El testimonio de un apóstol de Cristo

Agosto de 1984
El testimonio de un apóstol de Cristo
Por el élder Howard W. Hunter
Del Consejo de los Doce

Howard W. Hunter 1El supremo sacrificio de Cristo podrá ser eficaz en nuestras vidas sólo cuando aceptemos la invitación de seguirlo.

Durante su ministerio terrenal, nuestro Señor extendió repetidas veces un llamamiento que a la vez de ser una Invitación, era también un cometido. A Pedro y a su hermano Andrés, Cristo les dijo: «Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres” (Mateo 4:19). Al joven rico que le preguntó lo que debía hacer para heredar la vida eterna, Jesús le respondió: “Anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres… y ven y sígueme» (Mateo 19:21). Y a cada uno de nosotros Jesús nos dice: «Si alguno me sirve, sígame» (Juan 12:26).

Muchos han escogido seguir a Cristo, y es nuestra oración constante que así lo sigan haciendo muchos más, aunque para cierto número de los seguidores del Señor, el llamado ha sido más específico. Lucas registra que después de que Jesús “pasó la noche orando a Dios. . ., llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles” (Lucas 6:12,13).

Para estos doce escogidos, el llamamiento de seguir a Cristo significó abandonar todo y acompañar físicamente al Señor en su ministerio. Su llamamiento fue un privilegio, pues caminaban y hablaban diariamente con el Hijo de Dios. Lo conocían íntimamente y se deleitaban en su palabra con corazones humildes y receptivos. Lo amaban, y Jesús los llamaba sus amigos (véase Juan 15:14-15). Estos doce apóstoles cumplieron una función vital en el plan del Señor. Eran testigos especiales de la divinidad del Salvador y de su resurrección literal. No solamente lo conocieron durante su ministerio mortal, sino que también caminaron con El después de su resurrección. El Redentor resucitado apareció a sus discípulos en el cuarto superior de su recinto y ellos le palparon las manos y los pies, y así supieron que no era meramente un espíritu, sino un ser resucitado de carne y huesos (véase Lucas 24:38, 39).

Estos apóstoles conocían la divinidad del Señor y sabían de su resurrección con una certeza que sobrepasa toda descripción o disputa. Con este conocimiento, basado en su propia experiencia y confirmado por el Espíritu Santo, se les mandó ser sus “testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8). La palabra apóstol significa en verdad “uno que es enviado de Dios”.

Los apóstoles fueron escogidos por Dios y “ordenados” para ser testigos de la resurrección (véase Hechos 1:22); después de lo cual salieron a testificar intrépida y majestuosamente sobre la Expiación y la Resurrección. Participaron en los sucesos más significativos relacionados con la misión redentora del Salvador, de los cuales se les mandó testificar a todo pueblo. El Espíritu Santo se encargó de confirmar sus palabras para que la gente creyera en Cristo y se preparara para recibir la remisión de sus pecados. Pablo explicó a los santos en Éfeso que el conocimiento concerniente a Cristo había sido “revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu” (Efeslos3:5). Seguir leyendo

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Deja que la virtud engalane tus pensamientos incesantemente

Conferencia General 24 de marzo de 2007
Deja que la virtud engalane tus pensamientos incesantemente
Presidente Gordon B. Hinckley

Su potencial no tiene límites. Si asumen el control de su vida, el futuro estará repleto de oportunidades y alegría.

Mis queridas jovencitas, ¡qué maravilloso panorama es verlas en esta gran sala acompañadas de sus madres, abuelas y maestras! Más allá de este Centro de Conferencias, centenares y millares de jovencitas se reúnen por todo el mundo; nos oirán en más de una veintena de idiomas y nuestros mensajes se traducirán a su lengua natal. La oportunidad de dirigirles la palabra es una gran responsabilidad, pero también es una maravillosa oportunidad. Ruego la guía del Espíritu Santo en lo que voy a decirles.

Otras personas han hablado de manera elocuente sobre el tema de esta reunión; yo sólo lo mencionaré. Es la palabra revelada del Señor que se encuentra en la sección 121 de Doctrina y Convenios, y dice así:

“Deja que la virtud engalane tus pensamientos incesantemente; entonces tu confianza se fortalecerá en la presencia de Dios; y la doctrina del sacerdocio destilará sobre tu alma como rocío del cielo.

“El Espíritu Santo será tu compañero constante, y tu cetro, un cetro inmutable de justicia y de verdad; y tu dominio será un dominio eterno, y sin ser compelido fluirá hacia ti para siempre jamás” (versículos 45–46).

¿Se le puede hacer a alguien una promesa más grande que estas magníficas palabras reveladas del Señor? Éstas son las palabras del Señor, dadas en una revelación al profeta José; éstas conllevan una extraordinaria promesa para todos los que dejen que la virtud engalane sus pensamientos incesantemente.

Y bien, jovencitas, ustedes están en el umbral de la vida; son lo suficientemente mayores para haber sido bautizadas, y son lo suficientemente jóvenes para tener el mundo con el que sueñan todavía por delante. Cada una de ustedes es una hija de Dios; cada una es un ser divino; literalmente, son hijas del Todopoderoso. Su potencial no tiene límites. Si asumen el control de su vida, el futuro estará repleto de oportunidades y alegría. Ustedes no pueden darse el lujo de desperdiciar sus talentos o su tiempo, ya que les esperan grandes oportunidades.

Ahora les ofrezco una fórmula muy sencilla que, si se aplica, les asegurará la felicidad. Se trata de un sencillo programa de cuatro puntos; es el siguiente: (1) oren, (2) estudien, (3) paguen el diezmo y (4) asistan a las reuniones.

En cuanto al primer punto, la oración personal: Ustedes son hijas de nuestro Padre Celestial; Él es su Padre Celestial; háblenle. Arrodíllense cada mañana y cada noche y exprésenle la gratitud de su corazón; háblenle de las bendiciones que anhelan y necesitan. Nunca olviden que esta Iglesia comenzó con la humilde oración del joven José Smith en la arboleda de la granja de su padre. De esa experiencia extraordinaria, a la que llamamos la Primera Visión, ha crecido esta obra hasta que hoy está establecida en 160 naciones, con más de 12 millones de miembros. Es el cumplimiento de la visión de Daniel en la que una piedra cortada del monte, no con mano, rueda para llenar toda la tierra (véase Daniel 2:44–45).

No sólo pueden ofrecer sus oraciones personales, sino que pueden instar a sus padres a llevar a cabo la oración familiar, si es que no lo están haciendo. La oración es el puente mediante el cual nos acercamos a nuestro Padre Celestial; no cuesta nada; sólo requiere fe y esfuerzo. No hay nada más gratificante que arrodillarse en humilde oración; eso demuestra amor por Dios, el dador de todo lo que es bueno; demuestra respeto por nosotros mismos. No hay nada que reemplace la oración, ya que es la comunicación personal con Dios.

El segundo punto de mi lista es el estudio. ¿Qué se incluye en esta simple palabra de siete letras? En primer lugar, el estudio de las Escrituras. Aunque lean sólo algunas partes del Antiguo Testamento, encierra grandes enseñanzas. El Nuevo Testamento es una mina de oro; contiene los cuatro Evangelios: Mateo, Marcos, Lucas y Juan, además de los Hechos de los Apóstoles y otros escritos. Intenten leer aunque sea uno de los Evangelios, tal vez el libro de Juan. Cuando lo terminen, sigan con el Libro de Mormón.

Hace dos años insté a toda la Iglesia a leer el Libro de Mormón antes de que terminara el año. Es asombroso cuántas personas lograron el cometido. Todos los que lo hicieron fueron bendecidos por su esfuerzo. El enfrascarse en este testigo adicional de nuestro Redentor dio vida a su corazón y conmovió su espíritu. Algunas de ustedes eran muy pequeñas para haberlo leído en aquel entonces, pero ya no son tan pequeñas que no puedan comenzar a leerlo ahora. Seguir leyendo

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Permanezcan en el sendero

Conferencia General 24 de marzo de 2007Liahona Mayo 2007
Permanezcan en el sendero
Elaine S. Dalton
Segunda Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes

Sister Elaine S. DaltonEn ocasiones pensamos que podemos vivir al borde del peligro, y aún así, mantener nuestra virtud, pero ése es un lugar peligroso.

En uno de los senderos de un cañón cerca de mi casa, hay un letrero que dice: “Permanezca en el sendero”. Cuando uno empieza a caminar por él, no tarda en darse cuenta de que es un consejo muy bueno. Hay colinas, curvas, declives empinados; en algunos lugares, el terreno que está más allá del sendero es inestable y, en ciertas épocas del año, aparece una que otra víbora de cascabel. Mi mensaje para cada una de ustedes en esta noche es igual que el mensaje del letrero: “Permanezcan en el sendero”.

Hace unos años, fui de excursión a las Montañas Teton, de Wyoming, con un grupo de jovencitas. Era una caminata difícil, y el segundo día llegamos a la parte más peligrosa del recorrido; teníamos que caminar por el desfiladero llamado Huracán, un nombre apropiado debido a los fuertes vientos que casi siempre soplan allí. El guarda forestal nos dijo que permaneciéramos en el centro del sendero, que nos agacháramos lo más que pudiéramos en la parte que estaba al descubierto, que aseguráramos todo lo que llevábamos en nuestras mochilas y que camináramos rápido; ése no era lugar para tomar fotos ni para detenerse. Sentí un gran alivio y alegría cuando cada una de las jovencitas hubo pasado por ese lugar a salvo. ¿Y saben una cosa? ¡Ninguna de ellas preguntó cuánto se podía acercar a la orilla!

A veces, al andar por los senderos de la vida, queremos demorarnos en lugares peligrosos, pensando que es divertido y emocionante y que tenemos todo bajo control. En ocasiones pensamos que podemos vivir al borde del peligro, y aún así, mantener nuestra virtud, pero ése es un lugar peligroso. Tal como nos dijo el profeta José Smith: “La felicidad es el objeto y propósito de nuestra existencia; y también será el fin de ella, si seguimos el camino que nos conduce a la felicidad; y este camino es virtud” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 312).

El consejo del Señor a Emma Smith en la sección 25 de Doctrina y Convenios es el que da a todas Sus preciadas hijas. Allí se nos da un código de conducta y se nos aconseja a “[andar] por las sendas de la virtud” (D. y C. 25:2). La virtud “es un modelo de pensamiento y conducta que se basa en normas morales elevadas” (Predicad Mi Evangelio, pág. 125). Entonces, ¿cuáles son las elevadas normas morales que nos ayudan a ser virtuosas? Seguir leyendo

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El recordar, el arrepentirse y cambiar

Conferencia General 24 de marzo de 2007Liahona Mayo 2007
El recordar, el arrepentirse y cambiar
Julie B. Beck
Primera Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes

Julie B. Beck1El camino más fácil y rápido a la felicidad y a la paz es arrepentirse y cambiar lo antes posible.

Estoy agradecida por el Salvador y por la invitación que todos tenemos de “[venir] a Cristo, y [perfeccionarnos] en él” 1 . Espero transmitirles algo de lo que he estado pensando y sintiendo acerca de recordar a Cristo, de arrepentirnos y de cambiar. Creo que la mejor manera de expresar los sentimientos de mi corazón es hablarles de tres mujeres y después analizar algunas lecciones que aprendí de sus experiencias.

Comenzaré con Ruth May Fox, que fue Presidenta General de las Mujeres Jóvenes hace muchos años, llamamiento que desempeñó hasta que tenía 84 años. La hermana Fox nació en Inglaterra y a los trece años de edad recorrió a pie casi todo el camino hasta el Valle de Lago Salado con un grupo de pioneros. Su madre murió cuando ella era bebé, por lo que vivió con varias familias los primeros doce años de su vida. Debió haber sido una niña difícil de controlar, ya que su abuela la llamó “niña maleducada”, y se negó a cuidarla 2 . Con el tiempo, Ruth se casó y tuvo doce hijos, con quienes compartió su firme testimonio y les enseñó el Evangelio mientras trabajaba junto a ellos; sin embargo, reconoció que a veces disciplinaba con severidad a sus hijos mayores, ya que perdía la paciencia fácilmente y no siempre “contaba hasta diez” 3 cuando la irritaban. Se esforzó por controlar esa debilidad, y se le llegó a conocer por su buen corazón y por su servicio a los demás.

La hermana Fox vivió hasta los 104 años, durante los cuales vivió grandes gozos y pruebas difíciles, y enseñó que “la vida manda pruebas difíciles. Las plantas más fuertes no crecen en invernáculos, y la fortaleza de carácter no se logra evitando los problemas” 4 .

El año pasado escalé Independence Rock, en Wyoming, para buscar el lugar donde la hermana Fox, a los trece años, había grabado su nombre en camino al Valle de Lago Salado. La intemperie de los últimos 140 años casi lo han borrado, pero pude distinguir: “Ruth May 1867”. Deseé saber más de esa gran líder y discípulo de Jesucristo que durante toda su vida se esforzó por mejorarse a sí misma y cuyo lema era: “¡El reino de Dios o nada!” 5 .

Mi siguiente relato es acerca de una mujer a la que llamaré Mary; era hija de fieles padres pioneros que habían sacrificado mucho por el Evangelio; se había casado en el templo y era madre de diez hijos. Era una mujer de muchos talentos que enseñó a sus hijos a orar, a trabajar y a amarse los unos a los otros; pagaba su diezmo y la familia iba en carreta a la Iglesia los domingos. Seguir leyendo

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Hijas de nuestro Padre Celestial

Conferencia General 24 de marzo de 2007
Hijas de nuestro Padre Celestial
Susan W. Tanner
Presidenta General de las Mujeres Jóvenes

Susan W. Tanner

Nuestro Padre Celestial te conoce y te ama. Tú eres Su hija especial. Él tiene un plan para ti.

Nuestro yerno le dijo a su hija Eliza, de tres años, que para la noche de hogar iban a tener una lección sobre algo muy especial. Una gran sonrisa iluminó el rostro de la niña y trató de adivinar la sorpresa. “Con toda seguridad debe ser acerca de mí”, dijo, “¡porque yo soy muy especial!”. Eliza recuerda y sabe quién es: una hija muy especial de Dios. Ella lo ha aprendido de su madre, que desde muy pequeñita le ha cantado como canción de cuna el himno de apertura: “Soy un hijo de Dios” (Himnos, Nº 196).

Por todo el mundo, y en casi todos los idiomas, las mujeres jóvenes de 12 a 18 años declaran lo mismo: “Somos hijas de un Padre Celestial que nos ama y nosotras lo amamos a Él” (“El lema de las Mujeres Jóvenes”, El progreso personal para las Mujeres Jóvenes [folleto], pág. 5). Sin embargo, a medida que crecen, en ocasiones se alejan del conocimiento convincente que tiene Eliza, de tres años, de que son muy especiales. Muchas veces la juventud sufre “crisis de identidad”, al preguntarse quiénes son en realidad. Los años de la adolescencia son también una época de lo que yo describo como: “robo de identidad”, que quiere decir que las ideas, las filosofías y las falsedades del mundo nos confunden, nos zarandean y tratan de robarnos el conocimiento de nuestra verdadera identidad.

Una excelente jovencita me dijo: “En ocasiones no estoy segura de quién soy. No siento el amor de mi Padre Celestial. Mi vida parece difícil. Las cosas no están saliendo de la forma en que yo quería, esperaba o soñaba que ocurriesen”. Lo que le dije a ella, les digo ahora a todas las mujeres jóvenes, de todas partes: Sé, sin ninguna duda, que eres una hija de Dios; él te conoce, te ama y tiene un plan para ti. Sé que éste es un mensaje que el Padre Celestial desea que yo te comunique.

Los profetas y apóstoles de los últimos días testifican de nuestra naturaleza divina. La proclamación al mundo para la familia, dice: “Cada uno [de nosotros] es un amado hijo o hija espiritual de padres celestiales y, como tal, cada uno tiene una naturaleza y un destino divinos” (Liahona, octubre de 2004, pág. 49). Y el presidente Gordon B. Hinckley también ha dicho:

“No hay nadie que las supere; ustedes son hijas de Dios.

“Han recibido como patrimonio algo bello, sagrado y divino. Nunca lo olviden. Su Padre Eterno es el gran Maestro del universo. Él gobierna sobre todo, pero también escuchará sus oraciones como hijas Suyas, y las escuchará cuando le hablen. Él contestará sus oraciones y no las dejará solas” (“Permanezcan en el sendero de la rectitud”, Liahona, mayo de 2004, págs. 112–113).

Al permitir que el conocimiento de que tú eres una hija de Dios se arraigue en tu alma, te reconfortará, fortalecerá tu fe e influirá en tu comportamiento. Si permites que la virtud engalane tus pensamientos incesantemente, tendrás confianza en la presencia de Dios, tal como se promete en el pasaje de nuestro lema de la Mutual (véase D. y C. 121:45). Seguir leyendo

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El arrepentimiento y la conversión

Conferencia General Abril de 2007

El arrepentimiento y la conversión

Élder Russell M. Nelson
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Un alma arrepentida es un alma convertida, y un alma convertida es un alma arrepentida.


El año pasado, mientras el élder David S. Baxter y yo manejábamos rumbo a una conferencia de estaca, nos detuvimos en un restaurante. Después, al regresar al auto, una mujer nos llamó y se nos acercó; su apariencia nos sobresaltó y su arreglo personal (o falta de él) era lo que cortésmente llamaría “extremo”; entonces nos preguntó si éramos élderes de la Iglesia. Le dijimos que sí, y sin mucha reserva contó los eventos de su trágica vida anegada en el pecado. Ahora, a los 28 años de edad, era infeliz; sentía que no valía nada y que no tenía ninguna razón para vivir. Al hablar, la dulzura de su alma comenzó a emerger. En una súplica de lágrimas, preguntó si existía esperanza alguna para ella, alguna salida de esa desesperación.

“Sí”, respondimos, “hay esperanza. La esperanza está vinculada al arrepentimiento. Puedes cambiar; puedes: ‘[venir] a Cristo y [perfeccionarte] en él’” 1 y la instamos a no demorar 2 . Ella sollozó humildemente y nos agradeció con sinceridad.

Al continuar nuestro viaje, el élder Baxter y yo meditamos en cuanto a esa experiencia. Recordamos el consejo que Aarón le dio a una alma sin esperanza, al decir: “Si te arrepientes de todos tus pecados y te postras ante Dios e invocas con fe su nombre… entonces obtendrás la esperanza que deseas” 3 .

En esta sesión de clausura de la conferencia general, yo también hablo en cuanto al arrepentimiento; lo hago porque el Señor ha mandado a Sus siervos que proclamen el arrepentimiento a todo pueblo 4 . El Maestro ha restaurado Su evangelio para dar gozo a Sus hijos, y el arrepentimiento es un componente crucial de dicho Evangelio 5 .

La doctrina del arrepentimiento es tan antigua como el Evangelio mismo. Las enseñanzas bíblicas que se encuentran en los libros de Génesis 6 a Apocalipsis 7 proclaman el arrepentimiento. Entre las enseñanzas de Jesucristo durante su ministerio terrenal encontramos estas advertencias: “El reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio” 8 , y “si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente” 9 .

En el Libro de Mormón se hacen referencias al arrepentimiento aun con mayor frecuencia 10 . Al pueblo de la América antigua, el Señor dio este mandamiento: “Otra vez os digo que debéis arrepentiros, y ser bautizados en mi nombre, y volveros como un niño pequeñito, o de ningún modo heredaréis el reino de Dios” 11 .

Con la Restauración del Evangelio, nuestro Salvador ha recalcado de nuevo esta doctrina. ¡La palabra arrepentimiento en cualquiera de sus formas aparece en 47 de las 138 secciones de Doctrina y Convenios! 12 .

Arrepentirse del pecado

¿Qué significa arrepentirse? Comencemos por la definición del diccionario, arrepentirse es: “abandonar el pecado… sentir pesar [y] remordimiento” 13 . El arrepentirse del pecado no es fácil, pero el galardón vale el precio que se paga. El arrepentimiento se efectúa un paso a la vez, y la humilde oración facilitará cada paso esencial. Como requisitos previos al perdón, primero deben existir el reconocimiento, el remordimiento y luego la confesión 14 . “Por esto sabréis si un hombre se arrepiente de sus pecados: He aquí, los confesará y los abandonará” 15 . Se debe hacer la confesión a la persona dañada; debe ser una confesión sincera y no sólo una mera admisión de culpa después que las pruebas sean evidentes. Si se ha ofendido a muchas personas, la confesión se debe efectuar a todas las partes ofendidas. Los hechos que pudiesen afectar la situación de uno en la Iglesia o el derecho a los privilegios de la Iglesia deben confesarse de inmediato al obispo, a quien el Señor ha llamado como un juez común de Israel 16 . Seguir leyendo

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El punto de retorno seguro

Conferencia General Abril de 2007
El punto de retorno seguro
Élder Dieter F. Uchtdorf
Del Quórum de los Doce Apóstoles

El don de la expiación de Jesucristo nos proporciona, en todo momento y en todo lugar, las bendiciones del arrepentimiento y del perdón.

Durante mi capacitación para ser capitán de vuelo, tuve que aprender a pilotar un avión cruzando grandes distancias. Para volar sobre vastos océanos, cruzar extensos desiertos e ir de un continente a otro, se debe realizar una planificación cuidadosa con el fin de llegar a destino a salvo. Algunos de esos vuelos directos tienen una duración de hasta 14 horas y cubren unos catorce mil quinientos kilómetros.

Durante vuelos tan largos, existe un punto comúnmente conocido como el punto de retorno seguro, en el cual se debe tomar una importante decisión. Hasta ese momento, el avión tiene el combustible necesario para dar vuelta y regresar al aeropuerto de partida con seguridad. Una vez que el piloto ha pasado el punto de retorno seguro, ha perdido esa alternativa y debe seguir adelante. Es por eso que se habla de ese punto como el punto sin retorno.

¿Existen puntos sin retorno en nuestra vida?

Satanás, “el padre de todas las mentiras” (2 Nefi 2:18), “el padre de la contención” (3 Nefi 11:29), “el autor de todo pecado” (Helamán 6:30) y el “enemigo de Dios” (Moroni 7:12), utiliza las fuerzas del mal para convencernos de que ese concepto se aplica cada vez que pecamos. En las Escrituras se le llama “el acusador” porque él desea que creamos que ya estamos fuera del alcance del perdón (véase Apocalipsis 12:10). Satanás quiere que pensemos que al pecar hemos rebasado el “punto sin retorno” y que ya es demasiado tarde para cambiar de rumbo. En nuestro hermoso pero a la vez conflictivo mundo, es una triste realidad que esa forma de pensar es fuente de gran dolor, gran sufrimiento y gran aflicción para las familias, los matrimonios y las personas.

Satanás trata de imitar la obra de Dios, y al hacerlo, engaña a muchos. Con el fin de que perdamos la esperanza, que nos sintamos tan miserables como él y que creamos que ya no nos es posible obtener el perdón, Satanás podría incluso usar de manera engañosa las palabras de las Escrituras que hacen hincapié en la justicia de Dios, para insinuar que no hay misericordia.

¿Cuál es el plan del Señor para nuestro retorno seguro?

La protección contra la influencia de Satanás se recibe a través del evangelio de Jesucristo. Las buenas nuevas son que Jesucristo realizó una perfecta Expiación en beneficio de la humanidad; es un mensaje de amor, esperanza y misericordia de que hay una reconciliación del hombre con Dios. Seguir leyendo

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Robará el hombre a Dios?

Conferencia General Abril de 2007

¿Robará el hombre a Dios?

Élder Yoshihiko Kikuchi
De los Setenta

Cuando ustedes y yo paguemos un diezmo íntegro y honesto al Señor, Él abrirá las ventanas de los cielos.

Quisiera hablar de la ley del diezmo. En el libro de Malaquías, el Señor pregunta:

“¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas.

“Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado.

“Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde” 1 .

El diezmo es un mandamiento tan importante que cuando el Señor visitó el continente americano, después de Su resurrección, repitió exactamente esas mismas palabras 2 . Y en nuestros días, el Señor dijo: “Todos aquellos que hayan entregado este diezmo pagarán la décima parte de todo su interés anualmente” 3 .

En el libro de Levítico, el Señor declaró en tres ocasiones diferentes que el diezmo es “cosa dedicada a Jehová” 4 .

El Señor dijo: “Probadme ahora [o ponedme a prueba ahora]… si no os abriré las ventanas de los cielos” 5 . Muchos probamos al Señor de la manera correcta; sin embargo, algunos no lo hacen.

Consideren, por ejemplo, diez manzanas, todas las cuales en realidad le pertenecen al Señor.; pero Él sólo nos pide que le devolvamos una décima parte, o una manzana.

¿Están dando como ofrenda sólo un pequeño mordisco de esa manzana y se están quedando con el 90 por ciento? ¿Están dispuestos a ofrecerle al Señor una porción tan pequeña?

¿Están avergonzados, o intentan remediar y esconder la porción mordida de la manzana y luego ofrecérsela al Señor?

Deseamos que nuestras ofrendas sean íntegras y puras. Se nos ha enseñado: “He aquí, el Señor requiere el corazón y una mente bien dispuesta; y los de buena voluntad y los obedientes comerán de la abundancia de la tierra de Sión en estos postreros días” 6 .

Hace algunos años se me asignó reorganizar la Estaca Carey, Idaho. El avión aterrizó en Twin Falls y el presidente Roy Hubert, que prestó servicio en forma tan excelente, me recibió y me llevó a su casa. Por el camino, le pregunté: “¿Hay algo que pueda hacer por usted y por los santos?”. Seguir leyendo

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Quién sigue al Señor?

Conferencia General Abril de 2007
¿Quién sigue al Señor?
Charles W. Dahlquist II
Presidente General de los Hombres Jóvenes

Si uno permanece del lado de la línea del Señor, el adversario no puede ir allí para tentarlo.

Mis queridos hermanos y hermanas, estoy agradecido de vivir en una época en que tenemos apóstoles y profetas en la tierra que nos inspiran y nos guían. Testifico que el presidente Hinckley es un profeta de Dios, al igual que Moisés, Abraham y todos los demás profetas desde el comienzo del mundo. Estoy agradecido por sus consejos de esta mañana así como por la oportunidad que tendremos de escucharlo una vez más al concluir esta conferencia.

Hoy me dirijo en especial a los hombres y a las mujeres jóvenes de la Iglesia, así como a sus padres y líderes. También me dirijo a los excelentes jóvenes adultos solteros, que tienen maravillosos talentos, aptitudes y potencial para servir en el reino.

El presidente Hinckley ha dicho de esta generación: “Nunca hubo un tiempo como éste. ¡Qué gran época de la historia del mundo para vivir! Nunca antes ha habido una generación de jóvenes como ésta… En verdad ustedes son ‘una generación escogida’ ” (Way to Be!, 2002, pág. 3).

Ustedes, como juventud de Sión, tienen una gran obra que hacer y se les han dado todos los talentos y las oportunidades, sin importar donde vivan, para que hagan exactamente aquello que su Padre Celestial espera de ustedes. Ruego que mis palabras en esta tarde les ayuden en dicha tarea.

En febrero de 1852, la joven Hannah Last Cornaby se bautizó en Yarmouth, Inglaterra. No tuvo la experiencia tranquila y reverente que la mayoría de las personas tienen; ella la describió con las siguientes palabras: “Encontramos la casa rodeada por una turba entre la cual nos abrimos paso con dificultad… Antes de llegar a la orilla del agua, toda la multitud nos había rodeado; mi esposo me bautizó en medio de una lluvia de piedras y de gritos… y aunque las piedras nos pasaban zumbando como si fuera granizo, ninguna nos tocó; llegamos a casa sanos y salvos, dando gracias a Dios por nuestra liberación milagrosa” (Hannah Cornaby, Autobiography and Poems, 1881, págs. 24–25).

Su vida después de eso no fue fácil. Años después escribió estas palabras:

¿Quién sigue al Señor? Toma tu decisión.
Clamamos sin temor: ¿Quién sigue al Señor?
(“¿Quién sigue al Señor?”, Himnos, Nº 170.)

Aunque ésas son las palabras de un himno que no cantamos a menudo, éste es ahora uno de mis favoritos porque expresa dedicación a la verdad y a la justicia. En realidad, es una pregunta que debería estar en la mente de todo joven y de toda jovencita del mundo: “¿Quién sigue al Señor?”; y nuestra respuesta rotunda debe ser: “¡Yo!”. Seguir leyendo

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Mamá, ¿somos cristianos?

Conferencia General Abril de 2007
“Mamá, ¿somos cristianos?”
Élder Gary J. Coleman
De los Setenta

Soy un cristiano devoto sumamente afortunado de tener mayor conocimiento de la verdadera “doctrina de Cristo” desde de mi conversión a la Iglesia restaurada.

El cristianismo celebra la vida y el ministerio de Jesucristo, el Hijo Unigénito de Dios el Eterno Padre. Hay iglesias cristianas con grandes variaciones de doctrina por todo el mundo. Cuando Cortnee, la hija de un presidente de misión, tenía catorce años e iniciaba el año noveno de sus estudios en una nueva escuela, sus compañeros le preguntaron si era cristiana. Se burlaron de ella cuando respondió que era mormona, nombre por el que se conoce a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Al llegar a casa ella le preguntó a su madre: “Mamá, ¿somos cristianos?”.

Durante mi niñez, mi familia era miembro devoto de otra fe cristiana. Se me bautizó como miembro de esa iglesia poco después de mi nacimiento, y nuestra familia iba a la iglesia cada semana. Por muchos años mis hermanos y yo ayudamos a los pastores que dirigían los servicios dominicales. Nuestra familia oraba junta cada día, lo que me enseñó la importancia de la oración familiar. Pensé que algún día me haría clérigo de tiempo completo de mi iglesia. No había duda en nuestra mente que nos podíamos catalogar como cristianos devotos.

Sin embargo, cuando era estudiante universitario llegué a familiarizarme con los miembros y las enseñanzas de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días: una fe cristiana centrada en el Salvador. Comencé a aprender en cuanto a la doctrina de la restauración del evangelio de Jesucristo en estos últimos días. Aprendí verdades que no había conocido antes, las cuales cambiaron mi vida y la forma en que percibía el Evangelio. Después de mucho estudio, oración y fe, decidí aceptar las bellas verdades restauradas que sólo se encuentran en esta Iglesia.

La primera verdad restaurada que aprendí fue la naturaleza de la Trinidad. En los tiempos bíblicos se conocía la verdadera doctrina cristiana donde la Trinidad consta de tres personajes distintos. En varias ocasiones, Dios dio testimonio de Jesús, Su Hijo Unigénito. Habló en el bautismo de Jesús: “Este es mi hijo amado, en quien tengo complacencia” 1 . Jesús mismo testificó de Dios, Su Padre, al decir: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” 2 . Después de la muerte y la resurrección de Jesús, aprendemos que “Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios” 3 . Qué testimonio tan espectacular de la Trinidad expresó aquel discípulo de Cristo.

El conocimiento con respecto a Dios y el hecho de que es un ser distinto de Su hijo y del Espíritu Santo se perdió después de la muerte de Cristo y de Sus apóstoles. La confusión y las doctrinas falsas en cuanto a la Trinidad fueron producto del Credo de Nicea y de los consejos de Constantinopla, donde hombres declararon que en vez de ser tres personajes distintos, la Trinidad se componía de tres personajes en un solo Dios. De la misma forma en que los reformadores protestantes cristianos tuvieron problemas con esos credos de hombres, yo también los tenía. Las enseñanzas que aprendí en mi juventud en cuanto a la Trinidad eran incomprensibles para mí. Seguir leyendo

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Este día

Conferencia General Abril de 2007
Este día
Élder Henry B. Eyring
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Todos necesitaremos Su ayuda para evitar la tragedia de postergar lo que debemos hacer aquí y ahora a fin de obtener la vida eterna.

Hay peligro en la frase “algún día” cuando en realidad significa “hoy no”. “Algún día me arrepentiré”. “Algún día lo perdonaré”. “Algún día hablaré con mi amigo acerca de la Iglesia”. “Algún día comenzaré a pagar el diezmo”. “Algún día regresaré al templo”. “Algún día…”.

En las Escrituras está claro el peligro de postergar. Esto es, que podríamos descubrir que se nos ha acabado el tiempo. Dios, quien nos da cada día como un tesoro, requerirá que le rindamos cuentas. Nosotros lloraremos y Él llorará, si hemos tenido la intención de arrepentirnos y de servirle en los mañanas que nunca llegaron o en los ayeres con los que hemos soñado, cuando ya ha pasado la oportunidad de actuar. El “hoy” es un don preciado de Dios. El pensamiento “Algún día lo haré” puede robarnos las oportunidades que nos da el tiempo y las bendiciones de la eternidad.

En las palabras registradas en el Libro de Mormón se encuentra una advertencia y un consejo solemnes:

“Y como os dije antes, ya que habéis tenido tantos testimonios, os ruego, por tanto, que no demoréis el día de vuestro arrepentimiento hasta el fin; porque después de este día de vida, que se nos da para prepararnos para la eternidad, he aquí que si no mejoramos nuestro tiempo durante esta vida, entonces viene la noche de tinieblas en la cual no se puede hacer obra alguna.

“No podréis decir, cuando os halléis ante esa terrible crisis: Me arrepentiré, me volveré a mi Dios. No, no podréis decir esto; porque el mismo espíritu que posea vuestros cuerpos al salir de esta vida, ese mismo espíritu tendrá poder para poseer vuestro cuerpo en aquel mundo eterno” 1 .

Entonces Amulek advierte que postergar el arrepentimiento y el servicio puede causar que el Espíritu del Señor se aleje.

Pero junto con la advertencia también nos da esperanza:

“Y sé esto, porque el Señor ha dicho que no mora en templos impuros, sino en los corazones de los justos es donde mora; sí, y también ha dicho que los justos se sentarán en su reino, para ya no volver a salir; y sus vestidos serán blanqueados por medio de la sangre del Cordero” 2 .

Las Escrituras están repletas de ejemplos de siervos prudentes de Dios que valoraban el día en que vivían y que escogieron hacer lo que les purificaría. Josué fue uno de ellos: “…escogeos hoy a quién sirváis”, dijo, “pero yo y mi casa serviremos a Jehová” 3 .

Servirle a Él invita la compañía del Espíritu Santo, y el Espíritu Santo nos purifica del pecado.

Aun el Salvador, que no tenía pecado, fue un ejemplo de la necesidad de no postergar. Él dijo:

“Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar. Seguir leyendo

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El mensaje de la Restauración

Conferencia General Abril de 2007
El mensaje de la Restauración
Élder L. Tom Perry
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Declaramos al mundo que la plenitud del evangelio de Jesucristo se ha restaurado en la tierra.

En una de mis asignaciones a una conferencia de estaca en el valle del Lago Salado, pedí a un joven presidente de un quórum de diáconos que me acompañara para hablar acerca de las llaves del sacerdocio. Quería que él entendiera que poseía un oficio muy especial que incluía las llaves para presidir un quórum del sacerdocio. Hablamos de la gran responsabilidad de poseer llaves y de lo especial que es pertenecer a un quórum. Al concluir la pequeña demostración, le pregunté cuántos miembros había en su quórum; respondió que había catorce.

Entonces le pregunté: “¿Cuántos son activos?”.

Respondió: “Doce”.

En seguida pregunté: “¿Y los otros dos?”.

Él respondió: “Tengo que ponerme a trabajar para que formen parte activa de nuestro quórum”.

Luego le pregunté cuánto tiempo le tomaría. Pensó que quizás tres meses, y lo alenté para que se esforzara.

Casi exactamente tres meses después, recibí una carta de él en la que me informaba que ahora todos los miembros de su quórum estaban activos. Dijo que se había hecho amigo de ellos; que uno asistía a las reuniones del quórum de diáconos y que el obispo había ordenado al otro como maestro. Su empeño me dejó maravillado. Qué gran ejemplo de alguien que honra el sacerdocio y usa las llaves de éste para llevar a cabo la asignación que el Señor le ha encomendado. No pude evitar maravillarme por el plan que el Señor ha establecido para la administración de Su obra aquí en la tierra mediante los poderes del sacerdocio.

Este joven, que aún no llega a los catorce años, está recibiendo una capacitación sumamente valiosa que lo preparará para toda una vida de servicio. ¿Se lo imaginan en los próximos cinco o seis años continuando ese servicio con una placa en su traje, la cual indicará que está dando dos años de su vida como misionero de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días?

Además de la experiencia que está ganando al ejercer el sacerdocio al servicio de los demás, la preparación de ese joven también debe incluir un firme entendimiento del mensaje de la Restauración: el mensaje que miles de misioneros están declarando hoy en día al mundo. Es el mensaje de que en nuestros días, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, se ha restaurado el Evangelio para bendecir a todos los que escuchen y obedezcan.

La Primera Visión

La dispensación del cumplimiento de los tiempos se inició con una visión muy especial que se dio a otro joven menor de quince años. Ese joven fue a una arboleda a orar para recibir respuesta a las preguntas que tenía acerca de religión. José Smith describe con estas palabras la gloriosa visión que se desplegó ante él: Seguir leyendo

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Las cosas de las que tengo convicción

Conferencia General Abril de 2007
Las cosas de las que tengo convicción
Presidente Gordon B. Hinckley

Deseo expresarles mi testimonio de las verdades básicas de esta obra.

Mis queridos hermanos y hermanas: Estoy complacido por la oportunidad de dirigirles la palabra. Agradezco a cada uno de ustedes las oraciones que han ofrecido por mí; me siento sumamente agradecido a ustedes. Durante los 49 años que he sido Autoridad General, he pronunciado más de doscientos discursos en las conferencias generales. Me encuentro ya en el año 97 de mi vida; el viento sopla y me siento como la última hoja del árbol.

En realidad, mi salud es bastante buena, a pesar de todos los rumores que afirman lo contrario; médicos y enfermeras competentes me mantienen en buen estado; tal vez algunos de ustedes se vayan antes que yo. Sin embargo, considerando mi edad, deseo expresarles mi testimonio de las verdades básicas de esta obra.

Confieso que no sé todo, pero de algunas cosas estoy seguro; esta mañana quiero hablarles de las cosas de las que tengo convicción.

Cuando el emperador Constantino se convirtió al cristianismo, se dio cuenta de la división que existía entre el clero en cuanto a la naturaleza de Dios. Con el propósito de poner fin a eso, en el año 325 convocó en Nicea a los teólogos ilustres de esa época. A cada uno de los participantes se le dio la oportunidad de exponer sus puntos de vista, lo cual sólo intensificó la polémica. Al no lograrse una definición unánime, se llegó a un acuerdo mutuo, que llegó a conocerse como el Credo de Nicea, cuyos elementos básicos aceptaron la mayoría de los fieles cristianos.

Personalmente, yo no lo entiendo; para mí, el credo es confuso.

Cuán profundamente agradecido estoy porque nosotros, los de esta Iglesia, no nos basamos en ninguna declaración hecha por el hombre en cuanto a la naturaleza de Dios. Nuestro conocimiento proviene directamente de la experiencia personal que tuvo José Smith, quien, siendo jovencito, habló con Dios el Eterno Padre y Su Amado Hijo, el Señor Resucitado. Él se arrodilló en presencia de Ellos, oyó Sus voces y respondió. Cada uno era un personaje distinto. No es de extrañar que le dijera a su madre que había sabido que la iglesia de ella no era verdadera. De modo que una de las grandes y fundamentales doctrinas de esta Iglesia es nuestra creencia en Dios el Eterno Padre; Él es un ser real y personal; Él es el gran Gobernador del universo, y no obstante, Él es nuestro Padre y nosotros somos Sus hijos.

Nosotros le oramos a Él, y esas oraciones son una conversación entre Dios y el hombre. Estoy seguro de que Él oye nuestras oraciones y las contesta; yo no podría negarlo, ya que he tenido demasiadas experiencias con oraciones que han sido contestadas.

Alma instruyó a su hijo Helamán diciendo: “Consulta al Señor en todos tus hechos, y él te dirigirá para bien; sí, cuando te acuestes por la noche, acuéstate en el Señor, para que él te cuide en tu sueño; y cuando te levantes por la mañana, rebose tu corazón de gratitud a Dios; y si haces estas cosas, serás enaltecido en el postrer día” (Alma 37:37). Seguir leyendo

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El milagro de la Santa Biblia

Conferencia General Abril de 2007
El milagro de la Santa Biblia
Élder M. Russell Ballard
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Somos creyentes fieles y verídicos en el Señor Jesucristo y en Su palabra revelada por medio de la Santa Biblia.

Mis hermanos y hermanas, ¡la Santa Biblia es un milagro! Es un milagro que los 4.000 años de historia sagrada y secular de la Biblia fueran registrados y preservados por los profetas, apóstoles y clérigos inspirados.

Es un milagro que tengamos la poderosa doctrina, los principios, la poesía y los relatos de la Biblia, pero, por encima de todo, es un milagro maravilloso que tengamos el registro de la vida, del ministerio y de las palabras de Jesús, que fue protegido durante la época del oscurantismo y a través de los conflictos de innumerables generaciones para que pudiésemos tenerlo en la actualidad.

Es un milagro que la Biblia contenga literalmente en sus páginas el Espíritu de Cristo que convierte y sana, y que durante siglos haya hecho volver el corazón de los hombres, guiándolos a orar, a elegir el sendero correcto y a buscar para encontrar a su Salvador.

La Santa Biblia lleva bien su nombre; es santa porque enseña la verdad, es santa porque nos consuela con su espíritu, es santa porque nos enseña a conocer a Dios y a comprender Sus tratos con los hombres, y es santa porque a través de sus páginas testifica del Señor Jesucristo.

Abraham Lincoln dijo acerca de la Biblia: “Este Gran Libro… es el mejor don que Dios haya dado al hombre. Todo lo bueno que el Salvador dio al mundo se comunicó por medio de ese libro, y de no ser por él, no podríamos discernir el bien del mal” (Speeches and Writings, 1859–1865 [1989], pág. 628).

No es casualidad ni coincidencia que tengamos la Biblia en la actualidad. El Espíritu indujo a hombres rectos a registrar tanto las cosas sagradas que vieron como las inspiradas palabras que hablaron y oyeron. Otras personas devotas estuvieron prestas a proteger y a preservar esos registros; hombres como John Wycliffe, el valiente William Tyndale y Johannes Gutenberg fueron inducidos, contra mucha oposición, a traducir la Biblia en un lenguaje que la gente pudiera entender, y publicarla en libros que la gente pudiera leer. Creo que hasta los eruditos de la época del rey Santiago tuvieron impresiones del Espíritu durante sus labores de traducción.

La época del oscurantismo fue oscura porque la luz del Evangelio se le ocultó a las personas; éstas no tenían a los apóstoles ni a los profetas, ni tenían acceso a la Biblia. El clero mantenía las Escrituras en secreto y fuera del alcance de las personas. Mucho les debemos a los valientes mártires y reformadores como Martín Lutero, John Calvin y John Huss, quienes exigieron la libertad para adorar y el acceso común a los libros sagrados.

William Tyndale dio su vida porque creía profundamente en el poder de la Biblia; él dijo: “La naturaleza de la palabra de Dios es tal, que el hombre que la lea o que oiga explicaciones y debates en cuanto a ella, comenzará de inmediato a convertirse en una persona cada vez mejor, hasta que llegue a ser un hombre perfecto” (S. Michael Wilcox, Fire in the Bones: William Tyndale—Martyr, Father of the English Bible [2004], pág. xv).

El estudio sincero y diligente de la Biblia nos hace cada vez mejores, y siempre debemos tener presente a los incontables mártires que sabían de este poder y dieron su vida a fin de que halláramos en las palabras de este texto el sendero que conduce a la felicidad eterna y a la paz del reino de nuestro Padre Celestial.

Si bien aquellos primeros reformadores cristianos coincidían en muchas cosas, al final discreparon en muchos puntos de doctrina, lo cual resultó en la organización de numerosas denominaciones cristianas. Roger Williams, un antiguo defensor de la libertad religiosa, llegó a la conclusión de que no había “ninguna iglesia de Cristo debidamente constituida sobre la tierra, ni persona alguna autorizada para administrar ninguna de las ordenanzas de la Iglesia, ni las [podía] haber hasta que [fuesen] enviados nuevos apóstoles por el gran Director de la Iglesia, cuya venida yo busco” (“La restauración de todas las cosas”, Liahona, mayo 2006, pág. 61). Seguir leyendo

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Lo saben?

Conferencia General Abril de 2007
¿Lo saben?
Élder Glenn L. Pace
De los Setenta

Los invito a “experimentar con mis palabras”. ¿Leerán y orarán acerca de la historia de José Smith?

Hace un tiempo, tuve una conversación muy agradable con una jovencita de 16 años. Me enteré que ella era el único miembro de la Iglesia en su escuela de enseñanza secundaria. Le pregunté: “¿Cuál es el desafío más grande al cual te enfrentas por ser el único miembro?”.

Ella lo pensó y luego me dio una respuesta muy inteligente: “Creer que algo es verdad cuando todos los demás creen que es falso, y creer que algo está mal cuando todos los demás creen que está bien”.

Le hice una segunda pregunta: “¿Sabes que José Smith es un profeta de Dios?”. Su respuesta fue: “Creo que sí, pero no estoy segura”.

Esta mañana quisiera preguntar a los jóvenes de Iglesia alrededor del mundo: “¿Lo saben?”.

La primera vez que supe que tenía un testimonio de José Smith fue cuando apenas tenía 11años y mis padres me llevaron a la Manzana del Templo en Salt Lake City.

Mi pasatiempo favorito era coleccionar todo lo que se ofrecía gratis. Creo que llegué a ser un experto en obtener cosas gratis; yo preguntaba: “¿Es esto gratis?”; después de una respuesta afirmativa, extendía la mano, a mis once años, y decía: “Gracias, ¿es eso también gratis? ¡Gracias!”. A veces alguien me decía: “No, lo siento, esos cuestan cinco centavos”. Sin desanimarme, inclinaba la cabeza y con gran desilusión decía: “Ah, siempre quise leer ese folleto, pero no tengo dinero. ¡Gracias!”; y siempre me los daban. La verdad es que nunca los leía, sino que los coleccionaba.

Sin embargo, en ese viaje en particular, mientras esperaba a mis padres a solas en nuestro Chevrolet 1948, me encontraba muy aburrido. En la desesperación, miré hacia el asiento y vi mi montón de material gratis; entonces tomé un folleto con el título: José Smith cuenta su propia historia, y lo empecé a leer.

Estaba fascinado y mi corazón estaba lleno de gozo. Cuando terminé de leerlo, me vi en el espejo retrovisor, y para mi sorpresa, estaba llorando. En aquel entonces no entendía, pero ahora comprendo. Había sentido el testimonio del Espíritu; mis padres no estaban allí, mi hermana no estaba allí; ni tampoco mi maestra de la Primaria; éramos sólo yo y el Espíritu Santo.

Ahora bien, esto puede sucederles a ustedes, y quizás algo similar ya les haya sucedido.

Al procurar un testimonio, aquellos de ustedes que hayan nacido en la Iglesia quizás busquen un sentimiento espiritual espectacular, diferente a todo lo que han sentido antes. Tal vez hayan oído a conversos testificar sobre su conversión y se pregunten a sí mismos si se están perdiendo de algo. Una de las razones por las que a ellos les parece tan espectacular es que es algo nuevo.

Ustedes han tenido esos mismos sentimientos durante toda la vida; en las noches de hogar, en las reuniones de testimonio de los jóvenes, en las clases de seminario, al leer los pasajes de las Escrituras y en muchas otras oportunidades. Seguir leyendo

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