misión comenzó de inmediato… y durante toda la misión serví con el oficio de maestro… En la conferencia, se me ordenó presbítero… y después de que se me ordenó presbítero, me enviaron… en una misión al sur del país. Eso fue en el otoño de 1834. Tenía un compañero, y comenzamos sin bolsa ni alforja. Viajé muchas millas solo y prediqué el Evangelio; bauticé a unos cuantos que no podía confirmar porque era solamente un presbítero… Viajé por un tiempo predicando el Evangelio antes de que se me ordenarasoñado]…

“[Ahora] ya he sido miembro de los Doce Apóstoles durante unos cincuenta y cuatro años; he viajado con ese cuórum y otros desde hace ya sesenta años; y quiero decir a esta congregación que el poder de Dios me sostuvo tanto cuando tenía el oficio de maestro, y en especial cuando oficiaba en la viña como presbítero, como lo hizo cuando era Apóstol. No hay ninguna diferencia en ello en tanto que cumplamos con nuestro deber”1.

Esa maravillosa posibilidad espiritual de que no haya diferencia se propone en la descripción que el Señor hace del Sacerdocio Aarónico como una “dependencia” del Sacerdocio de Melquisedec2. La palabra dependenciasignifica que los dos están relacionados. Esa conexión es importante para que el sacerdocio llegue a ser la fuerza y la bendición que puede ser, en este mundo y para siempre, pues “es sin principio de días ni fin de años”3.

La conexión es simple. El Sacerdocio Aarónico prepara a los jóvenes para una responsabilidad aun más sagrada.

“El poder y la autoridad del sacerdocio mayor, o sea, el de Melquisedec, consiste en tener las llaves de todas las bendiciones espirituales de la iglesia:

“tener el privilegio de recibir los misterios del reino de los cielos, ver abiertos los cielos, comunicarse con la asamblea general e iglesia del Primogénito, y gozar de la comunión y presencia de Dios el Padre y de Jesús, el mediador del nuevo convenio”4. Seguir leyendo

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Aprendan de Alma y Amulek

Conferencia General Octubre 2016
Aprendan de Alma y Amulek
Por el presidente Dieter F. Uchtdorf
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

 Es mi esperanza que quienes se hayan apartado del camino del discipulado vean con el corazón y aprendan de Alma y de Amulek.

Alma, hijo

Entre los personajes más inolvidables de las Escrituras está Alma, hijo. Aunque era hijo de un gran profeta, se desvió del camino por un tiempo y se convirtió en un “hombre muy malvado e idólatra”. Por cuestiones que solo podemos adivinar, él se opuso activamente a su padre y procuró destruir la Iglesia; y debido a su elocuencia y persuasión, tuvo gran éxito1.

Sin embargo, la vida de Alma cambió cuando un ángel del Señor se le apareció y le habló con voz de trueno. Durante tres días y tres noches, Alma fue “[martirizado con] un tormento eterno… sí, con las penas de un alma condenada”. Y luego, de alguna manera, un vago recuerdo trajo luz a la oscuridad de su mente, una verdad eterna que su padre enseñó: que Jesucristo vendría para “[expiar] los pecados del mundo”. Alma había rechazado esos conceptos desde hacía mucho tiempo, pero ahora su “mente [se concentró] en este pensamiento” y humilde y sinceramente, depositó su confianza en el poder expiatorio de Cristo2.

Después de esa experiencia, Alma fue un hombre cambiado y desde ese momento, dedicó su vida a reparar el daño que había causado. Él es un ejemplo potente de arrepentimiento, perdón y fidelidad perpetua.

Con el tiempo, Alma fue elegido para suceder a su padre como cabeza de la Iglesia de Dios.

Cada ciudadano de la nación nefita debe haber conocido la historia de Alma. Los Twitters, Instagrams y Facebooks de esa época se habrían llenado con imágenes e historias sobre él. Probablemente apareció con frecuencia en la portada de El semanal de Zarahemla y fue el tema de editoriales y especiales de televisión. En resumen, quizás fue la celebridad más conocida de sus días.

No obstante, cuando Alma vio que su pueblo estaba olvidando a Dios y levantándose en el orgullo y la contención, eligió renunciar a su cargo público y dedicarse “completamente al sumo sacerdocio del santo orden de Dios”3, predicando el arrepentimiento entre los nefitas.

Al principio Alma tuvo mucho éxito— hasta que viajó a la ciudad de Ammoníah. Las personas de esa ciudad estaban muy al tanto de que Alma ya no era su líder político; tenían poco respeto por la autoridad de su sacerdocio. Lo denigraron, ridiculizaron y expulsaron de su ciudad.

Descorazonado, Alma le volvió la espalda a la ciudad de Ammoníah4,

pero un ángel le dijo que regresara.

Piensen en ello: se le dijo que regresara al pueblo que lo odiaba y que era hostil hacia la Iglesia. Era una asignación peligrosa y quizás una que pondría en riesgo su vida; pero Alma no dudó. “Él volvió prestamente”5.

Alma había estado ayunando muchos días cuando entró en la ciudad; al estar allí, le pidió a un completo extraño que le diera “algo de comer a un humilde siervo de Dios”6. Seguir leyendo

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Hay poder en el libro

Conferencia General Octubre 2016
Hay poder en el libro
Por el élder LeGrand R. Curtis Jr.
De los Setenta

 El mayor poder del Libro de Mormón consiste en la influencia que tiene en acercarnos a Jesucristo.

El 14 de junio de 1989, debido a información errónea sobre la Iglesia, el gobierno de Ghana prohibió todas las actividades de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días dentro de ese país africano. El gobierno expropió las propiedades de la Iglesia y la actividad misional se detuvo. Los miembros de la Iglesia, que llaman a ese periodo “la paralización”, hicieron lo mejor que pudieron para vivir el Evangelio sin reuniones de rama ni el apoyo de misioneros. Hay muchas historias inspiradoras de cómo los miembros mantuvieron la luz del Evangelio encendida adorando en su hogar y cuidándose mutuamente como maestros orientadores y maestras visitantes.

Con el tiempo, el malentendido se solucionó y el 30 de noviembre de 1990 terminó la paralización y se reanudaron las actividades normales de la Iglesia1. Desde entonces, ha habido una excelente relación entre la Iglesia y el gobierno de Ghana.

Los miembros que fueron testigos de la paralización resaltan las bendiciones que surgieron de esa época inusual: se fortaleció la fe de muchos por medio de la adversidad que enfrentaron. Una de las bendiciones de la paralización llegó en forma inusual.

Nicholas Ofosu-Hene era un joven policía asignado a vigilar un centro de reuniones SUD durante la paralización; su deber era cuidar el edificio durante la noche. Cuando Nicholas llegó por primera vez a la capilla, vio que todo estaba desparramado; los papeles, libros y mobiliario eran un caos. En medio del desorden, vio un ejemplar del Libro de Mormón. Intentó ignorar el libro, ya que le habían dicho que era malo, pero se sentía extrañamente atraído a él. Finalmente, Nicholas no pudo ignorar más el libro; lo agarró y se sintió impelido a empezar a leerlo. Leyó toda la noche, con lágrimas rodándole por las mejillas al hacerlo.

La primera vez que tomó el libro leyó todo 1 Nefi. La segunda vez, leyó todo 2 Nefi. Al llegar a 2 Nefi, capítulo 25, leyó esto: “Y hablamos de Cristo, nos regocijamos en Cristo, predicamos de Cristo, profetizamos de Cristo y escribimos según nuestras profecías, para que nuestros hijos sepan a qué fuente han de acudir para la remisión de sus pecados”2.

A esas alturas, Nicholas sentía tan fuerte el Espíritu que comenzó a sollozar; se dio cuenta de que, mientras leía, había recibido varias impresiones espirituales de que el libro era Escritura, la más correcta que jamás hubiese leído; supo, además, que los Santos de los Últimos Días, a diferencia de lo que había oído, eran firmes creyentes en Jesucristo. Cuando terminó la paralización y los misioneros volvieron a Ghana, Nicholas, su esposa y sus hijos se unieron a la Iglesia. La última vez que lo vi el año pasado, era comandante de la policía y servía como presidente del Distrito Tamale Ghana de la Iglesia. Él dijo: “La Iglesia ha transformado mi vida… Agradezco a Dios Todopoderoso por guiarme a este Evangelio”3. Seguir leyendo

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Emisarios a la Iglesia

Conferencia General Octubre 2016
Emisarios a la Iglesia
Por el élder Jeffrey R. Holland
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

 Les pedimos que, en calidad de maestros orientadores, sean emisarios de Dios a Sus hijos; que amen, velen y oren por la gente que se les ha asignado.

No hace mucho, una hermana soltera, a la que llamaré Molly, llegó a casa del trabajo y encontró que 5 cm de agua cubrían todo el piso del sótano. Inmediatamente se dio cuenta de que sus vecinos, con los que compartía las cañerías del desagüe, debieron de haber tenido una cantidad exorbitante de ropa para lavar y para bañarse, porque a ella le llegó toda el agua del sumidero.

Después de que Molly llamó a una amiga para que fuera a ayudarla, ambas empezaron a achicar el agua y a trapear. Entonces alguien llamó a la puerta y su amiga exclamó: “¡Son tus maestros orientadores!”.

Molly se rio. “Esel último día del mes”, respondió, “pero puedo asegurarte queno son mis maestros orientadores”.

Descalza, con los pantalones mojados, el cabello sujeto con un pañuelo y un par muy elegante de guantes de goma, Molly se abrió camino hasta la puerta. Sin embargo, su aspecto deprimente no se comparaba con el espectáculo inusual que tenía ante sus ojos. ¡Síeran sus maestros orientadores!

“¡Me quedé boquiabierta ante semejante sorpresa!”, me dijo tiempo después. “¡Era un milagro de la orientación familiar, como el que las Autoridades Generales comparten en los discursos de la conferencia general!” Y prosiguió: “Pero entonces, justo cuando intentaba decidirme entre darles un beso o el trapeador, ellos me dicen: ‘Discúlpenos, Molly. Vemos que está ocupada y no queremos molestar; vendremos en otro momento’. Y se fueron”.

“¿Quién era?”, le preguntó su amiga desde el sótano.

“Quise decirle: ‘Ciertamente no eran los tres nefitas’”, admitió Molly, “pero me refrené y dije con mucha calma: ‘Eran los maestros orientadores, pero consideraron que no era un momento oportuno para darme el mensaje’”1.

Hermanos, permítanme examinar brevemente el deber del sacerdocio que se ha descrito como “el primer recurso de ayuda en la Iglesia” para las personas y las familias2. Se han sacrificado bosques enteros a fin de tener el papel para organizar y después reorganizar ese deber; se han dado miles de discursos motivadores a fin de fomentarlo. Ciertamente, ningún psicoanalista de la corriente de Sigmund Freud podría suscitar tantos sentimientos de culpa como los que ha provocado este tema. No obstante, aún tenemos dificultades para siquiera acercarnos a un nivel aceptable en el cumplimiento del mandamiento del Señor en cuanto a “velar siempre por los miembros de la iglesia”3 mediante la orientación familiar del sacerdocio.

Parte de la dificultad que enfrentamos es la demografía cambiante de la Iglesia. Sabemos que ahora que hay miembros repartidos en más de 30.000 barrios y ramas ubicados en 188 naciones y territorios, es mucho más difícil visitar el hogar de nuestros hermanos y hermanas de lo que lo era en los albores de la Iglesia, cuando un vecino enseñaba a otro vecino en lo que se conocía como “enseñanza por cuadras”. Seguir leyendo

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Compartir el Evangelio restaurado

Conferencia General Octubre 2016

Compartir el Evangelio restaurado

Por el élder Dallin H. Oaks
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

 Lo que llamamos la “obra misional de los miembros” no es un programa, sino una actitud de amor y de participación para ayudar a los que nos rodean.


I.

Hacia el final de Su ministerio terrenal, nuestro Salvador Jesucristo mandó a Sus discípulos: “Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones” (Mateo 28:19) e “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15). Todo cristiano está bajo esos mandatos de compartir el Evangelio con todos, a lo cual muchos llaman “la gran comisión”.

Tal como el élder Neil L. Andersen lo describió en la sesión de esta mañana, sin duda, los Santos de los Últimos Días se encuentran entre los más dedicados a esta gran responsabilidad; y así debe ser, porque sabemos que Dios ama a todos Sus hijos y que en estos últimos días Él ha restaurado conocimiento y poder adicionales de vital importancia a fin de bendecirlos a todos. El Salvador nos enseñó a amar a todos como hermanos y hermanas, y honramos esa enseñanza al compartir el testimonio y el mensaje del Evangelio restaurado “entre todas las naciones, lenguas, tribus y pueblos” (D. y C. 112:1). Eso es parte fundamental de lo que significa ser Santo de los Últimos Días y lo consideramos como un privilegio que nos llena de gozo. ¿Qué podría llenarnos más de gozo que el compartir las verdades de la eternidad con los hijos de Dios?

Actualmente contamos con muchos recursos para compartir el Evangelio que no estaban disponibles en generaciones anteriores. Tenemos la televisión, internet y una diversidad de redes sociales; contamos con muchos mensajes valiosos que nos ayudan a presentar el Evangelio restaurado; tenemos la prominencia de la Iglesia en muchas naciones; contamos con una cantidad de misioneros que ha aumentado grandemente. Pero, ¿estamos haciendo uso de todos esos recursos de manera que logremos el efecto máximo? Considero que la mayoría de nosotros diría que no. Deseamos ser más eficaces en cumplir con nuestra responsabilidad divinamente establecida de proclamar el Evangelio restaurado en todo el mundo.

Existen muchas buenas ideas para compartir el Evangelio que funcionarán en estacas o países en particular. Sin embargo, debido a que somos una Iglesia mundial, deseo hablar de ideas que funcionen en todo lugar, desde las unidades más nuevas a las sólidamente establecidas, desde culturas que actualmente son receptivas al Evangelio de Jesucristo a culturas y naciones que son cada vez más hostiles hacia la religión. Deseo hablar de ideas que ustedes puedan compartir con personas que son dedicadas creyentes en Jesucristo, así como con personas que nunca han oído Su nombre; con personas que están satisfechas con su vida actual, así como con personas que desesperadamente procuran mejorarse.

¿Qué podría decir que les sea útil cuando compartan el Evangelio, sean cuales sean sus circunstancias? Necesitamos la ayuda de todo miembro, y todo miembro puede ayudar ya que hay muchas tareas que llevar a cabo a medida que compartimos el Evangelio restaurado con toda nación, tribu, lengua y pueblo.

Todos sabemos que la participación de los miembros en la obra misional es de vital importancia para lograr la conversión así como la retención. El presidente Thomas S. Monson ha dicho: “Ahora es el momento de que los miembros y los misioneros se unan [y]… trabajen en la viña del Señor para llevar almas a Él. Él ha preparado los medios para que compartamos el Evangelio de muchas maneras, y Él nos ayudará en nuestros esfuerzos si actuamos con fe para llevar a cabo Su obra”1. Seguir leyendo

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Permaneced en mi amor

Conferencia General Octubre 2016
“Permaneced en mi amor”
Por el élder D. Todd Christofferson
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

 El amor de Dios es infinito y perdurará para siempre, pero lo que signifique para cada uno de nosotros dependerá de cómo respondamos a Su amor.

La Biblia nos dice que “Dios es amor”1. Él es la personificación perfecta del amor, y nosotros dependemos en gran medida de la constancia y del alcance universal de ese amor. Como lo ha expresado el presidente Thomas S. Monson: “El amor de Dios está allí ya sea que sientan que merezcan amor o no; simplemente siempre está allí”2.

Se puede hablar del amor divino y describirlo de varias maneras. Uno de los términos que oímos a menudo hoy en día es que el amor de Dios es “incondicional”. Si bien en un sentido eso es verdad, el término“incondicional” no aparece en ninguna parte de las Escrituras. En cambio, en las Escrituras se describe Su amor como “grande y maravilloso amor”3, “perfecto amor”4, “amor que redime”5 y “amor eterno”6. Esas expresiones son mejores porque la palabra incondicional puede transmitir ideas incorrectas acerca del amor divino, tales como, que Dios tolera y excusa todo porque Su amor es incondicional, o que Dios no exige nada de nosotros porque Su amor es incondicional, o que todos son salvos en el reino celestial de Dios porque Su amor es incondicional. El amor de Dios es infinito y perdurará para siempre, pero lo que signifique para cada uno de nosotros dependerá de cómo respondamos a Su amor.

Jesús dijo:

“Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor.

“Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor”7.

“Permanecer” en el amor del Salvador significa recibir Su gracia y ser perfeccionados por ella8. Para recibir Su gracia, debemos tener fe en Jesucristo y guardar Sus mandamientos, que incluye arrepentirnos de nuestros pecados, bautizarnos para la remisión de pecados, recibir el Espíritu Santo y permanecer en la senda de la obediencia9.

Dios siempre nos amará, pero Él no puede salvarnos en nuestros pecados10. Recuerden las palabras de Amulek a Zeezrom de que el Salvador no salvaría a Su pueblo en sus pecados, sino de sus pecados11, debido a que con el pecado somos impuros y que “ninguna cosa impura puede heredar el reino del cielo”12 ni morar en la presencia de Dios. “Y [Cristo] ha recibido poder, que le ha sido dado del Padre, para redimir a los hombres de sus pecados por motivo del arrepentimiento; por tanto, ha enviado a sus ángeles para declarar las nuevas de las condiciones del arrepentimiento, el cual conduce al poder del Redentor, para la salvación de sus almas”13.

Del Libro de Mormón aprendemos que el propósito del sufrimiento de Cristo, que es la manifestación suprema de Su amor, era “poner en efecto las entrañas de misericordia, que sobrepujan a la justicia y proveen a los hombres la manera de tener fe para arrepentimiento.

“Y así la misericordia satisface las exigencias de la justicia, y ciñe a los hombres con brazos de seguridad; mientras que aquel que no ejerce la fe para arrepentimiento queda expuesto a las exigencias de toda la ley de la justicia; por lo tanto, únicamente para aquel que tiene fe para arrepentimiento se realizará el gran y eterno plan de la redención”14.

El arrepentimiento, pues, es el don que Él nos concede, por el cual pagó un altísimo precio.

Algunas personas argumentarán que Dios bendice a todos por igual, citando, por ejemplo, la declaración de Jesús en el Sermón del Monte: “[Dios] hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos”15. Efectivamente, Dios hace llover sobre todos Sus hijos todas las bendiciones que Él puede dar, todas las bendiciones que el amor, la ley y la justicia permitan dar. Y Él nos manda que seamos igual de generosos:

“Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;

“para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos”16.

Sin embargo, las bendiciones más grandes de Dios se basan en la obediencia. El presidente Russell M. Nelson explicó: “El resplandeciente ramillete del amor de Dios, incluso la vida eterna, incluye bendiciones para las que debemos llenar ciertos requisitos, y no es algo a lo que tenemos derecho siendo indignos. Los pecadores no pueden someter la voluntad de Él a la de ellos y obligarle a que les bendiga estando en pecado [véaseAlma 11:37]. Si desean disfrutar de cada flor de Su hermoso ramo, deben arrepentirse”17. Seguir leyendo

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¡Oh cuán grande es el plan de nuestro Dios!

Conferencia General Octubre 2016

¡Oh cuán grande es el plan de nuestro Dios!

Por el presidente Dieter F. Uchtdorf
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Estamos rodeados de una riqueza de luz y verdad tan extraordinaria que me pregunto si realmente apreciamos lo que tenemos.


Qué bendecidos somos de reunirnos nuevamente en esta conferencia mundial bajo la dirección y el liderazgo de nuestro querido profeta y presidente, Thomas S. Monson. Presidente, lo amamos y lo apoyamos con todo el corazón.

Durante mi vida profesional como piloto, dependía mucho de la precisión y confiabilidad de sistemas computarizados, pero rara vez tuve que usar mi computadora personal. En mi trabajo de oficina como ejecutivo, tenía asistentes y secretarias que amablemente me ayudaban con las tareas.

Todo eso cambió en 1994, cuando fui llamado como Autoridad General. Mi llamamiento consistía en muchas oportunidades maravillosas de ministrar, pero también incluía mucho trabajo de oficina para la Iglesia; más de lo que imaginé que fuera posible.

Para mi asombro, la herramienta principal para mantenerme organizado en mi trabajo era mi computadora personal.

Por primera vez en la vida, tuve que zambullirme en ese extraño, desconcertante e incomprensible mundo.

Desde un principio, la computadora y yo no nos llevábamos muy bien.

Personas expertas en tecnología intentaron enseñarme a usar la computadora. Literalmente se colocaban detrás de mí, extendían el brazo por encima de mi hombro, y con sus dedos moviéndose rápidamente creaban una sinfonía de percusión en el teclado.

“¿Ve?”, me decían orgullosamente. “Así es como se hace”.

Yo no lo veía. Fue una transición difícil.

Mi curva de aprendizaje era más bien un muro de ladrillos.

Tomó mucho tiempo, repetición, paciencia, bastante esperanza y fe, gran cantidad de ánimo por parte de mi esposa y muchos litros de un refresco dietético que no nombraré.

Ahora, veintidós años después, estoy rodeado de tecnología computarizada. Tengo una dirección de correo electrónico, una cuenta en Twitter y una página de Facebook. Tengo un teléfono inteligente, una tableta, una computadora portátil y una cámara digital; y, aunque mis habilidades tecnológicas no se pueden comparar con las de un niño de siete años, para un septuagenario, no soy tan malo.

Pero he notado algo interesante. Cuanto más versado me hago en la tecnología, más dejo de apreciar lo que vale.

Durante una gran parte de la historia de la humanidad, la comunicación se realizaba a la velocidad de un caballo. Enviar un mensaje y recibir una respuesta podía tomar días e incluso meses. Hoy nuestros mensajes viajan miles de kilómetros en el espacio o miles de metros por debajo de océanos para llegar a alguien al otro lado del mundo; y si hay una demora de incluso unos segundos, nos frustramos y nos impacientamos.

Parece ser la naturaleza humana: cuanto más nos familiarizamos con algo, incluso algo milagroso e impresionante, perdemos nuestro sentido de asombro y lo tratamos como algo común y corriente.

¿Dejamos de apreciar el valor de las verdades espirituales?

El no apreciar las tecnologías y las conveniencias modernas quizás sea un asunto relativamente pequeño. Pero, tristemente, a veces tomamos una actitud similar hacia la doctrina del evangelio de Jesucristo que ensancha el alma y es eterna. En la Iglesia de Jesucristo se nos ha dado mucho. Estamos rodeados de una riqueza de luz y verdad tan extraordinaria que me pregunto si realmente apreciamos lo que tenemos.

Piensen en los primeros discípulos que caminaron y hablaron con el Salvador durante Su ministerio terrenal. Imaginen el agradecimiento y la reverencia que deben haberles inundado el corazón y llenado la mente cuando lo vieron levantarse de la tumba, cuando palparon las heridas de Sus manos. ¡Sus vidas nunca serían las mismas!

Piensen en los primeros santos de esta dispensación que conocieron al profeta José Smith y lo escucharon predicar el Evangelio restaurado. Imaginen cómo se deben haber sentido al saber que el velo entre el cielo y la tierra se había abierto nuevamente, derramando luz y conocimiento sobre el mundo desde nuestro hogar celestial. Seguir leyendo

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Leales a la fe

Conferencia General Abril 1997

Leales a la fe

Presidente Gordon B. Hinckley

“Con tan grande herencia, no podemos menos que hacer lo mejor que esté a nuestro alcance. Los que nos han precedido esperan eso de nosotros. Tenemos un mandato del Señor.”


Con esa imagen como telón de fondo, deseo decir algo a modo de resumen de lo que ya se ha escuchado y se ha visto en este, el cumpleaños de la Iglesia. Como se nos ha recordado numerosas veces, este año representa un gran aniversario, por lo que deseo hablar públicamente sobre la magnitud de lo que nuestros antepasados llevaron a cabo y sobre lo que eso significa para nosotros. Es una historia que la mayoría de ustedes conocen, pero vale la pena contarla otra vez.

Es una historia de tan grande envergadura, tan llena de sufrimiento humano y del resultado del ejercicio de la fe, que nunca envejecerá ni perderá su frescor.

Ya sea que se encuentran ustedes entre los descendientes de los pioneros o que se hayan bautizado tan sólo ayer, todos somos beneficiarios de la gran hazaña de ellos.

¡Que prodigioso es contar con grandes y nobles progenitores! ¡Que admirable es haber recibido ese magnífico patrimonio que habla de la mano guiadora del Señor, del oído atento de Sus Profetas, de la dedicación total de una enorme congregación de santos que amaron esta causa más que a la vida misma! No debe sorprender que tantos cientos de miles de nosotros sí, aun millones, hagamos una pausa en el mes de julio que se aproxima para recordarlos, así como para celebrar sus maravillosos logros y regocijarnos en la obra milagrosa que ha crecido de los cimientos que ellos establecieron.

Permítanme citar una palabra de Wallace Stegner; él no era miembro de la Iglesia, pero fue mi contemporáneo en la Universidad de Utah; posteriormente, fue profesor de creación literaria en la Universidad Stanford y ganador del premio Pulitzer. Era un hombre muy observador y aplicado estudiante. Escribió lo siguiente acerca de estos antepasados nuestros:

“Establecieron una mancomunidad, o, como ellos lo hubieran llamado, un Reino. La historia de su migración es más que la historia de la fundación de Utah. En su héjira, se abrieron paso por el sur de Iowa, desde Locust Creek hasta el río Misuri, hicieron los primeros caminos, construyeron los primeros puentes, establecieron las primeras comunidades; transformaron junto al río Misuri en Council Bluffs una factoría y agencia indígena en un fuerte fronterizo de civilización, fundaron poblados en ambos lados del río e hicieron de Winter Quarters … y después de Kanesville … puestos de abastecimiento que se igualaban a Independence, Westport y St. Joseph … Los libros guías de la ruta y las señales indicadoras del camino, los puentes y las balsas de embarque que hicieron para los santos que los seguirían después también les sirvieron a los que no eran de su fe …

Continua diciendo: “Los mormones constituyeron una de las fuerzas principales en la colonización del Oeste. El grupo mayor de ellos abrió el paso por el sur de Iowa, la frontera de Misuri, Nebraska, Wyoming, Utah. El grupo de Samuel Brannan de santos del este que navegaron alrededor del Cabo de Hornos en el buque Brooklyn, y el Batallón Mormón que marchó más de 3.200 kilómetros por tierra desde el Fuerte Leavenworth hasta San Diego, fueron grupos secundarios del movimiento mormón; entre ellos, contribuyeron a abrir los pasos del Suroeste y de California. Integrantes del Batallón se hallaban en Coloma cuando se descubrió oro en el lecho del canal del molino Sutter … Colonizadores mormones de Brigham Young, poniéndose nuevamente en marcha tras una breve permanencia, salieron de los valles de Salt Lake, de Utah y de Weber y fueron a establecer colonias que se extendieron desde el norte de Arizona hasta el río Lemhi, de Idaho, y desde el Fuerte Bridger en Wyoming hasta Genoa en Carson Valley … y en el suroeste pasando por St. George a Las Vegas y a San Bernardino”(1). Seguir leyendo

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Nada deben temer de la jornada

Conferencia General Abril 1997

Nada deben temer de la jornada

Élder M. Russell Ballard
del Quórum de los Doce Apóstoles

“No importa cuán difícil sea el camino… otros sobrellevaron pruebas y tragedias mucho más graves, buscando en el cielo.”


Durante los últimos meses, la atención de la Iglesia se ha dedicado a los extraordinarios acontecimientos relacionados con el establecimiento de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días aquí, en el Valle de Salt Lake y a través de todo el mundo. Es maravilloso notar que durante todo este año los barrios y las estacas estén utilizando la celebración del 150 aniversario de aquel evento como una oportunidad para honrar a los pioneros de Utah de 1847, y también, a la vez, el notable esfuerzo de nuestros pioneros que en toda la tierra han marcado senderos espirituales con fe en cada uno de sus pasos.

El carro de mano construido en Siberia y que actualmente atraviesa las misiones de Rusia y Ucrania es un maravilloso ejemplo del esfuerzo mundial de honrar a nuestros pioneros. Se planea traer dicho carro a través del Canon Emigration en su etapa final, para llegar al Parque “Este en el Lugar” el 22 de julio próximo.

Este es un año para recordar nuestro pasado y obtener la fortaleza para encarar y vencer los problemas de hoy día inspirándonos en la fe y en la valentía ejemplares de aquellos que supieron encarar y vencer los problemas del ayer. Al rendir homenaje a esos nobles pioneros de muchos países, compartiremos historias notables que con frecuencia llenaran nuestros ojos de lágrimas y nuestros corazones de gratitud. Mediante la música, el teatro y emotivas representaciones podremos recordar las jornadas increíbles, tanto temporales como espirituales, de los pioneros. No alcanzaremos si quiera a apreciar los viajes realizados por aquellos que establecieron las bases de esta dispensación sin antes comprender sus cimientos espirituales. Una vez que hacemos tal conexión, sin embargo, comenzaremos a percibir como su jornada se asemeja a la nuestra. En cada paso que dieron encontraremos una lección para nosotros, lecciones de amor, de valor, de compromiso, de devoción, de perseverancia y, sobre todo, de fe.

La fe de los pioneros de Utah en 1847 estaba arraigada en principios. Abandonaron sus hogares, su templo y en algunos casos sus propias familia en pos de un refugio donde habrían de adorar sin temor a las persecuciones. Era muy poco lo que podían llevar consigo en cuanto a provisiones y pertenencias personales, pero todas las carretas y carros de mano venían cargados con fe, fe en Dios, fe en la restauración de Su Iglesia por medio del profeta José Smith, y fe en que Dios sabia a dónde se dirigían y que El los guiaba.

Uno de aquellos viajeros de la Ruta Mormona en 1847 se refirió a la misma como la “ruta de la esperanza”. Me encanta ese título: “Ruta de la esperanza”. Representa el anhelo universal de toda persona de encontrar un refugio seguro, una comunidad de Santos en la que los corazones estén unidos y prevalezca la esperanza. Seguir leyendo

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Jesucristo, nuestro redentor

Conferencia General Abril 1997

Jesucristo, nuestro redentor

Élder Richard G. Scott
del Quórum de los Doce Apóstoles

“El Redentor te ama y te ayudara a lograr todo lo esencial que te brindara felicidad ahora y para siempre.”


Hoy es el 6 de abril. En las Escrituras de nuestros tiempos está registrado que Jesucristo nació en este día (1). Con humildad hablo de este glorioso Ser a quien cada uno de nosotros le debe tanto. Sé que lo que se enseña de El en las Escrituras es verdad y empleare algunos pasajes para expresar mis sentimientos personales.

Pablo testifico que “habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen” (2).

La eterna salvación, ¡que preciada es! Pero es preciso que le obedezcas para obtenerla.

“… dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque este muerto, vivirá.

“Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente…” (3).

“Y si guardas mis mandamientos y perseveras hasta el fin, tendrás la vida eterna…” (4)

No morirás eternamente, tendrás la vida eterna; pero debes ser obediente y perseverar hasta el fin.

Testifico que el Señor vino “al mundo para salvar a todos los hombres, si estos escuchan su voz”; que El sufrió “los dolores de todos los hombres”; y que Él fue crucificado “a fin de que la resurrección llegue a todos los hombres, para que todos comparezcan ante el en el gran día del juicio”. Testifico que “él manda a todos los hombres que se arrepientan y se bauticen en su nombre, teniendo fe perfecta en [El],… o no pueden ser salvos en el reino de Dios” (5). Arrepentirse, bautizarse y tener fe perfecta en El son algunos de los requisitos esenciales que se deben cumplir.

Sé que “no hay otra manera ni medio por los cuales el hombre pueda ser salvo, sino por la sangre expiatoria de Jesucristo” (6). Testifico que El expío “los pecados del mundo, para realizar el plan de la misericordia, para apaciguar las demandas de la justicia, para que Dios sea un Dios perfecto, justo y misericordioso también” (7). Testifico que si no fuera por la expiación del Santo Redentor, las demandas de la justicia impedirían a toda alma nacida en la tierra retornar a la presencia de Dios para participar de Su gloria y exaltación(8), pues todos cometemos errores por los cuales no nos es posible apaciguar la justicia por nuestra cuenta. Testifico que si no fuera por la expiación infinita de Cristo, no podríamos volver a la presencia de Dios al morir, y que, como Jacob nos advirtió solemnemente, “nuestros espíritus… [estarían] sujetos [al]… diablo, para no levantarse más. Y nuestros espíritus [llegarían] a ser como el, y nosotros seríamos diablos, ángeles de un diablo, para ser separados de la presencia de nuestro Dios y permanecer con el padre de las mentiras, en la miseria…” (9).

Testifico que “la redención viene en el Santo Mesías… [a] todos los de corazón quebrantado y de espíritu contrito; y por nadie más se pueden satisfacer las demandas de la ley” (10). Este requisito absoluto de un “corazón quebrantado y un espíritu contrito” exige el ser sumiso, dócil, humilde (o sea, fácil de enseñar), y de disposición obediente. Finalmente, testifico: “cuán grande es la importancia de hacer saber estas cosas a los habitantes de la tierra, para que sepan que ninguna carne puede morar en la presencia de Dios, sino por medio de los méritos, y misericordia, y gracia del Santo Mesías” (11).

Jesucristo poseía méritos que ningún otro hijo del Padre Celestial podía tener. Antes de nacer en Belén, Él era Jehová, un Dios. Su Padre no sólo le había dado el cuerpo espiritual sino que Jesús era también Su Unigénito en la carne. Nuestro Maestro llevó una vida perfecta y sin pecado, y por lo tanto, estaba libre de las demandas de la justicia. Él era y es perfecto en todo atributo, como el amor, la compasión, la paciencia, la obediencia, el perdón y la humildad. Su misericordia paga nuestra deuda con la justicia si nos arrepentimos y le obedecemos. Puesto que, aun con nuestros más arduos esfuerzos por obedecer Sus enseñanzas, todavía nos quedaremos cortos, por causa de Su gracia seremos salvos “después de hacer cuanto podamos” (12). Seguir leyendo

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Ellos mostraron el camino

Conferencia General Abril 1997

Ellos mostraron el camino

Presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de lo Primera Presidencia

“Jesucristo, el Salvador del mundo… fue y es el Supremo Pionero, porque fue primero, mostrando a todos el camino a seguir.”


En este año, 1997, se conmemora el 150 aniversario desde que los pioneros, bajo la inspirada dirección de Brigham Young, entraron al Valle del Lago Salado y proclamaron: “Este es el lugar. ¡Adelante! (1) Es mucho lo que diremos en esta conferencia acerca de tan significativo acontecimiento, y debemos dar gracias a Dios por Su vigilante cuidado y Su guía.

En esta hermosa mañana del domingo quisiera hacer algunos comentarios acerca de “otros pioneros” que precedieron aquel viaje. Al hacerlo, me detengo a pensar en una definición que el diccionario da de la palabra pionero: “Persona que inicia una actividad nueva, preparando el camino a los que vendrán después” (2).

Retrocedamos en las páginas de la historia y viajemos a otros lugares a fin de poder visitar a varias personas que merecen llamarse pioneros.

Una de ellas fue Moisés. Criado en la corte de Faraón y educado conforme a la sabiduría de los egipcios, llego a ser poderoso en palabras y hechos. Uno no podría separar a Moisés, el gran legislador, de las tablas de piedra que Dios le proveyó y sobre las cuales se grabaron los Diez Mandamientos. Estos debían obedecerse entonces y deben obedecerse hoy día.

Moisés soporto continuas frustraciones cuando algunos de sus fieles discípulos se volvieron a sus costumbres anteriores. Aunque lo desilusionaron con sus acciones, el seguía amándolos y rescato a estos, los hijos de Israel, de la esclavitud egipcia. Ciertamente Moisés fue un pionero.

Otra persona que fue pionera es Rut, quien dejo a su pueblo, sus familiares y su país para acompañar a Noemí, su suegra, y adorar a Jehová en Su tierra adoptando las costumbres de Su pueblo. Cuán importante fue la obediencia que Rut le rindió a Noemí y el resultante matrimonio con Booz, por medio de quien Rut, una forastera y una conversa moabita, llego a ser bisabuela de David y, en consecuencia, antepasada de Jesucristo. El libro de la Santa Biblia que lleva su nombre contiene un lenguaje de estilo poético que refleja su espíritu de determinación y valentía. “Respondió Rut: No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tu fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. Donde tu murieres, moriré yo, y allí seré sepultada; así me haga Jehová, y aun me añada que sólo la muerte hará separación entre nosotras dos” (3). Si, Rut, la valiosa Rut, fue pionera.

También otras mujeres fieles fueron pioneras, tal como María, la madre de Jesús, María Magdalena, Ester y Elisabet. No debemos olvidar a Abraham, Isaac y Jacob, ni a Isaías, Jeremías, Ezequiel, ni a otros de épocas posteriores.

Recordemos a Juan cl Bautista. Su vestimenta era sencilla, su vida austera, su mensaje breve: fe, arrepentimiento, bautismo por inmersión y el conferir el Espíritu Santo por medio de una autoridad mayor de la que el mismo poseía. El declaró: “Yo no soy el Cristo, sino que soy enviado delante de él” (4). “Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo… él os bautizara en Espíritu Santo y fuego” (5).

El río Jordán es el histórico lugar adonde Jesús vino de Galilea para que Juan lo bautizara. Al principio, Juan le suplico al Maestro: “Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?”(6). Y la respuesta fue: “Deja ahora, porque así conviene que cumplamos con toda justicia … Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venia sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi hijo amado, en quien tengo complacencia” (7).

Juan declaró y enseñó abiertamente: “He aquí el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (8).

En cuanto a Juan, el Señor declaro: “De entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista” (9). Tal como muchos otros pioneros en los anales de la historia, Juan llevo la corona de los mártires.

Muchos de los que fueron pioneros en espíritu y en acción fueron llamados por Jesús para que fueran Sus Apóstoles. Mucho podría decirse de cada uno de ellos.

Pedro fue uno de los primeros discípulos de Jesús. Respondiendo al llamado divino, Pedro el pescador dejo a un lado sus redes y obedeció la declaración del Maestro: “Sígueme y te haré pescador de hombres” (10). No puedo pensar en Pedro sin admirar su testimonio del Señor: “Tu eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (11). Seguir leyendo

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Los conversos y los hombres jóvenes

Conferencia General Abril 1997
Los conversos y los hombres jóvenes
Presidente Gordon B. Hinckley

Gordon B. Hinckley

“Cada converso es valioso; cada converso es un hijo o una hija de Dios; cada converso es una grave y seria responsabilidad.”

Doy mi apoyo a todo lo que se ha dicho esta noche. Espero que hayan prestado atención y que hayan tomado nota.

El presidente Monson habló en cuanto a la retención del converso; yo confirmo lo que él ha dicho y me gustaría hablar un poco más sobre ese mismo tema. Siento la fuerte impresión de hacerlo.

Todos los años, un número considerable de personas se convierten en miembros de la Iglesia, mayormente a través de los esfuerzos misionales. El año pasado hubo 321.385 conversos, los que incluían hombres, mujeres y niños. Es una cantidad lo suficientemente grande, en un solo año, para formación estacas nuevas de Sión. Cien estacas nuevas por año. ¡Imagínense! Esto deposita en cada uno de nosotros la urgente y apremiante necesidad de hermanar a aquellos que se unen a nuestras filas.

No es fácil convertirse en miembro de esta Iglesia. En la mayoría de los casos es preciso dejar de lado viejos hábitos, viejos amigos y conocidos, y entrar a una nueva sociedad, la cual es diferente y un tanto exigente.

Con un número de conversos cada vez mayor, debemos incrementar de manera substancial nuestros esfuerzos para ayudarlos a integrarse. Cada uno de ellos necesita tres cosas: un amigo, una responsabilidad y ser nutridos “por la buena palabra de Dios” (véase Moroni 6:4).

Tenemos el deber y la oportunidad de proporcionarles estas cosas.

A modo de ilustración, creo que me gustaría darles a conocer uno de mis fracasos. Supongo que algunas personas piensan que nunca he tenido fracasos. Permítanme contarles en cuanto a uno de ellos:

Hace sesenta y tres años, mientras prestaba servicio misional en las Islas Británicas, mi compañero y yo le enseñamos el Evangelio a un joven a quien tuve el placer de bautizar. Era una persona culta, refinada y estudiosa. Me sentía tan orgulloso de aquel talentoso joven que acababa de unirse a la Iglesia; pensaba que el reunía todas las cualidades para algún día llegar a ser un líder entre nuestra gente.

Él estaba en vías de llevar a cabo la tremenda transición de converso a miembro. Durante un breve período antes de que yo fuera relevado, tuve la oportunidad de ser su amigo. Posteriormente fui relevado para volver a casa. A él se le dio una pequeña responsabilidad en la rama en Londres. Al no saber lo que se esperaba de él, cometió un simple error. El que estaba a la cabeza de la organización donde el prestaba servicio era un hombre al que puedo describir mejor como una persona parca y dada a la crítica. En una manera un tanto despiadada, confrontó a mi amigo que había cometido el error.

Esa noche, de aquel salón alquilado, el joven salió lastimado y herido por su oficial superior Se dijo a sí mismo “Si esa es la clase de personas que son, entonces no volveré”.

Se dejó arrastrar por la inactividad Pasaron los años; se desato la guerra y sirvió en las fuerzas Británicas. Su primera esposa falleció; al terminar la guerra, se casó con una mujer cuyo padre era un ministro protestante, y eso tampoco lo ayudo en sus creencias.

Durante un viaje a la Inglaterra, trate desesperadamente de encontrarlo; en el archivo no aparecía ninguna indicación de domicilio. Volví a casa y por fin, después de una prolongada búsqueda, lo localice.

Le escribí y el me respondió, pero no hizo mención alguna del Evangelio.

En el siguiente viaje que hice a Inglaterra, lo volví a buscar, el día que estaba a punto de partir, lo encontré. Le llame por teléfono y nos reunimos en la estación del metro. Extendió los brazos para abrazarme y yo hice lo mismo. Yo disponía de muy poco tiempo antes de que saliera mi avión, pero hablamos brevemente con lo que considero fue un sincero afecto mutuo. Antes de irme me volvió a abrazar. Tome la resolución de que jamás volvería a perder la pista de su paradero. A través de los años le escribí cartas que pensaba le servirían de aliento e incentivo para volver a la Iglesia. Él me contestaba sin mencionar la Iglesia. Seguir leyendo

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Ellos vendrán

Conferencia General Abril 1997
Ellos vendrán
Presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Thomas S. Monson

“Con fe constante y amor desmedido, seamos un puente para llegar al corazón de aquellos por quienes trabajamos.”

Hace varios años una película poco usual llenó los teatros de este y otros países. Se llamaba Campo de sueños y se trataba de la historia de un joven que reverenciaba a los jugadores de béisbol de su juventud y, por ese motivo, convirtió una gran parte de su plantación de maíz en un campo de béisbol profesional. La gente se burlaba de él y ridiculizaba su falta de sentido común. La película muestra los muchos desafíos que enfrento para completar su proyecto y tener listo el campo para que lo viera la gente. No fue una labor fácil. Durante períodos de duda con respecto al futuro éxito de su sueño, se alentaba ante las palabras confortantes “Si lo construyes, ellos vendrán”. Y ellos sí vinieron. Miles de viajeros acudieron a ese lugar especial lleno de recuerdos del béisbol.

Últimamente he estado reflexionando en la importancia de edificar puentes que lleguen hasta el corazón de las personas. Pienso en los casi 55.000 misioneros regulares de nuestra fe, asignados en casi todo el mundo, con el mandato divino de enseñar, testificar y bautizar. Suya es la enorme tarea de edificar puentes; el solo pensar en esa tarea inspira admiración. Con el mandato de Dios resonando en sus oídos, con la instrucción del Señor penetrándoles el corazón, avanzan en sus importantes llamamientos. Reflexionan en las palabras del Señor: “Recordad que el valor de las almas es grande a la vista de Dios” (1).

“Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;

“enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (2).

El año pasado fue el centenario del estado de Utah y muchos embajadores de otros países visitaron nuestro Capitolio y también el Edificio Administrativo de la Iglesia. Muchos también hicieron una gira por el Centro de Capacitación Misional en Provo, Utah Visitaron los salones de aprendizaje y escucharon el testimonio de aquellos que salían a sus respectivos campos de trabajo. Se maravillaron ante el dominio del idioma, la fe y el amor de los misioneros. Un embajador declaró: “En todos los misioneros observé que saben cuál es su propósito, sienten el cometido de prepararse y de servir, y tienen un corazón feliz’’.

Esos misioneros avanzan con fe; conocen sus deberes; saben que son un eslabón vital para la gente que encuentren como misioneros y en el proceso de enseñar y testificar que experimentaran al llevar a otra gente la verdad del Evangelio restaurado.

Anhelan encontrar más gente para enseñar. En oración piden la ayuda esencial que todo miembro puede dar en el proceso que lleva a la conversión. Seguir leyendo

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El poder del sacerdocio

Conferencia General Abril 1997
El poder del sacerdocio
Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

James E. Faust

“El velar por los demás es la esencia misma de la responsabilidad del sacerdocio; es el poder para bendecir, sanar y administrar las ordenanzas salvadoras del Evangelio.”

Mis queridos hermanos, les ruego su fe al asumir la tremenda responsabilidad de dirigirme a esta gran congregación de poseedores del sacerdocio. Quisiera expresar mi profundo agradecimiento por su lealtad, fidelidad y devoción. Debido a su dedicación y devoción a la sagrada obra de Dios, nuestro Padre, esta avanza como nunca lo ha hecho.

Hermanos, nunca debemos permitir que los poderes del Santo Sacerdocio queden latentes en nosotros. Estamos unidos en la causa más grande y la obra más sagrada del mundo, y para ejercer esos grandes poderes, debemos ser limpios de pensamiento y de hecho; no debemos hacer nada que impida cl pleno ejercicio de este poder trascendental.

El sacerdocio es el poder más grande que hay en la tierra; con él y por medio de él se crearon los mundos. Con el fin de salvaguardar este poder sagrado, todo poseedor del sacerdocio actúa bajo la dirección de los que poseen las llaves del sacerdocio, las cuales proporcionan orden a nuestra vida y a la organización de la Iglesia. Para nosotros, el poder del sacerdocio es el poder y autoridad delegado por Dios para actuar en Su nombre para la salvación de Sus hijos. El velar por los demás es la esencia misma de la responsabilidad del sacerdocio; es el poder para bendecir, sanar y administrar las ordenanzas salvadoras del Evangelio. Donde más se necesita la recta autoridad del sacerdocio es entre los muros de nuestro propio hogar, y debe ejercerse con gran amor. Esto se aplica a todos los poseedores del sacerdocio: diáconos, maestros, presbíteros, élderes, sumos sacerdotes, patriarcas, setentas y Apóstoles.

Aprendí el principio de velar por los demás mediante el sacerdocio primeramente de mi padre y de mi abuelo, pero también lo he visto manifestarse en miles de varones dignos. Aprendí grandes lecciones al respecto siendo maestro en el Sacerdocio Aarónico; en la orientación familiar, se me asignó servir de compañero menor del hermano Algot Johnson, un inmigrante escandinavo de Malmo, Suecia; llegue a admirarle en todo, incluso su encantador acento sueco. El me enseñó el verdadero significado de la instrucción del Señor a los maestros: “El deber del maestro es velar siempre por los miembros de la iglesia, y estar con ellos y fortalecerlos; “y cuidar de que no haya iniquidad en la iglesia, ni aspereza entre uno y otro, ni mentiras, ni difamaciones, ni calumnias; “y ver que los miembros de la iglesia se reúnan con frecuencia, y también ver que todos cumplan con sus deberes”(1).

El hermano Johnson había pagado un elevado precio al dejar su amada Suecia y venir a los Estados Unidos. Era una persona muy dedicada. A pesar de nuestra diferencia de edad, llegamos a ser amigos de por vida. Cuando él fue llamado a ser el Superintendente de la Escuela Dominical de nuestro barrio, pidió que yo fuera su consejero. Yo tenía tan solo diecisiete años. Él había tenido éxito en su profesión de constructor, y cuando yo regrese a casa después de la Segunda Guerra Mundial construyo mi primera casa. Cuando me gradué en la Facultad de Derecho, le hice trabajos legales, y cuando le envié la cuenta, me pago más de lo que le cobre. Eso no me sucedió muy a menudo. Relato esta experiencia para recalcar la importancia de dar a todo poseedor del Sacerdocio Aarónico la oportunidad de ser compañero menor de los fieles poseedores del Sacerdocio de Melquisedec. Seguir leyendo

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