Tenemos gran motivo para regocijarnos

Septiembre 2013Liahona 2013-11
Tenemos gran motivo para regocijarnos

Primera Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro

Cuando aman, cuidan y sirven a los demás de maneras pequeñas y sencillas, están participando activamente en la obra de salvación, la obra de Dios.

Cuando mi suegro falleció, nuestra familia se reunió para saludar a las personas que vinieron a brindarnos sus condolencias. A lo largo de la noche, al estar conversando con familiares y amigos, con frecuencia observé a Porter, nuestro nieto de diez años, parado junto a mi suegra: su “abuela”. A veces se paraba detrás de ella, como que la estaba cuidando. Una vez observé que tenía el brazo entrelazado con el de ella. Lo vi darle palmaditas en la mano, darle abrazos y permanecer de pie junto a ella.

Varios días después de esa experiencia, la imagen persistía en mi mente. Tuve la impresión de mandarle una notita a Porter, diciéndole lo que había observado. Le mandé un correo electrónico y le dije lo que había visto y sentido. Le recordé los convenios que había hecho cuando se bautizó, para lo cual le cité las palabras de Alma que se encuentran en el capítulo 18 de Mosíah:

“…y ya que deseáis entrar en el redil de Dios y ser llamados su pueblo, y estáis dispuestos a llevar las cargas los unos de los otros para que sean ligeras;

“sí, y estáis dispuestos a llorar con los que lloran; sí, y a consolar a los que necesitan de consuelo, y ser testigos de Dios en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar en que estuvieseis, aun hasta la muerte… para que tengáis vida eterna;

“…Si éste es el deseo de vuestros corazones, ¿qué os impide ser bautizados en el nombre del Señor, como testimonio ante él de que habéis concertado un convenio con él de que lo serviréis y guardaréis sus mandamientos, para que él derrame su Espíritu más abundantemente sobre vosotros?”1. Seguir leyendo

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El poder, gozo y amor que provienen de guardar convenios

Septiembre 2013Liahona 2013-11
El poder, gozo y amor que provienen de guardar convenios

Presidenta General de la Sociedad de Socorro

Invito a cada una de nosotras a evaluar cuánto amamos al Salvador, utilizando como medida cuán alegremente guardamos nuestros convenios.

Para comenzar, me gustaría compartir un relato que me conmueve el corazón.

Una noche, un hombre llamó a sus cinco ovejas para que entraran al refugio donde pasarían la noche. Su familia observó con gran interés mientras él sencillamente les decía: “Vamos”, e inmediatamente las cinco cabezas se levantaron y se voltearon hacia él. Cuatro de ellas corrieron hacia donde él estaba. Con afecto y bondad las acarició en la cabeza. Las ovejas conocían su voz y lo amaban.

Pero la quinta oveja no corrió hacia él. Era una oveja grande que le habían regalado unas pocas semanas antes; el dueño dijo que era salvaje, desobediente y que siempre andaba descarriando a las otras ovejas. El nuevo dueño aceptó la oveja y la amarró a una estaca en su campo por algunos días para que aprendiera a quedarse allí. Con paciencia, le enseñó a amarlo a él y a las otras ovejas hasta que, con el tiempo, sólo tenía una corta cuerda alrededor del cuello, pero no estaba amarrada a la estaca.

Esa noche, mientras su familia observaba, el hombre se acercó a la oveja, que estaba en la orilla del campo, y otra vez dijo suavemente: “Vamos. Ya no estás amarrada. Eres libre”. Entonces, con amor, estiró la mano, la puso sobre la cabeza de la oveja y caminó de regreso con ella y con las otras ovejas hacia el refugio1.

Conforme al espíritu de ese relato, ruego que esta noche el Espíritu Santo nos ayude a aprender juntas en cuanto a guardar convenios. Hacer y guardar convenios significa tomar la decisión de establecer una obligación con nuestro Padre Celestial y con Jesucristo. Es comprometernos a seguir al Salvador. Es confiar en Él y desear demostrar nuestra gratitud por el precio que pagó para liberarnos mediante el don infinito de la Expiación. Seguir leyendo

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Decisiones para la eternidad

Octubre 2013Liahona 2013-11
Decisiones para la eternidad

Del Quórum de los Doce Apóstoles

El uso sabio de la libertad para tomar sus propias decisiones es crucial para su crecimiento espiritual, ahora y en la eternidad.

Mis queridos hermanos y hermanas, cada día es un día de decisiones. El presidente Thomas S. Monson nos ha enseñado que “las decisiones determinan el destino”1. El uso sabio de la libertad para tomar sus propias decisiones es crucial para su crecimiento espiritual, ahora y en la eternidad. Nunca serán demasiado jóvenes para aprender, ni demasiado viejos para cambiar. El deseo que tienen de aprender y de cambiar proviene del anhelo divinamente infundido de progresar eternamente2. Cada día brinda la oportunidad de tomar decisiones para la eternidad.

Somos seres eternos: hijos en espíritu de Padres Celestiales. La Biblia dice que “creó Dios al hombre a su imagen… varón y hembra los creó”3. Hace poco, escuché un coro de niños cantar la querida canción “Soy un hijo de Dios”4, y me pregunté: “¿Por qué no he escuchado a más madres y fieles padres cantar esa canción?”. ¿Acaso no somos todos hijos de Dios? En realidad, ¡ninguno de nosotros jamás dejará de ser hijo de Dios!

Como hijos de Dios, debemos amarlo con todo el corazón y toda el alma, incluso más de lo que amamos a nuestros padres terrenales5. Debemos amar a nuestro prójimo como hermanos y hermanas. No hay ningún otro mandamiento que sea mayor que éstos6. Y siempre debemos venerar el valor de la vida humana, en todas sus muchas etapas.

En las Escrituras se nos enseña que el cuerpo y el espíritu constituyen el alma del hombre7. Como ser dual, cada uno de ustedes puede agradecer a Dios los dones invalorables de su cuerpo y de su espíritu, los cuales Él les ha dado. Seguir leyendo

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Acercarse más a Dios

Octubre 2013Liahona 2013-11
Acercarse más a Dios

De los Setenta

Nuestro Salvador desea que realmente Lo amemos, al punto que deseemos alinear nuestra voluntad con la de Él.

Nuestro nieto de seis años, Oli, que cariñosamente me llama “Poppy”, tenía que buscar algo en el auto. Su padre, que estaba dentro de la casa, sin que Oli se diera cuenta, abrió la puerta del auto con el control remoto mientras Oli se acercaba al auto, y luego la cerró cuando Oli terminó. Oli entonces corrió al interior con una gran sonrisa.

Toda la familia le preguntó: “¿Cómo hiciste para que la puerta del auto se abriera y se cerrara?”. Él sólo sonrió.

Nuestra hija, su madre, dijo: “¡Tal vez es como cuando Poppy lo hace; tal vez tienes poderes mágicos como él!”.

Cuando sucedió una segunda vez, unos minutos más tarde, su respuesta a preguntas sobre su nueva capacidad fue: “¡Es sorprendente! ¡Creo que es porque Poppy me ama y es uno de mis mejores amigos, y él me cuida!”

He tenido la bendición de saber de cosas verdaderamente milagrosas que han ocurrido en la vida de los santos fieles a lo largo de África, Papúa Nueva Guinea, Australia, Nueva Zelanda y las Islas del Pacífico. Estoy de acuerdo con Oli; creo que eso es porque esas personas fieles sienten lo mismo por nuestro Padre Celestial y el Salvador que lo que Oli siente por mí. Ellos aman a Dios como un amigo cercano y Él cuida de ellos.

Los miembros de esta Iglesia tienen derecho a recibir, y muchos reciben, un testimonio del Espíritu y hacen convenios sagrados para seguir al Señor. Sin embargo, a pesar de ello, algunos se dirigen hacia Él mientras que otros no. ¿En qué categoría están ustedes? Seguir leyendo

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Miren hacia arriba

Octubre 2013Liahona 2013-11
Miren hacia arriba

De los Setenta

Éste es el momento de mirar hacia arriba, a la Fuente de verdad, y asegurarnos de que nuestro testimonio sea fuerte.

Tenía ocho años cuando dos primos y yo tuvimos que ir a un pueblo cercano a comprar provisiones para 15 días. Al pensar ahora en ello, me asombra la gran confianza que mi abuela, mi tía y mi tío tenían en nosotros. El cielo matutino era brillante y radiante mientras cabalgábamos en nuestra pequeña caravana de tres caballos.

En medio de la pradera, se nos ocurrió la brillante idea de desmontar y jugar a las canicas; así que lo hicimos, por un largo rato. Estábamos tan concentrados en el juego, que no vimos las “señales de los tiempos” sobre nuestras cabezas mientras unos nubarrones negros ocultaban el cielo. Para cuando nos dimos cuenta de lo que estaba sucediendo, ni siquiera tuvimos tiempo de montar en los caballos. La fuerte lluvia y el granizo nos golpeaban con tal fuerza que sólo pudimos pensar en desensillar los caballos y cubrirnos bajo las pequeñas mantas de las sillas de montar.

Proseguimos nuestro camino sin caballos, mojados y con frío, procurando avanzar lo más rápido posible. A medida que nos acercábamos a nuestro destino, vimos que la ancha calle que entraba en la ciudad se había inundado y se asemejaba a un río que venía en nuestra dirección. Nuestra única opción consistió en despojarnos de las mantas con las que nos cubríamos y trepar por la cerca de alambre de púas que rodeaba el pueblo. Ya era tarde por la noche cuando, cansados, adoloridos y empapados, buscamos refugio en la primera casa que vimos al entrar en el poblado. Aquella buena y joven familia nos secó, nos alimentó con unos deliciosos burritos y luego nos ofreció un cuarto sólo para nosotros donde dormir. A los pocos minutos vimos que el piso del cuarto era de tierra, así que se nos ocurrió otra brillante idea. Dibujamos un círculo en el suelo y retomamos la partida de canicas hasta que quedamos dormidos en el suelo. Seguir leyendo

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Asidos constantemente

Octubre 2013Liahona 2013-11
Asidos constantemente

De los Setenta

Ruego que continuamente podamos asirnos a la barra de hierro que conduce a la presencia de nuestro Padre Celestial.

Mi padre podía recordar el día, y hasta la hora, en que su familia (su padre, su madre y cuatro hijos) dejó la Iglesia, muchos de ellos para no regresar jamás en esta vida. Él tenía 13 años y era diácono. En aquel entonces, las familias asistían a la Escuela Dominical por la mañana y a la reunión sacramental por la tarde. En un bello día de primavera, tras regresar de los servicios dominicales matutinos de adoración y de comer juntos al mediodía, su madre se volvió a su padre y simplemente le preguntó: “Querido, ¿crees que debemos ir a la reunión sacramental esta tarde o deberíamos llevar a la familia de paseo por el campo?”.

A mi padre nunca se le había ocurrido la idea de que hubiera otra opción que ir a la reunión sacramental, así que él y sus tres hermanos adolescentes se irguieron en sus asientos y prestaron mucha atención. Es probable que el paseo por el campo esa tarde de domingo haya sido una actividad familiar agradable, pero aquella pequeña decisión se convirtió en el comienzo de un nuevo rumbo que, en última instancia, alejó a su familia de la Iglesia y de su seguridad, protección y bendiciones, y la condujo por un sendero diferente.

A modo de lección para quienes en la actualidad puedan verse tentados a escoger un sendero diferente, Lehi, un profeta del Libro de Mormón, compartió con su familia una visión en la que “[vio] innumerables concursos de gentes, muchas de las cuales se estaban apremiando a fin de llegar al sendero que conducía al árbol al lado del cual [se] hallaba.

“Y… emprendieron la marcha por el sendero que conducía al árbol.

“Y… surgió un vapor de tinieblas… tanto así que los que habían entrado en el sendero se apartaron del camino, de manera que se desviaron y se perdieron”1. Seguir leyendo

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Enseñar con poder y autoridad de Dios

Octubre 2013Liahona 2013-11

Enseñar con poder y autoridad de Dios
Primer Consejero de la Presidencia General de la Escuela Dominical

El Señor ha proporcionado la manera para que todo Santo de los Últimos Días digno enseñe a la manera del Salvador.

Nos sentimos inmensamente agradecidos, más de lo que podemos expresar, por todos los maestros de la Iglesia. Los amamos y les tenemos gran confianza. Ustedes son uno de los milagros más grandes del Evangelio restaurado.

Ciertamente existe un secreto para llegar a ser un exitoso maestro del Evangelio, para enseñar con poder y autoridad de Dios. Utilizo la palabra secretoporque los principios en que se basa el éxito de un maestro sólo los entienden aquellos que tienen un testimonio de lo que aconteció en la mañana de un día hermoso y despejado, a comienzos de la primavera de 1820.

Los cielos se abrieron en respuesta a la humilde súplica de un jovencito de 14 años. Dios, el Padre Eterno, y Su Hijo, Jesucristo, aparecieron y hablaron al profeta José Smith. Se daba inicio a la largamente esperada restauración de todas las cosas y el principio de la revelación fue establecido perpetuamente en nuestra dispensación. El mensaje de José y nuestro mensaje al mundo pueden resumirse en dos palabras: “Dios habla”. Él habló en la antigüedad, Él habló a José y Él les hablará a ustedes. Esto es lo que los distingue de todos los maestros del mundo; gracias a esto, ustedes no pueden fracasar.

Ustedes han sido llamados por el espíritu de profecía y revelación y han sido apartados mediante la autoridad del sacerdocio. ¿Qué significa esto?

Primero, significa que se hallan en la obra del Señor; son Sus agentes, y están autorizados y comisionados para representarlo y actuar en Su nombre. Como tales, tienen derecho a recibir Su ayuda. Deben preguntarse: “¿Qué diría el Salvador si Él estuviera enseñando mi clase hoy, y cómo lo diría?”. Entonces deben hacer lo mismo. Seguir leyendo

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Poder en el sacerdocio

Conferencia General, Octubre 2013

Poder en el sacerdocio


Del Quórum de los Doce Apóstoles

Un hombre podrá descorrer las cortinas para que la cálida luz del sol entre en el cuarto, pero él no es el dueño del sol ni de la luz ni del calor que brinda.



Las bendiciones del sacerdocio son para todos

Cuando los niños cantaron felices en la reunión sacramental la canción de la Primaria “Allí donde hay amor”, todos sonrieron en señal de aprobación. Una valiente madre que criaba a cinco hijos escuchó atentamente la segunda estrofa: “A toda hora hay en mi hogar de Dios bendiciones [del sacerdocio] sin cesar”1. Con tristeza, ella pensó: “Mis hijos nunca han tenido un hogar como ese”2.

Mi mensaje a esa hermana fiel, y a todos, es que “a toda hora podemos ser bendecidos por el poder del sacerdocio”, cualquiera sea nuestra situación.

En la Iglesia, a veces relacionamos excesivamente el poder del sacerdocio con los hombres. El sacerdocio es el poder y la autoridad de Dios que se dan para la salvación y la bendición de todos: hombres, mujeres y niños.

Un hombre podrá descorrer las cortinas para que la cálida luz del sol entre en el cuarto, pero él no es el dueño del sol ni de la luz ni del calor que brinda. Las bendiciones del sacerdocio son infinitamente mayores que aquél a quien se le pide que administre ese don.

Recibir las bendiciones, el poder y las promesas del sacerdocio en esta vida y en la vida venidera es una de las más grandes oportunidades y responsabilidades de la mortalidad. Al mantenernos dignos, las ordenanzas del sacerdocio enriquecen nuestra vida en la tierra y nos preparan para las sublimes promesas del mundo venidero. El Señor dijo: “…en [las] ordenanzas se manifiesta el poder de la divinidad”3.

Existen bendiciones especiales de Dios para cada persona digna que se bautiza, recibe el Espíritu Santo y participa regularmente de la Santa Cena. El templo nos brinda luz y fortaleza adicionales, además de la promesa de la vida eterna4. Seguir leyendo

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Lamentaciones de Jeremías: Cuidaos del cautiverio

Octubre 2013Liahona 2013-11
Lamentaciones de Jeremías: Cuidaos del cautiverio

Del Quórum de los Doce Apóstoles

Nuestro desafío es evitar el cautiverio en todas sus formas, ayudar al Señor a reunir a Sus escogidos y sacrificarnos por la nueva generación.

Al comienzo de nuestro matrimonio, mi esposa Mary y yo decidimos que, en la medida de lo posible, escogeríamos actividades a las que pudiéramos asistir juntos; también queríamos ser prudentes con el dinero. A Mary le encanta la música y sin duda le preocupaba que yo le diera demasiada importancia a los eventos deportivos, así que negoció que de todos los eventos de pago que eligiéramos habría dos obras musicales, óperas o actividades culturales por cada partido.

Al principio, me resistía a incluir óperas, pero con el tiempo cambié de idea; en especial, llegué a disfrutar de las óperas de Giuseppe Verdi1; esta semana será el bicentenario de su nacimiento.

En su juventud, Verdi estaba intrigado con el profeta Jeremías, y en 1842, a los veintiocho años, logró la fama con la ópera Nabucco, una forma italiana más corta del nombre Nabucodonosor, rey de Babilonia. Esta ópera contiene conceptos extraídos de los libros de Jeremías, Lamentaciones y Salmos, del Antiguo Testamento. La ópera incluye la conquista de Jerusalén y el cautiverio y la esclavitud de los judíos. El Salmo 137 es la inspiración para el inspirador y conmovedor “Coro de los esclavos hebreos” de Verdi. El encabezamiento de este Salmo en nuestras Escrituras es muy dramático: “Mientras estuvieron en cautiverio, los judíos lloraron junto a los ríos de Babilonia— A causa del dolor, no podían soportar cantar los cánticos de Sión”.

Mi propósito es analizar muchas formas de esclavitud y subyugación. Compararé algunas circunstancias de nuestra época con las de la época de Jeremías antes de la caída de Jerusalén. Al presentar esta voz de amonestación, me siento agradecido de que la mayoría de los miembros de la Iglesia estén evitando con rectitud la conducta que era tan ofensiva para el Señor en la época de Jeremías. Seguir leyendo

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Conformes con lo que se nos ha concedido

Abril 2000
Conformes con lo que se nos ha concedido
Élder Neal A. Maxwell
del Quórum de los Doce Apóstoles

Neal A. Maxwell

“Los momentos decisivos de la vida ocurren dentro de lo que se nos concede. . . Lo que importa es la forma en que respondemos. En esta vida toda persona recibe la clase de pruebas que van de acuerdo con sus necesidades”.

Al igual que todos ustedes, hermanos y hermanas, expreso agradecimiento al presidente Hinckley por sus incansables esfuerzos para moldear el futuro de la Iglesia, símbolo del cual es este Centro de Conferencias.

En pocas palabras, los que fueron convertidos recibieron de Alma gran discernimiento: “Y porque debería estar conforme con lo que el Señor me ha concedido” (Alma 29:3). No obstante, poco antes, Alma deseó con vehemencia ser “la trompeta de Dios” para entonces “estremec[er] la tierra” (Alma 29:1). Pero no por vanidad; de hecho, Alma quería proclamar el arrepentimiento y el plan de redención a toda la humanidad, a fin de que no hubiera ya más dolor humano (véase Alma 29:2). No obstante, el contentamiento de Alma se basaba en la realidad de que Dios al final concede la salvación final de acuerdo con lo que el individuo desee (véase Alma 29:4). ¿Qué podría ser más justo que eso?

Quedando satisfecho con su llamamiento, Alma entonces mansamente esperó ser un instrumento para ayudar en la salvación de alguno (véase Alma 29:9). Toda una jornada significativa y espiritual se describe en sólo nueve versículos introspectivos.

La misma satisfacción nos espera a nosotros si podemos adaptar nuestros deseos a lo que se nos ha concedido.

Lo que se concede a algunas personas incluye, por ejemplo, muy reducidas oportunidades a causa de la pobreza:

“Y empezó el pueblo a distinguirse por clases, según sus riquezas y sus oportunidades para instruirse; sí, algunos eran ignorantes a causa de su pobreza, y otros recibían abundante instrucción por motivo de sus riquezas” (3 Nefi 6:12).

Asimismo, malvadas estructuras sociales humanas han incluido en el pasado restricciones trágicas como la esclavitud y los campos de concentración.

No obstante, tenemos que hacer lo que podamos dentro de las circunstancias que se nos han concedido, esforzándonos por superar nuestras propias limitaciones. Dentro de lo que se nos ha concedido, podemos aún contentarnos espiritualmente. Pablo lo describió como “piedad acompañada de contentamiento”, que significa la adecuada presencia de atributos necesarios, tales como el amor, la esperanza, la mansedumbre, la paciencia y la obediencia (1 Timoteo 6:6).

Pero existen otras limitaciones fijas en la vida. Por ejemplo, a algunos les han tocado restricciones físicas, mentales o geográficas. Hay quienes permanecen solteros, pero no por culpa suya, o que anhelan progenie sin lograrla. Aun otros confrontan persistentes dificultades, tales como relaciones discordantes dentro de su círculo de seres queridos, incluso hijos que “act[úan] por sí mismos” rechazando el consejo de sus padres (3 Nefi 1:29). En ésta y en situaciones similares hay tantas cosas constantes y abrumadoras que nos hacen pensar en todo esto.

Estar conformes significa aceptar las cosas sin autocompasión. Las privaciones, como éstas, sin embargo, si se sobrellevan con mansedumbre, pueden acabar siendo como excavaciones que preparan el terreno para propiciar un mayor desarrollo espiritual.

A algunos les toca soportar situaciones dolorosas que entorpecen las circunstancias normales de la vida. Algunas personas deben “pasar por” tribulaciones en tanto que a otras se les asignan cosas para “soportar”.Pablo tuvo que “soportar” un “aguijón en [su] carne” (2 Corintios 12:7).

Bástenos decir que tales “asignaciones” en este mundo mortal serán diferentes en el mundo inmortal venidero. La única excepción es el pecado sin arrepentimiento, que determinará nuestra condición en el mundo por venir.

Por eso, uno de nuestros desafíos es desarrollar un mayor contentamiento dentro de algunas de nuestras actuales restricciones y oportunidades. De otro modo, quizás nos sentiremos desatendidos, displicentes y que no se nos aprecia, en tanto que, irónicamente, dentro de lo que se nos concede, hay oportunidades de servicio que desaprovechamos. Tampoco debiéramos ambicionar ciertas cosas que no son parte de lo que Dios nos ha dado, tales como la poderosa voz de un ángel, ya que es tanto lo que podemos lograr con lo se nos ha concedido (véase Alma 29:3–4). Asimismo, por variadas que sean nuestras circunstancias, todavía así podemos guardar los mandamientos de Dios.

Mientras tanto, en el laboratorio humano todos servimos como elementos clínicos, aprendiendo los unos de los otros, sin importar lo que “se nos ha concedido”.Nuestras relaciones pueden reducirse o aumentar, pero lo que más importa es lo que somos y lo que hacemos dentro de lo que se nos concede y en cuanto a “la obra a la que he[mos] sido llamado[s]” (Alma 29:6).

Por tanto, en este “santo día de hoy” se nos ha concedido el “territorio” para nuestro discipulado. No es necesario que dispongamos de las mejores circunstancias ni que seamos reconocidos antes de ocuparnos en nuestra propia salvación.

Por otro lado, sin embargo, concerniente a mejorar nuestra conducta, debemos reconocer que no existen fronteras que no podamos cruzar ni restricción alguna si estamos dispuestos a hacerlo.

Un mejoramiento paso a paso es, por lo tanto, la manera de hacerlo, lo que claramente requiere que contemos con la paciencia del Señor a medida que nos esforzamos por aprender las lecciones necesarias.

María, habiéndosele informado de algunas cosas maravillosas en cuanto a ella misma y lo que le esperaba, sin embargo guardó “todas estas cosas, meditándolas en su corazón” (Lucas 2:19). Frecuentemente, la meditación da lugar al contentamiento.

Nuestra actuación es más importante que la dimensión del escenario. El Mar de Galilea, cubriendo sólo unos 230 kilómetros cuadrados, fue sin embargo lo bastante grande para brindar a los discípulos una experiencia vital que tuvo que ver con la fe y el andar sobre el agua (véase Mateo 14:22–33). El viento era fuerte y amenazante. Aun así, comparemos el tamaño de las olas galileas con la duración de aquella tempestad que Nefi y su compañía experimentaron en el vasto océano (véase 1 Nefi 18:13–21). Sin embargo, ambos episodios proporcionaron la esencia de la oportunidad para hacerlo. Claro que debo tener cuidado de hacer comparaciones que incluyan grandes cantidades de agua, teniendo en cuenta que Noé forma parte del auditorio histórico.

Como vemos, episodios menos espectaculares, al igual que personas buenas pero sin mucho prestigio, “no presta[n] menor servicio” al cumplir con lo que se les haya encomendado (Alma 48:19).

En una escala mayor, por ejemplo, el profeta Mormón pensó primeramente que su pueblo sentía aflicción para arrepentimiento (véase Mormón 2:12–13). Sin embargo, no demoró en comprender que la de ellos no era en realidad aflicción para arrepentimiento, sino que se trataba del “pesar de los condenados”, que los dejaba sin rumbo. Comparemos ese episodio con la experiencia del hijo pródigo que procedió a solas en su propio arrepentimiento; puesto que su dolor fue verdadero, realmente volvió “en sí” (Lucas 15:17). Algunas veces aprendemos “por tristes experiencias”, pero otras veces no (D. y C. 121:39).

Los momentos decisivos de la vida ocurren dentro de lo que se nos concede y tomamos decisiones que traen consecuencias eternas en medio de dichas concesiones. Lo que importa es la forma en que respondemos. En esta vida toda persona recibe la clase de pruebas que van de acuerdo con sus necesidades (véase Mateo 6:34).

Entretanto, hay personas que habitualmente venden su alma pero reciben a cambio mucho menos que el mundo entero. En una de sus obras A Man for All Seasons, Robert Bolt trata acerca de cuando Sir Thomas More estaba a punto de ser decapitado, en parte porque su amigo, Rich, habiendo sido sobornado por algunos funcionarios, lo traicionó. Sir Thomas More, “mirando a Rich con expresión de dolor e incredulidad”, dice: “¿Por Gales? Richard, nada le aprovecha al hombre ganar todo el mundo y perder su alma. . . pero ¡por Gales!” (Robert Bolt, “A Man for All Seasons”, 1960, pág. 92.) ¡Sirva este mismo reproche ante cualquier preocupación que nos despoje de las cosas espirituales!

Meditemos sobre el hecho de que Jesús fue y es el Señor del Universo (véase D. y C. 45:1; 76:24; Moisés 1:33; 2:1). Sin embargo, como todos lo sabemos, Su ministerio se llevó a cabo en una pequeñísima extensión geográfica. Sus viajes misionales fueron muy limitados; no obstante, con eso el Salvador realizó la Expiación para toda la humanidad. Por supuesto que existían cerros más prominentes que el Gólgota y jardines mucho más resplandecientes que el de Getsemaní. Así y todo, esos lugares fueron suficientes como escenario del acto central de toda la historia humana.

Todos podemos aprovechar esa gloriosa Expiación al arrepentirnos. Podemos aprender a servir y a perdonar a todo aquel con quien nos relacionemos, aun dentro del reducido círculo de familiares y amigos.

La justicia y la misericordia de Dios demostrarán ser tan perfectas que en el juicio final no se tendrá queja alguna, ni siquiera para aquellos que antes hayan dudado de lo que Dios les había concedido en la vida mortal (véase 2 Nefi 9:14–15; Alma 5:15–19; 12:3–14; 42:23–26, 30).

Por tanto, podemos y debemos “estar conformes con lo que se nos ha concedido”, contentos con las circunstancias pero sin contentarnos con nuestra propia conducta (véase 3 Nefi 12:48; 27:27; Mateo 5:48).

Un contentamiento tal es mucho más que aceptar las cosas con indiferencia. Mas bien refleja nuestra disposición como participantes en vez de una resignación indiferente.

El Señor conoce nuestras circunstancias y las intenciones de nuestro corazón, como también los talentos y dones que Él nos ha concedido. Él puede evaluar, a la perfección, lo que hemos hecho con lo que nos ha concedido, aun con respecto a cuántas de las muchas manos caídas a nuestro alrededor hayamos levantado. Anhelar mejores oportunidades mientras desaprovechamos las que tenemos es una forma mezquina de espiritualidad.

El Amo de la viña sabe perfectamente lo que hubiéramos podido hacer y lo que realmente hicimos dentro de nuestras circunstancias.

Una de las razones por las que Dios emplea a los débiles del mundo para que realicen Su obra quizás sea la humildad y la amplia capacidad que éstos tienen para el contentamiento espiritual (véase D. y C. 1:19, 23; 35:13; 133:58, 59; 1 Corintios 1:27). De todos modos, la persona mundanal generalmente no tiene mucho interés en hacer lo que ellos consideran la insignificante obra del Señor.

Es también significativo que el Señor rehuse intimidar a la gente enviando legiones de ángeles a fin de asegurarse de que se cumpla Su voluntad (véase Mateo 26:47–53). Su voluntad debe hacerse “a causa de la palabra”, y no porque se nos obligue (Alma 36:26). La norma ha sido, es y seguirá siendo ésta: “No obstante, podrás escoger según tu voluntad” (Moisés 3:17). El Señor quiere una conversión sin intimidación.

No olvidemos que en nuestra era de dar muchas vueltas a la cuestión del día, la única vuelta que Dios espera es nuestro alejamiento voluntario del pecado y que nos acerquemos a Él. Por lo tanto, el Señor no procura abrumarnos sino ayudarnos a vencer al mundo (véase D. y C. 64:2; Apocalipsis 3:21).

Así es que, dentro de nuestras concesiones, podemos ver cómo los santificados demuestran benevolencia aun en circunstancias restrictivas, mientras que otros exhiben actitudes de sarcasmo aun en medio de su opulencia. Los descontentos, por su parte, continúan sumiéndose en la autocompasión, algunos en forma exagerada.

Algo diferente vemos en la observación inspirada e instructiva de Alma. Alma reconoce que Dios ha puesto personas en todas las naciones para que prediquen y enseñen Su palabra (véase Alma 29:8). En consecuencia, si procuramos con demasiada exigencia, con mucha frecuencia y con excesivo afán tener una mayor participación personal, en realidad podríamos limitar las oportunidades que otros necesitan. Asimismo, nuestro confiado contentamiento facilita que el Espíritu Santo cuente con el valioso tiempo necesario para efectuar Su obra especial.

Si estamos en armonía espiritualmente con la voluntad de Dios, sentiremos una certidumbre espiritual aunque no sepamos “el significado de todas las cosas” (1 Nefi 11:17). El contentamiento que procede de tal certidumbre no da lugar a la arrogancia, sino a una tranquila aceptación, lo que constituye su propia forma de estar “anhelosamente consagrados”, pero sin reconocimientos innecesarios (D. y C. 58:27; véase también el vers. 28).

Sin embargo, este contentamiento espiritual se basa en que aceptemos la expiación de Jesús, porque hemos. . .

“. . .llegado al conocimiento de la bondad de Dios, y de su incomparable poder, y su sabiduría, su paciencia y su longanimidad para con los hijos de los hombres; y también la expiación que ha sido preparada desde la fundación del mundo” (Mosíah 4:6).

Sí, hermanos y hermanas, al observar que Alma cambió de querer hablar con la “trompeta” de Dios a ser un humilde “instrumento” y de anhelar “estremec[er] la tierra” a “conducir [quizás] a algún alma al arrepentimiento”, vemos en verdad una asombrosa transición. Además, ¿no es acaso maravilloso que se nos permita progresar, ya sea que dicho progreso se exprese en nueve versículos o en toda una vida?

Mi esposa Colleen y yo tenemos una nieta muy especial, Anna Josephine, que nació sin la mano izquierda. Días pasados pudo escucharse una conversación entre ella, de casi cinco años de edad, y su primo Talmage, de tres años. Al jugar juntos, Talmage, de modo tranquilizador, le dijo: “Anna Jo, cuando crezcas tendrás cinco dedos”.Anna Jo le contestó: “No, Talmage, cuando crezca no tendré cinco dedos, pero cuando vaya al cielo tendré una mano”.

Si Anna Jo, a quien le esperan días difíciles, se mantiene fiel con lo que se le ha concedido, continuará siendo una gran bendición para muchas personas.

Cuán bendecidos somos por habérsenos preservado las palabras de Alma. Ruego que podamos aplicar sus palabras a nosotros mismos (véase 1 Nefi 19:23). Esto lo dejo en el hombre de Aquel que cuenta todos los pajarillos y todos los dedos y que, aun así, es el Señor del universo, sí, Jesucristo. Amén.

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No te dejaré, ni te desampararé

Octubre 2013Liahona 2013-11
“No te dejaré, ni te desampararé”

Nuestro Padre Celestial …sabe que aprendemos, crecemos y nos volvemos más fuertes al enfrentar y sobrellevar las pruebas por las que tenemos que pasar.

Hermanos y hermanas, hace seis meses cuando nos encontramos en nuestra conferencia general, mi dulce esposa, Frances, estaba en el hospital, porque había sufrido una devastadora caída tan sólo unos días antes. En mayo, después de seis semanas de lucha valiente para superar sus heridas, pasó dulcemente a la eternidad. La extraño profundamente. Ella y yo nos casamos en el Templo de Salt Lake el 7 de octubre de 1948. Mañana hubiéramos cumplido 65 años de casados. Ella fue el amor de mi vida, mi compañera leal y mi amiga más cercana. El decir que la extraño no llega a expresar lo profundo de mis sentimientos.

Esta conferencia marca 50 años desde que fui llamado al Quórum de los Doce Apóstoles, por el presidente David O. McKay. En todos estos años sólo tuve el total y completo apoyo de mi dulce compañera. Son incontables los sacrificios que ella hizo para que yo pudiera cumplir con mi llamamiento. Nunca la escuché quejarse cuando por lo general se me requería pasar días, algunas veces semanas, lejos de ella y de nuestros hijos. Ciertamente, ella era un ángel.

Deseo expresar mi gratitud, además de agradecer a mi familia, por las extraordinarias expresiones de amor que hemos recibido desde el fallecimiento de Frances. Hemos recibido cientos de tarjetas y cartas de todo el mundo que expresan admiración por ella y condolencias para nuestra familia. Recibimos docenas de hermosos arreglos florales. Estamos agradecidos por las numerosas contribuciones que se han ofrecido en su nombre al Fondo misional general de la Iglesia. En nombre de nosotros, a quienes ella ha dejado atrás, expreso mi profunda gratitud por su gentileza y expresiones sinceras.

Lo que me ha dado la mayor fuente de consuelo en este momento de separación, ha sido mi testimonio del evangelio de Jesucristo y el conocimiento que tengo de que mi querida Frances aún vive. Sé que nuestra separación es temporal. Fuimos sellados en la Casa del Señor por alguien que tenía la autoridad de atar en la tierra y en el cielo. Sé que un día nos reuniremos y nunca más nos separaremos. Éste es el conocimiento que me sostiene.

Hermanos y hermanas, podría asegurarse que nadie ha estado completamente libre de haber sufrido y padecido dolor; nunca ha habido un periodo en la historia de la humanidad en la que no haya habido confusión y tristeza. Seguir leyendo

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Fortaleza personal por medio de la expiación de Jesucristo

Octubre 2013Liahona 2013-11
Fortaleza personal por medio de la expiación de Jesucristo

Del Quórum de los Doce Apóstoles

Mediante la expiación de Jesucristo, cada uno de nosotros puede ser purificado y aligerado del peso de nuestra rebelión.

Recientemente, tuve la bendición de reunirme con un grupo extraordinario de jóvenes de Idaho. Una jovencita ejemplar me preguntó qué pensaba yo que fuese lo más importante que ellos debían hacer en este momento de su vida. Yo les sugerí que aprendieran a reconocer el poder de la expiación de Jesucristo en la vida. Hoy hablaré de uno de los aspectos de ese poder: la fortaleza personal que podemos recibir mediante la expiación de Jesucristo.

En el Libro de Mormón leemos que Ammón y sus hermanos enseñaron el evangelio de Jesucristo a “un pueblo salvaje, empedernido y feroz”1. Muchos de ellos se convirtieron y escogieron dejar atrás su comportamiento pecaminoso; tan completa fue su conversión, que enterraron sus armas e hicieron convenio con el Señor de que no las volverían a usar2.

Tiempo después, muchos de sus hermanos que no se había convertido los atacaron y empezaron a matarlos. El pueblo, que ahora era fiel, prefirió morir por la espada que poner en peligro su vida espiritual tomando las armas para defenderse. Su buen ejemplo ayudó a que más gente se convirtiera y abandonara las armas de su rebelión3.

Por medio de Ammón el Señor los guió a refugiarse entre los nefitas y se los conoció como el pueblo de Ammón4. Los nefitas los protegieron por muchos años pero, con el tiempo, el ejército nefita comenzó a debilitarse y necesitó urgentemente de refuerzos5.

El pueblo de Ammón se encontraba en un momento crítico de su vida espiritual. Habían sido fieles a su convenio de no tomar las armas nuevamente; pero también comprendían que los padres son responsables de proporcionar protección a su familia6. Esa necesidad parecía ser lo bastante importante como para tomar en consideración el quebrantar su convenio7. Seguir leyendo

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Fortaleza para perseverar

Octubre 2013Liahona 2013-11
Fortaleza para perseverar

De la Presidencia de los Setenta

Nuestra capacidad de perseverar hasta el fin en rectitud estará en relación directa con la fortaleza de nuestro testimonio y la profundidad de nuestra conversión.

Al despertarnos cada mañana, nos enfrentamos a un nuevo día lleno de desafíos. Esos desafíos se presentan en muchas formas: retos físicos, problemas financieros, dificultades en las relaciones, altibajos emocionales e incluso luchas con la fe.

Muchos de los desafíos que enfrentamos en la vida se pueden resolver y superar; sin embargo, otros tal vez sean difíciles de entender e imposibles de superar, y nos acompañarán hasta la muerte. A medida que soportamos por un tiempo los desafíos que podemos solucionar, y continuamos sobrellevando los que no podemos solucionar, es importante recordar que la fortaleza espiritual que desarrollemos nos ayudará a superar con éxito todos los desafíos que enfrentemos.

Hermanos y hermanas, tenemos un Padre Celestial amoroso que ha diseñado nuestra existencia terrenal para que aprendamos, de forma individual, las lecciones que necesitamos aprender para ser dignos de la vida eterna en Su presencia.

Un acontecimiento de la vida del profeta José Smith ilustra este principio. El profeta y algunos de sus compañeros estuvieron encarcelados varios meses en Liberty, Misuri. Mientras padecía en la cárcel, el profeta José suplicó al Señor en humilde oración que los Santos pudieran tener alivio de su actual sufrimiento. El Señor contestó enseñando al profeta José y a todos nosotros, que los desafíos que enfrentemos, si los sobrellevamos bien, serán para nuestro bien. Ésta fue la respuesta del Señor a la petición de José:

“Hijo mío, paz a tu alma: tu adversidad y tus aflicciones no serán más que por un breve momento;

“y entonces, si lo sobrellevas bien, Dios te exaltará”1.

El Padre Celestial ha organizado nuestro viaje en la vida para que sea una prueba de nuestro carácter. Estamos expuestos tanto a las buenas como a las malas influencias y se nos da el albedrío moral de elegir por nosotros mismos qué camino tomaremos. Como enseñó Samuel, el profeta de la antigüedad del Libro de Mormón: “…sois libres; se os permite obrar por vosotros mismos; pues he aquí, Dios os ha dado el conocimiento y os ha hecho libres”2. Seguir leyendo

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Convertíos

Octubre 2013Liahona 2013-11
Convertíos

Presidenta General de las Mujeres Jóvenes

La verdadera conversión se logra al continuar actuando de acuerdo con las doctrinas que uno sabe que son verdaderas y al guardar los mandamientos, día a día, mes tras mes.

Hermanos y hermanas, cuánto me llena de humildad encontrarme ante este púlpito que han ocupado tantos héroes de mi vida. Quisiera compartir con ustedes algunos de los sentimientos de mi corazón y dirigirlos especialmente a la juventud.

Uno de los grandes héroes del Antiguo Testamento es el profeta y guerrero Josué, quien extendió esta invitación a los hijos de Israel, a quienes dirigía: “…escogeos hoy a quién sirváis… pero yo y mi casa serviremos a Jehová”1. La declaración de Josué demuestra la verdadera conversión al Evangelio. Tanto para Josué como para todos nosotros, la conversión a los principios del Evangelio se logra al vivir esos principios en rectitud y al ser fieles a nuestros convenios con el Señor.

Quisiera compartir el relato de mi historia familiar en cuanto a la conversión de otra de mis heroínas; se llama Agnes Hoggan. Ella y su esposo se unieron a la Iglesia en Escocia, en 1861. Al padecer enorme persecución en su país, emigraron a América con sus hijos. Varios años después, Agnes enviudó, quedando con ocho hijos a quienes mantener; trabajó arduamente para darles de comer y vestirlos. Su hija Isabelle, que tenía doce años, tuvo la suerte de encontrar empleo como criada de una familia acomodada que no era miembro de la Iglesia.

Isabelle vivía en la enorme casa de sus empleadores y ayudaba a cuidar a los niños pequeños. A cambio de sus servicios, cada semana le pagaban a su madre un pequeño salario. Al poco tiempo, la aceptaron como miembro de la familia y empezó a disfrutar muchos de los mismos privilegios que ellos, como lecciones de baile, vestir ropa elegante e ir al teatro. Ese arreglo continuó por cuatro años, hasta que trasladaron a la familia a otro Estado. Se habían encariñado tanto con Isabelle que le pidieron permiso a su madre, Agnes, para adoptarla legalmente. Prometieron darle una buena educación, se asegurarían de que se casara bien, y la harían heredera de sus posesiones como los demás hijos. Además, continuarían haciéndole pagos a Agnes. Seguir leyendo

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No tendrás dioses ajenos

Octubre 2013Liahona 2013-11
No tendrás dioses ajenos

Del Quórum de los Doce Apóstoles

¿Nos inclinamos ante dioses u honramos otras prioridades antes que a Dios, a quien profesamos adorar?

Los Diez Mandamientos son fundamentales para las religiones cristiana y judía. Fueron dados por Dios a los hijos de Israel por medio del profeta Moisés. Los primeros dos de estos mandamientos guían nuestra adoración y nuestras prioridades. En el primero, el Señor mandó: “No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Éxodo 20:3). Siglos más tarde, cuando a Jesús se le preguntó: “¿Cuál es el gran mandamiento de la ley?”. Él contestó: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma y con toda tu mente” (Mateo 22:36–37).

El segundo de los Diez Mandamientos profundiza la instrucción de no tener dioses ajenos e identifica lo que debe ser la prioridad suprema en nuestra vida como Sus hijos: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de cosa alguna” en el cielo o en la tierra (Éxodo 20:4). El mandamiento luego agrega: “No te inclinarás a ellas, ni las honrarás” (Éxodo 20:5). Más que simplemente prohibir los ídolos físicos, establece una prioridad fundamental permanente. Jehová explica: “porque yo soy Jehová tu Dios… celoso… y que hago misericordia a… los que me aman y guardan mis mandamientos” (Éxodo 20:5–6). El significado de celoso es revelador. Su origen hebreo significa “poseer sentimientos sensibles y profundos” (Éxodo 20:5; nota b al pie de página en la Biblia SUD en inglés). Por tanto, ofendemos a Dios cuando “[honramos]” a otros dioses, cuando tenemos otras prioridades más importantes1.

I.

¿Ante qué “otras prioridades” dan su “honra” antes que a Dios las personas, incluso las personas religiosas, de nuestros días? Consideren estas posibilidades, todas muy comunes en nuestro mundo:

  • Tradiciones culturales y familiares
  • Lo políticamente correcto
  • Aspiraciones profesionales
  • Posesiones materiales
  • Actividades recreativas
  • Poder, prominencia y prestigio

Si ninguno de estos ejemplos parece aplicarse a ninguno de nosotros, probablemente podemos sugerir otros que sí lo harán. El principio es más importante que los ejemplos individuales. El principio no es si tenemos otras prioridades; la pregunta que plantea el segundo mandamiento es “¿Cuál es nuestra prioridad suprema?”; ¿nos inclinamos ante dioses u honramos otras prioridades antes que a Dios, a quien profesamos adorar?; ¿nos hemos olvidado de seguir al Salvador, quien enseñó que si Lo amamos, guardaremos Sus mandamientos? (véase Juan 14:15). Si es así, nuestras prioridades están invertidas debido a la apatía espiritual y a los apetitos indisciplinados tan comunes en nuestros días.

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