El sacerdocio: un ancla segura

El sacerdocio: un ancla segura
Por el élder L. Tom Perry (1922–2015)
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

L. Tom PerryEl élder L. Tom Perry preparó este artículo el 28 de mayo de 2015, dos días antes de su fallecimiento; iba a presentar dicho artículo a los jóvenes poseedores del sacerdocio.

La mayor fortaleza de mi vida ha sido el sacerdocio de Dios. Creo que también será un ancla segura para ustedes, jovencitos; sin embargo, para que tenga poder en su vida, deben comprenderlo y utilizarlo.

Primeras experiencias con el sacerdocio

Yo crecí en circunstancias cómodas, en Logan, Utah, EE. UU.; no tuve preocupaciones en mi niñez con respecto a alimentos, vivienda ni educación. Pero, tal vez debido a que la vida era fácil, necesité algo a lo cual aferrarme que me mantuviera firme.

Aaronic Priesthood members passing the sacrament

Para mí, esa ancla fue el sacerdocio de Dios. Mientras crecía, me encontraba en una situación fuera de lo común. Mi papá fue llamado a ser obispo cuando yo tenía un año, y fue mi obispo durante 19 años. Su guía paternal y espiritual fue de gran ayuda para mí.

Creo que es mayormente por eso que esperaba con gran anhelo recibir el Sacerdocio Aarónico cuando cumpliera los doce años. Recuerdo el día especial en que sentí las manos de mi padre sobre mi cabeza, mientras me ordenaba. Después de eso, avancé en los oficios del Sacerdocio Aarónico y recibí llamamientos que disfruté mucho.

Repartir la Santa Cena era muy especial para mí. Se podía ver a las personas comprometerse a obedecer al Señor y guardar Sus mandamientos al participar de los emblemas de Su cuerpo y de Su sangre.

Crecer en la comprensión del sacerdocio

Conforme pasó el tiempo, me gradué de la escuela secundaria y, después de cursar un año en la universidad, fui llamado a servir en una misión. Disfruté cada minuto de ella y quise mucho a mis compañeros. Hubo un compañero en particular que fue una fuente de fortaleza para mí. Aprendí mucho de él a medida que cumplíamos con nuestras responsabilidades.

Debido a que Estados Unidos estaba en guerra, cuando regresé de la misión me uní a la Infantería de Marina de los Estados Unidos. Cuando terminó la guerra, volví a la universidad, me casé y formé una familia. Una serie de traslados en mi carrera profesional me llevaron a muchos lugares a lo largo de todo Estados Unidos, en los que aprendí mucho al prestar servicio en numerosos llamamientos del sacerdocio. Finalmente, me mudé a Boston, Massachusetts, donde serví como presidente de estaca. Fue de allí que me llamaron a ser Ayudante de los Doce y luego, después de diecisiete meses, al Cuórum de los Doce Apóstoles.

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Hijas de nuestro Padre Eterno

MENSAJE DE LAS MAESTRAS VISITANTES
Hijas de nuestro Padre Eterno

Estudie este material con espíritu de oración y procure saber lo que debe compartir. ¿De qué manera el entender el documento “La Familia: Una Proclamación para el Mundo” aumentará su fe en Dios y bendecirá a las hermanas que están bajo su cuidado en el programa de maestras visitantes? Si desea más información, visite reliefsociety.lds.org.

Las Escrituras nos enseñan que “[somos]… linaje de Dios” (Hechos 17:29). Dios se refirió a Emma Smith, esposa del profeta José Smith, como “hija mía” (D. y C. 25:1). La Proclamación sobre la Familia nos enseña que cada una de nosotras es “[una amada] hija [procreada] como espíritu por padres celestiales”1.

“En [el mundo premortal], aprendimos acerca de nuestra identidad eterna como mujeres”, dijo Carole M. Stephens, Primera Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro.

“Nuestra trayectoria mortal en la tierra no cambió esas verdades”2
elderly woman
“Nuestro Padre Celestial sabe cómo se llaman ustedes y conoce sus circunstancias”, dijo el élder Jeffrey R. Holland, del Cuórum de los Doce Apóstoles. “Él oye sus oraciones; Él conoce sus esperanzas y sueños, incluso sus temores y sus frustraciones”3.

“Cada una de nosotras pertenece a la familia de Dios y es necesaria en ella”, dijo la hermana Stephens. “Cada familia en la tierra es diferente; y si bien hacemos lo mejor que podemos por crear sólidas tradiciones familiares, el ser parte de la familia de Dios no depende de ninguna condición: estado civil, situación familiar, situación económica, posición social; ni siquiera del tipo de estatus que publicamos en las redes sociales”4.

De nuestra historia

Relief Society sealEn su relato de la Primera Visión5, el profeta José Smith confirma muchas verdades; entre ellas, que nuestro Padre Celestial sabe nuestro nombre.

El joven José se esforzaba por saber a cuál Iglesia unirse y encontró guía en Santiago 1:5. José llegó a la conclusión de que le preguntaría a Dios.

Una mañana, en la primavera de 1820, se fue al bosque a orar, pero inmediatamente se apoderó de él una fuerza maligna. De ello escribió:

“… precisamente en este momento de tan grande alarma vi una columna de luz, más brillante que el sol, directamente arriba de mi cabeza; y esta luz gradualmente descendió hasta quedar sobre mí.

“No bien se apareció, me sentí libre del enemigo que me había sujetado. Al reposar sobre mí la luz, vi en el aire arriba de mí a dos Personajes, cuyo fulgor y gloria no admiten descripción. Uno de ellos me habló, llamándome por mi nombre, y dijo, señalando al otro: Éste es mi Hijo Amado: ¡Escúchalo!” (José Smith—Historia 1:16–17).

Considere lo siguiente

¿De qué forma influye en sus decisiones diarias el hecho de saber que es una hija de Dios?

Notas

  1. “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Liahona, noviembre de 2010, pág. 129.

  2. Carole M. Stephens, “La familia es de Dios”, Liahona, mayo de 2015, pág. 11.

  3. Jeffrey R. Holland, “A las mujeres jóvenes”, Liahona, noviembre de 2005, pág. 28.

  4. Carole M. Stephens, “La familia es de Dios”, pág. 11.

  5. Véase Temas del Evangelio, “Relatos de la Primera Visión”, topics.lds.org.

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Tienen sentido las instrucciones?

¿Tienen sentido las instrucciones?
Por Ruth Silver
La autora, que residía en Colorado, EE. UU., falleció el año pasado.

Un viaje en bicicleta me convenció de la necesidad de verificar constantemente el mapa de ruta del Señor para la vida.

bike riding through France

Hace varios años, realicé un viaje en bicicleta por Francia junto con mi hermana, mi cuñada y la hija de ella. Cada mañana se nos daban tres páginas de instrucciones detalladas que, si seguíamos con exactitud, nos guiaban a nuestro destino de ese día. Mientras íbamos en bicicleta entre los viñedos, las directivas podían indicarnos “ir cincuenta metros hacia el norte, luego girar a la izquierda y avanzar cien metros”. Con más frecuencia, las instrucciones indicaban señales y nombres de las calles.

Una mañana, fuimos por un camino muy bonito, pero al poco tiempo nos dimos cuenta de que nuestras instrucciones ya no correspondían a ese territorio. En seguida nos perdimos, por lo que decidimos regresar al último punto donde sabíamos que habíamos estado en el camino correcto, para ver si podíamos descifrar por dónde ir.

Como lo esperábamos, al llegar allí hallamos una pequeña señal de tránsito que se encontraba en nuestras instrucciones pero que habíamos pasado por alto. Poco después, estábamos en camino otra vez, adelantando en la dirección correcta al seguir las instrucciones, que nuevamente tenían sentido.

La experiencia sirvió como una metáfora que respondió una pregunta desconcertante que yo tenía: Cuando alguien ha tenido un testimonio del Evangelio, ¿por qué se alejaría de este alguna vez? Se hizo evidente para mí que cuando tomamos el camino equivocado (pecamos) o dejamos de seguir los mandamientos de Dios, las instrucciones (la palabra de Dios) dejan de tener sentido. El mapa, por así decirlo, ya no se ajusta al territorio en el que estamos. Si no nos hemos desviado demasiado lejos, podemos reconocer que el error es nuestro y que debemos regresar (arrepentirnos o comprometernos nuevamente a vivir como Dios lo ha mandado) hasta el punto en el que sabíamos que estábamos siguiendo la ruta correctamente.

Con demasiada frecuencia, cuando las instrucciones ya no se ajustan al lugar en donde estamos, dudamos de ellas. En lugar de volver atrás, culpamos a las instrucciones y después las rechazamos por completo. Por último, al ya no tener la visión de nuestro destino, nos perdemos y vagamos por caminos que pueden parecer, de forma temporaria, muy atractivos, pero que no nos llevarán a donde tenemos que ir.

Cada día tenemos la oportunidad de estudiar las Escrituras; y cada seis meses se nos da la oportunidad de disfrutar de una conferencia general de la Iglesia. ¿No son esas las ocasiones en las que podemos verificar nuestro mapa de ruta y asegurarnos de que estemos donde debemos estar? Una vez, mientras escuchaba la conferencia general, sentí que si bien todos somos imperfectos, podemos saber que estamos en el camino correcto si las instrucciones que recibimos tienen sentido para nosotros.

De la misma manera en que el seguir las instrucciones correctas nos ayudará a llegar a nuestros destinos en esta vida, el estudiar las Escrituras y hacer caso a los consejos de los profetas vivientes nos permite verificar nuestro curso y ajustarlo, si fuera necesario, para que, finalmente, lleguemos a nuestro hogar celestial.

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Profecía y revelación personal

Profecía y revelación personal
Por el presidente Henry B. Eyring
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Henry B. EyringLa Iglesia verdadera de Jesucristo se ha restaurado y se encuentra sobre la tierra en la actualidad. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días siempre ha sido dirigida por profetas y apóstoles que reciben guía constante de los cielos.

En la antigüedad, también se siguió ese modelo divino. En la Biblia leemos: “Porque no hará nada Jehová el Señor sin que revele su secreto a sus siervos los profetas” (Amós 3:7).

Dios ha vuelto a hablar en nuestra época mediante el profeta José Smith. Por medio del profeta José, Él reveló el evangelio de Jesucristo en su plenitud; restauró Su santo sacerdocio con las llaves y todos los derechos, poderes y funciones del sagrado poder del sacerdocio.

En nuestros días, profetas y apóstoles vivientes están autorizados para hablar, enseñar y dirigir con la autoridad otorgada por Dios el Padre y el Señor Jesucristo. El Señor le dijo al Profeta: “Lo que yo, el Señor, he dicho, yo lo he dicho, y no me disculpo; y aunque pasaren los cielos y la tierra, mi palabra no pasará, sino que toda será cumplida, sea por mi propia voz o por la voz de mis siervos, es lo mismo” (D. y C. 1:38).

family watching general conferenceDos veces al año, en la conferencia general, se nos bendice con la oportunidad de escuchar las palabras del Señor por medio de Sus siervos. Ese es un privilegio que no tiene precio. Pero el valor de esa oportunidad depende de si recibimos las palabras bajo la influencia del mismo Espíritu por medio del cual las recibieron esos siervos (véase D. y C. 50:19–22). De la misma manera que ellos reciben guía de los cielos, también debemos recibirla nosotros. Eso requiere de nosotros el mismo esfuerzo espiritual. Seguir leyendo

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Traducción de las Escrituras: En el idioma del corazón

Traducción de las Escrituras: En el idioma del corazón
Por R. Val Johnson
Revistas de la Iglesia

Innumerables experiencias muestran la mano del Señor en la obra de traducir Sus Escrituras.

scriptures and womanEsa experiencia es familiar para aquellos que han participado en la traducción de las Escrituras del inglés a otros idiomas. Sucede una y otra vez.

Un joven armenio que sostiene un ejemplar del Libro de Mormón que se acaba de traducir en su idioma se acerca a un miembro del equipo que colaboró en la traducción: “Gracias”, dice. “He leído el Libro de Mormón en inglés; lo he leído en ruso, y lo he leído en ucraniano; pero hasta que pude leerlo en armenio, no lo entendí perfectamente. Cuando lo leí en armenio, por fin tuvo sentido; era como volver a casa”.

De regreso a casa

Si el evangelio de Jesucristo es nuestro hogar espiritual, entonces es justo que nos sintamos cómodos y que nos sea familiar. En casa descansamos y nos nutrimos; hablamos con nuestros seres queridos en el idioma que se nos enseñó en el regazo de nuestra madre. Ese es el idioma de nuestro corazón y, en vista de que el Evangelio debe tocar el corazón, el leer las Escrituras en el idioma de nuestro corazón es de suma importancia.

En Doctrina y Convenios se sugiere lo mismo. Allí, el Señor revela que por medio de las llaves del sacerdocio que posee la Primera Presidencia, “el brazo del Señor se manifestará con poder para convencer a las naciones… del evangelio de su salvación.

“Porque acontecerá que en aquel día todo hombre oirá la plenitud del evangelio en su propia lengua y en su propio idioma, por conducto de los que son ordenados a este poder, mediante la administración del Consolador, derramado sobre ellos para revelar a Jesucristo” (D. y C. 90:10–11).

Jim Jewell, quien trabajó en el equipo de traducción de las Escrituras en las Oficinas Generales de la Iglesia, relata una historia de cómo las Escrituras nos afectan personalmente cuando se traducen al idioma del corazón:

“En la traducción del Libro de Mormón al sesoto, la lengua de la nación africana de Lesoto, teníamos que encontrar a alguien que nos ayudara a evaluar el trabajo del equipo de traducción. El supervisor del proyecto, Larry Foley, encontró a una miembro de la Iglesia, de Lesoto, que era estudiante graduada de la Universidad Utah State. En Lesoto, la educación se imparte en inglés, por lo que esa hermana y sus hijos habían estudiado en inglés desde el primer grado, pero todavía conversaban en sesoto en su hogar. Seguir leyendo

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Conferencia General 186

  • Sesión general de mujeres, 26 de marzo de 2016

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Tengan valor

28 de marzo de 2009Mayo de 2009
Tengan valor
Presidente Thomas S. Monson

Thomas S. MonsonMi ruego ferviente es que tengan el valor que se necesita para abstenerse de juzgar a los demás, el valor para ser castas y virtuosas, y el valor para defender la verdad y la rectitud.

Mis queridas hermanitas: ¡qué escena tan maravillosa son ustedes! Reconozco que más allá de este magnífico Centro de Conferencias hay miles reunidas en capillas y en otros recintos de muchas partes del mundo. Ruego la ayuda divina al aceptar la oportunidad de dirigirme a ustedes.

Hemos escuchado mensajes oportunos e inspiradores de sus líderes generales de las Mujeres Jóvenes. Ellas son mujeres excelentes, llamadas y apartadas para guiarlas y enseñarles. Ellas las aman, al igual que yo.

Ustedes han venido a esta tierra en una época gloriosa. Las oportunidades que tienen por delante son casi ilimitadas. Casi todas ustedes viven en casas cómodas, con familias que las aman, comida adecuada y ropa suficiente; además, la mayoría de ustedes tiene acceso a increíbles avances tecnológicos; se comunican por teléfono celular, mensajes de texto, mensajes instantáneos, correos electrónicos, blogs, Facebook y medios similares; escuchan música en sus iPODs y reproductores MP3. Desde luego, esta lista representa sólo algunas de las tecnologías que tienen a su disposición.

Todo esto resulta un poco impresionante para alguien como yo que creció cuando las radios eran grandes muebles que se colocaban en el piso y casi no existían televisores, y mucho menos las computadoras y los teléfonos celulares. De hecho, cuando tenía la edad de ustedes, la mayoría de las líneas telefónicas eran compartidas. En nuestra familia, si queríamos usar el teléfono, primero teníamos que levantarlo y escuchar para asegurarnos de que ninguna otra familia estuviera usando la línea, ya que varias familias compartían la misma línea.

Podría pasar toda la noche mencionando las diferencias que existen entre mi generación y la de ustedes. Me basta decir que mucho ha cambiado desde la época en que yo tenía la edad de ustedes y el presente.

Aunque éste es un período extraordinario en el que abundan las oportunidades, ustedes también afrontan desafíos que son propios de esta época. Por ejemplo, las mismas herramientas tecnológicas que he mencionado proporcionan oportunidades al adversario para tentarlas y atraparlas en su red de engaño, con la esperanza de apoderarse de su destino.

Al contemplar todo lo que afrontan en el mundo hoy, me viene a la mente una palabra que describe un atributo que todos necesitamos, pero que ustedes, en este momento de su vida y en este mundo, necesitarán de forma especial. Ese atributo es el valor.

Esta noche me gustaría hablarles sobre el valor que necesitarán en tres aspectos de su vida:

Primero, el valor para abstenerse de juzgar a los demás.
Segundo, el valor para ser castas y virtuosas, y
Tercero, el valor para defender la verdad y la rectitud.

Permítanme hablar primero del valor para abstenerse de juzgar a los demás. Quizás se pregunten: “¿Eso realmente requiere valor?”. Yo les respondería que creo que hay muchas ocasiones cuando abstenerse de juzgar —o de decir chismes o criticar, cosas que por cierto son similares a juzgar— requiere un acto de valor. Seguir leyendo

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Venid, y subamos al monte del Señor

Conferencia General 28 de marzo de 2009
Venid, y subamos al monte del Señor
Elaine S. Dalton
Presidenta General de las Mujeres Jóvenes

Su virtud personal… les servirá para tomar las decisiones que les permitan ser dignas de entrar en el templo.

Una de las preguntas que me hacen con mayor frecuencia es: “¿Cómo es que una madre que tiene cinco hijos y sólo una hija califica para ser presidenta general de las Mujeres Jóvenes?”. Mi respuesta es siempre la misma: “Es porque tengo una hija perfecta, ¡y conozco todos los secretos de los muchachos!”. Esta noche mis hijos me han dado permiso de revelarles uno de esos secretos, y es éste: A los jóvenes virtuosos les atraen las jóvenes virtuosas.

Antes de salir en una misión, si a los jovencitos se les preguntara la cualidad principal que buscan en una joven, quizás mencionarían una basada en las normas del mundo, como “la apariencia”. Pero después de dos años de estar en la misión, esos mismos jóvenes regresan a casa y han cambiado —su atención ha cambiado— y la cualidad principal que buscan en una compañera eterna ha cambiado ¡sin que ustedes se den cuenta! Un ex misionero virtuoso se siente atraído a una jovencita virtuosa, a una que tiene un testimonio de Jesucristo y está comprometida a llevar una vida de pureza.

¿Qué es lo que ha causado ese potente cambio de corazón? Estos jovencitos entienden su identidad y su papel en el plan de felicidad; han purificado su vida a fin de ser guiados por la compañía constante del Espíritu Santo; son dignos de entrar en los santos templos del Señor; son virtuosos. Con razón en las Escrituras se nos dice que agreguemos “a [nuestra] fe virtud” (2 Pedro 1:5), porque es cierto que “la virtud ama a la virtud; la luz se allega a la luz” (D. y C. 88:40). Así como Pablo aconsejó a su joven amigo Timoteo que fuera “ejemplo de los creyentes en… pureza” (1 Timoteo 4:12), esta noche me gustaría hacer eco para ustedes de las palabras de Pablo, porque la virtud es pureza.

Como recordarán, hace casi un año nuestra presidencia escaló una montaña y desplegamos una bandera dorada pidiendo “un regreso a la virtud”. Pedimos que las mujeres jóvenes y adultas en todo el mundo se levantaran y brillaran como estandarte a las naciones (véase D. y C. 115:5). Como resultado, se ha agregado el valor de la virtud al lema de las Mujeres Jóvenes y al Progreso Personal a fin de que quede “escrita en [sus] corazones” (Romanos 2:15). Esto ha sido inspirado por las palabras y enseñanzas de profetas, videntes y reveladores, y se ha agregado para ustedes y para su época. El presidente Boyd K. Packer dijo que “…nada de la historia de la Iglesia o de la historia del mundo… se compar[a] con nuestra situación actual. Nada… super[a] en iniquidad la depravación que nos rodea actualmente” (“La única defensa pura” [discurso ante los profesores de religión del SEI, 6 de febrero de 2004). Jamás ha habido mayor necesidad de virtud y pureza en el mundo.

Al igual que los otros valores, al valor de la “virtud” se le ha asignado un color simbólico; el color de la virtud es el dorado porque el oro es puro, brilla, es suave y no es fuerte ni sumamente llamativo; es valioso y se tiene que refinar. Si viven una vida pura y virtuosa, ustedes serán refinadas por las experiencias de la vida, y al confiar en el Señor (véase Proverbios 3:5) y al acercarse más a Él, Él hará que sus corazones sean como el oro. (Véase de Roger Hoffman, “Consider the Lilies”.)

¿Qué significa regresar a la virtud? Estamos pidiendo un regreso a la pureza moral y a la castidad. La virtud es pureza; la virtud es castidad. La palabra virtud también se ha definido como “integridad y excelencia moral, poder y fuerza” (Guía para el Estudio de las Escrituras, “Virtud”; véase también Lucas 8:46). La base de una vida virtuosa es la pureza sexual, y sin embargo, el mundo casi ha eliminado esa definición. El profeta Mormón enseñó que la castidad y la virtud son “más [caras] y [preciosas] que todas las cosas” (Moroni 9:9); van de la mano; no se puede tener una sin la otra, y nosotros “creemos en ser… virtuosos” (Artículos de Fe 1:13).

Para ser y permanecer virtuosas, deben ser fieles a su identidad divina y establecer modelos de pensamiento y conducta basados en elevadas normas morales (véase Predicad Mi Evangelio, pág. 125). Esas normas son eternas y no cambian; las han enseñado los profetas de Dios. En un mundo en el que prevalece la idea de que la verdad no es absoluta, las normas del Señor son absolutas. Se nos dan a cada uno para mantenernos sobre el sendero que lleva de regreso a la presencia de nuestro Padre Celestial y de Su Hijo Jesucristo. Seguir leyendo

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Una vida virtuosa, paso a paso

Conferencia General 28 de marzo de 2009
Una vida virtuosa, paso a paso
Mary N. Cook
Primera consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes

La juventud es un tiempo decisivo en el que pueden crear modelos de virtud que les ayudarán a dar los pasos necesarios hacia la vida eterna.

Uno de los momentos más preciados de la vida de una madre es aquel en el que recibe en sus brazos a su niñita recién nacida y se da cuenta de que ese espíritu puro acaba de venir de nuestro Padre Celestial. Es un dulce recordatorio de que somos hijas de nuestro Padre Celestial y que por el hecho de acabar de salir de Su presencia, una criatura llega a la tierra pura y lista para aprender y progresar.

Cuando asistía a la universidad, lejos de mi hogar, recibí el Día de las Madres una carta de mi propia madre en la que relataba esta tierna experiencia:

“Este Día de las Madres es muy especial porque he estado pensando en que ya hace veintiún años que soy tu madre y en el gran privilegio que ha sido. Sentimos que eras alguien especial y te dimos el nombre de Mary. Queríamos que te mantuvieras pura y bondadosa, como lo implica el nombre.

“Tu tía, que lleva tu mismo nombre, te quería muchísimo y te hizo un hermoso vestidito para tu bendición, [confeccionado] casi todo a mano, para que recibieras tu nombre en la primera reunión sacramental después de que te llevamos a casa, siendo todavía tan pequeñita”.

Al leer esa carta, me di cuenta de que la esperanza más grande de mi madre era que permaneciera pura y virtuosa. La virtud “es un modelo de pensamiento y conducta que se basa en normas morales elevadas” (Predicad Mi Evangelio, 2004, pág. 125). Ella sabía que la vida sería difícil y que el permanecer virtuosa sería un desafío de toda la vida. Ella deseaba que tuviera las bendiciones del Evangelio para guiarme y ayudarme a cumplir con esa meta.

Ustedes, mis queridas jovencitas, ya han tomado muchas buenas decisiones. Ahora deben establecer modelos de virtud que las mantendrán en este sendero durante toda su vida. Busquen “ejemplo[s] de los creyentes” (1 Timoteo 4:12) que puedan estar a su lado para apoyarlas y ayudarlas a llevar una vida de virtud.

¿Por qué el ser virtuosas es tan importante no sólo para nuestros padres terrenales, sino también para nuestro Padre Celestial? La virtud trae paz, fortaleza de carácter y felicidad en esta vida. Nuestro Padre Celestial sabía que nos enfrentaríamos con muchas decisiones y desafíos y que un vivir virtuoso nos prepararía para triunfar.

Para muchas de ustedes, el día que fueron bendecidas fue su primer paso en el trayecto de una vida virtuosa. Su decisión de ser bautizadas, confirmadas y de recibir el don del Espíritu Santo y sus esfuerzos por participar dignamente de la Santa Cena y renovar su convenio bautismal todas las semanas son pasos cruciales hacia adelante para llevar una vida de virtud. Seguir leyendo

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Sé ejemplo de los creyentes

Conferencia General 28 de marzo 2009
Sé ejemplo de los creyentes
Ann M. Dibb
Segunda Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes

Las cosas pequeñas y sencillas que ustedes elijan hacer hoy se magnificarán para convertirse mañana en grandes y gloriosas bendiciones.

Me siento feliz por estar aquí con ustedes esta noche, y humilde al pensar en lo bueno de ustedes. Son un panorama hermoso e inspirador. Espero que mi madre, o la hermana Dalton, me firme la experiencia número cuatro del valor “Conocimiento” de mi Progreso Personal, pues este discurso ciertamente debería cumplir el requisito de presentar un discurso de cinco minutos sobre un principio del Evangelio (véase El Progreso Personal para las Mujeres Jóvenes, folleto, 2001, pág. 35).

Amo a las jovencitas, amo a mis jovencitas y amo el programa de las Mujeres Jóvenes. Cuando era una jovencita, el programa de las Mujeres Jóvenes y la Mutual eran parte importante de mi vida. Amaba a mis amigas, las lecciones que se nos enseñaban, las conferencias de la juventud y los campamentos.

Mis líderes me amaban y me enseñaron las verdades del Evangelio; fueron un segundo testigo de los principios del Evangelio que mis padres habían enseñado. Mis padres, mi obispo y mis queridas líderes de las Mujeres Jóvenes fueron “ejemplo[s] de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Timoteo 4:12); y yo seguí su ejemplo con gusto porque anhelaba ser como ellos.

Al pensar en la época en que era una mujer joven, reconozco que no comprendía la magnitud de lo que sucedía en mi vida; no me daba cuenta de que el participar en todas las actividades de la Iglesia me estaba ayudando a establecer un modelo y un compromiso para toda la vida de seguir las enseñanzas de Jesucristo. No comprendía que se me estaba preparando para mi vida futura como persona, esposa, madre y líder. No comprendía que al tratar de escoger lo correcto, estaba honrando mis convenios bautismales, ejerciendo la fe, aumentando mi virtud y preparándome para ir al templo. En aquel entonces no reconocía todo ello, pero, a pasos muy pequeños y graduales, me estaba convirtiendo en creyente y en un “ejemplo de los creyentes”.

Aunque no teníamos el programa del Progreso Personal como ustedes lo tienen hoy día, teníamos uno muy similar. Incluía oportunidades de aprender, practicar e informar nuestro progreso al vivir los principios del Evangelio. Hace poco tuve la ocasión de reflexionar en mis experiencias cuando mi amiga y ejemplo, la hermana Kathy Andersen, me mostró su “Manual de Abejitas”. Me gustaría compartir algunos puntos del usado libro de la hermana Andersen.

En cuanto al tema “Ama la verdad”, se les indicaba lo siguiente:

“1. Sé amable y participa en las clases.

“2. Sé honrada en todos tus actos. Es importante adquirir conocimiento en la escuela, pero también es importante ser honrada e íntegra y no hacer trampas. Si “pasas” las clases, pero “no pasas” el examen de carácter por ser deshonesta, entonces no has aprendido el significado de la verdad.

“3. No digas chismes ni los escuches durante este mes. Procura hacer de ello un hábito el resto de tu vida.

“4. Reconoce las muchas cosas buenas de los integrantes de tu familia y de tus amigos y diles de forma sincera y genuina lo que has observado. Ellos te apreciarán más. Recuerda, no “adules ni trates de halagar” (Beehive Girl’s Handbook [Manual de Abejitas], 1967–1968, pág. 59). Seguir leyendo

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Traer almas a Mí

Conferencia General 5 de abril de 2009
“Traer almas a Mí”
Élder L. Tom Perry
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Los misioneros… continuarán haciendo lo mejor que puedan, pero ¿no sería mejor si ustedes y yo nos pusiéramos a la altura de las circunstancias e hiciéramos la labor que legítimamente nos corresponde?

Hace muchos años, estaba manejando por la Avenida Universidad, cerca de la desembocadura del cañón Provo, cuando noté que más adelante el tráfico empezó a reducir la velocidad. Más allá había automóviles de la policía con luces intermitentes, un camión de bomberos y varios vehículos de búsqueda y rescate, todos amontonados bloqueando la vía hacia el cañón Provo. Al principio me sentí molesto porque parecía que estaríamos allí por un largo rato. También tenía curiosidad, ¿cuál sería la causa de tanta conmoción?

Al mirar despeñadero arriba, del lado oriental de la entrada del cañón Provo, vi a algunos hombres escalando. Supuse que se trataba del personal de búsqueda y rescate; ¿hacia dónde se dirigirían? Luego logré verlo. De algún modo, una oveja hembra, que estaba perdida, había subido unos 10 metros por el desfiladero y estaba atrapada allí. No era una cabra ni una oveja montés, sino una oveja blanca separada del rebaño de un pastor.

Puesto que no tenía nada más que hacer, examiné el despeñadero en busca del camino por donde había ascendido la oveja y les aseguro que, por más que lo intentaba, no lograba explicarme cómo había llegado hasta allá. No obstante, allá estaba, y todo el alboroto que había en frente de mí se centraba en su rescate. Hasta el día de hoy no sé el desenlace del asunto, pues la policía halló la manera de permitir que el tráfico circulara nuevamente.

Al alejarme manejando, algo me inquietaba. Aunque el personal de búsqueda y rescate de seguro tenía buenas intenciones, ¿cómo reaccionaría la oveja ante ellos? Estoy seguro de que tenían un plan para calmarla, quizás le dispararían un dardo tranquilizador a corta distancia para capturarla antes de que cayera. Desconociendo el plan, pero conociendo un poco sobre cómo reaccionan los animales al ser arrinconados por extraños, me preocupaba la viabilidad de su labor de rescate. Y, luego me pregunté: ¿Dónde estaba el pastor? Ciertamente, el tendría más probabilidades de acercarse a la oveja sin asustarla. La voz tranquilizadora y la mano de ayuda del pastor eran lo que la situación requería, pero él parecía estar ausente en este momento de necesidad.

Como miembros de la Iglesia, a veces parecemos estar ausentes en momentos de necesidad, tal como este pastor. Consideren por un momento lo que el presidente Monson dijo a los recién llamados presidentes de misión en el Seminario para Nuevos Presidentes de Misión de 2008. Él dijo: “No hay sustituto para un programa proselitista basado en el trabajo con los miembros. El tocar puertas no lo sustituirá. Las preguntas de oro no lo sustituirán. Un programa basado en el trabajo con los miembros es la clave del éxito y funciona dondequiera que lo probamos” (“Motivating Missionaries”, 22 de junio de 2008, pág. 8).

Visto desde esa perspectiva, los miembros misioneros, tanto ustedes como yo, somos los pastores, y los misioneros de tiempo completo, al igual que el equipo de búsqueda y rescate, están intentado hacer algo casi imposible de lograr por sí solos. Ciertamente, los misioneros de tiempo completo continuarán haciendo lo mejor que puedan, pero ¿no sería mejor si ustedes y yo nos pusiéramos a la altura de las circunstancias e hiciéramos la labor que legítimamente nos corresponde y para la cual estamos mejor facultados al conocer en persona a quienes están perdidos y necesitan ser rescatados? Seguir leyendo

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Sus siervos, los profetas

Conferencia General 5 de abril de 2009
Sus siervos, los profetas
Élder F. Michael Watson
De los Setenta

El Maestro nos habla por medio de Su profeta.

Durante los años de mi juventud en la pequeña comunidad agrícola de Spring City, Utah, todos los veranos se presentaba la oportunidad de estar por dos semanas a solas con mi padre pastoreando las ovejas en la cordillera Manti-LaSal. En una ocasión, la niebla era tan densa en ese lugar que la persona ni siquiera podía apreciar la mano extendida frente a ella, y la noche estaba cayendo.

Mi padre sugirió que regresara al campamento y que él me seguiría después. Recuerdo que le pregunté cómo podría encontrar el campamento en medio de la niebla. Mi padre simplemente me dijo: “Deja las riendas al caballo y él te llevará al campamento”. Siguiendo su consejo, aflojé las riendas y alenté al caballo, que emprendió el camino. A veces alguna rama que colgaba baja me golpeaba en el rostro o sentía que mi pierna rozaba un árbol; pero, finalmente, el caballo se detuvo completamente y pude distinguir el entorno del campamento.

A veces, quizás no siempre podamos encontrar de inmediato el camino deseado delante de nosotros, pero la sabiduría de quienes nos han precedido, junto a la sabiduría de los que todavía permanecen con nosotros, será nuestra guía si tan sólo les damos las riendas.

“¿Entiendes lo que lees?”, fue la pregunta que le hizo Felipe a alguien que escudriñaba diligentemente las Escrituras.

La respuesta le llegó en forma de pregunta: “¿Y cómo podré si alguno no me enseñare?” 1.

La respuesta a estas inquisitivas preguntas proviene de los profetas de épocas pasadas, quienes enseñaron la importancia de escudriñar las Escrituras, junto con una promesa: “…el que atesore mi palabra no será engañado 2.

En cada dispensación, el Señor ha dado mandamientos a los profetas “de proclamar estas cosas al mundo; y todo esto para que se cumpliese” 3 . La Sección 1 de Doctrina y Convenios constituye el prefacio del Señor para las doctrinas, los convenios y los mandamientos que se han dado en ésta, la dispensación del cumplimiento de los tiempos; son dignos de mencionar los versículos 37–38.

“Escudriñad estos mandamientos porque son verdaderos y fidedignos, y las profecías y promesas que contienen se cumplirán todas.

“Lo que yo, el Señor, he dicho, yo lo he dicho, y no me disculpo; y aunque pasaren los cielos y la tierra, mi palabra no pasará, sino que toda será cumplida, sea por mi propia voz o por la voz de mis siervos, es lo mismo”.

Es de la voz de siete de los siervos del Señor de la que hablaré hoy. En marzo de 1970 dio comienzo el añorado deseo de prestar servicio a los siervos escogidos del Señor. Desde el principio, se presentaron oportunidades de estar en contacto directo con las Autoridades del Quórum de los Doce, y más adelante con miembros de la Primera Presidencia durante casi cuatro décadas. Fue durante esos años de formación que se empezó a ensanchar en mi corazón el entendimiento de que “mi palabra no pasará, sino que toda será cumplida”.

En conferencias generales de antaño se han dado importantes amonestaciones, las que seguirán exponiendo aquellos que tienen la sabiduría de épocas pasadas, lo que hace que nuestros corazones ardan dentro de nosotros. Al seguir ese consejo debemos ser fuertes, nunca debemos darnos por vencidos y debemos perseverar hasta el fin.

Permítanme compartir la guía y el consejo impartido por estos profetas de Dios. Por ejemplo, fue el presidente Joseph Fielding Smith el que a menudo citaba las palabras registradas en el capítulo 24 de Salmos, donde se hace una pregunta, se da una respuesta y se promete una bendición a los fieles. Seguir leyendo

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Dones para ayudarnos a dirigir nuestra vida

Conferencia General 5 de abrilde 2009
Dones para ayudarnos a dirigir nuestra vida
Élder José A. Teixeira
De los Setenta

No se nos ha dejado solos. Dios nos ha dado los dones necesarios para ayudarnos durante nuestra experiencia terrenal.

Nuestro Padre Celestial tiene un plan para nosotros, un plan de felicidad; ese plan se centra en el Señor Jesucristo y en Su expiación. El seguir las enseñanzas y el ejemplo de Jesucristo nos permitirá comprender más plenamente nuestra función en ese plan.

En el primer capítulo del libro de Moisés encontramos una breve pero valiosísima declaración que describe de forma sencilla la obra de Dios, la cual es: “Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” 1.

En la jornada de la vida, para regresar con nuestro Padre y ser más como Él, no se nos ha dejado solos. Dios nos ha dado los dones necesarios para ayudarnos durante nuestra experiencia terrenal.

Los dones espirituales son bendiciones o habilidades que Dios da a Sus hijos 2. Estos dones nos ayudan a dirigir nuestra vida hacia metas eternas.

Qué consuelo es saber que existe un plan que nos proporciona un Salvador, Jesucristo 3. Su sacrificio hace posible que todos los que obedezcan las enseñanzas de Su evangelio sean perdonados por medio del arrepentimiento. Qué consuelo es saber que tenemos ayuda disponible para lograr el éxito en nuestros intentos por regresar a vivir con nuestro Padre Celestial. Qué consuelo es saber que no navegamos solos en aguas desconocidas en medio de las experiencias de la vida.

Un don que nos ayudará a dirigir nuestra vida es el don que nos ha dado a todos: la capacidad y el poder de escoger.

Nuestras decisiones tienen el poder innegable de transformar nuestra vida. Este don es una extraordinaria señal de confianza en nosotros y, al mismo tiempo, una preciada responsabilidad personal de usarlo sabiamente. Nuestro Padre Celestial respeta nuestra libertad de elegir y nunca nos forzará a hacer lo correcto, ni impedirá que tomemos decisiones mediocres 4. Sin embargo, su invitación en cuanto a este importante y vital don se expresa claramente en las Escrituras: “Mas he aquí, lo que es de Dios invita e induce a hacer lo bueno continuamente; de manera que todo aquello que invita e induce a hacer lo bueno, y a amar a Dios y a servirle, es inspirado por Dios” 5.

Las palabras “hacer lo bueno continuamente” describen bien la norma que debemos aplicar cuando utilizamos nuestro albedrío.

Las decisiones conllevan consecuencias, las cuales pueden o no manifestarse inmediatamente después de haberlas tomado. El utilizar los dones espirituales que se nos han dado es primordial a fin de mantenernos en el camino correcto. Seguir leyendo

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Hogares sagrados, templos sagrados

Conferencia General 5 de abril de 2009
Hogares sagrados, templos sagrados
Élder Gary E. Stevenson
De los Setenta

El comprender la naturaleza eterna del templo los acercará a su familia, y el comprender la naturaleza eterna de la familia los acercará al templo.

¡Qué maravillosa conferencia hemos tenido! ¡Qué bendecidos somos por escuchar el consejo de la Primera Presidencia y del Quórum de los Doce a quienes sostenemos como profetas, videntes y reveladores!

Recuerdo una tibia y soleada tarde cuando la primavera intentaba abrirse paso en medio del largo invierno de Cache Valley, Utah. Mi padre, que los sábados siempre estaba ocupado con tareas para sus nietos, pasó por nuestra casa para invitarnos a “ir a dar una vuelta”. Siempre felices de pasear en la camioneta del abuelo, nuestros hijos de cuatro y seis años se apresuraron a subirse al asiento plegable de atrás y yo me senté con él al frente. Nuestro paseo nos llevó por las calles del centro de Logan que circundan el Templo, situado en un lugar prominente sobre un cerro con gran hermosura en el centro de la ciudad. Al alejarnos de la ciudad pasamos de las agitadas calles pavimentadas a caminos de tierra poco transitados donde cruzamos puentes viejos y serpenteamos a través de árboles hasta bien dentro del área rural; estábamos alejados del tránsito y completamente solos.

Al darse cuenta de que sus nietos estaban en un lugar donde nunca habían estado antes, mi padre detuvo la camioneta y les preguntó mientras ellos con los ojos muy abiertos miraban el valle por el parabrisas: “¿Creen que estamos perdidos?”. Luego de un momento de evaluación silenciosa vino la profunda respuesta de un niño pequeño: “Mira”, dijo señalando con el dedo, “Abuelo, nunca estás perdido si puedes ver el templo”. Nos dimos vuelta y nuestros ojos, enfocándose junto a los de él, vieron el sol reflejarse en las agujas del Templo de Logan, al otro lado del valle.

Nunca están perdidos si pueden ver el templo. El templo será una guía para ustedes y su familia en un mundo lleno de caos; es un poste indicador eterno que los ayudará a no perderse en el “vapor de tinieblas” 1; es la “Casa del Señor”2 , un lugar en donde se hacen convenios y se efectúan ordenanzas.

En el Libro de Mormón, el Rey Benjamín mandó a los santos de su época y lugar a que se reunieran “…cada hombre con la puerta de su tienda dando hacia el templo…” 3. Como miembros de la Iglesia, acabamos de recibir consejo de los profetas de la era moderna, consejo que, si seguimos, volverá las puertas de nuestro hogar más completamente hacia el templo.

La Primera Presidencia ha invitado “a los miembros adultos a que tengan una recomendación vigente para entrar en el templo y a que asistan al templo con más frecuencia” cuando el tiempo y las circunstancias lo permitan, e instó a los miembros a que “reemplacen algunas actividades recreativas por el servicio en el templo”. Además animaron “a los nuevos miembros y a la juventud de la Iglesia, a partir de los 12 años de edad, a que vivan dignos de ayudar en esta gran obra al servir como representantes para los bautismos y las confirmaciones”4. Incluso se ha instado a los niños pequeños a visitar los terrenos del templo y a tocar el templo 5 . El presidente Thomas S. Monson aconsejó en una ocasión: “Al tocar nosotros el templo, el templo nos tocará a nosotros” 6. Seguir leyendo

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Honorablemente [retener] un nombre y una posición

Conferencia General 5 de abril de 2009
Honorablemente [retener] un nombre y una posición
Élder David A. Bednar
Del Quórum de los Doce Apóstoles

El fuego del convenio arderá en el corazón de cada miembro fiel de esta Iglesia que adore y que honorablemente retenga un nombre y una posición en la santa casa del Señor.

Poco tiempo después de que se me llamara a prestar servicio como presidente de estaca en 1987, hablé con un buen amigo quien hacía poco había sido relevado como presidente de estaca. Durante nuestra conversación, le pregunté si había algo que él podría enseñarme en cuanto a llegar a ser un presidente de estaca eficiente. Su respuesta a mi pregunta ejerció un profundo impacto en mi servicio y ministerio subsecuentes.

Mi amigo indicó que se le había llamado a prestar servicio como obrero del templo poco después de su relevo. Luego agregó: “Desearía haber sido obrero del templo antes de ser presidente de estaca. Si hubiera prestado servicio en el templo antes de mi llamamiento como presidente de estaca, habría sido un presidente de estaca muy diferente”.

Su respuesta me dejó intrigado y le pedí que se explicara un poco más; él respondió: “Creo que fui un buen presidente de estaca. Los programas de nuestra estaca funcionaban bien, y nuestras estadísticas estaban por encima del promedio; pero el prestar servicio en el templo ha expandido mi visión. Si se me llamara hoy a servir como presidente de estaca, mi enfoque principal sería la dignidad para recibir y honrar los convenios del templo. Me esforzaría para lograr que la preparación para el templo fuera el centro de todo lo que hiciéramos; haría mejor mi labor de conducir a los santos a la Casa del Señor”.

Esa breve conversación con mi amigo me ayudó a enseñar y testificar incesantemente como presidente de estaca sobre la importancia eterna de las ordenanzas del templo, los convenios del templo y la adoración en el templo. El mayor deseo de nuestra presidencia era que cada miembro de la estaca recibiera las bendiciones del templo para ser digno de una recomendación para el templo y de usarla con frecuencia.

Mi mensaje de hoy está enfocado en las bendiciones del templo y ruego que el Espíritu Santo ilumine nuestras mentes, penetre el corazón y testifique de la verdad a cada uno de nosotros.

El objeto divino del recogimiento
El profeta José Smith declaró que, en toda época, el objeto divino del recogimiento del pueblo de Dios es el de edificar templos a fin de que Sus hijos reciban las ordenanzas más elevadas y de ese modo obtener la vida eterna (véase Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, curso de estudio del Sacerdocio de Melquisedec y de la Sociedad de Socorro, 2007, págs. 443–446). En el Libro de Mormón se recalca esta relación esencial que existe entre el principio del recogimiento y la edificación de templos:

“He aquí, el campo estaba maduro, y benditos sois vosotros, porque metisteis la hoz y segasteis con vuestra fuerza; sí, trabajasteis todo el día; ¡y he aquí el número de vuestras gavillas! Y serán recogidas en los graneros para que no se desperdicien” (Alma 26:5).

Las gavillas de esta analogía representan a los miembros de la Iglesia recién bautizados; los graneros son los santos templos. El élder Neal A. Maxwell explicó: “Es evidente que, al bautizar, nuestra visión debe ir más allá de la pila bautismal y debe proyectarse hacia el santo templo. El gran granero en el que debe recogerse a estas gavillas es el santo templo” (en John L. Hart, “Make Calling Focus of Your Mission”, Church News, 17 de septiembre de 1994, pág. 4). Dicha instrucción aclara y subraya la importancia de las ordenanzas y de los convenios sagrados del templo, a fin de que las gavillas no se desperdicien. Seguir leyendo

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