¿Qué hacéis de más?

C. G. Octubre 1976
¿Qué hacéis de más?
por el élder Marion D. Hanks
del Primer Consejo de los Setenta

Marion D. HanksHay muchas acciones que son manifiestamente malvadas, y en ellas el verdadero cristiano no debe tomar parte.  Sin embargo, nuestra obligación es mucho mayor.  «Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis?…….. preguntó el Señor; y agregó: «¿qué hacéis de más?» (Mat. 5:46-47).

Recordé esto una vez que visitaba a una persona muy especial, a quien se le había hecho mucho daño y quien, en su ira y angustia, había actuado a su vez en manera errónea.  Los pecados habían sido serios, muchos inocentes habían sufrido, y el camino de retorno estuvo colmado de dificultades; mas ya pertenecía al pasado.  En contricción y humildad, había seguido la senda que lleva al perdón completo, y lo había recibido.  Emanaba de ella tal serenidad de espíritu, tal paz, que me llevó a pensar en las parábolas de la oveja perdida, del dracma, del hijo pródigo, y la felicidad y el júbilo que hay en los cielos cuando un pecador se arrepiente.  Entonces le dije, «Usted realmente comprende el gozo que hay en los cielos cuando alguien se arrepiente, ¿verdad?» «Sí,» me contestó con una cálida sonrisa.  Entonces, sin acusar ni condenar, me preguntó: «Hermano Hanks, ¿por qué no hay más gozo por mi retorno en el barrio donde vivo?»

He estado dando vueltas a esa misma pregunta por largo tiempo.  En un caso similar, Pablo escribió: «. . . vosotros. . . debéis perdonarle, y consolarle, para que no sea consumido de demasiada tristeza.  Por lo cual os ruego que confirméis el amor para con él» (2 Cor. 2:7-8).

El Señor Jesucristo espera del discípulo algo más que la reacción ordinaria a la necesidad, la oportunidad, o el mandamiento: espera más humildad, más obediencia, más arrepentimiento, más misericordia, más indulgencia y fe, más servicio, más sacrificio.  Esta lección la enseñó muchas veces, en muchas maneras.  El samaritano de la parábola comprendió algo que al sacerdote y al levita se les paso por alto: yo, personalmente, soy el prójimo del necesitado.  No vale la pena preguntarme quién es mi prójimo, yo soy prójimo de todo necesitado (Lu. 10:30-37.)

En otra parábola, el despreciado publicano entendió lo que el santurrón fariseo no quería aprender: cada uno de nosotros necesita de la misericordia de Dios, y se nos dará, y seremos exaltados, si nos humillamos con sinceridad ante El y hacemos su voluntad.

El profundo significado personal de todo esto se me hizo evidente cuando compartí una velada con un grupo de personas retardadas, y sus familias y amigos.  Pensé en la gran suma de fortaleza, tiempo y fe que se invierte en la ayuda de esas personas.  El enfermo, el ciego, el cojo, el leproso, el perdido, los turbados mental, emocional, o espiritualmente; a estos El ayuda.  Me di cuenta de que Dios espera que sus hijos impedidos tengan una oportunidad para ese desarrollo y que sus discípulos tienen que aceptar la gran responsabilidad de ver que así sea.  «Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.» (Gál. 6:2.)

¿Qué hacéis de más?»

En las Escrituras, el Señor y sus Apóstoles detallan las aspiraciones más elevadas de un cristiano: creer, arrepentirse, ser bautizado, obedecer, 1 recibir el don del Espíritu Santo, permanecer en la fe.  Mas también, demostrar que somos discípulos, con cortesía, gentileza y compasión tierna, con amabilidad Y consideración, con paciencia y tolerancia, rehusando condenar, con perdón misericordia.  «Amaos los unos a los otros con amor fraternal. . . Llorad con los que lloran. . . Si es posible en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres.» (Rom. 12: 10, 15, 18.) «No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros: porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley.» Rom. 13:8.) Toda la ley está comprendida en esto: que nos amemos los unos a los otros.

A todos nosotros, estoy seguro, nos llegará el momento de derramar lágrimas; y quizás sea en lloros y lamentos por no haber estado a la altura de lo que el Señor esperaba que hiciéramos para mostrarnos compasión y preocupación los unos a los otros; que mientras aprendemos y hablamos devotamente acerca de El, nunca nos hemos identificado verdaderamente con su amor: nunca hemos sido en verdad sus discípulos en aquellas cosas que tienen para El tanta importancia.

¡Cuánto mejor sería si nuestras lágrimas fueran lágrimas de alegría y regocijo!, porque en medio de toda la exhortación, entre la búsqueda y la indagación, el frenético correr de aquí allá, hubiéramos comenzado a comprender lo que Cristo quiso decirnos cuando pregunto, «¿qué hacéis de más?” y que al comprenderlo nos hubiéramos elevado hacia un mayor interés de los unos por los otros; hacia más deseo de perdonar, de consolar, de confirmar nuestro amor al alma afligida; hacia mayor honestidad y diligencia, más justicia y bondad, más gozo en nuestros barrios y ramas cuando uno de los amados hijos del Señor regresa al hogar».

Que Dios nos permita que así sea, lo ruego en el nombre de Jesucristo.  Amén.

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Yo soy la vid, vosotros los pámpanos

Conferencia General Octubre de 1976

Yo soy la vid, vosotros los pámpanos

Dean L. Larsen

por el élder Dean L. Larsen
del Primer Quórum de los Setenta


Desde que recibí hace varios días la llamada telefónica del presidente Kimball, y tratando de no perder todo mi equilibrio, he estado fingiendo que las cosas seguirían para mí como antes; sé que no será así y, al aceptar este nuevo llamamiento, deseo con todo mi corazón la influencia sostenedora del Señor, así como la de vuestra fe y oraciones. Le he dicho al Señor que soy suyo para que me utilice como a El le parezca. Lo mismo le he prometido al presidente Kimball, y en esto cuento con el apoyo de una esposa amorosa y fiel y de una familia leal. Me consuelan con su Promesa las palabras que el Señor dirigió a sus siervos de una época anterior, cuando dijo:

“Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.

Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.

Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podréis hacer.

Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.

En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.” (Juan 15:3-5, 7-8.)

Testifico este día, mis hermanos, que el Señor Jesucristo vive, que ésta es su obra, que el presidente Kimball es en verdad el Profeta del Señor sobre la tierra. El vendrá de nuevo para reinar como Rey de reyes y como Señor de señores. Ruego que seamos dignos de ser contados entre aquellos que sirvan y vivan con El cuando llegue ese tiempo, y solemnemente pido su bendición sobre todos nosotros, en el nombre de Jesucristo. Amén

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¿Por qué anda errante mi hijo esta noche?

Conferencia General Octubre 1974

¿Por qué anda errante mi hijo esta noche?

N. Eldon Tanner

por el presidente N. Eldon Tanner
Primer Consejero en la Primera Presidencia


Al dirigiros la palabra en este hermoso domingo, humildemente ruego que el Espíritu y las bendiciones del Señor nos acompañen y permanezcan con nosotros siempre.

Recuerdo perfectamente, y tal vez muchos de vosotros también lo recordéis, haber cantado la canción «¿Dónde está esta noche mi hijo errante?» Nuestro amado Presidente y Profeta; Spencer W. Kimball, solía cantarla con tanto sentimiento y emoción, que conmovía hasta las lágrimas. Permitidme leeros la letra.

«¿Dónde está esta noche mi hijo errante,
el objeto de mis tiernos cuidados?
El que una vez fue mi gozo y mi luz,
el hijo de mi amor y mi esperanza.
El que era puro como el rocío de la mañana,
el que junto a su madre se arrodillaba.
No había faz más radiante,
ni corazón más límpido;
no había otro más dulce que él.
¡Oh! ¿Dónde está esta noche
mi hijo errante?»
—Anónimo

Esta mañana quisiera reestructurar esta pregunta y decir: ¿Porqué anda errante mi hijo esta noche?, y aplicarlo a todos aquellos que andan errantes.

De acuerdo con la explicación del diccionario, errar es hablar, moverse, o andar sin destino fijo, sin plan ni propósito; vagar sin una meta, de un lado a otro.

Teniendo en cuenta estas definiciones, quisiera discutir hoy la pregunta: ¿Por qué andan tantas personas errantes en la actualidad? Seguir leyendo

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Nuestra responsabilidad para con el transgresor

Conferencia General Octubre 1974

Nuestra responsabilidad
para con el transgresor

N. Eldon Tanner

por el presidente N. Eldon Tanner
Primer Consejero en la Primera Presidencia


Mis queridos hermanos, humildemente me presento ante vosotros en esta oportunidad, y ruego que el Espíritu del Señor y sus bendiciones nos acompañen mientras os hablo. Es un glorioso privilegio poseer el Sacerdocio de Dios, desde el más reciente de los diáconos en la más pequeña de las ramas de la Iglesia, hasta el mayor de los sumos sacerdotes, hemos hecho ciertos convenios con el Señor y por ello, nos corresponden las bendiciones prometidas siempre que honremos esos convenios y caminemos en justicia delante de Dios.

Hace poco tuve la oportunidad de hablar con un entusiasta exmisionero, que hace sólo cinco años que es miembro de la Iglesia. Os repetiré lo que me contó, porque me pareció sumamente interesante.

Me dijo que se crió en buen hogar, con excelentes padres que tenían elevados ideales. Pero nadie le había enseñado ninguna de las cosas que la Iglesia enseña, tales como el hecho de que hay un Profeta de Dios en la tierra o de que habrá una resurrección de la carne, por medio de la cual el cuerpo y el espíritu volverán a reunirse después de la muerte y continuarán progresando eternamente; ni siquiera había oído hablar del concepto más hermoso e importante: que él es un hijo espiritual de Dios. No se había enterado de que el evangelio había sido restaurado a la tierra, de que hay un Dios viviente y personal, ni de que Jesucristo, el Salvador del mundo, vive y que es el Hijo de Dios en la carne. Seguir leyendo

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Una obra impostergable

C. G. Octubre 1974
Una obra impostergable
Por el élder Eldred G. Smith
Patriarca de la Iglesia

Eldred G. SmithUn joven menor de 18 años de edad recibió la visita de un mensajero celestial que le declaró era enviado de la presencia de Dios. Este mensajero, Moroni, fue el último Profeta que escribió en el Libro de Mormón. El joven era José Smith.

Moroni citó diversos pasajes de las escrituras, la mayoría de los cuales declaraban que había llegado el tiempo de preparar la vía para la venida de Jesucristo en su gloria. Citó a Malaquías, donde dice: «He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos» (Malaquías 3:1).

Esto recalca el hecho de que cuando el Señor venga nuevamente, vendrá «a su templo», lo que significa que deberá haber un templo en la tierra al cual El venga.

Moroni citó además los versículos quinto y sexto del capítulo, diferenciándose sus palabras ligeramente de lo que se encuentra en la Biblia:

«He aquí, yo os revelaré el sacerdocio por la mano de Elías el profeta, antes de la venida del grande y terrible día del Señor.

“. . . Y él plantará en los corazones de los hijos las promesas hechas a los padres, y los corazones de los hijos se volverán a sus padres. De no ser así, toda la tierra sería destruida totalmente a su venida» (José Smith 2:38-39).

Considero muy significativo el hecho de que entre las primeras instrucciones que se le dieron al Profeta en el proceso de la restauración del evangelio, se mencionase esta obra, la cual tiene que ver con los templos y las ordenanzas que en ellos se efectúan, e indica que es muy importante en los elementos esenciales del evangelio de Jesucristo.

Para cumplir con los requerimientos de este mensaje, debe haber un templo. Elías el profeta debe venir con la autoridad del sacerdocio, al mismo tiempo que debe haber miembros de la Iglesia que reúnan los registros de sus antepasados muertos y lleven a cabo la obra correspondiente, a fin de cumplir la promesa que se les hizo a aquellos, de que sus sellamientos también se llevarían a efecto. Seguir leyendo

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Integridad

Conferencia General Octubre 1974

Integridad

Marion G. Romney

por el Presidente Marion G. Romney
Segundo Consejero en la Primera Presidencia


Mis estimados hermanos del sacerdocio, considero esta invitación para dirigiros unas cuantas palabras como un gran honor y una gran responsabilidad. Confío en que el Señor nos bendecirá mientras me dirijo a vosotros. Espero poder decir algo que sea de ayuda tanto para el Sacerdocio Aarónico como para el de Melquisedec.

He decidido decir unas cuantas palabras respecto a la integridad.

Una de las definiciones de integridad es la siguiente: «Carácter de recto, probo, intachable.»

Al buscar sinónimos de integridad, encontramos: honradez, probidad, incorruptibilidad, justicia.

No es necesario recalcar el hecho de que en la actualidad el mundo necesita desesperadamente de hombres íntegros. La prueba de esta declaración se puede leer en cada publicación, escucharse en la radio, Y verse y oírse en todas las producciones audiovisuales.

«Dadnos un hombre integró» ha dicho alguien, «de quien sepamos que podemos depender totalmente, que permanecerá firme cuando otros fracasan; el amigo fiel y leal; el consejero honrado e intrépido; el adversario justo y caballeroso; tal hombre es un fragmento de la Roca de Eternidad.»

Nuestra propia civilización se encuentra en peligro. Si ha de ser rescatada, tendrá que serlo por hombres íntegros.

A fin de lograr esta tremenda tarea, el Señor ha llamado a su Sacerdocio, a todos nosotros, así como a todos nuestros compañeros poseedores del Sacerdocio Aarónico y del de Melquisedec.

El nos ha delegado el cargo más sagrado que ha dado a los hombres. No debemos fallarle; debemos ser íntegros. Nuestra exaltación individual depende de que podamos probarle al Señor que a través de todas las circunstancias, cumpliremos fielmente con el cargo que nos ha dado. (History of the Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, 3:380.)

El profeta José Smith enseñó que la integridad absoluta debe preceder a la promesa de la vida eterna. El dijo:

«Después que una persona tiene fe en Cristo, se arrepiente de sus pecados, es bautizada para la remisión de éstos y recibe el Espíritu Santo . . . . que continúe humillándose ante Dios, teniendo hambre y sed de justicia y viviendo de toda palabra de Dios, y muy pronto el Señor le dirá: Tú serás exaltado.» Seguir leyendo

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La salvación del hombre

C. G. Octubre 1974
La salvación del hombre
Por el Presidente Marion G. Romney
Segundo Consejero en la Primera Presidencia

Marion G. RomneyMis queridos hermanos y amigos, os invito a uniros conmigo en oración, para que pueda tener el Espíritu del Señor mientras os hablo y vosotros también lo tengáis mientras escucháis. Voy a hablar hoy de algunos aspectos fundamentales del evangelio de Jesucristo, y voy a utilizar una cantidad considerable de escrituras; a fin de comprenderlas será necesaria la ayuda del Espíritu del Señor.

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días afirma, como lo dice su tercer Artículo de Fe:

«Creemos que por la Expiación de Cristo todo el género humano puede salvarse, mediante la obediencia de las leyes y ordenanzas del evangelio.»

Voy a presentar algunos puntos de vista de la Iglesia de Jesucristo con respecto a este tema.

Salvarse, tal como se utiliza aquí, significa resucitar y regresar como alma mortal, santificada y celestializada, a la presencia y sociedad de Dios, para seguir ahí el inmortal curso del progreso eterno.

Para tener una idea de lo que esto significa, es necesario conocer la naturaleza de Dios así como la del hombre, y la mutua relación que hay entre ellos.

El hombre es un alma, o sea un ser de doble naturaleza, una persona espiritual revestida con un cuerpo tangible de carne y hueso.

Dios a su vez, es un alma perfeccionada, salva y que disfruta de la vida eterna. El es inmortal, así como exaltado al más alto grado de gloria, y se encuentra ya disfrutando esa bendita condición que también el hombre puede alcanzar mediante la obediencia a las leyes y ordenanzas del evangelio.

El Todopoderoso no está solo en su gloria eterna. Millares de almas que ya se han salvado, se encuentran con El, disfrutando de su compañía. Allí prevalece la relación familiar y nacen hijos espirituales; nuestros propios espíritus nacieron allí. La revelación moderna afirma el hecho de que todos los habitantes de los mundos son «engendrados hijos e hijas para Dios» (D. y C. 76:24). Dios, el Padre Espiritual, es en realidad el Padre de nuestros espíritus. Nosotros somos «su progenie», tal como lo declaró Pablo en su gran sermón ante el Areópago.

Dios el Padre es un alma inmortal. El hombre en cambio todavía no lo es. El hombre es un alma humana sujeta a la muerte. Seguir leyendo

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¿Qué hay después de la muerte?

Conferencia General Octubre 1974

¿Qué hay después de la muerte?

LeGrand Richards

por el élder LeGrand Richards
Del Consejo de los Doce


Me siento sumamente feliz, hermanos y hermanas, al tener el privilegio de compartir con vosotros esta maravillosa conferencia. He disfrutado inmensamente de la música en todas las sesiones como asimismo de los discursos de mis hermanos. Hoy, en vuestra presencia, quisiera expresar humildemente mi amor por mi Padre Celestial, por su Hijo Jesucristo, que dio su vida como sacrificio expiatorio por nosotros, y también por su evangelio restaurado que nos brinda tan magnífico modelo de vida para guiarnos y la esperanza para la eternidad, después que haya terminado nuestra obra aquí, sobre esta tierra.

Me gustaría expresar mí amor por los santos, muchos de los cuales he llegado a conocer viajando por la Iglesia, en las misiones, en la Casa de Misión, y cuya fe he sentido. Damos gracias a Dios por la grandiosa efusión de su Espíritu que hoy en día está causando el gran crecimiento y progreso de la Iglesia en todo el mundo. Le doy gracias también por nuestros nobles líderes, el presidente Kimball y sus consejeros, a quienes estimo profundamente; y la gente los ama porque son verdaderamente siervos de nuestro Padre.

Hoy quisiera dirigir mis palabras a los padres a quienes la muerte les ha arrebatado hijos, antes de que éstos pudiesen llegar a la madurez, entrar en el convenio del matrimonio y tener sus propios hijos aquí sobre esta tierra. Creo que no son pocas las familias que han sufrido esta experiencia.

Pienso en los miles de nuestros muchachos que han perdido la vida en los campos de batalla por sus países; pienso en nuestros muchachos que han muerto en el campo de la misión. Cuando fui presidente de la Misión de Holanda, sostuve en mis brazos a uno de esos magníficos misioneros mientras pasaba él a gloria eterna. Seguir leyendo

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Unión eterna

Conferencia General Octubre 1974

Unión eterna

Mark E. Petersen

por el élder Mark E. Petersen
Del Consejo de los Doce


Quisiera expresar en esta oportunidad, el profundo aprecio que siento por la maravillosa dirección que nos brinda al presidente Kimball, sentimiento que, estoy seguro, vosotros compartís conmigo. El me conmueve, y tengo la certeza de que os conmueve también a vosotros. Es un poderoso hombre de Dios, y lo caracteriza una inmensa humildad. Cuenta con la magnífica habilidad de comunicarse claramente con tos demás. Lo amamos profundamente. Además, estoy seguro de hablar en nombre de todos vosotros, al decirle hoy que estamos agradecidos por la dirección que nos brinda y que le apoyamos y sostenemos con todo nuestro corazón y alma.

Tengo un amigo que se llama Kenneth. El tiene una buena esposa y cuatro hijitos; es buen ciudadano y excelente trabajador.

Su familia es muy unida. Hacen muchas cosas juntos, van juntos a diferentes lugares, y juntos se divierten. Algunos se preguntarán con razón, qué más podrían desear. Pero en realidad, a mi amigo Kenneth y su familia les falta algo muy importante: se trata, por cierto, de una deficiencia fundamental; les falta precisamente aquello que puede hacer de su felicidad y unión, algo permanente.

Están tan satisfechos con el presente, que no se han detenido a pensar en la posibilidad de que toda esa felicidad de que disfrutan, pueda llegar a su fin, desvaneciéndose, por lo tanto, todo esto, llegando a convertirse su gozo y unión actuales, sólo en un placentero recuerdo.

Kenneth y su esposa son personas buenas, honestas y rectas. Pero no asisten a la Iglesia y piensan que pueden ser suficientemente buenos sin una religión que los guíe. A los hijos les inculcan la honestidad y la virtud, y se dicen a sí mismos que eso es precisamente todo lo que una religión haría por ellos.

Insisten en que, de todos modos, necesitan los fines de semana para sus actividades de recreo familiar. Los sábados y los domingos son los únicos días que Kenneth está libre de su trabajo, por lo que el ir a la Iglesia sería sólo un estorbo en sus planes para los fines de semana.

Quisiera hablarles ahora a Kenneth y su familia, y a todas las familias que se encuentren en situaciones similares. Entonces, Kenneth, conversemos por un momento.

Sabemos que el amor que sientes por tu familia es muy grande, pero podría ser aún mucho mayor. Tú sabes cuán incierta es la vida y que las buenas cosas de que disfrutas ahora, bien podrían no continuar del mismo modo para siempre.

¿Recuerdas a Ralph Stewart, que trabajaba en el mismo lugar donde tú trabajas? ¿Recuerdas el accidente que tuvo, que lo dejó inválido y que a la postre fue el motivo que le quitó la vida? ¿Qué sucedió con la unión de aquella familia? ¿Dónde está ahora el recreo de fin de semana que ellos solían tener? Seguir leyendo

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“. . . Y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos

C. G. Octubre 1974
“. . . Y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos
Por el élder L. Tom Perry
Del Consejo de los Doce

L. Tom PerryHace poco tuve la oportunidad de volver a la escuela, pero sólo por un período de cinco días; me invitaron a asistir a una escuela de procesamiento de datos.  Al hacerlo, me sentí cautivado por las últimas maravillas que ha descubierto la humanidad; por ejemplo, me asombré al observar a un instructor que, escribiendo unos pocos símbolos en el teclado de una máquina, en cuestión de segundos tuvo acceso a un archivo que se encontraba a casi 5,000 Kilómetros de distancia.

Nos mostraron una nueva máquina impresora tipo consola, más pequeña que las corrientes.  En el aspecto general es como las otras que existen en el mercado, con la única diferencia de que ésta es mucho más eficiente.  Al hacerla funcionar el impresor comenzó a escribir como toda máquina, de izquierda a derecha; pero al llegar al final de la línea, hizo el espacio y comenzó a escribir de derecha a izquierda, a fin de ahorrar el tiempo que se demora en regresar al principio de la línea.  Me quedé asombrado por la velocidad, la exactitud y las notables ventajas que ésta tenía sobre las otras máquinas de su tipo.

Al pensar en los progresos técnicos de la humanidad, mi recuerdo me llevó a la primera máquina de oficina que conocí, siendo un niño de cinco o seis años: era una vieja máquina manual de sumar, que mi padre usaba para hacer sus cálculos cuando era obispo.  Y pensé en la maravillosa evolución que ha tenido lugar en el transcurso de mi vida, sólo en los distintos tipos de maquinaria.  En ese breve instante en que mi mente resumió esos progresos, sentí también la irresistible tentación de imaginar el futuro y comprendí que todavía veremos muchos avances técnicos que ni siquiera imaginamos.  Y me maravillé ante los planes del Señor al contemplar mentalmente el proceso de su creación; desde el principio de ésta hasta el fin, que será la celestialización de la tierra.  El nos ha suplido con toda la materia prima indispensable para cuidar de nuestras necesidades.  Es en momentos como ese, cuando recuerdo la magnífica escritura que citó nuestro Profeta esta mañana:

«De Jehová es la tierra y su plenitud el mundo, y los que en él habitan» (Sal. 24:1).

Siempre me ha resultado interesante el hecho de que cuando el Señor habla en la,, Escrituras de rectitud, promete siempre abundancia y plenitud.  La escasez y la miseria no vienen de El sino del hombre, como resultado cae que no seguirnos sus instrucciones originales: «Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread … sobre la tierra» (Gén. 1:28).

Para aumentar nuestra potencialidad desde el principio nos dio guía para la conducta que habíamos de observar en nuestra jornada terrenal como seres mortales.  Primeramente, nos ha pedido que lo amemos y creamos en sus palabras y en segundo término, que amemos a nuestros semejantes lo suficiente como para ayudarles a obtener un testimonio de El.  Cuando el abogado le preguntó, «Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?», Cristo le respondió: Seguir leyendo

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Donde mucho se da, mucho se requiere

Conferencia General Octubre 1974

Donde mucho se da, mucho se requiere

President Boyd K. Packer

por el élder Boyd K. Packer
Del Consejo de los Doce


Es mi intención hoy informar a aquellos que todavía no son miembros de la Iglesia, y recordar a todos los que lo somos, sobre nuestra responsabilidad de compartir el evangelio con los demás.

Hace tres semanas me encontraba en Nueva York aguardando abordar un avión para Europa. Una empleada de la compañía de aviación dejó su escritorio por unos minutos y se acercó a mí.

«Dos de mis sobrinos se unieron a su Iglesia», me dijo, «y me cuesta trabajo creer el cambio que esto ha efectuado en ellos.» En nuestra breve conversación le pregunté qué pensaba su hermana sobre el paso que sus hijos habían dado.

«No podría estar más feliz», respondió; y pasó a explicarme los motivos que tenía la familia para preocuparse por ellos: eran el tipo de muchachos errantes que ha mencionado el presidente Tanner. «No creería si le contara cómo han cambiado, incluso en su aspecto personal.»

Más tarde, cuando me alejaba para subir al avión, me agradeció otra vez y agregó: «No sé cómo logran ustedes estas cosas.»

Para responder a esa pregunta, quisiera decir primeramente que observamos elevados principios de conducta. Los principios del evangelio están bien fundados; algunos de los programas y métodos cambian, pero las normas no se alteran. Este hecho da a los miembros un gran sentido de seguridad y protección. Seguir leyendo

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Mi galería personal de ídolos

C. G. Octubre 1974
Mi galería personal de ídolos
Por el élder Thomas S. Monson
Del Consejo de los Doce

Thomas S. MonsonAl acercarse rápidamente el fin de esta conferencia, parecería que las palabras del apóstol Pedro reflejaran los sentimientos de cada persona que ha asistido a estas sesiones, que ha tenido la oportunidad de verlas por televisión o las ha oído por radio.

Después de su experiencia en el Monte de la Transfiguración, Pedro le dijo a Jesús: «Señor, bien es que nos quedemos aquí» (Mateo 17:4). Presidente Kimball, bueno es que todos hayamos estado aquí.

Ruego que el mismo espíritu que prevaleció durante la conferencia, continúe acompañándome al corresponder yo a esta oportunidad que se me brinda de dirigiros la palabra.

Durante un claro día de invierno, me encontraba conduciendo mi automóvil acompañado de un amigo; a lo largo de la autopista que une el centro de Manhattan, New York, con los suburbios de Westchester. Mi amigo me fue indicando algunos de los sitios históricos que abundan en esa zona, donde el hombre ha construido en forma indiscriminada, su cinta de caminos a través del curso de la historia.

Repentinamente, al igual que la figura de un viejo e inolvidable amigo, divisamos una silueta, era del estadio de béisbol del equipo de los «Yankees». (Tal como sucede en la América Latina con las impresionantes vistas de los estadios de fútbol de los grandes equipos locales.) Allí estaba el gran estadio de los campeones, el campo de juego de los «ídolos» de mi juventud. En realidad, qué muchacho no ha idolatrado a aquellos que ante los entusiastas gritos de aliento de miles de partidarios, jugaron maravillosamente el juego de béisbol, básquetbol o fútbol.

Como era invierno, la plaza de estacionamiento de automóviles se encontraba desierta. Lejos ya las muchedumbres de los grandes encuentros, los vendedores de maní y los que vendían los boletos de entrada, continuaban presentes en la memoria los grandes ídolos inolvidables como Babe Ruth, Lou Gehrig y Joe DiMaggio. Sus insuperables hazañas y las habilidades que las originaron quedaron registradas para siempre; fueron elegidos para integrar la prestigiosa «Galería de la Fama» del béisbol.

Del mismo modo que con éste o con cualquier otro deporte, así sucede con la vida. En lo más íntimo de nuestra conciencia, cada uno de nosotros conserva una galería privada de aquellos líderes que han tenido poderosa influencia en nuestra vida. Relativamente pocos de los hombres que ejercen autoridad sobre nosotros desde la niñez hasta la edad madura, podrían pasar con éxito el examen para entrar en esa honorable galería. Ese examen tiene muy poco que ver con las galas externas del poder y la abundancia de las posesiones de este mundo. Los líderes que admitimos en este privado santuario de nuestra meditación reflexiva, son por lo general aquellos que nos encienden el corazón con la devoción de la verdad, que hacen que la obediencia al deber parezca la esencia de la humanidad, que transforman algunos acontecimientos ordinarios y de rutina en el ideal característico de la persona que deseamos llegar a ser. Seguir leyendo

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Sé valiente en la batalla de la fe

Conferencia General Octubre 1974

Sé valiente en la batalla de la fe

élder Bruce R. McConkie

por el élder Bruce R. McConkie
Del Consejo de los Doce


De los escritos de Pablo, tomamos este desafío:

«Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre.
«Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna. . . » (1 Tim. 6:11-12).

Así escribió nuestro compañero apóstol que aceptó al Hijo de Dios como su Salvador; que tomó sobre sí el yugo de Cristo; que en las aguas del bautismo hizo convenio de servirle y guardar sus mandamientos. Así también les decimos hoy a todos aquellos que han tomado sobre sí el nombre de Cristo y se han enrolado en la causa de la verdad y la justicia. Sed valientes. Pelead la buena batalla. Permaneced fieles; guardad los mandamientos; luchad por vencer al mundo.

Hablando de sí mismo y de la gran guerra que había ganado contra el mundo, Pablo dijo:

«He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida» (2 Tim. 4:7-8). Seguir leyendo

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Corrientes oceánicas e influencias familiares

Conferencia General Octubre 1974

Corrientes oceánicas
e influencias familiares

Spencer W. Kimball

por el Presidente Spencer W. Kimball


Yo recuerdo vívidamente mi primera vista de una montaña de hielo flotante (iceberg). En 1937, la hermana Kimball y yo hicimos nuestra primera travesía del Atlántico en un buque de vapor, saliendo de Montreal, Canadá, por el Río de San Lorenzo hasta el Atlántico Norte.

Un día, cuando ya estábamos muy dentro del océano, hubo excitación en el barco. Se había avistado un iceberg, la mayoría de los pasajeros corrieron a cubierta para contemplar este espectáculo. Podíamos verlo a la distancia, un objeto grande y blanco, destacando contra el mar obscuro y el azul del cielo.

Ahí flotaba quietamente en el agua, como el agudo pico de una alta montaña, una cosa de admirable belleza. Toda mi vida había oído acerca de ellos, y ahora, por primera vez, estaba allí ante mis ojos como un afilado pico de una montaña de hielo. Esto trajo a nuestra mente el trágico hundimiento del Titanic, trasatlántico de la línea White Star, en su primer viaje a través del océano. Un enorme iceberg chocó contra este gran barco nuevo en la noche del 14 de abril de 1912. Mil quinientas tres personas, muchas de ellas eminentes personalidades de Inglaterra y de los Estados Unidos perecieron ahogadas al hundirse el buque y sólo setecientos tres pudieron salvarse. Seguir leyendo

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Los David y los Goliat

Conferencia General Octubre 1974

Los David y los Goliat

Por el Presidente Spencer W. Kimball
Presidente de la Iglesia


Mis hermanos, es maravilloso estar con vosotros esta noche, calculando que somos aproximadamente unos 195.000 poseedores del sacerdocio entre los que estamos aquí y los que están escuchando esta conferencia.  Hoy os rendimos tributo y os expresamos nuestro gran afecto.

Hace muchos años, cuando me encontraba yo en la presidencia de la Estaca St. Joseph, de Arizona, un domingo me tocó ir al barrio llamado Edén.  Se trataba de un pequeño edificio y la mayoría de las personas se apretujaban cerca de la plataforma en la que nos encontrábamos sentados, a unos cuarenta centímetros sobre el nivel del piso de la capilla.

A medida que se desarrollaba la reunión, me llamaron la atención siete pequeños varones que se encontraban sentados en el primer banco de la capilla; me quedé encantado de verlos en esa conferencia de barrio, Después de mirarlos por un instante seguí observando otras cosas, pero al poco rato volví a centrar mi atención en los jovencitos.

Me pareció extraño notar que cada uno de ellos levantaba la pierna derecha y la cruzaba sobre la izquierda al unísono; un poco después, y también todos al mismo tiempo, cambiaban el cruce de la pierna de la izquierda hacia la derecha.  En ese momento me pareció extraño, pero no le presté mayor atención. Seguir leyendo

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