El artículo presenta una comprensión profunda y equilibrada de la Caída de Adán y Eva, destacando que este acontecimiento no fue un fracaso, sino un paso necesario dentro del plan de salvación. Explica que Dios preparó cuidadosamente las condiciones del Jardín de Edén para que Adán y Eva ejercieran un albedrío pleno: oposición, libertad de elección, mandamientos claros y conocimiento de las consecuencias. En este marco, Satanás actuó como agente de oposición, usando verdades a medias para engañar a Eva.
Se honra la figura de Eva como alguien motivada por el deseo de progresar, no como culpable de un desastre espiritual. La revelación moderna reivindica su papel y reconoce su valentía y sabiduría, aunque actuó bajo engaño. Por su parte, Adán eligió conscientemente transgredir un mandamiento menor para obedecer un propósito mayor: permanecer con Eva y dar inicio a la mortalidad. Ambos, después de la Caída, reconocieron la sabiduría de su decisión y agradecieron la oportunidad de conocer la alegría, el dolor y la redención.
El artículo concluye que la Caída debe verse como un acto de amor y cooperación entre Dios, Eva y Adán, un acontecimiento que abrió la puerta al progreso eterno de toda la humanidad. Seguir leyendo





































