Conferencia General Octubre 1996
Las grandes llaves de la Sociedad de Socorro
Presidente James E. Faust
Segundo Consejera de la Primera Presidencia
“Desde sus mismos comienzos, gran parte de la fortaleza de la Iglesia ha derivado del servicio, de la fe y de la devoción de sus fieles mujeres.”
Mis amadas hermanas, es un humilde privilegio el estar con ustedes esta noche. Tenemos el especial honor de contar con la presencia del presidente Hinckley y del presidente Monson. Agradezco la dulce oración de la hermana Silver, y la música de este coro extraordinario, cuya música nos ha inspirado. Cada una de ustedes irradia fe y bondad. Los mensajes de las hermanas Aileen Clyde, Chieko Okazaki y Elaine Jack, sobre la fe, la esperanza y la caridad, han sido realmente inspiradores.
Quiero expresar la profunda admiración y el gran agradecimiento que siento hacia cada una de ustedes, maravillosas hermanas, tanto jóvenes como adultas. Deseo agradecerles su fe y SU devoción; les agradezco su rectitud. Es maravilloso observar la forma en que enfrentan los múltiples desafíos que se les presentan. El don que Dios les ha dado de apreciar lo espiritual, lo hermoso y lo bello es parte de la divinidad que llevan en su interior. Ustedes hacen que la vida sea mucho más placentera y significativa para todos nosotros.
El año pasado en una reunión como esta, el presidente Gordon B. Hinckley, en representación de la Primera Presidencia y del Quórum de los Doce Apóstoles, anuncio y dio lectura a “Una proclamación para el mundo sobre la familia” (35602002). Por cuanto ustedes, las madres, son el corazón y el alma de toda familia, era lo más apropiado que primeramente se leyera en la Reunión General de la Sociedad de Socorro.
Tengo gran respeto por la influencia de la Sociedad de Socorro y por los logros que ha alcanzado. Es la organización femenina más maravillosa de todo el mundo y ustedes tienen el privilegio especial de pertenecer a ella. Mi vida ha sido abundantemente bendecida a través de la Sociedad de Socorro. Mi bisabuela fue presidenta de la Sociedad de Socorro de su barrio durante treinta y tres años. ¡Yo he estado casado con la presidenta de la Sociedad de Socorro del barrio y con la presidenta de la Sociedad de Socorro de la estaca… la misma mujer en ambos casos! Nuestra hija mayor es actualmente presidenta de la Sociedad de Socorro de su barrio. Una de nuestras nueras es presidenta de la Sociedad de Socorro de su estaca. Por medio de la fiel asistencia de mi amada esposa Ruth a la Sociedad de Socorro, nuestra familia se vio bendecida con mayor espiritualidad y paz. Las cosas parecían marchar mejor a causa del enriquecimiento espiritual que ella recibió. He conocido bien los beneficios de la Sociedad de Socorro. Desde hace mucho aprendí a apoyar al sacerdocio y a no interferir con la Sociedad de Socorro.
El profeta José Smith hablo sobre esta Sociedad y citó las palabras del Salvador: “’Haréis las obras que me habéis visto hacer’. Esta es la base fundamental sobre la que debe obrar la Sociedad”1.
Para las hijas de Dios, el llevar a cabo la obra del Salvador no implica, por supuesto, el uso de las llaves, de la autoridad o del poder del sacerdocio. Pero si incluye el edificar la fe por medio del testimonio y del ejemplo; incluye la enseñanza de las doctrinas de salvación; incluye el seguir el ejemplo del Salvador de amar a toda la humanidad; incluye el ministrar a los demás, pues, como dijo el profeta José Smith cuando se organizó la Sociedad de Socorro: “Esta es una Sociedad caritativa, y va de acuerdo con vuestra naturaleza, porque es natural en la mujer tener sentimientos de caridad y benevolencia” 2. “…hacedles sentir el peso de vuestra inocencia, bondad y afecto…; no son la guerra, las contiendas, contradicciones o disputas lo que os magnificara a la vista de todos los hombres buenos, sino la mansedumbre, el amor, la pureza”3.
Esta exhortación a las mujeres de la Iglesia conlleva una promesa. El profeta José expreso: “Si vivís de acuerdo con estos principios, ¡cuán grande y glorioso será vuestro galardón en el reino celestial! Si cumplís con vuestros privilegios, no se podrá impedir que os asociéis con ángeles”4.
El papel que Dios les ha dado de criar es hoy más necesario que nunca. Este don es propio de la mujer; los hombres no son tan bendecidos con esta clase de dones. La expresión culminante de este don es la maternidad, pero también se manifiesta en muchas otras formas. Una de ellas es la gran intuición que poseen las mujeres. Una de nuestras fieles presidentas de la Sociedad de Socorro relata esta experiencia inspiradora: Seguir leyendo




































