Conferencia General Abril de 2007
Una lección del Libro de Mormón
Vicki F. Matsumori
Segunda Consejera de la Presidencia General de la Primaria
Como miembros de primera generación, ustedes son los que empiezan el ciclo de enseñar y fortalecer a la próxima generación.
Amo el Libro de Mormón; contiene relatos maravillosos para los niños de todas las edades y, más importante aún, enseña lecciones eternas que suelen repetirse en las canciones de la Primari
Por ejemplo, en la canción acerca del ejército de Helamán se encuentra una gran lección. Nosotros cantamos: “Como el ejército de Helamán, debemos obedecer” 1 . Muchos de nosotros también podemos cantar: “De buenos padres que aman a Dios nosotros como Nefi pudimos nacer” 2 .
Mi mensaje de hoy es para ustedes, los miembros de primera generación que tal vez hayan nacido de buenos padres pero a quienes no se les enseñó el Evangelio en el hogar. En vez de ser como el ejército de Helamán, a quienes “sus madres les habían enseñado que… Dios los libraría” (Alma 56:47), ustedes quizás sean como los padres de ellos, los del pueblo de Ammón, que crecieron siendo incrédulos.
Tal vez sería útil repasar la historia del pueblo de Ammón: ellos eran lamanitas a quienes Ammón, Aarón y otros les enseñaron el Evangelio (véase Alma 23:1–4). Cuando aceptaron el Evangelio, esos lamanitas se pusieron el nombre de anti-nefi-lehitas, y más tarde se les llamó el pueblo de Ammón (véase Alma 23:16–17; 27:23–26). Los hijos de este pueblo de Ammón fueron el ejército de Helamán que ayudó a luchar contra los lamanitas que no se habían convertido (véase Alma 56:3–6).
De modo que la fortaleza del ejército de Helamán en realidad empezó con sus padres, que eran el pueblo de Ammón. Ellos fueron los que primeramente aprendieron el Evangelio de las Escrituras; fueron los que aprendieron acerca del poder de la oración y los que primeramente hicieron convenios con el Señor y los guardaron. Y de la misma forma que dio comienzo con ellos, da comienzo con ustedes; como miembros de primera generación, ustedes son los que empiezan el ciclo de enseñar y fortalecer a la próxima generación.
Las Escrituras
Aarón, que fue un gran misionero, utilizó las Escrituras para enseñarles al rey lamanita y al pueblo de Ammón en cuanto a la fe y el arrepentimiento, y sobre Jesucristo y el plan de felicidad (véase Alma 22:12–14; 23:4–5). Hoy en día, la lectura y el estudio de las Escrituras siguen edificando nuestra fe, nos ayudan a resistir la tentación y nos permiten acercarnos más a nuestro Padre Celestial y a Su Hijo Jesucristo.
Sin embargo, la lectura de las Escrituras puede ser un reto para todos. El presidente Boyd K. Packer relata en cuanto a sus primeros intentos de leer el Libro de Mormón cuando era adolescente. Él cuenta: “Lo abrí y leí: ‘Yo, Nefi, nací de buenos padres’ (1 Nefi 1:1)… Era interesante y pude seguir bien la lectura hasta que llegué a los capítulos de Isaías… Unos meses más tarde decidí leer el Libro de Mormón de nuevo y leí: ‘Yo, Nefi, nací de buenos padres’, pero cada vez que leía llegaba a la barrera de los capítulos de Isaías… Finalmente decidí leerlos” 3 . Seguir leyendo

























