Una receta para el aprendizaje

Octubre 2016
Una receta para el aprendizaje
Por Rosemary Thackeray
La autora vive en Utah, EE. UU.

Pon a prueba estas cuatro maneras de hacer que la palabra de Dios sea deliciosa para tu alma.

recipe for learning

Cuando era joven, pasé muchas horas observando a mi mamá en la cocina. Ella preparaba los platillos, panes, galletas y pasteles más deliciosos para nuestra familia. Después de algún tiempo, comencé a leer las recetas, seguir las instrucciones y preparar la comida. Ya no tenía que depender de mi mamá; lo podía hacer por mí misma.

De la misma manera que aprendemos a cocinar, aprendemos el Evangelio y desarrollamos nuestro testimonio cuando lo ponemos en práctica. Después de que Lehi relató a su familia su sueño del árbol de la vida, Nefi dijo que él también quería ver, oír y saber de esas cosas (véase 1 Nefi 10:17). En otras palabras, para Nefi no fue suficiente escuchar el testimonio de su padre; él quería llegar a saber lo que su padre ya sabía.

La receta para el aprendizaje del Evangelio consta de unos pocos pasos sencillos. Puedes utilizar las siguientes cuatro ideas para que te ayuden al aprender el Evangelio con tu familia, en la Iglesia o durante tu estudio personal.

1. Prepárate para aprender.

Comienza tu estudio personal con una oración; pide al Padre Celestial que te ayude a comprender lo que estés leyendo. Escribe una o dos preguntas y busca las respuestas. El Espíritu Santo testificará de la verdad a medida que leas, medites y ores (véase Moroni 10:5).

Prepárate para aprender el Evangelio en la Iglesia leyendo la lección antes de ir. Puedes encontrar las lecciones de Ven, sígueme en LDS.org y en la aplicación Biblioteca del Evangelio.

2. Toma parte en el aprendizaje.

• Lee para comprender. La cantidad de páginas que leas o cuán rápido leas no es tan importante como entender lo que lees. Quizás tengas que volver a leer algunas frases varias veces. Utiliza el diccionario para buscar palabras que no sepas; por ejemplo: ¿qué significa dispensación? Puedes usar la Guía para el Estudio de las Escrituras a fin de averiguarlo. Seguir leyendo

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Fuerza para perseverar

Octubre 2016
Fuerza para perseverar
Por Jessica Turner, según se lo contó a Lynne Crandall
La autora vive en Utah, EE. UU.

Con una pierna y un corazón rotos, necesitaba sanar. La esperanza me ayudó.

crashed car

Como un mes antes de cumplir los dieciséis años, mi familia realizó un viaje para recorrer algunos sitios históricos de la Iglesia en los Estados Unidos. No me importaba tener que pasar mucho tiempo en el auto, ya que siempre nos divertíamos con mi familia. Recuerdo haberme subido al auto el día después de visitar Winter Quarters, Nebraska. Llovía muchísimo. Me senté en el asiento de atrás, tomé una manta, me acurruqué para escuchar la lluvia y me dormí.

La próxima cosa que recuerdo fue sentir como si estuviera dando vueltas sin control. Más tarde me enteré de que nuestro auto había hidroplaneado y chocado contra una barricada de cemento debajo de un puente. Recuerdo vagamente que alguien me decía que me estaban llevando a cirugía porque tenía la pierna fracturada.

Después de la operación, mientras me recuperaba en el hospital, mi papá entró a mi cuarto; se sentó a mi lado en la cama y me tomó de la mano. De alguna manera sentí que ya sabía lo que me iba a decir.

“Cariño”, dijo él, “¿sabes dónde estás?”.

“En el hospital”, le respondí.

“¿Sabes lo que pasó?”.

“Tuvimos un accidente de auto”.

“¿Alguien te informó sobre el resto de la familia?”.

Hice una pausa y luego le respondí que no.

Él dijo que todos iban a estar bien, salvo mi mamá; ella no había sobrevivido.

Pensé que en ese instante iba a sentir una tristeza abrumadora, pero no fue así. Después de la conmoción inicial, de alguna manera, por alguna razón, sentí paz, un dulce sentimiento de que podía confiar en Dios y que las cosas estarían bien.

Allí en la cama del hospital, recordé un sitio histórico de la Iglesia en particular que habíamos visitado dos días antes del accidente: Martin’s Cove, en Wyoming. Muchos pioneros murieron allí debido al hambre y por estar expuestos a la nieve y al frío. Recordé haber visto rocas apiladas sobre las tumbas y pensar en cuánta fe necesitaron los demás pioneros para tomar sus carros de mano y seguir adelante. Esa historia me impresionó. Al pensar en esa experiencia, supe que los pioneros perseveraron y que yo debía hacer lo mismo, incluso ser fuerte para mis hermanos menores.

Mi sentimiento inicial de paz permaneció conmigo por una semana y media. Estaba sentada en la silla de ruedas mirando los fuegos artificiales del 4 de julio a través de la ventana del hospital cuando reaccioné: mi mamá ya no estaba. No estaría en mi graduación de la escuela secundaria; no estaría cuando tomara mis investiduras en el templo; no estaría en mi boda; se había ido.

Entonces fue cuando las cosas comenzaron a ponerse difíciles. La pierna me dolía terriblemente y no tenía apetito; miraba televisión sin verla, y mayormente todo lo que hacía era dormir. Mi familia se preocupaba por mí porque no lloraba mucho.

Derramé muchas más lágrimas cuando finalmente regresamos a nuestro hogar en Oregón, a una casa vacía. De repente, tuve que hacerme cargo de algunas de las responsabilidades de mi mamá, y mis hermanos a menudo buscaban consuelo en mí. Trataba de ser fuerte por ellos, pero no era fácil.

Regresar a la escuela fue difícil. Todos sabían del accidente, y si no lo sabían, se enteraban cuando mis profesores me presentaban como la joven que había tenido un accidente. Me sentía sola.

Fue particularmente difícil cuando mi papá se volvió a casar nueve meses después de que había fallecido mi mamá. Sabía que mi madrastra sería algo bueno para nuestra familia y que la necesitábamos, pero fue muy difícil la adaptación.

Sin embargo, no todo fue sombrío durante ese tiempo. Sentí mucho amor de parte de mi Padre Celestial, de mi familia y de los líderes de la Iglesia. Lo que me ayudó a sanar y a seguir adelante después del accidente fue hacer cosas simples que fortalecieran mi fe. Cada día, antes de acostarme, dedicaba una hora a leer las Escrituras, orar y escribir en mi diario personal dentro de mi clóset (armario). En la privacidad de mi clóset, no tenía que ser fuerte para mis hermanos; podía llorar todo lo que quería y derramar mi corazón a Dios; le decía exactamente cómo me sentía y cuánto extrañaba a mi mamá. Sé que Él me escuchaba debido a las muchas tiernas misericordias que recibí. Ese espacio de mi clóset se volvió sagrado para mí.

Hacer esas cosas pequeñas me ayudó a estar cerca de Dios en vez de alejarlo y volverme resentida. No veía el accidente como una forma en que Dios lastimó a mi familia; sentía más fuerza para ser paciente, someterme a Su voluntad y seguir adelante en los días difíciles; y hubo algunos días que fueron realmente difíciles.

Después de que mi papá se volvió a casar, yo quería ser un buen ejemplo para mis hermanos, y definitivamente no quería tener malos sentimientos hacia mi madrastra; así que, continué confiando en Dios. Una actividad del libro El Progreso Personal se enfocaba en fortalecer mi relación con un integrante de la familia por dos semanas a fin de hacer que la vida en mi hogar fuera mejor. Básicamente, la meta era tratar de ser como Cristo y mostrar amor por medio de las acciones. Decidí intentarlo y servir a mi madrastra.

helping with the dishes
Con dos familias combinadas, había mucha vajilla para lavar, así que comencé allí. Al prestar servicio a mi madrastra las próximas dos semanas, me sentí capaz de amarla y ser paciente con ella aunque no me sintiera feliz con la situación. Concentrarme en prestarle servicio me ayudó a superar los momentos difíciles, porque sentía el Espíritu conmigo.

Todavía no comprendo todo acerca de por qué mi familia tuvo ese accidente, y todavía tengo días difíciles; pero al igual que los pioneros, he puesto mi confianza en Dios y se me ha dado la fuerza para perseverar.

Eleva tu corazón

Dieter F. Uchtdorf
“Es posible que sientan que su vida está en ruinas… es posible que tengan temor, estén enojados, apenados o que las dudas los torturen; pero así como el Buen Pastor encuentra a Su oveja perdida, si solo elevan su corazón al Salvador del mundo, Él los encontrará.

“Él los rescatará.

“Él los levantará y colocará en Sus hombros.

“Él los llevará a casa”.

Presidente Dieter F. Uchtdorf, Segundo Consejero de la Primera Presidencia, “Él los colocará en Sus hombros y los llevará a casa”, Liahona, mayo de 2016, pág. 104.

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El milagro del fuego mediano

Octubre 2016
El milagro del fuego mediano
Por David A. Edwards
Revistas de la Iglesia

¿Lo quieres ahora o lo quieres bien hecho?

burnt grilled cheese sandwich
Imaginen a un jovencito que está solo en su casa y tiene hambre (sí, es algo inverosímil, pero traten de imaginarlo). Ahora, imaginen que él decide tratar de hacer un sándwich de queso fundido por primera vez1. Imaginen que los padres de ese jovencito nunca le enseñaron cómo hacer un sándwich de queso fundido y que nunca los observó atentamente cuando ellos lo hacían.

Digamos que, ese jovencito usa todos los ingredientes correctos: pan, queso, un poco de mantequilla en la parte exterior del pan (y un poco de mayonesa adentro, ¡porque él es brillante!). Después, saca la sartén y la pone sobre la estufa o cocina (también estamos suponiendo que no tiene una plancha ni otro electrodoméstico para hacer el sándwich).

Ahora imaginen que se le ocurre una idea, una idea que muchas personas han sido lo bastante ingenuas (o temporalmente insensatas) para pensar: “Si aumento la temperatura, se hará más rápido”.

Imaginen lo que sucede (o quizás ustedes no tengan que imaginarlo).

Él logrará tener o el pan perfectamente crujiente y tostado o el queso derretido perfectamente blando, pero no ambos. Lo más probable es que el pan se vea y se sienta (y quizás también su sabor sea) como piedra volcánica con el queso semiderretido, lo cual no será muy sabroso.

Su problema, como pueden ver, fue una combinación de ignorancia (la cual es excusable) e impaciencia (la cual es comprensible, pero menos excusable). Si repitiera ese error la próxima vez, sería aún menos excusable, ya que no se podría culpar a la ignorancia sino que sería el resultado casi totalmente de la impaciencia.

Para hacerlo bien, él tendría que descubrir el milagro del fuego mediano.

Mediano no es tedioso

La temperatura media de una cocina (estufa) es perfecta para hacer un sándwich de queso fundido y muchos otros platillos, porque permite que la comida se cocine bien por dentro, sin quemarse por fuera. La única desventaja es que eso requiere más tiempo y atención, lo cual requiere paciencia.

El Señor ha dicho, “continuad con paciencia hasta perfeccionaros” (D. y C. 67:13). Aquí está hablando del tipo de perfección que va más allá de hacer sándwiches de queso fundido perfectos; Él quiere que lleguemos a ser más semejantes a Él. Jesucristo es el mayor ejemplo de paciencia; y parte de seguir Su ejemplo supone aumentar nuestra perspectiva, mirar más allá de las cosas del momento y ver la mayor recompensa que proviene de la autodisciplina, la fe, la obediencia, el esfuerzo constante y consistente, la longanimidad y el amor; en otras palabras: de tener paciencia. Seguir leyendo

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Vivan como verdaderos milénicos

Octubre 2016
Vivan como verdaderos milénicos
Por el presidente Russell M. Nelson
Presidente del Cuórum de los Doce Apóstoles

Russell M. NelsonDel devocional mundial para jóvenes adultos “Como llegar a ser una verdadera generación del milenio”, que se llevó a cabo en la Universidad Brigham Young – Hawái el 10 de enero de 2016. Para leer el texto completo, vaya a broadcast.lds.org.

Ustedes son “linaje escogido”, preordenados por Dios para realizar una obra extraordinaria: ayudar a preparar a las personas de este mundo para la Segunda Venida.

young adults carrying electronic devices

Muchas personas se refieren a ustedes como milénicos. Admito que cuando los investigadores los llaman así y describen lo que los estudios revelan sobre ustedes —sus gustos y desagrados, sus sentimientos e inclinaciones, sus fortalezas y sus debilidades—, me siento incómodo. Existe algo en el modo en que usan el término milénico que me molesta; y francamente, estoy menos interesado en lo que los expertos tienen que decir sobre ustedes que lo que el Señor me ha dicho acerca de ustedes.

Cuando oro sobre ustedes y pregunto al Señor cómo se siente Él respecto a ustedes, siento algo muy diferente de lo que dicen los investigadores. Las impresiones espirituales que he recibido sobre ustedes me conducen a creer que el término milénico quizás sea perfecto para describirlos, pero por una razón muy diferente de la que los expertos podrían llegar a comprender.

El término milénico es perfecto para ustedes si les recuerda quiénes son en verdad y cuál es realmente su propósito en la vida. Un verdadero milénico es alguien a quien se le enseñó y que enseñó el evangelio de Jesucristo en la vida premortal, y que hizo convenios con nuestro Padre Celestial allí en cuanto a cosas valientes —incluso cosas moralmente valientes— que llevaría a cabo aquí mientras estaba en la tierra.

Un verdadero milénico es un hombre o una mujer en quien Dios confió lo suficiente como para enviarlo a la tierra durante la dispensación más desafiante de la historia de este mundo. Un verdadero milénico es un hombre o una mujer que vive ahora con el fin de ayudar a preparar a las personas de este mundo para la segunda venida de Jesucristo y Su reinado milenario. Que no les quepa la menor duda: ustedes nacieron para ser verdaderos milénicos.

La pregunta es: “¿Cómo pueden ser y vivir como verdaderos milénicos?”. Tengo cuatro sugerencias:

1. Aprendan quiénes son en verdad

Dediquen tiempo a pensar, con espíritu de oración, en cuanto a estos hechos:

• Son hijos escogidos de Dios.
• Fueron creados a Su imagen.
• En el mundo de los espíritus se les enseñó a fin de prepararlos para todo lo que afrontarían en esta parte postrera de los últimos días (véase D. y C. 138:56). ¡Esas enseñanzas perduran en su interior! Seguir leyendo

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Ayunar y orar por Emma

Octubre 2016
Ayunar y orar por Emma
Por Cecilie Norrung
La autora vive en la Región Capital de Dinamarca.

Después de que mi hija se cayó por la ventana, pensé que nuestros mayores temores se habían hecho realidad.

windows in Denmark

Mi familia acababa de regresar de unas vacaciones estupendas. Después de cenar, permití que mis dos hijos, Markus, de cuatro años, y Emma, de tres, jugaran en el dormitorio de arriba de nuestro apartamento de cuatro pisos. En Dinamarca, las ventanas se abren hacia afuera. Por lo general, cerramos las ventanas con cerrojo, pero las habíamos dejado un poco abiertas cuando nos fuimos de vacaciones para que el apartamento se ventilara durante nuestro viaje.

Mientras lavaba la vajilla, repentinamente sentí que algo no estaba bien. Corrí a la sala al mismo tiempo que Markus descendía corriendo por las escaleras. Gritaba atemorizado diciendo que Emma se había caído por la ventana, una ventana que estaba a doce metros de altura de la acera de cemento. Corrí a la calle por las escaleras gritando reiteradamente el nombre de Emma. Vi a mi hijita tendida en el cemento como si estuviera sin vida. Estaba totalmente inerte cuando la levanté, y pensé que mis peores temores se habían confirmado. Mi esposo, que me había seguido hasta afuera, la tomó en sus brazos y de inmediato le dio una bendición del sacerdocio.

La ambulancia llegó rápido y Markus y yo dijimos una oración mientras los paramédicos atendían a Emma. Momentos después, todos estábamos en la ambulancia yendo hacia el hospital.

Al poco tiempo, llegaron nuestros familiares a la unidad de cuidados intensivos a ofrecernos su apoyo. Markus se fue a la casa de sus primos mientras mi esposo y yo nos quedamos allí, sin saber todavía en qué condición se encontraba Emma.

Después de lo que nos pareció una larga espera, finalmente apareció uno de los doctores y nos pidió los detalles del accidente. Se nos dijo que normalmente una caída de esa altura hubiese resultado en lesiones internas y en poca probabilidad de sobrevivir. Emma se había quebrado la pelvis y tenía una contusión, pero las heridas eran solo superficiales. El doctor dijo que un ángel debió de haberla atrapado.

Aunque el que Emma sobreviviera fue un milagro, todavía estaba inconsciente a causa del golpe en la cabeza. Mi esposo y dos buenos amigos volvieron a darle una bendición. En esa bendición se le prometió que se recuperaría por completo, que no tendría secuelas permanentes y que aquella sería una experiencia positiva en su vida. Sentí una gratitud inmensa por el poder del sacerdocio; mis oraciones a lo largo de todas esas noches habían sido escuchadas.

Emma salió del coma cuatro días después. Durante esos cuatro días, nuestros amigos, los miembros de la Iglesia y otras personas ayunaron y oraron por ella. Sentí que las oraciones de los santos fieles me envolvían, fortaleciendo a mi familia y a mí. Sentí como si el Padre Celestial me hubiese rodeado con Sus brazos llenándome de consuelo.

Nuestra estaca realizó un ayuno el día antes de que ella despertara. Creemos que el Padre Celestial escuchó nuestras oraciones y que el que Emma despertara fue el resultado directo del ayuno. De allí, la recuperación de Emma fue rápida; cinco días después dijo su primera palabra desde el accidente, y nueve días después le dieron el alta del hospital. Pasó cinco semanas en una silla de ruedas y luego comenzó la terapia física.

Aproximadamente un mes después del accidente me lesioné la espalda de tanto cargar a Emma. Me embargó un sentimiento de impotencia, no solo física, sino también espiritual. ¿Cómo podría seguir cuidando de ella?

Una noche, el remordimiento por no poder hacer nada llegó a ser insoportable. Salí de la casa y busqué un banco en un parque, donde oré al Padre Celestial durante casi una hora. Por primera vez en la vida, sentí que el milagroso poder de la expiación del Salvador me inundaba. Después de esa oración, se alivió todo el dolor y la pena que había sentido y se levantaron de mis hombros todas las cargas. Emma todavía estaba en una silla de ruedas y yo recibía tratamientos para la espalda regularmente, pero fui fortalecida para seguir adelante.

Un año después, Emma podía correr, reír, contar historias y pensar como debería hacerlo una niña de cuatro años.

Sabemos que existe un Padre amoroso en los cielos que se interesa por nosotros, que nos conoce de forma individual y sabe los desafíos que afrontamos. Nunca dudaré de los milagros que nos otorga por medio de la oración, el ayuno y las bendiciones del sacerdocio.

¿Cómo respondemos a las pruebas?

Élder Donald L. Hallstrom“Cuando suceden cosas difíciles en nuestra vida, ¿cuál es nuestra reacción inmediata? ¿Es confusión, o duda, o renuncia espiritual? ¿Representa un golpe para nuestra fe? ¿Culpamos a Dios o a los demás por nuestras circunstancias? ¿O es nuestra primera reacción recordar quienes somos, que somos hijos de un Dios amoroso? ¿Viene eso acompañado de una confianza absoluta en que Él permite algo de sufrimiento en la tierra porque sabe que eso nos bendecirá, como un fuego purificador, para que lleguemos a ser como Él y obtengamos nuestra herencia eterna?”.

Élder Donald L. Hallstrom, de la Presidencia de los Setenta, “Soy un hijo de Dios”, Liahona, mayo de 2016, pág. 27.

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El capitán Moroni me ayudó a enseñar en la escuela

Octubre 2016
El capitán Moroni me ayudó a enseñar en la escuela
Ben Floyd
Washington, EE. UU.

captain Moroni helped me teach middle school

Estaba en la mitad de un año difícil en el que enseñaba a adolescentes de trece y catorce años. Acababa de llegar a casa de una reunión con el director adjunto en la que analizamos mi evaluación reciente. Puesto que era un maestro nuevo y tenía que desarrollar la mayoría de mis clases, estaba teniendo dificultades para mantener a los estudiantes concentrados en sus tareas e interesados. Básicamente, la conversación se redujo a que yo tenía que forzar a mis estudiantes a tomar una decisión —meterse de lleno en sus tareas o meterse en problemas— y cumplir con mis advertencias.

Salí de la reunión abatido y abrumado. Consideré hacer de esa reunión la inquietud del día al leer las Escrituras al día siguiente. Increíblemente, al leer el Libro de Mormón recibí respuestas.

Oré esa mañana para aprender de las Escrituras cómo ser un mejor maestro. El Espíritu Santo me instruyó a medida que leía sobre el capitán Moroni en Alma 44. En ese punto de la historia, el capitán Moroni y los nefitas habían rodeado a los lamanitas en el río Sidón y los habían amedrentado al punto de hacerlos abandonar las armas. Seguí leyendo, pensando en cuánto me gustaría ser como el capitán Moroni en mi salón de clases: imponente, confiado y exitoso.

Leí el diálogo y vi que Moroni le decía a Zerahemna y a los lamanitas que estaban siendo forzados a tomar una decisión: “… [entregad] vuestras armas de guerra, y… os perdonaremos la vida, si os vais por vuestro camino y no volvéis más a guerrear contra nosotros”, o de lo contrario, “… si no hacéis esto… mandaré a mis hombres que caigan sobre vosotros” (Alma 44:6, 7). ¡Me di cuenta de que él estaba haciendo lo que el administrador me había dicho que yo hiciera! “Deles dos opciones, y siga adelante”, me había dicho. Con eso en mente, adopté el lema de Moroni: “He aquí, terminaremos la lucha” (Alma 44:10).

Armado con los principios que había aprendido en el relato de las Escrituras sobre uno de mis héroes, volví a clase confiando en mi plan de batalla. Da la casualidad que yo tenía una estatuilla del capitán Moroni y la llevé en el bolsillo de mi camisa por el resto del año para recordarme la manera en que el capitán Moroni me había enseñado a manejar una clase de la escuela a nivel medio. Al dar a mis estudiantes dos opciones, su conducta mejoró, hicieron sus tareas y nos llevamos mucho mejor. El año concluyó y todavía era difícil, pero con la respuesta a mi oración y el poder de las Escrituras, pude “[terminar] la lucha”.

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El momento para la historia familiar

Octubre 2016
El momento para la historia familiar
Rachel Lewis
Utah, EE. UU.

a season for family history

Como madre de dos hijas pequeñas, con frecuencia he puesto la excusa de que no puedo participar en algunas de las cosas que me gustaría hacer sencillamente porque no es mi “momento” para hacerlo. Una de esas cosas es la historia familiar.

Aun cuando había disfrutado de hacer indexación como una actividad de domingo en el pasado, reconocí que estaba poniendo la excusa de que no tenía ni el tiempo ni el conocimiento para dedicarme a trabajar en mi historia familiar en ese momento.

Hace unos meses, una mañana, mientras estaba sentada en el templo, se me produjo un cambio en el corazón. Al mirar los nombres de las personas fallecidas en las tarjetas del templo y mientras oraba para que aceptaran las ordenanzas del templo que se estaban efectuando por ellas, pensé: “¿No sería lindo que esos nombres fueran los nombres de mis parientes? Me gustaría hacer la obra por ellos”. El Espíritu me confirmó que si eso era lo que yo deseaba, entonces el Señor me ayudaría a trabajar en mi historia familiar, específicamente en el día de reposo. Él me ayudaría a tener el tiempo y el conocimiento para cumplir con Sus propósitos.

Al domingo siguiente, en casa, entré a FamilySearch.org. Al ver los nombres de mis antepasados, enseguida se me llenaron los ojos de lágrimas. Me sentí más unida a ellos. Lo que aumentó mi amor por ellos fueron las fotografías y los documentos personales que mi abuela había agregado recientemente y que hicieron que mis parientes fueran aun más reales para mí. Sentí gozo al hacer participar a mi hija de dos años, que aprendió a reconocer las fotos de su tatarabuelo y de su cuarta abuela, y a llamarlos por su nombre. Sentí lo que el presidente Russell M. Nelson, Presidente del Cuórum de los Doce Apóstoles, describió: “El día de reposo supone una oportunidad maravillosa para fortalecer los lazos familiares. Después de todo, Dios desea que cada uno de nosotros, por ser Su hijo, regrese a Él como santo investido, sellado en el templo a nuestros antepasados y a nuestra posteridad como familia” (véase “El día de reposo es una delicia”, Liahona, mayo de 2015, págs. 130–131).

Desde esa primera experiencia, he continuado haciendo la obra de historia familiar durante el día de reposo y he tenido la bendición de realizar la obra del templo por algunos de los miembros de mi familia que han fallecido. Una bendición particular ha sido la de conocer algo de la vida de mis parientes y tener una relación más cercana con mis abuelos, que no son de nuestra religión. Ha fortalecido mi determinación de guardar mis convenios y permanecer fiel hasta el fin para que yo pueda ser un eslabón sólido en mi familia eterna.

Si bien hay mucho trabajo por hacer, estoy agradecida al Padre Celestial por aumentar mis habilidades a fin de poder participar en Su obra, en especial en Su día. Para mí, el día de reposo es verdaderamente una delicia.

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Ángeles que se llamaban señor y señora Dunn

Octubre 2016
Ángeles que se llamaban señor y señora Dunn
Nancy Little
Utah, EE. UU.

angels named Mr. and Mrs. Dunn

Estaba mirando la televisión cuando mi madre llamó para decirme que su hermano, mi tío Floyd, de noventa y dos años, y su esposa, la tía Millie, estaban enfermos con gripe y no tenían comida en casa. Ninguno de los dos se sentía lo suficientemente bien como para ir a comprar algo. El tío Floyd y la tía Millie no tenían ningún familiar que viviera cerca, así que no tenían a nadie que pudiera ayudarlos.

Mi madre me preguntó si yo podría ayudar. Soy la única miembro de la Iglesia de ese lado de la familia y me habían pedido ayuda en otras situaciones antes; el problema era que yo vivía en Utah, EE. UU., y mis tíos vivían en Hemet, California, EE. UU.

Le dije a mi madre que me diera unos minutos para pensar qué hacer. Tenía una amiga que vivía cerca de Hemet, de modo que la llamé y le pregunté si conocía a alguien que viviera allí. Me habló de una señora con quien servía en el Templo de Redlands, California, que se llamaba hermana Dunn y que era la presidenta de la Sociedad de Socorro allí.

Cuando la hermana Dunn contestó el teléfono, le dije: “Hola hermana Dunn. Usted no me conoce; me llamo Nancy Little y vivo en Utah. Soy miembro de la Iglesia, pero mi tío y mi tía, que viven en Hemet, no lo son. Están enfermos y no tienen comida en la casa”. Le dije dónde vivían, que era lejos de donde ella estaba, y le expliqué que solo deseaba información acerca de algún restaurante que estuviera cerca de donde ellos vivían y que hiciera repartos de comida a domicilio.

En lugar de eso, la hermana Dunn insistió en que ella y su esposo les llevarían comida a mis tíos; daba la casualidad de que tenían sopa y pan caseros y que su madre acababa de hornear unas galletas. Protesté, pero ella insistió.

Unas horas después, la hermana Dunn me llamó y me aseguró que todo estaba bien. Más tarde, mi madre me llamó para contarme lo que el tío Floyd había dicho de la visita. Él dijo: “Llegaron a casa unos ángeles que se llamaban señor y señora Dunn. Vinieron con los brazos llenos de comida: fruta, verduras, y sopa, pan y galletas caseros. ¡Son las galletas más ricas que he comido!”. El matrimonio Dunn conversó con mi tío, los ayudaron con lo que necesitaban y el hermano Dunn cargó a mi delicada tía Millie, que padecía Alzheimer, desde su cama a la cocina para que la hermana Dunn pudiera darle de comer.

Cuando mi tío Floyd llamó a mi mamá para contarle acerca de la visita, lloró. Dijo que no había conocido nunca a personas tan amables y cariñosas. Le dijo que ella tenía suerte de vivir en Utah, rodeada de “todos esos mormones”.

Cuatro días después de esa visita, el tío Floyd salió a buscar el correo al buzón, se resbaló y se cayó; se golpeó la cabeza y cuatro días más tarde, falleció. Con excepción de la enfermera que los cuidaba en su casa, el hermano y la hermana Dunn fueron las últimas personas que mi tío vio antes de morir.

Estoy agradecida por el ejemplo cristiano de una de mis hermanas de la Sociedad de Socorro que vivía a cientos de kilómetros de distancia, a quien aún no he conocido, y que ayudó a mis tíos.

 

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Pidiendo misericordia

Octubre 2016
Pidiendo misericordia
Matthew Crandall
Harju, Estonia

begging for mercy

En un viaje que hice a una ciudad cercana de donde vivía en Estonia, vi a un mendigo pidiendo dinero. Sorprendentemente, lo reconocí de cuando había servido como misionero en esa ciudad diez años antes. Llevaba una bolsa grande de botellas plásticas, igual que antes, que recolectaba para reciclar y así obtener dinero. Recuerdo que siempre pedía monedas que nos sobraran, y si le dábamos, siempre preguntaba si teníamos más.

Me sorprendió verlo. Después de diez años, estaba igual; tenía un poco más de canas, pero parecía que había vivido la misma vida mendigando dinero día tras día. Pensé en los diez maravillosos años que yo había vivido mientras tanto, que incluían el haberme casado en el templo, obtenido una educación y un buen trabajo, y en los cuales había disfrutado de buena salud.

Supuse que esa quizás sería la última vez que lo vería, y sentí que tenía que darle algo. El problema era que yo solo tenía un billete que valía más de lo que era mi intención darle. Me apené ante las elecciones que tenía: no darle nada o darle más de lo que yo quería. Decidí que para mí no supondría una gran diferencia y que a él lo haría muy feliz, así que le di el billete.

Unos dos días después, me encontré en una situación similar, pero esta vez era yo el que rogaba por misericordia. Había confundido las fechas de entrega de la solicitud para una beca importante. Creí que la había mandado con dos semanas de anticipación, pero quedé horrorizado cuando, al verificar la fecha, vi que la había mandado un día después de la fecha de vencimiento.

El monto de la beca era exactamente cien veces la cantidad que le había dado al mendigo, y reconocí la ironía de la situación. Me encontré pidiendo misericordia, tanto a mi Padre Celestial en oración, como por correo electrónico a los funcionarios de la universidad. Me dijeron que incluirían la solicitud, pero que pondrían una nota de que había llegado atrasada.

El Señor contestó mi oración y tuve la bendición de recibir la beca, la cual fue de gran ayuda económica para mi esposa y para mí; pero lo que es más importante, esa experiencia me enseñó una valiosa lección: ¿no somos todos mendigos ante Dios? (véase Mosíah 4:19).

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Sirviendo al otro lado del Jordán

Octubre 2016
Sirviendo al otro lado del Jordán
Por R. Val Johnson y Rachel Coleman
Revistas de la Iglesia y Servicios de Publicación

o en cualquier otro lugar que el Señor los necesite.

Amman Jordan

La necesidad era crítica.

A principios de 2013, aparecieron cinco casos de sarampión en el campamento de refugiados Za’atari en Jordania, país del Medio Oriente. Más de 100 000 refugiados sirios, que vivían hacinados, estaban en riesgo de contraer ese virus altamente contagioso y peligroso. El gobierno jordano planificó una campaña de vacunación masiva para prevenir que la enfermedad se propagase. El plan era vacunar al menos a 90 000 refugiados sirios entre las edades de seis meses a treinta años en un período de dos semanas.

Pero se presentó un problema: el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) tenía el suero y el Ministerio de Salud de Jordania tenía las clínicas; lo que no tenían eran artículos de suministro en cadena de frío —jeringas, recipientes para instrumentos afilados, refrigeradores para el suero— y el tiempo se estaba acabando1.

Entonces entraron en juego Ron Hammond y su esposa, Sandi, misioneros de bienestar mayores que servían en Jordania como directores de LDS Charities de todo el país. En vista de que Ron y Sandi ya tenían relaciones de trabajo con UNICEF y con el Ministerio de Salud, se unieron rápidamente a las dos organizaciones en colaboración para determinar cómo LDS Charities podía ayudar.

Ron dice: “Preguntamos sobre el costo de la compra de artículos de suministro en cadena de frío, y cuando nos lo dijeron, dijimos: ‘Creemos que LDS Charities puede ayudar’. Nos preguntaron: ‘¿Qué tan pronto? ¡Tenemos que empezar lo antes posible!’”.

En veinte horas LDS Charities había aprobado la compra de los suministros en cadena de frío que se necesitaban. “Cuando le informamos al Ministerio de Salud y a UNICEF”, dice Ron, “quedaron impresionados. ¿Cómo pudo una ONG [organización no gubernamental] moverse tan pronto? No solo se llevó a cabo la campaña de vacunación conforme a lo programado, sino que también inspiró una campaña a nivel nacional en la que se inocularon a cientos de miles de refugiados jordanos y sirios”.

giving immunizations

Se evitó la crisis.

Es más, esta asociación productiva entre UNICEF, el Ministerio de Salud de Jordania y LDS Charities creó el potencial para una futura colaboración. Seguir leyendo

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El amor versus la lujuria

Octubre 2016
El amor versus la lujuria
Por Joshua J. Perkey
Revistas de la Iglesia

Si podemos entender lo que en verdad es la lujuria, podemos aprender a evitarla y tomar decisiones que nos acerquen más al Espíritu Santo.

young couple

Lujuria.

Sin duda, es una palabra desagradable. Muchos de nosotros no queremos pensar en ella, y mucho menos aprender más acerca de ella. El término invoca un sentimiento sórdido, algo oscuro; atrayente, pero malo.

Hay una buena razón para ello. Si “el amor al dinero es la raíz de todos los males” (1 Timoteo 6:10), definitivamente, la lujuria es su aliada secreta; es vil y degradante. La lujuria torna a la gente, a las cosas e incluso a las ideas en objetos que se poseen o adquieren para satisfacer un fuerte deseo. Si ya sabemos eso, ¿por qué necesitamos saber más sobre ella?

Porque si podemos entender mejor lo que en verdad significa la lujuria, podemos aprender a moldear los pensamientos, los sentimientos y las acciones a fin de evitar y superar sus manifestaciones. Eso nos conducirá a tener una relación más estrecha con el Espíritu Santo, lo cual purifica los pensamientos y las intenciones, y nos fortalece; a su vez, eso nos conducirá a una vida más feliz, tranquila y dichosa.

Cómo definir la lujuria

Mayormente, tendemos a pensar en la lujuria como los sentimientos intensos e inapropiados de atracción física hacia otra persona; pero es posible desear o codiciar casi cualquier cosa: dinero, propiedades, objetos y, por supuesto, a otras personas (véase la Guía para el Estudio de las Escrituras, “Codiciar”).

La lujuria induce a una persona a procurar algo que es contrario a la voluntad de Dios; abarca cualquier sentimiento o deseo que haga que una persona se centre en las posesiones mundanas o en prácticas egoístas —intereses, deseos, pasiones y apetitos personales— en vez de guardar los mandamientos de Dios.

En otras palabras, desear cosas que van en contra de la voluntad de Dios o desear poseer cosas en una manera que sea contraria a Su voluntad es lujuria, y esta conduce a la desdicha1.

man looking at fancy car

El peligro de la lujuria sexual

Aunque se nos ha advertido sobre la lujuria como una forma de codicia en general, en su contexto sexual es particularmente peligrosa. El Salvador advirtió: “… cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón” (Mateo 5:28).

Los apóstoles de la antigüedad advirtieron en forma extensa contra la lujuria en ese sentido. Solo un ejemplo de ello es lo que dijo el apóstol Juan: “Porque todo lo que hay en el mundo, la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo” (1 Juan 2:16; véanse también versículo 17; Romanos 13:14; 1 Pedro 2:11).

Las advertencias continúan hoy en día2. El élder Jeffrey R. Holland, del Cuórum de los Doce Apóstoles, explica: “¿Por qué la lujuria es un pecado capital? Y bien, además del impacto espiritual destructor total que ejerce sobre nuestras almas, pienso que es un pecado porque profana la más elevada y la más santa relación que Dios nos da en la vida mortal: el amor que un hombre y una mujer se tienen el uno por el otro y el deseo que esa pareja tiene de traer hijos a una familia con la mira de ser eterna”3.

Permitir que germine el deseo lujurioso ha sido la raíz de muchos hechos pecaminosos. Lo que empieza con lo que parece una mirada inocente puede convertirse en una sórdida infidelidad con todas sus consecuencias desastrosas. Eso es debido a que la lujuria hace que el Espíritu Santo se aleje y nos deja vulnerables a otras tentaciones, vicios y artimañas del adversario.

Las decisiones trágicas del rey David son un triste ejemplo de lo poderosa y mortal que esa emoción puede ser. Por casualidad, David vio a Betsabé, que se estaba bañando, y la deseó. La lujuria trajo como resultado la acción; él hizo que la trajeran ante él y se acostó con ella. Entonces, en un esfuerzo insensato por esconder su pecado, David ordenó al esposo de Betsabé que fuera a la batalla, donde estaba seguro que lo matarían (véase 2 Samuel 11). Como resultado de ello, David perdió su exaltación (véase D. y C. 132:38–39).

La situación de David quizás parezca extrema, pero sin duda demuestra la verdad: la lujuria es una tentación poderosa. Rendirse a ella puede hacer que participemos en cosas que nadie, en su sano juicio, haría. El hecho de que sea tan insidiosa, que se despierte tan fácilmente y que sea tan eficaz para tentarnos a apartarnos del Espíritu Santo y ceder nuestra voluntad a algo prohibido la hace mucho más peligrosa. El ver pornografía, escuchar la letra de canciones explícitas o participar de intimidad inapropiada pueden provocarla. Al mismo tiempo, los sentimientos lujuriosos pueden inducir a una persona a que procure ver pornografía. Esa relación cíclica es extremadamente poderosa y peligrosa4.

La lujuria de naturaleza sexual degrada y debilita todas las relaciones, siendo una de las más importantes la relación personal con Dios. “Y de cierto os digo, como ya he dicho, el que mira a una mujer para codiciarla, o si alguien comete adulterio en su corazón, no tendrá el Espíritu, sino que negará la fe y temerá” (D. y C. 63:16)

Como enseñó el élder Richard G. Scott (1928–2015), del Cuórum de los Doce Apóstoles: “La inmoralidad sexual crea una barrera que aleja la influencia del Espíritu Santo con toda su capacidad de elevar, iluminar y fortalecer. Además, produce un poderoso estímulo físico y emocional; con el tiempo, esto crea un apetito insaciable que arrastra al transgresor a pecados más serios”5.

Lo que no es lujuria

couple walking on the beach

Habiendo considerado lo que es la lujuria, también es importante comprender lo que no es, y tener cuidado de no catalogar los sentimientos y deseos apropiados como lujuria. La lujuria es un tipo de deseo, pero hay también deseos justos. Por ejemplo, podemos desear cosas buenas y adecuadas que nos ayudarán a llevar a cabo la obra del Señor.

Piensen en:

• El deseo de tener dinero. En sí mismo, el desear dinero no es malo. Pablo no dijo que el dinero fuera la raíz de todos los males. Él dijo: “… el amor al dinero es la raíz de todos los males” (1 Timoteo 6:10; cursiva agregada). Las enseñanzas de Jacob añaden una aclaración adicional: “Pero antes de buscar riquezas, buscad el reino de Dios. Y después de haber logrado una esperanza en Cristo obtendréis riquezas, si las buscáis; y las buscaréis con el fin de hacer bien: para vestir al desnudo, alimentar al hambriento, libertar al cautivo y suministrar auxilio al enfermo y al afligido” (Jacob 2:18–19).

• Tener sentimientos sexuales apropiados hacia el cónyuge. Esos sentimientos que Dios nos ha dado ayudan a fortalecer, reforzar y unir al matrimonio; sin embargo, es posible tener sentimientos inapropiados hacia un cónyuge. Si buscamos satisfacción solo para nuestro bien, o solo para gratificar nuestros propios y fuertes deseos, podríamos estar cediendo a los deseos lujuriosos, y eso puede dañar la relación matrimonial. La clave para procurar y mantener la intimidad física apropiada en el matrimonio es una intención pura y afectuosa.

El principio importante es procurar las cosas con el propósito correcto: edificar el Reino de Dios y aumentar la bondad en el mundo. En cambio, la lujuria nos insta a salir de los límites apropiados, donde los deseos pueden degradar a Dios, hacer que tratemos a las personas como objetos, y convertir a los objetos, la riqueza e incluso el poder en monstruosidades que anulan nuestra sensibilidad y dañan nuestras relaciones.

Por qué con frecuencia cedemos a la lujuria

Dado lo dañina y peligrosa que es la lujuria, ¿por qué es tan tentadora y frecuente? ¿Por qué permitimos que nos domine con frecuencia? En apariencia, puede parecer que el egoísmo o la falta de control sean la causa central de la lujuria; esos son factores contribuyentes, pero la raíz profunda de la lujuria a menudo es el vacío. Es posible que las personas sucumban a la lujuria en un vano intento por llenar un vacío en la vida. La lujuria es una emoción falsa, un burdo sustituto para el amor genuino, la verdadera valía y el discipulado duradero.

En cierto sentido, el control emocional adecuado es una condición del corazón: “… porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él” (Proverbios 23:7). Dondequiera que centremos nuestra atención mental y espiritual, con el tiempo llegará a ser la fuerza impulsora detrás de nuestros pensamientos, sentimientos y acciones. Siempre que nos sintamos tentados a codiciar algo, debemos reemplazar esa tentación con algo más apropiado.

La ociosidad también puede provocar pensamientos lujuriosos. Cuando no estamos muy ocupados en la vida, tendemos a ser más susceptibles a las influencias del mal. Conforme procuremos en forma activa estar anhelosamente consagrados a causas buenas (véase D. y C. 58:27) y nos esforcemos por usar nuestro tiempo de manera productiva, estaremos menos propensos a tener sentimientos lujuriosos o a otras influencias negativas.

Como el élder Dallin H. Oaks, del Cuórum de los Doce Apóstoles, explica, que los deseos a los que elegimos adherirnos no solo afectan nuestras acciones, sino también quiénes llegaremos a ser con el tiempo: “Los deseos dictan nuestras prioridades, las prioridades afectan nuestras decisiones y las decisiones determinan nuestras acciones. Los deseos sobre los que actuamos determinan las cosas que cambiamos, lo que logramos y lo que llegamos a ser”6.

En otras palabras, debemos controlar no solo las emociones que nos permitimos sentir, sino también los pensamientos que esos sentimientos precipitan o causan. Como enseñó Alma, si nuestros sentimientos son impuros, “nuestros pensamientos también nos condenarán” (Alma 12:14).

El antídoto: un amor semejante al de Cristo

young married couple

La lujuria no es inevitable. Debido a que el Padre Celestial nos da el albedrío, tenemos el control sobre nuestros pensamientos, sentimientos y acciones. No tenemos que proseguir con los pensamientos y sentimientos lujuriosos; si las tentaciones se presentan, podemos elegir no seguir esos caminos.

¿Cómo superamos la tentación de codiciar algo? Para comenzar, establecemos una relación adecuada con nuestro Padre Celestial y elegimos servir a los demás; participamos en prácticas religiosas diarias, incluso la oración y el estudio de las Escrituras, que invitan la influencia del Espíritu Santo en nuestra vida. En definitiva, el ingrediente secreto es un amor semejante al de Cristo: un amor puro, sincero, honesto y con un deseo de edificar el Reino de Dios y de mantener la mira puesta únicamente en Su gloria. Ese amor solo es posible si tenemos la compañía del Espíritu Santo.

Eliminar la lujuria requiere de la oración sincera en la que pidamos a Dios que elimine esos sentimientos y otorgue, en su lugar, un amor benévolo (véase Moroni 7:48). Eso es posible, al igual que el arrepentimiento, mediante la gracia de la expiación de Jesucristo7. Gracias a Él, podemos aprender a amar de la manera en la que Él y nuestro Padre Celestial nos aman.

Cuando nos centramos constantemente en nuestro Padre Celestial, vivimos de acuerdo con los dos primeros grandes mandamientos —amar a Dios y a nuestros semejantes como a nosotros mismos (véase Mateo 22:36–39)— y hacemos todo lo que podamos por vivir como Él nos ha enseñado, las intenciones puras y honestas influyen en nuestra vida con cada vez mayor intensidad. Al unificar nuestra voluntad con la voluntad del Padre, las tentaciones y los efectos de la lujuria disminuyen, y el amor puro de Cristo los sustituye; entonces somos llenos de un amor divino que reemplaza los deseos inmorales de este mundo con la belleza de edificar el Reino de Dios.

Cómo definir el amor y la lujuria

El amor ennoblece, la lujuria degenera. El amor abraza la verdad, la lujuria abraza las mentiras. El amor edifica y fortalece, la lujuria destruye y debilita. El amor es armonioso, la lujuria es discordante. El amor trae paz, la lujuria trae conflicto. El amor inspira, la lujuria entorpece. El amor sana, la lujuria debilita. El amor vigoriza, la lujuria destruye. El amor ilumina, la lujuria ensombrece. El amor llena y sustenta, la lujuria no puede ser satisfecha. El amor está íntimamente relacionado con la promesa, la lujuria encuentra su lugar en el orgullo.

Cinco sugerencias para una vida pura

El élder Jeffrey R. Holland da cinco sugerencia de cómo mantener una vida pura:

1. Sepárense de las personas, los materiales y las circunstancias que los dañarán.
2. Busquen ayuda.
3. Desarrollen y ejerciten el autocontrol para eliminar las malas influencias.
4. Remplacen los pensamientos lascivos con imágenes de esperanza y recuerdos de gozo.
5. Cultiven el Espíritu del Señor y estén donde Él esté.
De Jeffrey R. Holland, “No hay lugar para el enemigo de mi alma”, Liahona, mayo de 2010, págs. 44–46.

Notas

  1. Véase de Dallin H. Oaks, “El gozo y la miseria”, Liahona, enero de 1992, pág. 85; y de Thomas S. Monson, “Finishers Wanted”, Ensign, julio de 1972, pág. 69.

  2. Para algunos ejemplos, véanse: Doctrina y Convenios 88:121; de Spencer W. Kimball, “President Kimball Speaks Out on Morality”, Ensign,noviembre de 1980, págs. 94–98; de Neal A. Maxwell, “El séptimo mandamiento: un escudo”, Liahona, enero de 2002, págs. 90–93; de Russell M. Nelson, “¿Dónde se halla la sabiduría?”, Liahona, enero de 1992, págs. 5–8. Para encontrar más advertencias en las Escrituras en contra de la lujuria, repase los siguientes temas en la Guía para el Estudio de las Escrituras: Adulterio; Carnal;Castidad; Codiciar; Fornicación; Homosexual, comportamiento;Concupiscencia; Sensual, sensualidad; Inmoralidad sexual.

  3. Jeffrey R. Holland, “No hay lugar para el enemigo de mi alma”, Liahona, mayo de 2010, pág. 44.

  4. Para aprender más sobre este tema, véase de Dallin H. Oaks, “Recuperarse de caer en la trampa de la pornografía”, Liahona, octubre de 2015, págs. 50–55.

  5. Véase de Richard G. Scott, “Las decisiones correctas”, Liahona, enero de 1995, pág. 43.

  6. Véase de Dallin H. Oaks, “El deseo”, Liahona, mayo de 2011, pág. 42.

  7. Véase, por ejemplo, de D. Todd Christofferson, “El divino don del arrepentimiento”, Liahona, noviembre de 2011, págs. 38–41.

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Historia Familiar: paz, protección y promesas

Octubre 2016
Historia Familiar: paz, protección y promesas
Por el élder Bradley D. Foster
De los Setenta

Bradley D. FosterTomado del discurso: “Reunir, sanar y sellar familias”, pronunciado en la Conferencia de Historia Familiar RootsTech en Salt Lake City, Utah, EE. UU., el 14 de febrero de 2015.

Conforme su familia participe reuniendo registros, sanando corazones y sellando a los miembros de la familia, ustedes y su posteridad serán bendecidos para siempre jamás.

family tree chart

La historia de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es una historia acerca de familias. Cuando digo familias, no me refiero al concepto moderno de una mamá, un papá y los hijos.

Utilizo el término en la manera que el Señor lo usa, como un sinónimo de parientes o de familias de múltiples generaciones, ya que cada persona tiene una familia. El plan de nuestro Padre Celestial para Sus hijos se centra en ese tipo de familia: con hijos que obtienen fortaleza de los antepasados de muchas generaciones atrás y con padres que procuran bendecir a su posteridad por generaciones futuras.

En ese sentido, en el Libro de Mormón también se cuentan historias de familias. Al leer esos relatos, nos damos cuenta de que las familias no han cambiado mucho a lo largo de los siglos. Aun aquellas personas que vivieron en otro tiempo y en otro lugar son muy parecidas a nosotros, y el deseo de Dios de que Sus hijos vivan en familias felices y eternas no ha cambiado.

¿Por qué preservó el Señor el registro de esos relatos? ¿Qué deseaba Él que aprendiéramos de ellos? ¿Hay allí lecciones que podrían ayudarnos en nuestro esfuerzo por reunir, sanar y sellar a nuestra familia?

Una lección de Lehi

Creo que la primera familia en el Libro de Mormón, la familia de Lehi, nos brinda una gran lección que quizás no hayamos notado. La familia de Lehi nos puede enseñar mucho sobre los registros familiares: por qué son importantes para el Señor y por qué deberían ser importantes para nosotros.

Cuando empieza el relato, Lehi y Saríah están criando a sus hijas y a cuatro hijos en Jerusalén y llevan una vida relativamente cómoda en esa gran ciudad. La vida de ellos cambió para siempre cuando el Señor mandó a Lehi que llevara a su familia al desierto.

Lehi obedeció, y él y su familia dejaron atrás sus posesiones materiales y se aventuraron en el desierto. Después de viajar por un tiempo, Lehi le dijo a su hijo Nefi: Seguir leyendo

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Comprender el suicidio: Señales de advertencia y prevención

Octubre 2016
Comprender el suicidio: Señales de advertencia y prevención
Por Kenichi Shimokawa, Dr.
Servicios para la familia SUD, oficina de Japón

sitting at the edge of a dock

Cuando Kevin tenía dieciséis años, sus padres se divorciaron. Más o menos al mismo tiempo, dejó de tomar su medicamento para la epilepsia, el cual lo ayudaba a estabilizar su humor. Sin saber que sufría de trastorno bipolar, comenzó a sentir paranoia, una manía debilitante y una depresión severa. Los medicamentos no parecían ayudar. Llegó un punto en el que estaba tan cansado de todo que decidió acabar con su vida sin decirle a los demás cuáles eran sus intenciones.

Kevin cuenta sobre el día en que trató de quitarse la vida: “Estaba llorando; estaba tan cansado, tan agotado emocionalmente. Miraba a la gente y deseaba que alguien, cualquier persona, me preguntara: ‘¿Estás bien?’. A pesar de lo mucho que deseaba eso, escuchaba voces [en la mente] que me decían: ‘Tienes que morir’… Todo el tiempo me rogaba a mí mismo no hacerlo, pero las voces eran demasiado fuertes, no podía luchar contra ellas”1.

Trágicamente, nadie notó su aflicción. Convencido de que a nadie le importaba, hizo el intento, pero, milagrosamente, sobrevivió.

¿Podemos sentir al menos un poco de su abrumadora angustia y el grito de socorro desesperado y silencioso?

El suicidio es una de las pruebas más difíciles de la vida terrenal, tanto para quienes padecen pensamientos suicidas como para los integrantes de la familia de quien comete suicidio. El élder M. Russell Ballard, del Cuórum de los Doce Apóstoles, dijo: “A mi juicio, no hay momentos más difíciles para una familia que cuando un ser querido se quita la vida. El suicidio es un experiencia familiar devastadora”2. Considerando la grave naturaleza de esta prueba, analicemos (1) lo que sabemos acerca del suicidio, incluso las señales de advertencia y las cosas que podemos hacer para prevenirlo; (2) lo que los integrantes de la familia de quien comete suicidio y las comunidades pueden hacer; y (3) lo que todos debemos hacer para fortalecer nuestra esperanza y nuestra fe en Cristo a fin de no desesperar.

Comprender el suicidio

En el mundo, más de 800 000 personas terminan su vida en suicidio cada año3. Eso significa que alguien en el mundo se quita la vida cada cuarenta segundos. Es muy probable que la cantidad real sea mayor, ya que el suicidio es un tema delicado e ilegal en algunos países, por lo cual no todos se denuncian. El suicidio es la segunda causa principal de muerte en personas comprendidas entre los quince y veintinueve años. En la mayoría de los países, el índice de suicidios es más alto entre las personas mayores de setenta años. Directa o indirectamente, el suicidio afecta a una gran porción de nuestra sociedad.

Señales de advertencia

Cuando sentimos que los retos de la vida van más allá de nuestra capacidad para sobrellevarlos, podemos llegar a sentir un estrés muy intenso. Cuando la aflicción emocional es intolerable, los pensamientos de las personas pueden volverse confusos y llevarlas a sentir que la muerte es la única alternativa. Quizás sientan que nadie puede ayudar, lo cual podría conducir al aislamiento social y a aumentar aún más la aflicción, el sentimiento de desesperanza y de que todo está perdido, lo cual, al final, las conduce a pensar que el suicidio es la única opción.

Cuando alguien muestre cualquiera de las siguientes graves señales de advertencia4, debemos buscar, de inmediato, la ayuda de un profesional de la salud mental o de los servicios de emergencia, como la policía.

• Amenaza con lastimarse o quitarse la vida
• Busca maneras o medios para quitarse la vida
• Habla de la muerte, de morir o del suicidio
Las señales a continuación pueden presentar una situación menos urgente, pero no debemos dejar de tender la mano o buscar ayuda para la persona que muestre cualquiera de ellas: Seguir leyendo

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Los niños pequeños y la Santa Cena

Octubre 2016
Los niños pequeños y la Santa Cena
Por Aaron L. West
El autor vive en Utah, EE. UU.

Nuestros hijos pequeños se daban cuenta de que la Santa Cena era importante para nosotros, pero podríamos haber hecho más para ayudarlos a entender que también era importante para ellos.

family partaking of the sacrament

¿Se han preguntado alguna vez por qué permitimos que los niños que no han sido bautizados participen de la Santa Cena? ¿Es solo para evitar los ineludibles ruidos y forcejeos cuando quieren un pedazo de pan? ¿Es solo para facilitar la administración de la ordenanza?, ¿solo para mantener la paz?

No lo creo. Creo que hay razones más profundas. Lo creo porque pienso que cuando Jesucristo dice “todos”, quiere decir “todos”; y cuando Él habla a una multitud, no excluye a nadie.

Cuando el Salvador resucitado instituyó la Santa Cena entre Su pueblo en las Américas, hizo hincapié en que la ordenanza tenía un significado especial para aquellos que habían sido bautizados1. Aun así, mandó a Sus discípulos “que dieran [la Santa Cena] a los de la multitud”2. En esa multitud había “niños pequeños”3.

Cuando los poseedores del sacerdocio pronuncian las oraciones de la Santa Cena en la actualidad, piden al Padre Celestial que bendiga y santifique el pan y el agua “para las almas de todos los que” participen4. Todos; cada persona que participe, incluso cada niño pequeño.

Si al participar del pan y del agua los niños reciben esos emblemas como una bendición para sus almas puras, tiene que haber una forma de ayudarlos a encontrar significado en la ordenanza.

Con eso en mente, pienso en la época en que mis hijos eran pequeños. En general, mi esposa y yo lográbamos mantener a nuestros hijos en silencio mientras se bendecía y se repartía la Santa Cena; creo que se daban cuenta de que la ordenanza era importante para nosotros, pero podríamos haber hecho más para ayudarlos a entender que era importante para ellos.

¿Qué podríamos haber hecho? Podríamos haber recordado que los niños pequeños son capaces de cumplir las promesas que se hacen durante la Santa Cena; pueden comprender, en su manera limitada pero potente, lo que significa “[recordar] siempre” a Jesús; pueden prometer “guardar sus mandamientos”; incluso pueden mostrar que “están dispuestos a tomar sobre sí el nombre” de Cristo, sabiendo que pronto tendrán ese privilegio cuando sean bautizados y confirmados5.

¿Y en cuanto a renovar los convenios? Los líderes de la Iglesia han enseñado que cuando participamos de la Santa Cena renovamos todos los convenios que hicimos con el Señor6. Los niños pequeños no tienen convenios que renovar.

Vuelvo a pensar en la época en que nuestros hijos eran pequeños; no podríamos haberlos ayudado a pensar en los convenios que hicieron, pero podríamos haberlos ayudado a desear hacer convenios en el futuro. Me imagino a mí mismo con un hijo pequeño un domingo por la mañana.

Le diría: “Cuando tengas ocho años, te bautizarán y recibirás el don del Espíritu Santo; harás un convenio. El convenio que hagas en ese momento será como la promesa que haces ahora al tomar la Santa Cena.

“Cuando yo tome la Santa Cena hoy, renovaré mi convenio bautismal, como si hiciera esas promesas otra vez. Tú estarás allí conmigo, pero no renovarás un convenio; aún no has hecho ninguno. En vez de ello, puedes practicar hacer un convenio. Cada vez que tomes la Santa Cena, puedes prepararte para tu bautismo y confirmación; así estarás listo cuando cumplas los ocho años”.

Si parece inusual usar la palabra practicar de esa forma, consideren lo siguiente: Para ayudar a sus hijos a prepararse para la ordenanza del bautismo, un padre podría mostrarles, en un ambiente reverente, cómo se colocarán de pie juntos en el agua y decir las palabras de la oración bautismal. No efectúa la ordenanza en ese caso; pero, en cierto modo, ayuda a sus hijos a practicar; de esa manera, no se preocuparán por lo que sucederá cuando entren en las aguas del bautismo. Creo que las madres y los padres también pueden ayudar a que los hijos practiquen hacer el convenio bautismal y cumplir con él. Cada reunión sacramental puede ser una sesión sagrada de práctica para los niños pequeños conforme participen de los emblemas de la expiación del Salvador.

De modo que, regreso a mi pregunta original: ¿Por qué permitimos que los niños que no han sido bautizados participen de la Santa Cena? ¿Es solo para mantener la paz? ¡Claro que no! Ayudamos a nuestros niños pequeños a participar de la Santa Cena para que recuerden a su Salvador y conserven Su paz, una paz muy distinta de cualquier cosa que el mundo pueda ofrecer7; los ayudamos a prepararse para recibir esa paz cada vez en mayor abundancia en el futuro, cuando hagan convenios con Él y los cumplan.

Notas

  1. Véase 3 Nefi 18:5, 11.
  2. 3 Nefi 18:4; cursiva agregada.
  3. Véanse 3 Nefi 17:21–25; 18:1–4.
  4. Doctrina y Convenios 20:77, 79; cursiva agregada.
  5. Doctrina y Convenios 20:77.
  6. Véase de L. Tom Perry, “Al tomar la Santa Cena”, Liahona, mayo de 2006, pág. 41.
  7. Véase Juan 14:27.
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El gozo de aprender

Octubre 2016
El gozo de aprender
Por Tad R. Callister
Presidente General de la Escuela Dominical

Tad R. Callister

A medida que lleguemos a ser alumnos más comprometidos, sentiremos el gozo divino que proviene de aprender y de vivir el evangelio de Jesucristo.

Se cuenta la historia de un hombre que llegó a ser conocido como el holgazán del pueblo. No estaba dispuesto a trabajar ni a buscar empleo; vivía de lo que otras personas le daban. Finalmente, la gente se cansó; decidieron llevarlo a las afueras del pueblo y desterrarlo. Cuando uno de los pobladores lo escoltó en un carromato hasta los límites del pueblo, el conductor se llenó de compasión por él y pensó: quizás se debería dar al vagabundo una oportunidad más. Entonces le preguntó: “¿Quieres una fanega de maíz para ayudarte a comenzar una nueva vida?”.

El vagabundo respondió: “¿Están deshojadas las mazorcas?”1.

Quienes enseñan y quienes aprenden: La misma responsabilidad de contribuir

En ocasiones encontramos a personas que quieren el conocimiento de las Escrituras sin ningún esfuerzo; quieren que se les presenten las Escrituras ya “deshojadas” antes de leerlas; quieren recibir el Evangelio en una serie de extractos o videoclips entretenidos; quieren que el maestro de la Escuela Dominical prepare la lección y se la imparta “en bandeja”, sin requerir de ellos preparación ni participación alguna.

young woman reading her scriptures

Por el contrario, en una ocasión, el Salvador invitó a Sus discípulos a que regresaran a su casa porque no comprendían Sus palabras. Les mandó que oraran, meditaran y “[prepararan sus] mentes para mañana”, cuando Él “[vendría] a [ellos] otra vez” (véase 3 Nefi 17:2–3).

La lección fue esta: la responsabilidad de venir preparado no es solo del maestro sino también de quien aprende. Al igual que el maestro tiene la responsabilidad de enseñar por el Espíritu, también el alumno tiene la responsabilidad de aprender por el Espíritu (véase D. y C. 50:13–21).

En el Libro de Mormón se indica: “… el predicador no era de más estima que el oyente, ni el maestro era mejor que el discípulo; y así todos eran iguales” (Alma 1:26; cursiva agregada).

A continuación se encuentran algunas sugerencias sobre lo que podemos hacer para experimentar el gozo que se siente cuando hacemos nuestra parte por aprender y vivir el Evangelio.

El aprendizaje en el hogar

Cada miembro es responsable por su propio aprendizaje del Evangelio; no podemos delegar esa responsabilidad. La mayor parte del aprendizaje se logra al estudiar las Escrituras con regularidad. El presidente Harold B. Lee (1899–1973) declaró: “Si no estamos leyendo a diario las Escrituras, nuestro testimonio está disminuyendo”2. El apóstol Pablo observó que los judíos de Berea “eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud”; y después explicó la razón de esa receptividad: “… [escudriñaban] cada día las Escrituras” (Hechos 17:11; cursiva agregada). Seguir leyendo

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