Permaneced firmes en lugares santos

Permaneced firmes en lugares santosLiahona  mayo 2013
Por el élder Robert D. Hales
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Robert D. Hales

Al seguir siendo obedientes y firmes en la doctrina de nuestro Dios, permanecemos en lugares santos, pues Su doctrina es sagrada y no cambiará.

Hermanos, es un honor para mí estar con los poseedores del real sacerdocio de Dios. Estamos viviendo en los últimos días, en “tiempos peligrosos”1. Como poseedores del sacerdocio, tenemos la responsabilidad de permanecer firmes con un escudo de fe contra los dardos de fuego del adversario. Somos un modelo para el mundo que protege los derechos y las libertades que Dios nos ha otorgado. Defendemos nuestro hogar y nuestra familia.

Durante mi tercer año de secundaria, un día regresé del primer partido que jugué fuera de mi ciudad con el equipo de béisbol de la escuela. Mi padre se dio cuenta de que durante el largo viaje a casa en autobús yo había escuchado un lenguaje y visto un comportamiento que no estaban en armonía con las normas del Evangelio. Como artista profesional que era, se sentó conmigo y me dibujó un caballero, un guerrero capaz de defender castillos y reinos.

A medida que él dibujaba y leía de las Escrituras, aprendí cómo ser un fiel poseedor del sacerdocio, para proteger y defender el reino de Dios. Las palabras del apóstol Pablo fueron mi guía:

“Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.

“Estad pues firmes ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia.

“Y calzados los pies con la preparación del evangelio de paz;

“sobre todo, tomad el escudo de la fe, con el que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.

“Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios”2.

Hermanos, si somos fieles en el sacerdocio, recibiremos esa armadura como don de Dios. ¡Necesitamos esa armadura! Seguir leyendo

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Súbanse a la ola

Súbanse a la olaLiahona  mayo 2013
Por el élder Russell M. Nelson
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Russell M. Nelson

Doy gracias a Dios y a Su Hijo Jesucristo por la Restauración y por el poder que ésta tiene para propulsar una magnífica ola de verdad y rectitud por toda la tierra.

Queridos hermanos y hermanas, uno mi voz a la del presidente Thomas S. Monson y a los demás para felicitar a quienes han respondido al llamado del profeta de que tengamos más misioneros dignos. En este momento una ola de entusiasmo sin precedentes por la obra misional se está extendiendo por toda la tierra. Desde el histórico anuncio del presidente Monson del pasado mes de octubre, miles de élderes, hermanas y matrimonios han sido llamados; y muchos más se están preparando1. Ahora nos hacen preguntas como: “¿Qué harán con todos esos misioneros?”. La respuesta es simple: ellos harán lo que los misioneros siempre han hecho. ¡Predicarán el Evangelio! ¡Bendecirán a los hijos del Dios Todopoderoso!

Una mayor cantidad de ustedes, jóvenes y jovencitas, se subirán a esta ola al procurar vivir dignos de recibir llamamientos misionales. Vean esta ola como una ola de verdad y rectitud; vean su oportunidad de estar en la cresta de esa ola.

Adolescentes, aprovechen el nuevo programa de estudio y enséñense unos a otros la doctrina de Jesucristo. Éste es el momento que tienen para prepararse a fin de enseñar a los demás acerca de la bondad de Dios.

Jóvenes y jovencitas, su formación académica es muy importante, tanto para nosotros, como para ustedes y para Dios. Siempre que sea posible, si quieren ir a un colegio universitario o a la universidad después de su misión, los instamos a que se postulen para ser admitidos en la institución que prefieran antes de comenzar la misión. Muchas instituciones de estudios superiores darán la oportunidad a los futuros misioneros de comenzar sus estudios de 18 a 30 meses después. Eso les permitirá a ustedes, élderes y hermanas, servir sin preocuparse por dónde cursarán sus estudios superiores. ¡Agradecemos a los funcionarios de las instituciones educativas que hacen posible esta planificación!

Ustedes, padres, maestros y demás, se suben a la ola al preparar a la generación actual para ser dignos del servicio misional. Mientras tanto, sus vidas ejemplares atraerán el interés de sus amigos y vecinos. Estén preparados para responder a quienes les pregunten por qué viven como lo hacen. Estén preparados para explicar la razón de la esperanza que ven en ustedes2. Cuando les hagan esas preguntas quizás podrían responder diciendo: “¡Vamos a preguntarles a los misioneros, ellos pueden ayudarnos! Y si quieres, yo estaré a tu lado cuando los misioneros te respondan y te enseñen”. Seguir leyendo

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Creemos en ser castos

Creemos en ser castosLiahona  mayo 2013
Por el élder David A. Bednar
Del Quórum de los Doce Apóstoles

David A. Bednar

La obediencia a la ley de castidad aumentará nuestra felicidad en la vida terrenal y hará posible nuestro progreso en la eternidad.

Mi mensaje responde una pregunta fundamental de gran trascendencia espiritual: ¿Por qué la ley de castidad es tan importante? Ruego que el Espíritu Santo confirme la veracidad de los principios que resaltaré.

El plan de felicidad del Padre

La importancia eterna de la castidad sólo puede comprenderse en el contexto global del plan de felicidad de nuestro Padre Celestial para Sus hijos. “Todos los seres humanos, hombres y mujeres, son creados a la imagen de Dios. Cada uno es un amado hijo o hija procreado como espíritu por padres celestiales y… tiene… una naturaleza y un destino divinos” (“La Familia: Una Proclamación para el Mundo”,Liahona, noviembre de 2010, pág. 129). Todos los hombres vivían con Dios como Sus hijos procreados en espíritu antes de venir a la tierra en calidad de seres mortales. El plan del Padre permite que Sus hijos e hijas procreados en espíritu obtengan cuerpos físicos, adquieran experiencia terrenal y progresen hacia la exaltación.

La importancia del cuerpo físico

Nuestro cuerpo físico posibilita una amplitud de experiencias profundas e intensas que sencillamente no podríamos obtener en nuestra existencia premortal. De este modo, nuestra relación con otras personas, nuestra capacidad para reconocer la verdad y de actuar según ella, y nuestra habilidad de obedecer los principios y las ordenanzas del evangelio de Jesucristo aumentan por medio de nuestro cuerpo físico. En la escuela de la vida terrenal, experimentamos ternura, amor, bondad, felicidad, tristeza, desilusión, dolor e incluso los desafíos de las limitaciones físicas en modos que nos preparan para la eternidad. En pocas palabras, hay lecciones que debemos aprender y experiencias que debemos tener, como dicen las Escrituras, “según la carne” (1 Nefi 19:6; Alma 7:12–13).

El poder de la procreación

Después de que se creó la tierra, se puso a Adán en el Jardín de Edén. Sin embargo, es importante el hecho de que Dios dijo que “no era bueno que el hombre estuviese solo” (Moisés 3:18; véase también Génesis 2:18), y Eva se convirtió en la esposa y ayuda idónea de Adán. La combinación única de aptitudes espirituales, físicas, mentales y emocionales del hombre y la mujer era necesaria para llevar a cabo el plan de felicidad. “Pero en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón” (1 Corintios 11:11). El propósito del hombre y la mujer es que aprendan a fortalecerse, bendecirse y completarse mutuamente.

El medio por el cual se crea la vida mortal ha sido divinamente establecido. “El primer mandamiento que Dios les dio a Adán y a Eva se relacionaba con el potencial que, como esposo y esposa, tenían de ser padres” (Liahona, noviembre de 2010, pág. 129). El mandamiento de multiplicarse y henchir la tierra sigue vigente hoy. Por tanto, el matrimonio entre un hombre y una mujer es el medio autorizado por el cual los espíritus premortales entran en la mortalidad. La abstinencia sexual absoluta antes del matrimonio y la total fidelidad dentro de él protegen la santidad de este medio sagrado.

El poder de la procreación es de importancia espiritual. El mal uso de ese poder degrada los propósitos del plan del Padre y de nuestra existencia mortal. Nuestro Padre Celestial y Su Hijo Amado son creadores y nos han confiado una porción de Su poder para crear. Las normas específicas respecto al uso correcto de la capacidad para crear vida son elementos cruciales en el plan del Padre. Lo que sentimos respecto a ese poder divino y cómo lo usamos determinarán en gran medida nuestra felicidad en la mortalidad y nuestro destino en la eternidad.

El élder Dallin H. Oaks explicó:

“El poder de crear vida es el poder más exaltado que Dios ha dado a Sus hijos. El modo de usarlo se ordenó en el primer mandamiento; pero hubo otro mandamiento importante que se dio para prohibir su mal uso. La importancia que damos a la ley de castidad se debe a la comprensión que tenemos del propósito de nuestro poder procreador para que se cumpla el plan de Dios…

“Fuera de los lazos del matrimonio, todas las formas de emplear el poder procreador son, en uno u otro grado, una degradación pecaminosa y una perversión del atributo más divino dado al hombre y a la mujer” (véase “El gran plan de salvación”, Liahona, enero de 1994, pág. 86).

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El Evangelio a todo el mundo

El Evangelio a todo el mundoLiahona  mayo 2013
Por el élder John B. Dickson
De los Setenta

John B. Dickson

La Iglesia se ha extendido a un ritmo constante por todo el mundo, de nación a nación, de cultura a cultura, de pueblo a pueblo, de acuerdo con la agenda del Señor y en Su tiempo.

El ministerio terrenal del Salvador se había completado; Su sufrimiento en Getsemaní y en la cruz había concluido. Aprendemos en Hechos, capítulo uno, que había ministrado durante cuarenta días después de Su resurrección, que “se presentó vivo” ante los apóstoles “hablándoles del reino de Dios” (Hechos 1:3).

Él les dijo: “…recibiréis poder cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, y en Samaria y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8).

Poco después de eso “fue alzado; y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos.

“Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones vestidos de blanco,

“los que también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido llevado de entre vosotros arriba al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo” (Hechos 1:9–11).

En efecto, el Salvador vendría otra vez en la Segunda Venida; pero mientras tanto, el evangelio de Jesucristo debía ir a “lo último de la tierra”.

En el libro de Mateo aprendemos acerca de un mandato especial a los apóstoles de llevar el Evangelio a todas las naciones:

“Y acercándose Jesús, les habló, diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.

“Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28:18–19). Seguir leyendo

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La manera del Señor

La manera del SeñorLiahona  mayo 2013
Por él élder Stanley G. Ellis
De los Setenta

Stanley G. Ellis

La manera del Señor es que prestemos atención a las enseñanzas de nuestros líderes, que comprendamos los principios correctos y que nos gobernemos a nosotros mismos.

Setenta

Se me ha llamado como Setenta. Los Setenta son llamados a ser mensajeros, a compartir la palabra del Señor conforme la recibimos de los apóstoles, profetas y del Espíritu, y a ser testigos especiales del nombre de Cristo en la predicación del Evangelio a todo el mundo, a edificar la Iglesia y a regular los asuntos de la misma (véase D. y C. 107:25, 34).

Niño granjero

Me crié en una granja cerca de Burley, Idaho, es decir, ¡soy un auténtico “granjero de Idaho”! Y como tal, aprendí:

  1. A trabajar: si no se siembra, no se cosecha.
  2. A trabajar de forma inteligente: si se irriga y se fertiliza, se cosecha más.
  3. La importancia del momento oportuno: si no se siembra en el momento correcto, una helada prematura puede destruir la cosecha.
  4. A hacer lo necesario o lo que se debe hacer sin importar que sea agradable, preferible o conveniente: se ordeña la vaca cuando se tiene que ordeñar, no cuando uno quiere.
  5. A ser directo: con el ganado y las maquinarias en cuestión, no hay tiempo de “andar con rodeos” ni de preocuparse por andar con tanta diplomacia. (En cuanto a esto, a medida que he prestado servicio en varios llamamientos de la Iglesia, con frecuencia he preguntado: “¿Desean que les hable directamente o que lo endulce?”. ¡Por regla general, los santos han escogido que sea directo! Hoy seré directo.)
  6. Por último, como granjero de Idaho, aprendí a adherirme a lo básico.

No hay nada que sea más básico para cada uno de nosotros y para nuestra doctrina, que las verdades del primer Artículo de Fe: “Nosotros creemos en Dios el Eterno Padre, y en Su Hijo Jesucristo, y en el Espíritu Santo” (Artículos de Fe 1:1).

Además, Él es nuestro Padre Celestial, que nos conoce, nos ama y desea que regresemos a Él. Jesús es nuestroSalvador y Redentor que, mediante la Expiación, se aseguró de que nosotros venzamos la muerte y vivamos otra vez, e hizo posible que nosotros seamos exaltados y obtengamos la vida eterna. El Espíritu Santo esnuestro consolador, revelador, maestro, testigo y guía.

Piensen en esto, hermanos y hermanas: ¡no somos huérfanos espirituales! No estamos solos.

¿Cuáles son las ventajas de tener padres, de no ser huérfanos? Podemos aprender de ellos, beneficiarnos de su experiencia, evitar las dificultades sobre las que nos advierten y entienden mejor debido a su perspectiva. No tenemos que estar perdidos ni confundidos, ni ser engañados ni menos eficaces. Esto es especialmente cierto en el caso de nuestro Padre Celestial, que nos ha enseñado y mostrado no sólo una manera, sino la manera.

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Paz personal: La recompensa a la rectitud

Paz personal: La recompensa a la rectitudLiahona  mayo 2013
Por el élder Quentin L. Cook
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Quentin L. Cook

A pesar de las pruebas de la vida, gracias a la expiación del Salvador y a Su gracia, una vida recta será recompensada con paz personal.

Experiencias recientes me han hecho reflexionar en la doctrina de la paz, y especialmente en la función de Jesucristo al ayudarnos a cada uno de nosotros a obtener una paz personal perdurable.

En los últimos meses, dos acontecimientos me conmovieron profundamente. Primero, me tocó hablar en el funeral de Emilie Parker, una preciosa niña de seis años que perdió la vida junto a otras 25 personas, entre ellas 19 niños pequeños, en un trágico tiroteo en Newtown, Connecticut. Acompañé a su familia en su pesar y me di cuenta de que muchos habían sido despojados de la paz. En sus padres, Robert y Alissa Parker, encontré fortaleza y fe.

Segundo, me reuní con miles de miembros fieles de la Iglesia en la ciudad de Abiyán, Costa de Marfil1. Ese país de habla francesa en África Occidental ha sufrido dificultades económicas, un golpe militar y dos guerras civiles recientes que terminaron en 2011. Aun así, sentí una paz especial ante la presencia de ellos.

A menudo ocurren cosas que nos quitan la paz y nos hacen sentir más vulnerables.

¿Quién puede olvidar los crueles ataques del 11 de septiembre de 2001 en varios lugares de los Estados Unidos? Dichos acontecimientos nos recuerdan cuán rápido se pueden destruir nuestros sentimientos de paz y de seguridad.

Nuestro hijo mayor y su esposa, que estaban esperando su primer hijo, vivían a tres cuadras de las Torres Gemelas en la ciudad de Nueva York cuando el primer avión se estrelló contra la Torre Norte. Subieron a la azotea de su edificio y se horrorizaron al observar lo que pensaban que era una especie de terrible accidente. Entonces, vieron el segundo avión estrellarse contra la Torre Sur; inmediatamente se dieron cuenta de que no se trataba de un accidente y pensaron que el bajo Manhattan estaba siendo atacado. Al desplomarse la Torre Sur, el edificio de ellos quedó envuelto en la nube de polvo que cubrió el sur de Manhattan. Seguir leyendo

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La paz en el hogar

La paz en el hogarLiahona  mayo 2013
Por el élder Richard G. Scott
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Richard G. Scott

Una de las más grandes bendiciones que podemos ofrecer al mundo es el poder de un hogar centrado en Cristo, donde se enseña el Evangelio, se guardan los convenios y abunda el amor.

Muchas voces del mundo en el que vivimos nos dicen que debemos vivir en forma apresurada. Hay siempre más para hacer y más que lograr; sin embargo, muy dentro de nosotros necesitamos un lugar de refugio donde reine la paz y la tranquilidad, un lugar donde podamos descansar y recobrar las fuerzas con el fin de prepararnos para las presiones de la vida.

El lugar ideal para tener paz es dentro de las paredes de nuestro hogar, donde hemos hecho todo lo posible para que el Señor Jesucristo sea su eje principal.

Algunos hogares tienen un padre digno poseedor del sacerdocio y también una fiel y devota madre, en el que ambos dirigen con rectitud. Muchos hogares están constituidos en forma diferente; sin embargo, a pesar de las circunstancias, puedes centrar tu hogar y tu vida en el Señor Jesucristo, ya que Él es la fuente de la verdadera paz en esta vida.

Asegúrate de que toda decisión que tomes, ya sea temporal o espiritual, esté basada en lo que el Salvador desea que hagas. Cuando Él es el centro de nuestro hogar, hay paz y tranquilidad; y llena la casa un espíritu de seguridad que todos los que viven allí sienten.

El cumplimiento de ese consejo no descansa sólo en los padres, aun cuando es suya la función de guiar. Los hijos también son responsables de hacer un mayor esfuerzo para que Cristo sea el centro del hogar. Es importante que los padres les enseñen a darse cuenta de cómo sus acciones repercuten en todas las demás personas que viven allí. Los niños a quienes se les hace responsables por sus actos, ya sean rectos o no, llegan a ser ciudadanos responsables en el reino de Dios.

Estoy seguro de que puedes reconocer los principios fundamentales que hacen que tu hogar se encuentre centrado en el Salvador. El consejo profético de orar y de estudiar las Escrituras diariamente, tanto de modo personal como en familia, y de tener la noche de hogar semanalmente, son los elementos principales que sostienen la estructura de un hogar centrado en Cristo. Sin realizar todo ello, será muy difícil encontrar la paz tan deseada y necesitada, y un refugio del mundo. Seguir leyendo

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Venid a mí

“Venid a mí”Liahona  mayo 2013
Por el presidente Henry B. Eyring
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Henry B. Eyring

Por medio de Sus palabras y Su ejemplo, Cristo nos ha mostrado la manera de acercarnos a Él.

Estoy agradecido de estar con ustedes en esta conferencia de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Ésta es Su Iglesia; cuando entramos en Su reino, tomamos sobre nosotros Su nombre. Él es Dios, el Creador, y es perfecto; nosotros somos seres mortales sujetos a la muerte y al pecado y, sin embargo, a causa de Su amor por nosotros y nuestra familia, nos invita a acercarnos a Él. Éstas son Sus palabras: “Allegaos a mí, y yo me allegaré a vosotros; buscadme diligentemente, y me hallaréis; pedid, y recibiréis; llamad, y se os abrirá”1.

En estos días de la Pascua de Resurrección se nos recuerda por qué lo amamos, así como la promesa que Él hace a Sus fieles discípulos de que llegarán a ser Sus amigos amados. El Salvador hizo esa promesa y nos dijo cómo Él viene a nosotros cuando estamos en Su servicio. Vemos un ejemplo de esto en la revelación que recibió Oliver Cowdery mientras servía al Señor con el profeta José Smith en la traducción del Libro de Mormón: “He aquí, tú eres Oliver, y te he hablado a causa de tus deseos; por tanto, atesora estas palabras en tu corazón. Sé fiel y diligente en guardar los mandamientos de Dios, y te estrecharé entre los brazos de mi amor”2.

Yo he sentido ese gozo de acercarme más al Salvador y de que Él se acerque a mí mediante sencillos actos de obediencia a los mandamientos.

Ustedes han tenido esas experiencias; tal vez haya sido cuando decidieron asistir a una reunión sacramental. A mí me sucedió un domingo cuando era muy joven. En aquella época tomábamos la Santa Cena en una reunión por la tarde. El recuerdo de aquel día, hace más de sesenta y cinco años, en que guardé el mandamiento de reunirme con mi familia y con los santos, todavía me hace sentir más cerca del Salvador.

Afuera estaba oscuro y hacía frío. Recuerdo haber sentido luz y calidez en la capilla aquella tarde junto a mis padres. Tomamos la Santa Cena, ofrecida por poseedores del Sacerdocio Aarónico, e hicimos convenio con nuestro Padre Eterno de recordar siempre a Su Hijo y de guardar Sus mandamientos. Seguir leyendo

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Ésta es mi obra y gloria

“Ésta es mi obra y gloria”Liahona  mayo 2013
Por el élder M. Russell Ballard
Del Quórum de los Doce Apóstoles

M. Russell Ballard

Dios ha dado libremente Su poder a aquellos que aceptan y honran Su sacerdocio, lo que conduce a las bendiciones prometidas de la inmortalidad y la vida eterna.

Presidente Packer, todos estaremos esperando la versión de los 98 [años] de ese maravilloso poema; qué hermosas instrucciones nos dio.

Hace unas semanas, en una noche fría y oscura de invierno, mi esposa Bárbara y yo contemplamos el cielo llenos de asombro. Los millones de estrellas lucían excepcionalmente brillantes y hermosas. Después, acudí a la Perla de Gran Precio y volví a leer con admiración lo que el Señor Dios le dijo a Moisés: “Y he creado incontables mundos, y también los he creado para mi propio fin; y por medio del Hijo, que es mi Unigénito, los he creado” (Moisés 1:33).

En la actualidad, el telescopio espacial Hubble ha confirmado la magnitud de lo que Moisés vio. Los científicos del Hubble dicen que se calcula que la galaxia de la Vía Láctea, de la cual nuestra tierra y nuestro sol son tan sólo una pequeña partícula, es sólo una de las más de 200 mil millones de galaxias similares. Para mí es difícil de comprender e imposible de percibir lo enorme y extensas que son las creaciones de Dios.

Hermanos y hermanas, el sacerdocio es el poder mediante el cual los cielos y la tierra fueron y son creados. Los que somos miembros de la Iglesia sabemos que la fuente de este poder del sacerdocio es el Dios Todopoderoso y Su Hijo Jesucristo. El sacerdocio no sólo es el poder mediante el cual los cielos y la tierra fueron creados, sino que también es el poder que el Salvador utilizó en Su ministerio terrenal para llevar a cabo milagros, para bendecir y sanar a los enfermos, para devolver la vida a los muertos y, como el Hijo Unigénito de nuestro Padre, para soportar el intenso dolor de Getsemaní y del Calvario, cumpliendo de ese modo las leyes de la justicia con misericordia, proporcionando una Expiación infinita y venciendo la muerte física por medio de la Resurrección.

Esas son las llaves de esta autoridad del sacerdocio, y el poder subsecuente es lo que Él otorgó a Pedro, Santiago y Juan y a Sus otros apóstoles para bendecir a los demás, y para atar en los cielos aquello que es atado en la tierra. Seguir leyendo

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El Salvador desea perdonar

El Salvador desea perdonarLiahona  mayo 2013
Por el élder Craig A. Cardon
De los Setenta

Craig A. Cardon

El Señor nos ama y quiere que comprendamos Su disposición a perdonar.

Durante la época del ministerio mortal del Salvador, muchos iban tras Él, entre ellos los escribas y fariseos “de todas las aldeas de Galilea… de Judea y Jerusalén”1. Un hombre paralítico que estaba en su lecho y que deseaba ser sanado, fue llevado a donde estaba la gran multitud, pero al no poder acercarse al Salvador, sus amigos lo subieron al techo de la casa en la que estaba el Salvador y lo bajaron. Al ver esa demostración de fe, con un gran propósito que los oyentes aún no conocían, el Salvador declaró: “Hombre, tus pecados te son perdonados”2.

Esto debió sorprender a ese hombre y, a pesar de que las Escrituras no dicen nada en cuanto a su reacción, quizás se haya preguntado si el Salvador realmente comprendía por qué había ido.

El Salvador sabía que muchas personas lo seguían debido a Sus extraordinarios milagros. Ya había convertido el agua en vino3, echado fuera espíritus inmundos4, sanado al hijo del hombre de la nobleza5, a un leproso6, a la suegra de Pedro7 y a muchos otros8.

No obstante, con el paralítico, el Señor eligió dar evidencia, tanto al discípulo como al adversario, de Su papel singular como Salvador del mundo. Al oír las palabras del Salvador, los escribas y los fariseos habían empezado a deliberar entre ellos, hablando ignorantemente de blasfemia al concluir que únicamente Dios puede perdonar el pecado. Al percibir sus pensamientos, el Salvador se dirigió a ellos y les dijo:

“¿Qué pensáis en vuestros corazones?

“¿Qué es más fácil, decir: Tus pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda?”9.

Sin esperar a que respondieran, el Salvador continuó: “Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: ¡Levántate!, toma tu lecho y vete a tu casa”10. ¡Y lo hizo!

Mediante esta milagrosa curación física, el Salvador nos confirmó a todos esta verdad espiritual infinitamente más potente: ¡el Hijo del Hombre perdona los pecados!

Si bien todos los creyentes aceptan fácilmente esta verdad, no se reconoce de manera tan fácil la verdad esencial que la acompaña: el Salvador perdona los pecados “en la tierra” y no simplemente durante el juicio final. Él no nos disculpa en nuestros pecados11; no aprueba que volvamos a los pecados pasados12, pero cuando nos arrepentimos y obedecemos Su evangelio, Él nos perdona13. Seguir leyendo

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Somos hijas de un Padre Celestial

Somos hijas de un Padre CelestialLiahona  mayo 2013
Por Elaine S. Dalton
Presidenta General de las Mujeres Jóvenes recientemente relevada

Elaine S. Dalton

Como hijas de Dios, las experiencias y circunstancias de cada una son particulares y diferentes. Aun así, nuestra parte tiene importancia, porque nosotras somos importantes.

Cada semana, las jovencitas de todo el mundo recitan el lema de las Mujeres Jóvenes. No importa en qué idioma, cada vez que escucho las palabras “Somos hijas de un Padre Celestial que nos ama y nosotras lo amamos a Él”1, el Espíritu le reafirma a mi alma que son verdaderas. No es sólo una afirmación de nuestra identidad —quiénes somos— sino además asevera de quién somos hijas; ¡somos hijas de un ser exaltado!

En cada país y cada continente, he conocido a jovencitas seguras y elocuentes, llenas de luz, refinadas por el trabajo arduo y las pruebas, que poseen fe pura y sencilla. Son virtuosas; son jóvenes que guardan sus convenios y que “[son] testigos de Dios en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar”2. Saben quiénes son y que tienen una función importante en la edificación del reino de Dios.

Cuando iba a la universidad, pertenecía al Grupo internacional de danza folclórica de BYU. Un verano, el grupo tuvo el privilegio único de recorrer las misiones de Europa. Fue un verano difícil para mí porque unos meses antes mi padre había fallecido inesperadamente. Mientras estábamos en Escocia, me sentía sola y estaba desanimada. Esa noche bailamos en una capilla y, tras la presentación, fuimos a la casa de la misión, que estaba al lado. Al caminar hacia la casa, vi una piedra en el bien cuidado jardín junto al portón; en ella decía: “Cualquiera sea tu arte, haz bien tu parte”. En ese momento esas palabras llegaron a lo profundo de mi corazón y sentí que los poderes del cielo descendieron y me dieron un mensaje. Supe que un Padre Celestial amoroso me tenía en cuenta; sentí que no estaba sola. Permanecí en el jardín con los ojos llenos de lágrimas. “Cualquiera sea tu arte, haz bien tu parte”. Esa sencilla declaración renovó mi visión de que el Padre Celestial me conocía y tenía un plan para mi vida, y el espíritu que sentí me ayudó a entender que mi parte tenía importancia.

Más adelante aprendí que ese dicho había motivado al profeta David O. McKay durante su servicio como misionero en Escocia. Lo había visto escrito sobre una piedra en un edificio durante una época desalentadora de su misión, y esas palabras le levantaron el ánimo. Años después, cuando estaban por demoler el edificio, logró obtener la piedra e hizo que la colocaran en el jardín de la casa de la misión3. Seguir leyendo

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Un fundamento seguro

Un fundamento seguroLiahona mayo 2013
Por el obispo Dean M. Davies
Segundo Consejero del Obispado Presidente

Dean M. Davies

Aceptemos la invitación del Salvador de venir a Él; edifiquemos nuestras vidas sobre un fundamento firme y seguro.

El 17 de octubre de 1989, cuando volvía a casa del trabajo, estaba por llegar al semáforo en las intersecciones de las calles Market y Beale en San Francisco, California. En ese momento sentí que el auto se sacudió y pensé: “Debo tener una rueda desinflada”. Mientras el auto se seguía sacudiendo, me di cuenta que un autobús estaba demasiado cerca de mí y pensé: “¡Me acaba de chocar!”. Luego, el auto se sacudía cada vez más y más, y pensé: “¡Debo tener las cuatro ruedas desinfladas!”. Pero no eran las ruedas ni el autobús, ¡era un terremoto muy fuerte! Cuando paré en la luz roja, se veían ondas en el pavimento como si fueran olas de mar desplazándose por la calle Market. Frente a mí había un edificio de oficinas que se balanceaba de un lado a otro, y los ladrillos de un edificio viejo a mi izquierda comenzaron a caerse a medida que la tierra se seguía sacudiendo.

El terremoto Loma Prieta ocurrió en el área de la Bahía de San Francisco a las 17:04 h de ese día y dejó sin hogar a 12.000 personas.

El terremoto causó severos daños en el área de la Bahía de San Francisco, particularmente en el terreno inestable de San Francisco y Oakland. En San Francisco, el distrito Marina se había “edificado sobre un basurero hecho de una mezcla de arena, tierra, escombros… y otros materiales que contenían un porcentaje alto de agua subterránea. Algunos de esos escombros eran los que se arrojaron en la Bahía de San Francisco luego del terremoto de 1906 en esa ciudad”1.

Aproximadamente en 1915, se edificaron departamentos sobre el basurero. En el terremoto de 1989, el lodo, la arena y los escombros saturados de agua que no se habían consolidado para crear una mezcla firme, se convirtieron en una masa líquida, causando que los edificios colapsaran. Los edificios no se edificaron sobre un fundamento seguro.

El terremoto Loma Prieta afectó muchas vidas, incluso la mía. El reflexionar sobre los sucesos de ese día reafirma en mi mente y corazón que para resistir con éxito las tempestades, los terremotos y las calamidades de la vida, debemos edificar sobre un fundamento seguro. Seguir leyendo

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Estas cosas sí sé

C. G. abril 2013Liahona mayo 2013
Estas cosas sí sé
Por el presidente Boyd K. Packer
Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles

President Boyd K. PackerDe todo lo que he leído, enseñado y aprendido, la verdad más sagrada y preciada que tengo para ofrecer es mi testimonio especial del Salvador Jesucristo.

En 1992, después de haber servido nueve años como Ayudante de los Doce y veintidós años como miembro de los Doce, cumplí sesenta y ocho años de edad. Tuve la inspiración de comenzar a escribir lo que llamé una “Composición Inconclusa”. La primera parte dice así:

Me vino a la mente la otra noche,
un pensamiento intenso y profundo.
Me vino cuando estaba agotado,
y sin poder dormir por estar tan cansado.
Había tenido un día ocupado
y meditaba sobre mi destino.
Esto fue lo que pensé:
Cuando era joven, ¡no tenía sesenta y ocho años!
Caminaba sin renguear
y no me dolía el hombro.
Podía leer una frase dos veces
y repetirla sin vacilar.
Trabajaba un sinfín de horas
sin necesidad de parar.
Cosas que ahora no puedo hacer
entonces hacía con facilidad.
Si pudiera el tiempo retroceder,
si tuviese esa habilidad,
ser joven otra vez no querría,
pues sería mucho lo que perdería.
Contento estoy de avanzar,
y mi juventud atrás dejar.
Pues lo que perdería si retrocedo
sería todo lo que ahora comprendo.

Diez años después, decidí agregar otras líneas al poema:

Diez años se han ido, quién sabe a dónde
y con ellos mucho dolor que he sufrido.
Una cadera metálica mi renguera corrigió;
y una placa que sostiene los huesos de mi cuello a caminar derecho me ayudó.
¡Qué maravilloso invento!
Redujo los efectos de la polio;
haciéndome de “dura cerviz” en el intento.
Las señales de la vejez son evidentes,
y ellas no mejorarán.
La única cosa que con el tiempo crece
es que mi memoria desaparece.
Se preguntarán si los recuerdo…
Claro que sí, si no han cambiado.
Pero no se vayan a enojar
si sus nombres no puedo recordar.
Reconozco que aprendí
cosas que es mejor no saber,
pero con la edad, la preciada verdad reconocí
que fortaleció el Espíritu dentro de mí.
De todas las bendiciones recibidas,
la mejor de mi vida
es el consuelo y la compañía
que recibo de mi esposa tan querida.
Nuestros hijos se casaron bien;
tienen sus propias familias,
con hijos y nietos también,
que han crecido muy de prisa.
No ha cambiado mi forma de pensar
en cuanto a ser joven otra vez.
Hay un propósito en la vejez,
con ella viene el conocimiento de la verdad.
Se preguntarán: “¿qué me depara el futuro?
¿cuál será mi destino?”.
Sigamos adelante sin reclamos,
¡y pregúntenme cuando cumpla ochenta y ocho años!

Y el año pasado agregué los siguientes versos: Seguir leyendo

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Vivir el Evangelio con gozo

Vivir el Evangelio con gozoNoviembre de 2014 Liahona
Por el presidente Dieter F. Uchtdorf
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Confíen en el poder Salvador de Jesucristo, guarden Sus leyes y mandamientos; en otras palabras: vivan el Evangelio con gozo.

Mis queridas hermanas, mis queridas amigas y benditas discípulas de Jesucristo, es un honor tener esta oportunidad de estar con ustedes al iniciar otra conferencia general de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. La próxima semana, la Primera Presidencia y los Doce Apóstoles se reunirán con todas las Autoridades Generales y líderes de las organizaciones auxiliares y las sesiones restantes de nuestra conferencia general mundial continuarán el próximo sábado y domingo. Estoy muy agradecido al presidente Thomas S. Monson, el profeta de Dios para nuestros días, por pedirme que represente a la Primera Presidencia al dirigirme a las hermanas de la Iglesia.

Al meditar en lo que podría decir, mis pensamientos se remontaron a las mujeres que han moldeado mi vida y que me han ayudado a través de las pruebas de la mortalidad. Estoy agradecido por mi abuela, que hace décadas decidió llevar a su familia a una reunión sacramental mormona. Estoy agradecido por la hermana Ewing, una señora alemana soltera mayor cuyo nombre traducido al español sería “hermana eterna”. Ella fue la que le hizo esa valiente y maravillosa invitación a mi abuela. Estoy muy agradecido por mi madre, quien guio a cuatro hijos a lo largo de la turbulencia de la Segunda Guerra Mundial. Pienso también en mi hija, en mis nietas y en las generaciones futuras de mujeres fieles que un día las seguirán.

Y, naturalmente, estoy eternamente agradecido a mi esposa, Harriet, quien me cautivó cuando era adolescente; que como madre, llevó las cargas más pesadas de nuestra joven familia; que está a mi lado como esposa; y que ama y atesora a sus hijos, nietos y bisnietos. Ella ha sido la fuerza en nuestro hogar en tiempos buenos y malos; ella alumbra la vida de todos los que la conocen.

Por último, estoy muy agradecido a todas ustedes, las millones de fieles hermanas del mundo de todas las edades que hacen tanto para edificar el reino de Dios. Les agradezco las innumerables formas en que inspiran, cuidan y bendicen a las personas que las rodean. Seguir leyendo

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Compartir su luz

Compartir su luzNoviembre de 2014 Liahona
Por Neill F. Marriott
Segunda Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes

Debemos permanecer firmes en nuestra fe y alzar nuestra voz para proclamar la doctrina verdadera.

Esta noche quisiera mencionar dos importantes responsabilidades que tenemos: primero, aumentar la luz y verdad del Evangelio en nuestra vida en forma constante; y segundo, compartir esa luz y verdad con los demás.

¿Saben cuán importantes son? Cada una de ustedes—ahora mismo—es valiosa y esencial en el Plan de Salvación del Padre Celestial. Tenemos trabajo que hacer; conocemos la verdad del Evangelio restaurado; ¿estamos listas para defenderla? Debemos vivirla, debemos compartirla. Debemos permanecer firmes en nuestra fe y elevar nuestra voz para proclamar la doctrina verdadera.

En la revista Liahona, de septiembre de 2014, el élder M. Russell Ballard dice: “Necesitamos más de las distintivas e influyentes voces de las mujeres, así como su fe. Necesitamos que aprendan la doctrina y comprendan aquello en lo que creemos a fin de que puedan dar testimonio de la verdad de todas las cosas”1.

Hermanas, ustedes fortalecen mi fe en Jesucristo. ¡He visto su ejemplo, escuchado sus testimonios y sentido su fe desde Brasil a Botswana! Dondequiera que van llevan consigo su influencia. Las personas a su lado la sienten —desde su familia a los contactos en su teléfono celular, y desde sus amigos en las redes sociales hasta los que están sentados a su lado esta noche. Estoy de acuerdo con la hermana Harriet Uchtdorf que escribió: “Ustedes… son faros brillantes y entusiastas en un mundo cada vez más oscuro al mostrar, mediante su ejemplo, que el Evangelio es un mensaje de alegría”2.

El presidente Thomas S. Monson señaló: “…si desea dar su luz a los demás, uno tiene que resplandecer”3. ¿Cómo mantenemos esa luz resplandeciendo dentro de nosotros? En ocasiones me siento como un débil foco. ¿Cómo podemos brillar más?

En las Escrituras se enseña: “Lo que es de Dios es luz; y el que recibe luz y persevera en Dios, recibe más luz”4. Debemos perseverar en Dios como leemos en las Escrituras. Debemos ir a la fuente de luz: el Padre Celestial, Jesucristo y las Escrituras. También podemos ir al templo, sabiendo que todo dentro de él señala a Jesucristo y a Su gran sacrificio expiatorio. Seguir leyendo

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