Conferencia General Octubre 1996
“La honradez, una brújula de la moral”
Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia
“La honradez es mucho mas que no mentir. Significa decir la verdad, vivir la verdad y amar la verdad.”
Mis queridos hermanos, es un gran privilegio para todos nosotros en tantos países poder congregarnos en esta gran reunión del sacerdocio de la Iglesia. Estamos agradecidos porque nuestro amado Profeta y líder, el presidente Gordon B. Hinckley, esta aquí presente. Nos regocijamos porque desde que el presidente Hinckley fue llamado a ser el Presidente de la Iglesia ha podido reunirse con muchos miembros de la Iglesia en numerosos países y bendecirlos en abundancia. Mucho agradecemos su inspirada dirección. No tengo palabras para expresarles lo humilde que me siento al trabajar con el presidente Hinckley, con el presidente Monson, con los miembros del Quórum de los Doce y con las demás Autoridades Generales de la Iglesia. Tengo el mas profundo respeto y aprecio por cada uno de ellos.
Hermanos, todos debemos estar preocupados acerca de la sociedad en que vivimos, una sociedad que podría considerarse como un Armagedón moral. Me preocupa el efecto que puede tener sobre nosotros, que somos los poseedores del sacerdocio de Dios. Hay tanta gente en el mundo que parece no distinguir el bien del mal o no importarle lo que es bueno o malo. Todos conocemos el decimotercer Artículo de Fe, el cual deseo destacar: “Creemos en ser honrados, verídicos, castos, benevolentes, virtuosos y en hacer el bien a todos los hombres; en verdad, podemos decir que seguimos la admonición de Pablo: Todo lo creemos, todo lo esperamos; hemos sufrido muchas cosas, y esperamos poder sufrir todas las cosas. Si hay algo virtuoso, o bello, o de buena reputación, o digno de alabanza, a esto aspiramos”.
Es necesario que todos sepamos lo que significa ser honrados. La honradez es mucho mas que no mentir. Significa decir la verdad, hablar la verdad, vivir la verdad y amar la verdad. John, un niño suizo de 9 años que formaba parte de una de las compañías de carros de mano, es un verdadero ejemplo de honradez. Su padre había puesto en el carro de mano cierta cantidad de carne de bisonte y dijo que había que guardarla para la cena del domingo. John expresó: “Mientras empujaba el carro de mano, tenía tanta hambre y aquella carne olía tan bien que no pude resistir mas. Yo llevaba una pequeña navaja de bolsillo … y aunque sólo podía esperar que mi padre me castigara con severidad cuando se enterara, todos los días cortaba pequeños trozos de ella. Los masticaba durante tanto tiempo que se iban poniendo de color blanco hasta no llegar a tener gusto alguno. Cuando mi padre fue a buscar la carne, me preguntó si yo habla estado cortando algo de ella. Yo le respondí que sí, que había tenido tanta hambre que no pude resistir la tentación. En lugar de regañarme o castigarme, mi padre se alejó con lágrimas en sus ojos”’.
Deseo hablarles con franqueza acerca de la honradez. La honradez es una brújula de la moral para guiarnos en la vida. Ustedes, los jóvenes, se hallan bajo una gran presión para aprender acerca de la tecnología que tan rápidamente se esta expandiendo en el mundo. Sin embargo, esa formidable exigencia de sobresalir en el conocimiento intelectual suele desorientar a la gente en cuanto a lo que es mas importante: la honradez y la integridad.
Hacer trampas en la escuela es una manera de engañarse a s mismo. A la escuela vamos para aprender y nos engañamos a nosotros mismos cuando nos aprovechamos de los esfuerzos y de los conocimientos de los demás.
Una amiga relató esta experiencia que tuvo su esposo cuando el estudiaba medicina. “Estudiar en la facultad de medicina”, dijo, “es algo muy competitivo y el deseo de sobresalir y de tener éxito ejerce mucha presión sobre los alumnos del primer año. Mi esposo habla tenido que estudiar mucho para su primer examen. En la facultad se debía observar el código de honor. El profesor, después de distribuir el examen, salió del aula. Casi al instante, algunos alumnos comenzaron a sacar de entre sus papeles o de sus bolsillos los proverbiales papelitos para hacer trampa. Mi esposo dice que recuerda con cuanta intensidad le comenzó a latir el corazón al pensar en lo difícil que es competir con tramposos. En aquel momento, un alumno alto y delgado se puso de pie y dijo: ‘Yo he salido de mi pueblo natal, he puesto a mi esposa y a mis tres hijos pequeños en un apartamento y he trabajado arduamente para poder entrar en la facultad de medicina. Y por seguro que voy a delatar al primero de ustedes que haga trampas en este examen. ¡Y mas vale que me crean!1, y realmente le creyeron. Varios se sonrojaron y los papeles que algunos se hablan sacado del bolsillo comenzaron a desaparecer tan rápidamente como hablan aparecido. Aquel joven alumno sentó un singular precedente para la clase, la cual, con el tiempo, llegó a ser la clase que se graduó con el mayor numero de médicos en la historia de esa facultad”2. Seguir leyendo











Presidente Boyd K. Packer

























