Benditos y felices son aquellos que guardan los mandamientos de Dios

4 de octubre 2015Liahona Noviembre 2015
Benditos y felices son aquellos que guardan los mandamientos de Dios
Por el élder Von G. Keetch
De los Setenta

Las barreras que el Señor estableció crean un puerto seguro para protegernos de las influencias malignas y destructivas.

Hace tiempo, mientras visitaba Australia, viajé a una hermosa bahía en forma de herradura muy conocida para hacer surf. Al caminar en la playa, me impresionó el magnífico y gran oleaje que rompía precisamente afuera de la bahía y las olas más pequeñas que rodaban cerca a la orilla.

Al continuar mi camino, encontré un grupo de surfistas estadounidenses; se los notaba molestos por algo, hablaban alterados y señalaban el mar. Cuando les pregunté qué pasaba, señalaron la bahía, precisamente donde rompían las olas grandes.

“¡Mire hacia allá!”, uno de ellos dijo enojado. “¿Puede ver la barrera?”. Viendo más de cerca esta vez pude ver la barrera que se extendía a lo largo de toda la entrada de la bahía, ahí donde chocaban las grandes y seductoras olas. La barrera parecía estar hecha de un fuerte material entretejido y estaba sujeta por claraboyas sobre el agua y, según los surfistas, descendía hasta el fondo del mar.

116El surfista estadounidense continuó: “Es la única vez en la vida que vendremos aquí para surfear esas olas grandes. Podemos surfear las más pequeñas, pero la barrera impide que surfeemos esas olas grandes. No sabemos por qué la barrera está ahí, pero esto nos ha arruinado el viaje”.

Mientras los surfistas estadounidenses se enojaban más, me llamó la atención otro surfista que estaba cerca, un hombre mayor y obviamente del lugar. Parecía impacientarse cada vez más al escuchar las muchas quejas sobre la barrera.

Finalmente se levantó y se dirigió hacia el grupo. Sin decir nada, sacó unos prismáticos de su mochila y se los dio a uno de los surfistas, señalando hacia la barrera. Todos los surfistas miraron por los prismáticos y cuando llegó mi turno, pude ver algo que no había visto antes: aletas dorsales, grandes tiburones alimentándose en el arrecife del otro lado de la barrera.

Enseguida el grupo se apaciguó. El anciano surfista tomó sus binoculares y se alistó para dar la vuelta e irse. Al hacerlo dijo estas palabras que nunca olvidaré: “No critiquen tanto la barrera” dijo, “es la única cosa que evitará que los devoren”.

De pie en esa hermosa playa, de repente nuestra perspectiva había cambiado. Una barrera que había parecido rígida y restrictiva, la que parecía coartar la diversión y el entusiasmo de moverse en las olas grandes, se había convertido en algo muy diferente. Al entender el peligro que acechaba debajo de la superficie, la barrera ahora brindaba protección, seguridad y paz.

Al caminar ustedes y yo por los senderos de esta vida, y perseguir nuestros sueños, a veces los mandatos y las normas de Dios, tal como esa barrera, pueden ser difíciles de comprender. Podrían parecer rígidos e inflexibles, bloqueando un sendero que parece divertido y emocionante y que muchos otros siguen. Tal como el apóstol Pablo describió: “Ahora vemos por espejo, oscuramente”1 , con una perspectiva tan limitada que a menudo no podemos comprender los graves peligros escondidos debajo de la superficie.

117Pero Él, quien “comprendió todas las cosas”2 , sabe exactamente dónde se encuentran esos peligros. Él nos da dirección divina mediante Sus mandatos y guía amorosa para que podamos evitarlos, y así fijemos un rumbo en nuestra vida que esté protegido de predadores espirituales y de las gigantescas fauces del pecado3 .

Demostramos nuestro amor por Dios, y nuestra fe en Él, al hacer lo mejor cada día para seguir el rumbo que Él ha establecido para nosotros y al guardar los mandamientos que nos ha dado. En especial manifestamos esa fe y ese amor en situaciones donde no comprendemos del todo la razón de los mandatos de Dios o el camino en particular que Él nos dice que tomemos. Es relativamente fácil mantenernos dentro de la barrera cuando sabemos que hay predadores de dientes afilados rondando fuera de ella; pero es más difícil mantener el rumbo dentro de la barrera si todo lo que podemos ver al otro lado son olas emocionantes e incitadoras. Sin embargo, en esos momentos, en los que escogemos ejercitar la fe, poner nuestra confianza en Dios y mostrar amor por Él, crecemos y nos beneficiamos más.

En el Nuevo Testamento, Ananías no podía comprender el mandato del Señor de buscar y bendecir a Saulo, un hombre que literalmente tenía permiso para poner en prisión a los creyentes en Cristo; sin embargo, puesto que él obedeció el mandamiento de Dios, Ananías fue un instrumento en el nacimiento espiritual del apóstol Pablo4 .

Al confiar en el Señor, ejercitar nuestra fe, obedecer Sus mandamientos y seguir el rumbo que Él ha trazado para nosotros, llegamos a ser más la persona que el Señor desea que seamos. Es ese “llegar a ser”, esa conversión del corazón, la que es más importante. El élder Dallin H. Oaks nos ha enseñado: “No es suficiente que cualquiera tan sólo actúe mecánicamente. Los mandamientos, las ordenanzas y los convenios del Evangelio no son una lista de depósitos que tenemos que hacer en alguna cuenta celestial. El evangelio de Jesucristo es un plan que nos muestra cómo llegar a ser lo que nuestro Padre Celestial desea que lleguemos a ser”5 .

Por lo tanto, la obediencia verdadera es darnos enteramente a Él y permitirle que trace el rumbo de nuestra vida tanto en aguas tranquilas como en turbulentas, comprendiendo que Él puede hacer más por nosotros de lo que jamás llegaríamos a lograr por nosotros mismos.

Al someternos a Su voluntad, aumenta nuestra paz y felicidad. El rey Benjamín enseñó que aquellos que guardan los mandamientos de Dios son “[bendecidos y felices]… en todas las cosas, tanto temporales como espirituales”6 . Dios desea que tengamos gozo. Él desea que tengamos paz, que tengamos éxito. Él desea que estemos seguros y protegidos de las influencias del mundo a nuestro alrededor.

Dicho de otra manera, los mandamientos del Señor no son un dificultoso laberinto de barreras debajo del agua que debemos aprender a soportar de mala gana en esta vida para poder ser exaltados en la venidera. Más bien, las barreras que el Señor estableció crean un puerto seguro para protegernos de las influencias malignas y destructivas que, de otro modo, nos arrastrarían a las profundidades de la desesperación. Los mandamientos del Señor se dan por amor y preocupación; se han destinado para que tengamos gozo en esta vida7y para que tengamos gozo y exaltación en la venidera; señalan la forma en la que debemos actuar, y aún más importante, esclarecen quiénes debemos llegar a ser.

118Como en todo lo bueno y verdadero, Jesucristo se erige como nuestro mejor ejemplo. El acto más grande de obediencia de toda la eternidad ocurrió cuando el Hijo se sometió a la voluntad del Padre. Al pedir con profunda humildad que pasara de Él la copa, es decir, que pudiera tomar otro rumbo que aquel que se había trazado para Él, Cristo se sometió al sendero que Su Padre quiso que Él tomara. Era un sendero que llevaba a Getsemaní y a Gólgota, donde aguantó una agonía y un sufrimiento inimaginables y donde se lo abandonó completamente cuando el Espíritu de Su Padre se retiró. Aun así, ese mismo sendero culminó en una tumba vacía al tercer día, con exclamaciones de “¡ha resucitado!”8 resonando en los oídos y corazones de aquellos que lo amaban; incluyó el gozo y el consuelo inimaginables centrados en Su expiación a favor de todos los hijos de Dios por toda la eternidad. Al permitir que Su voluntad fuera absorbida en la voluntad del Padre, Cristo nos dio la posibilidad de obtener paz eterna, gozo eterno y vida eterna.

Testifico que somos hijos de un Dios amoroso. Testifico que Él desea que seamos felices, que estemos a salvo y seamos bendecidos. Para ese fin, Él ha trazado un rumbo que nos lleva de regreso a Él y ha establecido barreras que nos protegerán en el camino. Al esforzarnos lo mejor que podamos para seguir ese rumbo, hallaremos seguridad, felicidad y paz verdaderas; y al someternos a Su voluntad, llegaremos a ser lo que Él desea que lleguemos a ser. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Notas

  1. 1 Corintios 13:12.
  2. Doctrina y Convenios 88:6.
  3. Véase de Boyd K. Packer, “Enemigos ocultos”, Liahona, agosto de 1976, págs. 23–24.
  4. Véase Hechos 9:10–18.
  5. Dallin H. Oaks, “El desafío de lo que debemos llegar a ser”, Liahona, enero de 2001, pág. 40.
  6. Mosíah 2:41.
  7. Véase 2 Nefi 2:25.
  8. éase Mateo 28:6; Marcos 16:6.
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Mi corazón las medita continuamente

Copnferencia General de octubre 2015

Mi corazón las medita continuamente

Por Devin G. Durrant
Primer Consejero de la Presidencia General de la Escuela Dominical

Ruego sinceramente que decidan meditar en las palabras de Dios de manera más extensa y profunda.


En mi trabajo, soy inversor. En cuanto a mi fe, soy un discípulo de Jesucristo, el Hijo de Dios1 . En mis actividades profesionales sigo principios financieros sólidos. Al vivir mi fe, me esfuerzo por seguir principios espirituales que me ayuden a llegar a ser más como el Salvador.

Las invitaciones brindan bendiciones

Muchas de las recompensas personales que he recibido en la vida han sido fruto de una invitación a hacer una tarea difícil. Con eso en mente, me gustaría extender dos invitaciones a cada uno de ustedes. La primera tiene implicaciones económicas, mientras que las implicaciones de la segunda son espirituales. Ambas invitaciones, si se aceptan, requerirán un esfuerzo disciplinado durante un largo tiempo para lograr las recompensas.

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El porqué de la Iglesia

Conferencia General 4 de octubre 2015Liahona Noviembre 2015
El porqué de la Iglesia
Por el élder D. Todd Christofferson
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Vale la pena hacer una pausa para considerar por qué Él escoge utilizar una iglesia, Su Iglesia, para realizar la obra de Él y la de Su Padre.

Durante toda mi vida, las conferencias generales de la Iglesia han sido acontecimientos espirituales vigorizantes, y la Iglesia misma ha sido un lugar para llegar a conocer al Señor. Me doy cuenta de que existen aquellas personas que se consideran a sí mismas religiosas o espirituales y, sin embargo, rechazan la participación en la Iglesia o aún la necesidad de tal institución. La práctica religiosa es para ellas estrictamente personal. Sin embargo, la Iglesia es la creación de Aquél en quien se centra nuestra espiritualidad: Jesucristo. Vale la pena hacer una pausa para considerar por qué Él escoge utilizar una iglesia, Su Iglesia, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, para realizar la obra de Él y la de Su Padre de “llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre”1.

Empezando con Adán, se predicó el evangelio de Jesucristo; y las ordenanzas de salvación esenciales, como el bautismo, se administraron mediante un orden patriarcal del sacerdocio2. Conforme las sociedades llegaron a ser más complejas que solamente familias extensas, Dios llamó también a otros profetas, mensajeros y maestros. En la época de Moisés, leemos acerca de una estructura más formal que incluyó élderes, sacerdotes y jueces. En la historia del Libro de Mormón, Alma estableció una iglesia con sacerdotes y maestros.

Luego, en el meridiano de los tiempos, Jesucristo organizó Su obra de manera tal que el Evangelio pudiera establecerse al mismo tiempo en muchas naciones y entre pueblos diversos. Esa organización, la Iglesia de Jesucristo, fue fundada sobre “apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo”3; incluía más oficiales como setentas, élderes, obispos, presbíteros, maestros y diáconos. Asimismo, Jesús estableció la Iglesia en el hemisferio occidental después de Su resurrección.

Luego de la Apostasía y la desintegración de la iglesia que Él había organizado mientras estuvo en la tierra, el Señor restableció la Iglesia de Jesucristo una vez más mediante el profeta José Smith. El antiguo objetivo sigue siendo el de predicar las buenas nuevas del evangelio de Jesucristo y administrar las ordenanzas de salvación; en otras palabras, llevar a la gente a Cristo4. Y ahora, por medio de esta Iglesia restaurada, la promesa de redención está al alcance aun de los espíritus de los muertos que durante toda su vida supieron poco o nada en cuanto a la gracia del Salvador.

¿De qué manera Su Iglesia lleva a cabo los propósitos del Señor? Es importante reconocer que el propósito primordial de Dios es nuestro progreso. Su deseo es que continuemos “de gracia en gracia hasta que [recibamos] la plenitud”5 de todo lo que Él puede ofrecer. Eso requiere más que simplemente ser amables o sentirse espirituales; requiere fe en Jesucristo, arrepentimiento, bautismo de agua y del Espíritu Santo, y perseverar con fe hasta el fin6. No podemos lograr esto plenamente al estar aislados; de modo que una de las razones principales por las que el Señor ha creado una Iglesia es para crear una comunidad de santos que se apoyen uno al otro en el “estrecho y angosto camino que conduce a la vida eterna”7. Seguir leyendo

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El Espíritu Santo como su compañero

4 de octubre 2015Liahona Noviembre 2015
El Espíritu Santo como su compañero
Por el presidente Henry B. Eyring
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Si vivimos dignamente, podemos tener la bendición de que el Espíritu esté con nosotros siempre, y no solo ocasionalmente.

Mis queridos hermanos y hermanas, estoy agradecido de estar con ustedes en este día de reposo en la conferencia de la Iglesia del Señor. Al igual que ustedes, he sentido el Espíritu testificando de la verdad de las palabras que hemos escuchado, habladas y cantado.

Hoy tengo como propósito hacer crecer su deseo y su determinación de reclamar el don que se nos ha prometido al bautizarnos. Durante nuestra confirmación, escuchamos estas palabras: “Recibe el Espíritu Santo”1. Desde ese instante, nuestra vida cambió para siempre.

Si vivimos dignamente, podemos tener la bendición de que el Espíritu esté con nosotros siempre, y no solo ocasionalmente, como en la extraordinaria experiencia que hemos tenido hoy. Por las palabras de la oración de la Santa Cena, ustedes saben cómo se cumple esa promesa: “Oh Dios, Padre Eterno, en el nombre de Jesucristo, tu Hijo, te pedimos que bendigas y santifiques este pan para las almas de todos los que participen de él, para que lo coman en memoria del cuerpo de tu Hijo, y testifiquen ante ti, oh Dios, Padre Eterno, que están dispuestos a tomar sobre sí el nombre de tu Hijo, y a recordarle siempre, y a guardar sus mandamientos que él les ha dado”.

Y entonces viene la promesa: “para que siempre puedan tener su Espíritu consigo” (D. y C. 20:77; cursivas agregadas).

Tener siempre el Espíritu con nosotros es tener la guía y dirección del Espíritu Santo en nuestra vida diaria. El Espíritu puede, por ejemplo, advertirnos que resistamos la tentación de hacer lo malo.

Solo por esa razón, es fácil ver por qué los siervos del Señor han procurado que aumente nuestro deseo de adorar a Dios en las reuniones sacramentales. Si tomamos la Santa Cena con fe, el Espíritu Santo podrá protegernos a nosotros y a nuestros seres queridos de las tentaciones que vienen cada vez con mayor intensidad y frecuencia.

La compañía del Espíritu Santo hace que lo bueno sea más atractivo y las tentaciones menos persuasivas. Esta sola razón debería bastar para hacer que nos decidamos a procurar ser dignos de tener siempre el Espíritu con nosotros. Seguir leyendo

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Que siempre se acuerden de Él

Conferencia General, 4 de octubre 2015

Que siempre se acuerden de Él

Por el élder Claudio R. M. Costa
De los Setenta

Me encanta estudiar y meditar sobre la vida de Él, quien dio todo por mí y por todos nosotros.

Me encanta la canción de la Primaria que dice:

Dime la historia de Cristo, hazme sentir
cosas que yo de sus labios quisiera oír
obras que hizo en tierra o mar
cosas de Cristo, quisiera escuchar1.

Creo que comenzar una tradición de contar historias de Cristo a los hijos y a la familia es un modo muy especial de santificar el día de reposo en el hogar.

Ello sin dudas traerá un espíritu especial a nuestro hogar y brindará a la familia ejemplos del Salvador mismo.

Me encanta estudiar y meditar sobre la vida de Él, quien dio todo por mí y por todos nosotros.

También me gusta leer pasajes de las Escrituras sobre Su vida libre de pecado; y después de leer lo que ellas dicen acerca de lo que Él vivió, cierro los ojos y trato de visualizar esos sagrados momentos que me enseñan y fortalecen espiritualmente.

Momentos tales como:

  • Cuando Él escupió en la tierra e hizo lodo con la saliva, untó con eso los ojos del ciego y le dijo: “Ve, lávate en el estanque de Siloé”. “Entonces fue y se lavó; y cuando regresó, ya veía”2.
  • Cuando Él sanó a la mujer que padecía de flujo de sangre, ella le había tocado el borde de Su manto porque creía que solo con tocarlo podía ser sanada3.
  • Cuando se le apareció a Sus discípulos caminando sobre el mar4.
  • Cuando iba con los discípulos camino a Emaús y les explicó las Escrituras5.
  • Cuando se apareció al pueblo de América y les dijo que vinieran a Él y palparan las marcas de los clavos en Sus manos y Sus pies para que supieran que Él era “el Dios de Israel, y el Dios de toda la tierra, y que [había] sido muerto por los pecados del mundo”6.

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Dejad que resuene el sonido claro de la trompeta

4 de octubre 2015Liahona Noviembre 2015
Dejad que resuene el sonido claro de la trompeta
Por el élder Gregory A. Schwitzer
De los Setenta

El mundo necesita discípulos de Cristo que puedan comunicar el mensaje de Evangelio con claridad y desde el corazón.

El verano pasado, mi esposa y yo nos quedamos con dos de nuestros nietos pequeños mientras sus padres participaban en una caminata pionera en su estaca. Nuestra hija quería asegurarse de que los niños practicaran el piano en su ausencia; ella sabía que unos días con los abuelos hacía que fuera más fácil olvidarse de practicar. Una tarde, decidí sentarme con Andrew, mi nieto de trece años, y escucharlo tocar.

A este joven lleno de energía le encanta el aire libre; tranquilamente podría pasar todo su tiempo cazando y pescando. Mientras él practicaba piano, percibí que preferiría estar pescando en un río cercano. Lo escuché tocar a golpes cada acorde de una conocida tonada; cada nota que tocaba tenía el mismo énfasis y el mismo ritmo, lo cual hacía que fuera difícil reconocer la melodía. Me senté junto a él en el banco y le expliqué la importancia de tocar solo un poco más fuerte la melodía y un poco más suave las notas que acompañan a la melodía. Hablamos del piano como algo más que un milagro mecánico; que podía ser una prolongación de su propia voz y de sus sentimientos, y que puede convertirse en un maravilloso instrumento para la comunicación. Tal como una persona habla y va suavemente de una palabra a otra, así debe fluir la melodía al pasar de una nota a otra.

101Nos reímos juntos a medida que trataba una y otra vez. Su sonrisa marcó los hoyuelos de sus mejillas cuando la familiar melodía comenzó a surgir de lo que había sido un conjunto de sonidos descontrolados. El mensaje se volvió nítido: “Soy un hijo de Dios; Él me envió aquí”1 . Le pregunté a Andrew si podía sentir la diferencia en el mensaje y él respondió: “Sí, abuelo, ¡puedo sentirla!”.

En su escrito a los corintios, el apóstol Pablo nos enseñó a comparar la comunicación con los instrumentos musicales:

“Ciertamente, las cosas inanimadas que producen sonidos, como la flauta o el arpa, si no dan con distinción los sonidos, ¿cómo se sabrá lo que se toca con la flauta o con la cítara?

“Y si la trompeta da sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla?”2 . Seguir leyendo

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Una súplica a mis hermanas

Conferencia General octubre 2015

Una súplica a mis hermanas

Por el presidente Russell M. Nelson
Presidente del Cuórum de los Doce Apóstoles

Necesitamos de su fortaleza, su conversión, su convicción, su capacidad para dirigir, su sabiduría y sus voces.


Queridos élderes Rasbandan, Stevenson y Renlund, nosotros, sus hermanos, les damos la bienvenida al Cuórum de los Doce Apóstoles. Agradecemos a Dios por las revelaciones que Él da a Su profeta, el presidente Thomas S. Monson.

Hermanos y hermanas, cuando nos reunimos en conferencia general hace seis meses, ninguno de nosotros podía anticipar los cambios que se avecinaban y que conmoverían a toda la Iglesia. El élder L. Tom Perry pronunció un poderoso discurso acerca de la función irreemplazable que cumplen el matrimonio y la familia en el plan del Señor. Pocos días después nos sorprendió la noticia del cáncer que pronto se lo llevaría de entre nosotros.

Aunque la salud del presidente Boyd K. Packer venía deteriorándose, él continuó “en las filas” con la obra del Señor. El pasado mes de abril, él se hallaba muy débil, no obstante, estaba resuelto a declarar su testimonio mientras tuviera aliento. Luego, apenas a treinta y cuatro días después de la partida del élder Perry, el presidente Packer también cruzó el velo.

En la última conferencia general echamos de menos al élder Richard G. Scott, pero hemos meditado en el poderoso testimonio del Salvador que él había compartido en conferencias anteriores; y, hace doce días, el élder Scott fue llamado a reunirse en el cielo con su amada Jeanene.

97Tuve el privilegio de estar con esos tres hermanos en sus últimos días; incluso acompañé a los familiares cercanos del presidente Packer y del élder Scott poco antes de que fallecieran. Me es difícil aceptar que estos queridos amigos, estos magníficos siervos del Señor se hayan ido. Los extraño más de lo que puedo expresar con palabras.

Al reflexionar en este inesperado giro de los acontecimientos, una de las impresiones que ha permanecido en mí es lo que observé de sus esposas. Tengo grabada en mi mente la imagen de serenidad de las hermanas Donna Smith Packer y Barbara Dayton Perry junto al lecho de sus esposos, llenas de amor, verdad y fe pura.

La paz que irradiaba la hermana Packer junto a su esposo en sus últimas horas sobrepasa todo entendimiento1. Aun cuando era consciente de la partida inminente de su amado compañero de casi setenta años de matrimonio, ella conservaba la calma de una mujer llena de fe; lucía angelical, tal como se la ve en esta foto en la dedicación del Templo de Brigham City.

De la hermana Perry noté que emanaba la misma clase de amor y fe. Era evidente su devoción por su esposo y por el Señor y me sentí muy conmovido. Seguir leyendo

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A través de los ojos de Dios

4 de octubre 2015Liahona Noviembre 2015
A través de los ojos de Dios
Por el élder Dale G. Renlund
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Para servir a los demás de forma eficaz, debemos verlos a través de los ojos de un padre, a través de los ojos del Padre Celestial.

Mis queridos hermanos y hermanas, gracias por sostenerme ayer como miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles. Es difícil expresar cuánto significa eso para mí. Estaba especialmente agradecido por el voto de sostenimiento de las dos extraordinarias mujeres en mi vida: mi esposa, Ruth, y nuestra querida, querida hija, Ashley.

Mi llamamiento da amplia evidencia de la veracidad de la declaración del Señor al principio de esta dispensación: “para que la plenitud de mi evangelio sea proclamada por los débiles y sencillos hasta los cabos de la tierra”1 . Yo soy uno de esos débiles y sencillos. Hace décadas, cuando me llamaron como obispo de un barrio en el Este de los Estados Unidos, mi hermano, un poco mayor que yo, y mucho más sabio que yo, me llamó por teléfono. Me dijo: “Tienes que saber que el Señor no te ha llamado por lo que hayas hecho. En el caso tuyo, probablemente sea a pesar de lo que hayas hecho. El Señor te ha llamado por lo que Él necesita hacer a través de ti; y eso solo sucederá si tú lo haces a Su manera”. Reconozco que esa sabiduría de un hermano mayor se aplica aún más hoy.

95Algo maravilloso ocurre en el servicio de un misionero o misionera cuando se da cuenta de que el llamamiento no tiene que ver con él o ella, sino que tiene que ver con el Señor, con Su obra y con los hijos de nuestro Padre Celestial. Siento que lo mismo es verdad para un apóstol. Este llamamiento no tiene que ver conmigo; tiene que ver con el Señor, Su Iglesia y los hijos de nuestro Padre Celestial. No importa cuál sea la asignación o el llamamiento en la Iglesia, para servir de manera competente, uno debe servir con el conocimiento de que cada una de las personas a las que servimos “es un amado hijo o hija espiritual de padres celestiales y, como tal… tiene una naturaleza y un destino divinos”2 .

En mi profesión anterior, fui cardiólogo, especializándome en fallos cardíacos y trasplantes. Dado que muchos pacientes estaban gravemente enfermos, vi a mucha gente morir. Mi esposa, en broma, dice que era mal pronóstico ser uno de mis pacientes. Debido a mi experiencia con ese grupo de pacientes, desarrollé una especie de distancia emocional cuando las cosas se ponían malas. De esa manera, los sentimientos de tristeza y desilusión quedaban controlados. Seguir leyendo

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Verdades claras y preciosas

4 de octubre 2015Liahona Noviembre 2015
Verdades claras y preciosas
Por el élder Gary E. Stevenson
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

La generosa compensación del Padre Celestial de vivir en tiempos peligrosos es que también vivimos en la dispensación del cumplimiento de los tiempos.

Estimados hermanos y hermanas, han sido varias décadas en las que nos hemos reunido en la conferencia general y el presidente Boyd K. Packer, el élder L. Tom Perry y el élder Richard G. Scott han estado sentados detrás del púlpito y han hablado en una de estas sesiones. Nuestros recuerdos de ellos son conmovedores y quisiera agregar mi tributo para honrarlos; cada uno de ellos era único, pero aun así, siempre estuvieron unidos en su testimonio de Jesucristo y Su expiación.

Además, al igual que ustedes, yo recibo fortaleza del presidente Thomas S. Monson y lo sostengo como profeta, vidente y revelador; y me maravillo por su servicio apostólico fiel y dedicado que abarca más de cinco décadas notables.

El pasado martes por la mañana, un poco después de las 9:00 h, estábamos empezando una reunión como Obispado Presidente con la Presidencia del Área Asia, que se encuentra aquí para la conferencia. Recibí una llamada en la que se me pedía reunirme con el presidente Monson y sus consejeros. Momentos después, al entrar en el salón de reuniones junto a la oficina del presidente Monson, este me habló amablemente para que pudiera calmar mis nervios, ya que me debió haber visto muy nervioso sentado frente a ellos. El presidente Monson comentó, al darse cuenta de mi edad, que parecía muy joven, y que incluso aparentaba menos edad.

Luego de unos pocos minutos, el presidente Monson manifestó que, actuando bajo la voluntad del Señor, me extendía un llamamiento para prestar servicio en el Cuórum de los Doce. Me preguntó si aceptaba el llamamiento, a lo cual, con completo asombro y después de un suspiro indecoroso que estoy seguro que hice, le respondí afirmativamente. Entonces, antes de que pudiera expresar en palabras un tsunami de emociones indescriptibles que eran en su mayoría sentimientos de falta de aptitud, el presidente Monson, con bondad, trató de tranquilizarme. Describió cómo el presidente David O. McKay lo llamó a ser apóstol hace muchos años y que en ese momento también sintió que no estaba preparado. De manera serena, me dijo: “Obispo Stevenson, a quien el Señor llama, el Señor prepara y capacita”. Esas palabras reconfortantes del profeta han sido una fuente de paz, de tranquilidad en medio de una tormenta de dolorosa autoevaluación y de sentimientos emotivos en las siguientes horas de agonía que han pasado de día y de noche desde que recibí este llamamiento. Seguir leyendo

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Asombro me da

4 de octubre 2015Liahona Noviembre 2015
Asombro me da
Por el élder Ronald A. Rasband
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Mi testimonio de Jesucristo se ha edificado gracias a muchas experiencias especiales en las que he llegado a conocer Su gran amor por cada uno de nosotros.

Mis queridos hermanos y hermanas, estoy muy agradecido a la Primer Presidencia por invitarme a compartir mi humilde testimonio este día de reposo. La letra de uno de los himnos favoritos de la Iglesia describe mis sentimientos en estos momentos:

Asombro me da el amor que me da Jesús.
Confuso estoy por Su gracia y por Su luz…
Me cuesta entender que quisiera Jesús bajar
del trono divino para mi alma rescatar;
que Él extendiera perdón a tal pecador
y me redimiera y diera Su gran amor…
Cuán asombroso es lo que dio por mí1 .

Hace unos días, tuve el gran privilegio de reunirme con la Primer Presidencia y recibir este llamamiento de nuestro querido profeta, el presidente Thomas S. Monson. Quiero dar testimonio a todos ustedes de la fortaleza y el amor que el presidente Monson mostró cuando me dijo: “Este llamamiento viene del Señor Jesucristo”.

Estoy abrumado y conmovido hasta lo más profundo de mi ser al considerar la importancia y trascendencia de esas palabras que dijo tan tiernamente nuestro amado profeta. Presidente Monson, presidente Eyring, presidente Uchtdorf, los amo y serviré al Señor y a ustedes con todo mi corazón, alma, mente y fuerza.

Oh, cuánto he amado al presidente Boyd K. Packer y a los élderes L. Tom Perry y Richard G. Scott. Los echo mucho de menos. Soy muy bendecido por haber recibido capacitación y enseñanza a los pies de estos queridos Hermanos. Ni en lo más mínimo puedo estar a la altura de ellos; sin embargo, me siento honrado de poder apoyarme en sus hombros y continuar en el ministerio del Señor. Seguir leyendo

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Sean un ejemplo y una luz

4 de octubre 2015Liahona Noviembre 2015
Sean un ejemplo y una luz
Por el presidente Thomas S. Monson

Al seguir el ejemplo del Salvador, tendremos la oportunidad de ser una luz en la vida de otras personas.

Hermanos y hermanas, ¡qué bueno ese estar con ustedes nuevamente! Como saben, desde que estuvimos reunidos en abril, nos ha entristecido el fallecimiento de tres de nuestros amados apóstoles: el presidente Boyd K. Packer, el élder L. Tom Perry y el élder Richard G. Scott. Ellos han regresado a su hogar celestial y los extrañamos. Cuán agradecidos estamos por su ejemplo de amor semejante al de Cristo y por las enseñanzas inspiradas que nos han dejado a todos nosotros.

Les extendemos una sincera bienvenida a nuestros nuevos apóstoles, el élder Ronald A. Rasband, el élder Gary E. Stevenson y el élder Dale G. Renlund. Ellos son hombres dedicados a la obra del Señor y están bien preparados para los llamamientos importantes a los que han sido llamados.

Hace poco, al leer y meditar las Escrituras, dos pasajes en particular se me han grabado en la mente y ambos son muy conocidos. El primero es del Sermón del Monte: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”1 . El segundo es uno que me vino a la mente mientras reflexionaba en el significado del primero. Es de la epístola del apóstol Pablo a Timoteo: “… sé ejemplo de los creyentes en palabra, en conducta, en amor, en espíritu, en fe y en pureza”2 .

Creo que el segundo pasaje explica en gran medida la forma en la que logramos el primero. Llegamos a ser ejemplo de los creyentes al vivir el evangelio de Jesucristo en palabra, en conducta, en amor, en espíritu, en fe y en pureza. Al hacerlo de esa manera, nuestra luz alumbrará para que otras personas la vean.

Cada uno de nosotros vino a la tierra habiendo recibido la luz de Cristo. Al seguir el ejemplo del Salvador y vivir como Él vivió y enseñó, esa luz arderá en nosotros e iluminará el camino para los demás.

El apóstol Pablo enumera los seis atributos de un creyente, atributos que permitirán que nuestra luz brille. Analicemos cada uno de ellos.

Menciono los dos primeros atributos juntos, ser un ejemplo en palabra y en conducta. Las palabras que usamos pueden elevar e inspirar o pueden herir o degradar. En el mundo de hoy, hay una abundancia de lenguaje vulgar que parece que nos rodeara casi a cada paso que damos. Es difícil evitar escuchar los nombres de la Deidad que se usan en forma casual y sin pensar. Los comentarios groseros parecen haberse convertido en un ingrediente básico de la televisión, las películas, los libros y la música; se intercambian libremente comentarios difamatorios y lenguaje colérico. Dirijámonos a los demás con amor y respeto, usando siempre un lenguaje puro y evitando decir palabras o comentarios que hieran u ofendan. Ruego que sigamos el ejemplo del Salvador, quien habló de tolerancia y amabilidad durante todo Su ministerio. Seguir leyendo

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Guarden los mandamientos

3 de octubre 2015Liahona Noviembre 2015
Guarden los mandamientos
Por el presidente Thomas S. Monson

Aquel que nos creó y que nos ama a la perfección sabe cómo debemos vivir la vida a fin de obtener la mayor felicidad posible.

Mis amados hermanos, es un gusto estar con ustedes nuevamente. Hemos sido inspirados esta tarde con las palabras que hemos escuchado, y ruego que yo también sea guiado en lo que diga.

El mensaje que tengo para ustedes esta noche es directo. Es este:guarden los mandamientos.

Los mandamientos de Dios no son dados para que nos frustren ni para que se conviertan en obstáculos a nuestra felicidad, sino todo lo contrario. Aquel que nos creó y que nos ama a la perfección sabe cómo debemos vivir la vida a fin de obtener la mayor felicidad posible. Nos ha brindado pautas que, si las seguimos, nos guiarán por esta trayectoria terrenal que a menudo es peligrosa. Recordamos la letra del conocido himno: “Siempre obedece los mandamientos; tendrás gran consuelo y sentirás paz”1 .

Nuestro Padre Celestial nos ama lo suficiente como para decir: No mentirás; no hurtarás; no cometerás adulterio; amarás a tu prójimo como a ti mismo; etc.2 . Conocemos los mandamientos. Él comprende que si guardamos los mandamientos, nuestra vida será más feliz, más plena y menos complicada. Nuestros desafíos y problemas serán más fáciles de sobrellevar y recibiremos Sus bendiciones prometidas. Sin embargo, aun cuando nos da leyes y mandamientos, Él también permite que elijamos si los aceptaremos o rechazaremos. Las decisiones que tomemos en cuanto a ello determinarán nuestro destino.

84Confío en que la meta suprema de cada uno de nosotros es la vida eterna en la presencia de nuestro Padre Celestial y de Su Hijo Jesucristo. Es, por tanto, imprescindible que tomemos decisiones a lo largo de la vida que nos lleven a esa gran meta. No obstante, sabemos que el adversario está resuelto a que fracasemos. Él y sus huestes son implacables en su esfuerzo por impedir nuestros deseos justos. Representan una grave y constante amenaza para nuestra salvación eterna a menos que nosotros también estemos resueltos en nuestra determinación y esfuerzo por lograr nuestra meta. El apóstol Pedro nos advierte: “Sed sobrios, y velad, porque vuestro adversario el diablo, cual león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar”3 .

Aunque no hay una época de la vida en que estemos exentos de la tentación, ustedes jovencitos están en la edad en que podrían ser particularmente vulnerables. Los años de la adolescencia a menudo son años de inseguridad, de sentir que no son lo suficientemente buenos, de tratar de ser popular y de querer ser parte del grupo. Quizás sean tentados a rebajar sus normas y a seguir a la multitud a fin de ser aceptados por aquellos que ustedes desean que sean sus amigos. Les pido que sean fuertes y que estén alertas a cualquier cosaque pudiera robarles las bendiciones de la eternidad. Las decisiones que tomen aquí y ahora son siempre importantes. Seguir leyendo

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No están solos en la obra

3 de octubreLiahona Noviembre 2015
No están solos en la obra
Por el presidente Henry B. Eyring
Primer Consejero de la Primera Presidencia

A medida que van de un servicio del sacerdocio a otro, verán que el Señor está en esta obra con ustedes.

Mis amados hermanos, estamos agradecidos de que el Señor haya llamado al élder Ronald A. Rasband, al élder Gary E. Stevenson y al élder Dale G. Renlund como apóstoles del Señor Jesucristo. Nuestros corazones, nuestras oraciones y nuestra fe los sostienen.

Sabemos de su gran capacidad. También necesitarán la confirmación en su llamamiento, como todos nosotros, de que el Señor está con ellos en la obra de Él. Un nuevo diácono necesita esa confianza, al igual que el más experimentado sumo sacerdote que recibe un nuevo llamamiento.

Esa confianza crece cuando se dan cuenta que Él los llamó por medio de Sus siervos. El ánimo que les doy es para ayudarles a saber que cuando ustedes hacen su parte, el Señor agrega Su poder a los esfuerzos de ustedes.

Cualquier llamamiento que recibimos en el Reino del Señor requiere más que nuestro criterio humano y nuestros poderes personales. Los llamamientos requieren de la ayuda del Señor, la cual vendrá. Aun el nuevo diácono aprenderá que eso es verdad, y seguirá aprendiendo a través de los años.

Uno de mis nietos está aquí esta noche, en su primera sesión general del sacerdocio; fue ordenado diácono hace seis días. Tal vez el primer deber del sacerdocio que cumpla sea repartir la Santa Cena el próximo domingo. Mi oración es que él entienda ese momento por lo que realmente es.

Puede que él piense que su labor para el Señor sea pasar la bandeja de los sacramentos a las personas sentadas en la reunión sacramental; pero el propósito del Señor no es simplemente que las personas participen del pan y del agua, sino que es hacer que cumplan con un convenio que los llevará por el sendero hacia la vida eterna. Para que eso pase, el Señor debe dar una experiencia espiritual a la persona a la que el diácono le ofrece la bandeja. Seguir leyendo

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No temas, cree solamente

3 de octubre 2015Liahona Noviembre 2015
No temas, cree solamente
Por el presidente Dieter F. Uchtdorf
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Cuando elegimos creer, ejercitar la fe para el arrepentimiento y seguir a nuestro Salvador Jesucristo, abrimos nuestros ojos espirituales a las maravillas que casi ni podemos imaginar.

Babilonia y Daniel

Hace dos mil seiscientos años, Babilonia era la nación más poderosa del mundo. Un antiguo historiador describió que las paredes de Babilonia que rodeaban la ciudad tenían más de noventa metros de altura y veinticinco metros de espesor. Él escribió: “En esplendor, no hay ciudad que se le… asemeje”1 .

En su época, Babilonia era el centro mundial de aprendizaje, de leyes y de filosofía. Su poderío militar era sin igual; destrozó el poder de Egipto; invadió, arrasó y saqueó la capital asiria de Nínive; conquistó Jerusalén con facilidad y se llevó a los mejores y más inteligentes niños de Israel a Babilonia para que sirvieran al rey Nabucodonosor.

Uno de esos cautivos era un joven llamado Daniel. Muchos eruditos creen que en aquella época Daniel tenía entre doce y diecisiete años de edad. Piensen en ello, mis queridos jóvenes poseedores del Sacerdocio Aarónico: es muy posible que Daniel tuviese la edad de ustedes cuando fue llevado a la corte del rey para ser instruido en el idioma, las leyes, la religión y la ciencia de la mundana Babilonia.

¿Imaginan lo que sentirían si fueran obligados a dejar su hogar, marchar ochocientos kilómetros a una ciudad extraña, y que se les adoctrinara en la religión de sus enemigos?

77A Daniel lo habían criado como seguidor de Jehová. Él creía y adoraba al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Había estudiado las palabras de los profetas y sabía que Dios se comunicaba con el hombre.

Ahora, a muy temprana edad, estaba como prisionero y estudiante en Babilonia. La presión en él de abandonar sus antiguas creencias y adoptar las de Babilonia debió haber sido enorme; pero se mantuvo fiel a su fe, tanto en palabras como en obras. Seguir leyendo

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La fe no es una casualidad, sino una elección

3 de octubre 2015Liahona Noviembre 2015
La fe no es una casualidad, sino una elección
Por el élder Neil L. Andersen
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

La fe en Jesucristo es una dádiva del cielo que se recibe al elegir creer y al procurarla y aferrarnos a ella.

El Salvador percibía la firmeza o la debilidad de la fe de los que lo rodeaban. A alguien le dijo, con aprobación: “grande es tu fe”1; con otros se lamentó diciendo: “hombres de poca fe”2; y a otros cuestionó preguntando: “¿Dónde está vuestra fe?”3. Sin embargo, Jesús honró a otros diciendo: “ni aun en Israel he hallado tanta fe”4.

Me pregunto: “¿Qué pensará el Salvador de mi fe?”, y esta noche les pregunto: “¿Qué pensará el Salvador de la fe de ustedes?”.

La fe en el Señor Jesucristo no es algo etéreo que flota libremente en el aire. No llega a nosotros por casualidad ni la conservamos por derecho natural. Es, como dicen las Escrituras: “… la certeza… la convicción de lo que no se ve”5. La fe emite una luz espiritual que se puede discernir6. La fe en Jesucristo es una dádiva del cielo que se recibe al elegir creer7 y al procurarla y aferrarnos a ella. La fe, o aumenta o se debilita; es un principio de poder que no solo es importante en esta vida, sino en nuestro progreso del otro lado del velo8. Por la gracia de Cristo, un día seremos salvos por medio de la fe en Su nombre9. El futuro de su fe no lo determina la casualidad, sino sus elecciones.

La fe de un joven brasileño

Hace un mes, conocí a Aroldo Cavalcante en Brasil. Él fue bautizado a los veintiún años y fue el primer miembro de la Iglesia de su familia. Tenía una fe intensa y de inmediato comenzó a prepararse para servir en una misión. Lamentablemente, a su madre le diagnosticaron cáncer. Tres meses después, apenas días antes de morir, le expresó a Aroldo su mayor preocupación: no tenía parientes que le ayudaran. Aroldo tendría que hacerse responsable de dos hermanas y un hermano menores que él. Prometió solemnemente que lo haría a su madre agonizante.

Durante el día trabajaba en un banco y por la noche asistía a la universidad. Siguió guardando sus convenios bautismales, pero sus esperanzas de servir en una misión se desvanecieron. Su misión sería cuidar de su familia.

Meses después, al preparar un discurso para la reunión sacramental, Aroldo estudió las palabras que Samuel dijo al rey Saúl en tono reprobatorio: “el obedecer”, leyó él, “es mejor que [sacrificar]”10. Aroldo sintió la impresión aparentemente imposible de que debía obedecer el llamado del profeta de servir en una misión. Sin dejarse desanimar por los obstáculos que tenía ante él, procedió con enorme fe.

Aroldo guardó todos los cruceiros que pudo. A los veintitrés años recibió su llamamiento misional. Dio instrucciones a su hermano de la cantidad mensual que debía retirar de su cuenta. Aroldo no contaba con suficiente dinero para cubrir todo el costo de la misión y mantener a sus hermanos, pero con fe entró en el CCM. Una semana después, recibió la primera de muchas bendiciones. El banco en el que trabajaba el élder Cavalcante inesperadamente duplicó el dinero que iba a recibir al dejar de trabajar. Con ese y otros milagros, se proporcionó el ingreso necesario para cubrir su misión y mantener a su familia en su ausencia.

Veinte años después, el hermano Cavalcante es ahora el presidente de la Estaca Boa Viagem, Recife, Brasil. Al recordar aquellos años, él dijo: “Conforme trataba de llevar una vida recta, sentía el amor y la guía del Señor. Mi fe aumentó, permitiéndome superar muchos retos”11. La fe de Aroldo no fue una casualidad, sino una elección.

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