Conferencia General Abril 2010
El poder del sacerdocio
Por el presidente Boyd K. Packer
Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles
El sacerdocio no tiene la fuerza que debería tener, y no la tendrá sino hasta que el poder del sacerdocio esté firmemente arraigado en las familias como debería estarlo.
Les hablo a los padres de familia y a las familias de toda la Iglesia. Hace años, comenzamos el programa de correlación bajo la dirección del presidente Harold B. Lee. En esa época, el presidente Monson dijo: “Hoy estamos acampados contra el despliegue más grande de pecado, vicio y maldad que se haya congregado jamás ante nuestros ojos… El plan de batalla según el cual luchamos para salvar las almas de los hombres no es nuestro propio plan. [Se obtuvo mediante] la inspiración y la revelación del Señor”1.
Durante aquellos años de correlación, se cambió toda la estructura operativa de la Iglesia. Se reestructuró el programa de estudio en su totalidad. Se redefinieron los objetivos y las relaciones de las organizaciones entre sí. La palabra clave, durante esos años de correlación y reestructuración, era sacerdocio.
El presidente Monson también habló de Gedeón, un héroe del Antiguo Testamento. Gedeón fue elegido para liderar los ejércitos de Israel con sus miles; pero de todos ellos, él sólo eligió a trescientos hombres.
Gedeón seleccionó a sus reclutas de una manera interesante. Cuando los hombres bebieron agua en un arroyo, la mayoría “se dobl[ó] sobre sus rodillas para beber”. A esos los pasó por alto. Unos pocos llevaron el agua a la boca con la mano, permaneciendo completamente alerta. Ésos fueron a los que él escogió2.
Vivimos en días de “guerras [y] rumores de guerras y terremotos en diversos lugares”3. Como fue profetizado, “toda la tierra est[á] en conmoción”4, y “Satanás anda por la tierra”5. Él procura destruir todo lo que es bueno y recto6. Él es Lucifer, quien fue echado de la presencia de Dios7. A pesar de todo eso, tenemos sentimientos muy positivos en cuanto a lo que está por delante.
Las pequeñas fuerzas de Gedeón tuvieron éxito porque, como indica el registro: “Permaneció cada uno en su lugar”8.
Esta “dispensación del cumplimiento de los tiempos”9 tuvo su apertura con la aparición del Padre y el Hijo al joven José Smith10. Después, el ángel Moroni le mostró a José dónde se habían enterrado las planchas que contenían el Libro de Mormón11. A José se le dio poder para traducirlas12.
Durante la traducción, José y Oliver Cowdery leyeron acerca del bautismo. Oraron para saber qué debían hacer13. Se les apareció un mensajero angelical: Juan el Bautista, y él les confirió el Sacerdocio Aarónico, “el cual tiene las llaves del ministerio de ángeles, y del evangelio de arrepentimiento, y del bautismo por inmersión para la remisión de pecados”14. Seguir leyendo










































