Fe en el Señor Jesucristo

Conferencia General 4 de abril de 2009
Fe en el Señor Jesucristo
Élder Kevin W. Pearson
De los Setenta

En la familia de la fe, no hay necesidad de temor ni duda. Elijan vivir por medio de la fe y no por temor.

Humildemente invito la compañía del Espíritu Santo al hablar de un principio vital del Evangelio: la fe en el Señor Jesucristo. Reconozco con profundo aprecio y amor los grandes ejemplos de verdadera fe y fidelidad en mi propia vida. Expreso mi profundo amor y gratitud a mis buenos padres, a mi familia, a los líderes del sacerdocio, a los queridos misioneros, a mis maravillosos hijos y a mi adorada compañera eterna. Reconozco mi necesidad y deseo de obtener mayor fe en calidad de discípulo y testigo de Cristo. No ha habido mayor necesidad de fe en mi propia vida como la que tengo ahora.

Como padres, se nos ha dado el mandamiento de enseñar a nuestros hijos a “comprender la doctrina… de la fe en Cristo, el Hijo del Dios viviente” (D. y C. 68:25). Eso requiere mucho más que simplemente reconocer la fe como un principio del Evangelio. Tener fe es “tener confianza en algo o alguien” (Guía para el estudio de las Escrituras, pág. 78). La verdadera fe se debe centrar en Jesucristo. “La fe es un principio de acción y de poder” (Bible Dictionary, pág. 670); requiere que hagamos y no que simplemente creamos. La fe es un don espiritual de Dios que viene por medio del Espíritu Santo; requiere un entendimiento y un conocimiento correcto de Jesucristo, de Sus atributos divinos y naturaleza perfecta, de Sus enseñanzas, de la Expiación; de la Resurrección y del poder del sacerdocio. La obediencia a esos principios genera una confianza total en Él y en Sus siervos ordenados, y una convicción respecto a Sus bendiciones prometidas.

No hay otra cosa en la cual podamos tener una certeza absoluta. No existe otro fundamento en la vida que aporte el mismo gozo, la misma paz y esperanza. En épocas inestables y difíciles, la fe es, en verdad, un don espiritual digno de nuestros mayores esfuerzos. Podemos dar a nuestros hijos una formación académica, clases, deportes, arte y bienes materiales, pero si no les damos fe en Cristo, les hemos dado poco.

“La fe se aviva al escuchar el testimonio de aquellos que la tienen” (Bible Dictionary, pág. 669; véase también Romanos 10:14–17). ¿Saben sus hijos que usted sabe? ¿Ven y sienten ellos su convicción? “La fe firme se desarrolla por medio de la obediencia al evangelio de Jesucristo” (ibíd. pág. 669).

El élder Bruce R. McConkie enseñó: “La fe es un don de Dios concedido como premio a la rectitud personal. Siempre se otorga cuando la rectitud está presente y cuanto mayor sea la medida de obediencia a las leyes de Dios, mayor será el atributo de la fe” (Mormon Doctrine, segunda edición, 1966, pág. 264). Si deseamos obtener más fe, debemos ser más obedientes. Cuando enseñamos a nuestros hijos, por medio del ejemplo o del precepto, a tomar a la ligera el obedecer los mandamientos de Dios o a obedecerlos de acuerdo con las circunstancias, impedimos que ellos reciban ese importante don espiritual. La fe requiere una actitud de obediencia exacta aun en las cosas pequeñas y simples.

El deseo es una partícula de la fe que se cultiva en nosotros al experimentar la verdad divina. Es como una fotosíntesis espiritual. La influencia del Espíritu Santo, actuando sobre la luz de Cristo que está en cada ser humano, produce el equivalente espiritual de una reacción química, una inquietud, un cambio en el corazón o un deseo de saber. La esperanza surge cuando las partículas de la fe llegan a ser moléculas, y al realizar esfuerzos sencillos para vivir los principios verdaderos. Seguir leyendo

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El plan de nuestro Padre: lo suficientemente amplio para todos Sus hijos

Conferencia General 4 de abril de 2009
El plan de nuestro Padre: lo suficientemente amplio para todos Sus hijos
Élder Quentin L. Cook
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Aunque nuestra jornada esté repleta de tribulaciones, el destino es verdaderamente glorioso.

Esta vida terrenal puede ser una jornada difícil, pero el destino es verdaderamente glorioso. Cristo expresó lo siguiente a Sus discípulos: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” 1.

Esta tarde, mi objetivo consta de dos aspectos: Primero, hablar de algunas piedras de tropiezo para la fe; y segundo, describir cómo el plan del Padre es lo suficientemente amplio para todos Sus hijos.

En los últimos dos años, en los Estados Unidos y alrededor del mundo, ha aumentado dramáticamente la atención que nuestra religión y nuestras creencias han recibido. Esto no es nada nuevo, ha sucedido periódicamente en la historia de la Iglesia.

En 1863, el novelista inglés, Charles Dickens, abordó el buque de pasajeros Amazonas con destino a Nueva York. Su propósito era escribir un reportaje sobre los conversos Santos de los Últimos Días que emigraban para establecer la Iglesia en el Oeste de Estados Unidos. Miles de conversos ya habían emigrado y se había escrito mucho acerca de ellos y sus creencias, particularmente en los medios británicos, y en su mayor parte, todo era desfavorable.

“Subí al barco”, escribió Dickens, “para testificar contra ellos si así lo merecían, como plenamente creía que era el caso; para mi gran asombro, no lo merecían” 2.

Tras observar a los conversos y convivir con ellos, Dickens quedó impresionado y describió a los conversos ingleses, la mayoría de ellos obreros, como “la flor y nata de Inglaterra, dentro de su nivel” 3.

Se han dado dos informes contrastantes acerca de la Iglesia; por una parte, los informes favorables acerca de miembros rectos y de la forma en que viven. Los que conocen personalmente a Santos de los Últimos Días o que han tenido la ocasión de observarlos de cerca, tienen el mismo concepto que Charles Dickens expresó hace casi 150 años.

Debido a la doctrina inspiradora de la Restauración, los miembros se regocijan en el Evangelio y encuentran gozo y satisfacción en la Iglesia. Se nos ve con buenos ojos cuando vivimos las enseñanzas del evangelio restaurado de Jesucristo; pero cuando los miembros no las viven, puede ser una piedra de tropiezo para los que no pertenecen a la Iglesia 4.

A diferencia de los informes favorables sobre miembros que viven en rectitud, a menudo las descripciones de la Iglesia y de su doctrina han sido falsas, injustas y severas; pero hay que reconocer que algunas descripciones del cristianismo en general también han sido muy severas 5.

Esa actitud hacia nuestra doctrina no nos sorprende. En Doctrina y Convenios el Señor indicó que algunos “alzarán sus voces y maldecirán a Dios…” 6 y algunos “…apartarán de mí su corazón a causa de los preceptos de los hombres” 7.

Avisos recientes en los autobuses de Londres demuestran la polarización que existe respecto a la religión en general. Personas ateas, agnósticas e incrédulas pagaron para poner avisos publicitarios en los autobuses rojos de dos pisos de Londres que decían: “Probablemente Dios no exista. Deja de preocuparte y disfruta de la vida”. En avisos de oposición, los cristianos afirmaron: “Definitivamente hay un Dios”, seguidos de mensajes inspiradores 8. Seguir leyendo

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Aprendamos las lecciones del pasado

Conferencia General 4 de abril de 2009
Aprendamos las lecciones del pasado
Élder M. Russell Ballard
Del Quórum de los Doce Apóstoles

El aprender las lecciones del pasado les permite edificar un testimonio personal sobre la roca sólida de la obediencia, de la fe y del testimonio del Espíritu.

Vivimos en una época fascinante y, en ocasiones, desconcertante. El otro día le dije a uno de mis nietos que estaba revisando el texto de mi discurso de la conferencia; su rostro reflejó su confusión; él preguntó: “¿Vas a enviar tu discurso por mensaje de texto? Pensé que tenías que darlo en el Centro de Conferencias”.

Mientras que para algunos sería más fácil enviarlo por mensaje de texto, yo estoy agradecido por esta oportunidad de hablarles hoy, porque tengo un mensaje que considero importante para ese nieto, para mis otros nietos y para todos los jóvenes de la Iglesia.

Hace unos años, cuando me dedicaba a los negocios, aprendí una lección muy cara por no haber escuchado con cuidado el consejo de mi padre, ni haber prestado atención a las impresiones del Espíritu que me brindaba la guía de mi Padre Celestial. Mi padre y yo estábamos en el negocio de los automóviles y la compañía automotora Ford estaba buscando agencias para vender sus nuevos modelos. Los ejecutivos de Ford nos invitaron, a mi padre y a mí, a una presentación de preestreno del que ellos consideraban sería un producto de éxito espectacular. Cuando vimos los autos, mi padre, que tenía más de 35 años de experiencia en el negocio, me advirtió en cuanto a la idea de convertirme en distribuidor. Sin embargo, el personal de ventas de Ford fue muy persuasivo, así que decidí convertirme en el primero —y de hecho, el último— distribuidor del automóvil Edsel en Salt Lake City. Si no saben lo que es un Edsel, pregúntenle a su abuelo; él les dirá que el auto Edsel fue un rotundo fracaso.

Ahora bien, esta experiencia encierra una poderosa lección para todos ustedes. Si están dispuestos a escuchar y a aprender, algunas de las enseñanzas más significativas de la vida provienen de los que se han ido antes que ustedes. Ellos han caminado por donde ustedes caminan ahora y han pasado por mucho de lo que ustedes están pasando. Si escuchan y atienden sus consejos, pueden ayudar a orientarlos hacia las opciones que serán para el beneficio y la bendición de ustedes, y a alejarlos de las decisiones que podrían destruirlos. Al considerar a sus padres y a los demás que se han ido antes que ustedes, hallarán ejemplos de fe, compromiso, trabajo arduo, dedicación y sacrificio que deberían esforzarse por emular.

Es difícil imaginarse un ámbito en el que no valga la pena analizar y aprender de la experiencia de los demás. Muchas profesiones requieren pasar por prácticas en las que los aspirantes observan a los profesionales expertos para aprender de sus años de experiencia y sabiduría acumulada. En los deportes profesionales muchas veces se espera que los novatos se sienten en la banca y aprendan al observar a los jugadores veteranos. A los misioneros nuevos se les asigna trabajar con compañeros mayores cuya experiencia ayuda al misionero nuevo a aprender la forma correcta de servir al Señor eficazmente.

Naturalmente, hay ocasiones en que no tenemos otra alternativa más que aventurarnos por cuenta propia y hacer lo mejor posible por comprender las cosas a medida que vayamos avanzando. Por ejemplo, no hay mucha gente de mi generación que tenga la experiencia para ayudar en cuanto a las tecnologías más modernas. Cuando tenemos problemas relacionados con la tecnología moderna, debemos acudir a alguien que sepa de ello más que nosotros, que por lo general implica preguntarle a alguno de ustedes, jovencitos. Seguir leyendo

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La adversidad

Conferencia General 4 de abril de 2009
La adversidad
Presidente Henry B. Eyring
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Les doy mi testimonio de que Dios el Padre vive. Él estableció para cada uno de nosotros un curso para pulirnos y perfeccionarnos a fin de vivir con Él.

Mis amados hermanos y hermanas, esta oportunidad de hablarles es un privilegio grande y sagrado. Ruego que mis palabras sean de ayuda y que les den ánimo.

Con todas las diferencias que pueda haber entre nosotros, tenemos por lo menos una dificultad en común: todos debemos enfrentar la adversidad. Habrá períodos, a veces largos, en que nuestra vida parezca tener muy pocas dificultades; pero, por nuestra condición de seres humanos, es natural que lo agradable dé paso a la aflicción, que los tiempos de buena salud lleguen a su fin y que sobrevenga la desdicha. Particularmente si los tiempos de comodidad se han extendido, el advenimiento del sufrimiento o la pérdida de seguridad económica tal vez traigan consigo temor y aun enojo.

El enojo proviene, al menos en parte, de un sentido de que lo que sucede no es justo. La buena salud y la serena sensación de estar a salvo nos puede llegar a parecer algo merecido y natural; y cuando desaparecen, nos sobreviene un sentimiento de injusticia. Incluso un hombre valiente a quien conocí lloraba por el sufrimiento físico que tenía y exclamó a los que le dieron una bendición: “Siempre he tratado de ser bueno. ¿Por qué me ha pasado esto?”

Esa angustia por tener una respuesta al “¿Por qué me ha pasado esto?” se hace más dolorosa cuando los que sufren son nuestros seres amados, y es especialmente difícil de aceptar si los afligidos nos parecen ser inocentes; entonces, el pesar puede sacudir nuestra fe en la realidad de un Dios amoroso y Omnipotente. Algunos hemos visto cómo ha afectado esa duda a toda una generación en tiempos de guerra o de escasez. Esa duda tiene el potencial de crecer y extenderse hasta que algunas personas quizás se aparten de Dios acusándolo de ser indiferente o cruel. Y si no se refrenan, esos sentimientos conducen a la pérdida de la fe incluso en la existencia misma de Dios.

Mi propósito hoy es asegurarles que nuestro Padre Celestial y el Salvador viven y que aman a toda la humanidad. El solo hecho de que tengamos la oportunidad de enfrentar la adversidad y la aflicción es parte de la evidencia de Su amor infinito. Dios nos dio el don de vivir como seres mortales a fin de que nos preparáramos para recibir el más grande de todos Sus dones, que es la vida eterna. Entonces, nuestro espíritu cambiará, y seremos capaces de querer lo que Dios quiera, de pensar como Él piense, y así estar preparados para que se nos confíe una posteridad sin fin, para enseñar y guiar durante las pruebas, para que merezcan vivir por siempre en la vida eterna.

Es obvio que, para tener ese don y recibir esa responsabilidad, debemos transformarnos al tomar decisiones rectas cuando éstas sean difíciles de tomar. Al tener esas experiencias penosas y probatorias en la tierra, se nos prepara para confiarnos ese gran cometido. Sólo podemos recibir esa educación si estamos sujetos a pruebas mientras servimos a Dios, y por Él, a nuestros semejantes.

En ese proceso educativo experimentamos desdicha y felicidad, enfermedad y salud, la tristeza del pecado y el gozo del perdón. Ese perdón se logra únicamente por medio de la expiación infinita del Salvador, que Él forjó pasando un dolor que nosotros no podríamos soportar y que sólo vagamente podemos comprender. Seguir leyendo

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El poder de los convenios

Conferencia General 4 de abril de 2009
El poder de los convenios
Élder D. Todd Christofferson
Del Quórum de los Doce Apóstoles

En los momentos de aflicción, asegúrate de que tus convenios tengan primordial importancia y que obedezcas con exactitud.

Quiero dar una cordial y sincera bienvenida al élder Neil L. Andersen al Quórum de los Doce Apóstoles. Él es un complemento digno y bienvenido.

El 15 de agosto de 2007, hubo un terremoto en el Perú que casi destruyó por completo las ciudades costeras de Pisco y Chincha. Al igual que muchos otros líderes y miembros de la Iglesia, Wenceslao Conde, el presidente de la Rama Balconcito de la Iglesia en Chincha, fue a ayudar de inmediato a aquellos cuyas casas habían sufrido daños.

Cuatro días después del terremoto, el élder Marcus B. Nash, de los Setenta, estaba en Chincha ayudando a coordinar la ayuda humanitaria que envió la Iglesia y conoció al presidente Conde. Mientras hablaban de la destrucción que había ocurrido y de lo que se estaba haciendo para ayudar a las víctimas, Pamela, la esposa del presidente Conde, se acercó con uno de sus pequeños hijos en brazos. El élder Nash le preguntó a la hermana Conde cómo estaban sus hijos. Con una sonrisa, ella respondió que gracias a la bondad de Dios todos estaban bien y a salvo. Él le preguntó acerca de la casa de ellos.

Ella simplemente respondió: “Destruida”.

“¿Y sus pertenencias?”, preguntó él.

“Todo quedó enterrado bajo los escombros de nuestra casa”, respondió la hermana Conde.

“Sin embargo usted está sonriendo”, dijo el élder Nash.

“Sí”, dijo ella, “he orado y estoy en paz. Tenemos todo lo que necesitamos; nos tenemos el uno al otro, tenemos a nuestros hijos, estamos sellados en el templo, tenemos esta maravillosa Iglesia y tenemos al Señor; la podemos volver a construir con la ayuda del Señor”.

Esa tierna demostración de fe y fortaleza espiritual se repite en la vida de los santos de todo el mundo en diferentes entornos. Es un sencillo ejemplo de un poder profundo que hoy en día se necesita mucho y que será cada vez más crucial en los días venideros. Necesitamos cristianos firmes que perseveren en las dificultades, que mantengan la esperanza en medio de la tragedia, que puedan dar ánimo a los demás mediante su ejemplo y compasión y que superen las tentaciones sin cesar. Necesitamos cristianos firmes que mediante su fe lleven a cabo cosas importantes y que defiendan la verdad de Jesucristo en contra del relativismo moral y del ateísmo militante.

¿Cuál es la fuente de ese poder moral y espiritual? Y ¿cómo se obtiene? La fuente es Dios; obtenemos ese poder mediante los convenios que hacemos con Él. Un convenio es un acuerdo entre Dios y el hombre en el que Dios fija las condiciones (véase Guía para el Estudio de las Escrituras, “Convenio”, pág. 38). En estos acuerdos divinos, Dios se compromete a sostenernos, a santificarnos y a exaltarnos a cambio de nuestro compromiso de servirle y de guardar Sus mandamientos. Seguir leyendo

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Cómo hallar fortaleza en tiempos difíciles

Conferencia General 4 de abril de 2009
Cómo hallar fortaleza en tiempos difíciles
Élder Allan F. Packer
De los Setenta

El tener la capacidad de recibir inspiración personal será necesario en los días venideros.

Élder Andersen, le hacemos llegar nuestras bendiciones, nuestro amor y apoyo al llevar a cabo este nuevo llamamiento. Hermanos y hermanas, las personas y las familias por todo el mundo afrontan desafíos por motivo de las condiciones actuales. A pesar de que considero que se vienen grandes desafíos, también sé que es una época maravillosa para estar vivo, en especial para la juventud. Veo a mis hijos y nietos que llevan vidas plenas y satisfactorias aun cuando tienen desafíos, reveses y obstáculos que superar.

Estos son los días en que las profecías se están cumpliendo. Vivimos en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, que es el tiempo para prepararse para el regreso del Salvador; es también el tiempo para ocuparnos de nuestra propia salvación.

Cuando los vientos soplan y las lluvias caen, soplan y caen sobre todos. Aquellos que han construido sus cimientos sobre la roca en vez de la arena sobrevivirán las tormentas 1. A fin de edificar sobre la roca es necesario desarrollar una profunda conversión personal al evangelio de Jesucristo y saber cómo recibir inspiración. Debemos saber, y saber que lo sabemos. Debemos permanecer espiritual y temporalmente independientes de todas las criaturas mundanas 2; para ello, debemos entender que Dios el Padre es el Padre de nuestros espíritus y que Él nos ama, que Jesucristo es nuestro Redentor y Salvador, y que el Espíritu Santo se comunica con nuestra mente y nuestro corazón 3. Así es como recibimos inspiración. Tenemos que aprender a reconocer y aplicar estas impresiones.

Cuando era un jovencito de secundaria, una de mis pasiones era el fútbol americano; tenía la posición de defensa central. El entrenador hacía trabajar duro al equipo para enseñarnos lo básico. Practicábamos hasta que las técnicas se convertían en algo natural y automático. Durante una jugada contra nuestro más grande rival, tuve una experiencia que me ha ayudado a lo largo de los años. Estábamos en la defensa; yo sabía quién era mi contrincante y al empezar la jugada, él se movió a mi derecha a la línea de ataque. Había mucho ruido de jugadores y espectadores. Yo reaccioné de acuerdo con lo que el entrenador nos había enseñado y seguí a mi oponente hasta la línea, sin saber si él tenía la pelota. Para mi sorpresa, sentí la pelota parcialmente en mis manos; le di un tirón, pero mi oponente no la soltó. Al tirar de la pelota de un lado a otro, entre todo el tumulto, oí una voz que me gritaba: “¡Packer, derríbalo!”. Eso fue suficiente para hacerme reaccionar, de modo que lo derribé al instante.

Me he preguntado cómo escuché esa voz entre toda la bulla. Durante las prácticas me había familiarizado con la voz del entrenador, y había aprendido a confiar en ella. Sabía que lo que él enseñaba daba resultado.

Tenemos que familiarizarnos con las impresiones del Espíritu Santo y necesitamos practicar y aplicar las enseñanzas del Evangelio hasta que se conviertan en algo natural y automático. Esas impresiones llegan a ser el cimiento de nuestro testimonio; entonces, nuestros testimonios nos mantendrán felices y a salvo en tiempos difíciles.

El élder Dallin H. Oaks definió el testimonio de esta manera: “Un testimonio del Evangelio es un testigo personal que el Espíritu Santo atestigua a nuestra alma que ciertos hechos de importancia eterna son verdaderos y que sabemos que lo son” 4. En otra ocasión, el élder Oaks dijo: “El testimonio es saber y sentir. La conversión… requiere que hagamos y lleguemos a ser” 5.

Hay varias cosas que podemos hacer para lograr una profunda conversión y aprender a recibir inspiración divina. Primero, debemos tener el deseo. Alma dijo: “…porque sé que él concede a los hombres según lo que deseen, ya sea para muerte o para vida… según la voluntad de ellos” 6. Seguir leyendo

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Los principios revelados sobre los quórumes

Conferencia General 4 de abril de 2009
Los principios revelados sobre los quórumes
Michael A. Neider
Recientemente relevado como Segundo Consejero de la Presidencia General de los Hombres Jóvenes

Sigamos adelante con fe, confianza y virtud, sirviendo con Cristo para ayudar a salvar a nuestra familia y a todos los hijos de nuestro Padre Celestial.

Me encantan estas palabras del profeta Nefi: “…porque cuando un hombre habla por el poder del Santo Espíritu, el poder del Espíritu Santo lo lleva al corazón de los hijos de los hombres” 1. Mi ruego es que el poder del Espíritu Santo lleve mi mensaje a sus corazones.

Me permito representar a los poseedores del sacerdocio de la Iglesia para expresar gratitud a los líderes de la Iglesia y a la presidencia general de las Mujeres Jóvenes por haber añadido recientemente la virtud como un valor destacado para las mujeres jóvenes. Al escuchar a las jóvenes de la Iglesia recitar el lema de las Mujeres Jóvenes, se fortalecen mi deseo y mi compromiso de ser virtuoso y santo. Como poseedores del santo sacerdocio, debemos procurar que las hermanas no sean los únicos ejemplos de virtud.

En la sección 38 de Doctrina y Convenios, el Señor nos ha mandado a cada uno de nosotros que seamos virtuosos: “…y estime cada hombre a su hermano como a sí mismo, y ponga en práctica la virtud y la santidad delante de mí” 2.

Hoy deseo hablarles de los principios revelados por Dios sobre los quórumes y de la dirección inspirada de los profetas de los últimos días respecto al Sacerdocio Aarónico. Invito a los jóvenes de 12 a 18 años y a sus presidencias de quórum a escuchar, ya que analizaremos pasajes de las Escrituras que el Señor ha dirigido a ustedes. También invito a los padres y a los demás líderes del sacerdocio a escuchar para que comprendan mejor la forma en que los quórumes les ayudan a fortalecer y a preparar a los hijos de Dios.

Para comenzar, deseo recalcar el principio de estudiar o de obtener la palabra de Dios. He aprendido del ejemplo de mi esposa Rosemary que debemos convertirnos en estudiantes dedicados. Como muchos de ustedes, mi esposa estudia con regularidad las Escrituras y otros buenos libros. Ella es estudiosa de los mandamientos de Dios, del éxito matrimonial, de la crianza adecuada de los hijos y de la buena salud. A menudo me entrega un libro con una sonrisa y dice: “Toma, sólo tienes que leer las partes subrayadas”; y si el libro es sobre el matrimonio, le sonrío y le doy las gracias.

Hermanos, debemos ser estudiosos fervientes de los principios revelados del sacerdocio y de los quórumes. Nuestro objetivo es emplear correctamente la dirección inspirada de Dios y de Sus profetas, optimizar las virtudes y bendiciones del quórum, y fortalecer a los jóvenes y a sus familias. La tarea del quórum es aumentar la fe en Cristo, preparar y salvar a los jóvenes, y eliminar los errores y la pereza al aplicar la voluntad de Dios. Al procurar obtener de Dios sabiduría, estudiemos también los principios revelados sobre los quórumes.

El presidente Monson ha enseñado que “la enseñanza de principios básicos es imperiosa. Para comprender mejor nuestra labor y oportunidad… [y] a fin de merecer el discernimiento del Espíritu, [los líderes del sacerdocio] deben cumplir su tarea” 3. Seguir leyendo

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El respeto y la reverencia

Conferencia General 4 de abril de 2009
El respeto y la reverencia
Margaret S. Lifferth
Primera Consejera de la Presidencia General de la Primaria

Debemos cultivar… en nuestros hogares y en nuestras aulas el respeto mutuo y la reverencia hacia Dios.

En el último capítulo de Juan leemos de un intercambio muy tierno que hubo entre Pedro y el Cristo resucitado; tres veces el Salvador pregunta: “Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos?”, y cada vez, cuando Pedro le asegura al Salvador de su amor, Jesús “le dijo: “Apacienta mis corderos… Pastorea mis ovejas” 1.

En el mundo de hoy existe una gran necesidad de nutrir las almas de los niños y de la juventud con “agua viva” 2 y con el “pan de vida” 3. Al igual que Pedro, nosotros también amamos al Señor, por eso los padres y los líderes de hoy trabajan diligentemente para inculcar en cada corazón un testimonio de Jesucristo y de Su evangelio. Enseñamos en nuestros hogares, en entornos misionales, en los salones sacramentales y las aulas de nuestras capillas. Nos preparamos e invitamos al Espíritu para que esté con nosotros; pero para ser verdaderamente capaces de apacentar a Sus corderos y nutrir a Sus ovejas con un testimonio y con el Espíritu, debemos cultivar también en nuestros hogares y en nuestras aulas el respeto mutuo y la reverencia hacia Dios.

Hoy hago un llamado a los padres, maestros y líderes para trabajar juntos para enseñar, ejemplificar y fomentar las normas de respeto y reverencia que fortalecerán a nuestros niños y a nuestra juventud e invitará el espíritu de adoración en nuestros hogares y en nuestras capillas.

Permítanme sugerir que nuestra habilidad y credibilidad para ser ejemplos de reverencia hacia Dios se fortalece a medida que demostramos respeto mutuo. En la sociedad de hoy en día, las normas de decoro, de dignidad y cortesía están siendo asediadas por doquier y por todos los medios de comunicación. Como padres y líderes, nuestros ejemplos de respeto hacia los demás son fundamentales para nuestros jóvenes y para nuestros niños, puesto que ellos no sólo observan los medios de comunicación, ¡sino que también nos observan a nosotros! ¿Somos los ejemplos que deberíamos ser?

Preguntémonos: ¿Soy un ejemplo de respeto en mi hogar en la forma en la que trato a las personas a quienes más quiero? ¿Cómo me comporto durante los eventos deportivos? Si mi hijo tiene un desacuerdo con un maestro, entrenador o amigo, ¿escucho ambas versiones de la situación? ¿Muestro respeto por la propiedad de los demás y cuido también de la mía? ¿Cómo les respondo a las personas con las que estoy en desacuerdo en temas de religión, estilo de vida o política?

Si los padres y los líderes dan el ejemplo y enseñan el respeto hacia los demás, reafirmamos en el corazón de nuestros hijos que cada uno de nosotros es, en verdad, un hijo de Dios, y que todos somos hermanos y hermanas por la eternidad. Nos concentraremos en las cosas que tenemos en común, en las cualidades del corazón que unen a la familia de Dios, en vez de nuestras diferencias. Seguir leyendo

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Nadie estuvo con Él

Nadie estuvo con Él

Élder Jeffrey R. Holland
Del Quórum de los Doce Apóstoles

La verdad que se pregonó desde la cima del Calvario es que nunca estaremos solos ni sin ayuda, aunque a veces pensemos que lo estamos.

Gracias, hermana Thompson, y gracias a las extraordinarias mujeres de la Iglesia. Hermanos y hermanas, mi mensaje de Pascua de Resurrección de hoy va dirigido a todos, pero en especial a aquellos que están solos o que se sienten solos, o peor aún, a los que se sienten abandonados. Entre ellos se podrían incluir a los que anhelan estar casados, a los que han perdido un cónyuge, a los que han perdido hijos o a los que nunca han sido bendecidos con hijos. En nuestra compasión abrazamos a esposas a quienes los maridos las han abandonado, esposos cuyas esposas los han dejado, e hijos privados de uno de los padres, o de ambos. En la amplia circunferencia de este grupo se puede hallar el soldado que está lejos del hogar, el misionero que en las primeras semanas extraña a la familia, o el padre desempleado que teme que su familia perciba el miedo de su mirada. En una palabra, puede incluirnos a todos nosotros en diferentes épocas de nuestra vida.

A todos ellos les hablo de la jornada más solitaria que jamás se haya emprendido, y de las interminables bendiciones que ella trajo a la familia humana. Me refiero a la solitaria tarea del Salvador de llevar Él solo la carga de nuestra salvación. Con toda razón Él diría: “He pisado yo solo el lagar, y de los pueblos nadie había conmigo… Miré, y no había quien ayudara, y me maravillé que no hubiera quien [me] sustentase” 1.

Como tan bellamente lo destacó el presidente Uchtdorf, sabemos que en las Escrituras dice que la llegada mesiánica de Jesús a Jerusalén el domingo antes de la Pascua, un día que equivale directamente a la mañana de hoy, fue un gran momento público, pero el entusiasmo por seguir caminando con Él empezaría a disminuir rápidamente.

Poco después, Él fue llevado ante los líderes israelitas de aquella época, primero Anás, el antiguo sumo sacerdote, y luego Caifás, el sumo sacerdote de esos días. En su prisa por juzgarlo, esos hombres y sus concilios declararon su veredicto con rapidez e ira: “¿Qué más necesidad tenemos de testigos?”, exclamaron. “¡Es [digno] de muerte!” 2.

Después fue llevado ante los gobernantes gentiles del país. Herodes Antipas, el tetrarca de Galilea, lo interrogó una vez, y Poncio Pilato, el gobernador romano de Judea, lo hizo dos veces, declarando la segunda vez a la multitud: “…habiéndole interrogado yo delante de vosotros, no he hallado en este hombre delito alguno” 3. Entonces, en un acto que fue tan inexcusable como ilógico, Pilato “[azotó] a Jesús, [y] le entregó para ser crucificado” 4. Las manos recién lavadas de Pilato nunca pudieron haber estado más manchadas ni más sucias.

Ese rechazo, tanto eclesiástico como político, se volvió más personal cuando los ciudadanos de las calles se volvieron también contra Jesús. Una de las ironías de la historia es que junto con Jesús estaba encarcelado un verdadero blasfemo, un asesino y revolucionario conocido como Barrabás, nombre o título que, en arameo, significa “hijo del padre” 5. Debido a que Pilato podía poner en libertad a un prisionero, según el espíritu de la tradición de la Pascua, preguntó al pueblo: “¿A cuál de los dos queréis que os suelte?”. Respondieron: “A Barrabás” 6, de modo que se puso en libertad a un impío “hijo del padre”, mientras que el Hijo verdaderamente divino de Su Padre Celestial fue condenado a la crucifixión. Seguir leyendo

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Seamos proveedores providentes temporal y espiritualmente

Conferencia General 4 de abril de 2009
Seamos proveedores providentes temporal y espiritualmente
Élder Robert D. Hales
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Si vivimos de manera providente, podemos proveer para nosotros mismos y para nuestra familia, y también seguir el ejemplo del Salvador de servir y bendecir a los demás.

¡Cuán bendecidos somos de ser guiados por un profeta viviente! Por haberse criado durante la Gran Depresión, el presidente Thomas S. Monson aprendió a prestar servicio a los demás. A menudo su madre le pedía que llevara comida a los vecinos necesitados, y ella daba alguno que otro trabajo a hombres sin hogar a cambio de comidas caseras. Más tarde, siendo joven obispo, él recibió esta instrucción del presidente J. Reuben Clark: “Sé bondadoso con las viudas y cuida de los pobres” (La enseñanza: El llamamiento más importante, pág. 117). El presidente Monson se encargó de 84 viudas y cuidó de ellas hasta que fallecieron. A lo largo de los años, su servicio a miembros y vecinos de todo el mundo ha sido el sello distintivo de su ministerio. Estamos agradecidos por tener su ejemplo. Gracias, presidente Monson.

Hermanos y hermanas, al igual que el presidente Monson, nuestros hijos se están criando en una época de incertidumbre económica. Así como nuestros abuelos y bisabuelos aprendieron lecciones esenciales debido a la adversidad económica, lo que aprendamos ahora, en las circunstancias actuales, nos bendecirá a nosotros y a nuestra posteridad en las generaciones futuras.

Hoy me dirijo a todos aquellos cuya libertad de elección se ha visto reducida por los efectos desacertados de las decisiones del pasado; me refiero específicamente a las decisiones que han conducido a la deuda excesiva y a las adicciones a comida, drogas, pornografía y otros hábitos de pensamiento y de acción que disminuyen nuestro sentido de autoestima. Todos estos excesos nos afectan individualmente y debilitan nuestras relaciones familiares. Por supuesto, a fin de proveer de lo necesario para la familia, tal vez sea necesario contraer algunas deudas para la educación formal, una casa modesta o un automóvil sencillo. Sin embargo, lamentablemente, se incurre en deudas adicionales cuando no controlamos nuestros deseos e impulsos adictivos. La solución prometedora es la misma, tanto para la deuda como para la adicción: Debemos volvernos al Señor y seguir Sus mandamientos. Debemos desear más que nada cambiar nuestra vida para salir del ciclo de la deuda y de nuestros deseos desmedidos. Ruego que en los siguientes minutos, y a lo largo de la conferencia, sean llenos de esperanza en nuestro Salvador Jesucristo y encuentren esperanza en las doctrinas de Su evangelio restaurado.

Nuestros desafíos, incluso los que generamos por nuestras propias decisiones, son parte de nuestra prueba en la tierra. Permítanme asegurarles que su situación no está más allá del alcance de nuestro Salvador. Por medio de Él, cada lucha nos servirá de experiencia y será para nuestro bien (véase D. y C. 122:7). Cada tentación que superemos es para fortalecernos y no para destruirnos. El Señor nunca permitirá que suframos más de lo que podamos resistir (véase 1 Corintios 10:13).

Debemos recordar que el adversario nos conoce muy bien; él sabe dónde, cuándo y cómo tentarnos. Si somos obedientes a las impresiones del Espíritu Santo, podemos aprender a reconocer las trampas del adversario. Antes de ceder a la tentación, debemos aprender a decir con firme determinación: “¡Quítate de delante de mí, Satanás!” (Mateo 16:23).

Nuestro éxito nunca se mide por la intensidad con la que seamos tentados, sino por la fidelidad de nuestra reacción. Debemos pedir ayuda a nuestro Padre Celestial y buscar la fortaleza por medio de la expiación de Su Hijo Jesucristo. Tanto en los asuntos temporales como espirituales, el obtener esta ayuda divina nos permite ser proveedores providentes para nosotros mismos y para los demás. Seguir leyendo

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El don de sanidades

Septiembre de 1982
El don de sanidades
Por el presidente Spencer W. Kimball

Spencer W. KimballCreemos en el don de lenguas, profecía, revelación, visiones, sanidades. . . (Artículo de Fe, N°7.) Cuando el Salvador mandó al mundo a sus Apóstoles para predicar el evangelio después de su ascensión al cielo, les dio el siguiente encargo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

“El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.
“Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán mera demonios; hablarán nuevas lenguas;
“. . . y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.” (Marcos 16:15-18; cursiva agregada.)

El Señor, en esta oportunidad, estaba anunciando el eterno principio de que donde se encontrara su sacerdocio y donde existiera la fe, estarían las señales de poder, no para impresionar a la gente, sino para bendecirla. Los discípulos del Señor comprendieron muy bien éste eterno principio en aquellos días. Dijo Santiago:

“¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la Iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor.

“Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará. . .

“.. . La oración eficaz del justo puede mucho.” (Santiago 5:14-16.)

Cuando Juan el Bautista yacía desalentado en la prisión, mandó mensajeros a Jesús para preguntarle:

“¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?”

La respuesta del Señor fue:

“Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis.
“Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio. . .” (Mateo 11:3-5.)

Al enviar a los setenta “de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir”, les comisionó diciendo: “. . .sanad a los enfermos… y decidles: Se ha acercado a vosotros el reino de Dios.” (Lucas 10:1, 9.)

Y cuando, llenos de gozo, los setenta volvieron, le dijeron:

“Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre.”

Y el Salvador respondió:

“He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.

“Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.” (Lucas 10:18-20.)

“Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los sanaban.” (Marcos 6:13.)

Parece que el uso de aceite para ungir y bendecir a los enfermos ha sido una costumbre a partir de los primeros tiempos. Jacob echó aceite sobre la piedra que le servía de almohada cuando recibió manifestaciones espirituales. (Véase Génesis 35:14.) Se utilizaba para ungir a los que se escogían para reyes. Cuando el Señor llamó a Saúl para ser rey de Israel, éste fue ungido por Samuel, de la tribu de Benjamín.

En el célebre Salmo 23 se menciona el uso del aceite: “Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando” (versículo 5).

El uso de aceite en sanidades se mencionó en muchas oportunidades, pero no en todos los casos. No se sabe si lo utilizaban siempre, pero la costumbre y práctica queda bien establecida. Se puede dar bendiciones con aceite o sin él.

La administración misma se divide en dos partes: La unción y el sellamiento. Un élder echa una pequeña cantidad de aceite en la cabeza de la persona afligida, en la corona de la cabeza si es posible, mas nunca en otras partes del cuerpo; y en el nombre del Señor y por la autoridad del sacerdocio, unge a la persona para la restauración de la salud. Dos o más élderes participan en el sellamiento, uno de los cuales sirve de vocero, sella la unción y da una bendición apropiada, también en el nombre de Jesucristo y por la autoridad del sacerdocio.

A veces, cuando no se dispone de aceite, o no se encuentran presentes dos hermanos, o si el afligido recientemente recibió una unción, se puede seguir un proceso alterno en el cual uno (o más élderes) da una bendición, asimismo en el nombre del Señor y por la autoridad del Sacerdocio de Melquisedec. Pronunciará las bendiciones que le parezcan apropiadas y de acuerdo con las impresiones que reciba del Espíritu.

Existe, además, la oración que es diferente de la administración. Se hace directamente al Señor en forma de una petición para que sane, y cualquier persona que tenga deseos puede ofrecerla; no se considera una ordenanza en el mismo sentido que la administración. La oración es una súplica para que el Señor actúe, mientras que la administración la dan los hermanos que poseen el sacerdocio en el nombre de Cristo.

Creo que a veces se abusa de esta ordenanza. Conozco a una persona que estaba internada en el hospital con una pierna rota y que dejó una orden —que había de estar en vigencia durante toda su estadía en el hospital— para que fueran los élderes todos los días para darle una bendición. Opinan algunos que las administraciones demasiado frecuentes son indicio de una falta de fe, o que la persona afligida está tratando de colocar sobre los hombros de los élderes su propia responsabilidad de tener fe.

En una oportunidad hace muchos años, me sirvió de una buena lección la experiencia de una gentil anciana que enfermó gravemente cuando visitaba a unos parientes en Arizona. Nos llamaron en seguida a los élderes, y le dimos una bendición. Al día siguiente, se le preguntó si quería otra administración y ella respondió: “No, ya me ungieron y bendijeron. Se ha realizado la ordenanza, y ahora es mi responsabilidad reclamar el cumplimiento por medio de mi fe.”

A veces, cuando uno cree que hace falta una bendición adicional después de haber recibido recientemente una administración, se puede dar otra bendición sin repetir la unción.

A menudo se le resta importancia a la fe. Parecería que con frecuencia el afligido y la familia dependen enteramente (del poder del sacerdocio, y el don de sanidad que poseen los élderes; sin embargo, la responsabilidad mayor la tiene el que recibe la bendición. Hay personas que parecen tener el don de sanidades, según la descripción que se da en la sección 46 de Doctrina y Convenios, y se puede comprender por qué un enfermo querrá recibir una bendición por medio de una persona que parece tener gran fe y poder comprobarlo, y en quien el afligido puede confiar; pero después de todo, el elemento más importante es la fe del recipiente, si éste está consciente y en poder de todas sus facultades. El Maestro repitió tan a menudo las palabras: “Tu fe te ha salvado” (Mateo 9:22), que casi se convirtieron en un refrán. Aun cuando era el Redentor y dijo: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra” (Mateo 28:18), sin embargo, su declaración más frecuente fue: “Tu fe te ha salvado.” “Conforme a vuestra fe os sea hecho.” (Mateo 9:29.)

El centurión se le acercó en Capernaum, solicitando la restauración de la salud de su siervo que yacía atormentado en su casa: “…no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra y mi siervo sanará”. Luego comparó el poder espiritual de Cristo a su propio poder militar. Cristo, maravillado, dijo:

“De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe. . .

“. . .Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora.” (Véase Mateo 8:5-13.) Seguir leyendo

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Lo que el Señor requiere de los padres

Septiembre de 1982
Lo que el Señor requiere de los padres
Por el élder Robert L. Backman
Del Primer Quórum de los Setenta

Robert L. BackmanDemasiados padres han olvidado cómo se siente cuando se es joven, cuando se pasa por los años difíciles de la adolescencia, en los cuales un joven no sabe si catalogarse como hombre o como muchacho; en que lucha para descubrir su identidad y el propósito de su vida; se preocupa por su desarrollo físico; confronta decisiones importantes en lo concerniente al futuro, a las muchachas, a su trabajo, y a su relación con Dios, con Jesucristo, y con todos los que lo rodean; lleno de fe, y sin embargo, con dudas; independiente, pero al mismo tiempo dependiente; ansioso de ver qué puede lograr por sus propios medios, sin embargo, necesitado de la seguridad de otros; arrastrado por las fuerzas que lo atraen aquí y allá: la familia, los compañeros, los maestros, los líderes; y combinado con la sensación de que el tiempo parece no tener límites.

¿Recordáis?

Nuestro Padre Celestial ha puesto el destino eterno de sus hijos en las manos de los padres, pero más específicamente sobre los hombros de la familia. Esa es una responsabilidad que no puede delegarse.

En una bella revelación recibida por medio de José Smith, el Señor declaró que los niños son inocentes y que “se requieren grandes cosas de las manos de sus padres” (véase D. y C. 29:48).

¿Qué grandes cosas requiere el Señor de las manos de los padres? Como Presidente de la Mesa General de los Hombres Jóvenes, quiero dirigirme en particular a los padres de los jovencitos.

Él requiere que los padres enseñen a sus hijos.
Padres, ¿cómo podemos olvidar esta gran responsabilidad que el Señor nos ha dado de criar a nuestros hijos en la luz y la verdad? (Véase D. y C. 93:40.)

En Doctrina y Convenios 68:25-28, el Señor nos dio instrucciones estrictas concernientes a nuestra responsabilidad como padres. Nos mandó que:

  1. Nos aseguremos de que nuestros hijos comprendan los primeros principios del evangelio.
  2. Nuestros hijos sean bautizados cuando cumplen ocho años de edad y que reciban “la imposición de manos” para que puedan tener la compañía del Espíritu Santo.
  3. Nos aseguremos de que nuestros hijos hagan ciertas cosas, tales como orar y “caminar rectamente delante del Señor”.

El Señor nos recordó que ésta es “una ley para los habitantes de Sión”.

¿No es interesante saber que el Señor nos pide que empecemos a enseñar a nuestros hijos cuando son de corta edad, antes de que Satanás tenga ninguna influencia sobre ellos y cuando los padres son la influencia más poderosa en su vida?

También debemos darnos cuenta de que la responsabilidad de enseñar la verdad a nuestros hijos no descansa en la Iglesia, en la escuela, en la comunidad, ni en los compañeros.

Es nuestro derecho, igual que nuestra responsabilidad, ayudar a nuestros hijos a tomar decisiones correctas. Esto es especialmente cierto cuando se trata de enseñarles acerca del matrimonio, del sexo y del nacimiento, de acuerdo con los conceptos sagrados del código moral de Dios. Muy a menudo los jóvenes aprenden lo que sus amigos les dicen acerca de estos temas, lo que podría considerarse como un ciego que guía a otro ciego; o si no, aprenden en la atmósfera científica del aula.

Conozco a un padre que tiene una bella relación con su hijo. Tienen una buena comunicación, creando así un lazo de confianza que da gusto percibir. Un día de verano, mientras el padre trabajaba en el huerto, pudo escuchar que su hijo sostenía una seria conversación con un amigo al otro lado de la cerca. El amigo hacía algunas de aquellas preguntas que nos han perturbado a todos cuando estamos creciendo. En lugar de contestarlas el joven le preguntó:

— ¿Por qué no le preguntas eso a tu padre?

El amigo replicó:

— ¿Quieres decir que tú puedes hablar con tu padre de estas cosas?

Cuando entrevisto a jóvenes que han transgredido las leyes morales, me pregunto cuántos de ellos podrían haber evitado tener tal experiencia si hubieran tenido una buena comunicación con sus padres, y si éstos los hubieran instruido constantemente al respecto.

Cómo quisiera que los padres de hoy fuesen como Adán y Eva, quienes, nos dicen las Escrituras, “hicieron saber todas las cosas a sus hijos e hijas” (Moisés 5:12). Seguir leyendo

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Recibí… Instrucción en toda la ciencia de mi padre

Septiembre de 1982
“Recibí… Instrucción en toda la ciencia de mi padre»
Por el presidente Spencer W. Kimball

Spencer W. KimballEl Señor nos ha inspirado para que hagamos gran hincapié en la unidad familiar y en la fe en Dios. En una época en la que se ha invadido la santidad del hogar y el cuidado de los hijos se considera con ligereza, continuamos insistiendo en que es urgente que las parejas, los padres y los hijos, y los adultos solteros que viven solos estudien y vivan los principios de verdad, poniendo especial cuidado en alimentar el amor y la armonía dentro del círculo familiar. Sólo tal amor podrá soportar los ataques de Satanás en éstos, los últimos días.

Para poder aprender el principio correcto de la paternidad, no necesitamos leer más que el primer versículo del Libro de Mormón, el libro que el profeta José Smith dijo que es la clave de nuestra religión: “Yo, Nefi, nací de buenos padres y recibí, por tanto, alguna instrucción. . .” (1 Nefi 1:1.)

Es responsabilidad divina de los padres enseñar las verdades del evangelio a sus hijos. Por lo tanto, recientemente pedimos que se leyera la siguiente comunicación en las reuniones sacramentales de todos los barrios y ramas:

“La Primera Presidencia frecuentemente hace hincapié en la importancia de llevar a cabo la noche de hogar todas las semanas, considerando que brinda una oportunidad especial para que los padres instruyan y fortalezcan a su familia. Además del estudio del evangelio los domingos con la familia, se ha reservado la noche de los lunes para llevar a cabo la noche de hogar, la cual incluye la enseñanza de los principios del evangelio, del amor y la armonía, y también actividades familiares.”

Un verdadero hogar de Santos de los Últimos Días es un refugio contra las tormentas y problemas de la vida.

Pedimos a los padres y a los líderes que den a este tema la importancia que merece, ya que nuestras mayores necesidades como individuos y como grupo son las de estar cerca de nuestro Padre Celestial y tener una espiritualidad constante en nuestra vida. La espiritualidad nace y se alimenta por medio de la oración y el estudio diario de las Escrituras, los análisis en familia de los principios del evangelio y actividades relacionadas con estos principios, noches de hogar, consejos de familia, el trabajo y la recreación, el servicio, y el compartir el evangelio con aquellos que nos rodean. También alimentamos la espiritualidad cuando actuamos con paciencia, bondad, e indulgencia hacia nuestro prójimo y cuando aplicamos los principios del evangelio en el círculo familiar. En el hogar es donde llegamos a ser expertos en lo relacionado con el evangelio y su justicia, aprendiendo y viviendo sus principios.

Durante mi juventud y después, viviendo con mi esposa y nuestros hijos, nuestro hogar era un pedacito de cielo en donde se llevaban a cabo actividades familiares que todavía recuerdo con ternura. Cada vez que uno de nosotros hacía algo, ya fuera cantar una canción, dirigir un juego, recitar un artículo de fe, contar una historia, demostrar un talento, o llevar a cabo una asignación, siempre se observaba progreso y existía un sentimiento de alegría y paz en el hogar.

Animamos a todos los miembros a que repasen con un espíritu de oración las sugerencias que las Autoridades Generales han aprobado como actividades para el día domingo, para las noches de hogar y para otras actividades que se realizan en nuestro hogar:

“Al planear nuestras actividades dominicales, podemos designar algunas horas del día para pasarlas con nuestra familia, para estudiar y meditar y para servir a los demás. Si gustan pueden: leer las Escrituras, los informes de conferencias generales y otras publicaciones de la Iglesia; estudiar la vida y enseñanzas de los profetas; preparar lecciones de la Iglesia y otras asignaciones; escribir la historia de la familia o llevar un diario personal; orar y meditar; escribir o visitar a parientes o amigos; escribir a misioneros; escuchar buena música; participar con la familia en conversaciones o lecciones del evangelio; llevar a cabo reuniones de consejo familiar; fortalecer las buenas relaciones entre esposos; leer con los hijos; trabajar en genealogía (llenando el cuadro genealógico u otros formularios, indagando sobre datos familiares, etc.); cantar himnos de la Iglesia; leer buena literatura; desarrollar el aprecio por el arte; planear la noche de hogar y actividades familiares; hacer amistad con los que no son miembros y con los vecinos; visitar a los enfermos, a los ancianos y a los que se sienten solos; tener entrevistas con los miembros de la familia.

“Las actividades del día lunes podrían incluir cualquiera de las que se sugieren para el día domingo; lecciones del manual para la noche de hogar; juegos en los que toda la familia pueda participar; asistir a eventos culturales; hacer algo bueno por alguien en particular; hacer una demostración de sus habilidades a los demás; trabajar juntos para embellecer el hogar; jardinería y horticultura; inventario de lo que se tiene almacenado; proyectar lo que se va a almacenar; preservar alimentos: (envasar, secar, congelar, etc.); fabricar ropa, utensilios domésticos, muebles, etc.; hacer planes y participar en un programa de ejercicios físicos; actividades recreativas.” (“Nuestra familia: Guía práctica para lograr que la vida familiar se centre en el evangelio” —folleto—, págs. 2 y 3.) Seguir leyendo

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No tenemos por qué temer la venida de Cristo

Marzo de 1979
No tenemos por qué temer la venida de Cristo
Por el presidente Gordon B. Hinckley
Consejero en la Primera Presidencia

Gordon B. Hinckley(Tomado de un discurso pronunciado en la Universidad Brigham Young, en marzo de 1979.)

Recientemente, una noche en que tenía unas horas libres, me puse a mirar programas de noticias en televisión. Todos mostraban los conflictos, las aflicciones y la opresión que hay en el mundo.

Después de apagar el televisor, pasé junto al piano y tomé de allí el himnario, en el que me detuve a leer las palabras tan especiales que escribió Parley P. Pratt hace muchos años, y que parecen un eco de mis propios sentimientos:

¡Oh Rey de Reyes,
ven en gloria a reinar!
Con paz y tu sostén,
tu pueblo libertar.
Ven tú, al mundo a morar,
a Israel a congregar.
Da fin a la maldad que
en el mundo hay,
y danos la verdad
que santos alcen hoy.
En cánticos, feliz refrán,
tu reino bienvenida dan.
(Himnos, 94.)

Entre los acontecimientos que sé con seguridad que sucederán está el hecho de que el Señor vendrá nuevamente.

En el vestíbulo del edificio de las Oficinas Generales de la Iglesia, en una de las paredes hay un hermoso y enorme mural que representa al Señor resucitado dando instrucciones finales a once de sus Apóstoles. Fue cuando les habló en cuanto a la responsabilidad futura que tendrían de llevar el evangelio a toda nación, tribu, lengua y pueblo. (Véanse Mateo 28:16-19; Marcos 16:14-16.)

“Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos.

“Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas,

“Los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir. . .” (Hechos 1:9-11.)

Sé, además, que cuando venga por segunda vez vendrá en toda su gloria, estableciéndose así un contraste con la forma en que vino en el meridiano de los tiempos. La primera vez, El, que era el grandioso Jehová, el Creador de la tierra y el Dios que había hablado a los profetas de antaño, condescendió a nacer en un pesebre, en Belén de Judea. El “varón de dolores, experimentado en quebranto” (Isaías 53:3), recorrió los polvorientos caminos de Palestina, se entregó en manos de hombres malvados y fue crucificado en la colina llamada Gólgota.

En nuestra dispensación, el Señor ha declarado:

“Porque he aquí, de cierto, de cierto te digo, que la hora está próxima cuando vendré en una nube con poder y gran gloria.

“Y será un día grande al tiempo de mi venida, porque todas las naciones temblarán.

“Pero antes que venga ese día grande, el sol se obscurecerá y la luna se tornará en sangre; y las estrellas se negarán a brillar y algunas caerán; y grandes destrucciones esperan a los malvados.” (D. y C. 34:7-9.)

Hay una frase en este {pasaje que me intriga: “Todas las naciones temblarán”. El hombre en su arrogancia y las grandes naciones con su ostentación de poder piensan que son invencibles. Pero sus líderes no han leído suficientemente bien las lecciones de la historia.

Hace más de cuarenta años, cuando yo era misionero en las Islas Británicas, era la época del predominio del Imperio Británico; entonces podía decirse que el sol nunca se ponía sobre el suelo inglés y que la bandera británica flameaba en una cuarta parte del mundo. La paz mundial dependía del Imperio Británico.

Ahora, el Imperio Británico ha desaparecido; lo que eran sus colonias son naciones independientes, y el poderoso león rugiente de otros tiempos está viejo, débil y enfermo. Seguir leyendo

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Joven, formas parte de una generación selecta

Junio de 1982
Joven, formas parte de una generación selecta
Presidente Spencer W. Kimball

Spencer W. KimballYa debe ser obvio para ti que vives en una época de perplejidad y problemas; pero también en una época de grandes oportunidades.

¡Joven, amado joven, que mundo maravilloso éste en el que vives! ¡Qué oportunidades tan gloriosas son las tuyas!

A lo largo de la primera década de, tu vida hubo días de gozo, de felicidad, días sin preocupaciones. Tus padres y familiares te protegían, te enseñaban y alimentaban, te vestían y amparaban; mas ahora, en la segunda década de tu vida mortal, ya no ejercen tanto control sobre tu existencia. Poco a poco vas desarrollando tu personalidad, tomando cada vez más decisiones propias. Tu creciente maduración trae consigo una vital responsabilidad. Las decisiones más trascendentales de tu vida entera se encuentran ya a tu vista: decisiones que pueden descubrir para tu porvenir gloriosos senderos de progreso, o meterte en funestos callejones sin salida.

Otros te pueden aconsejar con respecto a tus decisiones, pero eres tú el que las debe tomar y cumplir con ellas. El libre albedrío te da el derecho de escoger, pero no te protegerá del sufrimiento y la privación que son el resultado de una mala decisión. Una vez puestos tus pies sobre el camino de la vida, no te será fácil volver atrás, especialmente si muchos otros se encuentran viajando en el mismo sendero y si éste va en descenso.

Tu vida te pertenece, para desarrollarla o destruirla. Poco podrás culpar a los demás, más a ti mismo casi totalmente, si no resulta productiva, ideal, plena y abundante. Otros te pueden ayudar o estorbar, pero la responsabilidad es tuya, y puedes hacer de tu vida algo noble, mediocre o totalmente malogrado.

Yo me crié en una tierra seca. Allí parecía que la escasa lluvia casi nunca bastaba para llevarnos a través del período de maduración de las cosechas hasta la sazón; insuficiente agua para repartir entre millares de sedientas hectáreas, insuficiente para regar toda la labranza.

Aprendimos a orar pidiendo lluvia; siempre suplicábamos por lluvia.

Cuando yo aún era de tierna edad, sabía que las plantas no podían vivir sin agua. Sabía cómo enganchar la vieja yegua a la “lagartija” (así le llamábamos al tronco bifurcado en el cual se colocaba un barril) e ir al “arroyo grande”, el Canal Unión, que quedaba a una cuadra de nuestra casa; con un balde sacaba agua de la pequeña corriente o de las charcas y llenaba el barril, y luego el animal lo arrastraba a la casa para que pudiera yo regar las rosas, las violetas, las demás flores, los arbustos y los jóvenes arbolitos. El agua nos parecía como oro líquido y, por tanto, los depósitos de agua se convirtieron en una parte importante de mi vida.

En nuestra época también existe la necesidad de depósitos para hacer diferentes reservas: para reservas de agua; algunos para almacenar alimentos, tal como hacemos en el programa familiar de bienestar; otros, como los graneros edificados por José en la tierra de Egipto para almacenar lo reunido en los siete años de abundancia, a fin de que los sostuviera durante los siete años de sequía y hambre.

Pero también debe haber reservas de conocimiento para satisfacer las necesidades futuras, reservas de valentía para sobreponerse a las inundaciones de miedo que traen consigo la incertidumbre, almacenamiento de fortaleza física para ayudarnos a combatir las frecuentes contaminaciones e infecciones, reservas de fe que nos mantengan firmes y fuertes cuando nos abruma lo mundanal. Cuando las tentaciones del mundo degenerado en que vivimos debilitan nuestra energía, consumen nuestra vitalidad espiritual, y buscan rebajamos al nivel de lo profano, nos hace falta una reserva de fe que sirva para llevar a los jóvenes a través de los exasperantes años de la adolescencia y de los problemas de la madurez; fe para guiamos en los momentos de aburrimiento, de dificultades, de terror, a través del desánimo y, la desilusión, de los años de adversidad, privación, confusión y frustración.

¿Qué debemos hacer para abastecer nuestras reservas?

Como parte de una generación profundamente observadora de Santos de los Últimos Días, ya debe ser obvio para ti que vives en una época llena de perplejidad y problemas; pero también es una época de grandes oportunidades.

Estoy agradecido de que tú y todos nosotros tengamos el Evangelio de Jesucristo para guiarnos, para que puedas tener una estructura de comprensión en la cual sepas hacer encajar los sucesos y circunstancias que presenciarás durante tu vida. Las Escrituras ponen de manifiesto que en esta dispensación nuestros líderes políticos no nos pueden asegurar que habrá paz entre las naciones; pero a nosotros, los miembros de la Iglesia, se nos da la fórmula para gozar de paz personal, para lograr conocer la serenidad en el alma, ¡aun cuando no haya paz exterior! Seguir leyendo

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