Fortalecidos por la expiación de Jesucristo

3 de octubre 2015Liahona Noviembre 2015
Fortalecidos por la expiación de Jesucristo
Por el élder Dallin H. Oaks
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Gracias a Su expiación, el Salvador tiene el poder de socorrer —de ayudar— en cada dolor y aflicción de la vida terrenal.

Durante la vida terrenal tenemos la certeza de la muerte y la carga del pecado. La expiación de Jesucristo compensa esos dos aspectos seguros de la vida terrenal. Sin embargo, además de la muerte y del pecado, afrontamos muchos otros desafíos a lo largo de la vida mortal. Gracias a esa misma expiación, nuestro Salvador puede proporcionarnos la fortaleza necesaria para superar esos desafíos terrenales. Ese es mi tema el día de hoy.

I.

La mayoría de relatos de las Escrituras sobre la Expiación hablan de que el Salvador rompió las ligaduras de la muerte y sufrió por nuestros pecados. En su sermón registrado en el Libro de Mormón, Alma enseñó esos principios fundamentales; pero además nos proporcionó las declaraciones más claras de las Escrituras de que el Salvador también sufrió los dolores, las enfermedades y los padecimientos de Su pueblo.

Alma describió esa parte de la expiación del Salvador: “Y él saldrá, sufriendo dolores, aflicciones y tentaciones de todas clases; y esto para que se cumpla la palabra que dice: Tomará sobre sí los dolores y las enfermedades de su pueblo” (Alma 7:11; véase también2 Nefi 9:21).

¡Piensen en eso! En la Expiación, el Salvador sufrió “dolores, aflicciones y tentaciones de todas clases”. Como explicó el presidente Boyd K. Packer: “Él no tenía ninguna deuda que pagar, no había cometido ningún mal; no obstante, la suma de toda la culpa, la tristeza y el pesar; el dolor y la humillación; todos los tormentos mentales, emocionales y físicos que el hombre ha conocido, todo lo sufrió Él”1 .

¿Por qué sufrió Él esos desafíos terrenales “de todas clases”? Alma explicó: “… y sus enfermedades tomará él sobre sí, para que sus entrañas sean llenas de misericordia, según la carne, a fin de que según la carne sepa cómo socorrer a los de su pueblo, de acuerdo con las enfermedades de ellos” (Alma 7:12).

Por ejemplo, el apóstol Pablo declaró que gracias a que el Salvador “padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados” (Hebreos 2:18). De forma similar, el presidente James E. Faust enseñó: “Dado que el Salvador ha padecido todo lo imaginable que nosotros podemos sentir o experimentar, Él puede ayudar a los débiles a fortalecerse”2 .

60Nuestro Salvador padeció y sufrió la plenitud de todos los desafíos terrenales “según la carne” a fin de que, “según la carne”, supiera cómo “socorrer [lo cual significa prestar auxilio o ayuda] a los de su pueblo, de acuerdo con las enfermedades de ellos”. Por consiguiente, Él conoce nuestros problemas, dolores, tentaciones y sufrimientos, porque por voluntad propia los padeció todos como parte esencial de Su expiación. Gracias a ello, la Expiación lo faculta para socorrernos, para darnos la fortaleza a fin de soportarlo todo.

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Acudan a Él y las respuestas llegarán

Conferencia General octubre 2015

Acudan a Él y las respuestas llegarán

Por el élder James B. Martino
De los Setenta

Sean obedientes, recuerden las veces que hayan sentido el Espíritu en el pasado y pidan con fe. Su respuesta llegará.


Cuando era adolescente, mis padres se unieron a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Sabíamos que los misioneros habían estado enseñándoles, pero mis padres habían tomado las lecciones misionales a solas.

Tras ese sorprendente anuncio, mis hermanos menores y yo también comenzamos a escuchar a los misioneros, y cada uno de ellos recibió el mensaje de la Restauración con alegría. Aunque yo era curioso, mi corazón no deseaba cambiar; sin embargo, acepté el desafío de orar en cuanto a si el Libro de Mormón era la palabra de Dios, pero no recibí una respuesta.

Se preguntarán por qué nuestro Padre Celestial no contestó esa oración; también yo lo hice. Desde entonces, he aprendido que la promesa de Moroni es precisa. Dios contesta nuestras oraciones acerca de la veracidad del Evangelio, pero Él las contesta cuando pedimos con “un corazón sincero” y “verdadera intención”1 . Él no contesta solamente para responder a nuestra curiosidad.

Quizás hay algo en su vida sobre lo cual tengan preguntas. Quizás hay un problema al que no sepan bien cómo responder. Hoy me gustaría compartir algunas ideas que podrían ayudarles a obtener las respuestas o la ayuda que buscan. El proceso comienza al estar convertidos al evangelio de Jesucristo. Seguir leyendo

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Elegir la luz

Conferencia General, octubre 2015

Elegir la luz

Por el élder Vern P. Stanfill
De los Setenta

Debemos elegir prestar atención al consejo profético, reconocer y obedecer los susurros espirituales y ser obedientes a los mandamientos de Dios y buscar revelación personal

No hace mucho, mi esposa y yo decidimos que debíamos experimentar más plenamente la belleza de una región cercana a nuestra casa en el noroeste de Montana. Decidimos llevar nuestras bicicletas al sendero Hiawatha, una línea remodelada del ferrocarril que atraviesa las hermosas montañas Rocosas entre Montana y Idaho. Teníamos previsto un día divertido con buenos amigos, disfrutando de la belleza natural de la región.

Sabíamos que nuestro recorrido a lo largo del espléndido sendero de 24 km incluiría puentes de caballete sobre cañones profundos y túneles largos que penetraban las escarpadas montañas; así que nos preparamos con luces en los cascos y en las bicicletas.

Quienes habían ido antes nos advirtieron que los túneles eran obscuros y que necesitábamos luces potentes. Al reunirnos frente a la enorme entrada de piedra del túnel Taft, un cuidador explicó algunos de los peligros del sendero, como zanjas profundas a lo largo de los bordes, paredes ásperas y obscuridad total. Con impaciencia, avanzamos por el túnel. Luego de haber recorrido solo unos minutos, la obscuridad predicha nos envolvió; las linternas que traje resultaron inadecuadas y pronto la obscuridad las aniquiló. De pronto, empecé a sentir ansiedad, estaba confuso y desorientado. Seguir leyendo

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Seremos probados y tentados, pero recibiremos ayuda

3 de octubre 2015Liahona Noviembre 2015
Seremos probados y tentados, pero recibiremos ayuda
Por el élder Hugo Montoya
De los Setenta

Podemos ayudarnos unos a otros como hijos de nuestro Padre Celestial en nuestras pruebas y tentaciones.

Durante el curso de la vida somos probados y tentados. También tenemos la oportunidad de ejercer el albedrio y de ayudarnos unos a otros. Estas verdades son parte del maravilloso y perfecto plan de nuestro Padre Celestial.

El presidente John Taylor dijo: “Oí al Profeta José decir, hablando en una oportunidad a los Doce: ‘Tendrán que pasar por toda clase de pruebas. Y es indispensable que sean probados, como lo fue para Abraham y otros hombres de Dios, y (agregó) Dios los buscará y los tomará y retorcerá las fibras mismas de su corazón’”1 .

Una vez que hemos llegado a la edad de responsabilidad, las pruebas y tentaciones son universales. Algunas veces pueden convertirse en pesadas cargas, pero nos dan fortaleza y crecimiento cuando las sobrellevamos con éxito.

Afortunadamente, esas cargas no tenemos por qué soportarlas solos. Alma enseñó: “… y ya que deseáis entrar en el redil de Dios y ser llamados su pueblo, y estáis dispuestos a llevar las cargas los unos de los otros para que sean ligeras”2 . Estas palabras indican que tenemos la responsabilidad de ayudarnos los unos a los otros. Esa responsabilidad proviene de un llamamiento en la Iglesia, de una asignación, o de una amistad o como parte de nuestro divino deber como padres, cónyuges o miembros de la familia, o simplemente por ser parte de la familia de Dios.

Permítanme mostrar cuatro formas de cómo podemos aligerar nuestras cargas mientras nos ayudamos unos a otros: Seguir leyendo

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Cómo enfrentar los desafíos del mundo actual

Cómo enfrentar los desafíos del mundo actual

Por el élder Robert D. Hales
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Las decisiones que tomen con respecto a la misión, la educación, el matrimonio, la carrera y el servicio en la Iglesia moldearán su destino eterno.


Se ha escrito y se ha dicho mucho sobre la generación presente de jóvenes adultos solteros. Los estudios indican que muchos se resisten a la religión organizada y muchos están endeudados y sin trabajo. A la mayoría le gusta la idea del matrimonio, pero muchos tienen temor de dar ese paso. Cada vez más son los que no quieren tener hijos. Sin el Evangelio y la guía inspirada, muchos se desvían por senderos extraños y se pierden.

Felizmente, entre los jóvenes adultos miembros de la Iglesia esas tendencias inquietantes son mucho menores, en parte porque son bendecidos con el plan del Evangelio. Ese plan eterno incluye el asirse firmemente a la barra de hierro; adherirse a la palabra de Dios y a la de Sus profetas. Tenemos que asirnos con más firmeza a la barra que nos conducirá de regreso a Él. Ahora es el “día para escoger”1 para todos nosotros.

Cuando era niño y estaba a punto de tomar una decisión no muy bien pensada, mi padre a veces me decía: “Robert, ¡corrige el curso y vuela derecho!”. Ya saben cómo es. Con el mismo espíritu de claridad, quiero hablarles específicamente a los jóvenes, los nobles jóvenes y nobles jóvenes adultos, porque “mi alma se deleita en la claridad… a fin de que [aprendamos]”2 .

Ustedes viven en un período crítico de la vida. Las decisiones que tomen con respecto a la misión, la educación, el matrimonio, la carrera y el servicio en la Iglesia moldearán su destino eterno; eso significa que siempre mirarán hacia adelante, hacia el futuro.

Cuando era piloto de la Fuerza Aérea, aprendí el principio de nunca volar deliberadamente hacia el medio de una tormenta eléctrica (no les diré cómo lo descubrí), sino, en cambio, bordearla, cambiar de ruta o esperar que la tormenta pasara antes de aterrizar.

Queridos jóvenes adultos, hermanos y hermanas, quiero ayudarles a “volar derecho” en las tormentas de los últimos días. Ustedes son el piloto. Tienen la responsabilidad de considerar las consecuencias de cada una de sus decisiones. Pregúntense: “Si tomo esa decisión, ¿qué es lo peor que puede suceder?”. Sus decisiones rectas les evitarán desviarse del curso. Seguir leyendo

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La agradable palabra de Dios

3 de octubre 2015Liahona Noviembre 2015
La agradable palabra de Dios
Por el élder Francisco J. Viñas
De los Setenta

La agradable palabra de Dios nos muestra la necesidad de arrepentirnos continuamente a fin de mantener la influencia del Espíritu Santo.

Muchos de los que nos hemos reunido para participar en esta conferencia hemos venido “para oír la agradable palabra de Dios; sí, la palabra que sana el alma herida” (Jacob 2:8). Esa palabra se puede encontrar en las Escrituras y en los mensajes de nuestros líderes, trayéndonos esperanza y consuelo en las tinieblas de la aflicción.

A lo largo de la vida, aprendemos que el gozo en este mundo no es completo, pero en Jesucristo se cumple nuestro gozo (véase D. y C. 101:36). Él nos dará fortaleza a fin de que no tengamos que padecer ningún género de aflicciones que no sean consumidas en Su gozo (véase Alma 31:38).

Nuestro corazón se puede llenar de angustia cuando vemos a un ser querido sufrir los dolores de una terrible enfermedad.

La muerte de alguien a quien amamos puede dejar un lugar vacío en nuestra alma.

Cuando algunos de nuestros hijos se desvían del sendero del Evangelio, tal vez sintamos culpa e incertidumbre acerca de su destino eterno.

La esperanza de lograr un matrimonio eterno y establecer una familia en esta vida se puede empezar a esfumar con el paso del tiempo.

El maltrato de personas que se supone que deben amarnos puede dejar marcas profundamente dolorosas en nuestra alma.

La infidelidad de un cónyuge puede destruir una relación que esperábamos que fuese eterna.

35Estas y muchas otras aflicciones que son parte de este estado de probación a veces hacen que nos preguntemos lo mismo que preguntó el profeta José Smith: “Oh Dios, ¿en dónde estás?” (D. y C. 121:1).

En esos difíciles momentos de la vida, la agradable palabra de Dios, que sana el alma herida, brinda a nuestro corazón y a nuestra mente el siguiente mensaje de consuelo: Seguir leyendo

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Qué más me falta?

¿Qué más me falta?

Por el élder Larry R. Lawrence
De los Setenta

Si somos humildes y nos dejamos enseñar, el Espíritu Santo nos inducirá a mejorar y nos guiará a casa, pero debemos pedir al Señor instrucciones a lo largo del camino.

Comencé a investigar la Iglesia cuando era un joven adulto. Al principio me sentí atraído hacia el Evangelio por el ejemplo de mis amigos Santos de los Últimos Días, pero con el tiempo me atrajo su doctrina singular. Cuando supe que los hombres y mujeres fieles podían seguir progresando y finalmente llegar a ser como nuestros Padres Celestiales, quedé francamente asombrado. Me encantó la idea y sentí que era verdadera.

Poco después de mi bautismo, me encontraba estudiando el Sermón del Monte y me di cuenta de que Jesús enseñó esa misma verdad sobre el progreso eterno en la Biblia. Él dijo: “Sed, pues, vosotros perfectos, así como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”1 .

Hace más de cuarenta años que soy miembro de la Iglesia, y cada vez que leo ese versículo de las Escrituras recuerdo cuál es nuestro propósito aquí en la tierra. Vinimos para aprender y mejorar hasta llegar a ser gradualmente santificados y perfeccionados en Cristo.

El recorrido del discipulado no es uno fácil. Se lo ha llamado “el curso de la superación constante”2 . Al viajar por el sendero estrecho y angosto, el espíritu nos invita continuamente a ser mejores y a ascender más alto. El Espíritu Santo es el compañero de viaje ideal. Si somos humildes y enseñables, Él nos tomará de la mano y nos guiará a casa.

No obstante, a lo largo del camino necesitamos pedir instrucciones al Señor. Tenemos que hacer algunas preguntas difíciles, como: “¿Qué debo cambiar?”, “¿Cómo puedo mejorar?”, “¿Qué debilidad debo fortalecer?”.

Consideremos el relato del joven rico, en el Nuevo Testamento. Era un joven recto que ya cumplía los Diez Mandamientos; pero él deseaba ser mejor. Su meta era la vida eterna. Seguir leyendo

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Entregar nuestro corazón a Dios

Conferencia General octubre 2015

Entregar nuestro corazón a Dios

Por Neill F. Marriott
Segunda Consejera de la Presidencia General de Mujeres Jóvenes

Cuando somos receptivos al Espíritu, aprendemos la manera del Señor y sentimos Su voluntad.

En la conferencia general de abril, el élder Dallin H. Oaks habló de lo que “debemos hacer para reformar nuestra vida personal”1 . Yo considero que la reforma personal inicia con un cambio de corazón, no importa las experiencias que hayan vivido o donde hayan nacido.

Provengo del sur de los Estados Unidos y, en mi juventud, las palabras de un viejo himno protestante me enseñó sobre el corazón de un verdadero discípulo, un corazón que ha cambiado. Piensen en la letra, que tanto amo:

¡Que sea A tu manera, Señor!
¡A tu manera!
Tú eres el alfarero,
y yo la arcilla.
Fórmame y hazme,
según Tu voluntad,
Mientras espero,
sumiso y tranquilo2 .

¿Cómo podemos nosotros, personas modernas, ocupadas, competitivas, llegar a ser sumisas y tranquilas? ¿Cómo hacemos que los caminos del Señor sean nuestros caminos? Creo que comenzamos al aprender acerca de Él y pedir entendimiento. A medida que nuestra confianza en Él aumenta, nuestro corazón se abre, procuramos hacer Su voluntad y esperamos las respuestas que nos ayudarán a comprender.

29Mi cambio de corazón comenzó cuando tenía doce años y empecé a buscar a Dios. Excepto recitar el Padrenuestro3 , yo no sabía orar. Recuerdo que me hincaba, esperando sentir Su amor, y preguntaba: “¿Dónde estás, Padre Celestial? Sé que estás ahí, pero ¿dónde?”. Pregunté durante toda mi adolescencia. Tuve destellos de la realidad de Jesucristo, pero el Padre Celestial, en Su sabiduría, dejó que buscara y esperara durante diez años.

En 1970, cuando los misioneros me enseñaron acerca del plan de salvación del Padre y de la expiación del Salvador, mi espera terminó; acepté esas verdades y me bauticé. Seguir leyendo

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Dios está a la cabeza

3 de octubre 2015Liahona Noviembre 2015
Dios está a la cabeza
Por el élder M. Russell Ballard
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Los mandamientos y los convenios son preciadas verdades y doctrinas que se hallan en el Barco Seguro de Sion, donde Dios está a la cabeza.

En la última conferencia general de octubre, invité a los oyentes a seguir el consejo de Brigham Young de permanecer en el Barco Seguro de Sion, el cual es La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, y a sujetarse con ambas manos1. Desde entonces, me complace saber que algunos de mis familiares y otras personas estaban escuchando y me han preguntado: “¿Qué hay en el barco seguro a lo que podamos aferrarnos?”. Les recordé lo que dijo el presidente Young: “Nos encontramos en el barco seguro de Sion… [Dios] está a la cabeza, y permanecerá allí… Él dicta, guía y dirige. Si la gente tiene una confianza certera en su Dios, si nunca abandona sus convenios ni a su Dios, Él nos guiará correctamente”2.

Es obvio que nuestro Padre Celestial y el Señor Jesucristo han preparado el Barco Seguro de Sion con verdades eternas claras y sencillas que nos ayudarán a mantener el rumbo en medio de las aguas peligrosas de la vida terrenal. Las siguientes son solo algunas.

La Iglesia de Jesucristo siempre ha sido guiada por profetas y apóstoles vivientes. Aunque son mortales y están sujetos a las imperfecciones humanas, los siervos del Señor reciben inspiración para ayudarnos a evitar los obstáculos que constituyen una amenaza espiritual y ayudarnos a atravesar a salvo la vida terrenal hacia nuestro destino final, máximo y celestial.

Durante casi cuarenta años de estrecha relación, he sido testigo personal a medida que la sutil inspiración y la profunda revelación han llevado a la acción a los profetas y apóstoles, a las demás Autoridades Generales y a los líderes de las organizaciones auxiliares. Si bien no son perfectos ni infalibles, estos buenos hombres y mujeres han estado perfectamente dedicados a llevar adelante la obra del Señor tal como Él manda. Seguir leyendo

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Funciona de maravilla!

¡Funciona de maravilla!

Por el Presidente Dieter F. Uchtdorf
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Ruego que nos enfoquemos en “la sencillez que es en Cristo” y que permitamos que Su gracia nos eleve y nos transporte.


Mis amados hermanos y hermanas, queridos amigos, es un gozo estar con ustedes este día. Nos entristece ver tres asientos vacíos aquí en el estrado. Extrañamos al Presidente Packer, al élder Perry y al élder Scott. Los amamos y oramos por el bienestar de sus familias.

Durante este fin de semana de conferencia tendremos el privilegio de sostener a tres hermanos que han sido llamados por el Señor para tomar su lugar en el Cuórum de los Doce Apóstoles.

Nuestras oraciones a favor de ellos los fortalecerán al llevar el sagrado manto del apostolado. Seguir leyendo

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Un verano con la tía abuela Rosa

26 de septiembre 2015Liahona Noviembre 2015
Un verano con la tía abuela Rosa
Por el presidente Dieter F. Uchtdorf
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Al andar por sus propias sendas luminosas del discipulado, ruego que la fe fortalezca cada paso que den en su camino.

Mis queridas hermanas y apreciadas amigas. Estoy muy feliz de estar con ustedes y agradecido de estar en la presencia de nuestro amado profeta, el presidente Thomas S. Monson. Presidente: le amamos. Nos entristece la pérdida de nuestros tres preciados amigos y verdaderos apóstoles del Señor. Extrañamos al presidente Packer, al élder Perry y al élder Scott. Los amamos. Oramos por sus familias y amigos.

Siempre espero con anhelo esta sesión de la conferencia; la hermosa música y el consejo de nuestras hermanas inspiradas traen el Espíritu en abundancia. Soy una mejor persona después de estar entre ustedes.

Al meditar en lo que debía decirles hoy, vino a mi mente la forma en que enseñaba el Salvador. Es interesante cómo podía enseñar las verdades más sublimes utilizando historias sencillas. Sus parábolas invitaban a Sus discípulos a recibir las verdades, no solo con la mente sino con el corazón, y a relacionar los principios eternos con su vida diaria1 . Nuestro querido presidente Monson es también un experto en la enseñanza por medio de experiencias personales que conmueven el corazón2 .

11Hoy, yo también daré mi mensaje por medio de expresar mis pensamientos y sentimientos a través de una historia. Las invito a que escuchen con el Espíritu. El Espíritu Santo les ayudará a encontrar un mensajepara ustedes en esta parábola.

La tía abuela Rosa

La historia es sobre una jovencita llamada Eva. Hay dos cosas importantes que deben saber sobre Eva: una, es que tenía once años; y la otra es que ella no quería por nada del mundo ir a vivir con su tía abuela Rosa. Para nada, de ninguna manera.

Pero la madre de Eva iba a someterse a una operación que requería una recuperación lenta. Por ello, sus padres iban a enviarla a pasar el verano con su tía abuela Rosa.

Eva pensaba que había mil razones por las que eso no era una buena idea. En primer lugar, estaría lejos de su madre; también tendría que dejar a su familia y a sus amigas; además, ni siquiera conocía a la tía abuela Rosa. Agradecía la oferta, pero ella estaba muy bien donde se encontraba.

Sin embargo, ni sus argumentos ni sus gestos de desaprobación lograron cambiar la decisión. Así que, Eva empacó sus cosas e hizo el largo viaje con su papá hasta la casa de la tía abuela Rosa.

Desde el momento en que entró en la casa, la detestó.

¡Todo era tan viejo! En todos los rincones había libros viejos, botellas de colores extraños y recipientes de plástico repletos de cuentas, lazos y botones.

La tía abuela Rosa vivía sola; ella nunca se casó. Su única compañía era un gato gris al que le gustaba subirse a los lugares más altos de las habitaciones para observar desde allí, cual tigre hambriento, todo lo que ocurría abajo.

La casa en sí daba sensación de soledad; se hallaba en una zona rural donde las casas estaban muy distantes; no había niñas de la edad de Eva que vivieran cerca; eso hacía que Eva se sintiera sola.

Al principio, Eva no le prestó mucha atención a la tía abuela Rosa. Mayormente pensaba en su madre. En ocasiones, permanecía toda la noche despierta, rogando con toda el alma que su madre sanara; y aunque no sucedió de inmediato, Eva comenzó a sentir que Dios cuidaba de su madre.

Finalmente, les llegó la noticia de que la operación había salido bien. Ahora solo le quedaba a Eva esperar a que terminara el verano, ¡pero cuánto le costaba!

12Al no estar más preocupada por su madre, Eva comenzó a fijarse más en la tía abuela Rosa. Era una mujer grande, todo en ella era grande: su voz, su sonrisa, su personalidad. No le resultaba fácil moverse, pero siempre cantaba y se reía mientras trabajaba, y el sonido de su risa llenaba toda la casa. Todas las noches se sentaba en su abultado sofá, tomaba sus Escrituras y leía en voz alta. Mientras leía, a veces hacía comentarios como estos: “Oh, él no debió haber hecho eso”, o “¿qué no daría yo por haber estado allí?”, o “¿no es esa la cosa más hermosa que has oído?”. Y cuando las dos se arrodillaban a orar cada noche junto a la cama de Eva, la tía abuela Rosa decía oraciones hermosas, dando gracias por los pájaros azules, los pinos, las puestas de sol, las estrellas y “el milagro de estar vivas”. A Eva le parecía que Rosa conocía a Dios como a un amigo.

Con el tiempo, Eva hizo un descubrimiento sorprendente: ¡la tía abuela Rosa era probablemente la persona más feliz que había conocido jamás!

¿Pero cómo podía ser eso?

¿Qué tenía ella para ser feliz?

Nunca se había casado, no tenía hijos ni nadie que la acompañara, salvo su espantoso gato; y le costaba hacer aun las cosas más sencillas, como atarse los zapatos y subir las escaleras.

Cuando iba a la ciudad, se ponía unos escandalosos sombreros grandes y brillantes; pero las personas no se reían de ella; en vez de ello, la rodeaban y querían hablar con ella. Rosa había sido maestra de escuela, y sus antiguos alumnos, que ahora eran adultos y con niños, se detenían a conversar con ella. Le agradecían la buena influencia que había sido en su vida. Con frecuencia reían juntos, y a veces, lloraban.

Conforme transcurría el verano, Eva pasaba más y más tiempo con Rosa. Iban en largas caminatas y Eva aprendió a distinguir los gorriones de los pinzones. Recogía bayas de saúco y hacía mermelada de naranja. Se enteró de que su tatarabuela había dejado su amada tierra natal, había atravesado el océano y cruzado las praderas para unirse a los santos.

14Eva pronto hizo otro asombroso descubrimiento: No solamente era la tía abuela Rosa una de las personas más felices que conocía, sino que ella misma era más feliz cuando estaba con ella.

Los días del verano transcurrían más rápidamente ahora. Poco después, la tía abuela Rosa anunció que ya pronto sería tiempo de que Eva regresara a casa. Si bien Eva había estado aguardando ese momento desde el día en que llegó, ahora ya no sabía bien cómo sentirse. Se dio cuenta de que iba extrañar esa vieja casa extraña con su gato husmeador y a su amada tía abuela Rosa.

El día antes de que su padre llegara a buscarla, Eva hizo la pregunta que la había intrigado durante semanas: “Tía Rosa, ¿por qué eres tan feliz?”.

La tía Rosa la miró atentamente y luego la llevó a ver una pintura que estaba colgada en la sala principal; se la había regalado un querido y talentoso amigo.

“¿Qué es lo que ves?”, le preguntó.

Eva había notado el cuadro antes, pero no le había prestado atención. Era de una niña pionera que saltaba por un camino azul luminoso. El césped y los árboles eran de un verde intenso. Eva dijo: “Es una pintura de una niña que parece ir saltando”.

“Sí, es una niña pionera que va saltando alegremente”, dijo la tía Rosa. “Me imagino que los pioneros tuvieron muchos días sombríos y deprimentes; no podemos imaginar cuán dura era su vida. Pero en esta pintura todo es radiante y lleno de esperanza; la niña va saltando, y avanza hacia delante y hacia arriba”.

Eva estaba callada, y la tía abuela continuó: “Hay suficientes cosas en la vida que no van bien, así que cualquiera podría hundirse en el pesimismo y la melancolía. Sin embargo, conozco a personas que, aun cuando las cosas no resultan bien, se centran en las maravillas y los milagros de la vida. Esas son las personas más felices que conozco”.

“Pero uno no puede mover un interruptor y pasar de estar triste a contento”, dijo Eva.

“No, quizás no”, dijo la tía sonriendo, “pero Dios no nos hizo para estar tristes; ¡Nos creó para tener gozo!3 . Si confiamos en Él, nos ayudará a percibir las cosas buenas, luminosas y prometedoras de la vida; y ciertamente, el mundo se hará más brillante. No, no ocurre en un instante, pero francamente, ¿cuántas cosas buenas son instantáneas? Creo que las mejores cosas, tales como el pan hecho en casa y la mermelada de naranja, requieren paciencia y trabajo”.

Eva pensó por un momento, y dijo: “Quizás no sea tan sencillo para las personas que no tienen todo perfecto en la vida”.

“Querida Eva, ¿realmente crees que mi vida es perfecta?”. Ella se sentó con Eva en el abultado sofá. “Hubo una época en que estaba tan desalentada, que no quería seguir viviendo”.

“¿Tú?”, preguntó Eva.

La tía Rosa asintió. “Había tantas cosas que anhelaba en la vida”. Eva notó una tristeza en su voz que no había notado antes. “La mayoría de ellas nunca se cumplieron. Tuve una desilusión tras otra. Un día me di cuenta que la vida nunca sería como yo esperaba. Ese día fue muy deprimente; estaba dispuesta a darme por vencida y ser desdichada”.

“Y entonces, ¿qué hiciste?”.

“Por un tiempo, no hice nada. Solo estaba furiosa, y me volví insoportable”. Entonces se rio un poco, aunque no con su habitual risa sonora y envolvente. “‘No es justo’ era la frase que repetía en mi mente una y otra vez. Finalmente, descubrí algo que cambió mi vida por completo”.

“¿Qué fue?”

“La fe”, dijo tía Rosa, sonriendo. “Descubrí la fe, y la fe me llevó a la esperanza; y la fe y la esperanza me dieron la confianza de que algún día todas las cosas tendrían sentido, y que gracias al Salvador, lo malo se convertiría en bueno. Después de eso, vi que la senda ante mí no era tan sombría y polvorienta como creía. Empecé a notar los azules luminosos, los verdes intensos y los rojos vivos; y decidí que tenía una opción: podía estar triste y arrastrarme por la senda polvorienta de la autocompasión, o bien podía tener un poco de fe, ponerme un hermoso vestido y mis zapatos de baile, e ir saltando y cantando por la senda de la vida”. Ahora su voz era alegre, como la niña en el cuadro.

La tía Rosa tomó de la mesita sus libros gastados de las Escrituras y los puso en su regazo. “No creo que haya tenido una depresión clínica —no estoy segura de que uno pueda superarla solo— ¡pero sí me había convencido a mí misma de que era desdichada! Sí, había tenido algunos días lúgubres, pero toda mi amargura y preocupación no cambiaría las cosas, solo las empeoraba. La fe en el Salvador me enseñó que sin importar lo que había sucedido en el pasado, mi historia podía tener un final feliz”.

“¿Cómo sabes eso?”, preguntó Eva.

La tía Rosa buscó una página en su Biblia, y dijo: “Lo dice aquí:

“’Dios… morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos y será su Dios.

“Y enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá más muerte, ni habrá más llanto, ni clamor ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de ser’”4 .

La tía abuela Rosa miró a Eva y sonrió ampliamente mientras le susurraba, con un cierto temblor en su voz: “¿No es esto la cosa más hermosa que hayas oído jamás?”.

Realmente sonaba hermoso, pensó Eva.

15La tía Rosa dio la vuelta a varias páginas y señaló un versículo para que Eva lo leyera: “Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido al corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para aquellos que le aman”5 .

“Teniendo un futuro tan glorioso”, dijo la tía Rosa, “¿por qué dejarse consumir por cosas del pasado o del presente que no resultan como habíamos planeado?”.

Eva frunció el ceño: “Un momento”, dijo. “¿Estás diciendo que ser feliz significa solo mirar hacia una felicidad futura? ¿Toda nuestra felicidad será en la eternidad? ¿No puede haber algo de felicidad ahora?”.

“¡Claro que sí!”, exclamó la tía Rosa. “Niña querida, el ahora es parte de la eternidad; ¡no comienza solamente después de la muerte! La fe y la esperanza abrirán tus ojos para ver la felicidad que está delante de ti ahora.

“Conozco un poema que dice: ‘La eternidad la componen los Ahoras’6 . Yo no quería que mi eternidad estuviese compuesta de ‘Ahoras’ oscuros y temerosos; no quería vivir en la sombra de un búnker, apretando los dientes, cerrando los ojos y aguantando con resentimiento hasta el amargo final. ¡La fe me dio la esperanza que necesitaba para vivir con gozo el ahora!”.

“Y entonces, ¿qué hiciste?”, preguntó Eva.

“Ejercí la fe en las promesas de Dios y llené mi vida de cosas significativas. Volví a estudiar y obtuve una formación que me llevó a la carrera que amo”.

Eva pensó por un momento, y dijo: “Pero, seguramente el estar ocupada no es lo que te hizo ser feliz. Hay mucha gente ocupada que no es feliz”.

“¿Cómo puedes ser tan sabia siendo tan joven?”, preguntó la tía Rosa. “Tienes toda la razón. Y la mayoría de esas personas ocupadas e infelices han olvidado la cuestión más importante del mundo: lo que Jesús dijo que es la sustancia de Su Evangelio”.

“¿Y qué es eso?”, preguntó Eva.

“El amor —el amor puro de Cristo”, dijo Rosa. “Verás, todo lo demás en el Evangelio: todos los consejos, losdeberes y los mandamientos conducen al amor. Cuando amamos a Dios, deseamos servirle y ser como Él. Cuando amamos a nuestro prójimo, dejamos de pensar tanto en nuestros propios problemas y ayudamos a los demás a resolver los de ellos”7 .

“¿Y eso es lo que nos hace felices?”, preguntó Eva.

La tía abuela Rosa asintió y sonrió con los ojos llenos de lágrimas. “Sí, cariño. Eso es lo que nos hace felices”.

Nunca más fue la misma

Al día siguiente, Eva le dio un abrazo a su tía abuela Rosa y le agradeció todo lo que había hecho. Eva regresó a casa con su familia, a sus amigas y a su vecindario.

Sin embargo, ya nunca fue la misma.

17Al ir creciendo, Eva recordaba a menudo las palabras de su tía abuela Rosa. Con el tiempo, Eva se casó, tuvo hijos y vivió una vida larga y maravillosa.

Y un día, de pie en su casa contemplando una pintura de una niña pionera saltando por un sendero azul luminoso, se dio cuenta de que había llegado a la misma edad que tenía su tía abuela Rosa en aquel verano inolvidable.

Al notarlo, sintió que brotaba de su pecho una oración especial. Eva sintió gratitud por su vida, su familia, el evangelio restaurado de Jesucristo y por aquel verano de hacía tanto tiempo en que la tía abuela Rosa8 le enseñó acerca de la fe, la esperanza y el amor9 .

Una bendición

Mis amadas hermanas, mis amadas amigas en Cristo, espero y ruego que algo de esta historia les haya tocado el corazón e inspirado el alma. Yo sé que Dios vive y que las ama.

Al andar por sus propias sendas luminosas del discipulado, ruego que la fe fortalezca cada paso que den en su camino; que la esperanza abra sus ojos a las glorias que el Padre Celestial tiene reservadas para ustedes y que el amor por Dios y por todos Sus hijos les llene el corazón. Como apóstol del Señor, les dejo esto como mi testimonio y mi bendición; en el nombre de Jesucristo. Amén.

Notas
1. Véanse, por ejemplo, Mateo 13:24–30; 18:23–35; 20:1–16; 22:1–14; 25; Lucas 10:25–37; 15:11–32.
2. Véanse, por ejemplo, de Thomas S. Monson, “Guiados a salvo a casa”, Liahona, noviembre de 2014, págs. 67–69; “El amor: La esencia del Evangelio”, Liahona, mayo de 2014, págs. 91–94; “Nunca caminamos solos”, Liahona, noviembre de 2013, págs. 121–124; “La obediencia trae bendiciones”, Liahona, mayo de 2013, págs. 89–92.
3. Véase 2 Nefi 2:25.
4. Apocalipsis 21:3–4.
5. 1 Corintios 2:9.
6. “Forever—is composed of Nows,” en Final Harvest: Emily Dickinson’s Poems, seleccionados por Thomas H. Johnson, 1961, pág. 158; véase también poetryfoundation.org/poem/182912
7. Véase Lucas 9:24.
8. “Often the prickly thorn produces tender roses” (Ovid, Epistulae ex ponto, Libro 2, epístola 2, verso 34; “Saepe creat molles aspera spina rosas”).
9. Véase Moroni 7:42.

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Aquí para servir en una causa noble

26 de septiembre 2015Liahona Noviembre 2015
Aquí para servir en una causa noble
Por Carol F. McConkie
Primera Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes

Ruego que escojamos servir en na causa noble como valientes emisarias de nuestro Señor Jesucristo.

Me siento agradecida de poder reunirnos con mujeres fieles, como Lisa —la hermana en el video—, que son puras de corazón, que aman al Señor y lo sirven, aun en medio de sus propias pruebas. La historia de Lisa me recuerda que debemos amarnos unas a otras y ver la belleza del alma en cada una. El Salvador enseñó: “Recordad que el valor de las almas es grande a la vista de Dios”1 . Ya sea que tengamos ocho o ciento ocho años, cada una de nosotras es “de gran estima”2 ante Sus ojos. Él nos ama. Somos hijas de Dios y hermanas en Sion. Tenemos una naturaleza divina y cada una tiene una gloriosa obra que realizar.

Durante el verano, visité a una encantadora madre joven que tiene hijas. Compartió conmigo su sentimiento de que nuestras mujeres jóvenes necesitan una causa, algo que las ayude a sentirse valoradas. Ella sabía que podemos descubrir nuestro valor individual y eterno al actuar conforme a nuestro propósito divino en esta vida. Hoy, este hermoso y extraordinario coro entonó palabras que enseñan nuestro propósito. A través de las pruebas, aún a través de temor y en medio de la desesperación, tenemos un corazón valiente; estamos resueltas a hacer nuestra parte; estamos aquí para servir en una noble causa3 . Hermanas, todas somos valiosas en esta causa. Todas somos necesarias.

7La noble causa en la que servimos es la causa de Cristo; es la obra de salvación4 . El Señor enseñó: “… ésta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre”5 . Nosotras somos la causa por la que Jesucristo sufrió, sangró por cada poro y dio Su vida en perfecto amor. Su causa es la buena noticia: “… las buenas nuevas… Que vino al mundo, sí, Jesús, para ser crucificado por el mundo y para llevar los pecados del mundo, y para santificarlo y limpiarlo de toda iniquidad; para que por medio de él fuesen salvos todos”6 . Nuestro Salvador “marcó la senda y nos guio”7 . Testifico que, al seguir Su ejemplo, amar a Dios y servirnos las unas a las otras con bondad y compasión, podemos presentarnos en pureza “sin culpa ante Dios en el último día”8 . Nosotras elegimos servir al Señor en Su noble causa para que podamos llegar a ser unas en el Padre y en el Hijo9 .

El profeta Mormón resueltamente declaró: “Porque tenemos una obra que debemos efectuar mientras estemos en este tabernáculo de barro, a fin de vencer al enemigo de toda rectitud, y dar reposo a nuestras almas en el reino de Dios”10 . Los primeros líderes de la Iglesia y pioneros del pasado siguieron adelante con valor heroico y firme fidelidad para establecer el Evangelio restaurado y edificar templos donde pudieran efectuar las ordenanzas de exaltación. Los pioneros del presente, es decir, ustedes y yo, también seguimos adelante con fe para “… obrar en [la viña del Señor] en bien de la salvación de las almas de los hombres”11 . Y, como enseñó el presidente Gordon B. Hinckley: “… cuán maravilloso será el futuro, a medida que el Todopoderoso haga avanzar Su obra gloriosa… por medio [del servicio abnegado] de aquellos cuyo corazón esté repleto de amor por el Redentor de la humanidad”12 . ¡Nos unimos a las fieles hermanas del pasado, del presente y de la nueva generación cuando nos unimos en la obra de salvación! Seguir leyendo

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Dignas de las promesas prometidas

26 de septiembre 2015Liahona Noviembre 2015
Dignas de las promesas prometidas
Por Linda S. Reeves
Segunda Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro

La visión de las increíbles bendiciones prometidas de nuestro Padre debe ser el foco central ante nuestra vista cada día.

¿No sienten amor por esa hermana en el video? Sabemos que muchas de ustedes que no han tenido la oportunidad de tener hijos propios han dedicado su vida a amar, enseñar y bendecir a los niños; y por ello, ¡cuánto las ama nuestro Padre Celestial y nosotras, sus hermanas!

¿No hemos tenido todas, incluso nuestras queridas hermanas más jóvenes de la Primaria y de las Mujeres Jóvenes, la oportunidad de sostener en nuestros brazos a un bebé recién nacido y que nos mire a los ojos? ¿Hemos percibido el sentimiento sagrado y santo que envuelve a ese espíritu celestial que nuestro Padre Celestial recientemente envió a su cuerpecito puro y recién creado? Pocas veces he tenido sentimientos tan dulces, tiernos y espirituales.

Nuestros cuerpos son dones sagrados de nuestro Padre Celestial. Son templos personales. Al mantenerlos limpios y puros, podemos ser dignas de ayudar a nuestro Padre Celestial a crear cuerpos para Sus amados hijos en espíritu.

En el último discurso de conferencia general del presidente Boyd K. Packer, que tal vez recuerden como “una galleta y un beso”, él testificó que “el mandamiento de multiplicar y henchir la tierra… es esencial… y es la fuente de la felicidad humana. Mediante el ejercicio correcto de este poder [creativo], podemos acercarnos a nuestro Padre Celestial y experimentar una plenitud de gozo, e incluso la divinidad. El poder de procreación no es una parte secundaria del plan; es el plan”. Seguir leyendo

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Descubrir la divinidad interior

26 de septiembre 2015Liahona Noviembre 2015
Descubrir la divinidad interior
Por Rosemary M. Wixom
Presidenta General de la Primaria

Venimos a esta tierra a nutrir y a descubrir las semillas de la naturaleza divina que hay en nuestro interior.

Hermanas, ¡las amamos! Testifico que la vida es una dádiva. Dios tiene un plan para cada una de nosotras y nuestro propósito personal empezó mucho antes de que viniésemos a esta tierra.

Últimamente, he llegado a reconocer el milagro del nacimiento de un bebé como parte del plan del Señor. Cada una crecimos físicamente dentro del vientre de nuestra madre dependiendo por muchos meses de su cuerpo para sustentar el nuestro. Sin embargo, al final, el proceso del nacimiento —dramático tanto para la madre como para el niño— nos separó.

Cuando un bebé entra en este mundo, el cambio de temperatura, la luz y la repentina ausencia de presión en el pecho induce al bebé a tomar su primer aliento. Esos pequeños pulmones de repente se llenan de aire por primera vez, los órganos empiezan a funcionar y el bebé comienza a respirar. Al cortarse el cordón umbilical, esa fuente de sustento entre la madre y el bebé se separa para siempre y comienza la vida del bebé en la tierra.

Job dijo: “El espíritu de Dios me hizo, y el soplo del Omnipotente me dio vida”1 .

Venimos a este mundo “con destellos celestiales”2 . “La Familia: Una Proclamación para el Mundo” enseña que cada uno de nosotros “es un amado hijo o hija procreado como espíritu por padres celestiales” y “cada uno tiene una naturaleza y un destino divinos”3 . El Padre Celestial comparte con nosotras de manera generosa una porción de Su divinidad que yace en nuestro interior. Esa naturaleza divina proviene como una dádiva de Él con un amor que solo un padre puede sentir. Seguir leyendo

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Conferencia General octubre 2015

 

Sesión del sábado por la mañana   
¡Funciona de maravilla! Dieter F. Uchtdorf
Dios está a la cabeza Élder M. Russell Ballard
El gozo de vivir una vida centrada en Cristo Élder Richard J. Maynes
Entregar nuestro corazón a Dios Neill F. Marriott
¿Qué más me falta? Élder Larry R. Lawrence
La agradable palabra de Dios Élder Francisco J. Viñas
Organizar el barco al estilo Bristol: Sean dignos de entrar en el templo, en las buenas y en las malas épocas. Élder Quentin L. Cook
Sesión del sábado por la tarde  
El sostenimiento de los Oficiales de la Iglesia Presidente Henry B. Eyring
Cómo enfrentar los desafíos del mundo actual Élder Robert D. Hales
He ahí tu madre Élder Jeffrey R. Holland
Nunca es demasiado pronto ni demasiado tarde Élder Bradley D. Foster
Seremos probados y tentados, pero recibiremos ayuda Elder Hugo Montoya
Elegir la luz Elder Vern P. Stanfill
Acudan a Él y las respuestas llegarán Élder James B. Martino
Fortalecidos por la expiación de Jesucristo Élder Dallin H. Oaks
Sesión General del Sacerdocio  
La fe no es una casualidad, sino una elección Élder Neil L. Andersen
  Élder Randall K. Bennett
No temas, cree solamente Presidente Dieter F. Uchtdorf
No están solos en la obra Presidente Henry B. Eyring
Guarden los mandamientos Presidente Thomas S. Monson
Sesión del domingo por la mañana  
Sean un ejemplo y una luz Presidente Thomas S. Monson
Asombro me da Élder Ronald A. Rasband
Verdades claras y preciosas Élder Gary E. Stevenson
A través de los ojos de Dios Élder Dale G. Renlund
Una súplica a mis hermanas President Russell M. Nelson
Dejad que resuene el sonido claro de la trompeta Élder Gregory A. Schwitzer
Que siempre se acuerden de Él Élder Claudio R. M. Costa
El Espíritu Santo como su compañero Presidente Henry B. Eyring
Sesión del domingo por la tarde  
El porqué de la Iglesia Élder D. Todd Christofferson
Mi corazón las medita continuamente Devin G. Durrant
Benditos y felices son aquellos que guardan los mandamientos de Dios Elder Von G. Keetch
“Si me amáis, guardad mis mandamientos” Carole M. Stephens
  Elder Allen D. Haynie
Ojos para ver y oídos para oír Elder Kim B. Clark
Persevera en tu camino Élder Koichi Aoyagi
“Escogidos para dar testimonio de mi nombre” Élder David A. Bednar
Sesión General de Mujeres  
Descubrir la divinidad interior Rosemary M. Wixom
Dignas de las promesas prometidas Linda S. Reeves
Aquí para servir en una causa noble Carol F. McConkie
Un verano con la tía abuela Rosa Presidente Dieter F. Uchtdorf
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