Para bendecir al individuo

Conferencia General Octubre 1979
Para bendecir al individuo
Por el obispo Victor L. Brown
Obispo Presidente de la Iglesia

Victor L. BrownRuego que las palabras que pronuncie esta mañana tengan cabida en el corazón de todos los que las escuchen.

Los Servicios de Bienestar, por su misma naturaleza, abarcan gran parte del cotidiano vivir, razón por la cual el presidente Kimball los ha definido como el «evangelio en acción». Entonces, dado que el evangelio es un medio del cual el individuo se vale al esforzarse por alcanzar su exaltación, los Servicios de Bienestar, necesariamente, vienen a constituir ese medio.

Como habéis de saber, el Obispado Presidente tiene la responsabilidad de administrar muchos de los asuntos temporales de la Iglesia entre ellos se incluye el supervisar las operaciones del Sistema de Depósitos de Provisiones de los Servicios de Bienestar. Ahora, aun cuando esto abarca una gran variedad de actividades y responsabilidades, creo que el deber más importante que tenemos con respecto al mismo, es el de asegurarnos de que, esencialmente, este gran proyecto se concentre en cada persona, en la que da y la que recibe, para que todos puedan ser bendecidos, elevados e inspirados.

Cuanto mayor conocimiento adquiero con respecto a los esfuerzos de los diversos gobiernos y otras organizaciones en el campo de la beneficencia social muchos de los cuales tienen los más elevados propósitos, más crece mi admiración por el método del Señor para bendecir a aquellos que se encuentran en necesidad, ayudándoles a que se ayuden a sí mismos. Me siento orgulloso y complacido al veros a vosotros, los líderes locales del sacerdocio y la Sociedad de Socorro, de diversas partes del mundo, concentrar vuestra atención por medio del programa de los Servicios de Bienestar, en cada persona, en forma individual. Muchas escenas se me representan en la mente, las cuales se repiten en un barrio tras otro, en toda la Iglesia. Con los ojos de la imaginación veo a un obispo entrevistando de un modo delicado y confidencial, a una persona acogida al programa de bienestar; veo, asimismo, al presidente de un quórum que visita el hogar de uno de los miembros que acaba de perder su trabajo; veo a una maestra visitante llevando una comida a una familia de niños pequeños cuya madre se encuentra hospitalizada; y a un miembro del sumo consejo de una estaca instando a una hermosa joven lamanita, a que siga adelante en el programa de colocación de estudiantes indios, a pesar de las muchas dificultades vividas durante el primer mes en el nuevo establecimiento de enseñanza secundaria.

En todos esos casos, los líderes de la Iglesia se interesan en lograr tres cosas:

Primero, comprender el problema.

Segundo, encaminar a la persona hacia la resolución del problema, prestándole ayuda para que se dé a sí misma.

Tercero, instar a la persona a adquirir una relación más estrecha, con el Señor. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , | Deja un comentario

El sacerdocio administra los Servicios de Bienestar

Conferencia General Octubre 1979
El sacerdocio administra los Servicios de Bienestar
Por el élder J. Thomas Fyans
Del Primer Quórum de los Setenta

J. Thomas FyansEs una bendición que el dulce espíritu de la Sociedad de Socorro nos acompañe en este gran esfuerzo samaritano, con su sensibilidad especial enviada del cielo.

La hermana Smith mencionó los consejos del sacerdocio. Para ayudar en la administración de los asuntos de la Iglesia, se han organizado estos consejos a nivel de área, región, estaca y barrio. Para que sean eficaces, es necesario que representen todos los programas de la Iglesia para que así exista un cuerpo de correlación, coordinación y resolución a todos los niveles adecuados. Estos consejos, organizados y funcionando apropiadamente, aseguran un acercamiento unificado hacia la obra eclesiástica y temporal de la Iglesia para las bendiciones de los individuos y de las familias.

Al usar las normas y pautas aprobadas, el consejo de área revisara anualmente, las planificaciones que detallan los principales objetivos para esa área, y las presentara para su aprobación.

Esta mañana quisiera referirme especialmente a la importante función del programa de bienestar en estos consejos como parte de la administración del sacerdocio en los Servicios de Bienestar.

La Primera Presidencia ha aconsejado a los líderes del sacerdocio desarrollar cuidadosamente y con oración, un plan para fomentar la autosuficiencia de las unidades de la Iglesia. Esto es importante cuando se enfrenta la necesidad de cambios, el crecimiento rápido de la Iglesia, la incertidumbre de los tiempos modernos y el mandamiento del Señor a la Iglesia con respecto al cuidado de los miembros necesitados (D. y C. 52:40.)

La planificación, básica de los Servicios de Bienestar es el proceso de: 1) desarrollar un plan para enseñar los principios del evangelio y las practicas relacionadas con los Servicios de Bienestar; 2) reconocer las necesidades de los pobres y afligidos; y 3) programar los recursos para cubrir esas necesidades.

Cuando se implante completamente el plan, existirán en el área los elementos del Sistema de Recursos del almacén del obispo necesarios y de acuerdo con variadas condiciones, para asistir a los obispos cuando tienen que enfrentarse a las necesidades de los pobres y afligidos.

Las Escrituras nos lo recuerdan:
«Y recordad en todas las cosas a los pobres y necesitados, los enfermos y afligidos, porque el que no hace estas cosas no es mi discípulo.» (D. y C. 52:40.)

Estamos muy complacidos con los informes iniciales que hemos recibido referentes a la forma en que están procediendo en esta planificación. No se espera que todas las áreas proporcionen todos los elementos del Sistema de Recursos de Almacén del obispo, ni esperamos que todas las áreas estén en el mismo itinerario de planificación. Dada la diversidad geográfica, la diferencia en agrupaciones de miembros y la variedad de otras prioridades en la Iglesia, que hacen impacto en las diferentes áreas dadas, algunos consejos necesitaran más tiempo para la preparación de sus planes que otros. Dependemos del Administrador Ejecutivo, en consulta con los oficiales temporales para controlar la velocidad, el alcance y la calidad de estos esfuerzos de planificación maestra. Sabemos que el Señor os inspirara en la planificación de aquellas actividades cuyo objetivo sea cubrir las necesidades en vuestras áreas. Os aconsejamos reflexionar concienzudamente para que así el producto final pueda guiaros a la implantación de los Servicios de Bienestar para los años futuros. Un buen plan facilitara el aumentar los fondos de una manera ordenada y en un tiempo adecuado, y facilitara también la distribución del tiempo de los miembros en forma apropiada para equilibrar la aplicación de todos los programas y actividades de la Iglesia. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , | Deja un comentario

El papel de la Sociedad de Socorro en los consejos de sacerdocio

Conferencia General Octubre 1979
El papel de la Sociedad de Socorro en los consejos de sacerdocio
Por la hermana Barbara B. Smith
Presidenta de la Sociedad de Socorro

Barbara B. SmithHemos terminado de escuchar la hermosa letra de la canción «El trabajo de amor» del drama teatral «Por medio de Elizabeth». El mensaje de la obra y de esta canción, traen a mi memoria las palabras del profeta José Smith:
«. . . porque es natural en la mujer tener sentimientos de caridad y benevolencia».

«Y ahora os halláis en posición tal que podéis obrar de acuerdo con aquellas simpatías  que Dios ha plantado en vuestro seno.» (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág 276)

La razón fundamental que motivó la organización de la Sociedad de Socorro, fue que las hermanas pudieran trabajar juntas para ampliar la obra del obispo en el cuidado de los santos, y de este modo ayudar a edificar el reino de Dios.

En la última conferencia general, el presidente Benson explico un plan según el cual el gobierno de la Iglesia seria fortalecido por medio del funcionamiento de los consejos del sacerdocio.

Al solicitarme la Primera Presidencia que participara en esta reunión, me pidió que explicara el papel de la Sociedad de Socorro en los consejos del sacerdocio. Creemos que los miembros de la Iglesia, especialmente los de la Sociedad de Socorro, deben estar al tanto de las cosas que dan énfasis a la importancia del papel de esta sociedad en la Iglesia. Si bien solo un grupo pequeño de oficiales de la Sociedad de Socorro participa en los consejos, su influencia se extiende por toda la Iglesia.

Consideremos entonces:
El Comité General de los Servicios de Bienestar, es uno de los consejos principales en la promulgación de normas de la Iglesia.

La Presidencia General de la Sociedad de Socorro trabaja en este comité, de la misma manera que lo hace en su comité ejecutivo.

Por medio de la organización de la Sociedad de Socorro, llevamos a estas reuniones la posibilidad de desarrollar los programas, enseñarlos y ponerlos en práctica. Llevamos también una perspectiva nacida de la experiencia personal, y de nuestra relación con las mujeres de la Sociedad de Socorro de todo el mundo, lo cual es de gran ayuda en los asuntos de bienestar. Por ejemplo:

Hace algún tiempo, una presidenta de una Sociedad de Socorro de estaca que trabaja en el comité directivo de un almacén del obispo, nos informó que los envases del Plan de Bienestar no tenían las instrucciones completas para el uso conveniente del producto; menciono una harina especial que contenía algunos ingredientes básicos para hacer pan. Siguiendo las instrucciones del paquete, el pan salía duro y pesado; pero agregando a la misma preparación un poco de leche y manteca vegetal quedaba suave y crocante. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , | 2 comentarios

Dame, pues, ahora este monte

Conferencia General Octubre 1979
Dame, pues, ahora este monte
Por el presidente Spencer W. Kimball

Spencer W. KimballMis queridos hermanos y hermanas: ¿Hay alguien aquí que no conozca al hermano LeGrand Richards, quien acaba de hablarnos? ¿Hay alguien que no sepa lo maravilloso que es el cómo misionero? Cuando yo formaba parte de la presidencia de una estaca en Arizona, fue el hermano Richards a visitarnos y después de habernos aconsejado extensamente, viajamos juntos a Miami, un pueblo de Arizona, para terminar con nuestras conferencias y hablamos del evangelio toda una tarde. No sé si él lo recordara o no. pero me impresiono mucho esto.

Hace poco la Primera Presidencia y algunas de las otras Autoridades Generales fuimos a una conferencia de área en Nuevo México y tuvimos un contratiempo; uno de los aviones que necesitábamos abordar tenía problemas, y tuvieron que solicitar los repuestos a Denver. Mientras esperábamos, el hermano Richards empezó a conversar con el piloto y una de los aeromozas y a hablarles sobre el evangelio. Esa es la clase de misionero que es él.

Estamos muy contentos y agradecidos al hermano Richards, y a las demás Autoridades Generales que han sido tan fieles, tal como lo mencionó él en su discurso.

¡Esta ha sido una gloriosa conferencia! Siempre me siento elevado por estas experiencias. A todos nos ha beneficiado estar aquí. Estoy agradecido por las palabras de los hermanos que han hablado; el Señor ha contestado sus oraciones, en las que le pidieron ayuda, tanto para prepararse como para hablar.

Deseo expresar mi agradecimiento a todos vosotros, que habéis viajado grandes distancias para venir. . . algunos con gran sacrificio e inconvenientes. Os agradecemos vuestra devoción y pedimos al Señor que os bendiga con la capacidad de recibir en vuestro corazón los mensajes que habéis oído, y que perduren en vosotros por mucho tiempo después que hayamos dicho nuestro último «amen».

Comprendemos que es mucho lo que depende de vosotros, como líderes, al regresar a trabajar con los hermanos de vuestras estacas y barrios, así como en vuestro propio hogar.

Deseo referirme a la gran historia del éxodo de los hijos de Israel, desde Egipto hasta la Tierra Prometida. En esa historia se halla el relato de un hombre especial, que me conmueve, me motiva y me inspira. Su nombre era Caleb. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , | 1 comentario

El don del Espíritu Santo

Conferencia General Octubre 1979
El don del Espíritu Santo
Por el élder LeGrand Richards
Del Consejo de los Doce

LeGrand RichardsHumildemente ruego que el Espíritu del Señor me ayude mientras os hablo acerca de una declaración hecha por el profeta José Smith, cuando visito al entonces Presidente de los Estados Unidos, Martin Van Buren. Este le pregunto al Profeta cuál era la diferencia entre su Iglesia v las demás iglesias del mundo, y José Smith le contestó:

«Nosotros tenemos la forma correcta del bautismo y el don del Espíritu Santo por la imposición de manos, y consideramos que eso incluye todos los otros asuntos importantes.» (History of the Church 4:42.)

Quisiera mencionar algunas cosas que nosotros tenemos por obra del Espíritu Santo, el cual, como miembros de la Iglesia, recibimos por imposición de manos de quien tiene la autoridad para conferirlo. Creo que el don del Espíritu Santo es tan importante para el hombre como lo son el sol y el agua para las plantas. Si se les privara de estos elementos, las plantas morirían. Si se eliminara el Espíritu Santo de la Iglesia, no sería diferente de ninguna otra Iglesia, esto se pone de manifiesto en muchas formas, en la vida y la devoción de los miembros de la Iglesia.

Recientemente durante una conferencia de área en Toronto, el primer ministro de Canadá le dijo al presidente Tanner: «No comprendo cómo pueden ustedes hacer que su gente haga tanto, sin pagarles». Y es cierto; cuando pienso en lo que nuestra gente hace sin remuneración monetaria, lo considero algo extraordinario.

En el caso de las Autoridades Generales, cuando son llamadas a esa posición, nada se les dice de que habrán de recibir ningún tipo de subvención para vivir.

Recuerdo una oportunidad en que fui a Washington. Poco después que el presidente Benson fue llamado como uno de los Doce y cuando todavía no había viajado a Salt Lake City para ser ordenado y apartado. Siendo yo el Obispo Presidente, asistí a una conferencia de su estaca, donde él me pregunto: «Obispo, ¿existe alguna disposición que nos asegure un estipendio mientras servimos como Autoridades Generales?» A lo que le conteste que existía una pequeña asignación, pero que tendría que disponerse a vivir en forma un tanto diferente de lo que lo había hecho hasta entonces, a menos que tuviera algunos ahorros. Mientras trabajaba en el departamento de Agricultura de los Estados Unidos, el recibió una oferta de trabajo con una remuneración tremenda, pero la rechazo para venir aquí y ser miembro del Consejo de los Doce, sin ninguna seguridad de que dispondría de una asignación mensual. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , | Deja un comentario

Hemos de ir con nuestros niños y con nuestros viejos

Conferencia General Octubre 1979
Hemos de ir con nuestros niños y con nuestros viejos
Por el élder Hugh W. Pinnock
Del Primer Quórum de los Setenta

Hugh W. PinnockHace varios años, al viajar a Pittsburgo, Pennsylvania, me senté al lado de un ministro de una importante iglesia protestante, y como el vestía su ropa eclesiástica, lo identifiqué fácilmente. Después de presentarme como miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los últimos Días, él me preguntó: «¿Sabe usted de que hablamos los ministros de mi iglesia cuando nos reunimos? Acerca de los mormones; vemos a jóvenes y ancianos, niños y adolescentes, a matrimonios jóvenes que llenan sus capillas; y todos parecen sentirse muy a gusto en las reuniones de la Iglesia». Yo le expliqué cuánto nos interesan las personas de  todas las edades.

Esa experiencia me hizo recordar los obstáculos que encontró Moisés para persuadir al Faraón de que dejara salir de Egipto al pueblo de Israel. Una plaga siguió a otra, hasta que por último, el soberano Egipcio cedió. Ante la amenaza de la plaga de langostas, convino en que fueran los varones, si Moisés dejaba a las mujeres, los niños y los ancianos en Egipto. (Éxodo 10:3-11.) Pero Moisés insistió en que todos debían irse; le dijo:

Hemos de ir con nuestros niños y con nuestros viejos, con nuestros hijos y con nuestras hijas; con nuestras ovejas y con nuestras vacas hemos de ir.» (Éxodo 10:9.)

Moisés se negó a dividir el pueblo de Dios. Todos compartieron los peligros y los riesgos, tal como lo hicieron nuestros pioneros, hace ciento treinta y dos años, durante el gran éxodo. La solidaridad entre las personas de todas las edades, es un reflejo de la forma en que Dios hace las cosas, y por eso la practicamos.

La vida no es estacionaria: Los segundos, los minutos, las horas, los días, meses y años, pasan con la misma rapidez para todos. No hay edad que pueda quedar estancada. Ninguno de nosotros puede quedarse detenido en la infancia, la juventud, la madurez o la vejez. Todos avanzamos en edad, y el ideal sería que también avanzáramos en progreso personal.

«. . .aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando», dijo Pablo, «el interior. . . se renueva de día en día.» (2 Corintios 4:16)

Al reflexionar sobre mi propia vida, experimento una profunda gratitud por las personas mayores que han influido en mí. Una tía abuela me enseñó muchísimas lecciones con su modo bondadoso y delicado. Una abuela encantadora influyo no solo en sus nietos, sino también en muchos de los amigos de estos. Un patriarca, con su recto vivir, y al dar una hermosa bendición, cambio el curso de la vida de un Joven. El élder LeGrand Richards y su poderosa voz y testimonio, ha hecho ver la verdad del evangelio a todos los que le han escuchado. Nuestro extraordinario Profeta y líder nos ha inspirado con su dedicación y extraordinario vigor.

Todos somos necesarios, todos hemos de servir. Los que tenéis experiencia y madurez, que pasasteis por la gran depresión económica, los estragos de las dos guerras mundiales, que habéis pasado del transporte del coche tirado por caballos al de los aviones supersónicos que viajan a más de dos mil kilómetros por hora, tenéis mucho que ofrecer. A vosotros, los que habéis llegado a la vejez, quisiera dirigir hoy mis palabras. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , | Deja un comentario

Si guardas mis mandamientos

Conferencia General Octubre 1979
«Si guardas mis mandamientos»
Por el élder O. Leslie Stone
Del Primer Quórum de los Setenta

O. Leslie StonePara todos nosotros es inspirador recordar las enseñanzas de nuestro Salvador y las muchas cosas maravillosas que El dejo al mundo. Vivió desde una época anterior a la historia del mundo; estuvo en el gran concilio de los cielos; ayudo a su Padre en la organización del universo y en la creación de la tierra y del hombre, esto último respondiendo a la invitación del Padre cuando dijo:

«Descendamos y formemos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza. . .» (Abraham 4:26.)

Oponiéndose al plan de compulsión que quería utilizar Satanás, El apoyo el plan del Padre por el cual se nos daba el libre albedrío, otorgándonos así la libertad de elección que tiene tan gran significado para nosotros.

E] nació lejos de la casa de sus padres, y fue acuñado en un pesebre.

Vivió en este mundo en el meridiano de los tiempos, en la Tierra Prometida.

Se dedicó a enseñar y a hacer el bien; y los hombres lo seguían, no atraídos por las riquezas del mundo, sino para obtener los tesoros de los cielos que Él les ofrecía.

El estableció un nuevo código de vida: que nos amemos unos a otros y que amemos incluso a nuestros enemigos; nos enseñó también a no juzgar, a perdonar y a dar a toda persona una segunda oportunidad.

Pensad cuán grande sería el cambio que traería sobre el mundo el hecho de que cada uno de nosotros, individualmente, y que las naciones de la tierra, pudiéramos vivir de acuerdo con ese código. Muchas veces oímos decir a las personas: «Estoy dispuesto a perdonar, pero no puedo olvidar lo que me ha hecho», lo que por supuesto significa que en realidad no han perdonado la ofensa.

En la sección 64 de Doctrinas y Convenios, versículos 8 al 11, el Señor nos dice que tenemos la obligación de perdonarnos los unos a los otros y que aquel que no perdone a su hermano será condenado porque es el peor pecador de los dos.

En Mateo, leemos sobre una instancia en que algunos de los principales abogados (doctores de la ley) de la época se acercaron a Cristo, diciendo:

«Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?
Jesús le dijo: Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.
Este es el primero y grande mandamiento.
Y el segundo es semejante: Amaras a tu prójimo como a ti mismo.» (Mt. 22:36-39.)

¿Puede una persona llegar al Reino Celestial si no ama a su prójimo como a si misma? Al dar el segundo mandamiento, Jesús dijo que este era semejante al primero, y agrego:

«De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. (Mt. 22:40.)

El Señor les dio mucha importancia, tanta, que todas las demás leyes se basan en ellos.

Hagámonos otra pregunta: ¿Puede alguien obedecer el primer mandamiento si no obedece el segundo? En otras palabras, ¿podemos amar a Dios con todo nuestro corazón, si no amamos a nuestro prójimo? La respuesta es obvia.

Juan el Apóstol dijo:
«Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?
Y nosotros tenemos este mandamiento de El: El que ama a Dios, ame también a su hermano.» (1 Juan 4:20-21.)

En el Libro de Mormón encontramos lo siguiente:
«Porque en verdad, en verdad os digo que aquel que tiene el espíritu de contención no es mío, sino del diablo que es el padre de las contenciones, e irrita los corazones de los hombres, para que contiendan unos contra otros con ira.
He aquí, no es mi doctrina agitar con ira el corazón de los hombres, uno contra el otro; sino esta es mi doctrina: que tales cosas cesen.» (3 Nefi 11:29-30.)

Con todas estas declaraciones, debería ser perfectamente claro para todos el hecho de que el Señor desea que nos amemos y perdonemos mutuamente. Todos nosotros tenemos la obligación de tragarnos el orgullo v dedicar nuestros mejores esfuerzos a arreglar cualquier disensión que podamos tener con nuestros semejantes. Como acabo de citar, en 3 Nefi dice que las contenciones son del diablo y que nuestro Padre Celestial las desaprueba. Amar a nuestros semejantes como a nosotros mismos hará que nuestra vida sea gozosa y feliz.

Cristo dedicó su vida a bendecir, sanar, restaurar, y fue siempre un pacificador. En muchas oportunidades sano enfermos, inválidos y ciegos, y hasta devolvió la vida a los muertos. Después de hacer todas estas cosas en beneficio de la humanidad, fue obligado a cargar su cruz hasta el calvario; pero, aun así, perdono a aquellos que le quitaban la vida, diciendo en el momento en que sus sufrimientos eran más intensos:

«Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.» (Le. 23:24.)

El murió para que nosotros pudiéramos vivir eternamente. En el Evangelio de Juan se encuentran registradas estas palabras que El pronuncio:

«Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mi aunque este muerto, vivirá.
Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente.’ (Juan 11:25-26.)

Él se levantó de la tumba triunfando sobre la muerte, para bendecir al mundo con la resurrección.

El evangelio nos brinda un hermoso plan de salvación. Sabemos que hemos venido a la tierra para obtener un cuerpo, adquirir conocimiento, desarrollar habilidades y carácter; también venimos para aprender a sobreponernos al mal, tratar de mantenernos fieles y firmes, y ser lo suficientemente diligentes y obedientes a los mandamientos como para ser dignos de regresar a morar en la presencia del Señor.

Al meditar en las muchas, incontables bendiciones que se nos han dado, recuerdo las palabras del rey Benjamin que se encuentran en el Libro de Mormón, cuando después de mencionar todas las que su pueblo había recibido en abundancia, dijo:

«Y he aquí, todo cuanto El pide de vosotros es que guardéis sus mandamientos. . .» (Mosíah 2:22.)

Si, ¡lo único que el Señor requiere de nosotros es que guardemos sus mandamientos! Esto parece relativamente sencillo, ¿verdad? Pero todos sabemos que no lo es, ni ha tenido el Señor la intención de que lo sea. Donde mucho se da, mucho se espera, y El espera de aquellos que lo siguen, la virtud de vencer sus debilidades e imperfecciones, y exige de nosotros la autodisciplina y el sacrificio. No, no es sencillo, pero el Señor nos ha dado muchas sugerencias e instrucciones para ayudarnos a guardar Sus mandamientos.

A algunos de nosotros quizás de vez en cuando nos parezca que determinados mandamientos son un impedimento para que seamos felices en esta vida; no es así, y en el fondo sabemos perfectamente que siempre que los obedezcamos, con la misma seguridad con que esperamos que amanezca el día después de la noche, podemos esperar las bendiciones que se han prometido a los justos y fieles. El Señor dijo:

«Yo, el Señor, estoy obligado cuando hacéis lo que os digo; más cuando no hacéis lo que os digo, ninguna promesa tenéis.» (D. y C. 82:10.)

Es posible que a veces no reconozcamos el cumplimiento de esas promesas; pero siempre se llevara a cabo.

¿Acaso nos gustaría que en el Día del Juicio se nos diga que hemos fracasado en nuestro papel, que hemos sido siervos indignos del Señor, porque no hemos sabido dar un buen ejemplo con nuestra propia manera de vivir? El Señor nos ha dejado un importante mensaje, que se encuentra registrado en Mateo:

«Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.» (Mt. 5:16.)

El no cumplir los mandamientos del Señor no solamente nos acarreara la condenación, sino que nos privará de muchas bendiciones aquí en esta; tierra, además de aquellas que son eternas y por las cuales todos luchamos. En 1 Corintios leemos lo siguiente:

«Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman.» (1 Cor. 2:9.)

Finalmente, tenemos la gran promesa, que es para todo el género humano:

«Y si guardas mis mandamientos  y perseveras hasta el fin, tendrás la vida eterna, que es el máximo de todos los dones de Dios.» (D. y C. 14:7.)

Al terminal, quisiera daros mi testimonio de que, el Padre y el Hijo verdaderamente aparecieron ante José Smith, y le dieron instrucciones pertinentes a la restauración del evangelio verdadero. También testifico que el líder hoy nos guía, el presidente Spencer W. Kimball, y sus consejeros son profetas de Dios, y que todos deberíamos seguirlos por el camino de la verdad y la rectitud.

Ruego que estos hermanos puedan ser constantemente bendecidos con inspiración, y que el Señor les conceda salud y fortaleza para llevar la pesada carga de sus responsabilidades. Y lo hago en el nombre de Jesucristo. Amen.

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , | Deja un comentario

El único camino que conduce a la felicidad

Conferencia General Octubre 1979
El único camino que conduce a la felicidad
Por el élder Richard G. Scott
Del Primer Quórum de los Setenta

Elder Richard G. Scott¿Qué opinaríais de un hombre que destrozara a hachazos un hermoso piano de cola para hacer leña, o que empleara una calculadora cara para abrir un cajón que está atascado? Tal abuso increíble de objetos valiosos es totalmente ilógico; sin embargo, hay muchos en el mundo que abusan en forma más lamentable aun de invalorables riquezas del cuerpo, la mente y el espíritu.

Si la vida os parece sin sentido ni satisfacciones; si las cosas a las cuales más aspiráis os parecen inalcanzables, o la desesperación os ha guiado por el camino equivocado, en un esfuerzo frenético por encontrar felicidad y amigos, os ofrecemos un mensaje de esperanza y consuelo.

Como este se basa en principios religiosos que actualmente no podríais comprender completamente os suplico que no lo desechéis, porque con cada fibra de mi ser sé que os traerá lo que más anheláis.

El Señor inspiro a un profeta a declarar: «Existen los hombres para que tengan gozo» (2 Ne. 2:25), es decir, para que sean felices ahora y siempre. Pero tal vez repliquéis «¿Cómo se puede encontrar la felicidad? Son muchos los consejos que se dan, pero estos son confusos, por ser expresados en términos y conceptos que no entiendo.»

Dios sabía que sus hijos se enfrentarían con esa dificultad, por lo tanto nos proveyó de una manera infalible por medio de la cual podemos reconocer el verdadero plan que debemos seguir para encontrar la felicidad.

Quisiera ilustrar este concepto por medio de un simple ejemplo. Digamos que la caja que tengo en la mano, representa el mundo. En ella escondidos imanes, uno de ellos representa la verdad y el otro el error. Estos imanes irradian una poderosa fuerza magnética que no podemos ver ni palpar, del mismo modo que no podemos ver o palpar la diferencia entre la verdad y el error. Pero si empleo otro imán que actúe como un detector, puedo identificar sin equivocarme el imán que representa la verdad puesto que estos se atraen entre sí. De igual manera puedo hallar el imán que representa el error porque en este caso se rechazan.

Cada individuo que nace en esta tierra recibe un detector o la capacidad para discernir: un don divino otorgado para ayudar a distinguir entre la verdad y el error. Lo llamamos la conciencia. Dios lo denomina el Espíritu de Cristo. Cuando nos valemos debidamente de este don, somos atraídos instintivamente hacia la verdad y apartados del error.

Satanás no quiere que hagamos uso de este don divino y por lo tanto cubre sus intenciones maléficas detrás de tentaciones difíciles de resistir. Su propósito es que nos obsesionemos con nosotros mismos y. nos compenetremos tanto en nuestro afán de satisfacer nuestros apetitos y deseos carnales, que perdamos la capacidad de discernir entre la verdad y el error. Este estilo de vida no puede ni jamás podrá proporcionarnos felicidad.

Si coloco una barrera alrededor de este imán detector, ya no puedo distinguir entre la fuerza magnética del imán que representa la verdad y  del que representa el error. Asimismo si cedemos a las tentaciones del mundo o no obedecemos los mandamientos de Dios, ya sea por la falta de fe o por la apatía, estamos construyendo barreras alrededor de la conciencia que hacen disminuir la eficacia de esta a tal grado, que se nos hace difícil y luego imposible discernir entre la verdad y el error. El Señor dio su vida para que cada uno de nosotros, mediante el milagro del arrepentimiento, pudiéramos derribar las barreras del pecado y así permitir que de nuevo nuestra conciencia recobrara la sensibilidad y otra vez pudiera discernir entre la verdad y el error.

Ahora quisiera familiarizaros con otro don divino que tiene la capacidad de ser mucho más sensible y poderoso que la conciencia. Mediante este don podemos recibir la verdad en toda su pureza para guiarnos en la vida, el consejo de Dios para resolver nuestros problemas y hasta su poder para vencer obstáculos. Me refiero al don del Espíritu Santo. Quisiera explicaros como se obtiene este valioso don, o como podéis aumentar su utilidad si ya lo poseéis. El Señor dijo: Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , | Deja un comentario

Cómo enfrentar las adversidades

Conferencia General Octubre 1979
Cómo enfrentar las adversidades
Por el élder Adney Y. Komatsu
Del Primer Quórum de los Setenta

Adney Y. KomatsuCuando era presidente de misión en Japón, hace trece años, recibí una llamada de la esposa de un joven de las fuerzas armadas, que deseaba verme; su esposo, un piloto de la fuerza aérea, había muerto recientemente en combate en Vietnam. Cuando la hicieron pasar a la oficina, me di cuenta de que abrazaba una gran fotografía. Nos sentamos para conversar y me mostró la fotografía de su esposo, un apuesto piloto con el paseo en las manos, parado orgullosamente al lado del avión de combate.

Sollozando me dijo cuanto lo amaba y que no podía creer que hubiera muerto. Continúo diciéndome que hacia solo dos años que se había convertido a la Iglesia; había conocido a su esposo cuando estaban estudiando, y él le había dado a conocer el evangelio. Más tarde, ella se bautizó y se sellaron en el templo por esta vida y por la eternidad.

Su vida con él había sido muy hermosa, con todo lo que una persona podía desear, y ambos esperaban el futuro con gran gozo y esperanza; pero todo había terminado improviso, demasiado pronto. Tenía grandes ajustes que hacer en su vida y deseaba tener la seguridad de que todo saldría bien. ¿Qué consejo le habríais dado?

El Señor ha declarado:
«Porque, de cierto os digo, bendito es el que guarda mis mandamientos, sea en vida o muerte; y en el reino de los cielos es mayor el galardón de aquel que es fiel en la tribulación.

Por lo pronto no podéis ver con los ojos naturales el designio de vuestro Dios concerniente a aquellas cosas que vendrán. . .

Porque tras mucha tribulación vienen las bendiciones.» (D. y C. 58:24.)

Al pasar por este estado de probación terrenal, adquirimos muchas experiencias. Es en estas experiencias donde a menudo nos acosan los problemas, desafíos, adversidades, aflicciones, pruebas y tribulaciones. El Señor le dijo al profeta José Smith, después de un periodo de grandes aflicciones:

«…entiende, hijo mío, que por todas estas cosas ganaras experiencia, y te serán de provecho. » (D. y C. 122:7.) Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , | Deja un comentario

El propagador mortal

Conferencia General Octubre 1979
El propagador mortal
Por el élder Thomas S. Monson
Del Consejo de los Doce

Thomas S. MonsonPrecisamente en estos días, un ejército de leñadores londinenses, se encuentra enterrando sus pesadas hachas y hundiendo sus sierras motorizadas en los otrora majestuosos olmos que supieron llenar de gracia los paseos que rodean el aeropuerto de Londres, Inglaterra.

Se afirma que algunos de los majestuosos monarcas sobrepasan los cien años de edad, y uno llega a preguntarse cuantas habrán sido las personas que en el correr del tiempo se habrán detenido para admirar su belleza, cuantos habrán descansado, bajo su sombra acogedora, cuantas generaciones de pájaros de dulce trinar habrán llenado el aire con su música, al tiempo que volaban entre las extendidas y naturalmente ornamentadas ramas.

Los patriarcales olmos yacen ahora muertos. Su fatal destino no es el producto de su avanzada edad, ni de las sequías ni los fuertes vientos que ocasionalmente azotan el área; su verdugo resulta mucho más inofensivo en apariencia de lo que los funestos resultados muestran. E1 culpable se conoce con el nombre de «escarabajo de la corteza», propagador de la plaga que afecta a los olmos. Este insecto ha exterminado bosques enteros de dichos continua sin poder ser controlada. Todos los recursos practicados hasta el momento han fracasado arboles a lo largo de Europa y América; su marcha destructora.

La enfermedad comienza con el marchitamiento de las hojas más jóvenes en la parte superior del árbol y continua propagándose hacia las ramas inferiores. A1 promediar el verano, la mayoría de las hojas se tornan amarillentas, se arrugan y caen. De pronto la vida del árbol se desvanece; la muerte se aproxima. E1 bosque se consume. E1 escarabajo de la corteza ha cobrado su terrible tributo.

¡Cuán parecido al olmo es el hombre! Ayer apenas una semilla, hoy, dando cumplimiento a un divino plan, crecemos, nos nutrimos y maduramos. Tanto la brillante luz de los cielos como las ricas bendiciones de la tierra son nuestras. En nuestro bosque llamado «familia y amigos», la vida es abundantemente remuneradora y hermosa.

De pronto, aparece frente a nosotros un siniestro y diabólico enemigo: la pornografía. A1 igual que el escarabajo de la corteza, esta es propagadora de una enfermedad mortal, la cual llamare promiscuidad perniciosa. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , | 1 comentario

El estudio de las Escrituras

Conferencia General Octubre 1979

El estudio de las Escrituras

Howard W. Hunter 1Por el élder Howard W. Hunter
Del Consejo de los Doce


Cuando seguimos el consejo de nuestros líderes de leer y estudiar las Escrituras, recibimos toda clase de beneficios y bendiciones. Este es el estudio más provechoso al que podemos dedicarnos. Con frecuencia nos referimos a la porción de Escrituras conocida como Antiguo y Nuevo Testamento, calificándola como la más grandiosa literatura del mundo.

Estos libros pueden considerarse como tratados científicos, tesis filosóficas v también como registros históricos; más si comprendemos el verdadero propósito de estas v otras escrituras, llegamos a la conclusión de que en realidad forman la literatura fundamental de la religión.

Los libros canónicos contienen las declaraciones básicas en cuanto a Dios, a sus hijos y la relación que hay entre ellos. En cada libro se nos insta a creer y a tener fe en Dios el Eterno Padre y en su Hijo, Jesucristo, y desde el principio hasta el fin de cada uno de ellos se nos llama a cumplir la voluntad de Dios y a guardar sus mandamientos.

Las Escrituras contienen un registro de la forma en que Dios se ha revelado al hombre, v por medio de ellas Dios le habla. ¿Cómo podrían existir horas más productivas que las que dedicamos a leer en los libros canónicos la literatura que nos enseña a conocer a Dios y a comprender nuestra relación con El?

El tiempo siempre es precioso para las personas ocupadas, pero al dedicar horas a una lectura infructuosa o a programas frívolos de televisión, destruimos su valor completamente.

Los hábitos en la lectura varían inmensamente. Algunos leen más rápido que otros: hay personas que leen a ratos, mientras que otras persisten en su lectura, sin parar, hasta la última página. Los que profundizan en la lectura de los libros canónicos, se dan cuenta de que para comprender las Escrituras se requiere algo más que una lectura ligera; debe hacerse un estudio cuidadoso. Es obvio que el que los estudia diariamente logra más que el que dedica muchas horas en un día, dejando pasar días enteros antes de reiniciar el estudio; y no solo debemos estudiar cada día, sino que tendríamos que apartar una hora especifica en que podamos concentrarnos sin interrupciones.

No hay nada que nos oriente mejor en la comprensión de las Escrituras que la oración, pues mediante ella podemos tener la mente abierta para hallar respuestas a nuestras interrogantes. El Señor dijo: Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , | 1 comentario

No temamos a los cambios

Conferencia General Octubre 1979
No temamos a los cambios
Por el élder Marvin J. Ashton
Del Consejo de los Doce

Marvin J. Ashton1Un joven amigo nuestro, noto que una de sus plantas tenía una raíz excesivamente grande y había comenzado a deteriorarse, y decidió trasplantarla a otra maceta más grande. Con sumo cuidado la tomo por los tallos y la colocó en su nuevo recipiente, procurando mover las raíces y la tierra lo menos posible. El novicio jardinero inicio una atenta vigilia, y para su desconsuelo, observo que la planta continuaba marchitándose. Nuestro amigo manifestó su frustración a un experto, quien se ofreció para ayudarle. Cuando se puso la planta en manos del jardinero, este la voleo, la quito de la maceta, sacudió la tierra y cortó o arrancó todas las raíces dispersas; luego la colocó de nuevo dentro de la maceta, apretando vigorosamente la tierra a su alrededor. Al poco tiempo la planta llena de nueva vida, comenzó a creer en forma saludable.

¡Cuántas veces en nuestra propia vida echamos raíces en la tierra de nuestro vivir, las cuales nos enredan al grado de que corremos el riesgo de perecer! Cuando eso acontece, tendemos a tratarnos con suma delicadeza y mostrarnos reacios a todo aquel que trate de «mover la tierra» a nuestro alrededor o «arrancar las raíces dispersas». En estas condiciones, también nosotros debemos luchar por progresar. Sin duda, los cambios son difíciles y a menudo pueden llegar a complicarnos la existencia.

El Señor no desea que su Iglesia caiga en una maraña de raíces dispersas; por este motivo se necesita la constante revelación de los profetas para que Su reino crezca. No hay nada tan necesario ni tan inevitable como el cambio mismo. Las cosas que vemos, que tocamos v percibimos cambian continuamente. La relación entre amigos, entre cónyuges, entre padres e hijos, entre hermanos, está llenas de dinámicos cambios. Existe una «constante» utilizando un término matemático que nos permite valernos de los cambios para nuestro propio beneficio, y esa constante la forman las verdades eternas de nuestro Padre Celestial que nos han sido reveladas.

No hay razón para suponer que siempre debemos seguir siendo lo que somos en la actualidad. Entre los humanos se advierte la tendencia a considerar el cambio como un enemigo; muchos nos tornamos sospechosos ante la perspectiva de cambiar, y a menudo la combatimos y resistimos antes de siquiera descubrir los efectos que dicha medida producirá. Cuando se analiza cuidadosamente el mentado cambio, puede originar las más significativas y profundas experiencias de la vida; pero tengamos siempre presente que las modificaciones que hagamos deben ajustarse a los propósitos y enseñanzas del Señor.

Cuando nos enfrentamos a la oportunidad de cambiar, y esto acontecerá siempre, debemos preguntarnos: «¿En qué aspecto de mi vida necesito mejorar?» «¿Qué es lo que ansío lograr de la vida?»

«¿Adónde quiero llegar?» «¿Cómo puedo lograrlo?» La consideración de las diferentes alternativas es un requisito previo ineludible cuando uno proyecta hacer cambios. En el plan de Dios, por lo general somos libres de escoger los cambios que habremos de introducir en nuestra vida, y siempre gozamos de libertad para reaccionar ante los cambios que sobrevengan y sean ajenos a nuestra voluntad. No tenemos por qué renunciar a nuestras libertades pero del mismo modo en que una brújula constituye un importante instrumento para el marino, también el evangelio nos señala el camino al transitar por los senderos de la vida. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , | 1 comentario

La oración a nuestro Padre

Conferencia General Octubre 1979
La oración a nuestro Padre
Por el élder Bernard P. Brockbank
Del Primer Quórum de los Setenta

Bernard P. BrockbankUn hijo de Dios no puede obtener la salvación por medio de las doctrinas y religiones fundadas y originadas por los hombres. El Señor le dice al hombre en la Biblia que sus caminos no tuvieron origen en esta tierra ni en el hombre.

«Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová.

Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.» (Isaías 55:89.)

Los pensamientos y los caminos de Dios le dan al hombre las más grandes oportunidades y bendiciones que puede obtener en esta vida.

El Señor dio al hombre su más elevada meta cuando dijo:

«Y esta es la vida eterna: que te conozca a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.» (Juan 17:3.)

Casi todos los cristianos saben que el Señor nos mandó:

«Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, y con toda tu mente. » (Mateo 22:37.)

Amar y conocer a Dios es una gran bendición, y una de las maneras en que podemos llegar a conocerlos a Él y a Jesucristo, es por medio de la oración sincera.

El Señor nos manda:

«Ora siempre, y derramare mi Espíritu sobre ti, y grande será tu bendición si, aun más grande que si obtuvieras los tesoros de la tierra.» (D. y C. 19:38.)

En la Biblia se nos dice: «Orad sin cesar.

Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.» (1 Tes. 5:17-18.)

Por medio de la oración tendremos el poder para vencer las malas influencias de este mundo y de Satanás:

«Ora siempre para que salgas vencedor; y, para que venzas a Satanás, y para que te escapes de las manos de los siervos de Satanás quienes apoyan su obra.»

Orar a Dios es una gran bendición; Jesucristo no solo nos manda orar, sino que también nos enseña cómo debemos hacerlo diciendo:

«Vosotros, pues, orareis así: Padre nuestro que estas en los cielos, santificado sea tu nombre.

Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.

Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , | Deja un comentario

La incógnita del mormonismo

Conferencia General Octubre 1979
La incógnita del mormonismo
Por el élder Bruce R. McConkie
Del Consejo de los Doce

Quisiera hablar como otro testigo de la veracidad de lo que el presidente Tanner nos ha testificado, tan elocuente y fervientemente. Tenemos algunas palabras que expresar al mundo en general. Nos dirigimos especialmente a todos aquellos con una mente indagatoria que desean escuchar una nueva doctrina, ver algún panorama diferente y desenredar (¿acaso no lo decimos así?) el misterio más grandioso del mundo religioso: el misterio del mormonismo.

Somos un pueblo particular; formamos parte de una congregación de verdaderos creyentes, somos únicos y diferentes a todos los demás; somos los santos del Altísimo reunidos en muchas naciones para edificar a Sión y para preparar al mundo para la segunda venida del Hijo del Hombre.

Nos llaman los «mormones»; muchos nos califican como una secta singular mientras proclaman: «embusteros, falsos profetas, polígamos» como solían decir; o, «racistas, en contra de la mujer, dictadores patriarcales», como ahora algunos nos llaman, o «adoradores de Adán que niegan a Cristo y su gracia», como otros falsamente claman; o cualquiera que sea la sofistería del momento que siembra las semillas del prejuicio en aquellos que de otra manera podrían aprender quienes somos y en que creemos.

Muy a menudo nos parece que estas declaraciones de mentes vacías, y aquellas de los que envidian nuestro rápido crecimiento y aumento de influencia en el mundo, y las otras voces de aquellos cuyo punto de vista social o político no auspiciamos, son solo otra evidencia de la verdad y divinidad de la obra misma. El diablo no está muerto, y así como en una ocasión elevo la voz para decir, «¡Crucifícale! ¡Crucifícale!» así también hoy grita histéricamente en contra de Su pueblo en este día.

Creemos que no es demasiado pedir en esta época de luz y libertad de palabra que se nos permita declarar quienes somos, en que creemos y por qué nuestra causa marcha hacia adelante en una forma tan maravillosa.

Nos gloriamos de que se nos conozca como un pueblo particular. Es nuestro deseo ser únicos -diferentes a los demás- porque hemos renunciado a las cosas del mundo y hemos hecho convenio de vivir vidas justas y caminar en las sendas de la verdad y la virtud.

Esperamos que de nosotros se pueda decir, como Pedro afirmo de los creyentes en su día:

«Más vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamo de las tinieblas a su luz admirable.» (1 Pedro 2:9.)

Con el debido respeto por los puntos de vista e intereses de nuestro prójimo, -cristiano o no, judío o gentil- declararemos algunas de estas cosas en las cuales creemos y sabemos que son verdaderas. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , | Deja un comentario

La obra del profeta José Smith

Conferencia General Octubre 1979
La obra del profeta José Smith
Por el presidente N. Eldon Tanner
De la Primera Presidencia

N. Eldon TannerHace muchos años en Noruega, una joven viuda que tenía dos hijos pequeños envió a un zapatero un par de zapatos para que los reparase. Cuando los zapatos, ya reparados, le fueron enviados nuevamente, le sorprendió mucho encontrar en cada uno de ellos un folleto religioso. Poco después, curiosa a causa de aquellos folletos, y con un paquete que contenía otro par de zapatos viejos, emprendió la media hora de camino hacia la tienda del zapatero.

Después que termino de hablar con él acerca de los zapatos, vaciló brevemente con una mano en el picaporte de la puerta, queriendo, y al mismo tiempo renuente a preguntar acerca de los folletos. Mientras ella vacilaba, el zapatero le dijo: «Tal vez le sorprenda oírme decir que yo puedo darle algo más valioso que las suelas para los zapatos de sus hijos».

«Usted me confunde», contesto ella. «¿Que puede darme usted, un zapatero, que sea mejor que las suelas para los zapatos de mis hijos?»

El hombre no vaciló. «Si me escucha», le dijo, «yo puedo enseñarle como encontrar la felicidad en esta vida, y prepararse para el gozo eterno en la vida futura. Puedo decirle de donde vino, porque está aquí sobre la tierra, y donde ira después de la muerte. Puedo enseñarle algo que usted jamás ha sabido: el amor que Dios tiene por sus hijos.»

Las palabras llegaron al corazón de Anna Widtsoe, cuyo esposo John Andersen Widtsoe había fallecido repentinamente el año anterior. Su hijo mayor, John Andreas, tenía seis años de edad, y su segundo hijo, Osborne, solo tenía dos meses de nacido. En el servicio funeral, la joven viuda y su hijo mayor habían estado cerca de la tumba abierta mientras escuchaban las frías palabras del servicio religioso: «Polvo eres, y al polvo volverás», que no contenían ninguna promesa de un encuentro futuro en un lugar más feliz que la tierra del hombre.

La vida de aquella mujer había sido solitaria; la inquietaban muchas preguntas espirituales a las cuales no había podido encontrar una respuesta, ni su propia religión las había podido satisfacer. Ella le hizo al zapatero una pregunta muy sencilla: «¿Quién es usted?» A lo que él respondió: «Soy miembro de la Iglesia de Cristo; se nos llama  ‘mormones’, y tenemos la verdad de Dios».

Cuando le devolvía a la viuda los zapatos reparados, siempre poma en ellos un nuevo folleto. Finalmente la curiosidad hizo que ella asistiera a una reunión de los mormones. Anna Widtsoe era una mujer inteligente, y conocía la Biblia; una vez tras otra, trato de vencer a los élderes, solo para salir ella vencida, insistía en discutir y en debatir los puntos doctrinales que no podía aceptar; y finalmente, sin quererlo, pero tras orar al respecto, se convenció de que estaba en la presencia de la verdad eterna.

Por fin, el 1° de abril de 1881, poco más de dos años después de haber oído hablar del evangelio por primera vez, fue bautizada en la Iglesia. Todavía había una capa delgada de hielo en los bordes del fiordo, y tuvieron que romperla con el fin de poder bautizarla. El agua estaba helada; sin embargo, ella declaró hasta el fin de sus días, que nunca en toda su vida se había sentido mejor ni con una mayor calidez interior que cuando salió de las aguas bautismales del fiordo de Trondheim en Noruega. La llama se había encendido para no extinguirse jamás. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , | Deja un comentario