Jamás volveré a ser el mismo

C. G. Octubre 1976
Jamás volveré a ser el mismo
por el élder J. Richard Clarke
Consejero en el Obispado Presidente

J. Richard ClarkeMis hermanos y hermanas, es imposible describir lo que mi corazón siente; lo que sí sé de cierto es que jamás volveré a ser el mismo. El hecho de ser llamado por un Profeta de Dios, y de recibir una comisión de su mano, es una experiencia única.

Y quisiera yo también reconocer a aquellos que han contribuido tanto a mi vida y me han preparado para esta experiencia. Frente a un aparato de televisión en Rexburg, Idaho, hay una pareja de ancianos, ambos mayores de noventa años, que en este momento sienten, estoy seguro, que parte de la razón de sus largos años de vida era presenciar el cumplimiento de esta hora. Expreso mi cariño a mi esposa y compañera, que siempre me ha sostenido en todo llamamiento que he recibido.

Quisiera dejar mi testimonio de que Dios ha testificado a mi alma que detrás de mí se sienta un selecto, y santo Profeta de Dios; que somos los recipientes de    una de las más grandes bendiciones en la historia del mundo, la de estar viviendo en esta época en que el Señor ha llamado a todos aquellos que quieran oír su voz, a que vengan y participen de su Espíritu y su justicia, y disfruten de paz y prosperidad dentro de su reino, aquí y en la vida eterna venidera.

Quisiera dar testimonio de que yo sé que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente, y nuestro Salvador eterno.

Y quisiera expresar mi amor y aprecio al profeta José Smith, y a todos aquellos que han dado su vida, o cuanto tuvieron, a fin de que nosotros podamos disfrutar de cata hora en esta pacífica asamblea.

Que las bendiciones del Señor desciendan sobre todos nosotros, a fin de    que podamos cumplir los rectos deseo de nuestro corazón y hacer su obra como El quiere que se haga, lo ruego en el nombre de Jesucristo. Amén.

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La obra más grande

C. G. Octubre 1976
La obra más grande
por el élder Robert E. Wells
del Primer Quórum de los Setenta

Robert E. WellsLa solicitud de… Juan de traer almas a Cristo hizo que el Salvador dijese que este apóstol había escogido la obra más grande.

El Salvador seleccionó un momento muy dramático para recalcar el valor de la obra misional. Después de haber concedido a sus apóstoles el deseo de su corazón, Pedro dijo que deseaba salir rápidamente de esta vida y estar con El en su reino; pero Juan el Amado quiso permanecer y traer almas a Cristo. Imaginemos la importancia de aquel hermoso momento en que Pedro escogió estar con Cristo en su reino en las alturas; y sin embargo, el Salvador se volvió y le dijo: «Juan mi amado, ha deseado poder hacer más, una obra más grande todavía entre los hombres. . .». (D. y C. 7.)

La obra más grande de mi vida ha sido la obra misional, la labor de evangelizar, y me siento grandemente honrado al ser incluido en este histórico Quórum misional de los Setenta.

En esta ocasión quisiera reconocer u aquellos que han representado tanto para mí en mi vida: a mi dulce compañera, que es una gran misionera y se regocija en servir al Señor; a mis hijos, a quienes amo y aprecio, y los cuales son una honra para mí y para mi esposa; a otra dulce compañera que hace tiempo ya, pasó al otro lado del velo; a los padres que honro y amo, y a un padre que también está del otro lado del velo; y al pueblo latinoamericano un pueblo de profecía y un pueblo de promesa, entre quienes he tenido el honor y el privilegio de trabajar y vivir durante más de un cuarto de siglo.

Y deseo dar mi testimonio de que nuestro Padre Celestial vive, nos ama y contesta nuestras oraciones; que Jesús es el Cristo, el Creador de este mundo, el Creador de mundos sin número, quien sufrió, murió por nuestros pecados y resucitó al tercer día, y se halla hoy a la cabeza de esta Iglesia que lleva su nombre.

Testifico que José Smith restauró el evangelio en estos postreros días, y que a nosotros, en la actualidad, nos guía y dirige un Profeta viviente del Señor, a quien ofrezco mi más cariñosa lealtad y obediencia, como lo hacen todos estos grandes hermanos que me rodean. Y lo declaro en el nombre de Jesucristo. Amén.

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Nada he perdido

C. G. Octubre 1976
Nada he perdido
por el élder S. Dilworth Young
del Primer Quórum de los Setenta

S. Dilworth YoungDesde el viernes pasado aumentó considerablemente el número de personas que se detienen al verme y me ofrecen su ayuda para caminar o subir escaleras. Os aseguro que no me he acogido a la jubilación; solamente he sido recauchutado, renovado. En varias oportunidades en que han mencionado mi nombre en tono afectuoso, he mirado alrededor preguntándome quién habría muerto.

Un amigo me dijo el viernes pasado: «¿Cómo puedes soportar lo que has perdido?» Yo le contesté: «No he perdido nada; he ganado.»

He ganado un nuevo grupo de amigos y compañeros, en un quórum que espero tenga tal unidad de propósito, que llegue a ser un estandarte de justicia ante el mundo.

He ganado siete líderes que me preceden en habilidad, fortaleza y sabiduría.

He ganado la oportunidad de servir, en lugar de dirigir. En el cumplimiento de ese servicio, mis brazos se extenderán a lo ancho del mundo, tan lejos como pueda encontrar la fortaleza para extenderlos, y tan alto como pueda llegar con la mirada.

Lo único que limita ahora mi servicio personal, y que depende de mí, es mi fortaleza física, mi habilidad mental y mi sentimiento compasivo.

He ganado un conocimiento personal y una comprensión del significado de las palabras pronunciadas en cierta oportunidad por el presidente J. Reuben Clark: «El hecho no es dónde, sino cómo habré de servir».

He ganado la oportunidad de hacer una breve pausa y medir lo que he aprendido en mi relación de muchos años con el Primer Consejo, al ver a sus miembros llevar a cabo su labor. Hay muchos hombres selectos y amigos íntimos del Consejo, con quienes he tenido el privilegio de estar asociado en la obra desde el año 1945. Todos estos hombres vivieron esperanzados, trabajaron y oraron a los efectos de que el Primer Quórum fuera organizado.

Nada he perdido.
Ahora espero ansioso, que llegue el momento de mi próxima aventura en las que volveré a beneficiarme espiritualmente.

Antes de finalizar, quisiera decir que estos cambios no se han hecho a escondidas; son justos e inspirados y éste era el preciso momento en que debían hacerse. Durante algún tiempo, pensé que vería este gran acontecimiento desde el mundo espiritual; ahora me siento agradecido por haber podido verlo encontrándome aún en la mortalidad.

Creo firmemente que cada uno de los miembros del Primer Quórum posee un talento especial para determinada obra dentro del quórum. Si puedo poner en ejercicio ese talento y cumplir bien con mi obra, estaré satisfecho.

Sé que lo que ha hecho el Profeta del Señor, es bueno y verdadero. Tengo la esperanza de continuar sirviendo como el presidente Kimball desea que lo haga. Grande será el gozo que tendré al ver a la Iglesia acelerar su obra misional, al comenzar este quórum su labor bajo la dirección del Primer Consejo.

Esta es la Iglesia de Jesucristo y con esto quiero decir que a El pertenece; El fue quien la restauró personalmente llamando al profeta José Smith para llevar a cabo la obra. Apoyo al presidente Kimball y sus consejeros, y más aún, los amo más de lo que pueden expresar las palabras. Ruego que puedan sentirse satisfechos con nuestro esfuerzo, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

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Recordar al Salvador

Julio 2016
Recordar al Salvador
Por Eric B. Murdock
Revistas de la Iglesia

Se reciben grandes bendiciones cuando recordamos a Jesucristo al participar de la Santa Cena.

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Cada semana somos bendecidos con la oportunidad de participar de la Santa Cena cuando asistimos a la Iglesia. De hecho, es una de las razones principales por la que vamos a la Iglesia los domingos. Pero, ¿saben por qué la Santa Cena es tan importante? Hay una cosa que prometemos hacer que la convierte en una de las ordenanzas más importantes y sagradas de la Iglesia: recordar a Jesucristo.

Piensen en ello; recordar al Salvador es una parte fundamental de las oraciones sacramentales. En ellas prometemos que siempre nos acordaremos de Él (véase D. y C. 20:77, 79), no solo el domingo, sino siempre. Al recordar siempre al Salvador, nuestra vida reflejará Sus normas y enseñanzas, y también hallaremos una influencia poderosa y sustentadora en la vida.

Cómo el recordar ayudó a un joven

Alma the Younger and an angelPor ejemplo, cuando un ángel de Dios llamó a Alma, hijo, al arrepentimiento, este cayó al suelo y no pudo hablar ni moverse por varios días. Durante ese tiempo lo atormentó el recuerdo de sus pecados; pero entonces se acordó de “… haber oído a [su] padre profetizar… concerniente a la venida de un Jesucristo, un Hijo de Dios, para expiar los pecados del mundo”. Después agregó: “Y al concentrarse mi mente en este pensamiento, clamé dentro de mi corazón: ¡Oh Jesús, Hijo de Dios, ten misericordia de mí que estoy en la hiel de amargura, y ceñido con las eternas cadenas de la muerte! Y he aquí que cuando pensé esto, ya no me pude acordar más de mis dolores” (Alma 36:17–19).

Solo el pensamiento de Cristo condujo a Alma a orar para pedir misericordia, lo cual disipó su culpa, alivió su dolor y lo ayudó a arrepentirse. Al igual que Alma, podemos entregar nuestra vida a Cristo y experimentar el gozo que se recibe al vivir el Evangelio. Todo empieza con la decisión de recordar a Jesucristo y el poder de Su expiación.

Aquí tienen cinco bendiciones más que se reciben al cumplir la promesa de recordar siempre al Salvador.
1. Tendremos Su Espíritu con nosotros
Al tomar la Santa Cena el domingo se les recuerda la promesa de que, si se acuerdan de Cristo, guardan Sus mandamientos y toman Su nombre sobre ustedes, tendrán siempre Su Espíritu consigo. Es fácil extraviarse en un mundo lleno de dificultades, pero si tienen el Espíritu Santo con ustedes, “… por el poder del Espíritu Santo [podrán] conocer la verdad de todas las cosas” (Moroni 10:5). El Espíritu del Señor puede ser su guía y los bendecirá con dirección, instrucción y protección. Seguir leyendo

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La ciencia y nuestra búsqueda de la verdad

Julio 2016
La ciencia y nuestra búsqueda de la verdad
Por Alicia K. Stanton
La autora vive en Utah, EE. UU.

No hay por qué preocuparse si pareciera haber un conflicto entre su comprensión del Evangelio y lo que aprenden por medio de la ciencia.

microscope¿Se imaginan ir al dermatólogo con un caso serio de acné y que les digan que el tratamiento consistirá en sacarles algo de sangre? Podría parecerles absurdo, pero algo así no habría sido inverosímil hace un par de siglos. En aquel entonces, quitar una cantidad importante de sangre del cuerpo se consideraba un tratamiento habitual para casi cualquier dolencia, incluso la indigestión, la demencia y hasta el acné. Nadie lo cuestionaba. ¿Por qué habrían de hacerlo? Después de todo, la sangría o eliminación de sangre se había utilizado durante miles de años en muchas culturas diferentes.

No fue hasta que los médicos empezaron a abordar la medicina desde un punto de vista científico que alguien cuestionó esa práctica. Cuando finalmente se examinó más de cerca, los médicos dejaron de utilizarla, salvo en algunas enfermedades específicas1.

Gracias a este ejemplo histórico vemos que solo porque una creencia se acepte ampliamente o haya existido por mucho tiempo, no significa necesariamente que sea verdadera; y vemos que la ciencia puede ser una gran herramienta para descubrir la verdad.

Para los Santos de los Últimos Días eso es algo muy importante; el conocer la verdad no solo nos da una base mejor para tomar decisiones prácticas (“Gracias, hoy no voy a necesitar una sangría”), sino que también aumenta nuestra comprensión del Evangelio. Como enseñó el presidente Brigham Young (1801–1877): “No existe verdad alguna que no pertenezca al Evangelio… Si pueden encontrar una verdad en los cielos [o] la tierra… esa verdad pertenece a nuestra doctrina”2.

El porqué versus el cómo

Obviamente, cuando hablamos de cómo la ciencia contribuye a las verdades que conocemos, debemos estar seguros de comprender qué tipo de verdad puede desvelar la ciencia y cuál no. Una manera de verlo es preguntarnos qué clases de preguntas puede y no puede responder la ciencia.

La hermana Ellen Mangrum, que estudió ingeniería química en el Instituto Politécnico Rensselaer de Nueva York, EE. UU., lo explica así: “La ciencia explica el cómo, pero no llega a explicar el porqué”; y agrega que la religión es lo que explica el porqué; como por ejemplo, por qué se creó la tierra y por qué se nos puso aquí.

El famoso físico Albert Einstein también creía que la religión y la ciencia tienen propósitos diferentes pero complementarios. Seguir leyendo

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Cómo encarar el regreso anticipado de la misión

Julio 2016
Cómo encarar el regreso anticipado de la misión
Por Jenny Rollings
La autora vive en Utah, EE. UU.

El hecho de tener que regresar antes de terminar la misión, aunque sea por razones de salud, puede ser una experiencia desoladora. Lo fue para mí. Pero puedes hacer que sea un paso hacia adelante y no un paso hacia atrás.

Mi padre estaba en viaje de negocios, de modo que la única persona que me recibió cuando salí cojeando del avión al volver de la misión fue mi madre; ella me recibió en sus brazos y lloramos juntas.

sister-missionary-returning-homeMe sometieron a todos los exámenes y análisis posibles, pero los médicos no pudieron descubrir cuál era el problema. El tener que quitarme la placa de misionera nueve meses antes de lo anticipado fue la cosa más difícil que he hecho hasta el momento; me sentí fracasada por no haber finalizado la misión.

Resuelta a ser misionera

Siempre había tenido planes de servir en una misión. Cuando mi hermano mayor se fue a la misión, para despedirlo, me puse una placa hecha en casa con mi nombre. En 2012, cuando se anunció el cambio en la edad para servir en una misión, acababa de cumplir diecinueve años y sentí que el anuncio era una respuesta a mis oraciones; me puse a bailar alrededor del cuarto, llené todos los papeles ese día, concerté las citas médicas y presenté mis papeles en el curso de la semana. Dos semanas después recibí el llamamiento para la Misión California Anaheim, y a los dos meses me presenté en el Centro de Capacitación Misional.

Llegué a la misión rebosante del fervor típico de un nuevo misionero y nunca quise aminorar la marcha; mi compañera entrenadora y yo literalmente corríamos a presentar algunas de las lecciones debido al gran entusiasmo que teníamos por enseñar. Para mí, el ser misionera de tiempo completo era la cosa más natural del mundo; a veces era un poco torpe y tenía dificultades, pero no había nada más extraordinario que ser misionera.

Cuando hacía unos ocho meses que estaba en la misión, a mis compañeras y a mí nos dieron bicicletas porque había pocos autos disponibles. Hacía mucho tiempo que no andaba en bicicleta y no estaba segura de cómo hacerlo usando falda, pero igual estaba contenta. Después de unas pocas semanas, empecé a sentir un dolor en el costado que iba y venía; no le di importancia y continué trabajando.

El dolor empezó a ser más frecuente y más intenso, hasta que una noche mi compañera tuvo que llevarme a la sala de emergencias. Me hicieron muchos exámenes, pero los médicos no pudieron encontrar la causa.

Durante las semanas siguientes, oré pidiendo al Padre Celestial que me quitara el dolor y recibí varias bendiciones de salud; no obstante, empeoré; en cualquier posición en que me pusiera sentía dolor, y era constante. A pesar de eso, decidí que me acostumbraría a sentirlo y seguí adelante. Seguir leyendo

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Honrar a Dios al honrar nuestros convenios

Julio 2016
Honrar a Dios al honrar nuestros convenios
Por el élder Joseph W. Sitati
De los Setenta

Joseph W. SitatiLas bendiciones más grandes de nuestra fe en Dios se manifiestan cuando lo honramos a Él mediante el cumplimiento de nuestros convenios.

En 1985, la hermana Sitati y yo conocimos, en Nairobi, Kenia, a un hombre llamado Roger Howard. Él y su esposa, Eileen, prestaban servicio como matrimonio misionero mayor y nos invitaron a unirnos a una pequeña congregación que se reunía en su casa. Era la primera vez que asistíamos a una reunión de miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. En aquella primera reunión sentimos el Espíritu y, desde entonces, hemos asistido a la Iglesia todos los domingos.

woman-taking-the-sacramentUnos meses más tarde, Roger nos bautizó a nosotros y a nuestro hijo de nueve años. Poco después, al finalizar su misión, Roger y Eileen regresaron a su casa. Continuamos teniendo noticias de ellos cada varios años.

A principios de 2010, la hermana Sitati y yo finalmente volvimos a ver a Roger. Para entonces, él ya casi tenía noventa años; avejentado y débil por su mala salud, se apoyaba firmemente en su andador. Al encontrarnos frente a frente por primera vez en muchos años, sentimos un gozo mutuo indescriptible. Derramamos lágrimas al abrazarnos tiernamente; sentimos una profunda gratitud el uno por el otro y por el maravilloso don del Evangelio; estábamos unidos en la fe como conciudadanos en el Reino de Dios.

Mientras disfrutaba el momento, acudió a mi mente un pasaje de las Escrituras: “Recordad que el valor de las almas es grande a la vista de Dios…

“Y si acontece que trabajáis todos vuestros días proclamando el arrepentimiento a este pueblo y me traéis aun cuando fuere una sola alma, ¡cuán grande será vuestro gozo con ella en el reino de mi Padre!” (D. y C. 18:10, 15).

Algunas de las bendiciones más grandes de Dios se prometen a quienes llevan almas a Su reino. El Salvador dijo: “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé” (Juan 15:16).

Unos meses después, ese mismo año, Roger falleció, y yo tuve la clara impresión de que era un hombre que estaba en paz con Dios. Él había influido profundamente en nuestra vida al compartir el Evangelio. Su ejemplo de servicio consagrado al prójimo, así como el del gran ejército de misioneros de la Iglesia, jóvenes y mayores, demuestra una de las maneras en que honramos a Dios.

Nuestra relación de convenio con Dios

Debido a que somos miembros de la Iglesia restaurada de Jesucristo, cada uno de nosotros tiene una relación personal y vinculante con nuestro Padre Celestial mediante los convenios. Cada convenio se ratifica con una ordenanza, por medio de la cual voluntariamente aceptamos y prometemos guardar ese convenio. Cuando ejercitamos fe en Él, Jesucristo, mediante Su expiación, nos habilita para cumplir con nuestras obligaciones respecto a cada convenio. Seguir leyendo

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La adoración en el templo: La clave para conocer a Dios

La adoración en el templo: La clave para conocer a Dios
Por el élder Marion D. Hanks (1921–2011)

Marion D. HanksPrestó servicio como miembro de los Setenta desde 1953 hasta 1992
De un discurso pronunciado en febrero de 1993 en la Universidad Brigham Young. El texto completo se encuentra en Temples of the Ancient World, ed. Donald W. Parry, 1994.

En el templo podemos aprender a vivir como Cristo vivió en la tierra y prepararnos para vivir de la manera en que Él y el Padre viven ahora.

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Recuerdo muy bien una de las primeras conversaciones sinceras e inquietantes con una participante del templo tras haber comenzado mi servicio como presidente del Templo de Salt Lake. Una reflexiva joven había leído los versículos pertinentes a la función del templo como una casa de aprendizaje e instrucción. Entendía lo suficiente como para reconocer que el conocer a Dios y a Cristo, “el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”, es “la vida eterna” (Juan 17:3). Además, sabía que aprendemos a conocer a nuestro Padre, y finalmente regresamos a Él, por medio de Cristo.

El testimonio que le di consistió en que, para mí, en definitiva, todo en el templo señala hacia Cristo y hacia nuestro Padre. La eficacia de las ordenanzas y los convenios se halla en Su amor expiatorio y Su autoridad delegada, la autoridad del “… Santo Sacerdocio según el Orden del Hijo de Dios” (D. y C. 107:3). Pero en su mente y su corazón, ella todavía no tenía una idea clara de cómo la adoración en el templo puede llegar a ser una clave crucial para conocer al Señor…

Cristo, las Escrituras, el templo y el hogar

El templo es de fundamental importancia a fin de proporcionar el contexto para purificarnos y, por lo tanto, santificarnos; lo cual, a su vez, al aprender sobre Cristo, nos lleva a obtener un conocimiento y un testimonio personales de Él que conducen a los dones más preciados de la vida.

El aprendizaje y la adoración en el templo pueden ser la universidad de la vida eterna por medio de Jesucristo. En la oración dedicatoria del Templo de Kirtland, se hizo esta petición al Señor: “… concede, Padre Santo, que todos los que adoren en esta casa aprendan palabras de sabiduría…

“y que crezcan en ti y reciban la plenitud del Espíritu Santo” (D. y C. 109:14–15). Seguir leyendo

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“Mirad a vuestros pequeñitos”: Aprender cómo enseñar a los niños

ENSEÑAR A LA MANERA DEL SALVADOR
“Mirad a vuestros pequeñitos”: Aprender cómo enseñar a los niños

“[Jesús] tomó a sus niños pequeños, uno por uno, y los bendijo, y rogó al Padre por ellos… y habló a la multitud, y les dijo: Mirad a vuestros pequeñitos” (3 Nefi 17:21, 23).

Thomas S. Monson 72016Si ustedes son padres, madres o han sido llamados para enseñar a los niños, se les ha dado un gran don. El élder M. Russell Ballard, del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “… fue a [ustedes] a quienes Dios llamó para que [rodearan] a los niños de esta época con amor y con el fuego de la fe, así como con el conocimiento de quiénes son”1.

Los niños les darán alegría y los motivarán a ser un buen ejemplo. A medida que reconozcan la fidelidad, el amor, la confianza y la esperanza de los niños, se acercarán más al Señor y entenderán mejor el mandamiento de “… [hacerse] como niños” (Mateo 18:3).

A continuación hay ocho cosas que se deben recordar sobre los niños al esforzarse por amarlos y enseñarles de la forma en que lo hace el Salvador.

1. Los niños tienden a creer fácilmente. Son receptivos a la verdad. Enséñenles la doctrina correcta en forma sencilla y clara, con palabras y ejemplos que puedan entender.

2. Los niños reconocen la influencia del Espíritu. Enséñenles que los sentimientos de paz, amor y alegría que tienen al hablar o cantar sobre Jesucristo y Su evangelio provienen del Espíritu Santo. Ayúdenlos a entender que esos sentimientos son parte del testimonio.

3. Los niños captan los conceptos de forma literal. Las metáforas complejas podrían confundirlos. Cuando les enseñen, hagan referencia a acontecimientos y actividades que les sean conocidos: el hogar, la familia y el mundo que los rodea.

4. Los niños están deseosos de aprender. Disfrutan de aprender por medio de experiencias variadas y múltiples sentidos; responden particularmente bien a las ayudas visuales y a la participación en las lecciones. Permítanles moverse, explorar y probar cosas nuevas.

5. Los niños quieren compartir y ayudar. Ellos pueden enseñarse unos a otros y a ustedes. Invítenlos a compartir lo que estén aprendiendo. Denles oportunidades de leer pasajes de las Escrituras, sostener láminas, contestar preguntas y escribir en la pizarra.

6. Los niños son afectuosos y desean ser amados. Busquen oportunidades de reafirmar el comportamiento amable y afectuoso que les resulta natural a los niños. Fortalezcan la confianza de los niños expresándoles su amor y su aprecio, y escuchando con atención a lo que ellos dicen.

7. Los niños siguen su ejemplo. Ustedes siempre están enseñando, incluso cuando no se dan cuenta de ello. Los niños notarán la forma en que viven los principios que enseñan. El buen ejemplo de ustedes puede tener una gran influencia en el testimonio que ellos estén desarrollando.

8. Los niños pequeños tienen periodos cortos de atención. Cuando ellos no prestan atención podría significar que están cansados o tienen hambre, que no entienden algo que ustedes han dicho, que necesitan moverse o que están aburridos. A los niños les gusta aprender por medio de la repetición, la variedad, los relatos sencillos, las canciones y las actividades. Anímenlos a que participen en las lecciones.

Para más ideas, véase “Cómo enseñar a los niños”, en el nuevo manual Enseñar a la manera del Salvador (en línea en enseñanza.lds.org).

¿Necesita un relato, una ayuda visual o un video para enriquecer una lección de la Primaria o de la noche de hogar pero no sabe cómo encontrarlos? ¡Visite lessonhelps.lds.org!

Thomas S. MonsonPresidente Thomas S. Monson
“Que la risa de los niños nos alegre el corazón; que la fe de los niños nos serene el alma; que el amor de los niños inspire nuestras acciones”.

Presidente Thomas S. Monson, “Nuestros queridos niños son un regalo de Dios”, Liahona, junio de 2000, pág. 9.

Nota

  1. Véase de M. Russell Ballard, “Mirad a vuestros pequeñitos”, Liahona,octubre de 1994, pág. 40.

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Como la viuda de Sarepta: El milagro de las ofrendas de ayuno

Como la viuda de Sarepta: El milagro de las ofrendas de ayuno
Por Po Nien (Felipe) Chou y Petra Chou
Los autores viven en Utah, EE. UU.

Al considerar dar una ofrenda de ayuno más generosa, recordamos que una persona no puede dar una migaja al Señor sin recibir una hogaza a cambio.

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Muchas familias alrededor del mundo tienen dificultades económicas, en especial durante tiempos de crisis financieras1. El impacto de una de esas crisis se hizo sentir en nuestro barrio local hace varios años, cuando vimos que varias familias necesitaban ayuda. A principios de ese año, nuestro obispo nos extendió una invitación que había hecho nuestro presidente de estaca de dar una generosa ofrenda de ayuno para ayudar a los necesitados.

A pesar de que nuestros líderes nos pidieron que analizáramos nuestras situaciones individuales y consideráramos si podíamos ser más generosos con las ofrendas de ayuno, no especificaron cuánto debíamos dar. Sin embargo, el Espíritu nos recordó el consejo que hace algunos años dio el presidente Marion G. Romney (1897–1988), Primer Consejero de la Primera Presidencia. Él dijo: “Creo firmemente que no es posible dar a la Iglesia y para la edificación del Reino de Dios y quedar más pobre económicamente… Una persona no puede dar una migaja al Señor sin recibir una hogaza a cambio. Esa ha sido mi experiencia. Si los miembros de la Iglesia duplicaran sus contribuciones de ofrendas de ayuno, la espiritualidad en la Iglesia se duplicaría. Hay que tener eso en cuenta y ser generosos en nuestras contribuciones”2.

Sabíamos que iba a ser un sacrificio para nuestra familia aumentar nuestras ofrendas de ayuno, pero consideramos con detenimiento la enseñanza y la promesa del presidente Romney. Como familia, habíamos sido abundantemente bendecidos y teníamos un fuerte deseo de aumentar nuestras ofrendas de ayuno.

Por otra parte, queríamos que nuestra familia superara la tendencia a ser egoísta. Debido a que vivimos en una sociedad que se concentra tanto en adquirir cosas y satisfacer nuestros propios deseos, nos preocupaba que nuestros hijos crecieran siendo egoístas. Sin embargo, teníamos esperanza en las palabras del presidente Spencer W. Kimball (1895–1985): “En la práctica de la ley del ayuno, el individuo encuentra un recurso de poder personal para vencer la autoindulgencia y el egoísmo”3.

En los primeros tres meses de dar una ofrenda de ayuno más generosa, empezamos a ver muchas bendiciones. Gastamos menos en comestibles y el tanque de gasolina del auto parecía permanecer más tiempo lleno; nuestros hijos pedían menos cosas y el egoísmo casi desapareció de nuestro hogar.

Por ejemplo, cuando contribuimos a la colecta local de alimentos, nuestros hijos empezaron a animarnos a contribuir más; cuando hicimos el inventario anual de nuestro almacén de alimentos, descubrimos que en realidad teníamos alimentos que nos durarían dos años. Además, en el pasado nos tomaba un mes consumir un saco de arroz de 23 k, mientras que ahora el mismo saco nos duraba dos meses. Parecía que nuestro almacenamiento de alimentos se multiplicaba. Seguir leyendo

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Élder Dale G. Renlund: Un siervo obediente

Julio 2016
Élder Dale G. Renlund: Un siervo obediente
Por el élder Quentin L. Cook
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Quentin L. CookLa vida de Dale y Ruth Renlund no podía ser más ajetreada; tenían casi treinta años de edad y vivían en Baltimore, Maryland, EE. UU. Dale había finalizado sus estudios de Medicina en la Universidad de Utah, y Ruth y él se habían mudado al otro extremo del país para realizar una exigente y prestigiosa residencia médica en la Facultad de Medicina Johns Hopkins. Tenían una hermosa hija, Ashley. Ruth, su querida esposa, se estaba sometiendo a un tratamiento contra el cáncer, y Dale había aceptado obedientemente un llamamiento para servir como obispo.

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En ocasiones, cuando visitaba a los miembros del barrio, Dale llevaba consigo a Ashley. Un día visitaron a un miembro menos activo. “Estaba seguro de que nadie sería capaz de negarle la entrada a la adorable niña que me acompañaba”, recuerda el élder Renlund. Llamó a la puerta de un hombre que antes había rechazado airadamente al consejero del obispo Renlund.

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Cuando abrió la puerta, el hombre, que era tan grande que abarcaba todo el marco de la puerta, lanzó al obispo Renlund una mirada furiosa. La pequeña Ashley, de cuatro años, exclamó: “Bueno, ¿podemos entrar o no?”.

Sorprendentemente, el hombre respondió: “Supongo que sí… Pasen”.

Una vez sentados, el hombre le dijo al obispo Renlund que no creía que la Iglesia fuera verdadera, ni tampoco creía en Jesucristo. Continuó hablando con enojo mientras Ashley jugaba con un juguete. Finalmente, ella se bajó de la silla, se acercó a su padre y le dijo al oído, pero en voz alta: “Papi, dile la verdad”.

Y él así lo hizo. El obispo Renlund compartió su testimonio con el hombre. Él recuerda: “La actitud de aquel hombre se suavizó y el Espíritu entró en su hogar”.

Ahora, como miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, el élder Renlund tiene la oportunidad de decir al mundo entero la verdad (véase D. y C. 107:23). “El gozo más grande se siente”, dice el élder Renlund, “al ayudar a llevar la expiación de Cristo a la vida de las personas en cualquier lugar. Creo que este llamamiento me da la oportunidad de hacerlo en mayor escala, en más lugares, como testigo de Cristo a todo el mundo”.

Herencia escandinava

Dale Gunnar Renlund nació en Salt Lake City, Utah, EE. UU, el 3 de noviembre de 1952. Sus hermanos y él crecieron hablando sueco. Su madre, Mariana Andersson, era de Suecia; y su padre, Mats Åke Renlund, procedía de una ciudad de habla sueca al oeste de Finlandia. Emigraron de Suecia a Utah en 1950.

Los padres de Dale se conocieron en la Iglesia en Estocolmo y, cuando decidieron casarse, tomaron la determinación de hacerlo solamente en el templo. Dado que en aquel tiempo no había templos en Europa (el Templo de Berna, Suiza, se dedicó en 1955), la pareja viajó a Utah a fin de sellarse en el Templo de Salt Lake. Seguir leyendo

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En favor de la libertad religiosa

Julio 2016
PROFETAS Y APÓSTOLES NOS HABLAN HOY
En favor de la libertad religiosa

Los líderes de la Iglesia han dicho en repetidas ocasiones que las personas de todas las naciones deben trabajar conjuntamente para promover la libertad religiosa.

“Los miembros de la Iglesia procuran crear buena voluntad entre las personas de todas las creencias religiosas, convicciones políticas y de todas las razas”, dijo el presidente Dieter F. Uchtdorf, Segundo Consejero de la Primera Presidencia, en el Simposio Religioso John A. Widtsoe, en la Universidad del Sur de California, Los Ángeles, California, EE. UU., en abril de 2015.

president-uchtdorf-speaking-with-othersTambién dijo: “El empeño por acabar con las tradiciones de desconfianza y mezquindad y vernos realmente los unos a los otros con otros ojos —no como extranjeros ni adversarios, sino como compañeros de viaje, hermanos y hermanas, e hijos de Dios— es una de las experiencias más difíciles y a la vez una de las más gratificantes y ennoblecedoras de nuestra existencia humana”. Su solicitud de que haya respeto y comprensión fue una de varias que recientemente han hecho los profetas y apóstoles.

“No debería haber antagonismo entre la religión y el gobierno”, dijo el élder Dallin H. Oaks, del Cuórum de los Doce Apóstoles, en la Corte/Conferencia del Clero en la Congregación B’nai Israel, en Sacramento, California, EE. UU., en octubre de 2015. “Todos perdemos cuando prevalece un ambiente de ira, hostilidad o contención”, dijo.

elder-oaks-at-religious-conference“Los gobiernos y sus leyes pueden proporcionar las protecciones esenciales para los creyentes, las organizaciones religiosas y sus actividades”, afirmó, indicando que los principios, las enseñanzas y las organizaciones religiosas “pueden ayudar a crear las condiciones en las que las leyes públicas, las instituciones gubernamentales y sus ciudadanos puedan florecer”, a fin de que todos “vivan juntos en felicidad, armonía y paz”.

El élder Oaks también habló en cuanto a la libertad de culto en una reunión en Argentina (véase “Noticias de la Iglesia”, Liahona, enero de 2016, pág. 16).

elder-holland-meets-with-parliamentary-group-in-londonEl élder Jeffrey R. Holland, del Cuórum de los Doce Apóstoles, se dirigió al Grupo Parlamentario de Relaciones Exteriores de todos los partidos en la Cámara de los Lores en Londres, Inglaterra, en junio de 2015. “Al apelar a los valores más profundos de la persona”, dijo, “las religiones y las organizaciones religiosas tienen la capacidad singular de motivar a la gente y, al mismo tiempo, cultivar actitudes de perdón, reconciliación y el deseo de esforzarse aun más por el ideal en su vida personal y en la sociedad”.

elder-christofferson-meets-with-people-of-faith-in-brazil“La libertad religiosa es la piedra angular de la paz en un mundo con muchas filosofías conflictivas”, dijo el élder D. Todd Christofferson, del Cuórum de los Doce Apóstoles, a un grupo interreligioso en la Mezquita de Brasil, en São Paulo, Brasil, en abril de 2015. Habló en portugués a una audiencia que incluía musulmanes, católicos, adventistas, judíos, evangelistas, Santos de los Últimos Días, espiritualistas nativos, personas sin ninguna fe en particular y otros, durante un evento para celebrar el firme apoyo que brinda la nación a la libertad religiosa. “Ruego que busquemos la paz”, dijo, “al trabajar juntos a fin de preservar y proteger la libertad de todas las personas para retener y manifestar la religión o la creencia de su elección, ya sea individualmente o en comunidad con los demás, en el hogar o en otras partes, en público o en privado y por medio de la adoración, la observancia, la práctica y la enseñanza”.

“Las personas de fe deben estar a la vanguardia en la protección de la libertad religiosa, una libertad de la que emanan muchas otras libertades esenciales”, dijo el élder Quentin L. Cook, del Cuórum de los Doce Apóstoles, al pronunciar la Disertación anual de la Libertad Religiosa en la Universidad de Notre Dame, Australia, en Sydney, Australia, en mayo de 2015. “Debemos proteger no solo la capacidad de profesar nuestra propia religión, sino también proteger el derecho de cada religión de administrar sus propias doctrinas y leyes”, afirmó.

El élder Ronald A. Rasband, del Cuórum de los Doce Apóstoles, prestaba servicio como Presidente Mayor de los Setenta cuando se dirigió a los alumnos de la Universidad Brigham Young en Provo, Utah, EE. UU., en septiembre de 2015.

“Algunos jóvenes del grupo de la edad de ustedes se preguntan por qué los grupos religiosos toman parte en la política, y a menudo desconfían de las intenciones de la gente religiosa cuando lo hace”, dijo. La voz colectiva de los grupos que consideran que la religión no debería desempeñar un papel en la deliberación política se ha acrecentado en los últimos años, aumentando el “peligro de crear otra clase de víctimas: las personas de fe, como ustedes y yo”.

El élder Rasband dijo a los estudiantes que el mundo necesita la participación activa de la generación de ellos en relación con ese tema. “Necesitamos la comprensión natural de su generación en cuanto a la compasión, el respeto y la equidad. Necesitamos su optimismo y su determinación para resolver estos complejos problemas sociales”. La respuesta, dijo, es comenzar con el mandamiento del Salvador: “Que os améis unos a otros; como yo os he amado” (Juan 13:34).

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Nuestro potencial de ser padres y madres

Julio 2016
MENSAJE DE LAS MAESTRAS VISITANTES
Nuestro potencial de ser padres y madres

Estudie este material con espíritu de oración y procure saber lo que debe compartir. ¿De qué manera el entender el documento “La Familia: Una Proclamación para el Mundo” aumentará su fe en Dios y bendecirá a las hermanas que están bajo su cuidado en el programa de maestras visitantes? Si desea más información, visite reliefsociety.lds.org.

“Era esencial que los hijos de Dios procreados en espíritu nacieran en la carne y tuvieran la oportunidad de progresar hacia la vida eterna”, enseñó el élder Dallin H. Oaks, del Cuórum de los Doce Apóstoles. “Si consideramos el propósito principal del gran plan de felicidad, creo que, ya sea en la tierra como en el cielo, nuestro tesoro principal son nuestros hijos y nuestra posteridad”1.

El élder Neil L. Andersen, del Cuórum de los Doce Apóstoles, dijo:

“Creemos en las familias y creemos en los [hijos]…

“… y les dijo Dios [a Adán y a Eva]: Fructificad y multiplicaos; y henchid la tierra” [Génesis 1:28]…

“Este mandamiento no se ha olvidado ni se ha desechado en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días”2.

Aunque no todos nosotros llegamos a ser padres en esta vida, podemos nutrir a los hijos de Dios de todas las edades. Disfrutamos de las bendiciones de ser parte de la familia del Padre Celestial y experimentamos el gozo y los desafíos de ser parte de una familia eterna; y, para muchos, la paternidad y la maternidad les aguardan en las eternidades.

Escrituras adicionales

Salmos 127:3; Mateo 18:3–5; 1 Nefi 7:1; Moisés 5:2–3

Relatos de la vida real

“Muchas voces del mundo de hoy disminuyen la importancia de tener hijos o proponen que se demoren o que se limiten los hijos en una familia”, dijo el élder Andersen. “Recientemente, mi hija me habló de un blog escrito por una madre cristiana (que no es de nuestra fe) y que tiene cinco hijos; ella comentaba: ‘[Al crecer] en esta cultura, es muy difícil obtener una perspectiva bíblica en cuanto a la maternidad… Los hijos ocupan un lugar más inferior que el ir a la universidad; ciertamente, más inferior que el viajar; más inferior que el poder salir por la noche a divertirse; más inferior que poner el cuerpo en forma en el gimnasio; más inferior que cualquier trabajo que uno tenga o que espere tener’. Después agrega: ‘La maternidad no es un pasatiempo; es un llamamiento. Uno no colecciona hijos porque nos parezcan más bonitos que las estampillas; no es algo que hay que hacer si se encuentra tiempo para hacerlo. Es para lo que Dios nos dio tiempo’”3.

Considere lo siguiente

¿En qué maneras se asemeja nuestra familia en esta tierra a nuestra familia celestial?

Notas

1. Véase de Dallin H. Oaks, “El gran plan de salvación”, Liahona, enero de 1994, págs. 85, 87.
2. Véase de Neil L. Andersen, “Los hijos”, Liahona, noviembre de 2011, pág. 28.
3. Neil L. Andersen, “Los hijos”, pág. 28.

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Leales a la fe de nuestros antepasados

Julio 2016
Leales a la fe de nuestros antepasados
Por el presidente Thomas S. Monson

Thomas S. Monson

John Linford tenía cuarenta y tres años cuando, junto con su esposa, María, y tres de sus hijos, tomó la decisión de dejar su hogar en Gravely, Inglaterra, para viajar miles de kilómetros y reunirse con los santos en el Valle del Gran Lago Salado. Dejaron atrás a su cuarto hijo, que estaba sirviendo en una misión; vendieron sus pertenencias y se embarcaron en Liverpool a bordo del buque Thornton.

El viaje por mar a Nueva York, y de allí por tierra hasta Iowa, transcurrió sin incidentes; no obstante, los problemas comenzaron poco después de que la familia Linford y otros Santos de los Últimos Días que habían navegado en el Thornton salieron de la ciudad de Iowa el 15 de julio de 1856, como parte de la desafortunada compañía de carros de mano de James G. Willie.

pioneer-family-kneeling-in-the-snowLas duras condiciones climatológicas y el penoso viaje causaron grandes estragos entre muchos miembros de la compañía, incluso John, quien, al final, estaba tan enfermo y débil que tuvieron que trasladarlo en un carro de mano. Para cuando la compañía llegó a Wyoming, su estado se había deteriorado considerablemente. Un grupo de rescate proveniente de Salt Lake City llegó el 21 de octubre, solo unas horas después de que el viaje terrenal de John llegara a su fin. Había muerto esa mañana, a orillas del río Sweetwater.

¿Se lamentaba John de haber cambiado su bienestar y comodidad por las pruebas, privaciones y dificultades de llevar a su familia a Sion?

“No, María”, le dijo a su esposa justo antes de morir. “Me alegro de que hayamos venido. No viviré para llegar al Lago Salado, pero tú y los muchachos sí, y no me arrepiento de todo lo que hemos pasado si nuestros hijos pueden crecer y criar a su familia en Sion”1.

María y sus hijos acabaron el viaje. Cuando María murió, casi treinta años después, ella y John dejaron atrás un legado de fe, de servicio, de devoción y de sacrificio.

Ser un Santo de los Últimos Días es ser un pionero, porque un pionero se define como “alguien que va delante a fin de preparar o abrir el camino para que otras personas lo sigan”2; y ser un pionero es llegar a conocer el sacrificio. Aunque a los miembros de la Iglesia ya no se les requiere dejar sus hogares para hacer el viaje a Sion, a menudo deben dejar atrás viejos hábitos, antiguas costumbres y amigos queridos. Algunos toman la dolorosa decisión de dejar atrás a familiares que se oponen a que sean miembros de la Iglesia. No obstante, los Santos de los Últimos Días siguen adelante, orando para que sus seres tan queridos entiendan y acepten.

La senda de un pionero no es fácil, pero seguimos los pasos del Pionero supremo, el Salvador, quien fue delante de nosotros mostrándonos el camino a seguir.

“Ven, sígueme”3, invitó Él.

“Yo soy el camino, y la verdad y la vida”4, declaró.

“Venid a mí”5, clamó.

Puede que el camino sea duro. A algunas personas les es difícil soportar el escarnio y los comentarios desagradables de los insensatos que ridiculizan la castidad, la honradez y la obediencia a los mandamientos de Dios. El mundo siempre ha menospreciado la adherencia a los principios. Cuando a Noé se le mandó construir un arca, el pueblo necio miró el cielo sin nubes y se burló y se mofó de él… hasta que llegó la lluvia.

Hace muchos siglos, en el continente americano, las personas dudaron, cuestionaron y desobedecieron hasta que el fuego consumió Zarahemla, la tierra cubrió Moroníah y las aguas sepultaron la ciudad de Moroni (véase 3 Nefi 9:3–5). Desaparecieron el desprecio, la burla, la obscenidad y el pecado; habían sido reemplazados por un silencio sombrío y una densa obscuridad. Se había terminado la paciencia de Dios y se había cumplido Su tiempo.

María Linford nunca perdió su fe a pesar de la persecución en Inglaterra, de las dificultades de su viaje al lugar “do Dios lo preparó”6, ni de las pruebas que posteriormente padeció por su familia y por la Iglesia.

En una ceremonia dedicada a la memoria de María, que tuvo lugar al pie de su sepultura, el élder George Albert Smith (1870–1951) preguntó a la posteridad de ella: “¿Vivirán fieles a la fe de sus antepasados?… Espero que se esfuercen por ser dignos de todos los sacrificios que [ellos] han hecho por ustedes”7.

A medida que procuramos edificar Sion en nuestro corazón, nuestro hogar, nuestra comunidad y nuestro país, recordemos el firme valor y la fe perdurable de aquellos que lo dieron todo para que nosotros pudiéramos disfrutar de las bendiciones del Evangelio restaurado, con la esperanza y la promesa que brinda por medio de la expiación de Jesucristo.

Cómo enseñar con este mensaje

Podría pedir a aquellos a quienes enseña que piensen en personas que en su vida los hayan precedido y hayan sido pioneros para ellos. Luego pregúnteles cuándo han sido ellos pioneros y han preparado el camino para otras personas. Invítelos a pensar en momentos en que hayan tenido que hacer un sacrificio, y por qué valió la pena; a continuación podría invitarlos a escribir su testimonio sobre el “Pionero supremo”, el Salvador.

Jóvenes

Leales a su fe

 

El presidente Monson relata una historia sobre una familia de pioneros y luego cita al presidente George Albert Smith, que dice: “¿Vivirán fieles a la fe de sus antepasados?… Espero que se esfuercen por ser dignos de todos los sacrificios que [ellos] han hecho por ustedes”. Independientemente de que tengas antepasados pioneros o pertenezcas a la primera generación de miembros de la Iglesia, ¿recurres a ejemplos de fe para recibir guía y fortaleza? Esta es una buena manera de comenzar:

1. Haz una lista de personas a las que admiras. Pueden ser miembros de tu propia familia (del pasado o del presente), amigos, líderes de la Iglesia o personas de las Escrituras.

2. Anota las cualidades que te gustan de ellos. ¿Tiene mucha paciencia tu mamá? Tal vez un amigo tuyo es amable con los demás; o quizás admiras el valor que tuvo el capitán Moroni.

3. Elige una cualidad de tu lista y hazte la siguiente pregunta: “¿Cómo puedo adquirir yo esa cualidad? ¿Qué debo hacer para desarrollarla en mi vida?”.

4. Anota tus planes para adquirir esa cualidad y ponlos en un lugar donde puedas verlos a menudo para recordar tu meta. Ora al Padre Celestial para pedir Su ayuda y verifica tu progreso con frecuencia. Una vez que sientas que has desarrollado suficientemente esa cualidad, puedes elegir otra en la cual trabajar.

Recuerda que a medida que cultivamos buenas cualidades en nosotros, no solo honramos la fe de nuestros antepasados y los sacrificios que hicieron, sino que también podemos influir para bien en aquellos que nos rodean.

Niños

¡Ustedes también son pioneros!

Los pioneros son personas que preparan el camino para que otros lo sigan.

Haz un dibujo o busca una foto de uno de tus antepasados. ¿Puedes encontrar un relato de cómo ellos prepararon el camino para que tú lo sigas? Anota dos maneras en que puedes ser un pionero o una pionera hoy en día. ¡Puedes compartir tus ideas en la próxima noche de hogar!

Mi pionero

Notas

  1. Véase Andrew D. Olsen, The Price We Paid, 2006, págs. 45–46, 136–137.
  2. Véase The Compact Edition of the Oxford English Dictionary, 1971, “pioneer”.
  3. Lucas 18:22.
  4. Juan 14:6.
  5. 3 Nefi 9:22; véase también Juan 7:37.
  6. “¡Oh, está todo bien!”, Himnos, nro. 17.
  7. Véase Olsen, The Price We Paid, págs. 203–204.
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Preparémonos para morir

Conferencia General Octubre 1976

Preparémonos para morir

por el élder Sterling W. Sill
del Primer Quórum de los Setenta

Sterling W. SillDos de los acontecimientos más importantes en la vida son el nacimiento y la muerte. ¡Qué experiencia maravillosa es el nacimiento, el tener buenos padres y vivir en un hogar digno! Pero tal vez más importante aún sea la muerte.

A veces perdemos una de nuestras mejores oportunidades, la de prepararnos para morir, porque usualmente pensamos en la muerte como algo desagradables, descartamos la idea y le damos la espalda. Pero la muerte no deja de ser una realidad sólo porque la ignoremos.

No deseo atemorizar a nadie, pero quisiera decir en la forma más delicada que pueda, que esta tan importante

experiencia de nuestro estado mortal algún día llegará a su fin. Alguien ha dicho que, a juzgar por lo pasado, muy pocos salen vivos de este mundo. Desde el principio mismo de nuestra existencia, vivimos bajo una irrevocable sentencia de muerte y con todas las garantías de que ésta se llevará a cabo. El Señor nos ha dado el tiempo suficiente para prepararnos. Y es tan segura la certeza de que nos llegará la hora, que un hombre hizo grabar en su lápida estas palabras: «¡Sabía que esto me iba a pasar!»

Hay una tragedia griega en la cual un filósofo es condenado a morir por un general romano. Este no comprende la actitud serena de su prisionero, por lo cual el griego le explica: «Tú no sabes lo que es morir, porque no sabes lo que es vivir. Morir es comenzar a vivir. Es finalizar todo trabajo fatigante para emprender otro mejor y más noble. Es dejar atrás lo despreciable, para unirse a una sociedad de dioses y misericordia.»

Se dice que el acontecimiento más importante en la vida, es la muerte. Vivimos para morir, pero morimos para

volver a vivir; la muerte es algo así como el certificado de graduación de la vida, y es la única vía para entrar a la inmortalidad. Por lo tanto, pienso que sería sumamente beneficioso que dispusiéramos de cierto tiempo para prepararnos para es día, y nos preguntáramos qué clase de persona deseamos ser cuando nos llegue la hora de partir. Esa última hora es la hora clave; es la hora del recuento, aquella en que se juzgarán todas las otras horas de nuestra vida. Nadie puede determinar si su vida ha sido un éxito, hasta ese momento.

En la famosa leyenda de Fausto, éste había vendido su alma al diablo a cambio de veinticuatro años de éxito, al cabo de los cuales moriría y Satán podría reclamar su precio. En el momento del trato, veinticuatro años le parecían al protagonista mucho tiempo, y la muerte algo muy lejano. Pero Satanás sabe esperar. Y al pasar los años también Fausto, como todos nosotros, oyó las irrevocables palabras: «Tu hora ha llegado». Sólo entonces comprendió la trampa que él mismo se había tendido: el trato era inapelable. Solamente podía rogar por la misericordia de Dios, pidiéndole: «Si Fausto tiene que vivir en el infierno cien años, o aun cien mil, oh

Dios, ¡al menos concédele que al fin sea salvo!» (traducción libre). Pero él sabía que, de acuerdo con su propia decisión, quizás ni siquiera eso fuera posible.

No sé cómo sería descubrir, en el momento final, que hemos perdido nuestra meta para convertirnos en almas telestiales; sé que nuestra situación entonces se compararía a la diferencia que existe entre el leve centelleo de una estrella muy lejana y la luz refulgente del sol del mediodía. Es bastante lo que sabemos sobre el reino celestial, o sea, el lugar que Dios ha preparado para los que sean valientes en su servicio y guarden todos sus mandamientos, un lugar cuyo brillo y gloria no admiten descripción.

Todos sabemos las cosas que podemos hacer para aparecer atractivos. Nos mantenemos limpios y tratamos de vestirnos en la forma apropiada; a veces nos adornamos con joyas; si tenemos mucho dinero compramos costosas alhajas que dan brillo a nuestro cuerpo; también recurrimos al uso de cosmético. Aunque muchas veces esto no nos haga diferentes, seguimos insistiendo en ello con constancia infinita. Ahora bien, si creemos que es placentero estar bien vestidos y adornados, pensemos en lo que sería estar «vestidos» con un cuerpo atractivo, que brillara como el sol, que fuera indescriptiblemente hermoso, con los sentidos aguzados, un amplio poder de percepción y una enorme capacidad para el amor, la comprensión y la felicidad. Y no olvidemos que Dios nos ofrece el sistema más eficaz de embellecimiento que pudiéramos encontrar.

Sócrates rogó: «Concédeme belleza interior». Todos conocemos personas que si bien tienen una apariencia común, su radiante espíritu las ha hecho hermosas. La luz divina del espíritu da belleza al cuerpo.

Así volvemos al punto donde empezamos, a la idea de que sería maravilloso vivir preparándonos para morir y, en esa forma, hacernos dignos de morar con el Padre en su reino por la eternidad. Y me gustaría citar las palabras de un gran pensador estadounidense, Henry David Thoreau: «Gran Dios, otra cosa en la vida no pido: Jamás permitas que me defraude a mí mismo».

Que Dios nos bendiga, a cada uno de nosotros, para que podamos magnificar nuestros llamamientos y aprovechar nuestras oportunidades a fin de prepararnos para aquel gran día final. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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