La obediencia: el sendero hacia la libertad

La obediencia: el sendero hacia la libertadLiahona Julio 1999
Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

James E. Faust“La obediencia conduce a la verdadera libertad. Cuanto más obedecemos la verdad revelada, mas libres llegamos a ser”.

Mis queridos hermanos, en esta ocasión me allego a este púlpito con profundos sentimientos de amor y de respeto por su obediencia fiel en honrar el sacerdocio que poseen. He orado para pedir guía en lo que debo decir porque deseo elevar una voz de advertencia. En la sociedad de hoy la diferencia que existe entre lo bueno y lo malo está siendo empanada por voces fuertes y seductivas que exigen que no haya restricciones en la conducta humana; ellas abogan por una libertad absoluta sin considerar las consecuencias. Declaro, sin lugar a dudas, que tal conducta es el sendero rápido que conduce a la destrucción personal.

En esta noche hablo al sacerdocio de esta Iglesia, y en particular a los jóvenes del Sacerdocio Aarónico, sobre cómo llegar a ser realmente libres. La obediencia conduce a la verdadera libertad. Cuanto más obedecemos la verdad revelada, más libres llegamos a ser. El presidente David O. McKay se refirió a su caballo Dandy, y cómo deseaba gozar de entera libertad y no tener restricciones. El presidente McKay dijo:

“Debajo de la montura, era tan obediente, receptivo y dócil como era de esperarse de todo caballo …

“Pero a Dandy le molestaba que lo restringieran; no le gustaba que lo ataran, por lo que mordisqueaba la soga hasta que se liberaba; no se escapaba, sólo quería ser libre. Suponiendo que los otros caballos sentían lo mismo, procedía a desatarles las sogas …

“… su curiosidad y su deseo de explorar el vecindario nos metió en problemas a él y a mí. Una vez, en la carretera, lo atropelló un automóvil …

“Al recuperarse de ello, y todavía impulsado por un deseo de conocerlo todo, inspeccionó la cerca de una punta a la otra y descubrió que las puertas estaban cerradas con alambres …

“Un día, sin embargo, alguien olvidó poner los alambres a la puerta. Al darse cuenta de ello, Dandy corrió el pestillo, se llevó a otro caballo … y juntos … se dirigieron a una antigua casa que se usaba para almacenamiento. La curiosidad de Dandy lo indujo a empujar y a abrir la puerta … Allí había una bolsa de grano. ¡Qué descubrimiento! Sí, y qué tragedia: ¡el grano era veneno para roedores! En unos minutos, Dandy y el otro caballo sufrían de espasmos y, poco después, ambos estaban muertos”.

El presidente McKay continuó:

“¡Muchos de nuestros jóvenes son como Dandy … ! Son impulsivos, llenos de vida, llenos de curiosidad … Ellos también se sienten descontentos al estar restringidos; sin embargo, si se les mantiene ocupados, se les guía con cuidado y correctamente, probarán que son receptivos y capaces; pero si se les deja deambular sin guía, con frecuencia violarán los principios de la rectitud, lo que les conducirá a las trampas del diablo, al desastre e incluso a la muerte” 1 . Seguir leyendo

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El sacerdocio y el hogar

El sacerdocio y el hogarLiahona Julio 1999
Élder D. Lee Tobler
de los Setenta

D. Lee Tobler“Hay una forma para que cada barrio, por medio de los consejos, tiendan una mano de ayuda a est[as]… familias [en las que no haya un poseedor del sacerdocio] y les abran el camino que conduce al templo”.

Mis amados hermanos del Sacerdocio Aarónico y de Melquisedec, es una bendición especial el estar ante este púlpito desde el cual profetas y apóstoles de Dios y hombres y mujeres rectos y capacitados han enseñado y aconsejado durante muchas décadas a los miembros de la Iglesia. Mi humilde deseo esta noche es ser una voz de aliento a los líderes del sacerdocio, en particular a los consejos de estaca y de barrio, para que aumenten su atención para con las familias de la Iglesia que todavía no tienen la bendición del Sacerdocio de Melquisedec en sus hogares. Éstas son familias cuyo padre todavía no ha recibido el sacerdocio, que es tan necesario para bendecir y guiar a su familia. Para estas familias, la plenitud del Evangelio, en particular las bendiciones del templo, esperan no sólo el esfuerzo que ellas hagan, sino también los esfuerzos amorosos de los miembros de la Iglesia que ya comprenden lo que significan las ordenanzas del templo para la familia.

Desde niños, fuimos criados en un hogar donde se entendía claramente que el sacerdocio era esencial para la vida, tal como el agua que bebíamos lo era para satisfacer nuestra sed. Mi madre había experimentado en su propia y numerosa familia el gozo de convertirse a la actividad plena en la Iglesia y luego, como familia, ir al Templo de Salt Lake. A la edad de cuarenta y siete años mi abuelo Shoell había recibido el sacerdocio y todas las bendiciones que él conlleva. Mi madre, luego de terminar una misión regular, solicitó una bendición especial del sacerdocio en la que pidió ser guiada hacia un digno poseedor del sacerdocio que no sólo llegara a ser su esposo, sino que en el sacerdocio fuera un digno padre de sus hijos. Después de esa bendición del sacerdocio, se cumplieron todos sus justos deseos, tanto para ella como para nosotros como familia en el sur de Nevada. Desde el principio, fuimos una familia establecida en el sacerdocio y en las ordenanzas del Evangelio restaurado, especialmente las sagradas ordenanzas del templo, lo que nos dio, a los hijos, un sentimiento de ser parte de un todo, no sólo de nuestros padres, sino de todos los parientes de ellos.

Desde temprana edad aprendimos sobre el poder sanador del sacerdocio cuando mi padre, a veces solo y otras veces con la ayuda de hombres del barrio, ejercía ese sacerdocio en nuestro hogar. En la década de 1930, no había doctores en ese pequeño pueblo pionero de Nevada; los más cercanos estaban en Las Vegas o en Saint George. Lo primero que se ocurría en caso de accidentes o enfermedad era recibir una bendición invocando ese poder del sacerdocio. Recuerdo que mi madre decía de vez en cuando: “Aquí en Bunkerville no tenemos doctores, pero tenemos el sacerdocio para bendecirnos, y eso es suficiente”. Y poderosas eran las bendiciones que calmaban y tranquilizaban tanto al joven como al anciano. Nunca nos sentíamos desamparados cuando el sacerdocio estaba allí. Siempre he estado agradecido por el conocimiento que obtuve a esa temprana edad del poder del sacerdocio de Dios en nuestro hogar. Seguir leyendo

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Hermanamiento

HermanamientoLiahona Julio 1999
Élder Ned B. Roueché
de los Setenta

Ned B. Roueché“Yo sé lo que significa tener un amigo, una responsabilidad y el ser nutrido por la buena palabra de Dios”.

Mis queridos hermanos, me siento humilde ante esta oportunidad y suplico su fe y sus oraciones. Ruego que seamos bendecidos y guiados por el espíritu con el fin de escuchar y sentí esta noche.

Hace algunos años recibí una llamada telefónica que cambiaría mi vida: mi vida eterna.

Una buena hermana de mi barrio llamó para invitarme a presentar un número de baile en una noche de actividades de la mutual que se llevaría a cabo en un par de semanas. El baile era uno de mis pasatiempos y en esa época estudiaba baile de salón en una academia de Salt Lake City. Yo nunca había asistido a un baile de la mutual hasta entonces, y con entusiasmo acepté la invitación para actuar.

Mi compañera de baile y yo llegamos la noche del compromiso y fuimos recibidos con entusiasmo. Me sorprendí cuando me di cuenta de que éramos los únicos en el programa. Fue una experiencia emocionante y disfruté totalmente esa noche.

El domingo siguiente por la mañana decidí ir a la Iglesia en nuestro barrio por primera vez desde que fui ordenado diácono. En esa época nadie de mi familia era activa. Encontré gente que me dio una cálida bienvenida y que demostró amistad y cariño genuinos. Esas experiencias me iniciaron en el camino de la actividad y del servicio en la Iglesia, lo que ha sido un gozo para mí con el correr de los años.

El comité del Sacerdocio Aarónico para mayores, como se llamaba en ese entonces, lo componía un grupo de hermanos que trabajaba con los hombres que eran mayores de la edad normal para el Sacerdocio Aarónico. Eran sólo hombres regulares que hacían lo que el Señor deseaba que hicieran. Me tomaron bajo sus alas y nos hicimos amigos. Un ex misionero maravilloso era el instructor de nuestra clase, quien enseñaba los principios básicos del Evangelio y me ayudó a prepararme para servir en una misión. Durante ese mismo tiempo me pidieron que ayudara a enseñar baile en nuestro barrio, lo que me dio el sentimiento de que se me necesitaba y a la vez me dio una responsabilidad.

Los siguientes quince meses pasaron volando, llenos de desarrollo y felicidad a medida que progresaba. Al poco tiempo recibí un llamamiento para servir una misión en México y rápidamente aprendí a amar el idioma, el país y a su gente. El compartir el mensaje del Evangelio restaurado de Jesucristo me dio una base sobre la cual edificar el resto de mi vida.

Yo sé lo que significa tener un amigo, una responsabilidad y el ser nutrido por la buena palabra de Dios. Hay mucha gente que no comprende de qué carece en la vida y ansía esos sentimientos tiernos que derivan del conocer el amor de nuestro Salvador. Son gente buena que está en un estado latente, por así decirlo, a la espera del despertar de su alma por parte de aquellos que traen las “buenas nuevas”. Hay otros que nos miran, que observan nuestro ejemplo y dicen: “Me gusta lo que veo, ¿cómo puedo ser parte de eso?”. Seguir leyendo

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Hecho semejante al Hijo de Dios»

«Hecho semejante al Hijo de Dios»

Elder Ray H. Wood
de los Setenta

Ray H. Wood“No debe existir nada superficial, despreocupado ni indiferente con respecto a poseer el sacerdocio. Una vez que se acepte, no se debe pasar por alto, ni descuidar, ni dejar de lado. Es un manto de honor y poder que puede ser nuestro para siempre”.

Después de que los hijos de Israel cruzaron el río Jordán y Jericó había sido destruida, se enfrentaron con la ciudad de Hai. Hai era una ciudad más pequeña que Jericó y con menos gente para defenderla y Josué pensó en conquistarla con sólo tres mil soldados. Pero los hombres de Hai derrotaron al ejército de Israel y los hicieron huir. Josué se postró ante el Señor y preguntó la razón de su derrota, tras lo cual vino la respuesta y una lección.

Cuando Jericó fue destruida, el Señor les prohibió tomar ninguna posesión preciosa que se encontrara allí. Pero cierto hombre llamado Acán, se apoderó de parte de los despojos y trató de ocultarlos. “Pues [lo] vi”, dijo y lo “codicié y tomé; y he aquí que está escondido bajo tierra en medio de mi tienda” (Josué 7:21). El Señor mandó que se destruyera el botín y Acán fue apedreado hasta morir.

Quizás nos parezca difícil entender la forma en que la falta de honradez de un hombre haya tenido un efecto de tan largo alcance como para causar la derrota del ejército de Israel y la muerte de treinta y seis hombres. El élder James E. Talmage observó: “Se había violado una ley de justicia: habían metido a un anatema al campamento del pueblo del convenio; esta transgresión resistió la corriente de ayuda divina, y no fue sino hasta cuando se santificó el pueblo que les fue restituido el poder” (Artículos de fe, pág. 115; véase también Josué 7:10-13).

Cuando una persona viola cualquier mandamiento de Dios, si no hay arrepentimiento, el Señor retira Su influencia protectora y sustentadora. Cuando perdemos poder con Dios, sabemos con toda certeza que el problema está en nosotros y no en Dios. “Yo, el Señor, estoy obligado cuando hacéis lo que os digo; mas cuando no hacéis lo que os digo, ninguna promesa tenéis” (D. y C. 82:10). Nuestros delitos acarrean desesperación; entristecen y extinguen el “fulgor perfecto de esperanza” que ofrece Cristo (2 Nefi 31:20). Sin la ayuda de Dios quedamos a nuestra cuenta.

El sacerdocio es la autoridad para actuar como un agente autorizado del Señor para llevar a cabo ordenanzas que proporcionan bendiciones espirituales certeras a todas las personas. Es el poder de transmitir la disposición y la voluntad de Dios en el gobierno de la Iglesia, en la obtención de Su palabra por medio de la revelación, en la prédica del Evangelio y en la administración de las ordenanzas de exaltación, tanto para los vivos como para los muertos. En verdad es algo tremendo el poseer el sacerdocio de Dios.

Se nos ha dicho “que los derechos del sacerdocio están inseparablemente unidos a los poderes del cielo, y que éstos no pueden ser gobernados ni manejados sino conforme a los principios de la rectitud” (D. y C. 121:36). El presidente Spencer W. Kimball nos recuerda: “El poder del sacerdocio que poseen no tiene límites. Cualquier limitación proviene de ustedes si no están en armonía con el Espíritu del Señor y se limitan ustedes mismos en el poder que ejercen” (véase The Teachings of Spencer W. Kimball, ed, Edward L Kimball, 1982, 498; cursiva agregada; “Guardemos los convenios y honremos el sacerdocio”, Liahona, enero de 1994, pág. 43). Seguir leyendo

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Nuestro deber sagrado de honrar a la mujer

Conferencia General Abril 1999

Nuestro deber sagrado de honrar a la mujer

Elder Russell M. Nelson
del Quórum de los Doce Apóstoles

“Den gracias al Señor por estas hermanas que, al igual que nuestro Padre Celestial, nos aman no sólo por lo que somos, sino por lo que podemos llegar a ser.”

Es un gozo estar con ustedes esta noche, hermanos, y es maravilloso ver a tantos jóvenes con sus padres. Nos reunimos porque tenemos el deseo de dar oído a las palabras de los líderes de la Iglesia; pero esta congregación es especial. No veo a ninguna madre. Ninguno de nosotros podría haber estado aquí sin una madre; sin embargo, aquí estamos todos, sin nuestras madres.

Esta noche yo vine con un hijo, con yernos y con nietos. ¿Dónde están sus madres? ¡Reunidas en la cocina de nuestro hogar! ¿Qué están haciendo? Están haciendo rosquillas caseras, y cuando regresemos nos deleitaremos con esas rosquillas. Mientras las disfrutemos, esas madres, hermanas e hijas escucharán con atención mientras cada uno de nosotros habla de las cosas que aprendió esta noche. Es una hermosa tradición familiar que simboliza el hecho de que todo lo que aprendamos y hagamos como poseedores del sacerdocio debe bendecir a nuestra familia 1 .

Hablemos de nuestras dignas y maravillosas hermanas, en particular de nuestras madres, y consideremos el deber sagrado que tenemos de honrarlas.

Cuando yo era un joven estudiante universitario, uno de mis compañeros nos rogó con urgencia a un grupo de nosotros, sus amigos Santos de los Últimos Días, que donáramos sangre para su madre que estaba sangrando profusamente. Fuimos directamente al hospital para que nos clasificaran la sangre. Nunca olvidaré el impacto que sentimos cuando se nos dijo que uno de los donantes quedaba descalificado porque la prueba de sangre que le habían hecho había resultado positiva de una enfermedad venérea. ¡Esa sangre infectada era la de él! Felizmente su madre sobrevivió, pero jamás olvidaré el gran dolor de él. Sufrió la culpa de saber que su inmoralidad personal lo había descalificado para brindar la ayuda necesaria a su madre, y que había sido el causante de más angustia para ella. Aprendí una gran lección: Si alguien deshonra los mandamientos de Dios, deshonra a su madre; y si alguien deshonra a su madre, deshonra los mandamientos de Dios’.

HONRAR LA MATERNIDAD
Durante mi carrera profesional de doctor en medicina, a veces me preguntaban por qué elegí hacer ese trabajo tan difícil. Yo respondía diciendo que, en mi opinión, el trabajo más noble y sublime en esta vida es el de una madre. Dado que yo no contaba con esa opción, pensé que el cuidar a los enfermos podría asemejársele. Traté de cuidar a mis pacientes en forma tan compasiva y competente como mi madre me cuidó a mí.

Hace muchos años, la Primera Presidencia emitió una declaración que ha tenido una profunda y duradera influencia en mí. “La maternidad”, escribieron, “se acerca a lo divino. Es el servicio más sublime y más sagrado que podemos llevar a cabo. Coloca a la mujer que honra SU sagrado llamamiento y servicio a la altura de los ángeles” 2 .

Debido a que las madres son esenciales en el gran plan de felicidad de Dios, Satanás, que desearía destruir a la familia y desmerecer el valor de la mujer, se opone al sagrado trabajo de ellas. Seguir leyendo

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El testigo: Martin Harris

El testigo: Martin HarrisLiahona Julio 1999
Elder Dallin H. Oaks
del Quórum de los Doce Apóstoles

Dallin H. Oaks“Una de las contribuciones más grandes que Martin Harris hizo a la Iglesia, por la que se le debe honrar en todo momento, fue la financiación de la publicación del Libro de Mormón”.

La Ley De Los Testigos
Los testigos y el testificar son vitales en el plan de Dios para la salvación de Sus hijos. En la Trinidad, la función del Espíritu Santo es testificar del Padre y del Hijo (véase 2 Nefi 31:18). El Padre ha dado testimonio del Hijo (véase Mateo 3:17; 17:5; Juan 5:31-39) y el Hijo ha dado testimonio del Padre (véase Juan 17). El Señor ha mandado a Sus siervos que testifiquen de Él (véase Isaías 43:10; Mosíah 18:9; D. y C. 84:62), y todos los profetas han dado testimonio de Jesucristo (véase Hechos 10:43; Apocalipsis 19:10).

Las Escrituras declaran que, “Por boca de dos o de tres testigos se establecerá toda palabra” ( D. y C. 6:28; 2 Corintios 13:1; véase también Deuteronomio 19:15). Las ordenanzas más importantes de salvación-el bautismo, el matrimonio y otras ordenanzas del templo- requieren que haya testigos (véase D. y C. 127:6; 128:3).

La Biblia testifica de Jesucristo por medio de profecías de Su venida, de relatos de Su ministerio y de los testimonios de los que llevaron Su mensaje al mundo. El Libro de Mormón tiene el mismo contenido: testigos del Mesías antes, durante y después de Su ministerio. En forma apropiada, ahora se titula “Otro Testamento de Jesucristo”.

Testigos Del Libro De Mormón
Existen testigos del mismo Libro de Mormón. He elegido hablar acerca de la importancia de sus testimonios y acerca de la vida de uno de ellos.

Mientras José Smith traducía el Libro de Mormón, el Señor reveló que, además del testimonio del Profeta, el mundo tendría “el testimonio de tres de mis siervos que llamaré y ordenaré, y a quienes mostraré estas cosas” (D. y C. 5:11; véase también Éter 5:2-4; 2 Nefi 27:12-13). “Sabrán con certeza que estas cosas son verdaderas”, el Señor declaró, “porque desde el cielo se lo declararé” (D. y C. 5: 12).

Hubo también ocho testigos, pero su testimonio es tema para otra ocasión.

Los tres hombres que se eligieron como testigos del Libro de Mormón fueron Oliver Cowdery, David Whitmer y Martin Harris. “El testimonio de tres testigos” por escrito se ha incluido en todos los casi 100 millones de ejemplares del Libro de Mormón que la Iglesia ha publicado desde 1830. Esos testigos testifican solemnemente que ellos han “visto las planchas que contienen esta relación” y “los grabados sobre las planchas”; atestiguan que esos escritos “han sido traducid[o]s por el don y el poder de Dios, porque así su voz nos lo declaró”. Ellos testifican: ‘’Declaramos con palabras solemnes que un ángel de Dios bajó del cielo, y que trajo las planchas y las puso ante nuestros ojos, de manera que las vimos y las contemplamos, así como los grabados que contenían; y sabemos que es por la gracia de Dios el Padre, y de nuestro Señor Jesucristo, que vimos y testificamos que estas cosas son verdaderas”. Seguir leyendo

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El fortalecimiento de las familias: nuestro deber sagrado

El fortalecimiento de las familias: nuestro deber sagradoLiahona Julio 1999
Élder Robert D. Hales
del Quórum de los Doce Apóstoles

Robert D. Hales“La clave para fortalecer nuestras familias es hacer que el Espíritu del Señor more en nuestros hogares. La meta de nuestras familias es estar en el camino estrecho y angosto”.

El fortalecimiento de las familias es nuestro deber sagrado como padres, hijos, parientes, líderes, maestros y miembros individuales de la Iglesia.

La importancia de fortalecer en forma espiritual a las familias se enseña claramente en las Escrituras. Nuestro padre Adán y nuestra madre Eva enseñaron el Evangelio a sus hijos e hijas. El Señor aceptó los sacrificios de Abel, quien lo amaba; Caín, por otra parte, “amó a Satanás más que a Dios” y cometió serios pecados. Adán y Eva “se lamentaban ante el Señor por causa de Caín y sus hermanos”, pero nunca dejaron de enseñar el Evangelio a sus hijos (véase Moisés 5:12, 18, 20, 27; 6: 1, 58).

Debemos entender que cada uno de nuestros hijos viene con variados dones y talentos; algunos, como Abel, parecen haber recibido los dones de la fe al nacer. Otros luchan con cada decisión que toman. Como padres, nunca debemos permitir que las búsquedas o las luchas de nuestros hijos nos hagan ceder o perder la fe en el Señor.

Alma, hijo, mientras le “agobiaba este tormento … [y le] atribulaba el recuerdo de [sus] muchos pecados”, recordó haber escuchado a SU padre enseñar sobre la venida de “Jesucristo, un Hijo de Dios, para expiar los pecados del mundo” (Alma 36:17). Las palabras de su padre le guiaron hacia la conversión. De la misma manera, nuestros hijos recordarán nuestras enseñanzas y testimonio.

Los 2.000 soldados jóvenes del ejército de Helamán testificaron que sus justas madres les habían enseñado de manera poderosa principios del Evangelio (véase Alma 56:47—48).

En una época de gran búsqueda espiritual, Enós dijo: “… las palabras que frecuentemente había oído a mi padre hablar, en cuanto a la vida eterna … penetraron en mi corazón profundamente’’ (Enós 1:3).

En Doctrina y Convenios el Señor dice que los padres deben enseñar a sus hijos “a comprender la doctrina del arrepentimiento, de la fe en Cristo, el Hijo del Dios viviente, del bautismo y del don del Espíritu Santo por la imposición de manos, al llegar a la edad de ocho años …

“Y también enseñarán a sus hijos a orar y a andar rectamente delante del Señor” (D. y C. 68:25, 28).

A medida que enseñamos el Evangelio a nuestros hijos mediante la palabra y el ejemplo, nuestras familias se fortalecen y se fortifican espiritualmente . Seguir leyendo

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Verdaderos seguidores

Verdaderos seguidoresLiahona Julio 1999
Elder Robert J. Whetten
de los Setenta

Robert J. Whetten“Como Sus verdaderos seguidores, el Salvador desea que amemos a los demás como Él los ama: sin condiciones, con más pureza y perfección”.

A solas con los once en el aposento alto, Jesús se vale de los últimos momentos de enseñanza de Su ministerio mortal para enseñar: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado … En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros”’. Habla de Su muerte inminente y Resurrección: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos”’. Reafirma que es el Hijo divino de Dios: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí’’l. Y promete que el Padre les enviará otro consolador, el Espíritu Santo: “Él os enseñará todas las cosas” 4 .

El amor incondicional de Jesús para con nosotros motivó Su sacrificio expiatorio por nuestros pecados. Sin Su amor, no podríamos regresar a la presencia de nuestro Padre Celestial. Su camino debe ser el nuestro. “Por lo tanto, ¿qué clase de hombres habéis de ser? En verdad os digo, aun como yo soy” 5 . Nos mostró que debemos hacer el bien, que el bienestar físico y espiritual de nuestros semejantes es tan importante como el nuestro y que debemos mostrar compasión e interés genuinos por todos los hijos de nuestro Padre Celestial. Moroni define el amor cristiano como caridad. “Y ahora sé que este amor que has tenido por los hijos de los hombres es la caridad; por tanto, a menos que los hombres tengan caridad, no pueden heredar ese lugar que has preparado en las mansiones de tu Padre”’. No es suficiente decir que creemos en El y que le amamos; debemos poseer en el postrer día la clase de amor que El posee. No es necesario que demos nuestra vida por los demás como lo hizo Él, pero, al igual que el Salvador, debemos bendecir la vida de los demás al dar aquello que constituye nuestra propia vida: tiempo, talentos, recursos y nosotros mismos.

Mormón nos insta: “… pedid al Padre con toda la energía de vuestros corazones, que seáis llenos de este amor que él ha otorgado a todos los que son discípulos verdaderos de su Hijo Jesucristo”. Al igual que la fe, el amor cristiano es un don del Espíritu que se da en base a los principios de rectitud personal y de acuerdo con nuestro nivel de obediencia a las leyes sobre las cuales se basa. Y al igual que la fe, el amor se tiene que practicar para que crezca. Todos vivimos un día a la vez y todos, sean cuales fueren nuestra edad o circunstancias, diariamente enfrentamos decisiones en nuestras relaciones con los demás. Al negarnos a nosotros mismos y al extender la mano de ayuda y servicio a los demás, el Espíritu nos refinará y nos enseñará y llegaremos a saber lo que quiso decir Pablo: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe” 8 . El servicio compasivo que prestemos a otras personas crecerá hasta que llegue a ser un amor divino, y nos cambiará: “… para que cuando él aparezca, seamos semejantes a él” 9 . Seguir leyendo

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De las cosas pequeñas

“De las cosas pequeñas”Liahona Julio 1999
Elder Stephen A. West
de los Setenta

Stephen A. West“Que obtengamos la valentía, la fe y el consuelo de los actos pequeños, tranquilos y tiernos que manifiestan los cuidadosos, amorosos, humildes y dedicados discípulos de Cristo”.

Hace unos años, mi esposa y yo servíamos como fuente de recursos en una pequeña y pobre rama interurbana de la Iglesia que estaba compuesta de aproximadamente treinta y cinco miembros. Es posible que el presidente de la rama, Daniel Sawyer, hombre a quien admiro enormemente, haya sido el único miembro de esa rama que había pertenecido a la Iglesia por más de tres o cuatro años. Nuestras reuniones se realizaban en una casa idéntica a las vecinas, en uno de los vecindarios más turbulentos de una gran ciudad del este de los Estados Unidos. La casa se hallaba en una calle donde muchos edificios habían sido incendiados y saqueados durante extensos disturbios en 1968, y ahora, veinticinco años más tarde, algunos de esos edificios dañados o destruidos todavía no se habían reparado o reedificado. Al frente de esa casa había unos pocos escalones exteriores que conducían desde la acera a una puerta, la que daba a algunos salones que se habían modificado para utilizarse como salones de clase y como una oficina. Otra puerta que daba hacia la acera conducía a una escalera que bajaba al sótano, el que estaba amueblado con una mesa para la Santa Cena, un estrado para discursantes y sillas plegables. Algunas de las experiencias más memorables de la Iglesia que mi esposa y yo hemos tenido tuvieron lugar en ese entorno.

Un domingo, precisamente en medio de la reunión sacramental de la rama, una mujer entró por la puerta que daba a la calle: era una mujer sin hogar que vestía ropa sucia y harapienta; tosía, se ahogaba y se sonaba la nariz con un pañuelo mugriento. Con voz ronca, dijo en alto: “¡Quiero cantar! ¡Quiero rezar!”, se dirigió hacia la primera fila y se sentó junto a una hermana que vestía una blusa blanca, se reclinó sobre ella y apoyó la cabeza sobre su hombro. La hermana colocó de inmediato sus brazos alrededor de esta huésped y la tuvo entre sus brazos el resto de la reunión. En el momento que entró la mujer, el discursante estaba hablando sobre la parábola del buen samaritano’, y mientras la mujer tosía y se ahogaba, el discursante siguió refiriéndose a la parábola. Al avecinarse el final de su discurso, y al citar un pasaje de Escritura apropiado, de pronto, y en voz alta, esta mujer sin hogar terminó de citar el versículo que el discursante había comenzado a decir. Después de la reunión sacramental, al hablar sobre este incidente con el discursante, pensamos que tal vez había pasado mucho tiempo desde que alguien había puesto afectuosamente un brazo alrededor de nuestra visitante. Nos preguntamos qué mejor ilustración podríamos haber tenido de la parábola del buen samaritano que lo que acabábamos de contemplar, y recordamos las palabras del Salvador que precedieron al relato de la parábola: “Amarás … a tu prójimo como a ti mismo”.

Una segunda experiencia que tuvimos en la rama tuvo que ver con una mujer concienzuda y bondadosa, quien fielmente entregaba sobres que contenían unas pocas monedas para el pago de sus diezmos. Un día, cuando fue a la Iglesia, también llevaba en la mano una bolsa de plástico que tenía un trozo de pan seco. Ella nos dio la bolsa de plástico y dijo: “Si uno va a pertenecer a una Iglesia, tiene que contribuir. No puedo contribuir mucho, pero puedo contribuir con el pan de la Santa Cena”. Seguir leyendo

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Recibe las bendiciones del templo

Recibe las bendiciones del temploLiahona Julio 1999
Élder Richard G. Scott
del Quórum de los Doce Apóstoles

Elder Richard G. Scott“Es un lugar de paz, retiro e inspiración; la asistencia regular enriquecerá tu vida dándole más propósito”.

Una de las más hermosas y reconfortantes doctrinas del Señor-una que brinda inmensa paz, felicidad y gozo ilimitado-es ese principio llamado el matrimonio eterno Esta doctrina significa que un hombre y una mujer que se aman el uno al otro profundamente, que han progresado juntos a través de las pruebas, los gozos, los pesares y la felicidad de toda una vida compartida, pueden vivir juntos para siempre más allá del velo con los de su familia que merezcan esa bendición Eso no es tan sólo un sueño inmensamente satisfactorio, es una realidad. Todo marido y mujer que hayan compartido los gozos del matrimonio aquí en la tierra querrán tener tal bendición; pero solamente los que reúnan los requisitos que el Señor ha establecido recibirán ese don supremo Testifico que todas esas cosas que me han dado y que me traerán la mayor felicidad en esta vida tienen su raíz en las ordenanzas del templo Decídete ahora a recibir las ordenanzas del templo en cl momento apropiado No dejes que nada disipe esa resolución

Si ya estás preparado para recibir las ordenanzas del templo, prepárate cuidadosamente para ese grandioso acontecimiento Antes de entrar al templo, el obispo y el presidente de estaca te entrevistarán para darte la recomendación. Sé honrado y sincero con ellos Esa entrevista no es un examen que tienes que pasar, sino un paso importante a fin de confirmar que tengas la madurez y la espiritualidad para recibir en forma apropiada las ordenanzas supremas y para hacer y guardar los convenios ennoblecedores que se ofrecen en la casa del Señor. La dignidad personal es un requisito esencial para gozar de las bendiciones del templo cualquier persona que sea tan insensata como para entrar al templo indignamente, recibirá condenación.

El carácter digno se forja mejor con una vida de constantes elecciones correctas centradas en las enseñanzas del Maestro. Por un momento, hablo a quien se esté preparando para ese dulce período de descubrimiento que lleva al matrimonio eterno, que se conoce como el noviazgo Puede ser una época maravillosamente hermosa de progresar y de compartir; una época en que debes concentrar tus pensamientos, acciones y planes en dos personas los padres de tus futuros hijos Prepárate para tener éxito como padre o madre siendo completamente digno en todo pensamiento y acto durante el noviazgo

Los cimientos de un matrimonio eterno consisten en mucho más que una cara hermosa o una figura atractiva; es preciso considerar mucho más que la popularidad o la simpatía Al buscar un compañero eterno, considera a alguien que esté desarrollando los atributos esenciales que brindan felicidad amor profundo por el Señor y por Sus mandamientos, determinación de obedecerlos, comprensión bondadosa, deseo de perdonar y disposición a dar de sí, el deseo de tener una familia bendecida con hermosos hijos y la determinación de enseñarles los principios de verdad en el hogar. Una prioridad esencial en una futura esposa es el deseo de ser esposa y madre; debe estar en el proceso de desarrollar las cualidades sagradas que Dios ha dado a Sus hijas para que sobresalgan como esposas y madres la paciencia, la bondad, el amor por los niños y el deseo de atender a sus hijos en lugar de procurar satisfacciones profesionales Debe estar adquiriendo una buena educación a fin de prepararse para las exigencias de la maternidad Un futuro esposo debe también honrar el sacerdocio que posee y utilizarlo al servicio de los demás Busca a un hombre que acepte su función de ser quien provea lo necesario para vivir, que tenga la capacidad de hacerlo y que esté haciendo diligentes esfuerzos por prepararse para cumplir esas responsabilidades Seguir leyendo

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Arrepintámonos de nuestro egoísmo (D. y C. 56:8)

Arrepintámonos de nuestro egoísmo (D. y C. 56:8)Liahona Julio 1999
Elder Neal A. Maxwell
del Quórum de los Doce Apóstoles

Neal A. Maxwell“La mansedumbre es la verdadera cura, pues no se limita a disimular el egoísmo, ¡lo disuelve!”

En mayor o menor grado, todos luchamos con el egoísmo. Puesto que es tan común, ¿por qué preocuparnos por el egoísmo, de todos modos? Porque el egoísmo es, en realidad, autodestrucción en cámara lenta. No es de extrañar que el profeta José Smith haya exhortado, diciendo: “… no sólo se debe sepultar todo sentimiento egoísta, sino aniquilarse” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 213). ¡De ahí que la meta sea la aniquilación, no la moderación!

El egoísmo naciente, por ejemplo, ha circunscrito en cifras a algunos que buscan disipar su vacío con sensaciones. Pero, en la aritmética de los apetitos, cualquier cosa que se multiplique por cero sigue siendo cero. Cada ataque de egoísmo nos reduce el universo en proporción directa al disminuirnos la percepción o el interés que tengamos por los demás. A pesar de su fanfarronería superficial y mundana, ese individualismo desmedido es, en realidad, provincial, como si los peces de una pecera se felicitaran entre sí por su autosuficiencia olvidando que dependen de la comida que les ponen y de los cambios del agua.

Hace mucho tiempo, se necesitó un Copérnico para explicar a un mundo provincial que este planeta no era el centro del universo. Algunos egoístas modernos necesitan un Copérnico que les recuerde que ellos no son tampoco el centro del universo.

Las primeras y conocidas formas de egoísmo que se presentan son: elevarse a sí mismo perjudicando a otros; reclamar o exagerar un crédito inmerecido; alegrarse cuando los demás yerran; disgustarse por los éxitos justos de otros; preferir la reivindicación pública a la reconciliación privada; y aprovecharse “de alguno por causa de sus palabras” (2 Nefi 28:8).

Al concentrarse en sí misma, a la persona egoísta le es fácil hablar falso testimonio, hurtar y codiciar, puesto que no se le debe negar nada. No es de extrañar que sea tan fácil para los gobiernos satisfacer los apetitos del hombre natural, especialmente si el ritmo de la sociedad continúa inalterable, al mismo tiempo que le aseguran que su tendencia permisiva es permisible.

Asimismo, el egoísmo nos hace descorteses, despreciativos y egocéntricos, mientras privamos a otros de los bienes, el encomio y el reconocimiento necesarios al pasar junto a ellos egoístamente sin hacerles caso. (Véase Mormón 8:39.) Después vienen la grosería, la brusquedad y los empujones. Seguir leyendo

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Ésta es nuestra época

Ésta es nuestra época Liahona Julio 1999
Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

James E. Faust“Las maravillas de la ciencia y la tecnología modernos no nos exaltarán. En realidad, el gran desafío que enfrentamos al prepararnos para el futuro es el de ser más espiritualmente ilustrados”.

Mis queridos hermanos, hermanas y amigos: Con gran fervor busco la influencia del Espíritu durante los breves momentos en que voy a estar frente a este púlpito, y oro con el fin de recibir guía y sabiduría para que lo que diga sea del agrado de nuestro Padre Celestial.

Hermanos y hermanas, ésta es la época de la que habló el profeta José Smith, de la cual todos“los profetas, reyes y sacerdotes [en épocas pasadas] han tratado con gozo particular. [Y] han mirado adelante, con gloriosa expectación, hacia el día en que ahora vivimos; e inspirados por celestiales y gozosas expectaciones, han cantado, escrito y profetizado acerca de esta época … Nosotros somos el pueblo favorecido que Dios ha elegido para llevar a cabo la gloria de los últimos días”’. Desde que el profeta José dijo eso en 1842, el hombre ha adquirido más conocimiento que en todo el tiempo transcurrido antes de su ministerio.

Nos encontramos en los umbrales de un nuevo siglo. Desde este punto estratégico del tiempo, debemos tener presente que los acontecimientos más significativos de los últimos dos mil años no fueron las maravillas de los adelantos de la ciencia, la tecnología y el transporte; fueron la expiación del Salvador y la restauración del Evangelio, con las llaves y la autoridad del sacerdocio. Esos dos singulares acontecimientos continuarán siendo de importancia trascendental para la humanidad a medida que avanza el tiempo. El pasado, el presente y el futuro giran en torno a esas maravillosas intervenciones divinas.

El 1º de enero de 1901, en este mismo edificio, la Primera Presidencia expresó al mundo lo siguiente:

“Nos encontramos en la alborada de un nuevo siglo. Los cien años que acaban de cumplirse fueron los más memorables de la historia del hombre sobre este planeta. Ni en cien días sería posible hacer un breve resumen de los extraordinarios acontecimientos, de los maravillosos adelantos, de los grandes logros y las benéficas invenciones y descubrimientos que marcan el progreso de diez décadas que han quedado atrás en la incesante marcha de la humanidad. La sola mención del siglo diecinueve hace pensar en adelantos, en progreso, en libertad y en luz. ¡Qué felicidad el haber vivido en medio de la realización de esas maravillas y de haber participado de esos preciados tesoros de inteligencia!” 2 ,

Cuando se hizo esta declaración hace cien años, la gente todavía viajaba a caballo y en calesa; la era del teléfono y de la electricidad apenas despertaba; no existía el transporte por avión, ni el correo electrónico, ni las máquinas de fax, ni el Internet. Ha habido una explosión de conocimiento secular. Creo que Dios ha abierto estos tesoros de inteligencia con el fin de realzar Sus propósitos en la tierra. El nuevo siglo traerá adelantos aún más extraordinarios a este tipo de tesoros. Seguir leyendo

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Las manos de los padres

Las manos de los padresLiahona Julio 1999
Elder Jeffrey R. Holland
del Quórum de los Doce Apóstoles

Jeffrey R. Holland“Seguramente, lo más grande de esas cosas [que se requerirá de los padres] será el haber hecho todo lo que pudieron para lograr la felicidad y la seguridad espiritual de los hijos que tienen que nutrir”.

En este fin de semana de Pascua, deseo agradecer no sólo al Señor Jesucristo resucitado, sino también a Su verdadero Padre, nuestro Padre espiritual y Dios, quien, por aceptar el sacrificio de Su Hijo primogénito y perfecto, bendijo a todos Sus hijos en aquellas horas de expiación y redención. Nunca como en la época de Pascua hay tanto significado en esa declaración de Juan el Amado, que elogia al Padre así como al Hijo:“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna” 1 .

Soy padre, uno inadecuado por cierto, pero no puedo comprender la angustia que debió haber sido para Dios, en Su cielo, presenciar el profundo sufrimiento y crucifixión de Su amado Hijo en tal forma. Todo Su impulso e instinto deben haber querido evitarlo, enviar ángeles para intervenir; pero El no intervino. Él soportó lo que vio porque era la única manera que un pago salvador y vicario podría llevarse a cabo por los pecados de todos Sus otros hijos desde Adán y Eva hasta el fin del mundo. Estoy eternamente agradecido por un Padre perfecto y Su Hijo perfecto, ninguno de los cuales pasó la amarga copa ni abandonó al resto de nosotros que somos imperfectos, que nos quedamos cortos y tropezamos, y que con demasiada frecuencia no hacemos lo señalado.

Al considerar la belleza de lo ocurrido entre Cristo y Su Padre en esa primera temporada de Pascua, se nos recuerda que la relación entre Ellos es uno de los temas más dulces y más emotivos que se manifiestan a través del ministerio del Salvador. El ser entero de Jesús, Su propósito y deleite totales se centraban en complacer a Su Padre y en obedecer Su voluntad. Parecía estar siempre pensando en Él; parecía estar siempre orando a Él. A diferencia de nosotros, Él no necesitaba una crisis, ni cambios desalentadores en los acontecimientos para dirigir Sus esperanzas hacia el cielo. El ya estaba, instintiva y ansiosamente, mirando hacia allá.

En todo Su ministerio terrenal parece que Cristo nunca tuvo ni un solo momento de vanidad o de interés propio. Cuando un joven trató de llamarlo“bueno”, El desvió el cumplido diciendo que sólo uno merecía tal alabanza: Su padre.

En los comienzos de Su ministerio, dijo con humildad:“No puedo yo hacer nada por mí mismo … no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre”’.

Luego de Sus enseñanzas, que asombraban a los que le escuchaban debido al poder y a la autoridad que encerraban, Él diría:“Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió… no he venido de mí mismo, pero el que me envió es verdadero” 3 . Más tarde, diría otra vez:“… yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar” 4 . Seguir leyendo

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Preparemos a nuestra familia para asistir al templo

Preparemos a nuestra familia para asistir al temploLiahona Julio 1999
Carol B. Thomas
Primera Consejera de la Presidencia General de los Mujeres Jóvenes

 Carol B. Thomas“Nuestro mayor desafío es el preparar a nuestra familia para asistir al templo. Los padres tienen la responsabilidad primordial, pero los abuelos, tíos, tías e incluso hermanos y hermanas, todos pueden enseñar a la familia”.

Hermanos y hermanas: creo que estoy feliz de estar aquí. Mi asignación en la presidencia de las Mujeres Jóvenes me coloca en muchas situaciones felices. Hace un mes, una sesión de capacitación me llevó a Guayaquil, Ecuador. Llegué al hotel después del anochecer. A la mañana siguiente abrí las cortinas y al otro lado del valle divisé un hermoso edificio de granito que se erguía majestuoso en las colinas de Santa Ana. Su belleza extraordinaria era evidente, pero al ver al ángel Moroni en lo alto, me di cuenta, con lágrimas en los ojos, que ahí estaba un templo, símbolo de las gloriosas bendiciones que recibirán los miembros de la Iglesia en esa parte del mundo.

“… estos templos son únicos entre todos los edificios; son … lugares de convenios y promesas; en sus altares nos arrodillamos ante Dios nuestro Creador y recibimos la promesa de sus bendiciones sempiternas” (“¿Cuál es el objeto de estos templos?”, Gordon B. Hinckley, Liahona, enero de 1975, pág. 14). A dondequiera que fuimos, encontramos templos en construcción, templos que edificarán a los santos de Dios y que cambiarán el perfil de las naciones, ya sea en Sudamérica o a través del mundo.

¿Fue hace sólo un año que nuestro amado profeta anunció la edificación de otros 32 templos? El presidente Gordon B. Hinckley ha dicho:“Ésta es la era más extraordinaria de construcción de templos en toda la historia del mundo” (Gordon B. Hinckley, Teachings of Gordon B. Hinckley, 1977, págs. 632-633).

Nuestro hijo menor, Spencer, que sirve una misión en Mongolia, decía en una carta que el presidente de misión se había dirigido a los misioneros y a los miembros en cuanto al deber que tenían de edificar la Iglesia en ese lugar.“Cuando el presidente Cox dio tiempo para responder a las preguntas, lo primero que preguntaron fue:‘¿Cuándo habrá un templo en Mongolia?’. Estas personas”, dijo Spencer,“tienen un vivo deseo de que el Evangelio juegue un papel más importante en sus vidas. Quieren tener un templo cuando ni siquiera tienen el Libro de Mormón”.

¿Y por qué toda esa atención a los templos? En palabras sencillas, el propósito de los templos es“redimir a toda la humanidad que sea obediente a las leyes y mandamientos de Dios. La plenitud del Evangelio se reveló a Adán … [Y] los santos de todas las épocas han tenido templos de una forma u otra” (David B. Haight,“La adoración en el templo”, Liahona, julio de 1993, pág. 27). Seguir leyendo

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La codicia, el egoísmo y los excesos

La codicia, el egoísmo y los excesosLiahona Julio 1999
Elder Joe J. Christensen
de la Presidencia de los Setenta

Joe J. Christensen“Confío en que literalmente seremos llamados a responder ante Dios con respecto a la forma en que hayamos usado los recursos para bendecir vidas y para edificar el reino”.

Se ha dicho que el Evangelio es para consolar al afligido y afligir al acomodado. Mi propósito hoy es hablar al acomodado: el rico, el pobre y todos los que nos encontramos entre esas dos categorías.

El Señor ha dicho:“¡Ay de vosotros, hombres ricos … porque vuestras riquezas corromperán vuestras almas …” Y también dijo:“¡Ay de vosotros los pobres, cuyos corazones no están quebrantados … cuyos ojos están llenos de codicia …” 1

Probablemente muchos de ustedes han escuchado esta pequeña oración que alguien escribió:

“Querido Dios:

“Hasta el momento todo ha marchado bien: no he chismeado, ni me he enojado, ni he codiciado, ni regañado, no he sido desagradable, ni egoísta, ni caprichoso. Pero en unos minutos, Señor, me voy a levantar de la cama y entonces seguramente voy a necesitar mucha más ayuda”.

Cuando se trata de superar la codicia, el egoísmo y los excesos, todos necesitamos mucha ayuda. En la forma franca de expresarse, el presidente Brigham Young dijo:“El mayor temor … que tengo sobre esta gente es que se harán ricos en este lugar, olvidarán a Dios y a Su pueblo, se volverán perezosos y se alejarán de la Iglesia … Mi mayor temor es que no puedan soportar la riqueza” 2 .

Nuestra prosperidad trae algunos desafíos reales porque muchos se están haciendo ricos, más de nosotros nos estamos volviendo perezosos, y como resultado de la codicia, del egoísmo y de los excesos podríamos perder el Espíritu y literalmente alejarnos de la Iglesia.

El dinero y las cosas materiales están en la mente de casi todos. Como escribió Morris Chalfant:“La gran [pregunta] en el siglo veinte es:‘¿Cómo puedo adquirir riquezas?’. Ninguna pregunta ocupa un lugar más prominente en la mente … y el corazón de … la gente hoy en día que ésta … Esto se aplica a los hombres de cualquier condición en la vida” 3 .

El dinero en sí no es maligno, pero como Pablo enseñó a Timoteo, la raíz de todos los males es el amor al dinero 4 . Hay algunas personas ricas que manejan muy bien su prosperidad utilizando sus recursos para bendecir a sus semejantes y para edificar el reino. Para muchas otras, sin embargo, la riqueza presenta grandes dificultades.

Al enfrentarnos al materialismo que nos amenaza, he aquí cuatro sugerencias que todos debemos considerar: Seguir leyendo

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