Por qué delegar, cómo… Y cómo no hacerlo

Mayo de 1984
Por qué delegar, cómo… Y cómo no hacerlo sugerencias para el hogar y la iglesia
Por William G. Dyer

Es posible que no haya otro principio de liderazgo que haya sido menos comprendido que el de la delegación. Es corriente oír comentarios como éstos en cuanto a un líder que está sobrecargado de trabajo: “Debería delegar más”, o “¿Por qué no aprende a delegar?” Se da por entendido que todo lo que hay en eso de delegar es entregar el trabajo a otra persona y, repentinamente, sentirse libre de toda responsabilidad.

No obstante, todo buen líder sabe que la delegación no le va a dar más tiempo libre en un abrir y cerrar de ojos. Al cabo de un largo período, la delegación verdadera debería darle más oportunidad de atender otros asuntos, pero en lo Inmediato tal vez le exija una mayor dedicación de su tiempo.

Lo que se debe hacer

¿Qué se puede hacer para que la delegación sea un útil Instrumento en lugar de una carga? Un buen punto para comenzar es comprender los elementos que componen la tarea que se delega.

  1. Asignaciones. La asignación consiste generalmente en una sola tarea determinada y clara, que se lleva a cabo de una vez. Los discursos, las presentaciones durante una lección y el hacer mandados son ejemplos de algunas asignaciones. Cuando nuestro hijo de dieciséis años necesitó transporte para concurrir a una práctica deportiva temprano en la mañana, le pedí a uno de sus hermanos mayores que se encargara del asunto. Esta fue una asignación delegada, una actividad sola, que me liberó de una tarea en un día particular.

Como las asignaciones son tareas que se efectúan una por vez, usualmente producen un desarrollo limitado de nuevas habilidades. Sin embargo, una asignación puede ser el comienzo del interés, la capacitación, o el adelanto de una persona.

  1. Proyectos. Los proyectos forman un conjunto mayor y más complejo de tareas que requieren más habilidades; pero, al Igual que las asignaciones, usualmente no representan una responsabilidad continua.

Por ejemplo, nuestro obispo delegó en nuestro líder del grupo de sumos sacerdotes la tarea de encargarse de la cena del -barrio, lo cual incluía todos los arreglos para la comida, las mesas, la decoración, el servicio y el programa. El líder del quorum a su vez hizo cierto número de asignaciones relacionadas con esas responsabilidades. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

Un Libro Que Merece Respeto

Mayo de 1984
Un Libro Que Merece Respeto
Por John W. Welch

He llegado a descubrir que por medio del Libro de Mormón se puede convencer a los eruditos, aunque éstos no se conviertan.

Diciembre de 2013 Liahona
En el curso de los años, el Libro de Mormón ha llegado a significar muchas cosas Importantes en mi vida. Pero, principalmente, este gran libro ha demandado una clase de respeto muy especial.

Para mí el Libro de Mormón es en realidad un libro maravilloso. Y cuanto más aprendo acerca de él, más asombroso se vuelve por su precisión, uniformidad, validez, por la vitalidad que encierra en cada una de sus páginas, por sus enseñanzas y utilidad.

No quiere decir que todas estas cualidades sean sorprendentes en un libro preservado en forma tan milagrosa; más bien, continúa siendo maravilloso en el sentido de que toda gran obra de literatura inspira un sentimiento extraordinario de admiración y respeto. En vista de este conocimiento, nunca podría recalcar demasiado el respeto que siento hacia el Libro de Mormón, como un registro exacto y precioso.

Siempre había valorado y respetado el Libro de Mormón; pero no fue sino hasta que empecé a verlo como un testimonio ante eruditos, que comencé a darme cuenta del gran respeto que este libro en verdad merece. Sin ninguna vacilación, se puede decir que el Libro de

Mormón es admirado intelectualmente; contiene más de lo necesario para considerársele, teniendo en cuenta cualquier serie de normas establecidas, uno de los libros más admirables en la historia de la humanidad. En las últimas décadas ha surgido una gran variedad de materiales antiguos, Incluyendo muchísimos escritos religiosos que corroboran la respetabilidad de este gran libro y que cambian radicalmente ciertas opiniones estrictas que los eruditos tenían hacia la literatura sagrada.

Sin embargo, el presentar este material en conexión con el Libro de Mormón a personas letradas acarrea problemas especiales: pocos de ellos van a permitir que se les convierta por el poder del Espíritu Santo. Pero, ¡cuán significativo es el que muchas de estas personas, aunque no han sido convertidas, queden convencidas por el Libro de Mormón! Y aunque los testimonios no son el producto de teorías académicas o de conclusiones versadas, existen aquellos para quienes una convicción intelectual puede despertar una sensibilidad espiritual.

La mayoría de nosotros ha tenido experiencias con el poder convertidor del Libro de Mormón. Pensemos por un momento en cuanto a su poder convincente. Me he dado cuenta de que de la misma forma en que con gran poder el Libro de Mormón se comunica con mi espíritu, con toda elocuencia se comunica con mi mente. Posee una inmensa capacidad de convencer a los estudiosos de que lo deben aceptar seriamente. A continuación presento algunos ejemplos que sirven para ilustrar lo que quiero exponer. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

Al Gran Profeta Rindamos Honores

Mayo de 1984
«Al Gran Profeta Rindamos Honores»
Por el presidente Gordon B. Hinckley
Segundo Consejero en la Primera Presidencia

Gordon B. HinckleyHace muchos años, cuando a los doce años de edad me ordenaron diácono, mi padre, que entonces era presidente de nuestra estaca, me llevó a mi primera reunión del sacerdocio. En aquellos días estas reuniones se efectuaban una noche de entre semana. Recuerdo que fuimos al edificio del Barrio Diez en Salt Lake City. El se dirigió hacia el púlpito y yo permanecí sentado en la última fila, sintiéndome un poco solitario e incómodo en aquel salón lleno de hombres que habían sido ordenados al sacerdocio de Dios. La reunión se inició, se anunció el himno de apertura y — como entonces era costumbre— todos nos pusimos de pie para cantar. Allí había quizás unas cuatrocientas personas; al unísono aquellos hombres elevaron sus voces en alabanzas, algunos con acento de lenguas europeas dado que habían llegado del viejo continente luego de convertirse a la Iglesia, todos cantando estas palabras con un gran espíritu de convicción y testimonio:

Al gran profeta rindamos honores,
fue ordenado por Cristo Jesús;
a restaurar la verdad a los hombres,
y entregar a los pueblos la luz.
(Himnos de Sión, No. 190.)

Cantaban acerca del profeta José Smith y, al hacerlo, mi corazón se llenó de amor y creencia en el gran Profeta de esta dispensación. En mi niñez se me había enseñado de él en las reuniones y clases de nuestro barrio así como también en nuestro hogar; pero mi experiencia en aquella reunión del sacerdocio de la estaca fue diferente. Supe entonces, por el poder del Espíritu Santo, que José Smith ciertamente era un profeta de Dios.

Cierto es que durante los años siguientes hubo ocasiones en las que ese testimonio vaciló un poco, particularmente en los años en los que estuve en la universidad, antes de graduarme. Sin embargo, aquella convicción nunca me abandonó del todo; y se ha ido afirmando a través de los años, en parte por causa de los desafíos de aquellos días que me llevaron a leer, estudiar y lograr la seguridad por mí mismo. Creo que muchos de vosotros habéis pasado por experiencias semejantes. El presidente Harold B. Lee dijo una vez que nuestros testimonios necesitan ser renovados diariamente. En armonía con ese principio, desearía fortalecer nuestros testimonios de la gran obra que el Dios de los cielos ha permitido que acontezca en estos los postreros tiempos.

Hace algunos años recibí una carta escrita por un evangelista que, con amargura, criticó severamente al profeta José Smith, llamándolo un impostor malvado, hombre fraudulento, farsante y engañador. También decía que estaba dando comienzo a una campaña para hacer conocer sus puntos de vista. No sé qué sucedió con la obra de aquel hombre; no debe de haber sido muy notoria. Esa clase de obra puede hacer tropezar a unos pocos de los débiles, pero sólo consigue fortalecer a los fuertes. Y mucho después de que ese hombre y otros de su misma clase hayan pasado al silencio, el nombre de José Smith continuará recibiendo honor y contando con el amor de un número siempre creciente de Santos de los Últimos Días en un número igualmente creciente de naciones.

Recuerdo que una vez estuve en Nauvoo, Illinois, la Ciudad de José, con dos hermanos del Quórum de los Setenta y doce presidentes de misión acompañados de sus esposas, durante un seminario de presidentes de misión. El toque del otoño ya había iniciado su obra en la región —las hojas doradas, algo de neblina en el aire, el fresco de la noche, los días cálidos. Había terminado la época del turismo y la ciudad se veía tranquila y hermosa. Efectuamos nuestra primera reunión en el Salón de los Setenta que había sido restaurado, lugar en el cual, en la década de 1840, los hombres se preparaban, mediante el estudio y la enseñanza de la doctrina del reino, para ir a declarar el mensaje del evangelio al resto del mundo. La obra que allí se efectuaba fue predecesora de los centros de capacitación misional de la Iglesia. Reunidos en aquel lugar y en algunos hogares y otros salones en Nauvoo, para nuestro corazón y nuestra mente, era como si las grandes figuras del pasado estuvieran presentes: José e Hyrum, Brigham Young, Heber C. Kimball, John Taylor, Wilford Woodruff, los hermanos Pratt —Orson y Parley— y muchos otros.

Ciertamente ésta era la Ciudad de José. Él fue el profeta que la planificó, y quienes lo seguían la edificaron. Llegó a ser la ciudad más grande y la más notable en el estado de Illinois. Con sus firmes casas de ladrillo; sus lugares de adoración, de enseñanza y de entretenimiento, y con el magnífico templo que se levantaba en la cima de una colina subiendo desde el río, esta ciudad sobre las riberas del Misisipí se formó como si quienes la construyeron fueran a estar allí durante un siglo o más.

Allí, antes del día trágico en Carthage, el Profeta se hallaba en la cumbre de su carrera mortal. Parándome donde él una vez había estado y mirando hacia la ciudad, pensé en los acontecimientos que lo llevaron allí, repasando mentalmente la herencia que era suya. Pensé en sus antepasados que generaciones antes habían salido de las Islas Británicas y llegado a Boston; de sus vidas en el Nuevo Mundo durante cinco generaciones por parte de su padre y cuatro por parte de su madre; de sus labores para desbrozar las tierras de Massachusetts, New Hampshire y Vermont a fin de establecer granjas y casas; pensé en su destacado servicio en la Guerra de Independencia; en las adversidades y fracasos que enfrentaron tratando de ganarse la vida gracias a los cerros de granito entre los que vivían. Pensé en el niñito que nació en Sharon, Vermont, en diciembre de 1805, recibiendo el nombre de su padre. Medité acerca de la época terrible de enfermedad cuando el tifus azotó a la familia, y la osteomielitis (enfermedad a los huesos) que, causándole gran sufrimiento y una infección que lo debilitó, se produjo en la pierna de José. Eso fue mientras la familia vivía en Lebanon, New Hampshire, ¡y cuán notable fue que a solamente unos pocos kilómetros de distancia, en una universidad en Hanover, estaba el doctor Nathan Smith, que había descubierto un procedimiento mediante el cual la pierna infectada podía ser curada! Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , | Deja un comentario

Por donde Jesús camino

Abril de 1984
Por donde Jesús camino
Por el presidente Harold B. Lee

harold b. leeDurante tres días gloriosos caminamos sobre suelo sagrado y sentimos la influencia de la persona más extraordinaria que ha vivido en esta tierra, Jesucristo, el Hijo del Dios viviente.

Al acercarnos a la Tierra Santa habíamos leído juntos los Cuatro Evangelios; y ya allí, antes de salir del cuarto por la mañana, orábamos pidiéndole al Señor que hiciera nuestros oídos sordos a las leyendas que nos relatara el guía acerca de los lugares históricos, pero que pudiéramos ser profundamente sensibles a las sensaciones espirituales a fin de saber por las impresiones, y no por lo que oyéramos, cuáles eran los lugares sagrados.

Allá, en la Tierra Santa, creo que por primera vez sentí hondamente las palabras de la hermosa pieza musical “Hoy caminé por donde Jesús caminó”.

Al recorrer en un auto alquilado y con un guía competente los nueve kilómetros que separan a la amurallada ciudad de Jerusalén del pueblo de Belén, que se encuentra al abrigo de las colinas de Judea, en nuestra imaginación escuchamos las palabras del dulce himno navideño:

Oh, pueblecito de Belén,
cuán quieto tú estás;
los astros en silencio dan su
bella luz en paz.

Mas en tus calles brilla
la luz de redención
que da a la humanidad
eterna salvación.
(Himnos de Sión, 43.)

Más adelante, hacia la izquierda, está el campo de los pastores. Cuando contemplamos las colinas, donde todavía se ven ovejas pastando como lo hacían aquellas de hace casi dos mil años, pudimos captar el significado de la historia de los pastores.

“Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño.
“Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor.
“Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo:
“que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor.” (Lucas 2:8-11.)

Al poco rato estábamos —y parecía que los pastores con nosotros—junto a la entrada de la cueva cavada en la roca, que ahora se encuentra en el sótano de la Iglesia de la Natividad. Allí nos pareció sentir una afirmación espiritual de que, ciertamente, ése es un lugar santo.

Más allá de Jericó, la ciudad de las palmas, también encontramos un maravilloso espíritu en las orillas del río Jordán, donde el valiente Juan el Bautista bautizó al Hijo del Hombre. El sagrado acontecimiento está registrado en forma sencilla: Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

De tal manera amo Dios al mundo

Conferencia General, Abril de 1984

De tal manera amo Dios al mundo

Spencer W. Kimball

Por el presidente Spencer W. Kimball

Antes de llegar a ser Presidente de la Iglesia, en mi calidad de miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, visité algunos países de Sudamérica en los que me reuní con los miembros de la Iglesia. En los diversos países nos acogieron bien tanto los funcionarios públicos y oficiales como los de la prensa.

Estimé interesante el comentario que hizo la representante de uno de los periódicos más importantes de Brasil quien, tras oír el discurso que yo había dado el día antes, un domingo, en el cual había hablado más bien enfáticamente de la restauración del evangelio, me preguntó directamente por qué fue Cristo crucificado.

Le respondí:

—Porque Él dijo: “Soy el Hijo de Dios”.

Lo que opinó en seguida me dejó perplejo:

—No debió haberlo dicho, ¿no le parece? En realidad no lo era, ¿no es así?

Pensé que estaba bromeando. La miré a los ojos un momento, pues creí que se iba a sonreír. Pero no, no se sonrió. Entonces le dije firmemente:

—Él dijo que era el Hijo de Dios porque era el Hijo de Dios.

Después leí un artículo publicado en el número de la Pascua de Resurrección de un periódico de una de las ciudades más grandes de Sudamérica. El autor era un clérigo que tenía muchos títulos académicos. Al leer todo el artículo, pude darme cuenta de que no mencionaba ni una sola vez al Señor de los cielos y de la tierra: el Redentor, el Salvador.

Se refería solamente a “Jesús”; citaba dos o tres pasajes de las Escrituras que señalan a Jesús de Nazaret como algo más que el hijo del carpintero, pero en todo su escrito no daba ningún otro título al Cristo que derramó Su sangre por él.

Durante el mismo viaje, pregunté a cuatrocientos misioneros congregados en una reunión: “¿Qué pensáis vosotros de Cristo y de lo que Él es?” Como respuesta, oí cuatrocientos Inspiradores testimonios de los jóvenes, testimonios firmes, impregnados de convicción.

Eso me trae a la memoria lo que dijo Pablo: Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

A nuestro amigo, el nuevo miembro

Abril de 1984
A nuestro amigo, el nuevo miembro
Por el élder Loren C. Dunn
Del Primer Quórum de los Setenta

Loren C. DunnDeseo dirigir mis palabras a un grupo especial de personas: a los nuevos conversos y a los que pronto se unirán a la Iglesia.

Amigo y hermano, le damos la bienvenida a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Hacemos nuestras las palabras del apóstol Pablo y le decimos: “Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios. . .  siendo la piedra principal del ángulo Jesucristo mismo» (Efesios 2:10-20).

El mero hecho de que haya sentido el Espíritu y haya recibido la doctrina de Cristo te convierte en alguien especial.

El Señor mismo se refirió a usted cuando dijo que sus “escogidos. . . escuchan mi voz y no endurecen su corazón”.

En la época del Antiguo Testamento, los elegidos de Dios vivían juntos en una misma tierra. Ellos tenían sus profetas, y el Señor se comunicaba con ellos para dirigirlos. Finalmente fueron llamados la casa de Israel y, con el transcurso del tiempo, muchos de ellos empezaron a olvidarse de su Dios y, a causa de su iniquidad, fueron dispersados en diferentes épocas a través de las naciones de la tierra.

Pero el Señor también les prometió que en los últimos días se acordaría de su pueblo que estaba disperso y haría que se congregaran otra vez.

“Y yo mismo recogeré el remanente de mis ovejas de todas las tierras adonde las eché, y las haré volver a sus moradas; y crecerán y se multiplicarán. Y pondré sobre ellas pastores que las apacienten; y no temerán más, ni se amedrentarán, ni serán menoscabadas, dice Jehová.” (Jeremías 23:3-4.)

Esta profecía le habla a usted y se refiere a su entrada a la Iglesia de Jesucristo. Usted es uno de los elegidos que han escuchado la voz del “Buen Pastor” (véase Juan 10:14).

Hagamos un repaso de lo que le ha sucedido a usted como nuevo miembro, y lo que le espera en la Iglesia.

Primero, todo lo que ha recibido como introducción a la Iglesia está centrado en Cristo. Sentirá que hay algo especial que le liga a los nefitas de los tiempos antiguos, quienes dijeron: “Y hablamos de Cristo, nos regocijamos en Cristo, predicamos de Cristo, profetizamos de Cristo y escribimos según nuestras profecías, para que nuestros hijos sepan a qué fuente han de acudir para la remisión de sus pecados”. (2 Nefi 25:26.)

Desde el principio se le pidió que se preparara para el bautismo por inmersión para la remisión de los pecados. Esa preparación personal estableció su aceptación formal del evangelio de Jesucristo, con sus convenios y mandamientos. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

La genealogía y la obra del templo

Abril de 1984
La genealogía y la obra del templo
Por George D. Durrant

No puede existir una sin la otra

Hablando recientemente con el élder Royden G. Derrlck, del Primer Quórum de los Setenta, quien es en la actualidad el director del Departamento Genealógico, le pregunté: “¿Qué relación piensa usted que hay entre la genealogía y la obra en el templo?»

“No puede existir la una sin la otra”, me contestó.

La genealogía y la obra del templo van unidas; la una sin la otra no tiene valor. Son dos partes inseparables de un decreto divino que el Señor nos dio para ayudar en la redención de los muertos. La tarea de identificar a los miembros de nuestra familia, o sea a nuestros antepasados, debe ser mucho más que un mero entretenimiento para los Santos de los Últimos Días. Si lo consideramos desde una perspectiva eterna, el hacer genealogía sin hacer la obra en el templo, o viceversa, es lo mismo que tratar de jugar un partido de fútbol con sólo la mitad de una pelota: no tiene sentido.

Algunas personas piensan que la obra en el templo, por su naturaleza, es la más importante, la más sagrada: la mitad superior de la pelota, podríamos decir. Pero una pelota, cuando rueda, no tiene parte superior o inferior. He escuchado a muchos miembros de la Iglesia decir: “Me encanta ir al templo para llevar a cabo las ordenanzas sagradas, pero la genealogía, en realidad, no me interesa”. Y a otros decir, en cambio: “Si pudiera, pasaría todo mi tiempo disponible haciendo genealogía. Es algo tan emocionante para mí, que me pasaría en la biblioteca genealógica desde que la abren por la mañana, hasta que la cierran por la noche”. Si todos pensáramos de una manera o de la otra, habría en los templos una larga lista de nombres esperando que se hiciera la obra por ellos o, de lo contrario, una enorme multitud allí aguardando porque no habría ningún nombre para hacer la obra.

El élder Boyd K. Packer, del Quórum de los Doce, dejó muy bien aclarada la relación que existe entre estas dos obras cuando dijo: “Es imposible valorar la obra de las ordenanzas del templo, si no se tiene al mismo tiempo un gran respeto por la obra genealógica. La genealogía es fundamental para el funcionamiento de los templos, ya que sin la misma no tendría objeto que éstos mantuvieran sus puertas abiertas.” (The Holy Temple, Salt Lake City: Bookcraft, 1980, pág. 224.)

En octubre de 1975, el élder Packer se dirigió a un grupo de Representantes Regionales de la siguiente manera:

“En los dos últimos meses… he visitado a unos cuantos grupos de sumos sacerdotes. La mayor parte del tiempo pasé escuchando, tratando de determinar qué hacen los quórumes de sumos sacerdotes respecto a esta obra, y en el caso de que no hagan nada, el porqué. Fue una investigación muy interesante. . .

“Uno de estos grupos que visité estaba compuesto de treinta y nueve miembros, personas muy cultas, de muy buena posición económica, muchos de ellos jubilados. Durante el año anterior habían hecho la obra en el templo en beneficio de 1.122 personas. Durante ese mismo período de tiempo habían enviado, de sus propias investigaciones genealógicas en beneficio de sus familias, dos nombres, uno de los cuales todavía no se había aprobado. Por lo que pude comprobar, esto es algo sumamente típico; la obra genealógica en la Iglesia, en su mayoría, la hace sólo un pequeño grupo de miembros que han adquirido un gran Interés, que la encuentran fascinante y se han dedicado totalmente a ella.” (Ibid.) Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | 1 comentario

Que, pues, hare de Jesús, llamado el Cristo?

Abril de 1984
«¿Que, pues, hare de Jesús, llamado el Cristo?»
Por el presidente Gordon B. Hinckley
Segundo Consejero en la Primera Presidencia

Gordon B. HinckleyEn esta época de la Pascua quisiera expresar algunas ideas acerca de Aquel cuya resurrección conmemoramos: el Hombre de Milagros, nuestro Señor y Salvador, Jesucristo. Aunque El sanaba a los enfermos, levantaba a los muertos y hacía que el inválido caminara y el ciego viera, no hay milagro comparable al de El mismo como el Cristo.

Vivimos en un mundo lleno de pompa y de poder, un mundo que se vanagloria de sus adelantos en aeronáutica y en proyectiles bélicos de largo alcance dirigidos por computadora. Esta jactancia es la misma que acarreó el sufrimiento en los días de César, de Gengis Kan, de Napoleón y de Hitler. En esta clase de mundo no resulta fácil reconocer que:

Un niño nacido en un establo en el pueblo de Belén, criado en el oficio de carpintero en Nazaret, ciudadano de una nación conquistada y subyugada, cuyos pasos mortales no salieron de un radio de 240 kilómetros, que jamás obtuvo un título académico ni pronunció un discurso desde un importante púlpito; que nunca poseyó una casa y siempre anduvo a pie sin bolsa ni alforja. . . sea en verdad el Creador de los cielos y la tierra y todas las cosas que hay en ellos. Para muchos, tampoco es fácil reconocer lo siguiente:

Que Él es el autor de nuestra salvación, y el suyo es el único nombre por el cual podemos ser salvos.

Que Él puede darnos luz y comprensión de lo eterno y lo divino como ningún otro podría.

Que sus enseñanzas no sólo han influido en la conducta de millones de personas, sino que también han inspirado sistemas de gobierno que dignifican y protegen al Individuo y actitudes sociales que promueven la educación y la cultura.

Que su ejemplo incomparable se ha convertido en el poder más grande para establecer el bien y la paz en el mundo. Vuelvo a hacer la pregunta que hizo Poncio Pilato hace casi dos mil años: “¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo?» (Mateo 27:22.)

Ciertamente, debemos preguntarnos de continuo: ¿Qué haremos nosotros de Jesús, llamado el Cristo? ¿Qué haremos de sus enseñanzas, y cómo podemos hacer que se conviertan en una parte inseparable de nuestra vida? Quisiera sugerir algunos puntos para considerar.

Cristo ejemplifica la generosidad. El Padre dio a su Hijo y el Hijo dio su vida. Sin la generosidad no existe el verdadero espíritu cristiano, y sin sacrificio y abnegación no existe una forma sincera de adorar a Dios.

Recuerdo una experiencia que oí contar en una conferencia de estaca, en el estado de Idaho. Una familia de granjeros había contratado los servicios de un constructor para que agregara a su casa un cuarto que mucho necesitaban. A los tres o cuatro días, el jefe de familia fue a hablar con el constructor y le dijo: Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

Instrumento de justicia

Marzo de 1984
Instrumento de justicia
Por el élder Carlos E. Asay
De la Presidencia del Primer Quórum de los Setenta

Carlos E. AsaySiendo pequeño y alumno de la escuela primaria, tuve una maestra que nos contó del legendario rey Arturo y de sus caballeros de la Mesa Redonda. Me obsesioné con los cuentos de los caballeros a tal punto que imaginaba y hasta soñaba ser uno de ellos.

Una noche soñé que yo era un caballero vestido de blanco, que montaba un corcel igualmente blanco, y que recorría las verdes praderas de Inglaterra. Repentinamente, sin advertencia, un caballero cubierto por una armadura negra y montado en un caballo también negro surgió a la orilla del bosque. Nos estudiamos mutuamente, con mucha atención; bajamos las lanzas y cargamos a todo galope. Las lanzas golpearon en el blanco y ambos caímos de nuestras cabalgaduras.

Me puse de pie sabiendo que las espadas serían desenvainadas en un combate que era inminente y mano a mano. El temor sobrecogió mi corazón al ver a mi oponente dirigirse apresuradamente hacia mí blandiendo una espada larga y brillante. Instintivamente extendí la mano y saqué mi espada de la vaina. Fue en ese momento cuando el sueño se convirtió en una pesadilla, ya que en mi mano apareció una pequeña e insignificante daga en lugar de la espada grande y brillante. Desperté sudando de miedo y pidiendo ayuda a voz en cuello.

Muchas veces desde aquella experiencia, me he preguntado en cuanto a la preparación de los Santos para poder rendir servicio, particularmente los jóvenes Santos de los Últimos Días. ¿Estáis en la vaina, en el lugar que corresponde estar y listos para ser desenvainados cuando Dios os llama a servir? ¿Qué es lo que aparece en las manos de Dios cuando Él os saca como su instrumento de combate en la lucha contra las fuerzas del mal —una espada larga y brillante o una daga insignificante?

Oportunidades compartidas
Hubo una época en la que me preguntaba por qué Dios no tomaba en sus manos todas las cosas para dar por segura la salvación del género humano, pues yo sabía que Dios es omnipotente y podría, si así quisiera, hacer resonar su palabra por toda la tierra y esparcir su mensaje a lo ancho de los cielos con tal poder de convicción que todos (os hombres se unirían a la Iglesia. También sabía que Él podía levantar todos los templos necesarios, efectuar toda la Investigación genealógica requerida, y hacer todo lo demás por sí solo, a la perfección y sin ningún esfuerzo inútil. Sí, yo sabía que Dios podía hacerlo todo por el simple mandato de su palabra, sin la ayuda o intrusión de débiles mortales.

A medida que aumentó mi comprensión del evangelio de Jesucristo, vi la inutilidad de que el Señor hiciera todo por sí mismo. Comprendí que si mi Padre Celestial tomaba las cosas en sus manos y efectuaba toda la obra misional, la obra del templo y otros servicios del sacerdocio, El estaría (1) violando mi libre albedrío anterior, en una forma semejante a la que propuso Lucifer antes que el mundo fuese formado (véase Moisés 4:1-3), y (2) despojándome de experiencias santificadoras, tal como un padre impaciente y perfeccionista priva a un hijo de su crecimiento cuando lo empuja a un lado y hace toda la obra por sí mismo. Estas y otras perspectivas aportadas por el evangelio me llevaron a la conclusión de que un padre sabio y cariñoso da participación a sus hijos en sus propias tareas para que ellos tengan oportunidad de crecer, aprender y llegar a ser como él es.

Fuerzas opuestas
Desde el principio mismo, nuestro Padre Celestial ha obrado mediante sus hijos en el cumplimiento de sus santos propósitos. Fue a través de su Hijo Unigénito que se efectuó la Expiación. Otro hijo, Adán, llegó a ser el padre de toda la familia humana. Moisés sacó de la esclavitud a los hijos de Israel. Un José moderno llegó a ser el profeta de la Restauración. Todos estos hombres sirvieron como agentes e instrumentos en las manos de Dios para ayudar a cumplir su declarado propósito de “llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre» (Moisés 1:39). Cada uno de ellos fue santificado y alcanzó los atributos del Padre a medida que realizó su obra. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

Creemos en ser honrados

Marzo de 1984
Creemos en ser honrados
Por el élder Marvin J. Ashton
Del Quórum de los Doce

Marvin J. Ashton1¡Cuán satisfactorio es que otros vean nuestra forma de actuar, nuestra conducta, y se sientan elevados y dirigidos por el modelo que establecemos ante ellos!

AI proyectarme hacia el futuro, pienso que nuestra mayor oportunidad y reto consiste en aceptar la responsabilidad de fomentar, mediante nuestros actos y enseñanzas, el concepto de que debemos conocer la verdad y vivir según la misma. Las Escrituras nos dicen:

«Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” (Juan 8:31-32.)

Esto se aplica a nosotros hoy tanto como se aplicó en la época en que fue escrito. Para alcanzar esta meta, debemos ser honrados en nuestra propia vida y enseñar a los demás a serlo también. Creo que es significativo que el décimotercero Artículo de Fe comience con estas palabras: “Creemos en ser honrados».

Muchas veces he cavilado respecto al enorme mensaje contenido en una declaración del Salvador en la que indica por qué amaba a Hyrum Smith: «Y además, de cierto te digo, bendito es mi siervo Hyrum Smith, porque yo, el Señor, lo amo a causa de la integridad de su corazón”. Y entonces añade, “y porque él ama lo que es justo ante mí, dice el Señor” (D. y C. 124:15).

¿Qué haría cada uno de nosotros, individualmente, para que nuestro Salvador Jesucristo diga eso de nosotros?

¿En qué forma enseñamos mejor y compartimos lo que es justo delante de Él? Me gustaría sugerir que podemos hacer esto enseñando la honradez absoluta. Permitidme dividir este tema en algunas categorías para explicar más plenamente lo que quiero decir.

Ante todo, tenemos que ser honrados en nuestra vida personal.
Qué bueno es tomar la resolución de que vamos a ser totalmente honrados con nosotros mismos, que tendremos verdadera integridad. No actuéis en una forma más baja; sentíos orgullosos de vosotros mismos, verdaderamente satisfechos. Desarrollad auto respeto, aplomo, personalidad y especialmente honradez en vuestra conducta personal. Vosotros no sabéis cuántas personas os están mirando e imitándoos. Es necesario que cada uno sea honrado en su vida personal a fin de que otros puedan seguir a alguien que es sincero, que enseña bien a través de sus hechos. Otros dependen de vosotros para tener satisfacción personal y paciencia, y para poder actuar. Hay otros que os observan —a menudo desapercibidamente— y no quieren que vosotros les falléis. Cuentan con vosotros y con vuestro ejemplo a fin de poder ir adelante y esparcir su influencia sobre otras personas. Para hacer esto, debéis ser honrados con vosotros mismos.

¡Cuán satisfactorio es que otros vean nuestra forma de actuar, nuestra conducta, y se sientan elevados y dirigidos por el modelo que establecemos ante ellos!

Cierta vez hablé en una reunión sacramental que recordaré por mucho tiempo. El oficial que dirigía, miembro del obispado que me presentó como el orador de la noche, dio una introducción un tanto larga y fuera de lo común, que más o menos se desarrolló así:

“Hermanos, el élder Ashton indudablemente se sentirá desilusionado cuando oiga lo que yo voy a decir acerca de él y de mí mismo. Cierta vez le oí decir a unos hombres que estaban presos: Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

Como ser misionero para el cónyuge

Marzo de 1984
Como ser misionero para el cónyuge
Por Mollie H. Sorensen

“Por mansedumbre y amor sincero. . .”

Un gozo indescriptible llenó mi alma cuando mi esposo se dirigió hacia el púlpito para ser sostenido como segundo consejero en la presidencia de la estaca. Al expresar su testimonio de su amor hacia el Salvador y el evangelio, también dio gracias por mí. Acudió a mi mente la ocasión cuando, al volver a casa después de un día de trabajo, encontré un cartel que mi esposo había preparado y que decía: “¡Amo a mi esposa porque ella tiene fe en mí!”

Me parecía que no hacía mucho que había anunciado firmemente: “Mejor que no me pidan que dé un discurso en la reunión sacramental porque eso es algo que nunca haré». Hoy es uno de los oradores preferidos en la estaca.

También recordé que mi esposo me había dicho: “¡No creas que porque tú tomas parte en actividades teatrales me vas a persuadir a mí a hacer de actor, porque no lo soy!” Sin embargo, se destacó en el papel principal de una obra que presentamos en la estaca.

“Yo no tengo pasta de lector», había repetido muchas veces. Ahora lee las Escrituras, fielmente, cada día y las enseña a toda la familia cada mañana.

“No entiendo cómo usar el sacerdocio”, dijo una vez, pero desde aquel entonces ha bendecido a nuestra familia con el poder del sacerdocio en numerosas ocasiones.

Sí, mi esposo ha cambiado. Hace dieciséis años no poseía el sacerdocio mayor. ¿Qué fue lo que produjo este cambio tan grande? A mis hermanas que están en la desconcertante situación de ser misioneras para sus esposos, desearía compartir algunas ideas. Dado que hablo por experiencia, hablo como esposa, pero los principios podrían ser usados también por los hombres que tienen la necesidad de ser misioneros para sus esposas.

No es fácil tener fe en el cónyuge si él ha sido motivo de repetidas desilusiones. Y para la mujer que goza de las verdades espirituales, resulta toda una frustración no poder compartirlas abiertamente. Su deseo de lograr que el esposo entienda y aprecie el evangelio a veces se torna insoportable. Y ello es normal, pues habiendo alcanzado un elevado nivel de gozo, la consecuencia natural es querer compartirlo con los seres amados. Pero en estos casos, puede presentarse una situación bastante delicada. El hombre es cabeza de la familia —es el que debe dirigir, no el que tiene que ser dirigido. La mujer, aunque es una parte igual en el matrimonio, debe sostener y apoyar al esposo en su papel de cabeza de la familia. Pero si él no es activo o si no es miembro de la Iglesia, hace que ella se encuentre en una situación frustrante. A menudo, sí ella desea asistir a los servicios dominicales, tener noches de hogar para la familia y participar en otras actividades de la Iglesia, se enfrenta con una batalla interna y puede llegar a tener conflictos directos con el esposo, derrotando en esa forma su propósito de llevar unidad y espiritualidad al seno del hogar.

¿A dónde se puede dirigir una mujer para encontrar guía en su papel como misionera para su esposo? En el estudio de las Escrituras se pueden encontrar muchos buenos puntos de vista. Por ejemplo, aprendí una lección muy importante al estudiar en cuanto al concilio en los cielos y los puntos que allí fueron presentados.

Satanás propuso un plan para obligar a todos a obedecer los principios de su Padre Celestial. “Rescataré a todo el género humano», dijo, “de modo que no se perderá una sola alma, y de seguro lo haré». Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | 1 comentario

Ayudemos a otros a alcanzar las promesas del Señor

Marzo de 1984
Ayudemos a otros a alcanzar las promesas del Señor
Por el presidente Spencer W. Kimball

Spencer W. KimballSiempre me han gustado las parábolas del Maestro, particularmente dos que tienen como núcleo a nuestros hermanos y hermanas que temporariamente han perdido el rumbo. Las parábolas fueron presentadas en un momento en el que el Señor era criticado por los escribas y fariseos por su obra entre «publícanos y pecadores”.

«Y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este a los pecadores recibe, y con ellos come.

“Entonces él les refirió esta parábola, diciendo:

«¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?
«Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso:
«Y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido.
“Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.»(Lucas 15:2-7.)

¡Qué mensaje tan potente! Esta parábola del Señor es una asignación de amor dirigida a nosotros para buscar y rescatar a las personas que están necesitando ser rescatadas — particularmente en este caso, aquellos que se han alejado del redil. El mensaje de la parábola era de tal importancia que el Maestro lo reforzó con otra parábola sobre el mismo tema, la parábola de la moneda perdida:

“¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla?
“Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido.
“Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.” (Lucas 15:8-10.)

Nuestra responsabilidad como hermanos y hermanas en la Iglesia consiste en ayudar a los que estén perdidos, ayudarlos a encontrar su camino y ayudar a encontrar su tesoro a quienes han perdido lo que es precioso. Las Escrituras nos enseñan con claridad que todo miembro tiene la obligación de fortalecer a sus hermanos. El Salvador, con amor pero con firmeza, recalcó esto cuando le dijo a Pedro: «Y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos” (Lucas 22:32). Permítaseme decir lo mismo a cada uno de vosotros: Una vez que os hayáis convertido, por favor fortaleced a vuestros hermanos y hermanas. Hay tantos que padecen hambre, a veces sin conocer la causa de lo que sienten. Hay verdades y principios espirituales que pueden ser un firme cimiento para la seguridad de sus almas y paz para sus corazones y mentes si es que nosotros tan sólo dirigimos nuestras oraciones y nuestro interés activo hacia ellos. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

Una visión de la eternidad

Una visión de la eternidad

Por Don Lind
Febrero de 1984

El hermano Lind es astronauta en la Administración Nacional de Aeronáutica y Espacio (NASA), y realizará su primer viaje al espacio en el mes de septiembre de 1984

El Coto del Tabernáculo Mormón frecuentemente recibe la invitación de cantar en ocasiones especiales en distintas partes de los Estados Unidos, incluyendo en la toma de posesión del mando de un nuevo presidente. Invariablemente, el patrocinador del programa solicita que el coro cante el “Himno de Batalla de la República”.

Este grandioso himno fue compuesto por Julia Ward Howe, en la época de la Guerra Civil de los Estados Unidos, entre los Estados del Norte y los del Sur, durante los años 1861 a 1865. Ella había visitado un campamento de los soldados del Norte, hombres comunes que estaban atrapados en una causa que escapaba a su comprensión, una causa que estaba por encima de motivos casi imperfectos y de ambiciones mundanas. Por un momento pudo percibir la gloria que podría surgir de la angustia y la aflicción de esa terrible guerra, y escribió: “Mis ojos ya perciben la gran gloria del Señor. . . Avanza su verdad”.

Esta percepción de gloria inspiró a la gente y le dio la valentía extra que necesitaba para lograr sus metas.

Todos necesitamos valor para alcanzar nuestras metas; todos necesitamos percibir “la gran gloria del Señor”, tener una visión de la eternidad.

Los pioneros Santos de los Últimos Días deben de haber percibido esa eternidad. Pensemos por un momento lo que en realidad significó ser pionero; pensemos en cómo deben de haberse sentido los Santos en Nauvoo al contemplar, a través del congelado río, sus acogedoras casas, después de haber sido desposeídos de ellas. Pensemos lo que debe de haber sido para una de mis tías abuelas que a los cinco años de edad caminó desde Wlnter Quarters, Nebraska, hasta el Valle del Gran Lago Salado, en Utah. Imaginemos lo que sería caminar detrás de las carretas o al frente de los carros de mano, por los polvorientos senderos. Imaginemos lo que significaría andar por el desierto durante seis meses; a las madres que dieron a luz a sus hijos en las llanuras, y su terrible angustia cuando tenían que sepultar sus tiernos cuerpecitos en una tumba de poca profundidad, y cubrirla de rocas y alejarse con una oración en el corazón rogando que los lobos no los destrozaran.

¿Qué pudo haber motivado a esas personas a continuar bajo semejantes circunstancias? Nadie los obligaba a hacerlo; podrían haber regresado. Hubo muchos que hicieron las paces con las chusmas que perseguían a los santos, y no emigraron al Oeste. ¿Qué fue lo que motivó a los santos fieles a hacer lo que hicieron? Creo que la razón es que sus ojos habían percibido la gloria del reino de Dios. Cuando Brigham Young lo vio, el Valle del Lago Salado no estaba cubierto por las casas, Iglesias y templos que él sabía que algún día habría allí. Pero él tuvo una visión de la gloria y nunca dudó al respecto. Tampoco estuvo solo, porque, a su manera, todos habían visto la gloria del reino, y fue precisamente esa visión lo que los llevó a través de los llanos. Tuvieron que haber visto la gloria; ésta fue su visión y testimonio.

Otro ejemplo que significa mucho para mí es el de mi tatarabuela. Ella se crió en una región muy linda de Inglaterra, un lugar de verdes y onduladas colinas. Sus padres no eran ricos, pero disfrutaban de un bienestar económico considerable para la época; aun así, dejaron todo eso para atravesar el Océano Atlántico, no en un avión de propulsión a chorro ni en un transatlántico moderno, sino que, con un grupo de santos, pudieron alquilar una embarcación en Liverpool, Inglaterra. Lo único que había disponible era un barco que habría de ser abandonado, pero convencieron a los dueños de que se los alquilara para un último viaje a través del Atlántico. Los dueños del barco pensaron; “Bueno, puede ser que llegue». Consiguieron a un capitán y una tripulación que estaba dispuesta a navegar en la vieja y agujereada embarcación.

Cuando habían estado en alta mar por una semana, se desató una terrible tormenta. Como el capitán no quería que el grupo de asustados pasajeros Interfiriera con su tripulación durante la tormenta, simplemente cerró la escotilla para asegurarse de que aquéllos permanecieran en la bodega, bajo la cubierta. De esta manera, no había forma de escapar.

Abajo, en la oscuridad, las cuerdas que ataban los pesados baúles con las posesiones de los santos se rompieron, y los baúles empezaron a deslizarse de un lado al otro de la cabina, de modo que los pasajeros tenían miedo de bajar de las literas y lastimarse las piernas en la oscuridad. Habían llevado a bordo los utensilios de cocina, y todos los platos, fuentes, ollas, etc., rodaban por el suelo, haciendo un estruendo casi tan fuerte como el griterío de los niños que, aterrados en medio de aquella negrura, lloraron toda la noche.

Cuando cesó la tormenta y los santos pudieron subir a cubierta, lo primero que hicieron fue efectuar un servicio religioso para dar gracias al Señor por haberles salvado la vida. Esto impresionó tanto al viejo capitán del barco,’ que, después que los oyó cantar himnos y ofrecer oraciones, les dijo: “Ustedes deben de adorar a un Dios que de veras los quiere, porque a estas alturas era como para que todos estuvieran en el fondo del mar. Durante toda la noche entró agua en el barco y los marineros, se pasaron, con ésta hasta la rodilla, sacándola para salvarse la vida, mientras el barco andaba a la deriva en plena tormenta.”

Todos sabían de antemano que correrían ese riesgo. ¿Por qué lo hicieron? ¿Por qué hace la gente cosas como ésa? Creo que ellos percibían la gloria del reino de Dios, y que hay mucha gente que hace cosas heroicas porque, quizás por un momento, ha percibido la importancia de un ideal.

Dedicamos la mayor parte de nuestra vida a hacer tareas comunes, cosas de todos los días: estudiar, Ir de la casa al trabajo y viceversa, limpiar la casa, lavar ropa y todas esas cosas’ que parecen tan monótonas, aburridas y sin atractivo de ninguna clase. Pero de vez en cuando algunos captan la visión de lo que realmente están haciendo, y es eso lo que los hace alcanzar alturas absolutamente sobrehumanas. Estos son los que reflexionan con gran admiración acerca de la historia, y éstos son los que han hecho posible que nosotros disfrutemos de las bendiciones del evangelio bajo circunstancias tan favorables. Deberíamos estarles eternamente agradecidos por ello.

Espero que todos podamos decir que, de alguna manera, hemos visto la gloria. Hay muchas clases diferentes de gloria que podemos ver, pero todas son un reflejo de la de nuestro Padre Celestial.

A veces vemos la gloria a través de los logros de los hijos de Dios. Cualquier cosa buena que sea concebida y lograda por la mente y la mano del hombre es un testimonio de la mente y la mano de nuestro Creador. En mi trabajo en la NASA (Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio) he visto esta clase de gloria en muchas oportunidades.

Por supuesto que es una buena costumbre mantener los logros del hombre en perspectiva. Sólo tenemos que mirar al cielo nocturno para ver hasta qué grado la obra de nuestro Padre supera a la nuestra. De hecho, con frecuencia he visto esa gloria a través de las bellezas del mundo que nuestro Padre Celestial creó para nosotros.

Las reuniones de capacitación y los experimentos con los contratistas de la NASA me requieren hacer muchos viajes. Para ello, la NASA me ha proveído de un avión a chorro T-38, el cual piloteo como parte de mi entrenamiento como astronauta. Muy a menudo voy al trabajo en avión a una velocidad un poquito menor que la del sonido, y a una altura de 14.000 metros, a donde no llegan los aviones de las aerolíneas comerciales. Tampoco hay montañas que esquivar y, mientras vuelo, me gusta leer Doctrina y Convenios. A veces el cielo está despejado, y entonces la vista es fantástica.

En una oportunidad, pude abarcar una sexta parte de los Estados Unidos con una mirada, y puedo asegurar que es una manera impresionante de ver un país. Desde esa altura no se ve la basura esparcida por las calles; no se oyen las discusiones familiares; y no se está al tanto de los divorcios, la discriminación y la pobreza que nos rodean, sino que es una escena hermosa y maravillosa. Se ve el mundo tal como el Señor lo creó.

Una noche estaba volando sobre la costa oriental de los Estados Unidos a 14.000 metros de altura. Había habido una tormenta grande que había purificado completamente el aire. Toda la costa parecía un gran manto de terciopelo negro sobre el cual alguien hubiera dejado caer puñados de diamantes.

Pero tal vez aún más emocionante que las maravillas de la naturaleza sea la gloria que vemos en la vida de los hijos de nuestro Padre Celestial. Fue en la asamblea solemne en la que el presidente Harold B. Lee fue sostenido como el nuevo Presidente de la Iglesia donde tuve una manifestación espiritual de que ese hombre era un Profeta de Dios, como lo fueron Abraham, Isaías, Pedro, etc. Esas pequeñas revelaciones pueden ayudarnos a trabajar arduamente en el programa de orientación familiar, así como en otras responsabilidades que tampoco se destacan mucho dentro de la Iglesia.

Solía Ir a las reuniones de NASA, en Blnghamton, Nueva York, donde construyen naves para vuelos simulados.

Allí visitaba un pueblo pequeño y abandonado llamado Harmony, en Pensllvanla. Por allí cerca se encuentra el Río Susquehanna, donde hay secciones en que no se ve ni una sola casa, ni vías ferroviarias ni postes telefónicos. No hay nada que lo haga parecer diferente de lo que era cuando José Smith y Oliverio Cowdery estuvieron allí. Uno puede caminar a la orilla del río y decir: “Me pregunto en qué lugar Juan el Bautista les enseñó a bautizarse el uno al otro; en cuál de estas pequeñas colinas o arboledas aparecieron Pedro, Santiago y Juan para ordenarlos al Sacerdocio de Melquisedec”. Allí, uno puede sentir un poquito del espíritu de esos maravillosos acontecimientos.

También he visitado el valle de Adán-ondl-Ahman, al oeste de Misurí, en donde tuve la misma sensación de esa gloria. Las profecías nos dicen que, algún día, allí se llevará a cabo una reunión muy especial, en la cual Adán, que presidirá dicha reunión, pedirá informes de todas las dispensaciones. Entonces aparecerá el Salvador, y Adán le entregará el’ reino para el Milenio. Esa será una reunión muy privada, y es probable que sólo unos cuantos poseedores del sacerdocio se enteren de ella, pero allí uno puede sentir la importancia de ese lugar.

No todas las personas pueden percibir la gloria de Dios. Por ejemplo, hacia fines del siglo pasado un señor llamado Wrlght, líder religioso en la comunidad de Elkhart, estado de Indiana, recibió la visita de un profesor llamado Kelly, maestro de la localidad que estaba tratando de recabar fondos para investigaciones técnicas y quería que Wright le ayudara. En su entrevista le dijo que si la gente concentraba sus esfuerzos por superarse desde el punto de vista industrial y técnico, podría lograr adelantos increíbles para elevar su nivel de vida, y señaló algunos de ellos: Dijo que el hombre podría alargar la duración de su vida, construir casas con comodidades extraordinarias, y que hasta era posible que algún día pudiese llegar a volar como los pájaros. A todo esto, Wrlght le contestó:

“Lo que usted está diciendo es profano. Yo no voy a ayudarlo. Váyase a su casa y ore pidiendo perdón. El pensar que un hombre pueda volar como un pájaro es desafiar la voluntad de Dios.”

Wright tenía dos hijos, Wilbur y Orville, que tuvieron su propia visión de la eternidad y construyeron el primer aeroplano que voló, piloteado por ellos mismos, en el año 1903.

A veces las personas no ven la gloria y otras veces la ven falsificada; desperdician toda su vida buscando El Dorado y la fuente de la eterna juventud; persiguen una Imagen y buscan una Imitación en lugar de algo de valor real.

Esperemos que podamos ver la verdadera gloria y captemos el verdadero espíritu. Es posible que esta generación, que espero sea también la mía, viva para ver la segunda venida del Salvador. Tal vez pasemos por pruebas y adversidades que hagan parecer que el cruzar las llanuras o el hacer un viaje a través del Océano Atlántico en un barco agujereado fuera una empresa fácil. Para poder mantenernos firmes en tales tiempos, necesitamos tener una visión de la gloria de Dios. SI así lo hacemos, si podemos contemplar la gloría del evangelio, de la Segunda Venida, del reino milenario, del reino celestial, esto podrá darnos la entereza y la fuerza que necesitaremos para atravesar nuestros desiertos y soportar el polvo del camino en la cara. Es posible que tengamos que enterrar a nuestros hijos en la llanura o enfrentar cualquier otra tribulación que la vida nos depare; tendremos adversidades como toda generación ha tenido, y puede ser que tengamos más. Pero tendremos que percibir la gloria de Dios a fin de que nos dé la fortaleza que necesitaremos para enfrentar esas dificultades.

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

Ayudemos a este matrimonio a progresar!

Febrero de 1984
¡Ayudemos a este matrimonio a progresar!
Por James M. Harper
Es profesor auxiliar de terapia matrimonial y familiar en la Universidad Brigham Young.

La joven a la cual atendí en mi despacho me describió lo que para ella parecía ser un matrimonio “sin esperanzas’’. Se había casado en el templo hacía sólo unos pocos meses, pero las cosas no andaban bien. Me dijo que el romance se iba desvaneciendo y que, entre las responsabilidades del diario vivir, había perdido la atracción hacia su marido. Cuando le pregunté por qué razón él no la había acompañado en esa ocasión, me explicó que su esposo no veía ningún problema en su matrimonio; en seguida, añadió: “En realidad, él es un hombre bueno, pero ya no siento nada por él. El amor que le tenía ha desaparecido.”

Desde aquel día he pensado muchas veces en la dedicación y lealtad a los votos matrimoniales. El Salvador enseñó el principio de dicha dedicación cuando respondió a los fariseos y dijo: “Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer. . . por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre» (Mateo 19:5-6). La expresión se unirá supone una estrecha adhesión.

El amor es el ingrediente indispensable para que un cónyuge se una estrechamente al otro. “Amarás a tu esposa con todo tu corazón”, ha dicho el Señor, “y te allegarás a ella y a ninguna otra” (D. y C. 42:22). Sin embargo, el término amor tiene diferentes significados para las diferentes personas. Para algunas, el amor es sólo una atracción emocional y física acompañada de Idealización romántica; para ellas, el amor no incluye necesariamente los valiosos conceptos de dedicación a los votos matrimoniales y de estrecha unión entre los cónyuges. Para otras personas, el amor es el sentimiento apacible, sereno y constante que crece entre dos personas que comparten las experiencias trascendentales de la vida. Ambas clases de amor son importantes, ya que ambas contribuyen a los buenos matrimonios. Pero en muchos casos, se exagera el amor romántico al mismo tiempo que falta la debida dedicación a los votos conyugales, la cual conduce a la verdadera unión entre los esposos.

Cuando de joven fui misionero en la República de Corea del Sur, me impresionó el rasgo distintivo de muchos matrimonios coreanos. Cuando se me informó que los casamientos los arreglaban los padres, me pregunté cómo podrían dos personas ser tan unidas sin haber pasado primero por una etapa de amor romántico del uno para con el otro. Por motivo de la estrecha visión que yo tenía en aquel tiempo de la dedicación a los votos matrimoniales, pensaba que los sentimientos románticos constituían la única fuerza de unión. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

La observancia de la palabra de sabiduría… con cortesía

Febrero de 1984
La observancia de la palabra de sabiduría… con cortesía
Por el élder Robert E Wells
Del Primer Quórum de los Setenta

Robert E. WellsLa manera de lidiar con los problemas del protocolo cuando somos huéspedes o anfitriones de personas que tienen costumbres diferentes de las nuestras

Debido a que, por varios años, he sido huésped y anfitrión de personas que no son miembros de la Iglesia, con frecuencia se me pregunta cómo se debe actuar cuando uno se enfrenta con un problema de costumbres, particularmente en lo concerniente a la Palabra de Sabiduría. Quizás la mejor manera de contestar esta pregunta sea relatar algunas de las maneras en que yo he procedido en ese tipo de situaciones y compartir algunos de los principios que he aprendido por medio de dichas experiencias.

Primero me referiré al problema de un anfitrión cuando recibe amigos que no son miembros de la Iglesia.

Actualmente, mi esposa y yo pedimos a nuestros Invitados que en nuestro hogar observen la Palabra de Sabiduría. No tenemos ceniceros y, no servimos bebidas alcohólicas ni café; incluso les pido que no fumen en el auto ni en los aviones pequeños que a veces tengo que pilotear. Nunca se ha ofendido nadie, pero no ha sido siempre fácil.

Recuerdo un tiempo difícil, poco después de haber contraído matrimonio. Acababa de regresar de la misión y acepté un cargo para trabajar en uno de los bancos internacionales más importantes en todo el mundo. Nos enviaron a Sudamérica, donde debíamos ofrecer reuniones sociales para nuestros amigos del banco y muchos dignatarios. Durante esos años, aprendí algo muy Importante acerca de las diferentes costumbres; aprendí que todas tienen protocolos sociales y ritos para brindar hospitalidad, amabilidad y acogida; algunos de estos protocolos no Interferían para nada con la Palabra de Sabiduría, pero otros sí. Sin embargo, vimos que en casi todas las situaciones, ya fuera como huéspedes o como anfitriones, podíamos modificar la esencia de dichos ritos sociales y hacer algo que nos permitiera participar de una manera cálida y sincera en la amabilidad implícita en dicho rito.

Por ejemplo, el tradicional brindis con champaña. Cuando yo era el invitado, le pedía al mozo que me diera algún jugo en lugar de champaña. Todo lo que se necesita hacer es hablarle al respecto en cuanto uno llega, sin esperar al momento de brindar, porque no se puede pretender que todos los invitados esperen a uno; una propina al mozo ayuda a que éste tenga presente lo que se le ha pedido. Si se trata de un grupo numeroso, es también conveniente decirle dónde va a estar uno.

Cuando un miembro de la Iglesia es el anfitrión, el problema es más delicado. La primera vez que me enfrenté con una situación así y pude solucionarlo sin dificultades fue en Paraguay, y desde ese entonces he utilizado la misma táctica. Se trataba de un gran banquete, en el que debía ofrecer un brindis al presidente del Paraguay, a los ministros de su gabinete y al país en sí. Uno de los clientes del banco era la nueva compañía municipal de agua potable, la primera que, por primera vez en la historia del país, proveía a la población de agua pura, de buen sabor e incontaminada. Llegado el momento, levanté en alto mi copa de champaña llena de agua y dije en medio de toda aquella gente importante: “No sé lo que tienen ustedes en sus vasos, pero en el mío tengo el más puro de los líquidos: tengo agua de la Compañía Municipal de agua potable de Asunción, y ofrezco un cordial brindis a su Excelencia, el Presidente», etc., etc. El elogio fue sincero y dio resultado. Todos se rieron y nunca nadie olvidó ese “brindis mormón”. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario