Conferencia General 5 de abril de 2009
El servicio desinteresado
Élder Dallin H. Oaks
Quórum de los Doce Apóstoles
Nuestro Salvador nos enseña a seguirlo al hacer los sacrificios necesarios para perder nuestra vida en el servicio desinteresado a los demás.
Nuestro Salvador se entregó al servicio desinteresado. Él enseñó que cada uno de nosotros debe seguirle al desechar los intereses egoístas a fin de servir a los demás.
“Si alguno quiere venir en pos de mí [dijo Él], niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.
“Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá: y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará” (Mateo 16:24–25; véase también Mateo 10:39).
I.
Como grupo, los Santos de los Últimos Días son singulares al seguir esa enseñanza, singulares en la medida que prestan servicio desinteresado.
Todos los años, miles de Santos de los Últimos Días envían sus solicitudes para prestar servicio misional de tiempo completo. Los misioneros mayores dejan de lado las diversiones de la jubilación, las comodidades del hogar y la cariñosa compañía de hijos y nietos para servir a personas extrañas en lugares desconocidos. Los jóvenes y las jovencitas postergan su empleo y educación académica y se ponen a disposición para servir en dondequiera que se les asigne. Cientos de miles de miembros fieles participan en el servicio desinteresado que llamamos “la obra del templo”, cuya única motivación es el amor y el servicio a nuestro prójimo, tanto los vivos como los que han muerto. Ese mismo servicio desinteresado lo prestan infinidad de oficiales y maestros en nuestras estacas, barrios y ramas. Ninguno de ellos recibe compensación en términos materiales, pero están dispuestos a prestar servicio cristiano a sus semejantes.
No es fácil renunciar a las prioridades y a los deseos personales. Hace muchos años, un misionero recién llegado a Inglaterra se sentía frustrado y desanimado. Escribió a casa para decir que sentía que estaba perdiendo el tiempo. Su sabio padre le respondió: “Olvídate de ti mismo y ponte a trabajar” 1. El joven élder Gordon B. Hinckley se arrodilló e hizo convenio con el Señor de que intentaría olvidarse de sí mismo y que se consagraría al servicio al Señor 2. Años más tarde, siendo ya un siervo maduro del Señor, el élder Hinckley diría: “Aquél que sólo se preocupa de sí mismo se marchita y muere, mientras que el que se olvida de sí en el servicio a los demás progresa y florece en esta vida como en la eternidad” 3.
El pasado mes de enero, el presidente Thomas S. Monson enseñó a los alumnos de la Universidad Brigham Young que sus días de estudio deben incluir “lo que concierne a la preparación espiritual”, incluso el servicio a los demás. “Una actitud de amor” caracterizó la misión del Maestro, dijo el presidente Monson. “Él dio la vista al ciego, piernas al cojo y vida a los muertos. Quizá cuando estemos frente a nuestro Hacedor no nos preguntará: ‘¿Cuántos puestos tuviste?’ sino, ‘¿A cuántas personas ayudaste?’. En realidad”, concluyó el presidente Monson, “nunca podrán amar al Señor hasta que le sirvan mediante el servicio a Su pueblo” 4. Seguir leyendo

























