Las ordenanzas y los convenios del templo

Junio de 2016
MENSAJE DE LAS MAESTRAS VISITANTES
Las ordenanzas y los convenios del templo

Relief Society sealEstudie este material con espíritu de oración y procure saber lo que debe compartir. ¿De qué manera el entender el documento “La Familia: Una Proclamación para el Mundo” aumentará su fe en Dios y bendecirá a las hermanas que están bajo su cuidado en el programa de maestras visitantes? Si desea más información, visitereliefsociety.lds.org.

Fe, Familia, Socorro

Todas las ordenanzas necesarias para la salvación y la exaltación vienen acompañadas de convenios que se hacen con Dios. “Hacer y guardar convenios significa tomar la decisión de establecer una obligación con nuestro Padre Celestial y con Jesucristo”, dijo Linda K. Burton, Presidenta General de la Sociedad de Socorro1.

El élder Neil L. Andersen, del Cuórum de los Doce Apóstoles, declaró: “El Señor dijo: ‘… en [las] ordenanzas se manifiesta el poder de la divinidad’.

Nauvoo Illinois Temple“Existen bendiciones especiales de Dios para cada persona digna que se bautiza, recibe el Espíritu Santo y participa regularmente de la Santa Cena”2.

“Cuando el hombre y la mujer van al templo”, dijo el élder M. Russell Ballard, del Cuórum de los Doce Apóstoles, “ambos son investidos con el mismo poder, a saber, el poder del sacerdocio…

“Todo hombre y toda mujer tienen acceso a ese poder para recibir ayuda en su vida personal. Todos los que han hecho convenios sagrados con el Señor y que honran dichos convenios son dignos de recibir revelación personal, de ser bendecidos con el ministerio de ángeles, de comulgar con Dios, de recibir la plenitud del Evangelio y, finalmente, de llegar a ser herederos junto con Jesucristo de todo lo que nuestro Padre tiene”3.

Historias actuales

En 2007, cuatro días después del devastador terremoto que azotó Perú, el élder Marcus B. Nash, de los Setenta, se reunió con el presidente de rama Wenceslao Conde y con su esposa, Pamela. “El élder Nash le preguntó a la hermana Conde cómo estaban sus hijos. Con una sonrisa, ella respondió que gracias a la bondad de Dios todos estaban bien y a salvo. Él le preguntó acerca de la casa de ellos.

“Ella simplemente respondió: ‘Destruida’.

“‘Sin embargo, usted está sonriendo’, dijo el élder Nash.

“‘Sí’, dijo ella, ‘he orado y estoy en paz. Tenemos todo lo que necesitamos; nos tenemos el uno al otro, tenemos a nuestros hijos, estamos sellados en el templo, tenemos esta maravillosa Iglesia y tenemos al Señor; la podemos volver a construir con la ayuda del Señor’…

“¿Cómo es que el hacer convenios con el Señor y guardarlos nos da el poder de sonreír en medio de las dificultades, de convertir la tribulación en triunfo…?”.

“La fuente es Dios; obtenemos ese poder mediante los convenios que hacemos con Él”4.

Considere lo siguiente

¿Cómo nos fortalecen y nos dan poder las ordenanzas y los convenios del templo?

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , | 2 comentarios

Nuestro Padre, nuestro Mentor

Junio de 2016
Nuestro Padre, nuestro Mentor
Por el presidente Dieter F. Uchtdorf
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Dieter F. Uchtdorf¿Alguna vez han abierto una caja que contenía piezas para armar, han sacado las instrucciones de montaje y han pensado: “Esto no tiene ningún sentido”?

En ocasiones, a pesar de nuestras mejores intenciones y de la confianza que tengamos en nosotros mismos, sacamos una pieza y nos preguntamos: “¿Para qué sirve esto?” o “¿Dónde va?”.

Nuestra frustración aumenta cuando miramos la caja y vemos una nota que dice: “Requiere montaje — para niños mayores de 8 años”. Dado que seguimos sin tener ni idea de cómo armarlo, eso no incentiva nuestra confianza ni nuestra autoestima.

man with a mapA veces, tenemos una experiencia similar con el Evangelio. Al observar alguna de sus partes, puede que nos rasquemos la cabeza y nos preguntemos para qué sirve; o, al examinar otro fragmento, tal vez nos demos cuenta de que, aun después de esforzarnos por entenderlo por completo, simplemente no llegamos a comprender por qué se incluyó esa pieza.

Nuestro Padre Celestial es nuestro Mentor

Afortunadamente, nuestro Padre Celestial nos ha dado instrucciones maravillosas para estructurar nuestra vida y armar la mejor versión de nosotros mismos. Esas instrucciones sirven independientemente de nuestra edad o de nuestras circunstancias. Él nos ha dado el Evangelio y la Iglesia de Jesucristo. Nos ha dado el plan de redención, el Plan de Salvación, a saber, el plan de felicidad. No nos ha dejado solos con todas las incertidumbres y los desafíos de la vida, diciendo: “Aquí están; buena suerte. Arréglenselas”.

Si tan solo fuéramos pacientes y mirásemos con un corazón humilde y una mente abierta, veríamos que Dios nos ha dado muchas herramientas a fin de que entendamos mejor Sus exhaustivas instrucciones para ser felices en la vida: Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , | Deja un comentario

De acuerdo con sus deseos

Abril de 1985
De acuerdo con sus deseos
Por el élder Dean L. Larsen
De  la Presidencia del Primer Quórum de los Setenta

Dean L. LarsenEn varias oportunidades he escucha­do algunas versiones de una histo­ria que se supone se basa en hechos reales, y que va más o menos así: Un hombre de cierta edad se acercó a con­versar con uno de los guías en uno de los centros para visitantes de la Iglesia. Le dijo que era miembro de la Iglesia pero que había estado fuera de ella desde su juventud. Le contó que una vez fue expulsado de su clase de la Escuela Dominical por mala conducta, y que desde entonces no había vuelto a entrar en un edificio de la Iglesia. Ade­más, le contó que ni sus hijos, ni sus nietos, ni sus bisnietos eran miembros de la Iglesia, y entre todos sumaban más de cien personas.

Cada vez que he escuchado esta his­toria ha sido generalmente para ilustrar las consecuencias nefastas que resulta­ron debido a un momento violento que tuvo un oficial de la Escuela Domini­cal; sin embargo, nunca escuchamos el otro lado de la historia, el del oficial de la Escuela Dominical, ni tampoco to­mamos en consideración la responsa­bilidad del joven por su propia con­ducta y por esos años de rencor y amargura inflexibles que han envene­nado no sólo su propia vida sino tam­bién la de tantos de sus descendientes.

La historia está llena de tragedia, y ¿quién es el responsable de ella, y có­mo se podía haber evitado?

Cuando tengo oportunidades de vi­sitar las estacas de la Iglesia, a menudo escucho informes de los problemas que afrontan los maestros de los jóve­nes y señoritas en sus clases de la Es­cuela Dominical, de las Mujeres Jóve­nes y de los quórumes del Sacerdocio Aarónico. He, sabido de casos en que el llamamiento de maestros es una co­sa tan regular, que para los líderes del sacerdocio es un verdadero problema encontrar quién los reemplace. Estas circunstancias generalmente se dan a conocer para demostrar cuánto necesi­ta la Iglesia un programa eficaz para preparar adecuadamente a los maes­tros. Es obvio que esa necesidad exis­te, pero me opongo a la idea de que la responsabilidad completa de estas de­sagradables situaciones recaiga sola­mente en los maestros.

Durante muchos años he vivido con el recuerdo de una experiencia que su­cedió en mi propia vida, mientras tra­bajaba en una comunidad donde la Iglesia tenía un programa completo de seminarios en un edificio adyacente al de enseñanza secundaria. A mediados del año escolar se produjo una vacante en el profesorado debido a los proble­mas de salud de uno de los maestros, y se me extendió la invitación para ense­ñar esas clases diariamente durante un tiempo hasta que pudieran encontrar un maestro permanente. En muchos respectos, fue una experiencia agrada­ble que a menudo recuerdo con cariño. En una de las clases, sin embargo, ha­bía un joven que resultó ser una verda­dera prueba para mí. Estaba en su últi­mo año de secundaria, era brillante y talentoso, y era obvio que contaba con gran popularidad entre los demás estu­diantes, además de ejercer una influen­cia considerable entre ellos. Lamenta­blemente su conducta en las clases de seminario era por lo general irreveren­te. Buscaba la atención de sus compa­ñeros y generalmente la obtenía como resultado de su mal comportamiento durante la clase.

En repetidas oportunidades me sen­tía frustrado cuando la atmósfera que trataba de establecer para analizar y aprender cosas espirituales era distor­sionada por las payasadas de este jo­ven que buscaba la atención de los demás alumnos. Tuvimos varias entre­vistas personales que no ayudaron en lo absoluto, y aun cuando durante ellas mostraba estar de acuerdo conmigo, tan pronto llegaba a la siguiente clase se volvía a comportar como de cos­tumbre. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | 1 comentario

La enseñanza por medio del Espíritu

Mayo de 1985
La enseñanza por medio del Espíritu
Por el élder Loren C. Dunn
Del Primer Quórum de los Setenta

Loren C. DunnEnseñar el evangelio por el Espíritu es la primera responsabilidad de cada maestro de la Iglesia.

Esta semana un joven piloto rural de la comunidad de Yellowknife en los Territorios Noroestes de Canadá se prepara reverentemente para enseñar a su quorum del sacerdocio el domingo. Un empleado de oficina en Darwin, Australia, se ha puesto de acuerdo con su compañero para hacer sus visitas como maestros orientadores. Dos mi­sioneros en Tokio, Japón, están a pun­to de enseñar una lección a un investi­gador, y una ama de casa en Stuttgart, Alemania, prepara con entusiasmo su siguiente clase de la Primaria.

Miles de personas, desde un confín de la tierra hasta el otro, virtualmente un ejército de hombres y mujeres, los maestros de la Iglesia, se encuentran efectuando un trabajo de gran impor­tancia. Cada uno ha aceptado un lla­mamiento de enseñar el evangelio: a miembros y no miembros, a niños y jóvenes, a hombres y mujeres en cada estaca y distrito, cada barrio y rama en toda la Iglesia.

No podemos elogiar suficientemen­te a estos fieles maestros por el benefi­cio que proporcionan. No simplemente transmiten información; su llamamien­to es mucho más grande que eso. Ellos enseñan el evangelio por el poder del Espíritu. Fortalecen a quienes les escu­chan, inspirándolos a hacer buenas obras. El Señor nos ha mostrado la si­tuación ideal para la enseñanza:

“Al estar reunidos os instruiréis y os edificaréis unos a otros, para que se­páis cómo conduciros.” (D. y C. 43:8.) Instruir es una cosa, mas ins­truir y edificar es algo más. Edificar sería instruir por el poder del Espíritu. Cuando una persona edifica o enseña por el Espíritu, instila en los que lo escuchan el deseo de superarse, de ac­tuar a la par con lo que se les ha ense­ñado.

Enseñar el evangelio por el Espíritu es, pues, la primera responsabilidad de cada maestro de la Iglesia. El mundo, al enseñar de acuerdo con los precep­tos de los hombres, simplemente inter­cambia información interesante o he­chos adicionales. Pero cuando uno enseña por el Espíritu, la experiencia es diferente: es una comunicación a las almas de aquellos que lo escuchan. Tanto el orador como el escuchante terminan edificados e iluminados. Hay un sentimiento interior de gozo y de querer vivir mejor.

El maestro de la Iglesia puede pre­pararse en diferentes formas. Entre ellas están el inscribirse en el curso básico del programa de desarrollo del maestro y seguir las instrucciones y ayudas que se encuentran en cada uno de los manuales de la Iglesia. Sin em­bargo, la preparación más importante del maestro es espiritual y debe efec­tuarse individualmente. Se nos ha di­cho: “Y si no recibís el Espíritu, no enseñaréis.» (D. y C. 42:14.) Esto se puede aplicar de dos maneras. Prime­ro, a fin de aceptar el llamamiento de enseñar el evangelio, debemos bauti­zarnos y recibir el don del Espíritu Santo, el cual es la fuente de la verdad. Segundo, debemos vivir, actuar y orar de tal manera que el don del Espíritu pueda ser una fuerza viva en nuestras vidas, la cual, a su vez, nos edificará y fortalecerá a nosotros así como a aque­llos a quienes hemos sido llamados a enseñar. Y para confirmar esto, el Se­ñor, contestando la pregunta “¿A qué se os ordenó?”, replicó: “A predicar mi evangelio por el Espíritu, sí, el Consolador que fue enviado para ense­ñar la verdad.” (D. y C. 50:13-14.)

Este parece ser el mandato de las Escrituras para todos los que enseñan en la Iglesia. Su importancia se ve realzada unos versículos después cuan­do el Señor dice: “El que es ordenado por mí y enviado a predicar la palabra de verdad por el Consolador,. . . ¿La predica por el Espíritu de verdad o de alguna otra manera?

«Y si es de alguna otra manera, no es de Dios.” (D. y C. 50:17-18.) Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía

5 de noviembre de 1983
“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía”
Por el presidente Gordon B. Hinckley
Segundo Consejero en la Primera Presidencia

Discurso pronunciado el 5 de noviembre de 1983 ante los alumnos universitarios de la Iglesia en el Instituto de Religión de Salt Lake.

Gordon B. Hinckley

Sufrimos el temor al ridículo, el temor al fracaso, el temor a la soledad, el temor a la ignorancia.
Andemos con confianza y con tranquila dignidad en nuestra convicción concerniente a Jesucristo, nuestro Salvador y Redentor.

Durante mis viajes por del mundo, y durante el transcurso de mi vida, he conocido a mucha gente que se ha enfrentado a problemas y a aflic­ciones que les perturban. A modo de respuesta ante esas preocupaciones, a menudo he recordado algunas palabras escritas ya hace mucho tiempo por el apóstol Pablo. En esa época probable­mente era prisionero en Roma, listo “para ser sacrificado” como él lo dijo (2 Timoteo 4:6). Había sido gran mi­sionero, incansable en compartir su testimonio, celoso en su deseo de dar a conocer al Señor resucitado. Sabía que sus días estaban contados, y con gran fe escribió a uno de sus compañeros menores, Timoteo, a quien describe como “amado hijo”:

“Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti. . .
“Porque no nos ha dado Dios espíri­tu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.” (2 Timoteo 1:6-7.)

¿Quién de entre nosotros puede de­cir que no ha sentido miedo? No sé de nadie que no lo haya sentido; algunos, por supuesto, lo experimentan a un ni­vel más elevado que otros. Algunos son capaces de sobreponerse a él rápi­damente, mientras que otros se sienten atrapados y agobiados al grado de que los llega a vencer. Sufrimos el temor al ridículo, el temor al fracaso, el temor a la soledad, el temor a la ignorancia. Algunas personas le temen al presente, otras al futuro; algunos llevan consigo la carga que les impone el pecado y estarían dispuestos a dar casi cualquier cosa por deshacerse de esa carga, pero temen cambiar sus vidas. Reconozca­mos que el temor no viene de Dios, sino que más bien ese elemento tortu­rador y destructivo viene del adversa­rio de la verdad y la justicia. El temor es lo opuesto a la fe; es corrosivo y hasta mortal en sus efectos.

“Porque no nos ha dado Dios espíri­tu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.”

Estos principios son los antídotos contra el temor que mina nuestra forta­leza y a veces nos lleva a la derrota; ellos nos dan poder.

¿Qué poder? El poder del evangelio, el poder de la verdad, el poder de la fe, el poder del sacerdocio.

El año pasado gran parte del mundo cristiano conmemoró los quinientos años del nacimiento de Martín Lutero, a quien honramos como a uno de los ilustres y valientes predecesores de la Restauración. Amo la letra de su mag­nífico himno:

Es un baluarte nuestro Dios de protección completa.
Es un socorro nuestro Dios, los males El sujeta.
Supremo su poder, rescata a todo ser.
Con potestad obró, y todo Él lo creó, y para siempre reinará.

Sentimos una gran fortaleza al saber que tanto vosotros como yo somos hi­jos e hijas de Dios; llevamos en nues­tro interior algo divino. El que tiene este conocimiento y permite que influ­ya en su vida no se degradará a hacer cosas malas, bajas o de mal gusto.

Esforcémonos por desarrollar esas cualidades divinas. Por ejemplo, no debemos temer al ridículo a causa de nuestra fe. Todos, en alguna oportuni­dad, hemos sentido algo de este tipo de ridículo, pero existe en nuestro interior un poder que se puede sobreponer al ridículo, y que, inclusive, puede trans­formarlo en algo positivo. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | 1 comentario

Hijos de Dios

28 de febrero de 1976.

Hijos de Dios

Por el presidente Marion G. Romney
Primer Consejero en la Primera Presidencia

Marion G. RomneyPor mi mente pasan muchos pensa­mientos al meditar sobre las palabras del himno de la Iglesia, “Soy un hijo de Dios”:

Soy un hijo de Dios,
Por El enviado aquí;
Me ha dado un hogar y padres Caros para mí.
Soy un hijo de Dios, no me desamparéis;
A enseñarme hoy su ley.
Precisa que empecéis.
Soy un hijo de Dios,
Y galardón tendré,
Si cumplo con su ley aquí,
Con El vivir podré.

Coro:
Guiadme, enseñadme por sus vías a marchar,
Para que algún día yo con Él pueda morar.
(Canta Conmigo, B-76).

El concepto de este himno, que “soy un hijo de Dios”, no es un concepto nuevo. En su famoso discurso en el Areópago, Pablo les declaró a los ate­nienses que somos “linaje” de Dios. (Hechos 17:28.) En tiempos moder­nos, en la revelación que se encuentra registrada en la sección 76 de Doctrina y Convenios, el profeta José Smith di­jo que los “habitantes [de los mundos] son engendrados hijos e hijas para Dios”. (Versículo 24.)

A menudo me he preguntado en lo que pensamos cuando repetimos esa declaración verdadera tan clara y sim­ple, “Soy un hijo de Dios”. Sabemos que la declaración no significa que Dios es el padre de nuestros cuerpos físicos y tangibles, ya que sabemos que éstos son el producto de nuestros  padres y madres terrenales, por lo tan­to, ¿qué es lo que realmente queremos decir cuando cantamos o decimos: “Soy un hijo de Dios”? Para dar res­puesta a la pregunta, debemos primero entender que el Señor le reveló al pro­feta José Smith que nosotros los seres humanos somos almas; es decir que somos seres duales. El término dual significa dos. Un objeto dual significa que está compuesto de dos partes. El alma humana, cada uno de nosotros, está compuesta de dos partes: el cuer­po espiritual y el cuerpo físico. Fue el Señor mismo quien dijo “que el espíri­tu y el cuerpo son el alma del hombre” (D. y C. 88:15). En consecuencia, son nuestros espíritus, y no nuestros cuer­pos físicos, los que fueron engendra­dos por Dios.

En el Libro de Mormón encontra­mos una descripción de la forma y la naturaleza de un espíritu que aún no había recibido un cuerpo físico. Este relato, que se encuentra en el Libro de Eter, es para mí uno de los relatos o verdades más patentes que se encuen­tra en las Escrituras.

Recordamos que el Señor guio des­de la Torre de Babel al hermano de Jared y a sus asociados. Cuando llega­ron al mar, el Señor les dijo que lo atravesaran, de modo que construye­ron ocho barcos. Estaban listos para embarcarse; pero debido a que las na­ves estaban sumamente ajustadas, que­darían en la obscuridad.

Por consiguiente, el hermano de Ja- red, con una fe más grande que la de otros hombres, le suplicó al Señor que les diera luz. El Señor le contestó: «¿Qué quieres que yo haga?”

Entonces el hermano de Jared se fue y fundió dieciséis piedras de una roca. Las llevó al monte —siempre me sien­to conmovido al pensar en este hombre solo en la cima de un monte con dieci­séis piedras— y le pidió al Señor que las tocara para que produjeran luz; lue­go las colocaría en los barcos.

El hermano de Jared tenía tanta fe que el Señor “extendió su mano y tocó las piedras, una por una, con su dedo.

Y fue quitado el velo de ante los ojos del hermano de Jared, y vio el dedo del Señor; y era como el dedo de un hom­bre, a semejanza de carne y sangre; y el hermano de Jared cayó delante del Señor, porque fue herido de temor. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , | Deja un comentario

Un análisis científico del Libro de Mormón

UN ANÁLISIS CIENTÍFICO DEL LIBRO DE MORMÓNlogo 4
Los Cambios en nuestra comprensión de la América antigua y de sus Escrituras
Por John L. Sorenson

UN ANÁLISIS CIENTÍFICO DEL LIBRO DE MORMÓN.pdf - Adobe Acrobat ProIntroducción

Durante las últimas décadas, los estu­dios profesionales en el campo de la arqueología, geografía, cultura e idio­ma de los pueblos americanos han proporcionado una enorme cantidad de información que debe ser de gran interés para aquellos que leen y creen en el Libro de Mormón, información que los científicos que se dedicaron al estudio de este libro quizás nunca se hubieran imaginado que existiera. En la actualidad, la calidad y cantidad de estudios especializados relacionados con el Libro de Mormón son tan am­plios y profundos que es imposible que una sola persona esté al tanto de todos los aspectos de estos conocimientos.

De hecho, durante los últimos cin­cuenta años, ha quedado anticuada la mayor parte de lo que previas genera­ciones pensaban acerca de las civiliza­ciones americanas precolombinas.

Las ciencias que estudian las civiliza­ciones antiguas han sufrido grandes cambios. En las primeras décadas de este siglo aún se consideraba que la ciencia era la búsqueda y descubri­miento de verdades permanentes e in­falibles. Sin embargo, en la actualidad tanto los científicos como los filósofos concuerdan en que la naturaleza mis­ma de su tarea requiere que constante­mente reinterpreten sus teorías y sus datos.1 El punto de vista de Karl Pop- per con respecto a la ciencia, de que es “eternamente tentativa»2, ha llega­do a ser aceptado entre muchos cientí­ficos. De manera que aunque en la ac­tualidad exista quizás mil veces más información acerca de las primeras culturas de América que la que estaba disponible hace medio siglo, ahora los mejores científicos son mucho menos insistentes en describir categórica­mente lo que sucedió en el Nuevo Mundo pre-europeo.

También han ocurrido ciertos cam­bios en algunos conceptos que han te­nido los Santos de los Últimos Días con respecto al Libro de Mormón. Nuestra fe en los principios salvadores que enseñaron los profetas desde Nefi hasta Moroni no ha cambiado, y si lo ha hecho de alguna forma, ha sido en aumento. Pero al considerar estas Es­crituras como un documento antiguo, el estudiante minucioso ahora es cons­ciente de que tenemos mucho más de lo que habíamos sospechado. Comen­zando con M. Wells Jakeman, Hugh Nibley y Sidney B. Sperry, esta cre­ciente comunidad de investigadores Santos de los Últimos Días comenza­ron a fines de la década de 1940 a descubrir algunos de estos detalles.3 Un ejemplo de este cambio de perspec­tiva, de contemplar nuevas posibilida­des, lo representa el descubrimiento que hizo John W. Welch hace apenas quince años de una forma literaria del Cercano Oriente, llamada quiasmo, en el Libro de Mormón, la cual pasó inadvertida para sus lectores durante casi 140 años, desde su publicación en 1830. En años recientes, otros inves­tigadores han encontrado en el Libro de Mormón ciertas tendencias e impli­caciones insospechadas que en tiem­pos pasados no se habían detectado.

Muchos Santos de los Últimos Días no han tenido acceso a las fuentes que comunican la manera en que las inves­tigaciones recientes han cambiado nuestra comprensión del Libro de Mormón como un documento antiguo. Muchos también ignoran algunos des­cubrimientos nuevos bastante asom­brosos que apoyan al Libro de Mor­món y que han sido el resultado del uso de métodos científicos más avan­zados. El propósito de este artículo y los dos que le siguen es el de dar algu­nos ejemplos claros de los cambios que han ocurrido en el concepto que tienen algunos científicos Santos de los Últimos Días acerca del Libro de Mormón a la luz de las nuevas teorías y descubrimientos acerca del pasado.

La intención de estos artículos no es la de expresar enseñanzas oficiales de la Iglesia, pero en base a mis propias investigaciones y estudios he conside­rado que esta información es digna de consideración.

Primera parte

Durante mucho tiempo, uno de los in­tereses favoritos de los Santos de los Últimos Días ha sido la arqueología del Libro de Mormón. Siempre apare­cerá un grupo considerable de perso­nas a cualquier conferencia que trate este tema. Desafortunadamente, algu­nos escritores y conferencistas no han estado tan bien informados sobre el te­ma como debieran estarlo, y tampoco aquellos que critican a la Iglesia y de vez en cuando comentan el tema.

El problema en sí no es el de inten­ciones, creencias o testimonio, sino de conocimientos. El comparar el Libro de Mormón con los descubrimientos de la arqueología y otros campos relacionados es una actividad de elevado nivel intelectual, y cuando una perso­na, sea o no Santo de los Últimos Días, se propone obrar dentro de esa disciplina académica, deberá sujetarse a las normas que la gobiernan.

El primer elemento esencial es el determinar la naturaleza del Libro de Mormón y qué porciones pueden com­pararse apropiadamente con los hallaz­gos científicos. Después necesitamos establecer lo que realmente saben los arqueólogos y otros científicos y cuá­les son las condiciones que limitan sus conocimientos. Antes de poder llegar a una conclusión legítima, por más sen­cilla que ésta sea, se deben considerar cuidadosamente ambos puntos de vista de este asunto.

Un problema que algunos escritores y discursantes Santos de los Últimos Días han tenido es el de confundir el texto mismo del Libro de Mormón con su interpretación tradicional. Por ejemplo, es muy común escuchar que el Libro de Mormón es “la historia de los indios americanos”. Esta afirma­ción contiene varias suposiciones in­fundadas: que este volumen de Escri­tura es una historia en el sentido común, o sea, un relato cronológico y sistemático de los acontecimientos principales del pasado de una nación o territorio; que los indios americanos son un solo grupo de personas; y que las aproximadamente cien páginas de texto que contienen material histórico y cultural podrían relatar la historia completa de un hemisferio. Cuando se hacen suposiciones infundadas como éstas, los críticos responden de la mis­ma manera, y critican estas suposicio­nes y no el antiguo texto en sí. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , | Deja un comentario

El asiento a vuestro lado

Octubre de 1984
El asiento a vuestro lado
Por el élder Gene R. Cook
Del Primer Quórum de los Setenta

Gene R. CookRindo encomio a una generación real, la mejor generación de jóvenes en cantidad y en calidad que jamás haya vivido sobre la faz de la tierra. Es incalculable la cantidad de bien que estáis haciendo, y antes de finalizar vuestra estancia en este mundo se llegará a sentir vuestra influencia en todos los confines de la tierra.

Quisiera hablaros de dos jóvenes que representan a esta generación real. No conozco a estos individuos por nombre, pues solamente he llegado a saber de una porción de los resultados de su influencia positiva.

Durante el otoño de 1978 había un joven, a quien llamaremos Julio, que se sentía totalmente desilusionado con la vida. Había nacido en la Iglesia, pero por lo general había sido inactivo. Se había casado con una señorita que era miembro de la Iglesia, pero después de unos años de matrimonio, y por motivo de ciertos problemas maritales, se habían separado. Además de este desafío, también sufría de graves problemas de salud. Tenía diabetes, y esta aflicción le había causado una ceguera parcial.

Trabajaba como velador nocturno en una pequeña fábrica de productos químicos. Sus compañeros de trabajo no eran miembros de la Iglesia, y al paso del tiempo le tentaban, diciendo, “Anda, Julio, vamos a tomarnos una cerveza”, “Un cigarro no te va a hacer daño”, o “Tengo unas amiguitas muy bonitas y podríamos divertirnos con ellas esta noche”. Constantemente se le presentaron oportunidades para quebrantar los mandamientos, pero no participó de ninguna de estas cosas.

Un viernes en la noche se sentía sumamente desanimado y solitario, y uno de sus amigos le invitó a visitarlo para divertirse en una ciudad conocida por sus casinos con juegos de azar y su estilo de vida inmoderado. Sintiéndose desesperado, decidió que iría, pensando para sí, “En realidad, ¿qué importa? Ya nadie se interesa en mí. Me siento miserablemente mal, así que voy a ir.” Al ir sentado en el autobús, pensaba en las cosas inicuas que haría. Iba a demostrarle su independencia a su ex esposa, a la Iglesia y a todo el mundo. Al persistir este espíritu negativo, decidió con mayor firmeza el curso que seguiría.

En esos momentos abordó el autobús un miembro de las fuerzas armadas, quien caminó por el pasillo. Había un sinnúmero de asientos desocupados donde podría haberse sentado, pero se sentó junto a Julio. Este joven era muy alegre, y al platicar con Julio mencionó palabras como “unidad familiar” y “la Iglesia”. Julio comenzó a sospechar que era miembro de la Iglesia. Entonces el joven le preguntó:

—¿Qué pensaría si le dijera que no fumo ni tomo café ni alcohol? ¿Y si le dijera que tengo 26 años de edad y soy moralmente limpio?

Julio pretendió estar sorprendido, y dijo:

—¿De veras?

El militar le preguntó: Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

Un cambio en el corazón: Clave para sostener relaciones armoniosas

Octubre de 1984
Un cambio en el corazón: Clave para sostener relaciones armoniosas
Por C. Richard Chidester

El Señor nos promete que cuando tengamos un corazón quebrantado, él cambiará nuestra naturaleza y purificará nuestro corazón.

En una ocasión aconsejé profesionalmente a un hombre cuya perspectiva y comportamiento eran tan acusadores que con frecuencia abusaba verbalmente de su esposa e hijos con palabras sumamente viles.

Me reuní con él y con su esposa por un par de sesiones, con el fin de tratar de ayudarle a comprender y superar su mentalidad acusadora. Pero él se ofendió, me dijo un par de palabras malsonantes y salió de mi oficina sumamente molesto. Posteriormente su esposa pidió la separación, y él terminó viviendo con sus padres. Nunca pensé volver a ver a esta pareja.

Lógicamente, quedé sumamente sorprendido cuando él me llamó por teléfono dos meses después y me dijo que estaba listo para reanudar nuestras sesiones. Después de disculparse por su comportamiento anterior, me explicó lo que le había estado sucediendo. Mientras vivía con sus padres había llegado a comprenderse a sí mismo más claramente, pues al ver que ellos continuamente se rebajaban, se acusaban y atacaban verbalmente, comenzó a comprender que él había estado actuando igual que ellos siempre lo habían hecho. Pronto llegó a odiar el momento de llegar a casa por la noche a causa del comportamiento de sus padres.

También llegó a ser más consciente del mismo comportamiento acusador de otras personas, especialmente el de aquellas con las que trabajaba. Observó que sus colegas pasaban gran parte del día contando chismes, quejándose y rebajándose mutuamente.

Cuando comenzó a extrañar a su familia, su corazón gradualmente comenzó a ablandarse y sintió remordimiento por la forma en que los había tratado. Pasaron por su mente escenas de las ocasiones en que había abusado física y verbalmente de su esposa y sus hijos, y le llegó a obsesionar la necesidad de reparar su comportamiento intolerable. Su pesar aumentó hasta que comenzó a sentir que casi no lo podría soportar.

Cuando acudió a mí en busca de ayuda, era obvio que estaba experimentando un cambio en su corazón. Por primera vez se estaba admitiendo a sí mismo lo mal que se había comportado. Claro que siempre lo había sabido, pero se había engañado a sí mismo hasta convencerse de que su esposa, sus hijos y sus circunstancias eran los culpables de su aflicción e infelicidad. Se había convencido de que si la gente lo comprendiera mejor y fuera más compasiva con él, no habría tenido tantos problemas. Atrapado en una red paralizadora de aflicción y autocompasión, no había alcanzado a ver que él mismo era el tejedor de esa red.

Pero ahora comenzaba a comprender la verdad, y ese conocimiento de sí mismo lo condujo hasta las profundidades de la humildad con un corazón quebrantado y un espíritu contrito. Había reconocido que tenía la necesidad de cambiar, y buscó la ayuda del Señor para hacerlo. Ahora podía ver que sus problemas eran espirituales y de su propia hechura. También comprendió que el que estaba en mejor posición para hacer algo al respecto era él.

Estaba listo para cambiar, y al responder a los susurros del Espíritu, su corazón siguió ablandándose. No fue necesario tener muchas sesiones de consejos profesionales ni recibir muchas instigaciones de sus amigos antes de que hiciera cambios positivos y duraderos en su vida. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , | 3 comentarios

La recepción y aplicación de las verdades espirituales

Octubre de 1984
La recepción y aplicación de las verdades espirituales
Por el presidente Marion G. Romney
Primer Consejero en la Primera Presidencia

Marion G. RomneySiempre me he sentido impresionado e instruido cuando he contemplado la entrevista que tuvo el Maestro con Nicodemo, el miembro docto del Sanedrín judío que acudió a Jesús con el propósito de aprender más acerca de él, su identidad y su mensaje.

Nicodemo “vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él” (Juan 3:2).

En su búsqueda de la verdad, Nicodemo se sintió motivado a hacer preguntas y buscar conocimiento del Señor; sin embargo, en este momento, solamente alcanzaba a reconocer en el Hijo de Dios a un maestro superior a otros. Tal como lo indica su declaración, su conclusión se basaba en lo que había visto y oído de los milagros del Maestro. No obstante, Jesús inmediatamente enseñó a Nicodemo que el conocimiento que buscaba no debía basarse solamente en la evidencia de ver y oír de un milagro o de ver un gran suceso. Jesús rápidamente señaló la verdad de que no se podía descubrir, ver ni entrar en el reino de Dios sin la ayuda de un proceso de aprendizaje superior, un proceso sensible al mundo infinito de la realidad celestial y que está fuera del alcance del mundo de las percepciones sensoriales.

“Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3).

Ahora, aunque Nicodemo era un hombre educado, hábil y sabio, no podía comprender el concepto que le presentaba el Maestro. De hecho, se quedó perplejo, pues dijo: “¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?” (Juan 3:4).

Jesús persistió en su explicación, tratando de iluminar la mente de Nicodemo, y le explicó: “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es» (Juan 3:6). Sin embargo, Nicodemo aún no había nacido del Espíritu, y por tanto carecía de la comprensión que se percibe a través de él. Simplemente no podía comprender que Jesús estaba diciendo que hay dos fuentes de conocimiento, dos procesos diferentes de aprendizaje: uno a través de los sentidos normales de la carne, y el otro a través de la voz del Espíritu.

La explicación que el apóstol Pablo dio a los corintios con respecto a este mismo tema enfocaba la misma verdad que explicó el Maestro al hablar con Nicodemo. Pablo dijo a los corintios: “Ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu. . .

“para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

“Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman.

[Esto es, las cosas del Espíritu, las verdades eternas, el significado de los grandes acontecimientos y señales, y la verdad fundamental, no pueden obtenerse solamente a través de los procesos de aprendizaje de los hombres.] “Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios.

“Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (1 Corintios 2:4-5, 9-10, 14). Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

La lucha por el alma

Liahona Septiembre 1984

La lucha por el alma

por el élder Melvin J. Ballard
Pronunciado en el tabernáculo de Salt Lake City, el 5 de mayo de 1928


Hace tres semanas, durante la sesión general de la conferencia, tuve el privilegio de referirme a algunos elementos de Interés para los Santos de los Últimos Días y para el mundo, de acuerdo con las Inspiradas palabras del profeta americano Nefi, quien unos 600 años antes del nacimiento de Cristo dejó un mensaje expresamente para esta generación. Quisiera ahora continuar en el mismo espíritu dé aquellas instrucciones, y para así hacerlo desearía leer unos poco párrafos de 2 Nefi capítulo 28:

“Sí, y habrá muchos que dirán: Comed, bebed y divertíos, porque mañana moriremos; y nos irá bien. Y también habrá muchos que dirán: Comed, bebed y divertidos; no obstante, temed a Dios, pues él justificará la comisión de unos cuantos pecados; sí, mentid un poco, aprovechaos de uno por causa de sus palabras, tended trampa a vuestro prójimo; en esto no hay mal; y haced todas estas cosas, porque mañana moriremos; y si es que somos culpables, Dios nos dará algunos correazos, y al fin nos salvaremos en el reino de Dios.” (2 Nefi 28:7-8).

A partir del versículo 19 dice lo siguiente: Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | 7 comentarios

En busca de un padre

Septiembre de 1984
En busca de un padre
Por Abraham Kimball

Abraham Kimball, hijo de Heber C. Kimball quien fue uno de los primeros apóstoles de esta dispensación, fue criado lejos de su padre por parientes que no tenían buenas relaciones con la Iglesia. En 1862 viajó a Salt Lake City, donde su padre sirvió como consejero del presidente Brigham Young, y donde aprendió a amar a su familia y su fe. La siguiente historia se basa en la narración de Abraham de acuerdo con la forma en que se encuentra preservada en los archivos de la Iglesia.

Cuando llegamos al camino Fort Hall, en el estado de Idaho, James Spicer, con quien viajaba rumbo a California, se enteró de que varias caravanas de carretas habían sido atacadas por los indios. Entonces decidió cambiar sus planes y viajar a través del territorio de Utah.

—Voy a ser valiente al morir—dije, pensando en que los mormones habrían de matarme o hacerme tal vez algo peor.

Hasta ese momento los miembros de nuestra compañía viajante ignoraban totalmente quiénes eran mis padres, por lo que consideré prudente hablar con Spicer al respecto.

—Tengo un padre en Utah.
— ¿Quién es?
—No estoy seguro —contesté, lo que era la verdad, porque no sabía, pero sabía que habría de tener dificultades.
—Tal vez traten de hacerme prisionero —dije.
—No podemos tomar el camino Fort Hall —me contestó—. Es muy peligroso. Tenemos que ir a través de Utah. — Spicer sonrió tratando de reconfortarme.
—Todo saldrá bien, ya verás, —Saltó de nuevo a su carreta y, azuzando a los animales que de ella tiraban, dobló hacia el norte, rumbo al camino de Utah.

Era como una pesadilla, ya que nos encontrábamos demasiado lejos para que yo pudiera volver solo. Lo que más había temido toda mi vida estaba convirtiéndose en realidad.

Había crecido con un amargo prejuicio y un profundo odio hacia los mormones. El solo nombre era para mí sinónimo de un monstruo desagradable y peligroso. A menudo en mis sueños —o pesadillas— me imaginaba que los mormones me capturaban y, por el temor que me inspiraba la sola idea, estando despierto me veía llevando una vida de cautivo entre ellos, enjaulado como si fuera una bestia salvaje.

Nunca había visto a un mormón y no podía recordar a mi padre. Lo que sabía acerca de ellos lo había aprendido de mi abuelo y su familia. Mi padre había salido rumbo a Utah cuando yo tenía tan sólo unos doce meses de edad, dejando dos esposas (mi madre Clarisa y su hermana Emilia) y mi hermano Isaac y yo con mi abuelo, Alpheus Cutler. Sólo tres mujeres acompañaron ese primer grupo. En la mayoría de los casos las esposas quedaban atrás al cuidado de unos parientes o amigos de confianza y salían después rumbo a Utah en los próximos años. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

Somos cristianos porque…

Septiembre de 1984
Somos cristianos porque…
Por el élder Robert E. Wells
Del Primer Quórum de los Setenta

Robert E. WellsPara miembros de la Iglesia que hayan dedicado su vida al evangelio de Jesucristo, puede ser más que una sorpresa el saber que hay gente en el mundo que no sabe que somos cristianos. Hay mucha gente que jamás estableció una relación entre el apodo “mormón” y “La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días”. Incluso en la actualidad existe un esfuerzo organizado en los Estados Unidos para confundir al público y convencerle de que los Santos de los Últimos Días son miembros de una secta no cristiana.

Nosotros siempre hemos reclamado “el derecho de adorar al Dios Todopoderoso conforme a los dictados de nuestra propia conciencia, y concedemos a todos los hombres el mismo privilegio: adoren cómo, dónde o lo que deseen”. Creemos que todos los hombres se encuentran en su mejor condición cuando adoran a su Dios. Respetamos su derecho de creer en lo que consideren sagrado y del mismo modo reclamamos de ellos la misma cortesía. Esta es la razón por la cual la siguiente declaración no tiene la finalidad de ser motivo de contención, sino más bien un breve repaso de por qué creemos que llenamos ampliamente los requisitos necesarios para ser considerados cristianos.

  1. Somos cristianos porque adoramos a la Trinidad cristiana. “Nosotros creemos en Dios el Eterno Padre, y en su Hijo Jesucristo, y en el Espíritu Santo.”

No tenemos dioses ajenos delante de nosotros. (Véase Éxodo 20:3.) No adoramos profetas ni santos, ya sea que se trate de los tiempos contemporáneos o antiguos. Oramos solamente al Padre, tal como lo enseñó el Salvador durante su ministerio terrenal (véase Mateo 6:9-13); y esto lo hacemos tan sólo en el nombre del Salvador. Enseñamos, tal como también lo enseñan las Escrituras, que no existen Intermediarios entre Dios y el hombre, excepto Jesucristo, y  “. . . no hay otro nombre debajo del cielo sino el de este Jesucristo. . . mediante el cual el hombre puede ser salvo”. (2 Nefi 25:20.)

  1. Somos cristianos porque, al igual que los cristianos antiguos, no adoramos imágenes talladas ni ningún otro objeto de adoración idólatra. (Véase Éxodo 20:4-6.) Tampoco consideramos que es adecuado usar medallas, reliquias antiguas, imágenes, o aun la cruz u otros objetos hechos por el hombre como parte de nuestra adoración del Dios verdadero y viviente. Claro que adornamos nuestros parques y edificios con estatuas y exhibimos pinturas del Salvador y otros personajes en lugares prominentes, pero no adjuntamos significados religiosos a tales obras de arte efectuadas por el hombre.
  2. Somos cristianos porque, al igual que los cristianos primitivos, no tomamos el nombre del Señor en vano (véase Éxodo 20:7), ni tampoco justificamos el mal uso de cualquier término que se refiera a la Deidad. Seguimos la amonestación del Señor cuando dijo: “No juréis en ninguna manera” en nuestras relaciones mutuas. (Véase Mateo 5:34-37.) Por lo tanto, en nuestra vida diaria, no efectuamos juramentos vanos en el nombre de cosas sagradas. En lugar de así hacerlo, nuestras comunicaciones mutuas son simples, honradas y francas. También consideramos que quienes siguen a Cristo evitarán el uso de un idioma vulgar e irrespetuoso, del mismo modo que deberán evitar el uso incorrecto de cualquier expresión reservada para la Deidad.
  3. Somos cristianos porque consideramos sagrado y guardamos el día de reposo cristiano. (Véase Éxodo 20:8-11.) Nos esforzamos por mantenerlo sagrado todo el día y no tan sólo el momento en que nos encontramos en la Iglesia. Nos oponemos a la violación del día del Señor, ya sea en actos deportivos, de entretenimiento público, de caza o pesca, de trabajo o de cualquier otro tipo de actividades similares. El domingo es para nosotros un día de adoración, un día de descanso y de estudio, al Igual que una oportunidad para visitar a los enfermos, un día en el que no debemos hacer cosas que puedan ser hechas en otros días de la semana. Tampoco efectuamos compras, no vendemos ni hacemos negociaciones ni participamos en otras transacciones comerciales durante el día de reposo.
  4. Somos cristianos porque honramos a nuestros padres, a nuestros abuelos y todas las demás generaciones, en forma cristiana. (Véase Éxodo 20:12.) Tratamos de volver el corazón de los hijos a sus padres (y a sus antepasados) y volver el corazón de los padres a sus hijos (véase Malaquías 4:6), para que podamos unir así todas las generaciones en los lazos del amor eterno. Tratamos de alcanzar la meta del matrimonio en el templo por la eternidad. Nuestras ordenanzas del templo están basadas en Cristo. Tenemos programas orientados en Cristo para fortalecer el hogar, la familia y cada uno de los individuos. Nos esforzamos por proteger la integridad del hogar y la familia de las Influencias de Satanás. Estamos en contra de las cosas que destruyen al hogar y la familia, tales como el aborto, la homosexualidad, la promiscuidad, el alcohol, las drogas, la violencia y el divorcio sin justificativo. Fue un profeta cristiano de esta época, el presidente David O. McKay, quien enseñó que “ningún éxito puede compensar el fracaso en el hogar”.
  5. Somos cristianos porque nos esforzamos por obedecer tanto el mandamiento judeocristiano «no matarás» (Éxodo 20:13) como la ley superior dada por Cristo: “Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio. . .” (Mateo 5:22). Cristo era enemigo del enojo, de las peleas y las contiendas. Su consejo fue: “Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos”. (Mateo 5:44-45.) Nuestro mayor deseo es el de ser obedientes a nuestro Padre Celestial en esto.

Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

Cuando el mundo sea convertido

4 de abril de 1974
Cuando el mundo sea convertido
Por el Presidente Spencer W. Kimball

Por directivas dadas por el presidente Kimball, este histórico discurso presentado el 4 de abril de 1974 en el seminario de representantes regionales, y relacionado con la primera conferencia del presidente Kimball como presidente de la Iglesia, es ahora reimpreso en forma acortada y puesta al día, para su utilización en el hogar y como discusión familiar.

Spencer W. KimballPermitidme hablaros sobre algunas ideas que han estado constantemente presentes en mi mente.

El Señor dijo en una revelación al profeta José Smith: “Y si acontece que trabajáis todos vuestros días proclamando el arrepentimiento a este pueblo y me traéis, aun cuando fuere una sola alma, ¡cuán grande será vuestro gozo con ella en el reino de mi Padre!” (D. y C. 18:15.)

Si no hubiera conversos, la Iglesia se marchitaría y moriría. Pero tal vez el mayor de los motivos para la obra misional es el de darle al mundo su oportunidad de oír y aceptar el evangelio. Las Escrituras se encuentran repletas de mandatos y promesas, llamados y recompensas para enseñar el evangelio. Uso deliberadamente la palabra mandato, porque parecería ser una directiva que se repite a menudo y de la cual nosotros, tanto en forma individual como colectiva, no podemos escapar.

Os pregunto, ¿qué quiso decir el Señor cuando llevó a sus doce apóstoles a la cumbre del monte de los Olivos y les dijo: “Y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”? (Hechos 1:8.)

Estas fueron las últimas palabras del Señor antes de ascender a su hogar celestial.

¿Cuál es el significado de “lo último de la tierra”? Él ya había cubierto las zonas geográficas conocidas por los apóstoles. ¿Se refería al pueblo de Judea? ¿O al de Samaría? ¿O a los pocos millones de habitantes del Cercano Oriente? ¿Dónde estaba entonces lo último de la tierra? ¿Se referiría a los millones que habitan lo que hoy es América? ¿Incluía a los cientos de miles, o aun millones, de habitantes de Grecia, Italia, los alrededores del Mediterráneo y los habitantes de Europa Central? ¿Qué fue lo que quiso decir? ¿O quiso incluir a todas las personas que vivían en el mundo y a los espíritus asignados a venir a este mundo en siglos futuros? ¿Es acaso que no prestamos suficiente atención al significado de sus palabras?

Después de Su crucifixión, los once apóstoles se reunieron en una colina en Galilea, y el Salvador se les apareció y les dijo:

“Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.

«Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” (Mateo 28:18-20.)

Nuevamente aparecen los conceptos de poder y mandato y la promesa de un apoyo continuo.

Cuando en el año 1830 el Señor envió a Parley P. Pratt, Oliverio Cowdery, Peter Whitmer y Ziba Peterson a los lamanitas, agregó: “. . . y yo mismo los acompañaré y estaré con ellos; y soy su abogado ante el Padre; y nada prevalecerá en contra de ellos.” (D. y C. 32:3.)

Pensemos por un momento en el mundo tal como lo vio Moisés… era un mundo muy grande. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | 2 comentarios

El servicio cristiano en momentos inoportunos

Agosto de 1984
El servicio cristiano en momentos inoportunos
Por el élder Vaughn J. Featherstone
Del Primer Quorum de los Setenta

Vaughn J. FeatherstoneHace poco tiempo asistí a un seminario para presidentes de misión en el que estuvimos reunidos todo el día. Después de concluido el intensivo seminario, tomé un avión para regresar a mi hogar en Salt Lake City después de 17 horas consecutivas de no dormir. Al llegar a casa, inmediatamente me cambié de ropa para ir a acostarme. Había empezado a hablar con mi esposa cuando sonó el teléfono. Se trataba de un amigo mío a quien había conocido desde mis primeros años escolares.

—Hermano Vaughn —me dijo con voz temblorosa—, acabo de hospitalizar nuevamente a mi hija, después de varios ataques epilépticos serios. Como ha dejado de respirar en dos ocasiones, la tienen con oxígeno, pero parece que ya está decayendo aceleradamente.

Le pregunté si le habían dado ya una bendición, a lo cual respondió en seguida:

No, teníamos la esperanza de que tú pudieras hacerlo.

Mi cuerpo estaba agotado y sentí en esos momentos que bien me merecía un descanso y estar al lado de mi esposa, que feliz había esperado mi retorno; de modo que la carne titubeó. No obstante, el espíritu sabía precisamente lo que tenía que hacer, por lo que le dije:

—Joe, estaré allí en 30 minutos — pues eso era lo que nos llevaría llegar al hospital.

Le pedí a mi esposa que me acompañara, a lo cual esta noble mujer asintió en seguida. Nos levantamos, nos cambiamos de ropa y nos dirigimos al hospital. Al llegar a la sala correspondiente, vi a este buen amigo mío, a quien conocía desde hacía más de 46 años, y lo abracé. Encontramos una sala desocupada, y junto con los demás de la familia nos unimos en ferviente oración.

Luego Joe y yo nos dirigimos a la sala de cuidado intensivo y le dimos a su hija una bendición. Al elevar nuestras súplicas al Señor, nos sobrevino una dulce y serena seguridad de que ella estaba en sus manos, a pesar de que en esos momentos yo dudaba que pudiera sobrevivir durante la bendición.

Volví al auto, donde me esperaba mi querida esposa, y regresamos a casa sin sentirnos cansados y exhaustos en lo más mínimo. No está demás mencionar que, a la fecha en que escribo este artículo, la hija de Joe vive; es un verdadero milagro.

Las oportunidades de hacer obras de servicio cristiano no siempre se nos presentan en los momentos más oportunos. Permitidme contaros otra pequeña experiencia. Hace unos dos o tres años había viajado al sur de California, con el objeto de reorganizar una estaca. Al terminar la conferencia y antes de ir al aeropuerto, en donde pensé que podría descansar un poco, se me acercó una mujer de edad madura, y me dijo: —Élder Featherstone, ¿regresa usted esta tarde a Salt Lake?

Le dije que sí. Luego me preguntó si viajaba en el vuelo de las cuatro de la tarde. Cuando asentí de nuevo, agregó: — ¿Podría pedirle un favor?

En cuestión de segundos pensé en el ocupado día que había tenido y que ya mi cuerpo pedía un descanso. También me imaginé que lo que ella deseaba era que le llevara algún paquete a sus familiares y, en vista de que yo generalmente no llevo equipaje para despachar, a menos que tenga una absoluta necesidad, me pregunté si tendría que hacerlo en esta ocasión, y también pensé en lo que tendría que esperar para reclamar el supuesto paquete, o lo que fuera, y en que posiblemente tendría que entregarlo personalmente.

Pero, como siempre, el espíritu expulsó de mí todas esas excusas inválidas y respondí de la manera en que lo haría un líder consagrado al servicio: Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | 2 comentarios