Hija de Dios bajo convenio
Por Jean A. Stevens
Primera Consejera de la Presidencia General de la Primaria
Cuando las hijas de Dios se concentran en el templo y en sus convenios sagrados, Dios puede enviar bendiciones en forma personal y poderosa.
Queridas hermanas, las saludo con mucho amor. Dondequiera que estén en este momento, espero que sientan el amor del Señor por ustedes personalmente y que el Espíritu testifique a su corazón el mensaje que acaba de cantar este hermoso coro. Agrego mi testimonio al de ellas: Yo sé que vive mi Señor y que nos ama a cada una de nosotras.
Esta noche nos reunimos como hijas de Dios bajo convenio. Nuestra edad, circunstancias y personalidades no nos pueden separar, porque ante todo somos Suyas y hemos hecho convenio de recordar siempre a Su Hijo.
El poder de ese convenio individual me tocó el corazón hace unas tres semanas, cuando asistí a un servicio bautismal. Ante mí había ocho niños hermosos sentados en reverente expectativa porque al fin había llegado su día especial. Pero al contemplar sus rostros felices, no vi sólo a un grupo de niños, sino que los vi como pienso que el Señor los vería: en forma individual. Vi a Emma, a Sophia y a Ian, a Logan y a Aden, a William, a Sophie y a Micah. Cada convenio bautismal se realiza uno a la vez. Cada uno, vestido de blanco, estaba listo y dispuesto con todo el deseo que se tiene a los ocho años para hacer su primer convenio con Dios.
Reflexionen en el día de su propio bautismo. Ya sea que recuerden muchos detalles o sólo unos pocos, traten de sentir ahora la importancia del convenio que hicieron individualmente. Se las llamó por su nombre, se las sumergió en el agua, y salieron como hijas de Dios, hijas del convenio dispuestas a llevar el nombre de Su Hijo, con la promesa de seguirle y de guardar Sus mandamientos.
Los convenios con Dios nos ayudan a saber quiénes somos en verdad. Nos conectan con Él de manera personal mediante los cuales podemos sentir lo que valemos para Él y nuestro lugar en Su reino. De una forma que no podemos comprender plenamente, Él nos conoce y nos ama individualmente. Piensen en eso: cada una de nosotras tiene un lugar en Su corazón. Él desea que elijamos el sendero que nos lleve de regreso a Su lado.
A pesar de lo esencial y significativo que es el convenio del bautismo, es sólo el comienzo: es la puerta que nos coloca en el sendero hacia la vida eterna. Más adelante en nuestra trayectoria se harán convenios en el templo y se recibirán ordenanzas del sacerdocio. Tal como nos recuerda el élder David A. Bednar: “Al estar en las aguas del bautismo, tornamos nuestra vista hacia el templo”1. Seguir leyendo

























