La revelación base del Evangelio

Conferencia General 132a

La revelación base del Evangelio

Henry D. Moylepor el presidente Henry D. Moyle

En la historia del mundo, ¿cuántas veces han debido los pueblos, a fin de obtener una herencia espiritual, soportar amargas experiencias? Así como los hijos-de Israel tuvieron que pasar penurias al salir de aquel Egipto que los esclavizara durante 4 siglos, también nuestros padres debieron sufrir aflicciones para arribar a estos valles donde la obra del Señor sería más ampliamente desplegada, después de 17 largos años de atroz persecución en los estados de Nueva York, Ohío, Misurí e Illinois, y aún durante la travesía de las montañas hasta llegar a Utah.

En el proceso de la restauración de la Iglesia, se han repetido las características de cada dispensación. Desde la restauración del evangelio en 1830, los negocios del Padre con sus hijos aquí en la tierra han reflejado una notable similitud con los de anteriores generaciones. Y esta semejanza se relaciona principalmente con dos mayores aspectos: primero, la persecución; y segundo, la revelación. El pueblo del Señor ha sido probado en la adversidad en todas las edades. Y si la persecución ha continuado, ¿por qué no la revelación?

¿Debemos acaso decir con las demás iglesias del mundo: “Los ciclos están cerrados.» y que no puede haber habido más revelaciones desde que Juan completara su libro del Apocalipsis? Nosotros sabemos y testificamos al mundo que la supervivencia de nuestra fe en Dios depende enteramente de Su propia dirección actual. ¡Cuán impotente ha sido el hombre cada vez que se ha visto abandonado y dejado solo con las revelaciones del pasado! Sin la presente comunicación entre Dios y el hombre, los cimientos mismos sobre los que esta última Dispensación del Cumplimiento de los Tiempos fuera edificada, se desmoronarían. Ni hoy ni nunca podría existir el evangelio en su plenitud sin la revelación divina.

¡Oh, cuánto quisiera que el mundo entendiera las palabras del Salvador a Pedro y los otros apóstoles del Meridiano de los Tiempos! Ello les haría comprender entonces que el verdadero conocimiento de Dios se obtiene sólo mediante la revelación corriente. Todos sabemos que el Señor preguntó a Sus discípulos inmediatos:

“. . . Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no le lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.” (Mateo 16:15-17.)

Pedro fué divinamente comisionado para recibir revelaciones para la Iglesia durante todo el tiempo en que permaneció a la cabeza de la misma. Y fué perseguido hasta llegar a ser un mártir. Después de su muerte, fué sucedido por Juan, a quien, a partir de entonces, el Señor le reveló las cosas como Presidente de Su Iglesia. El último libro del Nuevo Testamento contiene dichas revelaciones; Juan había sido desterrado a la isla de Patmos después de haber sido grandemente perseguido y allí las recibió.

En su epístola a los Efesios, Pablo dice que la Iglesia es edificada “sobre el fundamentó de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo del Señor.” (Efesios 2:20-21) Seguir leyendo

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La Iglesia Divina

Conferencia General 132a

La Iglesia Divina

David O. McKay

por el presidente David O. McKay

Hace ciento treinta y dos años, obedientes a un mandamiento específico de Dios, unas pocas personas se reunieron en la casa de Pedro Whítmer, con el propósito de organizar la Iglesia.

Se trataba sólo de un grupo de amigables vecinos, desconocidos para aquellos que vivían más allá de los linderos de la comarca en la que desempeñaban sus tareas cotidianas. Un vivido cuadro de la condición moral y económica del vecindario, puede deducirse de la siguiente introducción de uno de los individuos que participaron de tal acontecimiento: José Knight. Este hombre “poseía una granja, un molino harinero y una Máquina de cardar lana. No era rico, pero tenía bienes terrenales suficientes como para asegurarse a sí mismo y asegurar a su familia un futuro provisto no sólo de todos los menesteres, sino también de las comodidades de la vida. Era un hombre sobrio y honesto, generalmente respetado y amado por sus vecinos y amigos. No pertenecía a ninguna secta religiosa, pero fué siempre un firme creyente en la doctrina del Universalismo. Sus negocios requerían la ocupación de algunos hombres, a raíz de lo cual llegó a contratar ocasionalmente al profeta José. El joven Profeta narró a la familia Knight muchas de las cosas que el Señor le había revelado con respecto al Libro de Mormón, que aún no había aparecido.” (History of the Church, tomo 1, página 47.)

Como él (José Knight), eran también casi todas las demás personas que se reunieron en solemne asamblea el 6 de abril de 1830 en el hogar de Pedro Whítmer, situado en Fayette, condado de Séneca, estado de Nueva York. Hace hoy de esto, exactamente 132 años.

Los medios de comunicación eran entonces bastante primitivos—recién siete años después era inventado el telégrafo. Las luces con que la casa contaba después del atardecer eran provistas por velas, o quizás por alguna lámpara de querosén. La primera lamparilla eléctrica llegaría a conocerse recién cuarenta años más tarde. Casi una vida—sesenta años—pasaría antes de que el primer automóvil paseara por las calles de la ciudad. El aeroplano existía sólo en los ámbitos de la imaginación. Con todo, un año antes de que la Iglesia fuera organizada, bajo la inspiración divina del Señor, José Smith había escrito:

Una obra maravillosa está para aparecer entre los hijos de los hombres.” (Doc. y Con. 4:1.)

No existen evidencias de que un oscuro muchacho haya hecho antes una declaración semejante. Y si aun así hubiera sido, habría quedado indudablemente en las tinieblas por motivo de las jactanciosas pretensiones o imaginaciones posibles de su autor.

Una Iglesia, para llegar a ser realmente “una obra maravillosa y un prodigio”, debe contener esos elementos que se alojan en la mente humana que honestamente reconoce y ama la verdad, no importa dónde y cuándo se encuentre.

Es cierto que hace más de un siglo, cuando los hombres escucharon que un joven proclamaba que Dios se había manifestado a Sí mismo, no pudieron menos que mofarse de él y rechazarle, tal como en el principio de la era Cristiana los sabios y hábiles atenienses lo hicieran con aquel pequeño hombre de ojos pardos que calificara de falsas sus filosofías y de blasfemos sus cultos a las imágenes; y aún así este hombrecillo era el único en aquella grande ciudad de intelectuales que sabía por propio testimonio que el ser humano puede pasar por los portales de la muerte y aún vivir—el único individuo en toda Atenas que podía claramente entender la diferencia entre una formal idolatría y una sincera adoración al sólo y verdadero Dios viviente. Tanto los estoicos como los epicúreos, con quienes hablaba y discutía, tildaban a Pablo de “charlatán” y de “predicador de nuevos dioses”; «Y tomándole, le trajeron al Areópago, diciendo: ¿Podremos saber qué es esta nueva enseñanza de que hablas? Pues traes a nuestros oídos cosas extrañas. Queremos, pues, saber qué quiere decir esto.» (Hechos 17:19-20.) Seguir leyendo

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Nuestro conocimiento acerca de Dios

Nuestro conocimiento acerca de Dios
por el presidente Hugh B. Brown
Conferencia General 132a

Hugh B. BrownA la par que un gran honor, es para mí una seria responsabilidad ésta de tener que hablar ante una numerosa audiencia—responsabilidad que me hace buscar humildemente la orientación y asistencia divina, especialmente porque voy a referirme a Dios y a la verdad.

Leamos en el Evangelio según S. Juan, las palabras aquellas del Salvador:

“. . . Si vosotros permaneciereis en mis palabras, seréis verdaderamente mis discípulos;

“Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” (Juan 8: 31-32.)

Más adelante, en el capítulo 17 del mismo libro, el Apóstol nos transcribe esta otra declaración del Señor:

“Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.” Ibid., 17: 3.)

La primera Escritura mencionada nos promete que si permanecemos en la palabra del Señor, conoceremos la verdad y seremos libres; y la segunda nos hace saber que la vida eterna consiste en conocer a Dios. Ambas declaraciones constituyen y definen una eterna demanda; porque obtener un completo conocimiento de la verdad y de Dios, es una empresa infinita.

Varios de nuestros discursantes nos han dicho que estamos viviendo momentos de tremenda importancia. En efecto, en la actualidad vivimos la época más trascendental que hayan jamás registrado los anales de la raza humana. Esto ha sido confirmado por los más destacados eruditos de todo el mundo, cada vez que han analizado las evoluciones, revoluciones y reformas de la historia. Los pueblos civilizados de la tierra están empezando a reparar en la creciente complejidad de nuestra civilización y del casi milagroso desarrollo y mejoramiendo alcanzado en los medios de transporte y comunicación, no solamente en la faz internacional sino en la interplanetaria.

En medio del avance rápido y sin precedentes resultante de los distintos descubrimientos en las varias ramas de la ciencia, ¿no sería lógico y razonable esperar alguna nueva actividad, un pensamiento nuevo o aun una nueva revelación en la dimensión espiritual —la más importante de la vida humana?

  1. Paul Davis ha dicho: “El mundo es demasiado peligroso para someterse a otra cosa que no sea la verdad, y demasiado pequeño para cobijar algo que no sea la fraternidad humana.” En verdad, un mundo que está siendo constantemente amenazado de ser extinguido por las bombas, los cohetes teledirigidos y las pruebas atómicas, necesita de la solidaridad social, moral y espiritual de los hombres.

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Obedezcamos el Evangelio

Obedezcamos el Evangelio
por el presidente Henry D. Moyle
Conferencia General 132a

Henry D. MoyleEn su primera Epístola universal, S. Pedro nos dice lo siguiente:

“Porque es tiempo de que el juicio comience por la Casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?” (1 Pedro 4:17.)

El Apóstol caracteriza aquí a la Iglesia como la Casa de Dios y de hecho da a entender que sus habitantes son los que obedecen su evangelio. Esta profética declaración no es ambigua. “Obedecer el evangelio del Señor” debiera ser nuestra bandera, porque no existe otro sendero que nos lleve a la realización del propósito más alto de la vida. Es satisfactorio saber que no necesitamos deambular por la vida sin objeto, inseguros o inciertos, encontrando al final de nuestro viaje sólo* duda, temor o inquietudes. Un plan definido nos ha sido dado. Todo lo que tenemos que hacer es entenderlo, aceptarlo y obedecerlo. Ello nos traerá la paz y nos asegurará hospedaje en la Casa del Señor.

Sabemos que “el evangelio es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree,” como Pablo enfáticamente lo declaró a los Romanos. Y los primeros principios y ordenanzas de este evangelio son:

Primero, fe en el Señor Jesucristo.
Segundo, arrepentimiento.
Tercero, bautismo por inmersión para la remisión de pecados.
Y cuarto, imposición de manos para comunicar el don del Espíritu Santo.

El evangelio es simple, inequívoco y comprensible para todos aquellos que deseen conocerlo. Es un “poder” natural, razonable y armónico, conducente a la independencia, la paz, la felicidad y la seguridad de los hombres; pero sólo pueden apreciarlo los que lo aceptan y conforman sus propias vidas a sus enseñanzas. Sus recompensas son, para los fieles, obvias y numerosas. Tal como la adquisición de cualquier cosa valiosa, requiere deseo y esfuerzo consistentes. Por supuesto, difiere grandemente de la obtención de cosas terrenales. Estas cosas van y vienen; su disfrute es temporal y superficial. Los beneficios y las bendiciones de la fe y la obediencia, sin embargo, son sempiternas. Los productos del espíritu son de valor incalculable. En verdad, gracias a las bendiciones que la obediencia provee, podemos vivir más cerca de Dios y de nuestros semejantes, y apreciar mucho más nuestras posesiones terrenales en todo sentido.

Podemos decir que las recompensas consecuentes a nuestra obediencia a las ordenanzas y principios del evangelio, están a nuestra disposición aquí y ahora mismo. No es necesario que esperemos anticipadamente las eternas bendiciones que nos esperan en la inmortalidad, para justificar nuestra obediencia en esta vida a los principios del evangelio. Podemos llegar a ser partícipes de la naturaleza divina, eventual y progresivamente, desde el comienzo mismo de nuestra conversión, aun hasta el ocaso de nuestras vidas, si somos fieles. Si nos abrazamos a la fe y vivimos conforme a ella, jamás tendremos dudas en cuanto a la proximidad del Señor. El precio que pagamos por rendir obediencia a las leyes del evangelio, resulta insignificante cuando lo comparamos con sus valiosos resultados. Recordaremos que Jesús respondió al joven rico: Seguir leyendo

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El Evangelio y uno mismo

El Evangelio y uno mismo
por el presidente David O. McKay
Conferencia General 132a

David O. McKayEl salmista nos dice:

“¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?

“Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra.5’ (Salmos 8:4-5)

Desde los albores de la civilización, los directores de la sociedad organizada han estado buscando la respuesta al eterno interrogante: “¿Cuál es el objetivo principal del hombre?” El poeta Carlyle lo contesta diciendo: “Glorificad a Dios y disfrutad de su bondad para siempre.”

El profeta José Smith, hablando en nombre del Señor, amplía este concepto declarando:

“Para que se establezca mi convenio sempiterno;

“Para que la plenitud de mi evangelio sea proclamada por los débiles y sencillos hasta los cabos de la tierra, y ante reyes y gobernantes.” (Doc. y Con. 1:22-23)

Posteriormente, el joven profeta dio a luz aquella gran verdad que nos dice que la obra y la gloria de Dios es: “Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre.” (Moisés 1:39)

A través de los siglos, tanto los líderes democráticos como los socialistas han deseado siempre una vida mejor que la que disfrutaban. Una vida excelente, tan importante para la felicidad del hombre, ha sido el interrogante de todas las eras. Sentir la necesidad de una reforma ha sido fácil, pero llevarla a cabo ha resultado ser verdaderamente difícil y la mayor parte de las veces imposible. Aun las ideas sugeridas por los más sabios de los hombres frecuentemente han sido impracticables —algunas veces fantásticas. Sin embargo, en muchos casos el mundo en general ha acusado una mejoría gracias a la diseminación de nuevas ideas, aún cuando los experimentos hayan resultado un fracaso en sus debidas oportunidades.

En tal sentido, la primera mitad del siglo XIX se caracteriza por lo que parece haber sido un sentimiento general de inestabilidad e inquietud, y debido al cual mucha gente vivió desconforme en cuanto a las condiciones económicas y sociales de la época. Ello inspiró a los pensadores a buscar cambios que remediaran la situación. En Francia, por ejemplo, supieron tener bastante aceptación las fantásticas teorías de Francois Maríe Charles Fourier. Este hombre intentó describir el futuro histórico de nuestro planeta y de la raza humana, por un espacio de ochenta mil años. En la actualidad, sus libros son rara vez leídos por alguien. Seguir leyendo

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Un Testimonio Personal

Liahona Octubre 1962

Un Testimonio Personal

David O. McKaypor el presidente David O. McKay

El Señor nunca desampara al que honestamente le busca. La vida a veces ofrece obstáculos y exige sacrificios. Habrá lágrimas en nuestros días, debido a que estamos constantemente en contacto con las tentaciones y los ideales mundanos, que tendremos que vencer si queremos mantenernos en el camino hacia la vida eterna; por momentos todo nos parecerá un gran sacrificio, pero esto sólo será temporario. El Señor nunca desampara al que honestamente le busca. La solución, la respuesta quizás no llegue en la forma en que esperamos, pero vendrá. El Señor ciertamente cumplirá Sus promesas.

A fin de ilustrar esta aseveración, quisiera manifestar mi testimonio personal. Rara vez hablo de las manifestaciones que he experimentado. No sé si será la tradicional reticencia escocesa lo que me inhibe, pero no me agrada mucho hablar sobre cosas que son sagradas para mí.

Cuando era apenas un muchacho tuve la oportunidad de escuchar un testimonio en cuanto a los principios del evangelio, el poder del sacerdocio y la divinidad de esta Obra. Escuché asimismo la admonición de que todos podemos obtener este testimonio también si oramos, pero no sé cómo se formó en mi mente joven la idea de que nunca podríamos conseguir un testimonio sin que previamente tengamos alguna manifestación. Leí el relato de la Primera Visión del profeta José Smith y comprendí que él supo que lo que había recibido venía de Dios. Conocí a élderes que habían escuchado voces. Mi padre me contó que una voz llegó hasta él y le declaró la divinidad de la misión del Profeta, y ciertamente recibí la impresión de que ello era la fuente de todo testimonio.

Aún en mi juventud, comprendí que lo más precioso que un hombre puede obtener en la vida es un testimonio de la divinidad de esta Obra. Y comencé a apetecerlo; sentí que si podía yo lograr ese testimonio, todo lo demás sería verdaderamente insignificante. No olvidé mis oraciones, más nunca me pareció que solamente el arrodillarme, por la noche, al pie de mi cama, iba a traerme ese testimonio; ellas eran más bien plegarias por protección, a fin de que mi camino quedara limpio de estorbos—hoy, mirando atrás, las considero como oraciones algo egoístas—, pero siempre presentí que la oración secreta, sea en mi cuarto, en el bosque o en las colinas, contribuiría a la manifestación del tan deseado testimonio.

En consecuencia, más de una vez supe arrodillarme al pie de los arbustos del campo, con mi cabalgadura al lado. Recuerdo haber estado cierta tarde cabalgando por las colinas comprendidas en la propiedad de mi padre, pensando en estas cosas; consideré entonces que allí, en medio del silencio de esas colinas, era el mejor lugar para obtener ese testimonio. Detuve mí caballo, tiré las riendas sobre su cabeza y apeándome caminé unos pasos y me arrodillé al lado de un árbol.

El aire era claro y puro, el sol brillaba cálidamente. El verdor de los árboles y de los pastos, y las flores silvestres, perfumaban el aire. Al rememorarlo hoy, siento que aquel ambiente, renovado, otra vez me rodea. Me arrodillé y con todo el fervor de mi corazón vertí a Dios mi alma y le supliqué por un testimonio de Su evangelio. Mi mente contenía, fija, la idea de que una manifestación especial iba a producirse y que yo recibiría alguna transformación que alejaría todas mis dudas.

Al cabo de unos momentos me incorporé y monté mi caballo. Y mientras regresaba a mi casa, recuerdo que hurgué dentro de mí y sacudiendo involuntariamente mi cabeza, me dije: «No hay caso. No ha habido cambio alguno. Sigo siendo el mismo muchacho que era antes de arrodillarme» La manifestación largamente anticipada no se había efectuado.

Ni fue aquella la única ocasión. Sin embargo, al fin llegó un día, aunque no en la manera que había yo presentido. Experimente aun una manifestación del poder de Dios y la presencia de ángeles, pero todo sólo fue una simple confirmación. No fue el testimonio, sino una prueba del mismo.

Fue en cierta oportunidad en que me encontraba en mí misión en Escocia, cuando el presidente James L. McMurrin estaba dirigiendo una de las conferencias. En la reunión del sacerdocio de dicha conferencia, el poder de Dios se hizo tan manifiesto que uno de los élderes se paró de improviso y exclamó: «Hermanos, en este cuarto hay ángeles presentes» Aun corpulentos hombres que allí se encontraban comenzaron a sollozar, no por temor, no por pesar, sino porque sus almas se inundaron de gozo, lo cual les proveyó un testimonio en cuanto a tal declaración. No fueron las palabras de aquel hermano las que me impresionaron, sino el Espíritu allí presente lo que me conmovió.

El presidente McMurrin se levantó entonces y dijo: “Sí, hay ángeles en este cuarto, y uno de ellos es el ángel guardián de aquel joven que está allí sentado”—y señaló a uno de los élderes que yo conocía y que hoy llamaríamos misionero de distrito; este hombre estaba emocionado y la conmoción de su alma era evidente—“y el otro,” continuó el presidente McMurrin, “es el ángel guardián de este otro joven,” dicho lo cual indicó a un élder que había sido mi compañero. Por inspiración, supe que lo que el presidente McMurrin acababa de decir era verdad. No hubo un solo hombre en el cuarto que no lo supiera.

Yo había aprendido, gracias a mi íntima asociación con el presidente James L. McMurrin, que él era oro puro; su fe en el evangelio era absoluta. Yo sabía que no había otro hombre tan verídico y leal a lo que consideraba justo, como el hermano McMurrin. Por tanto, cuando él se volvió hacia mí y me dió lo que entonces fué a mi juicio más amonestación que promesa, sus palabras dejaron una indeleble impresión en mi mente. Parafraseando las palabras del Salvador a Pedro, el presidente McMurrin dijo:

“Permítame decirle, hermano David, que Satanás ha estado intentando cernerle como trigo pero que Dios ha estado cuidando de usted. Y si usted conserva su fe, llegará a sentarse en los consejos directivos de la Iglesia”

En ese momento supe que la respuesta a todas mis oraciones de niño, había llegado a mí. Pero no obtuve el testimonio de que esta Obra es divina por medio de esta manifestación, aun grande y gloriosa como fué, sino mediante la obediencia a la voluntad de Dios, conforme a la promesa de Cristo: «El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta.” (Juan 7:17.)

Comprobadlo desde cualquier ángulo y encontraréis que no hay una sola fase del evangelio de Jesucristo que no prevalezca sobre vuestro análisis. Y a medida que, aun en vuestra debilidad o en vuestra juventud, os abracéis a estos principios de vida sempiterna, sentiréis destilar sobre vuestras almas la bendición del Santo Espíritu que habrá de daros un testimonio más potente que toda duda, en cuanto a que Dios vive, que Él es en verdad nuestro Padre y que ésta es Su Obra, establecida sobre la tierra en esta dispensación por medio del profeta José Smith.

Este es mi testimonio, lo más precioso de mi vida. Y cuánto quisiera que mis hijos y sus hijos y los hijos de sus hijos puedan también poseerlo antes que cualquiera otra gratificación terrenal, porque sé que con este testimonio habrán de ser buenos ciudadanos, buenos padres y buenas madres. Sé que serán entonces honestos y verídicos ante Dios y el prójimo. Y también sé que todo lo que un hombre o una mujer deban llegar a ser, ellos lo serán; y lo conseguirán mediante la obediencia a los divinos principios del evangelio.

Dios os bendiga y guíe a ser verídicos; verídicos ante El y Su Obra. Este es, en verdad, el evangelio de Jesucristo. Quiera El darnos la fuerza para vivirlo, no solamente para predicarlo, no sólo para dar un testimonio verbal del mismo, sino para demostrar con nuestras acciones que sabemos lo que decimos.

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El maestro del evangelio y su mensaje

EL MAESTRO DEL EVANGELIO Y SU MENSAJE
Presidente Ezra Taft Benson
Discurso a los Educadores Religiosos 17 Septiembre de 1976

En la tarde del 17 de septiembre de 1976, el presidente Ezra Taft Benson del Consejo de los Doce entrego el siguiente mensaje a los educadores religiosos de tiempo completo del Sistema Educativo de la Iglesia en el Departamento de Seminarios e Institutos de Religión en la Universidad de Brigham Young y en el Ricks College. Contando, con la asistencia de sus esposas. Este impresionante discurso fue presentado a una audiencia que colmaba en su capacidad el Hall de Asambleas de la Manzana del Templo y por línea directa a grupos de facultativos y sus esposas en otras veintiuna localidades en varias áreas de los Estados Unidos. Existen actualmente más de 300,000 alumnos inscritos en los programas de educación religiosa del Sistema Educativo de la Iglesia, y se estima que aproximadamente un 90% de los educadores religiosos de tiempo completo fueron cubiertos al escuchar directamente al presidente Benson como resultado de esta expansión en línea directa. Jeffrey R. Holland, Comisionado del Sistema Educativo de la Iglesia, presentó también algunos comentarios e introdujo al presidente Benson con el grupo.

El discurso del presidente Benson es el segundo de su tipo presentado a un grupo combinado similar de educadores religiosos. El Presidente Spencer W. Kimball entregó el primero en septiembre de 1975. Esta versión impresa del impactante mensaje’ se produce con el deseo sincero de que una audiencia aún mayor pueda recibir el excelente consejo que puede ser de tan gran valor a las facultades y estudiantes por igual a través de la totalidad del Sistema Educativo de la Iglesia. Como educadores religiosos sería buen consejo el que leyéramos y recordáramos regularmente el consejo contenido en las siguientes páginas Con los más afectuosos saludos
Joe J. Christensen
Comisionado Asociado de Educación Religiosa

Ezra Taft BensonMis hermanos y hermanas:

Es para mí un honor y un privilegio estar con Uds. esta tarde. Les estoy sumamente agradecido por la invitación. Deseo felicitar a Uds. y sus líderes por el excelente trabajo general que están cumpliendo al inculcar la fe y el testimonio en las vidas de nuestros jóvenes y señoritas.

Estoy seguro que aprecian el hecho de haber recibido la custodia de algunos de los espíritus más escogidos de todos los tiempos. Eso lo recalco. Estos no son espíritus comunes, pues entre ellos están algunos de los más especiales que han venido del cielo. Estos son aquellos que fueron reservados para venir en este tiempo para llevar triunfalmente el reino. Como miembro de la Mesa Educativa de la Iglesia, me he sentido halagado por el progreso que nuestro Sistema Educativo de la Iglesia ha hecho en las últimas décadas. Puedo recordar, con algunos de Uds., cuando el programa de Seminarios e Institutos estaba en su mayor parte confinado a algunos estados occidentales de los Estados Unidos, a partes de Canadá y a algunas áreas de México. Desde el año 1971 hemos presenciado una rápida internalización de nuestro programa de educación religiosa. Sus líderes han sido fieles al mandato de la Primera Presidencia y el Consejo de los Doce en el sentido de que el programa de seminarios e institutos siguiera el desarrollo de la Iglesia. En igual manera estamos halagados con la expansión del programa de educación religiosa en la Universidad de Brigham Young y en el Ricks College.

Como Uds. sin duda aprecian, este compromiso con la educación religiosa de nuestra juventud representa un gasto considerable de los diezmos de la Iglesia. También representa nuestra confianza en Uds. – una confianza sagrada.

Esta tarde deseo hablar del tema «El maestro del evangelio y su mensaje.” Al hacerlo no solo roe refiero al maestro que ocupa algún tiempo en la sala de clases, sino que además me dirijo a vuestros cónyuges, pues Uds. son un equipo pedagógico. A menos que Uds. y su cónyuge estén unidos en propósito, dedicación y lealtad, no van a tener el éxito que de otra manera tendrían o podrían tener.

Todo lo que tengo para decirles esta noche podría expresarse con mis propias palabras, pero deseo hacer algo más que hablar con mi propia autoridad. Deseo que entiendan lo que el Señor dijo respecto a vuestra misión y deseo apoyar el consejo de aquellos, mis hermanos, que han hablado con Uds. antes; por lo tanto citare libremente de las escrituras y de lo que algunos hermanos han dicho en mensajes previos a Uds. Seguir leyendo

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Solamente un élder

Solamente un Élder

élder Bruce R. McConkie

por el élder Bruce R. McConkie

Discurso pronunciado en el Seminario de Representantes Regionales en octubre de 1974


Hermanos, ¿qué pensáis del oficio de élder? A veces, cuando alguien pregunta: «¿Qué oficio tiene usted en el sacerdocio?» se puede oír la respuesta: «Soy solamente élder.»

¡Solamente un élder! Solamente un título del que se enorgullece cada uno de los miembros del Consejo de los Doce, y que honra al Presidente de la Iglesia, quien es designado por revelación como el Primer Élder (Doc. y Con. 20:2, 5.); sólo el oficio al cual son ordenados millones de hombres en las ordenanzas vicarias de los sagrados templos.

¡Solamente un élder! Tan sólo el oficio que permite al hombre entrar en el nuevo y sempiterno convenio del matrimonio y tener a su esposa e hijos unidos a él eternamente; el oficio que lo prepara para ser el patriarca de su posteridad y mantener eterno dominio en la Casa de Israel; que se requiere para recibir la plenitud de las bendiciones en la Casa del Señor; sólo el oficio que abre las puertas a la exaltación eterna en el más alto grado del mundo celestial, donde el hombre llega a ser como Dios es.

¡Solamente un élder! Sólo una persona que ha sido ordenada para predicar el evangelio, edificar el reino y perfeccionar a los-Santos; un ministro cuya sola palabra es escritura; un poseedor del oficio que tiene el privilegio de recibir los misterios del reino de los cielos, de tener los cielos abiertos, de estar en co¬munión con la asamblea general y la Iglesia del Primogénito, y de disfrutar de la comunión y la presencia de Dios- el Padre y Jesucristo, el mediador del nuevo convenio. (Doc. y Con. 107:19.)

¡Solamente un élder! Cada élder de la Iglesia posee el mismo Sacerdocio que su Presidente. Ningún apóstol puede elevarse ni se elevará más en la eternidad, de lo que lo pueda hacer un fiel élder que viva la plenitud de la ley del evangelio.

¿Qué es un élder? Un élder es un ministro del Señor Jesucristo. Es un poseedor del sagrado Sacerdocio de Melquisedec. Está comisionado para actuar en nombre del Maestro—que es el principal de los élderes—en el ministerio entre sus semejantes. El es el agente del Señor, y tiene el llamamiento de predicar el evangelio y perfeccionar a los santos.

¿Qué es un élder? Es un pastor, un pastor especial que se encuentra cuidando la majada del Buen Pastor. Así está escrito: «Y vosotras, ovejas mías, ovejas de mi pasto, hombres sois, y yo vuestro Dios, dice Jehová el Señor.» (Ezequiel 34:31.) También escribió Pedro, quien fue el primer élder de su época: «Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos. . . [tengamos en cuenta que élder es la traducción de «anciano» al inglés]. Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria» (1 Pedro 5:1-4). Sabed esto: Los élderes que sean ministros residentes en el reino de Dios, son designados para apacentar la grey de Dios, para encargarse de su vigilancia, para su ejemplo. Seguir leyendo

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Fe, servicio y una barra de pan

Fe, servicio y una barra de pan
Por Nissanka (Nissh) Muthu Mudalige
El autor vive en Armenia.

Mientras caminaba de regreso a casa, no me sentía cansado; lo único en lo que podía pensar era en la sonrisa de aquella anciana.

Me trasladé de Sri Lanka a Armenia en 2007 para asistir a la universidad; allí conocí a los misioneros y me bauticé al año siguiente. Después del bautismo deseé servir en una misión de tiempo completo, pero no pude porque tenía más de 25 años; no obstante, el presidente de misión me llamó a servir en una mini misión. Mis responsabilidades incluían trabajar con los demás élderes y predicar el Evangelio; me encantaba.

Una prueba de valor

En esa época andaba escaso de dinero. Para ese entonces mi padre perdió su negocio y no pudo seguir mandándome dinero; me quedaba solo lo suficiente para comer unos días. La universidad estaba cerca de donde vivía, pero la oficina de la misión estaba a 30 minutos en autobús y el boleto de ida y vuelta costaba doscientos drams (unos 50 centavos estadounidenses).

Aun así, deseaba magnificar mi servicio como misionero. Cuando me llamó un élder para ir con él a visitar a unos miembros y me pidió que nos reuniéramos en el edificio de la Rama Central —a más de cuarenta minutos de distancia en autobús—, le dije que sí, aunque sólo tenía dinero para comprar una barra de pan. Caminé hasta el edificio de la Rama Central; era un caluroso día de verano, así que tuve que detenerme para beber agua por el camino. Tardé dos horas en llegar. Durante las dos horas que me llevó regresar a casa, gasté mi última moneda en comprar pan.

Una prueba mayor

Tan pronto como llegué a casa, aquel mismo élder me llamó por teléfono y me dijo: “Nissh, siento llamarte otra vez, pero uno de los miembros está enfermo. ¿Podrías venir y ser mi compañero mientras le doy una bendición?”. Quería decirle que estaba muy cansado después de caminar cuatro horas bajo el sol, pero mi corazón me lo impidió. Mi fe me dio fuerza y valor, y le dije que iría.

En ese momento llegó mi compañero de cuarto y le pregunté si podría prestarme dinero para llegar hasta la oficina de la misión. Me respondió que solo tenía dinero para comprar comida hasta fin de mes, y que no podía prestarme nada.

De repente deposité los ojos en el pan fresco que acababa de comprar y que estaba sobre la mesa: el único alimento que tenía. Lo tomé y le dije: “Acabo de comprar este pan. ¿Lo aceptarías a cambio de cien drams?”. Me sonrió y dijo que sí. Tomé el dinero y fui en autobús hasta la oficina de la misión.

Visitamos al miembro de la Iglesia, una anciana que estaba postrada en la cama. Apenas podía abrir los ojos para vernos, pero me sonrió. Se dirigió a mí específicamente, mientras rememoraba antiguos recuerdos de su vida; estaba muy contenta porque habíamos ido a su casa. El élder y yo le dimos una bendición; ella nos sonrió otra vez y pude ver la luz en su rostro. Su hija mencionó que nuestra visita había sido la primera vez en muchos meses que la había visto sonreír.

Nuevamente caminé durante dos horas para volver a casa, pero esta vez no me sentía cansado. Lo único en lo que podía pensar era en la sonrisa de aquella anciana y en nuestra conversación. Sentí que el Padre Celestial había querido que la visitase; tal vez eso era lo que ella necesitaba para tener mayor felicidad durante sus últimos días. Me sentía muy agradecido por la oportunidad de participar en la visita y le pedí al Padre Celestial que bendijera a aquella mujer. También le pedí que me bendijera con alimento cada día durante mis momentos de dificultades económicas.

Bendiciones de lo alto

Dios no me abandonó. Ese mes mi amigo compartió su comida conmigo. Nunca me fui a dormir con hambre, y eso que no tenía ni un centavo en el bolsillo. Caminé hasta la casa de la misión a diario y nunca me sentí cansado. El sacrificio me hizo feliz.

Aquel mes recibí muchas invitaciones para almorzar y cenar. Cierto día, ni mi compañero de cuarto ni yo teníamos dinero y apenas nos quedaba una barra pequeña de pan para desayunar. Aquella noche estábamos hambrientos. Caminamos por la calle para tratar de pedirle dinero a un amigo cuando se detuvo un auto en el que iban dos armenios que nos preguntaron de dónde éramos. Después de decirles que éramos de Sri Lanka, nos invitaron a comer en su casa. Les encantó lo que les contamos de nuestro país y tuvimos una cena magnífica.

Amo a mi Padre Celestial y todas las bendiciones que me da continuamente. Siempre está dispuesto a ayudarme y cada día siento Su amoroso cuidado por mí.

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Recuperarse de la trampa de la pornografía

Recuperarse de la trampa de la pornografía

Dallin H. OaksPor el élder Dallin H. Oaks
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Todos debemos aprender a responder de manera adecuada a los medios de comunicación con contenidos sexuales.


Hace una década hablé en una conferencia general sobre el tema de la pornografía sumando mi voz a la de otros líderes que nos han advertido de sus devastadores efectos espirituales. En aquel entonces advertí que demasiados hombres y muchachos estaban siendo heridos por lo que denominé “la literatura publicitaria que [promueve] las relaciones sexuales ilícitas”1. El uso de cualquier tipo de pornografía es algo perverso: destruye la sensibilidad espiritual, debilita el ejercicio del poder del sacerdocio y daña las relaciones preciadas.

Hoy, más de diez años después, me siento agradecido porque hay muchos que, tras oír las advertencias proféticas y hacerles caso, han evitado la pornografía y se han mantenido limpios y sin mancha de ella. También me siento agradecido porque muchos aceptaron las invitaciones de los profetas en cuanto a alejarse de la pornografía, enmendar los corazones y las relaciones rotas, y seguir adelante por la senda del discipulado. Pero hoy me preocupa más que nunca que otras personas entre nosotros siguen cayendo víctimas de la pornografía, en especial los hombres jóvenes y un número cada vez mayor de mujeres jóvenes.

La razón principal del problema creciente de la pornografía es que en el mundo actual las palabras y las imágenes con contenidos e influencias sexuales están en todas partes: se encuentran en las películas, los programas de televisión, las redes sociales, los mensajes de texto, las aplicaciones de los teléfonos, los anuncios, los libros, la música y las conversaciones cotidianas. Como resultado, es inevitable que, de forma regular, nos veamos expuestos a mensajes sexualizados.

I. Grados de participación

A fin de ayudarnos a tratar este mal en aumento, deseo señalar varios y diversos grados de participación en la pornografía, y sugerir maneras de reaccionar a cada uno de ellos.

En tiempos y circunstancias anteriores, nuestro consejo sobre la pornografía se centraba principalmente en ayudar a las personas a evitar la exposición inicial o a recuperarse de la adicción. Si bien estos empeños siguen siendo importantes, la experiencia pasada y las circunstancias actuales nos han mostrado la necesidad de dirigir nuestro consejo a los grados del uso de la pornografía que existen entre los polos opuestos de evitarla y de llegar a ser adictos a ella. Resulta conveniente centrarse en cuatro grados diferentes de participación en la pornografía: (1) la exposición involuntaria, (2) el uso ocasional, (3) el uso intensivo y (4) el uso compulsivo (adicción).

  1. La exposición involuntaria. Creo que todas las personas se han visto expuestas a la pornografía de manera involuntaria. Eso no es un pecado si nos alejamos de ella y no seguimos mirándola. Es como un error, que requiere corrección más que arrepentimiento2.
  2. El uso ocasional. Este uso de la pornografía puede ser ocasional o hasta frecuente, pero siempre es deliberado, y eso es lo malo.

    La pornografía estimula y magnifica sentimientos sexuales poderosos. El Creador nos dio esos sentimientos para Sus sabios propósitos, pero también nos dio mandamientos que limitan su expresión a un hombre y a una mujer que estén casados. La pornografía degrada la expresión sexual adecuada y fomenta la manifestación de sentimientos sexuales fuera de los límites del matrimonio. Quienes usan la pornografía tratan a la ligera las fuerzas tan poderosas que pueden crear vida o destruirla. ¡No hagan eso!

    El peligro de cualquier uso deliberado de la pornografía, sin importar cuán casual o infrecuente sea, es que siempre invita a una exposición más frecuente, lo cual, inevitablemente, crea una mayor obsesión por los sentimientos y la conducta sexual. Los científicos han descubierto que las imágenes sexuales producen intercambios químicos en el cerebro que recompensan los sentimientos sexuales, lo cual, a su vez, fomenta una mayor atención a la conducta sexual3. La conducta sexual inmoral de cualquier clase o grado produce sentimientos de vergüenza que, con el tiempo, se arraigan en la persona.

  3. El uso intensivo. El uso repetido y deliberado de la pornografía puede convertirse en un hábito, “un patrón de conducta seguido con regularidad hasta convertirse casi en involuntario”4. Con el uso habitual, las personas experimentan una necesidad de un estímulo mayor para tener la misma reacción y quedar satisfechas.
  4. El uso compulsivo (adicción). La conducta de una persona es adictiva cuando crea una “dependencia” (un término médico que se aplica al consumo de drogas y alcohol, al juego compulsivo, etc.) que llega a convertirse en una “compulsión irresistible” que “tiene prioridad sobre casi todo lo demás en la vida”5.

II. La importancia de entender estos grados

Una vez que reconocemos estos grados diferentes, reconocemos también que no todo el que hace uso consciente de la pornografía es adicto a ella. De hecho, la mayoría de los jóvenes y las jovencitas que tienen problemas con la pornografía no son adictos, lo cual es una diferenciación importante que debemos hacer no solo los padres, los cónyuges y los líderes que desean ayudar, sino también quienes padecen el problema. He aquí el porqué.

En primer lugar, cuanto mayor sea el grado de participación que uno tenga —la exposición involuntaria, el uso ocasional o reiterado deliberado, el uso intensivo o el uso compulsivo (adictivo)—, más difícil es recuperarse. Si la conducta se clasifica incorrectamente como una adicción, el usuario podría pensar que ha perdido su albedrío y la capacidad de superar el problema; eso puede minar la determinación de recuperarse y arrepentirse. Por otro lado, tener una mayor comprensión de la gravedad de un problema —que tal vez no esté tan arraigado ni sea tan extremo como se temía— puede brindar esperanza y una mayor capacidad de ejercer el albedrío a fin de dejar de hacerlo y arrepentirse.

En segundo lugar, como ocurre con cualquier conducta pecaminosa, el uso deliberado de la pornografía aleja al Espíritu Santo. Algunos de los que han tenido esa experiencia se sienten motivados a arrepentirse; sin embargo, otros tal vez se sientan avergonzados e intenten ocultar la culpa mediante el engaño. Quizás también empiecen a sentir vergüenza, lo cual puede derivar en manifestaciones de desprecio hacia uno mismo. Si tal cosa sucede, los usuarios podrían empezar a creer una de las mayores mentiras de Satanás: que lo que han hecho o siguen haciendo los convierte en una mala persona, indigna de la gracia del Salvador e incapaces de arrepentirse. Eso sencillamente no es verdad; nunca estamos demasiado lejos del alcance del Salvador y de Su expiación.

Por último, es importante no etiquetar el consumo intensivo o habitual de pornografía como una adicción porque eso no describe con precisión las circunstancias ni la naturaleza plena del arrepentimiento ni la recuperación requeridos. Tener una mejor comprensión de en qué parte del proceso se halla la persona nos permitirá entender mejor lo que necesita hacer para recuperarse.

III. Cómo huir de la pornografía

Consideremos ahora lo que pueden hacer las personas para huir y recuperarse de caer en la trampa de la pornografía. Esto resultará útil no solo para aquellos que luchan por superar su uso, sino también para los padres y líderes que los ayudan. Las personas tendrán más éxito tanto para evitar la pornografía como para superarla si analizan estos temas con sus padres y líderes6.

Independientemente del grado de participación en el consumo deliberado de la pornografía, todos tienen por delante el camino hacia la recuperación, la pureza y el arrepentimiento; y requiere los mismos principios básicos: humildad, discipulado, comprometerse a seguir un plan personal para cambiar, responsabilidad y apoyo, y perseverar en la fe.

Actuar de acuerdo con estas verdades requiere también que las personas vuelvan a comprometerse a vivir como discípulos del Señor Jesucristo y hacer aquello que las purifique y fortalezca para soportar las tentaciones futuras.

A. La humildad

A fin de vencer verdaderamente la pornografía y las conductas asociadas a ella, las personas deben desarrollar humildad (véase Éter 12:27). Volverse al Señor en humildad nos lleva a aceptar ciertas verdades, las cuales, cuando se entienden plenamente, brindan fortaleza y eliminan el remordimiento. Algunas de estas verdades son:

  • Cada uno de nosotros es hijo de un amoroso Padre Celestial.
  • Nuestro Salvador, Jesucristo, ama y conoce a cada uno de nosotros personalmente.
  • La expiación de nuestro Salvador se aplica a todos los hijos de Dios.
  • Por medio de la gracia de Jesucristo, todos podemos ser perdonados y recibir el poder para cambiar.
  • Cada uno de nosotros tiene el incalculable don del albedrío, que nos permite invocar el poder y la fortaleza de la Expiación.
  • Las personas que tienen problemas con la pornografía pueden tener esperanza en el hecho de que otras personas han tenido éxito en esta batalla.
  • La pornografía es algo malo, pero el vernos involucrados en ella no nos convierte en una mala persona.
  • Cualquiera puede huir de la trampa de la pornografía y recuperarse por completo, pero esto solo es posible si utilizamos el poder de la Expiación.
  • El verdadero arrepentimiento del uso de la pornografía requiere más que dejar de participar en ella; requiere un cambio de corazón mediante la expiación de Cristo.

Aceptar estas verdades nos prepara espiritualmente para actuar de acuerdo con ellas, lo cual abre la puerta a recibir la ayuda del Señor para realizar los cambios necesarios a fin de arrepentirnos y recuperarnos.

B. El discipulado

Actuar de acuerdo con estas verdades requiere también que las personas vuelvan a comprometerse a vivir como discípulos del Señor Jesucristo y hacer aquello que las purifique y fortalezca para soportar las tentaciones futuras. Eso conlleva el comprometerse a ciertas conductas religiosas de carácter personal: la oración y el estudio diario y significativo de las Escrituras, la asistencia a las reuniones de la Iglesia, prestar servicio, ayunar y (cuando lo apruebe el obispo) participar de la Santa Cena y adorar en el templo.

C. Comprometerse a seguir un plan personal

Los humildes discípulos de Jesucristo desarrollarán sensibilidad para reconocer los sentimientos profundos, las situaciones sociales y el entorno físico que desencadenan la tentación de consumir pornografía. Al analizar esos catalizadores, establecerán un plan personal de huida para ayudarles a:

  • Reconocer los desencadenantes y los deseos inapropiados en cuanto se produzcan.
  • Establecer medidas específicas para ayudarlos a alejarse de la tentación.
  • Redirigir los pensamientos y la energía hacia el Señor.
  • Establecer actos diarios y específicos para fortificar su compromiso personal de vivir rectamente.

Al elaborar un plan personal, las personas deben valerse de los excelentes recursos que facilita la Iglesia. Por ejemplo, el sitio web de la IglesiaOvercomingPornography.org tiene contenidos para las personas y los familiares y líderes del sacerdocio que los apoyan. Además, el Programa para la Recuperación de Adicciones está disponible para todos los miembros que tienen problemas con cualquier conducta adictiva, y también resulta útil para sus familiares.

D. Responsabilidad y apoyo

Los humildes seguidores de Jesucristo que reconocen que necesitan al Salvador procurarán también la ayuda de su obispo, el cual ha sido llamado por el Señor como su líder del sacerdocio y tiene las llaves necesarias para hacer posible que se arrepientan. Con el consentimiento de las personas involucradas, y si se siente inspirado a hacerlo, el obispo también podría llamar a alguien más para trabajar con ellas y ayudarlas. Independientemente de las circunstancias, el siguiente consejo del presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008) tiene validez:

“[Suplique] al Señor desde lo más profundo de su alma que Él le quite la adicción que le ha esclavizado. Y ruego que tenga la valentía de buscar la amorosa guía de su obispo y, de ser preciso, la asesoría de profesionales caritativos”7.

Dependiendo de la gravedad del problema, las personas tal vez precisen el apoyo de alguien experimentado en quien confíen o de un consejero profesional a quien puedan acudir a cualquier hora para fortalecerse en un momento de debilidad y que sea capaz de hacerlos personalmente responsables de ceñirse a su plan.

E. Perseverar en la fe

Las personas que se han arrepentido y han tenido la bendición de superar el deseo de usar pornografía aún deben mantenerse alerta, pues el adversario seguirá intentando explotar sus debilidades humanas. La exposición involuntaria todavía podría producirse a pesar de todo el empeño por evitarla. Por el resto de su vida, las personas deben aprender a controlar los sentimientos sexuales que les ha dado Dios y seguir esforzándose por ser limpios.

IV. Compasión por todos

Ahora me referiré a cómo tratar a quienes han sido atrapados por la pornografía. Todos necesitamos la expiación de Jesucristo. Quienes luchan con la pornografía necesitan nuestra compasión y amor mientras siguen los principios y dan los pasos necesarios para recuperarse. Por favor, no los condenen; no son malos, ni carecen de esperanza; son hijos e hijas de nuestro Padre Celestial. Mediante el arrepentimiento adecuado y completo, pueden llegar a ser limpios, puros y dignos de todo convenio y bendición del templo que Dios ha prometido.

Cuando llegue el momento de casarse, animo a los jóvenes y a las jovencitas a ser cuidadosos para que seleccionen como su compañero por la eternidad a alguien que sea limpio y puro ante el Señor, y digno de entrar en el templo. Las personas que se arrepienten completamente de la pornografía son dignas de estas bendiciones.

V. Conclusión

A lo largo de la vida todos encontraremos material con contenidos sexuales. Con la guía de nuestro amoroso Salvador —incluso la certeza de los convenios sacramentales de que siempre podremos tener Su Espíritu con nosotros (véase D. y C. 20:77)—, siempre podemos responder adecuadamente. Testifico que esto es lo que debemos hacer para disfrutar de las bendiciones de Aquel a quien adoramos. Al hacerlo, recibiremos más plenamente la paz del Salvador y permaneceremos en la senda que conduce a nuestro destino eterno de la exaltación.


Notas

1. Véase de Dallin H. Oaks, “La pornografía”, Liahona, mayo de 2005, págs. 87–90.
2. Véase de Dallin H. Oaks, “Sins and Mistakes”, Ensign, octubre de 1996, págs. 62–67.
3. Véase de Donald L. Hilton Jr., M.D., “Pornography Addiction—a Supranormal Stimulus Considered in the Context of Neuroplasticity”, Socioaffective Neuroscience and Psychology, tomo III, 2013, socioaffectiveneuroscipsychol.net/index.php/snp/article/view/20767; véase también “Porn Changes the Brain”, fightthenewdrug.org.
4. Webster’s Encyclopedic Unabridged Dictionary of the English Language, 1989, “habit”.
5. American College of Physicians Complete Home Medical Guide, 1999, pág. 564.
6. Además, los jóvenes y sus padres deben tener conversaciones francas pero apropiadas acerca de la reproducción humana. Es más probable que los jóvenes que oyen acerca de la sexualidad humana a través de sus amistades en vez de por medio de sus padres busquen información al respecto por medio de la pornografía.
7. Véase de Gordon B. Hinckley, “Un mal trágico entre nosotros”, Liahona, noviembre de 2004, pág. 62.

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Vivir con verdadera intención

Vivir con verdadera intención
Por Randall L. Ridd
Prestó servicio como Segundo Consejero de la Presidencia General de los Hombres Jóvenes desde 2013 hasta 2015

Randall L. RiddDe un devocional mundial para jóvenes adultos, “Vivir con un propósito: la importancia de la verdadera intención”, pronunciado en la Universidad Brigham Young–ldaho, el 11 de enero de 2015. Para escuchar el discurso completo, vaya a devotionals.lds.org.

Tener verdadera intención significa hacer lo correcto por la razón correcta.

Aprendí la importancia de la verdadera intención cuando era un joven alumno de seminario. Nuestro maestro nos dio el desafío de leer el Libro de Mormón y, para ayudarnos a dar seguimiento a nuestro progreso, creó una gráfica con nuestros nombres en un lado y los nombres de los libros en la parte superior. Cada vez que leíamos un libro, colocaba una estrella junto a nuestro nombre.

Al principio no me esforcé mucho en leer, y en poco tiempo empecé a quedar más y más retrasado en la lectura. Incentivado por un sentimiento de vergüenza y por mi espíritu competitivo innato, empecé a leer. Cada vez que conseguía una estrella, me sentía bien; y cuantas más estrellas tenía, más motivado estaba para leer: entre clases, después de la escuela, en cada minuto libre que tenía.

Esa sería una gran historia si les dijera que, gracias a mis esfuerzos, acabé el primero de la clase; pero no fue así. También sería aceptable si pudiera decirles que conseguí algo mejor que ser el primero: un testimonio del Libro de Mormón; pero tampoco fue así. No obtuve un testimonio; lo que obtuve fueron estrellas. Obtuve estrellas porque esa fue la razón por la que lo leí; en las palabras de Moroni: esa fue mi “verdadera intención”.

Moroni fue claro cuando describió la manera de saber si el Libro de Mormón es verdadero: “Y cuando recibáis estas cosas, quisiera exhortaros a que preguntéis a Dios el Eterno Padre, en el nombre de Cristo, si no son verdaderas estas cosas; y si pedís con un corazón sincero, con verdadera intención, teniendo fe en Cristo, él os manifestará la verdad de ellas por el poder del Espíritu Santo” (Moroni 10:4; cursiva agregada).

Las razones correctas

En retrospectiva, puedo ver que el Señor fue totalmente justo conmigo. ¿Por qué habría yo de esperar algo más que lo que estaba buscando? Tener verdadera intención significa hacer lo correcto por la razón correcta, y yo estaba leyendo el libro correcto por la razón incorrecta.

No fue sino hasta varios años después que leí el Libro de Mormón con verdadera intención. Ahora sé que el Libro de Mormón cumple su divino propósito de testificar de la vida y la misión de Jesucristo, porque lo he leído con verdadera intención.

La lección que aprendí acerca de la verdadera intención y el Libro de Mormón se aplica a todos nosotros y a todos los aspectos de la vida. Con demasiada frecuencia seguimos, de forma pasiva, patrones y hábitos que se han desarrollado con los años; cumplimos con las formalidades sin considerar detenidamente a dónde nos llevan. Vivir con verdadera intención da enfoque y propósito a nuestra vida y puede marcar toda la diferencia. Vivir con verdadera intención significa entender el “porqué”, los motivos que hay detrás de nuestros actos. Sócrates dijo: “Una vida que no se examina no merece ser vivida”1. Mediten en cómo pasan el tiempo y pregúntense con regularidad: “¿Por qué?”. Eso les ayudará a desarrollar la capacidad de ver más allá del momento. Es muchísimo mejor mirar hacia adelante y preguntarse: “¿Por qué hacer eso?”, que mirar hacia atrás y decir: “Oh, ¿por qué, por qué hice eso?”.

¿Qué quiere el Señor que hagan?

Cuando era joven, había decidido no servir en una misión. Después de un año en la universidad y otro en el ejército, conseguí un buen trabajo como radiólogo en un hospital local. La vida parecía irme bien y la misión no me parecía necesaria.

Un día, el doctor James Pingree, uno de los cirujanos del hospital, me invitó a almorzar. Durante nuestra conversación se enteró de que yo no tenía pensado ir a la misión y me preguntó por qué. Le dije que era un poco mayor y que tal vez fuera demasiado tarde. Me respondió que esa no era una razón muy buena y que él había ido a la misión después de haber terminado sus estudios de medicina. Entonces me dio su testimonio de la importancia de su misión.

Su testimonio tuvo en mí un gran efecto y me impulsó a orar como jamás había orado antes: con verdadera intención. Podía pensar en muchas razones para no ir a la misión: era tímido, tenía un trabajo que me gustaba, tenía la posibilidad de lograr una beca que no estaría disponible después de la misión, y lo más importante: tenía una novia que me había esperado mientras estuve en el ejército, ¡y sabía que no me iba a esperar otros dos años! Oré para recibir la confirmación de que mis razones eran válidas y de que estaba en lo correcto.

Para frustración mía, no podía obtener la fácil respuesta de “sí o no” que esperaba. Entonces me vino el pensamiento: “¿Qué quiere el Señor que hagas?”. Tuve que reconocer que Él quería que sirviera en una misión; y ese se convirtió en un momento decisivo de mi vida. ¿Iba a hacer lo que yo quería hacer, o iba a hacer la voluntad del Señor? Esa es una pregunta que sería bueno que todos nos hiciéramos a menudo.

Afortunadamente, decidí servir en una misión y se me asignó la Misión México Norte.

Consecuencias eternas

Treinta y cinco años después, mi hijo me animó a visitar México con él. Teníamos la esperanza de encontrar a algunas de las personas a las que había enseñado. Asistimos a la reunión sacramental en el pueblito donde empecé la misión, pero no reconocí a nadie. Después de la reunión, conversamos con un miembro y le preguntamos si reconocía a alguien de mi lista de personas a las que había enseñado años antes. Repasamos la lista sin éxito hasta que llegamos al último nombre: Leonor López de Enríquez.

“Ah, sí”, dijo el hombre. “Esta familia está en otro barrio, pero asisten a la Iglesia en esta capilla. La reunión sacramental de ellos es la siguiente”.

No tuvimos que aguardar mucho para ver a Leonor entrar al edificio. Aunque tenía setenta y tantos años, la reconocí de inmediato, y ella a mí. Nos dimos un largo abrazo, con lágrimas en los ojos.

Ella me dijo: “Hemos orado durante treinta y cinco años por su regreso, para que pudiéramos darle las gracias por traer el Evangelio a nuestra familia”.

A medida que entraban más miembros de la familia a la capilla, compartimos abrazos y lágrimas. No tardé en descubrir que el obispo del barrio era uno de los hijos de Leonor, el pianista era un nieto, la directora de música era una nieta, así como varios de los jóvenes del Sacerdocio Aarónico. Una de las hijas estaba casada con un consejero de la presidencia de la estaca; otra estaba casada con el obispo de un barrio cercano. La mayoría de los hijos de Leonor habían servido en misiones, y ahora tiene nietos que también han servido en misiones.

Descubrimos que Leonor fue una misionera mucho mejor que yo. Hoy en día sus hijos recuerdan con agradecimiento sus incansables esfuerzos por enseñarles el Evangelio. Les enseñó que las decisiones pequeñas, con el tiempo, resultan en una vida plena, recta y feliz; y ellos les han enseñado lo mismo a otras personas. Al final, más de quinientas personas se unieron a la Iglesia gracias a esta maravillosa familia;

y todo empezó con una simple conversación durante un almuerzo. Con frecuencia pienso que si el doctor Pingree hubiera estado más centrado en su carrera profesional o en otras cosas del mundo, quizás nunca me hubiese preguntado por qué no quería servir en una misión; pero su enfoque estaba en los demás y en hacer avanzar la obra del Señor. Él sembró una semilla que creció y dio fruto, y sigue multiplicándose de manera exponencial (véase Marcos 4:20). La misión me enseñó las consecuencias eternas de una decisión individual de hacer la voluntad del Señor.

Recuerden su propósito eterno

A menudo he hecho una retrospección de mi vida y me he preguntado por qué me fue tan difícil tomar la decisión de ir a la misión. Fue difícil porque me distraje; perdí de vista mi propósito eterno, la verdadera intención de por qué estamos aquí.

Mis deseos y mi voluntad no estaban alineados con la voluntad del Señor; de lo contrario, la decisión habría sido más fácil. ¿Y por qué no estaban alineados? Iba a la capilla los domingos y participaba de la Santa Cena, pero no me concentraba en su significado. Oraba, pero mayormente lo hacía de forma automática; leía las Escrituras, pero solo esporádicamente y sin verdadera intención.

Los aliento a vivir de manera centrada y deliberada, aun cuando no lo hayan hecho consistentemente en el pasado. No se desanimen con los pensamientos de lo que ya han hecho o no han hecho; dejen que el Salvador haga en ustedes “borrón y cuenta nueva”. Recuerden lo que Él ha dicho: “… cuantas veces se arrepentían y pedían perdón, con verdadera intención, se les perdonaba” (Moroni 6:8; cursiva agregada).

Empiecen ya. Vivan la vida con propósito, entendiendo por qué hacen lo que hacen y a dónde los conducirá; al hacerlo, descubrirán que el porqué más importante detrás de todo lo que hagan es que aman al Señor y reconocen el amor perfecto de Él por ustedes. Ruego que encuentren gran gozo en su búsqueda de la perfección y al entender y hacer Su voluntad.

Nota

1. Véase de Sócrates en Platón, Apology, 2001, pág. 55.

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Qué tan importante podría ser?

¿Qué tan importante podría ser?
Kelly Laing
Kelly Laing, Washington, EE.UU.

Durante mi período de servicio a bordo del buque USS West Virginia, se solicitó a un oficial que hablara portugués para participar en un intercambio de tres semanas con la Fuerza Naval de Brasil. Yo era el único en la fuerza de submarinos que hablaba portugués.

Mi impresión inicial fue de no ir; acababa de terminar una ronda de tres meses y tenía deseos de ver a mi familia, pero no podía dejar de pensar en el intercambio. Acudí a mi Padre Celestial en oración, recibí una firme respuesta de que debía ir y acepté la asignación.

Se presentaron muchos obstáculos al hacer los arreglos, y en un momento sentí deseos de darme por vencido. Pensé: “¿Qué tan importante podría ser?”. Sin embargo, el Espíritu Santo me impulsó a seguir adelante.

Finalmente, después de varias demoras, llegué al buque brasileño. Cuando se me escoltó al comedor de los oficiales, el capitán del buque estaba gritando y señalando con el dedo a un joven oficial. El capitán me vio, se detuvo, y habló en su escaso inglés: “Ah, mi amigo estadounidense ha llegado. Bienvenido. ¿Puedo ofrecerle algo de beber?”.

Le respondí en portugués que me encantaría tomar una bebida gaseosa brasileña muy popular que no había tomado desde que había servido en mi misión. Me dijo que en el buque había todo tipo de licor, pero le indiqué que yo no bebía alcohol.

Más tarde, alguien golpeó a la puerta de mi cabina; cuando la abrí, encontré al joven oficial del comedor.

“Usted es estadounidense”, me dijo. “No toma alcohol y habla portugués. ¿Por casualidad es usted mormón?”.

“Sí, lo soy”, contesté.

Me lanzó los brazos alrededor del cuello y se puso a llorar.

El oficial, el teniente Mendes, era un converso bastante reciente que hacía poco se había graduado de la Academia Naval Brasileña. Al estar a bordo del buque, se dio cuenta rápidamente que el capitán esperaba que participara en el estilo de vida desenfrenado de los oficiales cuando llegaban a los puertos. En cambio, el teniente Mendes constantemente se ofrecía para cumplir con los deberes a bordo del buque cuando estaban en puerto, o bien evitaba las actividades en los puertos de escala. El capitán se cansó de ello. Cuando yo había entrado al comedor, le estaba gritando al teniente Mendes por no participar.

“Saldrá con los oficiales en el siguiente puerto de escala”, le ordenó al teniente. “Le demostrará al oficial estadounidense que nos visita lo que significa pasar un buen rato. Él va a esperar eso de nosotros”.

Por meses, el teniente Mendes había estado orando para que su capitán entendiera y aceptara sus principios. Con mi llegada, el tema del Evangelio se convirtió en el punto central de las conversaciones en el comedor. Hablamos con los otros oficiales sobre José Smith, la Restauración, la Palabra de Sabiduría y la ley de castidad. Al poco tiempo, los sentimientos que tenían hacia el teniente Mendes cambiaron. Los oficiales quitaron la pornografía que desplegaban abiertamente, y en el siguiente puerto, en vez de ir a un club, todos disfrutamos de una comida juntos en un restaurante.

Hacia el final de las tres semanas que pasé a bordo, y tras muchas conversaciones con el capitán y los oficiales acerca de nuestras creencias, se les ablandó el corazón. “Ahora entiendo”, le dijo el capitán al teniente Mendes antes de que yo me fuera, y agregó que nunca volvería a pedirle que actuara en forma contraria a sus principios.

Jamás olvidaré esa experiencia. El teniente Mendes y yo aprendimos que nuestro Padre Celestial nos conoce individualmente, nos ama y se interesa en nuestra vida personal.

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El Plan de Salvación: un sagrado tesoro de conocimiento que nos guía

El Plan de Salvación: un sagrado tesoro de conocimiento que nos guía
Por el élder Robert D. Hales
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Robert D. Hales

La clave de nuestro éxito en la vida premortal fue el apoyo que le dimos al plan del Padre, y es también la clave para el éxito en la vida mortal.

A menudo he meditado sobre la desesperanza de los hijos de Dios que vagan por el mundo obscuro y lúgubre sin saber quiénes son, de dónde vienen, por qué están aquí en la tierra ni adónde irán después de su vida terrenal.

No hay necesidad de que andemos errantes. Dios ha revelado verdades eternas para contestar esas preguntas, y se encuentran en el gran plan que tiene para Sus hijos. En las Escrituras ese plan se conoce como el “plan de redención”1, el “plan de felicidad”2 y el “plan de salvación”3.

El comprender y seguir obedientemente el plan de Dios evitará que nos apartemos del sendero que nos lleva de regreso a nuestro Padre Celestial4. Entonces, y solo entonces, podremos vivir el tipo de vida que Él vive, que es la “vida eterna… el mayor de todos los dones de Dios”5.

El don de la vida eterna merece cualquier esfuerzo que hagamos para estudiar, aprender y poner en práctica el Plan de Salvación. Todo el género humano resucitará y recibirá las bendiciones de la inmortalidad; pero para obtener la vida eterna, el tipo de vida que Dios vive6, vale la pena vivir el Plan de Salvación con todo el corazón, mente, alma y fuerza.

Comprender el Plan de Salvación

¡Cuánto poder nos da el conocimiento del plan! El Plan de Salvación es uno de los tesoros más grandes de conocimiento que se han dado a la humanidad, ya que explica el propósito eterno de la vida. Sin él, realmente andamos vagando en la obscuridad. Es por eso que el modelo de Dios es dar mandamientos a Sus hijos “después de haberles dado a conocer el plan de redención”7.

Mi deseo es ayudar a cada uno de nosotros a aprovechar este tesoro de conocimiento; a entender mejor el Plan de Salvación y a poner en práctica ese entendimiento en nuestra vida diaria.

El albedrío

Ya que el albedrío es un elemento esencial de ese plan, comencemos allí. Nuestro Padre nos ha dado la capacidad de actuar o de negarnos a actuar8 de conformidad con verdades eternas: las verdades que hacen que Dios sea lo que es y que el cielo sea lo que es9. Si hacemos uso del albedrío para aceptar y vivir esas verdades, recibimos gozo sempiterno. En cambio, si hacemos uso del albedrío para desobedecer y para rechazar las leyes de Dios, experimentamos sufrimiento y pesar10.

El albedrío es un principio que se relaciona con los tres capítulos del Plan de Salvación: la vida premortal, la vida mortal y la vida postmortal.

La vida premortal

Tal como se declara en “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, cada uno es “un amado hijo o hija procreado como espíritu por padres celestiales”, y tenemos “una naturaleza y un destino divinos”11. En un concilio preterrenal, el Padre Celestial nos explicó Su plan de redención12. Dicho plan se basaba en doctrina, leyes y principios que siempre han existido13. Aprendimos que si aceptábamos y seguíamos el plan, se nos requeriría dejar voluntariamente la presencia de nuestro Padre y ser probados a fin de demostrar si escogeríamos vivir de conformidad con Sus leyes y mandamientos14. Nos regocijamos ante esa oportunidad15 y con agradecimiento apoyamos el plan porque nos ofrecía la manera de llegar a ser como nuestro Padre Celestial y de heredar la vida eterna.

Sin embargo, el plan suponía riesgos: si en la vida terrenal escogíamos no vivir de conformidad con las leyes eternas de Dios, recibiríamos algo menor a la vida eterna16. El Padre sabía que tropezaríamos y que pecaríamos en la vida terrenal a medida que aprendiéramos por medio de la experiencia, por lo que proporcionó un Salvador para redimir del pecado a todo el que se arrepintiera y para sanar las heridas espirituales y emocionales de quienes fueran obedientes17.

Jesucristo fue el Hijo amado, escogido y preordenado del Padre desde el principio18. Él apoyó el plan del Padre y se ofreció a ser nuestro Salvador, diciendo: “Heme aquí; envíame”19. Fue así que Jesús fue nombrado por el Padre para ser quien llevara una vida sin pecado en la vida mortal, expiara nuestros pecados y aflicciones y resucitara para romper las ligaduras de la muerte.

Lucifer, que llegó a ser conocido como Satanás, también vivió en la existencia premortal20. Por razones egoístas, rechazó el plan, procuró destruir el albedrío del hombre y se rebeló contra el Padre21; como consecuencia, él y los que lo siguieron nunca tendrán un cuerpo. Renunciaron a su oportunidad de participar en el plan del Padre y perdieron su destino divino22. En la actualidad, continúan su guerra de rebelión contra Dios y procuran poner el corazón y la mente del género humano en contra de Él23.

Esta tierra fue diseñada y creada para aquellos que aceptaron el plan del Padre24. Aquí es donde obtenemos un cuerpo creado a la imagen y semejanza de Dios, donde somos probados, y donde ganamos la experiencia necesaria para heredar la vida eterna25.

La vida mortal

Dios creó a Adán y a Eva y los unió en matrimonio, los puso en el Jardín de Edén y les mandó que tuvieran hijos26. Haciendo uso de su albedrío, Adán y Eva, juntos, cayeron de la presencia de Dios y se convirtieron en seres mortales27. Con ello se cumplió el plan del Padre haciendo posible que tuvieran hijos, lo cual no podían hacer en el Jardín de Edén28. Por ley eterna, el poder divino de la procreación se debe utilizar dentro de los límites fijados por nuestro Padre Celestial. El hacerlo nos brinda la oportunidad de [recibir] gozo eterno. Cualquier uso que se le dé a ese poder sagrado fuera de los límites que Dios ha fijado resultará finalmente en aflicción29.

Satanás, que desea que todos “sean miserables como él”30, procura alejarnos de las oportunidades que están disponibles por medio del plan de Dios. ¿Por qué permite el Padre Celestial que Satanás nos tiente? Porque sabe que la oposición es necesaria para nuestro crecimiento y probación en la vida terrenal31. La oposición nos da la invaluable oportunidad de volvernos a Dios y depender de Él. Debido a que el bien y el mal están constantemente ante nosotros, podemos expresar claramente los deseos de nuestro corazón al aceptar el uno y rechazar el otro32. La oposición se puede encontrar en las tentaciones de Satanás, pero también en nuestras propias debilidades, las flaquezas mortales que son inherentes a la condición humana33.

A fin de ayudarnos a decidir sabiamente, Dios ha revelado Su plan de redención y nos ha dado mandamientos34, la luz de Cristo35 y la compañía del Espíritu Santo36. Pero incluso con todos esos dones, cada uno de nosotros en este mundo caído comete pecados, por lo que somos incapaces de entrar en la presencia de Dios por nuestros propios méritos37. Es por eso que Su plan misericordioso proporciona un Salvador.

Jesucristo vino a la tierra en calidad de Hijo Unigénito de Dios y cumplió a la perfección la misión que se le asignó, sometiéndose a la voluntad del Padre en todas las cosas38. De acuerdo con el misericordioso plan del Padre, los efectos de la Caída se conquistan por medio de la resurrección del Salvador39, las consecuencias del pecado se pueden vencer y la debilidad se puede convertir en fortaleza si hacemos uso de la expiación de Jesucristo40.

Solo mediante la obediencia a los mandamientos podemos reunir los requisitos para la vida eterna. Ello requiere que tengamos fe en el Señor Jesucristo, que nos arrepintamos, que seamos bautizados, que recibamos el don del Espíritu Santo y que perseveremos hasta el fin en seguir el ejemplo del Salvador41. En términos prácticos, debemos recibir todas las ordenanzas esenciales del sacerdocio y perseverar hasta el fin en guardar los convenios relacionados con ellas.

La vida postmortal

Después de morir, un día nos presentaremos ante el Salvador para ser juzgados42. Puesto que Dios es misericordioso, los que hayan ejercitado su fe en Cristo para arrepentimiento serán perdonados y heredarán todo lo que el Padre tiene, incluso la vida eterna43; pero debido a que Dios es justo, toda persona que no se arrepienta no recibirá el don de la vida eterna44. Todos serán recompensados de conformidad con su fe, arrepentimiento, pensamientos, deseos y obras45.

Aplicar el Plan de Salvación a nuestra vida diaria

Una vez que entendemos el gran panorama del plan y nos visualizamos en él, ganamos algo que es de mucho valor, incluso esencial: una perspectiva eterna. La perspectiva eterna guía nuestras decisiones y acciones cotidianas; estabiliza la mente y el alma y, cuando a nuestro alrededor se arremolinan opiniones persuasivas pero eternamente erróneas, nos mantiene firmes e inamovibles.

Tal como el élder Neal A. Maxwell (1926–2004), del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “Sin el entendimiento del Plan de Salvación, incluso de nuestra existencia preterrenal y el juicio y la resurrección, el tratar de hacer que esta vida por sí misma tenga sentido es como solo ver el segundo acto de una obra de teatro de tres actos”46. Debemos entender el primer acto (la vida premortal) a fin de saber cómo tomar las mejores decisiones durante el segundo acto (la vida mortal), lo cual determinará lo que nos sucederá en el tercer acto (la vida postmortal).

Expresado de otra manera, el entender el Plan de Salvación, acompañado de la oración sincera, cambia la forma en que vemos la vida, a todos los que nos rodean y a nosotros mismos. El entender el plan aclara nuestra visión espiritual y permite que veamos las cosas tal como son47. De la misma forma en que el Urim y Tumim permitió que el profeta José Smith recibiera revelación y guía48, el tener conocimiento del plan nos mostrará cómo “[obrar] en doctrina y principio pertenecientes a lo futuro, de acuerdo con el albedrío moral” que el Señor nos ha dado49. De ese modo, se fortalecerá nuestra fe y sabremos cómo trazar el curso de nuestra vida y tomar decisiones que concuerden con la verdad eterna.

A continuación figuran algunos ejemplos que son especialmente pertinentes a nuestro tiempo.

El propósito del matrimonio en el plan de Dios

El matrimonio y la familia están bajo ataque porque Satanás sabe que son esenciales para obtener la vida eterna; son tan esenciales como la Creación, la Caída y la expiación y resurrección de Jesucristo50. Puesto que no pudo destruir ninguno de esos pilares del plan, Satanás procura destruir nuestro entendimiento y nuestra práctica del matrimonio y la familia.

Si el plan del Padre Celestial es nuestro punto de referencia fijo, el propósito del matrimonio se vislumbra claramente. El mandamiento de dejar al padre y a la madre, de unirse el uno al otro en matrimonio51 y de multiplicar y henchir la tierra52 hace que Su plan sea posible. Por medio del matrimonio traemos al mundo a los hijos que Él procreó en espíritu, y nos asociamos con Él para ayudar a Sus hijos a participar en Su plan53.

El plan del Padre nos proporciona el camino para heredar la vida eterna, que es la vida que nuestros padres celestiales llevan. En el plan, “ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón” en el Señor54. La esencia misma de la vida eterna incluye el matrimonio eterno de un hombre y una mujer, lo cual es una parte esencial de llegar a ser como nuestros padres celestiales55.

El matrimonio entre un hombre y una mujer

En el matrimonio nos completamos el uno al otro, de la forma en que solo un hombre y una mujer con sus diferencias únicas y esenciales pueden hacerlo. Al caminar por la vida terrenal como esposo y esposa, crecemos juntos y nos acercamos más al Salvador a medida que, juntos, obedecemos, hacemos sacrificios para hacer la voluntad de Dios y edificamos Su reino. Con el conocimiento de que el matrimonio eterno es un mandamiento de Dios y que Él prepara el camino para que Sus hijos logren lo que les manda56, sabemos que nuestro matrimonio tendrá éxito si estamos unidos en guardar los convenios que hemos hecho.

Es por medio de las ordenanzas del sacerdocio y de decidir guardar los convenios asociados con ellas que recibimos el poder de la divinidad a medida que hacemos frente a los desafíos de la vida mortal57. Las ordenanzas del templo nos invisten de poder de lo alto y permiten que regresemos a la presencia de nuestro Padre Celestial58. La ordenanza del sellamiento permite al esposo y a la esposa crecer juntos mediante el poder de Dios y ser uno con el Señor59. Cualquier sustituto para ese tipo de matrimonio no cumplirá Sus sagrados propósitos para nosotros ni para las generaciones futuras de Sus hijos60.

Atracciones y deseos

Todos llegamos a este mundo caído con debilidades o desafíos inherentes a la condición humana61. El entender el plan de Dios nos permite ver todas las flaquezas humanas —incluso las atracciones y deseos que no van de acuerdo con Su plan— como temporales62. El saber que vivimos antes de esta vida como amados hijos e hijas de padres celestiales permite que basemos nuestra identidad personal en nuestro origen divino. Es nuestra condición de hijos e hijas de Dios —y no nuestras flaquezas o tendencias— lo que es la verdadera fuente de nuestra identidad63.

Con esa perspectiva, somos más capaces de esperar humilde y pacientemente en el Señor64, confiando en que mediante nuestra fe, obediencia y perseverancia hasta el fin nuestros deseos y tendencias se purificarán, nuestro cuerpo se santificará, y realmente llegaremos a ser los hijos e hijas de Cristo, perfeccionados por medio de Su expiación.

La perspectiva eterna del plan nos da la seguridad de que, para los fieles, el día seguramente vendrá en que “enjugará Dios toda lágrima… y ya no habrá más… dolor, porque las primeras cosas han dejado de ser”65. Ese “fulgor perfecto de esperanza”66 calmará nuestra mente y nuestro corazón y nos dará la capacidad de esperar paciente y fielmente en el Señor.

Promesas para los que perseveren fielmente

Aquellos que se pregunten si sus circunstancias o condición actuales les impedirán obtener la vida eterna deben recordar que “[nadie] está predestinado a recibir menos que todo lo que el Padre tiene para Sus hijos”67.

No se negará ninguna bendición a los fieles. El presidente Lorenzo Snow declaró: “Ningún Santo de los Últimos Días que muera, después de haber llevado una vida fiel, perderá bendición alguna por no haber hecho ciertas cosas si no se le presentaron las oportunidades de hacerlas. En otras palabras, si un joven o una joven no tiene la oportunidad de casarse y lleva una vida fiel hasta la hora de su muerte, tendrá todas las bendiciones, la exaltación y la gloria que tendrá cualquier hombre o mujer que tenga esa oportunidad y la aproveche. Eso es seguro y verdadero”68.

Promesas para todos los que conocen el plan y lo ponen en práctica diariamente

Cada uno de nosotros apoyó de todo corazón el plan del Padre en la vida premortal. Sabíamos que Él nos amaba, y Su generosa oferta de la oportunidad de heredar todo lo que Él tiene, incluso la vida eterna, nos maravilló. La clave de nuestro éxito en la vida premortal fue el apoyo que le dimos al plan del Padre, y es también la clave para el éxito en la vida mortal.

Por tanto, mi invitación es que, juntos, apoyemos nuevamente el plan del Padre, lo cual hacemos al demostrar amor por todos, ya que el plan mismo es una expresión del amor de Dios.

A medida que apliquemos el conocimiento que tenemos del plan del Padre, nuestra vida cobrará un significado más profundo; haremos frente a los desafíos con mayor fe; y seguiremos adelante con la segura, brillante y resplandeciente esperanza de la vida eterna.

Notas

1. Jacob 6:8; Alma 12:25–26, 30, 32; 17:16; 18:39; 29:2;39:18; 42:11.
2. Alma 42:8, 16.
3. Jarom 1:2; Alma 24:14; 42:5; Moisés 6:62.
4. Véase Alma 12:32; véase también de Boyd K. Packer, “The Great Plan of Happiness and Personal Revelation”, transmisión del SEI para jóvenes adultos, 7 de noviembre de 1993.
5. Doctrina y Convenios 14:7.
6. Véase de Harold B. Lee, The Teachings of Harold B. Lee, ed. Clyde J. Williams, 1996, pág. 72; véase también Bruce R. McConkie en Conference Report, abril de 1970, pág. 26.
7. Alma 12:32; cursiva agregada; véase también el versículo 25.
8. Véanse 2 Nefi 2:13–16; Doctrina y Convenios 101:78.
9. Véase de George Q. Cannon, Gospel Truth: Two Volumes in One: Discourses and Writings of President George Q. Cannon, sel. de Jerreld L. Newquist, 1974, pág. 296.
10. Véanse de Richard G. Scott, “Cómo vivir bien en medio de la creciente maldad”, Liahona, mayo de 2004, pág. 102; y de Robert D. Hales, “Return: Four Phases of Our Mortal Journey Home”, 2010, pág. 33.
11. “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Liahona, noviembre de 2010, pág. 129; véanse también Hechos 17:29; Romanos 8:16–17; Hebreos 12:9; Abraham 3:18–25.
12. Véase Alma 12:30; véanse también Job 38:4–7;Abraham 3:22–28
13. Véase 2 Nefi 2:13; véase también de Howard W. Hunter, “Conocer a Dios”, Liahona, abril de 1975, pág. 45; Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Heber J. Grant, 2003, págs. 30–31: “… cada uno de [los] mandamientos se ha dado con el propósito expreso de… hacernos dignos y de prepararnos para volver a morar en la presencia de nuestro Padre Celestial. Esos deberes y obligaciones tienen por objeto santificar nuestras almas; tienen por objeto hacer Dioses de nosotros y prepararnos y hacernos dignos de llegar a ser… coherederos con nuestro Señor y Salvador Jesucristo”.
14. Véanse Doctrina y Convenios 136:31; Abraham 3:24–25.
15. Véase Job 38:7.
16. Véase Doctrina y Convenios 88:34–36, 39–40.
17. Véanse Isaías 53:3–5; 2 Nefi 2:8; 9:10–11; 31:21;Mosíah 3:17; Alma 7:11–13.
18. Véanse 1 Pedro 1:20; Moisés 4:2.
19. Abraham 3:27.
20. Véase Isaías 14:12–16.
21. Véase Moisés 4:3–4; véase también 1:19.
22. Véase Apocalipsis 12:7–9.
23. Véase Doctrina y Convenios 10:26–27.
24. Véase Doctrina y Convenios 59:18–19.
25. Véase Abraham 3:24–26.
26. Véase Génesis 1:26–28.
27. Véase Alma 42:2–6; Moisés 4:25, 28–31.
28. Véanse 2 Nefi 2:23; Moisés 5:11; véase también de Boyd K. Packer, “El plan de felicidad”, Liahona, mayo de 2015, págs. 26–28.
29. Véanse Alma 39:3–5; 41:3–4, 10–15.
30. 2 Nefi 2:27.
31. Véase 2 Nefi 2:11.
32. Véanse 2 Nefi 2:26–29; Alma 34:32–35.
33. Véanse Jacob 4:7; Éter 12:27; Doctrina y Convenios 62:1.
34. Véase Alma 12:30–32.
35. Véanse Moroni 7:16–19; Doctrina y Convenios 88:7, 11–13.
36. Véase 2 Nefi 31:12–14, 18.
37. Véase 1 Juan 1:8.
38. Véanse Lucas 22:39–42; Doctrina y Convenios 19:16–19.
39. Véanse 1 Corintios 15:20–23; 2 Nefi 9:10–13; Alma 11:42–45.
40. Véanse Alma 42:2–15, 22–31; Moroni 10:32–33.
41. Véanse 2 Nefi 31:10–21; 3 Nefi 27:13–22.
42. Véanse Juan 5:22; Romanos 14:10; Apocalipsis 20:12–13; 2 Nefi 9:41; Alma 11:41–44; 3 Nefi 27:14–17, 20, 22.
43. Véase Alma 34:14–17.
44. Véanse Mosíah 3:21–27; Helamán 14:15–19; Doctrina y Convenios 88:21–24, 29–32.
45. Véase Mormón 3:20–22.
46. The Neal A. Maxwell Quote Book, ed. Cory H. Maxwell, 1997, pág. 252.
47. Véase de Thomas S. Monson, “Sean un ejemplo”, Liahona, mayo de 2005, pág. 113.
48. Véase José Smith—Historia 1:35.
49. Doctrina y Convenios 101:78.
50. Véase de D. Todd Christofferson, “El porqué del matrimonio, el porqué de la familia”, Liahona, mayo de 2015, pág. 52.
51. Véase Mateo 19:5.
52. Véase Génesis 9:1.
53. Véase Doctrina y Convenios 93:36-40.
54. 1 Corintios 11:11.
55. Véase de Dallin H. Oaks, “La Apostasía y la Restauración”, Liahona, julio de 1995, pág. 98; véase también de Dallin H. Oaks, “No tendrás dioses ajenos”, Liahona, noviembre de 2013, pág. 73.
56. Véase 1 Nefi 3:7.
57. Véase Doctrina y Convenios 84:19-21.
58. Véase Doctrina y Convenios 109:13–26, 38.
59. Véase Doctrina y Convenios 132:1-21.
60. Véanse 1 Pedro 3:7; Doctrina y Convenios 131:1–4; véase también de Joseph Fielding Smith, Answers to Gospel Questions, 5 tomos, 1957–1966, tomo IV, pág. 197: “Aquellos que se casen en el templo por esta vida y por la eternidad obtendrán la bendición de vidas eternas. Hago hincapié en vidas eternas. La vida eterna es la vida de Dios, es decir, ser como Él. Vidas eternas significa aumento eterno: la continuación, como lo dice la revelación, de las simientes por siempre jamás. El casarse fuera del templo solo es por esta vida. La muerte separa, y es una separación eterna, a menos que mientras tanto se arrepientan y tengan la fortuna de ir al templo y rectificar [la situación].
61. Véase Éter 12:27.
62. Véase Éter 12:37.
63. Véase “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, pág. 129; véase también Dios ama a Sus hijos, librito, 2007, pág. 1.
64. Véase Isaías 40:31.
65. Apocalipsis 21:4; véanse también los versículos 1–3.
66. 2 Nefi 31:20.
67. D. Todd Christofferson, “El porqué del matrimonio, el porqué de la familia”, pág. 53.
68. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Lorenzo Snow, 2012, pág. 136. Véase también de Gordon B. Hinckley, “Hijas de Dios”, Liahona, enero de 1992, pág. 110: “Quienes no se han casado por razones ajenas a sus propios deseos preguntan si se les negará el grado más alto de gloria en ese reino. Estoy seguro de que bajo el plan de un Padre amoroso y un Redentor divino, no se les negarán las bendiciones eternas de las que son dignos”.

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Celebrar la noche de hogar

Celebrar la noche de hogar
Cynthia Collier

En 1915, los profetas de los últimos días nos aconsejaron apartar una noche a la semana para dedicarla a la familia. Desde un principio se le llamó “noche de hogar” y consistía en apartar un tiempo para aprender el Evangelio, pasar un rato ameno juntos y al mismo tiempo fortalecer los lazos terrenales y eternos.

Cien años después, la noche de hogar nos sigue ayudando a establecer familias que duren toda la eternidad. Los profetas nos han hecho la promesa de que, por medio de ella, nuestro corazón se llenará de fe y de fortaleza espiritual, y en nuestros hogares gozaremos de mayor protección, unidad y paz.

Todos pertenecemos a una familia en la tierra y somos parte de la familia de nuestro Padre Celestial. Dondequiera que nos encontremos en el mundo y cualquiera que sea nuestra situación en la vida, podemos celebrar la noche de hogar y participar en ella.

Izquierda: Los integrantes de la familia Moua se mudaron recientemente a Tailandia, donde conocieron el Evangelio y se bautizaron. Durante la noche de hogar, estudian el Libro de Mormón en hmong, su idioma materno, y en tailandés, el idioma de su nuevo país.

Abajo: Pasar un rato ameno y jugar juegos es una manera en que la familia Santos, de Portugal, estrecha sus vínculos afectivos durante la noche de hogar.

Derecha: En la República Democrática del Congo, el término familia significa más que una madre, un padre y los hijos. Así que, cada vez que el hermano Suekameno reúne a su familia para la noche de hogar, muchas personas de la aldea son bien recibidas en ella.

Parte superior: La hermana Gercan, de las Filipinas, se vale de canciones de la Primaria y de música tradicional para enseñar a sus hijos el gozo del Evangelio.

Arriba: En esta foto se observa a la familia Anderson haciendo galletas en la cocina de su casa en Georgia, EE. UU. A veces las usan como parte de la lección o simplemente como refrigerio.

Arriba: El hermano y la hermana Reynolds, de Washington, EE. UU., buscan la manera de enseñar el Evangelio con sencillez a fin de que sus hijos pequeños lo aprendan y lo entiendan.

A la derecha, de arriba a abajo: La familia Espinoza, de Bolivia, incluye a su respetada abuela al cantar y aprender el Evangelio.

Para la familia Jin, de Georgia, EE. UU., la historia familiar es una de sus actividades favoritas de la noche de hogar. Disfrutan de enseñar a sus hijos sobre sus raíces coreanas.

Como parte de la noche de hogar, la familia Ligertwood, de Australia, a veces sale de paseo a explorar los lugares más atractivos de su ciudad.

Véase la página 3 de cada ejemplar de la revista Liahonaa fin de obtener ideas para la noche de hogar. Para compartir fotos o videos de su noche de hogar, use #NochedeHogar. Averigüe más en facebook.com/liahona.magazine.

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Palabras para cambiar nuestro mundo

Palabras para cambiar nuestro mundo
Por Norman C. Hill
Presidente de la Misión Ghana Accra Oeste

Un consejo de distrito de Ghana demuestra la manera en que el deliberar en consejo y emplear los recursos locales puede generar oportunidades de superación personal y para prestar servicio a los demás.

La hermana Vida Osei, de Ghana, tenía el deseo de aprender a leer y escribir inglés. Había asistido varias veces a programas comunitarios, pero al cabo de unas semanas se desanimaba y dejaba de ir. Entonces, un domingo, al asistir a las reuniones de la Rama 2, se enteró de que el Distrito Asamankese ofrecería un programa de alfabetización en inglés. Decidió aprovechar la oportunidad y se inscribió.

Pronto se dio cuenta de que ese programa era distinto; podía asistir junto con amigos de la Iglesia. Como materiales de estudio, se utilizaban las Escrituras, por lo que podría aprender inglés y el Evangelio al mismo tiempo.

Dos meses después de comenzar el curso, Vida ofreció una oración en una clase por primera vez en su vida. A los tres meses, dio su primer discurso en una reunión sacramental, parte en twi, un dialecto africano, y parte en inglés. Cuatro meses después del inicio de las clases, comenzó a anotar en un cuaderno muy gastado los pedidos, los costos y los precios de su trabajo de costurera que realizaba por cuenta propia. Así cometía menos errores con sus clientes, obtenía mejores precios de parte de sus proveedores y ganaba más dinero que antes.

“Era demasiado tímida para ir a clases de alfabetización con cualquier persona”, mencionó. “Pero como la clase se ofrecía en el centro de reuniones con miembros que yo conocía, me dio valor para volver a intentarlo. Ahora puedo leer las Escrituras y mejorar mi negocio debido a que leo y escribo inglés”.

En la parte del continente africano al sur del desierto de Sahara, mucha gente, en particular las mujeres, no sabe leer ni escribir. El analfabetismo está tan extendido que hay un antiguo proverbio africano que dice: “Si deseas ocultar algo, escríbelo en un cuaderno”. No obstante, en el caso de las mujeres Santos de los Últimos Días, la alfabetización va en aumento.

Retos que superar

Las limitaciones en materia de infraestructura y en la educación pública que existen en la mayoría de los países subsaharianos se traducen en oportunidades mínimas, sobre todo para las niñas. Debido al alto costo de los estudios y al estatus restringido de las niñas en la sociedad, para muchas personas el aprender a leer parece ser inalcanzable. Por ejemplo, a pesar de que el inglés es el idioma oficial de Ghana, se estima que menos de la mitad de las mujeres adultas lo hablan. En las zonas rurales del país, dos tercios de las mujeres adultas son analfabetas.

“La mayoría de las mujeres adultas de nuestros pueblos y aldeas no habla inglés”, señala Seth Oppong, presidente del Distrito Abomosu, de la Misión Ghana Accra Oeste. “El twi, nuestro dialecto local, ha sido un idioma verbal durante siglos. No fue hasta hace poco que se creó un alfabeto para el twi, así que poca gente lo podía leer”.

“Las hermanas dependen de los demás —mayormente de su esposo, si son casadas, o de lo que les dicen sus amistades, si no son casadas— para comprender los principios de Evangelio y las normas de la Iglesia”, explica Georgina Amoaka, presidenta de la Sociedad de Socorro de distrito. “Muchas de ellas tienen el deseo de servir, pero no pueden leer los manuales ni las revistas, así que las oportunidades que tienen de participar en la Iglesia son limitadas”.

Recomendación del consejo

Debido a que las mujeres no hablan inglés en su hogar ni en el mercado, el participar en la Iglesia es su principal motivación para aprender el idioma. Sin embargo, tanto los miembros de muchos años como los nuevos conversos encuentran resistencia de parte de la familia en cuanto a los programas de alfabetización. El consejo de distrito analizó esa situación y el presidente Oppong habló con los líderes del sacerdocio y de las organizaciones auxiliares de cada rama sobre un programa de alfabetización a nivel de distrito. El programa estaría abierto a todas las mujeres de la comunidad, pero se enfocaría en las mujeres de la Iglesia. En lugar de invitar a las personas por separado, se les invitaría a asistir en grupos; por ejemplo: las presidencias de la Sociedad de Socorro y de la Primaria asistirían juntas a fin de apoyarse unas a otras.

Tras conversaciones que tuvieron con las ramas, los líderes de distrito decidieron ofrecer clases de alfabetización en cada rama los domingos y dos veces durante la semana. Después de un empeño intenso de seis meses, se otorgarían certificados a aquellos que asistieran con regularidad y terminaran ciertas tareas obligatorias.

Recursos adaptados a las necesidades

“Uno de los retos era encontrar la manera de enseñar a leer y escribir a personas que solamente hablaban su idioma”, explicó el élder Jim Dalton, misionero mayor que presta servicio en el distrito. “El twi tiene larga tradición como idioma hablado pero no escrito; la mayoría de la gente que lo habla no lo sabe escribir, así que había que empezar por que aprendieran a escribir”.

Ransford Darkwah, del sumo consejo del Distrito Abomosu, se puso a trabajar con dos ex misioneros, Francis Ansah y Cecelia Amankwah, para utilizar un manual elaborado a nivel local. A los participantes se les mostraban imágenes y se les pedía que escribieran algo al respecto. Eso sirvió para que desarrollaran la habilidad básica de la escritura mientras aprendían a pensar en inglés. Una vez que manejaban las destrezas básicas, se podían usar recursos de aprendizaje más avanzados.

Preparación e innovación

Antes de que comenzara el programa, los especialistas en alfabetización capacitaron a instructores no solo en cuanto a métodos de aprendizaje, sino también sobre la forma de enseñar higiene práctica y habilidades prácticas de la vida familiar. Sin embargo, incluso con la mejor capacitación, no se podrían haber previsto algunos de los obstáculos que se presentaron en cuanto comenzaron las clases: los frecuentes apagones en la zona dificultaban que impartieran las clases; los rumores de que unos rebeldes mineros de oro andaban en las calles por la noche causaban ansiedad y, de vez en cuando, las personas que tenían llaves no podían llegar a tiempo para abrir el centro de reuniones.

Así que, una vez más, el consejo de distrito analizó lo que se podía hacer. En respuesta a su recomendación, los participantes comenzaron a ir a las clases en grupo; se les repartieron linternas para que caminaran seguros por los senderos; los líderes locales autorizaron el uso de generadores para que los edificios de la Iglesia tuvieran luz por la noche; y se les dieron llaves a miembros de confianza que vivían cerca de los centros de reuniones para que abrieran los edificios a tiempo.

Presentaciones en la graduación

Un total de sesenta y un miembros e investigadores empezaron el programa, de los cuales cuarenta y tres terminaron todas las sesiones y tareas. El día de la graduación se les invitó a que dieran breves presentaciones.

“Antes de comenzar el programa de alfabetización, no sabía leer en lo absoluto”, afirmó Sandra Obeng Amoh, de la Rama Sankubenase. “Cuando mi esposo viajaba por motivos de trabajo, nunca hacíamos la noche de hogar. Hace unas semanas, mientras mi esposo estaba ausente, mi hijo mayor me ayudó a leer el manual y di a mis hijos una lección en inglés. Desde entonces lo he hecho cada vez que mi esposo no está en casa”.

Prosper Gyekete, quien a pesar de sus limitados conocimientos de inglés ha seguido siendo fiel miembro de la Rama Abomosu 2, leyó un testimonio de tres enunciados que él mismo escribió. Dijo que antes de la clase no sabía leer ni escribir, pero que ahora ayuda a sus hijos pequeños con sus tareas. “Gracias a lo que he aprendido”, aseguró, “puedo ser un mejor padre”.

“Ahora puedo leer las Escrituras solo”, indicó Kwaku Sasu, de la Rama Kwabeng. “Antes, sabía de la veracidad del Libro de Mormón, a pesar de que no lo podía leer. Ahora sé que es verdadero conforme lo leo. Mi testimonio crece y crece”.

Las hermanas de la presidencia de la Sociedad de Socorro de la Rama Asunafo dijeron que dedicaban cada jueves a hablar exclusivamente en inglés entre ellas. “Ese día las conversaciones eran lentas y se hacían más largas, ya que no podíamos hallar las palabras adecuadas para comunicarnos”, mencionó Evelyn Agyeiwaa, presidenta de la organización. “Pronto comenzamos a interpretar unas para las otras buscando las palabras correctas. Debido a que aprendíamos juntas, ninguna sentía vergüenza ni temor de equivocarse. Simplemente nos ayudábamos la una a la otra”.

Los beneficios abundan

Las mujeres que terminaron el programa de alfabetización del Distrito Abomosu dijeron que se sentían mejor con ellas mismas, y sus probabilidades de participar en la Iglesia aumentaron. Estuvieron más dispuestas a aceptar llamamientos, a leer las Escrituras y a enseñar tanto en la Iglesia como en el hogar. Algunos hombres también terminaron el programa. En su mayoría eran agricultores de subsistencia y explicaron que ahora pueden calcular mejor los gastos y las ventas de sus productos, ayudar a sus hijos con sus tareas y leer las Escrituras individualmente y con su familia.

Entusiasmado por el éxito obtenido en Abomosu, el aledaño Distrito de Asamankese lanzó su propio programa de alfabetización.

“El hecho de poder leer y escribir está cambiando nuestra vida y la de nuestros hijos”, afirmó Gladis Aseidu, de la Rama Sankubenase. “Las palabras están cambiando nuestro mundo y damos gracias al Padre Celestial”.

Autosuficiencia inspirada

Presidente Dieter F. Uchtdorf

“No hay una respuesta única que se aplique a todos en el bienestar de la Iglesia. Es un programa de autoayuda en el que las personas son responsables de su autosuficiencia. Nuestros recursos incluyen la oración personal, las habilidades y talentos que Dios nos ha dado, los recursos que están disponibles para nosotros por medio de nuestra propia familia, los diferentes recursos de la comunidad y, desde luego, el amoroso apoyo de los cuórums del sacerdocio y de la Sociedad de Socorro…

“Al final, deben hacer en su área lo que los discípulos de Cristo han hecho en toda dispensación: sentarse en consejo, usar todos los recursos disponibles, buscar la inspiración del Espíritu Santo, pedir la confirmación del Señor y ponerse a trabajar”.

Véase del presidente Dieter F. Uchtdorf, Segundo Consejero de la Primera Presidencia, “El proveer conforme a la manera del Señor”, Liahona, noviembre de 2011, págs. 53–56.

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