Una lección del Libro de Mormón

Conferencia General Abril de 2007
Una lección del Libro de Mormón
Vicki F. Matsumori
Segunda Consejera de la Presidencia General de la Primaria

Como miembros de primera generación, ustedes son los que empiezan el ciclo de enseñar y fortalecer a la próxima generación.

Amo el Libro de Mormón; contiene relatos maravillosos para los niños de todas las edades y, más importante aún, enseña lecciones eternas que suelen repetirse en las canciones de la Primari

Por ejemplo, en la canción acerca del ejército de Helamán se encuentra una gran lección. Nosotros cantamos: “Como el ejército de Helamán, debemos obedecer” 1 . Muchos de nosotros también podemos cantar: “De buenos padres que aman a Dios nosotros como Nefi pudimos nacer” 2 .

Mi mensaje de hoy es para ustedes, los miembros de primera generación que tal vez hayan nacido de buenos padres pero a quienes no se les enseñó el Evangelio en el hogar. En vez de ser como el ejército de Helamán, a quienes “sus madres les habían enseñado que… Dios los libraría” (Alma 56:47), ustedes quizás sean como los padres de ellos, los del pueblo de Ammón, que crecieron siendo incrédulos.

Tal vez sería útil repasar la historia del pueblo de Ammón: ellos eran lamanitas a quienes Ammón, Aarón y otros les enseñaron el Evangelio (véase Alma 23:1–4). Cuando aceptaron el Evangelio, esos lamanitas se pusieron el nombre de anti-nefi-lehitas, y más tarde se les llamó el pueblo de Ammón (véase Alma 23:16–17; 27:23–26). Los hijos de este pueblo de Ammón fueron el ejército de Helamán que ayudó a luchar contra los lamanitas que no se habían convertido (véase Alma 56:3–6).

De modo que la fortaleza del ejército de Helamán en realidad empezó con sus padres, que eran el pueblo de Ammón. Ellos fueron los que primeramente aprendieron el Evangelio de las Escrituras; fueron los que aprendieron acerca del poder de la oración y los que primeramente hicieron convenios con el Señor y los guardaron. Y de la misma forma que dio comienzo con ellos, da comienzo con ustedes; como miembros de primera generación, ustedes son los que empiezan el ciclo de enseñar y fortalecer a la próxima generación.

Las Escrituras

Aarón, que fue un gran misionero, utilizó las Escrituras para enseñarles al rey lamanita y al pueblo de Ammón en cuanto a la fe y el arrepentimiento, y sobre Jesucristo y el plan de felicidad (véase Alma 22:12–14; 23:4–5). Hoy en día, la lectura y el estudio de las Escrituras siguen edificando nuestra fe, nos ayudan a resistir la tentación y nos permiten acercarnos más a nuestro Padre Celestial y a Su Hijo Jesucristo.

Sin embargo, la lectura de las Escrituras puede ser un reto para todos. El presidente Boyd K. Packer relata en cuanto a sus primeros intentos de leer el Libro de Mormón cuando era adolescente. Él cuenta: “Lo abrí y leí: ‘Yo, Nefi, nací de buenos padres’ (1 Nefi 1:1)… Era interesante y pude seguir bien la lectura hasta que llegué a los capítulos de Isaías… Unos meses más tarde decidí leer el Libro de Mormón de nuevo y leí: ‘Yo, Nefi, nací de buenos padres’, pero cada vez que leía llegaba a la barrera de los capítulos de Isaías… Finalmente decidí leerlos” 3 . Seguir leyendo

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Es verdadero, ¿no es así? Entonces, ¿qué importa lo demás?

Conferencia General Abril de 2007
Es verdadero, ¿no es así? Entonces, ¿qué importa lo demás?
Élder Neil L. Andersen
De la Presidencia de los Setenta

Nuestra convicción del Salvador y de Su obra en los últimos días se convierte en el poderoso lente a través del cual juzgamos todo lo demás.

Mi tema el día de hoy se basa en algo que el presidente Hinckley dijo en la conferencia general de abril de 1973.

Yo acababa de regresar a casa después de servir en mi misión y parecía que había tanto en mi porvenir. ¿Sería capaz de tomar siempre las decisiones correctas durante mi vida?

Entonces, el que en aquel tiempo era el élder Gordon B. Hinckley, habló de su encuentro con un joven oficial naval de Asia. El oficial no había sido cristiano, pero durante un entrenamiento en los Estados Unidos, había aprendido en cuanto a la Iglesia y se había bautizado. Ahora se preparaba para regresar a su tierra natal.

El presidente Hinckley le preguntó al oficial: “Los de su pueblo no son cristianos, ¿qué sucederá cuando regrese a casa convertido en cristiano y, particularmente, en un cristiano mormón?”.

La expresión del oficial se ensombreció, y contestó: “Mi familia estará muy desilusionada… En cuanto a mi futuro y mi carrera, quizás se me niegue toda oportunidad”.

El presidente Hinckley preguntó: “¿Está dispuesto a pagar un precio tan alto por el Evangelio?”.

Con los ojos obscuros humedecidos por las lágrimas, le contestó con una pregunta: “Es verdadero, ¿no es así?”.

El presidente Hinckley respondió: “Sí, es verdadero”.

A eso, el oficial le respondió: “Entonces, ¿qué importa lo demás?” 1 .

A lo largo de los años, he reflexionado en esas palabras: “Es verdadero, ¿no es así? Entonces, ¿qué importa lo demás?”. Estas preguntas me han ayudado a poner los asuntos difíciles en la perspectiva correcta.

La causa en la cual trabajamos es verdadera; respetamos las creencias de nuestros amigos y vecinos; todos somos hijos e hijas de Dios y podemos aprender mucho de otros hombres y mujeres de fe y de bondad, como el presidente Faust nos enseñó tan bien.

No obstante, sabemos que Jesús es el Cristo y que ha resucitado. En nuestra época, por medio del profeta José Smith, el sacerdocio de Dios ha sido restaurado. Poseemos el don del Espíritu Santo; el Libro de Mormón es lo que declaramos que es; las promesas del templo son ciertas. El Señor mismo ha declarado la misión única y singular de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días de ser una “luz al mundo y… un mensajero… [para preparar] el camino delante de [Él]” 2 mientras “[rueda] el evangelio hasta los extremos de [la tierra]” 3 .

Es verdadero, ¿no es así? Entonces, ¿qué importa lo demás?

Por supuesto, para todos nosotros, hay otras cosas que importan. Cuando oí el discurso del presidente Hinckley a la edad de veintiún años, tenía que concentrarme en mis estudios; necesitaba empleo para seguir en la escuela; de alguna manera tenía que encontrar la forma de convencer a una señorita especial que debía arriesgarse a casarse conmigo, y disfrutaba de otras actividades sanas.

¿Cómo encontramos nuestro camino a través de las muchas cosas que son importantes? Simplificamos y purificamos nuestra perspectiva. Algunas cosas son malas y se deben evitar; algunas son agradables; otras son importantes y algunas cosas son absolutamente indispensables. El Salvador dijo: “Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” 4 .

La fe no es sólo un sentimiento, sino una decisión; junto con la oración, el estudio, la obediencia y los convenios, edificamos y fortalecemos nuestra fe. Nuestra convicción del Salvador y de Su obra en los últimos días se convierte en el poderoso lente a través del cual juzgamos todo lo demás; y entonces, cuando nos encontramos en el crisol de la vida, tenemos la fortaleza de tomar el curso correcto. Seguir leyendo

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El divorcio

Conferencia General Abril de 2007

El divorcio

Élder Dallin H. Oaks
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Un buen matrimonio no requiere un hombre o una mujer perfectos; sólo requiere un hombre y una mujer dispuestos a esforzarse juntos por alcanzar la perfección.


Recibí la impresión de hablar sobre el divorcio. Éste es un tema delicado porque provoca emociones muy fuertes en las personas a las que ha afectado de alguna forma. Algunos se ven a sí mismos o a sus seres queridos como víctimas del divorcio, mientras que otros se ven como sus beneficiarios. Algunos ven el divorcio como prueba del fracaso, mientras que otros consideran que es una compuerta esencial para escapar del matrimonio. En una forma u otra, el divorcio afecta a la mayoría de las familias de la Iglesia.

Sea cual fuere su perspectiva, tengan a bien escuchar mientras intento hablar con franqueza sobre los efectos del divorcio en las relaciones familiares eternas que procuramos obtener de acuerdo con el plan del Evangelio. Hablo de ello por preocupación, pero con esperanza.

I.

Vivimos en un mundo en el que el concepto total del matrimonio está en peligro y en el que el divorcio es común.

Muchos han reemplazado el concepto de que la sociedad tiene un fuerte interés en preservar los matrimonios para el bien común, así como para el bien de la pareja y de sus hijos, por la idea de que el matrimonio sólo es una relación privada entre adultos que están de acuerdo y al cual se le puede dar fin cuando cualquiera de los dos así lo desee 1 .

Las naciones que no tenían leyes de divorcio las han adoptado, y la mayoría de las que permiten el divorcio han hecho que sean más fáciles de obtener. Lamentablemente, según las leyes actuales de divorcio por consentimiento mutuo, puede ser más fácil dar fin a una relación matrimonial con un cónyuge no deseado que dar fin a una relación laboral con un empleado no deseado. Algunos incluso se refieren al primer matrimonio como el “matrimonio inicial”, como una pequeña casa que uno utiliza por un tiempo antes de conseguir una mejor.

El debilitamiento del concepto de que los matrimonios son permanentes y de gran valor tiene consecuencias de gran alcance. Algunos jóvenes rechazan el matrimonio, influenciados por el divorcio de sus padres o por las ideas populares de que el matrimonio es un grillete con cadenas que impide la realización personal. Muchos de los que se casan retienen su dedicación completa, y están prestos para huir cuando se les presenta el primer desafío de carácter serio.

En contraste, los profetas modernos nos han advertido que ver el matrimonio “como un simple contrato que se puede firmar cuando se desee… y romper a la primera dificultad… es un mal que amerita una condenación severa”, especialmente en los casos en los que se hace sufrir a los hijos 2 .

En la antigüedad, e incluso bajo algunas leyes tribales en algunos países donde ahora contamos con miembros, los hombres tienen el poder de divorciarse de sus esposas por cualquier cosa trivial. El Salvador rechazó este tipo de opresión perversa hacia las mujeres. Él declaró:

“Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así. Seguir leyendo

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El poder sanador del perdón

Conferencia General Abril de 2007
El poder sanador del perdón
Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Si somos capaces de perdonar a aquellos que nos han causado dolor y daño, nos elevaremos a un nivel mayor de autoestima y de bienestar.

Mis queridos hermanos, hermanas y amigos, vengo ante ustedes con humildad y en oración. Deseo hablar en cuanto al poder sanador del perdón.

En los bellos collados del estado de Pensilvania, un grupo de cristianos devotos lleva una vida sencilla sin el uso de automóviles ni electricidad ni maquinaria moderna. Trabajan arduamente, llevan una vida tranquila y en paz separados del mundo. La mayoría de sus alimentos proviene de sus propias granjas; las mujeres cosen, tejen y confeccionan su propia ropa, la cual es modesta y sencilla. A ellos se les conoce como el pueblo Amish.

Un conductor de un camión de leche, quien tenía treinta y dos años, vivía con su familia en la comunidad de Nickel Mines. Él no era Amish, pero su ruta de trabajo lo llevaba por las diversas granjas lecheras Amish donde se le llegó a conocer como el lechero tranquilo. En octubre del año pasado perdió repentinamente toda la razón y el control. En su mente atormentada culpaba a Dios por la muerte de su primogénito y por otros recuerdos sin fundamento. Sin provocación alguna entró violentamente en una escuela Amish donde dejó ir a los niños y a los adultos, pero ató a diez niñas. A ellas les disparó; mató a cinco e hirió a cinco; después de hacerlo, se quitó la vida.

Esa horrorosa violencia causó gran angustia, pero no ira, entre los Amish. Había dolor, pero no odio; el perdón de ellos fue inmediato. En forma colectiva, procuraron tender una mano de ayuda a la familia afligida del lechero. Mientras la familia de éste se reunía en su hogar después del atentado, un vecino Amish se acercó hasta allí y estrechó entre sus brazos al padre del responsable fallecido y le dijo: “Los perdonaremos” 1 . Los líderes Amish visitaron a la esposa y a los hijos del lechero para dar su pésame, su perdón y ofrecerles ayuda y brindarles su amor. Aproximadamente la mitad del cortejo fúnebre era Amish; a la vez, los Amish invitaron a la familia del lechero a asistir al funeral de las niñas asesinadas. Una paz notable se estableció entre los Amish a medida que su fe los sostenía durante esta crisis.

Un residente local resumió con mucha elocuencia el período subsiguiente a esta tragedia cuando dijo: “Todos hablábamos el mismo lenguaje, y no sólo el inglés, sino el lenguaje de la comprensión, de la comunidad y del servicio; y, sí, el lenguaje del perdón”2. Fue una increíble efusión de su fe absoluta en las enseñanzas del Señor en el Sermón del Monte: “Haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan” 3 . Seguir leyendo

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Estoy limpio

Conferencia General Abril de 2007
“Estoy limpio”
Presidente Gordon B. Hinckley

Sean puros en la forma de hablar, de pensar, de vestir y de tratar su cuerpo.

Mis queridos hermanos del sacerdocio, qué gran inspiración es mirar los 21.000 rostros de los que se encuentran aquí en el Centro de Conferencias, y saber que también millones se reúnen en los centros de reuniones y en otros lugares alrededor del mundo. Lamento ser tan mayor en esta época en que la vida es cada vez más emocionante.

Como todos ustedes saben, hace 12 años se me ordenó y se me apartó como Presidente de la Iglesia, específicamente el 12 de marzo de 1995. El élder Ballard ha recopilado algunos datos relacionados con estos 12 años. Cito de su informe:

387.750 misioneros ingresaron al campo misional, lo cual representa casi un 40 por ciento de los misioneros que prestaron servicio en esta dispensación, eso significa el 40 por ciento de los últimos 12 años, de los 177 años desde que se organizó la Iglesia.
Se han bautizado 3.400.000 conversos, lo que equivale a más de una cuarta parte del total actual de miembros de la Iglesia.
El número total de misiones de la Iglesia ha aumentado de 303 a 344, y muy pronto se van a agregar tres más.
La retención, de acuerdo con la asistencia a las reuniones sacramentales, las ordenaciones al sacerdocio y la fidelidad en el pago del diezmo, ha aumentado de modo significativo.
Ahora bien, a pesar de que todo eso tiene un significado extraordinario, estoy convencido de que con un poquito más de dedicación, ese maravilloso pasado tan reciente podría ser el prólogo de un futuro grandioso.

Pongamos todo nuestro hombro a la lid con fervor, hagamos nuestra obra con afán y amor. Hay que luchar y trabajar. Pongan su hombro a la lid con fervor. (Véase, “Pon tu hombro a la lid”, Himnos, Nº 164.)

Quisiera ahora tocar un tema diferente. He hablado de esto hace muchos años, pero lo vuelvo a repetir porque quienes lo oyeron aquella vez ya se han olvidado y quienes nunca lo oyeron necesitan oírlo. Se trata del presidente Joseph F. Smith, que prestó servicio como Presidente de la Iglesia durante 17 años, desde 1901 hasta 1918.

El padre de Joseph F. Smith era Hyrum Smith, hermano del profeta José Smith, que fue asesinado con él en Carthage. Joseph F. nació en Far West, Misuri, el 13 de noviembre de 1838 y fue llevado de allí siendo aun muy pequeñito. Siendo todavía un niño, ya que no había cumplido los seis años, durante la noche oyó que alguien llamaba a la ventana de la casa de su madre, en Nauvoo. Era un hombre que había ido cabalgado a toda prisa desde Carthage para notificar a la hermana Smith que esa tarde habían asesinado a su esposo.

A la edad de nueve años, condujo con su madre una yunta de bueyes a través de las llanuras hasta este valle. Cuando tenía quince años, se le llamó para servir una misión en Hawai. Se las arregló para viajar a San Francisco, donde trabajó en una fábrica a fin de ganar el dinero que necesitaba para viajar a las islas. Seguir leyendo

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El Sacerdocio: Un don sagrado

Conferencia General Abril de 2007
El Sacerdocio: Un don sagrado
Presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Es nuestra responsabilidad vivir de manera tal que seamos dignos del sacerdocio que poseemos.

Hermanos, estamos reunidos esta noche como un poderoso cuerpo del sacerdocio, tanto aquí en el Centro de Conferencias como en diferentes lugares alrededor del mundo. Me siento honrado por el privilegio de hablarles; ruego que la inspiración del Señor guíe mis pensamientos e inspire mis palabras.

Durante las últimas semanas, al reflexionar sobre lo que les podría decir esta noche, he pensado muchas veces en la bendición que tenemos de poseer el sagrado sacerdocio de Dios. Cuando miramos al mundo en su totalidad, con una población de más de seis y medio millares de millones de personas, nos damos cuenta de que somos un grupo muy pequeño y selecto. Los que poseemos el sacerdocio somos, en las palabras del apóstol Pedro: “…linaje escogido, real sacerdocio…” 1 .

El presidente Joseph F. Smith dijo que el sacerdocio es: “El poder de Dios delegado al hombre, mediante el cual éste puede actuar en la tierra para la salvación de la familia humana…, por medio del cual se puede declarar la voluntad de Dios, como si ángeles estuviesen presentes para declararla ellos mismos,… mediante el cual los hombres están facultados para que lo que aten en la tierra sea atado en los cielos, y lo que desaten en la tierra sea desatado en los cielos”. El presidente Smith agregó: “[El sacerdocio] es sagrado, y la gente debe conservarlo sagrado” 2 .

Mis hermanos, el sacerdocio es un don que trae aparejado no sólo bendiciones especiales sino también responsabilidades solemnes. Es nuestra responsabilidad vivir de manera tal que seamos dignos del sacerdocio que poseemos. Vivimos en una época en la que nos encontramos rodeados por muchas cosas que tienen la intención de atraernos a caminos que nos conducen a la destrucción. Evitar esos caminos requiere determinación y valor.

El valor es importante. Esa verdad la aprendí hace muchos años por medio de una experiencia vívida y dramática. En ese entonces prestaba servicio como obispo. Se llevaba a cabo la sesión general de nuestra conferencia de estaca en el Salón de Asambleas de la Manzana del Templo, en Salt Lake City; se iba a reorganizar nuestra presidencia de estaca. El Sacerdocio Aarónico, incluyendo a los miembros de los obispados, estaba encargado de la música para la conferencia. Cuando terminamos de cantar el primer número musical, el presidente Joseph Fielding Smith, la autoridad que nos visitaba, leyó desde el púlpito los nombres de la nueva presidencia de estaca, para que la congregación los aprobara. Entonces mencionó que Percy Fetzer, quien sería nuestro nuevo presidente de estaca y que John Burtstoy sería nuestro primer consejero —cada uno de los cuales había sido consejero en la presidencia anterior— ya sabían con anticipación acerca de su nuevo llamamiento, antes de comenzar la conferencia. Pero él indicó, que yo, sin embargo, que había sido llamado como segundo consejero de la nueva presidencia de estaca, no había tenido conocimiento de mi llamamiento hasta ese momento, en que se había leído mi nombre para el voto de sostenimiento. Después anunció: “Si el hermano Monson está dispuesto a aceptar este llamamiento, nos gustaría escuchar sus palabras ahora”.

Cuando me paré ante el púlpito y miré ese mar de personas, recordé la canción que acabábamos de cantar; se refería a la Palabra de Sabiduría y se llamaba: “Ten valor, hijo mío, para decir que no”. Ese día escogí como tema de mis palabras: “Ten valor, hijo mío, para decir que sí”. Todos necesitamos valor constantemente, valor para defender nuestras creencias, valor para cumplir nuestras responsabilidades, valor para honrar nuestro sacerdocio. Seguir leyendo

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Mensaje a mis nietos varones

Conferencia General Abril de 2007
Mensaje a mis nietos varones
Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Espero que cada uno de ustedes se convierta en un hombre de Dios, y lo lograrán por medio de las obras rectas.

Hermanos, esta noche me gustaría hablarles como si fueran mis nietos. Deseo que lo que tenga que decir se aplique a todos los jóvenes poseedores del sacerdocio en todas partes. Al pensar en esta gran congregación y también en los miles más que se unen a nosotros vía satélite, me recuerda la gran bendición que es ser un poseedor del sacerdocio; es una que se reserva para unos pocos, considerando los miles de millones de personas que hay en el mundo. El poseer el sacerdocio es un destacado honor; aun así, cualquier hombre o joven digno mayor de 12 años puede recibirlo en la Iglesia.

El sacerdocio es la autoridad delegada al hombre para ministrar en el nombre de Dios. Es un poder que nadie puede asumir por su propia cuenta. Como dijo Pablo: “Y nadie toma para sí esta honra, sino el que es llamado por Dios, como lo fue Aarón” 1 . Es una autoridad que ningún poder humano puede crear.

Peter, un joven presbítero, escribió acerca de una experiencia que le enseñó que el poder del sacerdocio es muy real. A un joven converso de su barrio en Ontario, Canadá, se le sostuvo como maestro en el Sacerdocio Aarónico, y a Peter se le pidió que fuera él quien efectuara la ordenación. Peter escribió: “Nunca había puesto mis manos sobre la cabeza de nadie y me sentía muy inepto. Pero… el Espíritu me aseguró que estaba bien que lo hiciera…”.

“El joven que iba a ser ordenado se sentó en la silla, yo me paré directamente detrás de él. [Nuestro presidente de Hombres Jóvenes] me guió en la ordenación y fui repitiendo cada palabra que él me decía. Al terminar la ordenación diciendo: ‘…y ahora deseamos pronunciar una bendición sobre tu cabeza…’ [el presidente de Hombres Jóvenes] me miró y me indicó que debía continuar por mí mismo.

“En ese instante, el significado del sacerdocio cambió completamente para mí. Ya no era tan sólo un título, sino la auténtica autoridad para actuar en el nombre de Dios. Y ahora estaba confiriéndole esa autoridad a otra persona. Hice una pausa y esperé que el Espíritu me susurrara lo que tenía que decir. Es difícil para mí describir lo que sentí durante la bendición, pero puedo declarar que tengo un testimonio más fuerte de que el poder del sacerdocio es verdadero” 2 .

Ustedes, hombres jóvenes, sin duda están ansiosos de recibir el Sacerdocio mayor o de Melquisedec. De este sacerdocio mayor el profeta José Smith dijo: “Quedó instituido desde antes de la fundación de esta tierra, antes que ‘las estrellas todas del alba alabaran, y se regocijaran todos los hijos de Dios’, y es el sacerdocio mayor y más santo, y es según el orden del Hijo de Dios” 3 .

Como poseedores del sacerdocio somos agentes del Señor. El Señor habló de este sagrado oficio a los élderes de la Iglesia en Kirtland en 1831: “De modo que, siendo vosotros agentes, estáis en la obra del Señor; y lo que hagáis conforme a su voluntad es asunto del Señor” 4 .

El presidente Hinckley a menudo nos ha recordado que la obra misional es esencialmente una responsabilidad del sacerdocio. Es un gran honor y una responsabilidad el ser llamado a servir al Señor en la obra misional. Este servicio nos aporta gozo duradero a pesar de que a veces pueda ser desafiante y desalentador. Mi misión cambió el curso de mi vida. Fue una de las experiencias más maravillosas que he tenido. El servir en una misión nos prepara para la labor del resto de nuestra vida y de la eternidad.

Espero que cada uno de ustedes se convierta en un hombre de Dios, y lo lograrán por medio de las obras rectas. Honrarán y magnificarán su sacerdocio y, tal como dijo el apóstol Pablo: “[Seguirán] la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre” 5 . Seguir leyendo

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Atesoren para sí

Conferencia GeneralAbril de 2007
Atesoren para sí
Obispo Keith B. McMullin
Segundo Consejero del Obispado Presidente

Instamos a los poseedores del sacerdocio a almacenar lo suficiente para que ustedes y su familia puedan soportar las vicisitudes de la vida.

Mis queridos hermanos, qué gran bendición es estar reunidos con la Primera Presidencia y los Doce Apóstoles. Cada poseedor del sacerdocio aquí presente, ya sea que tenga 12 ó 112 años, puede heredar el orden celestial de vida “mediante la obediencia a las leyes y ordenanzas del Evangelio” 1 . Es maravilloso reflexionar en ello; y sé que es cierto. ¡Ustedes son quienes están a cargo de su mundo!

Con esta perspectiva por delante, consideremos la siguiente historia: Un joven lleno de aspiraciones y de energía se matriculó en una selecta universidad. En aquel tiempo, tenía el oficio de presbítero en el Sacerdocio Aarónico. Su meta era elevada: deseaba llegar a ser médico. Su objetivo era ambicioso: quería ser rico. Deseaba jugar al fútbol americano, así que fue a hablar con los entrenadores, y con el tiempo consiguió entrar en el equipo. Una vez allí, podía tener reconocimiento y el derecho de alardear como sólo se hace en el mundo del deporte universitario. Tales eran las cosas que tenía en la mente.

Pero no había reparado en algo que terminaría por frustrar sus grandes y vanas ambiciones: no había atesorado para sí. Había subestimado la importancia de una preparación adecuada, de la necesidad de asistir regularmente y del estudio disciplinado, así como de la clase de química de la universidad. Las consecuencias se dieron rápidamente y sin clemencia: Se produjeron antes de los noventa días. Sucedió así:

El día en que su cuerpo de 1,73 metros y de 77 Kg. se encontró en la línea de contacto frente a un jugador gigantesco del mejor equipo de la universidad, supo que se había equivocado de deporte.

Al no estar acostumbrado a un estudio riguroso, sus ojos y su mente se rehusaban a funcionar luego de algunos breves momentos de estar con los libros.

El punto culminante de su fracaso fue el examen final de química. Basta decir que sus respuestas al azar a las preguntas de opción múltiple ni siquiera se aproximaron al promedio regular. Fue un completo fracaso.

Por medio del trabajo arduo, de una misión que le dio una visión correcta de los propósitos de la vida y de una preparación constante y tenaz, logró superar las consecuencias de ese breve periodo de insensatez. No obstante, todavía hoy tengo pesadillas sobre aquella clase de química.

Afortunadamente, el Señor nos ha demostrado cómo evitar semejante insensatez. Nos dijo:

“Escuchad, oh pueblo de mi iglesia… Escuchad, pueblos lejanos; y vosotros los que estáis sobre las islas del mar, oíd juntamente. Seguir leyendo

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Al Sacerdocio Aarónico: Cómo prepararse para la década de las decisiones

Conferencia General Abril de 2007
Al Sacerdocio Aarónico: Cómo prepararse para la década de las decisiones
Élder Robert D. Hales
Del Quórum de los Doce Apóstoles

La forma en que hoy portan el sacerdocio los preparará para tomar las decisiones más importantes del futuro.

Qué gozo es estar en su presencia, hermanos, al encontrarse reunidos alrededor del mundo. Me recuerda las palabras del himno: “¡Mirad! Reales huestes ya entran a luchar con armas y banderas, el mal a conquistar” 1 . En verdad, ustedes son las reales huestes de Dios, fieles y leales.

Esta noche quisiera dirigirme a los miembros más jóvenes de esta hueste real, el Sacerdocio Aarónico: diáconos, maestros y presbíteros que se lanzan al campo de batalla de la vida. Aunque no lo recuerden, se alistaron en esta causa con una sola decisión, la que tomaron hace mucho tiempo en nuestra existencia preterrenal. Allí, en el Gran Concilio de los Cielos, decidieron obedecer la voluntad de nuestro Padre Celestial y de Su hijo Jesucristo. Recuerden esto: ustedes son hijos de Dios que decidieron seguir al Salvador cuando más importaba, y eso los convierte en hombres verdaderamente grandes.

Por motivo de esa divina decisión que determinó su progreso eterno, recibieron un cuerpo físico, ganaron el albedrío de escoger el bien en lugar del mal y ahora están creciendo y preparándose para tomar sobre ustedes todos los atributos de nuestro Salvador. Se han bautizado y han recibido el Espíritu Santo; están aprendiendo a descubrir quiénes son, por qué están aquí y hacia dónde van; y ahora ¡han recibido el Sacerdocio Aarónico!

El Sacerdocio Aarónico es el sacerdocio preparatorio, que se ha dado para esta época de preparación de su vida. La forma en que hoy portan el sacerdocio los preparará para tomar las decisiones más importantes del futuro; entre ellas, recibir el Sacerdocio de Melquisedec, ir al templo, servir en una misión, adquirir una educación, escoger una profesión, elegir una compañera y sellarse en el santo templo por esta vida y por toda la eternidad. Hay un tiempo y una época para todas nuestras decisiones. Asegúrense de tomar las decisiones en el momento y en la época apropiados. Todas estas decisiones que repercutirán en su vida las tomarán en un período relativamente corto y muy ocupado, entre los veinte y los treinta años, durante lo que yo llamo “la década de las decisiones”.

Durante mi entrenamiento para llegar a ser piloto de combate, me preparé para tomar decisiones esenciales en un simulador de vuelo. Por ejemplo, practiqué cuándo tomar la decisión de abandonar un avión si la luz de alarma contra incendios se encendiera y éste comenzara a girar sin control. Recuerdo a un amigo muy querido que no se preparó para ello; siempre encontraba la manera de ausentarse de la práctica en el simulador y se iba a jugar al golf o a nadar. ¡Nunca aprendió los procedimientos de emergencia! Meses más tarde, su avión se incendió y se precipitó al suelo en llamas. Al percatarse de la luz de alarma contra incendios, su joven compañero, que había adquirido una reacción preprogramada, supo cuándo abandonar el avión y lanzarse a salvo en paracaídas; pero mi amigo, que no se había preparado para tomar esa decisión, permaneció en el avión y murió en el impacto.

En la década que tienen por delante, su tiempo de preparación será limitado. Como ustedes son poseedores del Sacerdocio Aarónico, es importante que se preparen ahora; deben adquirir sus propias reacciones preprogramadas para las importantes decisiones que tomarán en la próxima década de su vida; deben saber qué hacer y cuándo hacerlo cuando se encuentren ante una decisión. Recuerden que el no tomar una decisión puede ser tan fatal como el tomar la decisión equivocada. Muchas de las decisiones que tomen, o que no tomen, tendrán consecuencias eternas.

Ahora es el tiempo de convertirse en discípulos de Jesucristo, lo cual significa aceptar Su invitación: “Ven, sígueme” 2 . Ésa es la decisión que tomamos en la vida preterrenal; ahora debemos volver a tomarla aquí en la tierra, todos los días, en cada situación, al tomar el nombre del Salvador sobre nosotros, al recordar Su sacrificio expiatorio y al guardar Sus mandamientos; es lo que nos comprometimos a hacer al bautizarnos, y tenemos la oportunidad de renovar esos convenios cada vez que participamos de la Santa Cena. Seguir leyendo

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Las lecciones aprendidas de la vida

Conferencia General Abril de 2007
Las lecciones aprendidas de la vida
Élder Joseph B. Wirthlin
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Les insto a que examinen sus vidas; determinen dónde se hallan y qué precisan hacer para ser la clase de persona que desean ser.

Últimamente he reflexionado en muchas de las maravillosas experiencias que he tenido en mi vida. Al expresar gratitud a mi Padre Celestial por estas magníficas bendiciones y oportunidades, me he dado cuenta, tal vez más que nunca, de lo críticos que fueron los años formativos de mi vida.

Muchos de los momentos más importantes y vitales de mi existencia tuvieron lugar cuando era joven. Las lecciones que aprendí en ese tiempo formaron mi carácter y moldearon mi destino. Sin ellas, sería un hombre muy distinto y me hallaría en un lugar muy diferente al que me encuentro hoy. Esta tarde deseo hablar unos minutos acerca de algunas de esas experiencias y de lo que he aprendido de ellas.

Jamás olvidaré un partido de fútbol americano contra una escuela secundaria rival. Yo jugaba de extremo con la asignación de bloquear al defensa o desmarcarme para que mis compañeros me pasaran la pelota. El motivo por el que recuerdo tan bien aquel partido es que el jugador del equipo contrario, al que se suponía que yo debía bloquear, era un gigante.

Yo no era el deportista más alto del mundo, pero creo que aquel muchacho podía serlo. Recuerdo haber mirado hacia arriba pensando que probablemente él pesaba el doble que yo. Recuerden que por aquel entonces los jugadores no utilizábamos las protecciones que se emplean en la actualidad. Mi casco era de piel y carecía de la protección frontal.

Cuanto más pensaba al respecto, más me consternaba: si dejaba que aquel jugador me atrapara, podía pasarme el resto de la temporada animando a mi equipo desde la cama de un hospital.

Por suerte para mí, yo era rápido, y durante gran parte del primer tiempo logré evitarlo.

Excepto en una jugada.

Nuestro lanzador se retrasó para hacer un pase. Yo estaba desmarcado, así que me lanzó la pelota, que se dirigió volando hacia mí.

El único problema era que podía oír la estampida que había a mis espaldas. En un momento de claridad caí en la cuenta de que si atrapaba la pelota, cabía la posibilidad de que a partir de entonces tuviera que comer a través de una sonda. Pero la pelota venía hacia mí y el equipo contaba conmigo; así que extendí los brazos… y en el último momento… alcé la mirada.

Y allí estaba él. Seguir leyendo

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Un tabernáculo en el desierto

Conferencia General Abril 2007
Un tabernáculo en el desierto
Presidente Gordon B. Hinckley

Estas instalaciones han constituido un fantástico y único lugar de asamblea.

Esta tarde, mis hermanos y hermanas, nos encontramos reunidos una vez más en este histórico tabernáculo, donde nos hemos reunido tantas veces en conferencias del pasado.

Ahora bien, este edificio ha pasado por una amplia renovación y remodelación para ajustarlo a los nuevos códigos sísmicos. Con esta tarea, esperamos y rogamos que no se hayan destruido sus elementos históricos.

Algunos de los antiguos bancos se han conservado y continuarán utilizándose, pero ya se habrán dado cuenta de que los nuevos bancos son igual de duros que lo eran los antiguos.

Se han agregado nuevas salidas para cumplir con los requisitos actuales. Los grandes pilares de piedra que constituyen sus muros exteriores se han reforzado y fortalecido considerablemente. El tejado o techo exterior se ha reforzado aplicando nuevos materiales e incorporando planchas de acero en la armadura.

Les recuerdo que no es la primera vez que se hacen cambios en este edificio; se modificó incluso poco después de su creación, ya que en un principio no contaba con platea y se tuvo que añadir una.

A lo largo de todos estos años, estas instalaciones han constituido un fantástico y único lugar de asamblea. Muchos hombres y mujeres han tomado aquí la palabra para testificar de la restauración del evangelio de Jesucristo. Desde los tiempos de Brigham Young hasta el presente, todos los profetas han discursado desde este púlpito, así como lo han hecho otros hombres y mujeres prominentes, entre ellos varios presidentes de los Estados Unidos. Estas instalaciones han sido el centro de las artes y de la cultura de esta comunidad e incluso la orquesta sinfónica de Utah, en sus comienzos, hizo uso de este lugar para sus interpretaciones. Se han albergado grandes producciones artísticas, como El Mesías y el programa Tanner de Talentos de Música, y desde aquí se han efectuado funerales de personas prominentes. Ciertamente, el tabernáculo ha representado un punto central para esta comunidad a lo largo de todos estos años.

Se trata de un edificio peculiar, el único en su género en todo el mundo. Se construyó hace casi un siglo y medio en tiempos de necesidad para nuestro pueblo y se convirtió literalmente en un tabernáculo edificado en el desierto. En aquella época, todavía faltaba mucho tiempo para terminar la construcción del templo. Los que construyeron el tabernáculo lo hicieron con fe y valiéndose de sus rudimentarias aptitudes arquitectónicas. Los escépticos, que nunca faltan, predijeron que el techo se desmoronaría una vez que se retirara el andamio; esto no sucedió, y ha permanecido en su sitio bajo la luz del sol y bajo las tormentas durante todos estos años. Seguir leyendo

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Recuerdos del Tabernáculo

Conferencia General Abril de 2007
Recuerdos del Tabernáculo
Presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Al rededicar este edificio hoy, ruego que nos comprometamos a rededicar nuestra vida a la obra de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Mis hermanos y hermanas, tanto los que están aquí en el Tabernáculo como los que escuchan por diversos medios en todo el mundo; es un gozo para mí encontrarme otra vez ante ustedes en este magnífico edificio. En este lugar no se puede sino sentir el espíritu de los primeros santos que construyeron esta hermosa casa de adoración, así como de todos los que a través de los años se han afanado por preservarla y embellecerla.

En estos días he estado pensando sobre los muchos acontecimientos significativos de mi vida vinculados con el Tabernáculo de Salt Lake. Aun cuando son demasiados para mencionarlos hoy, quisiera recordar algunos.

Recuerdo los días en que se acercaba mi bautismo cuando tenía ocho años. Mi madre me habló del arrepentimiento y del significado del bautismo; después, un sábado de septiembre de 1935, me trajo en un tranvía al baptisterio del Tabernáculo que, hasta hace poco, se encontraba en este edificio. En aquella época no se acostumbraba tanto como ahora que los padres bautizaran a los hijos, porque la ordenanza se llevaba a cabo, por lo general, un sábado por la mañana o por la tarde, y muchos hombres trabajaban en su profesión u oficio diario. Me vestí de blanco y me bautizaron. Recuerdo aquel día como si fuera ayer y la felicidad que sentí al llevarse a cabo esa ordenanza.

A través de los años, y particularmente durante el tiempo en que presté servicio como obispo, fui testigo de muchos otros bautismos en la pila bautismal del Tabernáculo. Cada uno fue una ocasión especial e inspiradora, y sirvieron para recordarme mi propio bautismo.

En abril de 1950 mi esposa Frances y yo asistimos a la sesión del domingo por la tarde de la conferencia general que se efectuó en este edificio. El presidente George Albert Smith era el Presidente de la Iglesia y, al clausurar la conferencia, pronunció un discurso inspirador y potente en cuanto a la resurrección de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Sin embargo, antes de dar fin a sus palabras, pronunció una advertencia profética; dijo: “No pasará mucho tiempo antes de que las calamidades dominen a la familia humana, a menos que haya un pronto arrepentimiento. No pasará mucho antes de que los que estén esparcidos sobre la tierra mueran por millones… debido a lo que ha de sobrevenir”. Aquellas palabras eran alarmantes puesto que provenían de un profeta de Dios.

Dos meses y medio después de aquella conferencia general, el 25 de junio de 1950, estalló la guerra en Corea, una guerra en la que se calcula que se perdieron dos millones y medio de vidas. Ese acontecimiento me hizo reflexionar sobre la declaración que hizo el presidente Smith cuando nos encontrábamos en este edificio aquel día de primavera.

Asistí a muchas sesiones de la conferencia general en el Tabernáculo, y siempre me elevaron e inspiraron las palabras de las Autoridades Generales. Entonces, en octubre de 1963, el presidente David O. McKay me invitó a su oficina y me extendió el llamamiento para prestar servicio como miembro del Quórum de los Doce Apóstoles; me pidió que mantuviera el sagrado llamamiento confidencial, que no se lo revelara a nadie excepto a mi esposa, y que asistiera a la conferencia general en el Tabernáculo al día siguiente, cuando mi nombre se iba a leer en voz alta. Seguir leyendo

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Rededicación del Tabernáculo de Salt Lake

Conferencia General Abril de 2007
Rededicación del Tabernáculo de Salt Lake
Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Agradezco que este magnífico edificio se haya fortalecido y renovado a fin de que se siga utilizando para instruir y edificar a los hijos de Dios.

Es un gran honor y privilegio formar parte del servicio de rededicación de este gran edificio, el Tabernáculo de Salt Lake, que se encuentra al oeste del Templo de Salt Lake. Reconocemos a todos aquellos que hayan tenido algo que ver con la gran obra que se ha realizado en este edificio. En especial, agradecemos al Obispado Presidente: el obispo H. David Burton, el obispo Richard C. Edgley y el obispo Keith B. McMullin, por su excelente liderazgo al dirigir la obra de actualizar y restaurar el Tabernáculo de Salt Lake.

Guardo gratos recuerdos de cuando era niño y venía a este tabernáculo; aquí me bautizaron. Cuando se me ordenó diácono, mi padre me trajo aquí para asistir a la reunión general del sacerdocio; llegamos quince minutos antes y fácilmente pudimos conseguir asientos en la galería.

En los primeros días de la Iglesia, los únicos dos edificios que se construyeron específicamente para adorar fueron el Templo de Kirtland y el de Nauvoo; ambos se construyeron de acuerdo con la revelación. El primer edificio de la Iglesia del que se tiene constancia, que se construyó para que fuese un centro de reuniones, también se pensaba utilizar como escuela; se edificó con troncos, en Misuri, en 1831 1 .

Para cuando el Templo de Kirtland se dedicó en 1836, ya era demasiado pequeño para dar cupo a todos los santos que deseaban asistir a la dedicación. Lleno de pesar, el profeta José Smith escribió que en el edificio no había cupo para más gente 2 . No obstante, a medida que aumentaba la violencia contra los santos en Kirtland, en 1838 la mayoría de los miembros de la Iglesia se trasladaron a Misuri, dejando atrás ese hermoso edificio.

Con el Templo de Nauvoo se siguió esencialmente el mismo modelo que con el Templo de Kirtland con respecto a las salas de asambleas del primer y del segundo piso. Sin embargo, antes de que el Templo de Nauvoo se terminara, en 1846, los santos se reunían afuera, muchas veces cerca del templo, para oír hablar al profeta José y a otros líderes de la Iglesia. A esas reuniones, a veces, asistían miles de personas.

Como observó George A. Smith, con su humor característico: “En los días del profeta José… el ‘mormonismo’ florecía mejor al aire libre”. La razón fue porque “antes de la muerte del Profeta, no construimos un edificio lo suficientemente grande donde cupieran los santos” 3 .

De vez en cuando, el mal tiempo interrumpía esos servicios al aire libre, lo que incomodaba tanto a los oradores como a la congregación. El presidente Joseph F. Smith, que recordaba bien la incomodidad de esas reuniones al aire libre cerca del Templo en Nauvoo, dijo: Seguir leyendo

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Recuerda y no perezcas

Conferencia General Abril de 2007
Recuerda y no perezcas
Élder Marlin K. Jensen
De los Setenta

Recordar, como Dios desea que lo hagamos, es un principio de salvación y fundamental del Evangelio.

Me siento honrado de hablar después de la hermana Parkin. Su servicio y sus enseñanzas, así como las de sus consejeras nos han bendecido a todos. Casi a esta misma hora, hace dieciocho años y medio, me paré cerca de este púlpito esperando que terminara de cantar la congregación para dar mi primer discurso en una conferencia general. En aquel momento, mi preocupación debe haber sido muy evidente, ya que el élder Tom L. Perry, que estaba detrás de mí, se inclinó hacia adelante, y en su manera de ser positiva y entusiasta me susurró: “No te preocupes”, me dijo, “¡hace años que no muere nadie en este púlpito!”.

Esas palabras de aliento, y los breves minutos que le siguieron, en los que hablé por vez primera ante una audiencia mundial de Santos de los Últimos Días, constituyen un recuerdo que atesoro. Igual que ustedes, constantemente acumulo una fuente de recuerdos, que al evocarlos, forman parte útil y a menudo deleitable de mi consciencia; y a pesar del propósito que me hice de joven de no aburrir nunca a los demás con mis reminiscencias cuando fuera mayor, ahora me deleito mucho al compartirlas casi siempre que me es posible. Sin embargo, hoy quisiera hablar de una función más significativa de la memoria y de las reminiscencias en el evangelio de Jesucristo, en lugar de la función pasiva de recordar y de disfrutar de la información.

Si prestamos atención al uso de la palabra recordar en las Escrituras, nos damos cuenta que “recordar”, como Dios desea que lo hagamos, es un principio de salvación y fundamental del Evangelio; y lo es porque las amonestaciones proféticas de que recordemos, con frecuencia son un llamado a la acción: a escuchar, a ver, a obedecer, a hacer y a arrepentirnos 1 . Si recordamos a la manera de Dios, superaremos nuestra tendencia humana de sólo prepararnos para la batalla de la vida, y en realidad participamos en la batalla misma, haciendo todo lo posible por resistir la tentación y evitar el pecado.

El rey Benjamín le pidió a su pueblo ese tipo de recuerdo activo:

“Y por último, no puedo deciros todas las cosas mediante las cuales podéis cometer pecado; porque hay varios modos y medios, tantos que no puedo enumerarlos.

“Pero esto puedo deciros, que si no os cuidáis a vosotros mismos, y vuestros pensamientos, y vuestras palabras, y vuestras obras, y si no observáis los mandamientos de Dios ni perseveráis en la fe de lo que habéis oído concerniente a la venida de nuestro Señor, aun hasta el fin de vuestras vidas, debéis perecer. Y ahora bien, ¡oh hombre!, recuerda, y no perezcas” 2 .

Al comprender la función primordial que debe tener en nuestra vida el recordar, ¿qué más debemos recordar? Como respuesta, al congregarnos hoy para recordar y volver a dedicar este Tabernáculo histórico, sugiero que la historia de La Iglesia de Jesucristo y de su pueblo merece que se recuerde. Las Escrituras dan gran prioridad a la historia de la Iglesia; de hecho, la historia de la Iglesia forma gran parte de las Escrituras. El mismo día que se organizó la Iglesia, Dios mandó a José Smith: “He aquí, se llevará entre vosotros una historia” 3 . José obedeció ese mandamiento al nombrar a Oliver Cowdery, el segundo élder de la Iglesia y su ayudante principal, como el primer historiador de la Iglesia. Llevamos registros para ayudarnos a recordar, y desde la época de Oliver hasta el presente, se ha llevado un registro del crecimiento y del progreso de la Iglesia. Ese extraordinario registro histórico nos recuerda que Dios ha abierto de nuevo los cielos y ha revelado verdades que instan a nuestra generación a actuar. Seguir leyendo

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Gratitud: Un sendero hacia la felicidad

Conferencia General Abril 2007

Gratitud: Un sendero hacia la felicidad

Bonnie D. Parkin
Presidenta General de la Sociedad de Socorro

La gratitud es un principio lleno del Espíritu; nos hace reconocer un universo en el que está presente la riqueza de un Dios viviente.


Esta tarde tengo el honor de representar a aquellas líderes de la Sociedad de Socorro que, en este mismo tabernáculo, compartieron las doctrinas del reino, recalcaron la importancia de la función de la mujer en el hogar y en la familia, se brindaron servicio caritativo unas a otras y les recordaron a sus hermanas la alegría que proviene de un recto vivir.

Desde este púlpito en 1870, Eliza R. Snow les hizo a miles de mujeres una pregunta que quisiera repetir hoy: “¿Saben de algún lugar sobre la faz de la tierra donde la mujer tenga más libertad y donde disfrute de tan supremos y gloriosos privilegios que aquí, como Santo de los Últimos Días?” 1 . Doy testimonio de que las mujeres de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días disfrutan de sublimes y gloriosos privilegios.

La cesta de bendiciones
Permítanme contarles un dulce relato. Una familia pasaba por tiempos difíciles; les resultaba difícil dejar de pensar en esos desafíos. La madre escribió: “Nuestro mundo se había desmoronado, así que acudimos a nuestro Padre Celestial para que nos guiara. Casi de inmediato, nos dimos cuenta de que estábamos rodeados de bondad y de palabras de ánimo por todas partes. Como familia, empezamos a expresarnos gratitud a diario unos a otros, así como al Señor. Una amiga íntima me comentó que nuestra ‘cesta de bendiciones’ rebosaba. De esa conversación resultó un tipo de juego que a mis hijos y a mí nos gustó mucho. Todas las noches, antes de decir la oración familiar, hablábamos de lo que había sucedido ese día y después hablábamos de las muchas bendiciones que se habían agregado a nuestra ‘cesta de bendiciones’. Cuanta más gratitud expresábamos, más teníamos que agradecer. Sentimos el amor del Señor de manera palpable a medida que se presentaban oportunidades para progresar” 2 .

¿Cómo se beneficiaría su familia si contara con una “cesta de bendiciones”?

Un principio lleno del Espíritu
La gratitud requiere reconocimiento y esfuerzo, no sólo para sentirla, sino para expresarla. Con frecuencia no reconocemos la mano del Señor; murmuramos, nos quejamos, nos oponemos, criticamos; muchas veces no demostramos gratitud. En el Libro de Mormón aprendemos que los que murmuran no conocen “la manera de proceder de aquel Dios que los… [creó]” 3 . El Señor nos aconseja que no murmuremos, ya que eso dificulta que el Espíritu obre en nosotros. Seguir leyendo

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