Octubre 2013
A mis nietos
Por el presidente Henry B. Eyring
Primer Consejero de la Primera Presidencia
Hay un mandamiento fundamental que nos ayudará a afrontar los desafíos y conducirá al núcleo de una vida familiar feliz.
Este año se casarán nuestros dos primeros nietos. Dentro de unos pocos años, es probable que unos diez de sus primos lleguen al punto en su vida en el que entren al maravilloso mundo de establecer una familia.
Esa feliz posibilidad me ha hecho pensar mucho a medida que ellos han pedido mi consejo; básicamente han preguntado: “¿Qué decisiones podría tomar que me conducirán a la felicidad?”. Y, por otro lado: “¿Qué decisiones son las que probablemente me conduzcan a la infelicidad?”.
Nuestro Padre Celestial nos ha hecho únicos; nadie tiene exactamente las mismas experiencias. No hay dos familias que sean iguales, de modo que no debe sorprendernos que sea difícil dar consejo sobre cómo elegir la felicidad en la vida familiar. No obstante, un amoroso Padre Celestial ha establecido el mismo sendero hacia la felicidad para todos Sus hijos. Cualesquiera sean nuestras características personales y nuestras experiencias, hay tan sólo un plan de felicidad. Ese plan es seguir todos los mandamientos de Dios.
Para todos nosotros, incluso para mis nietos que piensan casarse, hay un mandamiento fundamental que nos ayudará a afrontar los desafíos y conducirá al núcleo de una vida familiar feliz. Se aplica a todas las relaciones, sin importar las circunstancias; se repite en las Escrituras y en las enseñanzas de los profetas de nuestros días. Éstas son las palabras de la Biblia en cuanto al consejo que el Señor da a todos los que desean vivir juntos para siempre en gran felicidad:
“Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó para tentarle, diciendo:
“Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento de la ley?
“Y Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma y con toda tu mente.
“Éste es el primero y grande mandamiento.
“Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
“De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas”1. Seguir leyendo





























