Conferencia General – 3 de Abril de 2016
Un modelo para tener paz
Por el obispo W. Christopher Waddell
Segundo Consejero del Obispado Presidente
La paz que todos buscamos requiere más que un deseo. Requiere que actuemos: al aprender de Él, al escuchar Sus palabras y al caminar con Él.
Hace unos años, a nuestra hija y a nuestro yerno se les pidió que fueran maestros de una clase de la Primaria de cinco niños activos de cuatro años de edad. Nuestra hija era la maestra asignada y nuestro yerno estaba encargado de que hubiera buen comportamiento, ambos esforzándose por mantener una sensación de calma en medio del esporádico caos a fin de enseñar principios del Evangelio a los niños.
Durante una clase especialmente difícil, tras varias advertencias a un niño energético, nuestro yerno condujo al pequeño de cuatro años fuera del salón. Una vez fuera y estando a punto de hablar con el niño sobre su comportamiento y la necesidad de ir a buscar a sus padres, el niño detuvo a nuestro yerno antes de que pudiera pronunciar palabra y, con la mano en alto y gran emotividad, dijo: “¡A veces simplemente me es difícil pensar en Jesús!”.
En nuestra jornada por la vida terrenal, por glorioso que nuestro destino previsto sea y por emocionante que la jornada pruebe ser, todos estaremos sujetos a pruebas y pesar en el camino. El élder Joseph B. Wirthlin enseñó: “Tarde o temprano, el indicador de la rueda del pesar señala a cada uno de nosotros. En un momento u otro, todos debemos sentir pesar. Nadie está exento”1. “En Su sabiduría, el Señor no protege a nadie del dolor ni de la tristeza”2. Sin embargo, nuestra capacidad para recorrer este camino con paz o no dependerá en gran parte de si se nos facilita o dificulta pensar en Jesús.
La paz mental, de conciencia y de corazón no se ven determinadas por nuestra capacidad de evitar las pruebas, la tristeza o el dolor. Pese a nuestras sinceras súplicas, no toda tormenta cambiará de curso, no toda enfermedad será sanada y quizá no entendamos plenamente toda doctrina, principio o práctica que los profetas, videntes y reveladores enseñen. Sin embargo, se nos ha prometido la paz, con una condición.
En el Evangelio de Juan, el Salvador enseñó que a pesar de las tribulaciones de la vida, podemos confiar; podemos tener esperanza, y no hay necesidad de temer, porque Él declaró: “En mí [tendréis] paz”3. La fe en Jesucristo y en Su sacrificio expiatorio es, y siempre será, el primer principio del Evangelio y el fundamento sobre el cual se edifica nuestra esperanza en “la paz en este mundo, y la vida eterna en el mundo venidero4.
En nuestra búsqueda de la paz entre los desafíos diarios de la vida, se nos ha dado un simple modelo para mantener el pensamiento centrado en el Salvador, quien dijo: “Aprende de mí y escucha mis palabras; camina en la mansedumbre de mi Espíritu, y en mí tendrás paz. Yo soy Jesucristo”5.
Aprender, escuchar y caminar: tres pasos con una promesa. Seguir leyendo















Cara a Cara con el élder Rasband, la hermana Oscarson y el hermano Owen


























