El cuidado de los nuestros

Conferencia General Abril 1981logo pdf
El cuidado de los nuestros
por el obispo H. Burke Peterson
Primer Consejero en el Obispado Presidente

H. Burke PetersonSe me ha pedido esta mañana que hable acerca de la responsabilidad que las familias tienen de proveer para los suyos, consejo que se aplica tanto a los familiares inmediatos como a los lejanos.  Las Escrituras son bien claras con respecto a esta advertencia.

Sin embargo, antes de tocar este tema, me gustaría hacer una pequeña introducción al sagrado aspecto de la responsabilidad familiar.  En el transcurso de nuestra vida, cada uno de nosotros tiene variedad de intereses y participa en diferentes actividades, a las cuales frecuentemente no les damos la importancia necesaria.  Me temo que, desde el punto de vista eterno, algunas de nuestras actividades tengan muy poco valor; de hecho, es posible que algunos de nuestros intereses nos alejen de las cosas buenas que de otra forma podríamos lograr.  Hay algunas actividades básicas y fundamentales de la vida que son mucho más efectivas para conducir a la exaltación que muchas otras con las que nos mantenemos ocupados.  Algunos de nosotros nos hemos dejado absorber por cosas insignificantes.  El Maestro habló muy claramente acerca de esto cuando nos enseñó por medio de la parábola de las diez vírgenes.

Podemos decir que eran diez miembros creyentes de la Iglesia, y tenían la suficiente fe para creer que iban a recibir al Esposo.  Aparentemente no eran personas inicuas si consideramos el verdadero sentido de la palabra.  Imagino que, hasta ese momento, habrían pasado toda su vida activas en la Iglesia; sin embargo, de acuerdo con la parábola, cinco de ellas se habían dedicado a tareas más importantes que las otras cinco.  La mitad del grupo había dedicado su vida a participar de actividades que tenían consecuencias positivas, y eran más importantes, tales como preparar el aceite que necesitarían para las lámparas cuando llegara el Esposo.

Refiriéndose a las cinco insensatas que no se habían proveído de aceite, la parábola dice:

«Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta.» (Mateo 25:10.)

Con este pasaje como advertencia y la palabra del Señor instruyéndonos a participar en cosas importantes, me gustaría recordamos las enseñanzas de Alma, uno de los profetas y misioneros más grandes de que se habla en el Libro de Mormón.  En una de las declaraciones más importantes sobre lo que significa ser un verdadero discípulo del Maestro, Alma describe con claridad y simplicidad el convenio y la responsabilidad del que entra en las aguas bautismales.  Todos hemos sido bautizados y hemos hecho ese convenio.  En el capítulo 18 de Mosíah describe el proceder de un verdadero seguidor del Salvador, de un verdadero discípulo. Seguir leyendo

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Cómo satisfacer nuestras necesidades

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Cómo satisfacer nuestras necesidades
por el élder M. Russell Ballard
de la Presidencia del Primer Quórum de los Setenta

M. Russell BallardMis hermanos y hermanas, en esta oportunidad se me ha pedido que os hable sobre asuntos que conciernen a la economía familiar.

En tiempos en que es muy fácil obtener crédito y por el continuo aumento de la inflación, mucha gente se encuentra con que tiene demasiados gastos y pocos ingresos.  Un experto estima que un tercio de las familias estadounidenses están excesivamente endeudadas.  El año pasado decenas de miles de familias se declararon en bancarrota.

Una encuesta hecha recientemente por los Servicios de Bienestar proporcionó la siguiente información: Menos de la mitad de los miembros que participaron en ella tiene recursos financieros para un año, y el 89% siente el peso del aumento de los impuestos y de la inflación.  El 34% de las mujeres Santos de los Últimos Días que participaron en la encuesta trabajan fuera del hogar, y un 57% de ellas están trabajando a fin de obtener dinero para satisfacer las necesidades básicas de la familia.  El 31% de las familias se las arregla sin muchas cosas, y el 390/o no gana lo suficiente para adquirir lo más básico de sus necesidades.

Estos resultados demuestran que hoy día, como líderes, necesitamos enseñar a los miembros a administrar con más eficiencia su tiempo y sus recursos.

Al empezar a hablar de este tema, hago hincapié en que el principio más importante que debemos vivir hoy día es el que Alma enseñó a su hijo Helamán:

«Mas he aquí, hijo mío, esto no es todo; porque tú debes saber, como yo sé, que al grado que guardes los mandamientos de Dios, prosperarás en la tierra; y debes saber también que al grado que no guardes los mandamientos de Dios, serás separado de su presencia . . .» (Alma 36:30.)

Mi experiencia en el mundo de los negocios me ha enseñado que algunas personas pueden perderse en la rutina del diario vivir y atrofiar en esa forma su iniciativa, valor y visión.

En la Biblia, el Maestro más grande de todos nos da el secreto una y otra vez.  El dijo:

«Si puedes creer, al que cree todo le es posible.» (Marcos 9:23.) Seguir leyendo

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Amaos unos a otros

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Amaos unos a otros
por el élder F. Burton Howard

F. Burton HowardMuchos meses he estado ausente de las Oficinas Centrales de la Iglesia, meses en los que he aprendido mucho y llegado a comprender mejor cosas que ya sabía.  He observado de cerca los problemas que enfrentan los miembros de la Iglesia en sus esfuerzos por edificar el reino.  He visto las cargas financieras que soportan las personas mayores, y he percibido la preocupación de los padres por sus hijos.

En esta época de inquietud y de egoísmo no son muchos los que están dispuestos a sacrificar sus comodidades o el dinero que les costó ganar, por el bienestar de sus semejantes.  Sin embargo, algunos sí lo hacen.  En todas partes donde he estado he encontrado algunos santos fieles que aman a sus semejantes, oran y velan por ellos, sean o no miembros de la Iglesia.  Por medio de una parábola quisiera hablar a los pocos hijos de Dios que han aprendido a vivir para ayudar al prójimo, y particularmente a los que todavía no han aprendido a hacerlo.

Un día, en una región desierta, un grupo de personas emprendió un viaje; hacía mucho calor y el camino iba a ser largo.  Tenían entre sí muy poco en común, excepto la intención de llegar a una ciudad distante.  Cada uno de ellos llevaba agua y alimentos, pero pensaban reabastecerse en el camino.  Poco después de partir, se levantó una gran tormenta.  Nubes de polvo obscurecieron el sol y el viento depositó arena en las partes bajas del camino; el aire estaba cargado de tierra y de hierbas arrancadas por el viento.  Lo que parecía que iba a ser un viaje agradable se transformó en una jornada sumamente peligrosa.  Los viajeros se dieron cuenta de que ya no se trataba de cuándo llegarían, sino de si llegarían a su destino.

Las dudas y la confusión reinaban entre ellos.  Algunos buscaron refugio, otros trataron de volver, y unos pocos siguieron adelante luchando contra la tormenta.  Al anochecer del primer día estaban separados unos de otros, con pocas provisiones, casi sin agua y perdidos en el desierto.  El día siguiente llevó consigo sed, hambre y desesperación; la tormenta continuaba y les quedaban pocas esperanzas.  El sendero, que siempre había sido angosto y difícil de seguir, se hallaba cubierto de arena, y no sabían cómo encontrarlo.  Muchos decían saber dónde estaban, pero como no se ponían de acuerdo, cada uno se fue por su lado en busca de agua o de algún refugio. Seguir leyendo

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Vestíos de toda la armadura de Dios…

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Vestíos de toda la armadura de Dios…
Presidente Spencer W. Kimball

Spencer W. KimballAmo a los jóvenes y me regocijo cuando los veo crecer limpios, resueltos y robustos; también sufro con ellos cuando tienen desdichas, problemas y remordimientos.

Numerosos desastres han ocurrido en medio del océano algunas veces por el choque de barcos contra grandes témpanos de hielo, haciendo que muchos encuentren en el agua su tumba. Jóvenes, creo que vosotros sois básicamente prudentes, de buen criterio; pero también vosotros estáis navegando por océanos que os son por lo menos parcialmente inexplorados, donde hay bancos de arena, rocas y témpanos, y donde pueden sobreveniros grandes desastres a menos que escuchéis las advertencias.

Hace un par de años, mientras el avión en que viajaba se elevaba ganando altitud, se oyó claramente por los altoparlantes la voz de la aeromoza: «Estamos entrando en una zona de tormenta. Aunque volaremos por las orillas del peligro, puede que se sientan algunos vacíos. Rogamos se pongan los cinturones de seguridad».

Como líder en la Iglesia, y siendo hasta cierto punto responsable por la juventud y su bienestar, quiero levantar mi voz, para deciros: «Estáis en una zona y un período de peligro; ajustaos los cinturones, manteneos firmes y podréis sobrevivir esta tormenta».

He entrevistado a miles de jóvenes y muchos parecen tambalearse; algunos dan excusas por sus errores y se entregan a inaceptables justificaciones. Me gustaría poder aclarar por lo menos en ciertos aspectos lo que el Dios de los cielos y Su iglesia esperan de vosotros en relación con algunos asuntos muy importantes.

Primero, hagamos una pausa para recordarnos que somos hijos espirituales de Dios y que somos su creación suprema. En cada uno de nosotros existe el potencial para llegar a ser un Dios, puro, santo, verídico, importante, y libre de toda influencia terrenal. En las Escrituras aprendemos que cada uno de nosotros tiene una existencia eterna, y que en el principio todos estabamos con Dios (Abr. 3:22). El llegar a comprender esto nos da un entendimiento singular de la dignidad del hombre.

Pero por todas partes hay falsos maestros que hacen uso de la palabra y de las publicaciones pornográficas, de las revistas, la radio, la televisión y la propaganda callejera, abominables herejías que atacan las normas de moral, con el solo propósito de satisfacer la lujuria de la carne. Seguir leyendo

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Una generación real

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Una generación real
Elder Robert L. Backman
del Primer Quórum de los Setenta

Robert L. Backman

 En el verano pasado tuve el gran privilegio de integrar el grupo de hombres que formaban un círculo alrededor de uno de mis nietos, mientras su padre, mi yerno, lo ordenaba al sacerdocio. Aquel fue un marcado de honor para mí, como abuelo, y sé que Robbie, mi nieto, no puede haberse sentido más orgulloso de lo que yo me sentía. Desde entonces, he pensado mucho en lo que quisiera decirle acerca de ese honor con que ha sido investido, y de cuán grande es el deseo de este, su abuelo, de que pueda ser digno de lo que le prometió su padre en la bendición que le dio bajo la inspiración del Señor. Por lo tanto, hoy quisiera dirigirme a Robbie y a todos los que como el, forman parte de este gran «ejercito» del Sacerdocio Aarónico que escuchan mis palabras.

Cuando servía como presidente de una misión, tuve el privilegio y la responsabilidad de entrevistar a cada misionero conforme iniciaba su misión. Era siempre una gran experiencia; pero a veces llegaba a enterarme de algunos antecedentes de los jóvenes que me asombraban. Un misionero me contó que se había criado en un pueblecito de agricultores y que era hijo del borracho del pueblo; cuando subió al autobús que lo conduciría a la casa de la misión en Salt Lake City, su padre estaba allí para despedirse de él. Debe de haber estado borracho, ya que sus últimas palabras al hijo fueron: «Hijo, siempre serás un ‘don nadie’ «. Al hablar con el pude darme cuenta de que esa misma frase la había oído repetidamente en su vida. «Siempre serás un ‘don nadie»‘. Y ese joven, escogido por el Señor para ser su representante en la tierra, lo creía. Tome la determinación de probarle a su progenitor que estaba equivocado y que ese misionero era «alguien» y que tendría éxito en la misión. Como primer compañero le asigne a uno de los mejores, y observe su progreso con especial interés orando por el diariamente. Y de veras progreso.

Al acercarse el tiempo de recibir mi relevo de la misión, hice una gira final para despedirme de mis amados colaboradores en la obra. Para entonces él ya era líder de zona, una posición muy importante en el campo misional. Tuvo a su cargo una conferencia de zona y lo hizo magistralmente. Pude observar el profundo amor que se había desarrollado entre él y los misioneros que estaban a su cargo, y pensé en el número de conversos que se habían unido a la Iglesia a causa de su servicio tan dedicado y del poder de convicción de su testimonio. Durante la conferencia, en el momento oportuno, me pare a su lado, lo rodee con mi brazo y dije con un nudo que me cortaba las palabras: «No vais a creer esto, pero alguien una vez le dijo a este joven que era un ‘don nadie’ «. El líder de zona me miró a los ojos y me dijo: «Le demostramos lo contrario, ¿no es cierto, presidente?»

¿Qué había sucedido para que se efectuara un cambio tan impresionante en la vida de ese élder, para transformarlo de un muchacho atemorizado en un hombre de Dios?

Él había hecho algunos descubrimientos interesantes que lo prepararon para enfrentarse a los embates de la vida y salir triunfante de ellos; son los mismos descubrimientos que todo joven Santo de los Últimos Días debe hacer al madurar, si es que desea lograr su potencial aquí en la tierra y en el más allá: Había descubierto que realmente era un hijo de Dios, con una capacidad para llegar a ser como Dios es, con todo Su poder, con toda Su mente y majestad, y conocía el principio de la promesa de Cristo que dice: «. . . por tanto, todo lo que mi padre tiene le será dado» (D. y C. 84:38).

¡Qué gran descubrimiento había hecho este joven: que era un hijo de Dios!

¿Acaso no os sentís especiales al saber que Dios confía en vosotros? El futuro de su Iglesia se halla en vuestras manos; sois los líderes que Dios ha escogido, reservados para venir a esta tierra a fin de influir sobre vuestros semejantes por el poder de vuestra vida y para dar a conocer los principios del evangelio. ¿Cuánto habéis avanzado en ese cometido?

Uno de nuestros excelentes jóvenes, que vive en el este de los Estados Unidos en donde era uno de los pocos Santos de los Últimos Días en la escuela secundaria a la cual asistía, recibió su llamamiento misional. Mientras se preparaba para la misión, pidió permiso a sus padres para invitar a una fiesta de despedida en su casa a veinticinco de sus amigos que no eran miembros de la Iglesia. Durante la fiesta les mostró la película: «El hombre y su búsqueda de la felicidad»; les explico el motivo de salir en una misión para la Iglesia y les dio su testimonio Los amigos lo abrazaron y le comunicaron el amor que sentían por él y lo mucho que lo apoyaban en su decisión. Seguir leyendo

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Un tesoro de valor incalculable

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Un tesoro de valor incalculable
Elder LeGrand Richards
del Consejo de los Doce

LeGrand RichardsSi poseyeseis algo que os fuera mas querido que la vida misma y supieseis que dándolo enriqueceríais la vida de vuestro prójimo sin haceros a vosotros más pobres lo haríais, ¿verdad? Mi testimonio de la veracidad de esta Iglesia es ese tesoro, más valioso para mí que la vida misma; y yo lo he dado a mucha gente cuya vida ha sido así enriquecida. He tenido el privilegio de darlo en noventa y ocho conferencias generales de la Iglesia desde este púlpito, y he escrito sobre ese tema un libro que se lee casi en todas partes del mundo.

Obtuve mi testimonio en mi juventud, mediante el Espíritu Santo, el que recibí por imposición de manos de quienes tenían la autoridad. Tal hecho me impresiono de tal forma siendo un muchacho, que desde entonces ha sido una guía en mi vida, y estaba ansioso por tener la edad para salir en una misión.

Cuando fui a mi primera misión, en 1905, mi primo y yo viajamos juntos a Liverpool, Inglaterra; y de ahí él fue a Noruega y yo a Holanda. Después de estar unos meses en la misión, recibí una carta de él, en la que me decía: «Conocí el otro día a un hombre que sabe mas acerca de religión de lo que jamás pude imaginar; le dije que si tenía para ofrecer algo mejor de lo que yo tenía, me uniría a su Iglesia.» En mi carta de respuesta, yo decía que le había contestado lo correcto.

«Si él tiene algo mejor de lo que tu tienes que ofrecer, tu deberías unirte a su iglesia.» Entonces pase a preguntarle si el hombre ofrecía algo mejor que una visita personal de Dios el Padre y su Hijo Jesucristo en medio de una columna de luz, después de siglos de obscuridad, para abrir la dispensación del cumplimiento de los tiempos y revelar la verdadera personalidad de los integrantes de la Trinidad como personajes glorificados; le pregunte si ofrecía algo mejor que la venida de Moroni con planchas de las que se tradujo a el Libro de Mormón; si tenia algo mejor que la venida de Juan el Bautista, con el Sacerdocio Aarónico, el poder y la autoridad para bautizar por inmersión para la remisión de los pecados; o algo mejor que la venida de Pedro, Santiago y Juan, Apóstoles del Señor Jesucristo, quienes trajeron el Sacerdocio de Melquisedec, el sagrado apostolado, la autoridad para organizar la Iglesia y reino de Dios por ultima vez, para preparar el camino para la venida del Hijo del Hombre y dar el Espíritu Santo mediante la imposición de manos; si tenia algo mejor que la venida de Moisés con las llaves de la congregación de Israel en los últimos días, que nos trajo a este valle; si tenia algo mejor que la venida de Elías el profeta, de quien Malaquías dio testimonio de que si no fuera por su venida antes del grande y terrible día del Señor, toda la tierra habría de ser destruida a su venida. (Pensad en las consecuencias.) Entonces le dije que si el hombre tenia algo mejor que eso, él debería unirse a su Iglesia. Seguir leyendo

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Tomad la decisión de decidiros

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Tomad la decisión de decidiros
Elder Rex D. Pinegar
del Primer Quórum de los Setenta

Rex PinegarEstoy agradecido por mi asignación de trabajar con los hombres jóvenes de la Iglesia. Los que sirven hoy en los quórumes del Sacerdocio Aarónico son los futuros misioneros, los lideres de la Iglesia, los lideres del mundo. Consciente de esta gran oportunidad hoy quisiera hablarle a la juventud acerca de la capacidad que tienen de llegar a ser lo que deseen.

Este verano he tenido la experiencia inolvidable de acampar con 2.600 de estos maravillosos jóvenes del Sacerdocio Aarónico y sus lideres. Entre el colorido de las carpas y de los uniformes Scout, se podía distinguir la forma que tomo el campamento: la de una gigante rueda de doce rayos, cada uno de ellos representando una de las tribus de Israel. En la hacienda Deseret en Florida todos pasaron seis días aprendiendo el arte de acampar, haciendo demostraciones especiales, pruebas de aptitud física, programas espirituales, y muchas otras actividades (y ni mencionar la consumición de 23.000 litros de leche, 1.000 cajas con botellas de refresco, y una tonelada y media de pan). Los hombres jóvenes y sus líderes participaron juntos poniendo de relieve los propósitos del sacerdocio.

En primer atardecer, cuando cada «tribu» estuvo instalada, todo «Israel» se dirigió a la arena para participar en la fogata de apertura. Los dorados rayos del crepúsculo formaban una magnifica cortina que servia de fondo a la caravana de mas de un kilometro y medio de largo de los jovencitos que marchaban de a dos, dirigiéndose hacia la arena. Con las banderas en alto, los modernos hijos de Israel tenían que pasar debajo de un arco que tenia inscripta la promesa Scout: «Por mi honor». Centinelas de pie sostenían carteles iluminados por antorchas en los que se leía la promesa y la ley Scout, así como los propósitos del Sacerdocio Aarónico. Al pasar al lado de estos centinelas, cada joven debía establecer un cometido personal en procura de la vida eterna, de ser un digno poseedor del sacerdocio, de servir en una misión digna y de ser digno de casarse en el templo.

Durante los cuatro días siguientes, se destacaron las promesas hechas esa noche por medio de experiencias especiales llamadas «En la cima de la montaña». Los lideres del Israel antiguo a menudo iban a la cima de una montaña n particular para recibir instrucciones del Señor. Por lo tanto, los jóvenes «israelitas» poseedores del sacerdocio debían prepararse para ir a los lugares designados en donde pudieran recibir guía y consejos espirituales. Allí aprendieron que al haberse comprometido a vivir los principios básicos del evangelio también tomaron otras decisiones importantes relacionadas con la limpieza moral, la honestidad de palabra y hechos, la observancia de la Palabra de Sabiduría, etc. Seguir leyendo

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Todo lo que el hombre sembrare . . .

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Todo lo que el hombre sembrare . . .
Elder L. Tom Perry
del Consejo de los Doce

L. Tom Perry«Porque la tierra esta llena, y hay suficiente y de sobra; si, yo preparé todas las cosas, y he concedido a los hijos de los hombres que sean sus propios agentes.» (D. y C. 104:17.)

Siempre me maravilla ver el sistema que el Señor ha provisto para satisfacer las necesidades de sus hijos en la tierra. Cada primavera ato un trozo de cordel entre dos estacas para hacer una línea recta y, azada en mano, planto las semillas en tierra fértil; y cada otoño me maravillo ante la abundante cosecha; aquellas pocas semillas se han convertido en altas plantas, produciendo hermosas y doradas mazorcas que contienen cientos de semillas similares a aquellas que plante unos meses antes. Al llegar cada cosecha nos invade un sentimiento de humilde gratitud por las bendiciones que el Señor da a sus hijos.

Evidentemente, el Salvador observó el cielo de crecimiento de la semilla, pues muchas veces utilizó como ejemplo este proceso al enseñar por medio de parábolas durante su ministerio terrenal. En esas enseñanzas encontramos muchas lecciones que utilizan ejemplos similares, entre ellas la parábola del sembrador (Mt. 13:3-23), la del crecimiento de la semilla (Mar. 4:26-29), la del trigo y la cizaña (Mt. 13:24-30), la de la higuera estéril (Luc. 13:6-9), la de las hojas de la higuera (Mt. 24:32-33), la del tesoro escondido (Mt. 13:44), y muchísimas otras. No es extraño pues, que luego de su ministerio terrenal sus discípulos enseñaran:

«No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.» (Gal. 6:7.)

No podemos menos que maravillarnos ante la «ley de la cosecha» del Señor, en la que se repite el ciclo de crecimiento, reproducción y abundante recompensa. Al recibir cada año las bendiciones de este sistema, los hombres deberían también ver en el un reflejo de su propio potencial. A muchos de estos El ha dado la responsabilidad de que cuiden la más importante de sus creaciones: sus hijos en la tierra. Sin duda, esta es la más grande de todas las responsabilidades que puede haber confiado a la humanidad.

En los últimos meses he dedicado tiempo a escuchar a mis hermanos; he escuchado las frustraciones de los padres, las desesperadas suplicas de los jóvenes, las débiles voces de los niños, todos los cuales me han confiado sus inquietudes; estas inquietudes estaban centradas en cosas que pasan la básica, segura y tradicional institución de la familia, que ha sido el cimiento de la civilización desde nuestros padres, Adán y Eva, y que súbitamente encontramos atacada por fuerzas que tratan de relegarla a una posición insignificante. La historia nos dice claramente lo que sucede a la humanidad cuando se menosprecia la tradicional unidad familiar. El Libro de Mormón contiene muchos relatos de lo que ocurre a las civilizaciones que se desvían del curso que el Señor les ha designado. En el libro de Jacob encontramos registrado lo siguiente: Seguir leyendo

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Sed buenos seguidores

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Sed buenos seguidores
Hermana Barbara B. Smith
Presidenta General de la Sociedad de Socorro

Barbara B. SmithMis queridos hermanos: He estado pensando en lo diferente que sería cada uno de nuestros hogares, si nosotras como mujeres aceptáramos y siguiéramos los sabios consejos que se nos han dado esta mañana; si respondiéramos a dichos consejos con todo nuestro ser; no con una actitud sacrificada, o sólo porque es nuestro deber, sino impulsadas por la devoción al Señor.  Si así fuere, lo haríamos de todo corazón, con fe, alegría y entusiasmo.

Recuerdo una conversación que tuve con el presidente Kimball.  El había estado leyendo otra vez la historia de José que había sido vendido a Egipto, y me comentó que José había sido «un gran maestro del programa de bienestar».

Desde ese día, al releer la historia de José, me han llamado más la atención sus grandes cualidades espirituales y su inteligencia, las cuales hicieron de su experiencia una de las más grandes historias eclesiásticas del plan de bienestar.  Recordemos las circunstancias que llevaron a José a Egipto como esclavo, el tiempo que pasó en la casa de Potifar como mayordomo; la prueba de su fe durante el injusto encarcelamiento; la interpretación de los sueños que finalmente lo llevó a ocupar el cargo más alto del gobierno de Faraón.

Recordemos la obediencia de José a la advertencia del Señor de que vendrían años de hambre, para que el país no pereciera.  Durante los siete previos años de abundancia «recogió José trigo como arena del mar»‘ para los siguientes siete años. (Gn. 41:49.)

Notemos los acontecimientos que se sucedieron para traer a los hermanos de José a rogarle alimento, ya que él era el único que podía salvarlos. Imaginemos el momento emocionante en que José reveló a su familia su verdadera identidad. Y por último, tengamos presente la vida disciplinada de José que permitió que su fe absoluta en el Señor, su resistencia y el amor que sentía por su familia maduraran y llegaran a su culminación.

Nosotras, las mujeres de la Iglesia, podemos ser como José en nuestra fe, en nuestra obediencia a las instrucciones del Señor recibidas a través de sus líderes. Seguir leyendo

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Seamos todos hermanos

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Seamos todos hermanos
Elder Neal A. Maxwell
de la Presidencia del Primer Quórum de los Setenta

Neal A. MaxwellMis queridos hermanos, debemos estar mejor preparados de lo que estamos ahora para recibir a los cientos de miles de personas «de toda clase» que de toda cultura y situación son recogidas en la red del evangelio. (Mt. 13:47.)

Algunas de ellas se han despedido de quienes les acompañaron por el camino pecaminoso, pues se dieron cuenta de que la decadencia es simplemente la ausencia de la ley.

Otros no han querido continuar tratando de vivir «sin Dios en el mundo. . . estado que es contrario a la naturaleza de la felicidad» (Alma 41:11), pues se dieron cuenta de que la vida mortal así vivida es como pasar «una noche en un hotel de segunda clase».

Algunos de los que han sido recogidos en la red han venido del remo del mal, el mismo que el Señor prometió haría temblar para instar a muchos al arrepentimiento. (2 Ne. 28:19.) Estas almas, heridas, golpeadas, pero con la esperanza de la fe, han cruzado el campo de batalla en busca de la libertad espiritual, a pesar de que las fuerzas del mundo procuran «destruir la libertad de todos las tierras, naciones y países» (Eter 8:25).

A los recién llegados no se les pide que renuncien a su país ni a aquello de su cultura que es bueno. Sin embargo, todos deben abandonar las cosas que perjudican al alma, de las cuales hay muchas en toda vida y en toda cultura.

A la Iglesia vendrán muchos que habrán encauzado su vida siempre por la senda de la justicia, y que sin temor se regocijaran; ya que todas estas personas han recorrido tan largas distancias, ciertamente nosotros podemos caminar con ellos la segunda milla, al ofrecerles nuestra hermandad y extenderles una mano amiga. Si ellos con gran heroísmo han cruzado la línea enemiga para unirse al reino de Dios, es justo que nosotros también nos detengamos Para brindarles nuestra hermandad. ¿Es que acaso hace ya mucho que olvidamos aquel primer día que con ansiedad fuimos a una nueva escuela, o la timidez que sentimos al mudarnos a un nuevo vecindario? En la ciudad de Sión, constantemente tenemos nuevos vecinos. Seguir leyendo

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Purifiquemos nuestro Espíritu

Conferencia General Octubre 1980

Purifiquemos nuestro espíritu

H. Burke PetersonObispo H. Burke Peterson
Primer Consejero en el Obispado Presidente

Mis hermanos del sacerdocio, por el derecho y la responsabilidad que me pueda brindar la asignación de hablaros hoy, deseo elevar mi voz de advertencia junto con la de los demás para exhortaros a que os preparéis para la batalla. El llamado es para todos los poseedores del sacerdocio en el mundo. Este mensaje es tanto para el diácono de doce años como para su padre o abuelo, élder o sumo sacerdote.

Las fuerzas destructivas de Satanás están aumentando su eficacia al perseguir implacablemente el corazón y la mente de los hombres y niños en todas partes. Algunos, mas bien inocentemente han sido conducidos a hábitos que están logrando el dominio completo en algunos hermanos que son la flor y nata del ejercito del sacerdocio. Temo que haya algunos esta noche aquí, que no son tan eficaces como podrían ser o serian si no estuvieran así afligidos.

Me gustaría comenzar describiendo un panorama de la zona central del Estado de Arizona. Allí existen montañas altas que a menudo están colmadas de nieve y son llamadas las Montañas Blancas. En ese lugar nacen la mayoría de los ríos que abastecen las necesidades domésticas y agrícolas de la zona oriental de Arizona. Desde estas montañas desciende el agua que abastece las necesidades de los hogares de la ciudad de Phoenix. Durante el invierno las montañas están cubiertas de nieve que a menudo llega a varios metros de profundidad. Las aguas de los ríos, en su nacimiento allí, corren límpidas y frescas, con un sabor delicioso, vivificante. A medida que bajan de las montañas, corren por muchos kilómetros a través de los valles y por fin desembocan en las grandes represas construidas para almacenar el vital elemento durante los periodos de sequía.

Existe también en la parte oriental de Arizona depósitos minerales de alta calidad que son y fueron extraídos durante muchos años; entre los metales principales se encuentra el cobre. Algunos de los ríos que nacen en esas montañas corren a través de los pueblos mineros, y los fundidores utilizan el agua en la elaboración de los metales. Los desechos que producen estos trabajos del tratamiento a veces van a los ríos causando decoloraciones y agregando elementos dañinos que hacen que el agua sea inapropiada para el consumo humano. Estos ríos también desembocan en las grandes represas. Seguir leyendo

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Preparaos para los días de tribulación

Conferencia General Octubre 1980

Preparaos para los días de tribulación

Presidente Ezra Taft Benson
del Consejo de los Doce


Por mas de cuarenta años, con un espíritu de amor, se ha aconsejado a los miembros de la Iglesia que sean frugales, que dependan de si mismos, que eviten las deudas, paguen su diezmo y una ofrenda generosa de ayuno, sean industriosos y tengan disponibles suficiente alimento, ropa y combustible que les duren por lo menos un año.

Actualmente existen razones apremiantes para recalcar este consejo. Escuchamos hacerse esto hábilmente en la maravillosa reunión de bienestar esta mañana. Permitidme agregar un comentario.

Los miembros de la Iglesia están sintiendo la presión económica de impuestos mas elevados y la inflación, junto con las condiciones de una continua baja económica. Algunos han recurrido a su obispo en busca de ayuda para el pago de su casa, automóvil y servicios públicos.

Desafortunadamente, ha surgido en la mente de algunos la creencia de que cuando pasamos por tiempos difíciles, cuando hemos sido imprudentes y extravagantes con nuestros recursos y hemos ido mas allá de lo que nuestras posibilidades nos permiten, debemos esperar que la Iglesia o el gobierno nos den una mano. Algunos de nuestros miembros han olvidado un principio básico del plan de bienestar de la Iglesia: que «ningún verdadero Santo de tos Ultimos Días, teniendo la capacidad física, voluntariamente intentara librarse de la carga de su propio sostenimiento» (Marion G. Romney, Conference Report, Oct. de 1973, pág. 106).

Uno de los primeros principios revelados a nuestro padre Adán cuando fue desterrado del huerto del Edén, fue este: «Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra . . .» (Génesis 3:19). Todas las cosas materiales que obtenemos en la vida vienen como resultado del trabajo y de la providencia de Dios. E1 trabajo de por si produce lo que necesitamos para la vida.

A1 decir esto, estoy consciente de la situación de que muchas familias jóvenes están luchando para sostenerse, y comprendo perfectamente su situación, pues tienen frente a si la carga económica de proporcionar tres cosas indispensables para la vida: alimento, ropa y abrigo. También me apena la situación de las viudas y otras hermanas que están criando solas a su familia. Por revelación, el Señor dispuso los medios para su cuidado y sostén. (D. y C. 83:2, 4, 5.) Seguir leyendo

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Preparad todo lo que fuere necesario

Conferencia General Octubre 1980logo pdf
«Preparad todo lo que fuere necesario»
Obispo Victor L. Brown
Obispo Presidente de la Iglesia

Victor L. BrownQueridos hermanos y hermanas, mi mensaje de esta mañana tiene que ver con algo de mucha importancia.  Recordaréis que el Israel Antiguo anduvo errante por el desierto durante 40 años antes de que estuviera preparado para cruzar el río Jordán y entrar en la Tierra Prometida.

Durante más de 40 años se nos ha enseñado la importancia de la preparación personal y familiar.  Se nos ha enseñado que primero la responsabilidad, en lo que concierne a nuestro bienestar, recae sobre nosotros, y después, sobre los miembros de nuestra familia inmediata.  Tan sólo en el caso de que estas fuentes fracasen, se le puede pedir a la Iglesia que tome a su cargo esta responsabilidad.  Sin embargo, en los últimos meses se ha evidenciado en forma creciente que hay muchos que no están preparados.  Durante el pasado año, fue alarmante la cantidad de dinero del fondo de ofrendas de ayuno y artículos de primera necesidad que los obispos distribuyeron.

De continuar al paso que vamos, los recursos de la Iglesia se desvanecerán rápidamente.  Para vuestra información, algunos de los artículos de primera necesidad ya se han agotado a pesar de que la evidencia indica que el período de depresión económica será corto.  Pareciera ser que las enseñanzas han sido o mal comprendidas o rechazadas a sabiendas.

Aparentemente muchos de nuestros miembros piensan que cuando tienen dificultades, la Iglesia debe auxiliarles aun cuando ellos hubieran podido prepararse si hubieran deseado hacerlo.

Hace algún tiempo mientras visitaba dos estacas, vi la evidencia del punto que estoy tratando de desarrollar en este instante.  Ambas estacas estaban ubicadas en una zona cuyos habitantes eran en su mayoría mormones; ambas estaban seriamente afectadas por la misma severa, aunque, temporaria situación de desempleo.  Por lo general, cuando llego a una nueva comunidad en tiempo de conferencia de estaca, recorro en auto por los alrededores del vecindario o la campiña para formarme una idea de las personas que viven allí: de cómo están sus sembrados, si sus casas y alrededores están bien cuidados, etc.  En otras palabras, de cuán orgullosos están de su comunidad y de sí mismos. Seguir leyendo

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Perdónalos, te lo ruego

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Perdónalos, te lo ruego
Elder Vaughn J. Featherstone
del Primer Quórum de los Setenta

Vaughn J. FeatherstoneMis amados hermanos y hermanas, he tenido el privilegio a lo largo de los años, como presidente de estaca, presidente de misión y Autoridad General, de servir como juez común en el «Israel» contemporáneo. Estas experiencias me impulsan a utilizar el tiempo que hoy se me ha concedido para analizar dos principios: el arrepentimiento y el perdón.

No hace mucho una mujer joven hablo en el funeral de su esposo y dijo: «Llegamos a comprender que las cosas sin importancia son realmente intranscendentes. Cuando el espíritu esta enfermo no puede haber cura, no importa cuan fuerte sea el cuerpo. Si el espíritu esta en buenas condiciones entonces no hay perjuicio físico, no importa cuales sean los efectos de una debilitante enfermedad.»

El Señor nos ha proporcionado la forma mediante la cual nuestras enfermedades espirituales pueden ser sanadas. En el primer capitulo de Isaías leemos:

«Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos: si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.» (Is. 1:18.)

En Doctrina y Convenios leemos:

«No obstante, el que se arrepienta y cumpla los mandamientos del Señor será perdonado.» (D. y C. 1:32.)

«He aquí, quien se ha arrepentido de sus pecados es perdonado; y, yo, el Señor, no los recuerdo mas.» (D. y C. 58:42.)

Para perdonar a alguien de un pecado, el Señor requiere que «venga a El», se entristezca a causa de su falta, la abandone, sea dócil para recibir enseñanzas, perdone a otros, y confiese. Una vez mas, en la sección 58 de Doctrina y Convenios leemos:

«Por esto podréis saber si un hombre se arrepiente de sus pecados: He aquí, los confesara y los abandonara.» (D. y C. 58:43.)

Siempre debemos ser totalmente sinceros. Seguir leyendo

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Nuestro preciado tesoro

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Nuestro preciado tesoro
Elder Rex C. Reeve
del Primer Quórum de los Setenta

Rex C. ReeveOs traigo saludos de los buenos hermanos de las Islas Británicas y de Africa, quienes envían su amor a cada uno de vosotros y especialmente al presidente Kimball y demás Autoridades Generales.

Ha sido una inspiración saber que el Espíritu del Señor esta en estas tierras. Es emocionante observar la dedicación y el empeño de estos fieles miembros de la Iglesia, muchos de los cuales son miembros recién bautizados.

A vosotros, los padres de los dos mil misioneros que sirven en esas tierras y a los hijos y las familias de los dedicados matrimonios misioneros que están sirviendo allí, os traigo saludos. Os agradecemos todo lo que hacéis para ayudarlos a servir; por los sacrificios que hacéis a fin de que ellos puedan servir, las cartas de aliento que les escribís cada semana, y las oraciones de fe que ofrecéis por su bien cada día. Podéis estar orgullosos de ellos. Si, la obra misional es obra de toda la familia.

Es maravilloso vivir en esta época en que el Evangelio del Señor Jesucristo esta en la tierra, con su prodigioso poder para cambiar a las personas y dar un nuevo propósito a su vida.

Y vosotros, buenos amigos que no sois todavía miembros de esta gran Iglesia, espero que podáis saber que os amamos. Todos somos Hijos de Nuestro Padre Celestial, todos somos hermanos. La letra inspirada de una canción para niños pone de manifiesto esta gran verdad.

«Soy un hijo de Dios,
Por El enviado aquí;
Me ha dado un hogar
Y padres caros para mí »
(Canta conmigo, B76.)

Nosotros os amamos lo suficiente como para saber que no os ofenderéis si os hablamos claramente, porque el amor no puede ofender. Tenemos para cada uno de vosotros el mensaje de que la autoridad de Dios ha sido restaurada y que su Iglesia ha sido restablecida en la tierra. Yo os testifico de esta verdad. Pero no tenéis que confiar solo en nuestra palabra sino que podéis llegar a saberlo vosotros mismos. Seguir leyendo

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