El sacerdocio preparatorio
Por el presidente Henry B. Eyring
Primer Consejero de la Primera Presidencia
Conferencia general octubre 2014
En el sacerdocio preparatorio, “lo que demostramos” cuenta más que “lo que decimos”.
Agradezco estar reunido con el sacerdocio de Dios, que se extiende por todo el mundo. Les agradezco su fe, su servicio y sus oraciones.
Mi mensaje esta noche es acerca del Sacerdocio Aarónico; se dirige también a todos nosotros quienes ayudamos a que las promesas del Señor se lleven a cabo para aquellos que poseen lo que se describe en las Escrituras como el “sacerdocio menor”1. También se lo llama el sacerdocio preparatorio. Es sobre esa gloriosa preparación de lo que hablaré esta noche.
El plan del Señor para Su obra está colmado de preparación. Él preparó la Tierra para que nosotros experimentáramos las pruebas y las oportunidades de la vida terrenal. Mientras estamos aquí, estamos en lo que las Escrituras denominan un “estado preparatorio”2.
El profeta Alma describió la crucial importancia de esa preparación para la vida eterna, donde podremos vivir para siempre como familias con Dios el Padre y Jesucristo.
Él explicó la necesidad de prepararse de esta manera: “Y vemos que la muerte viene sobre el género humano; sí, la muerte de que ha hablado Amulek, que es la muerte temporal; no obstante, se le concedió un tiempo al hombre en el cual pudiera arrepentirse; así que esta vida llegó a ser un estado de probación; un tiempo de preparación para presentarse ante Dios; un tiempo de prepararse para ese estado sin fin del cual hemos hablado, que viene después de la resurrección de los muertos”3.
Así como el tiempo que se nos ha dado en la vida terrenal es para que nos preparemos para reunirnos con Dios, el tiempo que se nos ha dado para servir en el Sacerdocio Aarónico es una oportunidad para prepararnos para aprender la manera de ofrecer ayuda crucial a otras personas. De la misma manera que el Señor proporciona la ayuda que necesitamos para pasar las pruebas de la vida terrenal, Él también nos envía ayuda para nuestra preparación en el sacerdocio.
Mi mensaje es tanto para aquellas personas a quienes el Señor manda a ayudar a preparar a los poseedores del Sacerdocio Aarónico, como para aquellos que poseen ese sacerdocio. Me dirijo a los padres, a los obispos y a aquellos poseedores del Sacerdocio de Melquisedec a quienes se les ha confiado ser compañeros y maestros de hombres jóvenes que están preparándose en el sacerdocio. Seguir leyendo


























