Que el justo amoneste al impío

Conferencia General Abril 1973

Que el justo amoneste al impío

Ezra Taft BensonPor el élder Ezra Taft Benson
Del Consejo de los Doce


El profeta Ezequiel declaró:

«Hijo de hombre yo te he puesto por atalaya a la casa de Israel; oirás, pues, tú la palabra de mi boca y los amonestarás de mi parte.

«Cuando yo dijere el impío. De cierto morirás: y tú no le amonestares ni hablares para que el impío sea apercibido de su mal camino a fin de que viva, el impío morirá por su maldad, pero su sangre demandaré de tu mano.

«Pero si tú amonestaste al impío, y él no se convirtiere de su impiedad y de su mal camino, él morirá por su maldad, pero tú habrás librado tu alma» (Ezequiel 3:1’7:1 9).

Los profetas inspirados del Libro de Mormón vieron nuestra época y nos advirtieron en cuanto a la estrategia del adversario. Oíd sus palabras.

«Porque he aquí, en aquel día él enfurecerá los corazones de los hijos de los hombres y los agitará a la ira contra lo que es bueno.

Y a otros pacificará y los adormecerá con seguridad carnal.

. . . ¡ay de aquél que escucha los preceptos de los hombres y niega el poder de Dios…! (2 Nefi 28:20, 21, 26).

Mediante un profeta moderno, José Smith, el Señor ha dado estas nuevas instrucciones. «Por tanto, la voz del Señor, llega hasta los extremos de la tierra, para que oigan todos los que quieran oír.

. . . y viene el día en que aquellos que no oyeron la voz del Señor, ni la voz de sus siervos, ni hicieron caso de los profetas y apóstoles serán desarraigados de entre el pueblo. Seguir leyendo

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Con su poder

Conferencia General Abril 1973

Con su poder

Marvin J. Ashton1

por el élder Marvin J. Ashton
Del Consejo de los Doce


Hace algunas semanas, en un día en el que esta área estaba padeciendo una de sus peores nevadas, que ya es decir mucho, ya que tuvimos bastante mal tiempo este último invierno, un joven y apuesto militar y su hermosa novia con la que iba a casarse ese día, tropezaron con dificultades extremas para llegar a su cita de matrimonio en el Templo de Salt Lake. Ella se encontraba en una localidad del Valle del Lago Salado y él venía de otra ciudad cercana. Fuertes nevadas y vientos habían cerrado las carreteras durante la noche y primeras horas de la madrugada. Después de muchas horas de ansiosa espera, algunos de nosotros pudimos ayudarlos a llegar al templo y consumar sus planes matrimoniales antes de que terminara el día.

¡Qué agradecidos estaban ellos al igual que sus familiares y amigos por la ayuda e interés en que cumplieran con ésta su más importante cita! Mi amigo —lo llamaremos Guillermo— expresó su profunda gratitud así: «Muchas gracias por todo lo que hizo para que nuestra boda fuera posible. No entiendo por qué se tomó todas estas molestias a fin de ayudarme. En realidad soy un don nadie». Seguir leyendo

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Cuán gran su protección

Conferencia General Octubre de 1972

Cuán gran su protección

President Boyd K. Packer

Por el élder Boyd K. Packer
Del Consejo de los Doce


Después de estar ayer y hoy con el presidente Lee, creo que podréis imaginaros la experiencia que tenemos cuando nosotros como Autoridades Generales vamos al Templo a recibir dulces consejos junto con él.

Fue en una de estas reuniones, hace algún tiempo, que me vino la inspiración en cuanto al tema que desarrollaré hoy.  En dicha reunión cantamos como primer himno, «Cuán gran la ley de Dios».  Más tarde, en una oración el presidente Lee incluyó esta frase del himno: «¡Cuán gran su protección! que todos gozarán» (Himnos de Sión, 150).  Luego reverentemente le dio gracias al Todopoderoso por la seguridad y protección de sus santos, y en dicha oración imploró por la continuación de esa protección sobre ellos.

Me sentí profundamente lleno de gratitud ya que en un mundo caracterizado por la inquietud, y aun la violencia, hay personas que se preocupan los unos por los otros.

Pablo le dijo a los santos en Efeso: «Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios» (Efesios 2:19.)

Ser conciudadanos de los santos tiene un gran significado; todos pueden recibir esa ciudadanía a través de la ordenanza del bautismo, si se

arrepienten y se preparan.  Entonces, como miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días nunca tienen porqué estar solos.

El individuo es considerado como hijo de Dios.  A los miembros de la familia se les enseña a sostenerse el uno al otro; y en dichas familias se cumple en parte esta declaración: cuán gran su protección.  Entonces la estructura familiar queda maravillosamente acoplada en el modelo de la organización de la Iglesia.

Cuando los jóvenes y señoritas se encuentran lejos del círculo familiar, no son abandonados, ya que se les continúa cuidando.  Cuando contraen matrimonio, el cielo empieza de nuevo.

Algunos no se casan, pero no son dejados solos.

Cuando los hijos dejan el hogar para empezar familias propias, los padres —llamados ahora abuelos— afrontan la vida juntos como lo hicieron de recién casados.  Esto es lo normal, esperado y deseable, ya que la vida del Señor es un giro eterno.  Nunca se les deja solos.

A los hijos se les enseña a honrar a sus padres, pero algunas veces viven a grandes distancias; en cualquier caso la Iglesia está a su alcance para velar por ellos.

Entonces, cuando uno de ellos se ha ido, la viuda anciana no queda sola; ya que de nuevo la organización de la Iglesia está alerta para velar por sus necesidades —espirituales y temporales, si esto llega a ser necesario— a fin que ella pueda gozar de protección.

El procedimiento es sencillo.  Dos poseedores del sacerdocio son llamados por su presidente de quórum y asignados por el obispo a visitar regularmente el hogar de cada miembro, con el título de Maestros orientadores del sacerdocio; ellos son los guardianes del individuo y de la familia. Seguir leyendo

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Qué es un amigo?

Conferencia General Octubre de 1972

¿Qué es un amigo?

Marvin J. Ashton1

Por el élder Marvin J. Ashton
Del Consejo de los Doce


Este día yo os saludo como amigos, donde quiera que os encontréis.

Alguien ha dicho: «Un amigo es una persona que está dispuesta a aceptarme tal como soy.» Aceptando esto como una definición, rápidamente puedo sugerir que somos mucho menos que un verdadero amigo si dejamos a una persona igual que como la encontramos.

Parece haber un mal entendido por parte de algunos hombres sobre lo que significa ser un amigo.  Los actos de un amigo deben traer como resultado una mejoría propia’, mejores actitudes, confianza en sí mismo, comodidad, consuelo, autorrespeto y más prosperidad.  Ciertamente, la palabra amigo es usada equivocadamente si se identifica con una persona que contribuye a nuestra degradación, miseria y angustia.  Cuando hacemos que un hombre se sienta apreciado, su actitud total cambia.  Nuestra amistad es reconocida si nuestros actos y actitudes traen como resultado progreso e independencia.

Se necesita valor para ser un verdadero amigo.  Algunos de nosotros ponemos en peligro la valiosa condición de amigo, por nuestra falta de voluntad para serlo bajo cualquier circunstancia. El temor nos priva de la amistad.  Algunos identificamos a nuestros amigos más cercanos, como aquellos que tienen el valor de permanecer y compartirlo todo con nosotros bajo cualquier riesgo.  Un amigo es una persona que ofrece lo mejor de sí mismo sin pensar en las consecuencias inmediatas.  Sir Winston Churchill llegó a ser el más grande amigo de la Gran Bretaña, en las horas más amargas para su país porque él fue lo suficientemente valeroso para pedir «sangre, sudor y lágrimas», cuando algunos lo habrían aceptado más pronto como amigo, si él hubiera abogado por una rendición pasiva. Seguir leyendo

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La bendición de un profeta

Conferencia General Abril 1972

La bendición de un profeta

Joseph Fielding Smith

Por el Presidente Joseph Fielding Smith


Mis queridos hermanos y hermanas: Siento que el Señor ha estado con nosotros en todas las sesiones de esta conferencia, que se nos ha dado el pan de vida, y que estamos ahora mejor preparados para ser la clase de personas que el Señor quiere que seamos.

Estoy agradecido a todos los hermanos por sus sabios consejos y por los mensajes que nos entregaron respecto a cómo fueron guiados por el poder del Espíritu.

Pienso que debemos concluir esta reunión con nuestros testimonios y dando al Señor las gracias por las bendiciones que nos da.

Mis palabras son insuficientes para expresar los sentimientos de agradecimiento que albergo en mi corazón, por las infinitas y eternas bendiciones que el Señor ha dado, para mí, para mi familia, para la Iglesia y de hecho para todo el mundo.

Estoy muy agradecido por el sacrificio expiatorio del Hijo de Dios porque mediante sus sufrimientos y muerte, todos los hombres pueden ser levantados en inmortalidad, mientras que aquellos que creen y obedecen sus leyes alcanzarán la vida eterna en su reino.

Doy gracias por la restauración de la verdad eterna en esta última dispensación del evangelio; por la misión y el ministerio de José Smith, el Profeta y mi abuelo Hyrum Smith, el patriarca; y por el hecho de que las llaves del reino de Dios, han sido confiadas otra vez a un hombre en la tierra.

Estoy muy complacido por el crecimiento y desarrollo de la Iglesia por la obra misional tan extendida, por los muchos templos que ahora tenemos, y por las vidas de todos aquellos que están buscando servir al Señor.

Oro porque el Señor bendiga a todos los miembros de la Iglesia, y en virtud de las llaves y el poder que poseo, bendigo a los santos, a aquellos que moran en la casa de fe y a todos los que aman y buscan al Señor.

¡Qué glorioso es tener las verdades salvadoras del evangelio sempiterno, de ser miembros de «la única Iglesia verdadera y viviente sobre la faz de toda la tierra» (D. Y C 1:30).  Estar en el camino que lleva a la vida eterna en el reino de nuestro Padre!

Oh Dios; nuestro Celestial y Eterno Padre, mirad hacia abajo con amor y con gracia sobre esta vuestra Iglesia y sobre sus miembros quienes guardan vuestros mandamientos.  Permitid que vuestro Espíritu more en nuestros corazones por siempre, y en ando las pruebas y calamidades de esta vida hayan pasado, que podamos retornar a vuestra presencia, con nuestros seres queridos, y morar en vuestra casa por siempre, lo ruego humildemente, en el nombre de Jesucristo.  Amén.

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Las llaves eternas y el derecho de presidir

Conferencia General Abril 1972

Las llaves eternas y el derecho de presidir

Joseph Fielding Smith

Por el Presidente Joseph Fielding Smith


Mis queridos hermanos del sacerdocio: Os doy la bienvenida con amor y con fraternidad, agradeciendo las muchas bendiciones que el Padre ha derramado sobre nosotros.

Podría decir que esta es una ocasión de particular satisfacción para mí ya que el Señor por mi conducto llama a algunos de los hermanos a nuevas posiciones entre las Autoridades Generales. Como ustedes saben, El llamó al obispo John H. Vandenberg y. al obispo Robert L. Simpson para que sirvieran como Asistentes a los Doce. Cada uno de ellos tiene importantes responsabilidades asignadas y relacionadas a su nuevo llamamiento.  Como también saben, el Señor ha llamado al hermano Victor L. Brown como Obispo Presidente de la Iglesia; con el hermano H. Burke Peterson como primer consejero, y Vanghn J. Featherstone como segundo consejero en el Obispado Presidente.

Los cinco hermanos que mencioné son capaces y fieles y ahora se requieren sus talentos especiales para edificación de su llamamiento en el terreno de sus asignaciones.

Todos ellos podrán descansar, teniendo la seguridad de que el Señor los bendecirá y prosperarán en sus nuevos llamamientos de confianza, responsabilidad y de servicio.

Os hablaré unas cuantas palabras acerca del sacerdocio y las llaves que el Señor ha conferido sobre nosotros en esta última dispensación del evangelio.

Poseemos el santo Sacerdocio de Melquisedec, que es el poder y la autoridad de Dios delegados al hombre en la tierra para actuar en todas las cosas para la salvación de los hombres.

También poseemos las llaves del reino de Dios sobre la tierra, el cual es La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días.

Estas llaves son el derecho de presidir; son el poder y la autoridad para gobernar y dirigir todos los asuntos del Señor sobre la tierra.  Aquellos que las poseen tienen el poder para gobernar y controlar la manera en que todos los demás pueden servir en el sacerdocio.  Todos nosotros podemos poseer el sacerdocio pero únicamente podemos usarlo tal como es autorizado y dirigido por aquellos que poseen las llaves.

Este sacerdocio y estas llaves fueron conferidas sobre José Smith y Oliverio Cowdery por Pedro, Santiago y Juan, y por Moisés, Elías y otros de los antiguos profetas.  Han sido dadas a cada hombre que ha sido apartado como miembro del Consejo de los Doce; pero siendo que son el derecho de presidir, únicamente pueden ser ejercidas en su plenitud por el Apóstol mayor de Dios en la tierra, que es el Presidente de la Iglesia. Seguir leyendo

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Un maestro

Conferencia General Abril 1972

Un maestro

Howard W. Hunter 1

Por el élder Howard W. Hunter
Del Consejo De Los Doce


Observando el reloj, doblo los apuntes que he preparado y me los guardo en el bolsillo.  Pero permitidme tomar un momento para mencionar un pequeño incidente que se grabó en mi memoria cuando era niño.  Acudió éste a mi mente cuando se mencionó que aquí, esta tarde, hay entre nosotros un grupo numeroso de personas dedicadas que enseñan a nuestra juventud.

Era un día veraniego, temprano por la mañana, estaba yo parado cerca de la ventana y, protegido por las cortinas, podía ver afuera en el césped a dos pequeñas criaturas.  Una era un pájaro grande la otra un pajarilla que aparentemente acababa de salir del nido; vi al pájaro grande saltar por el césped, después de lo cual hizo ruido con las patas y enderezó la cabeza.  Luego extrajo del césped una lombriz grande y gorda y regresó saltando.  El pajarillo abrió el pico, pero el pájaro grande se tragó la lombriz.

Entonces vi al pájaro volar hasta un árbol, donde picoteó la corteza del mismo por unos momentos y luego volvió con un gran insecto en el pico.  El pajarito abrió el pico otra vez pero el pájaro grande se comió el insecto, causando esto un gran alboroto en forma de protesta.

El pájaro grande se alejó, y no lo volví a ver, pero seguí observando al pajarillo; después de un rato, éste saltó por el césped, hizo ruido con las patas, alargó la cabeza y extrajo una lombriz de la tierra.

Dios bendiga a las buenas personas que enseñan a nuestros hijos y a nuestra juventud, lo ruego humildemente, en el nombre de Jesucristo.  Amén.

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Un misionero y su mensaje

Conferencia General Abril 1972

Un misionero y su mensaje

Hugh B. BrownPor el élder Hugh B. Brown
del Consejo dé los Doce


Mucho se ha dicho acerca de loa misioneros y la obra misional; ese ha sido el primer amor de mi vida, y han acudido a mi mente varias cosas que ocurrieron hace sesenta y ocho años cuando fui a Inglaterra. Me gustaría relataros una.

Varias veces había ido a cierta casa donde se me había rechazado y amonestado a no volver, pero me sentía inspirado a ir una y otra vez. Un día, al pasar frente a esa casa, sentí el impulso de ir a tratar una vez más de hacer contacto; usé la gran aldaba de bronce de la puerta sin ninguna respuesta. Desde afuera podía ver a una señora sentada en la sala tejiendo, de modo que hice un ruido considerable con esa aldaba. Al no responder a mi llamado, me dirigí hacia la puerta de atrás; esa puerta no tenía aldaba de manera que usé el bastón, y golpeé vigorosamente haciendo resonar los golpes por toda la casa.

A los pocos momentos salió la señora, y al verla me recordó mis tiempos en la granja cuando espantaba del nidal a la gallina clueca (veo que algunos de vosotros habéis tenido experiencia en granjas). Sabemos que cuando a una gallina clueca se la espanta del nidal sale con las plumas erizadas en dirección opuesta y el pico en constante movimiento, y esta mujer me recordó eso.

Me disculpé y le dije:

—Siento haberla interrumpido y haber insistido en una entrevista, pero, mi querida hermana, he viajado seis mil millas para traerle un mensaje que el Señor desea que reciba. El me envió aquí para traerle ese mensaje; dentro de unos días debo volver a Canadá, y debo decirle lo que el Señor quiere que sepa. Me respondió:

—¿Quiere decir que el Señor me envió un mensaje a mí?

Le dije: —Así es.

Le hablé acerca de la restauración del evangelio, la organización de la Iglesia y el mensaje de la restauración. Se sintió sumamente impresionada por lo que le dije, y al irme agregué: Seguir leyendo

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Si quisierais y oyereis

Conferencia General Octubre 1971

Si quisierais y oyereis

Gordon B. Hinckley

Por el élder Gordon B. Hinckley
Del Consejo de los Doce


Recientemente visité la Plaza de Trafalgar en Londres, donde admiré la estatua de Lord Nelson (1). Al pie de la columna se encuentran las palabras que pronunció en la mañana de la Batalla de Trafalgar: «Inglaterra espera que todo hombre cumpla con su deber.» Lord Nelson murió en esa histórica batalla en 1805, así como muchos otros; pero Inglaterra fue salvada como nación, y Bretaña se convirtió en un imperio.

Desde aquel entonces la imagen del deber y la obediencia ha disminuido notablemente. Esto no es exactamente nuevo; es tan antiguo como la historia humana. Isaías le declaró al antiguo Israel:

«Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra;

«Si no quisiereis y fuereis rebeldes, seréis consumidos a espada; porque la boca de Jehová lo ha dicho» (Isaías 1:19-20).

Recuerdo haberme sentado en este Tabernáculo cuando tenía 14 0 15 años de edad —en el balcón detrás del reloj— y oír al presidente Heber J. Grant cantar su experiencia al leer El Libro de Mormón durante su niñez. Habló acerca de Nefi y de la gran influencia que éste había sido en su vida; luego, con una voz que vibraba llena de convicción, la cual nunca olvidaré, citó estas ilustres palabras de Nefi: «Iré y haré lo que el Señor ha mandado porque sé que él nunca da ningún mandamiento a los hijos de los hombres sin prepararles la vía para que puedan cumplir lo que les ha mandado» (1 Nefi 3:7).

En aquella ocasión nació en mi tierno corazón la firme decisión de tratar de hacer lo que el Señor ha mandado. Ruego que a través del Espíritu del Señor pueda tener el poder de impresionar en forma similar el corazón de alguien que se encuentre en esta congregación.

¡Qué cosas tan maravillosas suceden cuando los hombres caminan con fe y obediencia a lo que se requiere de ellos! Recientemente leí la interesante historia del comandante William Robert Anderson, el oficial naval que llevó el submarino Nautilus (2) debajo del hielo polar, desde el Océano Pacífico al Océano Atlántico, una hazaña intrépida y peligrosa. Relató otras hazañas de riesgos similares. Concluyó con una declaración que llevaba en su billetera, escrita sobre una maltratada tarjeta y que tenía estas palabras, las cuales os recomiendo:

«Creo que siempre soy divinamente guiado.

«Creo que siempre tomaré el camino correcto.

«Creo que Dios siempre abre el camino allí donde parece que ya no hay otra alternativa.»

Yo también creo que Dios siempre abre el camino donde parece que ya no existe otra alternativa. Creo que si rendimos obediencia a los mandamientos de Dios, si seguimos el consejo del sacerdocio, El abrirá el camino a pesar de que parezca que es imposible. Seguir leyendo

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Que prevalezca el espíritu de la unidad

Conferencia General Octubre 1971

Que prevalezca el espíritu de la unidad

Joseph Fielding Smith

Por el presidente Joseph Fielding Smith


Quisiera expresar frente a vosotros el profundo agradecimiento que siento por la fe, la devoción y el servicio de los dos grandes hombres que están a mi lado en la Primera Presidencia de la Iglesia.

El presidente Harold B. Lee es un gigante espiritual, con una fe semejante a la de Enoc; posee el espíritu de revelación y magnifica su llamamiento como Profeta, Vidente y Revelador.

El presidente N. Eldon Tanner es también uno de los espíritus nobles y grandes, preparado desde la eternidad para rendir el importante servicio que ahora está efectuando en ésta, la Iglesia del Señor. Es un hombre de una habilidad e integridad sobresalientes.

La Primera Presidencia de la Iglesia está unida como uno, y es mi oración que siempre podamos ser uno, así como Jesús dijo que El, el Padre y el Espíritu Santo eran uno. Y esta misma unidad debe reinar en cada presidencia de estaca, cada obispado y cada presidencia de quórum del sacerdocio.

Asimismo estoy agradecido por la labor del presidente Spencer W, Kimball y sus colegas del Consejo de los Doce, así como de, todas las Autoridades Generales, y quiero que sepáis que amo a mis hermanos.

Me siento inspirado a bendecir a los miembros fieles de la Iglesia. Ciertamente si continúan andando por los senderos de la verdad y la virtud, a su debido tiempo recibirán en justicia los deseos de su corazón y sentirán adelante para lograr la recompensa eterna en el reino de nuestro Padre.

Durante toda mi vida he tratado de guardar los mandamientos y de hacer aquellas cosas que le agradaran al Señor, y deseo testificar acerca de su bondad para conmigo, así como para con sus hijos que han hecho el convenio de guardar sus mandamientos.

Al encontrarme, ahora en lo que podría llamar el crepúsculo de mi vida, dándome cuenta que en un día no muy lejano seré llamado para dar cuenta de mi administración terrenal, testifico nuevamente de la veracidad de esta gran obra. Sé que Dios vive y que envió a su Hijo amado al mundo para expiar nuestros pecados.

Sé que el Padre y el Hijo se le aparecieron al Profeta José Smith para introducir esta última dispensación del evangelio.

Se que José Smith fue y es un Profeta; más aún, que esta es la Iglesia del Señor, y que la causa del evangelio continuará progresando hasta que el conocimiento del Señor cubra la tierra como las aguas cubren el mar.

Estoy seguro que todos amamos al Señor; sé que El vive, y espero ansiosamente ese día cuando veré su faz, y espero oír su voz que me diga: «Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo» (Mateo 25:34)

Y ruego que ésta pueda ser la feliz fortuna de todos nosotros, a su debido tiempo, y esto digo en el nombre de Jesucristo. Amén.

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No cometerás adulterio

C. G. Abril 1971
“No cometerás adulterio”
Presidente Milton R. Hunter
Del Primer Consejo de los Setenta

Milton R. HunterLos hombres y las mujeres no pueden abandonar la norma cristiana de la castidad y cosechar una plenitud de gozo

Todavía podemos escuchar la voz de Jehová que resonaba desde el Monte Sinaí, mandando: «No cometerás adulterio» (Éxodo 20:14). Por más de tres mil años este mandamiento ha resonado a través del mundo hebreo y cristiano; ha sido la guía mediante la cual millones de personas han modelado sus vidas.

Muchas personas en el mundo y, hablando en general, por todo el mundo han abandonado la antigua norma moral de castidad hebreo-cristiana. Frecuentemente, las personas casadas cometen adulterio, y las solteras satisfacen sus pasiones en actos de fornicación. El resultado de ello es la desdicha, la pérdida del amor, el quebrantamiento de hogares y la destrucción de la vida familiar, un aumento en el número de divorcios, la vergüenza, la pérdida de la salvación eterna.

Citemos únicamente algunos de los numerosos casos de que me he enterado recientemente. Hace algunos meses, vino a mi oficina una madre de cinco hijos; lloraba amargamente al confiarme que su esposo había pasado la mayor parte del tiempo durante el año anterior con la esposa de otro hombre. Me explicó que en varias ocasiones ella lo había seguido en el auto hasta la residencia de la otra mujer; naturalmente, el esposo pecador se sentía desdichado, la esposa estaba muy afligida y los hijos sentían congoja. «. . . la maldad nunca fue felicidad» (Alma 41:10).

Hace un año más o menos, un joven vino a mi oficina llorando desconsoladamente para decirme: “Hace dos años cometí adulterio. El pecado está causándome tal agonía que ya no puedo soportarlo; si tengo que ser excomulgado, suplico que la Iglesia tome rápidamente las medidas necesarias. Mi sufrimiento no tiene descripción; quiero hacer lo que sea necesario para pagar este terrible pecado.”

Existen muchos casos más, pero estos dos ejemplos deberían ser suficientes para ilustrar la gravedad del pecado del adulterio.

Estamos viviendo en una sociedad muy tolerante. Habiendo abandonado la antigua moral cristiana, muchas personas afirman aceptar una nueva, la cual, en realidad, es vivir en contra de las leyes de la castidad como fueron anunciadas por Dios. Estamos viviendo en una época en que se está proclamando una revolución sexual; en dondequiera se encuentran tentaciones para el comportamiento ilícito; día tras día se empeoran en novelas, revistas, películas, la televisión y la propaganda. Seguir leyendo

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Un testimonio y una bendición

Conferencia General Abril 1971

Un testimonio y una bendición

Joseph Fielding Smith

Por el presidente Joseph Fielding Smith


Mis queridos hermanos y hermanas:

Ahora que llegamos al término de otra gloriosa e inspiradora conferencia, nuestros corazones están rebosantes de gratitud por las abundantes bendiciones que han sido derramadas sobre nosotros.

Nos hemos deleitado con la palabra de Cristo; nuestras mentes se han vivificado con el poder del Espíritu Santo; y hemos adorado al Señor en espíritu y verdad.

A todo lo que ha sido dicho, quiero agregar mi testimonio personal de la verdad y divinidad de esta gran obra y dejar con todos los santos fieles de todo el mundo, mi bendición.

Os digo a vosotros, a la Iglesia entera, y en este caso, a todo el mundo, que un bondadoso y amoroso Padre ha hablado otra vez desde el cielo en estos últimos días a sus siervos los profetas.

Su voz ha sido tal que invita a todos los hombres a venir a su Hijo amado, a aprender de Él, a participar de su bondad, a tomar sobre ellos su yugo, y ocuparse de su salvación mediante la obediencia a las leyes del evangelio. Su voz ha sido de honor y gloria, de paz en este mundo y vida eterna en el mundo venidero.

Sé que Dios vive y, que envió a su Unigénito al mundo para llevar a cabo la infinita y eterna expiación.

Sé que Jesucristo es el Hijo de Dios y que recibió de su Padre el poder para rescatar al hombre de la muerte temporal y espiritual traída al mundo por la caída de Adán.

Sé que el Señor ha establecido su Iglesia y su reino sobre la tierra por última vez; que en el reino de estos últimos días se encuentra el poder y autoridad del santo sacerdocio y que esta Iglesia administra el evangelio y pone sus bendiciones al alcance de todos aquellos que creen y obedecen.

No desconozco que hay personas buenas y devotas entre todas las sectas, partidos y denominaciones, y que serán bendecidas y recompensadas por todo el bien que hacen. Pero el hecho de que solamente nosotros tenemos la plenitud de esas leyes y ordenanzas, las cuales preparan al hombre para la plenitud de recompensa en las mansiones Celestiales, permanece. Así decimos al bueno y noble, al recto y devoto pueblo en todas partes: Mantened todo lo bueno que tenéis; apegaos a cada principio verdadero, pero venid y participad de la mayor luz y conocimiento, el cual Dios, que es el mismo ayer, hoy, siempre, está otra vez derramando sobre su pueblo.

Oro porque nuestro Padre Celestial bendiga a su pueblo, porque lo bendiga abundantemente y en toda medida.

Oro porque los Santos puedan permanecer firmes contra las presiones y tentaciones del mundo; porque consideren de mayor importancia en sus vidas las grandezas del reino de Dios, porque sean veraces a toda confianza que en ellos se deposite y mantengan todo convenio.

Oro por los jóvenes y por la generación que se está levantando; que puedan tener sus mentes y sus cuerpos limpios; libres de la inmoralidad; del uso y abuso de drogas y del espíritu de rebelión, y desafío a la decencia que está arrollando la tierra.

Padre Nuestro, derrama tu Espíritu sobre estos tus hijos, que ellos puedan ser preservados de los peligros del mundo y mantenidos limpios y puros, dignos de retornar a tu presencia y morar contigo.

Permite que tu cuidado protector se extienda a todos aquellos que buscan tu rostro y que caminan ante ti con integridad en sus almas; que puedan ser luces para el mundo e instrumentos en tus manos para que se cumplan tus propósitos en la tierra. Y que pueda tu Espíritu estar con nosotros ahora y por siempre, lo ruego en el nombre del Señor Jesucristo. Amén.

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Los jóvenes de hoy

Conferencia General Abril 1971

Los jóvenes de hoy

harold b. lee

Por el presidente Harold B. Lee
Primer Consejero en la Primera Presidencia


Gracias, presidente Tanner.  Quisiera recordaros que esta mañana el hermano Marvin J. Ashton, en su muy excelente discurso, dijo que ningún hogar es un fracaso hasta que se da por perdido un hijo, una hija, un marido o una esposa.  No debemos darnos por vencidos, no importa cuán difícil sea la tarea de salvar a uno de los nuestros.

Horacio Mann, ese gran educador contemporáneo de Abraham Lincoln, relató que cuando fue el orador en la inauguración de una gran escuela para niños, en su discurso dijo: «Esta escuela ha costado cientos de miles de dólares, pero si ésta es capaz de salvar a un niño, valió la pena todo lo que costó».  Uno de sus amigos se acercó a él al terminarse la reunión y le dijo: «Se dejó llevar por su entusiasmo, ¿no es así?  Usted no puede pensar que si esta escuela salva a un solo niño, valdrá todo lo que ha costado.  Seguramente usted no quiso decir eso.»

Horacio Mann lo miró y dijo: «Sí mi amigo, valdría lo que costó si ese único niño fuera mi hijo; claro que lo valdría».

Yo quiero hacerles saber que valdría todo eso si el niño fuera mi nietecito, o alguno de los míos.  Y lo valdría, igualmente, si fuera uno de los suyos.

Conforme escuchaba esas palabras este día, me di cuenta que hubo un cúmulo de ‘preocupaciones acerca de las terribles situaciones a las que se enfrenta la juventud actual, y una súplica para los dirigentes adultos de enseñar a los dirigentes jóvenes, a los cuales se les pidió que no traten de hacerlo todo, sino que deleguen responsabilidades a otros jóvenes; y a los dirigentes adultos que no traten de imponer a los jóvenes responsabilidades sin asegurarse antes, de haberles enseñado principios correctos.

Encontré una declaración del finado presidente Dwight D. Eisenhower, en un ejemplar del Reader’s Digest de hace algunos años. El dijo: «Desgraciadamente, mucha gente en estos días ha llegado a confundirse tanto por los excesos de una pequeña minoría de jóvenes en los Estados Unidos, que no notan la decencia y la inteligencia de la inmensa mayoría. Esta es una gran injusticia para vosotros, jóvenes amigos y un perjuicio para los Estados Unidos». Seguir leyendo

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Nuestras responsabilidades como poseedores del sacerdocio

Conferencia General Abril 1971

Nuestras responsabilidades como poseedores del sacerdocio

Joseph Fielding Smith

Por el presidente Joseph Fielding Smith


Mis estimados hermanos del sacerdocio:
Os saludo esta noche como conciudadanos en la familia de fe, como hermanos en el reino de Dios, como poseedores del Santo Sacerdocio; y os invito a que consideréis junto conmigo algunas de las grandes responsabilidades que yacen sobre nosotros al poseer la divina autoridad del Señor.

Somos los agentes del Señor; somos sus representantes; El nos ha dado
autoridad con la cual nos habilita para hacer todo lo que sea necesario para salvarnos y exaltarnos, tanto a nosotros como a sus otros hijos.

Somos embajadores del Señor Jesucristo; hemos sido comisionados para representarlo; se nos ha mandado predicar su evangelio, efectuar las ordenanzas de salvación, bendecir a la humanidad, sanar a los enfermos y quizás efectuar milagros, hacer lo que El haría si estuviese presente, y todo ello porque poseemos el Santo Sacerdocio.

Como agentes del Señor estamos obligados, por su ley, a hacer lo que El desea que hagamos, no obstante los sentimientos personales o las tentaciones mundanas.

No tenemos ningún mensaje de salvación propio, ninguna doctrina que deba aceptarse, ni el poder para bautizar, ordenar o casar por las eternidades. Todas estas cosas vienen del Señor, y cualquier cosa que hagamos con referencia a ellas, es el resultado de la autoridad delegada.

Cuando nos unimos a la Iglesia y recibimos el sacerdocio, se espera que abandonemos muchos de los hábitos del mundo y vivamos como es digno de los santos. Ya no vestiremos, hablaremos, actuaremos, ni siquiera pensaremos como otros frecuentemente lo hacen. Muchas personas en el mundo usan el té, el café, el tabaco y el licor y se encuentran involucradas en el uso de las drogas. Muchos profanan, son vulgares e indecentes, inmorales e inmundos en sus vidas, pero todas estas cosas deben apartarse de nosotros. Somos los Santos del Altísimo; poseemos el Santo Sacerdocio.

Por medio de la boca de Moisés, el Señor le dijo al antiguo Israel: «. . si hubierais oído a mi voz, y guardaréis mi pacto, vosotros seréis mi especialidad tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. la tierra.

«y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa» (Exodo 19:5-6). Esta promesa también es nuestra. Si caminamos por los senderos de virtud santidad, el Señor derramará sus bendiciones sobre nosotros de una manera que jamás creímos posible. Seremos verdaderamente, como Pedro lo expresó: «linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios» (1 Pedro 2:9). Seguir leyendo

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Ser lento en irritaros

Conferencia General Abril 1971

Ser lento en irritaros

ElRay L. Christiansen

por el élder ElRay L. Christiansen
Ayudante del Consejo de los Doce


El autodominio es un atributo de una vida espiritual

Mis hermanos, estoy completamente de acuerdo con cada palabra que nos acaba de decir nuestro Profeta esta mañana y aquellos que le siguieron y hablaron acerca de la verdad del evangelio eterno.

Con vuestro permiso, quisiera hablar unos minutos sobre un asunto que nos concierne a todos; es un tema sencillo, pero que requiere nuestra atención.

Cuando Salomón declaró: “Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad” (Proverbios 16:32), sabía que el desarrollo espiritual individual no podía lograrse sin el autodominio.

Alguien ha dicho: “El calibre de un hombre puede medirse por el tamaño de las cosas que lo irritan.” ¡Cuán cierto es! El encolerizarse y ofuscarse por asuntos triviales es evidencia de la puerilidad e inmadurez de una persona.

Al convivir con otras personas, y aun cuando estamos solos, nos encontramos constantemente expuestos a cosas que nos irritan; la manera en que reaccionemos frente a ellas, es un reflejo de nuestra personalidad y temperamento. Parece razonable creer que, a fin de desarrollar una personalidad saludable y placentera y para llegar a ser útiles e influir para bien, uno debe evitar el ser fácilmente provocado por la ira. Con esto no sólo mostraríamos más madurez, sino que también podríamos resolver de una manera más inteligente las situaciones que nos molestan, porque raras veces, si es que hay alguna, se lleva a cabo algo bueno mientras las personas actúan bajo un arrebato de cólera. La ira no contribuye a nada bueno; es una fuerza destructora, no edificadora.

La ira desenfrenada no sólo nos afecta física y mentalmente, en una manera negativa, sino que al mismo tiempo destruye la sabiduría y la habilidad de razonar. Cuando nos sentimos perturbados, la facultad de discurrir se limita siendo reemplazada por la ira. Tomar decisiones en un estado de cólera es tan imprudente y necio como lo es para un capitán hacerse a la mar en medio de una terrible tormenta. Estos momentos de furia acarrean únicamente daños y ruina.

Cuando la ira domina, el buen discernimiento desaparece. En realidad, la persona que mantiene su compostura, posee una clara ventaja sobre aquél que está dominado por la ira. En alguna parte leí estas palabras: “Cuando una persona tiene la razón no necesita perder la calma; cuando no la tiene, no puede darse el lujo de perderla.”

Muy a menudo se ve en la vida diaria la ira desenfrenada.

El élder Spencer W. Kimball en su excelente libro The Mímele of Forgiveness (El milagro del perdón), nos dice en efecto que la ira es “un pecado de pensamiento” el cual si no se controla, puede ser precursor de hechos depravados y violentos.

¡Verdaderamente la ira en contra de las cosas es insensata! Seguir leyendo

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