Las grandes llaves de la Sociedad de Socorro

Conferencia General Octubre 1996
Las grandes llaves de la Sociedad de Socorro
Presidente James E. Faust
Segundo Consejera de la Primera Presidencia

James E. Faust

“Desde sus mismos comienzos, gran parte de la fortaleza de la Iglesia ha derivado del servicio, de la fe y de la devoción de sus fieles mujeres.”

Mis amadas hermanas, es un humilde privilegio el estar con ustedes esta noche. Tenemos el especial honor de contar con la presencia del presidente Hinckley y del presidente Monson. Agradezco la dulce oración de la hermana Silver, y la música de este coro extraordinario, cuya música nos ha inspirado. Cada una de ustedes irradia fe y bondad. Los mensajes de las hermanas Aileen Clyde, Chieko Okazaki y Elaine Jack, sobre la fe, la esperanza y la caridad, han sido realmente inspiradores.

Quiero expresar la profunda admiración y el gran agradecimiento que siento hacia cada una de ustedes, maravillosas hermanas, tanto jóvenes como adultas. Deseo agradecerles su fe y SU devoción; les agradezco su rectitud. Es maravilloso observar la forma en que enfrentan los múltiples desafíos que se les presentan. El don que Dios les ha dado de apreciar lo espiritual, lo hermoso y lo bello es parte de la divinidad que llevan en su interior. Ustedes hacen que la vida sea mucho más placentera y significativa para todos nosotros.

El año pasado en una reunión como esta, el presidente Gordon B. Hinckley, en representación de la Primera Presidencia y del Quórum de los Doce Apóstoles, anuncio y dio lectura a “Una proclamación para el mundo sobre la familia” (35602002). Por cuanto ustedes, las madres, son el corazón y el alma de toda familia, era lo más apropiado que primeramente se leyera en la Reunión General de la Sociedad de Socorro.

Tengo gran respeto por la influencia de la Sociedad de Socorro y por los logros que ha alcanzado. Es la organización femenina más maravillosa de todo el mundo y ustedes tienen el privilegio especial de pertenecer a ella. Mi vida ha sido abundantemente bendecida a través de la Sociedad de Socorro. Mi bisabuela fue presidenta de la Sociedad de Socorro de su barrio durante treinta y tres años. ¡Yo he estado casado con la presidenta de la Sociedad de Socorro del barrio y con la presidenta de la Sociedad de Socorro de la estaca… la misma mujer en ambos casos! Nuestra hija mayor es actualmente presidenta de la Sociedad de Socorro de su barrio. Una de nuestras nueras es presidenta de la Sociedad de Socorro de su estaca. Por medio de la fiel asistencia de mi amada esposa Ruth a la Sociedad de Socorro, nuestra familia se vio bendecida con mayor espiritualidad y paz. Las cosas parecían marchar mejor a causa del enriquecimiento espiritual que ella recibió. He conocido bien los beneficios de la Sociedad de Socorro. Desde hace mucho aprendí a apoyar al sacerdocio y a no interferir con la Sociedad de Socorro.

El profeta José Smith hablo sobre esta Sociedad y citó las palabras del Salvador: “’Haréis las obras que me habéis visto hacer’. Esta es la base fundamental sobre la que debe obrar la Sociedad”1.

Para las hijas de Dios, el llevar a cabo la obra del Salvador no implica, por supuesto, el uso de las llaves, de la autoridad o del poder del sacerdocio. Pero si incluye el edificar la fe por medio del testimonio y del ejemplo; incluye la enseñanza de las doctrinas de salvación; incluye el seguir el ejemplo del Salvador de amar a toda la humanidad; incluye el ministrar a los demás, pues, como dijo el profeta José Smith cuando se organizó la Sociedad de Socorro: “Esta es una Sociedad caritativa, y va de acuerdo con vuestra naturaleza, porque es natural en la mujer tener sentimientos de caridad y benevolencia” 2. “…hacedles sentir el peso de vuestra inocencia, bondad y afecto…; no son la guerra, las contiendas, contradicciones o disputas lo que os magnificara a la vista de todos los hombres buenos, sino la mansedumbre, el amor, la pureza”3.

Esta exhortación a las mujeres de la Iglesia conlleva una promesa. El profeta José expreso: “Si vivís de acuerdo con estos principios, ¡cuán grande y glorioso será vuestro galardón en el reino celestial! Si cumplís con vuestros privilegios, no se podrá impedir que os asociéis con ángeles”4.

El papel que Dios les ha dado de criar es hoy más necesario que nunca. Este don es propio de la mujer; los hombres no son tan bendecidos con esta clase de dones. La expresión culminante de este don es la maternidad, pero también se manifiesta en muchas otras formas. Una de ellas es la gran intuición que poseen las mujeres. Una de nuestras fieles presidentas de la Sociedad de Socorro relata esta experiencia inspiradora: Seguir leyendo

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Fortalezcámonos en caridad

Conferencia General Octubre 1996
Fortalezcámonos en caridad
Presidenta Elaine L. Jack
Presidenta General de la Sociedad de Socorro

Elaine L. Jack

“Ese don se multiplica a medida que se usa, y tanto el que da como el que recibe son bendecidos, porque la caridad purifica y santifica a todo el que la toca.”

Estoy muy agradecida hoy día de estar con ustedes, hermanas, las grandes mujeres de la Iglesia. Ustedes representan muchas y diferentes partes del mundo, muchos idiomas, costumbres y culturas, y sin embargo, su rectitud es constante y de gran influencia. No importa cuando se unieron a la Iglesia o donde asistan a sus reuniones, la rectitud de ustedes se manifiesta en su bondad. Sus contribuciones y ejemplo reflejan su amor por Dios.

En una entrevista de radio se me preguntó una vez: “Si usted pudiera pedir algún deseo por las mujeres, ¿que pediría?” Yo dije: “Desearía que las mujeres supieran cuan buenas son; desearía que sintieran que se les valora por la bondad que tienen”.

Al dirigirme a ustedes no puedo evitar pensar en mi madre que falleció hace 26 años. Así como ustedes han aprendido de sus madres, yo aprendí mucho de la mía; me enseñó la importancia de la buena gramática, del buen comportamiento, de la limpieza y de la educación. Era una mujer muy amable; me enseñó los principios del Evangelio y las doctrinas del Reino de Dios. Fue un ejemplo de gran fe, esperanza y caridad pura.

Dudo que mi madre haya imaginado jamás que algún día su hija de una pequeña comunidad de Cardston, [Canadá], hablaría en una transmisión vía satélite a las mujeres de todo el mundo y que yo estaría compartiendo aquello que ella me enseñó en el hogar. Han pasado tantos años desde que estuvimos juntas, sin embargo, a menudo la siento junto a mí.

Esto hace que me pregunte, hermanas, ¿cómo podríamos jamás medir los efectos de nuestro alcance y de nuestra influencia?

Al servir en este llamamiento he rogado al Señor que me ayude a entender el corazón de la mujer de Su Iglesia. El corazón es la clave de nuestra influencia porque cuenta y mide cada acto de bondad y cada esfuerzo de servicio, cada vez que elevamos, elogiamos o enseñamos a alguien. He llegado a saber que el corazón de las mujeres de la Sociedad de Socorro está lleno de amor; he visto ejemplos en cada rama, barrio y estaca que he visitado y he escuchado sobre la bondad de las mujeres de la Iglesia en cartas que dan testimonio de que “la caridad nunca deja de ser”.

La caridad es la obra del corazón.

El Señor dijo que “el gran mandamiento en la ley” es “amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente” (Mateo 22:36-37). Cuando amamos al Señor con toda nuestra mente, alma y corazón, amamos a nuestros semejantes; y abunda la caridad.

Esto no es algo nuevo para ustedes dado que pasan sus días haciendo el bien a sus semejantes su familia, sus vecinos, sus hermanas, e incluso a los extraños. Sus esfuerzos por ayudar a los demás ha llegado a ser una parte tan importante de la forma en que viven que, la mayoría de las veces, son espontáneos, instintivos, inmediatos.

Muchas de ustedes piensan que estoy describiendo a alguien más y podrían decir: “Yo no soy alguien especial; soy una mujer común y corriente”.

Yo diría lo mismo. “Soy una mujer común y corriente con los mismos gozos y frustraciones de cualquier otra mujer”. A veces las frustraciones son grandes, y a veces los gozos son sencillos, como cuando al sacar los calcetines de la lavadora aparecen con su respectivo par. Todas tratamos de sentir gozo y de encontrar la paz y, durante el proceso, uno de los grandes instrumentos es la caridad.

En las Escrituras muchos encontramos ejemplos de mujeres cuyos esfuerzos diarios reflejaron caridad y, con su corazón rebosante del amor puro de Cristo, respondieron ante las necesidades en forma rápida y eficaz.

Rebeca, que se convertiría en la esposa de Isaac y en la madre de Jacob y de Esaú, era una de tales mujeres. En el desempeño de sus labores diarias fue amable con el siervo de Abraham, mientras el visitaba la aldea de ella en misión dramática de encontrar una esposa para Isaac.

El Señor conocía el corazón de Rebeca; sabía cómo respondería ante una necesidad. Le dijo al siervo que la joven que llegaría a ser la esposa de Isaac le ofrecería agua.

Leemos en Génesis: “He aquí Rebeca… la cual salía con su cántaro sobre su hombro” y descendió a la fuente. Ustedes conocen la historia. El siervo pidió de beber… y la existencia de muchas generaciones dependieron de su respuesta. Seguir leyendo

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Crezcamos en esperanza

Conferencia General Octubre 1996
Crezcamos en esperanza
Chieko N. Okazaki
Primera Consejera de la Presidencia de la Sociedad de Socorro

Chieko N. Okazaki

“Las fuentes de la esperanza son las fuentes de la vida misma. Es por eso que la esperanza persiste, aun cuando la experiencia, la razón y el conocimiento indiquen que no hay razón para tener esperanzas.”

Mis queridas hermanas, ¡aloha! Hoy se me ha pedido que les hable acerca de la esperanza, la segunda en el gran trío de virtudes: fe, esperanza y caridad.

La hermandad de la Sociedad de Socorro, que comprende estas virtudes, nos ayudara a elevarnos y a fortalecernos unas a otras con amor, testimonio, fe y servicio. Pienso en la esperanza como una virtud diaria, modesta pero muy firme, ordinaria pero adaptable, que es tanto tierna como hermosa. Es una discreta pero poderosa fuerza para el bien que aumentara considerablemente nuestra capacidad para hacer el bien y para ser buenos.

Permítanme compararla con este ingenioso abanico/sombrero que me regalaron las Sociedades de Socorro de Tonga cuando visite sus estacas a principios de este año. Si hace calor, este abanico se puede usar para echarse aire fresco, y la forma curva que tiene genera más aire que un abanico plano. Pero si comienza a llover, el abanico puede convertirse en un sombrero para protegerse de la tormenta.

En forma similar, la esperanza es una virtud para todas las temporadas y todas las adversidades, ya que el problema sea una tormenta o un clima sumamente agradable.

¿Qué es lo opuesto a la esperanza? Naturalmente la desesperación, que viene cuando nos sentimos impotentes para influir en los acontecimientos y cuando desaparece de nuestra vida lo que le da significado. La desesperación es un tipo de desorientación tan profunda que perdemos contacto con la fuente de la vida misma.

Yo no soy muy buena jardinera; a mi esposo Ed era al que le gustaba esa tarea en nuestro hogar. Hace poco vi que un ladrillo se había caído, aplastando un pensamiento, pero parte de la flor salía de abajo del ladrillo; durante las semanas siguientes, esa flor usó su energía para crecer de lado, alrededor del ladrillo, empujando sus pequeños brotes hacia el aire y el sol, y floreciendo con sus hermosos colores púrpura y dorado. Cuando quité el ladrillo, el tallo del pensamiento estaba chueco, pero la flor era tan bella como las que la rodeaban.

Esa flor eligió vivir; experimentó la adversidad, pero escogió la vida; quedó deforme, pero decidió vivir. Nadie la hubiera culpado por darse por vencida debajo del ladrillo, pero eligió la vida.

Hermanas, las fuentes de la esperanza son las fuentes de la vida misma. Es por eso que la esperanza persiste, aun cuando la experiencia, la razón y el conocimiento indiquen que no hay razón para tener esperanzas. La esperanza no calcula las probabilidades porque es una virtud de dos caras: al igual que este abanico/sombrero, está preparada para un clima agradable o adverso. El escoger la esperanza es escoger la vida; el escoger la esperanza es escoger el amor.

Después de dar a los antiguos israelitas las leyes y los mandamientos de Deuteronomio, el Señor les dijo:

“A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia; Seguir leyendo

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Confirmadas en la fe

Conferencia General Octubre 1996
Confirmadas en la fe
Aileen H. Clyde
Segunda consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro

Aileen H. Clyde

“Tenemos un conocimiento del que muchas carecen; en consecuencia, nos recordamos a nosotros mismas que nuestra obra no la dedicamos a lo trivial o a la diversión… mantenemos la resolución y la valentía de actuar de acuerdo con la convicción que hemos logrado a través de nuestro arduo trabajo.”

Ya regocijemos, porque como dice el himno, “ya no somos extranjeros”. Lo cantamos como una expresión de fe en Dios y (en especial esta noche Sus hijas son quienes lo cantan) por el conocimiento de que Cristo y Su pueblo siempre estarán unidos.

“… y justicia enviaré desde los cielos; y la verdad haré brotar de la tierra para testificar de mi Unigénito… y haré que la justicia y la verdad inunden la tierra… a fin de recoger a mis escogidos de las cuatro partes de la tierra a un lugar que yo prepararé… y se llamara Sión… (Moisés 7:62)

Aun cuando la Sión en la que todos caminan con Dios no está ante nosotros todavía, el camino hacia Sión que se encuentra por medio de la fe en Jesucristo se halla delante de nosotras. Vivimos ante la evidencia de la promesa en las Escrituras de que la rectitud y la verdad están en la tierra y de que Cristo ha venido a hacer por nosotros lo que nosotros no podemos hacer por nosotros mismos.

Las mujeres de la Sociedad de Socorro reunidas aquí esta noche, y organizadas en muchos lugares de los cuatro cabos de la tierra, son parte de la evidencia de que la rectitud y la verdad están avanzando en el mundo debido a su fe en Jesucristo. Nuestro Salvador va ante nosotros y nos invita a tener una relación de convenio con El para ayudarnos a encontrar el camino. En Juan 15, versículo 10 leemos: ”Si guardaréis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor”.

La naturaleza recíproca de nuestra relación con Dios es una verdad básica de esa relación. Cristo no retiene Su parte, y nosotros estamos aquí para aprender mejor la manera de ofrecer nuestra parte. Al entender y corresponder al amor de Su Padre, el Salvador obtuvo la fortaleza para hacer todo lo que se le mando. Luego vino esa promesa que puede ser nuestra cuando permanecemos en Cristo y dejamos que Sus palabras permanezcan en nosotras.

“Estas cosas os he hablado, para que mi gozo este en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.

“Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado” (Juan 15:11-12; cursiva agregada).

Nuestro Padre Celestial y Su Hijo esperan que confiemos las unas en las otras y que nos relacionemos con amor y confianza siguiendo el ejemplo que Ellos nos han dado. Con tal motivo se han tomado todas las medidas para ayudarnos a encontrar la fortaleza que necesitamos.

“A algunos el Espíritu Santo da a saber que Jesucristo es el Hijo de Dios, y que fue crucificado por los pecados del mundo;

“a otros les es dado creer en las palabras de aquellos, para que también tengan vida eterna, si continúan fieles” (D. y C. 46:13-14).

Entonces, se nos promete que creceremos en forma espiritual al creer las palabras de aquellos que saben, aquellos cuya fe les ha dado la capacidad de perseverar y de avanzar. La fe es un poder en nosotras y nos da la habilidad de actuar. Muchas de nosotras hemos visto ejemplos de tal fe en nuestra vida, pero a menudo pasan inadvertidos. En 1839, Mary Fielding Smith, esposa de Hyrum Smith, le escribió una carta a su hermano, Joseph Fielding, la que tenemos en nuestros registros. Dicha carta muestra con claridad la naturaleza recíproca de nuestra relación con nuestros semejantes y con Dios, de la forma en que se enseña en las Escrituras: Seguir leyendo

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Una mano extendida para rescatar

Conferencia General Octubre 1996
“Una mano extendida para rescatar”
Presidente Gordon B. Hinckley

Gordon B. Hinckley

“Que cada uno de nosotros… tome la resolución de buscar a aquellos que necesiten ayuda, que estén en circunstancias desesperantes o difíciles y que los levanten, con el espíritu de amor, hasta ser recibidos en los brazos de la Iglesia.”

Quisiera agregar unas pocas palabras para dar fin a esta hermosa conferencia general de la Iglesia.

Esta es una magnífica ocasión; el tiempo nos ha favorecido aquí, en Salt Lake City; esta es una bella estación del año, con las flores del otoño en toda su lozanía. Casi toda la cosecha ha sido recolectada y, en general, ha sido buena. Estamos agradecidos por las misericordias del Señor para con nosotros.

Nos hemos reunido en paz, con comodidad y a salvo en estos recintos sagrados de la Manzana del Templo que nuestros antepasados edificaron tan bien, a fin de que estuviéramos cómodos.

Hemos tenido una transmisión de la conferencia sin precedentes con la cual hemos llegado más allá de los océanos y los continentes a gente que vive a lo largo y a lo ancho de este mundo.

Aunque nos hallamos a gran distancia de algunos de ustedes, sentimos su afecto fraternal y les expresamos nuestra más alta estima.

Lo más importante es que hemos disfrutado de una notable y extraordinaria abundancia del Espíritu del Señor Las Autoridades Generales y las hermanas nos han dirigido la palabra y hemos sido bendecidos por sus mensajes.

Espero que recordemos durante mucho tiempo lo que hemos escuchado. Espero que dediquemos tiempo para leer los discursos que se imprimirán en la revista Liahona. Espero que cada uno de nosotros se haya conmovido personalmente con algo de lo que se haya dicho y, como resultado, que haga un cambio en algún aspecto impropio de su conducta o actitud.

Como nos lo ha hecho recordar el élder Ballard, este es un año en el que celebramos un aniversario’, y el año que viene celebraremos otro aniversario especial: la llegada de los pioneros mormones al Valle del Lago Salado en 1847. Habrá entonces una gran celebración; habrá mucho para conmemorar y será beneficioso el hacerlo. A todos nos hace bien que se nos recuerde el pasado. La historia nos otorga el conocimiento que evita que repitamos errores y nos da una base en la que se puede edificar el futuro.

Estos son días para recordar y para celebrar el pasado. Son días de aniversario.

Me viene a la memoria lo que sucedió en el Tabernáculo, hace hoy ciento cuarenta años, también un día domingo. Hace unos años lo relate desde este púlpito, pero quiero mencionarlo de nuevo a la conclusión de esta conferencia.

Remontémonos en el tiempo y lleguemos hasta la Conferencia General de octubre de 1856. Franklin D. Richards y un grupo de colegas llegaron al valle el sábado de dicha conferencia; habían viajado desde Winter Quarters llevando carretas livianas y yuntas fuertes, y habían podido hacer el recorrido rápidamente. Apenas llego, el hermano Richards fue a hablar con el presidente Young para informarle que había cientos de hombres, mujeres y niños dispersados en la larga ruta que iba desde Scotts Bluff hasta este valle, la mayoría de ellos se encontraba tirando carros de mano; iban acompañados de dos caravanas de carromatos, los que tenían la asignación de ayudarles; habían llegado a la región del último paso del río North Platte. Por delante les que, daba una parte en que la ruta iba en subida en todo su recorrido hasta la División Continental, y después de eso faltaban muchos kilómetros más. Se hallaban en una situación desesperante. En ese año, el invierno había empezado más temprano y las ventiscas de nieve azotaban las tierras altas del Oeste de los estados de Nebraska y Wyoming. Nuestra gente estaba hambrienta, los carros y los carromatos se les rompían continuamente y los bueyes se les morían; la gente misma se estaba muriendo y, a menos que los rescataran, todos ellos iban a perecer. Seguir leyendo

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Las cosas apacibles del reino

Conferencia General Octubre 1996
“Las cosas apacibles del reino”
Élder Jeffrey R. Holland
del Quórum de los Doce Apóstoles

Jeffrey R. Holland

“La paz y las alegres nuevas… se encuentran entre las más grandes bendiciones que el Evangelio de Jesucristo brinda a un mundo atribulado.”

Nos acercamos al final de otra maravillosa conferencia general de la Iglesia. Hemos sido bendecidos con oraciones sinceras, música magnifica y enseñanzas verdaderamente inspiradas.

En unos minutos, como conclusión, escucharemos el consejo de nuestro Profeta viviente y Presidente de la Iglesia, Gordon B. Hinckley. La conferencia general de esta Iglesia es una ocasión extraordinaria: es una declaración institucional de que los cielos están abiertos; de que la guía divina es tan real en la actualidad como lo fue para la antigua casa de Israel; de que Dios, nuestro Padre Celestial, nos ama y nos comunica Su voluntad por medio de un Profeta viviente.

El gran profeta Isaías vio tales momentos y predijo esta misma situación en la que nos encontramos:

“Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a el todas las naciones.

“Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sión saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová…”1

De esa consoladora dirección en los Últimos Días, e incluso de su divina fuente, Isaías continua diciendo: “¡Cuan hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz!”2

La paz y las alegres nuevas; las alegres nuevas y la paz. Esas se encuentran entre las más grandes bendiciones que el Evangelio de Jesucristo brinda a un mundo atribulado y a las personas con inquietudes que viven en él; son soluciones a los desafíos personales y a los pecados humanos; son una fuente de fortaleza para los días de agotamiento y para las horas de genuina desesperación. Todo lo que se ha expresado en esta conferencia general así como lo que expresa La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días que la convoca proclaman que es el mismo Hijo Unigénito de Dios quien nos da esa ayuda y esperanza. Esa seguridad es “constante cual firmes montañas”3. El profeta Abinadí, del Libro de Mormón, lo aclaró al variar un poco la exclamación de Isaías:

“¡Cuan hermosos son sobre las montañas los pies de aquel que trae buenas nuevas, que es el fundador de la paz, si, el Señor, que ha redimido a su pueblo; si, aquel que ha concedido la salvación a su pueblo!4

Por último, es Cristo el que es hermoso sobre las montañas, y son Su misericordiosa promesa de paz en el mundo, así como Sus alegres nuevas de “vida eterna en el mundo venidero”5, las que nos hacen caer a Sus pies, llamar su nombre bendito y darle gracias por la restauración de Su Iglesia verdadera y viviente.

La búsqueda de la paz es una de las búsquedas más fundamentales del alma humana.

Todos tenemos altibajos, pero esos momentos vienen y por lo general se van. Nuestros amables vecinos nos ayudan, y con el hermoso sol llega el ánimo. Generalmente una buena noche de descanso hace maravillas, pero en la vida de todo ser humano hay ocasiones en que un profundo pesar, o sufrimiento, o temor o soledad nos hacen suplicar la paz que sólo Dios puede dar. Estos son momentos de intensa hambre espiritual cuando ni los amigos más íntimos nos pueden dar toda la ayuda que necesitemos.

Entre la vasta congregación de esta conferencia, o en su barrio, en su estaca o en su propio hogar, quizás conozcan a personas valerosas que llevan cargas sumamente pesadas o que sienten un dolor privado, que caminan por los obscuros valles de tribulación de este mundo. Algunos quizás estén desesperadamente preocupados por el esposo, la esposa o el hijo, por su salud o por su felicidad, o su fidelidad en guardar los mandamientos. Algunos quizás vivan con dolor físico o emocional, o con impedimentos físicos que acompañan la edad avanzada. A algunos les preocupa cómo pagar las cuentas, y algunos sienten el dolor de la soledad que hay en una casa vacía, en un cuarto vacío, o simplemente la soledad que significa el tener los brazos vacíos. Seguir leyendo

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Mirad a vuestros pequeñitos

Conferencia General Octubre 1996
“Mirad a vuestros pequeñitos”
Élder William Rolfe Kerr
de los Setenta

“Poderosos hombres y mujeres de Dios… muchas veces se vieron solos, actuaron solos, tal como en algunas oportunidades cada uno de nosotros tiene que arreglárselas solo en un mundo que a veces es hostil.”

Reconozco este llamamiento para servir y expreso mi gratitud a los muchos maestros, líderes y amigos que han influido en mi vida. Este llamamiento trae consigo un aumento del amor y el aprecio que siento por mis buenos padres, mi esposa y mis hijos maravillosos, y por el extraordinario ejército de fieles misioneros con los que servimos en la Misión Texas Dallas.

También me hace sentir más amor y aprecio por la vida y las enseñanzas del Salvador, de las cuales aprendemos los principios que deben gobernar nuestra vida.

Después de Su crucifixión y de Su resurrección, Jesucristo visitó, enseñó y bendijo a los habitantes justos de la antigua América; el Libro de Mormón registra esos gloriosos acontecimientos y se destaca como otro testigo de la divinidad de Jesucristo y de la realidad de Su resurrección. Mientras enseñaba y bendecía a aquellos fieles, les pidió que le llevaran a sus niños pequeños y que los pusieran alrededor de Él; después, se arrodilló con ellos y oró diciendo cosas tan admirables y gloriosas que no se pudieron escribir, palabras que llenaron el alma de la gente con un gozo inconcebible. El registro sagrado nos enseña lo que Jesús le dijo a la multitud:

“… Benditos sois a causa de vuestra fe.

“Y ahora he aquí, es completo mi gozo.

“Y cuando hubo dicho estas palabras, lloró, y la multitud dio testimonio de ello; y tomó a sus niños pequeños, uno por uno, y los bendijo, y rogó al Padre por ellos.

“Y cuando hubo hecho esto, lloró de nuevo;

“y habló a la multitud, y les dijo: Mirad a vuestros pequeñitos” (3 Nefi 17:2023; cursiva agregada).

Cuando dijo a la multitud que mirara a sus pequeñitos, ¿se referiría colectivamente al grupo de niños pequeños? ¿O querría llamarles la atención a las personas -y a nosotros- sobre la naturaleza individual y la importancia de cada uno de esos niños, de cada uno como individuo? Creo que, con Su ejemplo, el Salvador nos enseñó en ese momento el cuidado tierno e individual que debemos dar a cada uno de nuestros niños, en realidad, a cada uno de los hijos de nuestro Padre Celestial. Puede tratarse del irresistible niñito que apenas empieza a andar o del rebelde adolescente, de la apenada viuda o de la mujer agradecida porque tiene una vida buena y feliz; inclusive puede que se trate de uno de los hijos, o del propio cónyuge. Cada uno es un individuo; cada uno tiene su propio potencial divino. Y cada uno debe disfrutar del alimento espiritual y del cuidado físico acompañados del amor, la ternura y la atención individual.

El profeta Lehi exhortó a sus hijos rebeldes, Laman y Lemuel, “con todo el sentimiento de un tierno padre” (1 Nefi 8:37). Y eso es lo que hace el Salvador. Así debe suceder en nuestra familia y en la Iglesia. Moroni se refería a eso cuando dijo que los que eran recibidos en la Iglesia por el bautismo, “eran contados entre los del pueblo de la iglesia de Cristo; y se inscribían sus nombres, a fin de que se hiciese memoria de ellos y fuesen nutridos por la buena palabra de Dios…” (Moroni 6:4). ¡Se les recordaba y nutria uno por uno, persona por persona!

El Salvador nos enseñó ese principio en la parábola de la oveja perdida. Así como el pastor dejó a las noventa y nueve y se fue a buscar a la oveja perdida hasta que la encontró, también nosotros debemos ir a buscar al perdido y continuar la búsqueda hasta que lo hallemos (véase Mateo 18:1214); y una vez que lo hallemos, no demos por terminada la labor hasta que lo traigamos de regreso al reino, regocijándonos ambos. Ese es el objetivo del Evangelio de Jesucristo y debe ser además el de todos los programas y las actividades de la Iglesia: traer a los hijos de nuestro Padre Celestial a Su hogar, traerlos para que se queden en Su hogar. Seguir leyendo

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Escuchando la voz del Señor

Conferencia General Octubre 1996
Escuchando la voz del Señor
Élder Francisco J. Viñas
de los Setenta

Francisco J. Viñas

“Cuando las personas escuchan y aceptan con humildad y con una fe sencilla las palabras de los Profetas, reciben las bendiciones del Señor.”

He estado considerando la importancia que ha tenido en mi vida y en la vida de otras personas, la disposición a escuchar la voz del Señor, especialmente cuando esta llega por medio de Sus siervos y bajo la influencia del Espíritu Santo.

El que yo pueda estar aquí esta tarde tengo que agradecerlo a mis padres, quienes muchos años atrás, al recibir a los misioneros, escucharon por primera vez la voz del Señor y prestaron atención a ella. Esto cambió el rumbo que llevaban sus vidas, y fue una gran influencia en la vida de sus hijos y nietos.

Al ir creciendo junto a la Iglesia en Uruguay y ser testigo de esta maravillosa obra en otros países de Sudamérica, he observado con mucha atención el efecto que ha tenido sobre la vida de las personas cuando han escuchado con diligencia y humildad la voz del Señor. La misma experiencia tuve al regresar a España y ver el cambio que se producía en las vida de la gente cuando obran con diligencia a los siervos del Señor y desarrollaban la fe suficiente para obedecer los mandamientos. Como escribió Pablo a los Romanos: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:17).

La misma promesa que recibió el pueblo de Israel se mantiene en estos días:

“Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltara sobre todas las naciones de la tierra.

“Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzaran, si oyeres la voz de Jehová tu Dios” (Deuteronomio 28:12).

La exhortación a escuchar con atención la palabra del Señor se ha repetido en todas las dispensaciones. El Salvador en su ministerio terrenal repitió frecuentemente estas palabras: “El que tiene oídos para oír, oiga” (Mateo 11:15; 13:9,43: Marcos 4:23; Lucas 8:8; 14:35). También enseñó que “…EL que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna…” Juan 5:24).

El prefacio que el Señor le dio al libro de Doctrina y Convenios y que conocemos como la sección 1 comienza diciendo: “Escuchad, oh pueblo de mi iglesia, dice la voz de aquel que mora en las alturas, y cuyos ojos están sobre todos los hombres; si, de cierto digo: Escuchad, pueblos lejanos; y vosotros los que estáis sobre las islas del mar, oíd juntamente” (D. y C. 1:1). Seguir leyendo

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Participes de las glorias

Conferencia General Octubre 1996
“Participes de las glorias”
Presidenta Elaine L. Jack
Presidenta General de la Sociedad de Socorro

Elaine L. Jack

“Al recibir las bendiciones del sacerdocio, recurrimos al poder y a la gracia de Dios.”

En las praderas de Paraguay se asienta el pequeño poblado de Mistolar, ubicado en un extenso trecho de tierra en una región aislada, cerca del río Pilcomayo. Ahí, en esa pequeña comunidad agrícola, hay una rama de la Iglesia. En junio de 1987, debido a la nieve derretida de los Andes, el río, que era el recurso vital para sus cosechas, fue también la fuente de su destrucción. El río se desbordó no sólo una, sino dos veces, obligando a los santos a buscar otro lugar en donde vivir. Perdieron todo: la capilla, sus hogares, sus huertos y cercos.

Durante un mes, anduvieron con el agua hasta las rodillas, tratando simplemente de sobrevivir.

Al enterarse de tal situación, la Presidencia de Área envió víveres, y el élder Ted E. Brewerton, del Quórum de los Setenta, encabezó un grupo de rescate en una agotadora jornada que duró dos días.

Al llegar ahí, recibieron una cálida bienvenida por parte de las mujeres y los niños, ya que la mayoría de los hombres estaban de cacería o pescando. La gente tenía poca comida y poca ropa para soportar el intenso frío del invierno y, entre los animales que habían sobrevivido, se encontraban tres ovejas, unas cuantas gallinas, una cabra y un perro flaco. Por las noches, las casas provisionales de carrizo y varas les brindaban muy poca protección.

Era obvio que su situación era bastante crítica, pero aun así, la gente sonreía; la paz que irradiaban contrastaba fuertemente con sus tristes circunstancias.

¿Cómo podían seguir animados ante tales circunstancias? La respuesta se dio a conocer cuando el élder Brewerton le preguntó al joven presidente de la rama: “¿Tiene algún enfermo entre sus miembros?”

El joven líder del sacerdocio hizo una pausa y dijo: “Creo que no; permítame preguntarles a los demás hermanos”. Unos minutos después, respondió: “Somos treinta y nueve los que poseemos el Sacerdocio de Melquisedec; nosotros velamos por nuestra gente y les bendecimos”.

Esa noche, en la reunión de la rama, una hermana ofreció una oración, una que el élder Brewerton siempre recordara. Ella dijo: “Padre, hemos perdido nuestra hermosa capilla; hemos perdido nuestra ropa; ya no tenemos casas ni materiales con que construir; tenemos que caminar diez kilómetros para tomar agua sucia del río y no tenemos ni siquiera un balde. Pero deseamos expresarte nuestra gratitud por nuestra buena salud, nuestra felicidad y por ser miembros de la Iglesia. Padre, queremos que sepas, que en cualquier circunstancia, seremos firmes, fuertes y fieles a los convenios que hicimos cuando nos bautizamos” (Véase Heidi S. Swinton, Pioneer Spirit, Deseret Book, 1996, págs. 8-11). Seguir leyendo

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El Gozo De Vivir El Gran Plan De Felicidad

Conferencia General Octubre 1996

El Gozo De Vivir El Gran Plan De Felicidad

Elder Richard G. Scott

Élder Richard G. Scott
del Quórum de los Doce Apóstoles

“Como marido y mujer, ustedes recibirán guía en su vida, al hacerse merecedores del don del Espíritu Santo si obedecen las enseñanzas del Salvador”.


Las Escrituras indican: “Y yo, Dios, cree al hombre a mi propia imagen… varón y hembra los cree”1. Esto se hizo espiritualmente en la vida premortal, cuando vivías en la presencia de tu Padre Celestial. Antes de venir a la tierra, ya eras hombre o mujer. Tú quisiste tener esta experiencia terrenal como parte del plan divino para ti. Los Profetas lo llaman “el plan de la misericordia”2; “el eterno plan de redención”3; “el plan de salvación (4)”; y por cierto, “el gran plan de felicidad”5. Se te enseñó ese plan antes de venir a la tierra y te regocijaste ante el privilegio de participar en él.

La obediencia a ese plan es el requisito para lograr la felicidad en esta vida y una continuación del gozo eterno más allá del velo. El albedrío, el derecho de decidir, es esencial para el plan de felicidad de Dios; también, el santo privilegio de la procreación, el cual debe ejercerse dentro de los lazos del matrimonio legal, es fundamental. El matrimonio entre el hombre y la mujer es esencial para Su plan eterno. La familia es ordenada por Dios (6). Como matrimonio, ustedes tienen la responsabilidad de tener hijos y de capacitarlos espiritual, emocional y físicamente (7).

Satanás también tiene un plan; es un plan de destrucción, astuto, malvado y sutil (8). El objetivo de Satanás es llevar cautivos a los hijos de nuestro Padre Celestial y hacer todo lo posible para frustrar el gran plan de felicidad.

Nuestro Padre Celestial ha investido a Sus hijos con características únicas, especialmente dadas de acuerdo con las responsabilidades individuales que tendrían, mientras ellos cumplen con Su plan. Para seguir Su plan tienes que hacer lo que El espera de ti como hijo o hija, esposo o esposa. Esas funciones son diferentes pero enteramente compatibles. En el plan del Señor, se necesitan dos —un hombre y una mujer— para formar un todo. En realidad, marido y mujer no son dos mitades idénticas, sino una asombrosa y divina combinación de aptitudes y características que se complementan.

En el matrimonio esas características se combinan en un todo —en una unidad— para bendecir al marido y a la mujer, a los hijos y a los nietos. Para lograr la mayor felicidad y productividad en la vida, se necesitan tanto el marido como la mujer; sus esfuerzos se entretejen y se complementan. Cada uno tiene rasgos individuales que se ajustan mejor al plan del Señor para la felicidad del hombre o de la mujer. Si se emplean como el Señor quiere, esas aptitudes hacen que los dos piensen, actúen y se regocijen como si fueran uno; que enfrenten los problemas juntos y los resuelvan como si fueran uno; que su amor y comprensión aumenten y que por las ordenanzas del templo queden ligados eternamente. Ese es el plan.

Ustedes pueden aprender a ser padres más eficaces estudiando la vida de Adán y Eva. Adán era Miguel, el que ayudó a crear la tierra, un personaje glorioso y magnifico; Eva era su igual, una colaboradora completa y total. Después que comieron del fruto, el Señor les habló.

Sus respuestas indican algunas de las diferencias que existen entre el hombre y la mujer. A Adán le preguntó: “¿Has comido del árbol del cual te mande no comer…?9” Y la respuesta de Adán fue la de un hombre que desea que lo consideren como una persona integra: “La mujer que tu me diste, y mandaste que permaneciese conmigo, me dio del fruto del árbol, y yo comí (10)”. Cuando el Señor le preguntó a Eva: “¿Qué es esto que has hecho? (11) ’’, la respuesta de ella fue típica de una mujer sencilla y directa: “La serpiente me engañó, y yo comí (12)”.

Más tarde, “Adán bendijo a Dios… y empezó a profetizar concerniente a todas las familias de la tierra, diciendo: Bendito sea el nombre de Dios, pues a causa de mi transgresión se han abierto mis ojos, y tendré; gozo en esta vida, y en la carne de nuevo veré; a Dios (13)”. Es obvio que pensaba en sus deberes y que trataba de hacer la voluntad del Señor. Eva dijo: “De no haber sido por nuestra transgresión, nunca habríamos tenido posteridad, ni hubiéramos conocido jamás el bien y el mal, ni el gozo de nuestra redención, ni la vida eterna que Dios concede a todos los que son obedientes(14). Esas palabras fueron características de la mujer, pensando en los demás, tratando de que se considerara a todos. Ninguna respuesta fue más correcta que la otra, sino que ambas provienen de los distintos rasgos inherentes al hombre y a la mujer. El Señor quiere que empleemos esas diferencias para cumplir Su plan y lograr la felicidad, el progreso personal y el desarrollo. Consultándose mutuamente llegaron juntos a una perspectiva más amplia y correcta de la verdad. Seguir leyendo

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Cristianos En Creencia Y En Acción

Conferencia General Octubre 1996
Cristianos En Creencia Y En Acción
Élder Joseph B. Wirthlin
del Quórum de los Doce Apóstoles

Joseph B. Wirthlin

“Mediante la obediencia, motivada por un sincero amor a Dios, venimos a Cristo plenamente y dejamos que Su gracia, por conducto de la Expiación, nos conduzca a la perfección.”

Mis queridos hermanos y hermanas, es un privilegio para mí hablarles en esta tarde. Oro por el mismo Espíritu del que tanto hemos gozado durante esta conferencia.

Algunas personas creen erróneamente que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y sus miembros no son cristianos. Se nos hace difícil entender por que habría alguien que aceptara y promoviera esa idea que esta tan lejos de la verdad. El presidente Gordon B. Hinckley ha descrito a los miembros de la Iglesia diciendo que estamos “unidos por el amor común por nuestro Maestro que es el Hijo de Dios, el Redentor del mundo. Somos el pueblo del convenio del Señor: hemos tomado sobre nosotros Su santo nombre”’.

Nuestras creencias y acciones podrán diferir de las de otros, pero, como buenos cristianos, no criticamos otras religiones ni a sus seguidores. “Reclamamos el derecho de adorar a Dios Todopoderoso conforme a los dictados de nuestra propia conciencia, y concedemos a todos los hombres el mismo privilegio: que adoren como, donde o lo que deseen.

En el diccionario se define a un cristiano como alguien “que cree en la fe de Cristo… que pertenece a la religión de Cristo”, y cuya acción demuestra el “amor a Dios, la caridad, la humildad, el amor al prójimo”5. Así, vemos que hay dos características que identifican a los cristianos: (1) su creencia en el Salvador, y (2) sus acciones en armonía con las enseñanzas del Salvador. Los miembros fieles de la Iglesia, a los que se les llama santos o Santos de los Últimos Días, tienen ambas características; tanto en nuestra creencia como en nuestras acciones demostramos que en nuestra religión “la principal piedra del ángulo [es] Jesucristo mismo”4.

Nuestra Declaración De Creencia

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días lleva Su nombre; El está a la cabeza y la dirige por medio de Sus Profetas escogidos.

Creemos que el primer principio del evangelio es la “fe en el Señor Jesucristo”5. “… nadie viene al Padre, sino por” El (6). Como discípulos Suyos que somos, con valentía nos hacemos eco del decisivo testimonio de Pedro al Maestro: “Tu eres el Cristo”7. Es el ardiente testimonio del Santo Espíritu que sentimos profundamente en nuestro corazón lo que nos lleva a hacer esa manifestación en forma agradecida y humilde. Cuando explicamos lo que sentimos por Jesús, testificamos con amor y sencillez que Él es “el Cristo, el Hijo del Dios viviente”8.

Nos regocijamos en la certeza de que “no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”9. Con corazón obediente y llenos de fe, “vemos que la puerta del cielo está abierta para todos, si, para todos los que quieran creer en el nombre de Jesucristo, que es el Hijo de Dios”10.

Declaramos que Jesús es el Primogénito de nuestro Padre Celestial en el espíritu y el Unigénito de Dios en la carne. Es un Dios, uno de los de la Trinidad; es el Salvador y el Redentor de la raza humana. En un concilio premortal en el que todos estuvimos presentes, El aceptó el gran plan de felicidad de nuestro Padre para Sus hijos y fue elegido por el Padre para ponerlo en práctica. El dirigió las fuerzas del bien en una batalla por las almas de los hombres que comenzó antes de la fundación del mundo contra las fuerzas de Satanás y sus seguidores.

Ese conflicto continua hoy. Estábamos del lado de Jesús entonces y estamos de Su lado ahora.

La Expiación de Jesucristo, un acto de amor puro, anulo los efectos de la Caída y proporciono la vía para que toda la humanidad regresara a la presencia de Dios. Como parte de la Expiación, el Salvador venció la muerte física y proporcionó la inmortalidad para todos los hijos de Dios por medio de Su resurrección. También venció la muerte espiritual al tomar sobre Si el sufrimiento de los pecados de toda la humanidad, dándonos así la posibilidad de la vida eterna, que es la vida que Dios vive y el más grande de todos los dones de Dios. Seguir leyendo

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Tengan anhelo por Cristo

Conferencia General Octubre 2016
Tengan anhelo por Cristo
Por el élder Kazuhiko Yamashita
De los Setenta

Tenemos anhelo por Cristo cuando servimos fielmente, aceptamos con humildad, perseveramos con valentía, oramos con fervor y participamos dignamente.

Mis amados hermanos y hermanas, hoy quiero hablarles a los jóvenes de la Iglesia, entre ellos nuestros maravillosos misioneros. Por supuesto, los hermanos y hermanas de corazón joven están cordialmente invitados a escuchar.

El pasado 21 de agosto, el presidente Russell M. Nelson dedicó el hermoso Templo de Sapporo, el tercer templo de Japón. El Templo de Sapporo se edificó al norte de Japón, en un lugar llamado Hokkaido. Al igual que Utah, Hokkaido fue establecida por pioneros industriosos y trabajadores.

En 1876, a un prominente educador llamado Dr. William Clark1 se le invitó ir a Hokkaido a enseñar. Aunque vivió en Japón solo ocho meses, su espíritu cristiano dejó una impresión perdurable en sus jóvenes estudiantes que no eran cristianos. Antes de irse, dio a sus alumnos un mensaje de despedida que ha quedado inmortalizado en esta estatua de bronce2. Dijo: “Muchachos, ¡tengan ambición!”—“Tengan ambición por Cristo”3. Su mandato de “tener ambición por Cristo” puede ayudar a dirigir las decisiones cotidianas de los Santos de los Últimos Días de hoy.

¿Qué significa “tener ambición por Cristo”? Tener ambición por Cristo significa estar motivados, centrados y dedicados a Su obra; tener ambición por Cristo rara vez significará que se nos selecciona para recibir honor público; tener ambición por Cristo significa que servimos fiel y diligentemente en nuestros barrios y ramas, sin quejarnos y con corazones alegres.

Nuestros misioneros que prestan servicio en todo el mundo son bellos ejemplos de personas que en verdad tienen ambición por Cristo. Hace unos años, la hermana Yamashita y yo prestamos servicio en la Misión Japón Nagoya. Nuestros misioneros tenían gran ambición por Cristo; uno de ellos fue un joven llamado élder Cowan.

Al élder Cowan le faltaba la pierna derecha por un accidente de bicicleta que había tenido en su niñez. Pocas semanas después de que entró en la misión, recibí una llamada de su compañero; la prótesis de pierna del élder Cowan se había roto mientras iba en su bicicleta. Lo llevamos a un buen establecimiento de reparaciones y allí, en una habitación privada, le vi la pierna por primera vez y caí en la cuenta de cuánto dolor había estado padeciendo. Le repararon la prótesis y regresó a su área.

No obstante, con el paso de las semanas, la prótesis volvió a romperse una y otra vez. El asesor médico de Área recomendó que el élder Cowan regresara a casa para que quizá lo reasignaran a otra misión. Yo me opuse a esa recomendación, ya que el élder Cowan era un excelente misionero y tenía un profundo deseo de quedarse en Japón; pero poco a poco, el élder Cowan se fue acercando a su límite físico; a pesar de eso, no murmuró ni se quejó.

De nuevo se me aconsejó que al élder Cowan se le debería permitir servir en un lugar donde no tuviera que andar en bicicleta. Medité sobre la situación; pensé en el élder Cowan y su futuro, y oré al respecto. Sentí la impresión de que, sí, el élder Cowan debía regresar a casa y esperar que lo reasignaran. Lo llamé por teléfono, le expresé mi amor y preocupación, y le comuniqué mi decisión. No dijo nada, pero solo lo oía sollozar del otro lado del teléfono. Le dije: “Élder Cowan, no tiene que darme una respuesta ahora; lo llamaré mañana. Por favor, considere mi recomendación con ferviente oración”. Seguir leyendo

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Para nuestro desarrollo y aprendizaje espirituales

Conferencia General Octubre 2016
Para nuestro desarrollo y aprendizaje espirituales
Por el élder W. Mark Bassett
De los Setenta

Los misterios de Dios se despliegan ante nosotros solo según Su voluntad y por el poder del Espíritu Santo.

Cuando era niño, mis padres recibieron un regalo que resultó fascinante para David, mi hermano menor, y para mí. El regalo era una réplica en miniatura de las planchas de oro que el profeta José Smith recibió del ángel Moroni. Según recuerdo, esas planchas tenían más o menos diez páginas con palabras escritas, pero esas páginas no fue lo que captó nuestra atención.

Habíamos crecido escuchando los relatos de la Restauración; sabíamos y habíamos cantado en la Primaria sobre las planchas de oro ocultas en la ladera de una montaña y que el ángel Moroni había entregado a José Smith1. A medida que aumentaba la curiosidad en nuestra mente infantil, había una cosa que realmente queríamos ver: ¿qué estaba escrito en la pequeña sección de esas planchas selladas aseguradas con dos pequeñas bandas de metal?

Las planchas estuvieron sobre una mesita por varios días antes de que nuestra curiosidad nos llevó a hacer algo. Aunque nosotros entendíamos claramente que esas no eran las planchas que Moroni había entregado, queríamos ver la parte sellada; así que, en varias ocasiones, mi hermano y yo utilizamos un cuchillo pequeño, cucharas viejas y cualquier cosa que podíamos imaginar para abrir esa porción sellada de las planchas lo suficiente para ver lo que contenían, pero no lo bastante como para romper las pequeñas bandas. Al menos éramos lo suficientemente listos como para no dejar rastros de las travesuras de nuestra curiosidad infantil; pero para nuestra decepción y frustración, esos intentos de “abrir las planchas” siempre fracasaron.

Todavía no sé que había en esa parte sellada, si es que había algo, pero lo vergonzoso de nuestra historia es que, hasta el día de hoy, no tengo idea de lo que estaba escrito en las páginas de metal que se podían leer. Solo me imagino que esas páginas contenían las historias de la Restauración y los testimonios de José Smith y de los Tres y los Ocho testigos que vieron las planchas que entregó Moroni.

Desde la Creación de esta tierra, nuestro amoroso Padre Celestial ha proporcionado dirección, liderazgo e instrucción a Sus hijos mediante profetas. Sus palabras se han transmitido mediante esos profetas y se han guardado como Escrituras para nuestro desarrollo y aprendizaje. Nefi lo describió de esta manera:

“Porque mi alma se deleita en las Escrituras, y mi corazón las medita, y las escribo para la instrucción y el beneficio de mis hijos.

“He aquí, mi alma se deleita en las cosas del Señor, y mi corazón medita continuamente en las cosas que he visto y oído”2.

Además, durante dispensaciones anteriores y en esta última dispensación del cumplimiento de los tiempos, los miembros dignos de la Iglesia del Señor han sido bendecidos con la compañía constante del Espíritu Santo, que nos ayuda con nuestro desarrollo y aprendizaje espirituales. Seguir leyendo

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Vuélvanse al libro; confíen en el Señor

Conferencia General Octubre 2016
Vuélvanse al libro; confíen en el Señor
Por el élder Gary E. Stevenson
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

 ¿Ven el Libro de Mormón como su piedra clave, como su centro de fortaleza espiritual?

Mary Elizabeth Rollins

Imagino en mi mente a los de la nueva generación mirando o escuchando esta sesión de la conferencia en algún lugar del mundo. Quisiera compartir una historia verdadera con ustedes, una historia que puede ser tanto un ejemplo como una lección. Puede mostrarles cómo acercarse más al Señor y acceder a mayor poder para resistir la tentación.

Es la historia de una joven que vivía en Nueva York; antes de los tres años de edad perdió a su padre cuando se hundió su embarcación en un gran lago. Ella, su madre, su hermano mayor y su hermana pequeña se mudaron a una nueva ciudad en otro estado, para vivir con su tía y su tío. Poco después de que la familia llegó, los misioneros y miembros de una religión recién organizada llegaron a la ciudad con las gloriosas nuevas de la restauración del Evangelio. Narraron la extraordinaria historia de cómo un ángel entregó unos anales antiguos a un joven llamado José Smith; anales que este había traducido por el poder de Dios. De hecho, dos de los visitantes, Oliver Cowdery y John Whitmer, habían visto con sus propios ojos las hojas de metal grabadas de los anales antiguos; y Whitmer testificó que había tenido las planchas de oro en sus propias manos. Los anales se habían publicado hacía poco y el hermano Whitmer llevaba el libro consigo. El nombre del libro, por supuesto, era el Libro de Mormón.

Cuando Mary, de doce años, oyó a los misioneros hablar sobre el libro, experimentó un sentimiento especial en el corazón. Aunque el Libro de Mormón era grueso y tenía muchas páginas, Mary ansiaba leerlo. Cuando el hermano Whitmer partió, entregó un preciado ejemplar del libro al hermano Isaac Morley, que era un amigo del tío de Mary y uno de los líderes locales de la nueva Iglesia.

Mary Elizabeth Rollins reading

Más adelante, Mary escribió: “Fui a casa [del hermano Morley]… y pedí ver el libro; [este] lo puso en mi mano, y al verlo sentí tal deseo de leerlo, que no pude abstenerme de pedirle que me permitiera llevarlo a casa y leerlo…Dijo que… apenas había tenido tiempo para leer un capítulo él mismo, y tan solo unos pocos hermanos lo habían visto, pero rogué tan fervientemente por él que por fin dijo: ‘Jovencita, si traes este libro a casa antes de desayunar por la mañana, te lo puedes llevar’”.

Mary corrió a casa; y estaba tan absorta en el libro, que permaneció despierta casi toda la noche leyéndolo. A la mañana siguiente, cuando devolvió el libro, el hermano Morley dijo: “Me imagino que no habrás leído mucho” y “No creo que me puedas decir ni una palabra del libro”. Mary permaneció erguida y repitió de memoria el primer versículo del Libro de Mormón; luego le narró la historia del profeta Nefi. Mary escribió más adelante: “Él me miró sorprendido y dijo: ‘Hija, llévate el libro a casa y termínalo, yo puedo esperar’”.

Poco tiempo después, Mary terminó de leer el libro y fue la primera persona de la ciudad en leerlo por completo. Supo que era verdadero y que provenía del Padre Celestial. Al volverse al libro, confió en el Señor. Seguir leyendo

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Valientes en el testimonio de Jesús

Conferencia General Octubre 2016
Valientes en el testimonio de Jesús
Por el élder Quentin L. Cook
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

No permitamos que nuestros testimonios del Padre y del Hijo se tornen confusos y complicados por piedras de tropiezo.

La vida eterna es el mayor don de Dios y es otorgado a quienes “[guardan los mandamientos de Dios y perseveran] hasta el fin”1. Por otro lado, la vida eterna con nuestro Padre Celestial se niega a “aquellos que no son valientes en el testimonio de Jesús”2. Hay varias piedras de tropiezo que no nos dejan ser valientes y pueden impedirnos alcanzar la meta de la vida eterna3. Las piedras de tropiezo pueden ser complicadas; permítanme ilustrarlo.

Hace muchos años mi padre construyó una pequeña cabaña en una parte de la hacienda donde él había crecido. El panorama de las praderas era excepcional. Fui a verla cuando se construyeron las paredes y me sorprendió una ventana con una vista que daba directamente a un poste eléctrico a corta distancia de la casa. Para mí, era una gran distracción a la magnífica vista.

Poste eléctrico visto desde la ventana
Entonces dije: “Papá, ¿por qué dejaste que pusieran el poste eléctrico directamente enfrente de la ventana?”.

Mi padre, un hombre excepcionalmente práctico y tranquilo, exclamó emocionado: “¡Quentin, para mí, ese poste eléctrico es la cosa más hermosa de todo la hacienda!”. Luego explicó: “Cuando miro ese poste, recuerdo que no tendré que cargar agua en cubos desde el manantial hasta la casa para cocinar, para lavarme las manos o bañarme, como lo hacía de niño. No tendré que encender velas o lámparas de aceite a la noche para leer. Quiero ver ese poste eléctrico al mirar por la ventana”.

Mi padre tenía una perspectiva diferente sobre el poste eléctrico de la que yo tenía. Para él, el poste representaba una vida mejor; para mí, una piedra de tropiezo a un magnífico paisaje. Papá valoraba mucho más la corriente, la luz y la limpieza que un bello panorama. Inmediatamente me di cuenta de que mientras el poste era una piedra de tropiezo para mí, tenía un gran significado práctico y simbólico para mi padre.

Una piedra de tropiezo es “un impedimento a una creencia o entendimiento” o “un obstáculo al progreso”4. Tropezar espiritualmente es “caer en el pecado o la rebeldía”5. Una piedra de tropiezo puede ser cualquier cosa que nos distraiga de alcanzar metas justas.

No permitamos que nuestros testimonios del Padre y del Hijo se tornen confusos y complicados por piedras de tropiezo. No caigamos en esa trampa. Nuestros testimonios de Ellos deben permanecer puros y simples como el razonamiento simple de mi papá sobre el poste eléctrico en la hacienda donde él creció.

¿Cuáles son algunas de las piedras de tropiezo que confunden y complican el testimonio puro y simple del Padre y del Hijo e impiden que seamos valientes en ese testimonio?

Una piedra de tropiezo son las filosofías de los hombres

Nos comprometemos a lograr conocimiento de todo tipo y creemos que “la gloria de Dios es la inteligencia”6. No obstante, también sabemos que la estrategia preferida del adversario es desviar a las personas de Dios y causarles tropiezo, poniendo énfasis en las filosofías de los hombres y no en el Salvador ni en Sus enseñanzas.

El apóstol Pablo era un testigo firme de Jesucristo debido a una experiencia milagrosa con el Salvador que cambió su vida7. Los antecedentes singulares de Pablo lo prepararon para relacionarse con gente de muchas culturas. Le encantaba la “simplicidad franca” de los tesalonicenses y la “tierna compasión” de los filipenses8. Inicialmente descubrió que era más difícil relacionarse con los griegos, que eran intelectuales y sofisticados. En Atenas, en el Areópago, intentó un enfoque filosófico y fue rechazado. Con los corintios decidió simplemente enseñar “la doctrina de Cristo crucificado”9. Para usar las propias palabras del apóstol Pablo:

“…y ni mi palabra ni mi predicación fueron con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder,

“para que vuestra fe no estuviese fundada en la sabiduría de hombres, sino en el poder de Dios”10. Seguir leyendo

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