La modestia: Reverencia hacia el Señor

La modestia: Reverencia hacia el SeñorLiahona Agosto 2008
Por el élder Robert D. Hales
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Robert D. Hales

Mientras las Autoridades Generales y los líderes de las organizaciones auxiliares de la Iglesia viajamos por toda la tierra, se nos hace evidente el hecho de que el mundo está cada vez más descuidado e informal; esto se manifiesta de diversas maneras, pero particularmente en la forma en que se viste la gente. Y también sucede entre algunos miembros de la Iglesia.

Esa inmodestia quizás provenga en parte de la indiferencia; tal vez sea resultado de una falta de comprensión o falta del ejemplo apropiado. Ya han pasado dos o tres generaciones de vestir descuidadamente, y es posible que no todos hayan tenido buenos ejemplos de sus padres en cuanto a la vestimenta apropiada y modesta. Las costumbres populares tampoco han proporcionado buenos ejemplos. Esta tendencia al descuido en el vestir puede también deberse en parte al hecho de que actualmente no es fácil encontrar prendas modestas en las tiendas.

Por tener presentes estas observaciones y desafíos, deseo hacer hincapié en la importancia de demostrar reverencia hacia nuestro Padre Celestial y de guardar los convenios que hemos hecho con Él, particularmente en lo que respecta a vestir de forma modesta y apropiada.

El principio de la modestia

Algunos Santos de los Últimos Días quizás piensen que la modestia es una tradición de la Iglesia o que proviene de una conducta conservadora y puritana. La modestia no es una simplemente cuestión de costumbre; es un principio del Evangelio que se aplica a la gente de todas las culturas y edades. De hecho, es una virtud fundamental para ser digno de tener el Espíritu. El ser modesto es ser humilde, y el ser humilde invita al Espíritu a estar con nosotros.

Por supuesto, la modestia no es nada nuevo; se la enseñó a Adán y a Eva en el Jardín de Edén: “Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió” (Génesis 3:21; véase también Moisés 4:27). Lo mismo que a Adán y a Eva, a nosotros se nos ha enseñado que nuestro cuerpo está formado a la imagen de Dios y, por lo tanto, es sagrado.

“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?

“…el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es” (1 Corintios 3:16–17).

Nuestro cuerpo es el templo de nuestro espíritu. Además, es el medio por el cual podemos traer almas de la presencia de Dios a su estado de seres mortales. Cuando reconocemos nuestro cuerpo como el don que es y entendemos la misión que nos ayuda a cumplir, lo protegemos y lo honramos con nuestra forma de actuar y de vestir.

En la vida cotidiana, la ropa inmodesta como los “shorts” [pantalón corto] que son muy cortos, las minifaldas, la ropa ajustada, las camisas o blusas que no cubren el abdomen y otras prendas reveladoras no son apropiadas. Los hombres y las mujeres —incluso los jóvenes de ambos sexos— deben usar ropa que cubra los hombros y evitar las prendas de escote bajo en el frente o en la espalda o que de cualquier otra forma sean reveladoras. Los pantalones y las camisas o remeras [camisetas] muy ajustados, las prendas demasiado holgadas, la ropa andrajosa y el cabello despeinado no son apropiados. Todos debemos evitar los extremos en la vestimenta, en el peinado y en otros aspectos de nuestra persona. Debemos estar siempre aseados, evitando el desaliño y el descuido en la apariencia 1 .

La modestia es esencial para ser puro y casto, tanto en pensamiento como en acción. Por consiguiente, debido a que nos guía e influye en nuestros pensamientos, conducta y decisiones, la modestia es una parte central de nuestro carácter. Nuestra vestimenta es más que una forma de cubrir el cuerpo; es un reflejo de lo que somos y de lo que queremos ser, tanto aquí en la tierra como en las eternidades por venir.

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Opongamonos al mundo

Opongamonos al mundo

Élder Dallin H. Oaks
Del Quorum de los Doce Apóstoles con la hermana Kristen M. Oaks

Charla Fogonera del SEI para Jóvenes Adultos • 4 de noviembre de 2007 • Instituto de Religión de Pocatello


La hermana Oaks y yo estamos encantados de estar aquí en Pocatello y de estar en este instituto de Pocatello, Idaho, para la transmisión de esta noche que va a muchos lugares del mundo. Para el beneficio del público que no está aquí presente, quisiera decir que hay un grupo muy grande de jóvenes adultos en la zona de Pocatello. Hay aproximadamente diez mil, de los cuales unos siete mil forman parte del estudiantado de la Universidad Idaho State, cuyo presidente, Arthur Vailas, nos acompaña esta noche junto con su esposa. El número de estudiantes matriculados en esta universidad es de unos catorce mil, así que la representación de estudiantes Santos de los Últimos Días es de un cincuenta por ciento. Esta es una comunidad excepcional de Santos de los Últimos Días del sureste de Idaho, y sentimos que es una gran bendición estar aquí en esta ocasión para realizar esta transmisión del SEI.

Las salidas en pareja en lugar de juntarse para pasar el rato: 

En mayo de 2005, cuando hablé en esta charla fogonera del SEI, me referí al hecho de salir en pareja con alguien del sexo opuesto en vez de estar juntos para pasar el rato. Eso causó tantas reacciones que creo que voy a analizar nuevamente el asunto antes de dedicarme de lleno al tema principal de esta noche.

Para beneficio de quienes no han oído acerca de ello, y para refrescar la memoria de quienes sí lo oyeron, voy a dar un breve resumen de mi mensaje anterior.

Primero: Me uní a otras personas que también habían expresado preocupación por la tendencia que tiene mucha gente joven, de más de veinte años, de posponer las responsabilidades matrimoniales y la vida familiar.

Segundo: Compartí la opinión de observadores bien informados que indican que las salidas en pareja casi han desaparecido de los campus universitarios y entre los jóvenes mayores en general, y han sido reemplazadas por algo que llaman “juntarse para pasar el rato”. Definí lo que es juntarse para pasar el rato y lo que es salir en pareja para el beneficio de quienes no comprendieran lo que significa ni lo uno ni lo otro. Una de las cartas que recibí después de mi discurso —que creo que era de una hermana de aquí de Idaho— proporcionó una definición nueva y mejor. El juntarse para pasar el rato, dijo ella, es “estar ocioso en grupo”.

Tercero: Analicé por qué el salir en pareja se había convertido en algo tan complicado y poco popular.

Luego di el siguiente consejo, que cito de ese discurso:

“Muchachos: si han regresado de la misión y todavía siguen el modelo de salidas que se les aconsejó que siguieran cuando tenían [16] años, es tiempo de que crezcan, sean valientes y busquen a alguien para conocerse mejor y salir juntos. Comiencen con diferentes salidas y con diferentes jóvenes y cuando vean que esa fase fructifica en una buena perspectiva, sigan con el cortejo y el noviazgo. Es hora de contraer matrimonio. Eso es lo que el Señor quiere para Sus hijos e hijas jóvenes mayores. Los hombres tienen la iniciativa, y deben empezar a salir en citas. Si no saben lo que es salir en pareja, quizás esta definición les ayude. La oí de mi nieta de 18 años. Una “salida en pareja” debe pasar la prueba de las tres P. (1) se planea con anticipación, (2) se paga por ella y (3) se hace en pareja.

“Jovencitas, resístanse a juntarse demasiado para pasar el rato y fomenten las salidas en pareja que sean sencillas, no costosas y frecuentes. No hagan que sea fácil para los hombres pasar el rato en lugares en los que ustedes proporcionan la comida. No apoyen a los aprovechadores. Una actividad de grupo de vez en cuando está bien, pero cuando ustedes vean muchachos cuya principal interacción con el sexo opuesto es juntarse para pasar el rato, creo que deben ponerle candado a la despensa y cerrar la puerta.

“Si lo hacen, entonces también deberían colgar un cartel que diga: “Abierto para salidas en pareja”, o algo por el estilo. Jovencitas… si persuadimos a los hombres a pedir a las jóvenes a salir en pareja más frecuentemente, debemos establecer una expectativa mutua de que salir en pareja no implica un compromiso continuo. Seguir leyendo

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La oración

La oración

Hermana Cheryl C. Lant
Presidenta General de la Primaria

Charla fogonera del SEI para jóvenes adultos • 9 de septiembre de 2007 Universidad Brigham Young


Me gustaría comenzar lo que hablaremos esta noche repasando una historia que todos conocemos muy bien. Es la de un joven que vivía en una ciudad grande. En muchos sentidos era como las ciudades en las que vivimos hoy: era ruidosa y estaba atestada de gente que realizaba sus actividades diarias del trabajo y el esparcimiento, personas frustradas y tensionadas por tratar de mantener el   ritmo de la vida que les rodeaba. La ciudad estaba llena de tentaciones. Muchas voces clamaban su atención, voces que lo invitaban a participar en deseos egoístas de cosas, poder, fama y placer; voces que lo animaban a hacer trampa un poco y a mentir otro tanto; voces que lo provocaban a unírseles porque todos lo hacían.

Ese joven tenía muchas decisiones que tomar. Tenía una familia que probablemente se parecía mucho a las nuestras, pues tenía virtudes y flaquezas. Sus padres eran personas buenas que tomaban en serio su responsabilidad de enseñar principios correctos a sus hijos y que deseaban que éstos siguieran al Señor, y que probablemente cometían errores de cuando en cuando al esforzarse por lograrlo. El padre era poseedor del sacerdocio. Era diligente en el cumplimiento de sus responsabilidades con su familia y con la Iglesia. Algunos de los hijos de esta familia eran respetuosos y obedientes, pero otros querían seguir su propia voluntad, tal como en nuestras familias.

Este joven era como ustedes, jóvenes, que están aquí esta noche. Él era inteligente, serio, respetuoso, diligente y obediente. Amaba a sus padres y a su familia, y amaba al Señor. Quería tomar decisiones correctas. Al igual que la mayoría de ustedes, escuchaba a su padre. Pero era difícil hacerlo, y al pasar el tiempo, llegó a ser cada vez más difícil. Las palabras de su padre lo separaban de sus amigos y del mundo que lo rodeaba. Quería y necesitaba saber por sí mismo si las cosas que su padre le enseñaba eran verdaderas.

En las Escrituras leemos cómo lo hizo y lo que ocurrió: “…teniendo grandes deseos de conocer los misterios de Dios, clamé por tanto al Señor; y he aquí que él me visitó y enterneció mi corazón, de modo que creí todas las palabras que mi padre había hablado” 1 Nefi 2:16.

Al verse ante decisiones que cambiarían el curso de su vida, ese joven humildemente acudió a su Padre Celestial en oración, y recibió una respuesta. El nombre de ese joven era Nefi.

Nefi tenía que tomar una decisión en su vida, muy similar a las que todos que tenemos que tomar diariamente. Aunque nuestro mundo aparente ser muy diferente del suyo, las influencias que lo presionaban eran muy similares a las que nos presionan a nosotros. Él tenía que elegir entre las cosas del mundo y las del Señor, y nosotros tenemos que hacer esa misma clase de elecciones. Nefi eligió poner su mente y su voluntad en manos del Señor. Eligió acudir a la única fuente de verdad y justicia por medio de la oración; eligió escuchar las respuestas que le diera el Señor, y eligió obedecer. Ese acto sencillo de orar no sólo abrió la puerta a una gran vida de oportunidad y bendiciones para Nefi, sino que también sirve como ejemplo para nosotros actualmente.

Nefi enseñó en 1 Nefi 19:23 que debemos “[aplicar] todas las escrituras a nosotros mismos para nuestro provecho e instrucción”. Así que esta noche vamos a hablar del gran principio del Evangelio demostrado por Nefi. Vamos a hablar de la oración. Vamos a acudir a las Escrituras y a los profetas para entenderla. Y vamos a “aplicar” esas enseñanzas a nuestra propia vida. Seguir leyendo

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El valor de la autoestima

El valor de la autoestima

Presidente James E. Faust
Segundo consejero de la Primera Presidencia

Charla fogonera del Sistema Educativo de la Iglesia para jóvenes adultos 6 de mayo de 2007 • Tabernáculo de Salt Lake City


Jóvenes adultos, es un privilegio estar con todos ustedes y sus líderes esta noche, aquí en nuestro querido y renovado Tabernáculo, y estar con los jóvenes que se encuentran en los centros de estaca cercanos o lejanos gracias a la transmisión vía satélite. Creo que estoy más cómodo de lo que ustedes están. Recuerdo cuando me sentaba en esas bancas y al haber sido renovado el Tabernáculo éstas no se cambiaron por otras más cómodas. Nos alegra verlos a ustedes, hombres y mujeres jóvenes maravillosos; estamos agradecidos por ustedes y apreciamos el hecho de que deseen avanzar y hacer lo que es recto y efectuar las cosas que el Señor desea que realicen en sus vidas. Ustedes, jovencitas, parecen saber lo que hacen y lo que desean hacer y los jóvenes están aprendiendo lo que deben hacer. Me gustaría decir algo a los jóvenes: No se dejen aconsejar mucho por sus temores. Piensen en eso.

Agradezco que la hermana Faust esté conmigo aquí. Cuando decidimos casarnos, le dije que yo necesitaría más preparación académica, que iba a necesitar su ayuda y que apreciaría su apoyo. Puedo decir sinceramente que ella me dio el apoyo que necesitaba y mucho más e hizo posible que hiciera algunas de las cosas que he hecho en mi vida. Debo decirles que el matrimonio incluye un compromiso de ayuda mutua y la hermana Faust ha sido mi mejor ayuda.

Hoy me gustaría hablar sobre la autoestima, es decir sobre lo que pensamos de nosotros mismos, lo que consideramos que otros piensan sobre nosotros y el valor de nuestros logros.

Hace tiempo, un ciudadano inglés desconocido ofreció esta oración: “Oh, Dios, ayúdame a tener una elevada opinión de mí mismo”. El presidente Harold B. Lee dijo que esa “debe ser la oración de cada persona; no una autoestima exagerada que se convierta en altivez, engreimiento ni arrogancia, sino un justo auto-respeto que podría definirse como la “creencia en nuestro propio valor; nuestro valor ante Dios y ante los hombres”1.

En efecto, la autoestima a la que me refiero no es ciega, arrogante, vana ni egoísta, sino una autoestima que implica autorespeto, honradez pero sin engreimiento, y que proviene de la paz y la fortaleza internas.

La autoestima se ubica en el centro mismo de nuestro progreso y logros personales; es como el pegamento que une nuestra autosufiencia, autocontrol y nuestra aprobación o desaprobación propias y conserva seguros todos los mecanismos de autodefensa. Nos protege del engaño, de la desconfianza y del remordimiento propio, así como del viejo y trillado egoísmo.

El valor de lo que se desconoce

Durante mi larga vida, he visto que no son necesariamente los más ricos y famosos quienes merecen el mayor respeto, sino los héroes anónimos, cuya verdadera identidad, como la del Soldado Desconocido, es advertida sólo por Dios. Con frecuencia, esa gente es de poca posición pero de un gran valor.

Ejemplos de acciones poco reconocidas

Crecí en la parte rural de este valle, en el área Cottonwood del Condado de Salt Lake y allí había un hombre que tenía una gran dignidad y que inspi­raba un gran respeto. Era un hermano escandinavo de edad quien, después de caminar un par de millas, viajaba por tranvía para trabajar en el cementerio de Salt Lake City todos los días; su trabajo era regar y cortar el césped, cuidar las flores y cavar las sepultu­ras. Hablaba poco porque su inglés no era muy bue­no, pero él era siempre lo que debía ser; hacía lo que debía de un modo ejemplar y digno. No tenía proble­mas con su ego ni con su fe pues mientras cavaba tumbas para subsistir, sentía que su trabajo era servir a Dios; ése era un hombre de poca posición pero de un gran valor.

El valor y el potencial de los discípulos de Cristo

Cuando el Señor llamó a Sus discípulos, Él no buscaba a hombres y mujeres de posición, con propiedades ni con fama. Él buscaba a los de valor y potencial. Esos primeros discípulos conformaban un grupo interesante: pescadores, colectores de impuestos, etc.

Luego de haber sido llamados como Apóstoles, no se enaltecieron ni se sintieron superiores. Una vez, después que algunos de ellos fueron golpeados, siguieron su camino, “regocijándose de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa de Su nombre” (Hechos 5:41).

El valor tiene poco que ver con la edad y mucho que ver con el servicio. El Señor ha dicho claramente que el valor propio se basa en el servicio, no sólo a los amigos y a la familia sino a los extraños y aún a los enemigos. En la obra Paraíso perdido, de John Milton, encontramos esta verdad:

Nada beneficia más
que una autoestima bien manejada
y establecida sobre lo que es justo y recto . Seguir leyendo

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Asiros con firmeza a las palabras de los profetas

Asiros con firmeza a las palabras de los profetas

Élder Neil L. Andersen
de la Presidencia de los Setenta

Charla Fogonera del SEI para los jóvenes adultos • 4 de marzo de 2007 Universidad Brigham Young


Hace treinta y tres años, mientras estudiaba en la Universidad Brigham Young, tuve una pequeña participación en una charla fogonera como la de esta noche. El orador fue el presidente Spencer W. Kimball y de pronto me encontré junto a él caminando hacia la entrada del Marriott Center. Le pregunté si alguna vez se había sentido nervioso al ponerse de pie ante una concurrencia tan grande. Sonriendo, respondió: “Hermano Andersen, ya sabe lo que las Escrituras dicen: ‘si estáis preparados, no temeréis’ (D. y C. 38:30). Estoy temblando de pies a cabeza”. Esta noche comprendo lo que él sentía.

Expreso mi amor y mi respeto por cada uno de los presentes y por ustedes que están reunidos alrededor del mundo. Sé de su bondad y devoción al Evangelio, de su fe y esperanza en el futuro, y de su deseo de complacer a su Padre Celestial. Ruego que el Espíritu del Señor bendiga mis palabras y también la comprensión de ustedes.

Asiros con firmeza a la barra de hierro

En nuestra reunión de esta noche, quiero hablarles de la guía de la mano del Señor. A principios de enero, me dediqué a organizar y a bosquejar lo que les iba a presentar. Como sabía que el élder David A. Bednar era quien estaba programado para hablarles en el mes de febrero, le pregunté si ya había terminado de preparar su presentación.

Me impresionó cuando me dijo que hablaría sobre asirse a la barra de hierro, que era el mismo tema que yo había elegido para mi discurso. El coro ya estaba practicando este maravilloso número con el cual nos acaba de deleitar.

Al hablar sobre el mensaje que tanto el élder Bednar como yo habíamos preparado, fue evidente que abordaríamos el tema de manera diferente. El élder Bednar pensó por un instante y después dijo: “El Señor ama a los jóvenes adultos de la Iglesia y existe un propósito en todo esto. Éste es el mensaje que el Señor desea que se dé”. Y tomé la determinación de seguir adelante.

Luego, sólo una semana más tarde y antes del discurso del élder Bednar, el presidente Boyd K. Packer, presidente en funciones del Quórum de los Doce Apóstoles, dio un discurso en un Devocional de BYU, titulado: El sueño de Lehi y tú1. Él también incluyó en su discurso lo que significa asirse con firmeza a la barra de hierro.

Mis hermanos y hermanas, este es un tema sobre el cual el Señor desea que ustedes reflexionen.

Del discurso del presidente Packer y del élder Bednar, y de su propio estudio del Libro de Mormón, recordarán los elementos clave del sueño de Lehi sobre el árbol de la vida. El élder Bednar nos enseñó que el árbol de la vida, que significa el amor de Dios, es una representación de Jesucristo, y que el gozo y la felicidad que se reciben al participar del fruto del árbol, simbolizan las bendiciones de la Expiación del Salvador (véase 1 Nefi 8:10; 11:8, 21-24)2.

También había un edificio grande y espacioso (véase 1 Nefi 11:35-36; 12:18). El discurso del presidente Packer me motivó a pensar de diferente forma de pensar en cuanto a esa parte del sueño.

También en el sueño había vapor de tinieblas (véase 1 Nefi 12: 16-17), que representa las tentaciones del diablo que oscurecen los senderos (véase 1 Nefi 8:19-22) que llevan al árbol. Por último, hay una barra de hierro (véase 1 Nefi 11:24- 25) que representa la palabra de Dios y que nos permite pasar con éxito a través del vapor de tinieblas y llegar al árbol.

El coro cantó en forma hermosa:
La barra de hierro firme es;
Asidla sin cesar.
La barra es la palabra de Dios;
a salvo nos puede guiar3.

Nos gustó mucho escuchar el himno en español y también en portugués, y cómo quisiéramos escucharlo en todos los idiomas de quienes nos escuchan esta noche.

Nefi nos prometió que “quienes escucharan la palabra de Dios y se aferraran a ella, no perecerían jamás; ni los vencerían las tentaciones ni los ardientes dardos del adversario para cegarlos y llevarlos hasta la destrucción” (1 Nefi 15:24).

La barra de hierro es la palabra de Dios. Me gusta pensarlo de esta forma: La palabra de Dios contiene tres elementos muy importantes que se entrelazan y se sostienen entre sí para formar una barra inamovible. Estos tres elementos son: Primero, las Escrituras o las palabras de los profetas antiguos. Recordarán la trascendental pregunta que el Élder Bednar hizo el mes pasado: “¿Leemos, estudiamos y escudriñamos ustedes y yo las Escrituras a diario de manera que podamos asirnos con firmeza a la barra de hierro?” 4

El segundo elemento de la palabra de Dios es la revelación y la inspiración personales que se reciben mediante el Espíritu Santo. El presidente Packer lo dijo de esta manera: Seguir leyendo

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Una reserva de agua viva

Una reserva de agua viva

Élder David A. Bednar
Del Quorum de los Doce Apóstoles

Charla Fogonera del SEI para Jóvenes Adultos • 4 de febrero de 2007 Universidad Brigham Young


Mi esposa y yo estamos agradecidos de estar aquí esta noche. Al viajar por el mundo, apreciamos las oportunidades de reunirnos con jóvenes fieles como ustedes y de aprender de ustedes. Esta noche pido la ayuda del Espíritu Santo mientras adoramos juntos y buscamos unidos recibir enseñanzas de lo alto (véase D. y C. 43:16).

Quiero comenzar con una pregunta sencilla. ¿Cuál es la sustancia o el artículo más valioso del mundo? Inicialmente podríamos pensar que el oro, el petróleo o los diamantes tienen el mayor valor, pero de todos los minerales, metales, joyas y disolventes de la tierra, la sustancia más valiosa es el agua.

La vida brota del agua y el agua sostiene la vida. El agua es el medio requerido para realizar las diversas funciones relacionadas con todas las formas de vida conocidas. Las dos terceras partes del cuerpo son agua. Una persona puede sobrevivir muchos días, incluso semanas, sin alimento, pero usualmente morirá en sólo tres o cuatro días sin agua. La mayor parte de los grandes centros de población están situados cerca de fuentes de agua fresca. En pocas palabras, la vida no podría existir sin el acceso a una cantidad suficiente de agua pura.

Agua viva

Dado el papel vital del agua para sostener toda forma de vida, el uso que hace el Salvador de la frase “agua viva” tiene suprema importancia. Tal como se describe en el capítulo cuatro de Juan, Jesús y Sus discípulos pasaron por Samaría al viajar de Judea a Galilea. En la ciudad de Sicar se detuvieron junto al pozo de Jacob.

“Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber.
“Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer.
“La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí.
“Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.
“La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva?…
“Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed;
“mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” (Juan 4:7-11, 13-14).

El agua viva a la que se refiere este episodio es una representación del Señor Jesucristo y Su evangelio. Y así como el agua es necesaria para sostener la vida física, también el Salvador, Su doctrina, sus principios y ordenanzas son esenciales para la vida eterna. Necesitamos diariamente su agua viva en grandes cantidades para sostener nuestro crecimiento y desarrollo espiritual.

Las escrituras son una reserva de agua viva

Las Escrituras contienen las palabras de Cristo y son una reserva de agua viva a la que tenemos fácil acceso y de la que podemos beber profundamente. Debemos acudir a Cristo y venir a Él, quien es “la fuente de aguas vivas” (1 Nefi 11:25; compárese con Éter 8:26; 12:28) al leer (véase Mosíah 1:5), estudiar (véase D. y C. 26:1), escudriñar (véase Juan 5:39; Alma 17:2), y deleitarnos (véase 2 Nefi 32:3) en las palabras de Cristo contenidas en las Santas Escrituras. Al hacerlo, podemos recibir guía y protección espiritual durante nuestra jornada mortal. Seguir leyendo

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Fe y obras en un mundo secular

Fe y obras en un mundo secular

Obispo Keith B. McMullin
Segundo Consejero del Obispado Presidente

Charla Fogonera del SEI para Jóvenes Adultos • 5 de noviembre de 2006 Universidad Brigham Young


Mis queridos hermanos y hermanas, qué solemne vista son ustedes, que poseen tantos estilos diferentes de vida y provienen de diferentes partes del país. Y pensar que esta tarde nos encontramos reunidos en la expansión del mundo. Entre este momento y la retransmisión de este programa, los jóvenes adultos de la Iglesia se reunirán y participarán en este evento. Es algo verdaderamente maravilloso.

Algo glorioso sucedió en la Conferencia General el mes pasado. La mayor parte del mundo ni siquiera se dio cuenta, pero para los amantes y conocedores de la verdad, fue tan inolvidable como el aplauso de 10.000 relámpagos.

Piensen en la sesión de clausura. El Coro del Tabernáculo dio voz al familiar son:

Te damos, Señor, nuestras gracias
que mandas de nuevo venir
profetas con tu evangelio,
guiándonos cómo vivir1

Súbitamente, los hombres y las mujeres, los niños y las niñas que estaban reunidos en el Centro de Conferencias se levantaron en reverencia y gratitud por las bendiciones pronunciadas en este himno. Nos pusimos de pie en agradecido reconocimiento por el hecho de que el Evangelio de Jesucristo ha sido restaurado, que Dios el Padre y Su Amado Hijo han hablado de los cielos, que José Smith fue un profeta y que el presidente Gordon B. Hinckley es el profeta del Señor en la tierra hoy en día.

Fue una experiencia espiritual conmovedora. Fue un momento en que los ciudadanos del reino de Dios, actuando bajo la influencia del Espíritu Santo, ¡se pusieron de pie como señal de su fe!

Ese día temprano, el presidente Hinckley había hablado tierna y agradecidamente sobre sus avanzados años y su salud. Siempre un ejemplo de fidelidad, una vez más dedicó su vida a los propósitos del Señor. Él dijo:

“El Señor me ha permitido vivir, aunque no sé por cuánto tiempo. Pero sea cual sea, seguiré dando lo mejor de mí para realizar la obra que se me ha encomendado…

… seguiremos adelante hasta que el Señor lo desee cuando llegue el momento de que deba haber un sucesor, el cambio se hará sin dificultades y de acuerdo con la voluntad de Él, porque ésta es Su Iglesia. Por tanto, seguimos adelante con fe; y la fe es el tema del cual deseo hablarles esta mañana”2.

Su mensaje llegó en el momento justo y fue inspirado. Fue un recordatorio espiritual de lo que es realmente la vida, y de cómo los hijos de nuestro Padre Celestial pueden superar todo obstáculo. Llegó a un mundo inmerso en la secularidad, la incredulidad y el pecado.

Secularidad

La educación en temas seculares contribuye mucho al mejoramiento de nuestro mundo. El aprendizaje secular del más alto nivel florece en una atmósfera de virtud, responsabilidad moral, verdad espiritual y fe.

Actualmente se promueven mucho las sociedades seculares. La gente y las naciones se enorgullecen de ser seculares, de centrarse en “lo mundano, o [en] aquello que no se considera religioso, espiritual ni sagrado”3.

Gran parte del mundo de hoy ve la secularidad como una parte vital de un gobierno equilibrado, justo y ordenado. De aquí que se desaliente a la gente a utilizar expresiones religiosas en los foros públicos y los derechos civiles se aseguren mediante las cortes y los procesos legislativos; tanto los hombres como las mujeres se alistan para buscar soluciones y compensaciones por medio de los litigios. En lo extremo, la secularidad de la sociedad pasa por alto el concepto de la vida eterna, coloca todo en el contexto del mundo natural; y, como consecuencia, se expone a las obras sin fe.

Se requiere una vigilia de gran esfuerzo para ser hombres y mujeres de fe en un mundo secular. Cuando nos vemos inundados por lo mundano, es la naturaleza humana “primero soportar, luego sentir lástima, y por último, aceptar”4. La secularidad inunda a la gente con tales resultados hoy en día. Seguir leyendo

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Dones del espíritu para tiempos difíciles

Dones del espíritu para tiempos difíciles

Élder Henry B. Eyring
del Quorum de los Doce Apóstoles

Charla fogonera del Sistema Educativo de la Iglesia para jóvenes adultos 10 de septiembre de 2006 • Universidad Brigham Young


Estoy agradecido por la bella música y por el Espíritu que nos ha traído. Agradezco la oportunidad de estar con ustedes esta tarde. Muchos de ustedes están aquí en el Centro Marriott de la Universidad Brigham Young; pero hay miles más que están escuchando y viendo en otros lugares del mundo. Yo no puedo verlos a todos, pero su Padre Celestial sí. Él sabe su nombre y conoce sus necesidades; Él conoce su corazón. Cada uno de ustedes tiene desafíos únicos y es mi oración ser inspirado para decir lo que Él desea que escuchen.

Bendiciones y desafíos de los últimos días

A pesar de que cada uno de nosotros es único, todos tenemos cosas en común. Todos nos encontramos en la prueba de la vida terrenal y, donde sea que vivamos, esa prueba se hará cada vez más difícil. Estamos en la última dispensación de los tiempos. Los profetas de Dios han visto estos tiempos por milenios. Ellos vieron que iban a suceder cosas maravillosas: habría una restauración del Evangelio de Jesucristo; la verdadera Iglesia se restauraría con profetas y apóstoles; el Evangelio se llevaría a toda nación, tribu, lengua y pueblo. Lo más maravilloso de todo, la verdadera Iglesia y sus miembros han de volverse dignos para la venida del Salvador a Su Iglesia y a Sus discípulos purificados.

Pero los verdaderos profetas vieron también que en los últimos días Satanás se enfurecería. Habría guerras y rumores de guerras que causarían mucho temor. El valor de muchos desfallecería; habría gran iniquidad y Satanás engañaría a muchos.

Sin embargo, felizmente, muchos no serían vencidos ni engañados. El hecho de que ustedes estén escuchando esta noche es prueba de que desean estar entre los que no serán vencidos ni engañados. Mi objetivo es enseñarles a alcanzar esa feliz y gloriosa meta.

El Espíritu Santo es la clave

La clave para cada uno de nosotros es aceptar y mantener el don que Dios nos ha prometido. Ustedes, que son miembros de la verdadera Iglesia de Jesucristo, recordarán que después de su bautismo los siervos autorizados de Dios les prometieron que podían recibir el Espíritu Santo. Algunos quizá sintieron que algo sucedió cuando se llevó a cabo esa ordenanza y muchos han visto el cumplimiento de esa promesa en su vida. Esta noche les diré cómo reconocer ese don, cómo recibirlo todos los días de su vida y cómo los bendecirá en el futuro.

Ustedes han sentido la apacible confirmación en su corazón y en su mente de que algo era verdad, y supieron que fue la inspiración de Dios. Para algunos puede haber ocurrido cuando los misioneros les enseñaron antes de su bautismo. Quizá lo sintieron durante un discurso o lección en la Iglesia; puede haber sucedido ya esta noche cuando se cantó o se dijo algo que es verdad de la misma forma en que ustedes y yo lo sentimos al escuchar el himno. El Espíritu Santo es el Espíritu de Verdad. Se siente paz, esperanza y gozo cuando nos habla al corazón y a la mente diciéndonos que algo es verdad. Casi siempre, también siento una sensación de luz. Cualquier sentimiento de oscuridad que haya tenido se disipa y aumenta el deseo de hacer lo correcto.

El Señor prometió que esas experiencias también podrían ser de ustedes. Aquí están Sus palabras, registradas en Doctrina y Convenios: Seguir leyendo

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Comienzos

Comienzos

Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Charla fogonera del SEI para jóvenes adultos • 7 de mayo de 2006 Instituto de Religión de la Universidad de Utah


Gracias, presidente Price, por sus amables comentarios. El presidente Hugh B. Brown me dijo una vez: “No tiene nada de malo escuchar halagos mientras uno no se los crea”.

Hace exactamente cuatro semanas  sufrí una caída, pero ya me estoy recuperando, aunque     todavía tengo que andar con cuidado. El presidente Gordon B. Hinckley y el presidente Thomas S. Monson les mandan su amor y sus saludos. El presidente Hinckley está bien; está muy bien; de hecho, en mi opinión no puede estar mejor. Por supuesto, es impresionante lo alerta, lo capaz y lo inteligente que es.

No voy a dar un discurso muy largo esta noche. Prefiero darles la oportunidad de sociabilizar por un rato, y les insto a hacerlo. Les vamos a otorgar una dispensa esta noche: cuando se despidan, pueden darse la mano. Veo a muchas jóvenes hermosas y a muchos jóvenes bien parecidos, y me gustaría decirles a los hombres jóvenes: “¡Abran los ojos!”. Y les diré algo más: “Si ustedes ponen las obras, yo pondré la fe”.

Agradezco la oportunidad de dirigirme a ustedes, estudiantes y compañeros, en esta transmisión vía satélite. También es un placer saludar a los miembros del profesorado y a los líderes de Instituto, muchos de los cuales he tenido el privilegio de conocer por muchos años.

Deseo utilizar como tema de mi mensaje una porción de las palabras de Pablo a los tesalonicenses: “Hermanos amados por el Señor… Dios os [ha] escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad” (2 Tesalonicenses 2:13). Pablo dice aquí que ustedes fueron escogidos desde el principio. Existen muchos comienzos o inicios. Algunos de ustedes están comenzando su importante carrera educativa. Cómo comienzan y hacia dónde se dirigen es de importancia trascendental. Pablo dice que fueron escogidos para salvación “mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad”. Pero hablemos un poco más sobre los comienzos.

El comienzo

Es posible que esta noche sea un comienzo para ustedes.

Cuando yo era joven, competía en carreras de atletismo en la escuela secundaria y más adelante en la universidad. Nos preparábamos diligentemente para las carreras, desafiando nuestros límites al correr más de la distancia requerida para la competición. Cuidábamos nuestra dieta y hacíamos una multitud de cosas a fin de prepararnos para esas carreras. En las carreras cortas, era sumamente importante el comienzo. Calculábamos con cuidado nuestra postura y luego la revisábamos otra vez antes de siquiera poner en posición los bloques de salida. Luego los asegurábamos sobre la pista, nos colocábamos en posición de salida, y nos levantábamos y nos agachábamos una o dos veces para acostumbrarnos a la posición. De hecho, ensayábamos la salida dos o tres veces. Sabíamos que, de no preparar y lograr una salida eficaz, no tendríamos esperanzas de llegar entre las primeras posiciones. El apóstol Pablo nos dio esta perspicaz admonición: “¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis” (1 Corintios 9:24). Claro que el premio es la vida eterna.

He descubierto que para lograr casi cualquier cosa, lo más difícil es comenzar. Un hombre sabio observó: “Al comenzar, la persona ya ha completado la mitad de la tarea”1. Mi padre fue abogado y juez, y cuando comencé a ejercer derecho, me aconsejó: “Asegúrate de redactar los alegatos correctamente desde el principio. Si están correctos, el caso marchará con mayor fluidez”. Seguir leyendo

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Miremos hacia adelante con la mira de la fe

Miremos hacia adelante con la mira de la fe

Élder Merrill J. Bateman
De la Presidencia de los Setenta

Charla fogonera del SEI para jóvenes adultos • 5 de marzo de 2006 • Universidad Brigham Young


Hermanos y hermanas, es un maravilloso placer estar aquí en el Centro Marriot otra vez y ver a tantos de ustedes reunidos con nosotros esta noche. Pero, más que eso, es maravilloso darse cuenta de que hay decenas de miles reunidos es diversos edificios por todo el mundo, quizá incluso cientos de miles. La hermana Bateman y yo visitamos Argentina y Uruguay la semana pasada, y sabemos que allí recibirán una transmisión por diferido el próximo domingo por la noche. Hay gente reunida por todas partes, lo cual demuestra su fe.

En agosto de 2005, el presidente Gordon B. Hinckley exhortó a “los miembros de la Iglesia de todo el mundo y a… amigos de todas partes a leer o releer el Libro de Mormón”. Él concluyó esa exhortación con una promesa: “Recibirán personalmente y en su hogar una porción mayor del Espíritu del Señor, se fortalecerá su resolución de obedecer los mandamientos de Dios y tendrán un testimonio más fuerte de la realidad viviente del Hijo de Dios”1.

La respuesta al llamado del profeta fue inmediata y de gran alcance. La gente de todas partes empezó a leer el libro: en sus casas, en aviones, durante el almuerzo, al levantarse por la mañana y antes de acostarse. Es probable que más personas hayan leído el Libro de Mormón durante la segunda mitad de 2005 que en ninguna otra época de la historia. Hace unos meses, un amigo mío iba en un vuelo entre Nueva York y Salt Lake City. Al caminar por el pasillo, vio que muchas personas viajaban leyendo el libro; aproximadamente en el medio del avión observó a dos personas que estaban sentadas frente a frente, ambas leyendo el Libro de Mormón y al detenerse a mirar en dónde estaban, le causó gracia ver que las dos estaban en la misma página.

El élder Richard G. Scott y yo nos encontrábamos en África en el mes de noviembre. En un devocional de un domingo por la noche, al que asistieron más de 2.000 miembros en el centro de la Estaca Accra, Ghana, el élder Scott preguntó cuántos estaban leyendo el Libro de Mormón; casi todos levantaron la mano. Diez días después, en Dar Es Salaam, Tanzania, me reuní con 200 santos y amigos en un devocional. Hice la misma pregunta; cerca de dos tercios levantaron la mano. Después de la reunión me enteré que muchos del tercio restante eran investigadores. Ahora, levanten la mano, ¿cuántos de ustedes leyeron el Libro de Mormón durante 2005? Al mirar a la congregación casi todos han levantado la mano, y supongo que sucedió lo mismo en Los Ángeles, Nueva York, Frankfurt, Tokio, Sao Paulo, Ciudad de México y en los muchos otros lugares donde están reunidos esta noche. ¡Qué manera tan extraordinaria de responder a la exhortación del profeta!

Yo también acepté el desafío y leí el libro. Experimenté el cumplimiento de las promesas que hizo el presidente Hinckley. Recibí una mayor porción del Espíritu del Señor, un testimonio más fuerte y se fortaleció mi resolución de obedecer los mandamientos del Señor. Permítanme compartirles lo que aprendí el año pasado al leer el Libro de Mormón. Seguir leyendo

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Resistan toda tentación del diablo

Charla fogonera del SEI para Jóvenes Adultos Solteros • 5 de febrero del 2006
Universidad de Brigham Young

Resistan toda tentación del diablo

Por el élder W. Rolfe Kerr
Del Primer Quorum de los Setentas

Charla fogonera del SEI para Jóvenes Adultos Solteros • 5 de febrero del 2006 • Universidad de Brigham Young


Se han congregado aquí, en este recinto de la Universidad de Brigham Young y en muchos otros lugares del mundo para escuchar al élder M. Russell Ballard del Quórum de los Doce Apóstoles.  Lamento decepcionarlos, pero al élder Ballard le fue imposible estar hoy aquí con ustedes, me siento honrado de que me hayan pedido que lo reemplazara. El deseo de él era estar aquí y les puedo asegurar que yo deseaba lo mismo. Otra vez, me siento honrado de tener que sustituirlo.

Hace exactamente 50 años atrás, me hallaba en el medio del océano a bordo de un enorme y bello trasatlántico que se acercaba a los muelles de Southampton, Inglaterra. Estaba por comenzar mi servicio como misionero en la Misión Británica. En ese tiempo los misioneros aún viajaban a las misiones en el extranjero por mar, en vez de hacerlo por aire. Creo que Orville y Wilbur Wright habían hecho su primer vuelo para ese entonces, pero aún así fue mucho tiempo atrás.

Quiero que sepan que me encantó mi misión. Significó mucho para mí entonces y ha continuado a través de los años siendo el símbolo de muchas cosas buenas en esta vida. La solidez de mi testimonio fue unas de las mayores bendiciones de mi misión. Tenía lo que consideraba era un fuerte testimonio antes de ser llamado a servir, pero el enseñar y testificar de la verdad divina hizo que ese testimonio creciera en mi corazón y en mi alma de tal modo que me mantuviera a través de cualquier prueba o desafío. No sé qué haría sin el Evangelio. Siempre estaré agradecido por mi misión, por mi testimonio y por el escudo protector que he sentido gracias a mi fe en el Salvador. Ese escudo de fe ha sido una protección moral y espiritual a través de los años.

La fe en Jesucristo es nuestra mejor defensa en contra de la tentación

Esto me lleva a la idea central de lo que me gustaría compartir con ustedes esta noche. En el Libro de Mormón leemos el consejo y la instrucción de Alma a su hijo Helamán. Entre otras cosas le amonestó a Helamán: “inculca en [este pueblo] un odio perpetuo contra el pecado y la iniquidad.” Le instó, “predícales el arrepentimiento y la fe en el Señor Jesucristo.” Y ahora escuchen estas palabras, Alma dijo:. . .enséñales a resistir toda tentación del diablo, con su fe en el Señor Jesucristo” (Alma 37:32—33). ¿Pueden ver y sentir el significado y el poder en esas palabras, para ustedes o mejor dicho para todos nosotros?

Alma prosiguió su instrucción a Helamán diciendo: “Enséñales a no cansarse nunca de las buenas obras, sino a ser mansos y humildes de corazón; porque éstos hallarán descanso para sus almas.

¡Oh recuerda, hijo mío, y aprende sabiduría en tu juventud; sí, aprende en tu juventud a guardar los mandamientos de Dios!…

Consulta al Señor en todos tus hechos, y él te dirigirá para bien” (Alma 37: 34-37). Este es un consejo maravilloso y apropiado para todos nosotros, jóvenes y adultos.

La mejor y más segura defensa que tenemos contra las tentaciones del diablo es en nuestra fe en Cristo, nuestra fe en Su gran sacrificio expiatorio, nuestra fe y testimonio del Evangelio de Jesucristo. Con fe y un testimonio firme y consciente en su lugar, los dardos de fuego del maligno no podrán traspasar sus almas. Recalco la importancia de tener fe y un testimonio, no sólo firme en su lugar, sino también de manera consciente. Si piensan conscientemente en el Salvador, no permitirán que las tentaciones los dominen. Más importante aún, si tienen al Salvador y su firme y consciente en Él en la mente y en el corazón, ni siquiera se permitirán a sí mismos estar en situaciones tentadoras. Dicho de otro modo; dejen que su fe en Cristo los proteja de la influencia del diablo. En caso de necesidad, dejen que su fe en Cristo genere en su vida una “experiencia como la de José”. Recuerden a José, el que fue vendido para Egipto y se convirtió en un siervo favorecido de Potifar, el capitán de la guardia del faraón. La esposa de Potifar tenía intenciones impuras hacia José, pero éste se negó y la rechazó de inmediato y rotundamente diciendo: “¿Cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?”. Ella siguió adelante con sus intenciones y las Escrituras nos dicen que José huyó y salió, él “pudo salir de esa situación tentadora”. Resistió la tentación del diablo gracias a su fe en el Señor Jesucristo. (Véase Génesis 39: 7-12.) Seguir leyendo

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Las decisiones determinan nuestro destino

Las decisiones determinan nuestro destino
Presidente Thomas S. Monson
Primer consejero de la Primera Presidencia

Charla Fogonera del SEI para jóvenes adultos • 6 de noviembre de 2005 Universidad Brigham Young

Son un grupo glorioso, sí, una generación escogida, reunidos tanto aquí en el Centro Marriott de la Universidad Brigham Young como en otros diversos lugares. Es un honor para mí el estar con ustedes, y deseo que sepan que no hay otro lugar en esta tierra en el que desee estar en esta ocasión.

Abordo esta asignación después de una ferviente oración individual. Pido de su fe y de sus oraciones.

Al mirarlos reunidos aquí y considerar a los que están reunidos en otros lugares, pienso en sus padres. Por muchos años, casi cada semana tenía el privilegio de asistir a las conferencias de estaca y de quedarme en la casa de un presidente de estaca o en la de uno de sus consejeros. Algunas veces, sucedían cosas interesantes. Había ocasiones en las que un hermano o hermana pequeño, sin saber que papá o mamá habían cedido su cuarto y su cama a una Autoridad General, sigilosamente entraban al cuarto en la madrugada y pensaban que se subían a la cama con la mamá o el papá, sólo para sorprenderse, confundirse y descubrir que ese no era el caso.

Hace muchos años, al visitar la estaca de Indianápolis, recuerdo como el presidente Lowe, quien trabajaba en la Universidad Purdue, me digo: “Hermano Monson, ¿le gustaría venir a mi casa y quedarse con nosotros el sábado por la tarde o preferiría no manejar los 64 kilómetros y quedarse en Indianápolis con mi consejero?”.

Le respondí: “Bueno, presidente, ya es tarde y si le da igual, me quedaré aquí con su consejero, en Indianápolis”.

A la mañana siguiente el presidente Lowe me saludó a las 8 y me dijo: “Hermano Monson, tomó una decisión inspirada”.

Le pregunté: “¿A qué se refiere?”.

“Bueno”, contestó, “tenemos un hijo que estudia en la universidad y que no vive en casa, y anticipábamos, por supuesto, que usted ocuparía nuestro cuarto el sábado por la noche; sin embargo, sin saberlo y de forma inesperada, nuestro hijo regresó a casa de la escuela a las dos de la mañana, se metió por la puerta principal, subió las escaleras a nuestro cuarto, prendió las luces y gritó, ‘¡sorpresa!”.

Si me hubiera quedado en esa ocasión con el presidente de estaca, no estoy seguro de quién se hubiera sorprendido más, ¡su hijo estudiante o yo! Creo que fue bueno que no lo averiguáramos.

Bueno, mis queridos amigos, ¡les aguarda una vida emocionante! Quizás no sean un Juan Gaboto, navegando el mar con orden del rey de descubrir nuevas tierras, ni sean un James Cook, al cual sus viajes de descubrimiento lo llevaron a “lugares lejanos con nombres extraños”1. Pero ustedes pueden ser exploradores en espíritu, con la orden de mejorar este mundo descubriendo maneras de superar la forma de vivir y de hacer las cosas. El espíritu para explorar, ya sea la superficie de la tierra, el vasto espacio, o los principios de una buena vida, comprende la capacidad de enfrentar los problemas con valor, la desilusión con alegría y el triunfo con humildad. Seguir leyendo

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Las escrituras: deseables más que el oro; y dulces más que miel

Charla fogonera del SEI para los jóvenes adultos • 11 de septiembre de 2005 • Universidad Brigham Young
Las escrituras: deseables más que el oro; y dulces más que miel
Susan W. Tanner
Presidenta General de las Mujeres Jóvenes

Susan W. TannerGracias por ese maravilloso coro. La música fue hermosa, e invitó al espíritu. Agradezco también la primera oración. Me di cuenta de que en la oración se pidió que cada uno de nosotros sintiera el espíritu esta noche y que recibiera inspiración en lo que necesitara en particular. Esa también es mi oración. Me siento muy agradecida por la oportunidad de estar esta noche con ustedes, aunque preferiría que este momento se pareciera más a aquellas charlas antiguas alrededor de la chimenea donde poder acercarnos a la lumbre y tener una conversación personal, tal y como haría si ustedes fueran mis propios hijos, quienes son de su misma edad. Comenzaré hablándoles de mi hija que está sirviendo una misión. (¿No es eso lo que hacen la mayoría de las madres con hijos misioneros?) Hace poco le escribí diciéndole que esta noche hablaría de mi amor por las Escrituras, y esto es lo que me respondió:

“¡Me ilusiona que mi madre vaya a hablar sobre el estudio de las Escrituras! Creo que uno de los aspectos en los que más he cambiado es en la manera de estudiarlas. Ahora amo estudiar las Escrituras; me entusiasmo cada vez que tengo la oportunidad de hacerlo. Apenas puedo explicarlo, excepto que se asemeja a Alma 32:28, donde se dice que la palabra se torna deliciosa. ¡Me encanta! ¡Antes me gustaban las Escrituras, pero ahora las amo! Mi compañera dice que siempre sabe el momento en que voy a compartir un pasaje cuando estamos enseñando porque mis ojos se iluminan y comienzo a pasar hojas. Me encanta responder las preguntas de las personas a través de las Escrituras” (Correspondencia personal).

Espero que mi hija tenga la oportunidad de oír este mensaje en Australia y que se motive aún más, si es posible, durante su estudio de las Escrituras. De igual modo, espero que la palabra también se torne deliciosa para ustedes, como lo es para ella y para mí, porque ciertamente las Escrituras son “deseables… más que el oro… y dulces más que miel” (Salmos 19:10).

La dulzura de las Escrituras

¿Se acuerdan de Tevye, del musical El violinista en el tejado, el pobre lechero con cinco hijas que soñaba con ser rico? ¿Cuáles serían sus anhelos si fueran ricos? Probablemente desearían lo mismo que él: ser importante, tener una casa grande, no tener que trabajar tanto, etc. Sin embargo, ésos no eran sus deseos más recónditos. Su sueño más preciado, en caso de ser rico, puede resultarnos un tanto extraño. Recuerden, él cantó:

“Si yo fuera rico, tendría todo el tiempo del que ahora no dispongo para sentarme en la sinagoga y orar.

Y  tal vez disponer de sitio en el Muro de las Lamentaciones,

Y  analizar las Escrituras con los doctos siete horas cada día.

¿Qué hay más dulce que eso?” Seguir leyendo

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La dedicación de toda una vida

La dedicación de toda una vida
Élder Dallin H. Oaks
del Quorum de los Doce Apóstoles

Transmisión del SEI para Jóvenes Mayores • 1° de mayo de 2005 • Oakland, California

Dallin H. OaksMis hermanos y hermanas: Estoy muy agradecido al coro por esa música tan inspiradora, y agradezco al presidente Steven Edgren esa presentación.

Me siento muy feliz de estar aquí en Oakland. Tanto a los que se encuentran aquí, como a los que están en otros lugares, les agradezco su presencia.

Me siento contento de hablar a esta audiencia de jóvenes mayores de 18 a 30 años de edad. Nuestra hija más pequeña está entre esas edades, como así también 15 de nuestros 28 nietos. Es por eso que tengo un interés especial en las personas de 18 a 30 años.

Vivan el Evangelio día a día

Al hablarles a ustedes, hablo al futuro. Ustedes son los futuros líderes de los negocios, de la educación, de la ciencia, de las ciudades, de los estados, de los países y de la Iglesia. Y aún más importante, ustedes son los futuros líderes de las familias de la Iglesia.

En preparación para esta noche, estudié un discurso que se pronunció en una charla fogonera para Jóvenes Mayores reciente, que se llevó a cabo el domingo 6 de febrero en el Centro Marriott de la Universidad Brigham Young. El orador fue el élder Russell M. Nelson del Quórum de los Doce. Para mí, el estudiar su discurso fue a la vez edificante y conmovedor.

Ustedes recordarán que el élder Nelson les pidió que pensaran “en ustedes, no en como son ahora, sino en lo que podrían llegar a ser dentro de 50 años”. Les preguntó: “¿Qué desearían ser en 50 años?”. Y luego les impartió un extraordinario mensaje acerca de “La fe y las familias”. Les habló sobre su propia vida y la de su querida compañera Dantzel. Habló sobre su larga lucha para obtener una profesión. Habló sobre las decisiones que tomaron durante su vida matrimonial, buscando siempre primeramente el reino de Dios. La fe, dijo, ha sido siempre la “estrella que nos ha guiado en la vida matrimonial”. Recordó el hecho de que no pudo cobrar por sus servicios como cirujano sino hasta después de terminar sus estudios de 12 años en la facultad de medicina. Para ese entonces tenían cinco hijos. Pueden imaginar la fe que ejercieron y los sacrificios que hicieron para sacar adelante a su familia mientras el Dr. Nelson terminaba ese largo período de preparación profesional. (Véase La fe y las familias [charla fogonera del SEI para Jóvenes Mayores, 6 de febrero de 2005, págs. 1-2.)

Si escucharon el extraordinario mensaje que el élder Nelson dio en la conferencia de abril, sabrán por qué fue para mí conmovedor leer su discurso del SEI del pasado 6 de febrero. En él, rindió un maravilloso y merecido tributo a su querida compañera y, sólo seis días después, ella falleció repentinamente. En verdad, tal como el élder Nelson nos enseñó, la vida tiene sorpresas inesperadas y, por consiguiente, no sólo debemos pensar qué desearíamos ser en 50 años, sino también vivir día a día para estar siempre listos por si en forma inesperada se nos llama a dejar esta vida. Seguir leyendo

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La bendición del trabajo

La bendición del trabajo
Élder David E. Sorensen

De la Presidencia de los Setenta Charla Fogonera del SEI para Jóvenes Adultos 6 de marzo de 2005 Universidad Brigham Young

David E. SorensenMe gustaría expresar mi agradecimiento a todos los líderes del Sacerdocio que nos han acompañado esta noche y a sus respectivas esposas. Estoy especialmente agradecido de que el élder y la hermana Samuelson estén con nosotros. Fue un privilegio trabajar con élder Sanuelson en el Departamento de Templos por muchos años. Puedo asegurarles a los estudiantes de la Universidad Brigham Young, como también al profesorado que son bendecidos de estar bajo el liderazgo del Rector y la hermana Samuelson.

Esta noche, mientras pensaba en lo que deseaba decirles a ustedes, los jóvenes de la Iglesia, me di cuenta de que muchos son estudiantes. La realidad es, mis queridos amigos jóvenes, que todos somos estudiantes del Evangelio, ¿no?

Había una vez un hombre. Su nombre no es importante. Trabajaba para el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos. Su trabajo era investigar casos que envolvían dinero falso. Era tan experimentado en su trabajo que todo lo que tenía que hacer era darle una rápida mirada a un billete para saber si era genuino o falso. Una noche, durante una conferencia de prensa, después de resolver un caso importante de falsificación de dinero, uno de los periodistas le dijo lo siguiente. Usted debe pasar mucho tiempo estudiando billetes falsificados para poder reconocerlos tan fácilmente.

La respuesta a su declaración fue: “No. Yo ni siquiera estudio billetes falsificados, sino los billetes genuinos; entonces me es fácil reconocer las imperfecciones”.

Así es con el Evangelio, queridos hermanos y hermanas. He escuchado a algunas personas decir que sólo estudian literatura antimormona para rebatirla y para que cuando se les presenten esas preguntas sepan defenderse. Nosotros no estamos aquí para atacar ni para defender la Iglesia. Estamos aquí para enseñar el Evangelio de Jesucristo. No hay necesidad de estudiar lo falsificado porque tenemos la verdad. A medida que uno estudia la Iglesia verdadera, permitamos que el espíritu obre en nosotros; tendremos las respuestas y cómo responder antes las varias situaciones a las que nos enfrentemos. Concerniente al Libro de Mormón, este joven misionero me dijo algo que ha probado ser verdad con los años: “Recuerde que no es el Libro de Mormón lo que está en tela de juicio, sino nosotros”.

En esta ocasión, les hablaré de uno de los principios más básicos del Evangelio: la doctrina del trabajo. Espero que mis palabras les sirvan de guía en su trabajo actual y futuro.

Aquellos que terminan sus estudios o que ya forman parte del mercado laboral, puede que se planteen preguntas como éstas cuando busquen empleo: “¿Cuál es mi jornada laboral? ¿Qué beneficios laborales tendré? ¿Qué días tendré libre? ¿Dispondré de tiempo para salir con mis amigos o continuar con mis pasatiempos?”. Sin embargo, cuando se concentran en las preguntas de su tiempo libre en lugar de hacerlo en los requerimientos del trabajo, podrían llegar a perder una oportunidad aún mayor.

La obra de Dios

El trabajo es un principio eterno. ¿Conocen a alguien que tenga todas las riquezas de la tierra y más… y siga trabajando? ¡Nuestro Padre Celestial! Él es un trabajador. Nuestro Padre Celestial y Jesucristo nos han mostrado, por medio de Sus ejemplos y enseñanzas, que el trabajo goza de importancia tanto en el cielo como en la tierra. Jehová trabajó para crear los cielos y la tierra; juntó las aguas en un lugar e hizo aparecer la tierra seca; creó el sol, la luna y las estrellas; creó toda criatura del mar y de la tierra. Luego, el Padre puso a Adán y a Eva sobre la tierra para que cuidaran de ella y gobernaran a las demás criaturas (véase Génesis 1:1-28.) Seguir leyendo

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