Madre, tu más grande desafío

Conferencia General Octubre 2000

Madre, tu más grande desafío

Presidente Gordon B. Hinckley
Gordon B. Hinckley

«No creo que exista mejor respuesta a. . . [las] repugnantes prácticas que acosan a nuestros jóvenes que las enseñanzas de una madre, impartidas con amor y con una advertencia inequívoca».


Me sentiría satisfecho de terminar esta reunión ahora mismo. Esta noche se nos ha enseñado muy bien. Felicito a la presidencia por sus excelentes palabras. Como sabrán, ellas se han preocupado, han orado y suplicado al Señor que las ayudara en su preparación y presentación. Hermana Smoot, hermana Jensen y hermana Dew, les agradecemos todo lo que han hecho; han realizado un gran trabajo.

Considero que es una grandiosa oportunidad el dirigirme a ustedes. Ninguna otra congregación es semejante a ésta. Nos dirigimos a ustedes desde el Tabernáculo de la Manzana del Templo, en Salt Lake City, pero ustedes nos escuchan en casi todas partes al encontrarse reunidas a través de los Estados Unidos y Canadá, de las naciones de Europa, de México, de Centroamérica y de Sudamérica. Están todas unidas en esta gran congregación no importa si están en Asia, el Pacífico Sur o en otras tierras lejanas.

Sus corazones albergan el mismo propósito. Se encuentran reunidas juntas porque aman al Señor; tienen un testimonio y una convicción de Su realidad viviente; oran al Padre en el nombre de Jesús; reconocen el poder de la oración; son esposas y madres; viudas y madres solteras que llevan cargas demasiado pesadas; mujeres recién casadas, y mujeres que no están casadas. Son una vasta concurrencia de mujeres de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días; más de cuatro millones de ustedes pertenecen a esta gran organización; y nadie puede calcular la inmensa fuerza para bien que pueden llegar a ser. Ustedes son las guardianas del hogar; las administradoras del hogar. Al igual que la hermana Dew, les exhorto a que sean firmes y fuertes en defensa de esas grandes virtudes que han sido el fundamento de nuestro progreso social. Cuando están unidas, su poder no tiene límites; pueden lograr lo que quieran. Y cuánto, cuánto se les necesita en un mundo en el que los valores se están viniendo abajo, donde el adversario parece tener tanto control.

Siento gran respeto y admiración por ustedes, las jovencitas que hace muy poco tiempo ingresaron a la Sociedad de Socorro; en gran parte han podido soportar la tormenta que las azotó durante la época de su juventud; se han conservado limpias del mundo; se han mantenido libres de las manchas de la iniquidad; ustedes son la flor y nata de la juventud buena y madura de la Iglesia. Han llegado hasta este punto de su vida, limpias, bellas y virtuosas. Les felicito de todo corazón. Seguir leyendo

Publicado en Amistad, Autorrespeto, Castidad, Educación, Honradez, Juventud, Oración, Padres, Sin categoría | Etiquetado , , , , , , , , , | 1 comentario

El toque de la mano del Maestro

“El toque de la mano del Maestro”logo 4
Presidente Boyd K. Packer
Presidente en Funciones del Quórum de los Doce Apóstoles

President Boyd K. Packer“Todos cometemos errores. . . Es entonces algo natural que sintamos culpa, humillación y sufrimiento que, por nosotros mismos, no podemos curar. Entonces es cuando el poder sanador de la Expiación nos ayudará”.
Este hecho de sostener a los oficiales constituye una gran protección para la Iglesia. El Señor mandó: ”. . .a ninguno le será permitido salir a predicar mi evangelio ni a edificar mi iglesia, a menos que sea ordenado por alguien que tenga autoridad, y sepa la iglesia que tiene autoridad, y que ha sido debidamente ordenado por las autoridades de la iglesia” 1 . De esa forma, los miembros de la Iglesia, en cada una de sus organizaciones y a través de todo el mundo, saben quiénes son los verdaderos mensajeros.

Mi intención hoy es aliviar el dolor de aquellos que sufren del desagradable sentimiento de culpabilidad. Me siento como el médico que comienza su tratamiento diciendo: “Bueno, quizás esto habrá de dolerle un poquito. . .”

Cada uno de nosotros ha experimentado al menos un malestar de conciencia después de cometer errores.

Juan dijo que “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros” 2 . Y luego lo expresó con mayor firmeza: “Si decimos que no hemos pecado, le hacemos [al Señor] mentiroso, y su palabra no está en nosotros” 3 .

A veces todos nosotros, y muchas veces algunos de nosotros, sufrimos el remordimiento de conciencia a raíz de haber hecho algo malo o de no haber hecho ciertas cosas. Tal sentimiento es para el espíritu lo que el dolor es para el cuerpo.

Pero la culpa puede ser más difícil de soportar que el dolor físico. El dolor físico es el método natural de precaución que nos advierte que hay algo que debemos cambiar, limpiar o atender, y quizás hasta remover mediante cirugía. La culpa, el dolor de conciencia, no se puede sanar de tal manera.

Si están agobiados con deprimentes sentimientos de culpabilidad, desaliento, fracaso o vergüenza, hay un remedio para eso. No es mi intención herir sus tiernos sentimientos, sino ayudarles y ayudar a sus seres amados. Los profetas nos enseñan cuán dolorosa puede ser la culpabilidad. Al leerles lo que ellos han dicho, prepárense para escuchar palabras muy fuertes. Y aun así, no he de leerles las cosas más fuertes que han pronunciado.

El profeta Alma, al describir sus sentimientos de culpabilidad, dijo: ”. . .me martirizaba un tormento eterno, porque mi alma estaba atribulada en sumo grado, y atormentada por todos mis pecados” 4 . Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | 2 comentarios

Confiar en la certeza que nos brinda el Señor

Confiar en la certeza que nos brinda el Señor
Por Mindy Anne Leavitt

Puede que no siempre seamos librados de nuestras pruebas, pero al procurar recibir la certeza del Señor, podremos saber que todo está bien, aun en los tiempos difíciles.

Estaba sentada en el salón celestial del templo contemplando el rumbo de mi vida; un rumbo muy diferente de lo que había planeado. Como le sucede a muchos jóvenes adultos solteros, mi mente estaba llena de preocupaciones: ¿Cómo podía mantener un equilibrio entre sacar buenas notas y tener una vida social? ¿Debía renunciar a mi trabajo? ¿Buscar un empleo adicional? ¿Cómo podría ahorrar si no tenía dinero? ¿Por qué todavía no me había casado? Un sinfín más de preguntas me martirizaban. Había ido al templo en busca de consuelo, pidiendo en oración la certeza de que mi vida estaba en las manos del Padre Celestial. “¿Saldrá todo bien en mi vida?”, pregunté. En seguida y sin lugar a dudas, vino la respuesta a mi mente: “Todo está bien”.

En ese instante, entendí que pese a que mi vida no transcurría como la había planeado, aun así iba de acuerdo con Su plan, y que Él estaba al mando. Esa dulce certeza de que Él está al tanto de mí y que me cuida, aun cuando no siempre me libre de mis pruebas, me ha permitido prevalecer en muchas de mis dificultades. Al entender, procurar y esperar esas afirmaciones, llegamos a saber que el Señor nos sostiene aun en medio de las pruebas que tenemos que sobrellevar.

La certeza versus la liberación

Está claro que el Señor no siempre contesta nuestras súplicas con una liberación inmediata de nuestras pruebas. En lugar de ello, quizás nos bendiga con momentos inestimables de certeza mediante la revelación personal: la seguridad de que Él guía nuestra vida y que Él nos librará de nuestras dificultades. Puede que esas afirmaciones no nos libren de nuestras pruebas, pero quizás nos otorguen la fortaleza que necesitamos para librarnos a nosotros mismos, aun cuando la liberación simplemente se trate del consuelo del Espíritu Santo. He encontrado muchos ejemplos en las Escrituras donde el Señor envía afirmaciones antes de conceder la liberación.

Cuando Helamán guiaba a sus 2.060 jóvenes guerreros y a otros ejércitos nefitas, recibieron la certeza del Señor. Tras varios meses de esperar provisiones y refuerzos, se hallaban al borde de la inanición cuando finalmente llegó un pequeño ejército con víveres. Temiendo que esos escasos refuerzos no fueran suficientes, se volvieron al Señor y “[derramaron sus] almas a Dios en oración, pidiéndole que [los] fortaleciera y [los] librara”. Helamán narra que después de orar, “el Señor nuestro Dios nos consoló con la seguridad de que nos libraría; sí, de tal modo que habló paz a nuestras almas, y nos concedió una gran fe, e hizo que en él pusiéramos la esperanza de nuestra liberación” (Alma 58:10–11). Esa seguridad brindó a Helamán y a sus guerreros la fortaleza para perseverar y triunfar sobre sus enemigos.

José Smith también recibió la afirmación del Señor mientras se hallaba prisionero en la cárcel de Liberty. Al orar con fervor, se le dijo:

“Hijo mío, paz a tu alma; tu adversidad y tus aflicciones no serán más que por un breve momento;

“y entonces, si lo sobrellevas bien, Dios te exaltará; triunfarás sobre todos tus enemigos” (D. y C. 121:7–8).

Esa certeza dio a José el valor y la fuerza para seguir adelante en medio de dificultades casi imposibles.

En estos ejemplos y en muchos más (véase, por ejemplo, Mosíah 24:8–16), el Señor no procedió simplemente a liberar a los fieles de sus dificultades de inmediato; en vez de ello, Él les brindó la certeza de que los iba a librar en Su propio tiempo. Esas afirmaciones, en palabras del élder Richard G. Scott, del Quórum de los Doce Apóstoles, son como “haces de luz espiritual” que el Padre Celestial coloca a nuestro paso para iluminar nuestro camino1. En ocasiones, esa certeza es todo lo que necesitamos para perseverar en nuestras pruebas, sabiendo que finalmente habrá una liberación.

Procurar la certeza

La vida es difícil. Hay momentos en los que dudamos; nos falta confianza en nosotros mismos y en nuestra capacidad para triunfar sobre la adversidad, o perdemos la esperanza. Con frecuencia parece que nuestras pruebas no acabarán nunca. Aunque algunas afirmaciones vienen sin que hayamos hecho esfuerzo alguno, usualmente tenemos que ir en busca de la certeza que nos confirme que seremos rescatados de nuestras pruebas.

La certeza del Señor a menudo viene por medio de la voz de Sus siervos: los líderes locales, los maestros de instituto y de la Escuela Dominical, y en especial, de Sus profetas y apóstoles. Carol F. McConkie, Primera Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes, nos recordó que “en sus palabras oímos la voz del Señor y sentimos el amor del Salvador”2.

Esa certeza también se recibe por la voz del Espíritu cuando nos comunicamos sinceramente con el Padre Celestial en ferviente oración, al leer y meditar las Escrituras, al asistir al templo y a las reuniones de la Iglesia, al servir a los demás y al tratar de hacer lo justo. En resumen, la certeza del Señor viene cuando la “[buscamos] con todo [nuestro] corazón y con toda [nuestra] alma” (Deuteronomio 4:29), y obedecemos Sus mandamientos.

Helamán y sus ejércitos recibieron la certeza después de muchas oraciones sinceras; José Smith la recibió después de orar y meditar. En ambos casos, el Señor probó su paciencia y fe antes de concederles la certeza, lo cual es un buen recordatorio de que durante las pruebas debemos aferrarnos a nuestra fe y ejercer la paciencia.

En espera de la certeza

Como sucede con otras pruebas de la paciencia, puede que no recibamos la certeza del Señor de la manera ni en el tiempo que esperemos. Quizás necesitemos orar para tener “ojos para ver” (Ezequiel 12:2) la mano del Señor y Sus afirmaciones en nuestra vida. El élder David A. Bednar, del Quórum de los Doce Apóstoles, habló acerca de la forma en que las entrañables misericordias del Señor pueden incluir esa certeza, y dijo que éstas “no ocurren al azar ni por pura casualidad. La fidelidad y la obediencia nos permiten recibir esos importantes dones y, con frecuencia, el horario del Señor nos ayuda a reconocerlos”3.

Por lo general, el esperar la liberación o la certeza de la liberación nos exige más paciencia de la que creemos poseer. Puede que debamos experimentar pruebas severas antes de recibir cualquier tipo de certeza. Tal como explicó el élder Scott, los “haces de luz espiritual” que el Señor proporciona, “surgen muchas veces después de las pruebas más grandes como demostración de la compasión y del amor de un Padre que todo lo sabe; indican la senda hacia una felicidad y comprensión mayores, y fortalecen [nuestra] determinación de aceptar Su voluntad y obedecerla”4. Al permanecer fieles y obedientes en nuestras pruebas, recibiremos la certeza del Señor para que nos ayude a continuar siéndolo.

Nuestra mayor certeza

Al final, sin importar cuántas veces recibamos la certeza de que el Padre Celestial está al tanto de nosotros y conoce nuestra situación, no serán suficientes para ayudarnos a perseverar hasta el fin si no tenemos fe y esperanza en Jesucristo. Mediante Su expiación podemos tener la esperanza absoluta de que algún día seremos librados de todas nuestras pruebas. También podemos saber que nuestro Salvador está ahí y nos entiende perfectamente, porque Él “descendió debajo de todo, por lo que comprendió todas las cosas” (D. y C. 88:6). Él entiende nuestras pruebas y nuestros pesares porque sufrió “dolores, aflicciones y tentaciones de todas clases… a fin de que… sepa cómo socorrer a los de su pueblo, de acuerdo con las enfermedades de ellos” (Alma 7:11–12).

El élder Jeffrey R. Holland, del Quórum de los Doce Apóstoles, dijo: “La gran seguridad en el plan de Dios es que se nos prometió un Salvador, un Redentor que, mediante nuestra fe en Él, nos levantaría triunfantes por encima de esas pruebas y dificultades… Sólo el apreciar ese amor divino es lo que hará que nuestro propio sufrimiento, en menor escala, sea, en primer lugar soportable, luego comprensible y finalmente redentor”5. El aprender de Él y de Su expiación, constituye en sí mismo una seguridad y certeza.

Todo está bien

Si entendemos, procuramos y esperamos las afirmaciones del Señor, con toda seguridad las recibiremos. Debemos recordar esos invaluables momentos, anotarlos y pensar en ellos con frecuencia. Más importante aún, debemos confiar en ellos y creer, tal como Helamán, sus hombres y el profeta José creyeron, que el Señor cumplirá las promesas que Él nos ha hecho. Él nos recuerda esas promesas por medio de Sus afirmaciones, y aun cuando ellas quizás no hagan desaparecer nuestras pruebas, podremos saber que el Padre Celestial está allí, con nosotros, para apoyarnos y sostenernos en cualquier circunstancia.

Después de mi experiencia en el templo aquel día, mis pruebas no han disminuido; no obtuve buenas notas de repente, ni tuve más dinero ni salí con muchos jóvenes; pero lo que sí tuve fue una apacible certeza de que, a pesar de mis pruebas, yo iba a estar bien porque el Señor aún se proponía guardar Su promesa de librarme. Con esa certeza, sé que todo está bien.

La certeza de Su poder

Presidente Henry B. Eyring

“Todos tenemos que enfrentar adversidad… Cuando, en medio de la aflicción, tengamos que esperar el alivio prometido por el Salvador, nos confortará el hecho de que Él sabe, por experiencia propia, cómo sanarnos y auxiliarnos. El Libro de Mormón nos ofrece la certeza de Su poder para consolar, y la fe en ese poder nos dará paciencia mientras oramos, trabajamos y esperamos Su ayuda”.

Véase del presidente Henry B. Eyring, Primer Consejero de la Primera Presidencia, “La adversidad”, Liahona, mayo de 2009, págs. 23-24.

Notas

1.Véase de Richard G. Scott, “La confianza en el Señor”,Liahona, enero de 1996, pág. 18.
2.Carol F. McConkie, “Vivir de acuerdo con las palabras de los profetas”, Liahona, noviembre de 2014, pág. 78.

3.David A. Bednar, “Las entrañables misericordias del Señor”, Liahona, mayo de 2005, pág. 100.
4.Véase de Richard G. Scott, “La confianza en el Señor”, pág. 18.
5.Véase de Jeffrey R. Holland, “Como una vasija quebrada”, Liahona, noviembre de 2013, pág. 40.

Publicado en Sin categoría | Deja un comentario

Presidente Boyd K. Packer (1924–2015)

Presidente Boyd K. Packer (1924–2015)

Despedida a un maestro supremo

El presidente Boyd K. Packer, que sirvió como miembro del Quórum de los Doce Apóstoles desde 1970, falleció el 3 de julio de 2015. Le sobrevive su esposa, la hermana Donna Smith Packer.

Los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días no sólo han perdido a un dedicado líder con el fallecimiento del presidente Boyd K. Packer, el presidente del Quórum de los Doce Apóstoles, han perdido a un maestro supremo que enseñó con claridad hasta los temas más complejos.

El presidente Packer dedicó su vida a servir a su Padre Celestial y a enseñar a los hijos del Padre Celestial, empezando por su propia familia, después con una trayectoria profesional en seminario y luego en su ministerio mundial como Autoridad General. Se fijó en el Salvador como su modelo de enseñanza. En su libro de 1975, Enseñad diligentemente, escribió:

“Consideren la declaración del Señor cuando dijo: ‘¿qué clase de hombres habéis de ser? En verdad os digo, aun como yo soy’ (3 Nefi 27:27) …

“No vacilo en afirmar que deseo enseñar como Él enseñó. Aun cuando eso esté muy por encima de mi capacidad, Él es, no obstante, mi ideal …

“No es inapropiado que cualquiera de nosotros aspire a ser como Él”1.

Cuando era joven, el presidente Packer prometió a Dios una lealtad plena e inquebrantable durante toda su vida2. Vivió de acuerdo con esa promesa y dejó un legado que será un ejemplo espiritual para otros discípulos de Jesucristo. Aunque es posible que el mundo en general no conozca todas las contribuciones de Boyd K. Packer, sus obras son conocidas por la Fuente que las inspiró.

Sus primeros años

Boyd Kenneth Packer nació el 10 de septiembre de 1924, el décimo de los once hijos de Ira Wight Packer y Emma Jensen Packer. Era una familia en la que el trabajo arduo y la obediencia a los principios del Evangelio eran, simplemente, una forma de vida. Ira era un diestro mecánico que tenía un garaje de reparación de autos en Brigham City, Utah, a unos 100 km al norte de Salt Lake City. Tanto el padre como la madre de Ira procedían de granjas. Emma creció amando la naturaleza y el aire libre, un amor que transmitiría a su hijo Boyd. El amor de éste por el aire libre, la naturaleza y los animales se expresó en muchas de sus obras artísticas, en particular en su detalladas y delicadas tallas de pájaros.

La talla de madera “Arrendajo azul macho en hojas de arce noruego” del presidente Boyd K. Packer se expone de forma permanente en el Museo de Ciencias Biológicas Monte L. Bean de la Universidad Brigham Young, en Provo, Utah. Fotografía por Jason Swensen, Church News.

Sus antepasados fueron pioneros, británicos por parte de su padre y escandinavos por la de su madre. La aldaba de bronce de la puerta de la casa del presidente Packer y de las casas de sus nietos sigue el modelo de una de sus tallas de un buey de yunta. Para los miembros de la familia Packer, esa figura simboliza dos cosas importantes: en primer lugar, sus antepasados pioneros y, en segundo lugar, su disposición y su fe para llevar el yugo del Maestro (véase Mateo 11:29–30)3.

“A veces, mientras crecía, pensaba que éramos pobres”, escribió en una historia breve de su vida. “Luego me di cuenta de que no era cierto. Simplemente no teníamos nada de dinero. Siempre fuimos ricos en las cosas más importantes de nuestra vida”4.

Cuando tenía 5 años, Boyd contrajo polio. Su enfermedad fue diagnosticada en un primer momento como neumonía y Boyd se recuperó, aparentemente, sin secuelas importantes. Pero la polio le causaría dificultades más adelante.

Boyd K. Packer cuando era niño.

Debido a la Segunda Guerra Mundial, no pudo servir en una misión. En 1943 se alistó en las Fuerzas Aéreas del ejército de los Estados Unidos y en 1944 se graduó como piloto. Fue entrenado para pilotar bombarderos y pasó casi un año destinado en Japón después del final de la guerra. Debido al dolor que sufrió mientras servía como piloto, se le hicieron radiografías que revelaron secuelas de la polio que había padecido en los huesos deformados de sus rodillas y su cadera. (En los últimos años de su vida, las secuelas de la polio le obligaron a usar una silla de ruedas).

Mientras estaba en el ejército, tuvo muchas oportunidades de estudiar el Evangelio y leyó el Libro de Mormón varias veces. Se refería a ese libro como “la influencia más poderosa de mi vida”5. En más de una ocasión relató cómo obtuvo su testimonio personal de la verdad del Evangelio en un aislado búnker, una noche, en una pequeña isla del océano Pacífico. De ese búnker salió un hombre diferente, porque lo sabía. Lo que había sido una creencia y una esperanza se cristalizó en una certeza. Lo sabía6.

También halló la manera de ser misionero. Boyd K. Packer fue uno de los soldados Santos de los Últimos Días que ayudaron a volver a llevar el Evangelio a Japón a mediados de la década de 1940. Fue instrumental para llevar a la Iglesia a Tatsui Sato, cuyas traducciones posteriores ayudaron a muchos miembros japoneses a disfrutar de las Escrituras y de las ceremonias del templo en su propio idioma.

Empezando por la izquierda: Boyd K. Packer, Norman Nixon, Tatsui Sato, C. Elliott Richards y Chiyo Sato con su hijo Yasuo. Los soldados ayudaron en la conversión de la familia Sato, que se encontraron entre las primeras personas que se bautizaron en Japón después de que la guerra provocara el cierre de la misión. Fotografía cortesía de C. Elliott Richards.

Matrimonio y familia

Cuando regresó a casa, se matriculó en el Colegio superior Weber (actualmente la Universidad Weber State) en Ogden, Utah. Allí conoció a Donna Smith, con quien se casó el 27 de julio de 1947 en el Templo de Logan. Llegarían a ser padres de diez hijos: Allan, Kenneth, David, Laurel, Russell, Spencer, Gayle, Kathleen, Lawrence y Eldon.

El presidente Packer siempre atribuyó a su esposa el éxito de su vida familiar. La describía como una mujer dinámica que había tenido “una gran y poderosa influencia motivadora”7.

Su influencia en él fue bien descrita por un viejo amigo, el élder A. Theodore Tuttle (1919–1986), del Primer Cuórum de los Setenta. Él y el presidente Packer sirvieron juntos como maestros y administradores en el Sistema Educativo de la Iglesia.

En el prefacio de uno de los libros del presidente Packer, su amigo Theodore escribió: “El élder Packer tiene a su disposición una fuente de inspiración que nadie más tiene: Donna… De ella nacieron sus diez hijos y es ella quien ha asumido una gran parte de la responsabilidad de criarlos, debido al llamamiento de él como ‘testigo especial’. Ella es su amor, su amiga y su silencioso apoyo”8.

Donna Smith y Boyd K. Packer se casaron el 27 de julio de 1947.

El presidente y la hermana Packer fueron unos ejemplos maravillosos de unidad. Su hijo Allan explica: “Si ven a mi papá, ven a mi mamá. Si ven a mi mamá, ven a mi papá. Están juntos; están unidos. Influían el uno en el otro, especialmente, por supuesto, en el hogar”.

Su papel como padre siempre fue su máxima prioridad, así que encontró tiempo para sus hijos. Si estaba tallando madera o pintando y sus hijos querían participar, les dejaba hacerlo. Su hijo Allan recuerda: “Se detenía y nos daba un pincel con un poco de pintura, para que pudiéramos trabajar. Y luego, cuando perdíamos el interés… comenzaba las reparaciones. Así que debajo de algunas de esas capas de pintura están algunas de las contribuciones de los niños”9.

El presidente Boyd K. Packer y su familia posan en 1965 antes de marcharse de Utah a su asignación como presidente de la Misión de Nueva Inglaterra. Fotografía cortesía de los archivos de Deseret Morning News.

El presidente Boyd K. Packer y su esposa, la hermana Donna S. Packer, posan para una fotografía familiar con sus siete hijos y tres hijas. Fila delantera, de izquierda a derecha: Lawrence, David, Donna, el presidente Packer, Allan, Spencer. Fila de atrás, de izquierda a derecha: Eldon, Laurel, Kathleen, Gayle, Kenneth, Russell. Fotografía por Clinton Melander, derechos de autor, 2012.

Cuando era un joven padre, Boyd sirvió en la Iglesia en llamamientos locales y también en su comunidad, como concejal del ayuntamiento de Brigham City. Al mismo tiempo trabajaba para el Sistema Educativo de la Iglesia. Se había graduado con un título de grado universitario del Colegio Superior Weber en 1948 y con una licenciatura de la Universidad Utah State en 1949. Cursó una maestría también en la Universidad Utah State en 1954 y un doctorado en educación en la Universidad Brigham Young en 1962.

En 1955 fue nombrado ayudante del administrador de seminarios e institutos de la Iglesia. Estaba sirviendo en esa posición cuando fue llamado como Ayudante de los Doce en octubre de 1961, poco después de cumplir 37 años. Mientras era Ayudante de los Doce, también sirvió como presidente de la Misión de Nueva Inglaterra, donde su integridad y capacidad le ayudaron a hacer muchos amigos para la Iglesia entre los líderes sociales y empresariales.

A pesar de la enorme exigencia de esos llamamientos, el presidente Packer siguió poniendo a su familia en primer lugar. Su hijo Allan dijo: “Siempre… supo que la familia era la organización eterna, así que la familia tenía prioridad. Si llamábamos a su oficina, su secretaria tenía instrucciones de que, fuera cual fuera la hora a la que llamáramos o la reunión en la que se encontrara, siempre podríamos comunicarnos con él. Y ésa fue nuestra experiencia, aunque sólo necesitáramos decirle “hola”. En ocasiones nos sentimos algo avergonzados si interrumpíamos una reunión con algunas de las Autoridades Generales, pero las instrucciones eran ésas: siempre estaba disponible”10.

Se le llama al Quórum de los Doce Apóstoles

En 1970 fue llamado al Quórum de los Doce, tras la muerte del presidente David O. McKay. Su servicio en el cuórum comenzó con el sostenimiento de un nuevo presidente de la Iglesia: el presidente Joseph Fielding Smith. Los llamamientos posteriores del élder Packer para presidir el Quórum también coincidirían con el sostenimiento de nuevos presidentes de la Iglesia. En junio de 1994, cuando el presidente Howard W. Hunter mantuvo al presidente Thomas S. Monson como segundo consejero de la Primera Presidencia, el élder Packer, el siguiente apóstol de más antigüedad, pasó a ser el Presidente en Funciones. En febrero de 2008 fue apartado como Presidente del Quórum después de que el presidente Monson se convirtiera en Presidente de la Iglesia.

En 1970, un artículo que informaba sobre su llamamiento al Quórum de los Doce citaba al élder Packer hablando de cómo había planificado su vida:

“Hace unos años escogí varios objetivos básicos de la vida, cosas que quería ser y hacer. En primer lugar, quería ser un buen padre… La forma de ganarme la vida, las aficiones y hasta las oportunidades sociales debían sopesarse para comprobar si eran acordes o no con ese ideal. No tardé en darme cuenta de que el plan perfecto para la paternidad era el Evangelio… El hogar es el centro del Evangelio y de mi vida …

“La segunda meta que tenía era que… quería ser bueno, bueno para algo. Sobre todo quería ser un buen hijo, tanto para mi padre terrenal como para mi Padre Celestial. Nunca pensé que me mereciera tener buenos hijos a menos que yo pudiera ser un buen hijo también. He creído que contribuimos a la gloria de nuestro Padre Celestial cuando añadimos a nuestra persona como un ser digno más. He sentido que no era digno de obtener aquello que no estaba dispuesto a dar”.

El élder Packer habló también de cómo podemos recibir ayuda al intentar conseguir objetivos como ésos: “Considero que hay un gran poder en la Iglesia, en todos nosotros, que está sin aprovechar, porque siempre intentamos hacer las cosas a nuestra manera, cuando la manera del Señor conseguiría unos resultados mucho mayores… ¿Por qué no hablamos con nuestro Padre, de forma concreta y sobre problemas reales, con la misma frecuencia que lo haríamos con nuestro padre terrenal si él estuviera cerca?”11.

El élder Boyd K. Packer habla durante la Conferencia General de abril de 1977.

El servicio del presidente Packer en el liderazgo general de la Iglesia aportó muchos años de estudio bajo la mano del Señor. Su ministerio abarcó generaciones y continentes.

Una mujer recordaba la influencia que el élder Packer tuvo en su vida cuando ella era una adolescente, cuando él discursó en el tabernáculo de los pioneros de su pueblo, al sudeste de Idaho, en la década de 1960. El élder Packer exhortó a los jóvenes de la congregación a ir a casa y expresar a sus padres el amor que sentían por ellos y su gratitud por sus sacrificios. Ese tipo de expresiones de amor no eran habituales en casa de ella ni en casa de sus compañeros. El mensaje del élder Packer le hizo reflexionar sobre el coste que suponía para sus padres, en términos de trabajo y abnegación, el criar a una gran familia con los ingresos de una pequeña granja. Eso le hizo apreciar más a sus antepasados pioneros y su legado espiritual.

En Alemania, a principios de la década de 1970, el presidente Packer y su esposa tuvieron que viajar en tren de Múnich a Berlín, por la noche, para cumplir con una de las asignaciones de la Iglesia del presidente Packer. Dos jóvenes misioneros les habían llevado hasta el tren. Cuando el tren estaba saliendo de la estación, uno de los jóvenes élderes preguntó, a través de la ventana, si el élder Packer tenía dinero alemán. Cuando el élder Packer le respondió que no, el misionero, corriendo junto al tren, le entregó un billete de 20 marcos.

Unas horas después, ese billete de 20 marcos resultó crucial para que pudieran terminar su viaje sanos y salvos. Le ayudó a cambiar la opinión de un soldado de Alemania Oriental, que podía haber sacado del tren a la hermana Packer y la podía haber arrestado porque su tipo de pasaporte, más antiguo, no era aceptado por el gobierno del soldado.

El joven misionero que había entregado ese billete de 20 marcos a aquel apóstol que estaba de visita era David A. Bednar, que 30 años más tarde serviría con el presidente Packer en el Cuórum de los Doce. El propósito del relato, dijo el presidente Packer, es que cuando estamos en el servicio del Señor no tenemos que preocuparnos por si podremos ser capaces de cumplir con nuestras asignaciones, porque Su mano estará con nosotros12. Cualquiera que haya seguido el ministerio de Boyd K. Packer sabe que la mano del Señor estaba con él.

El amor que sentía por el resto de los Santos de los Últimos Días podía sentirse cuando ministraba entre ellos. En un lugar estrecho y empinado de las tierras altas de los mayas, en la Estaca Momostenango, Guatemala, hay un pequeño centro de reuniones que el élder Packer dedicó a mediados de la década de 1980. Los miembros que estaban presentes recuerdan con cariño cómo la fuerza de su testimonio conmovió a sus espíritus. Todavía podían sentir el amor que notaron cuando un apóstol del Señor caminó entre ellos.

Maestro y testigo

Las Autoridades Generales que sirvieron con Boyd K. Packer en el Quórum de los Doce llegaron a conocer su capacidad para enseñar sobre los principios del Evangelio, así como su firmeza al seguirlos. “El élder Packer es un gran maestro”, comentó el presidente James E. Faust (1920–2007), que sirvió como consejero de la Primera Presidencia. “Aunque todos los apóstoles son maestros, él es un maestro entre los Doce”. El amor por las Escrituras del élder Packer y el uso que hizo de ellas en puestos de liderazgo influyeron en la dirección de toda la Iglesia, afirmó el presidente Faust13.

El élder Boyd K. Packer, en el centro, se reúne con el élder James E. Faust (a la izquierda) y el élder Dallin H. Oaks (a la derecha) el 6 de junio de 1987. Fotografía cortesía de los archivos de Church News.

El élder Russell M. Nelson comentó en una ocasión que cuando el Quórum de los Doce reflexionaba sobre un problema, el élder Packer solía buscar enseñanzas relevantes en el Libro de Mormón para encontrar una solución. “Sin el Libro de Mormón, el élder Packer no podría ser el profeta que es. Es un vidente con dones del Espíritu”. Su enseñanza basada en las Escrituras se caracteriza por una “profunda comprensión”, agregó el élder Nelson. “Nadie ha llegado a conocer la profundidad de este hombre”14.

En una ocasión, se le preguntó al élder Packer si resultaba difícil para doce hombres de aguda inteligencia, con unos orígenes muy distintos, ponerse de acuerdo sobre la dirección que debían seguir los asuntos de la Iglesia. Él explicó que los miembros de los Doce “tienen algo en común que no comparte nadie más en la tierra”. Aportan una gran fortaleza y capacidad individual para asumir sus responsabilidades colectivas y luego someten su voluntad, unánimemente, a la inspiración divina recibida. “Todos nosotros somos nuestra propia persona y todos tenemos un carácter decidido, pero todos somos uno”15.

En sus últimos años, la expresión de su testimonio apostólico pareció volverse más urgente para él y más sencillo que nunca. La voz del testimonio del élder Packer fue una constante fiable para la Iglesia, unas palabras de testimonio que nunca titubearon. A quienes le escuchaban nunca les resultó difícil discernir que Boyd K. Packer losabía.

El presidente Boyd K. Packer en 1999.

Tras el sostenimiento del presidente Monson en la Conferencia General de abril de 2008, la explicación que el presidente Packer dio de lo sucedido reflejaba tanto la reverencia por los llamamientos de la Iglesia como su certeza con respecto a su origen divino. “No había duda ni vacilación en cuanto a lo que debía hacerse”, dijo. “En esa sagrada reunión, Thomas Spencer Monson fue sostenido por el Quórum de los Doce Apóstoles como Presidente de la Iglesia”. El proceso no era nuevo, explicó el presidente Packer. “El Señor mismo puso en marcha este modelo de administración” 16.

En 2010, el presidente Packer regresó a su ciudad natal, Brigham City, para dar la palada inicial del Templo de Brigham City, Utah, en el lugar donde se encontraba su antigua escuela primaria. Dos años más tarde, presidió su dedicación.

Durante todo el proceso demostró su característica humildad. “No propuse que hubiera un templo en Brigham City”, dijo. “Fue una sugerencia de las Autoridades Generales. Mi contribución fue no oponerme a la idea. Y lo mismo sucedió con la dedicación; no me la asigné a mí mismo. Me alegro de que me la asignaran; me siento agradecido”17.

El presidente Boyd K. Packer asiste a la ceremonia de la piedra angular del Templo de Brigham City, Utah, el 23 de septiembre de 2012, con su esposa, Donna, y su hijo mayor, el élder Allan F. Packer, de los Setenta. Fotografía por Gerry Avant, Church News.

Siempre se esforzó por mejorar

Durante toda su vida, el presidente Packer se esforzó constantemente por mejorar. Se refirió a los apóstoles vivientes, incluyéndose a sí mismo, como “gente normal” que se puede preguntar por qué se les ha llamado a este sagrado oficio. “Carezco de tanta preparación; mi esfuerzo por servir deja tanto que desear. Hay sólo una cosa, un único requisito que pueda explicarlo. Al igual que Pedro y todos los que han sido ordenados desde entonces, yo poseo ese testimonio.

“Sé que Dios es nuestro Padre. Él presentó a Su Hijo, Jesucristo, a José Smith. Les declaro que sé que Jesús es el Cristo. Sé que Él vive… Él llevó a cabo Su expiación. Testifico de Él”18.

El élder Boyd K. Packer en 1976.

Hace muchos años, después de recibir un testimonio personal en aquella pequeña isla del Pacífico, él quería dar algo a cambio. Deseaba formalizar su compromiso como discípulo de Jesucristo.

“Se había vuelto vitalmente importante”, recordaba, “determinar esa intención entre el Señor y yo, para que yo supiera que Él conocía la forma en que yo había comprometido mi albedrío. Fui ante Él y le dije: ‘No soy neutral, y puedes hacer conmigo lo que quieras. Si necesitas mi voto, está allí. No me importa lo que hagas conmigo, y no me tienes que quitar nada porque yo te lo doy; te doy todo, todo lo que poseo, todo lo que soy’”19.

Notas

  1. Boyd K. Packer, Teach Ye Diligently, 1975, págs. 18, 19.
  2. Véase Lucile C. Tate, Boyd K. Packer: A Watchman on the Tower, 1995, pág. 62.
  3. Véase Don L. Searle, “Élder Boyd K. Packer: Discípulo del Supremo Maestro”, Liahona, mayo de 1987, pág. 10.
  4. Boyd K. Packer, en Searle, “Elder Boyd K. Packer”, pág. 9.
  5. Boyd K. Packer, en Searle, “Elder Boyd K. Packer”, pág. 10.
  6. Véase Tate, Boyd K. Packer, pág. 60.
  7. Boyd K. Packer, en Searle, “Elder Boyd K. Packer”, pág. 11.
  8. A. Theodore Tuttle, prefacio de Teach Ye Diligently, de Boyd K. Packer, págs. viii–ix.
  9. Entrevista con Allan Packer, 1 de mayo de 2005.
  10. Entrevista con Allan Packer, 1 de mayo de 2005.
  11. Boyd K. Packer, en Jay M. Todd, “Boyd K. Packer of the Council of the Twelve”, Improvement Era, mayo de 1970, págs. 4, 5.
  12. Véase Boyd K. Packer, “El billete de veinte marcos”, Liahona, junio de 2009, págs. 20–22.
  13. James E. Faust, en Searle, “Elder Boyd K. Packer”, pág. 13.
  14. Russell M. Nelson, en Searle, “Elder Boyd K. Packer”, pág. 13.
  15. Boyd K. Packer, en Searle, “Elder Boyd K. Packer”, pág. 13.
  16. Boyd K. Packer, “Los Doce”, Liahona, mayo de 2008, pág. 83.
  17. Boyd K. Packer, en Gerry Avant, “Rooted in Heritage of Brigham City’s Pioneers”, Church News, 2 de septiembre de 2012, 3.
  18. Boyd K. Packer, “Los Doce”, pág. 87.
  19. Boyd K. Packer, en Tate, Boyd K. Packer, pág. 62.
Publicado en Sin categoría | Etiquetado | 2 comentarios

La bendición de las escrituras

Conferencia General Abril 2010

La bendición de las escrituras

Por el élder D. Todd Christofferson
Del Quórum de los Doce Apóstoles

El propósito central de todas las Escrituras es llenar nuestras almas de fe en Dios el Padre y en Su Hijo Jesucristo.

El 6 de octubre del año 1536, a una figura lastimosa se le condujo de un calabozo del Castillo Vilvorde, cerca de Bruselas, Bélgica. Durante casi año y medio, el hombre había tenido que soportar estar aislado en una celda oscura y húmeda. Ahora, fuera de los muros del castillo, el prisionero fue atado a un poste. Tuvo tiempo de pronunciar en voz alta su oración final: “¡Señor!, abre los ojos del rey de Inglaterra”, tras lo cual fue ahorcado. De inmediato, quemaron su cuerpo en la hoguera. ¿Quién era ese hombre, y cuál era la ofensa por la cual tanto las autoridades políticas como eclesiásticas lo habían condenado? Se llamaba Guillermo Tyndale, y su crimen fue haber traducido la Biblia al inglés y haberla publicado.

Tyndale, nacido en Inglaterra en la época en que Colón zarpó hacia el nuevo mundo, se educó en Oxford y Cambridge y llegó a ser integrante del clero católico. Hablaba ocho idiomas con fluidez, entre ellos griego, hebreo y latín. Tyndale era un ferviente estudioso de la Biblia, y le preocupaba profundamente la ignorancia generalizada sobre las Escrituras que observaba entre sacerdotes y laicos por igual. En una acalorada discusión con un clérigo que opinaba que no se debían poner las Escrituras al alcance del hombre común, Tyndale juró: “¡Si Dios me concede vida, antes de que pasen muchos años, haré que el joven que conduzca el arado sepa más de las Escrituras que tú mismo!”.

Solicitó la aprobación de las autoridades de la iglesia para preparar una traducción de la Biblia al inglés para que todos pudieran leer la palabra de Dios y llevarla a la práctica. Le fue negada, ya que la opinión que prevalecía era que el acceso directo a las Escrituras por parte de alguien que no fuera del clero ponía en peligro la autoridad de la iglesia y era como echar “perlas delante de los cerdos” (Mateo 7:6).

Sin embargo, Tyndale emprendió la difícil tarea de la traducción. En 1524, viajó a Alemania, bajo un nombre ficticio, donde vivió la mayor parte del tiempo a escondidas, bajo constante amenaza de arresto. Con la ayuda de amigos fieles, Tyndale logró publicar las traducciones al inglés del Nuevo Testamento y más tarde del Antiguo Testamento. Las Biblias se introdujeron clandestinamente en Inglaterra, donde tenían gran demanda y las valoraban grandemente los que podían conseguirlas. Se compartían extensamente, pero en secreto. Las autoridades quemaban todas las copias que encontraban. Sin embargo, en menos de tres años después de la muerte de Tyndale, Dios en verdad abrió los ojos del rey Enrique VIII, y con la publicación de lo que se llamó “La Gran Biblia”, las Escrituras en inglés comenzaron a estar a disposición del público. La obra de Tyndale llegó a ser el fundamento de casi todas las traducciones futuras de la Biblia al inglés, en particular la Versión del Rey Santiago1.

Guillermo Tyndale no fue el primero ni el último de los que se han sacrificado, en muchos países e idiomas, aun al grado de morir, para sacar la palabra de Dios de la oscuridad. Les debemos a todos ellos una gran deuda de gratitud. Debemos quizás una deuda aún mayor a aquellos que fielmente registraron y preservaron la palabra a través de las edades, muchas veces con minuciosa labor y sacrificio: Moisés, Isaías, Abraham, Juan, Pablo, Nefi, Mormón, José Smith y muchos más. ¿Qué sabían ellos de la importancia de las Escrituras que nosotros también debamos saber? ¿Qué es lo que entendió la gente de Inglaterra del siglo dieciséis, que pagó enormes sumas de dinero e hizo frente a graves riesgos personales para tener acceso a una Biblia, que nosotros también debamos entender?

Poco antes de morir, el profeta Alma confió los sagrados anales del pueblo a su hijo Helamán. Le recordó a Helamán que las Escrituras habían “ensanchado la memoria de este pueblo, sí, y… convencido a muchos del error de sus caminos, y los han traído al conocimiento de su Dios para la salvación de sus almas” (Alma 37:8). Le mandó a Helamán que preservara los anales a fin de que mediante ellos, Dios pudiera “manifestar su poder a las generaciones futuras” (Alma 37:14).

Por medio de las Escrituras, Dios verdaderamente “manifiesta su poder” para salvar y exaltar a Sus hijos. Por Su palabra, como dijo Alma, Él ensancha nuestra memoria, arroja luz en la falsedad y el error, y nos lleva al arrepentimiento y a regocijarnos en Jesucristo, nuestro Redentor.

Las Escrituras ensanchan nuestra memoria

Las Escrituras ensanchan nuestra memoria al ayudarnos a recordar siempre al Señor y nuestra relación con Él y con el Padre. Nos recuerdan lo que sabíamos en nuestra vida premortal, y ensanchan nuestra memoria en otro sentido al enseñarnos acerca de épocas, personas y acontecimientos que no experimentamos personalmente. Ninguno de nosotros estuvo presente para ver partirse el mar Rojo y cruzar con Moisés al otro lado entre muros de agua. No estuvimos allí para escuchar el Sermón del Monte, para ver a Lázaro al ser levantado de entre los muertos, para ver al Salvador agonizante en Getsemaní y en la cruz; ni oímos, con María, a los dos ángeles testificar en la tumba vacía que Jesús se había levantado de los muertos. Ustedes y yo no avanzamos uno por uno con la multitud en la tierra de Abundancia por invitación del Salvador resucitado, para palpar las marcas de los clavos y bañar Sus pies con nuestras lágrimas. No nos arrodillamos al lado de José Smith en la Arboleda Sagrada ni contemplamos allí al Padre y al Hijo. Sin embargo, sabemos todas esas cosas y mucho más porque tenemos el registro de las Escrituras para ensanchar nuestra memoria, para enseñarnos lo que no sabíamos; y a medida que estas cosas penetren nuestra mente y nuestro corazón, se arraiga nuestra fe en Dios y en Su Hijo Amado.

Las Escrituras también ensanchan nuestra memoria al ayudarnos a no olvidar lo que nosotros y generaciones anteriores hemos aprendido. Los que no tienen la palabra registrada de Dios o que no hacen caso de ella, con el tiempo dejan de creer en Él y olvidan el propósito de su existencia. Ustedes recordarán lo importante que fue para los del pueblo de Lehi llevar las planchas de bronce consigo cuando partieron de Jerusalén. Esas Escrituras eran clave para que tuvieran conocimiento de Dios y de la futura redención de Cristo. El otro grupo que “salió de Jerusalén” poco después de Lehi no tenía Escrituras, y cuando los descendientes de Lehi los encontraron unos trescientos o cuatrocientos años después, se encuentra registrado que “su idioma se había corrompido… y negaban la existencia de su Creador” (Omni 1:15, 17).

En la época de Tyndale, abundaba la ignorancia en cuanto a las Escrituras porque la gente no tenía acceso a la Biblia, especialmente en un idioma que pudieran entender. Actualmente, la Biblia y otras Escrituras están a la mano y, sin embargo, el analfabetismo sobre las Escrituras va en aumento porque la gente no abre los libros. Por consiguiente, han olvidado cosas que sus abuelos sabían.

Las Escrituras son la norma para distinguir la verdad y el error

Dios se vale de las Escrituras para desenmascarar las ideas erróneas, las tradiciones falsas y el pecado con sus devastadores efectos. Él es un padre tierno que desea evitarnos el sufrimiento y el pesar innecesarios, y al mismo tiempo ayudarnos a lograr nuestro divino potencial. Las Escrituras, por ejemplo, desacreditan una antigua filosofía que ahora vuelve a estar de moda: la filosofía de Korihor de que no existen las normas morales absolutas, de que “todo hombre [prospera] según su genio, todo hombre [conquista] según su fuerza; y no [es] ningún crimen el que un hombre [haga] cosa cualquiera” y “que cuando [muere] el hombre, allí [termina] todo” (Alma 30:17–18). Alma, quien había lidiado con Korihor, no dejó a su propio hijo Coriantón con dudas en cuanto a la realidad y a la esencia de un código moral divino. Coriantón había sido culpable de pecado sexual, y su padre le habló con amor pero con claridad: “¿No sabes tú, hijo mío, que estas cosas son una abominación a los ojos del Señor; sí, más abominables que todos los pecados, salvo el derramar sangre inocente o el negar al Espíritu Santo?” (Alma 39:5).

En un cambio total de hace un siglo, hoy muchos cuestionarían a Alma acerca de la seriedad de la inmoralidad. Otros alegarían que todo es relativo, o que el amor de Dios es permisivo. Si hay un Dios, dicen ellos, Él justifica todos los pecados y las transgresiones por motivo de Su amor por nosotros; no hay necesidad de arrepentirse o, a lo sumo, basta con una simple confesión. Se han imaginado a un Jesús que quiere que la gente luche por la justicia social pero que no exige nada de su vida y conducta personales2. Pero un Dios de amor no nos deja solos para que aprendamos por triste experiencia que “la maldad nunca fue felicidad” (Alma 41:10; véase también Helamán 13:38). Sus mandamientos son la voz de la realidad y nuestra protección contra el dolor que nosotros mismos nos ocasionamos. Las Escrituras son el criterio para medir la exactitud y la verdad y dejan bien claro que la verdadera felicidad no yace en negar la justicia de Dios o en tratar de evadir las consecuencias del pecado, sino en el arrepentimiento y el perdón mediante la gracia expiatoria del Hijo de Dios (véase Alma 42).

En las Escrituras se nos enseñan los principios y los valores morales que son esenciales para mantener la sociedad civil, incluso la integridad, la responsabilidad, el desinterés, la fidelidad y la caridad. En las Escrituras encontramos vívidos ejemplos de las bendiciones que provienen al honrar los principios verdaderos, así como las tragedias que ocurren cuando las personas y las civilizaciones los desechan. Si se hace caso omiso de las verdades de las Escrituras o éstas se abandonan, el núcleo moral esencial de la sociedad se desintegra y en poco tiempo decae. Con el tiempo, no queda nada para sostener las instituciones que sostienen a la sociedad.

Las Escrituras nos llevan a Cristo, nuestro Redentor

Al final, el propósito central de todas las Escrituras es llenar nuestras almas de fe en Dios el Padre y en Su Hijo Jesucristo; la fe en que existen; la fe en el plan del Padre para nuestra inmortalidad y vida eterna; la fe en la expiación y la resurrección de Jesucristo, lo cual da vida a este plan de felicidad; la fe para hacer del evangelio de Jesucristo nuestro estilo de vida; y la fe para llegar a conocer al “único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien [Él ha] enviado” (Juan 17:3).

La palabra de Dios, como dijo Alma, es como una semilla que se planta en nuestro corazón, la cual produce fe a medida que empieza a crecer en nuestro interior (véase Alma 32:27–43; véase también Romanos 10:13–17). La fe no se logrará del estudio de textos antiguos como actividad estrictamente académica. No provendrá de excavaciones ni de descubrimientos arqueológicos; no provendrá de experimentos científicos; ni siquiera provendrá por presenciar milagros. Esas cosas pueden servir para confirmar la fe, o a veces para ponerla a prueba, pero no la crean. La fe viene por el testimonio del Espíritu Santo a nuestra alma, de Espíritu a espíritu, al escuchar o leer la palabra de Dios. Y la fe madura al seguir deleitándonos en la palabra.

Los relatos de las Escrituras sobre la fe de otras personas sirven para fortalecer la nuestra. Recordamos la fe de un centurión que permitió que Cristo sanara a su siervo sin siquiera verlo (véase Mateo 8:5–13), y la curación de la hija de la mujer gentil porque esa humilde madre estuvo dispuesta a aceptar, por así decirlo, incluso las migajas de la mesa del Maestro (véase Mateo 15:22–28; Marcos 7:25–30). Oímos el lamento del sufrido Job: “…aunque él me matare, en él confiaré” (Job 13:15), y lo oímos profesar: “Yo sé que mi Redentor vive, y que al final se levantará sobre el polvo. … [y] aún he de ver en mi carne a Dios” (Job 19:25–26). Cobramos valor al escuchar la determinación de un tierno y joven profeta, odiado e implacablemente perseguido por tantos adultos: “…había visto una visión; yo lo sabía, y sabía que Dios lo sabía; y no podía negarlo, ni osaría hacerlo” (José Smith—Historia 1:25).

Debido a que las Escrituras exponen la doctrina de Cristo, van acompañadas del Espíritu Santo, cuya función es dar testimonio del Padre y del Hijo (véase 3 Nefi 11:32). Por lo tanto, el enfrascarnos en las Escrituras es una forma en que recibimos el Espíritu Santo. Naturalmente, el Espíritu Santo es quien da las Escrituras en primer lugar (véase 2 Pedro 1:21; D. y C. 20:26–27; 68:4), y ese mismo Espíritu puede testificarnos a ustedes y a mí de la veracidad de ellas. Estudien las Escrituras de manera detenida y deliberada. Mediten en ellas y oren al respecto. Las Escrituras son revelación y brindarán revelación adicional.

Consideren la magnitud de nuestra bendición de tener la Santa Biblia y unas 900 páginas adicionales de Escritura, incluso el Libro de Mormón, Doctrina y Convenios y la Perla de Gran Precio. Luego consideren que, además, las palabras que hablan los profetas cuando son inspirados por el Espíritu Santo en ocasiones como ésta, a las que el Señor llama Escritura (véase D. y C. 68:2–4), fluyen hacia nosotros casi constantemente por televisión, radio, internet, satélite, CD, DVD y material impreso. Supongo que nunca en la historia se ha bendecido a un pueblo con tal cantidad de escritos sagrados, y no sólo eso, sino que todo hombre, mujer y niño puede poseer y estudiar su propio ejemplar personal de estos textos sagrados, la mayoría en su propio idioma. ¡Qué increíble le habría parecido tal cosa a la gente de la época de Guillermo Tyndale y a los santos de dispensaciones anteriores! Ciertamente, con esta bendición, el Señor nos está diciendo que la necesidad de que recurramos constantemente a las Escrituras es más grande que en cualquier época anterior. Ruego que nos deleitemos continuamente en las palabras de Cristo, las cuales nos dirán todas las cosas que debemos hacer (véase 2 Nefi 32:3). He estudiado las Escrituras, las he escudriñado, y en esta víspera de Pascua de Resurrección, les doy mi testimonio del Padre y del Hijo tal como se revelan Ellos en las Santas Escrituras, en el nombre de Jesucristo. Amén.

NOTAS

  1. Se consultaron las siguientes fuentes acerca de Guillermo Tyndale: David Daniell, The Bible in English, 2003, págs. 140–157; Lenet Hadley Read, How We Got the Bible, 1985, págs. 67–74; S. Michael Wilcox, Fire in the Bones: William Tyndale, Martyr, Father of the English Bible, 2004; John Foxe, The New Foxe’s Book of Martyrs, 1997, págs. 121–133; William Tyndale, http://en.wikipedia.org/wiki/William_Tyndale, accedido el 28 de febrero de 2010.
  2. Véase entrevista de Richard Neitzel Holzapfel en el artículo de Michael De Groote “Questioning the Alternative of Jesus”, Deseret News, nov. 26, 2009, M5.
Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , | Deja un comentario

La búsqueda de un puerto seguro

LA BÚSQUEDA DE UN PUERTO SEGUROlogo 4
Élder Joseph B. Wirthlin
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Joseph B. Wirthlin“El Salvador es nuestro solaz y santuario en las tormentas de la vida. Si buscamos paz, debemos acudir a Él”.

Es un privilegio el estar con ustedes en esta ocasión histórica. Personalmente, este magnífico Centro de Conferencias, con sus muros de granito imperecedero, es un símbolo de una gran obra de los últimos días: la piedra que vio Daniel, “cortada del monte no con mano” 1, para permanecer para siempre como el reino de Dios. Tanto si ustedes están aquí en persona o participando desde cualquier otro lugar, les alabo por la decisión de ser parte de esta histórica conferencia general y ruego que el Señor les bendiga por su fidelidad.

Hace más de sesenta años serví como misionero en Austria y Suiza; fue un tiempo algo difícil pero también maravilloso. Llegué a amar a las personas de esa parte del mundo y no quería dejarles, pero llegó el fin de mi servicio misional a finales de agosto de 1939 e hice los preparativos para regresar a casa.

Tras un largo viaje surcando el Océano Atlántico, que en aquella época era peligroso por motivo de la guerra, me regocijé al ver aquel maravilloso símbolo de libertad y democracia que es la Estatua de la Libertad. No puedo expresarles el alivio que sentí cuando por fin llegamos a ese puerto seguro.

Imagino que fue algo semejante a lo que sintieron los discípulos de Jesucristo el día en que, junto con el Salvador, navegaron por el Mar de Galilea. Las Escrituras nos dicen que Jesús estaba cansado y se dirigió a la popa, donde se quedó dormido sobre un cabezal 2. A poco, los cielos se oscurecieron y “se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca” 3. La tormenta rugía; los discípulos se alarmaron. Parecía que la barca iba a zozobrar, más el Salvador seguía dormido. Finalmente, ya no pudieron aguantar más y despertaron a Jesús. Imaginen la angustia y la desesperación en sus voces cuando imploraron al Maestro: “. . .¿no tienes cuidado que perecemos?” 4.

Hoy día, muchas personas se sienten abrumadas y agobiadas; muchos sienten que los barcos de sus vidas pueden zozobrar o hundirse en cualquier momento. Es a ustedes, que están buscando un puerto seguro, a quienes deseo dirigirme hoy, a ustedes cuyos corazones se están quebrando, a los preocupados y temerosos, a los que soportan la pena o la carga del pecado, a los que sienten que nadie escucha sus sollozos, a aquellos cuyos corazones suplican: “Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?”.A ustedes ofrezco unas pocas palabras de consuelo y de consejo. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

Sed de buen ánimo y fieles en la adversidad

SED DE BUEN ÁNIMO Y FIELES EN LA ADVERSIDADlogo 4
Élder Adhemar Damiani
De los Setenta

Adhemar DamianiEl Evangelio de Jesucristo nos brinda la fortaleza y la perspectiva eterna para hacer frente, con buen ánimo, a lo que venga.

¿Cómo podemos encontrar paz en este mundo? ¿Cómo podemos perseverar hasta el fin? ¿Cómo podemos vencer las dificultades y las aflicciones que afrontamos?

El Salvador Jesucristo dijo: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” 1 .

Como parte de nuestra probación terrenal, experimentamos aflicción, dolor y desilusión. Sólo en Jesucristo podemos encontrar paz. Él puede ayudarnos a ser de buen ánimo y a vencer los desafíos de esta vida.

¿Qué quiere decir ser de buen ánimo? Significa tener esperanza, no desanimarnos ni perder la fe, y vivir la vida con regocijo: “… existen los hombres para que tengan gozo” 2 . Significa encarar la vida con confianza.

El Evangelio de Jesucristo brinda la fortaleza y la perspectiva eterna para hacer frente, con buen ánimo, a lo que venga. No debemos, sin embargo, subestimar las dificultades que se han profetizado para nuestro día.

¿Cuáles son algunas de esas dificultades? ¿Cómo podemos hacerles frente?

Algunas de estas dificultades son la falta de esperanza, de amor y de paz.

El profeta Moroni enseñó: “Y si no tenéis esperanza, os hallaréis en la desesperación; y la desesperación viene por causa de la iniquidad” 3 . Para muchos, los años venideros pueden ser años de desesperación. Mientras más grande sea la iniquidad, más grande será la desesperación.

El Salvador dijo: “y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará” 4 . A medida que aumente la iniquidad, el verdadero amor desaparecerá. ¡Como resultado, aumentan el temor, la inseguridad y la desesperación! Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | 2 comentarios

Lealtad

Conferencia General Abril 2003
Lealtad
Presidente Gordon B. Hinckley

Sean leales a lo mejor que está dentro de ustedes; sean fieles y verídicos a los convenios que están relacionados con el sacerdocio de Dios.

En todo el mundo, no hay otra reunión que se compare a ésta. Dondequiera que estemos, cualquiera sea el idioma que hablemos, todos somos hombres sobre cuya cabeza se han impuesto las manos para recibir el sacerdocio de Dios. Ya seamos jovencitos que hayan recibido el Sacerdocio Aarónico o menor, u hombres que hayan recibido el Sacerdocio de Melquisedec o mayor, sobre cada uno de nosotros se ha conferido algo maravilloso y magnífico, una porción de la esencia misma de la divinidad.

Repito, en todo el mundo no hay una congregación como ésta. Nos encontramos reunidos en los lazos de hermandad, en una vasta congregación de hombres que han sido investidos con cierto poder o autoridad, que se sienten honrados con el privilegio de hablar y de actuar en el nombre del Todopoderoso. El Señor Dios de los cielos ha considerado apropiado conferir sobre nosotros algo que es exclusivamente Suyo. A veces me pregunto si somos dignos de él; me pregunto si en verdad lo valoramos. Me maravilla el carácter infinito de este poder y autoridad; tiene que ver con la vida y la muerte, con la familia y la Iglesia, con la grandiosa y trascendente naturaleza de Dios Mismo y Su obra eterna.

Hermanos, les saludo como miembros de quórumes del santo sacerdocio; les saludo como siervos del Dios viviente quien ha depositado sobre cada uno de nosotros una responsabilidad que no debemos ni podemos eludir.

En armonía con ese saludo, he elegido hablar sobre los diversos aspectos de una palabra; esa palabra es lealtad.

Pienso en la lealtad desde el punto de vista de ser fieles a nosotros mismos; desde el punto de vista de ser absolutamente fieles a la compañera que hemos escogido; desde el punto de vista de ser absolutamente fieles a la Iglesia y a sus muchas facetas de actividad; desde el punto de vista de ser absolutamente fieles al Dios del cielo, nuestro Padre Celestial, y a Su Amado Hijo, nuestro Redentor, el Señor Jesucristo. Seguir leyendo

Publicado en Lealtad, Matrimonio, Moral, Pornografía, Sacerdocio | Etiquetado , , , , , , | Deja un comentario

Permanece en el lugar que se te ha designado

Conferencia General Abril 2003
Permanece en el lugar que se te ha designado
Presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Que nos esforcemos por rescatar a quienes se han alejado del camino para que ninguna alma preciosa se pierda.

Nos encontramos reunidos esta noche como un poderoso grupo del sacerdocio, tanto aquí en el Centro de conferencias, como en diferentes lugares del mundo. Algunos poseen el Sacerdocio Aarónico, mientras otros, el Sacerdocio de Melquisedec.

El presidente Stephen L Richards, que fue consejero del presidente David O McKay, declaró: “Por lo general, el sacerdocio se define sencillamente como ‘el poder de Dios conferido al hombre’. Creo que esa definición es correcta, pero, por razones prácticas, me gusta definirlo en términos de servicio y con frecuencia lo llamo el ‘plan perfecto del servicio’… Es un instrumento de servicio… y es posible que el hombre que no lo use lo pierda, pues se nos dice claramente en una revelación que el que lo descuide ‘no será considerado digno de permanecer’” 1 .

En la Estaca Pioneer, ubicada en Salt Lake City, donde recibí tanto el Sacerdocio Aarónico como el de Melquisedec, se nos enseñó a familiarizarnos con las Escrituras, incluso las secciones 20, 84 y 107 de Doctrina y Convenios. En esas secciones aprendemos acerca del sacerdocio y del gobierno de la Iglesia.

Esta noche quisiera hacer hincapié en un versículo de la sección 107: “Por tanto, aprenda todo varón su deber, así como a obrar con toda diligencia en el oficio al cual fuere nombrado” 2 .

El presidente Harold B. Lee con frecuencia enseñaba: “Cuando uno llega a ser poseedor del Sacerdocio, se convierte en agente del Señor. Debe considerar su llamamiento como si se encontrara en los negocios del Señor” 3 .

De esas secciones también aprendemos los deberes de las presidencias de quórum y el hecho de que somos responsables de otras personas además de nosotros mismos.

Creo firmemente que hoy día la Iglesia está más fuerte que nunca. Los niveles de actividad de nuestros jóvenes son evidencia de que ésta es una generación de fe y devoción a la verdad. A pesar de eso, hay quienes se alejan del camino, que encuentran otros intereses que los persuaden a descuidar sus deberes dentro de la Iglesia. No debemos perder esas almas preciosas. Seguir leyendo

Publicado en Activación, Obra misional, Orientación familiar, Sacerdocio | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario

La garganta del diablo

Conferencia General Abril 2003
La garganta del diablo
Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Les ruego que nos ayuden a oponer resistencia a las cosas del mundo. Debemos mantenernos firmes contra el viento. A veces no nos queda más que ser poco populares y sencillamente decir: “Eso no está bien”.

Mis estimados hermanos del sacerdocio, aunque en esta ocasión dirijo la palabra a todos ustedes, me gustaría dirigirme en especial a los hombres jóvenes. Me propongo instruirlos y advertirlos de los peligros que quedan por venir, pero también deseo expresar el amor y la gran confianza que les tengo a ustedes, los de la nueva generación.

En mis años mozos, presté servicio misional en Brasil, lo cual resultó ser una extraordinaria experiencia. Una de las maravillas del mundo que se encuentra en ese gran país son las Cataratas del Iguazú. Durante la temporada de inundaciones, la cantidad de agua que cae desde el borde del precipicio no tiene comparación en todo el mundo; en sólo unos cuantos minutos, millones de litros de agua caen en cascada hacia el abismo. La parte de las cataratas en que el aluvión de agua es más fuerte se llama la Garganta del Diablo.

Justo antes de que el agua caiga vertiginosamente en la Garganta del Diablo, un peñascal se eleva por sobre la corriente. Hace algunos años, algunos imprudentes dueños de canoas llevaban pasajeros hasta los peñascos para que pudieran pararse sobre las rocas y dirigir la mirada al interior de la Garganta del Diablo. El agua que corre en la parte superior de las cataratas suele ser calma y de lento fluir, parte de un ambiente tranquilo en el que sólo el rugir de las aguas que se precipitan por la gorja advierte el peligro que acecha a apenas unos pocos metros más adelante. Una corriente repentina e inesperada podría lanzar cualquier canoa a las aguas rápidas, impulsándola sobre el acantilado y haciéndola caer en la Garganta del Diablo. Quienes cometen la insensatez de salir de las canoas para ponerse de pie en el húmedo peñascal fácilmente pueden resbalarse y acabar tragados por la corriente que se pierde en el abismo.

Soy consciente de que algunos de ustedes se consideran muy temerarios, dispuestos a aceptar prácticamente cualquier reto, pero algunas de esas excursiones divertidas los conducirán de manera inevitable a la Garganta del Diablo. El único curso seguro consiste en mantenerse bastante lejos de los peligros de dichas cataratas. En las fuertes palabras de advertencia que nos dio el presidente George Albert Smith: “Si cruzan la línea hacia el lado que pertenece al diablo, aun cuando no sea más que dos o tres centímetros, estarán bajo el dominio del tentador, y si éste logra tener éxito, no podrán pensar ni razonar debidamente, porque habrán perdido el Espíritu del Señor” 1 . Seguir leyendo

Publicado en Albedrío, Espíritu santo, Obediencia, Tentación | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario

Así son las cosas

Conferencia General Abril 2003
Así son las cosas
Obispo H. David Burton
Obispo Presidente

Debemos lograr y mantener ciertas normas a fin de participar en los eventos espirituales más importantes de la vida.

Buenas noches. Me encanta reunirme con los poseedores del sacerdocio de Dios y disfruto del espíritu de amor y hermandad mundial que compartimos y valoramos. Se siente un espíritu especial por la expectativa de recibir instrucciones respecto a las partes claras y preciosas del Evangelio de Jesucristo.

Esta noche mis comentarios van dirigidos a los hombres jóvenes de la Iglesia. Los demás pueden escuchar si lo desean.

Durante la pasada temporada navideña, el locutor noticioso Walter Cronkite participó en el concierto navideño del Coro del Tabernáculo y de la Orquesta de la Manzana del Templo. “Él pasó 19 años como presentador del informativo de televisión CBS Evening New, y se ganó la reputación de ser ‘el hombre más confiable de los Estados Unidos’” 1 . Cuando se le preguntó cómo quería que se le recordara, respondió: “Como un hombre que hizo lo mejor que pudo” 2 . Durante el transcurso de su distinguida carrera, el Sr. Cronkite terminó cada reportaje con la frase: “Y así son las cosas”. Esta noche, vamos a hablar de las cosas como son.

Hace poco, en una conferencia de estaca, el presidente de estaca me relató que cuando le preguntó a su hijo cuál había sido el tema de una charla fogonera reciente, el joven le respondió: “Elevar el nivel”. Después le comentó a su padre que estaba cansado del tema, porque últimamente era lo que se trataba en todas las clases y reuniones. Lo primero que pensé fue: “¡Qué bien! El mensaje del profeta se está analizando, escuchando y obedeciendo”. Pero enseguida pensé en lo que sentía ese joven acerca de los recordatorios repetitivos, los cuales pueden irritarnos cuando estamos poniendo nuestro mejor esfuerzo.

De joven, yo solía no escuchar el recordatorio repetitivo de mi madre: “David, recuerda quién eres”. Esa frase siempre provocaba comentarios interesantes por parte de mis amigos. También me irritaba que mi padre señalara una y otra vez la casa del presidente George Albert Smith cada vez que pasábamos por la calle 13 Este, en Salt Lake City, y me recordara que allí vivía un profeta de Dios que me amaba. Hoy me siento muy agradecido por esos recordatorios repetitivos. Seguir leyendo

Publicado en Dignidad, Mandamientos, Obediencia | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

La preparación para el servicio misional

Conferencia General Abril 2003
La preparación para el servicio misional
Élder Daryl H. Garn
De los Setenta

¡Cuán importante es que padre e hijo se esfuercen juntos en la preparación de los fundamentos de la misión!

En una conferencia de estaca reciente, un ex misionero habló sobre la preparación para el servicio misional. Usó una analogía en la que el padre le dice a su hijo: “Me dará gusto cuando juegues tu primer partido de baloncesto porque así vas a aprender a driblar y a encestar”. Comparó ese ejemplo con el de un padre que le dice a su hijo: “Me dará gusto cuando vayas a la misión porque así vas a aprender a ser una buena persona y a enseñar el Evangelio”. Al reflexionar en mi propia vida, esa analogía tuvo un impacto trascendental.

Cuando era niño, mi mayor anhelo era jugar al baloncesto. Por fortuna tuve un padre que quería ver la realización de los deseos de su hijo, así que papá y yo nos pasábamos horas en nuestra pequeña cocina practicando los fundamentos del pase y del drible. Además, yo solía escuchar los partidos de baloncesto universitario en la radio y soñar con la posibilidad de jugar algún día como estudiante universitario. En aquellos días, servir en una misión ni se me pasaba por la mente, y, como consecuencia, me esforcé muy poco por prepararme para la misión. A fin de asegurarse de que en mi vida hubiera cierto equilibrio, mi padre —que hacía años que no había tenido llamamiento en la Iglesia— aceptó el de ser mi maestro Scout. Siguió las instrucciones al pie de la letra y, gracias a su diligencia, algunos de mis amigos y yo logramos ser Scout águilas, el máximo grado del programa Scout. Ahora me doy cuenta de que el programa Scout es una excelente preparación misional.

Mi anhelo de la niñez se convirtió en realidad cuando logré ingresar en el equipo de baloncesto de la Universidad Utah State. Durante mi segundo año en dicha universidad, un ex misionero y yo nos hicimos amigos. Gracias a su ejemplo, empecé a observar a mis amigos y conocidos en la facultad, incluidos los del equipo de baloncesto, y me di cuenta de que las personas que yo más deseaba emular eran las que habían servido en una misión. Por medio de la guía amable y amorosa de mi buen amigo —y estoy seguro de que como resultado de las oraciones de mi madre y de su buen ejemplo— mis deseos cambiaron. Tras mi segundo año de universidad, recibí el llamamiento de servir en la Misión Canadá Occidental. Seguir leyendo

Publicado en Dignidad, Obra misional, Preparación | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

El progreso en el sacerdocio

Conferencia general Abril 2003
El progreso en el sacerdocio
Élder David B. Haight
Del Quórum de los Doce Apóstoles

El sacerdocio es el poder y la autoridad que nuestro Padre Celestial ha conferido al hombre. La autoridad y la majestad comprendidas en él son incomprensibles para nosotros.

Qué extraordinaria vista la de contemplar este Centro de Conferencias totalmente lleno y pensar en todos los edificios del mundo que están colmados con hombres poseedores del sacerdocio. Probablemente ésta sea la reunión del sacerdocio más grande en la historia de la Iglesia; no sería de extrañar, puesto que continuamos en aumento año tras año.

Mi primer contacto con el sacerdocio fue el día en que me bauticé, en un canal de riego, en el pequeño pueblo de Oakley, estado de Idaho. Me encontraba junto al canal con mis amigos; todos teníamos puestos los mamelucos de nadar, que eran sencillamente mamelucos de trabajo con las piernas cortadas y agujeros en los bolsillos, para que no nos hundiéramos; jamás habíamos visto una malla de baño hecha de otra tela. En aquel momento, mi padre salió del centro de reuniones del Barrio 1 con sus consejeros; llevaba en la mano una silla, que colocó junto al canal de irrigación, y luego me dijo: “David, ven aquí; vamos a bautizarte”.

Me zambullí en el canal y fui nadando hasta la otra orilla; salí temblando. Era el mes de setiembre y estaba fresco; los niños tiemblan de frío fácilmente, y en particular cuando llevan puesto sólo un mameluco. Mi papá se metió en el canal; según recuerdo, no se sacó los zapatos ni se cambió, sino que estaba vestido con su ropa de todos los días. Me mostró cómo debía colocar las manos y me bautizó. Después, emergí del agua y ambos subimos por la orilla del canal. Me senté en la silla, ellos me pusieron las manos sobre la cabeza y me confirmaron miembro de la Iglesia. Cuando terminaron, me zambullí otra vez y volví a cruzar el canal para reunirme con mis amigos.

Esa fue mi primera experiencia con el sacerdocio. Seguir leyendo

Publicado en Ejemplo, Sacerdocio, Servicio | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

La importancia de la familia

Conferencia General Abril 2003
La importancia de la familia
Élder L. Tom Perry
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Ruego que tengamos la resolución de edificar este año un hogar centrado en el Evangelio, un puerto seguro que nos proteja de las tormentas del adversario.

En un mundo de agitación e incertidumbre, es más importante que nunca hacer de la familia el centro de nuestras vidas y darle prioridad absoluta. La familia constituye el centro mismo del plan de nuestro Padre Celestial. En la siguiente declaración de “La Familia: Una proclamación para el mundo” se explican las responsabilidades de los padres para con su familia:

“El esposo y la esposa tienen la solemne responsabilidad de amarse y cuidarse el uno al otro, y también a sus hijos. ‘He aquí, herencia de Jehová son los hijos’ (Salmos 127:3). Los padres tienen la responsabilidad sagrada de educar a sus hijos dentro del amor y la rectitud, de proveer para sus necesidades físicas y espirituales, de enseñarles a amarse y a servirse el uno al otro, de guardar los mandamientos de Dios y de ser ciudadanos respetuosos de la ley dondequiera que vivan. Los esposos y las esposas, madres y padres, serán responsables ante Dios del cumplimiento de estas obligaciones” 1 .

En reuniones que recientemente hemos tenido con los miembros de Primera Presidencia, ellos han expresado estar preocupados por la desintegración de la familia. Dieron el mandato al Comité Ejecutivo del Sacerdocio de que, al cumplir con nuestras asignaciones, nos concentráramos en la familia.

Como resultado de la inquietud de la Primera Presidencia, ya se han puesto en marcha muchos planes y esfuerzos. Nos valdremos de todos los recursos que haya disponibles para alentar a que en la organización designada especialmente por el Señor, la familia, haya mayor armonía, amor e influencia para bien.

Debemos hacer de nuestros hogares un refugio en el cual ampararnos de la tormenta que nos azota cada vez con más fuerza. Si se dejan aunque sean aberturas mínimas, el no taparlas puede hacer que las influencias negativas penetren los muros de nuestros hogares. Permítanme darles un ejemplo: Seguir leyendo

Publicado en Día de reposo, Familia, Hogar, Noche de hogar, Revistas de la Iglesia | Etiquetado , , , , , , | Deja un comentario

El papel esencial de los miembros en la obra misional

Conferencia General Abril 2003
El papel esencial de los miembros en la obra misional
Élder M. Russell Ballard
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Debemos prepararnos para ayudar a los misioneros a encontrar a aquellos hijos de nuestro Padre Celestial que van a abrazar el mensaje de la Restauración.

Hermanos y hermanas, la Pascua es la época en la que el mundo cristiano se centra y se regocija en la resurrección de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Ese momento único lo cambió todo para siempre. El Salvador eliminó cada barrera que obstaculizaba nuestro regreso a un amoroso Padre Celestial. A cambio, Él nos pide: “…id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;

“enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:19–20).

El Evangelio según Juan contiene una versión más profunda del mismo mensaje. En la costa del mar de Galilea, Jesús preguntó tres veces a Pedro: “¿Me amas?”. La respuesta de Pedro fue siempre la misma: “Tú sabes que te amo”; y cada vez el Salvador le mandó: “Apacienta mis corderos… Pastorea mis ovejas… Apacienta mis ovejas” (Juan 21:15–17).

El vehemente mandato del Salvador de “apacentar [Sus] ovejas” sigue vigente en la actualidad, y al igual que Pedro y sus hermanos de la antigüedad, los apóstoles actuales del Señor Jesucristo reciben el mandato de llevar el Evangelio a todo el mundo. Ese mandamiento casi nunca se aparta de nuestros pensamientos. Todo hermano que es Autoridad General tiene la responsabilidad de ser misionero.

Pero el Salvador no se dirigía únicamente a los apóstoles, sino a toda persona que haya sido bendecida con el Evangelio y sea miembro de Su Iglesia. En una revelación dada al profeta José Smith, el Señor dice con sencillez: “…conviene que todo hombre que ha sido amonestado, amoneste a su prójimo” (D. y C. 88:81). Seguir leyendo

Publicado en Amor, Dignidad, Obra misional, Oración | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario