Si estas viejas paredes hablaran

Conferencia General Abril de 2007
Si estas viejas paredes hablaran
Obispo H. David Burton
Obispo Presidente

Por más de un siglo, las palabras de los profetas, videntes y reveladores de los últimos días han salido al mundo desde este podio.

El presidente Hinckley dijo en una conferencia de prensa en octubre de 2004: “Respeto, amo y honro este edificio. Quiero que sea preservado… Quiero que al viejo y original Tabernáculo se le unan las débiles juntas o junturas… y que se le refuercen pero que se preserve su magnífica belleza natural”. Luego me miró y dijo: “No hagan nada que no deban; pero hagan lo que hagan, háganlo bien y correctamente” 1 .

Con esas conmovedoras pero firmes palabras, se dio la orden de preservar, fortalecer y devolver el viejo y original Tabernáculo de Salt Lake, reforzado y listo para otro período de distinguido servicio.

Hoy, estimado Presidente, presentamos este antiguo edificio, revestido con un nuevo acabado, decorosamente revestido con su elegancia histórica, aunque un poco más cómodo. El Obispado Presidente, junto con más de 2000 artesanos, con orgullo devuelven el “viejo y original Tabernáculo” junto con una garantía de cien años.

La petición del presidente Hinckley de restituir “el viejo y original Tabernáculo” llegó a ser la norma para tomar decisiones arquitectónicas y de construcción difíciles. La frase se utilizó para expresar la esencia y el objetivo del proyecto. Sirvió como el equivalente del estandarte de la libertad del capitán Moroni y en efecto así fue, “enarbola[da]… sobre todas las torres” e izada “en cuanto lugar” fuese necesario 2 .

Si estas viejas paredes hablaran, se unirían a nosotros para expresar un sincero agradecimiento a los arquitectos de FFKR, a la Constructora Jacobsen, y lo más importante, a todo el equipo de la Iglesia encargado del proyecto, junto a muchas otras personas cuyas habilidades hicieron que esta compleja tarea fuera posible. Uno de los oficiales del equipo hizo esta observación: “Al consultarnos los unos a los otros, el Señor pudo darnos capacidad más allá de nuestras propias habilidades”.

Los integrantes del proyecto sintieron gran reverencia por la belleza del Tabernáculo, por los constructores originales y por la calidad de su trabajo. Ellos se maravillaron de que por más de un siglo, las palabras de los profetas, videntes y reveladores de los últimos días han salido al mundo desde este podio.

Si estas viejas paredes hablaran, estoy seguro que expresarían agradecimiento por sus nuevos firmes cimientos; estarían encantadas con su nueva banda de acero que las mantiene erguidas y derechas. Estas viejas paredes dirían gracias por haber raspado catorce capas de pintura del techo interior, por haberlo emparchado y aplicado una hermosa capa nueva.

Estas viejas paredes expresarían gratitud por la protección y la belleza de un nuevo y brillante techo exterior de aluminio y se unirían a las bancas para disfrutar las sonrisas en los rostros de las personas cuando descubran los asientos un poco modificados con unos centímetros más para las rodillas. Seguir leyendo

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Los profetas pioneros y los modernos

Conferencia General Abril de 2007
Los profetas pioneros y los modernos
Élder Earl C. Tingey
De la Presidencia de los Setenta

Tanto el presidente Brigham Young como el presidente Gordon B. Hinckley son profetas que han guiado la Iglesia por medio de la inspiración y revelación.

Mis hermanos y hermanas, al encontrarme ante el púlpito de este viejo pero nuevo Tabernáculo, me conmueve profundamente el sentido histórico que percibo en este momento. Al tener un pie plantado en el pasado y el otro en el futuro, doy gracias por los profetas y por los apóstoles, pioneros y modernos, que han tenido y siguen teniendo la visión de construir y conservar este maravilloso edificio para el futuro.

Quiero hablarles de dos de estos hombres de visión: De Brigham Young y de su sucesor de hoy en día.

Brigham Young fue el segundo profeta de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Dirigió la Iglesia durante 33 años. Construyó este Tabernáculo y presidió su dedicación durante la conferencia general de octubre de 1875, hace más de 131 años.

Brigham Young tuvo muchos otros logros y sólo puedo hacer mención de unos pocos.

Fue un pionero, o sea, alguien que abre o prepara el camino para que otros lo sigan. Un escritor dijo de Brigham Young: “Llevó hasta un territorio desconocido a un grupo de harapientos y empobrecidos, despojados virtualmente de todo bien terrenal. Tanto sus críticos como los que escribieron su biografía observaron que ese hombre fue único entre los líderes de la historia moderna, porque él solo, sin respaldo político ni económico estableció, de la nada en el desierto, una sociedad ordenada e industriosa sin ninguna otra autoridad que no fuera la autoridad del sacerdocio y la fortaleza espiritual con la que pronunció sus enseñanzas. Por medio de exhortaciones e instrucciones constantes, unificó a su pueblo y lo inspiró a que llevase a cabo el mandato divino de edificar el reino de Dios sobre la tierra” 1 .

Al entrar por primera vez al Valle del Gran Lago Salado, Brigham Young declaró: “Éste es el lugar correcto” 2 . Más adelante dijo:

“Dios me ha mostrado que éste es el lugar para ubicar a Su pueblo y aquí será donde prosperarán. Él templará los elementos para el bien de los santos; reprenderá la escarcha y la esterilidad del suelo, y la tierra llegará a ser fructífera,… y en este lugar edificaremos una ciudad y un templo al Dios Altísimo” 3 . Seguir leyendo

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El espíritu del Tabernáculo

Conferencia General Abril de 2007

El espíritu del Tabernáculo

Presidente Boyd K. Packer
Presidente en Funciones del Quórum de los Doce Apóstoles

El tabernáculo …se destaca como un emblema de la restauración del evangelio de Jesucristo.


Hace cuarenta y seis años se me llamó para ser Ayudante del Quórum de los Doce Apóstoles y vine, por primera vez, a este púlpito. Tenía treinta y siete años, y me encontraba entre los venerables y sabios profetas y apóstoles cuyas palabras, como dice el himno, “son de… siervos del Señor que nos enseñan” (“Palabras de amor”, Himnos, Nº 176). Me sentí profundamente inepto.

En esa época tuve, aquí en el Tabernáculo, una experiencia decisiva que me tranquilizó y me dio valor.

En aquellos días, la conferencia de la Primaria se llevaba a cabo aquí antes de la conferencia general de abril. Entré por una de las puertas del lado sur justo en el momento en que un numeroso coro de niños de la Primaria cantaba el himno de apertura, bajo la dirección de la hermana Lue S. Groesbeck, miembro de la Mesa Directiva General de la Primaria. Cantaban:

Con quietud, pensaré reverente en ti, Señor.
Con quietud, cantaré reverente a ti loor.
Con quietud y humildad pido en oración,
Tu Espíritu haz morar en mi corazón.
(“Con quietud”, Canciones para los niños, pág. 11.)

Los niños cantaban suavemente. El organista, que comprendía que la excelencia no necesita atraer la atención a sí misma, no ejecutó un solo mientras ellos cantaban, sino que con gran habilidad, y casi sin notarse, armonizó las voces con una melodía de inspiración y de revelación. Aquel fue el momento decisivo que fijó, profunda y permanentemente en mi alma, aquello que más necesitaba para sostenerme en los años futuros.

Sentí lo que tal vez sintió Elías el profeta cuando selló los cielos en contra del inicuo rey Acab y escapó a una cueva para buscar al Señor:

“…un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas… pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto.

“Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego [vino] un silbo apacible y delicado. Seguir leyendo

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Yo sé que vive mi Señor!

Conferencia General Abril de 2007

¡Yo sé que vive mi Señor!

Presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia

A causa de que nuestro Salvador falleció en el Calvario, la muerte no tiene poder sobre ninguno de nosotros.

Hace poco, estuve mirando algunos álbumes de fotos familiares. Acudieron a mi mente preciados recuerdos mientras pasaba imagen tras imagen de seres queridos reunidos en excursiones familiares, cumpleaños, reuniones y aniversarios. Desde que se tomaron las fotografías, algunos de esos amados familiares han partido de esta vida y pensé en las palabras del Señor: “Viviréis juntos en amor, al grado de que lloraréis por los que mueran” 1 . Extraño a cada uno de los que ya se han ido de nuestro círculo familiar.

Aunque difícil y dolorosa, la muerte es una parte esencial de nuestra experiencia terrenal. Iniciamos nuestra jornada aquí, dejamos nuestra existencia preterrenal y vinimos a esta tierra. El poeta Wordsworth ilustró esa jornada en su inspirada oda a la inmortalidad. Escribió:

Un sueño y un olvido sólo es el nacimiento;
El alma nuestra, la estrella de la vida,
en otra esfera ha sido constituida
y procede de un lejano firmamento.
No viene el alma en completo olvido
ni de todas las cosas despojada,
pues al salir de Dios, que fue nuestra morada,
con destellos celestiales se ha vestido 2 .

La vida sigue su curso. La juventud es la continuación de la infancia, y la madurez llega de manera casi imperceptible. Al escudriñar y meditar en el propósito y en los problemas de la vida, tarde o temprano todos afrontamos el interrogante de la duración de nuestra existencia y de nuestra vida sempiterna. Esos interrogantes se vuelven más apremiantes cuando un ser querido se va de esta vida, o cuando hacemos frente al tener que dejar a quienes amamos.

En esos momentos, reflexionamos en la pregunta universal que mejor expresó Job en la antigüedad, cuando siglos atrás preguntó: “Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir?” 3 .

Hoy, como siempre, la voz del escéptico desafía la palabra de Dios, y cada uno debe escoger a quién oír. Clarence Darrow, famoso abogado y agnóstico, declaró: “Ninguna vida es de gran valor… y cada muerte es [tan sólo una] pequeña pérdida” 4 . Schopenhauer, el filósofo y pesimista alemán, escribió: “Desear la inmortalidad es desear la perpetuación eterna de un gran error” 5 . A sus palabras se suman las de las nuevas generaciones, cuyos hombres insensatos crucifican nuevamente a Cristo, ya que modifican Sus milagros, dudan de Su divinidad y rechazan Su resurrección. Seguir leyendo

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Os es necesario nacer de nuevo

Conferencia General Abril de 2007

Os es necesario nacer de nuevo

Élder David A. Bednar
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Por medio de la fe en Cristo podemos estar preparados espiritualmente y librarnos del pecado, sumergirnos y saturarnos en Su evangelio y ser purificados y sellados a través del Santo Espíritu de la Promesa.


La casa donde vivíamos durante mi niñez en California estaba bastante cerca de grandes huertos de albaricoques o damascos, cerezas, duraznos o melocotones, peras y otras frutas deliciosas. También vivíamos cerca de plantíos de pepinos, de tomates y de una variedad de verduras.

De niño, esperaba ansioso la época para envasar. No me gustaba lavar los frascos ni trabajar en el calor de la cocina, pero me gustaba trabajar con mi mamá y con mi papá; y, ¡me encantaba comer el fruto de mi trabajo! Estoy seguro de que comía más fruta de la que ponía dentro de los frascos.

Cada vez que veo un frasco de envase casero de cerezas o de duraznos, me acuerdo del tiempo que pasaba con mamá y papá en la cocina. Las lecciones básicas que aprendí acerca de la autosuficiencia temporal y de una vida providente al recoger y envasar alimentos, han sido una bendición en mi vida. Es interesante notar que, con frecuencia, en las experiencias simples y comunes se nos brindan las oportunidades más importantes de aprendizaje que jamás hayamos tenido.

Como adulto, he reflexionado sobre las cosas que observaba en la cocina durante la época en la que envasábamos. Esta mañana me gustaría hablar de las lecciones espirituales que aprendemos del proceso mediante el cual un pepino se convierte en un pepinillo encurtido. Invito al Espíritu Santo a que esté con nosotros mientras consideramos la importancia de esas lecciones para mí y para ustedes al venir a Cristo y al nacer de nuevo espiritualmente.

Los pepinos y los pepinillos
Un pepinillo encurtido es un pepino que se ha transformado al seguir una receta específica y una serie de pasos. Los primeros pasos para transformar un pepino en un pepinillo es prepararlo y limpiarlo. Recuerdo las muchas horas que pasaba en el patio del fondo de mi casa quitando los tallos y la tierra de los pepinos que habíamos recogido. Mi madre era muy precisa en cuanto a la preparación y la limpieza de los pepinos; tenía altas normas de limpieza y siempre inspeccionaba mi trabajo para asegurarse de que esa tarea importante se hubiese efectuado adecuadamente.

Los siguientes pasos en el proceso de la transformación son sumergir y saturar los pepinos en salmuera por un tiempo prolongado. Para preparar la salmuera, mi mamá siempre seguía una receta que había aprendido de su madre; una receta con ingredientes especiales y procedimientos meticulosos. La única forma en que los pepinos pueden convertirse en pepinillos es si están totalmente sumergidos en salmuera por un determinado periodo. El proceso para encurtirlos altera la composición del pepino en forma gradual y produce la apariencia transparente y el sabor característico del pepinillo. Rociarlo o sumergirlo de vez en cuando en salmuera no producirá la transformación necesaria; en vez de ello, se debe sumergir en forma estable, continua y completa para que ocurra el cambio que se desea.

Como último paso del proceso, se deben sellar los pepinillos encurtidos en frascos esterilizados y purificados. Se llena el frasco con los pepinillos, éstos se cubren con salmuera hirviendo y se procesan en un recipiente para calentar al baño María. Se deben quitar todas las impurezas tanto de los pepinillos como de los frascos para que se proteja y se conserve el producto final. Si se sigue este procedimiento adecuadamente, los pepinillos se pueden almacenar y disfrutar por largo tiempo.

En resumen, un pepino se transforma en pepinillo al prepararlo, limpiarlo, sumergirlo y saturarlo en salmuera, y luego sellarlo en un recipiente esterilizado. Este procedimiento requiere tiempo, no se puede apresurar, ni se puede pasar por alto ni evitar ninguno de los pasos esenciales. Seguir leyendo

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La lengua de ángeles

Conferencia General Abril de 2007

La lengua de ángeles

Élder Jeffrey R. Holland
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Nuestras palabras, así como nuestras acciones, deben estar llenas de fe y esperanza y caridad.


El profeta José Smith profundizó nuestro entendimiento del poder de las palabras cuando enseñó: “Todo ser actúa por medio de palabras… cuando obra mediante la fe. Dios dijo: ‘Sea la luz; y fue la luz’. Josué habló, y las grandes luces que Dios había creado se detuvieron. Elías dio una orden, y los cielos permanecieron quietos por el espacio de tres años y seis meses, de modo que no llovió… Todo eso se hizo por medio de la fe… Por tanto, la fe actúa mediante las palabras; y con [las palabras] se han llevado a cabo y se llevarán a cabo sus obras más poderosas” 1 . Como todos los dones “que [vienen] de arriba”, las palabras son “[sagradas], y [deben] expresarse con cuidado y por constreñimiento del Espíritu” 2 .

A causa de esta comprensión del poder y de la santidad de las palabras deseo hacer una advertencia, si fuese necesaria, en cuanto a la forma en que nos hablamos los unos a los otros y la forma en que nos expresamos sobre nosotros mismos.

Una línea de los textos apócrifos expresa la gravedad de ese asunto mejor que yo; dice así: “Las heridas causadas por azotes quedan en la piel; las heridas causadas por la lengua rompen los huesos” 3 . Con esa desagradable imagen en la mente, me impresionó en forma particular leer en el libro de Santiago que había una manera mediante la que podía ser “varón perfecto”.

Santiago dijo: “Porque todos ofendemos muchas veces. [Pero] si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo”.

Siguiendo con la imagen del freno, escribe: “He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo.

“Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón…”

Entonces Santiago señala: “…la lengua es [también] un miembro pequeño… [Pero] he aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!

“…la lengua es un fuego… entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo… y… es inflamada por el infierno.

“Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar… ha sido domada por la naturaleza humana;

“pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal.

“Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios.

“De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así” 4 .

Y bien, ¡ésas son palabras sumamente francas! Obviamente, Santiago no quiere decir que nuestras lenguas sean siempre inicuas, ni que todo lo que digamos esté “[lleno] de veneno mortal”, pero claramente quiere decir que por lo menos algunas de las cosas que decimos pueden ser destructivas, e incluso venenosas, ¡y ésa es una acusación escalofriante para un Santo de los Últimos Días! La voz que expresa un testimonio sincero, que pronuncia fervientes oraciones y que canta los himnos de Sión, puede ser la misma voz que vitupera y critica, que avergüenza y denigra, que ocasiona dolor y destruye el espíritu de uno mismo y con ello, el de los demás. “De una misma boca proceden bendición y maldición”, se lamenta Santiago; “Hermanos [y hermanas] míos”, dice, “esto no debe ser así”. Seguir leyendo

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Un compromiso con el Señor

Conferencia General Abril de 2007
Un compromiso con el Señor
Élder John B. Dickson

Ahora es el tiempo de contraer un compromiso con el Señor sobre lo que llegarán a ser durante esta probación terrenal.

Buenos días hermanos y hermanas. Esta mañana quisiera dirigirme a los jóvenes de la Iglesia de la misma manera en que mi esposa y yo aconsejaríamos a nuestra propia familia.

Sabemos que son una generación de jóvenes excepcionalmente inteligentes y que pronto tomarán nuestro lugar como líderes en el hogar, en el trabajo, en la comunidad y en la Iglesia.

Nuestro Padre Celestial ama a cada uno de ustedes y les ha enviado a la tierra con un propósito. Él ha revelado un plan de felicidad que, si lo siguen, finalmente los llevará de nuevo a Su presencia después de haber superado las pruebas y los desafíos de este mundo. Si se comprometen ahora a vivir el modelo que el Señor ha establecido, tendrán gran fortaleza para utilizar correctamente su albedrío moral. Los compromisos sinceros que hagan con ustedes mismos y con el Señor serán esenciales; del libro de Salmos aprendemos: “Encomienda a Jehová tu camino,… y él hará” (Salmos 37:5).

Han venido al mundo en una época que se ha esperado desde el principio, una época antes de la segunda venida del Señor, en la que, por un lado, el evangelio de Jesucristo se ha restaurado en su plenitud y, por otro, hay un gran desorden, confusión y maldad. Este lugar de probación donde han nacido es maravilloso y ofrece grandes oportunidades, pero a la vez hay peligro en abundancia incluso para nuestra propia alma. Ahora es el tiempo de contraer un compromiso con el Señor sobre lo que llegarán a ser durante esta probación terrenal. El Espíritu Santo, junto con sus padres, los profetas vivientes y las Escrituras, les ayudará a distinguir entre el bien y el mal para que tomen decisiones correctas.

Espero que estudien con espíritu de oración el folleto Para la Fortaleza de la Juventud y que lleven siempre consigo la versión abreviada del folleto en su billetera o cartera, y que lo repasen; entonces recibirán gran felicidad, tanto en esta vida como en la eternidad si deciden vivir ahora mismo conforme a las pautas que se describen en las páginas de ese folleto.

Permítanme ayudarles a comprender, por medio de un relato de un líder de la Iglesia, de qué manera les puede ayudar el modelo de contraer compromisos durante la juventud. Desde joven, ese líder decidió que guardaría siempre la Palabra de Sabiduría y que nunca bebería alcohol ni consumiría tabaco. Él no recuerda qué fue lo que lo indujo a efectuar tan importante promesa en aquel entonces; pero ganó una victoria decisiva en su corazón y de rodillas prometió al Señor guardar siempre ese mandamiento. A lo largo de los años, lo invitaron a consumir sustancias nocivas, pero aprendió que decir: “no, gracias” era una buena respuesta. Entonces no tuvo que incurrir en una batalla interna en cuanto a la Palabra de Sabiduría, porque años antes él ya había hecho un compromiso sincero en su corazón y con el Señor de obedecer esa ley. Seguir leyendo

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El poder de los himnos para nutrir el alma

Conferencia General Abril de 2007
El poder de los himnos para nutrir el alma
Élder Jay E. Jensen
Del Quórum de los Setenta

Los himnos tienen una función primordial en la espiritualidad, la revelación y la conversión.

Este magnífico coro brinda sermones inspirados. De hecho, “el canto de los himnos es muchas veces en sí un elocuente sermón” 1 . Cuando era joven, cantar los himnos de Sión influyó en mi testimonio y en mi conversión al Evangelio restaurado. Crecí en el pequeño pueblo de Mapleton, Utah, y asistí a las reuniones en lo que hoy se conoce como “la vieja capilla blanca”. Mi madre tiene 95 años y todavía vive en Mapleton. Cuando la visito, paso por “la vieja capilla blanca” y un sinfín de dulces recuerdos me embarga. Entre ellos, se encuentra el poder transformador de los himnos que cantábamos en las reuniones del sacerdocio, de la Escuela Dominical y en la reunión sacramental. Mis experiencias fueron similares a las del presidente Hinckley, que cuando era diácono, asistió a una reunión general del sacerdocio con su padre y cantaron “Loor al profeta” 2 . Más tarde dijo: “tuve una impresión imperecedera: la de que José Smith fue en verdad un profeta de Dios” 3 . Yo creo que una y otra vez, muchos de nuestros miembros tienen la misma experiencia. Los himnos tienen una función primordial en la espiritualidad, la revelación y la conversión.

Los himnos invitan al Espíritu
Los himnos son “una parte esencial de nuestras reuniones de la Iglesia. [Ellos] invitan la presencia del Espíritu del Señor” 4 ; y con frecuencia lo logran más rápidamente que nada de lo que podamos llegar a hacer. El presidente J. Reuben Clark, hijo, dijo: “Quizás nos acercamos más al Señor a través de la música que por cualquier otro medio, excepto la oración” 5 .

Dos misioneros que se encontraban en Perú enseñando a un matrimonio de ancianos fueron interrumpidos por la llegada del hijo de éstos, de su esposa y de sus tres hijos. Los élderes les explicaron quiénes eran y qué estaban haciendo; pero la desconfianza que el hijo demostró en los misioneros originó un momento bastante incómodo. El compañero menor oró en silencio: “Padre Celestial, ¿qué hacemos?”; y recibió la impresión de que debían cantar, por lo que entonaron “Soy un hijo de Dios” 6 . El Espíritu conmovió el corazón de esa familia de cinco personas, y en lugar de dos, fueron siete las personas que se convirtieron, inicialmente influenciadas por un himno.

La música en las reuniones y en las clases de la Iglesia debe crear un espíritu de adoración, de revelación y de testimonio. El obispado o la presidencia de rama tienen la responsabilidad de escoger o de aprobar la música para las reuniones sacramentales. Ellos se aseguran de que la música, las palabras, y los instrumentos musicales sean sagrados, adecuados y que fomenten la adoración y la revelación. La música se convierte en una “actuación” cuando hace que la atención se centre en la interpretación. Hace años, yo estaba encargado de la música en una reunión en la cual un especial número musical fue una “actuación”. Me sentí decepcionado. El espíritu de adoración que había en la reunión decayó.

Los himnos invitan a la revelación
Los himnos “inducen a la reverencia” 7 . Las palabras reverencia y revelación son como gemelas que disfrutan de su mutua compañía. Cuando la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce invitan a los Setenta y al Obispado Presidente a una reunión con ellos, se nos recuerda llegar temprano y escuchar con reverencia el preludio. El hacerlo, invita a la revelación y nos prepara para la reunión. Seguir leyendo

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Utilizar el don supremo de la oración

Conferencia General Abril de 2007
Utilizar el don supremo de la oración
Élder Richard G. Scott
Del Quórum de los Doce Apóstoles

La oración es el don supremo que nuestro Padre Celestial ha dado a toda alma.

Esta conferencia comenzó con la presentación intensamente emotiva del magnífico Coro del Tabernáculo Mormón entonando el clásico himno “Oh dulce, grata oración”. Su letra familiar nos recuerda que la oración es la fuente de consuelo, alivio y protección que con tanta disposición nos ha concedido nuestro amoroso y compasivo Padre Celestial.

El don de la oración
La oración es el don supremo que nuestro Padre Celestial ha dado a toda alma. Piensa en ello: el absoluto Ser Supremo, el Personaje más omnisciente, el más omnipresente y el más poderoso nos alienta a ti y a mí, insignificantes como somos, a conversar con Él como nuestro Padre. En realidad, en virtud de que sabe con cuánto apremio necesitamos Su guía, Él ordenó: “…te mando que ores vocalmente así como en tu corazón; sí, ante el mundo como también en secreto; así en público como en privado”1

Sin importar cuáles sean nuestras circunstancias, ya sea que seamos humildes o arrogantes, pobres o ricos, libres o esclavos, eruditos o iletrados, amados o ignorados, todos podemos dirigirnos a Él. No tenemos que pedir turno. Nuestra súplica puede ser breve o durar todo el tiempo que se requiera. Puede ser una larga expresión de amor y de gratitud o un ruego apremiante para solicitar ayuda. Él ha creado universos incontables y los ha poblado con mundos. Aún así, tú y yo podemos hablar con Él personalmente, y Él siempre nos contestará.

¿Cómo debemos orar?
Oramos a nuestro Padre Celestial en el sagrado nombre de Su Amado Hijo Jesucristo. La oración es más efectiva cuando nos esforzamos por ser puros y obedientes, tenemos motivos dignos y estamos dispuestos a hacer lo que Él pide. La oración sincera y humilde brinda dirección y paz.

No te preocupes si expresas con torpeza lo que sientes, sólo habla a tu compasivo y comprensivo Padre. Tú eres Su preciado hijo a quién Él ama plenamente y desea ayudar. A medida que ores, ten en cuenta que el Padre Celestial está cerca y te escucha.

Para mejorar tu forma de orar, aprende a hacer las preguntas correctas. En lugar de pedir lo que tú quieres, busca honradamente lo que Él desea para ti. Entonces, a medida que aprendas Su voluntad, ora para obtener la fortaleza para cumplirla.

Si alguna vez te has sentido distanciado de nuestro Padre Celestial, las razones podrían ser muchas. Sin importar la razón, a medida que sigas suplicando ayuda, Él te guiará para que hagas aquello que restaurará en ti la certeza de que está cerca. Ora aun cuando no tengas el deseo de hacerlo. En ocasiones, al igual que un niño, no te has comportado bien y piensas que no debes acercarte a tu Padre para plantearle un problema. Ese es el momento en el cual tienes que orar más. Nunca pienses que eres indigno de orar.

Me pregunto si alguna vez hemos comprendido realmente el poder inmenso de la oración hasta no habernos encontrado ante un problema abrumador y urgente, y habernos sentido incapaces de resolverlo. Entonces acudimos a nuestro Padre, reconociendo humildemente nuestra total dependencia en Él. En ese caso, es de gran ayuda buscar un lugar apartado, donde poder expresar nuestros sentimientos en voz alta por el tiempo necesario y tan intensamente como lo consideremos preciso.

Yo lo he hecho. En una ocasión, tuve una experiencia que me causó una inmensa angustia. No tenía nada que ver con la desobediencia ni con la trasgresión sino con una relación humana sumamente importante. Por algún tiempo, volqué mi corazón en apremiante oración; sin embargo, por más que trataba, no conseguía encontrar la solución ni tranquilizarme de esa emoción poderosa que me embargaba. Rogué pidiéndole ayuda al Padre Eterno, a quien he llegado a conocer y en quien confío plenamente. No veía ningún camino que me proporcionara la calma, la cual es una bendición que por lo general disfruto. Me venció el sueño y, cuando desperté, me sentía totalmente tranquilo. Nuevamente me arrodillé en solemne oración y pregunté: “Señor, ¿qué pasó?”. En mi corazón supe que la respuesta era Su amor y Su preocupación por mí. Ese es el poder de una sincera oración a un Padre compasivo.

Al escuchar al presidente Hinckley elevar sus súplicas en nuestras reuniones, he aprendido mucho acerca de la oración. Tú también puedes aprender de él si estudias con detenimiento la excepcional oración pública que el presidente Hinckley ofreció al término de la conferencia de octubre de 2001, en beneficio de los hijos del Padre de todo el mundo. Él oró de corazón y no de un manuscrito preparado. (Para tu beneficio, esa oración se encuentra al final de este mensaje2.) Seguir leyendo

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Hijas de Dios

Abril de 2008
Hijas de Dios
Élder M. Russell Ballard
Del Quórum de los Doce Apóstoles

M. Russell BallardNo hay ninguna función en la vida más esencial ni más eterna que la de la maternidad.

Hermanos y hermanas, hace poco que Barbara, mi esposa, tuvo cirugía en la espalda y no podía levantar peso, voltearse ni doblarse; en consecuencia, yo he levantado peso, me he volteado y me he doblado más que nunca y eso me ha hecho apreciar más lo que las mujeres, en especial las madres, llevan a cabo a diario en nuestros hogares.

Aun cuando las mujeres viven en circunstancias diferentes en su hogar —casadas, solteras, viudas o divorciadas, algunas con hijos y otras sin ellos— todas son amadas por Dios y Él tiene un plan para que Sus hijas justas reciban las bendiciones más elevadas de la eternidad.

Esta tarde quiero centrar mis palabras principalmente en las madres y, en particular, en las madres jóvenes.

Mientras era joven y siendo ya padre, me di cuenta de lo exigente que es la función de la maternidad. Presté servicio primero como consejero y después como obispo durante un período de diez años y, en el transcurso de ese tiempo, fuimos bendecidos con seis de nuestros siete hijos. Cuando llegaba a casa el domingo al atardecer, encontraba a Barbara exhausta; ella trataba de explicarme cómo era estar sentada con nuestra familia de hijos pequeños en el banco de atrás en la reunión sacramental. Luego llegó el día en que me relevaron; después de haberme sentado en el estrado durante diez años, pasé a sentarme con mi familia en aquel banco de atrás.

El coro de madres del barrio iba a cantar, por lo que me quedé solo, sentado con nuestros seis hijos. Jamás he estado tan ocupado en toda mi vida; tenía títeres moviéndose en ambas manos, pero eso no daba muy buen resultado; las galletitas se cayeron, y eso me hizo avergonzar. Los libros de colorear no parecían entretenerlos tan bien como se suponía.

Después de una lucha que duró hasta el fin de la reunión, volteé a ver a Barbara; estaba mirándome y sonriendo. Aquel domingo llegué a apreciar más plenamente lo que todas ustedes, queridas madres, hacen tan bien y tan fielmente.

Pasada una generación, como abuelo, he observado los sacrificios que han hecho mis hijas para criar a sus hijos. Y aun ahora, una generación después, observo asombrado la presión que soportan mis nietas al guiar a sus hijos en este mundo tan ocupado y exigente.

Después de observar a tres generaciones de madres y sentir empatía hacia ellas, y al pensar en mi querida madre, sé con certeza que no hay ninguna función en la vida más esencial ni más eterna que la de la maternidad.

No existe una sola manera perfecta de ser una buena madre; cada situación es única; cada madre tiene desafíos diferentes, capacidad y habilidades diferentes y, ciertamente, hijos diferentes. Para cada madre y cada familia las opciones son distintas y únicas. Muchas mujeres pueden ser “madres de tiempo completo”, al menos durante los años formativos de los hijos, y muchas otras quisieran serlo. Algunas tienen que trabajar a tiempo completo o a medio tiempo; algunas trabajan en la casa; otras dividen su vida en períodos para el hogar y la familia y períodos de trabajo. Lo realmente importante es que la madre ame profundamente a sus hijos y que, de acuerdo con la devoción que tenga hacia Dios y hacia el esposo, les dé prioridad a ellos sobre todo lo demás. Seguir leyendo

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Pero el mayor de ellos es el amor

Agosto 1984
Pero el mayor de ellos es el amor
Por el presidente Gordon B. Hinckley
Segundo Consejero en la Primera Presidencia

Gordon B. HinckleyLa prueba más grande que encaramos en nuestro vivir apresurado y egocéntrico es la de seguir la exhortación del Maestro.

Quisiera hablar de algo que todos ambicionamos, que todos necesitamos y sin lo cual el mundo sería un lugar desamparado y desolado; me refiero al amor.

El amor constituye la substancia misma de la vida. De él proviene la belleza del arco iris que surca el cielo en un día tempestuoso. El amor es la seguridad por la cual lloran los niños, es el anhelo de la juventud, es el elemento cohesivo que conserva unido a un matrimonio y el aceite lubricante que suaviza las fricciones en el hogar; es la paz de la ancianidad, la luz de la esperanza que brilla a la hora de la muerte. ¡Cuán afortunados son aquellos que lo poseen y lo comparten en sus relaciones con sus familiares, con los amigos, con los miembros de la Iglesia y los vecinos!

Yo soy de los que creen que el amor, al igual que la fe, es un don de Dios, y me aúno a la opinión de que “el amor no se puede forzar ni imponer” (Pearl Buck, The Treasure Chest, Nueva York: Harper and Row, 1965, pág. 165).

A veces, en los años de nuestra juventud, nos formamos ideas imperfectas del amor, y es así que llegamos a creer que éste se puede imponer o simplemente originar por conveniencia. Hace unos años, leí en un periódico lo que cito a continuación:

“Uno de los grandes errores que tendemos a cometer cuando somos jóvenes es el de suponer que una persona es una colección de buenas cualidades y de malos rasgos de carácter, y sumamos éstos, como lo hace el tenedor de libros que trabaja con él debe y el haber de las cuentas.

“Si el saldo es favorable, quizá nos resolvamos a entrar (en el matrimonio)… El mundo está lleno de hombres y mujeres desdichados que se han casado porque … estimaron que su casamiento sería una buena inversión.

«Sin embargo, el amor no es una inversión; es un acontecimiento. Por eso, cuando el matrimonio resulta ser tan conveniente e insulso como una buena inversión, el cónyuge descontento no tarda en volverse hacia otro lado. . .

“La gente ignorante siempre dice: ‘Yo no sé qué verá en ella [o en él]’, sin comprender que lo que él ve en ella [o ella en él] (que es lo que nadie más puede ver) es el ingrediente secreto del amor.» (Sydney J. Harris, Deseret News.)

Recuerdo a dos de mis amigos de mis años de estudios secundarios y universitarios. Él era un muchacho de un pueblo chico, de apariencia sencilla, que no tenía dinero ni parecía prometer mucho. Se había criado en una granja y si se le podía señalar una cualidad notable, era la de su aptitud para trabajar. Para el almuerzo llevaba emparedados en bolsas de papel, y limpiaba los pisos del colegio para costear sus estudios. Mas pese a su aspecto campesino, su sonrisa y su personalidad denotaban manifiestamente su integridad. Ella era una joven de ciudad que provenía de un hogar acomodado; no era ninguna belleza, pero era una chica decente, virtuosa y atractiva por sus buenos modales y su modestia en el vestir. Seguir leyendo

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Los patos son diferentes

Junio de 1984
Los patos son diferentes
La tolerancia es el comienzo del amor cristiano.
Por Ann N. Madsen

Uno de mis primeros recuerdos está relacionado con mi padre, quien tenía el don de ser pacificador, al arreglar las disputas familiares con un dicho samoano que había aprendido años antes durante su misión en las Islas del Pacífico: “E eseese pato”, decía, cuya traducción literal es “Los patos son diferentes”, o en otras palabras, “Cada uno de nosotros es único; sé tolerante con los demás.

Las personas son diferentes, lo cual no es necesariamente malo”.

Creo que esta frecuente experiencia con mi padre me sirvió de base para comprender en cuanto a las diferencias en las personas,

El presidente Gordon B. Hinckley, Segundo Consejero en la Primera Presidencia, recientemente comentó con respecto a un problema que se relaciona con el principio que mi padre me enseñó. Dijo lo siguiente: “Vivimos en una sociedad que se alimenta de la crítica. El encontrar faltas en los demás es la sustancia de los periodistas y comentaristas de la televisión, aunque no se limita a ellos, ya que este comportamiento es muy común entre nuestros miembros. Es muy fácil encontrar faltas en los demás y la resistencia a ese vicio requiere mucha disciplina… El enemigo de la verdad desea dividirnos y cultivar en nosotros actitudes de crítica las que, si se les permite prevalecer, nos apartarán del camino que conduce a las metas más elevadas. No podemos permitir que eso acontezca” (Liahona, julio de 1982, pág. 95).

¿Cómo debemos responder en estos tiempos tan difíciles a la crítica y a la hostilidad diaria que existe en el mundo? Y, ¿cómo podemos responder a los conflictos y fracasos cotidianos que se manifiestan en nuestra propia vida?

Me gustaría sugerir que parte de la respuesta a estas preguntas yace en dos frases de nuestros Artículos de Fe. El undécimo Artículo dice: “Nosotros reclamamos el derecho de adorar a Dios Todopoderoso conforme a los dictados de nuestra propia conciencia, y concedemos a todos los hombres el mismo privilegio: adoren cómo, dónde o lo que deseen” (cursiva agregada).

“Concedemos a todos los hombres el mismo privilegio» expresa, por supuesto, la idea de tolerancia religiosa. Me gustaría pensar que éste es un principio del evangelio que puede extenderse para abarcar la tolerancia en todas sus formas, lo cual era lo que mi padre deseaba que yo comprendiera.

En el décimotercer Artículo de Fe hay otra frase que se relaciona con la primera: “Creemos en. . . hacer bien a todos los hombres” (cursiva agregada). Seguir leyendo

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Y aplicamos las escrituras a nuestro matrimonio

Junio de 1984
Y aplicamos las escrituras a nuestro matrimonio
por Spencer J. Condie

Spencer J. CondieBill y Susan Johnson siempre han sido fieles Santos de los Últimos Días; tras nueve años de matrimonio, tenían cuatro hijos, un automóvil, una buena casa y un trabajo permanente. En realidad, a este matrimonio le hacía falta una sola cosa: felicidad. Claro que sí tenían sus ratos felices, pero los días tormentosos sobrepasaban en número a los de alegría y solaz. Por eso, al fin decidieron concertar una hora con el obispo para hablar con él.

Una vez que hubieron tratado una amplia variedad de problemas, el obispo explicó a Bill y a Susan que todos tenemos la tendencia a vivir de acuerdo con las pautas de comportamiento que hemos aprendido de nuestros padres y de otras personas que hemos conocido y que han sido importantes para nosotros. Esas pautas de comportamiento junto con los hábitos que hemos adquirido pueden constituir el factor principal de los malos entendimientos en el matrimonio. El obispo añadió:

—Pero no importa a qué nivel hayamos llegado en nuestro modo de tratarnos el uno al otro, las Escrituras siempre pueden proporcionarnos las pautas del vivir indispensables para guiar nuestras acciones diarias. Bill, Susan, ¿cuán a menudo leen ustedes juntos las Escrituras?

—Lo hemos intentado unas cuantas veces—contestó Susan—; pero nos resulta difícil programar el estudio de las Escrituras con el trabajo, nuestras demás obligaciones y la televisión.

El obispo Wilson encomendó entonces a Bill y a Susan el cometido de leer las Escrituras todas las semanas con el objeto de buscar en ellas la solución de sus problemas. Bill arguyó suavemente: —Pero, obispo, yo estudié las Escrituras en mi misión, y no recuerdo haber visto muchos versículos que nos digan expresamente cómo resolver nuestros problemas familiares.

Ante las palabras de Bill, el obispo sonrió bondadosamente y le dijo:

—Bill, tal vez las respuestas estaban allí. ¿Ha seguido usted alguna vez el consejo de Nefi de aplicar las Escrituras a nosotros mismos? (Véase 1 Nefi 19:23.) Quisiera proponerles que durante las semanas que vienen aparten quince o veinte minutos diarios para estudiar sistemáticamente las Escrituras. Podrían empezar por leer algunos temas determinados, seguir con un análisis o conversación de lo que lean y, sobre todo, aplicar las Escrituras a sus propias relaciones familiares. También podrían escribir en sus diarios personales los discernimientos que vayan adquiriendo a fin de que puedan consultarlos después.

Bill y Susan aceptaron el cometido del obispo. Antes de empezar, tomaron la resolución de que los consejos que encontraran en las Escrituras—como, por ejemplo, las Bienaventuranzas— habían de guiar sus acciones y sus actitudes para con sus vecinos, sus compañeros de trabajo y sus amigos. Y así fue que no tardaron en comprender que cualquier consejo que se nos da en las Escrituras referente a cómo tratar a nuestros semejantes es, por definición, un consejo inspirado sobre cómo se deben tratar mutuamente los cónyuges. Por ejemplo. . .

  1. Sea tu amor por ellos como por ti mismo. Bill siempre había sido muy aficionado a los deportes y entusiasta deportista; la pesca, el golf, el juego de bolos, la caza, el Ir a ver juegos de pelota al estadio y ver deportes por televisión había sido una de las características de su vida. En la medida que le era posible, Susan también participaba de muchos de los pasatiempos de su marido, pero a medida que iba teniendo los hijos, se le iba tornando cada vez más difícil pasar mucho tiempo con él en dichas actividades; en realidad, éstas se convirtieron en un motivo de constante enojo para ella, dado que le disgustaba el hecho de que por su interés en ellas no le prestara su colaboración para atender a los hijos.

Un día en que Bill leía Doctrina y Convenios, un pasaje le sacudió con la fuerza de un rayo: “. . . sea tu amor por ellos como por ti mismo; y abunde tu amor por todos los hombres y por todos los que aman mi nombre” (D. y C. 112:11). Correlacionó entonces ese versículo con otro más familiar para él: ‘‘El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará” (Mateo 10:39); y se sintió avergonzado por la forma en que había procedido anteriormente al recordar la observación del rey Benjamín cuando dijo: “. . . cuando os halláis en el servicio de vuestros semejantes, sólo estáis en el servicio de vuestro Dios” (Mosíah 2:17). Seguir leyendo

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Corrientes oceánicas e influencias familiares

Junio de 1984
Corrientes oceánicas e influencias familiares
Por el presidente Spencer W. Kimball

Este extraordinario discurso fue pronunciado por el presidente Kimball en la Conferencia General de octubre de 1974, aunque nunca se publicó en Liahona. Por instrucciones del Presidente, se publica ahora para el estudio individual y familiar de los miembros de la Iglesia.

Spencer W. KimballSi podemos crear en nuestra familia una corriente fuerte y constante, que fluya hacia la meta de una vida de justicia y rectitud, tanto nosotros como nuestros hijos podremos alcanzar esa meta, a pesar de los vientos contrarios.

Vívidamente recuerdo la primera vez que vi un iceberg. En 1937, mi esposa y yo cruzamos el Atlántico en barco, partiendo de Montreal, Canadá; después de atravesar el río San Lorenzo, salimos a la parte norte de dicho océano.

Un día, estando ya bastante avanzado el viaje, hubo gran animación en el barco porque se había divisado un Iceberg. La mayoría de los pasajeros se precipitaron a cubierta para contemplarlo. Se podía ver a la distancia, una gigantesca masa blanca recortándose contra el oscuro mar y el azul vivo del cielo. Flotaba silenciosamente en el agua como el puntiagudo pico de una cadena montañosa, y presentaba un hermoso espectáculo. Durante toda mi vida había oído hablar de los icebergs y, por primera vez, tenía ante mis ojos aquella escarpada cresta de hielo.

El verlo nos hizo recordar el trágico naufragio del Titanio, transatlántico que en su primer viaje chocó con un enorme iceberg en la noche del 14 de abril de 1912. En el naufragio perecieron 1503 personas, muchas de ellas conocidas mundialmente; sólo 703 pasajeros se salvaron.

Al principio de la década de los setenta, al regresar a los Estados Unidos desde Inglaterra, pasamos sobre Groenlandia y pudimos divisar otros Icebergs. Aunque gran parte del viaje lo habíamos hecho sobre una capa de nubes al volar sobre Groenlandia el cielo estaba completamente limpio y el sol brillaba. Raras veces puede el ojo humano contemplar tanta belleza y esplendor. Perdiéndose en la distancia se podía ver la espesa capa de hielo que cubre la gran isla. Observamos los glaciares que van deslizándose lentamente por los valles hacia el mar, donde se desprenden y se convierten en icebergs. Los fiordos estaban llenos de estas montañas heladas que flotaban en su camino hacia el mar abierto Allí estaba el lugar de origen de Innumerables icebergs, como el que habíamos visto hacía más de treinta años.

Los gigantes de hielo que se desprenden de Groenlandia siguen un curso fácil de predecir, pues la corriente del Labrador, al moverse Incesantemente hacia el sur a través de la Bahía de Baffin y el Estrecho de Davis, los arrastra consigo, sobrepujando la fuerza de los vientos, el oleaje y las mareas. Las corrientes oceánicas tienen mucho más poder que los fuertes vientos para cambiar el curso de un iceberg.

Al observar esto, comparamos ese conflicto de los poderes terrenales con los resultados que podemos ver en nosotros mismos cuando la comente de nuestra vida, que se define y desarrolla en el seno familiar por medio de las enseñanzas justas de los padres, a menudo controla adónde vamos, a pesar del oleaje y los vientos de varias influencias adversas que provienen del mundo de error.

Fuera de nuestra vista, bajo las olas oceánicas, hay fuerzas extremadamente poderosas que debemos considerar; y también las hay en nuestra vida.

El río más caudaloso es sólo un arroyuelo en comparación con esas corrientes oceánicas. Dicen que una de las más espectaculares es la del Labrador. La corriente del Golfo, una de las más fuertes de las corrientes oceánicas, lleva agua cálida desde el este del Golfo de México a lo largo de toda la costa este de los Estados Unidos y a través del Océano Atlántico hasta las costas europeas, que también entibia. Aunque la del Labrador es de menor magnitud, año tras año arrastra fiel y constantemente a los icebergs desde su lugar de origen en Groenlandia, hasta que se desintegran o derriten en las aguas más cálidas de la corriente del Golfo. Fue en ese lugar, en el que ambas corrientes oceánicas se encuentran, donde el Titanic halló su trágico destino. Seguir leyendo

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Cuatro versiones Incas de la leyenda del Dios blanco

Mayo de 1984
Cuatro versiones Incas de la leyenda del Dios blanco
Por Kirk Magleby

Nota: En el Intento de preservar la autenticidad de los escritos que sirven como referencia a este artículo, no se han hecho correcciones ni en la ortografía ni en la sintaxis castellana de los mismos. La redacción.

Febrero de 2016 LiahonaEs muy conocido el hecho de que casi todas las tribus Indígenas del Hemisferio Occidental han preservado tradiciones sobre la aparición en la antigüedad de un dios blanco que bajó del cielo para instruir y organizar a su pueblo. Algunas de las versiones más interesantes de esta extendida tradición proceden del Perú, donde se conoce a ese dios legendario bajo los nombres de Kon Tikl Viracocha, Tunupa, Pachacamac, Tarapacao Arnauan, según la reglón del país. Cuatro afamados cronistas que escribieron historias de los incas, Pedro Cieza de León, Pedro Sarmiento de Gamboa, Juan Betanzos y Juan de Santa Cruz Pa-chacuti, registraron interesantes relatos de ese dios blanco y barbado. Dichos escritos nos dan una descripción bastante detallada de su apariencia, personalidad y visitas a los antepasados de los indios andinos.

Cieza de León llegó a Perú en 1548 como soldado de un destacamento en­viado para sofocar una rebelión que se había convertido en una guerra civil en­tre los españoles. Permaneció allí hasta 1550, tiempo durante el cual visitó casi toda aquella tierra recién conquistada, observando y registrando por escrito descripciones del terreno, la flora, las costumbres nativas y los aspectos más importantes de la historia indígena. Des­de sus viajes a Colombia, en 1541, ha­bía llevado un diario de sus observacio­nes; pero en Perú, Cleza de León se dejó fascinar por la idea de escribir una historia del país y sus nativos. Después de terminar sus deberes militares, se dedicaba a conversar con los amautas (hombres sabios entre los indios) y los orejones (nobles Incas), así como con españoles versados en esos conoci­mientos, a fin de aprender todo lo que podía sobre la historia y las tradiciones del Imperio Inca.

“Lo que yo aquí escribo son verdades y cosas de Importancia, provecho­sas. . .” escribió en la dedicatoria de su primer libro, “pues muchas veces cuan­do los otros soldados descansaban, cansaba yo escribiendo.”

La primera obra de este historiador, La crónica del Perú, fue publicada por primera vez en Sevilla, en 1553; la últi­ma, El señorío de los incas, permaneció inédita hasta 1880. En el capítulo cinco de ésta última, Cieza de León relata la siguiente leyenda sobre la aparición de un dios blanco a los antepasados de aquellos indígenas: Seguir leyendo

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