Enséñenles la palabra de Dios con toda diligencia

Enséñenles la palabra de Dios con toda diligenciaLiahona Julio 1999
Elder L. Tom Perry
del Quórum de los Doce Apóstoles

L. Tom Perry“Nuestra enseñanza será eficaz si la enfrentamos en forma humilde por medio de la oración y del estudio”.

El domingo por la mañana, el 9 de diciembre de 1849 a las 8 horas, cerca de 30 niños entre las edades de 8 a 13 años llegaron a una pequeña sala de clases que se había construido en una casa. Golpearon sus zapatos en el umbral de la puerta, se sacudieron la nieve de los abrigos y gorros y luego se sentaron en simples bancas. Quedaron a la espera de que comenzara la clase. Hacía frío y afuera nevaba, pero la chimenea irradiaba un resplandor cálido y amigable. Los ojos de Richard Ballantyne brillaban cuando pidió orden para empezar la Escuela Dominical. Dirigió a los niños y a las niñas en un himno y luego dio una ferviente oración en voz baja dedicando ese cuarto de su hogar para enseñar el Evangelio de Jesucristo a los niños. Su voz era sonora y sus palabras fluían, como sucede cuando se emiten con reverencia y emoción. Así fue como se fundó la primera Escuela Dominical en el Valle del Lago Salado.

El organizar una Escuela Dominical no era ajeno para él, ya que lo había hecho en su nativa Escocia en la Iglesia Presbiteriana del Socorro, de la cual era miembro activo. Era su naturaleza tener el gran deseo de educar gente joven en el conocimiento del Evangelio. Había sido criado en un hogar en donde a su padre le gustaba repetir de memoria capítulos enteros de la Biblia y luego recitarlos a sus hijos. Era un hogar en donde no se tomaban ni siquiera un sorbo de agua sin antes quitarse el sombrero y dar gracias, como también era la costumbre hacerlo antes de comer.

Corrían rumores en los alrededores de su hogar en Escocia de que se había levantado un nuevo profeta en América. Al principio Richard prestó poca atención a esos rumores, pero a medida que sus dudas religiosas se fueron haciendo más desconcertantes, abiertamente buscó más luz y conocimiento. En el año 1841, el élder Orson Pratt fue a Edimburgo. Richard escuchó su mensaje e investigó la Iglesia durante un año; finalmente se convirtió y fue bautizado en el Mar del Norte. Él dijo:“Estaba tan convencido de que José Smith era un profeta y de que el Libro de Mormón era la palabra de Dios, y de que si no lo aceptaba sería maldecido”. Como fue el caso de muchos de esos primeros conversos a la Iglesia, él vendió su negocio y emigró a los Estados Unidos, llevando consigo a su madre y a algunos de sus hermanos y hermanas. Llegaron a Nauvoo el 11 de noviembre de 1843, en una época en que había gran tumulto en la ciudad. Finalmente abandonaron Illinois e hicieron el viaje a Winter Quarters. Allí se casó y al poco tiempo hizo los preparativos para la larga jornada hacia el oeste. Llegaron al Valle del Lago Salado en septiembre de 1848 y comenzó de inmediato a construir una casa. Fue en esa casa en donde se llevó a cabo la primera Escuela Dominical en el valle. Cuando se construyó la capilla, el antiguo barrio 14, la Escuela Dominical se trasladó al nuevo centro de reuniones. Seguir leyendo

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La Obra Sigue Adelante

La Obra Sigue AdelanteLiahona Julio 1999
Presidente Gordon B. Hinckley

Gordon B. Hinckley“La Iglesia sigue adelante en su misión designada, en el rumbo de su destino señalado”.

¡Bienvenidos a la conferencia!

Otra vez les damos la bienvenida, hermanos y hermanas, a esta gran conferencia mundial. Los seis meses que transcurren entre cada conferencia solían parecer un largo tiempo; ahora parecen pasar con increíble rapidez. Estamos reunidos de nuevo como una gran familia, con más de diez millones de miembros, para escuchar y aprender de aquellos que han sido llamados para dirigir, para renovar nuestra fe y fortificar nuestra determinación de vivir mejor, y para convivir en una agradable sociabilidad.

Somos una gente feliz y bendecida que trabaja para edificar la causa y el reino de Dios sobre la tierra. No obstante nuestra raza o nacionalidad, seamos pobres o ricos, viejos o jóvenes, nos reunimos para compartir nuestro testimonio común del Señor en cuyo nombre adoramos.

Me complace informar que la Iglesia está en buenas condiciones. La obra continúa progresando; hablaré de dos o tres aspectos.

En la actualidad tenemos aproximadamente sesenta mil misioneros. Para julio, habrá 333 misiones. Estamos tratando de cumplir el mandato del Señor cuando dijo:“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28:19).

Además, hay 137.629 voluntarios y misioneros que se dedican a actividades no proselitistas. Ellos, por lo general, son personas maduras que contribuyen su tiempo y talentos, sin recibir compensación de ninguna clase, pero que tienen un gran amor por la obra del reino. La contribución unida de todos ellos equivale al trabajo de 15.174 empleados de jornada completa con una planilla de salarios de $531 millones de dólares. ¡Qué cosa tan extraordinaria!

Nuestra obra de historia familiar sigue adelante con ímpetu cada vez mayor. En todas partes las personas sienten un vivo interés por conocer sus raíces. Con el transcurso de los años, todo esto llevará al cumplimiento del gran propósito para el cual se lleva a cabo esta obra. El corazón de los hijos se está volviendo a los padres, para que los propósitos del Señor se puedan cumplir.

Estamos construyendo templos en una escala jamás vista, con el fin de llevar adelante esta obra a su destino final. Desde octubre pasado hemos dedicado templos en Anchorage, Alaska; Colonia Juárez, México; y Madrid, España. Se espera que dedicaremos catorce más durante lo que resta de este año.

Es una empresa formidable que conlleva muchos problemas, pero no importa las dificultades, las cosas se solucionan y tengo la plena seguridad de que lograren os nuestra meta.

Estamos construyendo un gran número de centros de reuniones con el fin de satisfacer las necesidades de nuestra gente. Hay un antiguo proverbio que dice que no hay mal que por bien no venga. Las dificultades económicas que se han presentado en Asia y en otras partes del mundo han causado una baja en los precios de bienes raíces, lo que nos ha facilitado la adquisición de sitios de construcción a costes más bajos.

En muchas áreas de la Iglesia ha aumentado la asistencia a la reunión sacramental, y el nivel de actividad va en aumento.

Menciono esto simplemente para señalar el robusto crecimiento de la obra por todo el mundo.

Tenemos la tendencia a hablar de cifras mayores tales como el número total de miembros de la Iglesia, pero nunca debemos olvidar que todos somos personas que tenemos nuestras propias necesidades y problemas, nuestras propias esperanzas y sueños, nuestra propia fe y convicciones. Algunos son fuertes mientras que otros son débiles; pero todos nos esforzamos. Todos enfrentamos problemas; éstos son graves y difíciles. Nos necesitamos el uno al otro para edificarnos y fortalecernos mutuamente. Nunca debemos olvidar el hecho de que debemos“[socorrer] a los débiles, [levantar] las manos caídas y [fortalecer] las rodillas debilitadas” (D. y C. 81:5).

Jamás debemos olvidar que vivimos en un mundo de gran diversidad. Los pueblos de la tierra son todos hijos de nuestro Padre, y son de innumerables y diversas creencias religiosas. Debemos cultivar la tolerancia, la estimación y el respeto mutuos. Tenemos diferencias de doctrina, pero esto no debe crear hostilidades de ninguna clase o una actitud de superioridad.

En este momento nuestros corazones están con la gente de Kosovo, que ha sido tratada en forma tan atroz. Es difícil comprender cómo es que aquellos que dicen ser cristianos pueden actuar de una forma tan cruel hacia las personas que son de otra fe. Estoy agradecido de que estamos haciendo llegar asistencia humanitaria a las víctimas de estas atrocidades.

Me complace informar que a la Iglesia se le conoce y se le comprende mejor. Por lo general, los medios de difusión nos han tratado con gentileza; nos han tratado con honradez. Naturalmente, hay excepciones, cosa que lamentamos. Las antiguas imágenes del pasado continúan saliendo a relucir por parte de aquellos que se ocupan del sensacionalismo y de la explotación. Pero las imágenes de la televisión se desvanecen casi de inmediato con la enorme cantidad de información que se proporciona. El periódico de ayer pronto pasa al olvido. Mientras tanto, la Iglesia sigue adelante en su misión designada, en el rumbo de su destino señalado.

Trabajaremos juntos con paciencia, sin perder de vista la gran misión que nos encomendó el Señor, que es nuestro líder, y cuya Iglesia ésta es.

Ahora les invito a escuchar a las Autoridades Generales y a las hermanas. Todos los que toman la palabra sienten la responsabilidad de esta tarea. Se han ofrecido muchas oraciones y se han puesto muchos esfuerzos para lo que se habrá de decir. Que nuestra fe sea fortalecida en estos puntos más básicos pero a la vez más importantes de nuestra doctrina y nuestra práctica como miembros de esta gran Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días, lo ruego humildemente en el nombre de Jesucristo. Amén.

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Ser felices para siempre

Conferencia General Abril 2010LI_2010_05
Ser felices para siempre
Por el presidente Dieter F. Uchtdorf
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Dieter F. UchtdorfNuestro Padre Celestial les ofrece el don más grande de todos, la vida eterna, y la oportunidad e infinita bendición de tener sus propios “felices para siempre”.

Mis queridas jóvenes hermanas alrededor del mundo, me siento agradecido y honrado por estar hoy con ustedes. El presidente Monson y todos los líderes de la Iglesia las aman; oramos por ustedes y nos regocijamos en su fidelidad.

A lo largo de los años, he estado expuesto a muchos idiomas hermosos: cada uno de ellos es fascinante y extraordinario; cada uno tiene su encanto especial; pero sin importar cuán diferentes sean esos idiomas, suelen tener cosas en común. Por ejemplo, en la mayoría de los idiomas existe una frase, tan mágica y prometedora como quizá ninguna otra en el mundo. Esa frase es: “Érase una vez”.

¿No son esas palabras maravillosas para comenzar un relato? “Érase una vez” nos promete algo: un relato de aventura y romance, un relato de príncipes y princesas. Puede incluir historias de valor, esperanza y amor eterno; en muchos de esos relatos, lo agradable vence a lo desagradable, y el bien vence al mal. Pero quizá, más que nada, me gusta cuando llegamos a la última página, miramos las últimas líneas y vemos las encantadoras palabras “y vivieron felices para siempre”.

¿Acaso no es eso lo que todos deseamos: ser los héroes y las heroínas de nuestro propio relato, triunfar sobre la adversidad; experimentar la vida en toda su hermosura; y, finalmente, vivir felices para siempre?

Hoy quiero que presten atención a algo muy significativo, sumamente extraordinario. En la primera página de su libro del Progreso Personal de las Mujeres Jóvenes encontrarán estas palabras: “Eres una hija amada de nuestro Padre Celestial, preparada para venir a la tierra en esta época precisa para un propósito sagrado y glorioso”1.

¡Hermanas, esas palabras son verdaderas! ¡No son el invento de un cuento de hadas! ¿No es extraordinario saber que nuestro Padre Eterno las conoce a ustedes, las escucha, vela por ustedes y las ama con un amor infinito? De hecho, Su amor por ustedes es tan grande que Él les ha concedido esta vida terrenal como un precioso obsequio de “Érase una vez” lleno de su propio y real relato de aventuras, pruebas y oportunidades de grandeza, nobleza, valor y amor; y lo más glorioso de todo: Él les ofrece un don invalorable que supera precio y comprensión. Nuestro Padre Celestial les ofrece el don más grande de todos, la vida eterna, y la oportunidad e infinita bendición de tener sus propios “felices para siempre”.

Pero dicha bendición no viene sin un precio; no se da simplemente porque ustedes la deseen. Viene solamente al entender quiénes son y qué deben llegar a ser a fin de ser dignas de ese don. Seguir leyendo

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Recuerden quiénes son!

Conferencia General Abril 2010LI_2010_05
¡Recuerden quiénes son!
Por Elaine S. Dalton
Presidenta General de las Mujeres Jóvenes

Sister Elaine S. DaltonNo hay nada más bello que una mujer joven que, como resultado de ser virtuosa, resplandece con la luz del Espíritu, se siente segura de sí misma y es valiente.

Somos hijas de nuestro Padre Celestial; Él nos ama y nosotras lo amamos a Él1. Me siento humilde y agradecida de estar en la presencia de ustedes. El Señor me ha bendecido con un claro entendimiento de quiénes son y la razón por la que están en la tierra en esta época. El Señor las ama y sé que ustedes lo aman a Él; lo veo en su rostro, en su modestia, en su deseo de escoger lo correcto y en su cometido de permanecer virtuosas y puras.

Juntas hemos compartido muchos momentos especiales y espirituales. Hemos expresado nuestro testimonio alrededor de hogueras de campamento, en capillas y en charlas fogoneras. Hemos sido reconfortadas por el fuego de nuestra fe. Hemos escalado montañas y desplegado estandartes dorados —desde Brasil hasta Bountiful— expresando el cometido en lo profundo de nuestro corazón de permanecer virtuosas y de ser siempre dignas de entrar en el templo. Hemos orado, leído el Libro de Mormón y sonreído cada día y, junto con nuestras madres, abuelas y líderes, estamos trabajando en nuestro Progreso Personal. ¡Y apenas comenzamos!

Ésta es una época maravillosa para estar en la tierra y ser una mujer joven. Nuestra visión sigue siendo la misma; es la de ser dignas de hacer y cumplir convenios sagrados y recibir las ordenanzas del templo. ¡Ésa es nuestra meta excepcional! Por lo tanto, seguiremos guiando al mundo en el regreso a la virtud: el regreso a la castidad y a la pureza moral. Seguiremos haciendo todo lo que esté a nuestro alcance por ayudarnos unas a otras a “[permanecer] en lugares santos”2 y a recibir el Espíritu Santo, reconocerlo y confiar en él.

Seguiremos hablando de Cristo y regocijándonos en Cristo, para que cada una de nosotras sepa a qué fuente hemos de acudir para la remisión de nuestros pecados3. Y sí, seguiremos firmes a pesar de las tormentas que rugirán a nuestro alrededor, porque sabemos y testificamos que “…es sobre la roca de nuestro Redentor, el cual es Cristo, el Hijo de Dios, que [debemos] establecer [nuestro] fundamento… un fundamento sobre el cual, si [edificamos], no [caeremos]”4. Seguir leyendo

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Nunca, nunca, nunca se den por vencidas!

Conferencia General Abril 2010LI_2010_05
¡Nunca, nunca, nunca se den por vencidas!
Por Mary N. Cook
Primera Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes

Mary N. Cook¿Qué es lo que el Señor desea que hagan? Quiere que cada una sea una hija de Dios valiente y virtuosa, dedicada a vivir diariamente de tal manera que sea digna de recibir las bendiciones del templo.

El pasado agosto llevamos a algunos de nuestros nietos al monumento nacional Timpanogos Cave, uno de los paseos más populares de Utah. Para llegar a la cueva hay que emprender una extenuante caminata de casi dos kilómetros y medio, pero bien vale la pena el esfuerzo para contemplar las formaciones en espiral de la cueva. Yo estaba segura de que Ruthie, de nueve años, no tendría muchas dificultades, pero me preguntaba si Caroline, de seis, tendría la fortaleza y la resistencia para llegar hasta el final.

Todos estábamos muy entusiasmados por empezar la caminata y, al principio, avanzábamos rápidamente por el sendero pavimentado. Llegamos rápido a la cuarta parte del camino, pero nos llevó más tiempo llegar hasta la mitad. Caroline comenzó a desanimarse. Ruthie iba bien y alentaba a Caroline para que continuara. Aminoramos la marcha para que Caroline pudiera seguirnos el ritmo. De repente, parecía que todo salía mal: se levantó un viento fuerte y el polvo no nos permitía ver. La situación era un tanto inquietante y, como si eso fuera poco, nos encontramos con un letrero que decía: “Víboras de cascabel. No se aparte del sendero. Permanezca en un lugar seguro”.

Seguimos caminando trabajosamente hasta completar las tres cuartas partes del camino, pero todavía nos faltaba la porción más empinada de la montaña. Cansada, asustada y dudando de su capacidad, Caroline se sentó y, entre lágrimas, dijo: “¡Me doy por vencida! ¡No puedo dar un paso más!”.

Nos sentamos y hablamos acerca de qué debíamos hacer. Ideamos un plan: decidimos contar los pasos y ver cómo nos sentíamos después de llegar a cien. Ruthie y yo le aseguramos a Caroline que la ayudaríamos. Nos propusimos buscar algo en el camino que nos hiciera felices y compartir lo que descubriéramos; incluso cantamos algunas canciones de la Primaria.

La situación cambió. Caroline decidió seguir el plan. Los cien pasos convirtieron una tarea que parecía imposible en algo factible. Caroline sabía que la ayudaríamos y, al buscar las cosas buenas que nos rodeaban y entonar canciones, nos sentimos más felices.

¿Alguna vez se han sentido asustadas y desanimadas al enfrentarse con un desafío cuya solución parecía superar su capacidad? ¿Alguna vez han querido darse por vencidas?

Imagínense cómo se habrá sentido Josué, el sucesor del gran profeta Moisés, al saber que tenía que conducir a los hijos de Israel a la tierra prometida. Estoy segura de que hubo momentos en que deseó darse por vencido. Pero el Señor lo reconfortó recordándole tres veces que se esforzara y fuese valiente (véase Josué 1:6–9). Con fe en que Dios estaría con ellos, los hijos de Israel se comprometieron: “…haremos todas las cosas que nos has mandado” (Josué 1:16). Seguir leyendo

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Sé valiente

Conferencia General Abril 2010LI_2010_05
Sé valiente
Por Ann M. Dibb
Segunda Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes

Ann M. Dibb[Las] pautas del libro de Josué se combinarán para brindarnos la más potente fuente de valor y fortaleza que existe: la fe en nuestro Padre Celestial y en Su Hijo Jesucristo.

Muchas veces, cuando las Autoridades Generales se dirigen a los hermanos del sacerdocio en la conferencia general, comienzan diciendo que sienten que se están dirigiendo a un “gran ejército” de poderosos líderes del sacerdocio. Esta noche, siento que estoy frente a un “gran ejército” de hijas escogidas de Dios. Ustedes han sido escogidas para ir hacia adelante al lado de esos valientes poseedores del sacerdocio, en rectitud en estos últimos días. Son una vista imponente y hermosa.

Me gustaría comenzar esta tarde con un repaso breve del contexto histórico de nuestro lema, Josué 1:9: “…[esfuérzate y sé] valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo dondequiera que vayas”.

Moisés fue el gran profeta que sacó a los hijos de Israel de la tierra de Egipto, donde habían sido esclavos y habían sido inducidos a adorar a dioses falsos. Después de 40 años de privaciones en el desierto, estaban ya muy cerca de su nuevo hogar, donde serían libres para adorar al Dios verdadero y viviente. Tras la muerte de Moisés, Josué fue llamado por Dios para ser el profeta que finalizaría ese milagroso trayecto.

Josué era un líder de mucha influencia. En el Diccionario Bíblico, en inglés, se lo define como “la clase más alta del guerrero devoto” e indica que su nombre significa “Dios es ayuda” (Diccionario Bíblico en inglés, “Joshua”). Su liderazgo inspirado fue muy necesario, ya que aún había muchos ríos que cruzar y batallas que ganar antes de que pudieran realizar y obtener todo lo que el Señor había prometido a los hijos de Israel.

El Señor sabía que el profeta Josué y los hijos de Israel tendrían que ser muy valientes en esa época. En el primer capítulo del libro de Josué, el Señor le dice varias veces que se esfuerce y que sea valiente. La palabra “valor” se define como “fuerza mental o moral para …perseverar y resistir el peligro, el temor o las dificultades” (Merriam-Webster’s Collegiate Dictionary, decimoprimera edición, 2003, “courage”, cursiva agregada). Mediante el valor y la obediencia, Josué y los hijos de Israel pudieron entrar a la tierra prometida y hallar felicidad en las bendiciones del Señor. Seguir leyendo

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Dime la historia de Cristo

Conferencia General Abril 2010

Dime la historia de Cristo

Neil L. AndersenPor el élder Neil L. Andersen
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Una fe personal más firme en Jesucristo… preparará [a sus hijos] para los retos que sin duda enfrentarán.

Cuando a alguien se le asigna hablar al final de la última sesión de la conferencia general, escucha cada palabra, pensando qué partes del discurso que ha preparado se mencionarán antes de que le toque el turno. No se asignan temas ni se llega a acuerdos sobre dichos temas. La manera del Señor, naturalmente, es siempre la mejor. Él toma los esfuerzos personales y devotos de cada orador y compone una sinfonía espiritual llena de revelación y poder. Los temas que se repiten, los principios que se edifican los unos sobre los otros, las amonestaciones proféticas y las promesas edificantes: ¡la divina armonía es un milagro! Testifico que en esta conferencia hemos escuchado y hemos sentido la mente y la voluntad del Señor.

El presidente Monson ha descrito a los de la nueva generación como “los mejores que [hemos] tenido”1, y ha dicho a nuestros jóvenes: “Ustedes han venido a esta tierra en una época gloriosa. Las oportunidades que tienen por delante son casi ilimitadas”2. Pero también advirtió: “Se nos ha mandado a la tierra en tiempos difíciles”3. “Es una época de permisividad, en que la sociedad en general no tiene en cuenta las leyes de Dios y las quebranta de manera habitual”4. Estamos rodeados de muchísimas cosas cuya finalidad es distraernos. “El adversario se vale de todo medio posible para atraparnos en su red de engaños”5.

Sostenemos en nuestros brazos a los integrantes de la nueva generación; vienen a esta tierra con responsabilidades importantes y con grandes capacidades espirituales. No podemos tomar una actitud despreocupada en la forma de prepararlos. Nuestro reto, como padres y maestros, no es crear un núcleo espiritual en el alma de ellos, sino avivar la llama del núcleo espiritual que ya arde con el fuego de su fe premortal.

Esta tarde deseo recalcar el ruego de un niño en una canción de la Primaria:

Dime la historia de Cristo, hazme sentir
cosas que yo de sus labios quisiera oír6.
En nuestro mundo actual, todo niño, todo hombre joven y toda mujer joven necesitan su propia conversión a la verdad. Cada uno precisa su propia luz, su propia fe “firme e inamovible”7 en el Señor Jesucristo, independientemente de los padres, de los líderes de la juventud y de los amigos que lo sostienen.

Las historias de Cristo pueden ser como un viento que aviva las brasas de fe en el corazón de nuestros hijos y nuestras hijas. Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad y la vida”8. Los relatos sobre Cristo repetidos una y otra vez promueven la fe en el Señor Jesucristo y fortalecen los cimientos del testimonio. ¿Se les ocurre un regalo de más valor para nuestros hijos? Seguir leyendo

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Cosas concernientes a la rectitud

Conferencia General Abril 2010LI_2010_05
Cosas concernientes a la rectitud
Por el élder Francisco J. Viñas
De los Setenta

Francisco J. ViñasLos padres y líderes debemos velar por nuestros miembros y nuestras familias para ayudarles a mantenerse alejados de lo que podría conducirlos a una muerte espiritual.

Se nos dice en Doctrina y Convenios que después del testimonio de los siervos de Dios, vendrá el testimonio de terremotos y el testimonio de otros acontecimientos. “Y todas las cosas estarán en conmoción; y de cierto, desfallecerá el corazón de los hombres, porque el temor vendrá sobre todo pueblo” (D. y C. 88:91; véanse también los versículos 88–90).

Como miembro de la presidencia del Área Caribe, fui testigo personal de cómo los fieles santos cambiaron el temor por la fe. Las lecciones aprendidas en Haití se pueden comparar a ejemplos del Libro de Mormón.

La impresión de esa terrible destrucción me trajo a la mente las palabras del capítulo veintiocho de Alma: “…fue un tiempo en que se oyó gran llanto y lamentación por toda la tierra” (Alma 28:4).

Cuarenta y dos miembros perdieron la vida, mientras que sus familias y amigos “lamentan por cierto la pérdida de sus parientes; no obstante, se regocijan y se alegran en la esperanza, y aun saben, según las promesas del Señor, que serán levantados para morar a la diestra de Dios, en un estado de felicidad perpetua” (Alma 28:12).

La Iglesia envió ayuda inmediata a miembros y no miembros, la cual se distribuyó bajo la dirección de los líderes locales del sacerdocio y de la Sociedad de Socorro. No sólo recibieron asistencia médica, alimentos, agua y otros artículos básicos, sino que también obtuvieron consejo, guía y consuelo de sus líderes locales. Tienen el apoyo de los miembros de la Iglesia de todo el mundo que “[lloran] con los que lloran; sí, y… [consuelan] a los que necesitan de consuelo” (Mosíah 18:9).

Diversos profetas de diferentes épocas nos advirtieron de otra tragedia que es menos perceptible, pero no menos importante, y es la “terrible muerte [que] sobreviene a los inicuos; porque mueren en cuanto a las cosas concernientes a la rectitud; pues son impuros, y nada impuro puede heredar el reino de Dios” (Alma 40:26).

Nefi enseñó este principio a sus hermanos cuando les dijo que los que “morían en su iniquidad, tendrían que ser desechados también, con respecto a las cosas que son espirituales, las cuales se relacionan con la rectitud” (1 Nefi 15:33).

El profeta Samuel el Lamanita enseñó que “el que no se arrepienta será talado y echado en el fuego; y viene otra vez sobre ellos una muerte espiritual; sí, una segunda muerte, porque quedan nuevamente separados de las cosas que conciernen a la justicia” (Helamán 14:18).

La tragedia de morir en cuanto a las cosas que son espirituales tiene un mayor impacto para los que “[han] sido [iluminados] por el Espíritu de Dios, y [han] poseído un gran conocimiento de las cosas concernientes a la rectitud, y entonces [caen] en el pecado y la transgresión[;] [llegan] a ser más [empedernidos], y así su condición es peor que si nunca [hubiesen] conocido estas cosas” (Alma 24:30). Seguir leyendo

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Cultivar el buen discernimiento y no juzgar a los demás

Conferencia General Abril 2010LI_2010_05
Cultivar el buen discernimiento y no juzgar a los demás
Por el élder Gregory A. Schwitzer
De los Setenta

Gregory A. SchwitzerSe necesita buen discernimiento no sólo para comprender a las personas, sino también para enfrentarnos con decisiones que muchas veces nos acercan a nuestro Padre Celestial o nos alejan de Él.

Vivimos en un mundo en el que muchas situaciones requieren que emitamos juicios; esto no siempre es cosa sencilla. Sin embargo, el Salvador dio el mandamiento de “no juzg[ar]”1 a nuestros semejantes. ¿Cómo podemos lograrlo y aún así ejercer el buen juicio en un mundo lleno de engaño y corrupción? Debemos juzgar bien al tomar decisiones críticas en cada etapa de nuestra vida, como escoger amigos, encontrar un compañero eterno o elegir una ocupación que nos permita cuidar de nuestra familia y servir al Señor. A pesar de que el Señor nos ha pedido que no juzguemos a los demás, espera que hagamos uso de un excelente discernimiento.

Quizá a veces juzgamos rápidamente a las personas, lo cual puede cambiar o redefinir nuestra relación con ellas. Con frecuencia se emiten juicios incorrectos porque contamos con información limitada o porque no vemos más allá de lo que está inmediatamente frente a nosotros.

Como ejemplo, a menudo se cuenta la historia de la ocasión en que Jesús visitó la casa de María y de Marta, que vivían en Betania con su hermano Lázaro. Era un lugar grato para el Maestro, donde podía descansar y disfrutar del entorno de un hogar recto. Durante una de Sus visitas, Marta estaba ocupada preparando la comida y María decidió sentarse a los pies del Maestro para ser instruida por Él.

“Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres; y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola?

“Pero respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas.

“Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada”2.

Se han dado muchas lecciones dominicales haciendo uso de este relato que muestra a Marta en una condición menor en cuanto a su fe. Pero hay otro relato de esta gran mujer, Marta, que nos da una perspectiva más profunda de su comprensión y su testimonio. Ocurrió cuando el Salvador llegó para resucitar a su hermano Lázaro de entre los muertos. En esta ocasión fue Marta quien acudió a Jesús “cuando oyó” que Él venía. Al encontrarse con Él, le dijo que “sabía” que “todo lo que le [pidiera] a Dios, Dios [se] lo [daría]”.

Cristo entonces compartió con Marta la gran doctrina de la resurrección diciendo:

“Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

“Y todo aquel que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto?”.

Ella respondió con su fuerte testimonio: “Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo”3.

¿Cuántas veces, incorrectamente, hemos juzgado a Marta como una persona que se preocupaba más por los deberes que por el Espíritu? Sin embargo, su testimonio durante la prueba de la muerte de su hermano muestra claramente la profundidad de su entendimiento y de su fe.

Más de una hermana ha escuchado el primer relato y se ha preguntado si es una María o una Marta, pero la verdad radica en conocer a la persona y en ejercer buen discernimiento. Al aprender más en cuanto a Marta, nos damos cuenta de que en realidad era una persona de carácter profundamente espiritual, que tenía un testimonio audaz y osado de la misión del Salvador y de Su poder divino sobre la vida. El juzgar incorrectamente a Marta quizá nos haya llevado a no conocer la verdadera naturaleza de esta maravillosa mujer. Seguir leyendo

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Todas las cosas obrarán juntamente para su bien

Conferencia General Abril 2010LI_2010_05
Todas las cosas obrarán juntamente para su bien
Por el élder James B. Martino
De los Setenta

James B. MartinoQuizá en esta vida nunca sepamos por qué tenemos que pasar por ciertas circunstancias, pero podemos estar seguros de que podremos crecer gracias a la experiencia.

Cuando era joven, todos los años esperaba la llegada de la primavera. Cuando se iba el frío, ya estaba listo para jugar al béisbol. Como la mayoría de los niños, hubiera deseado convertirme en un gran jugador de béisbol. Acude a mi memoria la historia de un niño con sueños parecidos. Con el deseo de convertirse en la nueva estrella del béisbol, decidió salir a practicar. Tomó la pelota con una mano, el bate con la otra y lanzó la pelota al aire. Con la intención de enviarla lo más lejos posible, la lanzó muy fuerte, pero la pelota cayó al suelo sin siquiera rozar la madera del bate. No conforme con el fracaso, volvió a intentarlo. Mientras se disponía a lanzar la pelota al aire, su determinación aumentó al imaginarse un fuertísimo golpe, pero, desafortunadamente, el resultado fue el mismo: la pelota cayó al suelo. No obstante, como todo buen jugador de béisbol sabe, se pueden hacer tres intentos antes de perder el turno. Se concentró aún más, tiró la pelota al aire y la lanzó de la forma más potente que jamás había intentado. Cuando la pelota cayó al suelo una vez más, los ojos comenzaron a llenársele de lágrimas. Entonces, de repente le surgió una gran sonrisa y dijo en voz alta: “¡Qué gran lanzador!”.

Cada uno de nosotros afrontará pruebas y retos y, como sucedió en este sencillo ejemplo, lo que determinará nuestro éxito y nuestra felicidad es la forma en que reaccionemos ante dichas dificultades. Cada uno de nosotros pasará adversidades, sin importar dónde nos encontremos. En las Escrituras se nos enseña que “es preciso que haya una oposición en todas las cosas”1. Cada uno de nosotros afrontará momentos de dificultad, y lo importante no es cuándo los enfrentaremos, sino cómo lo haremos.

El apóstol Pablo enseñó una lección interesante sólo unos años antes de que los santos de Roma sufrieran una de las persecuciones más violentas de toda la era cristiana. Pablo les recordó a los santos que “para los que aman a Dios, todas las cosas obrarán juntamente para su bien”2. Nuestro Padre Celestial, quien nos ama de manera completa y perfecta, deja que tengamos experiencias que nos permitan desarrollar las características y los atributos que necesitamos para ser cada vez más parecidos a Cristo. Nuestras pruebas tienen muchas formas diferentes, pero cada una nos permitirá llegar a ser cada vez más parecidos al Salvador en la medida en que aprendamos a reconocer las cosas buenas que surgen de cada experiencia. Al comprender esta doctrina, podemos adquirir mayor certeza del amor de nuestro Padre. Quizá en esta vida nunca sepamos por qué tenemos que pasar por ciertas circunstancias, pero podemos estar seguros de que podremos crecer gracias a la experiencia.

Ahora bien, soy consciente de que es mucho más fácil mirar hacia atrás cuando ya ha terminado la prueba y ver qué hemos aprendido de nuestra experiencia; pero el desafío es obtener una perspectiva eterna mientras estamos en medio de las pruebas. A algunas personas les puede parecer que las pruebas por las que nosotros pasamos no son grandes, pero para cada uno de los que enfrentamos esas pruebas, son reales y requieren que nos humillemos ante Dios y aprendamos de Él.

En este domingo de Pascua de Resurrección, recordamos la vida de nuestro Salvador. Es a Él a quien deseamos emular en todos nuestros actos. Permítanme mencionar cinco cosas que podemos aprender de las últimas horas de la vida del Salvador en la tierra, que pueden ayudarnos a afrontar nuestras propias pruebas. Seguir leyendo

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Mamá me lo dijo

Conferencia General Abril 2010LI_2010_05
Mamá me lo dijo
Por el élder Bradley D. Foster
De los Setenta

Bradley D. FosterQuizás la razón por la que respondemos de un modo tan universal al amor de nuestra madre sea porque éste representa el amor de nuestro Salvador.

El Señor ha dado a los padres la responsabilidad primordial de la nutrición espiritual de sus hijos. A veces esta responsabilidad recae sobre uno de los padres. Mi propia madre era relativamente joven cuando mi padre murió, dejándola sola con cuatro hijos. Sin embargo, ella afrontó su adversidad con fe y valor, prometiéndonos que si permanecíamos en la senda de la verdad, el final sería mejor que el principio. Al igual que los hijos de madres valientes del Libro de Mormón, “No dudábamos que nuestra madre lo sabía” (véase Alma 56:48). Hermanos y hermanas, comprendo de manera personal la gran influencia de las madres.

Mi buen amigo, Don Pearson, compartió una experiencia que destaca esa influencia. Una noche, su hijo de cuatro años, le pidió que le leyera un cuento antes de dormirse. Eric había escogido su libro preferido en cuanto a las aventuras de la familia de un puerquito que vivía en las islas del mar y viajaban de isla a isla en un globo de aire caliente. Era un libro de ilustraciones sin texto, así que el hermano Pearson inventaba las palabras del cuento.

“El puerquito está en un globo de aire caliente; está a punto de aterrizar en una isla; está dejando caer un cable por el costado del globo”.

Eric lo interrumpió. “Papá, no es un cable”, le dijo, “es una cuerda”.

El hermano Pearson miró a Eric y luego otra vez al libro ilustrado y siguió adelante: “El puerquito se está saliendo del globo y bajando del árbol. ¡Ay, no! ¡Se le enganchó el abrigo en una rama!”.

Nuevamente Eric lo detuvo. “Papá, no es un abrigo; es una chaqueta”.

A esta altura, el hermano Pearson estaba algo perplejo, le dijo: “Eric, en este libro no hay palabras, sólo dibujos. ¿Por qué insistes en que es una chaqueta?”

Eric respondió: “Porque mamá me lo dijo”.

Su padre cerró el libro y dijo: “Eric, ¿quién crees que tiene la última palabra y la autoridad máxima en esta casa?”.

Esta vez Eric pensó con detenimiento antes de contestar: “Tú, papá”.

El hermano Pearson le sonrió complacido. ¡Qué respuesta excepcional! “¿Cómo lo supiste?”.

Eric respondió rápidamente: “Mamá me lo dijo”.

Como dijo el presidente James E. Faust: “No existe un bien mayor en la tierra que el que proviene de la maternidad. La influencia de una madre en la vida de sus hijos es incalculable” (Liahona, julio de 1993, pág. 41). Seguir leyendo

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Nuestro deber a Dios: La misión de padres y líderes para con la nueva generación

Conferencia General Abril 2010LI_2010_05
Nuestro deber a Dios: La misión de padres y líderes para con la nueva generación
Por el élder Robert D. Hales
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Robert D. HalesEs nuestro deber imperioso ayudar a los jóvenes a comprender y creer el Evangelio de una forma profundamente personal.

Esta tarde deseo alentar a los padres y a todos los que han sido llamados a orientar y a servir a la juventud de este mundo. El Señor reveló a José Smith que tenemos “…una obligación imperiosa… para con la generación que va creciendo” (D. y C. 123:11).

En el transcurso de mi vida como padre y abuelo, he meditado en la pregunta: ¿Cuál es mi deber a Dios con relación a los jóvenes? Quisiera compartir con ustedes algo de lo que he aprendido por medio de la reflexión y el testimonio.

Para todos nosotros, el cumplir nuestro deber a Dios como padres y líderes empieza por guiar mediante el ejemplo, o sea, vivir los principios del Evangelio con constancia y dedicación en casa, lo cual requiere determinación y diligencia diarias.

Para los jóvenes, no hay nada mejor que vernos vivir el Evangelio en la vida diaria. Los jóvenes guerreros no tuvieron que preguntarse lo que sus padres creían. Ellos dijeron: “No dudamos que nuestras madres lo sabían” (véase Alma 56:47–48). ¿Están enterados nuestros hijos de lo que nosotros sabemos?

Una vez uno de mis nietos me pidió que lo acompañara a ver una película popular que no era apropiada. Le dije que yo no tenía edad para verla. Quedó desconcertado hasta que su abuela le explicó que la clasificación de las películas según la edad de la persona no se aplicaba al abuelo. Entonces él vino y me dijo: “Ya entiendo, abuelo. Nunca vas a tener la edad para ver esa película, ¿verdad?”. ¡Y tenía razón!

Además de mostrar a los jóvenes la senda por medio del ejemplo, los guiamos al comprender su corazón y al caminar a su lado en el sendero del Evangelio. Para realmente comprender su corazón, debemos hacer mucho más que sólo estar en el mismo cuarto o asistir a las mismas actividades familiares y de la Iglesia. Debemos planificar y aprovechar momentos de enseñanza que generen un impacto profundo y perdurable en su mente y en su corazón.

Por ejemplo, los líderes de la Iglesia planean con regularidad actividades del sacerdocio y también clases y campamentos de escultismo, pero ¿se logra siempre el objetivo más importante de esas actividades? He aprendido que lo que hace que una actividad del sacerdocio o de escultismo sea más significativa para el muchacho no es sólo obtener una insignia de mérito, sino tener la oportunidad de sentarse y hablar con un líder que se interese en él y en su vida. Seguir leyendo

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Generaciones entrelazadas con amor

Conferencia General Abril 2010LI_2010_05
Generaciones entrelazadas con amor
Por el élder Russell M. Nelson
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Russell M. NelsonNuestros anhelos innatos por tener conexiones familiares se hacen realidad cuando nos entrelazamos con nuestros antepasados mediante las ordenanzas sagradas del templo.

La correspondencia que recibimos en Pascua o en Navidad proporciona recuerdos reconfortantes de amigos y parientes queridos. Algunos de esos mensajes van acompañados de preciadas fotografías de familiares. Aquí hay una que, me llamó mucho la atención.

Ella es una de nuestras bisnietas. La llamaré “Querida Ruby”. Esta fotografía me recuerda a su madre cuando más o menos tenía la misma edad. De mis archivos saqué esta foto de una de nuestras nietas, la madre de “Querida Ruby”.

Le tomé esta foto a la madre de “Querida Ruby” hace unos 29 años. Sus ojos aún son azules.

Me vinieron a la mente caros recuerdos de hace medio siglo cuando la abuela de “Querida Ruby”, una de nuestras hijas, era en ese entonces el miembro más nuevo de nuestra familia. Ésta es una fotografía de ella cuando era bebé. Ahora, ella es una abuela amorosa y yo soy el bisabuelo de “Querida Ruby”. (No les mostraré mi fotografía de bebé; eso no ayudará.) Estas fotografías sugieren el amor que entrelaza a nuestras cuatro generaciones.

Cuando pienso en el amor que siento por cada miembro de nuestra familia, percibo, en cierto grado, el amor que nuestro Padre Celestial tiene por Sus hijos. Mientras que la familia está siendo atacada por el mundo, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días proclama, fomenta y protege la verdad de que la familia es fundamental en el plan del Creador para el destino eterno de Sus hijos. La familia: Una proclamación para el mundo y nuestros amplios esfuerzos en historia familiar son sólo dos evidencias de cómo esta Iglesia brinda esperanza y ayuda a la sagrada institución de la familia.

Enseñamos que el amor de Dios por Sus hijos es infinito. Sin importar la raza, la nacionalidad o el sexo, Él los ama a todos1. Él lo ha hecho desde el principio y continuará haciéndolo. Él invita a todos a obtener la exaltación eterna para sus respectivas familias. Su obra y Su gloria es llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna —la exaltación— de Sus hijos2. “Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna”3.

La expiación de Su Hijo Amado hizo posible que ambos objetivos del Padre fueran cumplidos. Sin la Expiación, no habría inmortalidad. Sin la Expiación, no habría regreso a la presencia del Padre y no habría continuación de la familia más allá de la tumba. Seguir leyendo

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Ha resucitado!

Conferencia General Abril 2010LI_2010_05
¡Ha resucitado!
Por el presidente Thomas S. Monson

La tumba vacía de esa primera mañana de Pascua era la respuesta a la pregunta de Job: “Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir?”.

Thomas S. MonsonÉsta ha sido una sesión extraordinaria. Por parte de todos los que han participado hasta ahora con palabras o música, en calidad de Presidente de la Iglesia, deseo sencillamente decirles en este momento una palabra, la más importante de nuestro idioma. A la hermana Cheryl Lant y a sus consejeras, al coro, los músicos, los discursantes, esa palabra es: “Gracias”.

Hace muchos años, mientras estaba en Londres, Inglaterra, visité la famosa galería de arte Tate. Las obras de Gainsborough, Rembrandt, Constable y otros renombrados artistas se exhibían sala tras sala. Admiré su belleza y reconocí la destreza que se había requerido para crear esas obras de arte. Sin embargo, colgado aparte, en un tranquilo rincón del tercer piso, había una pintura que no sólo captó mi atención, sino que capturó mi corazón. El artista, Frank Bramley, había pintado una humilde casita frente a un mar azotado por el viento. Dos mujeres, la madre y la esposa de un pescador ausente, habían vigilado y esperado toda la noche el regreso de él. Ahora, la noche había pasado y se daban cuenta de que él se había perdido en el mar y no regresaría. Arrodillada al lado de su suegra, con la cabeza sepultada en el regazo de la anciana mujer, la joven esposa lloraba desesperadamente. La vela derretida en el marco de la ventana describía la infructuosa vigilia.

Sentí el dolor de la joven mujer; percibí su pena. La inquietante y vívida inscripción que el artista le dio a su obra describía la trágica historia; decía: Amanecer sin esperanza.

Ah, cuánto anhelaba la joven mujer el consuelo, incluso la realidad, del “Réquiem” de Robert Louis Stevenson:

El marinero ha regresado del mar;
y el cazador ha vuelto al hogar1.
De todos los hechos de la vida mortal, ninguno es tan cierto como su fin. La muerte nos llega a todos; es nuestra “herencia universal. Puede reclamar a su[s] víctima[s] en la infancia o en la juventud; [puede visitarnos] en la flor de la vida; o su cita puede diferirse hasta que las nieves de la edad se acumulen sobre la… cabeza; podría ocurrir como consecuencia de accidente o enfermedad,… o… por causas naturales; pero llegar, ha de llegar”2. Ella inevitablemente representa la pérdida dolorosa de una relación y, en particular con los pequeños, es un golpe apabullante de sueños truncados, de aspiraciones fallidas y de esperanzas desvanecidas.

¿Qué ser mortal, enfrentado con la pérdida de un ser querido o, por cierto, contemplando él mismo el umbral del infinito, no ha meditado en lo que yace más allá del velo que separa lo visto de lo que no se ha visto? Seguir leyendo

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Nosotros seguimos a Jesucristo

Conferencia General Abril 2010

Nosotros seguimos a Jesucristo

Por el élder Quentin L. Cook
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Nos regocijamos por todo lo que el Salvador ha hecho por nosotros. Él ha hecho posible que cada uno de nosotros obtenga la salvación y la exaltación.

Es una responsabilidad significativa hablar en domingo de Pascua a los Santos de los Últimos Días por el mundo, quienes aman a nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Esta mañana celebramos Su victoria sobre la muerte. Atesoramos nuestro entendimiento del sacrificio expiatorio que el Salvador realizó voluntariamente a nuestro favor y sentimos un sincero agradecimiento por ello. Su aquiescencia a la voluntad de Su Padre logró la victoria divina sobre la muerte y es el acontecimiento más trascendente en la historia de la humanidad. Agradezco esta oportunidad de hablar acerca de seguir al Salvador.

Los dos últimos días del ministerio mortal del Salvador antes de Su crucifixión son profundamente importantes y, en cierta forma, más allá de toda comprensión. Mucho de lo que es esencial para nuestro destino eterno ocurrió el jueves y luego el viernes, día en que Cristo fue crucificado. La Última Cena, la cena de la Pascua, el “instituido memorial del rescate de Israel de la servidumbre” comenzó el jueves por la noche1. En la Última Cena se iniciaron ordenanzas y doctrinas de gran importancia. Mencionaré sólo tres: Primero, el Salvador instaura la ordenanza de la Santa Cena. Él tomó pan, lo partió, oró sobre él y lo repartió a Sus discípulos diciendo: “Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí”2. De esa manera instituyó la Santa Cena. Segundo, Su hincapié dominante fue en las doctrinas que enseñaban el amor como un principio preeminente. Él enseñó: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los otros”3. Tercero, mediante la intercesión o dirección de Cristo, “se les prometió a los apóstoles el Espíritu Santo” como otro Consolador4.

Subsecuentemente, el Salvador efectuó la Expiación. Tomó sobre sí la “carga de los pecados de todo el género humano” y “… los horrores que Satanás… pudo infligirle”5. En ese proceso, soportó los fraudulentos tribunales que se habían tramado y los terribles y trágicos eventos que condujeron a Su crucifixión. Esto finalmente culminó en la triunfante resurrección de Cristo el domingo de Pascua. Cristo cumplió Su misión sagrada como Salvador y Redentor. Nosotros resucitaremos de la muerte y nuestro espíritu se reunirá con nuestro cuerpo. En base a nuestra dignidad personal podremos, mediante Su gracia, tener la gloriosa oportunidad de entrar nuevamente en la presencia de Dios6. Seguir leyendo

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