Carta a un ex misionero

Conferencia General Octubre 1977logo pdf
Carta a un ex misionero
por el élder Charles A. Didier
del Primer Quórum de los Setenta

Charles A. DidierMis queridos hermanos, quisiera dedicar las siguientes palabras a cierta categoría de hombres y mujeres en la Iglesia usualmente no hablamos mucho de ellos, tal vez porque ellos no dicen mucho; es posible que hoy, mañana o cada día veamos a algunos; están entre nosotros.  Hoy tenemos miles y miles de padres y abuelos, de hermanas, primos y amigos que pronto tendrán mucho que ver con ellos.  En realidad, todos nosotros nos preocupamos por los integrantes de ese grupo: les llamamos ex misioneros.

Aquí tengo una carta que iba a mandar a uno de ellos.  Permitidme compartirla con vosotros como un tributo al trabajo misional y especialmente para recordar la responsabilidad que tenemos hacia nuestros ex misioneros.

Antes de leerla, debéis saber que ni las personas en esta carta ni los caracteres que representa, son imaginarios, y que cualquier semejanza con personas reales, vivas o muertas, quizás sea una casualidad.

Querido élder:
Espero que no le importe si todavía lo llamo élder.  Ese es el nombre por el cual lo conocí y en mi mente siempre asociaré ese nombre con usted. ¿Se acuerda?  Era una tarde calurosa de verano, y ustedes pedaleaban sus bicicletas calle arriba hacia nuestra casa; nos admiró ver cómo podían tolerar el calor vestidos con camisa blanca y corbata.  Por dos o tres días habíamos notado cómo casi volaban cuesta abajo, y cuando llamaron a nuestra puerta, todos nosotros, los cuatro hilos, nos abalanzamos hacia la puerta para saber quiénes eran esos extranjeros y qué hacían en el vecindario.  Ustedes entraron y cuando les ofrecimos un té helado, lo rehusaron cortésmente diciendo que no tenían sed.

Cuando después supe quiénes eran ustedes y el propósito de su visita, me di cuenta de que había sido no excusa.  Nos tomó un tiempo entender de qué hablaban.  Primero el fuerte acento extranjero, y después, lo que nos mostraron para, comenzar: láminas de indios, de ruinas en Sudamérica, y hasta unas planchas de bronce hechas a mano y sujetas con tres anillos.  Nos sentimos casi como Cristóbal Colón cu ando descubrió el Nuevo Mundo.  Un descubrimiento extraño, pero interesante. Seguir leyendo

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A la manera del Señor

C. G. Octubre 1977logo pdf
A la manera del Señor
por el élder Thomas S. Monson
del Consejo de los Doce

Thomas S. MonsonCon frecuencia cantamos el himno «Escuchad al Profeta» (Himnos de Sión, No. 69).  Hoy hemos escuchado la voz de un Profeta, Spencer W. Kimball, proclamando la palabra de Dios.

Con humildad pido la divina ayuda al hablaros desde el «Crucero del Oeste».  Salt Lake City es una «meca» para turistas de todas partes del mundo; miles de personas aprecian aquí las hermosuras de las montañas, tanto en invierno como en verano.  Una atracción también en todas las estaciones es la de la Manzana del Templo, con su histórico Tabernáculo, su magnífico Templo, y el hermoso Centro de Visitantes, que dan a todos una amistosa bienvenida.

Situada más allá del bullicio cotidiano, se encuentra además otra famosa manzana. Allí, en una forma menos dramática y motivada por un amor verdaderamente cristiano, ancianos y personas con impedimentos físicos se sirven mutuamente siguiendo el plan del gran Maestro; hablo de la Manzana del Plan de Bienestar, conocida también como «almacén del obispo».  En este lugar, al igual que en muchos otros sitios en todo el mundo, se envasan frutas y vegetales y se producen artículos, que se almacenan y distribuyen a los necesitados.  Allí no existen señales de corrupción gubernamental ni de intercambio de dinero, porque el único poder adquisitivo es una orden firmada por un obispo de la Iglesia.

Los periodistas se maravillan de este Plan de Bienestar único, y escriben acerca de un pueblo que justificadamente se enorgullece de su independencia en el cuidado de los suyos.  El curioso y agradablemente sorprendido visitante, formula por lo general tres preguntas: 1) ¿Cómo funciona este plan? 2) ¿Cómo es financiado? 3) ¿Qué promueve tal devoción por parte de cada obrero? Seguir leyendo

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El recordar el arrepentirse y cambiar

EL RECORDAR EL ARREPENTIRSE Y CAMBIARlogo pdf
Julie B. Beck
Presidenta de la General de la Sociedad de Socorro

julie-b-beck-largeEl camino más fácil y rápido a la felicidad y a la paz es arrepentirse y cambiar lo antes posible.

Estoy agradecida por el Salvador y por la invitación que todos tenemos de “[venir] a Cristo, y [perfeccionarnos] en él” 1 . Espero transmitirles algo de lo que he estado pensando y sintiendo acerca de recordar a Cristo, de arrepentirnos y de cambiar. Creo que la mejor manera de expresar los sentimientos de mi corazón es hablarles de tres mujeres y después analizar algunas lecciones que aprendí de sus experiencias.

Comenzaré con Ruth May Fox, que fue Presidenta General de las Mujeres Jóvenes hace muchos años, llamamiento que desempeñó hasta que tenía 84 años. La hermana Fox nació en Inglaterra y a los trece años de edad recorrió a pie casi todo el camino hasta el Valle de Lago Salado con un grupo de pioneros. Su madre murió cuando ella era bebé, por lo que vivió con varias familias los primeros doce años de su vida. Debió haber sido una niña difícil de controlar, ya que su abuela la llamó “niña maleducada”, y se negó a cuidarla 2 . Con el tiempo, Ruth se casó y tuvo doce hijos, con quienes compartió su firme testimonio y les enseñó el Evangelio mientras trabajaba junto a ellos; sin embargo, reconoció que a veces disciplinaba con severidad a sus hijos mayores, ya que perdía la paciencia fácilmente y no siempre “contaba hasta diez” 3 cuando la irritaban. Se esforzó por controlar esa debilidad, y se le llegó a conocer por su buen corazón y por su servicio a los demás.

La hermana Fox vivió hasta los 104 años, durante los cuales vivió grandes gozos y pruebas difíciles, y enseñó que “la vida manda pruebas difíciles. Las plantas más fuertes no crecen en invernáculos, y la fortaleza de carácter no se logra evitando los problemas” 4 .

El año pasado escalé Independence Rock, en Wyoming, para buscar el lugar donde la hermana Fox, a los trece años, había grabado su nombre en camino al Valle de Lago Salado. La intemperie de los últimos 140 años casi lo han borrado, pero pude distinguir: “Ruth May 1867”. Deseé saber más de esa gran líder y discípulo de Jesucristo que durante toda su vida se esforzó por mejorarse a sí misma y cuyo lema era: “¡El reino de Dios o nada!” 5 . Seguir leyendo

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Y contemplamos su gloria

C. G. Abril 1977logo pdf
Y contemplamos su gloria
Por el élder David B. Haight
del Consejo de los Doce

David B. HaightEl presidente Spencer W. Kimball es el Profeta de Dios para todo el mundo. No solamente los cielos no están sellados, como muchas personas suponen, sino que hay aquí un Profeta viviente cuyas advertencias y consejos se hallan disponibles para todos quienes quieran escuchar. El es el ungido del Señor para toda la humanidad.

La pascua está próxima. Durante algunas horas, muchos en el mundo, creyentes y no creyentes recordarán por medio de grabados, historias y mensajes de los medios de comunicación o desde los púlpitos de las iglesias, los acontecimientos que culminaron en la muerte y resurrección de nuestro Señor.

Las fragmentarias narraciones del breve ministerio del Salvador son suficientes para que podamos, al menos, sentir su gran amor. El desea ayudarnos y nos dará a cada uno de nosotros tanto de su propio Espíritu como seamos capaces de aceptar. Su obra y su gloria es salvar a toda la humanidad.

A medida que leo y medito en las enseñanzas de Cristo, que hemos recibido para que nos ayuden a comprender sus propósitos, y a medida que asisto a los milagrosos acontecimientos que hoy día tienen lugar en la propagación de su obra, siento una gran emoción que embarga mi pecho, un testimonio de sus eternas verdades.

Poco antes de la traición de que fue víctima nuestro Salvador y de los acontecimientos subsiguientes, tuvo lugar el evento que hoy conocemos con el nombre de la Transfiguración, y que estoy seguro es tan significativo para iluminar espiritualmente a los tres testigos personales que la contemplaron, como a nosotros mismos.

Los autores del Antiguo Testamento nos dicen que el Salvador llevó consigo a sus tres más queridos e ilustres discípulos, a la cumbre de una elevada montaña —Lucas dice simplemente «una montaña» (Lucas 9:29), con el fin de encontrar un lugar apartado donde poder arrodillarse para orar y prepararse para lo que acontecería muy pronto. Seguir leyendo

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Una virtud esencial

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Una virtud esencial
Por el presidente N. Eldon Tanner
Primer Consejero de la Primera Presidencia

N. Eldon TannerMientras conversaba con un amigo el otro día, uno de sus empleados pasó por allí y mi amigo me dijo: «Ahí va un hombre de plena integridad. Ha trabajado con mi compañía durante treinta años, y jamás en ocasión alguna he observado ningún gesto o acto de improbidad o deslealtad. Siento una agradable sensación de confianza teniendo a esta persona como empleado».

Desde esa ocasión, he pensado mucho en la palabra «integridad», como a menudo lo he hecho previamente; y sólo deseo que no tuviéramos que leer ni oír, presenciar, ni ver tanta evidencia de la falta de ella por todas partes, sino que pudiéramos tener la seguridad consoladora de que nosotros y aquellos con quienes tratamos somos completamente honrados y dignos de confianza, ya sea en asuntos pertenecientes a la religión, la ciencia, la economía o la política. Particularmente en el hogar, se debería enseñar y practicar la integridad como fundamento para que se extendiera hasta la vida de la comunidad y todo otro aspecto del diario vivir.

Sabiendo la necesidad de revivir esta virtud «de antaño», decidí dirigir mis palabras a este tema. La integridad, o la falta de ella, tiene que ver con casi todo aspecto de nuestra vida: todo lo que decimos, todo lo que pensamos y deseamos.

Precisamente desde este púlpito, y de algunos de los líderes religiosos más destacados de la época moderna, hemos escuchado sermones y exhortaciones sobre honradez, confianza, rectitud, veracidad, justicia, misericordia, amor, fidelidad y muchos otros principios de una vida recta.

Cuando una persona ha integrado todos estos atributos dentro de su ser, cuando se convierten en la fuerza motriz de todos sus pensamientos, actos y deseos, entonces se puede decir de ella que posee integridad, la cual se ha definido como algo a lo que no le «falta ninguna de sus partes. Dícese del recto, probo, intachable». Seguir leyendo

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Una diaria porción de amor

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Una diaria porción de amor
élder H. Burke Peterson
del Obispado Presidente

H. Burke PetersonHace ya unos años, en una de nuestras reuniones de testimonio, un joven padre bendijo con orgullo a su primer hijo.  Luego él se paró para dar su testimonio.  Agradeció por su hijo, y entonces dijo emocionado que aunque el pequeñito no entendía nada de lo que ellos decían, él anhelaba poder tener un medio de comunicarse con el niño. «Todo lo que podemos hacer», dijo, «es sostenerlo, abrazarlo con cariño, besarlo y susurrarle al oído palabras de amor.»

Después de la reunión fui y le dije al joven padre, que en su testimonio él nos había enseñado una manera eficaz para criar niños saludables, y que esperaba que nunca lo olvidara; espero que él haya continuado siendo así aun hasta la madurez de sus hijos.

Una de las tragedias que vemos cada día a nuestro alrededor es la cantidad innumerable de niños y adultos que viven literalmente abatidos porque no reciben su porción diaria de amor. Entre nosotros tenemos miles de personas que darían cualquier cosa por escuchar las palabras y sentir el calor de estos sentimientos.  Todos conocemos a alguien que esta triste y desanimado por no haber recibido nunca una palabra de amor.

Años atrás fui asignado para visitar una misión en un país lejano.  Antes de nuestra primera reunión con los misioneros, le pregunté al presidente de la misión si había algún problema en particular que necesitara tratar; él habló con mucha tristeza de un misionero que había decidido volver a su casa sin terminar su misión, «¿Podría ayudarlo si hablara con él?», le pregunté. El presidente no estaba muy seguro de ello.  Cuando me llegó el momento de saludar a los misioneros antes de la reunión, no me fue difícil darme cuenta cuál era el que tenía el problema.  Entonces le dije al presidente que, si no le molestaba, me gustaría hablar con el joven después de la reunión.  Lo observé durante la reunión, pero lo único que veía en él era la gran goma de mascar que tenía en la boca.  Después que terminamos, este joven misionero se acercó al estrado y entonces aproveché para decir: «¿Podemos conversar un rato?» Me respondió con absoluta indiferencia y sin ningún interés.  Nos apartamos hacia un lado, nos sentamos juntos, y le di mi mejor sermón sobre las razones por las cuales un misionero no debe abandonar su misión.  El continuó mirando hacia afuera sin prestarme atención. Seguir leyendo

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Un manto de plata

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Un manto de plata
presidente Marion G. Romney
De la Primera Presidencia

Marion G. RomneyEl tema que he escogido para esta oportunidad lo he extraído de un canto que solíamos entonar en el ejército en el año 1918, cuando la situación tenía un aspecto lúgubre. Comenzaba diciendo:

“Hay un manto de plata que a través de las oscuras nubes resalta”

(Lena Gilbert Ford)

Lo he elegido, porque aún cuando en el tiempo actual se avizoran épocas difíciles, estoy seguro de que para las condiciones del mundo también hay un «manto de plata» y que «detrás de lo desconocido se levanta Dios entre la sombra, velando por lo que es suyo» (La crisis presente, por James Russell Lowell).

Típica de la preocupación general es la declaración que hizo hace algunos años el Secretario de las Naciones Unidas:

«No deseo ocultar mi profunda preocupación por la situación que prevalece en el mundo», dijo, «preocupación que me consta debe ser compartida por toda la gente responsable, dondequiera que se encuentre.  Existe un sentimiento casi universal de aprehensión en cuanto adónde nos llevará la tumultuosa evolución de nuestra época, un sentimiento de profunda ansiedad ante un fenómeno que no podemos llegar a comprender y menos aún, controlar. En todas nuestras especulaciones, la mayoría de las cuales son deprimentes, sobre lo que nos espera en el futuro, sobresale una nota de desolación y fatalismo que hallo profundamente molesta.  No se trata de un fenómeno nuevo.  Las profecías horrendas han sido a menudo síntoma de períodos de transición y cambio en la sociedad humana.  Lo que es nuevo es el alcance de los problemas que dan origen a estas preocupaciones…

«La civilización que hoy se enfrenta a tan grandes desafíos, no es ya una pequeña parte de la humanidad sino que es la humanidad entera.» (Discurso de Kurt Waldheim, agosto de 1974) Seguir leyendo

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Un llamado a la acción

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Un llamado a la acción
hermana Barbara R. Smith
Presidenta General de la Sociedad de Socorro

Barbara B. SmithMis queridos hermanos, he estado meditando en los consejos de la Primera Presidencia concerniente a los Servicios de Bienestar, y me siento muy impresionada ya que mediante ellos, todos hemos recibido un llamado a la acción.  En la sesión de los Servicios de Bienestar de la conferencia general de abril de 1976, el presidente Kimball nos recordó las palabras del Señor:

«¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?» (Lucas 6:46).  En una reunión del Comité General de los Servicios de Bienestar de la Iglesia, realizada el 2 de febrero de este año, el presidente Marion G. Romney dijo:

«A todos los miembros de la Iglesia, desde los niños hasta los sumos sacerdotes y a todas las hermanas de la Sociedad de Socorro, se les debe enseñar clara, exacta e inspiradamente que tienen la obligación de implantar en su vida personal y en la de su familia, así como en sus responsabilidades de la Iglesia, los principios y procedimientos de bienestar apropiados».

Estos consejos son inconfundibles; nos están pidiendo, suplicando que hagamos, implantemos y llevemos a cabo el trabajo de bienestar de la Iglesia.  Hemos estado reexaminando el papel decisivo que desempeñan las hermanas de la Sociedad de Socorro en este aspecto.  Reconocemos que las mujeres de la Iglesia tienen la gran responsabilidad de ayudar, enseñar, implantar y trabajar en armonía y juntamente con el sacerdocio en esta importante labor. Seguir leyendo

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Sigamos al profeta viviente

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Sigamos al Profeta viviente
élder Victor L. Brown
Obispo presidente

Victor L. BrownDesde que hablé la última vez al Sacerdocio de la Iglesia, ha habido unos cambios fundamentales en la responsabilidad del Obispado Presidente.

La Primera Presidencia ha anunciado que el Consejo de los Doce Apóstoles tendrá la responsabilidad de todos los programas para la juventud y también ha dado al Obispado Presidente muchas de las responsabilidades temporales de la Iglesia. Nosotros, como obispos, hemos disfrutado mucho de nuestra asociación con la juventud por todo el mundo, así como con nuestros asociados del Sacerdocio Aarónico y de las Mujeres Jóvenes An las Oficinas Generales. El hecho de que se haya efectuado este cambio no disminuye nuestro interés ni nuestro amor por la juventud. Seguimos sintiendo que la juventud de hoy es una generación real y rogamos por el bienestar y el éxito de los jóvenes de todas partes.

Continuamos sirviendo en el Sacerdocio Aarónico en lo que respecta a los asuntos temporales del reino. Durante las seis semanas pasadas, he viajado con uno de mis consejeros a cada área de la Iglesia fuera de los Estados Unidos y Canadá, presidida por un supervisor de área que es una Autoridad General. A medida que conocemos más de cerca el rápido crecimiento de la Iglesia en muchos países, con el resultado de tensiones y problemas en la organización temporal de la Iglesia y en sus recursos físicos, vemos claramente por qué el Señor inspiró a su Profeta para que efectuara estos cambios realizados recientemente.

Yo creo que en esto se halla uno de los principios más importantes y fundamentales que todos deberíamos reconocer. Esta lección la enseñó el Salvador según se registra en Mateo 16: 13-18:

«Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Seguir leyendo

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Según la voluntad del Señor

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Según la voluntad del Señor
élder Victor L. Brown
Obispo Presidente

Victor L. BrownMis queridos hermanos, mi propósito en el día de hoy es señalar una vez más, con nuevo énfasis, los recursos que están a disposición de cada obispo para ayudarle a cubrir las necesidades de su congregación.

Al considerar los recursos disponibles hoy en día, no debemos olvidar algunos de los conceptos bien marcados en tiempos antiguos.  Tal como lo registra el profeta Alma:

«Y de conformidad con lo que cada uno tenía, repartía de sus bienes a los pobres, a los necesitados y a los enfermos y afligidos; y no usaban vestidos costosos, no obstante, eran aseados y atractivos.

Y así dispusieron los asuntos de la Iglesia, y empezaron nuevamente a gozar de continua paz, a pesar de todas sus persecuciones.

Sin embargo, en sus prósperas circunstancias no desechaban ni al desnudo, ni al hambriento, ni al sediento, ni al enfermo, ni al necesitado; porque no tenían puesto el corazón en las riquezas; por consiguiente, eran liberales con todos, viejos así como jóvenes esclavos y libres, varones y hembras, pertenecieran o no a la Iglesia, sin hacer distinción de personas, si estaban necesitadas.» (Al. 1:27-28, 30.)

Como frecuentemente se nos enseña y aparece en Doctrinas y Convenios, el obispo tiene a su cargo la responsabilidad de ir en busca de los pobres para atender sus necesidades.  Esto no se refiere solamente a aquellos que son materialmente pobres, sino que incluye a los que tengan problemas emocionales, o estén pasando por los múltiples problemas del diario vivir.  Esta clase de información llega al obispo principalmente por medio de entrevistas personales del Sacerdocio e informes que reciba de las hermanas de la Sociedad de Socorro. Ya sabemos que la responsabilidad de solucionar el problema recae primeramente sobre el individuo, y luego sobre su familia; y después que ellos hayan hecho todo lo posible, debe recurriese a los Servicios de Bienestar de la Iglesia. Seguir leyendo

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Preparaos ahora para vuestra misión

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Preparaos ahora para vuestra misión
élder J. Thomas Fyans
de la Presidencia del Primer Quórum de los Setenta

J. Thomas FyansJovencitos, me gustaría hablaros acerca del progreso hacia las eternidades. Una de las mejores oportunidades de esta vida, es la influencia refinadora que recibís mientras os preparáis a cumplir con el mandato sagrado del Señor de salir como misioneros, para llegar a los corazones de los hombres. Permitidme haceros seis sugerencias:

  1. Orad fervientemente a vuestro Padre Celestial por lo menos dos veces al día; quizás el momento oportuno sea al comenzar y al finalizar el día. Esto desarrollará una íntima relación personal con El. Escuchad este poema titulado «Prueba»:

Si de la radio las invisibles ondas
por mares y continentes una canción
pueden transportar;
Si de un violín, las dulces notas
sobre montañas y ciudades
pueden pasar;
Si cual rosas carmesí las melodías
pueden diluirse en el azul del cielo,
¿Por qué duda el mortal
de que a Dios
lleguen nuestros ruegos?

(por Ethel Romig Fuller en Maesterpieces of Religious Verse, New York: Harper and Bros., 1948, pág. 407.)

  1. Tened vuestro propios libros canónicos y cuidadlos.
  2. Usadlos de tal manera que os sintáis tan cómodos con ellos en vuestras manos, como os sentís con un calzado cómodo en vuestros pies. Estudiadlos diariamente. Podéis tomar la decisión de leer particularmente el Libro de Mormón durante el año próximo, lo que puede lograrse leyendo menos de dos páginas por día. Si leyerais cuatro páginas por día, podríais leer en un año el Libro de Mormón, Doctrinas y Convenios, La Perla de Gran Precio y el Nuevo Testamento; esta sería una digna meta para establecer. Y os ruego que la meta que os fijéis en vuestro próximo año de vida sea por lo menos leer el Libro de Mormón.
  3. Tened una cuenta de ahorros para la misión. Espero que ésta sea sólo una sugerencia para continuar lo que ya habéis comenzado. Si no fuera así, comenzad hoy mismo. Apartad hoy cierta suma de dinero, no importa lo pequeña que sea, como comienzo de vuestra contribución para la misión.
  4. Sed activos en la Iglesia. Esto significa asistir a la Escuela Dominical, a las reuniones del Sacerdocio y reuniones sacramentales; participar en el programa de los Boy Scouts, e ir a las clases de seminario o instituto, según os corresponda de acuerdo con vuestra edad.
  5. Participad en la noche de hogar, porque debido a un plan eterno vosotros sois una parte de ese grupo especial de espíritus. Aportad a él y no esperéis sólo recibir. Por medio de la apropiada oración y con el conocimiento que adquiráis de la vida y experiencias de los profetas, que aparecen en las Escrituras, tendréis la base con la cual hacer una contribución espiritual muy especial a vuestra noche de hogar.

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Nuestro gran potencial eterno

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Nuestro gran potencial eterno
presidente Spencer W. Kimball

Spencer W. KimballEl presidente Brigham Young, segundo Presidente de esta dispensación, dijo lo siguiente:

«Esta gente supone que tenemos en nuestra posesión todas las ordenanzas para la vida, salvación y exaltación, y que estamos administrándolas. Pero ese no es el caso. Estamos en posesión de todas las ordenanzas que pueden ser administradas en la carne; pero hay otras que deben ser administradas más allá de este mundo. Sé que queréis saber cuáles son y voy a mencionar una: no tenemos, ni podemos recibir aquí, la ordenanza ni las llaves para la resurrección.» (Journal of Discourses, 15: 137.)

Tenemos acaso las llaves de la resurrección? ¿Podríamos regresar a la tierra como seres inmortales? ¿Podrían hacerlo nuestros padres, abuelos, nuestros antepasados? Mi madre murió cuando yo tenía once años; mi padre, cuando tenía veinte. Mucho los extrañé a ambos y si hubiera tenido el poder de hacer resucitar, como lo tuvo el Salvador del mundo, me habría sentido tentado de tenerlos a mi lado por más tiempo.

He hablado en muchos funerales por personas a quienes he conocido, a quienes he querido mucho, a quienes he ayudado a vivir en forma limitada; pero jamás hemos oído de nadie que pudiera resucitar a los muertos, con la excepción de Jesús el Cristo.

Las llaves «serán dadas a aquellos que hayan pasado de esta esfera de acción, y hayan recibido de nuevo su cuerpo… Ellos serán ordenados para resucitar a los santos por aquellos que tienen las llaves de la resurrección, tal como nosotros recibimos la ordenanza del bautismo, y luego las llaves de la autoridad. para bautizar a otros para la remisión de sus pecados. La resurrección es una de las ordenanzas que no podemos recibir aquí sobre la tierra, y hay muchas otras.» (Journal of Discourses, 15:137).

Recordemos cuando el Señor Jesucristo estaba en la embarcación, dormido, y sus discípulos le despertaron diciéndole: Seguir leyendo

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¿No ardía nuestro corazón?

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¿No ardía nuestro corazón?
élder Loren C. Dunn
del Primer Quórum de los Setenta

Loren C. DunnMis queridos hermanos, me siento muy honrado de estar en esta conferencia.

La Iglesia está creciendo en todas partes del mundo. Ese crecimiento se debe a lo que sucede dentro de una persona que investiga la Iglesia o examina su doctrina. Quizás pueda explicarlo en este modo: en el capítulo 16 de Mateo leemos lo que el Salvador preguntó a sus discípulos, y las respuestas de éstos:

«¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?

Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista, otros Elías y otros Jeremías, o algunos de los profetas.

El les dijo: Y vosotros ¿quién decís que soy yo?

Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.» (Versículos 14- 17.)

Aunque Pedro vivía y hablaba con el Señor y había visto muchos de sus milagros, el Salvador indicó que cuando el Apóstol respondió «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente», no fue por revelación de la carne ni la sangre, sino de su Padre Celestial. Esto pone de manifiesto que existe un modo más seguro de saber que el de ver con los ojos. Muchos fueron los que vieron a Jesucristo, pero no lo reconocieron como el Hijo de Dios; los que supieron quién era El fue porque se lo reveló nuestro Padre en los cielos.

Este testimonio del Espíritu queda registrado en el evangelio de Lucas, capítulo 24, versículo 32, cuando dos de los discípulos caminaban por el camino que conducía a una aldea llamada Emaús. El Salvador llegó, caminó y habló con ellos, pero no lo reconocieron hasta el final, cuando sus ojos fueron abiertos: Seguir leyendo

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Mil testimonios

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Mil testimonios
élder James M. Paramore
del Primer Quórum de los Setenta

James M. ParamoreMis queridos hermanos, sí, me siento nervioso, aunque sé que hay dos hermanas que se encuentran escuchándome: mi querida esposa y mi madre.

Amo al Profeta. A diferencia de la mayoría de vosotros, he pasado cuatro años de mi vida a su lado, y otros tres años con el presidente Benson; y cada jueves he estado en el Templo con el Consejo de los Doce Apóstoles. Deseo dejaros mi testimonio de que nuestro Padre Celestial dirige esta obra.

Quisiera rendir tributo a mi adorada madre, quien por muchos años oró para que mi padre se activara, para que reconociera que era hijo de Dios y aceptara el sacerdocio. Durante muchos años de mi niñez caminé a la Iglesia tomado de la mano de mi madre; finalmente, pude ver a mi padre recibir un testimonio por el poder del Espíritu Santo. También a él le rindo tributo esta noche; le amo y respeto; él ha sido mi amigo, porque ha depositado su confianza en mí; me ha enseñado a trabajar, a amar, y a no juzgar. Estoy agradecido al Señor por mis padres.

Y estoy agradecido por mi esposa. Quisiera relataros una pequeña historia.

Creo que en los últimos veinticinco años he asistido a tres o cuatro mil reuniones, y en cada una de esas ocasiones ella me ha apoyado… excepto en una. Una noche, cuando estaba por salir para ir a una reunión de la Escuela Dominical, me preguntó: «¿Regresarás temprano?» Le dije: «Sí, volveré a las 10 y 30». Llegaron las once y las once y media y yo no había regresado. Cuando por fin llegué a casa me dirigí hasta la puerta para entrar como de costumbre, pero estaba cerrada con llave. Toqué el timbre y nadie respondió, de manera que llamé a la puerta y por fin mi esposa vino y me dijo: «No te voy a dejar entrar». Le respondí: «Vamos ábreme». Pero ella repitió firmemente: «No, esto es el colmo». Seguir leyendo

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Los servicios sociales

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Los Servicios Sociales
élder J. Richard Clarke
Del Obispado  Presidente

J. Richard ClarkeEstoy seguro de que muchos nos hemos sentido emocionados por los grandes esfuerzos realizados por la Iglesia para ayudar a los miembros afligidos por inundaciones o terremotos.

Nuestro corazón también se acongoja por los necesitados; no obstante hay otras necesidades sociales y emocionales que pueden ser tan devastadoras como cualquier desastre natural.  Estas necesidades no pueden ser satisfechas con cargas de alimentos o ropa.  En mis palabras de hoy quisiera ilustrar algunas de ellas y voy a comenzar leyendo una carta que relata la trágica historia de un joven, quien se vio involucrado en una forma de vida que le llevó a violar uno de los mandamientos más sagrados de Dios:

«No sé por qué escribo esta carta: tal vez se trate de mis últimos esfuerzos, antes del fin.  Busco ayuda, sin esperanzas de recibirla, no porque dude de la veracidad de la Iglesia, sino como consecuencia de mis pecados.  Quisiera decirle que amo a mis padres y hago todo lo posible por ayudarles, pero estoy perdiendo las fuerzas y lo que sea que reste de las energías de mi vida espiritual, lo consumiré escribiendo esta carta.

A muy temprana edad llegué a la convicción de que mi padre no me amaba. Eso fue consecuencia de una oportunidad en que fui a besarlo para darle las buenas noches y él me apartó.  Estoy seguro de que él no recuerda el incidente y que el mismo no tuvo ningún significado para mi padre; pero para mi fue devastador: todo mi sentimiento de seguridad y mi mundo entero quedó hecho cenizas en tan sólo un momento.

Sin saber qué otra cosa hacer, me alejé corriendo de este nuevo extraño rumbo a mi madre, y presa del pánico le hice saber los sentimientos que me embargaban y que ella negó, sin lograr convencerme.  Al mirar a mi padre esa noche, mientras me encontraba en las sombras de mi dormitorio, me juré que le cerraría las puertas de mi vida hasta que él hiciera los esfuerzos por abrirlas nuevamente.  Decidí ignorarlo hasta que él viniera a mí. Seguir leyendo

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