La fe y las familias

La fe y las familias
Élder Russell M. Nelson
Del Quorum de los Doce Apóstoles

Charla fogonera del SEI para los jóvenes adultos 6 de febrero de 2005 Universidad Brigham Young

Hermanos y hermanas, me encanta estar con ustedes en esta ocasión especial. Lamento que mi esposa tiene tos y un resfriado que la han retenido en casa. Me abruma ver esta gran congregación de jóvenes adultos. Hay muchos más reunidos por toda Norteamérica, Centroamérica, Sudamérica, Europa, Asia, África y las islas del mar. Ruego que el Espíritu del Señor nos acompañe. Y puesto que esta reunión se está traduciendo a 28 idiomas, oramos también por nuestros traductores.

Extiendo a todo joven adulto el saludo y el amor de los presidentes Gordon B. Hinckley, Thomas S. Monson y James E. Faust, así como de los miembros del Quórum de los Doce Apóstoles. Les agradecemos su fe, su devoción y su deseo de servir al Señor. Les amamos a cada uno de ustedes.

Deseo pedirles que dejen de tomar notas sólo por un momento para que hagan un profundo examen de conciencia. Ustedes son jóvenes y entusiastas. La mayoría son estudiantes y tienen grandes aspiraciones para el futuro. Por ello les pido que piensen en ustedes, no como son ahora, sino en lo que pueden llegar a ser de aquí a 50 años. A través de este imaginario túnel del tiempo, imagínense cómo serán entonces. Su mente amplia y su cintura estrecha habrán intercambiado de lugar. Habrán terminado su trayectoria profesional. No tendrán más jornadas de trabajo. Ya no marcarán la hora de entrada ni cobrarán un salario. ¿Captan la idea?

Ahora les pregunto: ¿Qué ven en ustedes dentro de 50 años? ¿Qué quieren ser dentro de 50 años? ¿Qué es lo que más desean en realidad, por encima de todo, para dentro de 50 años?

Creo poder oír sus mentes funcionando. Algunos de ustedes dirán: “Sólo deseo estar vivo dentro de 50 años”, lo que no es mala idea. Los accidentes y las enfermedades forman parte de la vida terrenal, y eso significa que algunos de ustedes no estarán aquí dentro de 50 años, pero la mayoría sí estará. Así que, planifiquemos según la regla y no según la excepción. Algunos de ustedes ven la fama y la fortuna en el futuro, y la mayoría desea formar una familia.

Si mi esposa estuviera aquí, la invitaría a ponerse de pie a mi lado. Como saben, el hombre no es sin la mujer en el Señor1. Quizá el vernos juntos les ayudaría a planificar y lograr lo que desean llegar a ser. Mi mensaje lleva por título “La fe y las familias”. He puesto la fe primero a propósito. Ésta ha sido siempre la estrella polar de nuestra vida matrimonial: tener la fe para buscar primero el reino de Dios. Hemos aprendido que una fe inquebrantable en el Señor enriquece la vida y el amor conyugal. La fe en Dios aumenta, tanto cuantitativa como cualitativamente, nuestra capacidad de amar.

Hace más de 50 años éramos jóvenes adultos como ustedes. Esta fotografía se tomó en aquel entonces. Los dos éramos universitarios. Yo me encontraba en      el segundo año de mis estudios preliminares de medicina; ella acababa de entrar en la universidad con una beca. Estábamos muy enamorados. Creo que ustedes lo perciben en la foto. Hermanos, no pueden culparme por estar enamorado de ella, ¿verdad? Seguir leyendo

Publicado en Charla fogonera, Familia, Fe, La fe y las familias | Etiquetado , , , | 1 comentario

Los preliminares de la restauración

Los preliminares de la restauración

Milton V. Backman, Jr.Milton V. Backman, Jr.
(Tomado de the Improvement Era 1960)

Terminada la Guerra de 1812, se inició una era nueva en la historia americana. Esta guerra, igual que otros conflictos, sirvió para acelerar el cambio. La democracia política aumentó con el derecho de votar, y la libertad religiosa se convirtió en realidad al ser eliminadas las iglesias intolerantes apoyadas por el Estado. Aparecieron en escena un gran número de sectas religiosas, floreció la industria, se organizó el trabajo, se hizo hincapié en el optimismo y América, entró en una época de paz, prosperidad y progreso social.

Examinando las páginas de la historia, también nos damos cuenta de que los avivamientos religiosos que se manifestaron a principios del siglo XIX no cesaron durante la guerra de referencia, y con el tiempo este entusiasmo llegó a ser más notable en la parte occidental del Estado de Nueva York. En la época en que el Canal de Erie estaba transformando la situación económica de aquella región, muchos de los colonos se interesaron profundamente en promulgar varias filosofías religiosas, y con frecuencia las doctrinas cristianas servían de base a extensos debates. Estos se resolvían en argumentos acalorados y muchas preguntas perplejas quedaban sin resolver.

En 1820, en medio de este ambiente colmado de avivamientos, un joven agricultor que aún no entraba en los 15 años de edad, buscó la respuesta a sus preguntas religiosas por medio de la oración vocal. El resultado de su súplica fué una visión gloriosa: se reveló la verdad desde los cielos, y Dios el Padre y su Hijo Jesucristo aparecieron al humilde joven, José Smith. Este acontecimiento le enseñó lo que ningún otro ser mortal sabía entonces. Aprendió en forma positiva que el concepto popular de Dios, que había monopolizado los pensamientos cristianos por aproximadamente mil quinientos años, era incorrecto; y que el Padre y el Hijo eran dos seres separados y distintos. Le fué dicho que la pureza del evangelio de Jesucristo no se hallaba entonces en la tierra, y que los profesores religiosos enseñaban doctrinas que no eran sino mandamientos de los hombres. Esta Primera Visión, que fué uno de los sucesos más importantes de la historia del mundo, condujo al restablecimiento subsiguiente de la Iglesia de Jesucristo sobre la tierra y la diseminación influyente de las enseñanzas del Salvador.

lutero calvino

Por motivo de la magnitud de este acontecimiento, muchos Santos de los Últimos Días han preguntado: “¿Por qué no se estableció la Iglesia antes del siglo diecinueve? ¿Por qué estuvo el mundo bajo el dominio de la apostasía por tantos años? ¿Por qué no hubo un José Smith en el siglo diez o dieciséis?

Sería difícil contestar estas preguntas sin una investigación de los hechos históricos. Al hacerlo, sin embargo, uno debe tener presente que el hombre nunca puede comprender los designios de nuestro Hacedor. Las palabras proféticas de Isaías claramente establecen este asunto: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos, mis caminos, dijo Jehová.”1

No obstante, este hecho no nos exime de la responsabilidad de tratar de interpretar lo pasado. Las Escrituras nos dicen que se preparó con mucho cuidado el camino que condujo a la restauración, y que los profetas del hemisferio oriental, así como del occidental, sabían de los distintos pasos que se darían para lograr esta meta. Isaías previo que se iba a restaurar el evangelio después de una larga apostasía; y también testificó que antes que el Líbano pudiese convertirse en campo fructífero, se efectuaría una obra maravillosa entre los hijos de Dios. Habría de aparecer una obra nueva por medio de la cual se daría entendimiento a los hombres cuyos espíritus anduviesen errados, y los que murmuraran aprenderían doctrina.2 También Nefi vió una visión que le manifestó cómo se llevarían a cabo los planes de Dios. Vió que antes de la restauración del evangelio, las Américas serían descubiertas, pobladas y que las colonias inglesas del norte ganarían su independencia. Entonces predijo que la plenitud del evangelio sería restaurada durante una época posterior a la revolución norteamericana.3

Los hechos históricos evidencian que el principio del siglo diecinueve fué efectivamente el momento más oportuno, de todos los de la extensa historia del género humano, para que se restableciera entre los hombres la plenitud del evangelio, porque las enseñanzas restauradas de Cristo no pudieron haberse promulgado con éxito antes de la revolución norteamericana. Para que el evangelio pudiera extenderse eficazmente por el mundo, era menester que se dieran dos pasos fundamentales: en primer lugar, el principio de la tolerancia religiosa tenía que ser una realidad, no sólo como un código de estatutos, sino también en los pensamientos y hechos de la gente; en segundo lugar, era necesario impugnar la teología cristiana ortodoxa a fin de que los hombres estuviesen dispuestos a considerar las verdades del evangelio. Seguir leyendo

Publicado en Restauración | Etiquetado , | 3 comentarios

El valor del evangelio

El valor del evangelio
por Joseph Fielding Smith
Presidente del Consejo de los Doce Apóstoles
(Tomado de the Improvement Era 1960)

Joseph Fielding SmithCuando me pongo de pie ante este gran cuerpo de miembros de la Iglesia, en su mayoría portadores del sacerdocio, siento en mi alma una sensación de temor y de responsabilidad. Espero que pueda tener la orientación del Espíritu del Señor en las palabras que pronuncie. Estoy muy agradecido por lo que nuestro Presidente dijo en la reunión esta mañana, así como por las palabras de los que hablaron después de él. Estoy seguro que hemos sido edificados por las cosas que se han dicho y comprendo lo mucho que dependo del Espíritu del Señor para que me ayude a decir algo que sea de beneficio en esta ocasión.

Quizá habrá quienes pregunten porqué celebramos Conferencias Generales dos veces al año y hacemos reunir a nuestros miembros de todas partes de la Iglesia, particularmente a los oficiales presidentes. Mis hermanos, no sé qué haríamos si nos fuera quitado este privilegio. Me he preguntado cuál habría sido la condición, en los días de Pedro, Santiago y Juan, si pudieran haberse reunido cada trimestre y semestre para celebrar sus conferencias. Quizá se habría aplazado la apostasía, o tal vez evitado por completo. Sin embargo, ellos no tuvieron este privilegio.

Me parece que percibo la importancia de estas reuniones, en las que se juntan los hermanos, particularmente los que poseen el sacerdocio, para recibir amonestaciones, ser animados y entonces volver a sus estacas con sus espíritus vigorizados. Podemos mantenernos en comunicación con nuestros miembros mucho mejor que los de la antigüedad. Tenemos muchas facilidades que ellos no tuvieron y naturalmente, en las situaciones actuales, nuestros hermanos están más cerca el uno del otro que en los días antiguos.

Pues bien, hermanos y hermanas, ¿cuál es nuestro deber? Guardar los mandamientos de Dios. Se nos ha instruido que lo hagamos en nuestras conferencias trimestrales y en nuestras conferencias generales y en todas las reuniones que se llevan a cabo en las varias estacas y misiones de Sión, Más con todo esto, surgen condiciones que siempre deben conservarnos alertos, vigilantes, diligentes, perseverando en la observancia de los mandamientos del Señor y la instrucción de los miembros de la Iglesia. Esto hace mucha falta, porque Satanás no está dormido.

Frecuentemente pienso en las palabras del Señor a Juan cuando dijo que Satanás se llena de «grande ira sabiendo que tiene poco tiempo”. (Apocalipsis 12: 12) Y quizá está más activo hoy que en cualquiera otra época de la historia del mundo. Sus emisarios se insinúan entre los Santos de los Últimos Días. Algunos de ellos son sumamente astutos, y no cabe duda que unos tuvieron la luz y entendimiento del evangelio en un tiempo anterior, pero los han perdido. Se introducen entre nuestros Santos de los Últimos Días, y si no estamos preparados mediante nuestra fe, nuestra obediencia y conocimiento del evangelio, muchos de nosotros corremos peligro de ser seducidos.

El profeta José Smith dijo que el hombre no puede salvarse en la ignorancia. Hombre, por supuesto, significa el género humano. Pero, ¿ignorancia en qué sentido? De los principios salvadores del evangelio de Jesucristo. Se nos enseña la fe en Dios nuestro Pudre y en su Hijo Jesucristo; se nos instruye a estudiar, a familiarizarnos con su vida cuando estuvo sobre la faz de la tierra, por qué vino, la naturaleza de su obra cómo se relaciona con nosotros y la manera en que debemos prepararnos a nosotros mismos mediante nuestro estudio y nuestra fe para ser dignos delante de El en el cumplimiento de sus mandamientos.

Leemos en Doctrinas y Convenios donde el Señor dice que todos aquellos que se arrepienten y se bautizan recibirán el don del Espíritu Santo por la imposición de manos. Nosotros bautizamos a los niños a la edad de ocho años, la edad que el Señor ha llamado la edad de responsabilidad. Los niños que mueren antes de llegar a esa edad son redimidos sin ningún esfuerzo por parte de ellos. Una de las doctrinas más perversas que se ha enseñado en este mundo es la de que los niños pequeños nacen en el pecado, contaminados, y es menester purificarlos de ese pecado del cual no son responsables. El Señor dice que los niños pequeños fueron inocentes en el principio y, por decreto de Él, se hallan libres del pecado hasta que llegan a la edad de responsabilidad; pero después de esa edad, tienen la necesidad de bautizarse para la remisión de los pecados y recibir la entrada en la Iglesia y Reino de Dios.

Nos es prometido al bautizarnos, si somos leales y fieles, que tendremos la orientación del Espíritu Santo. ¿Con qué objeto? Para enseñarnos, dirigirnos y darnos testimonio de los principios salvadores del evangelio de Jesucristo. Todo niño que tiene la edad suficiente para bautizarse, y es bautizado, tiene el derecho de recibir la orientación del Espíritu Santo. He oído a algunas personas decir que un niño de ocho años de edad no puede entender. Sé que es todo lo contrario: yo recibí un testimonio de esta verdad a Ja edad de ocho años, por medio del Espíritu Santo, y lo he tenido desde entonces.

También se nos manda instruir a nuestros niños de acuerdo con la luz y la verdad, enseñarles los principios fundamentales del evangelio para que al crecer entiendan y tengan un testimonio del evangelio, un testimonio de su verdad, y estén preparados para resistir todas las persuaciones, doctrinas y enseñanzas de aquellos que procuraren destruir esa creencia. Estoy agradecido por nuestras Organizaciones Primarias y nuestras Escuelas Dominicales y las otras organizaciones de la Iglesia, pero, hermanos y hermanas, el Señor no ha impuesto sobre las organizaciones auxiliares, ni sobre los obispos de barrios o presidentes de rama, toda la responsabilidad de enseñar a los niños de Sión el evangelio de Jesucristo. Esto debe hacerse en sus casas.

En nuestras visitas a las Estacas descubrimos en muchos lugares que hay niños de ocho, y de nueve años de edad, y aún mayores, que no han sido bautizados. ¿Por qué? ¿De quién es el descuido? No podemos culpar al niño, pero alguien ha sido negligente. Cuando un niño llega a tener nueve, diez, once o más años de edad, y no ha sido bautizado miembro de esta Iglesia, alguien tiene la culpa. Yo diría que la culpa principal descansa en el hogar. Sin embargo, no siempre es así, porque también son culpables aquellos que tienen la responsabilidad de vigilar los intereses de la juventud en las ramas, junto con los obispos y presidentes de rama que deben cuidar y velar por todos los miembros de la Iglesia. No debemos permitir que ningún niño quede sin bautizar después que cumpla Los ocho años, y cuando vemos esa negligencia, claro es que alguien tiene la culpa.

Instruid a vuestros hijos, mis hermanos y hermanas, de acuerdo con la luz y la verdad. Enseñadles por medio del ejemplo. Sus padres y madres tienen que ponerles el ejemplo, pues no pueden decir a sus hijos: “Tú sigue las enseñanzas de la Iglesia, pero nosotros vamos a vivir de otra manera.” No puede hacerse así, porque no es propio. De modo que vosotros, los padres, debéis ponerles el ejemplo. Debe haber unidad en el hogar, y si la hay, con toda probabilidad habrá unidad en la Iglesia; pero debemos empezar en el hogar.

El evangelio de Jesucristo es el medio para ganar nuestra salvación y exaltación. Muchas veces me he preguntado por qué algunos quieren ser miembros de la Iglesia cuando no están dispuestos a vivir de acuerdo con los principios de la verdad eterna. No hay sino una razón para ser miembros de esta Iglesia, como yo lo entiendo, y es que nos proporciona el medio de recibir la salvación y la exaltación en el reino celestial de Dios. Pero si esto no es nuestro propósito, entonces ¿por qué estamos en la Iglesia?

Conozco a un hombre que fué condiscípulo mío jugamos juntos, fuimos a la escuela juntos. Cuando creció se educó en el Este y se graduó como científico. Entonces volvió y comenzó a perturbar en gran manera las clases de la Escuela Dominical, impugnando las revelaciones que se habían dado por conducto del profeta José Smith. Me informó acerca de ello uno de los miembros de la clase, el cual vino a mí y dijo: “Ese hermano viene a nuestra clase y no hace sino causar discordias,” En vista de que yo lo conocía bien, lo consideré propio hablarle y preguntarle por qué hacía esas cosas y perturbaba a los miembros de la clase.

—Pues no puedo aceptar todas las revelaciones dadas al profeta José Smith—me contestó.

—¿Hay algunas revelaciones que usted puede aceptar?

—Sí, puedo aceptar algunas.

Sin embargo no aceptaba todas las doctrinas recibidas mediante las revelaciones de nuestro Padre Celestial y su Hijo Jesucristo dadas a la Iglesia.

Terminada la conversación, que fué algo extensa, él me dijo:

—Le voy a pedir un favor, no haga ninguna gestión para que se me excomulgue.

—¿Entonces por qué desea permanecer en la Iglesia cuando se opone a sus doctrinas?

—Le diré porqué; me crié en la Iglesia y mis amigos son miembros de ella. Fuera de la Iglesia son pocas mis amistades. Si soy excomulgado cesarían mis asociaciones y amistades con las personas que ahora conozco, y no quiero que eso suceda. Hágame ese favor de no recomendar mi excomunión.

Pensé que había alguna esperanza de que cambiara de parecer, de modo que dejé el asunto por la paz; pero le hablé con bondad para tratar .de convencerlo del error que estaba cometiendo, aconsejarle que se arrepintiera y que cuando asistiera a las clases, pues nadie se lo iba a prohibir, no fuera con el espíritu de rebeldía u oposición a las doctrinas que los demás creían. “Sí no cree en ellas,—le dije—guarde silencio y procure recibir el Espíritu del Señor para que pueda aceptarlas.”

Este hombre ya murió, mas no sé si se arrepintió o no; pero hermanos y hermanas, el evangelio de Jesucristo es la cosa más vital del mundo que nosotros tenemos. Debemos vivir en tal forma que podemos aceptar toda palabra que sale de la boca de Dios, y esto constituye sus mandamientos.

Si hay en nosotros el espíritu debido, eso es lo que vamos a hacer. Si hay alguna doctrina o principio relacionados con las enseñanzas de la Iglesia que no entendamos, pongámonos de rodillas. Acudamos al Señor con el espíritu de oración, de humildad, para pedirle que ilumine nuestras mentes a fin de que podamos entender. Esta Iglesia no enseña doctrinas falsas. Todas las revelaciones comunicadas al profeta José Smith son absolutamente verdaderas. Se han dado para nuestra salvación, nuestro conocimiento, nuestro entendimiento, a fin de que nos acerquemos más y más a nuestro Padre Celestial y se nos estime dignos de estar delante de Él y al fin tener el privilegio de entrar en su presencia, para ser coronados allí como hijos e hijas de Dios y recibir la plenitud de su reino.

El Señor os bendiga, mis buenos hermanos y hermanas, yo ruego en el nombre de Jesucristo. Amén.

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

Mi testimonio de la resurrección

Mi testimonio de la resurrección

 J. Reuben Clark, Jr.por J. Rubén Clark Jr.
de la Primera Presidencia
(Tomado de the Improvement Era 1960)

Mis hermanos y hermanas que os halláis aquí en el edificio y los que nos escucháis por la radio y televisión, vengo ante vosotros con humildad y con necesidad de la ayuda de nuestro Padre Celestial. Le he rogado que me ayude. Agradecería una súplica igual por parte de vosotros con el mismo fin.

Esta es la época en que se conmemora la Pascua. Me parece que una vez pasada la celebración, se manifiesta la tendencia de que efectuada la resurrección, el Señor ascendió y nosotros ya no tenemos que ver más con el asunto. Vienen a mi mente dos o tres pasajes en particular que trataré de evocar.

En el aposento donde celebraron la Pascua, el Señor dijo: «. . .Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí». (Juan 14: 6) Varias veces durante su misión El agregó la palabra “luz”; de modo que la frase completa diría: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida, y la luz.”

Recuerdo que al tiempo en que levantó a Lázaro de entre los muertos, el Señor dijo, respondiendo a las palabras de Marta:

Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque esté muerto vivirá.

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Dícele: Sí, Señor, yo he creído que tú eres el Cristo el Hijo de Dios, que has venido al mundo. (Juan 11:25-27).

Contestando a los miembros del Sanedrín, cuando demandaron que Pedro respondiera a la pregunta, “¿con qué potestad, o en qué nombre habéis hecho vosotros esto?”, el Apóstol les contesto:’

. . . En el nombre de Jesucristo de Nazaret, el que vosotros crucificasteis. . . porque no hay otro nombre debajo del cielo dado a los hombres, en que podamos ser salvos. (Hec. 4:7, 10, 12)

Al leer las Escrituras, me inclino a creer que los propios apóstoles no entendieron, sino hasta después de la resurrección, quién era o podría ser el Salvador, tan completamente como los hombres sabios de Israel, que vieron, entendieron en parte, y temieron.

El libro de los Hechos nos dice que el Salvador permaneció en la tierra cuarenta días después de su resurrección, y durante este período obró y predicó y, me supongo, ayudó a poner en orden su Iglesia. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , | Deja un comentario

Castidad

Castidad
por Mark E. Petersen
del Consejo de los Doce Apóstoles

Palabras dirigidas a la Asociación de Mejoramiento Mutuo en la Universidad de Brigham Young, el 3 de febrero de 1953.

Mark E. PetersenEsta es la Mutual más extraordinaria a que jamás he asistido y estoy muy complacido por haber venido aquí y estar con vosotros en este servicio esta noche. Os agradezco la invitación. Espero que me concedáis el beneficio de vuestra fe y oraciones.

Amo a los jóvenes de la Iglesia. El domingo en la noche estuve en Pocatello y escuché a algunos de los jóvenes del Instituto y seminario de esa ciudad, puestos de pie ante una congregación numerosa (no tan grande como ésta), dar sus testimonios y explicar por qué creen en Dios. Sentí que el corazón se me henchía de gozo al escuchar a esos jóvenes, nuestros admirables jóvenes, ponerse de pie con un espíritu de profunda humildad y expresar su fe en nuestro Padre Celestial.

Espíritus escogidos enviados hoy

Yo creo que los jóvenes de la actualidad son los mejores que jamás ha habido sobre la tierra. Os diré por qué lo creo así. El Señor ha dicho que estamos viviendo en los últimos días. Nuestros profetas también nos han dicho que muchos de los más destacados de todos los espíritus de las huestes celestiales fueron reservados para venir en estos últimos días. Me parece que veo una mejora cada cinco o seis años en los jóvenes de la Iglesia. Creo que sois la flor y nata de todos los espíritus entre las huestes del cielo, y Dios os ha enviado aquí para hacer una gran obra. Él os ama; vosotros sois sus hijos.

Sois de los espíritus escogidos de todas las huestes del cielo, porque en vuestra vida preexistente erais de los más fieles. Eso es lo que granjea a la gente la predilección en la vista de Dios: el ser fieles. Y los espíritus selectos que vienen a la tierra hoy, fueron espíritus selectos en el mundo anterior y fueron fieles. Protestaron su fidelidad a Dios Todopoderoso y cumplieron con su palabra y fueron verdaderos y fieles.

Y ahora en estos últimos días, estos días decisivos, el Señor necesita un pueblo que fué íntegro y fiel en la preexistencia, para que lleve a cabo su obra; un pueblo que El espera pueda resistir toda forma de tentaciones en esta tierra, a fin de que sea tan recto y fiel aquí y efectúe la obra que Él ha establecido en los últimos días, como preparación para la venida de su Hijo amado, Jesús el Cristo, nuestro Salvador. Esa es vuestra grande misión.

Dios creó todas las cosas

Me complace saber que todos creéis en Dios. Me da gusto saber que lo aceptáis como el Gran Creador del Universo. Es el Gran Creador. El hizo todas las cosas. Hizo esta tierra donde vivimos. En el curso de su obra, Dios separó la luz de las tinieblas y puso luces en el firmamento. Al considerar su obra vio “que era buena”. Entonces separó las aguas de la tierra y lo declaró bueno. Empezó a establecer la vida sobre la tierra. Hizo toda especie de vegetación. A cada partícula le fué dado el mandamiento de: reproducirse según su especie, conforme a su imagen y semejanza.

Y al mirar Dios su obra, declaró que era buena. Creó las aves del aire y los peces del mar, y les fué dada una comisión semejante, que habían de procrearse según su especie, de acuerdo con su imagen y semejanza; y al contemplar ese aspecto de su obra, de nuevo quedó complacido y afirmó que era bueno. Creó los animales, y a cada uno le fué dado el mandato de multiplicarse según su especie, de reproducirse conforme a su propia imagen y semejanza: la vaca, el caballo, la oveja—todos los animales. Y al considerar todo esto, lo declaró bueno. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , | Deja un comentario

La ley de la abundancia

Conferencia General Abril 1971

La ley de la abundancia

Franklin D. Richards

por el élder Franklin D. Richards
Ayudante del Consejo de los Doce

La verdadera prueba de un hombre es su actitud hacia sus posesiones terrenales


Mis queridos hermanos: Considero un privilegio y una bendición estar presente en esta conferencia inspirada, y sé que las respuestas a los muchos problemas actuales se encuentran en los mensajes de nuestros líderes.

Pese a las dificultades que existan en el mundo hoy día, como pueblo debemos reconocer que hemos sido bendecidos abundantemente con los recursos de este mundo; sin embargo, sabemos que todo lo que poseemos es del Señor y que Él nos ha bendecido con las mismas a fin de ver cómo las utilizaremos.

Creo que podría decirse que la vida es el don más maravilloso de Dios para el hombre, y que lo que hagamos con nuestra vida es nuestro presente para Dios.

Al referirse al hecho de hacer de nuestra vida un regalo para Dios, el presidente Brigham Young dijo esto: «‘Nuestra religión significa todo para nosotros y por ella debemos estar dispuestos a emplear nuestro tiempo, nuestro talento, nuestros recursos económicos, nuestras energías, nuestras vidas» (Journal of Dkcourses, vol. .11, pág. 119).

Y, «Si hacemos lo bueno, ocurrirá un aumento eterno entre este pueblo en talento, fortaleza e intelecto, y en riqueza terrenal, de ahora en adelante y para siempre» (JD, vol. 1, pág. 110).

«Ninguna bendición que sea sellada sobre nosotros nos hará ningún beneficio a menos que vivamos para obtenerla» (JD, vol. 11, pág. 117).

Es interesante notar que aquí, como en otras partes en las escrituras, se hacen promesas de riqueza terrenal y aumento de talentos a aquellos que vivan los principios del evangelio, y se aconseja utilizar nuestros talentos y riqueza para la edificación del reino. No obstante, muchas escrituras contienen palabras de admonición concernientes a las tentaciones que surgen a través de la adquisición de riquezas y su uso para propósitos injustos.

El gran apóstol Pablo, al dirigirse a su amado compañero Timoteo, le dijo que la «raíz de todos los males es el amor al dinero,» y «a los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos. . .» (1 Timoteo 6:10, 17-18).

A través de la historia de la Iglesia, sus líderes han enseñado el valor de los principios de trabajo, industria y frugalidad; y a medida que se han puesto en práctica, los miembros de la Iglesia han prosperado en diversas maneras. Del mismo modo, se ha aconsejado que los miembros establezcan1 y mantengan su independencia económica, y se han fomentado industrias que provean trabajo. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

El pueblo del Señor recibe revelación

Conferencia General Abril 1971

El pueblo del Señor recibe revelación

élder Bruce R. McConkie

Por el élder Bruce R. McConkie
Del Consejo de los Doce

«Cuando sintonizamos nuestras almas con el Infinito, oímos, vemos y experimentamos las cosas de Dios»


Cuando fui presidente de misión en Australia, les dije en una ocasión a los misioneros que se encontraban en Tasmania: «Mañana ascenderemos al Monte Wellington y efectuaremos nuestra reunión de misioneros en la cima; ahí trataremos de comunicarnos con el Señor y participar de su Espíritu.»

Escalamos el monte, y mientras nos encontrábamos en la cumbre, visitamos una estación de televisión; un inteligente jovencito nos explicó en palabras que yo nunca había oído y usando principios que no podía ni puedo comprender, cómo se transmitían valle abajo los sonidos y escenas de televisión.

Esa noche, al encontrarnos de nuevo en la ciudad de Hobart, mis dos hijos y yo nos sentamos frente a un televisor que estaba sintonizado en la frecuencia debida, y vimos, escuchamos y experimentamos lo que se nos había descrito en palabras,

Creo que esto ilustra perfectamente lo que se requiere cuando se recibe una revelación y se ven visiones. En los registros de la antigüedad podemos leer sobre visiones y revelaciones, podemos estudiar los inspirados escritos de gentes que tenían la plenitud del evangelio en aquella época, pero no podemos darnos cuenta de los que esto encierra hasta que vemos, oímos y lo experimentamos por nosotros mismos.

Este Tabernáculo está ahora lleno de palabras y música; se está cantando el Mesías de Handel, y los estadistas del mundo hacen propaganda de su gente, pero nosotros no oímos nada de ello. Este Tabernáculo está lleno de escenas de Vietnam y noticias mundiales; hasta hay una imagen de hombres caminando sobre la superficie de la luna, pero nosotros no vemos estas cosas. No obstante, al minuto que sintonizamos la radio en la frecuencia debida, y ponemos el televisor en el canal apropiado, empezamos a oír, ver y experimentar lo que de otro modo permanece completamente desconocido para nosotros.

Así es con las revelaciones y las visiones de la eternidad; están a nuestro alrededor todo el tiempo. Este Tabernáculo está lleno de las mismas cosas que están registradas en las escrituras, y muchas más. La visión de los grados de gloria se transmite ante nosotros, pero no lo podemos oír, ver o experimentar porque no hemos sintonizado nuestras almas en la frecuencia en la cual transmite el Espíritu Santo.

José Smith dijo: «El Espíritu  Santo es un revelador.» Y, «Ningún hombre puede recibir el Espíritu Santo sin recibir revelaciones» (Enseñanzas del Profeta José Smith, página 405).

Moroni dijo: «Y por el poder del Espíritu Santo podréis conocer la verdad de todas las cosas» (Moroni 10:5).

El Consolador sabe todas las cosas; él está comisionado para testificar del Padre y del Hijo, para revelar, enseñar y testificar; y todo el tiempo está transmitiendo todas las verdades de salvación y todo el conocimiento y sabiduría de Dios. Seguir leyendo

Publicado en Revelación, Revelación personal | Etiquetado , , | Deja un comentario

Para distinguir los matices obscuros

Para distinguir los matices obscurosliahona-1972 3
Elder William H. Bennett
Ayudante del Consejo de los Doce

Buscad la guía divina para resolver los problemas y discernir la verdad del error.

William H. BennettMientras servía en el ejército durante la Segunda Guerra Mundial, me fue preciso dar un examen de la vista, el cual hace uso de diversos colores, diseños y números a fin de diagnosticar el daltonismo en sus diversas formas. Con dicha prueba, aquellas personas que estén afectadas por ciertas formas de daltonismo, son capaces de distinguir los colores sólidos sin ninguna dificultad, pero los matices que se encuentran entre los colores sólidos presentan algunos problemas. Aquellos que padecen de daltonismo no los distinguen correctamente; y, no obstante cuánto se esfuercen, no son capaces de distinguir las diferencias de los matices que son obvios para el ojo humano.

En este examen descubrí un mensaje importante y que tiene una extensa aplicación en nuestra vida.

¿No existe alguna similitud entre la condición del daltonismo apenas descrita, y la condición de un miembro de la Iglesia que afirma estar buscando la verdad, está deseoso de desarrollar un firme testimonio concerniente a la verdad, y sin embargo no está dispuesto o no es capaz de humillarse ante el Señor, poner en práctica la fe, y vivir el evangelio? Al no hacer estas cosas, está permitiendo que sus pecados de omisión le cierren la puerta a la gran fuente de toda verdad: nuestro Padre Celestial. Como resultado, su visión es defectuosa.

Como individuos, en nuestra jornada en la vida nos ponemos en contacto con muchos lugares obscuros, zonas sombrías y aun callejuelas, donde, a menos que recibamos la ayuda de un Poder superior, seremos incapaces de ver claramente, de interpretar correctamente y de llegar a conclusiones seguras. Algunos de estos lugares obscuros se encuentran en el mundo físico, algunos en el mundo intelectual, y otros en el reino de lo espiritual. Sin embargo, recordemos que el Señor ha dicho que todas las cosas para El son espirituales.

“Por lo tanto, de cierto os digo que para mí todas las cosas son espirituales; y en ningún tiempo os he dado una ley que fuese temporal, ni a ningún hombre, ni a los hijos de los hombres, ni a Adán vuestro padre, a quien he creado.

He aquí, yo le concedí que fuese su propio agente; y le di mandamientos; pero ningún mandamiento temporal le di, porque mis mandamientos son espirituales; no son naturales ni temporales, ni tampoco carnales ni sensuales.» (Doc. y Con. 29:34-35).

Como individuos, tenemos ciertos límites en lo que respecta a nuestra comprensión de las cosas como en realidad son. Podemos ver hasta cierto punto, y luego la tierra y el cielo se unen, por así decirlo, – y no podemos ver más allá. Pero hay algo más allá; en el mundo físico, todo lo que tenemos que hacer para darnos cuenta de ello es mejorar el punto donde nos encontramos ubicados, subiéndonos a un edificio, a la cima de una montaña, o a un avión. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

La ignorancia sale cara

Conferencia General Abril 1971

La ignorancia sale cara

Hartman Rector, Jr

Presidente Hartman Rector, Jr.
del Primer Consejo de los Setenta

Todo lo que llevamos a la otra vida es amor y conocimiento


Hace algunos años, mientras servía en la marina y me encontraba lejos de casa, falleció un agricultor muy prominente y próspero que residía en nuestra vecindad. A mi regreso, conversé con mi primo acerca de la fortuna del difunto, e hice la pregunta inevitable: «¿Cuánto dejó?» Mi primo respondió: «Lo dejó todo, no se llevó nada.»

Esto me impresionó bastante por ser una gran verdad que muy pocos hombres parecen comprender. Ciertamente, muchos de nosotros actuamos como si fuésemos a llevarnos todo al morir; naturalmente, no lo haremos. En términos de cosas materiales, cada uno de nosotros lo deja todo. En las palabras de Pablo a Timoteo: «Porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar» (1 Timoteo 6:7).

Quizás nos hagamos la pregunta ¿no hay nada bueno que podamos llevarnos al morir? El profeta José Smith enseñó que el conocimiento y la inteligencia que obtuviésemos en esta vida permanecerían con nosotros cuando saliéramos de este mundo.

«Y si en esta vida una persona adquiere más conocimiento e inteligencia que otra, por motivo de su diligencia y obediencia, hasta ese grado le llevará la ventaja en el mundo venidero.

Hay una ley, irrevocablemente decretada en el cielo antes de la fundación de este mundo, sobre la cual todas las bendiciones se basan;

Y cuando recibimos una bendición de Dios, es porque se obedece aquella ley sobre la cual se basa» (Doc. y Con. 130:19-21).

Siendo esto cierto, parecería entonces que todos debiéramos de colocar en primer lugar en nuestra selección de metas la búsqueda de la luz y la verdad o inteligencia, ya que podremos tenerlas con nosotros por toda la eternidad. Debemos buscar la iluminación. Siendo que «la gloria de Dios es la inteligencia» (Doc. y Con. 93:36), si fuésemos como nuestro Padre Celestial, nuestro curso quedaría marcado.

La ignorancia sale cara; de hecho, es la comodidad más cara de la que tenemos conocimiento. Ciertamente cometemos muchos errores por causa de la ignorancia; si es la violación de un mandamiento de Dios el cual nunca hemos recibido y por tanto no conocemos, entonces el Señor no nos culpa por dicho pecado. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , | 3 comentarios

Los buenos maestros son importantes

Los buenos maestros son importantesliahona-1972 3
por el élder Marion D. Hanks
Ayudante del Consejo de los Doce
(Adaptado de un discurso pronunciado en 1970 ante los maestros de seminario, Santos de los Últimos Días)

Marion D. HanksQuizás haya maestros que crean que la mención de acontecimientos actuales no tiene lugar en la sencilla presentación de los principios familiares del evangelio. Creo que existe un vínculo entre ambos. Como maestros, tenemos la constante obligación de continuar progresando, de permanecer alerta, de ser sensibles a lo que está sucediendo en nuestro alrededor.

Para el maestro del evangelio es vital adquirir conocimiento continuamente. Actualmente, en los periódicos y en los buenos libros hay ilustraciones y lecciones que necesitamos saber; si un libro es bueno, sus principios abrirán nuevas perspectivas de la vida que reforzarán, recalcarán y fortalecerán los principios fundamentales que estamos enseñando.

Los buenos maestros son importantes, como siempre lo han sido. Hace aproximadamente cien años, Emerson1 pronunció estas famosas palabras: «En días antiguos teníamos cálices de madera y sacerdotes de oro. Ahora tenemos cálices de oro y sacerdotes de madera.» Pese a lo que Emerson haya querido decir, esta alegoría tiene muchas aplicaciones, y ciertamente puede aplicarse a la enseñanza. Podemos ser maestros de oro si queremos serlo, si estamos lo suficientemente deseosos de aprender y lo suficientemente dispuestos a pagar el precio.

Existe una diferencia en los maestros. Hace siglos, alguien dijo: «Cuando Cicerón2 habla, la gente dice, ‘¡qué elocuente’. Cuando Demóstenes3 habla, la gente dice, ‘vamos, marchemos’ «. Los maestros son importantes.

Tenemos la obligación de ayudar y amar a las personas que enseñamos. Ruskin4 dijo: «La educación no significa enseñarle a la gente lo que no sabe; significa enseñarle a comportarse de la manera en que no lo hace. No es enseñar a los jóvenes la forma de las letras y los trucos de los números y luego dejarlos para que conviertan su aritmética en fraude y su literatura en pornografía. Por el contrario, significa entrenarlos en el perfecto ejercicio y la bondadosa continencia de sus cuerpos y almas. Es una tarea dolorosa, continua y difícil que debe llevarse a cabo con bondad, observando, amonestando, por precepto, alabanza, y sobre todo, por el ejemplo.»

El presidente David O. McKay escribió:

«¿Qué es entonces la verdadera educación? Es despertar un amor por la verdad, un sentimiento justo del deber, abrir los ojos del alma al gran propósito y meta de la vida. No es enseñarle al individuo a amar lo bueno para beneficio personal, es enseñarle a amar lo bueno por lo bueno en sí; a ser virtuoso en acción porque así lo es en el corazón; a amar y servir a Dios sumamente, no por miedo, sino por complacerse en su carácter perfecto.» (Instructor, agosto de 1961, página 253.) Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

Enseñaréis

«Enseñaréis»liahona-1972 3
por el presidente Harold B. Lee

harold-b-lee-mormonEn una conferencia de estaca efectuada hace algunos años, el fallecido presidente J. Reuben Clark, hijo, hizo una significativa declaración a los maestros y una promesa a la juventud:

«La juventud de la Iglesia tiene hambre de las palabras del Señor. Maestros, aseguraos de que estáis preparados para alimentarlos con el ‘pan de vida’, esto es, las enseñanzas de Jesucristo. Si éstos, los jóvenes, viven de acuerdo con sus enseñanzas, tendrán más felicidad que la que hayan podido soñar.»

Teniendo presente que muchos de los que son llamados para enseñar en las organizaciones de la Iglesia nunca han tenido un entrenamiento formal para enseñar, ni esto tampoco se les requiere ¿cómo, entonces, han de prepararse?

En Doctrinas y Convenios se nos ha dado la ley del Señor por revelación:

«Y se os dará el Espíritu por la oración de fe; y si no recibiereis el Espíritu, no enseñaréis» (Doc. y Con. 42:14). ¿Cómo ha de obtener el maestro ese Espíritu?

«Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.

«Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá» (Mateo 7: 7-8).

De esta manera habló el Maestro a las multitudes que acudieron a Él para que les enseñara.

En años pasados he tenido la experiencia de estar bajo la influencia de muchos maestros, algunos de los cuales dejaron en mí una profunda impresión durante mis años de crecimiento y asimismo más tarde, cuando fui maestro. Uno de ellos, Howard R. Driggs, les dejó a sus alumnos algunas lecciones duraderas, particularmente cuando extraía ejemplos de buena enseñanza del registro de Jesús, el Maestro. Jesús señaló el camino en estos principios de buena enseñanza: Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

El mensaje del mormonismo

Conferencia General 131a (1961)
El mensaje del mormonismo
por Hugh B. Brown
de la Primera Presidencia

Hugh B. BrownMis hermanos y hermanas, y en decir esto quiero incluir a todos los que están escuchando, no importa a qué iglesia pertenezcan, pues estamos convencidos de que todos somos hermanos y hermanas. Creemos en la hermandad universal del hombre, bajo la Paternidad de Dios.

Ya que ésta es la primera conferencia desde que tengo mi nueva posición en la lglesia, quisiera aprovechar la oportunidad para expresar públicamente al presidente McKay y sus asociados, mi sincero aprecio por la confianza que les animara a presentar mi nombre ante vosotras para vuestra aprobación; y también quiero agradecer a vosotros, miembros de la Iglesia, por vuestra confianza en el discernimiento de ellos. Sólo pido poder-poner lo mejor que hay en mí para responder a ello, para lo que invoco la guía divina y vuestra indulgencia. Necesitaré de vuestras oraciones de fe.

Pero estamos hablando esta mañana no solamente a miembros de la Iglesia. Sabemos que quizás más del 50% de los que asisten personalmente a la Conferencia o participan de ella por medio de las invenciones modernas, son amigos de la Iglesia. Apreciamos vuestro interés y os extendemos una cordial bienvenida. Vuestra asistencia parece indicar que habéis oído algo acerca de los Mormones y que quizás queréis saber más.

Quisiéramos responder brevemente a vuestra implícita interrogación acerca de la Iglesia. Evitaremos dogmatismos pues ordinariamente estos implican antagonismos. Simplemente queremos invitarles, esta mañana, a “razonar juntos”, como dice Isaías.

Nosotros respetamos a todos los hombres en cuanto a sus creencias religiosas, pero los credos discrepantes y la multiplicidad de los mismos, han sido, a través de los siglos, causa do mucha confusión e inquietud. La confusión del mundo religioso está definida en la Enciclopedia Católica, de la cual he extraído lo siguiente:

Toda una Babel de organizaciones religiosas proclama sella Iglesia de Cristo. Sus doctrinas son contradictorias y precisamente. Mientras una de ellas considera vital la doctrina que enseña, declara que las de otras iglesias son falsas y perniciosas.

Ahora bien, aunque no estamos de acuerdo en que las creencias de otros son perniciosas, consideramos improcedente que la Iglesia original de Jesucristo, tal como la define el Nuevo Testamento, se haya desbaratado en tanta cantidad de credos. Creemos que la casa del Señor debe ser una casa de orden, no dividida contra sí misma.

Frecuentemente se hace esta pregunta: ¿Será conveniente o valdrá la pena observar más de cerca al Mormonismo?

Aunque hay muchas diferencias fundamentales entre esta Iglesia y las otras, mencionaremos hoy, y brevemente, sólo una de ellas. Nos referimos a nuestra fe en la revelación continua de Dios al hombre. Parece un poco paradójico que esta doctrina fundamental de la Iglesia la hace única o la diferencia de otras, puesto que, como en todas las dispensaciones del Evangelio, la revelación corriente ha sido el poder sustentador, el espíritu vivificador de la Iglesia Divina. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

El Señor espera que vivamos conforme a sus Leyes

Conferencia General 131a (1961)
El Señor espera que vivamos conforme a sus Leyes
por Henry D. Moyle
de la primera presidencia

Henry D. MoyleEstoy seguro, hermanos y hermanas, que tocios apreciamos la oportunidad que tenemos do levantar nuestras manos para sostener al presidente David O. McKay como Presidente de la Iglesia y que al hacerlo sentimos una profunda gratitud en nuestros corazones por tal privilegio que tenemos, como miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Es sencillamente glorioso ser miembro de la Iglesia. Es también glorioso tener cualquier oficio o llamamiento en ella, no importa cuán relativamente humilde pueda parecer el cargo. Estoy constantemente impresionado por el hecho de que, sea cual fuere nuestro llamamiento, todos estamos esforzados, todos estamos dedicados y trabajando en la Obra del Señor. Estoy seguro de que no podemos tomar nuestra condición de miembros o nuestros llamamientos en forma negligente, puesto que somos o podemos ser siempre asistidos por nuestro Padre Celestial mediante nuestras oraciones. Somos siempre conscientes de Su proximidad y de las bendiciones que nosotros recibimos de Él, como respuesta a nuestras oraciones.

Creo que agradará más a nuestro Padre Celestial que renunciemos a nuestros cargos—y esto no es precisamente recomendable en la Iglesia — antes que ser negligentes a nuestros deberes en el más mínimo detalle. Considerar que estamos dedicados al servicio del Señor, crea en nosotros un sentimiento de respeto y habiéndonos comprometido a ello nosotros mismos, no es nuestro el privilegio ni la prerrogativa el violar Sus mandamientos, ni siquiera el más pequeño de ellos. El Señor espera que vivamos, cada uno de nosotros, en la más completa armonía con sus leyes, conforme a nuestra propia capacidad. No debe tener lugar en nuestras vidas ningún falso razonamiento, ninguna excusa o justificación tendiente a “hacer esto» o “no hacer aquello” que sea contrario a la voluntad de nuestro Padre Eterno.

Estoy agradecido esta mañana de que a través de todo el mundo la Obra del Señor está progresando más que satisfactoriamente, tanto que a veces nos da la impresión de que difícilmente seamos capaces de mantenernos a la par del progreso de la Iglesia.

El Señor nos ha bendecido grandemente en el campo misionero. Sólo quiero darles un par de cifras. Durante los primeros nueve meses del año 1959, sólo en las misiones, tuvimos más de 23.000 de los bautismos que llamamos “convertidos” y en los primeros ocho meses de 1961 hemos tenido más de 54.000. Se nos pregunta frecuentemente por qué es que justamente en esta época está aumentando grandemente el número de nuestros convertidos.

Mi primera respuesta a esta pregunta sería que la fe y la devoción de los Santos de los Últimos Días, sus esfuerzos por vivir vidas honestas, dedicando sus vidas a los principios de la verdad y el derecho, es de primordial importancia. Sabemos, sin lugar a duda alguna, que las bendiciones que recibimos de lo Alto están en directa proporción a nuestra fidelidad y a nuestra comunión con Dios. A medida que mantengamos activas las vías de comunicación con nuestro Padre Celestial, podemos estar seguros de ser siempre más abundantemente bendecidos. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

La felicidad de la humanidad

Conferencia General 131a (1961)
La felicidad de la humanidad
por el presidente David O. McKay

David O. McKayEsta mañana observó nubes amenazantes en el horizonte. Cuando encontré a mis compañeros, noté que llevaban puestos sus abrigos. Pero ahora estoy complacido de ver que el sol brilla con todo su esplendor, al comenzar esta magnífica conferencia. Pienso que muchas personas están actualmente viendo nubes amenazadoras sobre el horizonte internacional. ¡Grandes tormentas se avecinan!

Como tema para las pocas palabras que pronunciaré esta mañana, tomaré de los Salmos un alentador pensamiento que dice: “Esforzaos todos vosotros los que esperáis en Jehová, y tome aliento vuestro corazón.” (Salmos 31:24)

Hace unos sesenta o setenta años, cuando los Estados Unidos atravesaban por un momento crítico en su historia, con respecto a la enseñanza en las escuelas públicas elementales, muchos niños fueron estremecidos por la dramática declaración de Patríele Henry: —“¿Es la vida tan preciosa o la paz tan dulce, que debamos conseguirlas sólo a costa de cadenas y esclavitud? ¡Oh, Dios Todopoderoso, no lo permitas! No sé qué rumbos tomarán otros, pero a mí ¡dame libertad o dame la muerte!”—Cuando manifestara esto, Patrick Henry era a la sazón delegado ante la Segunda Convención Revolucionaria efectuada en Richmond, Virginia, el 23 de marzo de 1775.

El Creador, al dar la vida al hombre, sembró en su corazón la semilla de la libertad. El libre albedrío, como la vida misma, es un don de Dios. “¿Queréis ser libres? Entonces, por sobre todas las cosas, amad a Dios, amad a vuestro prójimo, amaos unos a otros, amad el bienestar común; y así tendréis la libertad verdadera.” (Savonarola)

El sábado pasado, 23 de septiembre, temerosas de estar privadas de este derecho inalienable, dos mujeres, una de 57 y otra de 63 años de edad, saltaron desde sus habitaciones en Berlín Oriental, construidas al borde de una calle bajo jurisdicción de Berlín Occidental, siendo recogidas por los bomberos de éste último sector en sus redes de salvamento, mientras que policías comunistas observaban la escena, sin atreverse a disparar sus armas de fuego.

La Policía de Berlín Occidental reporteó que otra familia en una casa fronteriza, estaba lista para saltar hacia las redes de salvamento de los bomberos, cuando las luces de la habitación se apagaron de repente. La prensa local agrega que cuando las luces se encendieron nuevamente, el cuarto estaba lleno de policías comunistas. De los que intentaban escapar, no se notaban señales de vida. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

Qué significa ser cristiana?

Conferencia General 132a

¿Qué significa ser cristiana?

Hugh B. Brownpor el presidente Hugh B. Brown

A menudo, entre las gentes del mundo, surge esta pregunta: ¿Son Cristianos los Santos de los Últimos Días, o “Mormones”? Para que la misma pueda ser correctamente contestada, quizás sea conveniente explicar brevemente nuestra interpretación y aceptación de las principales doctrinas Cristianas.

Creo que sería interesante comenzar considerando qué significa ser cristiano. El diccionario nos dice que cristiano es aquel que acepta y sigue los preceptos y ejemplos de Jesucristo, o uno cuya vida está conformada con las doctrinas de Jesús de Nazaret.

Por supuesto que no podremos esta mañana entrar a discutir ni aun a enumerar los varios principios del evangelio de Cristo, pero existe un evento doctrinario que precede y aun eclipsa todos los demás preceptos Cristianos. Me refiero a la Expiación de Jesucristo, tema que parece ser apropiado ya que nos estamos acercando a la época conmemorativa de la Pascua. Nosotros, la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, ‘creemos que por la Expiación de Cristo todo el género humano puede salvarse, mediante la obediencia a las leyes y ordenanzas del evangelio.”

La fe en este acontecimiento trascendente, el más importante en toda la historia del mundo, es el perdurable cimiento sobre el cual está edificado el evangelio de Jesucristo. Y de este principio depende la salvación de la entera raza humana. Todo aquel que entiende y acepta la importancia del sacrificio vicario de Jesús, y se sujeta a todos los principios y ordenanzas que dicha aceptación implica, puede ser llamado cristiano. Pero debe manifestar más que un simple homenaje verbal; la fe sola no es suficiente. Jesús dijo:

“Por sus frutos los conoceréis.

No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.” (Mateo 7:20-21.)

Cómo llegar a ser cristiano, y cómo lograr la salvación, son también preguntas antiguas y frecuentemente repetidas. Ello fué contestado ya por Pedro, el Apóstol, el día de Pentecostés cuando habiendo sido traspasada por las palabras de su predicación, la multitud exclamó:

“Varones hermanos, ¿qué haremos?” Y entonces,

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.» (Hechos 2:37-38.)

El arrepentimiento, como condición o requisito para el perdón, es un principio Cristiano fundamental. Pero ¿podemos ser salvos por cumplir simplemente con estos requerimientos preliminares? En la dinámica Epístola a los Hebreos, leemos:

“. . . Vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios, de la doctrina de bautismos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno.” (Hebreos 6:1-2.) Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , | Deja un comentario