Lo que significa ser una hija de Dios

Lo que significa ser una hija de Dios

James E. FaustPresidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

«El cometido y la dedicación de las hermanas de esta Iglesia han sido desde el comienzo un ingrediente maravilloso y fortalecedor».


Mis amadas hermanas. Me siento muy humilde al estar con ustedes. Tenemos el honor especial de contar esta noche con la presencia del presidente Hinckley y del presidente Monson. La música de este magnífico coro ha sido edificante y la conmovedora oración de la hermana Butterfield fue una invitación para que el Espíritu del Señor esté con nosotros. Nos hemos sentido inspirados por los mensajes de la hermana Jensen, de la hermana Dew y de la hermana Smoot, quienes han hablado acerca del tema de esta conferencia: “Canta y alégrate, hija de Sion; porque he aquí vengo, y moraré en medio de ti, ha dicho Jehová”1. Cada una de ustedes, como hija de Sión, irradia fe y bondad.

El respeto y la admiración que siento por ustedes, maravillosas hermanas, jóvenes y mayores, van más allá de toda expresión. Por favor acepten nuestro agradecimiento por su fe, su devoción y sus ejemplos de rectitud. El cometido y la dedicación de las hermanas de esta Iglesia han sido desde el comienzo un ingrediente maravilloso y fortalecedor de la Iglesia. Los problemas que enfrentan en la actualidad son diferentes de los de sus antecesoras, pero no por ello menos reales.

Esta noche voy a hablar de lo que significa ser una hija de Dios. El nuevo lema de la Sociedad de Socorro comienza así: “Somos hijas espirituales de Dios amadas por El”. El ser hija de Dios significa que ustedes son progenie de la Deidad, descendientes literales de un Padre Celestial, que han heredado un potencial y atributos divinos. El ser hija de Dios también significa que han nacido de nuevo, que han sido cambiadas de un “estado carnal y caído, a un estado de rectitud”2.

Una jovencita se dio cuenta más plenamente de la magnífica relación que tenemos con nuestro Padre Celestial cuando dejó su casa por primera vez para asistir al colegio universitario. Su padre le dio una bendición y le dijo cuánto la quería. Luego ella escribió:

“Me aferré a sus palabras de amor y de apoyo mientras con congoja me despedí de mi familia. Me sentí sola y temerosa en esas aguas desconocidas.

Esa mañana, antes de salir de mi apartamento, me arrodillé para pedir ayuda y desesperadamente le rogué a mi Padre Celestial que me diera la fortaleza necesaria para enfrentarme sola a ese mundo de estudios universitarios. El día anterior había dejado atrás a mi familia, a mis amigos y todo lo que me era familiar, y sabía que necesitaba Su ayuda.

“Mis oraciones fueron contestadas mientras meditaba en la tierna experiencia que había tenido con mi padre el día anterior. Una ola de consuelo me cubrió al darme cuenta de que no había llegado a la universidad sólo con la bendición de mi padre terrenal. De pronto sentí que un día, no hacía mucho tiempo, mi Padre Celestial también me había dado el calor de Sus brazos; quizás me dio consejos y palabras de aliento y me dijo que tenía fe en mí, de la misma forma que lo había hecho mi padre terrenal. En ese momento, supe que jamás me encuentro sin el amor perfecto y el apoyo infinito de mi Padre Celestial”3.

El ser miembro de la Sociedad de Socorro, lo cual es un privilegio para toda mujer adulta de la Iglesia, les proporciona un hogar al estar lejos del hogar celestial, en donde pueden confraternizar con otras mujeres que tienen las mismas creencias y valores.

Pensé en esto recientemente mientras nos encontrábamos en la histórica ciudad de Nauvoo, donde visitamos el pequeño edificio en el que se organizó la Sociedad de Socorro con 18 miembros el 17 de marzo de 1842. Pocos días después, el 28 de abril de 1842, el profeta José Smith declaró: “Mediante el orden que Dios ha establecido, esta sociedad recibirá instrucciones por conducto de aquellos que han sido elegidos para dirigir”. Luego hizo esta significativa y transcendental declaración profética: “Y ahora, en el nombre del Señor, doy vuelta a la llave y esta sociedad se regocijará y, desde ahora en adelante, descenderán sobre ella conocimiento e inteligencia. Este es el principio de días mejores para esta sociedad”4. Seguir leyendo

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Somos mujeres de Dios

Somos mujeres de DiosLiahona Enero 2000
Sheri L. Dew
Segunda Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro

Sheri L. Dew«La única forma en que nosotros podemos vencer al mundo es viniendo a Cristo, y eso significa apartarnos del mundo».

Hace poco, por una asignación profesional, tuve que viajar fuera del país, pero antes de partir tuve una premonición tan fuerte que pedí una bendición del sacerdocio. Se me advirtió que el adversario intentaría frustrar mi misión, y que me esperaban peligros físicos y espirituales. Se me aconsejó también que éste no debía convertirse en un viaje de turismo ni de compras, y que si me concentraba en mis asignaciones y buscaba la dirección del Espíritu, regresaría a casa a salvo.

La advertencia fue aleccionadora, pero al seguir con mis planes, pidiendo guía con cada paso, comprendí que mi experiencia no era tan singular. Quizás al partir de la presencia de nuestro Padre, El nos haya dicho: “El adversario intentará frustrar tu misión, y enfrentarás peligros espirituales y físicos, pero si te concentras en tus asignaciones, escuchas mi voz y rehúsas convertir la mortalidad en un viaje de turismo o de compras, regresarás a casa a salvo”.

El adversario se deleita cuando actuamos como turistas, o sea, como oidores y no hacedores de la Palabra (véase Santiago 1:22), o como compradores, o sea, los que se ocupan de las vanidades de este mundo que sofocan nuestro espíritu. Satanás nos tienta con placeres y preocupaciones perecederos: las cuentas bancarias o el prestigio, la vestimenta o aun la apariencia física, porque sabe que donde esté nuestro tesoro, allí estará también nuestro corazón (Mateo 6:21). Desafortunadamente, es fácil permitir que los señuelos deslumbradores del adversario nos distraigan de la luz de Cristo. “Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Mateo 16:26).

Los profetas nos han amonestado que renunciemos al mundo y volvamos el corazón a Jesucristo, quien prometió: “…en este mundo vuestro gozo no es completo, pero en mí vuestro gozo es cumplido” (D. y C. 101:36; cursiva agregada). Dijo el presidente Spencer W. Kimball: “Si insistimos en dedicar nuestro tiempo y recursos a la edificación de… un reino terrenal, eso es exactamente lo que heredaremos” (Ensign, junio de 1976, pág. 3). ¿Con cuánta frecuencia nos concentramos tanto en la búsqueda de la buena vida que perdemos de vista la vida eterna? Es el fatal equivalente espiritual a vender nuestra primogenitura por un guisado de lentejas.

El Señor reveló el remedio para ese desastre espiritual cuando aconsejó a Emma Smith “[desechar] las cosas de este mundo y [buscar] las de uno mejor” (D. y C. 25:10). Y Cristo nos dio el modelo a seguir cuando antes de Getsemaní declaró: “…yo he vencido al mundo” (Juan 16:33; cursiva agregada). La única forma en que nosotros podemos vencer al mundo es viniendo a Cristo, y eso significa apartarnos del mundo. Significa colocar a Cristo y sólo a El en el centro de nuestra vida, de tal manera que las vanidades y las filosofías de los hombres pierdan su atracción adictiva. Satanás es el dios de Babilonia, o sea, el mundo. Cristo es el Dios de Israel y Su Expiación nos da el poder para vencer al mundo. “…Si esperan la gloria, la inteligencia y vidas sin fin”, dijo el presidente Joseph F. Smith, “…[dejen] de lado las cosas del mundo’’ (“Enseñanzas de los presidentes de la Iglesia: Joseph E Smith”, pág. 260; cursiva agregada). Seguir leyendo

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Superación personal, de la familia y del hogar

Superación personal, de la familia y del hogarLiahona Enero 2000
Virginia U. Jensen
Primera Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro

Virginia U. Jensen«Estamos deseosas de que cada hermana se fortalezca a sí misma espiritualmente y de que adquiera los conocimientos prácticos que son esenciales para enfrentar los desafíos que sobrevendrán».

Cuando la Sociedad de Socorro celebró su aniversario número 50, el 17 de marzo de 1892, las hermanas de las ramas, de los barrios y de las estacas de toda la Iglesia, además de las congregadas aquí, en el Tabernáculo de Salt Lake, se reunieron para ofrecer una oración simultánea. Joseph F. Smith, que en ese entonces era consejero del presidente Wilford Woodruff, ofreció una oración especial de alabanza y acción de gracias, que contenía las siguientes palabras: “Bendice a las… hermanas miembros de la Sociedad de Socorro por toda la tierra… Acompáñalas con Tu espíritu para bendecirlas, para hacer que sus corazones se regocijen ante Ti” (actas de la Mesa Directiva General de la Sociedad de Socorro, 17 de marzo de 1892, Archivos del Departamento Histórico, págs. 233-234).

Más de un siglo más tarde, estamos reunidas como hermanas esta noche con el fin de regocijarnos. Mi corazón está lleno de alegría y de gratitud por la gran Rendición que ustedes y yo tenemos de ser miembros de esta maravillosa Iglesia y de conocer el plan de salvación que diseñó nuestro Padre Celestial. Me regocijo por las maravillosas bendiciones que recibimos a medida que aprendemos y progresamos por medio de los programas de la Iglesia. Esta noche, me regocijo especialmente por los programas de la Sociedad de Socorro. Me regocijo por lo que éstos han hecho por nosotras en el pasado, y aun más, por lo que nos ayudarán a lograr en el futuro.

El presidente Joseph F. Smith recomendó la Sociedad de Socorro para nuestro beneficio cuando dijo que ésta fue “hecha por Dios, autorizada por Dios, instituida por Dios, y ordenada por Dios” (actas, 17 de marzo de 1914, pág. 54).

El élder Ezra Taft Benson nos recordó: “La Iglesia se estableció en gran medida para ayudar a la familia, pero mucho después de que la Iglesia haya cumplido con su misión, [la familia] todavía seguirá desempeñando su función” (“Strengthening the Family”, Improvement Era, diciembre de 1970, pág. 46).

Me gustaría hablar acerca de la edificación de hogares en los que cada una de nosotras, en forma individual —ya sea que seamos casadas o solteras, jóvenes o ancianas—, podamos progresar y alcanzar nuestro máximo potencial; donde los miembros de la familia puedan aprender todo lo que deben saber para seguir el plan de salvación, que es el plan que nuestro Padre Celestial tiene para que cada uno de nosotros halle el camino de regreso a El y a nuestro hogar celestial cuando haya terminado este período de probación terrenal.

Me hago eco del fervor del presidente David O. McKay, que dijo: “Creo con todo mi corazón… que el mejor lugar para prepararse para la vida eterna es el hogar” (“Blueprint to Family Living”, Improvement Era, abril de 1963, pág. 252).

Pero las Escrituras advierten que debe haber una oposición en todas las cosas (2 Nefi 2:11). En efecto, el presidente Boyd K. Packer nos dice: “El objetivo principal del adversario… es perturbar, desbaratar y destruir el hogar y la familia” (“El padre y la familia”, Liahona, julio de 1994, pág. 22). Seguir leyendo

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Alégrense, hijas de Sión

Alégrense, hijas de SiónLiahona Enero 2000
Mary Ellen Smoot
Presidenta General de la Sociedad de Socorro

Mary Ellen Smoot«Las mujeres de todo el mundo se sentirán atraídas a la Iglesia a medida que perfeccionemos nuestra vida y vivamos las verdades esenciales para alumbrar el camino con el fin de que otras lo puedan seguir».

Mis queridas hermanas de la Sociedad de Socorro, con humildad me encuentro hoy día ante ustedes con una gratitud en mi corazón que no reconoce barreras. Les testifico que durante los últimos meses el Espíritu del Señor se ha hecho sentir en las organizaciones de la Iglesia. Hemos sentido Su influencia guiadora al trabajar con mis competentes consejeras, con nuestros devotos asesores del sacerdocio, con las hermanas miembros de la mesa directiva y con nuestro diestro personal al orar fervientemente en busca de guía a medida que hacemos avanzar esta obra. Hemos buscado y evaluado en forma diligente la forma de elevar a nuestras hermanas, dondequiera que estén sirviendo, en un esfuerzo por determinar cómo puede cada una de nosotras captar la visión del extraordinario potencial de la organización de la Sociedad de Socorro.

Ruego que el Santo Espíritu las bendiga con una mayor visión de quiénes son, de por qué están aquí y de los dones singulares que aportan a la organización de la Sociedad de Socorro. Espero que a medida que mediten sobre la instrucción que recibirán esta noche de la Primera Presidencia y de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro, reciban la confirmación de que en verdad son instrucciones que provienen del Señor. Este es un momento grandioso, uno de gran significado al prepararnos para el futuro.

En Zacarías 2:10-11 leemos:

“…alégrate, hija de Sión; porque he aquí vengo, y moraré en medio de ti, ha dicho Jehová.

“Y se unirán muchas naciones a Jehová en aquel día, y me serán por pueblo, y moraré en medio de ti; y entonces conocerás que Jehová de los ejércitos me ha enviado a ti”.

Nos reunimos como hermanas de una Iglesia mundial con alegría por las bendiciones que el Evangelio nos brinda, i Es en verdad un día para que levantemos nuestros corazones! Primero, y lo más importante, nos alegramos al saber que nuestro Padre Celestial ama a cada una de nosotras; nos alegramos por nuestro testimonio de Jesucristo y por Su sacrificio expiatorio; nos alegramos por la restauración del Evangelio y por la magnífica obra lograda por el profeta José Smith. Nos alegramos porque vivimos en una época en la cual un profeta viviente, el presidente Gordon B. Hinckley, hace avanzar audazmente la obra del Señor. Nos regocijamos por el número de templos que se están edificando, por los avances de la ciencia en informática para la búsqueda de nuestros antepasados, y ante el entusiasmo del servicio. Nos alegramos por el número de misioneros que se están enviando a todos los países de la tierra para congregar a los honrados de corazón. Nos alegramos por nuestra vida en forma individual y por la oportunidad que se nos ha dado a cada una de nosotras de ser parte del gran plan de felicidad de Dios. Nos alegramos por la organización de la Sociedad de Socorro, y porque sabemos que las mujeres de todo el mundo se sentirán atraídas a la Iglesia a medida que perfeccionemos nuestra vida y vivamos las verdades esenciales para alumbrar el camino con el fin de que otras lo puedan seguir.

Recordemos las palabras del poeta Wordsworth: Seguir leyendo

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Adiós a este maravilloso y antiguo Tabernáculo

Adiós a este maravilloso y antiguo TabernáculoLiahona Enero 2000
Presidente Gordon B. Hinckley

Gordon B. Hinckley«El Espíritu del Señor ha estado presente en este [Tabernáculo]. Es sagrado para nosotros. Es nuestra esperanza y nuestra oración que el nuevo [Centro de Conferencias] irradie también ese mismo espíritu».

Hermanos y hermanas, al concluir esta gran conferencia nos sentimos muy emocionados. Si los planes siguen de acuerdo con lo previsto, es la última vez que nos reunimos en este Tabernáculo para la conferencia general. Con algunas excepciones, quizás media docena, hemos efectuado nuestras conferencias en este lugar durante 132 años.

Este Tabernáculo se comenzó a construir en 1863, y se usó por primera vez para la conferencia de octubre de 1867. En ese tiempo el Tabernáculo no tenía balcones; éstos se agregaron para la conferencia de abril de 1870.

¡Qué estructura tan extraordinaria y maravillosa! Pero ahora resulta pequeña para nuestras necesidades.

En la época en que se construyó fue una empresa de grandes proporciones, con el fin de acomodar a todos aquellos que desearan asistir a la conferencia. Tomó el lugar del viejo Tabernáculo, construido hacia el lado sur de donde nos encontramos, el cual tenía capacidad para dos mil quinientas personas.

Rendimos honores al presidente Brigham Young por su audacia en emprender la construcción de este singular y extraordinario edificio en una época en la que este territorio estaba aún en vías de colonización. El concepto del diseño era original; los constructores jamás habían visto algo semejante.

Estos enormes pilares de arenisca se construyeron primeramente para formar un óvalo que medía 76 metros de este a oeste. Sobre estos pilares se colocó una red de vigas enormes. Estas abarcaban una superficie de cerca de 46 metros, o sea, la mayor parte de la estructura del techo. No había columnas interiores de apoyo. Los pesimistas solían predecir que cuando quitaran los andamios interiores, el techo entero se vendría abajo. El grosor del techo era de 2,7 metros; estaba formado por una grandiosa obra de vigas entrelazadas sujetadas unas a otras con estacas de madera. Las vigas eran amarradas con cuero sin curtir para que cuando se secara apretara las estacas de madera con más fuerza.

Después se colocaron encima grandes láminas de madera, que luego se revistieron con tejas. En el interior se pusieron las molduras y el yeso, en el cual se mezclaba pelo de ganado para hacerlo más resistente. Seguir leyendo

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Él vive!

¡Él vive!Liahona Enero 2000
Élder Richard G. Scott
Del Quorum de los Doce Apóstoles

Elder Richard G. Scott«Él [Jesucristo] ha dado Su vida para que, aun con nuestras debilidades, podamos superar nuestros errores por medio del arrepentimiento y la obediencia a Su Evangelio».

Hemos sentido conmovido el corazón, vivificada la imaginación y fortalecida nuestra determinación de llevar una vida mejor como resultado de los mensajes que hemos escuchado en las sublimes sesiones de esta conferencia. Muchas personas se han sentido motivadas, como yo, a mejorar su estilo de vida de manera que nuestras acciones estén más de acuerdo con nuestros sueños y metas. Quizás te hayas sentido inspirado a abandonar algún aspecto debilitante de tu vida actual o a corregir algún hábito malo que haya comenzado a arraigarse para producir amargo fruto más adelante. Probablemente haya algunos que han resuelto arrepentirá se y volver a las refrescantes aguas de la rectitud. Estas impresiones provienen del Salvador por medio del Espíritu Santo.

De El hablaré. Puesto que los pensamientos sobre el Salvador inspiran sentimientos tan conmovedores, citaré Sus propias palabras y el testimonio de otros profetas.

A fin de llevarnos a tomar las de’ cisiones correctas, El ha dicho lo siguiente:

“…hablaré a tu mente y a tu corazón por medio del Espíritu Santo que vendrá sobre ti y morará en tu corazón”1.

“Y se os dará el Espíritu por la oración de fe…“2.

“…te digo: Pon tu confianza en ese Espíritu que induce a hacer lo bueno, sí, a obrar justamente, a andar humildemente, a juzgar con rectitud; y éste es mi Espíritu.

“…Te daré de mi Espíritu, el cual iluminará tu mente y llenará tu alma de gozo;

“…por este medio sabrás, todas las cosas que de mí deseares, que corresponden a la rectitud, con fe, ere’ yendo en mí que recibirás”3.

“Ora siempre, y derramaré mi Espíritu sobre ti, y grande será tu bendición, sí, más grande que si lograras los tesoros de la tierra y corrupción en la medida correspondiente”4.

Con el don del Espíritu Santo, viene la aptitud de desarrollar una capacidad fuertemente sensible para tomar las decisiones correctas. Cultiva ese don. Como el Señor lo ha dicho, eso se logra con una vida invariable y recta. Al incrementar tu capacidad de percibir la dirección de esa influencia infalible, evitarás la desilusión, el desaliento e incluso la tragedia.

El Señor ha puesto en tu vida corrientes de influencia divina que te conducirán de acuerdo con el plan particular que El quiere que cum-pías en la tierra. Por medio del Espíritu, trata de reconocer y seguir cuidadosamente esa dirección; en’ camínate por ella; decídete, voluntariamente, a ejercer tu albedrío para seguirla. No te dejes abrumar por concentrarte exclusivamente en el hoy con sus desafíos, sus dificultades y sus oportunidades; esas preocupaciones no deben recibir toda tu atención, hasta el punto de consumir tu vida, i Ah, cómo quisiera exhortarte a grabar profundamente en tu alma el reconocimiento de que ahora tu vida forma parte de un plan mucho más grande que el Señor tiene para ti. Viviste parte de él en la vida premortal; allí fuiste valiente y viniste acá porque querías progresar y disfrutar de mayor felicidad. Lo que decidas hacer ahora afectará el cumplimiento de ese plan divino que El tiene para ti. Seguir leyendo

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Rectitud

RectitudLiahona Enero 2000
Élder William R. Bradford
De los Setenta

William R. Bradford«Ningún otro sentimiento del alma del hombre puede brindar el gozo y la felicidad que se reciben al saber que se está haciendo todo lo posible por llegar a ser justo».

Vivimos en una época en la que muchos hombres y mujeres consideran que sus acciones no tienen consecuencias morales y que lo que hacen sólo tiene consecuencias sociales. En esto niegan a Dios y a la vez niegan que las cosas son buenas o malas.

Todos hemos escuchado alguna vez la declaración: “Está bien, haz lo que quieras”, y así es también con la forma en que muchos viven en el mundo hoy día.

Les testifico que hay una manera mejor: la de vivir una vida de rectitud.

La palabra rectitud es una palabra muy interesante y singular. Es una palabra que encierra significado y que se extiende y abarca todos los atributos de Dios. Entonces, la persona que es recta es como Dios, o posee los atributos de Dios.

El bien y el mal existen y son contrarios el uno al otro. Las acciones del género humano sí tienen consecuencias morales. El Evangelio de Jesucristo define la diferencia que existe entre lo que es bueno y lo que es malo. Lo que es bueno viene de Dios. Cristo ha dicho: “Y cualquier cosa que persuada a los hombres a hacer lo bueno viene de mí; porque el bien de nadie procede, sino de mí. Yo soy el mismo que conduce a los hombres a todo lo bueno…” (Eter 4:12).

La rectitud es una amalgama de todo lo que es bueno. Abraza los principios del poder y de la ley de los cielos, mediante la cual todas las cosas de Dios se manejan, se controlan y se gobiernan.

Hay gran simplicidad en la rectitud. En toda circunstancia que enfrentamos en la vida existe la manera correcta o la manera incorrecta de proceder. Si elegimos la forma correcta, nuestra forma de actuar se ve apoyada por los principios de rectitud, los cuales poseen el poder de los cielos. Si elegimos la manera equivocada y actuamos de acuerdo con esa elección, no existe tal promesa o poder de los cielos, y estamos solos y destinados a fracasar.

Surge la pregunta: ¿Cómo podemos saber qué es lo bueno y qué es lo malo? De la misma forma en que nuestro Padre Celestial envió a Su Hijo Jesucristo a crear esta tierra y a ejecutar y gobernar todo lo concerniente a ella, también envió al Espíritu Santo con el fin de proporcionar la luz del Espíritu a los hombres sobre la tierra. Seguir leyendo

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Con lengua de ángeles

“Con lengua de ángeles”Liahona Enero 2000
Élder Robert S. Wood
De los Setenta

Robert S. Wood«Lo que decimos y hacemos no sólo da a conocer nuestra persona interior sino que también nos moldea a nosotros mismos, a los que nos rodean y por último a toda la sociedad».

Al comparar la importancia de algunas de las cosas más destacadas del reino con la dieta alimentaria del antiguo Israel, Jesús dijo a Sus discípulos: “No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre…

“Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre…” (Mateo 15:11, 18). Nuestras palabras, lo mismo que nuestras expresiones externas, no son neutras, puesto que revelan lo que somos y dan forma a lo que llegaremos a ser.

En los últimos días, el Señor ha vuelto a hacer hincapié en la forma en que, con las palabras del Libro de Mormón, nuestras “prácticas exterior res” (Alma 25:15) corrompen o edifican. Lo que digamos y el modo como procedamos crearán una atmósfera cordial u hostil al Espíritu Santo. En la sección 88 de Doctrina y Convenios, el Señor nos aconseja desechar las “conversaciones livianas” y la “risa excesiva”. El relaciona esas expresiones con defectos del corazón —los “deseos de concupiscencia”, el “orgullo” y la “frivolidad”— que al final resultan en “hechos malos” (D. y C. 88:69, 121). Entiendo que las “conversaciones livianas” se refieren al lenguaje irreverente y degradante, y que la “frivolidad” se refiere a lo que el Señor ha llamado tratar con liviandad las cosas sagradas (véase D. y C. 6:12).

Por otro lado, el Señor nos ha pedido tener “corazones y semblantes alegres” (D. y C. 59:15). También nos ha dicho que debemos hablar y actuar de manera tal que nos edifiquemos el uno al otro, y ha indicado que “lo que no edifica no es de Dios, y es tinieblas” (D. y C. 50:23). En [el invernadero] “Winter Quarters”, cuando los santos se encontraban en medio del riguroso éxodo, el Señor mandó: “tiendan vuestras palabras a edificaros unos a otros” (D. y C. 136:24). Nefi dice que el fruto de recibir el Espíritu Santo y de prestar oído a los susurros del Espíritu es que podríamos hablar “con lengua de ángeles” (2 Nefi 32:2). De ese modo, creamos un espíritu de reverencia y de revelación.

Hace poco oí una conversación entre algunos de nuestros nietecitos. Al parecer, uno de ellos había empleado la palabra “estúpido”. Nicholas, de ocho años de edad y recién bautizado, comentó que quizá no se debiera decir eso, porque es una “mala palabra”. Eso evidenció la buena influencia que su madre y su padre habían tenido en él. Sé que ha habido conversaciones por el estilo con respecto a otras expresiones. Algunos pensarán que eso es de poca importancia comparado con las expresiones mucho más groseras y degradantes que se oyen a nuestro alrededor. Pero ocurre que, ya sea en formas pequeñas o grandes, nuestras palabras sí crean una atmósfera en la que edificamos o destruimos. Hace poco le comenté a un amigo de la Ciudad de Nueva York que consideraba que el ambiente de la ciudad había mejorado notablemente durante los últimos años y que me preguntaba a qué se debía eso. El me dijo que su esposa es juez municipal y que habían emprendido la tarea de hacer cumplir las cosas menos importantes, como reglamentaciones que regulaban el escupir y el obedecer las reglas del tránsito, y que eso influía en las cosas más importantes. El Señor dijo que en nuestro hablar y proceder edificantes de cada día invitamos al espíritu de verdad y de rectitud, con lo que “desech[amos] las tinieblas de entre [n]osotros” (D. y C. 50: 25). Seguir leyendo

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Nadie es una isla

“Nadie es una isla”Liahona Enero 2000
Élder Richard H. Winkel
De los Setenta

Richard H. Winkel«Los nuevos miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días no pueden subsistir por sí solos… ellos necesitan de nosotros y nosotros de ellos».

Hermanos y hermanas, me da mucho gusto estar con ustedes esta tarde. Mientras preparaba mi discurso, me puse a pensar que ésta es la primera vez que se me pide hablar en el Tabernáculo y que también iserá la última! Pero me complace estar con ustedes en este histórico edificio en esta histórica ocasión.

Quisiera cambiar de ubicación geográfica y hablarles de otro bello lugar. La costa norte de California es albergue de los árboles más altos del mundo. Una caminata por el antiguo bosque virgen de secoyas puede ser una de las experiencias más impresionantes e inspiradoras que jamás puedan tener.

En ocasiones, esos árboles sobrepasan los dos mil años y pueden alcanzar hasta más de 92 metros de altura. El secoya más alto que se ha registrado medía 113 metros de altura, lo cual es una altura mayor que una cancha de fútbol y cerca de un tercio más alto que el Templo de Salt Lake. Los gigantescos secoyas hacen parecer diminutos a los demás coniferos y árboles de los alrededores, convirtiéndose así en el “Monte Everest de todos los seres vivientes”.

“Sí, todas las cosas que de la tierra salen, en su sazón, son hechas para el beneficio y el uso del hombre, tanto para agradar la vista como para alegrar el corazón;

“sí, para ser alimento y vestidura, para gustar y oler, para vigorizar el cuerpo y animar el alma.

“Y complace a Dios haber dado todas estas cosas al hombre; porque para este fin fueron creadas, para usarse con juicio, no en exceso, ni por extorsión.

“Y en nada ofende el hombre a Dios, ni contra ninguno está encendida su ira, sino contra aquellos que no confiesan su mano en todas las cosas y no obedecen sus mandamientos” (D. y C. 59:18-21).

Los secoyas de la costa son en verdad señores en su reino y una de las creaciones más extraordinarias de nuestro Padre Celestial. Ellos reinan sobre los demás árboles a causa de su impresionante altura y su majestuosa belleza. Sin embargo, estos imponentes gigantes poseen otra característica realmente excepcional y en cierta forma desconocida para la mayoría de nosotros. Aun cuando pueden alcanzar una altura de hasta 92 metros y pueden pesar más de 460.000 kilogramos, estos árboles tienen un sistema de raíces sumamente superficial. Dichas raíces sólo tienen uno o dos metros de profundidad pero pueden extenderse más de cien metros. A medida que esas raíces se extienden, se entrelazan con las de sus hermanos y hermanas secoyas y también con otros tipos de árboles, formando una especie de malla entretejida. La mayoría de los expertos les dirían que de todos modos es imposible que ese sistema de raíces poco profundas mantenga a los secoyas intactos y protegidos de los fuertes vientos y de las inundaciones. Sin embargo, los sistemas de raíces entrelazadas son el secreto efe su fortaleza y nos enseñan una gran lección. Seguir leyendo

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La enseñanza del Evangelio

La enseñanza del EvangelioLiahona Enero 2000
Élder Dallín H. Oaks
Del Quorum de los Doce Apóstoles

Dallin H. Oaks«En nuestros sagrados llamamientos como maestros del Evangelio, ningún esfuerzo es demasiado bueno para la obra del Señor y el progreso de Sus hijos».

Un conocido autor escribió un libro acerca de su mejor maestro. El poderoso impacto que este maestro tuvo en el estudiante se basó en la convicción del joven de que su maestro realmente se interesaba por él y quería que aprendiera e hiciera lo que le ayudaría a encontrar la felicidad. El autor concluyó su tributo con esta pregunta: “¿Han tenido ustedes alguna vez un verdadero maestro? ¿Un maestro que les haya considerado como materia prima, pero a la vez una materia tan preciosa como una joya que, con sabiduría, podría pulirse hasta lograr un espléndido brillo? Si tienen la fortuna de encontrarse con maestros de tal calibre, nunca les será difícil regresar a ellos”1.

I.
Cada uno de los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días es, o será, un maestro. Cada uno de nosotros tiene un interés esencial en el contenido y en la eficacia de la enseñanza del Evangelio. Queremos que todos tengan excelentes maestros del Evangelio y que esos maestros nos ayuden a encontrar la manera de regresar, no sólo a ellos sino a nuestro Padre Celestial.

Nuestra preocupación en cuanto a la enseñanza del Evangelio no se limita solamente a aquellos que son llamados a enseñar en los quórumes del sacerdocio, en la Primaria, la Sociedad de Socorro, la Escuela Dominical, las Mujeres Jóvenes o en otra asignación. En el grandioso plan de salvación del Señor no hay maestros más importantes que los padres que enseñan constantemente a sus hijos mediante el ejemplo y el precepto. Cada uno de nosotros enseña mediante el ejemplo a quienes nos rodean. Aun los niños se enseñan mutuamente. Cada misionero es un maestro. Y cada líder es un maestro. Tal como hace años lo enseñó el presidente Hinckley, “la enseñanza eficaz es la esencia misma del liderazgo en la Iglesia”2.

La enseñanza del Evangelio es universal e importante. Realmente “no existe mayor responsabilidad que ninguno de nosotros pueda tener que la de ser maestros de los hijos de Dios”3. La ocupación de nuestro Salvador fue la de maestro; El fue el Maestro ideal y nos invita a todos a emularlo en ese gran servicio4.

Hace varios años la Primera Presidencia asignó al Quorum de los Doce el cometido de revitalizar la enseñanza en la Iglesia. Los Doce, con la ayuda de los Setenta, aceptaron el desafío y ahora, después de años de preparación y con la participación de magníficos maestros del Evangelio, eruditos, escritores y otras personas, la Primera Presidencia acaba de iniciar un esfuerzo a través de toda la Iglesia “para revitalizar y mejorar la enseñanza”. Dicha carta dice: “Este énfasis renovado tiene por objeto mejorar la enseñanza en el hogar y en las reuniones de la Iglesia, así como ayudar a nutrir a los miembros con la buena palabra de Dios”5. Seguir leyendo

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Un año de jubileo

Un año de jubileoLiahona Enero 2000
Élder L. Tom Perry
Del Quorum de los Doce Apóstoles

L. Tom Perry«Demos mayor prioridad a la oración familiar, al estudio en familia de las Escrituras y a la noche de hogar, y eliminemos las actividades que nos llenan la vida de cosas mundanas y perniciosas».

Estoy seguro de que siempre recordaré el haber sido el primer orador de la última sesión de esta histórica conferencia general. No se trata solamente de la última sesión de esta conferencia, sino que es la última sesión de esta década y la última sesión que llevará la fecha de los 1900. Esta sesión es apropiada para una especial anotación en un diario personal. Los acontecimientos históricos captan en especial nuestra atención cuando recordamos el pasado y prevemos el futuro. Durante las últimas semanas de este año, los medios de difusión habrán de pregonar los principales sucesos del siglo veinte. Los pronosticadores tratarán de orientar nuestra atención hacia las posibilidades del siglo veintiuno. Para los creyentes que han aceptado el Evangelio de nuestro Señor y Salvador, ésta debería ser también una época especial para recordar las bendiciones que El ha dado a Sus hijos creyentes y las promesas de bendiciones aún mayores para el futuro.

A través de todos los tiempos, el Señor ha hecho recordar a Sus hijos el deber que tienen para con El. Siempre me ha interesado la forma en que el Señor enseñó y cuidó a Israel durante los cuarenta años en que deambuló por el desierto. En el libro de Levítico, así llamado porque se relaciona con los deberes y las enseñanzas de los levitas, se dan instrucciones para el año de jubileo y para su observancia. Creo que en la forma en que Israel celebró ese año tan especial hay también un mensaje para nosotros. En el capítulo 25 de Levítico leemos: “Jehová habló a Moisés en el monte de Sinaí, diciendo:

“Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra que yo os doy, la tierra guardará reposo para Jehová.

“Seis años sembrarás tu tierra, y seis años podarás tu viña y recogerás sus frutos.

“Pero el séptimo año la tierra tendrá descanso, reposo para Jehová; no sembrarás tu tierra, ni podarás tu viña…

“Y contarás siete semanas de año, siete veces siete años, de modo que los días de las siete semanas de años vendrán a serte cuarenta y nueve años.

“Entonces harás tocar fuertemente la trompeta en el mes séptimo a los diez días del mes; el día de la expiación haréis tocar la trompeta por toda vuestra tierra.

“Y santificaréis el año cincuenta, y pregonaréis libertad en la tierra a todos sus moradores; ese año os será de jubileo, y volveréis cada uno a vuestra posesión, y cada cual volverá a su familia” (Levítico 25:1-4, 8-10). Seguir leyendo

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En el cenit de los tiempos

En el cenit de los tiemposLiahona Enero 2000
Presidente Gordon B. Hinckley

Gordon B. Hinckley«Que Dios nos bendiga con una perspectiva del lugar que ocupamos en la historia y… con el deseo de mantenernos erguidos y de caminar con determinación de manera digna de los santos del Altísimo».

¡Qué emocionante y maravillo es pasar por el umbral de los siglos! Dentro de poco, todos tendremos esa experiencia. Pero aún más fascinante es la oportunidad que tenemos de dejar atrás el milenio que está por acabar y dar la bienvenida a mil años nuevos. Al contemplar este período, me acoge un grandioso y solemne sentimiento por las cosas de la historia.

Hace tan sólo dos mil años que el Salvador estuvo sobre la tierra. Un maravilloso reconocimiento del lugar que El ocupa en la historia es el hecho de que el calendario que actualmente está en uso en casi todas partes del mundo ubica el nacimiento del Señor como el meridiano de los tiempos. Todo lo que ocurrió anterior a esa fecha se cuenta desde esa fecha hacia atrás; y todo lo que ha ocurrido desde entonces se mide a partir de ella hacia adelante.

Siempre que alguien usa una fecha, ya sea que se dé cuenta de ello o no, reconoce la venida a la tierra del Hijo de Dios. Su nacimiento, como se ha llegado comúnmente a determinar, marca el punto central de los tiempos, el meridiano de los tiempos reconocido a través de la tierra. Cuando utilizamos esas fechas no prestamos atención a ese hecho, pero si nos detenemos a pensar, debemos reconocer que El es la figura sublime de toda la historia del mundo sobre la cual se basa nuestra medida del tiempo.

En los siglos antes de que El viniera a la tierra, hubo profecías acerca de Su venida. Isaías declaró: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz” (Isaías 9:6).

El rey Benjamín declaró a su pueblo más de un siglo antes del nacimiento del Salvador:

“Porque he aquí que viene el tiempo, y no está muy distante, en que con poder, el Señor Omnipotente que reina, que era y que es de eternidad en eternidad, descenderá del cielo entre los hijos de los hombres; y morará en un tabernáculo de barro, e irá entre los hombres efectuando grandes milagros, tales como sanar a los enfermos, resucitar a los muertos, hacer que los cojos anden, y que los ciegos reciban su vista, y que los sordos oigan, y curar toda clase de enfermedades…

“Y se llamará Jesucristo, el Hijo de Dios, el Padre del cielo y de la tierra, el Creador de todas las cosas desde el principio; y su madre se llamará María” (Mosíah 3:5, 8).

No es de sorprender que ángeles hayan cantado al tiempo de Su nacimiento y que magos hayan viajado desde lejos para rendirle homenaje.

Fue el hombre perfecto que anduvo sobre la tierra; El cumplió la ley de Moisés y trajo un nuevo precepto de amor al mundo. Seguir leyendo

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Un testimonio del Libro de Mormón

Conferencia General Octubre 1999

Un testimonio del Libro de Mormón

Élder Russell M. Nelson
del Quorum de los Doce Apóstoles

«Cuando lean el Libro de Mormón, concéntrense en la figura principal del libro que es —desde el primero hasta el último capítulo—: el Señor Jesucristo».


Poco después de mi llamamiento a ser uno de los Doce Apóstoles, me pidieron que fuera a la oficina del Presidente de nuestro Quorum, el presidente Ezra Taft Benson. El me expresó su profunda preocupación porque los miembros de la Iglesia no apreciaban en toda su magnitud el valor del Libro de Mormón. Con emoción en la voz, me leyó un pasaje de la sección 84 de Doctrina y Convenios:

“Y en ocasiones pasadas vuestras mentes se han ofuscado a causa de la incredulidad, y por haber tratado ligeramente las cosas que habéis recibido,

“esta incredulidad y vanidad han traído la condenación sobre toda la iglesia”1.

Para entonces, el presidente Benson había captado toda mi atención. En seguida, concluyó con su admonición:

“y permanecerán bajo esta condenación hasta que se arrepientan y recuerden el nuevo convenio, a saber, el Libro de Mormón…”2.

Nunca olvidaré esa lección. Desde entonces, el presidente Howard W. Hunter, el presidente Gordon B. Hinckley y muchos otros líderes de la Iglesia han continuado proclamando el Libro de Mormón a la gente de todo el mundo.

Quisiera añadir mi testimonio de la divinidad de este libro. Lo he leído muchas veces. También he leído mucho de lo que se ha escrito acerca de él. Hay escritores que se han concentrado en sus relatos, en su gente o en las breves descripciones de la historia. Otros se han interesado en su estructura lingüística o en lo que se dice de las armas, la geografía, la vida animal, las técnicas de construcción o los sistemas de pesos y medidas.

Por interesantes que sean esos temas, el estudio del Libro de Mormón es más satisfactorio cuando el lector se concentra en el objetivo principal del libro, que es testificar de Jesucristo. En comparación, todos los otros asuntos son secundarios.

Cuando lean el Libro de Mormón, concéntrense en la figura principal del libro que es —desde el primero hasta el último capítulo—: el Señor Jesucristo, el Hijo del Dios Viviente3. Y busquen el segundo tema corroborativo, que es: Dios guardará Sus convenios con el resto de la casa de Israel4.

El Libro de Mormón es un componente importantísimo de ese convenio5. Es Escritura santa que comprende escritos sagrados de las planchas menores y de las planchas mayores de Nefi, de las planchas de Mormón, de las planchas de Eter y de las planchas de bronce que contenían “los cinco libros de Moisés… la historia de los judíos… [y] las profecías de los santos profetas”6.

Cuando Mormón compendió esos registros, indicó que no se podía escribir “ni la centésima parte” de los actos del pueblo7. Así vemos que los aspectos históricos del libro adoptan una importancia secundaria. Seguir leyendo

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Paz, esperanza y orientación

Paz, esperanza y orientaciónLiahona Enero 2000
Patricia P. Pinegar
Presidenta General de la Primaria recientemente relevada

Patricia P. Pinegar«Regocijémonos en las bendiciones de paz, esperanza y orientación; bendiciones de las que muchos de los hijos de nuestro Padre no disfrutan».

«Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas” (Proverbios 3:5-6).

Hermanos y hermanas, amo al Señor y confío en El con todo mi corazón. Sé que Él vive y que nos ama a todos. Sé que nuestro Padre Celestial tiene un plan perfecto para nosotros y, si seguimos ese plan y el ejemplo de nuestro Salvador, encontraremos paz en este mundo atribulado, nuestro corazón se llenará de esperanza y recibiremos la orientación que necesitamos.

Mientras servíamos una misión en Inglaterra, Cori, nuestro hijo de diecisiete años, perdió la vida en un accidente automovilístico. Vinimos a Utah para el funeral, y de inmediato regresamos a Inglaterra para terminar nuestra misión. Fue un tiempo de gran consternación para toda la familia.

Un día, poco después de regresar a Inglaterra, iba por la calle cuando un conocido que se había enterado de la muerte de nuestro hijo me dijo: “¿Y ahora qué piensa de su Dios? Usted está sirviéndole en una misión y Él le ha arrebatado a su hijo”. Me quedé impactada y herida. Sentí tristeza por ese hombre que no comprendía el plan de nuestro Padre Celestial.

La difícil experiencia de la muerte de mi hijo me sirvió para darme cuenta y para gozar de las bendiciones de paz, de esperanza y de orientación; bendiciones de las que pueden disfrutar todos los que en verdad acepten y vivan el Evangelio de Jesucristo. Doy testimonio de las palabras del élder Richard G. Scott: “Entiende que al mismo tiempo que enfrentas un problema que te causa tristeza puedes sentir también paz y regocijo” (“La confianza en el Señor”, Liahona, enero de 1996, pág. 18).

¿Cuáles son algunas de las cosas específicas que podemos hacer para tener esas bendiciones de paz, de esperanza y de orientación en nuestra vida? Permítanme hablarles de tres que me han sido de ayuda.

Primero, debemos confiar plenamente en el plan de felicidad de nuestro Padre y en la función que desempeñó en él nuestro Salvador. El confiar en Su plan me brindó paz después de la muerte de nuestro hijo; sabía en dónde estaba él y que nuestro Padre Celestial le amaba. Tenía perfecta esperanza de que, debido a la Expiación del Salvador, mi hijo vivía y volveríamos a estar juntos como una familia eterna. También recibí orientación; sabía lo que yo tenía que hacer y lo que nuestra familia debía hacer para estar juntos para siempre.

La segunda cosa que me ha ayudado a recibir esas bendiciones es el principio de la obediencia basada en la valentía. Estoy tan agradecida por el don de Dios que consiste de leyes y mandamientos. El esforzarnos por vivir las enseñanzas de Jesús y el obedecer Sus leyes y mandamientos nos brindan paz, esperanza y orientación. Las Escrituras enseñan: “Mucha paz tienen los que aman tu ley” (Salmos 119:165). También enseñan que “el que hiciere obras justas recibirá su galardón, sí, la paz en este mundo y la vida eterna en el mundo venidero” (D. y C. 59:23). Seguir leyendo

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Nuestro destino

Nuestro destinoLiahona Enero 2000
Élder L. Aldin Porter
De la Presidencia de los Setenta

L. Aldin Porter«El centro del plan es el Señor Jesucristo. Si lo rechazamos a Él y lo despreciamos, el gran plan de felicidad no tendrá eficacia a favor de nosotros».

Hace algunos meses, al término de una sesión de una conferencia de estaca, conversó conmigo una hermosa joven-cita de unos 18 o 19 años de edad, quien me expresó cierta preocupación por algunos aspectos de la proclamación sobre la familia. Su actitud no era de rechazo, sino de un deseo sincero de entender. He pasado bastante tiempo reflexionando sobre la preocupación de ella.

El Dios de la creación habló a Moisés en un esfuerzo por ayudarle a entender el destino de este mundo: “Y he creado incontables mundos, y también los he creado para mi propio fin; y por medio del Hijo, que es mi Unigénito, los he creado” (Moisés 1:33).

Presten atención a las palabras del Señor: “los he creado para mi propio fin”. El Señor tenía un propósito al establecer los mundos y en unos cuantos versículos explicó cuál era: “Porque, he aquí, ésta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39).

Está claro que el Señor tenía un plan trazado para lograr Sus propósitos. En las Escrituras leemos los diferentes nombres del plan: “el gran plan de felicidad”, “el plan de redención”, “misericordioso designio del Creador”, “el plan de salvación”, “el plan de justicia” y “el gran plan del Dios Eterno”.

Cada nombre hace hincapié en un aspecto u otro del plan, pero en realidad sólo hay un plan, al que se le dan diferentes nombres, por medio del cual Dios intenta llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre.

Piensen en un avión que sale del aeropuerto con la trayectoria completamente trazada en un mapa. Los pilotos y la tripulación saben exactamente hacia dónde van y no se desviarán de su curso y no dejarán de llegar a su destino ni una vez en cincuenta mil vuelos, a menos que interfieran las condiciones del tiempo o una falla mecánica. Imagínense otro avión con capitán y tripulación, pero sin un plan de vuelo. Se ponen en marcha los motores y el avión se desplaza por la pista. Cuando empieza a ascender, la tripulación no sabe si girar hacia el este o hacia el oeste. Si ustedes estuvieran en ese avión, no tendrían casi ninguna posibilidad de llegar a su destino. Es evidente para todos nosotros que la tripulación de un avión necesita un plan de vuelo.

Así es con nuestras vidas. No se pueden tomar decisiones a largo plazo a menos que la persona entienda que hay un propósito aquí y reconozca que tiene que entender por lo menos algunos aspectos del misericordioso plan del Gran Creador.

El Señor nos ha dado instrucciones y mandamientos para ayudarnos a lograr el destino que Él tiene previsto para nosotros. Se entienden mejor los mandamientos cuando se sabe algo del plan. Alma enseñó este principio cuando dijo: “Por tanto, después de haberles dado a conocer el plan de redención, Dios les dio mandamientos de no cometer iniquidad, el castigo de lo cual sería una segunda muerte, que era una muerte eterna respecto de las cosas pertenecientes a la rectitud; porque en éstos el plan de redención no tendría poder, pues de acuerdo con la suprema bondad de Dios, las obras de la justicia no podían ser destruidas” (Alma 12:32; cursiva agregada). Seguir leyendo

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