Un testigo de Dios

Conferencia General Octubre 2016
Un testigo de Dios
Por el élder Neil L. Andersen
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

 

Sugiero que dejen de sentirse culpables por las insuficiencias que crean tener al compartir el Evangelio. Más bien, oren “para ser testigos de Dios”. Esa motivación es mucho más fuerte que la culpa.

El mundo no percibe una gran parte de la importante obra de Dios. El siglo VI antes de Cristo trajo ilustres pensadores como Confucio en China y Buda en la India oriental, pero el poder del sacerdocio de Dios lo poseía Daniel, el profeta que vivía en cautiverio durante el reinado de Nabucodonosor, rey de Babilonia.

Una noche, perturbado por un sueño, el rey Nabucodonosor exigió a sus magos y encantadores que le dijeran lo que había soñado y la interpretación del sueño. Por supuesto, ellos no podían decirle al rey lo que él había soñado, y protestaron. “No hay hombre sobre la tierra que pueda [hacer eso ni ningún rey que haya pedido] cosa semejante”1. El rey Nabucodonosor estaba furioso de que no pudieran hacerlo y con ira declaró que todos sus consejeros morirían.

Daniel, uno de los sabios del rey, oró para pedir las “misericordias [de] Dios… con respecto a este misterio”2.

Ocurrió un milagro. El misterio de lo que el rey había soñado le fue revelado a Daniel,

quien fue llevado ante el rey. “¿Podrás tú darme a conocer el sueño que he visto y su interpretación?”.

Daniel respondió:

“… ni sabios, ni astrólogos, ni magos ni adivinos [pueden declararle lo que ha soñado]…

“Pero hay un Dios en los cielos que [puede revelar esas cosas], y él ha hecho saber al rey Nabucodonosor lo que ha de acontecer en los postreros días…

“… el Dios del cielo”, dijo Daniel, “levantará un reino [una piedra cortada, no con mano, que se convertirá en un gran monte que llenará toda la tierra y] que no será jamás destruido… [sino que] permanecerá para siempre.

“… el sueño es verdadero”, dijo Daniel, “y fiel su interpretación”3.

Cuando se le había explicado e interpretado el sueño, el rey dijo con certeza: “… el Dios vuestro es Dios de dioses, y Señor de los reyes”4.

Por la milagrosa intervención de Dios se le reveló a Daniel el futuro profetizado del evangelio de Jesucristo, que sería restaurado en la tierra, un reino que llenaría toda la tierra y “que no [sería] jamás destruido… [sino que permanecería] para siempre”.

El número de miembros de la Iglesia en los últimos días sería relativamente bajo, como Nefi lo profetizó, pero ellos se encontrarían por toda la superficie de la tierra, y el poder y las ordenanzas del sacerdocio estarían disponibles para todos los que los desearan, llenando la tierra como lo predijo Daniel5.

En 1831 el profeta José Smith recibió esta revelación: “Las llaves del reino de Dios [y del recogimiento de Israel de las cuatro partes de la tierra] han sido entregadas al hombre en la tierra, y de allí rodará el evangelio hasta los extremos de ella, como la piedra cortada del monte, no con mano, ha de rodar, hasta que llene toda la tierra”6.

Una responsabilidad que compartimos

El recogimiento de Israel es un milagro; es como un enorme rompecabezas cuyas piezas se colocarán en su lugar antes de los gloriosos acontecimientos de la Segunda Venida. Así como nos desconcertamos con muchas piezas de un rompecabezas, los primeros santos deben haber visto la tarea de llevar el Evangelio restaurado a todo el mundo como algo imposible. Pero dieron comienzo, una persona y una pieza del rompecabezas a la vez, buscando las piezas con extremos planos, a fin de armar el marco de esta obra divina. Poco a poco, la piedra cortada, no con mano, comenzó a rodar; de unos cientos a miles, a decenas de miles, y ahora millones de miembros del convenio de todas las naciones arman las piezas del rompecabezas de esta obra maravillosa y de este prodigio.

Un enorme rompecabezas
Cada uno de nosotros es una pieza del rompecabezas y ayuda a poner en su lugar otras piezas esenciales. Ustedes son importantes en esta gran causa. La vista que tenemos al frente ahora es clara. Podemos ver que el milagro continúa y que la mano del Señor nos guía a medida que llenamos los huecos que quedan. Entonces, “el gran Jehová [dirá] que la obra está concluida”7 y Él regresará con majestuosidad y gloria.

El presidente Thomas S. Monson ha dicho: “Ahora es el momento de que los miembros y los misioneros se unan y trabajen juntos… para llevar almas a Él… Él nos ayudará en nuestros esfuerzos si actuamos con fe para llevar a cabo Su obra”8.

La responsabilidad divinamente señalada, que una vez fue solo de los misioneros de tiempo completo, ahora es de todos nosotros. Todos queremos compartir el Evangelio restaurado y, afortunadamente, miles se están bautizando cada semana; pero aun con esa maravillosa bendición, nuestra preocupación por nuestros hermanos y hermanas, y nuestro deseo de complacer a Dios, traen una apremiante urgencia de compartir y fortalecer el reino de Dios en todo el mundo.

Los límites de la culpa

Aun con un fuerte deseo de compartir el Evangelio, quizás no estén del todo satisfechos con el éxito de sus esfuerzos. Tal vez se sientan como un amigo mío que dijo: “He hablado a mis familiares y amigos acerca de la Iglesia, pero pocos han mostrado interés, y con cada rechazo me vuelvo más renuente. Sé que debería hacer más, pero estoy atascado y todo lo que siento es una enorme culpa”.

Veamos si les puedo ayudar.

La culpa tiene una importante función, ya que nos alerta de cambios que debemos hacer, pero solo nos lleva hasta cierto punto.

La culpa es como la batería de un automóvil que funciona a gasolina; puede accionar el auto, arrancar el motor y encender las luces, pero no brinda el combustible para el largo viaje que aguarda. La batería, por sí sola, no es suficiente, ni tampoco lo es la culpa.

Sugiero que dejen de sentirse culpables por las insuficiencias que crean tener al compartir el Evangelio. Más bien, oren como Alma, para tener oportunidades “… [para] ser testigos de Dios en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar… para que [los demás sean] redimidos por Dios, y [sean] contados con los de la primera resurrección… [y tengan] vida eterna”9. Esa motivación es mucho más fuerte que la culpa.

Ser testigos de Dios en todo tiempo y en todo lugar se refleja en la forma en que vivimos y hablamos.

Estén dispuestos a hablar de su fe en Cristo. Siempre que la ocasión se presente, hablen de Su vida, Sus enseñanzas y Su dádiva incomparable a toda la humanidad. Compartan Sus verdades poderosas que están en el Libro de Mormón. Él nos ha hecho esta promesa: “A cualquiera… que me confiese delante de los hombres, yo… le confesaré delante de mi Padre… en los cielos”10. Les prometo que si oran con frecuencia y sinceridad para tener oportunidades de “ser testigos de Dios”, las oportunidades vendrán, y aquellos que busquen más luz y conocimiento serán puestos ante ustedes. Si responden a los susurros espirituales, el Espíritu Santo llevará sus palabras al corazón de otra persona y un día el Salvador les confesará delante de Su Padre.

Un esfuerzo en conjunto

La obra espiritual de ayudar a alguien a venir al reino de Dios es una labor en equipo. Recurran a los misioneros lo más pronto que puedan y oren para pedir ayuda divina, pero recuerden que el momento de la conversión de otra persona no depende totalmente de ustedes11.

Kamla Persand era de las islas Mauricio y asistía a la facultad de medicina en Burdeos, Francia, cuando la conocimos en febrero de 1991. Habíamos orado en familia para poder compartir el Evangelio con alguien que estuviera en busca de la verdad y le enseñamos en nuestro hogar. Tuve el privilegio de efectuar su bautismo, pero nosotros no fuimos la influencia más importante para que Kamla se uniera a la Iglesia. Amigos, misioneros e incluso familiares habían sido “testigos de Dios” en su país natal y un día, en Francia, cuando era el momento adecuado, Kamla tomó la decisión de bautizarse. Ahora, veinticinco años después, le rodean las bendiciones de esa decisión y su hijo es misionero en Madagascar.

Por favor, no vean sus esfuerzos de compartir el amor del Salvador con alguien como un examen que se aprueba o se reprueba, y cuya calificación la determina la forma positiva en que sus amigos respondan a sus sentimientos o a su invitación de conocer a los misioneros12. Con nuestros ojos mortales no podemos juzgar el efecto de nuestros esfuerzos, ni podemos establecer un calendario. Cuando comparten el amor del Salvador con alguien, su calificación siempre es sobresaliente.

Algunos gobiernos han restringido la labor de los misioneros, lo cual ha causado que nuestros nobles miembros muestren incluso más valor para ser “testigos de Dios en todo tiempo… y en todo lugar”.

Nadezhda, que es de Moscú, a menudo da a otras personas un ejemplar del Libro de Mormón en una caja para regalo con muchos caramelos alrededor. “Les digo”, dice ella, “que es el obsequio más dulce que les puedo dar”.

Poco después de bautizarse en Ucrania, Svetlana sintió la impresión de compartir el Evangelio con un hombre al que veía a menudo en el autobús. Cuando el hombre se bajó en su parada, ella le preguntó: “¿Le gustaría saber más acerca de Dios?”. El hombre respondió: “Sí”. Los misioneros enseñaron a Viktor y se bautizó. Más adelante, él y Svetlana se sellaron en el Templo de Freiberg, Alemania.

Tengan cuidado; sus bendiciones podrían venir de formas inesperadas.

Hace siete años, Kathy y yo conocimos a Diego Gómez y a su hermosa familia en Salt Lake City. Asistieron con nosotros a un programa de puertas abiertas del templo, pero amablemente declinaron nuestra invitación de saber más acerca de la Iglesia. En el mes de mayo pasado, me sorprendió recibir una llamada telefónica de Diego; algunos acontecimientos lo habían llevado a ponerse de rodillas. Había buscado a los misioneros por su cuenta, recibido las charlas y estaba listo para bautizarse. Este pasado once de junio, entré en las aguas del bautismo con mi amigo y condiscípulo Diego Gómez. Su conversión tenía su propio tiempo y vino con la ayuda y el apoyo de muchos que le tendieron la mano como “testigos de Dios”.

Una invitación a los jóvenes

A nuestros extraordinarios jóvenes y jóvenes adultos de todo el mundo, les hago la invitación y el reto especiales de ser “testigos de Dios”. Las personas que les rodean están dispuestas a hablar de temas espirituales. ¿Recuerdan el rompecabezas? Ustedes no vienen a la mesa con las manos vacías sino con tecnología y redes sociales a su disposición. Los necesitamos; el Señor necesita que participen aún más en esta gran causa.

El Salvador dijo: “Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”13.

No es por casualidad que vivan en África; Asia; Europa; Norte, Centro o Sudamérica; el Pacífico o en otro lugar en el mundo de Dios, ya que el Evangelio debe ir a “toda nación, tribu, lengua y pueblo”14.

“… el Dios del cielo [ha levantado] un reino [una piedra cortada, no con mano, que se convertirá en un gran monte que llenará toda la tierra y] que no será jamás destruido… [sino que] permanecerá para siempre”.

“… el sueño es verdadero, y fiel su interpretación”15.

Termino con palabras de Doctrina y Convenios: “Implorad al Señor, a fin de que su reino se extienda sobre la faz de la tierra, para que sus habitantes lo reciban y estén preparados para los días que han de venir, en los cuales el Hijo del Hombre descenderá [del] cielo, revestido del resplandor de su gloria, para recibir el reino de Dios… sobre la tierra”16. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Referencias

  1. Daniel 2:10.
  2. Daniel 2:18.
  3. Daniel 2:26–28, 28, 44–45; véanse también los versículos 34–35.
  4. Daniel 2:47.
  5. Véase 1 Nefi 14:12–14.
  6. Doctrina y Convenios 65:2; véase también Doctrina y Convenios 110:11.
  7. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, págs. 463–476; véase también Boyd K. Packer, “El estandarte de la verdad se ha izado”, Liahona, noviembre de 2003, pág. 27.
  8. Thomas S. Monson, “Bienvenidos a la conferencia”, Liahona, noviembre de 2013, pág. 4.
  9. Mosíah 18:9.
  10. Mateo 10:32.
  11. Hace un mes estaba en Santa María, Brasil. El hermano João Grahl me contó que cuando era joven, había asistido a la Iglesia durante dos años y quería bautizarse, pero su padre no se lo permitía. Un día dijo a sus hermanas, quienes tenían el mismo deseo, que necesitaban arrodillarse y orar a Dios para que ablandara el corazón de su padre; así que se arrodillaron, oraron y se fueron a la escuela.

    Ese día, al volver de la escuela, un tío, hermano de su padre, había llegado de sorpresa de una ciudad lejana. Se encontraba en la casa de ellos conversando con su padre. Con el tío presente en la habitación, los niños preguntaron nuevamente a su padre si se podían bautizar. Entonces el tío se acercó a su hermano menor y colocándole la mano en el hombro le dijo: “Reinaldo, es verdad. Déjalos que se bauticen”. Ninguno de ellos lo sabía, pero el tío se había bautizado unos meses antes.

    El tío sintió la inspiración de viajar a la casa de su hermano y gracias a que ese día fue “un testigo de Dios”, sus sobrinas y su sobrino recibieron permiso para bautizarse. Unas semanas más tarde, Reinaldo y su esposa se bautizaron. Dios contestó las oraciones de esos niños de forma milagrosa por medio de alguien que estaba dispuesto a ser “testigo de Dios”.

  12. “You succeed when you invite, regardless of how it turns out” [Al invitar, ya tienen éxito; no importa lo que suceda después] (Clayton M. Christensen, The Power of Everyday Missionaries, 2012, pág. 23; véase también everydaymissionaries.org).
  13. Mateo 28:19.
  14. Mosíah 15:28.
  15. Daniel 2:44–45; véanse también los versículos 34–35.
  16. Doctrina y Convenios 65:5.
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¿Soy lo suficientemente bueno? ¿Lo lograré?

Conferencia General Octubre 2016

¿Soy lo suficientemente bueno? ¿Lo lograré?

Por el élder J. Devn Cornish
De los Setenta

Si realmente se esfuerzan y no se justifican ni se rebelan —arrepintiéndose con frecuencia y rogando por gracia—, sin duda van a ser “suficientemente buenos”.

 

Queridos hermanos y hermanas, qué bendición es estar reunidos y recibir las enseñanzas de los siervos del Señor. ¿No es maravilloso de cuántas maneras nuestro amoroso Padre Celestial nos guía y nos bendice? Él realmente desea que regresemos a casa.

Por medio de una serie de entrañables misericordias, cuando era un joven doctor al terminar la escuela de medicina, me aceptaron en un programa de residencia de pediatría competitivo y destacado. Cuando conocí a los demás pasantes, me sentí como el menos inteligente y preparado de todos y pensé que nunca podría estar a la altura del resto del grupo.

A principio de nuestro tercer mes, estaba sentado en la sala de enfermeras una noche en el hospital, mientras alternaba entre llorar y dormitar al intentar escribir las órdenes de admisión para un niño con pulmonía. Nunca me había sentido tan desanimado en mi vida; no tenía ni idea de cómo tratar la pulmonía en un niño de 10 años de edad y empecé a preguntarme qué estaba haciendo ahí.

En ese preciso momento, uno de los residentes de más antigüedad puso su mano sobre mi hombro; me preguntó cómo estaba y le conté mis frustraciones y temores. Su respuesta me cambió la vida. Me dijo lo orgullosos que estaban de mí, él y el resto de los residentes de más antigüedad, y que pensaban que llegaría a ser un excelente doctor. En pocas palabras, creyó en mí en un momento en el que ni yo creía en mí mismo.

Como en mi propia experiencia, a menudo nuestros miembros preguntan: “¿Soy lo suficientemente bueno como persona?” o “¿En realidad lograré llegar al Reino Celestial?” Desde luego, no hay tal cosa como “ser suficientemente bueno”. Ninguno de nosotros podría jamás “ganar” o “merecer” nuestra salvación, pero es normal preguntarnos si somos aceptables ante el Señor, que es como yo entiendo esas preguntas.

A veces cuando asistimos a la Iglesia, nos desanimamos aun debido a invitaciones sinceras para mejorar. Pensamos en silencio, “No puedo hacer todas esas cosas” o “Nunca seré tan bueno como todas esas personas”. Tal vez nos sintamos como yo me sentí en el hospital esa noche.

Por favor, mis queridos hermanos y hermanas, debemos dejar de compararnos con los demás; nos torturamos inútilmente al competir y compararnos. Erróneamente juzgamos nuestra autoestima según las cosas que tenemos o no tenemos y por las opiniones de los demás. Si tenemos que comparar, comparemos cómo éramos en el pasado a cómo somos hoy, e incluso a cómo queremos ser en el futuro. La única opinión que importa es lo que nuestro Padre Celestial piensa de nosotros. Por favor, pregúntenle con sinceridad lo que Él piensa de ustedes. Él nos ama y nos corrige pero nunca nos desanima; ese es el truco de Satanás.

Permítanme ser directo y claro. Las respuestas a las preguntas “¿Soy lo suficientemente bueno?” y “¿Lo lograré?” son: “¡Sí!, van a ser los suficientemente buenos” y “Sí, lo lograrán siempre y cuando sigan arrepintiéndose y no se justifiquen ni se rebelen”. El Dios del cielo no es un árbitro desalmado que busca cualquier excusa para sacarnos del juego; Él es nuestro Padre perfectamente amoroso, quien desea más que nada que todos Sus hijos vuelvan a casa y vivan con Él en familia para siempre. ¡En verdad dio a Su Hijo Unigénito, para que no nos perdamos, mas tengamos vida eterna!1. Por favor crean, y encuentren esperanza y consuelo, en esta verdad eterna. El propósito de nuestro Padre Celestial es que lo logremos. Esa es Su obra y Su gloria2. Seguir leyendo

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El Señor Jesucristo nos enseña a orar

Conferencia General Octubre 2016
El Señor Jesucristo nos enseña a orar
Por el élder Juan A. Uceda
De los Setenta

 

Cuando oran, ¿están realmente orando o solo están pronunciando palabras?

En 1977 me encontraba prestando servicio como misionero de tiempo completo en Cuzco, Perú, y mi compañero y yo recibimos la aprobación para llevar a todos los misioneros de la zona de Cuzco a las magníficas ruinas de Machu Picchu.

Hacia el final de nuestra visita a las ruinas, algunos de los misioneros deseaban ir al Puente del Inca, que es parte de un sendero en la montaña. Sentí inmediatamente en mi corazón que el Espíritu me constreñía a no ir a ese lugar. El sendero estaba en la ladera de una montaña y tenía una caída de 600 metros. En varias partes el sendero solo era lo suficientemente ancho para que una persona pasara a la vez; mi compañero y yo les dijimos que no debíamos ir al Puente del Inca.

Sin embargo, los misioneros insistieron en que fuéramos. Las súplicas se hicieron más intensas y, a pesar de lo que el Espíritu me había indicado, cedí a la presión del grupo y les dije que iríamos al puente, pero solo si teníamos mucho cuidado.

Comenzamos a andar por el sendero que lleva al Puente del Inca. Yo iba al final de todo el grupo, y al principio todos caminaron lentamente como habíamos acordado; pero luego los misioneros comenzaron a caminar muy rápido e incluso a correr, haciendo caso omiso a mis súplicas de que no fueran tan rápido. Me sentí obligado a alcanzarlos para decirles que teníamos que regresar. Yo estaba lejos de ellos y tuve que correr rápidamente para alcanzarlos.

Al dar vuelta a una curva, en un pasaje demasiado angosto para que dos personas caminaran, me encontré a un misionero parado con la espalda contra las rocas. Le pregunté por qué estaba allí parado y me dijo que había recibido la impresión de permanecer en ese lugar por un momento, y me indicó que yo continuara.

Sentí la urgencia de alcanzar a los que iban delante, por lo que él me ayudó a adelantarlo y pude caminar un poco más por el sendero. Observé que el suelo estaba lleno de plantas verdes y asenté el pie derecho sobre el suelo, dándome cuenta, al ir cayendo, de que no había suelo debajo de las plantas. Desesperadamente me agarré de unas ramas que estaban debajo del sendero, y por un momento pude ver hacia abajo, a unos 600 metros debajo de mí, el río Urubamba, que cruza el Valle Sagrado de los Incas. Sentí como que se me habían ido las fuerzas y que solo era cuestión de tiempo hasta que ya no pudiera sostenerme. En ese momento, oré intensamente. Fue una oración muy breve en la que abrí la boca y dije: “¡Padre, ayúdame!”.

Las ramas no eran lo suficientemente fuertes como para sostener el peso de mi cuerpo y supe que el fin estaba cerca. En el momento mismo en el que estaba por caer, sentí una mano firme tomarme del brazo y tirar de mí hacia arriba. Con esa ayuda pude seguir luchando y subir nuevamente al sendero. El misionero que se había quedado atrás fue quien me salvó. Seguir leyendo

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“Levantaré a un vidente escogido”

Conferencia General Octubre 2016
“Levantaré a un vidente escogido”
Por el élder Craig C. Christensen
De la Presidencia de los Setenta

Gracias a que José fue profeta, nuestro acceso al cielo no es limitado, sino que tenemos acceso a todas las bendiciones de la eternidad.

La primera vez que Moroni se apareció a José Smith, le advirtió que “entre todas las naciones… se tomaría [su] nombre para bien y para mal”1. Hemos visto el cumplimiento de esa profecía. En la guerra entre el bien y el mal, la restauración del Evangelio, mediante el profeta José Smith, ha inspirado a creyentes que lo siguen y también ha enfurecido a antagonistas que luchan intensamente contra la causa de Sion y contra el propio José. Esa batalla no es nueva. Comenzó poco después de que el joven José entró en la Arboleda Sagrada y continúa en la actualidad, con mayor visibilidad en internet.

El Señor personalmente declaró a José Smith:

“Los extremos de la tierra indagarán tu nombre, los necios se burlarán de ti y el infierno se encolerizará en tu contra;

“en tanto que los puros de corazón, los sabios, los nobles y los virtuosos buscarán consejo, autoridad y bendiciones de tu mano constantemente”2.

Hoy ofrezco mi testimonio a todos los que procuren comprender mejor la misión sagrada de José Smith, el Profeta de la Restauración.

No hay por qué ser tímidos en cuanto a testificar de la misión de José como profeta, vidente y revelador, porque el Señor siempre ha trabajado por medio de profetas3. Debido a las verdades que se restauraron por medio de José Smith, sabemos mucho más acerca de nuestro Padre Celestial y del Salvador Jesucristo; sabemos de Sus atributos divinos, del parentesco que tienen entre Ellos y con nosotros, y del gran plan de redención que nos permite volver a Su presencia.

El presidente Brigham Young declaró lo siguiente sobre José: “En los consejos de la eternidad, mucho antes de que se establecieran los fundamentos de la tierra, fue decretado que [José Smith] sería el hombre que, en la última dispensación de este mundo, habría de llevar la palabra de Dios a la gente y de recibir la plenitud de las llaves y el poder del Sacerdocio del Hijo de Dios. El Señor había puesto su mirada en él… [porque] él fue preordenado en la eternidad para presidir esta última dispensación”4.

En preparación para esa gran obra, José Smith nació en una familia amorosa que experimentó muchas de las cargas y pruebas de la vida cotidiana. Conforme José comenzó a madurar, sus sentimientos hacia Dios eran “[intensos y]… a menudo… punzantes”5; no obstante se sentía confundido por las ideas religiosas contradictorias que enseñaban los predicadores de su época. Por fortuna, el joven José no permitió que sus preguntas paralizaran su fe. Buscó respuestas en la Biblia y halló este consejo: “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, quien da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada”6.

José recordó: “Ningún pasaje de las Escrituras jamás penetró el corazón de un hombre con más fuerza que este en esta ocasión, el mío. Pareció introducirse con inmenso poder en cada fibra de mi corazón. Lo medité repetidas veces”7. Seguir leyendo

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La oración del alma

Conferencia General Octubre 2016
La oración del alma
Por Carol F. McConkie
Primera Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes

 

Cada momento de preciada oración puede ser un tiempo sagrado que pasamos con nuestro Padre, en el nombre del Hijo, por el poder del Espíritu Santo.

En medio de las dificultades de la vida terrenal, nunca estamos solos para realizar nuestra obra, hacer frente a nuestras batallas y afrontar la adversidad o las preguntas sin respuesta. Jesucristo enseñó con una parábola “sobre la necesidad de orar siempre y no desmayar”.Contó acerca de un juez que no temía a Dios ni respetaba a hombre. Una viuda lo visitó en repetidas ocasiones, suplicando que se le hiciera justicia contra su adversario. Por un tiempo, el juez no le ofreció ninguna ayuda; pero debido a los fieles y constantes ruegos de la viuda, el juez finalmente pensó para sí: “… porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que, viniendo de continuo, me agote la paciencia”.

Entonces Jesús explicó:

“¿Y no hará Dios justicia a sus escogidos que claman a él día y noche…?

“Os digo que pronto les hará justicia”.

Y luego el Señor hace esta pregunta: “Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?”1.

La oración es esencial para cultivar la fe. ¿Hallará el Señor a personas que sepan orar con fe y que estén preparadas para recibir la salvación cuando Él venga nuevamente? “… porque todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo”2. Somos hijos de un Padre Celestial amoroso y podemos gozar de un canal de comunicación personal y directo con Él al orar “con un corazón sincero, con verdadera intención, teniendo fe en Cristo”3, y luego actuar conforme a las respuestas que recibamos mediante los susurros del Espíritu Santo. Oramos, escuchamos y obedecemos con fe, para que aprendamos a ser uno con el Padre y el Hijo4.

Una oración que se ofrece con fe abre la senda para recibir gloriosas bendiciones del cielo. El Salvador enseñó:

“Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.

“Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá”5.

Si esperamos recibir, debemos pedir, buscar y llamar. En su búsqueda de la verdad, José Smith leyó en las Escrituras: “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, quien da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada”6. En respuesta a su oración de fe, se abrieron los cielos; Dios, el Padre, y Su Hijo, Jesucristo, descendieron en gloria y le hablaron a José Smith, marcando el comienzo de la dispensación del cumplimiento de los tiempos. Para nosotros, la sanación milagrosa, la protección poderosa, el conocimiento divino, el perdón liberador y la paz preciada, son algunas de las respuestas que recibimos al ofrecer con fe “la oración del alma”7.

Oramos al Padre en el nombre de Jesucristo, por el poder del Espíritu Santo, y así incluimos a los tres miembros de la Trinidad en nuestras súplicas.

Oramos a nuestro Padre Celestial y solo a Él porque Él es el “Dios en el cielo, infinito y eterno, de eternidad en eternidad… el organizador de los cielos y de la tierra, y de todo cuanto en ellos hay”. Por ser nuestro Creador, Él dio mandamientos de que “lo [amemos] y lo [sirvamos] a él, el único Dios verdadero y viviente, y que él fuese el único ser a quien [adoremos]”8.

Al orar al Padre Celestial con fe, “él os consolará en vuestras aflicciones… [para que podáis deleitaros] en su amor”9. El presidente Henry B. Eyring contó que las oraciones de su padre, cuando este perdía la batalla contra el cáncer, le enseñaron de la estrecha relación personal que hay entre Dios y Sus hijos: Seguir leyendo

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“Ven, sígueme”, practicando el amor y el servicio cristiano

Conferencia General Octubre 2016
“Ven, sígueme”, practicando el amor y el servicio cristiano
Por el élder Robert D. Hales
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

 

Como discípulos del Salvador en los últimos días, “venimos” a Él al amar y servir a los hijos de Dios.

El ganador del premio Nobel, Elie Wiesel, se recuperaba en el hospital de una cirugía a corazón abierto cuando su nieto de cinco años lo visitó. Al mirar al abuelo a los ojos, el niño vio su dolor. “Abuelo”, preguntó, “si te amo más, ¿te [dolerá menos]?”1. Hoy hago una pregunta similar en cuanto a nosotros: “¿Si amamos más al Salvador, sufriremos menos?”.

Cuando el Salvador llamó a Sus discípulos a seguirle, vivían la ley de Moisés, que incluía recibir “Ojo por ojo, y diente por diente”2; pero el Salvador vino a cumplir esa ley con Su expiación. Él enseñó una nueva doctrina: “Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen”3.

A los discípulos se les enseñó que se volvieran de los caminos del hombre natural hacia los caminos amorosos y caritativos del Salvador sustituyendo la contención con el perdón, la bondad y la compasión. El nuevo mandamiento de “[amarse] los unos a los otros”4 no siempre fue fácil de cumplir. Cuando los discípulos se preocupaban por tener que asociarse con pecadores y con ciertas clases sociales, el Salvador enseñó pacientemente: “De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos, mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”5; o, como explicó un profeta del Libro de Mormón: “Cuando os halláis al servicio de vuestros semejantes, solo estáis al servicio de vuestro Dios”6.

Como discípulos del Salvador en los últimos días, “venimos” a Él al amar y servir a los hijos de Dios. Al hacerlo, es posible que no podamos evitar la tribulación, la aflicción y el sufrimiento en la carne, pero sufriremos menos espiritualmente. Aun en nuestras pruebas, podemos experimentar alegría y paz.

Nuestro amor y servicio cristiano comienzan de forma natural en el hogar. Padres, ustedes son llamados a ser maestros y misioneros amorosos para con sus hijos y los jóvenes; ellos son sus investigadores, y ustedes tienen la responsabilidad de ayudarlos a convertirse. En realidad, todos estamos procurando ser convertidos, lo cual significa estar llenos del amor de nuestro Salvador.

Al seguir a Jesucristo, Su amor nos motiva a apoyarnos unos a otros en nuestro trayecto terrenal. No podemos hacerlo solos7. Me han oído compartir antes este proverbio cuáquero: “Tú me elevas a mí y yo te elevaré a ti, y ascenderemos juntos para siempre”8. Como discípulos, empezamos a hacer esto cuando somos bautizados y demostramos que estamos dispuestos a “llevar las cargas los unos de los otros para que sean ligeras”9.

“[Enseñarnos] el uno al otro la doctrina del reino”10 es una manera de amarnos y servirnos el uno al otro. Padres y abuelos: tenemos la tendencia a lamentarnos de las condiciones del mundo, de que las escuelas no están enseñando carácter moral; pero hay mucho que nosotros podemos hacer. Nosotros podemos aprovechar los momentos de enseñanza en nuestra propia familia; ahora. No permitan que se les escapen. Cuando surja la oportunidad de compartir sus ideas en cuanto al Evangelio y las lecciones de la vida, dejen todo de lado y siéntense a hablar con sus hijos y nietos.

No nos debe preocupar que no seamos maestros profesionales del Evangelio. Ninguna clase ni manual es tan útil como el estudio personal de las Escrituras, orar, meditar y buscar la guía del Espíritu. El Espíritu los guiará. Les prometo que el llamado de ser padres incluye el don de enseñar en las maneras que sean correctas para ustedes y sus hijos. Recuerden, el poder de Dios para influir en nosotros rectamente es Su amor. “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero”11. Seguir leyendo

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El cuarto piso, la última puerta

Conferencia General Octubre 2016
El cuarto piso, la última puerta
Por el presidente Dieter F. Uchtdorf
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

 

Dios “es galardonador de los que le buscan”, de modo que tenemos que seguir llamando. Hermanas, no se den por vencidas. Busquen a Dios con todo el corazón,

Mis queridas hermanas, qué bendecidos somos de reunirnos nuevamente en esta conferencia mundial bajo la dirección y el liderazgo de nuestro querido profeta y presidente, Thomas S. Monson. Presidente, ¡lo amamos y lo apoyamos! Sabemos que usted ama a las hermanas de la Iglesia.

Me encanta asistir a esta maravillosa sesión de la conferencia general que está dedicada a las hermanas de la Iglesia.

Hermanas, cuando las veo, no puedo evitar pensar en las mujeres que han tenido una gran influencia en mi vida: mi abuela y mi madre, que fueron las primeras en aceptar la invitación de venir y ver de lo que trata la Iglesia1; mi amada esposa, Harriet, de quien me enamoré la primera vez que la vi; la mamá de Harriet que se unió a la Iglesia poco después de haber perdido a su esposo por el cáncer; luego están mi hermana, mi hija, mi nieta y mi bisnieta; todas ellas han sido influencias refinadoras para mí. Ellas, en verdad, brindan gozo a mi vida. Me inspiran a llegar a ser un mejor hombre y un líder de la Iglesia más sensible. ¡Cuán diferente sería mi vida sin ellas!

Quizás lo que me brinda sentimientos de humildad es saber que la misma influencia de ellas se replica millones de veces a lo largo de la Iglesia mediante las aptitudes, los talentos, la inteligencia y el testimonio de mujeres de fe como ustedes.

Ahora bien, algunas de ustedes podrían no sentirse dignas de tan gran elogio; tal vez piensen que son muy insignificantes para tener una influencia significativa sobre los demás. Quizás ni siquiera se consideren “mujeres de fe” debido a que a veces luchan con la duda y el temor.

Hoy me gustaría hablar a cualquier persona que se haya sentido de esta manera alguna vez, y que probablemente incluye a todos nosotros en algún momento. Deseo hablar sobre la fe: qué es, qué puede hacer y qué no puede hacer, y lo que debemos hacer nosotros para activar el poder de la fe en nuestra vida.

¿Qué es la fe?

La fe es una convicción fuerte sobre algo que creemos, una convicción tan fuerte que nos motiva a hacer cosas que de lo contrario no podríamos hacer. “Es… la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”2.

Si bien esto tiene sentido para las personas creyentes, con frecuencia es confuso para los no creyentes. Estos últimos mueven la cabeza de un lado a otro y preguntan: “¿Cómo puede alguien estar seguro de lo que no puede ver?”. Para ellos, esto es evidencia de la irracionalidad de la religión.

Lo que no entienden es que hay otras maneras de ver además de con los ojos, otras maneras de sentir además de con las manos, más maneras de escuchar que con los oídos.

Es como la experiencia de una niña pequeña que iba caminando con su abuela. El canto de los pájaros era glorioso para la niña y ella le hacía notar a su abuela cada sonido.

“¿Oyes eso?”, la pequeña niña preguntó una y otra vez; pero la abuela estaba perdiendo el sentido auditivo y no podía escuchar los sonidos.

Finalmente, la abuela se agachó y le dijo: “Lo siento, cariño. La abuela no oye muy bien”.

La niña pequeña, ya exasperada, tomó por la cara a la abuela, la miró fijamente a los ojos, y le dijo: “Abuela, ¡escucha con más fuerza!”.

Hay lecciones en este relato tanto para los no creyentes como para los creyentes. Solo porque no podamos oír algo no significa que no haya nada que oír. Dos personas pueden escuchar el mismo mensaje o leer el mismo versículo de las Escrituras, y una puede recibir el testimonio del Espíritu, mientras que la otra no.

Por otro lado, en nuestros esfuerzos por ayudar a nuestros seres queridos a experimentar la voz del Espíritu y la amplia, eterna y profunda belleza del evangelio de Jesucristo, decirles que “escuchen con más fuerza” tal vez no sea la manera que más ayude.

Quizás el mejor consejo para cualquier persona que desea aumentar su fe es escuchar de manera diferente. El apóstol Pablo nos alienta a buscar la voz que habla a nuestro espíritu, no solo a nuestros oídos. Él enseñó: “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente”3. O deberíamos considerar las palabras del Principito, de Saint-Exupéry, que dijo “Solo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible a los ojos”4.

El poder y los límites de la fe

A veces no es fácil cultivar la fe en las cosas espirituales mientras se vive en un mundo físico. Sin embargo, vale la pena el esfuerzo, porque el poder de la fe en nuestra vida puede ser profundo. Las Escrituras nos enseñan que por medio de la fe los mundos fueron formados, se dividieron las aguas, se levantaron los muertos, los ríos se desviaron de su cauce y las montañas se movieron5.

No obstante, algunos podrían preguntar: “Si la fe es tan poderosa, ¿por qué no puedo recibir una respuesta a una oración sincera? No necesito dividir el mar o mover una montaña, solo necesito que se cure mi enfermedad, o que mis padres se perdonen mutuamente, o que mi compañero eterno aparezca en mi puerta con un ramo de flores en una mano y en la otra un anillo de compromiso. ¿Por qué no puede mi fe lograr esto?”.

La fe es poderosa y con frecuencia hace milagros, pero no importa cuánta fe tengamos, hay dos cosas que la fe no puede hacer. Por una parte, no puede quebrantar el albedrío de una persona. Seguir leyendo

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Levantaos en fortaleza, hermanas de Sion

Conferencia General Octubre 2016

Levantaos en fortaleza, hermanas de Sion

Por Bonnie L. Oscarson
Presidenta General de las Mujeres Jóvenes

Para estar convertidas a guardar los convenios, necesitamos estudiar las doctrinas esenciales del Evangelio y tener un testimonio inquebrantable de su veracidad.


Qué gozo es estar reunidas en este Centro de Conferencias con las niñas, las mujeres jóvenes y las mujeres de la Iglesia. También estamos muy al tanto de que hay miles de grupos de hermanas reunidas en todo el mundo, mirando esta reunión y agradezco la oportunidad y los medios que nos permiten reunirnos en unidad y propósito esta noche.

En octubre de 2006, el presidente Gordon B. Hinckley dio un discurso titulado “Levantaos, hombres de Dios”, por un himno esccrito en 1911 1. Fue una llamada a la acción a los hombres de la Iglesia para levantarse y mejorar. Ese discurso ha resonado en mi mente mientras oré para saber qué compartir con ustedes.

Hermanas, vivimos en “tiempos peligrosos”2. Las condiciones de nuestros días no deben ser una sorpresa para nosotras. Han sido predichas desde hace miles de años como advertencia y amonestación para que podamos estar preparadas. El octavo capítulo de Mormón da una descripción desconcertantemente precisa sobre las condiciones de nuestros días. En este capítulo, Moroni dice que ha visto nuestros días y estos incluyen guerras y rumores de guerra, grandes contaminaciones, asesinatos, robos y personas que nos dicen que no existe lo bueno o lo malo a los ojos de Dios. Él describe a un pueblo lleno de orgullo, atrapado en el vestir ropa cara y que se burla de la religión. Se le muestra un pueblo que está tan obsesionado con las cosas mundanas que permite que “el necesitado, y el desnudo, y el enfermo, y el afligido pasen a [su] lado”3 , sin hacerles caso.

Moroni hace una pregunta para reflexionar, a nosotros que estamos viviendo esta época. Él dice: “¿Por qué os avergonzáis de tomar sobre vosotros el nombre de Cristo?”4. Esta acusación describe correctamente la condición cada vez más secular de nuestro mundo.

En José Smith—Mateo, se indica que en los últimos días aun los mismos “escogidos conforme al convenio”5 serán engañados. Aquellos del convenio incluyen a las niñas, mujeres jóvenes y hermanas de la Iglesia que han sido bautizadas y han hecho convenios con su Padre Celestial. Incluso nosotras estamos en riesgo de ser engañadas por falsas enseñanzas.

Hermanas, no creo que las condiciones vayan a mejorar en el futuro. Si las tendencias actuales son una indicación, necesitamos estar preparadas para las tormentas que nos esperan. Sería fácil darnos por vencidas con desesperación, pero como pueblo del convenio, nunca tenemos por qué desesperar. Como dijo el élder Gary E. Stevenson: “La generosa compensación del Padre Celestial de vivir en tiempos peligrosos es que también vivimos en la dispensación del cumplimiento de los tiempos”6. Me encanta el consuelo de esa declaración.

Hace un año el presidente Russell M. Nelson nos dijo: “Los ataques contra la Iglesia, su doctrina y nuestra manera de vivir van a aumentar. Debido a ello, necesitamos mujeres que tengan un entendimiento sólido de la doctrina de Cristo, y que lo usen para enseñar y ayudar a criar a una generación resistente al pecado. Necesitamos mujeres que puedan detectar el engaño en todas sus formas; mujeres que sepan cómo acceder al poder que Dios pone a disposición de los que guardan sus convenios, y mujeres que expresen sus creencias con confianza y caridad. Necesitamos mujeres que tengan la valentía y la visión de nuestra madre Eva”7.

Este mensaje me asegura que a pesar de las condiciones de nuestros días, tenemos muchas razones para regocijarnos y ser optimistas. Creo con todo mi corazón que nosotras las hermanas tenemos la fortaleza y la fe innatas que nos permitirán satisfacer los desafíos de vivir en los últimos días. La hermana Sheri Dew ha escrito: “Creo que en el momento que aprendamos a desencadenar la influencia completa de las mujeres convertidas y que guardan los convenios, el reino de Dios cambiará de la noche a la mañana”8.

Será necesario un esfuerzo conjunto el estar convertidas y guardar nuestros convenios. Para hacerlo, necesitamos ser niñas y mujeres que estudian las doctrinas esenciales del Evangelio y tienen un testimonio inquebrantable de su veracidad. Hay tres áreas que creo que son la base para testimonios fuertes y que considero que son esenciales para nuestra comprensión.

Primero, debemos reconocer el aspecto central de Dios nuestro Padre Eterno y Su Hijo Jesucristo en nuestra fe y salvación. Jesucristo es nuestro Salvador y Redentor. Necesitamos estudiar y entender Su Expiación y cómo aplicarla cada día; el arrepentimiento es una de las más grandes bendiciones que cada una de nosotras tiene para permanecer en la senda. Necesitamos ver a Jesucristo como nuestro modelo principal y el ejemplo de quién necesitamos llegar a ser. Necesitamos enseñar continuamente a nuestras familias y clases sobre el gran plan de salvación de nuestro Padre, el cual incluye la doctrina de Cristo.

Segundo, necesitamos entender la necesidad de la restauración de la doctrina, la organización y las llaves de autoridad en estos, los últimos días. Necesitamos tener un testimonio de que el profeta José Smith fue divinamente elegido y designado por el Señor para sacar a luz esta restauración y reconocer que él organizó a las mujeres de la Iglesia según la organización que existía en la Iglesia de Cristo antiguamente9. Seguir leyendo

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Las mujeres de la Iglesia

Conferencia General Octubre 1996

Las mujeres de la Iglesia

Gordon B. HinckleyPresidente Gordon B. Hinckley

“Doy testimonio ante el mundo entero del valor, de la gracia, de la bondad, de la notable capacidad y de las magnificas contribuciones de la mujer.”

La mitad o, posiblemente, mas de la mitad de los miembros adultos de la Iglesia son mujeres, y es a ellas en particular que quisiera hablar esta mañana. Lo hago con la esperanza de que también los hombres presten atención.

Ante todo quisiera decirles a ustedes, hermanas, que de ninguna manera ocupan un segundo lugar en el plan de nuestro Padre para la felicidad eterna y el bienestar de Sus hijos, sino que constituyen una parte absolutamente esencial de ese plan.

Sin ustedes el plan no podría funcionar. Sin ustedes la totalidad del programa se vería truncado. Como lo he dicho antes desde este púlpito, cuando se verificó el proceso de la Creación, Jehová, el Creador, bajo la guía de Su Padre, primeramente separó la luz de las tinieblas, y después separó la tierra de las aguas. Entonces creó todo genero de vegetación, seguido por la creación de los animales. Después fue creado el hombre y, para culminar ese acto de divinidad, como coronación, creo Dios a la mujer.

Cada una de ustedes es una hija de Dios, herederas de un legado divino, posición que no tienen la necesidad de defender.

Al viajar por diferentes partes del mundo, me entrevistan representantes de los medios de comunicación. Sin excepción me preguntan sobre el lugar que ocupa la mujer en la Iglesia, y lo hacen en un tono casi acusatorio, como si nosotros denigraramos o rebajáramos a las mujeres. También sin excepción yo les respondo que no se de ninguna otra organización en todo el mundo que conceda a la mujer tantas oportunidades para desarrollarse, para asociarse con otras personas, para realizar grandes actos en beneficio de los demás, ni para ocupar cargos de liderazgo y de responsabilidad.

Habría deseado que esos reporteros hubieran estado en el Tabernáculo el sábado de la semana pasada con motivo de la reunión general de la Sociedad de Socorro. Fue motivo de enorme inspiración observar los rostros de las muchísimas hijas de Dios allí reunidas, mujeres de fe y gran capacidad, mujeres que conocen el significado de la vida y que entienden la naturaleza divina de su creación. Cómo habría querido que esos reporteros hubieran escuchado el magnífico coro femenino integrado por las jóvenes alumnas de la Universidad Brigham Young, quienes nos conmovieron con la hermosura de sus voces. Cómo habría deseado que escucharan los conmovedores mensajes de la presidencia general de la Sociedad de Socorro, al referirse cada una de ellas a un aspecto del tema: la fe, la esperanza y la caridad.

¡Que mujeres tan capaces! Se expresan con poder, con convicción y con gran persuasión. El presidente Faust puso broche final a la reunión con un extraordinario discurso.

Si esos reporteros que están siempre tan prestos a hacer la pregunta hubieran estado presentes en esa vasta congregación, habrían comprendido, aun sin hacer preguntas adicionales, que las mujeres de la Iglesia son poseedoras de gran fortaleza y capacidad. En ellas hay liderazgo y dirección, un cierto espíritu de independencia, y al mismo tiempo una notoria satisfacción al sentirse parte de este, el reino del Señor, y al trabajar hombro a hombro con el sacerdocio para hacerlo avanzar. Seguir leyendo

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La familia eterna

Conferencia General Octubre 1996
La familia eterna
Élder Robert D. Hales
del Quórum de los Doce Apóstoles

Robert D. Hales“El plan del Padre es que el amor y el compañerismo familiares continúen en las eternidades.”

Quisiera dirigirme a todos aquellos que deseen saber acerca de las familias eternas y del hecho de que la familia puede estar junta para siempre. Hace un año, la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días dio una proclamación al mundo concerniente a la familia, en la que se resumen los principios eternos del Evangelio que se han enseñado, según los registros, desde los comienzos de la historia, aun antes de la creación de la tierra.

La doctrina de la familia tuvo su principio con nuestros Padres Celestiales; nuestra aspiración mas elevada es llegar a ser como Ellos. El apóstol Pablo explicó que Dios es el padre de nuestro espíritu (véase Heb. 12:9). En la proclamación, leemos esto: “En la vida premortal, los hijos y las hijas espirituales de Dios lo conocieron y lo adoraron como su Padre Eterno, y aceptaron Su plan por el cual obtendrían un cuerpo físico y ganarían experiencias terrenales para progresar hacia la perfección y finalmente cumplir su destino divino como herederos de la vida eterna”.

La proclamación también reitera al mundo el hecho de que “… el matrimonio entre el hombre y la mujer es ordenado por Dios y … la familia es la parte central del plan del Creador para el destino eterno de Sus hijos” (“La familia: Una proclamación al mundo”, Liahona, junio de 1996, págs. 10-11).

Desde el principio mismo, Dios estableció a la familia y la hizo eterna. Adán y Eva fueron sellados en su matrimonio por esta vida y por toda la eternidad: “Y así se le confirmaron todas las cosas a Adán mediante una santa ordenanza; y se predicó el Evangelio, y se proclamó un decreto de que estaría en el mundo hasta su fin; y así fue …” (Moisés 5:59).

“Y Adán conoció a su esposa, y de ella le nacieron hijos e hijas, y empezaron a multiplicarse y a henchir la tierra” (Moisés 5:2).

El Salvador mismo habló de este sagrado convenio y promesa del matrimonio cuando les dio autoridad a Sus discípulos de sellar en los cielos los convenios sagrados que se hicieran en la tierra, diciendo: “Y a ti daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos” (Mateo 16:19).

En estos, los últimos días, la promesa de la familia eterna se restauró en 1829, cuando se restauraron a la tierra los poderes del Sacerdocio de Melquisedec. Siete años después, en el Templo de Kirtland, se restauraron las llaves para efectuar las ordenanzas selladoras, según esta registrado en Doctrina y Convenios: “… Elías el profeta, que fue llevado al ciclo sin gustar la muerte, se apareció ante nosotros, y dijo:

“He aquí, ha llegado plenamente el tiempo del cual se habló por boca de Malaquías …

“… se entregan en vuestras manos las llaves de esta dispensación …” (D.y C. 110:13-14,16).

La restauración de esas llaves y de esa autoridad del sacerdocio trajo consigo para todos los que sean dignos la oportunidad de recibir las bendiciones de una familia eterna. “Si, el corazón de millares y decenas de millares se regocijara en gran manera como consecuencia de las bendiciones que han de ser derramadas, y la investidura con que mis siervos han sido investidos en esta casa” (D. y C. 110:9).

¿Que promesa contienen esos sellamientos que se efectúan en los templos? El Señor hace un bosquejo de la promesa y de los requisitos en este versículo sagrado: “Y además, de cierto te digo, si un hombre se casa con una mujer por mi palabra, la cual es mi ley, y por el nuevo y sempiterno convenio, y les es sellado por el Santo Espíritu de la promesa, por conducto del que es ungido, a quien he otorgado este poder y las llaves de este sacerdocio, y se les dice: Saldréis en la primera resurrección, y si fuere después de la primera, en la siguiente resurrección, y heredaréis tronos, reinos, principados, potestades y dominios, toda altura y toda profundidad, entonces se escribirá en el Libro de la Vida del Cordero … y estará en pleno vigor cuando ya no estén en el mundo; y los ángeles y los dioses que están allí les dejaran pasar a su exaltación y gloria en todas las cosas, según lo que haya sido sellado sobre su cabeza, y esta gloria será una plenitud y continuación de las simientes por siempre jamas” (D.y C. 132:19). Seguir leyendo

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Nos interesamos tanto por ustedes, que les enviamos sólo lo mejor

Conferencia General Octubre 1996
«Nos interesamos tanto por ustedes, que les enviamos sólo lo mejor»
Obispo Richard C. Edgley
Primer Consejero del Obispado Presidente

Richard C. Edgley“Nuestros misioneros… llegan a su casa para presentarles evidencia adicional, Escrituras adicionales, de que Dios vive, que Jesús es el Cristo.”

Hoy, quisiera dirigir mis palabras a las personas que no pertenecen a nuestra fe pero que, junto con nosotros, están participando de esta conferencia. Les hablo en nombre de aproximadamente cien mil madres y padres de mas de cincuenta mil misioneros de nuestra Iglesia que se encuentran prestando servicio al Señor en todas partes del mundo. Como lo dice el refrán publicitario de una reconocida compañía de tarjetas de felicitaciones: “Nos interesamos tanto por ustedes, que les enviamos sólo lo mejor”’.

Los padres en nombre de los cuales hablo hoy son de todas partes del mundo. Provienen de las llanuras del estado de Iowa y de las calles del Bronx [una zona suburbana del estado de Nueva York, en los Estados Unidos]; de las ciudades de Perú y de Bolivia; de los ondulantes montes Ozark y de las selvas de Colombia y de Kenya. Provienen de todos los medios sociales y económicos. Sin embargo, todos ellos tienen algo en común: “Se interesan tanto por ustedes, que les envían sólo lo mejor”. Si, les enviamos por dos años a nuestros mas selectos hombres y mujeres jóvenes, en el amanecer de su edad adulta. Les enviamos nuestros hijos, a quienes hemos amado, enseñado y cuidado.

Nos regocijamos con sus éxitos, sufrimos con sus desalientos y reveses, y oramos por ellos continuamente. En pocas palabras, tenemos por ellos los mismos sentimientos de amor y las mismas emociones y sueños que ustedes tienen por sus hijos.

Enviamos a estos jóvenes, señoritas y matrimonios de edad madura a todas partes del mundo, a cualquier lado que sean bien recibidos por los gobiernos y países anfitriones. Ellos viven bajo todo tipo de condiciones, casi siempre bastante por debajo de las comodidades a las cuales se encuentran acostumbrados. A menudo, viven en un medio ambiente poco familiar, que en ocasiones es poco hospitalario hacia los que quieren enseñar las verdades salvadoras de Jesucristo.

Para las muchas miles de personas que no pertenecen a nuestra fe y que les han brindado su amistad a estos jóvenes, les damos nuestras mas sinceras gracias y rogamos a Dios que derrame sobre ustedes Sus mas escogidas bendiciones.

El llamamiento para prestar servicio misional pocas veces llega en el momento que mas nos convenga. La mayoría de los jóvenes hace apenas un año que terminaron la secundaria . Muchos acababan de comenzar sus estudios universitarios. Otros han tenido que posponer e incluso dejar atrás profesiones de gran porvenir. Se venden los automóviles, los novios y las novias quedan esperando, se aplaza el colegio universitario, se renuncia a las becas, se posponen las carreras.

Detrás de todo misionero, hay una historia privada de años de dedicación, preparación y sacrificio personal, como así también la de ser ejemplo de amor por el Salvador. Están también aquellos jóvenes y señoritas dignos que guardan en su corazón un gran deseo de salir en una misión, pero que, debido a problemas físicos, de salud, o a otras circunstancias que les impidan hacerlo, se les ha excusado honorablemente. Seguir leyendo

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«Para que siempre tengan su Espíritu»

Conferencia General Octubre 1996
«Para que siempre tengan su Espíritu»
Élder Dallin H. Oaks
del Quórum de los Doce Apóstoles

Dallin H. Oaks“El Espíritu Santo es nuestro consolador, nuestro orientador, nuestro comunicador, nuestro interprete, nuestro testigo y nuestro purificador: nuestro guía y santificador infalible.”

He decidido hablar sobre la relación que existe entre el participar de la Santa Cena y el disfrutar de las bendiciones que vienen del don del Espíritu Santo.

En una revelación contemporánea el Señor mando: “… para que mas íntegramente te conserves sin mancha del mundo, iras a la casa de oración y ofrecerás tus sacramentos en mi día santo” (D. y C. 59:9). Al tomar la Santa Cena cada domingo, meditamos sobre la Expiación del Señor Jesucristo y reafirmamos y renovamos los convenios que hicimos al bautizarnos. Esos actos de adoración y de compromiso se describen en la oración que se recibió por medio de la revelación, la que da el presbítero al bendecir el pan. Como lo indica la oración, participamos del pan “en memoria del cuerpo” de nuestro Salvador y, al hacerlo, somos testigos ante Dios, el Padre Eterno, de “… que [estamos] dispuestos a tomar sobre [nosotros] el nombre de [Su] Hijo, y a recordarle siempre y a guardar sus mandamientos que el [nos] ha dado” (D. y C. 20:77).

Después de haber sido bautizados, se nos impusieron las manos sobre nuestra cabeza y se nos concedió el don del Espíritu Santo. Cuando tomamos la Santa Cena, renovamos nuestros convenios bautismales en forma consciente y sincera, de nuevo llenamos los requisitos para la promesa de “… que siempre [podamos] tener su Espíritu con [nosotros]” (D. y C. 20:77).

No podemos recalcar demasiado la importancia de esa promesa. El presidente Wilford Woodruff se refirió al don del Espíritu Santo como el don mas grandioso que podemos recibir en nuestro estado mortal. (Véase The Discourses of Wilford Woodruff, [G. Homer Durham, [1990]). Lamentablemente, no se han entendido bien el gran valor de ese don ni las importantes condiciones necesarias para que se cumplan. Nefi profetizo que en los últimos días se edificarían iglesias que “enseñarán con su conocimiento, y negaran el Espíritu Santo, el cual inspira a hablar” (2 Nefi 28:4). También dijo: “… ¡ay de aquel que escucha los preceptos de los hombres, y niega el poder de Dios y el don del Espíritu Santo!” (vers. 26).

La Biblia nos dice que cuando el Salvador dio Sus ultimas instrucciones a Sus discípulos, les prometió que enviaría “… el Consolador” (Juan 16:7). Con anterioridad, les había enseñado sobre la misión del Consolador, al cual también se le llama el Espíritu Santo, el Santo Espíritu, el Espíritu del Señor o simplemente el Espíritu. Ese Consolador mora en nosotros (véase Juan 14:17); nos enseña todas las cosas y nos recuerda todas las cosas (véase Juan 14:26); nos guía a la verdad y nos muestra las cosas que han de venir (véase Juan 16:13); testifica del Hijo (véase Juan 15:26; 1 Cor. 12:3) . La Biblia también nos enseña que el Salvador y Sus siervos bautizaran con el Espíritu Santo y con fuego (véase Mateo 3:11; Marcos 1:8; Juan 1:33; Hechos 1:5). Describiré mas tarde el significado de esa enseñanza.

Las enseñanzas de la Biblia acerca del Espíritu Santo se reafirman y se explayan en el Libro de Mormón y en las revelaciones modernas. El Espíritu Santo es el medio por el cual Dios inspira y revela Su voluntad a Sus hijos (por ej. D. y C. 8:23). El Espíritu Santo da testimonio del Padre y del Hijo (véase 3 Nefi 28:11; D. y C. 20:27; 42:17); ilumina nuestra mente y llena nuestra alma de gozo (véase D. y C. 11:13); por medio del poder del Espíritu Santo, podemos saber la verdad de todas las cosas (véase Moroni 10:5); por medio de Su poder nos pueden ser descubiertos los misterios de Dios (véase 1 Nefi 10:19), todas las cosas que nos son convenientes (véase D. y C. 18:18; 39:6). El Espíritu Santo nos muestra lo que debemos hacer (véase 2 Nefi 32:5). Enseñamos el Evangelio según nos dirige el Espíritu Santo, que es el que lleva nuestras palabras al corazón de quienes enseñamos (véase 2 Nefi 33:1).

Las Escrituras contemporáneas también nos enseñan que la remisión de los pecados, lo cual se hace posible por medio de la Expiación, viene “… por el bautismo y por fuego, si, por el Espíritu Santo” (D. y C. 19:31; véase también 2 Nefi 3 1:17) . Así, el Señor Resucitado imploró a los nefitas que se arrepintieran y vinieran a El y se bautizaran a fin de que fueran “… santificados por la recepción del Espíritu Santo, a fin de que en el postrer día os presentéis ante mi sin mancha” (3 Nefi 27:20). Seguir leyendo

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«Mujer, ¿por qué lloras?»

Conferencia General Octubre 1996
«Mujer, ¿por qué lloras?»
Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

James E. Faust“La profundidad de nuestra creencia tanto en la Resurrección como en la Expiación del Salvador determinara, creo yo, la medida del valor y de la firmeza con que hagamos frente a las vicisitudes de la vida.”

Mis queridos hermanos, hermanas y amigos, la responsabilidad de dirigirles hoy la palabra me impele a pedirles su fe y sus oraciones. Hoy les hablo a los que tienen problemas que los acongojan; les hablo a los que sufren, a los que lloran y a los que tienen pesares. Les hablo a los que padecen dolor físico, mental o emocional. Les hablo a los que han nacido lisiados y a los que han quedado lisiados. Les hablo a los que han nacido ciegos y a los que ya no pueden ver las puestas del sol. Les hablo a los que nunca han oído y a los que ya no pueden oír el canto de los pájaros. Les hablo a los que tienen la privilegiada responsabilidad de ayudar a los que padecen impedimentos mentales o físicos. También les hablo a los que se encuentran en seria transgresión.

Empleo como texto las palabras de nuestro Salvador a la desconsolada María Magdalena que “estaba fuera llorando junto al sepulcro”1. Cuando se volvió, “vio a Jesús que estaba allí; mas no sabía que era Jesús.

“Jesús le dijo: Mujer, que lloras?”2 Al pronunciar el Salvador esas palabras, no le hablaba tan sólo a la acongojada María, sino también a todos nosotros: hombres, mujeres, niños y a todos los seres humanos que han nacido y que han de nacer, puesto que las lágrimas de pesar, de dolor y de remordimiento son comunes a todo el genero humano.

Las complejidades de esta vida tienden a veces a deshumanizar a la gente y a aplastarla.

Algunas personas tienen mucho, mientras que otras se abren paso a duras penas con muy poco.

Es una alegría reunirnos con los fieles miembros de esta Iglesia en todo el mundo. Aunque algunos de ellos tienen dificultades y carecen de bienes materiales, aun así hallan abundante felicidad y pueden andar con fe por el escabroso camino de la vida. Su fe profunda fortalece la nuestra al reunirnos con ellos.

Muchas personas que consideran que la vida es injusta no extienden la visión que tienen de lo que es la vida para incluir lo que el Salvador hizo por nosotros mediante la Expiación y la Resurrección. Todos, en una u otra ocasión, experimentamos momentos de aflicción, grandes penas y desesperación en los que tenemos, al igual que Job, que valernos del fundamento de nuestra fe. La profundidad de nuestra creencia tanto en la Resurrección como en la Expiación del Salvador determinara, creo yo, la medida del valor y de la firmeza con que hagamos frente a las vicisitudes de la vida.

Las primeras palabras del Señor resucitado a Sus discípulos fueron: “Paz a vosotros”3. El también prometió “la paz en este mundo y la vida eterna en el mundo venidero”4. La Expiación y la Resurrección se llevaron a cabo. Nuestro Señor y Salvador padeció ese dolor indescriptible en Getsemaní, y efectuó el sacrifico final al morir en la cruz para, poco después, romper las ligaduras de la muerte.

Todos nos beneficiamos con las trascendentales bendiciones de la Expiación y de la Resurrección, por medio de las que el divino proceso sanador puede efectuarse en nosotros. El dolor se puede reemplazar con el regocijo que nuestro Salvador prometió. Al vacilante Tomas, Jesús le dijo: “No seas incrédulo, sino creyente”5. Mediante la fe y la rectitud, todas las injusticias, todos los agravios y los dolores de esta vida serán íntegramente reparados y rectificados. Las bendiciones que no se reciban en esta vida se recibirán en su totalidad en la eternidad. Por medio del arrepentimiento completo de nuestros pecados, podremos recibir perdón y tener la vida eterna. Por eso, los sufrimientos de esta vida pueden ser como el fuego purificador que nos refinará para un fin mas elevado. Las congojas pueden ser sanadas y podemos llegar a conocer un regocijo y una felicidad inefables que excederán a nuestros sueños y esperanzas . Seguir leyendo

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…pues no se ha hecho esto en algún rincón»

Conferencia General Octubre 1996
«…pues no se ha hecho esto en algún rincón»
Presidente Gordon B. Hinckley

Gordon B. Hinckley“Ninguno de nosotros debe dudar jamas de intervenir en favor de esta Iglesia, de su doctrina, de su gente … Es verdadera. Es la obra de Dios.”

Mis queridos hermanos, hemos recibido buenos consejos en esta noche.

Desde que nos reunimos el pasado abril, he viajado mucho entre la gente de nuestro pueblo. He resuelto que mientras tenga fuerzas para hacerlo, iré a reunirme con los amados santos, tanto jóvenes como adultos. En los últimos meses he participado en muchas reuniones con mas de trescientos mil Santos de los Ultimos Días en diecisiete países diferentes. Hemos viajado de costa a costa a través de los Estados Unidos y por muchos países de Asia y de Europa. A mi no me gusta viajar. Me canso mucho. El “jetlag”, o desfase de cambio de horario por el largo viaje en avión, es para mi muy real. Sin embargo, disfruto al ver los rostros y estrechar la mano de los fieles Santos de los Ultimos Días. Agradezco esto a aquellos que lo han hecho posible.

Al viajar por el mundo, me han entrevistado representantes de los medios de comunicación. Esto siempre es inquietante por motivo de que uno nunca sabe lo que le preguntaran. Los periodistas son hombres y mujeres de gran talento, que saben hacer preguntas fulminantes. Aun cuando no es precisamente una experiencia deleitable, representa una oportunidad de decir al mundo algo de lo que somos. Como Pablo le dijo a Festo y a Agripa: “… pues no se ha hecho esto en algún rincón” (Hechos 26:26).

Tenemos algo acerca de lo cual este mundo necesita oír y las entrevistas de ese tipo nos presentan la oportunidad de darlo a conocer.

Una de las entrevistas mas extensas fue la que tuve con el señor Mike Wallace del programa 60 Minutes de la red televisiva CBS. Expreso mi agradecimiento al senador Orrin Hatch, a Willard Marriot Jr., y a Steve Young, que también participaron en ese programa.

Millones de personas vieron parte de esa entrevista el domingo de Pascua de este año. Los encargados del programa redujeron a unos quince minutos, horas de filmación.

Adquirí un profundo respeto por el señor Wallace. El es sumamente diestro y muy profesional. Fue muy cortes, respetuoso y agudo en sus preguntas, un hombre que podría describirse como un periodista firme y avezado en las cosas del mundo, de mucha experiencia, y, a la vez, un caballero en todo el sentido de la palabra.

Le conocí en un almuerzo que se realizó en el Club Harvard de Nueva York hará cerca de un año. Posteriormente, el vino a Salt Lake City en dos ocasiones y me entrevistó durante largo rato en mi despacho. He pensado leer en esta oportunidad partes de esas entrevistas, tal como se grabaron, las preguntas de el y mis respuestas improvisadas tal como se dieron y sin modificar, excepto en lo que toca a eliminar partes para ahorrar tiempo y añadir entre corchetes alguna palabra necesaria aquí y allí. Lo hago con el espíritu de reafirmar la posición de esta Iglesia en un numero de diversos e importantes asuntos de interés general. En su mayor parte, esto proviene de lo que no se transmitió.

A continuación mencionaré las preguntas del señor Wallace y mis respuestas improvisadas y sin preparación:

El Sr. Wallace: “¿Le preocupan a usted los conceptos erróneos que haya acerca de la Iglesia Mormona?”

Mi respuesta: “Todavía hay muchas ideas que persisten con respecto a nosotros. No somos bien conocidos. Hemos crecido [mayormente] en el Oeste. La Iglesia tuvo sus inicios en Palmyra, Nueva York. Usted habrá oído de la migración mormona hacia el Oeste … donde establecimos unas trescientas o cuatrocientas comunidades … Quisiéramos … que la gente llegara a conocernos por lo que somos y por lo que procuramos llevar a cabo”.

Pregunta: “¿Hay algún conflicto entre sus convicciones acerca de la familia y de la función de la mujer con la familia y las aspiraciones de algunas mujeres a ocupar cargos de liderazgo en su Iglesia?”

Respuesta: “Hay unas pocas mujeres en la Iglesia que piensan que las mujeres deben poseer el sacerdocio. Tenemos una gran organización de mujeres. Creo que es la organización de mujeres mas grande del mundo: la Sociedad de Socorro. Ellas tienen sus propios oficiales que presiden su propia organización. Llevan a cabo un programa notable de instrucción entre las mujeres. Creo que son felices. Están realizando una gran obra …”

El Sr. Wallace: “Desde la Segunda Guerra Mundial, al parecer nos hemos ido volviendo cada vez menos unidos, mas egoístas, mas centrados en nosotros mismos, menos interesados en la colectividad. La familia ya no parece significar mucho y la moralidad se ha degradado extremadamente. ¿Por que?”

Respuesta: “La falla básica esta en el hogar. Los padres no han estado a la altura de sus responsabilidades. Eso es evidente. Una nación no puede elevarse mas de lo que se eleven los hogares que la integran. Si se desea reformar una nación, hay que empezar con la familia, con padres que enseñen a sus hijos principios y valores positivos y firmes, que los conduzcan a caminos que merezcan la pena. Esa es la falla básica que ha tenido lugar en los Estados Unidos. Nosotros estamos llevando a cabo una labor formidable para lograr que haya mayor solidaridad en la familia. Los padres no tienen mayor responsabilidad en este mundo que la de criar a sus hijos del modo correcto y no tendrán mayor satisfacción al pasar los años que ver a esos hijos suyos crecer con integridad y honradez y hacer de su vida algo valioso …”

Pregunta: “Su Iglesia tiene un código de salud muy estricto. ¿Por que es eso parte de la religión?”

Respuesta: “El cuerpo es el templo del Espíritu. El cuerpo es sagrado; fue creado a imagen de Dios, por lo que debe cuidarse y utilizarse para buenos fines. Es preciso cuidar bien de el y eso que denominamos la Palabra de Sabiduría, que es un código de salud, nos ayuda a lograrlo”.

El Sr. Wallace: “Para algunas personas, sobre todo para las que no son mormonas, sus enseñanzas exigen una observancia demasiado rígida de las reglas. Esas son las quejas que se oyen”.

Respuesta: “Si, se oyen esas quejas. Yo no creo que sea así. Los miembros de nuestra Iglesia tienen toda la libertad del mundo. Son libres de vivir su vida como les plazca”.

Pregunta: “¿Lo son realmente?”

Respuesta: “Desde luego que si, absolutamente. Sin duda alguna. Ellos escogen lo que han de hacer. Es la antigua y eterna batalla que sigue desde la gran batalla que hubo en el cielo, de la cual se habla en el Libro de El Apocalipsis. Las fuerzas del mal en contra de las fuerzas del bien. Todos ejercitamos nuestro albedrío en lo que escogemos hacer”.

El Sr. Wallace: “Ustedes también tienen un código moral”.

Respuesta: “Creemos en la castidad antes del matrimonio y en la fidelidad total al cónyuge de uno después del matrimonio. Eso lo resume todo. Ese es el camino que conduce a la felicidad en el vivir. Ese es el camino que conduce a la satisfacción; trae consigo paz al corazón y paz al hogar”.

Pregunta: “Algunos de los estudiantes con los que hemos hablado dicen que el código de salud es fácil comparado con el de no tener relaciones sexuales antes del matrimonio … dicen que el no fumar o el no beber bebidas alcohólicas es una regla clara, pero que las reglas acerca del comportamiento sexual son … [bueno] se sienten confundidos, al menos, algunos de ellos, con respecto a cuales son los limites de esas reglas”.

Respuesta: “Ah, yo pienso que lo saben. Cualquier hombre joven o mujer joven que haya crecido en esta Iglesia sabe dónde están esos limites. Saben que cuando se vean resbalar hacia el camino del mal, deben ejercer la autodisciplina. Y saben que si tienen algún problema serio, deben llevárselo al Señor. Hablar con Dios acerca de ello. Compartir sus cargas con El. El les dará fortaleza y les ayudara. Ellos saben eso. Tengo confianza en que lo sepan”.

El Sr. Wallace: “¿Por que sólo los hombres deben gobernar la Iglesia?”

Respuesta: “A la Iglesia no la administran sólo los ‘hombres’. Los hombres tienen su lugar en la Iglesia. Los hombres poseen los oficios del sacerdocio de la Iglesia. Pero las mujeres ocupan un lugar destacado en esta Iglesia. Ellas tienen su propia organización, a la cual dio comienzo en 1842 el profeta José Smith, llamada la Sociedad de Socorro, por motivo de que su primera finalidad fue suministrar ayuda a los necesitados. Ha crecido hasta llegar a ser. creo, la organización de mujeres mas grande del mundo con un numero de miembros de mas de tres millones. Ellas tienen sus propios cargos de autoridad, su propia presidencia y su propia mesa directiva. Esa misma organización se extiende hasta las unidades mas pequeñas de la Iglesia en todas partes del mundo”.

El Sr. Wallace: “Pero ellas no tienen el poder”.

Respuesta: “Ellas tienen un cargo de autoridad. Tienen responsabilidad. Tienen control de su organización”.

Pregunta: “Pero ustedes la gobiernan. Los hombres la administran. Usted vera, yo no estoy …”

Respuesta: “Los hombres poseen el sacerdocio, sí. Pero mi esposa es mi compañera. En esta Iglesia, el hombre no camina delante de su esposa ni detrás de ella, sino al lado de ella. Son mutuamente iguales en esta vida en una gran empresa”.

El Sr. Wallace: “¿Por que es que los mormones tienen por lo visto tantos hijos?”

Respuesta “Nosotros no prescribimos el tamaño de la familia. Eso queda en manos del padre y de la madre, de marido y mujer. Y esperamos que hagan de ello el asunto mas serio de su vida, o sea, el criar una familia …”

Pregunta: “Hay quienes dicen que el mormonismo comenzó como una secta. A ustedes no les gusta oír eso” .

Respuesta: “No se lo que eso significa en realidad. Pero si tiene connotaciones negativas, no acepto que se le aplique ese calificativo a esta Iglesia. Habrá habido personas que se lo hayan aplicado, sobre todo en los primeros días de la Iglesia. Pero, vea usted lo numerosa que es la Iglesia en la actualidad. Sólo hay seis Iglesias en los Estados Unidos que tienen mas miembros que esta. Somos la segunda Iglesia, en lo que al numero de miembros se refiere, en el estado de California. Nos estamos extendiendo por todo el mundo. Estamos en mas de ciento cincuenta naciones. Esta es una gran, potente y próspera organización con una influencia asombrosa … Usted encontrara nuestra gente en instituciones comerciales, en elevados círculos educacionales, en la política, en el gobierno y en todas partes. Somos personas comunes y corrientes que procuramos efectuar una obra extraordinaria”.

El Sr. Wallace: “Es costoso ser mormón”.

Respuesta: “No es costoso. Vivimos de acuerdo con la ley del Señor: la ley del diezmo”.

Pregunta: “Pero el diez por ciento de su ingreso total va a la Iglesia y ustedes no tienen parte en la forma en que se gasta cl dinero. Bueno, me refiero al mormón corriente”.

Respuesta: “El mormón corriente tiene mucho que ver con ello; el es miembro de la Iglesia …”

El Sr. Wallace: “Pero el no interviene en absoluto en la forma en que se va a disponer del dinero”.

Respuesta: “Si el es obispo, tiene la responsabilidad de los gastos de su barrio. Una gran cantidad de ese dinero vuelve a las unidades locales. ¿En que se usa ese dinero? Se usa para los fines de la Iglesia”.

Pregunta: “¿Para que fines de la Iglesia, exactamente?”

Respuesta: “Para construir capillas. Unas trescientas setenta y cinco al año. Piense en eso. Nuevos edificios todos los años para satisfacer las necesidades del creciente numero de miembros. Se lo utiliza para educación. Mantenemos la universidad particular mas grande del mundo que patrocine una Iglesia, la Universidad Brigham Young, con sus 27.000 alumnos tanto en la ciudad universitaria misma como en otros terrenos universitarios.

Mantenemos un espléndido programa de instituto de religión, el que se realiza fuera de las universidades, pero con [alumnos] de las universidades principales de los Estados Unidos. Usted hallara institutos de religión en universidades de California, en Harvard, en Yale, en Princeton, en la Universidad de Nueva York, en la Universidad de Massachusetts, en el Instituto tecnológico de Massachusetts, etc.

“En lo que toca a las circunstancias financieras de la Iglesia, hacemos auditar cuidadosamente todos los fondos. Tenemos grupos de auditores que son competentes contadores públicos diplomados, y que son independientes de todas las demás agencias de la Iglesia, los cuales presentan informes únicamente a la Primera Presidencia de la Iglesia. Procuramos ser muy cuidadosos en cuanto a esto. Conservo en el estante que esta detrás de mi escritorio la ofrenda de una viuda, la cual se me entregó en Jerusalén hace muchos años; la tengo como un recordatorio constante de la santidad de los fondos que tenemos que administrar. Provienen de la viuda, provienen de su ofrenda, así como de la ofrenda del rico y se utilizan con cuidado y con prudencia para los propósitos del Señor. Los tratamos con cuidado, los salvaguardamos y procuramos, de todas las formas posibles, que se usen tal como estimamos que el Señor los utilizaría en la edificación de Su obra y el perfeccionamiento de los de Su pueblo”.

El Sr. Wallace: “Hombres y mujeres jóvenes dan dos años de su vida para servir de misioneros. ¿No es así?”

Respuesta: “Las mujeres jóvenes prestan servicio dieciocho meses. El trabajo es arduo; es difícil. No es fácil ir a Nueva York o a Londres o a Tokio y golpear a puertas y hacer frente a personas que nunca se han conocido. Pero produce un efecto favorable en uno. Produce dos o tres de esos efectos. Surte en primer lugar un sentimiento de dependencia en el Señor … Edifica dentro [de un joven] fortaleza y capacidad. Si el va a un país extranjero, aprende un idioma nuevo; aprende a hablar la lengua de la gente de ese país. Adondequiera que vaya llega a conocer a la gente entre la cual preste servicio y vuelve a su casa con algo de la cultura de esa gente, de la manera de hacer la cosas de esa gente, así como con agradecimiento y respeto por ellas y por sus condiciones y circunstancias. No hay nada que se le iguale: el pensar que tenemos casi 50.000 misioneros en la actualidad, y ese numero se renueva constantemente, por lo que de ese modo se influye en la vida de cientos de miles de personas … Si camino por las calles de Salt Lake City con usted, nos encontraremos con personas que hablan fluidamente en japonés, en chino, en sueco, en noruego, en finlandés, en español y en portugués, y que tienen en el corazón un gran amor por la gente entre la cual prestaron servicio”.

Pregunta: “Por que se espera que los miembros de la Iglesia guarden comida, ropa y combustible para un año?”

Respuesta: “Enseñamos la autosuficiencia como un principio de vida, que debemos bastarnos a nosotros mismos y atender a nuestras propias necesidades. Y por eso animamos a nuestra gente a planear con anticipación, a guardar … alimentos para tener a la mano, a tener una cuenta de ahorros, de ser posible, para los tiempos difíciles. Las catástrofes les sobrevienen a las personas a veces cuando menos se lo esperan: el desempleo, la enfermedad y cosas por estilo. La persona en forma individual, enseñamos, debe hacer por sí misma todo lo que pueda. Una vez que haya agotado todos sus recursos, debe acudir a su familia en busca de ayuda. Si la familia no puede proporcionársela, entonces la Iglesia se hace cargo de ayudarla. Y, cuando la Iglesia se hace cargo de eso, nuestro gran deseo es atender primero a sus necesidades inmediatas y, en seguida, ayudarla durante el tiempo que precise la ayuda, pero, entretanto, ayudarla a prepararse, a conseguir un empleo seguro, a buscarse una forma de volver a ser autosuficiente. Ese es todo el objetivo de este gran programa de bienestar …”

El Sr. Wallace: “¿Por que es Salt Lake City tan limpio?”

Respuesta: “Bueno, esperamos que eso sea un reflejo de la gente que vive aquí”.

El Sr. Wallace: “Es asombroso caminar por las calles de Salt Lake City”. [El Sr. Wallace acababa de llegar de Nueva York.]

Respuesta: “Confiamos en que permanezca así. Espero que eso refleje, al menos en cierta medida, algo de las enseñanzas de esta Iglesia. Contemple las bellezas de la Manzana del Templo, aquí mismo, en el corazón de la ciudad. Contemple el magnifico templo y el gran tabernáculo. Fueron construidos con visión, por gente con cultura, con refinamiento, con talento artístico. No son obra de gente que no sabia lo que hacia, sino de personas que tuvieron una gran visión para hacer cosas hermosas”.

El Sr. Wallace: “Los mormones, Sr. Presidente, le llaman a usted un ‘Moisés viviente’, un Profeta que literalmente se comunica con Jesús. ¿Como hace usted eso?”

Respuesta: “… Permítame decirle en primer lugar que hay una gran historia detrás de esta Iglesia, una historia de profecía, una historia de revelación y … decisiones, que establecieron las pautas de la Iglesia a fin de que no hubiese constantes y reiteradas dificultades que hicieran preciso una comunicación especial. Pero hay de vez en cuando asuntos que surgen en los que la voluntad del Señor [se necesita y] se busca, y, en esas circunstancias, creo que la mejor forma en la que podría describir el proceso es compararlo a la experiencia que tuvo Elías el profeta, como se expone en el Primer Libro de los Reyes. Elías le hablo al Señor y hubo un grande y poderoso viento, pero el Señor no estaba en el viento. Y tras el viento hubo un terremoto, pero el Señor no estaba en el terremoto. Y tras el terremoto un fuego, pero el Señor no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado, lo cual yo describo como los susurros del Espíritu. Ahora bien, permítame decir categóricamente que las cosas de Dios se comprenden por medio del Espíritu de Dios y uno debe tener, buscar y cultivar ese Espíritu, y entonces sobreviene el entendimiento y es verdadero. Yo doy testimonio de eso”.

Pregunta: “¿Por que es su Iglesia tan dinámica en lo que respecta a propagar la palabra, a enviar misioneros a golpear a puertas donde quizá no sean bienvenidos y donde evidentemente no son incitados?”

Respuesta: “Creemos en lo que el Señor quiso decir cuando mando: ‘Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura’ [Marcos 16:15]. Nosotros creemos en ese mandato. Creemos que es nuestra responsabilidad intentar cumplirlo. Estamos realizando eso con todas las energías y con todos los recursos con que contamos”.

El Sr. Wallace: “¿Cómo consideran ustedes a los que no son mormones ? “

Respuesta: “Con afecto y con respeto. Yo tengo muchos amigos que no son mormones. Los respeto. Siento por ellos la mayor admiración”.

Pregunta: “¿Pese al hecho de que ellos aun no han llegado a conocer la luz?”

Respuesta: “Sí. A todas las personas que no son de esta Iglesia les digo que reconocemos todas las virtudes y todo lo bueno que ustedes poseen. Traigan esas virtudes y nosotros añadiremos a ellas”.

El Sr. Wallace: “Hábleme de Brigham Young”.

Respuesta: “Brigham Young tuvo una visión profética. ¿Podrá alguien dudarlo al mirar a su alrededor aquí hoy en día? No. Y así es con esta Iglesia. Ha sido dirigida por revelación. Creemos todo lo que Dios ha revelado, todo lo que actualmente revela, y creemos que aun revelara muchos grandes e importantes asuntos pertenecientes al reino de Dios para bendición de Sus hijos e hijas dondequiera que ellos se encuentren” .

Pregunta: “Como sabrá algunos escépticos dicen que los cambios principales que se han hecho en las normas de la Iglesia han derivado de presiones políticas y no necesariamente como revelaciones de Dios. Por ejemplo, el asunto del poner fin a la poligamia, dicen los escépticos, no fue porque hubiera habido revelación, sino porque Utah deseaba llegar a ser un estado de la Unión”.

Respuesta: “Uno de los objetivos de un Profeta es buscar la sabiduría y la voluntad del Señor y enseñar a los de su pueblo de acuerdo con estas. Así’ fue en el caso de Moisés cuando sacó de Egipto a los hijos de Israel. Así fue en el caso de los Profetas del Antiguo Testamento cuando los del pueblo se enfrentaban con la opresión, los problemas y las dificultades. Ese es el objetivo de un Profeta, dar respuestas a la gente por los dilemas en que se encuentren. Eso es lo que sucede. Eso es lo que vemos que ocurre. ¿Es asunto de conveniencia, de conveniencia política? ¡No! ¿Es guía inspirada? ¡Si!”

El Sr. Wallace: “¿Cuan grande es el problema, Sr. Presidente, del abuso de menores en la Iglesia Mormona?”

Respuesta: “Espero que no sea un gran problema … Este es un fenómeno grave que va hallando expresión en todo el mundo. Es algo abominable. Es una iniquidad. Es reprobable. Sobre eso he hablado una y otra vez”.

Pregunta: “¿Que esta haciendo por reducirlo?”

Respuesta: “Estamos haciendo todo lo que esta a nuestro alcance por reducir el problema. Enseñamos a nuestra gente. Hablamos acerca del problema. Hemos instituido un curso de instrucción para nuestros obispos en toda la nación. Durante todo el año pasado, llevamos a cabo un programa educativo. Hemos establecido un numero telefónico para ellos al cual pueden llamar para conseguir asesoramiento profesional y ayuda en lo que toca a estos problemas. Hemos publicado un periódico con respecto al abuso de menores, al maltrato del cónyuge y al maltrato de los ancianos, en fin, sobre todo el problema. Nos preocupa. Me preocupan profundamente las víctimas de esto. Siento una profunda compasión por ellas. Deseo que hagamos todo lo que podamos por aliviar el dolor, por detener este mal antes de que suceda … No se de ninguna otra organización de este mundo que haya tomado medidas mas exhaustivas, que haya procurado con mayor ahínco, que haya hecho mas por abordar y solucionar este problema, que se haya esforzado mas por resolverlo, por hacer algo para producir un cambio. Reconocemos la espantosa índole de ello y deseamos ayudar a nuestra gente, llegar a ellos y prestarles asistencia”.

El Sr. Wallace: “Un sociólogo nos ha dicho que la raíz del problema es el hecho de que los hombres, en efecto, en su Iglesia tienen autoridad sobre las mujeres, por lo que sus clérigos se inclinan a compadecer a los hombres que abusan o maltratan en lugar de compadecer a las víctimas de su abuso o maltrato”.

Respuesta: “Esa es la opinión de una persona. Yo no creo que haya verdad alguna en eso. Pienso que los hombres de esta Iglesia, los obispos de esta Iglesia, los oficiales de esta Iglesia se interesan tanto por el bienestar de las mujeres de la Iglesia como en el de los hombres de la Iglesia y en el de los niños de la Iglesia. No dudo un instante en decir eso. Tengo confianza en eso. He vivido largo tiempo. He conocido esta Iglesia cabalmente, de dentro hacia afuera, a lo largo de mucho, mucho tiempo. Tengo ahora ochenta y cinco años de edad y he vivido en la Iglesia toda mi vida, y pienso que se como funciona. Creo conocer la actitud de los de nuestro pueblo. Sí, habrá un problema aquí y otro allí, un error aquí y un error allí. Pero, en su mayor parte, la obra es magnífica y enorme el bien que se lleva a cabo; y el bienestar de las mujeres y de los niños se considera tan seriamente como el de los hombres de esta Iglesia, y quizá mas aun”.

Eso es todo lo de la entrevista que el tiempo me permite darles a conocer. Ahora, para concluir, deseo decir que ninguno de nosotros debe dudar jamas en intervenir en favor de esta Iglesia, de su doctrina, de su gente, de su organización divina y de su responsabilidad divinamente otorgada. Es verdadera. Es la obra de Dios. Lo único que podrá estorbar esta obra serán los actos de desobediencia a su doctrina y a las normas por parte de sus miembros. Eso pone sobre los hombros de cada uno de nosotros una enorme responsabilidad. Esta obra será juzgada por lo que el mundo vea en nuestro comportamiento. Que Dios nos de la voluntad para andar con fe, la disciplina de hacer lo que es correcto en todo momento y en todas las circunstancias, la resolución de hacer de nuestras vidas una declaración de esta causa ante todos los que nos vean, en el nombre de Jesucristo. Amén.

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Sé ejemplo de los creyentes

Conferencia General Octubre 1996
“Sé ejemplo de los creyentes”
Presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Thomas S. Monson“Afortunadamente y de un modo digno de elogio, la Iglesia esta haciendo mucho mas que nunca para aliviar el sufrimiento, para saciar el hambre, para prevenir y curar las enfermedades, y para bendecir a los necesitados. Aun queda mucho por hacer.”

Al contemplar esta gran congregación reunida con motivo de esta reunión general del sacerdocio de la Iglesia, pido la ayuda de nuestro Padre Celestial al asumir esta responsabilidad de dirigirles la palabra.

Últimamente he estado estudiando las enseñanzas de los primeros Apóstoles, incluso sus llamamientos, sus ministerios y su vida misma. Esta es una experiencia fascinante que nos acerca mas al Señor Jesucristo.

Esta noche deseo compartir con ustedes una emotiva suplica del apóstol Pablo a su amado Timoteo. Sus palabras pueden aplicarse a cada uno de nosotros: “… sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza … No descuides el don que hay en ti … Ocúpate en estas cosas”1.

Hermanos, tenemos la oportunidad de aprender, el privilegio de obedecer y el deber de servir. En esta época hay muchos pies que podemos afirmar, manos que podemos estrechar, mentes que podemos alentar, corazones que podemos inspirar y almas que podemos salvar.

Por ejemplo, consideren la ley de los diezmos. El pago de un diezmo integro provee a una persona de la fortaleza íntima y la dedicación para cumplir los otros mandamientos.

El presidente Gordon B. Hinckley dijo: “La Iglesia tiene una enorme responsabilidad. Los diezmos son la fuente de ingresos para que la Iglesia pueda llevar a cabo sus actividades. La necesidad es siempre mayor que la disponibilidad. Pido que Dios nos ayude a ser fieles en observar este importante principio que hemos recibido [del Señor] con maravillosas promesas”2.

En Malaquías leemos: “¿Robara el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En que te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas … Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde”3.

Todos podemos pagar diezmos. En realidad, ninguno de nosotros puede permitirse no pagarlos. El Señor fortalecerá nuestra resolución y nos abrirá el camino para cumplirla.

Deseo compartir con ustedes una carta que recibí hace unos meses, la que proporciona un buen ejemplo de ello. La carta comienza:

“Vivimos en las afueras de un pequeño pueblo; nuestro vecino usa nuestro campo para el pastoreo de su ganado y nos paga con toda la carne que necesitamos para comer. Cada vez que recibimos carne fresca, todavía tenemos algo de la anterior en reserva y puesto que somos miembros de un barrio de estudiantes, les llevamos algo de carne a algunos estudiantes que la podrían usar.

“Cuando mi esposa servia en la presidencia de la Sociedad de Socorro, su secretaria era la esposa de un estudiante y madre de ocho hijos. Su esposo Jack acababa de ser llamado como secretario del barrio.

“Mi esposa siempre oraba para poder saber quienes entre los estudiantes tenían mas necesidad de recibir nuestra carne extra. Cuando me dijo que creía que debíamos darles carne a Jack y a su familia, a mi me preocupó mucho que los ofendiéramos y a ella también. Ambos estábamos preocupados porque sabíamos que eran una familia muy independiente.

“Pocos días después, mi esposa sintió que debía llevarles la carne y yo, no sin vacilación, consentí en acompañarla. Cuando les entregamos la carne, a mi esposa le temblaban las manos y yo me sentía muy nervioso. Los niños nos abrieron la puerta y cuando se enteraron a que íbamos, comenzaron a saltar de alegría. Los padres se mostraron algo discretos pero muy amigables. Al regresar a casa, mi esposa y yo nos sentíamos aliviados y contentos de que hubieran aceptado nuestro regalo.

“Meses mas tarde, nuestro amigo Jack relató lo siguiente en una reunión de testimonio.

Dijo que durante toda su vida le había resultado difícil tener que pagar los diezmos.

Teniendo una familia tan numerosa, necesitaban todo el dinero que les era posible ganar.

Cuando empezó a trabajar como secretario del barrio, vio que todos los demás pagaban los diezmos y reconoció que también el debía hacerlo. Así lo hizo durante un par de meses, hasta que se le presento un problema. En su trabajo le pagaban cada tantos meses y podía percibir que SU familia iba a estar corta de fondos. El y su esposa decidieron entonces confiar el caso a sus hijos. Si pagaban los diezmos, se quedarían sin comida para el día 20 del mes. Si no los pagaban, tendrían lo suficiente para comer hasta que recibieran su próxima paga. Jack quería comprar alimentos, pero los niños querían que se pagaran los diezmos. Por tanto, Jack pagó los diezmos y todos se pusieron a orar. Seguir leyendo

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