El servicio desinteresado

Conferencia General 5 de abril de 2009
El servicio desinteresado
Élder Dallin H. Oaks
Quórum de los Doce Apóstoles

Nuestro Salvador nos enseña a seguirlo al hacer los sacrificios necesarios para perder nuestra vida en el servicio desinteresado a los demás.

Nuestro Salvador se entregó al servicio desinteresado. Él enseñó que cada uno de nosotros debe seguirle al desechar los intereses egoístas a fin de servir a los demás.

“Si alguno quiere venir en pos de mí [dijo Él], niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.

“Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá: y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará” (Mateo 16:24–25; véase también Mateo 10:39).

I.

Como grupo, los Santos de los Últimos Días son singulares al seguir esa enseñanza, singulares en la medida que prestan servicio desinteresado.

Todos los años, miles de Santos de los Últimos Días envían sus solicitudes para prestar servicio misional de tiempo completo. Los misioneros mayores dejan de lado las diversiones de la jubilación, las comodidades del hogar y la cariñosa compañía de hijos y nietos para servir a personas extrañas en lugares desconocidos. Los jóvenes y las jovencitas postergan su empleo y educación académica y se ponen a disposición para servir en dondequiera que se les asigne. Cientos de miles de miembros fieles participan en el servicio desinteresado que llamamos “la obra del templo”, cuya única motivación es el amor y el servicio a nuestro prójimo, tanto los vivos como los que han muerto. Ese mismo servicio desinteresado lo prestan infinidad de oficiales y maestros en nuestras estacas, barrios y ramas. Ninguno de ellos recibe compensación en términos materiales, pero están dispuestos a prestar servicio cristiano a sus semejantes.

No es fácil renunciar a las prioridades y a los deseos personales. Hace muchos años, un misionero recién llegado a Inglaterra se sentía frustrado y desanimado. Escribió a casa para decir que sentía que estaba perdiendo el tiempo. Su sabio padre le respondió: “Olvídate de ti mismo y ponte a trabajar” 1. El joven élder Gordon B. Hinckley se arrodilló e hizo convenio con el Señor de que intentaría olvidarse de sí mismo y que se consagraría al servicio al Señor 2. Años más tarde, siendo ya un siervo maduro del Señor, el élder Hinckley diría: “Aquél que sólo se preocupa de sí mismo se marchita y muere, mientras que el que se olvida de sí en el servicio a los demás progresa y florece en esta vida como en la eternidad” 3.

El pasado mes de enero, el presidente Thomas S. Monson enseñó a los alumnos de la Universidad Brigham Young que sus días de estudio deben incluir “lo que concierne a la preparación espiritual”, incluso el servicio a los demás. “Una actitud de amor” caracterizó la misión del Maestro, dijo el presidente Monson. “Él dio la vista al ciego, piernas al cojo y vida a los muertos. Quizá cuando estemos frente a nuestro Hacedor no nos preguntará: ‘¿Cuántos puestos tuviste?’ sino, ‘¿A cuántas personas ayudaste?’. En realidad”, concluyó el presidente Monson, “nunca podrán amar al Señor hasta que le sirvan mediante el servicio a Su pueblo” 4. Seguir leyendo

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Sed de buen ánimo

Conferencia General Abril 2009

Sed de buen ánimo

Thomas S. Monson
Presidente Thomas S. Monson

Sean de buen ánimo. El futuro es tan brillante como su fe.



Mis queridos hermanos y hermanas, les expreso mi amor. Me siento humilde por la responsabilidad de dirigirles la palabra, y sin embargo, estoy agradecido por la oportunidad de hacerlo.

Desde que nos reunimos la última vez, hace seis meses en la conferencia general, ha habido señales constantes de que las circunstancias mundiales no son necesariamente lo que quisiéramos. La economía global, que hace seis meses parecía estar declinando, parece haberse ido a pique, y durante muchas semanas el panorama económico ha sido un tanto sombrío; además, las bases morales de la sociedad siguen decayendo, mientras que los que tratan de proteger ese fundamento a menudo son ridiculizados y a veces perseguidos. Y las guerras, los desastres naturales y las desgracias personales siguen ocurriendo.

Sería fácil desanimarnos y perder la fe en cuanto al futuro —o incluso tener temor de lo que pueda venir— si sólo nos concentráramos en lo que está mal en el mundo y en nuestra vida. Sin embargo, hoy quisiera que nuestros pensamientos y nuestras actitudes dejen de lado los problemas que nos rodean y se concentren en las bendiciones que tenemos como miembros de la Iglesia. El apóstol Pablo declaró: “…no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” 1.

Ninguno de nosotros pasa por esta vida sin problemas ni desafíos, y a veces tragedias e infortunios. Después de todo, en gran parte estamos aquí para aprender y progresar como resultado de esos acontecimientos. Sabemos que habrá ocasiones en las que sufriremos, lloraremos y estaremos tristes; no obstante, se nos ha dicho: “Adán cayó para que los hombres existiesen; y existen los hombres para que tengan gozo” 2.

¿Cómo podemos tener gozo en la vida a pesar de todo lo que enfrentemos? Cito otra vez de las Escrituras: “Sed de buen ánimo, pues, y no temáis, porque yo, el Señor, estoy con vosotros y os ampararé” 3.

La historia de la Iglesia en ésta, la dispensación del cumplimiento de los tiempos, está repleta de experiencias de los que han luchado pero que han permanecido firmes y con buen ánimo al hacer del evangelio de Jesucristo el punto central de su vida. Esa actitud es lo que nos ayudará a superar lo que se interponga en nuestro camino. No eliminará nuestros problemas, pero nos permitirá enfrentar los desafíos, con confianza, y salir victoriosos.

Son muchos los ejemplos de personas que han enfrentado circunstancias difíciles, pero que han perseverado y triunfado a raíz de que su fe en el Evangelio y en el Salvador les ha dado la fuerza que necesitaban. Esta mañana me gustaría compartir con ustedes tres de estos ejemplos.

Primero, de mi propia familia, menciono una experiencia emotiva que siempre me ha inspirado.

Mis bisabuelos maternos, Gibson y Cecelia Sharp Condie, vivían en Clackmannan, Escocia. Sus familias trabajaban en las minas de carbón. Ellos estaban en paz con el mundo, rodeados de parientes y amigos, y vivían en casas bastante cómodas en una tierra que amaban. Después escucharon el mensaje de los misioneros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y se convirtieron en lo más profundo de su alma. Escucharon el llamado de congregarse en Sión, y supieron que debían responder a él.

Alrededor de 1848, vendieron sus posesiones y se prepararon para la peligrosa travesía a lo largo del gran Océano Atlántico. Con cinco hijos pequeños, abordaron un barco, llevando todas sus posesiones en un pequeño baúl. Recorrieron cuatro mil ochocientos kilómetros durante ocho largas y pesadas semanas sobre un mar traicionero, alertas y anhelosos, con comida de mala calidad, agua insalubre y ninguna otra ayuda más allá de lo largo y lo ancho de aquella pequeña embarcación. Seguir leyendo

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Si fieles le somos

Conferencia General 5 de abril de 2009
Si fieles le somos
Barbara Thompson
Segunda Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro

Procuremos aumentar nuestra fe y rectitud personal, fortalecer a nuestra familia y a nuestro hogar, y servir al Señor y a Sus hijos.

Hace muchos años, mientras servía en la mesa general de la Sociedad de Socorro, se me asignó instruir y capacitar a líderes del sacerdocio y de la Sociedad de Socorro. Llegamos justo a tiempo para comenzar la reunión, después de haber estado toda la mañana enseñando en otra ciudad.

Yo era la primera oradora, justo después del himno y de la oración inicial. El primer himno era “El fin se acerca”.

El título no me resultaba familiar y me pareció raro que éste fuera el primer himno. ¡Yo ni siquiera había dicho una palabra y ya estaban todos cantando “el fin se acerca”!

Al comenzar a cantar, enseguida me di cuenta de que el himno se refiere al breve tiempo que resta para publicar el mensaje del Evangelio y traer almas a Cristo. Las palabras de la cuarta estrofa permanecieron en mi mente toda la noche y por mucho tiempo, y dice así:

Sed firmes; probados seréis, pues, hermanos.
Si ganan los justos, Satanás perderá,
Mas Cristo dará a los justos amparo;
Si fieles le somos, Él nos salvará.
Si fieles le somos, Él nos salvará. 1

El mensaje de esa estrofa es que, pase lo que pase en esta vida, Jesucristo tiene el poder para salvar. Por medio de Su sacrificio divino, Él ha preparado el camino para que alcancemos la vida eterna. En verdad Su obra es “llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” 2 . Él nos ha pedido que nos ayudemos unos a otros para que hagamos las cosas que nos llevarán a la vida eterna.

El mes de septiembre pasado, en la Reunión General de la Sociedad de Socorro, la hermana Beck esbozó tres cosas que nos ayudan con nuestra meta de lograr la vida eterna; ellas son:

1. “Aumentar la fe y la rectitud personales”.
2. “Fortalecer a las familias y los hogares”.
3. “Servir al Señor y a Sus hijos” 3 .

Lo cual también significa buscar y cuidar al pobre y al necesitado.
Sabemos que Satanás va a tentarnos y a probarnos al tratar de hacer estas cosas, pero el Señor ha prometido que Él nos fortalecerá y nos ayudará 4.

Aumentar la fe y la rectitud personales

De pequeña, mis padres me enseñaron que mi Padre Celestial y Jesucristo me amaban. Me enseñaron que “soy una hija de Dios” 5. No recuerdo no haber sabido esto. Mis padres me enseñaron que Jesucristo es nuestro Salvador y que sólo mediante Él podremos ser salvos 6. Seguir leyendo

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Sigamos adelante con nuestra vida

Conferencia General 5 de abril de 2009
Sigamos adelante con nuestra vida
Élder Steven E. Snow
De la Presidencia de los Setenta

Al escuchar a los profetas, guardar una perspectiva eterna, tener fe y ser de buen ánimo podemos afrontar los problemas inesperados.

Durante los primeros años de su infancia, nuestra sobrina Lachelle pasaba las mañanas con su abuela. Las dos compartían un vínculo especial como consecuencia de esas horas que pasaban juntas; pero pronto Lachelle cumplió cinco años y comenzó a prepararse para ir a la escuela. La última mañana que pasaron juntas, la abuela Squire le leyó un cuento y la sentó en su gran mecedora. “Nos hemos divertido tanto juntas, Lachelle”, le dijo, “pero ahora debes comenzar la escuela. Te quiero tanto, ¿qué voy a hacer sin ti?”

Con una sabiduría que sobrepasaba sus cinco años, Lachelle miró a su abuela con sus grandes ojos negros y le dijo: “Abuela, yo también te quiero, pero es hora de que siga adelante con mi vida”.

Ése es un buen consejo para todos nosotros, que también debemos “seguir adelante con nuestra vida”. La mayoría de nosotros no buscamos ni recibimos con entusiasmo los grandes cambios, pero éstos son una parte importante de las experiencias que pasamos en ella.

Muchos de los cambios se producen naturalmente mientras avanzamos en nuestra jornada. Nuestra vida cambia a medida que pasamos de la infancia a la juventud y de ésta a la vida adulta y finalmente a la vejez. Los estudios, la misión, el matrimonio y la jubilación son ejemplos de esos hitos de cambios.

En muchas ocasiones, somos renuentes de pasar a la siguiente etapa y comenzar con el nuevo desafío. Quizás estemos muy cómodos en donde estamos, sintamos temor o no tengamos mucha fe. El regazo de la abuela es muchas veces más placentero que los problemas que podríamos afrontar en el jardín de infantes. La casa de nuestros padres, con una gran cantidad de video juegos, podría ser más atrayente que la universidad, el matrimonio o una carrera profesional.

¿Cómo podemos entonces prepararnos lo mejor posible para los problemas que inevitablemente afrontaremos a medida que avanzamos en la vida?

Primero, seguir a los profetas; escuchar y acatar el consejo de las Autoridades Generales. Los profetas muchas veces levantan una voz de amonestación, pero a la vez proporcionan consejo firme y práctico para ayudarnos a sobrepasar las tormentas de la vida. En la primera sección de Doctrina y Convenios, el Señor nos recuerda que “sea por mi propia voz o por la voz de mis siervos, es lo mismo” (D. y C. 1:38). Los profetas nos ayudan a enfrentar los cambios y los desafíos que afrontamos constantemente. La canción popular de la Primaria, “Sigue al Profeta” nos recuerda ese importante principio: “Mas si por la senda recta hemos de andar, a nuestros profetas hemos de escuchar” (Canciones para los niños, pág. 58).

Segundo, mantener una perspectiva eterna. Comprender que el cambio y los problemas son parte del plan de Dios. En forma deliberada, esta existencia terrenal es un tiempo de prueba o un tiempo “para ver si harán todas las cosas que el Señor su Dios les mandare” (Abraham 3:25). Con el fin de probar la forma en que utilizamos el albedrío que Dios nos ha dado, pasamos por una serie de cambios, problemas, pruebas y tentaciones a medida que avanzamos en la vida. Sólo entonces, se nos prueba verdaderamente.

En 2 Nefi leemos: “…porque es preciso que haya una oposición en todas las cosas. Pues de otro modo… no se podría llevar a efecto la rectitud ni la iniquidad, ni tampoco la santidad ni la miseria, ni el bien ni el mal” (2 Nefi 2:11). Seguir leyendo

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Venid a Él

Conferencia General 5 de abril de 2009
Venid a Él
ÉLder Neil L. Andersen
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Por el poder del Espíritu Santo sé con claridad perfecta e indudable que Jesús es el Cristo, el Amado Hijo de Dios.

Mis queridos hermanos y hermanas de todo el mundo, me tiemblan las rodillas y mis emociones están a punto de desbordarse. Les expreso mi amor a ustedes, y les agradezco profundamente su voto de sostenimiento. En muchísimos aspectos me siento inadecuado y humilde.

Me resulta reconfortante saber que en el requisito para el santo apostolado en el que no hay flexibilidad alguna, el Señor me ha bendecido muchísimo. Por el poder del Espíritu Santo sé con claridad perfecta e indudable que Jesús es el Cristo, el Amado Hijo de Dios.

No hay persona que tenga más amor que el presidente Thomas S. Monson. Su calidez es como los rayos del sol al mediodía. Pero incluso así, al extenderme él este llamamiento sagrado, podrán imaginar ustedes la seriedad sobrecogedora que sentí cuando los ojos del profeta de Dios penetraron hasta lo más íntimo de mi alma. Felizmente también podrán imaginarse el amor que sentí de parte del Señor y de Sus Profetas cuando el presidente Monson me rodeó con esos brazos largos y amorosos. Lo amo, presidente Monson.

A todos los que me conocen, si alguna vez en presencia de ustedes he sido menos de lo que debí ser, les ruego que me perdonen y me tengan paciencia. Necesito mucho su fe y sus oraciones.

Sé que no soy lo que tengo que llegar a ser. Ruego tener la disposición y ser moldeable a las enseñanzas y correcciones del Señor. Me consuelan las palabras del presidente Monson que anoche en la sesión del sacerdocio dijo que el Señor fortalece la espalda para que soporte el peso que se coloque sobre ella.

Poco después de haber sido llamado como Autoridad General hace dieciséis años, en una conferencia de estaca en la que acompañé al presidente Boyd K. Packer, él dijo algo que no he olvidado. Al dirigirse a la congregación, dijo: “Yo sé quién soy”. Luego, después de una hacer una pausa, agregó: “No soy nadie”. Después se volvió hacia mí, que estaba sentado en el estrado detrás de él, y dijo: “Y usted, hermano Andersen, tampoco es nadie”. Entonces agregó estas palabras: “Si alguna vez lo olvida, el Señor se lo recordará enseguida, y no resultará nada agradable”.

Expreso enorme gratitud por ustedes, los miembros fieles de la Iglesia. Cuando era yo un joven misionero en Francia, sentí que mi testimonio florecía al ver a los miembros brindar plena devoción al evangelio de Jesucristo.

He vivido diez de los últimos veinte años fuera de Estados Unidos, cumpliendo asignaciones de la Iglesia. En tierras e idiomas diferentes a los míos, he visto el poder de Dios en acción en sus vidas. ¡Qué maravillosos son ustedes, la gran familia de creyentes en el evangelio restaurado de Jesucristo!

El Señor me ha bendecido de formas que nunca le podré pagar. Él me permitió contraer matrimonio con uno de sus ángeles aquí en la tierra. Mi esposa Kathy es mi luz y mi ejemplo, una preciada hija de Dios, llena de pureza e inocencia. No sería nada sin ella. Llevo gran parte de la vida tratando de llegar a ser lo que ella cree que soy. Seguir leyendo

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El camino del discípulo

Conferencia General 5 de abril de 2009
El camino del discípulo
Presidente Dieter F. Uchtdorf
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Ahora es el momento de adoptar el evangelio de Jesucristo como modo de vida, convertirnos en Sus discípulos y seguir Su camino.

Hoy es el día que el mundo cristiano tradicionalmente llama Domingo de Ramos. Recordarán que aquel domingo, aproximadamente dos mil años atrás, Jesucristo entró en la ciudad de Jerusalén durante la última semana de su vida terrenal 1. Cumplía así lo que en la antigüedad había profetizado Zacarías 2; entró cabalgando sobre un asno, y, al hacerlo, una gran multitud salió para recibir al Maestro y cubrieron Su camino con hojas de palma, ramas en flor e incluso sus propias vestiduras. A medida que Él se acercaba, ellos aclamaban: “Bendito el rey que viene en el nombre del Señor” 3 y “¡Hosanna al Hijo de David!” 4.

Quizá los discípulos pensaron que aquél era un momento decisivo: el momento en que la sociedad judía finalmente reconocería a Jesús como el tan esperado Mesías. Pero el Salvador entendía que muchos de los gritos de alabanzas y las aclamaciones serían transitorios. Él sabía que pronto ascendería al monte de los Olivos y allí, solo en Getsemaní, tomaría sobre sí los pecados del mundo.

El evangelio de Jesucristo
Lo adecuado es que durante la semana, desde el Domingo de Ramos hasta la mañana de la Pascua de Resurrección, dirijamos nuestros pensamientos hacia Jesucristo, la fuente de luz, vida y amor. Quizá las multitudes de Jerusalén lo hayan visto como un gran rey que los salvaría de la opresión política; pero, en realidad, Él nos dio mucho más que eso: nos dio Su Evangelio, una perla de incalculable precio, la gran clave de conocimiento que, si la comprendemos y usamos, nos abre la puerta hacia una vida de felicidad, paz y satisfacción.

El Evangelio son las buenas nuevas de Cristo. Es la revelación de que el Hijo de Dios vino a la tierra, llevó una vida perfecta, expió nuestros pecados y conquistó la muerte. Es el sendero de la salvación, el camino de la esperanza y el gozo y es lo que nos da la seguridad de que Dios tiene un plan de redención y felicidad para Sus hijos.

El Evangelio es el camino del discipulado. Podemos experimentar seguridad y gozo cuando andamos por ese camino, incluso en tiempos de peligro, tristeza e inseguridad.

El camino del mundo
Vivimos en una época en que muchos se preocupan por su sustento. Se preocupan por el futuro y dudan de su capacidad para resolver los desafíos con los que se enfrentan. Muchos han sufrido adversidades y tristeza en su propia vida; ansían saber cuál es el significado y el propósito de la vida.

Debido al gran interés en esos temas, el mundo no titubea al momento de ofrecer respuestas nuevas para cada problema que enfrentamos. La gente cambia de una nueva idea a la siguiente con la esperanza de encontrar algo que dé respuesta a las apremiantes preguntas de su alma. Asisten a seminarios y compran libros, discos compactos y otros productos. Se ven envueltos en el entusiasmo de buscar algo novedoso; pero, inevitablemente, la llama de cada nueva teoría se apaga y se reemplaza por otra solución “nueva y mejorada” que promete lograr lo que otras no lograron antes.

No digo que esas opciones del mundo no tengan elementos de verdad; muchas las tienen. Sin embargo, ninguna llega a producir el cambio duradero que buscamos para nuestra vida. Una vez que el entusiasmo se desvanece, queda el vacío mientras buscamos la próxima nueva idea para desentrañar los secretos de la felicidad.

En contraste, el evangelio de Jesucristo tiene las respuestas a todos nuestros problemas. El Evangelio no es un secreto; no es complicado ni esconde nada; puede abrir la puerta a la verdadera felicidad. No es ni la teoría ni la propuesta de nadie. No proviene de ningún hombre. Brota de las aguas puras y eternas del Creador del universo, quien conoce verdades que no podemos empezar a comprender. Y, con ese conocimiento, Él nos ha dado el Evangelio, un don divino, la fórmula suprema de la felicidad y del éxito.

¿Cómo llegamos a ser discípulos de Cristo?
Cuando escuchamos las trascendentales verdades del evangelio de Jesucristo, la esperanza y la fe comienzan a crecer en nuestro interior 5 . Cuanto más llenemos nuestro corazón y nuestra mente con el mensaje del Cristo resucitado, mayor es nuestro deseo de seguirlo y vivir Sus enseñanzas. Esto, a su vez, hace que nuestra fe crezca y permite que la luz de Cristo ilumine nuestro corazón. Al hacerlo, reconocemos las imperfecciones de nuestra vida y deseamos ser librados de las depresivas cargas del pecado, anhelamos ser libres de la culpa y esto nos motiva a arrepentirnos. Seguir leyendo

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Sé lo mejor que puedas ser

Conferencia General 4 de abril de 2009
Sé lo mejor que puedas ser
Presidente Thomas S. Monson

Cada uno debe esforzarse por aprender su deber y por llevarlo a cabo lo mejor posible.

Mis queridos hermanos del sacerdocio reunidos aquí en este repleto Centro de Conferencias y en lugares alrededor del mundo, me siento humilde por la responsabilidad que tengo de dirigirles la palabra. Apruebo los mensajes que ya se han presentado y le expreso a cada uno de ustedes mi sincero amor, así como mi agradecimiento por su fe y su devoción.

Hermanos, nuestras responsabilidades como poseedores del sacerdocio son sumamente importantes, tal como se explica en Doctrina y Convenios: “El poder y la autoridad del sacerdocio mayor, o sea, el de Melquisedec, consiste en tener las llaves de todas las bendiciones espirituales de la Iglesia” 1. Y además: “El poder y la autoridad del sacerdocio menor, o sea, el de Aarón, consiste en poseer las llaves del ministerio de ángeles y en administrar las ordenanzas exteriores, la letra del evangelio, el bautismo de arrepentimiento para la remisión de pecados, de acuerdo con los convenios y los mandamientos” 2.

En 1958, el élder Harold B. Lee, quien después fue el decimoprimer Presidente de la Iglesia, describió el sacerdocio como “las… tropas del Señor contra las fuerzas del mal” 3.

El presidente John Taylor declaró que “el poder que se manifiesta por medio del sacerdocio es sencillamente el poder de Dios” 4.

Esas emotivas declaraciones de profetas de Dios nos ayudan a comprender que todo hombre y joven que posea el sacerdocio de Dios debe ser digno de ese gran privilegio y responsabilidad. Cada uno debe esforzarse por aprender su deber y por llevarlo a cabo lo mejor posible. Al hacerlo, proporcionamos los medios por los cuales nuestro Padre Celestial y Su Hijo Jesucristo pueden llevar a cabo Su obra en la tierra. Nosotros somos Sus representantes aquí.

En el mundo de hoy enfrentamos dificultades y desafíos, algunos de los cuales parecerán verdaderamente graves. Sin embargo, con Dios de nuestro lado, no podemos fracasar. Si portamos dignamente Su santo sacerdocio, saldremos victoriosos.

Ahora bien, a ustedes que poseen el Sacerdocio Aarónico quisiera decirles que espero sinceramente que sean conscientes de la importancia de su ordenación en el sacerdocio. Ustedes tienen un papel vital en la vida de cada miembro de su barrio por participar en la administración y la repartición de la Santa Cena cada domingo.

Tuve el privilegio de servir como secretario de mi quórum de diáconos. Recuerdo las muchas asignaciones que tuvimos la oportunidad de realizar como miembros del quórum; entre las que acuden a mi mente estaba el repartir la Santa Cena, recolectar las ofrendas de ayuno mensuales y velar los unos por los otros. Pero la que más miedo me dio ocurrió en la sesión de liderazgo de nuestra conferencia de barrio. El miembro de la presidencia de estaca que presidía pidió que hablara uno de los oficiales de barrio y luego, sin ningún aviso, dijo: “Y ahora pediremos a uno de los jóvenes oficiales del barrio, a Thomas S. Monson, secretario del quórum de diáconos, que nos dé un informe de su servicio y que dé su testimonio”. No recuerdo nada de lo que dije, pero nunca he olvidado la experiencia ni la lección que me enseñó. Fue el apóstol Pedro quien dijo: “…estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” 5.

En una previa generación, el Señor hizo esta promesa a los poseedores del sacerdocio: “…iré delante de vuestra faz. Estaré a vuestra diestra y a vuestra siniestra, y mi Espíritu estará en vuestro corazón, y mis ángeles alrededor de vosotros, para sosteneros” 6 .

Éste no es el momento de temer, hermanos, sino de tener fe; es el momento de que cada uno de nosotros que poseemos el sacerdocio seamos lo mejor que podamos ser.

Aunque nuestra jornada por la vida terrenal a veces nos pondrá en peligro, esta noche quiero darles tres sugerencias que, si las observan y las siguen, nos protegerán; son las siguientes: Seguir leyendo

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Hombre herido!

Conferencia General 4 de abril de 2009
“¡Hombre herido!”
Presidente Henry B. Eyring
Primer Consejero de la Primera Presidencia

El sentimiento de responsabilidad hacia los demás constituye la esencia del servicio fiel en el sacerdocio.

Estoy agradecido por el honor y la bendición de hablarle al sacerdocio de Dios. Mi propósito esta noche es ayudarles a ser valientes y audaces en su servicio en el sacerdocio.

Se necesitará que ustedes tengan valor y resolución porque están enlistados en el ejército del Señor, en la última dispensación. Ésta no es una época de paz; y eso ha sido así desde que Satanás organizó sus huestes en contra del plan de nuestro Padre Celestial en la existencia preterrenal. No sabemos los detalles de ese combate de entonces, pero sí conocemos un resultado: Satanás y sus seguidores fueron expulsados a la tierra y desde la creación de Adán y Eva el conflicto ha continuado. Lo hemos visto intensificarse y las Escrituras sugieren que la guerra será más y más violenta, y aumentarán las pérdidas espirituales en el lado del Señor.

Casi todos hemos visto un campo de batalla en una película o leído la descripción de ello en un relato; entre el estruendo de las explosiones y los gritos de los soldados, se escucha el grito: “¡Hombre herido!”

Cuando se escucha ese grito, los fieles soldados compañeros se movilizarán hacia el sonido; un soldado o un médico no tendrán en cuenta el peligro e irán en busca del camarada lesionado; y el hombre herido sabrá que recibirá ayuda. Sin importar el riesgo, alguien, ya sea agazapándose o arrastrándose, acudirá para llegar a tiempo a fin de protegerlo y asistirlo. Eso es verdad entre cualquier grupo de hombres unidos en una misión difícil y peligrosa, la cual estén resueltos a cumplir ante cualquier sacrificio. Las historias de ese tipo de grupos están llenas de relatos de hombres leales que tenían la determinación de no dejar a ningún hombre rezagado.

Éste es un ejemplo de un relato oficial 1 . Durante la guerra en Somalia, en octubre de 1993, dos soldados de asalto del ejército de los Estados Unidos desde su helicóptero durante el intercambio de fuego se dieron cuenta de que otros dos helicópteros cercanos habían caído a tierra. Los dos soldados, en su vuelo relativamente seguro, escucharon por la radio que no había tropas en tierra que pudieran rescatar a los tripulantes caídos. El número de enemigos que se acercaban al lugar del accidente era cada vez mayor.

Los dos hombres que observaban desde arriba se ofrecieron a descender a tierra, (las palabras que usaron en la radio fueron “a infiltrarse”) para proteger a sus camaradas gravemente heridos. Su solicitud fue denegada debido a que la situación era muy peligrosa; se ofrecieron una segunda vez y otra vez no se les concedió el permiso; sólo después de su tercer pedido, se les permitió descender a tierra.

Sólo con sus armas personales se abrieron paso hasta llegar a los helicópteros caídos y a sus tripulantes heridos. Pasaron por el intenso intercambio de fuego a medida que los enemigos se aproximaban al lugar del accidente. Sacaron a los heridos de lo que quedaba de las naves y se ubicaron alrededor de sus compañeros, colocándose en las posiciones más peligrosas. Protegieron a sus compañeros hasta que se quedaron sin munición y fueron heridos de muerte. Su valor y su sacrificio salvaron la vida de un piloto que se hubiera perdido.

Se les otorgó la Medalla de Honor póstuma, el reconocimiento más alto de la nación por el valor frente a un enemigo armado. La mención dice que lo que ellos hicieron fue “más allá de su deber”.

Pero me pregunto si ellos lo consideraron así al dirigirse hacia sus compañeros caídos. Por lealtad, sentían el deber de no abandonar a sus compañeros de batalla, sin importar el costo. El valor para actuar y su servicio desinteresado provenía del sentir que eran responsables por la vida, por la felicidad y por la seguridad de sus camaradas. Seguir leyendo

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Estamos haciendo una gran obra y no podemos ir

Conferencia General 4 de abril de 2009
Estamos haciendo una gran obra y no podemos ir
Presidente Dieter F. Uchtdorf
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

No podemos ni debemos darnos el lujo de distraernos de nuestro deber sagrado. No podemos ni debemos perder la perspectiva de las cosas que más importan.

Mis queridos hermanos, desde hace meses he sabido cuál es el mensaje que quiero darles hoy. Durante ese tiempo, he buscado un relato que sirviera para ilustrar lo que quiero decir. Busqué un relato sobre granjas; busqué otro sobre animales. En honor al élder Scott, busqué uno sobre ingeniería nuclear, y en honor al presidente Monson, busqué uno sobre la cría de palomas.

Pero al final, seguía acudiendo a mi mente un relato, uno que he llevado grabado en la memoria durante muchos, muchos años. No es sobre granjas, animales, ingeniería nuclear ni palomas. Trata —como quizás lo habrán adivinado— sobre la aviación. Lo llamo “El relato de la bombilla”.

El relato de la bombilla, o cómo perder la perspectiva de lo que es más importante

Una oscura noche de diciembre, hace 36 años, un avión jumbo Lockheed 1011 se estrelló en los Everglades de Florida, provocando la muerte de más de cien personas. Aquel terrible accidente fue una de las peores catástrofes de la historia de la aviación de los Estados Unidos.

Algo extraño de aquel accidente fue que todas las partes y los sistemas vitales de la aeronave funcionaban a la perfección; el avión fácilmente podría haber aterrizado a salvo en su destino a Miami, a sólo 32 kilómetros de distancia.

Sin embargo, durante la fase final del vuelo, la tripulación se percató de que una lucecita verde no se había encendido, una luz que indica si el tren de aterrizaje se ha desplegado correctamente. Los pilotos suspendieron el aterrizaje, fijaron la trayectoria del avión para volar en círculos sobre los oscuros Everglades, y fijaron su atención en la investigación del problema.

Tanto se preocuparon por detectar el problema que no se dieron cuenta de que la aeronave iba perdiendo altura, acercándose cada vez más a los oscuros pantanos. Para cuando alguien se dio cuenta de lo que sucedía, ya fue demasiado tarde para evitar el desastre.

Después del accidente, los investigadores trataron de determinar la causa. De hecho, el tren de aterrizaje había descendido correctamente. El avión estaba en perfectas condiciones mecánicas; todo funcionaba debidamente, todo, excepto una cosa: una bombilla o un foco que se había fundido. Aquella pequeña bombilla, que costaba unos 20 centavos, dio comienzo a la cadena de acontecimientos que condujeron a la trágica muerte de más de cien personas.

Naturalmente, la bombilla que no funcionaba no causó el accidente; éste se produjo porque la tripulación centró su atención en algo que por el momento parecía importante, haciéndoles perder de vista lo que era de más importancia.

Presten atención a lo que es de más importancia

La tendencia a centrarse en lo insignificante a costa de lo profundo no sólo les sucede a los pilotos, sino a todos. Todos corremos ese peligro. El conductor que centra su atención en la carretera tiene más probabilidades de llegar a su destino sin sufrir percance alguno que el que está más preocupado por enviar mensajes de texto por teléfono.

Sabemos qué es lo más importante en la vida: la Luz de Cristo enseña esto a todas las personas. Nosotros, en calidad de fieles Santos de los Últimos Días, tenemos el Espíritu Santo como un “compañero constante” para enseñarnos las cosas que tienen valor eterno. Supongo que si se le pidiera a cualquiera de los poseedores del sacerdocio que me está escuchando que preparara un discurso sobre el tema “lo que es más importante”, podría lograrlo y haría un magnífico trabajo. Nuestra debilidad reside en no actuar de acuerdo con nuestra conciencia. Seguir leyendo

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Las responsabilidades del sacerdocio

Conferencia General 4 de abril de 2009
Las responsabilidades del sacerdocio
Élder Claudio R. M. Costa
De la Presidencia de los Setenta

Como poseedores del sacerdocio, podemos ser una poderosa influencia en la vida de los demás.

Élder Andersen, de parte de los Setentas, me gustaría decirle que le queremos y le sostenemos con nuestro corazón y fe.

Mis queridos hermanos, es un privilegio sagrado ser parte de las reales huestes del Señor 1 . Me siento humilde al estar ante ustedes, y los imagino reunidos en diversos lugares del mundo.

En la reunión mundial de capacitación de líderes del 21 de junio de 2003, el presidente Gordon B. Hinckley nos enseñó que como poseedores del sacerdocio tenemos una responsabilidad cuatripartita. Él dijo: “Cada uno de nosotros tiene una responsabilidad cuatripartita. Primero, la responsabilidad para con nuestra familia. Segundo, la responsabilidad para con nuestro empleador. Tercero, la responsabilidad para con la obra del Señor. Cuarto, la responsabilidad para con nosotros mismos” 2 .

Esas cuatro áreas de responsabilidad son vitalmente importantes.

El presidente Hinckley dijo: “Es fundamental que no desatiendan a su familia. Nada de lo que tienen es más valioso” 3 .

Como padres, nuestra responsabilidad es dirigir a la familia en la oración familiar diaria, el estudio diario de las Escrituras y la noche de hogar. Debemos establecer prioridades y preservar esas oportunidades de edificar y fortalecer los cimientos espirituales de nuestra familia. El presidente Hinckley dijo: “Procuren que nada lo obstaculice. Considérenlo sagrado” 4 .

Hablando de la noche de hogar, dijo: “Sea para ustedes sagrada la noche del lunes para la noche de hogar” 5 .

Al igual que los padres, los hijos también tienen cosas que exigen su tiempo en todo aspecto de su vida. Tienen actividades en la Iglesia, en la escuela y con los amigos. Muchos de nuestros hijos asisten a escuelas en las que son una minoría y, con frecuencia, hay eventos escolares los lunes por la noche. Actividades como deportes, prácticas y ensayos, coros y otras actividades. Debemos mantener el lunes por la noche libre de compromisos para llevar a cabo la noche de hogar. No hay otra actividad más importante para la familia.

Es durante la noche de hogar y otras situaciones familiares que preparamos a nuestros hijos para recibir las bendiciones del Señor. El élder Russell M. Nelson, del Quórum de los Doce, dijo: “Es nuestra la responsabilidad de asegurarnos de que llevemos a cabo la oración familiar, el estudio de las Escrituras y la noche de hogar. Es nuestra la responsabilidad de preparar a nuestros hijos para que reciban las ordenanzas de salvación y de exaltación” 6 .

La noche de hogar es una oportunidad muy especial para fortalecernos a nosotros mismos y a cada miembro de la familia. Es importante que todos los miembros de la familia tengan una asignación. Un niño podría compartir la lección de la Primaria que tuvo el domingo anterior. La noche de hogar fortaleció la fe y el testimonio de mi propia familia. Seguir leyendo

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Ésta es su llamada telefónica

Conferencia General 4 de abril de 2009
“Ésta es su llamada telefónica”
Obispo Richard C. Edgley
Primer consejero del Obispado Presidente

Ahora los exhortamos a movilizar nuestros quórumes del sacerdocio en respuesta a las dificultades laborales y económicas que afrontan nuestros miembros.

Mis hermanos del sacerdocio, en los años recientes hemos sido testigos de muchas emergencias y desastres naturales en todo el mundo. Entre ellos ha habido huracanes, incendios, terremotos y un devastador maremoto.

La Iglesia ha respondido a éstos y a muchos otros desastres de maneras maravillosas. Grupos de miembros se han movilizado rápidamente para ayudar a los necesitados. Todos ellos se sintieron bien al saber que estaban bendiciendo la vida de otras personas mediante su servicio.

A menudo, algunas personas que no pertenecen a nuestra religión —miembros de otras iglesias, organizaciones de ayuda humanitaria, gobiernos y medios de comunicación— comentan sobre la rapidez que tiene la Iglesia para movilizar a tantas personas que están dispuestas a ayudar, y preguntan: “¿Cómo lo hacen?”. La respuesta a dicha pregunta es sencilla: “Estamos preparados, estamos organizados, tenemos empatía y tenemos caridad”. Por lo general, sólo se necesitan unas pocas llamadas telefónicas de las autoridades que presiden a los líderes locales de la Iglesia para movilizar a cientos y en ocasiones a miles de personas para ir al rescate de sus hermanos y hermanas afligidos.

Esta noche quisiera hablar sobre otro desafío al que tenemos oportunidad de responder; y, hermanos, ésta es su llamada telefónica. Dicho desafío no es por causas naturales; sin embargo, sus efectos son reales y se sienten mundialmente; y aunque somos optimistas en cuanto al futuro, continuamos —como lo hemos hecho por décadas— defendiendo el principio fundamental de que somos “el guarda de nuestro hermano”.

El élder Robert D. Hales ha indicado recientemente: “Las nubes económicas que por mucho tiempo han amenazado al mundo ahora nos cubren por completo. Hoy, más que nunca, el impacto de esta tormenta económica en los hijos de nuestro Padre Celestial requiere una perspectiva del Evangelio sobre Bienestar” 1 . Las repercusiones laborales y financieras de esta tormenta afectan a todas las estacas y a los barrios de la Iglesia. Sospecho que, de algún modo, cada uno de nosotros las ha sentido, ya sea en forma personal, por medio de algún miembro de la familia o pariente; o por alguien que conozcamos.

Hermanos, no existe otra organización mejor preparada para responder a los problemas de la humanidad que el sacerdocio del Dios Altísimo. Contamos con la organización. Presidentes de estaca, obispos, presidentes de quórum de élderes y líderes de grupo de sumos sacerdotes, ahora los exhortamos a movilizar nuestros quórumes del sacerdocio en respuesta a las dificultades laborales y económicas que afrontan nuestros miembros. Consideren esto como su llamada telefónica personal. Ahora es el momento de apoyar, elevar y ayudar a las familias de nuestros quórumes que estén pasando aflicciones.

Hay muchas oportunidades, y son ustedes los que tienen la oportunidad y la responsabilidad de administrar los recursos del Señor. Es probable que entre nuestros miembros se encuentren algunos que sepan de vacantes laborales y que otros tengan la habilidad de preparar un currículo o ayudar a prepararse para las entrevistas. Sin importar los títulos ni las aptitudes que posean, hallarán una hermandad comprometida a llevar las cargas los unos de los otros. Seguir leyendo

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Consejo a los Hombres Jóvenes

Conferencia General 4 de abril de 2009
Consejo a los Hombres Jóvenes
Presidente Boyd K. Packer
Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles

Las certezas del Evangelio, la verdad, una vez que la entiendan, los ayudará a superar estos tiempos difíciles.

Los jóvenes hablan del futuro porque no tienen pasado y los ancianos hablan del pasado porque no tienen futuro. Yo soy un hombre anciano, pero les hablaré a los jóvenes del Sacerdocio Aarónico acerca de su futuro.

El Sacerdocio Aarónico que ustedes poseen fue restaurado por un mensajero angelical. “La ordenación se efectuó bajo las manos de un ángel, quien declaró ser Juan, el mismo que es llamado Juan el Bautista en el Nuevo Testamento. El ángel explicó que obraba bajo la dirección de Pedro, Santiago y Juan, los Apóstoles de la antigüedad, quienes poseían las llaves del sacerdocio mayor, que era conocido como el Sacerdocio de Melquisedec” 1 .

“El poder y la autoridad del sacerdocio menor, o sea, el de Aarón, consiste en poseer las llaves del ministerio de ángeles y en administrar las ordenanzas exteriores, la letra del evangelio, el bautismo de arrepentimiento para la remisión de pecados, de acuerdo con los convenios y los mandamientos”2.

Se les ha ordenado a un oficio del sacerdocio de Dios y se les ha dado la autoridad divina que los reyes, los magistrados y los grandes hombres de la tierra no poseen ni pueden poseer a menos que se humillen y entren por la puerta que conduce a la vida eterna.

Hay muchos relatos en las Escrituras de jóvenes que prestaron servicio: Samuel sirvió en el tabernáculo con Elí 3 ; David era un joven muchacho cuando enfrentó a Goliat 4 ; Mormón comenzó a prestar servicio a los 10 años 5 ; José Smith tenía 14 años cuando recibió la Primera Visión 6 y Cristo tenía 12 años cuando lo encontraron en el templo enseñando a los doctores de la ley 7 .

Pablo le dijo al joven Timoteo: “Ninguno tenga en poco tu juventud” 8 .

Cuando comencé mi carrera como maestro, el presidente J. Reuben Clark, hijo, Primer Consejero de la Primera Presidencia, había hablado a los maestros; sus palabras me llegaron al corazón y desde entonces han influido en mí.

El presidente Clark describe a los jóvenes y dice que “tienen hambre de las cosas del Espíritu, y están ansiosos por aprender el Evangelio”. Él dijo que lo quieren en su forma “más pura y clara. Quieren saber en cuanto a… nuestras creencias; quieren obtener un testimonio de [su] veracidad. No son jóvenes con dudas, sino con interrogantes, buscadores de la verdad”. Seguir leyendo

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Lecciones que aprendemos de las oraciones del Señor

Conferencia General 4 de abril de 2009
Lecciones que aprendemos de las oraciones del Señor
Élder Russell M. Nelson
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Nuestras oraciones siguen los modelos y las enseñanzas del Señor Jesucristo. Él nos enseñó cómo orar.

Junto a ustedes, mis queridos hermanos y hermanas, expreso mi amor y admiración por el élder Neil L. Andersen. Su llamamiento al santo apostolado viene del Señor por revelación a Su profeta, el presidente Thomas S. Monson. A lo largo de la vida, el presidente Monson ha pulido su habilidad para escuchar la voluntad del Señor, y así como el Salvador sometió Su voluntad al Padre Celestial, el profeta somete la suya al Señor. Gracias, presidente Monson, por cultivar y utilizar ese poder. Lo felicitamos élder Andersen y ¡oramos por usted!

La Oración del Señor

Nuestras oraciones siguen los modelos y las enseñanzas del Señor Jesucristo. Él nos enseñó cómo orar; de Sus oraciones aprendemos muchas lecciones importantes. Comencemos con la Oración del Señor y añadamos lecciones de otras oraciones que Él pronunció 1.

Mientras recito la Oración del Señor, presten atención a las lecciones:

“..Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.

“Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

“El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.

“Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.

“Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén” 2.

La Oración del Señor se registra dos veces en el Nuevo Testamento y una en el Libro de Mormón 3. También se incluye en la Traducción de José Smith de la Biblia 4, donde se proporciona aclaración con estas dos frases:

1. “Y perdónanos nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a aquellos que nos ofenden” 5 y

2. “Y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal” 6.

Otras declaraciones del Maestro apoyan la aclaración en cuanto al perdón. Él dijo a sus siervos: “…por cuanto os habéis perdonado el uno al otro vuestras transgresiones, así también yo, el Señor, os perdono” 7. En otras palabras, para ser perdonados, primero debemos perdonar 8 . La aclaración en cuanto a la tentación es útil, puesto que definitivamente Dios no nos conduciría a la tentación. El Señor dijo: “Velad y orad, para que no entréis en tentación” 9.

Aunque las cuatro versiones de la Oración del Señor no son idénticas, todas comienzan con un saludo a “Nuestro Padre”, lo que implica una relación cercana entre Dios y Sus hijos. La frase “santificado sea tu nombre” refleja el respeto y la actitud de adoración que deberíamos sentir al orar. “Hágase tu voluntad” expresa un concepto que analizaremos más adelante. Seguir leyendo

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La adoración en el templo: Fuente de fortaleza en épocas difíciles

Conferencia General 4 de abril de 2009
La adoración en el templo: Fuente de fortaleza en épocas difíciles
Élder Richard G. Scott
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Si guardamos los convenios que hemos hecho en el templo y vivimos con rectitud… no hay razón para preocuparse ni sentirse desolado.

Todo miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días tiene la bendición de vivir en una época en la que el Señor ha inspirado a Sus profetas para que proporcionen a los miembros acceso cada vez más fácil a los santos templos. Con planificación cuidadosa y algo de sacrificio, la mayoría de los miembros de la Iglesia pueden recibir las ordenanzas del templo para sí mismos y para sus antepasados, y ser bendecidos por los convenios que se hacen en él.

Porque te amo, voy a hablarte de corazón a corazón, con franqueza. He visto que muchas veces las personas hacen grandes sacrificios para ir a un templo que les queda muy distante; pero cuando se construye uno que está cerca, hay muchos que no asisten a él con regularidad. Tengo una sugerencia para ti: Si tienes un templo a distancia conveniente, alguna insignificancia puede interrumpir tus planes de asistir. Considerando tus circunstancias, establécete metas específicas para ir y participar en las ordenanzas del templo, y después no permitas que nada se interponga en ese plan. Ese método asegurará que los que vivan cerca de un templo sean tan bendecidos como lo son los que tienen que planear con anticipación y hacer un largo viaje para llegar a él.

Hace catorce años, decidí que asistiría al templo al menos una vez por semana para efectuar una ordenanza. A fin de lograr ese objetivo, cuando tengo que viajar compenso con asistencia extra las visitas omitidas en mi ausencia. He mantenido esa resolución, la cual ha cambiado profundamente mi vida. Me esfuerzo por participar en todas las diferentes ordenanzas que se ofrecen en el templo.

Te exhorto a establecerte una meta respecto a la frecuencia con que recibirás el beneficio de las ordenanzas que se ofrecen en nuestros templos. ¿Qué puede ser más importante que asistir al templo y participar en sus ordenanzas? Para un matrimonio, ¿qué actividad puede tener un mayor impacto y brindarles más gozo y una felicidad más profunda que asistir juntos al templo?

Ahora compartiré contigo otras sugerencias para que obtengas más beneficio de la asistencia al templo:

  • Comprende la doctrina relacionada con las ordenanzas del templo, especialmente el significado de la expiación de Jesucristo 1 .
  • Mientras estés participando en las ordenanzas, considera tu relación con Jesucristo y Su relación con nuestro Padre Celestial. Ese sencillo acto te ampliará más la comprensión de la naturaleza suprema de las ordenanzas del templo.
  • Expresa siempre en tus oraciones gratitud por las bendiciones incomparables que proceden de las ordenanzas del templo. Vive cada día de tal modo que demuestres al Padre Celestial y a Su Hijo Amado cuánto significan para ti esas bendiciones.
  • Hazte un horario escrito para asistir al templo con regularidad.
  • Cuando asistas, dedica el tiempo suficiente para no tener apuro mientras estés en el templo.
  • Alterna los servicios que prestes a fin de participar en todas las ordenanzas.
  • Quítate el reloj cuando entres en la casa del Señor.
  • Con la mente y el corazón abiertos, escucha atentamente a la presentación de cada uno de los elementos de la ordenanza.
  • Ten presente a la persona por la que estés realizando la ordenanza vicaria. De vez en cuando, ora por ella para que reconozca la importancia vital de las ordenanzas y sea digna de recibir su beneficio o se prepare para serlo.
  • Reconoce que gran parte de la majestad de la ordenanza selladora no se puede comprender ni recordar con sólo una experiencia personal. El hecho de continuar llevando a cabo con frecuencia la obra vicaria nos permite comprender mucho más de lo que se nos comunica una vez en las ordenanzas personales.
  • Ten en cuenta que una ordenanza selladora no es permanente hasta después de haber sido sellada por el Santo Espíritu de la Promesa; ambas personas deben ser dignas y desear que su sellamiento sea eterno.
  • Si eres parte de un matrimonio que todavía no se ha sellado en el templo, consideren ambos estos pasajes de las Escrituras:

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La fe en medio de la adversidad

Conferencia General 4 de abril de 2009
La fe en medio de la adversidad
Élder Rafael E. Pino
De los Setenta

Vivir el Evangelio… significa que estaremos preparados para hacer frente a la adversidad y perseveraremos en ella con mayor confianza.

Un domingo por la mañana, hace algunos años, recibí una llamada telefónica del hermano Omar Álvarez, que en ese entonces servía como uno de mis consejeros del obispado. Su hija de tres años había muerto en un trágico accidente.

Él relató de la siguiente manera lo que ocurrió ese día:

“En cuanto llegamos a una hermosa playa venezolana, nuestros hijos nos suplicaron que los dejáramos jugar en un riachuelo cerca de la playa. Les dejamos ir y empezamos a sacar algunas cosas del auto. Dos minutos después, notamos que nuestros hijos se alejaban demasiado de la orilla.

“Al ir a decirles que regresaran, notamos que nuestra hijita de tres años no estaba con los demás niños. La buscamos desesperadamente, y la encontramos flotando cerca de donde estaban los otros niños. La sacamos rápidamente del agua y varias personas vinieron para tratar de salvarla, pero no pudimos hacer nada. Nuestra hija menor se había ahogado.

“Los momentos que siguieron fueron sumamente difíciles, llenos de angustia y dolor por la pérdida de nuestra hija menor. Esos sentimientos pronto se convirtieron en un tormento casi insoportable; sin embargo, en medio de la confusión y la incertidumbre, penetró nuestra mente el pensamiento de que nuestros hijos habían nacido en el convenio, y que por ese convenio, nuestra hija nos pertenece por la eternidad.

“¡Qué gran bendición es pertenecer a La Iglesia de Jesucristo y haber recibido las ordenanzas de Su Santo Templo! Ahora nos sentimos mucho más comprometidos a ser fieles al Señor y a perseverar hasta el fin, porque queremos ser dignos de las bendiciones que el templo ofrece para volver a ver a nuestra hija. A veces lloramos, pero ‘no lloramos como los que se hallan sin esperanza’” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, curso de estudio del Sacerdocio de Melquisedec y de la Sociedad de Socorro, 2007, pág. 185).

Esta fiel familia llegó a comprender que, cuando la adversidad llega a nuestra vida, Dios es la única fuente verdadera de consuelo. “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27).

Varios años después de la difícil prueba que enfrentó la familia Álvarez, fui testigo de la forma en que otra familia fiel enfrentó gran adversidad. Varios miembros de la familia Quero habían muerto en un terrible accidente automovilístico. El hermano Abraham Quero perdió a sus padres, a dos hermanas, a su cuñado y a su sobrina en ese accidente.

Él demostró una actitud admirable cuando dijo: Seguir leyendo

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