Miren hacia adelante y crean

Miren hacia adelante y creanLiahona 2013-11

De los Setenta

A la vista del Señor, no es tanto lo que hayamos hecho o dónde hemos estado, sino mucho más a dónde estamos dispuestos a ir.

Cuando era niño y trabajaba en los campos con mi madre, ella me enseñó una de las lecciones más importantes de la vida. Era ya avanzada la mañana, el sol estaba bien alto y habíamos estado usando la azada por lo que yo pensaba había sido mucho tiempo. Me detuve a mirar hacia atrás para ver lo que habíamos logrado y le dije a mi madre: “¡Mira todo lo que hemos hecho!”. Mi madre no respondió. Pensando que no me había escuchado, repetí lo que había dicho un poco más fuerte. Tampoco respondió. Alzando más la voz, se lo volví a decir. Finalmente, ella se volvió hacia mí y dijo: “Edward, nunca mires hacia atrás, mira hacia adelante, lo que todavía tenemos por hacer”.

Mis queridos hermanos y hermanas, el convenio que hicimos con el Señor cuando nos bautizamos, de “ser testigos de Dios en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar en que [estemos]” (Mosíah 18:9), es un compromiso para toda la vida. El presidente Dieter F. Uchtdorf aconsejó: “Las personas que han entrado en las aguas del bautismo y recibido el don del Espíritu Santo han iniciado el sendero del discipulado y han recibido el mandato de seguir de manera firme y fiel los pasos de nuestro Salvador” (“Santos en todas las épocas”,Liahona, septiembre de 2013, pág. 5). El Señor, por medio de Sus siervos, nos llama a prestar servicio en diversos llamamientos, los cuales aceptamos con un compromiso total. Cuando se extiende el relevo y se nos llama a una asignación diferente, lo aceptamos gozosos sabiendo, como lo hicieron nuestros antepasados, que “en el servicio al Señor, no interesa dónde sirvamos sino cómo lo hagamos” (J. Reuben Clark Jr., en Conference Report, abril de 1951, pág. 154).

Por lo tanto, cuando se releva a un presidente de estaca o a un obispo, él acepta con gozo su relevo, y cuando se le extiende un llamamiento para servir en cualquier forma que el Señor, por medio de Sus siervos, “juzgue conveniente” (Mosíah 3:19), no se siente disminuido por causa de su experiencia previa, ni mira hacia atrás y piensa que ha prestado suficiente servicio. Él “no [se cansa] de hacer lo bueno” porque sabe que está “poniendo los cimientos de una gran obra” con una clara visión de que tales esfuerzos bendicen las vidas por la eternidad. Por lo tanto, “de las cosas pequeñas proceden las grandes” (D. y C. 64: 33). Seguir leyendo

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Sabemos lo que poseemos?

¿Sabemos lo que poseemos?Liahona 2013-11

Primera Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro

Las ordenanzas y convenios del sacerdocio proporcionan acceso a la plenitud de las bendiciones que Dios nos ha prometido, las cuales son posibles gracias a la expiación del Salvador.

En “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles, declaran: “Todos los seres humanos, hombres y mujeres, son creados a la imagen de Dios. Cada uno es un amado hijo o hija procreado como espíritu por padres celestiales y, como tal, cada uno tiene una naturaleza y un destino divinos”1. Con el fin de alcanzar ese destino divino, todos los hijos de Dios necesitan las ordenanzas y los convenios del sacerdocio.

Necesitamos el bautismo. Cuando se nos sumerge en las aguas del bautismo, hacemos convenio de tomar sobre nosotros el nombre de Cristo, recordarlo siempre, guardar Sus mandamientos y servirlo hasta el fin para tener siempre Su Espíritu con nosotros2.

Necesitamos el don del Espíritu Santo. Por medio de esta ordenanza, podemos tener acceso a la compañía constante del Espíritu. El presidente Wilford Woodruff enseñó: “Todo hombre y toda mujer que haya entrado alguna vez en la Iglesia de Dios y haya sido bautizado para la remisión de los pecados tiene derecho a la revelación, derecho a tener el Espíritu de Dios para asistirlos en sus labores, en el cuidado de los hijos, en los consejos que den a sus hijos y a aquellos a quienes hayan sido llamados a presidir. El Espíritu Santo no es exclusivamente para los hombres, ni para los apóstoles ni los profetas, sino que le corresponde a todo hombre y a toda mujer fiel, y a cada niño que tenga la edad apropiada para recibir el Evangelio de Cristo”3.

Necesitamos recibir la investidura del templo. El élder M. Russell Ballard dijo: “Cuando los hombres y las mujeres van al templo, los dos son investidos con el mismo poder, que, por definición, es el poder del sacerdocio… La investidura es literalmente un don de poder”4.

Necesitamos la ordenanza del sellamiento que nos lleva a la vida eterna, “el mayor de todos los dones de Dios”5. Esa ordenanza del sacerdocio la reciben sólo un hombre y una mujer juntos. El élder Russell M. Nelson enseñó: “La autoridad del sacerdocio se ha restaurado con el fin de sellar a las familias por la eternidad”6. Seguir leyendo

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Sean mansos y humildes de corazón

Sean mansos y humildes de corazónLiahona 2013-11

De la Presidencia de los Setenta

Ser manso no significa ser débil, sino que significa comportarse con bondad y gentileza.

Mormón enseñó que “el hombre no puede tener fe ni esperanza, a menos que sea manso y humilde de corazón”1. Él agregó que sin tales atributos, “su fe y su esperanza son vanas, porque nadie es aceptable a Dios sino los mansos y humildes de corazón”2.

La humildad es la cualidad de quienes son “temerosos de Dios, rectos, humildes, prestos para aprender y pacientes al sufrir”3. Los que poseen este atributo están dispuestos a seguir a Jesucristo y su temperamento es calmado, dócil, tolerante y sumiso.

El apóstol Pablo enseñó que la mansedumbre es uno de los frutos del Espíritu4; por consiguiente, puede lograrse más fácilmente si “vivimos por el Espíritu”5. Para vivir por el Espíritu, nuestro estilo de vida debe reflejar rectitud ante el Señor.

Al tomar sobre nosotros el nombre de Cristo, se espera que nos esforcemos por emular Sus atributos y que cambiemos nuestro carácter para llegar a ser más como Él cada día. El Salvador, al exhortar a Sus discípulos, dijo: “Sed, pues, vosotros perfectos, así como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”6. Si “[venimos] a Cristo… [nos abstenemos] de toda impiedad, y [amamos] a Dios”, entonces, por medio de la gracia de Cristo, llegará el día en que seamos perfectos en Él7.

“Los atributos semejantes a los de Cristo son dones de Dios que [recibimos] a medida que [empleamos nuestro] albedrío con rectitud… Con el deseo de complacer a Dios, [debemos reconocer nuestras] debilidades y [tener] la disposición y el anhelo de mejorar”8.

La mansedumbre es vital para que lleguemos a ser más como Cristo. Sin ella no seremos capaces de desarrollar otras virtudes importantes. Ser manso no significa ser débil, sino que significa comportarse con bondad y gentileza, mostrando fortaleza, serenidad, sana autoestima y autocontrol.

La mansedumbre fue uno de los atributos más abundantes en la vida del Salvador. Él mismo enseñó a Sus discípulos: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”9.

Somos bendecidos de nacer con la semilla de la mansedumbre en nuestro corazón. Necesitamos entender que no es posible hacer crecer y desarrollar esa semilla en un abrir y cerrar de ojos, sino a lo largo del tiempo. Cristo nos pide que tomemos nuestra “cruz cada día”10, lo que significa que debe ser una meta y deseo constante. Seguir leyendo

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La Conferencia General: Fortalece la fe y el testimonio

La Conferencia General: Fortalece la fe y el testimonio


Del Quórum de los Doce Apóstoles

¡Oh, cómo necesitamos la conferencia general! Por medio de las conferencias, nuestra fe se fortalece y nuestro testimonio se hace más profundo.

Gracias, presidente Monson, por su enseñanza y ejemplo de servicio cristiano y por su mandato de que todos seamos misioneros. Oramos hoy por usted.

En nuestra dispensación, el Salvador Jesucristo se refirió a la reunión de los santos como “miconferencia general”1.

Dondequiera que estemos en este mundo, sin importar cómo recibamos esta transmisión, les testifico que estamos congregados en Suconferencia. También testifico que oiremos Su palabra, pues Él ha dicho: “Sea por mi propia voz o por la voz de mis siervos, es lo mismo”2.

Las conferencias siempre han formado parte de la verdadera Iglesia de Jesucristo. Adán congregó a su posteridad y profetizó de cosas venideras. Moisés congregó a los hijos de Israel y les enseñó los mandamientos que había recibido. El Salvador enseñó a las multitudes reunidas tanto en la Tierra Santa como en el Continente Americano. Pedro congregó a los creyentes en Jerusalén. La primera conferencia general en estos últimos días tuvo lugar dos meses después de que se organizara la Iglesia, y así las conferencias han continuado hasta hoy.

Estas conferencias siempre se llevan a cabo bajo la dirección del Señor, con la guía de Su Espíritu3. A nosotros no se nos asignan temas específicos. Durante semanas y meses, a veces hasta con noches de insomnio, esperamos al Señor. Mediante el ayuno, la oración, el estudio y la meditación, sabemos el mensaje que Él desea que demos.

Tal vez alguien se pregunte: “¿Por qué la inspiración no viene más fácil y rápidamente?”. El Señor le enseñó a Oliver Cowdery: “Debes estudiarlo en tu mente; entonces has de preguntarme si está bien”4. Recibimos los mensajes de la conferencia luego de prepararnos en oración, por medio del Espíritu Santo. Seguir leyendo

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Oh ese sutil plan del maligno!

Conferencia General Octubre 2010
“¡Oh ese sutil plan del maligno!”

Del Quórum de los Doce Apóstoles

Hay esperanza para los adictos, y esta esperanza llega mediante la expiación del Señor Jesucristo

Hermanos y hermanas, la llegada del otoño aquí en las Montañas Rocosas trae consigo los gloriosos colores de las hojas que pasan del verde a los resplandecientes anaranjados, rojos y amarillos. Durante el otoño, toda la naturaleza se encuentra en un estado de transición preparándose para la fría y austera belleza del invierno.

El otoño es una época particularmente emocionante para los pescadores con mosca, ya que con un hambre casi insaciable las truchas salen a darse un banquete para fortificar su cuerpo contra la escasez de alimentos durante el invierno.

El objetivo de la pesca con mosca es atrapar truchas mediante un hábil engaño. El pescador experto estudia el comportamiento de las truchas, el clima, las corrientes de agua, los insectos que comen y cuándo esos insectos encoban. A veces confecciona los señuelos que usa. Sabe que los insectos artificiales incrustados en diminutos anzuelos deben ser engaños perfectos, porque las truchas reconocerán el menor defecto y los rechazarán.

Qué emoción observar a una trucha salir a la superficie, morder la mosca y resistir hasta que finalmente, exhausta, es recogida. La lucha es la competencia entre el conocimiento y la habilidad del pescador, y la noble trucha.

El uso de señuelos artificiales para engañar y atrapar peces es un ejemplo de la forma en que a menudo Lucifer nos tienta, engaña y trata de atraparnos.

Como el pescador con mosca que sabe que lo que atrae a las truchas es el hambre, Lucifer conoce nuestro “hambre” o debilidades y nos tienta con señuelos falsos que, si los aceptamos, pueden coartar nuestra vida y conducirnos hacia su influencia despiadada. Y a diferencia del pescador que atrapa y devuelve al agua peces ilesos, Lucifer no nos soltará voluntariamente. Su objetivo es hacer a sus víctimas tan miserables como él.

Lehi dijo: “Y porque [Lucifer] había caído del cielo, y llegado a ser miserable para siempre, procuró igualmente la miseria de todo el género humano” (2 Nefi 2:18). Seguir leyendo

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La obediencia a la ley es libertad

La obediencia a la ley es libertadLiahona  mayo 2013
Por el élder L. Tom Perry
Del Quórum de los Doce Apóstoles

L. Tom Perry

Los hombres y las mujeres reciben el albedrío como un don de Dios, pero la libertad y, a su vez, la felicidad eternas provienen de la obediencia a Sus leyes.

La Navidad pasada recibí un regalo especial que me trajo muchos recuerdos. Me lo dio mi sobrina. Estaba entre las cosas que yo había dejado en nuestra vieja casa de familia, un lugar del que me mudé después de casarme. El regalo era este librito marrón que tengo en la mano. Es un libro que se les daba a los militares SUD que ingresaban a las fuerzas armadas durante la Segunda Guerra Mundial. Personalmente, lo consideré un regalo del presidente Heber J. Grant y de sus consejeros, J. Reuben Clark, Jr., y David O. McKay.

Al comienzo del libro, esos tres profetas de Dios escribieron: “Los eventos de las fuerzas armadas no nos permiten mantener una comunicación personal constante con usted ya sea directa o por un representante. Nuestra mejor opción es poner en sus manos tales porciones de revelación moderna y de explicaciones de los principios del Evangelio, los que le brindarán, en dondequiera que esté, una fe y esperanza renovadas, además de consuelo, solaz y paz de espíritu”1.

Hoy nos hallamos en otra guerra. Ésta no es una guerra de armamentos. Es una guerra de pensamientos, palabras y hechos. Es una guerra contra el pecado, y necesitamos más que nunca que se nos recuerden los mandamientos. El secularismo se está volviendo la norma, y muchas de sus creencias y prácticas están en conflicto directo con aquellas que fueron instituidas por el Señor mismo para el beneficio de Sus hijos.

En el librito marrón, inmediatamente después de la carta de la Primera Presidencia, hay una “Nota de prefacio para militares”, titulada La obediencia a la ley es libertad”. En la nota se compara la ley divina con la ley militar, la cual “existe para el bien de todos los que están en el servicio”.

Dice: “También en el universo, donde Dios está al mando, existe una ley —universal y eterna— con ciertas bendiciones y castigos inmutables”. Seguir leyendo

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El matrimonio: Observen y aprendan

El matrimonio: Observen y aprendanLiahona  mayo 2013
Por el élder L. Whitney Clayton
De la Presidencia de los Setenta

L. Whitney Clayton

Las promesas del Señor se extienden a todos aquellos que siguen el modelo de vida que construye relaciones matrimoniales felices y sagradas.

Una noche, hace varios años, mi esposa y yo fuimos a cenar a casa de uno de nuestros hijos, su esposa e hijos. Era un evento típico para una familia con niños pequeños: había mucho ruido y mucha más diversión. Poco después de la cena, Anna, nuestra nieta de cuatro años, y yo, todavía estábamos sentados a la mesa. Al darse cuenta de que tenía toda mi atención, se puso de pie sobre un banco y me miró fijamente. Cuando estaba segura de que la estaba mirando, solemnemente me ordenó “observa y aprende”. Entonces bailó y me cantó una canción.

La instrucción de Anna, “observa y aprende” era sabiduría de la boca de una pequeñita. Podemosaprender mucho al observar y luego considerar lo que hemos visto y sentido. En ese espíritu, permítanme compartir con ustedes algunos principios que he advertido al observar y aprender de matrimonios maravillosos y fieles. Estos principios edifican matrimonios firmes y gratificantes que concuerdan con principios celestiales. Los invito a que observen y aprendan conmigo.

Primero, he observado que en los matrimonios más felices, tanto el esposo como la esposa consideran su relación como una perla de gran precio, un tesoro de valor infinito. Ambos dejan a su padre y a su madre y se disponen a edificar juntos un matrimonio que prosperará por toda la eternidad; comprenden que caminan por una senda divinamente ordenada. Saben que no existe ningún otro tipo de relación que pueda aportar tanto gozo, generar tanto bien ni producir tanto refinamiento personal. Observen y aprendan: los mejores compañeros conyugales consideran su matrimonio como algo inestimable.

A continuación: la fe. Los matrimonios de éxito se construyen sobre el fundamento de la fe en el Señor Jesucristo y la observancia de Sus enseñanzas1. He observado que las parejas que han logrado que su matrimonio sea invaluable, practican los modelos de la fe: asisten a la reunión sacramental y a las demás reuniones todas las semanas, llevan a cabo la noche de hogar, oran y estudian las Escrituras juntos e individualmente, y pagan un diezmo íntegro. Su búsqueda común es la de ser obedientes y buenos. No consideran que los mandamientos sean opciones como en un restaurante de autoservicio, en el que pueden seleccionar sólo las propuestas más atractivas. Seguir leyendo

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Las palabras que expresamos

Las palabras que expresamosLiahona  mayo 2013
Por Rosemary M. Wixom
Presidenta General de la Primaria

Rosemary M. Wixom

La forma en que les hablemos a nuestros hijos y las palabras que utilicemos pueden alentarlos y edificarlos, y fortalecer su fe.

Un joven padre se enteró hace poco del fallecimiento de su extraordinaria maestra de segundo grado. En memoria de ella, él escribió: “De todos los sentimientos y las experiencias que recuerdo sobre ella, el sentimiento que más se destaca en mi mente es el de sentirme ‘cómodo’. Quizás me haya enseñado ortografía, gramática y matemáticas, pero sobre todo me enseñó a disfrutar de ser niño. En su clase, estaba bien deletrear mal una palabra de vez en cuando; ‘Tendremos que practicarla más’, solía decir. Estaba bien si algo se derramaba, se nos rompía o si hacíamos un borrón; ‘Lo arreglaremos y lo limpiaremos’, solía comentar. Estaba bien tratar, estaba bien esforzarse, estaba bien soñar y estaba bien disfrutar de esos placeres que provienen de las cosas insignificantes que sólo a los niños les parecen emocionantes”.

Una de las influencias más grandes que una persona puede tener en este mundo es influir en un niño. Las creencias y la autoestima de los niños se forman a temprana edad. Todo aquél que esté dentro del alcance de mi voz tiene el poder de aumentar la confianza que un niño o una niña tengan en sí mismos, y de acrecentar la fe de un niño en el Padre Celestial y en Jesucristo mediante las palabras que expresen.

En Helamán capítulo 5 leemos: “Y ahora bien, recordad, hijos míos, recordad que es sobre la roca de nuestro Redentor, el cual es Cristo, el Hijo de Dios, donde debéis establecer vuestro fundamento”1.

Ésas fueron las palabrasque Helamán enseñó a sus hijos; y continúa: “Y se acordaron de sus palabras, y… salieron a enseñar la palabra de Dios entre todo el pueblo”2.

A pesar de que los hijos de Helamán fueron perseguidos y encarcelados, esas palabras que habían oído nunca los abandonaron; fueron protegidos y rodeados con un pilar de fuego; y entonces se oyó una voz que dijo a los carceleros: Seguir leyendo

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Es un milagro

Es un milagroLiahona  mayo 2013
Por el élder Neil L. Andersen
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Neil L. Andersen

Si ustedes no son misioneros de tiempo completo y no llevan una placa misional en la chaqueta, ahora es el momento de plasmar una en su corazón; como lo dijo Pablo: “…no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo”.

La vida terrenal de Jesucristo estuvo colmada de milagros: una madre virgen, una estrella nueva, ángeles que se aparecieron a los pastores, ciegos que veían, cojos que caminaban, ángeles en Getsemaní y en el sepulcro, y el mayor milagro de todos: Su gloriosa resurrección.

¿Pueden imaginarse la escena de los once Apóstoles en la montaña cerca de Galilea, cuando el Señor resucitado fue a ellos y les dijo: “Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”?1. “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”2.

¿“Todas las naciones”? ¿“Todo el mundo”? ¿“Toda criatura”? ¿Eso era posible? Aunque Jesús se los aseguró, ellos se deben haber preguntado si realmente los seguirían los milagros al predicar el Evangelio3.

La fe superó la duda, y Pedro alzó la voz y dijo:

“…todos los que habitáis en Jerusalén…, oíd mis palabras.

“Jesús de Nazaret, … [a quien] prendisteis y matasteis por manos de los inicuos, crucificándole.

“A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos”4.

Hubo una gran manifestación espiritual aquel día y se bautizaron 3.000 almas. Tal como Jesús lo había prometido, las señales y los milagros estaban siguiendo la fe de los creyentes.

Cuando la Iglesia de Jesucristo fue restaurada en la tierra hace 183 años, el mandato del Señor a Su pequeño grupo de discípulos hacía eco de las palabras que habló siglos antes: “…la voz de amonestación irá a todo pueblo”5. “Porque en verdad, el pregón tiene que salir… a todo el mundo y a los lejanos extremos de la tierra”6. Seguir leyendo

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La esperanza de la luz de Dios

La esperanza de la luz de DiosLiahona  mayo 2013
Por el presidente Dieter F. Uchtdorf
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Dieter F. Uchtdorf

Al procurar amar más a Dios y esforzarnos por amar a nuestro prójimo, la luz del Evangelio nos rodeará y nos elevará.

Acceso a la iluminación

En mi oficina tengo un cuadro que atesoro y que se titula Acceso a la iluminación. Es la obra de un amigo mío, el artista danés Johan Benthin, que fue el primer presidente de estaca de Copenhague, Dinamarca.

El cuadro muestra una habitación oscura con una puerta abierta por donde brilla la luz. Me resulta interesante que la luz que entra por la puerta no ilumina toda la habitación, sino sólo el espacio inmediato frente a la puerta.

Para mí, la oscuridad y la luz de esa pintura son una metáfora de la vida. Es parte de nuestra condición de seres mortales el que a veces nos sintamos como si estuviésemos rodeados de oscuridad. Quizás hayamos perdido a un ser querido; un hijo quizás se haya descarriado; tal vez hayamos recibido un inquietante diagnóstico médico; podría ser que tengamos dificultades laborales y nos agobien las dudas o temores; quizá nos sintamos solos o no nos sintamos queridos.

Sin embargo, aunque nos sintamos perdidos en las circunstancias que nos rodean, Dios promete la esperanza de Su luz; Él promete iluminar el camino que tenemos por delante y mostrarnos la manera de salir de la oscuridad.

Una habitación llena de oscuridad

Quiero contarles de una mujer que creció en una habitación llena de oscuridad; la llamaré Jane.

Desde que Jane tenía tres años, constantemente la golpeaban, menoscababan y maltrataban; la amenazaban y ridiculizaban. Despertaba cada mañana sin saber si sobreviviría hasta el día siguiente. Quienes debieran haberla protegido eran los que la torturaban y permitían que el maltrato continuara.

Para protegerse, Jane aprendió a dejar de sentir. Como no tenía esperanzas de ser rescatada, se endureció contra el horror de su realidad. En su mundo no había luz, así que se resignó a la oscuridad. Con una insensibilidad que sólo puede resultar del constante e implacable contacto con el mal, aceptó el hecho de que en cualquier momento podía perder la vida.

Entonces, a los 18 años, Jane conoció La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. El gozo y la esperanza del Evangelio restaurado penetraron su corazón y aceptó la invitación de bautizarse. Por vez primera, la luz entró en su vida y vio un camino radiante ante ella. Dejó la oscuridad de su mundo y decidió irse a estudiar lejos de la persona que la maltrataba. Al fin se sintió liberada del ambiente oscuro y maligno, libre para disfrutar de la dulce paz y la sanación milagrosa del Salvador.

Sin embargo, años después, cuando la persona que la maltrataba ya había muerto, los terribles sucesos de su juventud volvieron a atormentarla. La tristeza y el enojo profundos amenazaban destruir la maravillosa luz que había hallado en el Evangelio. Se dio cuenta de que, si permitía que la oscuridad se apoderara de ella, su torturador tendría la victoria final.

Buscó consejo profesional y ayuda médica y comenzó a darse cuenta de que, para ella, el mejor camino para sanar era comprender y aceptar que la oscuridad existe, pero no para permanecer en ella, porque sabía que la luz también existe y eso es en lo que decidió concentrarse.

Dado su oscuro pasado, fácilmente podría haberse vuelto vengativa, mala e incluso violenta; pero no fue el caso. Resistió la tentación de esparcir la oscuridad con actitudes violentas, dañinas o cínicas y, por el contrario, se aferró a la esperanza de que podía ser sanada con la ayuda de Dios. Escogió irradiar luz y dedicar su vida a ayudar a los demás. Esa decisión le permitió dejar el pasado atrás y dirigirse hacia un glorioso y brillante futuro.

Se convirtió en maestra y, actualmente, décadas después, su amor ha influido en la vida de cientos de niños, ayudándolos a saber que son valiosos y que son importantes. Ha pasado a ser una infatigable defensora de los débiles, las víctimas y los desanimados. Edifica, fortalece e inspira a todas las personas que la rodean.

Jane aprendió que la sanación llega cuando nos alejamos de la oscuridad y caminamos hacia la esperanza de una luz más brillante. Al aplicar la fe, la esperanza y la caridad, no sólo transformó su propia vida, sino que además bendijo para siempre la vida de muchísimas otras personas.

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Venid, los que tenéis de Dios el sacerdocio

Venid, los que tenéis de Dios el sacerdocioLiahona  mayo 2013
Por el presidente Thomas S. Monson

Thomas S. Monson

Ruego que cada uno de nosotros escudriñe las Escrituras con diligencia, planifique su vida con un propósito, enseñe la verdad con testimonio y sirva al Señor con amor.

Dos veces al año, este magnífico Centro de Conferencias parece decirnos, con voz persuasiva: “Venid, los que tenéis de Dios el sacerdocio”1. Hay un espíritu particular que invade la reunión general del sacerdocio de la Iglesia.

Esta noche hay muchos miles de los nuestros por todo el mundo que prestan servicio al Señor en calidad de Sus misioneros. Tal como mencioné en mi mensaje esta mañana, actualmente contamos con más de 65.000 misioneros en el campo y miles más que esperan entrar en el centro de capacitación misional o cuyas solicitudes se están procesando en este momento. Amamos y felicitamos a aquellos que están dispuestos a servir y ansiosos por hacerlo.

En las Santas Escrituras no hay declaración más importante, responsabilidad más vinculante ni instrucción más directa que el mandato que dio el Señor resucitado al aparecerse en Galilea a los once discípulos. Él dijo:

“Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;

“enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”2.

Este mandato divino, junto con su gloriosa promesa, es nuestra máxima hoy, tal como lo fue en el meridiano de los tiempos. La obra misional es una característica distintiva de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Siempre lo ha sido y siempre lo será. Como dijo el profeta José Smith: “Después de todo lo que se ha dicho, el mayor y más importante deber es predicar el Evangelio”3.

En dos cortos años, todos los misioneros de tiempo completo que actualmente sirven en este ejército real de Dios habrán terminado su labor y habrán regresado a su casa y seres queridos. Para esos élderes, su reemplazo se encuentra esta noche entre los poseedores del Sacerdocio Aarónico de la Iglesia. Jóvenes, ¿están listos para responder? ¿Están dispuestos a trabajar? ¿Están preparados para servir? Seguir leyendo

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Somos uno

Somos unoLiahona  mayo 2013
Por el presidente Henry B. Eyring
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Henry B. Eyring

Ruego que donde sea que nos hallemos y cualesquiera que sean los deberes que tengamos en el sacerdocio de Dios, estemos unidos en la causa de llevar el Evangelio a todo el mundo.

El Señor dejó claro desde el comienzo de esta última dispensación que debíamos llevar el Evangelio a todo el mundo. Lo que dijo a los pocos poseedores del sacerdocio de 1831 se lo dice a los muchos de hoy. Sea cual sea nuestra edad, capacidad, llamamiento eclesiástico o lugar donde nos encontremos, se nos llama a trabajar unidos para ayudarlo a Él en Su cosecha de almas, hasta que Él vuelva. A los primeros obreros de la viña les dijo:

“Y además, os digo que os doy el mandamiento de que todo hombre, tanto el que sea élder, presbítero, o maestro, así como también el miembro, se dedique con su fuerza, con el trabajo de sus manos, a preparar y a realizar las cosas que he mandado.

“Y sea vuestra predicación la voz de amonestación, cada hombre a su vecino, con mansedumbre y humildad.

“Y salid de entre los inicuos. Salvaos. Sed limpios, los que lleváis los vasos del Señor”1.

Ustedes, miembros del Sacerdocio Aarónico, pueden ver que el mandato del Señor los incluye. Ya que saben que el Señor siempre prepara la vía para que guardemos Sus mandamientos, pueden imaginarse que Él hará lo mismo por cada uno de ustedes.

Permítanme decirles cómo lo hizo para un joven que ahora posee el oficio de presbítero en el Sacerdocio Aarónico. Tiene 16 años y vive en un país donde los misioneros llegaron sólo hace un año. Los asignaron a dos ciudades, pero ninguna era la ciudad donde vive este joven.

Cuando era muy pequeño, sus padres lo trajeron a Utah por razones de seguridad. Los misioneros le enseñaron a la familia y los bautizaron. Él no se bautizó en la Iglesia porque aún no tenía ocho años. Seguir leyendo

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Cuatro títulos

Conferencia General Abril 2013

Cuatro títulos

Dieter F. UchtdorfPor el presidente Dieter F. Uchtdorf
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Quisiera mencionar cuatro títulos… que pueden ayudarnos a reconocer nuestras funciones individuales en el plan eterno de Dios y nuestro potencial como poseedores del sacerdocio.


Mis queridos hermanos y amados amigos, estar con ustedes me llena el corazón de gratitud y regocijo. Felicito a los padres y a los abuelos que han traído a sus hijos y nietos; y también a ustedes, los jóvenes que han decidido estar aquí hoy. Éste es el lugar donde deben estar. Espero que sientan la hermandad que nos une y ruego que aquí, entre sus hermanos, se sientan integrados y encuentren apoyo y amistad.

Los hombres a veces nos damos a conocer por medio de títulos; muchos de nosotros tenemos varios títulos y cada uno dice algo importante sobre nuestra identidad. Por ejemplo, algunos títulos describen nuestra función en la familia, como hijo, hermano, esposo y padre; otros describen nuestra ocupación en el mundo, comodoctor, soldado o artesano; y algunos describen nuestros cargos en la Iglesia.

Hoy quisiera mencionar cuatro títulos que creo se aplican a todos los poseedores del sacerdocio alrededor del mundo; títulos que pueden ayudarnos a reconocer nuestras funciones individuales en el plan eterno de Dios y nuestro potencial como poseedores del sacerdocio en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Hijo del Padre Celestial

Un título que nos caracteriza a todos de forma más fundamental es hijo del Padre Celestial. No importa lo que seamos o lo que hagamos en la vida, no debemos olvidar nunca que somos literalmente hijos de Dios procreados en espíritu. Éramos Sus hijos antes de venir a este mundo y seremos Sus hijos para siempre. Esta verdad básica debería cambiar la forma en que nos vemos a nosotros mismos, a nuestros hermanos y hermanas, y a la vida misma.

Lamentablemente, ninguno de nosotros vive completamente a la altura de lo que ese título implica “por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios”1.

A veces puede ser desalentador saber lo que significa ser un hijo de Dios y a pesar de ello no estar a la altura de ello. Al adversario le gusta aprovecharse de esos sentimientos; Satanás prefiere que se definan por sus pecados en vez de por su potencial divino. Hermanos, no le presten atención.

Todos hemos visto a un niñito aprender a caminar. Da un corto paso y se tambalea; se cae. ¿Lo regañamos por el intento? Claro que no. ¿Qué padre castigaría a un pequeño por caerse? Lo alentamos, lo aplaudimos, lo elogiamos, porque con cada pasito el niño está volviéndose más como sus padres.

Ahora bien, en comparación con la perfección de Dios, nosotros, los seres mortales, somos apenas un poco más que un niñito tambaleante. Sin embargo, nuestro Padre Celestial desea que lleguemos a ser más parecidos a Él y, queridos hermanos, ésa también debe ser nuestra meta eterna. Dios comprende que no llegamos ahí en un instante sino dando un paso a la vez.

No creo en un Dios que establecería reglas y mandamientos esperando sólo que fracasemos para así castigarnos; creo en un Padre Celestial que es amoroso y se preocupa por nosotros, y que se regocija ante nuestros esfuerzos por vivir con rectitud y acercarnos a Él. Incluso cuando tropezamos, nos anima a no desalentarnos —a nunca darnos por vencidos ni abandonar nuestras responsabilidades— sino a tener valor, ejercer la fe y seguir intentándolo.

Nuestro Padre Celestial guía a Sus hijos y a menudo envía ayuda celestial invisible a quienes desean seguir al Salvador.

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Tu sagrado deber de ministrar

Tu sagrado deber de ministrarLiahona  mayo 2013
Por David L. Beck
Presidente General de los Hombres Jóvenes

David L. Beck

Ustedes recibieron el poder, la autoridad y el sagrado deber de ministrar en el momento en que fueron ordenados al sacerdocio.

El gozo de ministrar

Hombres jóvenes del Sacerdocio Aarónico, ustedes son amados hijos de Dios y Él tiene una gran obra para que hagan. Para lograr esta obra, deben cumplir con su sagrado deber de ministrar a los demás1.

¿Saben lo que significa ministrar? Piensen en esta pregunta mientras les cuento acerca de una chica llamada Chy Johnson.

Cuando Chy empezó la escuela secundaria el año pasado, comenzó a ser víctima de un desconsiderado y cruel acoso escolar. La maltrataban, la empujaban y se burlaban de ella cuando iba a sus clases; algunos estudiantes inclusive le arrojaban basura. Ustedes tal vez han visto a personas víctimas de ese tipo de maltrato en su escuela también.

Para muchas personas, los años de la adolescencia son años de soledad y temor. Esto no tiene que ser así. Afortunadamente para Chy, había jóvenes en su escuela que entendían lo que significaba ministrar.

La mamá de Chy había pedido a los maestros de la escuela su ayuda para detener el acoso escolar, pero éste continuaba. Ella entonces se puso en contacto con Carson Jones, un poseedor del Sacerdocio Aarónico y principal mariscal de campo del equipo de fútbol americano. Ella le pidió que la ayudara a averiguar quiénes acosaban a su hija.

Carson estuvo de acuerdo en ayudarla, pero en su corazón sintió que podría hacer mucho más que sólo identificar a los acosadores. El Espíritu le susurró que él necesitaba ayudar a Chy a sentirse amada.

Carson le pidió a algunos de sus compañeros de equipo que se unieran a él para ministrar a Chy. La invitaban a sentarse con ellos durante el almuerzo; la acompañaban a sus clases para asegurarse de que estuviera bien. No es de admirarse que, al tener a jugadores de fútbol americano como sus amigos cercanos, ya nadie acosó a Chy.

Ésa fue una emocionante temporada para el equipo de fútbol. Pero aun con la emoción de una temporada victoriosa, esos jóvenes no se olvidaron de Chy. La invitaban a unirse al equipo en el campo de juego después de los partidos. Chy se sintió amada y valorada. Se sintió segura; estaba feliz.

El equipo de fútbol americano ganó el campeonato estatal. Pero algo más importante que el campeonato de fútbol americano sucedió en esa escuela. El ejemplo de esos jóvenes había motivado a otros estudiantes a ser más tolerantes, más amigables. Ellos ahora se trataban entre sí con más amabilidad y respeto.

La prensa nacional se enteró de lo que estos jóvenes habían hecho y compartieron su historia en todo el país. Lo que comenzó como un esfuerzo por ministrar a una persona está inspirando a miles a hacer lo mismo.

La mamá de Chy llamó a esos jóvenes “ángeles disfrazados”. Carson y sus amigos dicen que Chy ha bendecido sus vidas mucho más de lo que ellos bendijeron la de ella. Eso es lo que pasa cuando se pierden en el servicio a los demás, se encuentran a sí mismos2. Cambian y crecen en una forma que no sería posible de otra manera. Esos jóvenes han experimentado el gozo de ministrar y continúan buscando oportunidades para bendecir a otros; están ansiosos de seguir ministrando en los meses por venir, cuando sirvan como misioneros de tiempo completo3.

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El poder del sacerdocio en el joven

El poder del sacerdocio en el jovenLiahona  mayo 2013
Por el élder Tad R. Callister
De la Presidencia de los Setenta

Tad R. Callister

El sacerdocio de un joven es tan poderoso como el sacerdocio de un hombre, cuando se ejerce con rectitud.

En 1878, mi bisabuelo George F. Richards tenía 17 años; y, como ocurría a veces en aquellos días, ya había sido ordenado élder. Un domingo, su madre se quejó de un dolor intenso; en vista de que su padre no estaba, se les pidió al obispo y a otros hermanos que le dieran una bendición de salud, pero eso no la alivió. En consecuencia, ella le pidió a su hijo George que le diera una bendición. Él escribió en su diario: “En medio de mis lágrimas por el sufrimiento de mi madre y ante la tarea de dar una bendición del sacerdocio, que hasta ese entonces no había dado, me retiré a otra habitación, donde lloré y oré”.

Cuando logró reponerse, puso las manos sobre la cabeza de ella y le dio una bendición muy sencilla. Más tarde él comentó: “Mientras aún tenía mis manos sobre su cabeza, sus lamentos cesaron y ella recibió alivio a su sufrimiento”. Y luego anotó en su diario esta profunda observación: Él dijo que siempre pensó que la razón por la que su madre no obtuvo alivio con la bendición del obispo, no fue porque Dios no hubiese honrado la bendición del obispo, sino porque el Señor había reservado esa bendición para un joven, a fin de enseñarle la lección de que el sacerdocio en el joven es igual de poderoso que el sacerdocio en el hombre, si se ejerce con rectitud.

Me gustaría hablarles esta noche acerca de ese poder. Si bien me referiré a presidentes de quórum de diáconos, los principios que analizaremos se aplican a todos los jóvenes del Sacerdocio Aarónico y a sus respectivos líderes, incluso a nuestros presidentes del quórum de maestros y asistentes del presidente del quórum de presbíteros.

Mientras servía como presidente de misión, observé el impresionante aumento de espiritualidad y de habilidades de liderazgo que experimentan los jóvenes durante su servicio misional. Si pudiéramos cuantificar de alguna forma esas cualidades durante los años en el Sacerdocio Aarónico y los años en la misión, quizás se verían como la línea azul que observan en esta gráfica. Pienso que hay tres factores al menos que contribuyen a ese crecimiento espectacular que se da en los años de la misión: (1) confiamos en estos hombres jóvenes como nunca antes, (2) tenemos elevadas pero amorosas expectativas en ellos y (3) los capacitamos una y otra vez para que alcancen esas expectativas con excelencia. Seguir leyendo

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