Qué firmes cimientos
Presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia
Podemos fortalecer nuestro cimiento de fe y nuestro testimonio de la verdad a fin de no flaquear ni desfallecer.
Mis queridos hermanos y hermanas, tanto los que se encuentran al alcance de mi vista como los que se hallan reunidos por todo el mundo, les pido su fe y sus oraciones al cumplir con la asignación y el privilegio de dirigirles la palabra.
En 1959, poco después de haber comenzado mi servicio como presidente de la Misión Canadiense, cuya oficina central se encontraba en Toronto, Ontario, Canadá, conocí a N. Eldon Tanner, un distinguido canadiense que tan sólo unos meses después sería llamado al cargo de Ayudante del Quórum de los Doce Apóstoles, más tarde al Quórum de los Doce y posteriormente como consejero de cuatro Presidentes de la Iglesia.
Cuando le conocí, el presidente Tanner era presidente de la gran empresa Trans-Canada Pipelines, Ltd., y presidente de la Estaca Calgary, Canadá, país donde lo conocían como “Sr. Integridad”. En aquella primera reunión, hablamos, entre otras cosas, de los fríos inviernos canadienses durante los que rugen las tempestades y las temperaturas bajo cero se mantienen a lo largo de semanas, y donde los vientos glaciales bajan la temperatura aún más. Le pregunté al presidente Tanner por qué razón los caminos y las carreteras de la parte occidental de Canadá se conservan básicamente intactos durante semejantes inviernos, casi sin indicios de resquebrajaduras ni grietas mientras que en muchas regiones donde los inviernos no son tan fríos ni tan crudos la superficie de las carreteras se llena de baches.
Él me explicó: “La respuesta yace en la profundidad de la base de los materiales de pavimentación. Para que el pavimento se conserve firme e intacto, es preciso afirmar los cimientos con varias capas profundas. Si los cimientos no tienen la profundidad suficiente, la superficie del pavimento no resiste las temperaturas extremas”.
A través de los años, he reflexionado muchas veces en aquella conversación y en la explicación del presidente Tanner, dado que reconozco en sus palabras una sustancial aplicación a nuestra vida. Planteado con sencillez, si no tenemos un cimiento profundo de fe ni un sólido testimonio de la verdad, tendremos dificultades para soportar las rigurosas tempestades y los vientos glaciales de la adversidad que inevitablemente le sobrevienen a cada uno de nosotros. Seguir leyendo →
Cómo llegar a ser lo mejor de nosotros mismos
Presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia
«Si [confiamos en el Señor], llegaremos a reconocer que hemos estado embarcados en Su obra, que Sus divinos propósitos se han cumplido y que nosotros hemos participado en ese cumplimiento».
En una época antigua y en un lugar muy lejano, nuestro Señor y Salvador Jesucristo enseñó a las multitudes y a Sus discípulos “el camino, la verdad y la vida”1. Les ofreció Sus consejos con palabras sagradas y Su magnífica existencia nos dejó un verdadero ejemplo. En ocasiones, el Señor solía preguntar: “¿Cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir”?2.
Durante Su ministerio en el continente americano, agregó palabras significativas al responder a esa misma clase de pregunta: “¿Qué clase de hombres habéis de ser? En verdad os digo, aun como yo soy”3.
En Su ministerio terrenal, el Maestro describió cómo debemos vivir, cómo debemos enseñar, cómo debemos servir y qué debemos hacer para llegar a ser lo mejor de nosotros mismos.
Una de esas lecciones se encuentra en el libro de Juan, en la Santa Biblia, y dice: “Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret.
“Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve.
“Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño”4.
En nuestra jornada terrenal, el consejo del apóstol Pablo nos brinda guía celestial: “…todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”. Y entonces añadió la recomendación final: “Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros”5.
En nuestra búsqueda para llegar a ser lo mejor de nosotros mismos, hay varias preguntas que podrían guiarnos: ¿Soy lo que quiero ser? ¿Estoy hoy más cerca del Salvador que ayer? ¿Estaré aún más cerca de El mañana? ¿Tengo el valor necesario para cambiar? Seguir leyendo →
Los profetas y los grillos cebolleros espirituales
Élder Neil L. Andersen
De los Setenta
«En el Israel moderno, servir al Señor significa seguir cuidadosamente a los profetas».
Deseo expresarles mi amor. Dirijo mis palabas a los miembros de la Iglesia dedicados y llenos de testimonio de todas las naciones de la tierra. El solo hecho de que en esta hermosa mañana del sábado estén aquí o viendo esta conferencia en alguna sala ensombrecida en medio del día, manifiesta su discipulado. Ustedes se toman en serio lo que creen y lo exteriorizan.
Una amonestación que a mí me ha dado fuerza es la poderosa declaración del profeta Josué: “Escogeos hoy a quien sirváis… pero yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:15).
Las palabras de Josué tienen muchísima importancia, pero aun así, la forma en que mostramos nuestra decisión de servir al Señor cambia con cada generación. Cuando Josué habló hace 3.500 años, sus palabras significaban dejar atrás los falsos dioses, ir a la guerra contra los cananeos y prestar suma atención a las palabras del Profeta. Casi podemos oír las quejas de los escépticos cuando Josué anunció los planes de batalla para tomar la ciudad de Jericó. En primer lugar dijo que iban a rodear la ciudad en silencio durante cada uno de los seis días, y en el séptimo circundarían la ciudad en siete ocasiones. A continuación, los sacerdotes harían sonar las trompetas y al mismo tiempo el pueblo emitiría un gran grito. Entonces, les aseguró Josué, los muros de la ciudad caerán. Y cuando los muros cayeron, los escépticos se callaron (Véase Josué, capítulo 6).
Hay una cosa en nuestra época que no ha cambiado desde que habló Josué: Los que escogen servir al Señor siempre escuchan al profeta con atención. En el Israel moderno, servir al Señor significa seguir cuidadosamente a los profetas.
Los desafíos a los que nosotros y nuestras familias hacemos frente como discípulos de Cristo son un tanto diferentes a los que tenían los israelitas de Josué. Permítanme ilustrarlo con una experiencia. Nuestra familia vivió durante muchos años en el estado de Florida. Debido a la alta concentración de arena que hay en este estado, el césped es de un tipo de hoja ancha al que llamamos San Agustín. Un enemigo monumental del césped de Florida es un pequeño insecto marrón llamado grillo cebollero. Seguir leyendo →
Nos queda todavía un sólido eslabón
Élder Vaughn J. Featherstone
De los Setenta
«A medida que el mundo se va hundiendo más y más en el pecado, esta magnífica Iglesia permanece firme e inamovible como una enorme roca de granito».
Alexandr Solzhenitsin definió las resoluciones temporáneas como «la práctica de darse por vencidos una y otra vez, y esperar y esperar hasta que el adversario quede satisfecho».
Mis amados jóvenes amigos, permítanme asegurarles que el adversario nunca queda satisfecho.
Oliver Wendell Holmes dijo: “Cuando el espíritu alienta el corazón, no puede haber descanso, porque aun en las tinieblas de la noche nos queda todavía un sólido eslabón, una luz que no se apagará”.
¿No les hace eso sentirse agradecidos de pertenecer a una Iglesia dirigida por apóstoles y profetas, sabiendo que nos queda todavía un sólido eslabón, una luz que no se apagará? A medida que el mundo se va hundiendo más y más en el pecado, esta magnífica Iglesia permanece firme e inamovible como una enorme roca de granito.
¿No se sienten orgullosos de que la Iglesia nos enseña la verdad? No tenemos que dudar en cuanto a su posición sobre aretes para muchachos y hombres, tatuajes, cabellos hirsutos y teñidos, lenguaje profano o gestos obscenos. Tenemos profetas que nos revelan las normas de vida. Ellos nos enseñan que los Diez Mandamientos no han pasado de moda. La palabra del Señor ha estado resonando por muchas generaciones: “No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano” (Éxodo 20:7). El profanar el nombre de Dios es una grave ofensa para el Espíritu, y el hacerlo sólo satisface los propósitos de Satanás de burlarse de nuestro Dios.
Jehová ha declarado también: “No hurtarás” (Éxodo 20:15). El robar es una afrenta a Dios. Este es sólo uno de los Diez Mandamientos, pero el defraudar, mentir y dar falso testimonio son otras maneras de hurtar.
Queridos jóvenes, ¿no están agradecidos de que los apóstoles y los profetas de Dios nunca los confundan en cuanto al pecado? No importa cuán violentos sean los vientos de la opinión pública, la Iglesia es inamovible. Dios ha mandado que “los sagrados poderes de la procreación se deben utilizar sólo entre el hombre y la mujer legítimamente casados, como esposo y esposa”1. Seguir leyendo →
El albedrío: Una bendición y una aflicción
Sharon G. Larsen
Segunda Consejera de la Presidencia de las Mujeres Jóvenes
«El albedrío es la facultad de pensar, de escoger y de actuar por nuestra propia voluntad. Presenta oportunidades infinitas, acompañadas de responsabilidad y de consecuencias».
Cuando salimos de la presencia de nuestro Padre Celestial y entramos en este mundo, trajimos un don inapreciable, sagrado, preterrenal y eterno. Es este don, el don del albedrío, acerca del cual deseo hablar.
El albedrío es la facultad de pensar, de escoger y de actuar por nuestra propia voluntad. Presenta oportunidades infinitas, acompañadas de responsabilidad y de consecuencias. Es una bendición y una aflicción. El empleo prudente de este don del albedrío es de importancia fundamental hoy día, puesto que nunca antes en la historia del mundo los hijos de Dios han sido tan bendecidos ni se han visto tan abiertamente enfrentados a tantos caminos que tomar.
La vida era más sencilla hace años en mi pueblo natal de la pradera canadiense. Nuestro número de teléfono tenía un solo dígito: el 3. Al pueblo llegaba sólo una película en blanco y negro que mandaban de la ciudad de Cardston y que se exhibía el jueves por la noche. El correo llegaba el lunes, el miércoles y el viernes, si no nevaba mucho.
Había sólo un camino principal. A casi cinco kilómetros hacia el oeste de él estaba nuestra granja y a unos treinta y dos kilómetros hacia el este de ese mismo camino estaba el Templo de Alberta. No había muchos otros caminos que escoger ni lugares a los cuales ir.
Hoy en día hay infinidad de números telefónicos, películas de todas clases y colores, correo electrónico a la mano las veinticuatro horas del día, y muchos caminos que de modo implacable exigen el ejercicio de nuestro discernimiento. Nuestro medio ambiente está saturado de opciones. Pero el propósito por el que estamos aquí en la tierra no ha cambiado nunca.
El Señor le dijo a Abraham que Él nos había mandado a la tierra para ver si haríamos lo que Él nos mandara (véase Abraham 3:25). El escoger es ineludible. Las dos fuerzas opuestas del mundo buscan nuestro sometimiento a ellas. Por un lado, existe la realidad de Satanás y, por el otro, el amor más poderoso del Salvador. Seguir leyendo →
“Pastorea mis ovejas”
Élder Ben B. Banks
De la Presidencia de los Setenta
«Pienso que todo miembro activo de la Iglesia conoce a una oveja perdida que necesita la atención y el amor de un pastor comprensivo».
Hace ya algunos años, mi esposa Susan y yo tuvimos la oportunidad de hacer una gira por la Misión Nueva Zelanda Christchurch con el presidente Melvin Tagg y su esposa. El presidente Tagg sugirió que en la gira que íbamos a hacer de la misión incluyéramos un día de preparación y fuéramos en autobús de excursión al hermoso estrecho Milford. El viaje incluía varias paradas en hermosos y pintorescos lugares a lo largo del camino. Durante una de esas paradas, mientras caminábamos de regreso al autobús, sentí curiosidad al ver a un grupo de pasajeros que formaban un círculo en medio de la carretera y sacaban fotografías. Al atisbar por entre la gente, vi en medio del círculo a un pequeño y asustado corderito que trataba de mantenerse de pie sobre sus temblorosas patas. Parecía haber nacido hacía tan sólo unas horas. Yo había visto muchas ovejas en mi vida, ya que mi suegro se dedicaba a comerciar con ganado ovino; por consiguiente, no tenía ningún interés en fotografiar a un solitario corderito y me subí al autobús a esperar.
Una vez que todos los pasajeros subieron de nuevo al autobús, el conductor tomó en sus brazos al asustado corderito, lo sostuvo con ternura contra su pecho y lo llevó al vehículo. Se sentó, cerró la puerta, tomó el micrófono y nos dijo: “Sin duda, un rebaño de ovejas pasó por aquí esta mañana y este corderito se ha quedado extraviado. Pienso que si lo llevamos con nosotros podríamos encontrar al rebaño un poco más adelante y devolver este pequeño a su madre”.
Durante varios kilómetros viajamos a través de hermosos bosques y por fin llegamos a una bella pradera de alta y ondulante hierba. Como era de esperar, en medio de la pradera pacía un rebaño de ovejas. El conductor del autobús se detuvo, se excusó y salió. Todos pensamos que dejaría al corderito a un lado de la carretera y regresaría al autobús, pero no fue así. Con el animalito en brazos, caminó con mucho cuidado y sin hacer ningún ruido a través de la hierba, hacia donde estaba el rebaño. Cuando se acercó lo que más pudo al rebaño sin inquietarlos, con dulzura puso al corderito en el suelo y luego permaneció en el campo hasta asegurarse de que volvía al redil.
Al regresar al autobús, nuevamente tomó el micrófono y dijo: “¿Pueden escuchar los balidos de la madre que dice: ‘Gracias, muchas gracias por devolverme a mi corderito’?”. Seguir leyendo →
Élder Neal A. Maxwell
Del Quorum de los Doce Apóstoles
«Lamán y Lemuel se volvieron rebeldes en lugar de líderes, con resentimiento en lugar de rectitud, y todo por su falta de comprensión tanto del carácter como de los propósitos de Dios».
Como lo acaban de demostrar sus proféticas palabras, somos muy bendecidos de tener al presidente Hinckley.
Hermanos y hermanas, en páginas muy delgadas, repletas de significado, hay pasajes de las Escrituras que están como escondidos; de ahí que se nos exhorte a escudriñarlas, a deleitarnos con ellas y a meditarlas (véase Juan 5:39; Alma 14:1; Alma 33:2; Moroni 10:3; 2 Nefi 9:51). Pero, especialmente, debemos hacer más de lo que hizo Nefi, o sea, aplicar “todas las Escrituras a nosotros mismos” (1 Nefi 19:23).
Como ilustración, las palabras que debemos aplicar aparecen dos veces con respecto a Lamán y Lemuel, a quienes algunos consideran erróneamente nada más que como figuras vagas. Consideremos, por lo tanto, cómo la aplicación de las siguientes palabras va mucho más allá de ellos dos: “Y así era como Lamán y Lemuel… murmuraban… porque no conocían la manera de proceder de aquel Dios que los había creado” (1 Nefi 2:12; véase también Mosíah 10:14).
La falta de comprensión de los “tratos” del Señor con Sus hijos — de Su relación con ellos y de Su forma de tratarlos— es fundamental. El murmurar no es más que un síntoma, tampoco es su única consecuencia; en realidad, hermanos y hermanas, esa falta ¡afecta a todo lo demás!
La mala interpretación de algo tan crucial hace imposible conocer a Dios, que erradamente aparece así como un ser inalcanzable, inaccesible, indiferente e inepto, una deidad incapacitada y disminuida, de cuyas aparentes limitaciones hay quienes, irónicamente, se quejan.
Desde el principio, Lamán rechazó la función que le correspondía y quería, en cambio, ser el mandamás, resentido constantemente ante la dirección espiritual de Nefi; y Lemuel no sólo era fiel seguidor de Lamán sino que también le facilitaba el camino, prestándole atención cuando lo “incitaba” (véase 1 Nefi 16:37-38). Si Lamán hubiera estado completamente aislado, algunas consecuencias habrían sido muy diferentes. En nuestra sociedad también tenemos personas “facilitadoras”, que se dejan incitar para oponerse a lo bueno; a ésas tampoco se les puede considerar inocentes. Aunque, como Lemuel, pasan relativamente inadvertidas, su hipocresía se destaca. Seguir leyendo →
La obediencia trae bendiciones
Por el presidente Thomas S. Monson
Recibimos un conocimiento de la verdad y la respuesta a nuestros más grandes interrogantes cuando somos obedientes a los mandamientos de Dios.
Mis queridos hermanos y hermanas, cuán agradecido estoy por estar con ustedes esta mañana. Suplico su fe y sus oraciones al responder al privilegio de dirigirme a ustedes.
A través de los siglos, los hombres y las mujeres han procurado conocimiento y entendimiento en cuanto a esta existencia mortal, y en cuanto al lugar que ocupan y el propósito que tienen en ella, así como también sobre el camino a la paz y a la felicidad. Cada uno de nosotros emprende esa búsqueda.
Ese conocimiento y entendimiento están al alcance de toda la humanidad y se encuentran en las verdades que son eternas. En Doctrina y Convenios, sección 1, versículo 39, leemos: “Porque he aquí, el Señor es Dios, y el Espíritu da testimonio, y el testimonio es verdadero, y la verdad permanece para siempre jamás”.
El poeta escribió:
Aunque cielo y tierra dejaran de ser,
la verdad, la esencia de todo vivir,
seguiría por siempre jamás1.
Hay quienes preguntarán: “¿Dónde se ha de encontrar esa verdad, y cómo habremos de reconocerla?”. En una revelación dada por medio del profeta José Smith en Kirtland, Ohio, en mayo de 1833, el Señor declaró:
“…la verdad es el conocimiento de las cosas como son, como eran y como han de ser…
“El Espíritu de verdad es de Dios…
“y ningún hombre recibe la plenitud, a menos que guarde sus mandamientos.
“El que guarda [los] mandamientos [de Dios] recibe verdad y luz, hasta que es glorificado en la verdad y sabe todas las cosas”2.
¡Qué gloriosa promesa! “El que guarda [los] mandamientos [de Dios] recibe verdad y luz, hasta que es glorificado en la verdad y sabe todas las cosas”.
En esta era iluminada en que se ha restaurado la plenitud del Evangelio, no es necesario que ustedes ni yo viajemos por mares inexplorados o andemos por caminos desconocidos en busca de la verdad. Un Padre Celestial amoroso ha trazado nuestro curso y ha proporcionado una guía infalible: la obediencia. Recibimos un conocimiento de la verdad y la respuesta a nuestros más grandes interrogantes cuando somos obedientes a los mandamientos de Dios.
Aprendemos la obediencia a lo largo de nuestra vida. Empezando desde que somos muy pequeños, los que son responsables de nuestro cuidado establecen pautas y reglas para asegurarse de que estemos a salvo. La vida sería más sencilla para todos si obedeciéramos esas reglas al pie de la letra. Sin embargo, muchos de nosotros aprendemos por experiencia lo sabio que es ser obedientes.
De pequeño, todos los veranos, desde los primeros días de julio hasta los primeros días de septiembre, con mi familia nos quedábamos en nuestra cabaña de Vivian Park, en el cañón de Provo, Utah.
Uno de mis mejores amigos durante esos días despreocupados en el cañón era Danny Larsen, cuya familia también tenía una cabaña en Vivian Park. Todos los días, él y yo paseábamos por ese paraíso de niños, pescando en el arroyo y en el río, recolectando rocas y otros tesoros, haciendo caminatas, ascendiendo montes, o simplemente disfrutando cada minuto y hora de cada día.
Una mañana, Danny y yo decidimos que queríamos hacer una fogata esa noche con todos nuestros amigos del cañón; sólo teníamos que despejar un lugar en un campo cercano donde nos pudiéramos reunir. El pasto de junio que cubría el campo se había secado y se había vuelto espinoso, haciéndolo inadecuado para nuestros propósitos. Empezamos a arrancar el pasto alto a fin de despejar una sección grande en forma de círculo. Tiramos y arrancamos con toda nuestra fuerza, pero lo único que conseguíamos sacar eran pequeños manojos de la arraigada hierba. Sabíamos que esa tarea tomaría todo el día y ya se nos estaba acabando la energía y el entusiasmo.
Entonces acudió a mi mente, la de un niño de ocho años, lo que consideré sería la solución perfecta. Le dije a Danny: “Todo lo que tenemos que hacer es prenderles fuego; ¡quemaremos sólo un círculo en la hierba!”. Él accedió de inmediato y corrí a la cabaña a buscar unos fósforos (cerillos).
Para que ninguno vaya a pensar que a la tierna edad de ocho años se nos permitía usar fósforos, quiero dejar en claro que tanto a Danny como a mí se nos tenía prohibido usarlos sin la supervisión de un adulto. A ambos se nos había advertido repetidamente sobre los peligros del fuego; no obstante, yo sabía dónde mi familia guardaba los fósforos, y necesitábamos despejar ese lugar. Sin pensarlo dos veces, corrí hacia nuestra cabaña y agarré unos fósforos, asegurándome de que nadie me viera, y los escondí en uno de mis bolsillos.
Entonces corrí hacia donde estaba Danny, emocionado porque en el bolsillo tenía la solución a nuestro problema. Recuerdo que pensé que el fuego sólo quemaría hasta donde nosotros quisiéramos y, que por arte de magia, se extinguiría solo.
Encendí el fósforo con una roca y prendí el pasto reseco de junio; se incendió como si estuviera impregnado en gasolina. Al principio Danny y yo veíamos emocionados cómo desaparecían las hierbas, pero muy pronto nos percatamos de que el fuego no se iba a apagar solo. Entramos en pánico al darnos cuenta de que no había nada que pudiéramos hacer para detenerlo. Las llamas amenazantes empezaron a prender el pasto silvestre de la montaña, poniendo en peligro los pinos y todo lo que estaba en su camino.
Finalmente no nos quedó otra alternativa que correr para pedir ayuda. Al poco rato, todos los hombres y las mujeres disponibles de Vivian Park corrían de aquí para allá con costales de arpillera mojados con los que batían las llamas tratando de sofocarlas. Después de varias horas se apagaron las últimas brasas que quedaban; se habían salvado los pinos de tantos años, así como las casas que las llamas finalmente hubieran consumido.
Ese día Danny y yo aprendimos varias lecciones difíciles pero importantes, entre las que sin duda estaba la importancia de la obediencia.
Hay reglas y leyes que contribuyen a nuestra seguridad física. De igual modo, el Señor ha proporcionado pautas y mandamientos para preservar nuestra seguridad espiritual a fin de que logremos exitosamente transitar por esta existencia mortal, muchas veces peligrosa, y regresar en su momento a nuestro Padre Celestial.
Hace siglos, Samuel declaró con valentía a una generación entregada a la tradición del sacrificio de animales: “…el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros”3.
En esta dispensación, el Señor le reveló al profeta José Smith que Él requiere “el corazón y una mente bien dispuesta; y los de buena voluntad y los obedientes comerán de la abundancia de la tierra de Sión en estos postreros días”4.
Todos los profetas, antiguos y modernos, han sabido que la obediencia es esencial para nuestra salvación. Nefi declaró: “Iré y haré lo que el Señor ha mandado”5. A pesar de que otros flaquearon en su fe y en su obediencia, Nefi nunca dejó de hacer lo que el Señor le pidió, y por ello se han bendecido incontables generaciones.
Un relato conmovedor de obediencia es el de Abraham e Isaac. Cuán terriblemente difícil debió haber sido para Abraham, en obediencia al mandamiento de Dios, llevar a su amado Isaac a la tierra de Moriah y ofrecerlo como sacrificio. ¿Podemos imaginar la congoja del corazón de Abraham al viajar al lugar señalado? Indudablemente, la angustia lo debió haber hecho estremecer y haberlo torturado mentalmente al atar a Isaac, colocarlo en el altar y tomar el cuchillo para matarlo. Con fe inquebrantable y confianza tácita en el Señor, respondió al mandato del Señor. Cuán gloriosa fue la declaración, y con cuánto asombro se recibió: “No extiendas tu mano sobre el muchacho ni le hagas nada, porque ya sé que temes a Dios, pues no me rehusaste a tu hijo, tu único”6.
Abraham había sido evaluado y puesto a prueba; y por su fidelidad y obediencia el Señor le dio esta gloriosa promesa: “En tu simiente serán bendecidas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste mi voz”7.
A pesar de que no se nos pide que demostremos nuestra obediencia de manera tan dramática y desgarradora, también de nosotros se requiere la obediencia.
En octubre de 1873, el presidente Joseph F. Smith dijo: “La obediencia es la primera ley del cielo”8.
El presidente Gordon B. Hinckley dijo: “Les testifico que la felicidad, la paz, el progreso y la prosperidad de los Santos de los Últimos Días, y la salvación eterna y exaltación de este pueblo radican en obedecer los consejos… de Dios”9.
La obediencia es una característica distintiva de los profetas; les ha proporcionado fortaleza y conocimiento a través de la historia. Es esencial que nos demos cuenta de que nosotros también tenemos derecho a esa fuente de fortaleza y conocimiento. Hoy día está fácilmente a nuestro alcance si obedecemos los mandamientos de Dios.
A lo largo de los años he conocido a muchas personas que han sido particularmente fieles y obedientes, y ellos han sido una bendición e inspiración para mí. Permítanme contarles el relato de dos de esas personas.
Walter Krause era un miembro fiel de la Iglesia que, junto con su familia, vivía en lo que se llegó a conocer como la Alemania Oriental después de la Segunda Guerra Mundial. A pesar de las tribulaciones que enfrentaba debido a la falta de libertad en esa parte del mundo en aquella época, el hermano Krause era un hombre que amaba y servía al Señor. De manera fiel y escrupulosa cumplía cada asignación que se le daba.
El otro hombre, Johann Denndorfer, originario de Hungría, se convirtió a la Iglesia en Alemania y fue bautizado allí en 1911, a los 17 años. Al poco tiempo, regresó a Hungría, y después de la Segunda Guerra Mundial se encontraba prácticamente prisionero en su tierra natal, en la ciudad de Debrecen. El pueblo húngaro también había perdido su libertad.
El hermano Walter Krause, que no conocía al hermano Denndorfer, recibió la asignación de ser su maestro orientador y de visitarlo con regularidad. El hermano Krause llamó a su compañero de orientación familiar y le dijo: “Hemos recibido la asignación de visitar al hermano Johann Denndorfer. ¿Estaría disponible para acompañarme esta semana para ir a verlo y darle un mensaje del Evangelio?”. Y después agregó: “El hermano Denndorfer vive en Hungría”.
El sorprendido compañero preguntó: “¿Cuándo saldremos?”
“Mañana”, respondió el hermano Krause.
“¿Cuándo regresaremos a casa?”, preguntó el compañero.
El hermano Krause respondió: “Creo que en una semana, si es que regresamos”.
Los dos compañeros de orientación familiar salieron a visitar al hermano Denndorfer, y viajaron por tren y autobús desde el noreste de Alemania a Debrecen, Hungría, un viaje bastante largo. El hermano Denndorfer no había tenido maestros orientadores desde antes de la guerra; al ver a esos siervos del Señor, se sintió conmovido de gratitud porque habían venido. En un principio, se negó a saludarlos con un apretón de manos; en vez de ello, se fue a su habitación, y de un pequeño gabinete sacó una caja que contenía los diezmos que había ahorrado durante años. Entregó los diezmos a sus maestros orientadores y dijo: “¡Ahora estoy al corriente con el Señor. Ahora me siento digno de estrechar la mano de los siervos del Señor!”. El hermano Krause me dijo después que se había sentido intensamente conmovido al pensar que ese fiel hermano, que no había tenido contacto con la Iglesia durante muchos años, de manera obediente y constante había apartado de sus escasos ingresos el 10 por ciento para pagar su diezmo. Los había ahorrado sin saber si tendría el privilegio de pagarlo ni cuándo lo haría.
El hermano Walter Krause falleció hace nueve años, a los 94 años. Sirvió fiel y obedientemente durante toda su vida y fue una inspiración para mí y para todos los que lo conocían. Cuando se le pidió cumplir una asignación, nunca dudó, nunca murmuró y nunca puso pretextos.
Mis hermanos y hermanas, la gran prueba de esta vida es la obediencia. “…con esto los probaremos”, dijo el Señor, “para ver si harán todas las cosas que el Señor su Dios les mandare”10.
El Salvador dijo: “Porque todos los que quieran recibir una bendición de mi mano han de obedecer la ley que fue decretada para tal bendición, así como sus condiciones, según fueron instituidas desde antes de la fundación del mundo”11.
No existe mayor ejemplo de obediencia que el de nuestro Salvador. En cuanto a Él, Pablo dijo:
“…aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia;
“y habiendo sido perfeccionado, vino a ser el autor de eterna salvación para todos los que le obedecen”12.
El Salvador demostró el verdadero amor de Dios al vivir la vida perfecta y al rendir honor a la sagrada misión que le correspondió. Nunca fue altivo; nunca estuvo lleno de orgullo; nunca fue desleal; siempre fue humilde; siempre fue sincero; siempre fue obediente.
Aunque fue tentado por el maestro del engaño, sí, el diablo; y a pesar de que estaba físicamente débil por ayunar 40 días y 40 noches y tenía hambre, aun así, cuando el maligno ofreció a Jesús las propuestas más atractivas y tentadoras, Él nos dio un ejemplo divino de obediencia cuando se negó a apartarse de lo que Él sabía que era lo correcto13.
Al afrontar la agonía de Getsemaní, donde soportó tal dolor que Su sudor era como grandes gotas de sangre que caían a tierra14, Él fue un ejemplo del Hijo obediente cuando dijo: “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”15.
Tal como el Salvador mandó a Sus primeros apóstoles, así nos manda a ustedes y a mí: “Sígueme tú”16. ¿Estamos dispuestos a obedecer?
El conocimiento que buscamos, las respuestas que añoramos, y la fortaleza que deseamos hoy día para hacer frente a los desafíos de un mundo complejo y cambiante pueden ser nuestras si de buena gana obedecemos los mandamientos del Señor. De nuevo cito las palabras del Señor: “El que guarda los mandamientos [de Dios] recibe verdad y luz, hasta que es glorificado en la verdad y sabe todas las cosas”17.
Mi humilde ruego es que seamos bendecidos con las ricas recompensas que se le prometen al obediente. En el nombre de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador. Amén.
NOTAS
1. “¿Qué es la verdad?”, Himnos, Nº 177.
2. Doctrina y Convenios 93:24, 26–28.
3. 1 Samuel 15:22.
4. Doctrina y Convenios 64:34.
5. 1 Nefi 3:7.
6. Génesis 22:12.
7. Génesis 22:18.
8. Joseph F. Smith, “Discurso”, Deseret News, 12 de nov. de 1873, No. 644.
9. Gordon B. Hinckley, “Si quisiereis y oyereis”, Liahona, junio de 1995, pág. 6.
10. Abraham 3:25.
11. Doctrina y Convenios 132:5.
12. Hebreos 5:8–9.
13. Véase Mateo 4:1–11.
14. Lucas 22:44.
15. Lucas 22:42.
16. Juan 21:22.
17. Doctrina y Convenios 93:28.
No importa lo que el mundo pueda enseñar, la norma del Señor en cuanto a la fidelidad en el matrimonio nunca ha cambiado.
La fidelidad conyugal empieza con las promesas que hicimos a nuestro Padre Celestial mucho antes de llegar al altar.
Aquello que ocupa nuestro pensamiento y lo que verdaderamente desea nuestro corazón da forma a nuestro carácter. Un carácter noble proviene de tomar decisiones correctas, de hacer lo que dice el Señor.
Nuestro Padre Celestial nos dio el albedrío para que, al tomar decisiones correctas, pudiéramos ascender a la plenitud de la liberación del pecado, de la pena y del dolor, a una plenitud de vida.
En el Libro de Mormón, Korihor enseñó a los habitantes de Zarahemla que no había valores morales absolutos, tan sólo “insensatas tradiciones… que os inducen a creer en cosas que no existen” (Alma 30:14, 16). Al seguir esta manera diabólica de razonar, la gente podría buscar cualquier tipo de gratificación terrenal sin temor alguno al castigo o a la culpa.
Los Korihores de hoy en día emplean un razonamiento similar para intentar convencemos de que podemos vivir de cualquier manera que decidamos sin temor a consecuencias serias. Esta es una de las habituales mentiras que Satanás emplea para engañar a los hijos de Dios.
Sin embargo, no debiera haber duda alguna en la mente de los Santos de los Últimos Días en cuanto a la pureza moral que nuestro Padre Celestial espera de nosotros. El presidente Ezra Taft Benson nos ha recordado: “El Señor ha reiterado en esta dispensación el mandamiento dado en el monte Sinaí cuando dijo: ‘No cometerás adulterio… ni harás ninguna cosa semejante’ (D. y C. 59:6; cursiva agregada). Desde el principio de los tiempos, el Señor ha establecido una norma clara e inconfundible en cuanto a la pureza sexual… Esta norma es la ley de castidad. Es igual para todos… para hombres y mujeres… viejos y jóvenes… ricos y pobres”1.
Lamentablemente, nuestra sociedad no sólo tolera la inmoralidad, sino que, con demasiada frecuencia, la alaba. Sin duda alguna podemos esperar que esta ciénaga de pecado que ahora presenciamos y en la cual no hay valores morales absolutos, continúe creciendo y devorando a todos los que insistan en merodear cerca de sus límites o en caminar por el fango. Mientras que Korihor y sus lacayos atraen a la gente cada vez más cerca de la ciénaga de la inmoralidad, hay varios motivos importantes por los cuales debemos permanecer moralmente limpios.
LA PUREZA MORAL TE AYUDA A TENER EL ESPÍRITU DEL SEÑOR CONSTANTEMENTE
Jesús aconsejó a Sus discípulos que decidieran en su corazón hacer las cosas que Él les enseñara y les mandara hacer (véase Traducción de José Smith, Lucas 14:28 [en inglés]). El ser firmes en permanecer moralmente limpios nos proporciona paz, mientras que el no tomar la decisión de ser obedientes nos hace ser presa fácil del maligno.
La devastación personal y espiritual que resulta al ceder a la inmoralidad se ha ilustrado en las Escrituras (véase, por ejemplo, 2 Samuel 13; Alma 39). Las consecuencias eternas del pecado moral son trágicas; cualquiera que acepte pensamientos y hechos inmorales en lugar de aferrarse a los mandamientos del Salvador será expulsado de Su reino (véase Gálatas 5:16-21; 1 Nefi 15:33-34)- Por este motivo, se amonesta a los padres a enseñar a sus hijos, tanto por el precepto como por el ejemplo, a tomar decisiones morales correctas. La Primera Presidencia ha proclamado claramente las normas que los Santos de los Últimos Días deben vivir y enseñar:
“Debido al carácter tan sagrado de la intimidad sexual, el Señor requiere el autocontrol y la pureza antes del matrimonio… Nunca trates a tu pareja [o cónyuge] como un objeto a usar para tus propios deseos lujuriosos o tu propio ego…
“El Señor específicamente prohíbe cierto comportamiento, incluso toda relación sexual antes del matrimonio, las caricias impúdicas, la perversión sexual (como la homosexualidad, la violación sexual y el incesto), la masturbación, y el interés desmedido en el sexo, ya sea en el pensamiento, la palabra o la acción”2.
Aquello que ocupa nuestro pensamiento y lo que verdaderamente desea nuestro corazón da forma a nuestro carácter. Un carácter noble proviene de tomar decisiones correctas, de hacer lo que dice el Señor (y no los Korihores de hoy en día). Él promete enviar Su Espíritu a los obedientes: “Deja que la virtud engalane tus pensamientos incesantemente; entonces tu confianza se fortalecerá en la presencia de Dios…
“El Espíritu Santo será tu compañero constante” (D. y C. 121:45-46).
LA PUREZA ANTES DEL MATRIMONIO GENERA CONFIANZA
La infidelidad en el matrimonio suele llevar al fracaso la relación y conducir a la destrucción espiritual del cónyuge que ha sido infiel. La falta de castidad antes del matrimonio naturalmente mina la confianza de un posible compañero, haciendo surgir preocupaciones de carácter físico y emocional, como la posibilidad de padecer enfermedades peligrosas, junto con el asunto básico de la dignidad.
La fidelidad conyugal no empieza al hacer las promesas el día de la boda, sino con las promesas que hicimos a nuestro Padre Celestial mucho antes de llegar al altar.
Una mujer recordó que ella y su futuro marido se habían engañado a sí mismos al creer que el quebrantar el mandamiento contra el pecado sexual y el convivir juntos antes del matrimonio fortalecería su amor. “Lo que nuestros amigos nos dijeron que sería una experiencia que edificaría nuestra confianza, en realidad destruyó nuestra relación”, dijo. Las dudas empezaron a surgir tras su matrimonio. Al saber que cada uno de ellos había estado dispuesto a vivir con otra persona antes del matrimonio, ¿cómo podrían confiar plenamente el uno en el otro?
La duda suele conducir a la falta de confianza, ésta a la contención, la contención a la separación y al divorcio, como ocurrió en este caso. Por el contrario, la pureza moral inspira seguridad, confianza y paz.
LA PUREZA MORAL PREVIENE LA DESTRUCCIÓN DE LA SOCIEDAD
“Lo que decidamos hacer entre nosotros no es asunto de nadie más.
Lo que hagamos en la intimidad no es incumbencia de nadie”.
Esta frecuente justificación para la inmoralidad es una de las mentiras más descaradas del adversario.
Equivale a decir: “Contaminaremos el aire con cualquier substancia peligrosa que queramos; si no le gusta, no respire”. Las acciones inmorales de una persona siempre decepcionan o hieren a otras personas, particularmente a la familia, a los amigos y a Dios.
Aún más, el comportamiento privado sí afecta la moralidad pública. Cada persona representa una hebra de la tela de la sociedad. Si la mayoría de las hebras son débiles y se deshacen, ¿cómo podemos esperar que el manto de la civilización permanezcan intacto, fuerte y resistente?
El presidente Spencer W. Kimball amonestó: “La existencia de la tierra no podría justificarse ni podría continuar sin el matrimonio y la familia. Tener relaciones sexuales fuera de los lazos del matrimonio, tanto entre los jóvenes como entre los adultos, es una abominación a la vista del Señor y es una desgracia que haya tanta gente que se ha cegado con respecto a estas grandes verdades”3.
Aún las decisiones más pequeñas para hacer lo correcto tienen el potencial de llegar a tener un gran impacto positivo en los miembros de toda la familia, los compañeros de colegio, la sociedad e incluso la posteridad futura (véase Deuteronomio 11:27; Mateo 5:16; D. y C. 115:5). Nuestro Padre Celestial nos dio el albedrío para que, al tomar decisiones correctas, pudiéramos ascender a la plenitud de la liberación del pecado, de la pena y del dolor, a una plenitud de vida (véase Moroni 7:15; 2 Nefi 2:27).
Una joven pareja de prometidos aprendió una inolvidable lección sobre cómo el escuchar al Espíritu podía ayudarles a tomar decisiones correctas. Antes de su matrimonio, solían dedicar un tiempo a charlar a solas, lejos de los compañeros de cuarto o de los familiares con los que vivían. Una noche, la pareja encontró un lugar bonito a medio kilómetro de la carretera principal, cerca de un camino poco transitado que bordeaba un lago. En sus mentes no había ninguna otra intención más que de charlar, pero tan sólo unos segundos después de apagar el motor del coche, ambos sintieron una fuerte impresión del Espíritu de que no debían permanecer allí. El joven encendió el coche y se dirigieron hacia una zona más transitada.
“Nunca supimos el motivo por el que tuvimos que dejar aquel lugar”, dice el joven, “pero siempre hemos estado agradecidos por haber obedecido esa impresión. Lo que fuere que significase, nos ayudó a aprender a reconocer la voz del Espíritu cada vez que hemos buscado la guía del Señor en nuestro matrimonio y en nuestra vida”.
LA DEBILIDAD MORAL SÓLO SE PUEDE CONQUISTAR CON LA AYUDA DEL SEÑOR
El obispo se sentía confundido. Un joven tentado por la homosexualidad seguía el consejo de su obispo de orar, ayunar, estudiar las Escrituras, participar en la Iglesia y ejercer autodominio, pero todavía tenía dificultades. Al charlar juntos, el obispo descubrió que este joven había estado asistiendo a unas sesiones de terapia de grupo en la que no se le había ofrecido guía alguna, según dijo el joven. Las sesiones consistían principalmente en largas y detalladas charlas sobre el tema, lo cual le molestó, pues era como “echar más leña al fuego que he estado intentando apagar”. En ocasiones anteriores, otros miembros del barrio se habían visto fortalecidos por sesiones de terapia. ¿Cuál era la diferencia ahora?
Al meditar en el problema durante la semana, el obispo fue guiado a estas palabras del élder Boyd K. Packer, del Quorum de los Doce: “El estudio de la doctrina del Evangelio mejorará el comportamiento de las personas más fácilmente que el estudio sobre el comportamiento humano. La obsesión por una conducta indigna puede conducir a una conducta indigna.”4. También leyó la declaración del presidente Benson: “El Señor ejerce Su poder desde el interior del hombre hacia afuera. Por el contrario, el mundo lo ejerce desde afuera hacia el interior… Cristo cambia al hombre, y éste cambia el ambiente que lo rodea. El mundo trata de amoldar el comportamiento del hombre, pero Cristo puede cambiar la naturaleza humana 5.
Al sentir la guía del Espíritu, el obispo escribió a máquina todas las declaraciones con respecto a la homosexualidad que pudo encontrar en los discursos de la conferencia general de los últimos treinta años, y luego le pidió al joven que los leyera como parte de su estudio del Evangelio. Una semana más tarde el joven le dijo: “Obispo, la fuerza y el poder de esas palabras me dieron el deseo de salir adelante y de ser mejor. Esta semana he recibido el testimonio de que puedo hacerlo”.
El obispo aprendió de esta experiencia que no hay substituto para el poder del Salvador a la hora de ayudar a la gente a abandonar el pecado, y que, para cambiar una vida, el consejo debe enfocarse en aplicar los principios del Evangelio más bien que en hacer hincapié en el pecado.
El Salvador nos manda que seamos santos, no mundanos. A través de su misión terrenal y su sacrificio expiatorio, El entiende por completo toda prueba, toda tentación, toda debilidad y pecado que nos presente un desafío (véase Alma 7:11-13). No estamos solos en nuestras pruebas. Los que luchan con la tentación tienen la certeza de que pueden perseverar hasta el fin con la integridad intacta debido a la fuerza y a la gracia con la que el Salvador puede investirnos y elevarnos. Él es nuestro abogado y amigo eterno, “que conoce las flaquezas del hombre y sabe cómo socorrer a los que son tentados” (D. y C. 62:1).
LA NORMA CELESTIAL CONSISTE EN PERMANECER MORALMENTE LIMPIOS
A veces limitamos nuestro propio progreso al contemplar las expectativas mínimas como si fuesen las metas máximas. “No cometerás adulterio” es la expectativa mínima que el Señor tiene de nuestra conducta hacia los demás. La ley más alta o celestial es: “amarás a tu esposa con todo tu corazón, y te allegarás a ella y a ninguna otra.
“Y el que mirare a una mujer para codiciarla negará la fe, y no tendrá el Espíritu; y si no se arrepiente, será expulsado” (D. y C. 42:22-23; véase también D. y C. 63:16).
Un relato de unos escritos judíos apócrifos que no están incluidos en la biblia hebrea tiene un particular valor en este asunto. Es la “Historia de Susana”, en la que se nos presenta al joven profeta Daniel6. Susana era una mujer casta, temerosa de Dios y de gran belleza. Dos ancianos jueces de Israel que la deseaban en sus malvados corazones, sorprendieron a Susana a solas y le ofrecieron una dolorosa elección: someterse a ellos o defenderse en contra de una trama previamente acordada, relativa a un amante ficticio y a una cita adúltera. Ella sabía que la pena por lo último sería la muerte y que ambos hombres podían vencerla si no se sometía. Sin embargo ella dijo: “Prefiero caer inocente ante vuestro poder que pecar a los ojos del Señor”. Entonces gritó para pedir ayuda.
Al recibir ella auxilio, los dos hombres relataron la vil historia y al final Susana fue condenada a muerte. Pero Dios oyó la oración de esta justa mujer e inspiró a Daniel a descubrir a los dos conspiradores. La pena de muerte que había sido pronunciada sobre Susana les fue aplicada a ellos.
Como en el caso de los dos líderes corruptos, los juicios del Señor caerán finalmente sobre los que traten injustamente a otras personas e intenten ocultar sus pecados morales.
LA PUREZA MORAL TAL VEZ NO SEA FÁCIL, PERO SIEMPRE VALE LA PENA
El Señor nos ha dicho: “Y debéis practicar la virtud y la santidad delante de mí continuamente” (D. y C. 46:33). Ya seamos solteros o casados, la práctica de la virtud requiere que tengamos cuidado con respecto a las influencias emocionales, el entorno físico y las actividades de nuestra vida. A la mayoría de los jóvenes Santos de los Últimos Días se les ha enseñado ciertas normas relacionadas con el cortejo: evitar ir juntos a una casa o apartamento vacíos, evitar las películas y actividades impropias, etcétera. De igual modo, la mayoría de las personas casadas saben —y si prestan atención, el Espíritu ciertamente lo confirmará— que es prudente evitar estar a solas o buscar a alguien que escuche con compasión (al hablar especialmente de problemas maritales) con los miembros del sexo opuesto con quienes no estén casados. Hay seguridad en levantar barreras de este tipo.
Tal y como dijo un obispo a los jóvenes de su barrio: “No piensen que ustedes son la excepción a estas pautas. Nunca he entrevistado a una persona joven que haya cometido una transgresión moral que no haya hecho caso omiso a varias de estas pautas. Las reglas y los mandamientos los liberan del dolor y de la carga del pecado”.
Las Escrituras nos enseñan: ‘Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne” (Gálatas 5:16). Al obedecer este consejo cumplimos la voluntad de nuestro Padre. El presidente Benson testificó que “el Señor se deleita en la castidad de Sus hijos (véase Jacob 2:28). ¿Lo oyen, mis hermanos y hermanas? El Señor no sólo está complacido cuando somos castos, sino que se deleita en la castidad”7.
Por otro lado, Satanás busca la miseria de toda alma y sabe que la inmoralidad es una forma rápida de lograrlo.
Pero cada uno de nosotros tiene el poder de decidir lo que hará cuando vengan las tentaciones. Los Santos de los Últimos Días que deseen, por encima de todo, obedecer los mandamientos de Dios, que se arrepientan de las cosas malas que hacen y reorienten sus vidas con fe en dirección a la rectitud, se encontrarán finalmente en el reino celestial, por la gracia de Dios.
“Y además, quisiera que consideraseis el bendito y feliz estado de aquellos que guardan los mandamientos de Dios. Porque he aquí, ellos son bendecidos en todas las cosas, tanto temporales como espirituales; y si continúan fieles hasta el fin, son recibidos en el cielo, para que así moren con Dios en un estado de interminable felicidad. ¡Oh recordad, recordad que estas cosas son verdaderas!, porque el Señor Dios lo ha declarado” (Mosíah 2:41).
NOTAS
“The Law of Chastity», en Brigham Young University 1987-88 Devotional and Fireside Speeches, 1988, pág. 50.
“La pureza sexual”, La fortaleza de la juventud, 1990, pág.
En Una guía para los padres, 1985 (31125 002) se encuentran ayudas adicionales para enseñar a los jóvenes en cuanto a la intimidad en todos sus aspectos.
“Dios no será burlado”, Liahona, febrero de 1975, pág. 34-
“Los niños pequeños”, Liahona, enero de 1987, pág. 17.
“Nacidos de Dios”, Liahona, enero de 1986, pág. 3.
La historia que aquí se relata está parafraseada y se cita en Daniel 13, The Jerusalem Bible, 1968, págs. 1252-1253.
“The Law of Chastity”, en Brigham Young University 1987-88 Devotional and Fireside Speeches, 1988, pág. 50.
Apacienta mis ovejas
Presidente Gordon B. Hinckley
De Una Transmisión Vía Satélite Ofrecida En El Tabernáculo De Salt Lake 21 de febrero de 1999.
“Es nuestra responsabilidad, la responsabilidad de cada uno de nosotros … alentar a toda persona que es bautizada y hacerle sentir la maravillosa calidez de este Evangelio de nuestro Señor”.
Mis queridos hermanos y hermanas: En primer lugar, deseo agradecerles el reunirse con nosotros en esta ocasión, por ello y por todo lo que hacen. Ustedes dan de su tiempo, de sus energías y de sus medios para que se lleve a cabo la obra del Señor. Yo sé que el Señor les ama por su devoción y por su disposición de hacer todo lo que se les pide que hagan.
Considero que el hablarles es una magnífica y seria responsabilidad. Algunos han estado especulando que el presidente Hinckley va a anunciar un nuevo y asombroso programa, pero les aseguro que no es así. Mis hermanos del Quórum de los Doce, quienes están profundamente interesados en la obra misional en todo el mundo, me han pedido que comparta con ustedes mis sentimientos acerca de este asunto tan importante.
En cuanto a la concurrencia que anticipábamos, éste probablemente sea el mayor número de personas que jamás se hayan congregado en relación con la obra misional. El tabernáculo está repleto; casi todos los 59.000 misioneros regulares en todo el mundo podrán ver el desarrollo de esta reunión. Además, miles, centenares de miles de oficiales de la Iglesia que tienen interés y responsabilidad en esta obra se han reunido hoy para estar con nosotros o recibirán más tarde esta conferencia. Quiero advertirles que mi discurso va a ser un poco extenso. Soy un hombre anciano ya y no sé cuánto tiempo más habré de vivir, y por tanto quiero decir lo que tengo que decirles mientras posea la energía para hacerlo. No sé cuándo podré dar otra vez un discurso tan largo como éste. Voy a darles en realidad dos discursos, con un himno entre uno y el otro. En total, tomaré unos 40 minutos. Así que, habiéndoles advertido esto, quizás algunos de ustedes quieran ponerse cómodos. ¡Que duerman bien!
Días pasados estuve hablando con uno de los conversos más entusiastas que jamás he conocido. Nos encontrábamos en Chicago para asistir a una reunión que congregó a unos 20.000 miembros de la Iglesia en el United Center, donde juegan básketbol los Chicago Bulls [Toros de Chicago]. Randy Chiostri, un miembro nuevo de la Iglesia, nos llevó de un lado a otro mientras estábamos allí. Durante los largos recorridos que pasamos en el pesado tráfico de Chicago, habló acerca de la obra misional, elogiando a la Iglesia como la institución más maravillosa del mundo, refiriéndose al Evangelio y al plan de salvación como la cosa más grande que jamás había recibido en su vida. Randy conoció la Iglesia cuando empezó a salir con Nancy. La llevó a cenar y en ésa, su primera cita, ella dijo que no bebía licor. No quiso tomar vino. Qué extraño, pensó Randy. Ella le explicó que eso era contrario a su religión. El fumar tampoco era aceptable. Entonces la religión de ella pasó a ser el tema de sus conversaciones. Seguir leyendo →
Su jornada celestial
Presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia
“A cada una de ustedes les llegarán esos momentos de enseñanza en que serán testigos del amor de su madre, de la fortaleza de su padre y de la inspiración de Dios”.
Mis queridas hermanas, qué bendición tengo al estar frente a ustedes en esta tarde y pensar que además de todas las personas que están reunidas aquí en el Tabernáculo, hay muchas miles más observando y escuchando esta reunión por medio de la transmisión vía satélite. Ruego la ayuda del Señor.
Henry Wadsworth Longfellow, en un poema clásico, las describió a ustedes y su futuro. El dijo:
¡Cuán hermosa es la juventud
Cuán brillante su resplandor,
Con sus ilusiones, aspiraciones y sueños!
Un libro de nuevos comienzos, historia sin fin,
Cada jovencita una heroína, cada joven un amigo! 1 (traducción libre).
Preciosas jovencitas, sus madres, sus maestras y sus lideres de las Mujeres Jóvenes, permítanme dejar algunos pensamientos y sugerencias que guíen sus pasos a través de la vida mortal y hacia el reino celestial de nuestro Padre Celestial.
He elegido cuidadosamente cuatro objetivos positivos que las pueden guiar y que les darán gozo eterno. Estos son:
Acudir al cielo,
Evaluar con introspección,
Servir a los demás y,
Seguir adelante.
Primero, hablemos sobre el ruego: acudir al cielo.
Nuestro Padre Celestial ha puesto en cada uno de nosotros el deseo de regresar a Él; las palabras de las Escrituras lo dicen claramente: “[acude] a Dios para que vivas” 2 . Ningún problema es demasiado pequeño como para que Él no le preste atención ni demasiado grande como para que no pueda contestar la oración de fe. La oración es indudablemente el pasaporte para obtener poder espiritual. Ustedes pueden orar con un propósito cuando saben quiénes son y lo que nuestro Padre Celestial desea que lleguen a ser.
No les será difícil dirigirse a Él en sus sinceras oraciones al recordar las palabras del apóstol Pablo: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” 3 .
Si desean complacer a nuestro Padre Celestial, honren a su padre y a su madre, como Él lo ha mandado. Ellos les aman; el gozo de ustedes es el gozo de ellos y las penas de ustedes son las de ellos. Ellos desean para ustedes la guía celestial que proporciona el Señor.
He escuchado a algunos padres frustrados decir que una hija o un hijo están pasando por los terribles años de la adolescencia. Yo prefiero describirlos como los años fantásticos de la adolescencia.
Jamás se esperaba que la vida fuese sólo sonrisas y felicidad. A cada una de ustedes les llegarán esos momentos de enseñanza en que serán testigos del amor de su madre, de la fortaleza de su padre y de la inspiración de Dios. Seguir leyendo →
Sigamos la luz
Margoret D. Nadould
Presidenta General de las Mujeres Jóvenes
“El Señor nos invita a salir del frío peligro de lo mundano y entrar al calor de Su luz”.
¿Alguna vez se han tropezado en la oscuridad, se han lastimado un dedo del pie y han dicho: “¡Ay, qué dolor!”? ¿Qué pasaría si se apagara la luz en este edificio esta noche? ¡Tendríamos una confusión total! La oscuridad puede ser peligrosa para nuestra salud, ¡nuestra salud física y espiritual! Es una gran bendición tener luz en nuestra vida: luz que nos hace ver las cosas tal como son, luz que ilumina nuestro entendimiento, luz que podemos seguir con absoluta confianza. Permítanme relatarles un suceso que demuestra lo que quiero decir.
Faltaban pocos días para la Navidad, hacía poco que mi marido y yo nos habíamos casado, y viajábamos de regreso a casa para pasar las fiestas. Era un viaje de cuarenta y dos horas en auto, pero eso no nos desanimó en absoluto por la emoción que sentíamos de sólo pensar que estaríamos nuevamente en casa con nuestras familias. Habíamos estado viajando todo el día y la mayor parte de la noche cuando nos topamos con una tormenta de nieve. Era una ventisca tan fuerte que casi no veíamos nada y la nieve se iba acumulando cada vez más en la carretera. La oscuridad era total; ni siquiera veíamos a dónde íbamos, ni tampoco veíamos las rayas que separaban los carriles del tráfico de la autopista. ¡La situación era aterradora!
De repente, comenzamos a ver delante de nosotros un camión enorme, que iba avanzando lentamente. Apenas distinguíamos las luces de atrás, pero el verlas nos infundió esperanza. Mi marido, que iba manejando, fijó la vista en las luces del camión, y condujo por las huellas que las llantas de éste iban dejando en la nieve. Nuestro pánico aminoró un poco gracias al guía que llevábamos al frente, puesto que él indudablemente conocía la ruta, la cabina del camión que conducía estaba a un nivel más alto que el nuestro y veía mejor; y seguramente tenía equipo de radio que podría utilizar si lo llegaba a necesitar.
Con una oración a flor de labios, y con los nudillos de los dedos emblanquecidos al volante, seguimos esa luz a través de la tormenta. Pasamos junto a muchos vehículos que se habían quedado a ambos lados del camino antes de darnos cuenta de que el camión estaba disminuyendo la velocidad para salir de la carretera. En un acto de fe, lo seguimos, y al poco rato nos encontramos, para nuestro gran alivio, en un lugar seguro, un lugar de refugio. ¡Qué agradecidos nos sentimos! No veíamos la hora de decirle al chofer del camión lo agradecidos que estábamos por su ayuda, por habernos guiado.
Cada uno de nosotros está en el camino que conduce a casa; pero no estamos tratando de llegar allí para pasar las fiestas de Navidad: estamos tratando de llegar allí para la eternidad. Queremos llegar sin ningún percance a casa de nuestro Padre Celestial. Él desea que lleguemos sin novedad, por lo que nos ha enviado una luz de guía que podemos seguir: un Salvador, el Señor Jesucristo, el ejemplo perfecto. Él conoce el camino. El ilumina nuestro sendero en la oscuridad de la noche, en las tormentas, en las encrucijadas y en la luz del día. Él siempre está listo para mostrarnos el camino de regreso a casa.
Nos dice: “Y también seré vuestra luz … y prepararé el camino delante de vosotros, si es que guardáis mis mandamientos … y sabréis que yo soy el que os conduce” (1 Nefi 17:13).
Una jovencita me escribió acerca de un camino en el que se encontró. Decía: “Estaba con un grupo de amigas viendo una película en video. Era una cinta que yo sabía no debía estar viendo y el Espíritu me indujo a irme de allí. Pude escuchar y me levanté y me fui. Sentí el Espíritu con gran poder, y sé que fue por la decisión que tomé” (la carta está en poder de la Oficina de las Mujeres Jóvenes). Ella siguió la luz hasta que llegó a un lugar seguro.
Esa misma luz mostró a dos hermanas adolescentes el camino que debían seguir en un día terrorífico de 1833. Un populacho furioso se precipitó a las tranquilas calles de Independence, Misuri, donde vivían Mary Elizabeth Rollins, de quince años de edad, y su hermana Caroline, que tenía trece años. El aterrador populacho se lanzó a destruir y quemar propiedades, y a causar disturbios. Algunos de los miembros del populacho entraron en la casa del hermano William Phelps, en donde se encontraba la imprenta. El había estado imprimiendo revelaciones que había recibido el profeta José Smith. Destruyeron la imprenta y la tiraron a la calle y sacaron las invalorables hojas impresas fuera del edificio, poniéndolas en un montón para quemarlas.
Mary Elizabeth y su hermana Caroline estaban escondidas detrás de una cerca, temblando al ver la destrucción. Mary sabía perfectamente bien lo peligrosos que eran los populachos, pero, a pesar de ello, sintió la urgencia de salvar esas preciadas páginas. Las dos jóvenes hermanas corrieron a la calle, recogieron todas las páginas de Escrituras que pudieron llevar en los brazos y huyeron. Algunos de los del populacho las vieron y les ordenaron que se detuvieran mientras perseguían a esas valientes hermanas. Las chicas corrieron a un gran maizal donde se dejaron caer al suelo, casi sin aliento. Colocaron las copias de las revelaciones en el suelo, entre las hileras de maíz, y después se acostaron sobre las hojas de papel. Los hombres siguieron implacables en su búsqueda de las jóvenes entre los altos tallos del maíz, llegando en ocasiones muy cerca de ellas, pero nunca pudieron encontrarlas y por fin se dieron por vencidos y se fueron para terminar su obra de destrucción en el pueblo.
La luz del Señor mostró a esas jovencitas qué hacer y a dónde ir para estar a salvo. Esta misma luz brilla también para ustedes. Puede mantenerlas a salvo al igual que las mantuvo a salvo a ellas. En la oficina de las Mujeres Jóvenes tenemos una escultura de esas hermanas para recordarnos de la valentía de las jóvenes de aquel tiempo y de las de hoy en día.
Jane Allgood Bailey no estaba dispuesta a renunciar a la luz de su nueva religión. No se dejó vencer por el frío, ni por el hambre ni por la enfermedad en las planicies del estado de Wyoming. Tomándose de la mano con otras mujeres atravesaban los helados arroyos. Salían al otro lado de ellos con la ropa congelada y pegada al cuerpo, pero seguían adelante. Durante el viaje, su hijo de dieciocho años, Langley, enfermó y estaba tan débil que tuvieron que transportarlo en el carro de mano gran parte del camino. Una mañana se levantó de la cama que le habían hecho en el carro de mano, compuesta por una lona congelada, se adelantó a la compañía y se acostó bajo un arbusto de artemisa para morir, pues pensaba que era una carga demasiado pesada. Cuando su fiel madre lo encontró, lo regañó y le dijo: “Súbete al carro de mano; yo te ayudaré, ¡pero no te puedes dar por vencido!”. Después de eso, la familia siguió adelante con lo que quedaba de la compañía de carros de mano de Martin Willey.
Al llegar al Valle del Lago Salado, ¡Langley todavía estaba vivo! Tenía dieciocho años de edad y pesaba sólo veintiocho kilos. Ese joven de dieciocho años fue mi bisabuelo. Me siento agradecida por que se haya conservado la vida de ese joven y por la fortaleza y la resistencia de su noble y valiente madre, que fue una luz para su familia e hizo a su hijo seguir adelante aun cuando tenía tan pocas posibilidades de sobrevivir.
Hermanas, probablemente ustedes no tendrán que empujar un carro de mano en medio de tormentas de nieve por las planicies, ni tendrán que huir de algún populacho, pero tal vez tengan que alejarse de las amistades, de las modas y de las invitaciones que puedan poner en peligro sus normas de rectitud. Y eso requiere valor. Pronto llegarán a ser hermanas de la Sociedad de Socorro y algún día serán las madres que deban dar fuerza y testimonio a las generaciones futuras. Ahora, en los años de su preparación, no pueden permitirse decir: “Me voy a dar por vencida; las normas de la Iglesia son demasiado elevadas. Es muy difícil vivir las normas de pureza personal con exactitud. Soy muy débil”. Pero, ¡sí pueden lograrlo! Por el bien de su futuro, ¡deben lograrlo!
Pueden vivir en el mundo y no ser del mundo. El Señor nos invita a salir del frío peligro de lo mundano y entrar al calor de Su luz. Esto requiere integridad, fuerza de carácter y fe: fe en las verdades que enseñó el Señor Jesucristo, que dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8: 12).
La luz del Señor ayudó a Shelly Ann Scoffield a enfrentar una prueba terrible en su joven vida, pero la enfrentó con gran fe y amor por nuestro Padre Celestial. Un día Shelly comenzó a sentirse mal. Vio a un médico, que determinó que la joven padecía un grave mal. Shelly dijo: “Estaba asustada, pues tenía protuberancias enormes en los
pulmones, y el médico comenzó a mencionar palabras como cáncer, quimioterapia y radiación”. Pero Shelly no se dejó llevar por sus temores. Fiel a su capacitación en el Progreso Personal, se puso a formular una larga lista de metas que podría alcanzar mientras no pudiera ir a la escuela debido a los tratamientos. Se ocupó en lograr cosas buenas. Era consciente de las bendiciones de que gozaba, incluso un padre que poseía el sacerdocio y que la ungió, una familia maravillosa, buenos amigos y excelentes médicos. “Pero lo mejor de todo”, dijo Shelly, “es que tengo un testimonio de mi Padre Celestial, de que me ama y de que me ayudará en esta dificultad”.
Shelly grabó algunos de sus pensamientos para sus amigas de las mujeres jóvenes, y me gustaría compartir con ustedes algo de lo que dijo:
“Quiero que sepan que ahora es el tiempo de acercarse a nuestro Padre Celestial. Esfuércense por mostrar a nuestro Padre Celestial que pueden hacer todo lo que han prometido que harían. Yo lo estoy intentando. Estoy aprendiendo más ahora que nunca en mi vida en cuanto al Evangelio y sé que mi Padre Celestial está conmigo. Cuando siento dolor y pesar, Él también lo siente, y sólo quiere que yo, y que cada una de ustedes, cuando sintamos eso, nos arrodillemos y oremos para pedirle Su Ayuda, porque El está más que dispuesto a dárnosla. Él las quiere tanto. Es mi oración que durante toda su vida, cuando tengan desafíos, aprendan de ellos y se mantengan cerca de Él y tengan fe. Obtengan un testimonio y apéguense con lealtad a lo que es correcto”.
Shelly Scoffield falleció el 3 de noviembre de 1998, firme en la fe.
Mis queridísimas y jóvenes hermanas, no todas tendremos experiencias como las de Shelly, ni como las otras que les he contado en esta ocasión, pero cada una de nosotras tiene necesidad de acercarse al Señor en nuestro viaje por la vida.
Nos gustaría sugerir tres cosas que les servirán para ver la luz y seguirla en su vida. En primer lugar, y lo que es más importante de todo, oren. Al hablar a nuestro Padre Celestial y derramar su corazón a Él, lo sentirán más cerca. Después hagan una pausa, deténganse y escuchen los sentimientos de su corazón. Traten de comprender los susurros del Espíritu. Si oran con sinceridad, llegarán a sentir el gran amor que nuestro Padre Celestial tiene por ustedes.
En segundo lugar, estudien las Escrituras, pues ellas nos enseñan los caminos del Señor. Ellas responden a las preguntas de cómo debemos vivir hoy en día. Nos brindan una luz y un espíritu que no podemos obtener de ninguna otra manera.
En tercer lugar, estén anhelosamente consagradas a una causa buena. Eso quiere decir: servir a su familia y a sus amigos; ser activas en la Iglesia y en seminario; desarrollar talentos y adquirir conocimientos prácticos; ser un buen ejemplo; ser testigos de Dios en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar. A medida que lo hagan, la luz brillará cada vez más en su vida, y se reflejará en su faz.
La ventana de la Oficina de las Mujeres Jóvenes tiene vista hacia el santo Templo de Salt Lake, y desde allí vemos a las novias cuando salen a tomarse fotos. Esas encantadoras novias que se han casado en el templo se ven hermosas porque tienen un resplandor en el rostro y una luz en los ojos. Esa luz proviene de la comprensión que tienen de la influencia del Salvador en su vida. Hay algo muy especial en una joven que se ha preparado y es digna de hacer y guardar convenios sagrados, y de recibir las ordenanzas del templo.
Así como nosotros seguimos la luz de un camión una noche de tormenta invernal, del mismo modo Shelly, Mary Elizabeth y Jane siguieron la luz del Señor, y ustedes también pueden hacerlo. Y cuando se enfrenten con esos momentos en los que necesiten valentía, fuerza y fe recuerden las palabras del himno:
Jesús es mi luz, y no temeré.
Él es mi poder; solaz yo tendré.
(Himnos, N° 42)
Les testifico que el Señor siempre está dispuesto a ayudarles. El ejemplo de Su vida y Sus enseñanzas es una guía firme y segura. Podemos seguirle con absoluta confianza, pues El es nuestro Salvador. Le amo; las amo a ustedes y les doy mi testimonio del amor que El tiene por ustedes. En el nombre de Jesucristo. Amén.
El poder espiritual de nuestro bautismo
Carol B. Thomas
Primera Consejera de la Presidencia General de los Mujeres Jóvenes
“¿Cómo podemos aplicar el poder espiritual de nuestro bautismo al principio de la modestia? Esperamos que una de las cosas que los haga diferentes del mundo sea la manera como se visten”.
Mis queridas jóvenes amigas: Cuánto las amamos. Qué bendición es estar aquí con ustedes esta noche. No hace mucho tiempo, el élder Robert D. Hales, uno de los miembros del Quórum de los Doce, hizo la pregunta: “¿Saben nuestras mujeres jóvenes lo que significan sus convenios bautismales?”. Y luego dijo: “Me gustaría que les enseñaran”. Recuerdo que me dije a mí misma: ¿Comprendo yo totalmente la importancia de mis propios convenios bautismales? Por eso, esta noche deseo que hablemos unos minutos acerca de lo que en realidad significa ser miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y cómo el bautismo puede ser una bendición en nuestra vida. El Salvador ha comparado el bautismo con el nacer de nuevo.
Piensen en dos de los momentos más grandiosos de su vida: el día en que nacieron y el día de su bautismo, dos nacimientos muy esenciales en esta vida. Ninguna de nosotras puede recordar el día en que nacimos. Sólo pueden imaginar que su madre las tomó en los brazos y soñó en lo que llegarían a ser.
Ahora bien, tal vez no sea tan difícil recordar el día de su bautismo: su segundo nacimiento. Escuchen lo que Lan-Ting, una abejita de las Filipinas, escribió acerca de su bautismo: “Sentí como que había vuelto a nacer. ¡Qué sentimiento tan extraordinario de limpieza y pureza! Las lágrimas de mi madre brotaban como una fuente de perlas, ¡y me pude dar cuenta de que ésas eran lágrimas de gozo! Mi madre me dijo con sinceridad: ‘Lan-Eng, el día de hoy me causa alivio decir que te puedo dejar en las manos del Señor. Confío en que Él te acompañará por los caminos de tu vida”’ (carta en posesión de la Oficina de las Mujeres Jóvenes).
El bautismo es nuestro renacimiento espiritual. Nos limpia de pies a cabeza y permite que tengamos la compañía del Salvador por medio del don del Espíritu Santo. Nos acompañará a todas por el camino de la vida.
Cuando nos bautizamos y somos confirmadas, suceden cuatro cosas: (1) nos convertimos en miembros de la Iglesia de Cristo y nos comprometemos a seguirle; (2) nuestros pecados son perdonados; (3) se nos permite entrar al reino celestial; y (4) es la puerta hacia la santificación personal (véase la Guía para el Estudio de las Escrituras, bajo “Bautismo”). Podríamos decir que nos “hace santas”. Seguir leyendo →
Vuestra luz en el desierto
Sharon G. Larsen
Segunda Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes
“Mantengan la vista fija en su meta … y caminen en el camino estrecho y angosto del Hijo: el Hijo de Dios”.
Si tienen en cuenta o no lo que sepan o no sepan en cuanto a acampar, ¿qué pensarían de un viaje de ocho años acampando en el desierto, sin poder ir al pueblo, sin luz, sin siquiera una fogata? Esto describe la experiencia que el padre Lehi y su familia tuvieron cuando el Señor les dijo que salieran de Jerusalén. Estoy segura de que hubo murmuraciones en el campamento y, por cierto, ¡no muchos voluntarios! Sin duda, en ese viaje maratoniano había mujeres jóvenes como ustedes.
El Señor les advirtió que no hicieran fogatas, y luego les enseñó: “… seré vuestra luz en el desierto; y prepararé el camino delante de vosotros, si … guardáis mis mandamientos … seréis conducidos hacia la tierra prometida; y sabréis que yo soy el que os conduce” (1 Nefi 17:13).
Todas ustedes deben tener una tierra prometida a la que les gustaría llegar y pueden contar con su propia luz en ese desierto que hoy desafía a la juventud. Esa luz viene envuelta con amor, ese amor que el Señor tiene por cada uno de Sus hijos, y en especial por la gente joven. El Señor sabe que enfrentan desafíos y tentaciones, y proporciona la luz que ilumina el corazón, la mente y el espíritu de ustedes. Él ha dicho que Su palabra es verdad, que lo que es verdad es luz, y que lo que es luz es el Espíritu de Jesucristo (véase D. y C. 84:45).
Sunny es una estudiante de intercambio de Korea y, por lo tanto, vive en una tierra nueva y extraña, con un nuevo idioma y una nueva familia. La escuela ha sido difícil y no ha tenido amigas con quien comer o conversar, o con quien asistir a las actividades escolares. Ella expresa: “Me sentía muy mal. Entonces comencé a pensar acerca de la oración; en realidad, no había pensado en orar a nuestro Padre Celestial para pedirle ayuda y consuelo, y fe en mí misma. Entonces empecé a leer el Libro de Mormón todas las mañanas, así como a orar antes de ir a la escuela y todo comenzó a ser más fácil, ¡además, me sorprendió muchísimo que podía entender mejor el idioma! Sentí como que alguien me estaba ayudando mientras estudiaba” (carta en posesión de la Oficina de las Mujeres Jóvenes).
Ustedes bien saben que la oración enciende la luz, ¿no es cierto? Cuando hacen de la oración una parte normal de su vida, comienzan a caminar en la luz, en el camino estrecho y angosto. Seguir leyendo →
Gracias al Señor por Sus bendiciones
Presidente Gordon B. Hinckley
“Grandes son nuestras bendiciones. Enorme es nuestra responsabilidad … marchemos hacia adelante sin temor para propagar entre los gentes de todos partes la rectitud del Señor”.
Mis hermanos y hermanas: éstos han sido dos días maravillosos. La inspiración y el poder del Santo Espíritu han reposado sobre nosotros, sobre todos los que han hablado y sobre todos los que han escuchado. Nos hemos regocijado juntamente. Al concluir esta conferencia, tenemos toda justificación para dar gracias al Señor por Sus bendiciones.
La música ha sido admirable. Hemos sido elevados y edificados con el canto de los coros. Las oraciones nos han acercado más al Señor y los que nos han dirigido la palabra lo han hecho por el poder del Espíritu Santo.
Ya este notable y excepcional siglo va llegando gradualmente a su fin. En cierto sentido, ha sido un período vergonzoso de la historia del mundo. Ha sido el peor de los siglos con más guerras, con más de la inhumanidad del hombre para con el hombre, más conflictos y disturbios que en cualquier otro siglo de la historia del mundo. Ha sido la más sangrienta de todas las épocas. Ha sido un tiempo en el que el adversario de la verdad ha traído su maligna influencia de destrucción, de miseria y de dolor a millones de millones de los hijos de nuestro Padre Celestial, como lo evidencia lo que está ocurriendo en Yugoslavia. El Padre de todos nosotros debe llorar al contemplar desde lo alto a Sus rencillosos hijos.
Pero en un sentido más amplio, éste ha sido el mejor de los siglos. En la larga historia de la tierra no ha habido nada que se le iguale. El promedio de vida del hombre se ha prolongado veinticinco años. Piensen en eso. Es un milagro. Los adelantos científicos se han manifestado en todas partes. De un modo general, vivimos más largo tiempo, vivimos mejor. Ésta es una época de mayor entendimiento y conocimiento. Vivimos en un mundo de gran diversidad. A medida que aprendemos más los unos de los otros, nuestro aprecio va aumentando. Esta ha sido una época de instrucción. Los milagros de la medicina moderna, del modo de viajar, de las comunicaciones exceden lo que se puede creer. Todo eso nos ha abierto las puertas a nuevas oportunidades que debemos aprovechar y utilizar para el avance de la obra del Señor.
Y sobre todas esas maravillosas dádivas está la restauración del Evangelio de Jesucristo con toda la extraordinaria autoridad y las bendiciones que han venido con ella. Ésta es verdaderamente la dispensación del cumplimiento de los tiempos que ha traído consigo lo que nunca más será quitado de la tierra. Seguir leyendo →