Nuestra mayordomía terrenal

Conferencia General Octubre 1979
Nuestra mayordomía terrenal
Por el presidente Spencer W. Kimball

Spencer W. KimballEsta reunión general del sacerdocio nos provee la maravillosa oportunidad de agradeceros, hombres y jóvenes de la Iglesia, por todo lo que hacéis por vivir dignamente y edificar el reino de Dios en la tierra. Estaremos eternamente agradecidos a vosotros, y reconocemos el hecho de que Dios os ha puesto en la tierra en esta época ala hacer buen uso de vuestros talentos y vuestra devoción, en este importante periodo de la historia de humanidad y de la historia de la Iglesia.

Hace exactamente tres semanas las mujeres de la Iglesia, de todas las edades, se congregaron en este gran Tabernáculo colmándolo de bote a bote, y se reunieron en los mismos lugares en que estáis vosotros reunidos esta noche. Como no me era posible asistir a esa reunión de mujeres, seguí el desarrollo de aquel glorioso acontecimiento por un circuito especial de televisión, en mi cuarto del hospital. Mi corazón se llenó de emoción indescriptible al pensar en la bendición que representan las maravillosas hermanas de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, el reino de Dios acá sobre esta tierra. Mi amada compañera eterna, Camilla, les leyó a aquellas magnificas hermanas mi mensaje para ellas.

En ese mensaje les dije a las hermanas:

«Al acercarnos a la Conferencia General, quiero deciros que en la sesión del sacerdocio, seremos tan directos con los hermanos como lo hemos sido con vosotras, pues nuestro consejo para ellos será similar.»

Ahora deseo cumplir con aquella promesa que hice a las hermanas, al hablaros a vosotros, hermanos.

Hemos sido tremendamente bendecidos con mujeres especiales, mujeres que tienen una profunda y duradera influencia sobre nosotros. Sus contribuciones han sido y son importantes, y serán de valor imperecedero para nosotros.

Nuestras esposas, madres, hijas, hermanas y amigas, son todas hijas espirituales de nuestro Padre Celestial. Espero que tengamos esto siempre presente, mis hermanos, especialmente en la forma que las tratemos. Entre las hermanas de esta dispensación, se encuentran muchas de las más nobles hijas de nuestro Padre Celestial. Recordemos siempre que Dios no hace acepción de personas, sino que nos ama a todos, mujeres y hombres, varones y niñas, con un amor perfecto.

Como decía el presidente Harold B. Lee frecuentemente:

«La obra mayor que podéis llevar a cabo en la Iglesia se encuentra dentro de las paredes de vuestro propio hogar.» Seguir leyendo

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La administración de la Iglesia

Conferencia General Octubre 1979
La administración de la Iglesia
Por el presidente N. Eldon Tanner
De la Primera Presidencia

N. Eldon TannerMis hermanos, siempre me siento conmovido al encontrarme frente de una audiencia formada por hombres que poseen el Sacerdocio de Dios, que es el poder que El ha dado al hombre para actuar en Su nombre, en el oficio que posea. Me asusta pensar en el enorme poder que existiría, si cada hombre que posee el sacerdocio viviera de acuerdo con las enseñanzas del evangelio v los convenios que ha hecho con el Señor.

El Sacerdocio Aarónico fue restaurado en estos últimos días por Juan el Bautista, quien colocó las manos sobre la cabeza de José Smith para conferírselo; el Sacerdocio de Melquisedec, como sabéis, fue conferido a José Smith y Oliverio Cowdery mediante la imposición de manos de Pedro, Santiago y Juan. Cada uno de vosotros, o posee el Sacerdocio de Melquisedec, o se está preparando para recibirlo. Quisiera repetiros el juramento y convenio de este sacerdocio:

«Porque los que son fieles hasta obtener estos dos sacerdocios de los que he hablado, y magnifican sus llamamientos, son santificados por el Espíritu para la renovación de sus cuerpos.

Llegan a ser los hijos de Moisés y de Aarón y la simiente de Abraham, la Iglesia y el reino, y los elegidos de Dios.

Y también todos los que reciben este sacerdocio, a mí me reciben, dice el Señor;

Porque el que recibe a mis siervos, me recibe a mí;

Y el que me recibe a mí, recibe a mi Padre;

Y el que recibe a mi Padre, recibe el reino de mi Padre; por tanto, todo lo que mi Padre tiene le será dado.

Y esto va de acuerdo con el juramento y el convenio que corresponden a este sacerdocio.

Así que, todos aquellos que reciben el sacerdocio reciben este juramento y convenio de mi Padre que no se puede quebrantar, ni tampoco puede ser traspasado.» (D. y C. 84:33-40.)

El sacerdocio es el poder más grande que existe en la tierra. Fue por este poder que la tierra fue creada y que se formaron el universo y todas las demás cosas. Esta Iglesia fue organizada por el poder del sacerdocio, mediante alguien que había sido llamado por Dios, por medio de la revelación.

Sabemos que Dios el Padre y su Hijo Jesucristo aparecieron a un joven de nombre José Smith, y que desde entonces, fue continuamente guiado por la revelación. Con respecto al establecimiento de la Iglesia, leemos lo siguiente:

«El origen de la Iglesia de Cristo en los últimos días. . . por la voluntad y los mandamientos de Dios. . .

Los cuales mandamientos fueron dados a José Smith, hijo, quien fue llamado de Dios y ordenado Apóstol de Jesucristo, para ser el primer élder de esta Iglesia.» (D. y C. 20:1-2.)

«He aquí, se llevará entre vosotros una historia; y en ella tú serás llamado vidente, traductor, profeta, Apóstol de Jesucristo, élder de la Iglesia por la voluntad de Dios el Padre, y la gracia de tu Señor Jesucristo.» (D. Y C. 21:1)

Quiero aseguraros, hermanos,  que pertenecéis a la verdadera Iglesia de Jesucristo, y que esa Iglesia está dirigida por El mismo mediante un Profeta de Dios, nuestro amado presidente Spencer W. Kimball.

Quisiera deciros algo con respecto a la forma en que funciona la Iglesia en su sede, en Salt Lake City. Frecuentemente, oímos decir que la Iglesia es una democracia, cuando en realidad, en lugar de ser gobernada por oficiales elegidos por los miembros, es una teocracia, o sea, que Dios la dirige por medio de representantes elegidos por El. Nuestro quinto artículo de fe dice así:

«Creemos que el hombre debe ser llamado de Dios, por profecía v la imposición de manos, por aquellos que tienen la autoridad para predicar el evangelio y administrar sus ordenanzas.» Seguir leyendo

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Fe en el Señor Jesucristo

Conferencia General Octubre 1979
Fe en el Señor Jesucristo
Por el élder Marion G. Romney
Consejero en la Primera Presidencia

Marion G. RomneyEl profeta José Smith denominó la «Fe en el Señor Jesucristo» como el primer principio del evangelio. (4° Artículo de Fe.)

Las Escrituras no dejan duda alguna sobre la importancia de dicha fe. En el comienzo, el Señor envió a un ángel para que le enseñara a Adán que el sacrificio que él estaba ofreciendo era ‘a semejanza del sacrificio del Unigénito del Padre. . . »

«Por consiguiente», agregó, harás cuanto hicieres en el nombre del Hijo; y te arrepentirás e invocarás a Dios en el nombre del Hijo para siempre jamás.» (Moisés 5:7-8.)

Nefi instruyo a su gente de la siguiente manera:

«… he aquí os digo que así… como el Señor Dios vive, no hay otro nombre dado bajo el cielo, mediante el cual puede salvarse el hombre, sino el de este Jesucristo…» (2 Ne. 6:20.)

Unos cuatrocientos años más tarde, el rey Benjamín declaro:

«. . . te digo que no se dará otro nombre, ni otra senda ni medio, por el cual los hijos de los hombres podrán alcanzar la salvación, sino en v por medio del nombre de Cristo, el Señor Omnipotente. » (Mosíah 3:17)

Cuando los saduceos preguntaron a Pedro y a Juan «¿Con que potestad, o en que nombre» habían ellos curado al hombre cojo…

«… Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: Gobernantes del pueblo, v ancianos de Israel:

Puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera este haya sido sanado, sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucito de los muertos, por El este hombre está en vuestra presencia sano.

Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.» (Hechos 4:7-10, 12.)

Jesucristo mismo declaró a los fariseos:

«… porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis». (Juan 8:24.)

Y en estos últimos días el Señor declaró a José Smith, el Profeta, a Oliverio Cowdery y a David Whitmer lo siguiente:

«Tomad sobre vosotros el nombre de Cristo, y exponed la verdad con circunspección.

Y todos los que se arrepintieren bautizándose en mi nombre -el cual es Jesucristo- y perseveraren hasta el fin, serán salvos.

He aquí, Jesucristo es el nombre dado por el Padre, y no hay otro nombre dado, en el cual el hombre pueda ser salvo. Seguir leyendo

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Los gobernantes del reino de Dios

Conferencia General Octubre 1979
Los gobernantes del reino de Dios
por el élder William R. Bradford
Del Primer Quórum de los Setenta

William R. BradfordMis queridos hermanos, en estos momentos me siento hondamente conmovido. Una congregación como esta, integrada por los hijos escogidos de Dios, no tiene precedente. Si no fuera porque me sostiene el poder del Espíritu, no podría soportar la conmoción que la trascendencia de esta ocasión me produce.

Deseo expresaros el profundo afecto que os profeso, mis hermanos, y deciros que la confianza que he depositado en vosotros solo se puede comparar a la que tengo en el Maestro, a quien seguimos. El conocimiento de que sois mis hermanos me hace experimentar un gozo muy grande.

Quiero que sepáis que no es mi intención criticaros; sin embargo, precisamente porque sois mis hermanos, considero que puedo hablaros clara y directamente.

El hecho de que poseáis el sacerdocio, no es asunto fortuito; es prueba de que habéis pasado por las aguas del bautismo, como asimismo, de que habéis sido entrevistados por jueces de Israel, habiendo sido hallados dignos de ser gobernantes en los asuntos de Dios; y el que mantengáis ese estado depende, como lo ha sido y sigue siéndolo, de vuestro cumplimiento de las condiciones expuestas por el Padre y su Hijo Jesucristo, en nuestra vida preexistente. En esa etapa, vosotros aceptasteis dichas condiciones, y en virtud de vuestra ordenación y de vuestra rectitud actual, las habéis aceptado en este mundo. Nada de esto ha sucedido por casualidad; es algo absolutamente serio, y lo es en tal forma, que los asuntos de Dios sobre la tierra y la salvación de todo el género humano, descansan sobre ello.

A fin de que podáis comprender más clara y cabalmente lo que significa ser gobernantes en las cosas de Dios, permitidme señalaros la parte que os toca en el gobierno de la Iglesia en tres niveles diferentes a saber, el individual, el familiar, y el regular e institucional de la Iglesia.

Vosotros, en forma individual sois la Iglesia. El Señor hizo convenio con sus hijos fieles de que estos habían de llegar a ser «la iglesia y el reino, y los elegidos de Dios» (D. y C. 84:34). Vosotros, entonces, mediante vuestra fidelidad como poseedores del sacerdocio, llegáis a ser la Iglesia Y la Iglesia será gobernada únicamente en la forma en que os gobernéis a vosotros mismos.

El principio fundamental de la verdad, aquel sobre el cual se basa todo el plan de Dios, es el del libre albedrío; cada uno de vosotros tiene derecho a gobernarse a sí mismo, y el hecho de que penséis y actuéis independientemente, es un don recibido de una fuente divina. La decisión es vuestra. No obstante, es preciso señalar que, si bien contáis con la libertad de escoger según vuestra propia elección, no contáis con la facultad de escoger los resultados de vuestras decisiones, ya que las consecuencias de lo que pensáis y hacéis son regidas por leyes: de lo bueno, resulta lo bueno; de lo malo lo malo. Como veis, os gobernáis a vosotros mismos sujetándoos a la disciplina de la ley: si sois obedientes a la ley de Dios, seguís siendo libres, progresáis y os perfeccionáis; si sois desobedientes a esa ley, os amarráis a todo lo que limita vuestro progreso, entráis en las vías del error y os volvéis indignos de asociaros con aquellos que son más limpios y puros que vosotros. Seguir leyendo

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El arte de tomar decisiones

Conferencia General Octubre 1979
El arte de tomar decisiones
Por el élder L. Tom Perry
Del Consejo de los Doce

L. Tom PerryDurante las últimas conferencias, al abandonar el tabernáculo después de la sesión del sábado por la tarde, me ha sorprendido ver las largas filas formadas por hermanos deseosos de poder entrar a la sesión del sacerdocio, aun tres horas antes de que esta comenzara. Me he detenido a conversar con algunos de ellos, y para mi sorpresa, noté que la mayoría de ellos eran jóvenes poseedores del Sacerdocio Aarónico.

Esta noche quisiera rendir homenaje a todos vosotros por vuestra devoción, sois una generación escogida, real sacerdocio, y quisiera dirigiros mis palabras en esta sesión de nuestra conferencia.

Cuando recibí la asignación de hablar en la sesión del sacerdocio, llame al élder Backman, el nuevo director del programa de Hombres Jóvenes, y le pregunté si él deseaba sugerir algún tema que considerara de especial interés para los poseedores del Sacerdocio Aarónico Unos días más tarde, recibí una nota del élder Backman con su respuesta, la cual decía lo siguiente: «La juventud se encuentra en el momento más interesante de su vida. Pronto le llegara el momento de tomar las decisiones mayores, las que moldearan su futuro, tales como ir a una misión, asistir a la universidad, escoger una profesión, contraer matrimonio, etc.». Su consejo era que hablara en cuanto al arte de tomar las decisiones correctas.

Adjunto a su mensaje se hallaba una tira cómica de unos personajes muy conocidos, «La pequeña Lulu» y su amigo Memo, en la que este contempla una bola de nieve que tiene en las manos y observando la situación, Lulu le dice: «La vida está llena de decisiones. Puedes decidir si lo deseas, tirarme esa bola de nieve, o no tirármela. Si decides tirarme la bola, te enterrare las narices en la tierra, pero si decides no hacerlo, te perdonaré la vida».

Entonces Memo, tirando la bola de nieve a un lado con un poco de disgusto en su semblante, dice: «La vida está llena de decisiones, pero yo nunca tendré la oportunidad de tomar una».

Memo está en lo correcto al pensar que la vida está llena de decisiones, pero me doy cuenta que está equivocado en la segunda parte. Las decisiones se hallan ante nosotros a cada paso. En la película El hombre y su búsqueda de la felicidad el hermano Richard L. Evans dijo lo siguiente:

«La vida nos ofrece dos de los dones más preciosos, uno de ellos, el tiempo; el otro, el libre albedrío: la libertad de comprar con nuestro tiempo lo que queramos. Tenemos la libertad de canjear nuestro tiempo por emociones. Podemos darlo a cambio de deseos bajos, podemos invertirlo en la avaricia. Con él podemos comprar la vanidad podemos dedicar nuestro tiempo a la adquisición de cosas materiales Nuestra es la libertad de escoger. Pero no pensemos que esto es una ganga, porque en ello no encontraremos satisfacción duradera.»

Al principio del Libro de Mormón se encuentra un relato acerca de una familia que tuvo que tomar graves decisiones. Sólo imaginaos que sois parte de la familia de Lehi, y que vivís en aquellos tiempos en Jerusalén, en una casa bastante cómoda y segura, rodeados de las muchas cosas buenas que la vida ofrece. Al levantaros por la mañana, vuestro padre os llama a una reunión de familia, declara que ha tenido un sueño la noche anterior, y os comunica algo sorprendente: «Tomad con vosotros vuestras tiendas de campaña y todas las provisiones que podáis cargar en vuestras espaldas. No os preocupéis por el oro y la plata y vuestras cosas de valor, no tendremos lugar para ellos. El Señor me ha mandado que partamos para el desierto». Los registros dicen: Seguir leyendo

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Enviemos misioneros a todas las naciones

Conferencia General Octubre 1979
Enviemos misioneros a todas las naciones
Por el élder Yoshihiko Kikuchi
Del Primer Quórum de los Setenta

Yoshihiko KikuchiAl hablaros hoy, pido la guía de Espíritu Santo. Mis hermanos, en nombre de los santos japoneses deseo expresar nuestro cálido sincero agradecimiento por las angélicas voces del Coro del Tabernáculo. Durante su viaje reciente a Japón y Corea, este coro fue vastamente aclamado, tanto por los miembros de la Iglesia como por los que no lo son. Ese aprecio se hizo evidente en los elogiosos comentarios de los críticos, que aparecieron en nuestros diarios más importantes. Como lo expresó nuestro amado Profeta, el presidente Kimball:

«Al inclinarnos ante el Padre Celestial y su Hijo Jesucristo, oímos una sinfonía de dulce música entonada por voces celestiales que proclaman el evangelio de paz.» (Ensign, mayo de 1974, pág. 46.)

Hermanos y hermanas, hoy también deseo expresar mi gratitud a los muchos misioneros que han ido a nuestra tierra. Cuando veo sus grandes y maravillosas obras, mi corazón rebosa de agradecimiento hacia esos padres que los han enviado, y los que actualmente hacen grandes sacrificios para que sus hijos puedan salir en misiones. Conocí en esta ciudad a una madre, que maneja un taxímetro en sus horas libres a fin de mantener a su hijo en la misión, y que habla de él con mucho orgullo.

Quisiera compartir con vosotros el relato de una experiencia misional que oí recientemente y en la cual, gracias al amor que tuvo uno de nuestros misioneros por un investigador, se produjo un milagro. Conocí a este caballero en una charla fogonera, donde él me dijo:

«Siento enorme gratitud por el Joven misionero mormón que me enseñó lo más importante en esta vida, y me ayudo a encontrar la felicidad; y quisiera extender ese agradecimiento a sus padres, que le enseñaron a vivir el evangelio. ¡Oh, élder Kikuchi, cuanto agradezco a mi Padre Celestial por este glorioso evangelio!»

Luego, con lágrimas en los ojos y mientras tomaba mi mano entre las suyas, me relato lo siguiente:

«Un día, hace ocho años, mientras regresaba del trabajo a mi casa, fui atropellado por un auto, cuyo conductor huyó sin detenerse a auxiliarme. Estuve once días inconsciente y dos años en el hospital. Cuando por fin me dieron de alta, mi esposa me había dejado y se había llevado consigo a nuestros hijos. Antes del accidente había tenido una hermosa familia; pero después, mi vida se convirtió en un total desastre; me sentía solitario y deprimido por haber perdido mi más preciosa posesión mi familia, e hice varios intentos de suicidio. Mi única entrada provenía de la beneficencia del estado; me sentía emocional y físicamente exhausto y me había convertido en un vegetal. Como no podía caminar, tenía que desplazarme haciendo rodar el cuerpo por el suelo, o arrastrándome sobre manos y rodillas. Seguir leyendo

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Nací de buenos padres

Conferencia General Octubre 1979
«Nací de buenos padres»
Por el élder A. Theodore Tuttle
De la Presidencia del Primer Quórum de los Setenta

A. Theodore TuttleEn la Iglesia tenemos una Misión Internacional presidida por el élder Carlos Asay, la que se encarga de todos los miembros de la Iglesia que residen fuera de los límites geográficos que regularmente se establecen para las estacas y misiones. En esta misión se incluye a las familias que viven en países distantes, alejados de los centros de la Iglesia. Por lo general, estas familias tienen asignaciones del gobierno, de las fuerzas armadas o trabajan para corporaciones internacionales.

Algunos ejemplos típicos de esto son: una familia que vive en la Isla de la Reunión, que está en el Océano Indico al este de África; hay otra que se compone de ocho personas que residen en Benghazi, Libia; y otra de cinco personas está en Karaehi, Paquistán. Para estas y muchas otras mas no existe una unidad organizada de la Iglesia, sino que los padres tienen que enseñar el evangelio a sus hijos. Muchas de esas familias llevan a cabo servicios de la Iglesia, que en realidad son reuniones de hogar; la madre reúne a sus pequeños y efectúan la Primaria; en este caso ella sirve como presidenta de la Primaria, Consejera, maestra… y también como conserje. Si en la familia hay hijos en edad del sacerdocio, por lo general todos los puestos del sacerdocio recaen sobre una persona: el padre; él les enseña sus deberes y vela por la familia. De hecho, en todos los lugares donde la Iglesia está completamente establecida, los líderes del sacerdocio y las organizaciones auxiliares también están tratando de lograr que los padres tomen sobre sí la absoluta responsabilidad de enseñar a sus hijos.

Muy a menudo, esas familias que viven en lugares distantes, reciben solo algunos materiales básicos de la Iglesia. Actualmente contamos con un excelente manual básico de lecciones para hombres y jóvenes y otro para madres e hijas otro manual de lecciones para los niños más pequeños y un buen manual básico titulado Principios del evangelio. Por lo general, también reciben las publicaciones de la Iglesia; tienen el Manual para la noche de hogar, y lo más importante: los libros canónicos. Las actividades se planean y se centran en los intereses familiares. Aunque los materiales didácticos sean limitados, si los padres enseñan el evangelio a los hijos, sus hogares serán tan bendecidos como cualquier otro en la Iglesia.

Todo lo que es esencial en estos hogares, también es esencial en cualquier otro; en realidad, el vivir alejados de la organización de la Iglesia puede llegar a ser una bendición, haciendo que los miembros de la familia estén más unidos, y porque en esas condiciones los padres no pueden delegar a la Iglesia lo que es su deber hacia sus hijos, vivan donde vivan. Seguir leyendo

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El idioma: un medio divino de comunicación

Conferencia General Octubre 1979
El idioma: un medio divino de comunicación
Por el élder Charles A. Didier

Charles A. DidierPadre nuestro que estas en los cielos, santificado sea tu nombre.» (3 Nefi 13:9.)

En la introducción de este ejemplo de oración dada por el Salvador mismo, se evoca un saludo de reverencia, amor y obediencia. Cada palabra ha sido elegida por su significado en particular, para inspirar nobles sentimientos, elevando nuestra alma a un nuevo nivel de comprensión. En verdad tenemos en este ejemplo una expresión y un modelo del idioma divino.

¿Qué son las palabras, las frases, los idiomas? ¿En qué manera nos afectan, a nosotros mismos, a nuestra familia, a nuestro Padre Celestial?

Una palabra, tan sólo una simple y única palabra puede causar una variedad de pensamientos e influencias; y una combinación de ellas puede expresar tanto una gran sabiduría como una gran tontería.

Con una palabra se puede expresar aprobación o negación, bendición o insulto, duda o conocimiento, amistad o enemistad. La manera en que la decimos, la entonación que le damos, pueden despertar el amor o el odio. Las palabras pueden ser ásperas, melodiosas, suavemente pronunciadas, comunes o violentas. Pueden rodar como una ola, provocar entusiasmo y brindar victoria y orgullo, tal como lo escribió Shakespeare:

«¿Quién de la muchedumbre me ha llamado? Oigo una voz más vibrante que toda la música gritar: ¡César!» (Julio César. Acto 1, escena 2). Las palabras pueden destilarse gota agota como un veneno o causar una rápida destrucción como el cáncer. Pueden ser bien articuladas o balbuceadas, pero ¡cuidado!, porque una vez que han salido de nuestros labios, no las podemos recoger. El viento se las lleva. Seguir leyendo

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José Smith, el Profeta y Vidente del Señor

Conferencia General Octubre 1979
José Smith, el profeta y vidente del Señor
Por el élder David B. Haight
Del Consejo de los Doce

David B. HaightLas verdades eternas del evangelio han sido aceptadas por un grupo continuamente creciente de creyentes en todo el mundo. Los productivos esfuerzos de nuestros misioneros, unidos a los de nuestros miembros locales, han dado como resultado el rápido crecimiento de esta Iglesia.

Hace tres semanas tuve el privilegio de recibir la asignación de establecer nuevas estacas en Lima, Perú. Nos reunimos en un coliseo con más de 7.200 santos e investigadores y después de esta gran experiencia espiritual, nos esperaban en el estacionamiento tres reporteros de un periódico, quienes nos hicieron las siguientes preguntas:

«¿Qué hacen ustedes en Lima?»
«¿Con cuántos miembros cuenta la Iglesia en Perú?»
«¿Por qué está creciendo la Iglesia tan rápidamente?»
«¿Cuáles son los planes futuros de la Iglesia?»

Luego una joven periodista me pregunto: “¿Cuál es la diferencia entre su Iglesia y las otras iglesias?»

La multitud era enorme a nuestro alrededor y nos empujaba, el tráfico bastante ruidoso y estábamos apurados a causa de nuestro horario No era aquel el lugar adecuado, ni el que yo hubiera escogido para explicar las diferencias entre la verdadera Iglesia del Señor, y las demás; sin embargo, hicimos propicia la oportunidad para explicar muy brevemente sobre la apostasía y la restauración. Les dijimos que existe mucha evidencia e historia de que hubo una apostasía de la doctrina que enseñaron Jesucristo y sus Apóstoles; que la organización de la Iglesia verdadera se corrompió y que las ordenanzas sagradas se habían cambiado para satisfacer a los hombres; que hoy hay gente buena en todo el mundo que se encuentra confundida ante las contenciones entre las religiones, con doctrinas y métodos diferentes de adoración.

Los reporteros nos escuchaban atentamente. Les explicamos que después de un largo periodo de obscuridad, hubo una restauración divina del Evangelio del Salvador; que un joven llamado José Smith fue escogido e instruido para ser el instrumento que llevara a cabo la fundación de una obra maravillosa, la cual Dios ha establecido como su Iglesia en estos últimos días. Seguir leyendo

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El don de saber escuchar

Conferencia General Octubre 1979
El don de saber escuchar
Por el élder Boyd K. Packer
Del Consejo de los Doce

Boyd K. PackerQuisiera en esta oportunidad, dirigirme a los Jóvenes en cuanto al tema de la oración, y en lo tocante a lo que acontece como resultado de las oraciones.

En la mayoría de los casos, en la Iglesia tenemos éxito al enseñar a nuestros miembros a orar. Aun a los más pequeños se les enseña a cruzar los brazos e inclinar la cabeza, y con un poco de ayuda de sus mayores, pronto aprenden a orar.

Hay una parte del proceso de la oración que quizás, al compararla con la otra, tendemos a dejar de lado; me refiero a la parte de la respuesta.

Hay ciertos elementos que se relacionan con la respuesta a vuestras oraciones, que podéis aprender mientras sois jóvenes, lo cual constituirá una gran protección para vosotros.

Hace muchos años una tarde de verano en que el naturalista John Burroughs, caminaba por un parque atestado de gente, oyó entre los ruidos de la vida urbana el canto de un pájaro. Se detuvo para escuchar más percibió que los que estaban a su alrededor ni siquiera lo habían oído, que para los demás había pasado totalmente inadvertido.

Le molesto sobremanera que las demás personas fueran insensibles a algo tan hermoso. Echo mano al bolsillo, tomo una moneda y la dejo caer. Cuando esta choco contra el pavimento, produjo un sonido no más intenso que el del canto del pájaro, y, sin embargo, muchos se volvieron; eso Si lo habían oído.

Es difícil aislar el canto de un pájaro de todos los demás ruidos de una ciudad con su agitado transitar pero uno puede escucharlo con absoluta nitidez si se capacita y predispone para ello.

Uno de nuestros hijos mostró siempre un interés especial en todo lo que se relacionaba con la radiodifusión. Cuando era pequeño, en una Navidad, su regalo fue un juego para armar su propio aparato de radio.

A medida que fue creciendo, siempre que podíamos afrontar el gasto y toda vez que lo mereciera, le fuimos regalando equipos más complejos.

Muchas han sido las oportunidades a lo largo de los años, aun hasta hace poco, en que me he sentado a su lado mientras hablaba él por radio con otros radioaficionados de regiones distantes de la tierra, y he podido oír las descargas atmosféricas que interferían con la recepción, y captar una palabra o tal vez dos, y a veces hasta más de una voz al mismo tiempo; pero, pese a ello, él podía entender sin mayores problemas, pues estaba capacitado y predispuesto para aislar las interferencias.

Muchas veces resulta difícil separar de la confusión que crea la vida, la apacible voz de la inspiración, y a menos que estéis en la sintonía correcta, no la podréis percibir.

Las respuestas a nuestras oraciones llegan de una forma sumamente queda; las Escrituras se refieren a la voz de inspiración como a un silbo apacible y delicado (1 Reyes 19:12).

Si ponéis todos vuestros mejores esfuerzos, sin duda aprenderéis a percibir esa voz.

En los principios de nuestro matrimonio, nos nacieron hijos con muy poca diferencia de tiempo entre uno y otro, y como lo saben quiénes son padres de niños pequeños, contadas noches pueden descansar ininterrumpidamente. Seguir leyendo

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Conservemos la espiritualidad

Conferencia General Octubre 1979
Conservemos la espiritualidad
Por el presidente Marion G. Romney
De la Primera Presidencia

Marion G. RomneyMis queridos hermanos, pido que el Espíritu del Señor este conmigo mientras os dirijo mi mensaje. Para mi discurso he escogido el tema: «Conservemos la espiritualidad». Este tema vino a mi mente mientras pensaba en la amonestación de Jacob, hermano de Nefi:

«Tened presente que ser de ánimo carnal es muerte, y ser de ánimo espiritual es vida eterna.» (2 Nefi 9:39.)

El presidente McKay definió la espiritualidad como «la seguridad de haber triunfado uno sobre sí mismo, y la comunión con lo infinito». «La espiritualidad», dijo el, «nos impulsa a vencer las dificultades y a adquirir cada vez más fortaleza. Una de las experiencias más sublimes de la vida es sentir uno que sus facultades se desarrollan y que la verdad ensancha el alma.» (Stepping stones to an abundant life, SLC, Deseret Book Co., 1971. pág. 99.)

Por medio del profeta José Smith, el Señor reveló la verdad de que:

«Todo espíritu es materia, pero es más refinado o puro, v solo los ojos más puros lo pueden percibir.» (D. y C. 131:7.)

Abraham dijo:

«El Señor me había mostrado a mí, las inteligencias que fueron organizadas antes que el mundo fuese; …y Dios vio estas almas, y eran buenas… pues estaba entre aquellos que eran espíritus.» (Abraham 3:22-23.)

Estos espíritus eran progenie de Dios, quien, de acuerdo con lo que dice Juan, también es un espíritu. En uno de los escritos de Juan leemos:

«Dios es espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.» (Juan 4:24.)

Aunque el espíritu de Dios está revestido con «un cuerpo de carne y huesos, tangible como el del hombre» (D. y C. 130:22); su cuerpo no es ni temporal ni carnal, porque Él dice: «Para mi todas las cosas son espirituales» (D. y C. 29:34).

«…yo he creado por la palabra de mi poder, la cual es el poder de mi Espíritu.

. . .si, todas las cosas, tanto espirituales como temporales.

Primero espiritualmente, en seguida temporalmente, que viene siendo lo primero de mi obra; y además, primero temporalmente, en seguida espiritualmente, que viene siendo lo postrero de mi obra.

…para mi todas las cosas son espirituales; y en ningún tiempo os he dado una ley que fuese temporal…» (D. y C. 29:30-32, 34.) Seguir leyendo

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«Venid a mí…»

Conferencia General Octubre 1979
«Venid a mí…»
por el élder Mark E. Petersen
del Consejo de los Doce

Mark E. PetersenDespués de uno de sus viajes por Palestina, Jesús regreso a su ciudad natal y en el día sabático enseñó en la sinagoga.

Aquellos que le escucharon se asombraron de su doctrina, mas también se sintieron ofendidos. Él había sido su vecino y ahora pretendía predicarles.

Dijeron:
¿No es este el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas?» (Marcos 6:3.)

Jesús se afligió ante el rechazo, y «estaba asombrado de la incredulidad de ellos» (Marcos 6:6). Fue en esta ocasión que declaro: «No hay profeta sin honra sino en su propia tierra, y entre sus parientes, y en su casa». (Marcos 6:4.)

Pero no fue rechazado solo en Nazaret. A1 final de su ministerio parecía que casi todo el país estaba en su contra.

Mientras reflexionaba en la forma en que había sido rechazado en Jerusalén, miró hacia la ciudad y exclamó:

«¡Jerusalén, Jerusalén! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!» (Mateo 23-37.)

Y, entonces profetizó el resultado de este rechazo, una consecuencia trágica que los judíos acarrearían sobre sí mismos. Dijo: «He aquí vuestra casa os es dejada desierta» (Mateo 23:38).

¡Y que desolación hubo! Cuando las legiones romanas saquearon la Tierra Santa unos años después, y asolaron Jerusalén, la catástrofe fue tal que se cumplió fielmente la profecía del Señor cuando dijo:

«Porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá.» (Mateo 24:21.)

Tal como la describe el historiador Josefo en sus anales, después de casi 2000 años, aun nos horroriza el contemplarla.

Una y otra vez, generación tras generación, conforme Israel rechazaba a los profetas, se volvía pagano adorando a dioses ajenos, y al hacerlo atrajo sobre si la desolación tal como había sucedido con sus descendientes cuando rechazaron a Cristo. Las doce tribus fueron sometidas a la esclavitud, y aunque dos regresaron, aun así quedaron sujetas al Imperio Romano. Las diez tribus se perdieron para el resto del mundo, y nuevamente vimos que el fruto de la rebelión fue la desolación.

¿Y que aprendemos de todo esto? ¡Aprendemos que ningún pueblo puede rebelarse contra Dios y vivir! Toda nación sentirá el peso del castigo si vuelve la espalda al Rey de los Cielos y viola sus leyes eternas.

Mientras estudio estas cosas en las Escrituras, contemplo la situación por la que atravesamos hoy día. ¿Nos hallamos en la misma categoría que los de la antigüedad? ¿Acepta o rechaza nuestro mundo moderno a Jesucristo? Y si lo rechazamos, ¿nos espera la perspectiva de la desolación? Seguir leyendo

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Escuchad la voz del Profeta

Conferencia General Octubre 1979
Escuchad la voz del Profeta
por el élder William G. Bangerter
de la Presidencia del Primer Quórum de los Setenta

William G. Bangerter«Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.» (Hebreos 1:1-2.)

Uno de los propósitos principales de esta Conferencia General de la Iglesia es para anunciar otra vez que Dios ha llamado a un Profeta, por medio de quien declara Su voluntad a los habitantes de la tierra. Esto significa que el Profeta no solo es enviado a aquellos que aceptan sus palabras, como los miembros de la Iglesia, sino que también habla en el nombre de Dios a todo el género humano. Tal como lo declaro un profeta de la antigüedad:

«Oíd, cielos, y escucha tú, tierra; porque habla Jehová.» (Isaías 1:2.)

El Profeta ha sido enviado particularmente a vosotros, los que no creéis en Dios o en los profetas. ¿Os gustaría saber lo que él dice? Dice que en estos postreros días Dios ha restaurado el evangelio en toda su plenitud y desea hacer un convenio nuevo con todos los habitantes de este mundo; dice que Jesucristo volverá en breve a la tierra para salvar y juzgar al mundo, y que todos debemos prepararnos. Estas son noticias aterradoras, ya sea que las creáis o no.

Lo interesante en cuanto a los profetas, es que la mayoría de las personas no los escuchan y es esa la n razón por la cual muchas veces estos hombres de Dios parecen impacientarse o irritarse. Así es precisamente como se siente el Señor hacia nosotros cuando no lo escuchamos; es la misma forma en que reaccionáis vosotros cuando vuestros hijos no os escuchan.

Sabemos que algunos de vosotros decís que no creéis en Dios. Algunos de vosotros aun habéis sido tan imprudentes como para decir que no hay Dios; esas afirmaciones llevan nuestro interés hacia algunas interrogantes. ¿Creéis que vuestra incredulidad surte algún efecto? Dios no dejará de existir simplemente porque vosotros no creáis en El. Según se informa, cuando a Galileo se le obligó a declarar que la tierra no giraba, el respondió: «Y. sin embargo, se mueve». Quizás tengáis razón en decir que Dios no es el personaje del que se os ha hablado; pero,  ¿cómo podéis saber que no existe? ¿Os lo ha revelado El? ¿Habéis estado en Su presencia para estar seguros de ello? Todo lo que verdaderamente sabéis es que no sabéis si hay un Dios, y esto es una tácita admisión de ignorancia.

Dos rusos viajaron una o dos veces alrededor del mundo en una nave espacial v declararon que habían subido al cielo y que Dios no se encontraba allí. Este es un argumento sumamente débil para un ateo; no es ni siquiera científico, y me hace recordar a un conocido de mi hermano, que tenía fama de hacer burla de todo, y que en una ocasión le dijo: «Soñé que veía a Dios y que era un caballo». El comentario de mi hermano entonces fue: «Ciertamente, para un asno eso es lógico». Seguir leyendo

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Un «libro muy extraño»

Conferencia General Octubre 1979
Un «libro muy extraño»
por el élder Gordon B. Hinckley
del Consejo de los Doce

Gordon_B._HinckleyA menudo cantamos en la Iglesia un himno cuyas palabras fueron escritas hace más de un siglo por Parley P. Pratt. (Himnos de Sión, 112.) Nos hablan del milagroso advenimiento de un libro maravilloso. Hace exactamente 150 años que ese libro fue impreso en Palmyra, Estado de Nueva York.

Permitidme relataros cómo fue que Parley P. Pratt llego a conocer el libro sobre el cual escribió estas estrofas. En agosto de 1830, siendo un predicador de la Iglesia Bautista Reformada, Parley Pratt viajaba del Estado de Ohio al de Nueva York. En Newark, dejo el barco y camino dieciséis kilómetros internándose en el campo; poco después conoció a un diácono bautista de nombre Hamlin, quien le habló de «un libro, un libro extraño, un LIBRO MUY EXTRAÑO». Ese, según le dijo, parecía que había sido escrito originalmente en planchas de oro o bronce, por una de las ramas de las tribus de Israel; y se decía que había sido descubierto y traducido por un joven de las proximidades de Palmyra, en el Estado de Nueva York, por medio de visiones, o de la ministración de ángeles. Parley Pratt continua el relato de este incidente de la siguiente forma:

«Le pregunte a Hamlin como o donde se podía obtener el libro, y me respondió prometiéndome que averiguaría y me lo comunicaría al día siguiente… A la mañana siguiente fui a verlo a su casa, donde, por primera vez, mis ojos vieron E L LIBRO DE MORMÓN, ese libro de libros . . . que fue el medio principal, en las manos de Dios, por el cual cambio por completo el curso de mi vida futura.

Lo abrí con sincero interés y procedí a leer el prólogo. Luego leí el testimonio de varios testigos en cuanto a la manera en que fue encontrado y traducido, y una vez completada esa lectura comencé con el contenido. Leí durante todo el día; el tener que detener mi lectura para alimentarme, significaba un verdadero sacrificio; no tenía ningún deseo de comer, ni tampoco de dormir cuando llegaba la noche, pues prefería seguir leyendo.

Mientras leía, el Espíritu del Señor descanso sobre mí, y supe y entendí que el libro era verdadero, de forma tan simple y manifiesta como un hombre sabe y comprende que el mismo existe…» (Autobiografía de Parley P. Pratt, 3ra. edición, Deseret Book Co., 1938, págs. 36-37.) Seguir leyendo

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Cumplamos con nuestra preparación personal y familiar

Conferencia General Octubre 1978
Cumplamos con nuestra preparación personal y familiar
Elder H. Burke Peterson
Primer Consejero en el Obispado Presidente

H. Burke PetersonHermanos, el presidente Kimball ha bosquejado hoy para nosotros normas de conducta de acuerdo con el tema titulado: «Preparación personal y familiar». Cada uno de los principios presentados, es básico, y debe tener aplicación directa en la vida de cada persona y miembro de la familia en la Iglesia. Las necesidades individuales varían de acuerdo con las circunstancias de cada uno de nosotros, las situaciones personales cambian con el correr de los años. Por lo tanto, debemos evaluar constantemente nuestras necesidades y enmendar nuestro rumbo cuando sea necesario. Nuestra habilidad para evaluar y fortalecer nuestros puntos débiles determina en gran parte, nuestro progreso eterno. Lo que constituye una necesidad para una persona, no necesariamente se aplica a otra. Ahora quisiera daros algunos ejemplos de lo que quiero significar.

Mi esposa y yo tenemos cinco hijas. Para fortalecer nuestra preparación espiritual, durante años hemos tenido la costumbre de leer las Escrituras diariamente en nuestro hogar. Hace quince años, cuando nuestras hijas todavía estaban en casa, nos levantábamos a las 6:15 de la mañana, cuando todo estaba tranquilo, y estudiábamos las Escrituras. Hoy continuamos nuestro estudio con nuestra hija de trece años, sólo que nuestro sistema ha cambiado. Además de leerlas juntos durante nuestra noche de hogar y los domingos, ahora tenemos un nuevo programa de lectura diaria.

En el costado del refrigerador hemos colocado una gráfica con los números del I al 30. Cada número representa días consecutivos para leer las Escrituras, y cada miembro de la familia es responsable de leer un capitulo diariamente y anotar su progreso en dicha gráfica, que está a la vista de todos; si a alguien se le pasa un día sin leer, es necesario que empiece de nuevo a hacer las anotaciones de lectura para poder tenerlas en forma consecutiva. Con este plan, uno es más responsable de sus propias acciones; y además, todos sabemos que si toda la familia tiene éxito en este plan durante un periodo de treinta días consecutivos, nos aguardara a todos una feliz sorpresa. Ninguno de nosotros quiere ser el causante de negar a los demás esa recompensa especial, y esta unión es particularmente motivadora para una niña de trece años.

En el lugar donde conservamos nuestro abastecimiento para un año, hay un cartel que dice:

»Almacén de la familia Peterson». Sin embargo, nuestro programa de abastecimiento para un año no es el mismo de hace quince años, cuando éramos dos adultos y cinco hijas; ahora, nuestro almacenamiento refleja las necesidades de una familia que se compone de dos adultos, una hija y varios visitantes.

Nuestro programa de salud física también ha cambiado. Antes, cuando nuestras hijas eran más jóvenes y estaban juntas, se hallaban involucradas en muchos programas de educación física. Ahora es importante que unos padres ya mayores, logren que su hija de trece años participe en deportes. En aquellos tiempos nuestras hijas competían entre sí; ahora el partido de tenis se realiza con el padre de un lado y la madre con la hija del otro lado.

Mi compromiso de salir a correr diariamente, que ha sido un hábito por quince años, sigue siendo parte de mi vida, aunque me es cada vez más difícil.

Al cambiar las condiciones familiares y al ir madurando, nos damos cuenta de que todavía existe una gran necesidad de las expresiones de cariño. Todavía existe la necesidad de tener entrevistas regulares entre padres e hija. Un padre y su hija de trece años todavía necesitan salir alguna vez durante el verano, a divertirse juntos en un parque de diversiones. Aun la comunicación entre esposos debe ser vigorizada. Todas estas cosas existirán para siempre y se debe cumplir con ellas. Entonces, este es mi mensaje: No podemos progresar sin cumplir con nuestra propia preparación personal y familiar. La preparación no es estática, sino que es algo que esta constantemente cambiando. No conozco ninguna situación en la vida en la que no sea necesaria la preparación. Espero que este programa sea para el beneficio y bendición de nuestras familias. El poco tiempo que nos queda para prepararnos para las eternidades es de mucho valor y no podemos malgastarlo. De esto doy testimonio en el nombre de Jesucristo. Amen.

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