Conferencia General Abril 2016
El ungüento sanador del perdón
Por el élder Kevin R. Duncan
De los Setenta
El perdón es un principio glorioso y sanador; no tenemos que ser víctimas dos veces, sino que podemos perdonar.
Todo lo que es de Dios abarca el amor, la luz y la verdad; no obstante, como seres humanos vivimos en un mundo caído, en ocasiones lleno de oscuridad y confusión, y no es sorpresa que se cometan errores, injusticias y pecados. En consecuencia, no hay nadie que, en uno u otro momento, no sea víctima de los actos descuidados ni de la conducta hiriente o incluso pecaminosa de otra persona. Es algo que todos tenemos en común.
Felizmente, Dios, debido al amor y misericordia que tiene por Sus hijos, ha preparado una senda que nos ayuda a navegar por estas a veces turbulentas experiencias de la vida. Él ha proporcionado un escape para todos los que son víctimas de los errores de los demás. ¡Nos ha enseñado que podemos perdonar! Aunque hayamos sido víctimas una vez, no tenemos que ser víctimas dos veces al llevar cargas de odio, amargura, dolor, resentimiento y hasta venganza. ¡Podemos perdonar y podemos ser libres!
Hace muchos años, mientras estaba reparando una cerca, se me clavó una pequeña astilla en un dedo. Hice un leve intento por sacármela y pensé que lo había logrado, pero aparentemente no fue así. Con el paso de los días, creció piel encima de ella y se me hizo un bulto en el dedo, que me causaba molestia y a veces dolor.
Años más tarde, finalmente decidí hacer algo al respecto. Lo que hice fue poner ungüento en el bulto y lo cubrí con una pequeña venda. Fue un proceso que repetí a menudo y no se imaginan la sorpresa que me llevé un día cuando me quité la venda: la astilla se había salido del dedo.
El ungüento había suavizado la piel y había creado una salida para el mismo objeto que me había causado dolor por tantos años; después de sacarme la astilla, el dedo sanó con rapidez y a la fecha no se observa ningún indicio de la lesión.
De forma similar, un corazón que no perdona guarda mucho dolor innecesario. Al aplicar el ungüento sanador de la expiación del Salvador, Él nos ablandará el corazón y nos ayudará a cambiar. Él puede sanar el alma herida (véase Jacob 2:8). Seguir leyendo




Debo confesar que mientras el misionero se marchaba, yo pensé: “Bueno, espero que funcione”.
De un devocional de la Universidad Brigham Young, 16 de septiembre de 2014. Para el texto completo en inglés, visite speeches.byu.edu.
Después de iniciada la construcción, Gustavo Adolfo ordenó que hicieran el Vasa más largo. Debido a que los soportes que corrían a lo ancho ya se habían construido de preciado roble, el rey indicó a los constructores que aumentaran el largo del buque sin aumentar el ancho. Aun cuando los constructores sabían que el hacerlo comprometería la navegabilidad del Vasa, vacilaron en decirle al rey algo que sabían que él no quería escuchar, así que obedecieron. Gustavo Adolfo también insistió en que el buque no solo contara con el acostumbrado único puente de cañones, sino que tuviera cañones en tres cubiertas, con los cañones más pesados en la cubierta superior. De nuevo, yendo en contra de su buen juicio, los constructores obedecieron.
Cuando estaba en el supermercado y estaba poniendo un par de billetes de un dólar en mi billetera, uno de ellos me llamó la atención. Me pareció que el color verde de uno de ellos era más claro que el de los otros, así que lo examiné con más detenimiento y me di cuenta de que la imagen del presidente George Washington no se veía tan nítida. Incluso el papel se sentía diferente. ¡Era un billete falso! El empleado lo intercambió por un billete genuino y entregó el falso al gerente de la tienda.

Por el élder M. Russell Ballard




























