Si me amáis, guardad mis mandamiento

9 de marzo de 1975, Conferencia General de Área en Buenos Aires
“Si me amáis, guardad mis mandamientos»
por el élder L. Tom Perry
del Consejo de los Doce Apóstoles

L. Tom PerryCuánto gozo siento de estar aquí con vosotros en esta grandiosa ocasión y saludaros como hermanos eternos. Sabemos que todos tenemos el mismo Padre amante en los cielos. Las diferencias que puedan existir entre nosotros por no hablar el mismo idioma o vivir en distintas partes del mundo, desaparecen por completo ante el espíritu que nos une. Porque aquí nos abrazamos como hermanos y expresamos el amor que sentimos unos por otros, y el gran don que hemos recibido en común mediante el evangelio de Jesucristo.

Deseo hablar hoy sobre nuestro Salvador. Quisiera repasar con vosotros las cosas relacionadas con las últimas horas que El pasó sobre la tierra, cuando se reunió con sus discípulos y los preparó para llevar adelante la obra después de su partida. Como sucede a menudo, es a veces en los períodos de gran tensión y pruebas cuando estamos más predispuestos a aprender. Creo que así sucedió con sus discípulos en aquellos momentos. En el Evangelio según San Juan, en los capítulos 13 y 14, hallamos un relato de esas horas finales que el Salvador pasó con ellos antes de la crucifixión, durante la festividad de la Pascua. Se trata de una escena conmovedora en la que El Ies expresó su amor y trató de hacerles comprender su ministerio y el sacrificio que hacía por toda la humanidad. Los discípulos estaban llenos de tristeza y ansiosos por aprender todo lo que pudieran en aquellas últimas horas con Él. Nos dice Juan:

«Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin…

se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó.

Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido.

Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies?

Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después.

Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo.

Le dijo Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza» (Juan 13:1, 4, 5-9). Después de lavarles los pies, el Salvador les enseñó una gran lección sobre sus responsabilidades hacia la posición que ocupamos en la vida. Les dijo:

«Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues, si yo, el Señor y Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Seguir leyendo

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El gozo de ser miembro de la Iglesia

9 de marzo de 1975, Conferencia General de Área en Buenos Aires
El gozo de ser miembro de la Iglesia
por el élder Angel Abrea
Representante Regional de los Doce Apóstoles

Ángel Abrea«Ya regocijemos dice el himno que acabamos de entonar y sin duda tenemos sobrados motivos para hacerlo.

Cómo no vamos a regocijarnos si parecería que este trascendente evento de la Conferencia nos reuniera para recordar que 50 años atrás, en la mañana de la Navidad del año 1925, el élder Melvin J. Ballard, junto con un pequeño grupo de hermanos, en un parque a pocas cuadras de donde estamos reunidos, iluminados por los nacientes rayos del sol que se filtraban por unos viejos sauces llorones, en su oración dedicatoria expresaba: «Y ahora, ¡Oh! Padre, por la autoridad de la bendición y designación del Presidente de la Iglesia y por la autoridad del santo apostolado que poseo, doy vuelta la llave y abro la puerta para la predicación del Evangelio en todas las naciones de Sudamérica.»

En esa Navidad del año 1925 nacía la Misión Sudamericana y todavía resuenan las palabras que el mismo élder Ballard expresara poco tiempo después en una de las primeras reuniones regulares que se efectuaban en la recién establecida misión: «La obra del Señor crecerá lentamente por un tiempo aquí, tal cual crece un cedro de la bellota. No germinará en un día como lo hace el girasol que crece rápidamente y luego muere. Pero miles se unirán a la Iglesia aquí. Será dividida en más de una misión y será una de las más fuertes en la Iglesia. La Misión Sudamericana será un poder en la Iglesia.»

Y como cumplimiento de esa profecía, de lo que fue hace 50 años la Misión Sudamericana, surgen hoy, decenas de misiones y estacas, y miles de miembros; y recién estamos en los albores de cosas aún más grandes.

¿Acaso no es motivo de regocijo la fortaleza que muestran las estacas y los barrios que continuamente se organizan en los australes países de América? Hombres de fe dispuestos a servir al Señor; hombres y mujeres que habiendo recibido las «buenas nuevas,» dan testimonio de las palabras de José Smith cuando dijo: «Una religión que no quiere el sacrificio de todas las cosas nunca tiene el poder suficiente para producir la fe necesaria para guiar hacia la vida y la salvación.»

Y allí, en ese modo de vida, sus corazones se regocijan y renuevan el espíritu que les anima. Seguir leyendo

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La palabra del Señor

9 de marzo de 1975, Conferencia General de Área en Buenos Aires
La palabra del Señor
por el presidente N. Eldon Tanner
de la Primera Presidencia

N. Eldon TannerMis queridos hermanos y hermanas, ciertamente es un placer para mí estar con vosotros en esta ocasión y participar en ésta, la primera Conferencia de Área en Argentina. Es la primera vez que tengo el privilegio y la oportunidad de visitar este bello país. He oído hablar mucho de él del mismo modo que de Uruguay, Paraguay y Chile, y especialmente del crecimiento que se ha llevado a cabo y la buena obra que los miembros de la Iglesia están desempeñando en esta parte del mundo. Hemos recibido informes muy favorables de las personas que han visitado este país, y ciertamente estoy muy impresionado con lo que he visto y oído desde que llegué aquí; el hermoso programa del viernes en la noche, el bellísimo canto de estos excelentes coros, y los mensajes y testimonios de sus representantes locales.

Quisiera dar la bienvenida y felicitar a todos aquellos que tienen la fe y el testimonio que los ha instado a llegar hasta aquí a fin de poder edificarse en el evangelio de Jesucristo. Muchos de vosotros habéis hecho sacrificios y recorrido largas distancias con el propósito de estar aquí.

Cuando asistí a las conferencias de área en la Ciudad de México, en Munich, Alemania, Estocolmo, Suecia, me impresionó profundamente el progreso que se está verificando en esas regiones, la devoción de las personas, y su excelente calidad directiva. La obra del Señor está progresando y su Iglesia y su reino se están edificando en todas las partes del mundo. Es inspirador ver el crecimiento y el progreso que se está efectuando en esta región bajo la dirección de los directores locales y miembros devotos de la Iglesia.

Durante un período de 10 años, de 1963 a 1973 los miembros de la Iglesia en Argentina aumentaron de 8,528 (cuando todos los miembros vivían en dos misiones) a 26.765, total que incluye a los miembros de las misiones y las estacas.

Ahora contamos con cuatro misiones y cinco estacas en Argentina. Es evidente lo que se puede lograr, y vosotros tenéis el privilegio y la responsabilidad de contribuir a un progreso aún mayor en lo futuro. Siempre debéis estar preparados para aceptar cualquier llamamiento, y dedicaros a la edificación del reino. Qué glorioso privilegio y qué bendición es tener al presidente Spencer W. Kimball, Presidente de la Iglesia y Profeta de Dios, presidiendo esta gran conferencia para guiarnos bajo la dirección del Señor. La forma milagrosa en que se ha preserva do su vida y en que su salud ha sido restaurada a fin de que pudiera llevar a cabo sus responsabilidades, debería constituir un testimonio para todos nosotros.

Aunque siempre he tenido un testimonio de que el Presidente de la Iglesia es un profeta de Dios, el privilegio y bendición que he tenido de trabajar y ser consejero de cuatro de ellos y ver cómo el Señor dirige su obra por medio de ellos, me testifica que son ciertamente profetas a través de quienes el Señor ha dirigido y dirige los asuntos de su Iglesia.

En este momento, deseo humildemente testificar que sé, así como sé que estoy parado aquí, que Dios vive; y que Jesucristo es su Hijo en la carne; que tuvimos una existencia preterrenal, que Dios amó de tal manera al mundo, que dio a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en El crea y viva de acuerdo con sus enseñanzas, pueda gozar inmortalidad y vida, eterna. La misión total de Cristo fue darnos el evangelio, que es el plan de vida y salvación, por el cual podemos prepararnos para regresar con nuestro Padre que está en los cielos. El declaró, “esta es mi obra y mi gloria: llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre» (Moisés 1:39). Y dio su vida a fin de que esto fuera posible. Seguir leyendo

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El camino a la divinidad

9 de marzo de 1975, Conferencia General de Área en Buenos Aires
El camino a la divinidad
por el presidente Spencer W. Kimball

Spencer W. KimballMis amados hermanos:

Vosotros sois una generación escogida, sois real sacerdocio, una nación santa, pueblo adquirido por Dios, porque no seguís los caminos del mundo.

Esta mañana habéis oído el evangelio predicado. Habéis oído acerca del sacerdocio y su gran poder, y la promesa que se os ha hecho. No sólo es importante recibir los dos sacerdocios, sino también magnificar los llamamientos que de ellos derivan.

Cuando me encontraba en Europa visitando las misiones, había en un hotel de Bruselas un espejo para afeitarse; en la esquina inferior de este espejo, se hallaba otro, mucho más pequeño, que tenía mucho aumento. Este hacía que mi barba pareciera más espesa y las arrugas de mi rostro, el Gran Cañón del Colorado en Arizona. Pues bien, es de esta manera como queremos magnificar nuestros poderes y nuestras obras en el sacerdocio.

En la Sección 84 de Doctrinas y Convenios, dice que nosotros vamos a ser recipientes de «todo lo que mi Padre tiene» (D. y C. 84:88). ¿Os habéis detenido alguna vez para enumerar las bendiciones, los poderes que el Padre posee? Todo poder, toda influencia, toda fortaleza, serán vuestros, y esto va de acuerdo con el juramento y el convenio del Santo Sacerdocio que poseéis. Siempre me ha causado un poco de inquietud el siguiente pasaje referente al sacerdocio: «…, El que violare este convenio, después de haberlo recibido, y lo abandonare totalmente, no logrará el perdón de sus pecados ni en este mundo, ni en el venidero» (D. y C. 84:41). Yo tendría pavor de «abandonarlo totalmente» una vez vinculado a este importante servicio en el sacerdocio.

Hermanos, anoche hablamos a los jóvenes acerca de misiones para ellos. Esta mañana, os hablamos a vosotros acerca de misiones para ellos, vuestros hijos. El Señor ha dicho que éste es un día de amonestación, y no de muchas palabras. (Véase D. y C. 63:58.) Lo que Él quiere decir con esto, es: «Espero que no tenga que deciros esto otra vez.» Espero que no tengamos que repetir que el Señor dice: «Yo quiero que vuestros hijos cumplan misiones.» Él ha dicho: «He aquí, os envié para testificar y amonestar al pueblo, y le conviene a cada ser que ha sido amonestado, amonestar a su prójimo» (D. y C. 88:81). Por lo tanto, vosotros quedáis sin excusa, habiendo sido advertidos por el Señor. Esperamos, pues, que de hoy en adelante haya un nuevo espíritu en la predicación del evangelio.

Tengo entendido que hay 25 millones de habitantes en Argentina, y un número equivalente a éste en otros países de este hemisferio. Y hay sólo entre 25.000 y 30.000 miembros de la Iglesia entre estos 25 millones. Son muy pocos los que han oído el evangelio. Ahora bien, esto es vuestra responsabilidad. No podemos enviaros misioneros hasta acá para que hagan vuestro trabajo misional de estaca. Esperamos que vuestros presidentes de estaca y de misión organizarán de inmediato a vuestros adultos y niños en sus respectivas localidades, con este propósito.

El presidente David O. McKay introdujo el lema «Cada miembro, un misionero,» Esto significa cada miembro. Incluye al presidente de estaca y sus consejeros, a los miembros del sumo consejo y del obispado. Incluye a los niños pequeños, los cuales deben hacer lo que esté a su alcance. Ahora, vosotros tenéis muchos y buenos amigos. En el’ pasado, vosotros tampoco erais miembros de la Iglesia y alguien fue bondadoso con vosotros. Es ahora vuestro el privilegio de devolver ese favor a muchos otros.

En una reunión, mencioné el caso de una hermana de Córdoba o de Mendoza, que había sido el instrumento vital para llevar a 32 personas a aceptar el evangelio. No era misionera apartada especialmente para esta obra, sino simplemente un ama de casa; pero si un ama de casa puede hacer esto, ciertamente su esposo es capaz de hacer lo mismo, así como todos los demás miembros de la Iglesia. Seguir leyendo

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Nuestra responsabilidad en el sacerdocio

9 de marzo de 1975, Conferencia General de Área en Buenos Aires
Nuestra responsabilidad en el sacerdocio
por el presidente N. Eldon Tanner
de la Primera Presidencia

N. Eldon TannerMis amados hermanos, al reunimos aquí esta mañana me doy cuenta, y espero que todos así lo hagáis, de que se encuentra aquí reunido el liderismo del sacerdocio de toda esta área, responsable de la administración de los asuntos de la Iglesia, cuyo crecimiento depende enteramente de vuestra dedicación, vuestra devoción, vuestra inspiración y vuestra habilidad para dirigir los asuntos del Señor en esta zona.

Ruego humildemente que el Espíritu y las bendiciones del Señor me guíen al hablaros; que podamos aprender nuestro deber y determinar su cumplimiento con toda diligencia. Hemos sido grandemente inspirados y estimulados por los hermanos que nos han hablado esta mañana, y estoy seguro de que estamos más decididos que nunca a cumplir con nuestro deber como poseedores del sacerdocio, y como cabezas de familia, ayudarle a la nuestra a aprender y a vivir el evangelio como nos ha sido revelado en estos últimos días.

Esta mañana quisiera hablaros acerca de las entrevistas y la responsabilidad en el trato con el transgresor. Nuestro cometido primordial es el de salvar almas. Es muy importante que nosotros, como directores, presidentes de misión, presidentes de distrito, presidentes de rama, presidentes de estaca, obispos de barrios y liderismo en general, hagamos saber a los miembros que sin duda alguna estamos interesados en ellos y en su bienestar. Hacedles saber que los amamos, y estamos preparados para ayudarles en cualquier forma posible con los problemas que puedan tener; que estamos interesados en darles valor, fortalecerlos, estimularlos y dotarlos de determinación para vivir de acuerdo a las enseñanzas del evangelio.

Deben comprender y saber que viviendo los principios del evangelio serán más felices, más amados y respetados, y desde todo punto de vista tendrán más éxito si tan sólo viven dignamente en su condición de miembros de la Iglesia, y magnifican su sacerdocio y llamamientos. Mantenedles activamente embarcados en buenas causas estimulándolos y ayudándoles a prepararse para cumplir con misiones. Enseñadles la importancia y las bendiciones que vienen como consecuencia de pagar el diezmo, guardar la Palabra de Sabiduría estrictamente, guardar el día de reposo sagrado, conservarse limpios moralmente, lo serio del gran pecado de transgresión sexual y las consecuencias que por ello deben pagarse. Esto se aplica a todos los presentes aquí al igual que a aquellos sobre quienes hemos sido llamados a presidir.

Es sumamente importante que conozcamos y mostremos un interés genuino por nuestra juventud, jóvenes y señoritas, a todos y cada uno de ellos. Conoced sus nombres, buscad la forma de entender a cada uno de ellos individualmente y conversad con ellos a menudo reconociendo sus logros. Prestad atención especial a los descarriados. Ellos deben saber que los amamos aun cuando no podemos considerar sus pecados con el más mínimo grado de tolerancia. (Véase D. y C. 1:31.)

Cuando entrevistaba a un joven que había sido recomendado para obispo, le pregunté si amaba a todos los jóvenes de su barrio. Respondió: «A la mayoría de ellos.» Le dije entonces: «Cuando usted esté en condiciones de decirme que ama a cada uno de ellos, estaré listo para ordenarlo y apartarlo para presidir este barrio». Seguir leyendo

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Liderismo

9 de marzo de 1975, Conferencia General de Área en Buenos Aires
Liderismo
por el élder Franklin D. Richards
Ayudante del Consejo de los Doce

Franklin D. RichardsMis queridos hermanos y hermanas:

Considero un verdadero privilegio y honor el reunirme con líderes del sacerdocio en esta hora de devoción.

Oro para que el Espíritu del Señor me dirija en las cosas que voy a deciros y que vuestra mente y corazón sean receptivos a este espíritu.

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es una Iglesia mundial y siendo que la Iglesia crece en forma tan acelerada, hay y habrá una gran necesidad de líderes.

Ya que ésta es una reunión de líderes del sacerdocio, pienso que sería apropiado discutir acerca del liderismo: nuestro desafío de hoy.

Haciendo referencia a nuestros llamamientos, el profeta José Smith dijo: «Todo hombre que recibe el llamamiento de ejercer su ministerio a favor de los habitantes del mundo, fue ordenado precisamente para ese propósito en el gran concilio celestial antes que este mundo fuese.» (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 453, 12 de mayo de 1844)

En la existencia premortal nosotros teníamos nuestro libre albedrío y estoy seguro de que aceptamos allá estos llamamientos que tenemos ahora aquí en la tierra. El Señor no nos impulsó a aceptar estos llamamientos ni nos impondrá el magnificarlos, pero debemos apreciar la importancia y la divinidad de los mismos.

Haciendo nuevamente énfasis en la importancia de cumplir con nuestros llamamientos, permitidme leeros una parte de las palabras de Oliverio Cowdery dirigidas al Primer Consejo de los Doce:

«Hermanos, vosotros habéis sido ordenados al santo sacerdocio; lo habéis recibido de aquellos que recibieron el poder y la autoridad de un ángel; vosotros debéis predicar el evangelio a toda nación. Grande será la condenación si sólo cuidáis a un mínimo grado vuestras obligaciones; cuanto más grande el llamamiento, más grande la transgresión. Yo, por lo tanto, os alerto a que cultivéis una gran humildad, porque conozco el orgullo del corazón de los hombres. Cuidaos, no sea que los lisonjeros del mundo os envuelvan; cuidaos, no sea que vuestros afectos sean cautivados por cosas del mundo. Dejad qué vuestro ministerio sea primero. Recordad que las almas de los hombres os son encomendadas, y que si cumplís con vuestro llamamiento, siempre progresaréis. (Tomado de Autobiography of Parley P. Pratt, página 122.)

Este mandato hace nuevamente énfasis en la importancia de los llamamientos de liderismo. Seguir leyendo

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El sacerdocio: el gobierno de Dios y el poder del cielo

9 de marzo de 1975, Conferencia General de Área en Buenos Aires
El sacerdocio: el gobierno de Dios y el poder del cielo
por el élder Delbert L. Stapley
del Consejo de los Doce Apóstoles

Delbert L. Stapley.Queridos hermanos: El sacerdocio es el poder de Dios delegado al hombre mediante el cual éste puede obrar legítimamente en la tierra para la salvación de la familia humana. Dicha autoridad no se asume ni se deriva de generaciones pasadas. Es una autoridad que se ha restaurado en la tierra en esta última dispensación del evangelio. El sacerdocio es el gobierno de Dios, tanto en la tierra como en los cielos, y por medio de este divino poder del sacerdocio se conservan y se sostienen todas sus obras; dirige todas las cosas, gobierna todas las cosas.

El sacerdocio es eterno, sin principio de días ni fin de años. Si este poder no está sobre la tierra, no puede haber Iglesia verdadera de Cristo. La pérdida del sacerdocio causaría que la autoridad y la revelación de Dios cesaran entre los hombres. El establecimiento de la Iglesia de Dios sobre la tierra siempre ha venido acompañado de revelaciones que declaran la disposición y la voluntad del Señor concernientes al funcionamiento correcto de su reino. Sin el sacerdocio, cualquier iglesia existente sería de los hombres y no de Dios.

Con el sacerdocio, el hombre colabora con Dios, siendo llamado divinamente a cargos de responsabilidad en la obra de salvar y exaltar a los hijos del Señor.

A veces nos referimos a: “magnificar el sacerdocio.» Seguramente, al referirse a esto los oradores, han tenido en mente los oficios y los llamamientos del sacerdocio. En realidad, no es el sacerdocio lo que magnificamos, sino los oficios y los llamamientos del mismo. El sacerdocio mismo no se puede engrandecer, simplemente porque no hay ninguna otra autoridad ni poder superior a él en el universo. Magnificar quiere decir intensificar, aumentar el significado, engrandecer y hacer que se considere con mayor estimación o respeto.

El presidente Joseph F. Smith dijo:

«No hay oficio procedente de este sacerdocio que sea o que pueda ser mayor que el sacerdocio mismo. Es del sacerdocio que el oficio deriva su autoridad y poder. Ningún oficio da autoridad al sacerdocio. Ningún oficio aumenta el poder del sacerdocio, antes todos los oficios que hay en la Iglesia derivan su poder, su virtud y autoridad del sacerdocio» (Gospeí Doctrine, Joseph F. Smith, pág. 148).

Vosotros podéis revisar los cuatro libros canónicos de la Iglesia y no encontraréis declaración alguna sobre la «magnificación del sacerdocio» Este es el poder mediante el cual Dios crea y controla todas sus obras. No hay poder más grande, y el que Dios comparta su poder con todos sus hijos que lo poseen fielmente, constituye una bendición sagrada e inmensurable.

El apóstol Pablo afirmó: «. . . Por cuanto yo soy apóstol de los gentiles, honro mi ministerio» (Romanos 11:13. Cursiva agregada.)

Jacob, en sus enseñanzas al pueblo de Nefi, declara:

«. . . Yo, Jacob, según la responsabilidad que tengo ante Dios de magnificar mi oficio con seriedad… he sido diligente en el ejercicio de mi vocación. . .» (Jacob 2:2-3),

El presidente John Taylor hizo esta observación: «. . . El honor proviene de las obras, no del oficio, sino de una persona que magnifica su oficio y llamamiento» (Gospel Kingdom, página 133).

El sacerdocio funcionó por conducto de los siervos devotos de Dios en la Iglesia en el hemisferio occidental. El Libro de Mormón revela que por medio de su fidelidad pudieron lograr gran poder en el sacerdocio.

Explicando el juramento y convenio del sacerdocio, el profeta José Smith dijo: Seguir leyendo

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Sed limpios

8 de marzo de 1975, Conferencia General de Área en Buenos Aires
Sed limpios
por el presidente Spencer W. Kimball
Sesión de la juventud

Spencer W. KimballMis amados jóvenes, hermanos y hermanas:

Es una experiencia gozosa el estar aquí con vosotros. Amo a la juventud. Hemos estado en muchos lugares donde hemos hablado a grandes congregaciones de jóvenes. Al envejecer, más o menos seguimos cierta rutina; pero cuando somos jóvenes somos maleables, y encuentro que la juventud generalmente se siente dispuesta a aprender. También os encuentro muy perceptivos. Pienso que sois maravillosos.

Estos hermanos que os han dirigido la palabra antes de mí, os han dicho la verdad; sus sermones fueron excelentes. ¿Qué más podría yo decir aparte de corroborar todo lo que ellos han dicho? Han hablado de la virtud, el honor y la pureza; han hablado de la obra misional. Me gustaría agregar una o dos palabras a estos temas,

En lo que se refiere a la obra misional, nos sentimos desilusionados por el hecho de que tenemos muy pocos jóvenes de Sudamérica en el campo misional. En cada una de estas reuniones para la juventud, como también en las demás, observamos muchos jóvenes de aspecto bueno y saludable. El presidente Tuttle os ha dicho que os necesitamos.

Recordemos que el Señor Jesucristo creó la tierra y organizó el programa para ella. Él dijo que había que enviar personas por toda la faz de la tierra para predicar el evangelio. A los once apóstoles que quedaron, después que Judas hubo cometido su crimen, el Señor les mandó: «Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.»

Mientras nos dirigíamos hacia aquí esta noche, vimos las calles llenas de gente, entre ellos, miles de jóvenes de vuestra edad. Y yo dije al pasar por entre las multitudes: «Ojalá que todos pudieran estar esta noche con nosotros.» Estoy seguro de que necesitan lo que podríamos ofrecerles. Y necesitan lo que les podéis dar, pues la mayoría de vosotros habéis nacido y sido criados en la Iglesia, y por lo tanto, conocéis el programa. Y sabéis que nadie puede llegar a la cumbre de la felicidad a menos que viva de acuerdo con los mandamientos del Señor. El mundo necesita el evangelio.

Mi esposa y yo hemos recorrido el mundo y en todas partes hemos visto mucho sufrimiento. Sabemos que si las personas tuvieran el evangelio, no sufrirían en la misma forma; que los pobres se encontrarían en mejor posición económica, después de bautizarse en la Iglesia. Por supuesto, esto no ocurriría de repente, sino que el cambio vendría gradualmente.

A cada uno de los hombres que prevemos llegarán a ser líderes en las estacas y otras partes, le preguntamos: «¿Fuma usted alguna vez?» «¡Oh no!,» responden «¡No desde que me bauticé!» Imaginad todo el dinero que se ahorra una persona cuando no fuma. «¿Bebe usted de vez en cuando?», y contesta: «¡Oh no!; no desde que me bauticé en la Iglesia». «¿Anda usted a veces de juerga, y tiene algunas nociones falsas sobre la vida social?» y él responde: «Soy fiel a mi esposa; lo he sido desde que me bauticé en la Iglesia». Y agrega: «Voy directamente a mi casa después del trabajo, y todo el dinero que gano, lo gasto en mi familia.» Así es como debería ser en todas partes. Y si todo padre y toda madre cuidaran de sus niños de ese modo, podríamos enseñar el evangelio a todo el mundo. Seguir leyendo

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Influencia purificadora

8 de marzo de 1975, Conferencia General de Área en Buenos Aires
Influencia purificadora
por el élder A. Theodore Tuttle
del Primer Consejo de los Setenta

A. Theodore TuttleMis queridos hermanos y hermanas, juventud, esperanza de la Iglesia: Considero un gran privilegio el haber sido invitado a hablar en esta Sesión de la Juventud de la Conferencia General de Área en Buenos Aires. Veo reunidos en nuestra audiencia a jóvenes de Argentina, Uruguay y Paraguay así como de Chile.

Primero, quisiera hablaros a vosotros los jóvenes, pues hoy tengo un mensaje muy importante y específico que daros. Más adelante quisiera hablarles también a las jovencitas.

Jóvenes, desearía hablaros acerca de vuestra futura misión.

Cuando el Profeta de Dios declara que éste es el tiempo en que debemos apresurar nuestra marcha y aumentar nuestros esfuerzos misionales, es porque éste es el tiempo.

En una oportunidad hablé con un joven acerca de su misión. Él me dijo:

«No quiero ir.» Por lo cual le pregunté:

«¿Y eso qué tiene que ver? de todos modos te necesitamos.»

El presidente Kimball ha dicho que no tenemos ni la mitad de los misioneros necesarios. ¿No podéis ver que no importa si queréis ir o no? De todos modos os necesitamos. ¿Comprendéis lo que quiere decir ser necesarios? Los lazos de la hermandad se hacen más fuertes y más profundos en el campo de la misión. Aprenderéis a amar al compañero con quien os arrodilléis en oración diaria, a las personas con quienes os asociéis sin importar su raza ni condición social, y ellos a su vez os amarán a vosotros. Os amarán porque vosotros les habréis llevado el evangelio.

Los conversos siempre recuerdan a aquellos que les enseñaron el evangelio.

He oído a muchos conversos hablar casi en forma reverente acerca de nuestros misioneros. Imaginaos que haya personas que oren por vosotros. ¿Comprendéis lo que eso significa? Esto será siempre una influencia purificadora en vuestra vida.

Muchas personas de estos países están orando para recibir la verdad; vosotros sois los únicos que podéis llevársela. En la actualidad solamente 50 de vosotros estáis sirviendo en estas tres misiones, y hay aproximadamente 3.800 entre los 19 y los 25 años de edad que no han servido como misioneros. Necesitamos más; muchos más. El servicio misional es más importante que cualquier otra cosa; el matrimonio no le precede en importancia; los trabajos tampoco tienen prioridad; los estudios pueden ser interrumpidos para cumplir con este llamamiento.

Vuestra dignidad moral es la condición primordial, y no podemos permitirnos debilidad de carácter cuando lo que necesitamos es fortaleza espiritual. ¡Estudiad! Leed el Libro de Mormón; subrayad los versículos que son importantes.

Aprended a orar constantemente; arrodillaos cada mañana y cada noche, y estad en buenas relaciones con el Señor,

Cuando regreséis de la misión, seréis dos años mayores. Esta noche quizás penséis que eso no tenga demasiada importancia. Sin embargo, os aseguro que entonces habrá cambios significativos. Demorar el noviazgo y el matrimonio es una sabia decisión. Tal vez cambiéis de opinión en cuanto a la compañera; muchos lo hacen por decisión propia o de ella.

Aun cuando la misión no garantiza un matrimonio feliz y próspero, sí estabiliza muchas cosas en la vida, las cuales en verdad influyen en el matrimonio. La madurez que se adquiere en el campo misional capacita a los jóvenes y a las señoritas a ser mejores esposos y esposas. Seguir leyendo

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Señor, ¿qué quieres que yo haga?

8 de marzo de 1975, Conferencia General de Área en Buenos Aires
Señor, ¿qué quieres que yo haga?
por el élder L. Tom Perry
del Consejo de los Doce

L. Tom PerryMis amados hermanos y hermanas:

Es muy emocionante para mí el estar con vosotros esta noche en esta gran reunión. Deseo expresaros cuánto os amamos, apreciamos, y cuánta confianza tenemos en vosotros, y en lo que haréis para edificar el reino de nuestro Padre Celestial. Me gustaría contaros una historia esta noche. Se encuentra en el libro de Hechos, donde se nos cuenta de uno de los cambios más dramáticos efectuados en un hombre respecto a sus sentimientos hacia el Salvador y su evangelio. No creo que en toda la historia del hombre haya relato de una transformación más completa de un hombre y sus ideas que la que le aconteció a Saulo. Allí consta:

«Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote, y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres en este camino, los trajese presos a Jerusalén. Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Él dijo: ¿Quién eres, Señor? y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón.» (Hechos, 9:1-5).

El ver una luz enceguecedora y oír al Señor mismo reprochándole sus acciones debe haber sido una experiencia aterradora para un hombre rotundamente resuelto a encerrar bajo siete llaves a todos aquellos que sirvieran al Señor. No es maravilla entonces que temblando y aturdido dijese: «Señor, ¿qué quieres que yo haga?» Yo supongo que su reacción es lo más natural que se puede esperar después de ser sorprendido por el Señor de tal manera. Y yo diría que a cada uno de nosotros nos gustaría hacer la misma pregunta al Señor—»Señor, ¿qué quieres que yo haga?»

Estoy seguro de que las instrucciones dadas a Saulo, y el proceso al cual él se tuvo que someter, son muy semejantes a los requeridos por Dios en la actualidad. El Señor le mandó «Levántate y entra en la ciudad» y allí le sería indicado lo que debía de hacer. Para cerciorarse de que Saulo había comprendido el mensaje, el Señor hizo que éste se sintiera atemorizado y que no pudiera ver. Más se levantó de la tierra en donde había caído, y pidió a sus compañeros de camino que lo llevaran a Damasco.

Allí pasó tres días, sin vista y sin poder comer ni beber. Pero el Señor no le dejó en esta condición, pues una senda se había preparado para él. El Señor habló a Ananías, uno de sus discípulos, a quien mandó que se levantara y fuera a una calle que se llamaba Derecha, y allí preguntara por Saulo. Esta petición inquietó profundamente a Ananías, ya que él sabía que Saulo estaba determinado a eliminar a todos aquellos que seguían al Salvador. Sin embargo, obedientemente siguió las instrucciones dadas por el Señor y entró en la casa donde Saulo estaba, y colocando sus manos sobre él dijo: «… el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo. Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado.» (Hechos 9:17-18.) Seguir leyendo

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Juventud, la fuerza de la Iglesia

8 de marzo de 1975, Conferencia General de Área en Buenos Aires
Juventud, la fuerza de la Iglesia
por el élder Mark E. Petersen
del Consejo de los Doce

Mark E. PetersenApreciamos el privilegio de reunirnos con vosotros en esta conferencia.

La juventud de la Iglesia es fuerte en la fe y estamos agradecidos por ella.

Siempre es motivo de inspiración reunirnos con los jóvenes mormones, y así recibimos una nueva seguridad de que el futuro de la Iglesia es ciertamente brillante.

Es grandioso poder congregarnos de esta forma. Quisiera que fuera posible poder reunimos con toda la juventud de la Iglesia en una gran congregación, para poder así ver con cuántos jóvenes contamos en la Iglesia.

Mirad alrededor de vosotros y ved cuántos sois. Pensad en aquellos que no han podido venir a esta reunión y sumad su número al de vosotros que os encontráis aquí. Probablemente haya cinco veces más de los que hoy nos encontramos reunidos, que no han podido venir. Pensemos luego en la cifra de jóvenes de vuestra edad que tenemos en toda la Iglesia.

¿Sabéis cuántos hay? Aproximadamente 400.000 en toda la Iglesia. Vosotros representáis a algunos países, pero hay grupos similares en otros países sudamericanos ya que tenemos ramas en muchos lugares de este gran continente.

A través del mundo tenemos congregaciones de santos en 62 diferentes naciones. Esto significa que hay grupos de jóvenes miembros de la Iglesia que creen en el evangelio restaurado, en 62 naciones del mundo.

¿Veis ahora cuán fuerte es la Iglesia?

¿Y sabéis cuán rápidamente está creciendo? Por ejemplo, tenemos ahora 115 misiones en varias partes del mundo. Hace diez años teníamos solamente 74. En los últimos diez años nuestra población total ha aumentado en un millón de miembros. Hace diez años era de 2.400.000 y hoy es de 3.400.000.

En la actualidad estamos llevando a cabo trabajo misional en 60 naciones; hace diez años solo estábamos en 39.

Ahora tenemos casi 700 estacas de la Iglesia en naciones de Sudamérica a Escandinavia, de Sud África a Alaska, de los Estados Unidos a Australia y en las islas de los Mares del Sur.

Hace diez años teníamos solamente 412 estacas.

Hoy tenemos 18.000 misioneros regulares laborando en todas partes del mundo. Hace diez años teníamos solamente 7.000.

Hasta hace poco, la gente del mundo pensaba que todos los misioneros debían proceder de los Estados Unidos, y que ellos serían quienes debían llevar el evangelio al resto del mundo.

Ahora, bajo nuestro nuevo presidente de la Iglesia, Spencer W. Kimball, hemos sido instruidos de que todos los jóvenes, sin importar la nacionalidad, deben ayudar en la obra misional, y que especialmente todo joven digno de la Iglesia, bien preparado, debe salir a cumplir una misión. Seguir leyendo

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Las responsabilidades de los padres

8 de marzo de 1975, Conferencia General de Área en Buenos Aires
Las responsabilidades de los padres
por el presidente N. Eldon Tanner
de la Primera Presidencia

N. Eldon TannerHa sido un privilegio para nosotros escuchar a los hermanos que nos han hablado y nos han aconsejado sabiamente e inspirado a llevar una vida mejor. Especialmente hemos sido muy afortunados en tener a nuestro Profeta con nosotros y saber que estos mensajes inspiradores han provenido realmente del Señor. Sólo ruego y espero que recordemos y pongamos en acción las enseñanzas que Él nos ha dado y continuará dándonos durante esta conferencia.

Esta noche hemos escuchado muchos consejos y advertencias que se nos han dado bajo la dirección del Espíritu del Señor y que nos ayudarán en forma práctica y real a cumplir con nuestros deberes de padres.

No se nos puede conferir mayor responsabilidad, privilegio ni bendición que el ser padres dignos. No importa cuán grandes puedan ser los logros fuera del hogar, nadie va a tener mayor recompensa en los cielos que aquel fiel y devoto padre que haya ayudado a sus hijos a conocer a Dios y a su hijo Jesucristo y a vivir de acuerdo con sus enseñanzas.

Siempre he sentido enorme gratitud hacia mi Padre Celestial por haberme permitido nacer de buenos padres y siempre ruego que pueda ser merecedor de las enseñanzas que recibí en el hogar y del ejemplo que ellos me dieron. Mis padres eran honesto, pudorosos, y rectos al extremo, y esperaban lo mismo de mí. No dudaba yo que ellos sabían que el evangelio es verdadero, y que deseaban y estaban determinados a vivir guardando los mandamientos de Dios. Ellos esperaban que yo hiciera exactamente lo mismo, que caminara rectamente ante mi Padre Celestial, y viviera de modo tal que mereciera la confianza de mis amigos y asociados, manteniéndome moralmente limpio; que guardara el día del Señor y la Palabra de Sabiduría estrictamente, que pagara mi diezmo y ofrendas, y orara diariamente sabiendo que mi Padre Celestial estaba allí para contestar mis oraciones y para fortalecerme y guiarme cuando yo lo necesitara.

La noche de hogar ofrece una gran oportunidad para que padres e hijos lleguen a comprenderse y conocerse mejor, y para discutir los problemas de la familia. Es imperativo que ellos se den cuenta, sientan y sepan sin ninguna duda que les tenéis completa confianza; que estáis interesados en los problemas que puedan tener, y que haréis todo lo posible para ayudarles a resolverlos; que ellos pueden depositar toda su confianza en vosotros. Es muy triste cuando un niño siente que no puede confiar en sus padres, en verdad es triste.

Me gustaría leer fragmentos de una carta que fue enviada al editor de la sección de la Iglesia del periódico Descreí News, de Salt Lake City, y voy a parafrasear algunas partes. El autor de la carta cuenta que él y su esposa habían ido a cenar a la cabaña de campo de unos amigos en un lugar retirado. En el camino de regreso él recordó que necesitaba hablar con su amigo nuevamente y buscó un teléfono público desde donde pudiera llamarlo.

Mientras él estaba hablando una joven atractiva se acercó a su esposa, que había quedado sentada en el auto estacionado en el costado del camino, y le preguntó si sería posible que la llevaran con ellos a la ciudad. Le explicó que había sido ofendida y asustada por su joven amigo en una zona retirada del camino, y por esto se había bajado del auto, caminando en la obscuridad a lo largo de la carretera en busca de un teléfono desde donde pudiera llamar a alguna amiga que fuera a recogerla.

«Estaba tan asustada que cuando vio a mi esposa en el auto se acercó a pedirle ayuda a pesar de que ésta era una completa desconocida.

Le dijo que temía llamar a sus padres porque ellos ‘morirían’ si supieran que su hija estaba en esa situación. Y agregó: ‘Somos muy religiosos; supongo que ustedes no son mormones ¿no es así?'»

Continúo leyendo la carta: «Cuando mi esposa le dijo que yo era un obispo, la joven exclamó con gran alivio, ‘¡oh, vine al lugar correcto ¿no es cierto?’

Me impresionó el hecho de que ella tenía miedo de llamar a sus padres; había tenido suficiente valor como para bajarse del auto de su amigo, caminar por el obscuro camino y acercarse a una desconocida a pedir ayuda, pero sin embargo le faltaba el valor de hacer saber a sus padres su necesidad y su peligro.»

El hombre terminaba la carta rogando al editor que escribiera una columna editorial exhortando a los padres a que les expresen a sus hijos cuánto los aman; que les digan que están listos para ayudarles en todas las circunstancias y bajo cualquier condición, y también a exhortar a los hijos a que confíen en los padres, que los llamen cuando los necesiten, sintiéndose seguros que sus padres los aman, y que siempre son sus mejores amigos.

Por cierto que se debe prevenir a la gente joven para que eviten encontrarse en tales situaciones en primer lugar. El editor entonces hace la siguiente declaración: «Las reglas rigurosas no establecen confianza ni seguridad. La comprensión y el amor mutuo entre padres e hijos son vitales en las relaciones familiares. Cuando los padres fallan en establecer esta confianza en la mente de sus hijos, fallan en un asunto de mucho mayor importancia que la apariencia de piedad angelical.»

Ahora, mis queridos hermanos, no puedo poner más énfasis en las cosas que les han sido dichas esta noche. Estemos completamente agradecidos por ser padres de esos espíritus que nos fueron enviados por Dios para que los preparemos a volver a su presencia. Que podamos tener el amor, el entendimiento y la confianza necesarios para enseñar a nuestros hijos lo que sea necesario para que ellos disfruten de la vida eterna. Que el Señor nos dé la fortaleza, el valor y el entendimiento para aceptar nuestra responsabilidad como padres, y que vivamos así, en forma tal que podamos llevar nuevamente a nuestra familia a la presencia de nuestro Padre Celestial; que podamos decir que hemos peleado la buena batalla, que hemos conservado la fe y así recibir la gloriosa respuesta: «Bien, buen siervo y fiel; entra en el gozo de tu Señor». Esto lo ruego humildemente en el nombre de Jesucristo. Amén.

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El poder del amor paternal

8 de marzo de 1975, Conferencia General de Área en Buenos Aires
El poder del amor paternal
por el élder Delbert L. Stapley
del Consejo de los Doce

Delbert L. Stapley.Mis hermanos, hermanas y amigos: En estas asignaciones de la Conferencia de Área no se nos señala un tema específico para desarrollar. Me gustaría compartir con vosotros lo que he preparado para esta noche. Las escrituras nos enseñan que nuestro Dios es un Dios de amor. Su amor máximo por nosotros se manifestó cuando envió a su Hijo Unigénito al mundo, para que por medio de El pudiésemos vivir. (Véase 1 Juan 4:9.)

El amor que existe entre el Padre Eterno y su Hijo Unigénito ha existido y existe hasta cierto punto entre otros padres e hijos. No debemos sentir que ese tipo de amor es superior a nuestra habilidad para recibir y dar. No podremos igualar el amor perfecto que nos mostró el Salvador, porque Cristo es el epítome del amor perfecto; sin embargo, es una meta que todos debemos esforzarnos por lograr.

La necesidad más apremiante que el mundo tiene en la actualidad, para poder remediar sus necesidades y problemas, es que el hombre se vuelva a Dios con amor y obediencia a su voluntad. El remedio para todas las enfermedades y los errores, las preocupaciones, las angustias y los crímenes de la humanidad está comprendido en una sola palabra: amor.

El amor, si se utiliza en su contexto apropiado, conservará unidos a los pueblos de la tierra en comprensión, hermandad y paz.

Si el amor tierno, profundo y compasivo que Jesús practicó y recomendó se manifestara en todo corazón, se realizarían los ideales más nobles y gloriosos de la humanidad, y faltaría poco para que este mundo fuera un reino de los cielos. El amor es el cielo sobre la tierra; por cierto, el cielo que yace arriba no sería cielo sin amor.

El apóstol Pablo define el amor como el vínculo de la perfección y la paz. (Véase Colosenses 3:14.) Es el antiguo, el nuevo y el grande mandamiento; porque el amor es el cumplimiento de la ley.

El amor se manifiesta en la caridad del alma. Se expresa en un ejemplo semejante al de Cristo, en palabras, en hechos, en atenciones consideradas y en actos bondadosos. Es la purificación del corazón; fortalece el carácter; da un motivo más elevado y un fin positivo a todo acto de la vida. El poder para amar verdadera y devotamente es el don más noble con que se puede investir a un ser humano. El amor verdadero es eterno e infinito.

El amor comienza en el hogar cuando padres devotos imparten cariño y cuidado amoroso a sus hijos, los tratan con bondad y amor y comprensión, procurando ganarse su amor y confianza, y preocupándose por su bienestar y felicidad.

El apóstol Pablo dio este sabio consejo: Seguir leyendo

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Canal hacia el conocimiento y la perfección

8 de marzo de 1975, Conferencia General de Área en Buenos Aires
Canal hacia el conocimiento y la perfección
por el élder J. Thomas Fyans
Ayudante del Consejo de los Doce

J. Thomas FyansQueridos hermanos: Al volar sobre esta hermosa tierra de Sudamérica una y otra vez, me he sentido impresionado con la vista aérea de los ríos Amazonas y Río de la Plata. No solamente son estos los ríos más grandes del mundo, sino que muchos de sus afluentes también son grandes ríos, navegables por muchos kilómetros.

Un detalle interesante de estos ríos es la diferencia de sus colores. El Madeira, por ejemplo, es denominado río blanco a causa de que sus aguas transportan finas partículas de arcilla a lo largo de su curso. El color oscuro del río Negro es consecuencia de los desperdicios de materias orgánicas recogidas en los bosques a través de los cuales pasa. Y hay otros que fluyen sobre arenas blancas y a menudo se ven de un color verde esmeralda o azul turquesa.

Así como estos ríos adquieren diferentes colores por las sustancias que recogen en su fluir, así también la corriente de nuestros pensamientos adquiere el color de los materiales que se utilicen para canalizarlos. Las escrituras indican que como un hombre «piensa en su corazón, tal es él.» El material que leemos, por ejemplo, tiene un gran efecto en la naturaleza de nuestros pensamientos. Necesitamos, por lo tanto, preocuparnos no solamente de evitar la literatura trivial, sino además, de llenar nuestra mente con conocimiento del evangelio, con material que edifique nuestro testimonio; y debemos velar porque nuestros hijos hagan lo mismo. Es por eso que se nos ha mandado escudriñar las escrituras.

Cuando el Salvador fue tentado en el desierto, respondió declarando que «No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.» Y en Doctrinas y Convenios el Señor amplía este concepto declarando que sea su palabra hablada por su propia voz o por la voz de sus siervos, es lo mismo.

Hermanos y hermanas, es ésta una maravillosa oportunidad la de reunimos en esta conferencia de área. Es una gran recompensa saber que muchos habéis sacrificado tiempo y dinero para poder sentaros frente al Profeta y recibir instrucciones. Es posible que os haya invadido el pensamiento de: «Si tan sólo pudiera hacer esto más a menudo. . .» Padres, imaginaos sentados con vuestros hijos en la sesión del sacerdocio de la Conferencia General en Salt Lake City. Imaginad que escucháis al presidente Kimball hablar de David y Goliat y de cómo el joven David tuvo fe en el Señor; que oís al Profeta dando consejos firmes y prudentes a vuestros hijos, bendiciendo; a los jóvenes y dándoles su testimonio. ¿No sería maravilloso? ¿Qué no daríais por vivir esa experiencia?

Una buena forma en que los miembros de Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay pueden recibir las palabras del Señor a través de la boca de sus siervos, es subscribiéndose y leyendo la revista Liahona. En sus páginas se hallan los mensajes de la Primera Presidencia así como también consejos dados por las Autoridades Generales. Además, esta revista contiene muchos otros materiales preparados para elevar, inspirar, y también informar a los miembros de la Iglesia. Seguir leyendo

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La Iglesia y el hogar

8 de marzo de 1975, Conferencia General de Área en Buenos Aires
La Iglesia y el hogar
por el élder Franklin D. Richards
Ayudante del Consejo de los Doce,

Franklin D. RichardsMis queridos hermanos y hermanas; Con gran humildad he aceptado la asignación de hablaros y estoy seguro que todos hemos sido inspirados y fortalecidos. Estoy seguro que después de haber escuchado los importantes mensajes de amonestación y consejo de nuestros profetas, será un estímulo para nosotros. Es un placer estar de vuelta en Sudamérica con vosotros, y ruego que el Señor nos bendiga con su Espíritu mientras os hablo.

Discutiendo asuntos relacionados a los padres, el hogar y la Iglesia, frecuentemente surge la pregunta «¿Qué está primero, el hogar o la Iglesia?»

El élder John A. Widtsoe dijo que «ninguno está primero. Son uno solo.» (Evidences and Reconciliaiions, p. 318) Ambos, el hogar y la Iglesia son parte del plan de salvación del evangelio.

Nuestro Padre Celestial nos ha permitido, como padres, colaborar con El en traer a sus hijos espirituales a esta tierra. ¡Qué bendecida relación!

El presidente J. Reuben Clark dijo;

«Somos responsables por el tabernáculo moral de ese espíritu; y. . . el niño virtualmente responde a la invitación de aquellos que lo engendran… Es vuestra la responsabilidad de ver que ese espíritu no pierda la oportunidad de probar su dignidad y rectitud al vivir en este segundo estado.

. . . Padres, no podéis privar de esa responsabilidad a nadie. . . La Iglesia no puede tomar la responsabilidad de enseñar a vuestros hijos, siendo que ésta es sólo vuestra. La Iglesia puede ayudar, y debería ser la ayuda más grande; y somos negligentes si como Santos de los Últimos Días a como organización de la Iglesia no proveemos esa ayuda.

Pero más que ésta. . . es la familia, y como padres tenemos la responsabilidad de cumplir con todas nuestras obligaciones al respecto.» (Church News, feb. 1a de 1975.)

Como padres, pienso que no solamente tenemos responsabilidades frente a nuestros hijos, sino frente a nosotros mismos. Somos responsables de salvar primeramente nuestra propia alma.

El Salvador enseñó que el gran mandamiento era amar a Dios y el siguiente amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. (Véase Mateo 22:36-39.)

Frente a nosotros tenemos la responsabilidad de desarrollar el máximo potencial, para vivir de tal manera que seamos dignos de volver a la presencia de nuestro Padre Celestial. Sin embargo, esta meta no puede alcanzarse a través de un egoísta interés personal, sino sólo por el servicio a nuestro Padre Celestial y a nuestros semejantes.

El matrimonio es instituido por Dios (D. y C. 49:15), para el progreso y la protección de la familia. Seguir leyendo

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