La Barra de Hierro

Conferencia General Abril 1971

La barra de hierro

harold b. lee

Por el presidente Harold B. Lee
Primer Consejero en la Primera Presidencia


Sinceramente ruego por el espíritu de esta gran conferencia durante los momentos en que estaré aquí de pie.

Hace algún tiempo apareció en el Wall Street Journal un artículo que hace reflexionar, fue escrito por un eminente teólogo de la Universidad de Columbia, bajo el título «Un antídoto para la desorientación», la cual reconocéis como una condición que prevalece en el mundo actual.  Cito de este artículo escrito por el rabino Authur Herlzterg:

‘La gente entra a la religión por una esencial hambre metafísica, y cuando ésta no se sacia, la religión decae… en el momento que el clérigo se vuelve más mundano, el mundo va hacia el hades más rápidamente.

«… La religión representa el acumulamiento del discernimiento intelectual del hombre durante miles de años, en preguntas tales como la naturaleza del hombre, el significado de la vida y el lugar del individuo en el universo. Esta pregunta, precisamente, es la raíz de la inquietud del hombre.

«El hombre busca algo para poner fin a su estado de confusión y vacuidad… en la

locución moderna, un antídoto para la desorientación. No sabemos si las verdades de la tradición religiosa pueden interpretarse para satisfacer esta necesidad, pero estamos seguros de que aquí, no en la agitación política, se halla el sendero de la religión para lo que es de más valor.»

Como respuesta a aquellos que puedan andar errantes, en busca de algo que satisfaga su necesidad y que ponga fin a su estado de confusión y vacío, quisiera introducir algunos pensamientos relatando una extraordinaria visión que recibió un antiguo Profeta que se llama Lehi, 600 años antes de Cristo. Para los fieles miembros de la Iglesia, éste será un incidente relatado a menudo, y que se encuentra registrado en el Libro de Mormón. Para aquellos que no profesen nuestra fe, si meditan seriamente, podrá ser de mucho significado a la luz de muchas inclinaciones en nuestra sociedad moderna.

En este sueño, llamado mejor una visión, el profeta Lehi fue conducido por un mensajero celestial a través de un desierto oscuro y desolado, hasta un árbol cargado de fruta deliciosa que probó ser muy satisfactoria para su alma. Cerca de ahí vio un río, a lo largo del cual se encontraba un angosto sendero que conducía hasta el árbol de fruta deliciosa.  Entre la orilla del río y el sendero había una barra de hierro, quizás para proteger a los viajeros y evitar que cayeran del sendero hacia el río. Seguir leyendo

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Honradez e Integridad

Conferencia General Abril 1971

Honradez e Integridad

Delbert L. Stapley.Por el élder Delbert L. Stapley
Del Consejo de los Doce


La primera parte del decimotercero Artículo de Fe declara: «Creemos en ser honrados.» La honradez comprende muchos significados tales como integridad, sinceridad, concordancia con la verdad, justicia, honorabilidad, virtud, pureza de la vida, carácter moral y probidad en los negocios mutuos.

Estos principios son virtudes que se requieren de todo verdadero Santo de los Últimos Días.

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días apoya los ideales, principios y normas más sublimes conocidos para el hombre.  No hay nada acerca de la Iglesia, sus enseñanzas, ni lo que representa por lo que tengamos que sentirnos avergonzados.  La Iglesia tiene una influencia ilimitada hacia lo bueno en las vidas de las personas en todo el mundo.

Robert Burns (1), dijo: «Un hombre honrado es la obra más noble de Dios.» Hoy día, en que ha decaído tanto la honradez e integridad entre hombres de puestos elevados, y han llegado a ser virtudes perdidas, algún grupo debe enseñar, practicar y elevar diligentemente estos principios como cualidades cardinales en el carácter del hombre.

Con toda humildad y sinceridad debemos reconocer un poder superior a nosotros mismos del cual se deriva un código moral positivo que le dará a nuestras vidas significado y propósito.  Asimismo, debemos reconocer de una vez por todas, que la honradez, el respeto y el honor como tales, no están a la venta en el mercado; son ingredientes que vosotros, yo, y toda la gente, debemos introducir a nuestras vidas diarias.

Carlyle (2) dijo: «Haz de ti mismo un hombre honrado, y entonces podrás estar seguro de que habrá un bribón menos en el mundo.» ¿Puede haber un hombre verdaderamente honrado sin que sea un buen hombre, o puede haber un hombre verdaderamente bueno sin que sea un hombre honrado? Parece ser que la honradez debe empezar con uno mismo, de otra forma no podríamos reconocer esta cualidad en los demás.  Vemos las cosas no como son, sino como nosotros somos.  La responsabilidad de cada uno de nosotros es ser honrados con nosotros mismos, honrados en nuestra manera de actuar, honrados como miembros de la Iglesia, honrados al guardar los mandamientos de Dios.

De los hijos del rey Mosíah se ha dicho: Seguir leyendo

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Hacia donde os dirigis en realidad?

Conferencia General Abril 1971

¿Hacia donde os dirigis en realidad?

Richard L. Evans

por el Élder Richard L. Evans
Del Consejo de los Doce


Mis queridos hermanos:

Hace algunas semanas estuvimos considerando qué es lo que atraería atención de la gente al pasar en forma circunstancial por un gran aeropuerto, donde la gente viniera y fuera a muchos lugares, con diferentes intenciones y propósitos.  Entonces recordé una vez más, la tan ya mencionada pregunta: ¿De dónde vinimos? ¿Por qué estamos aquí? ¿Hacia dónde vamos?, pero automáticamente, se me ocurrió una variación en una de estas preguntas: ¿Hacia dónde en realidad os dirigís? y a esto podríamos agregar: ¿Qué es lo que en realidad deseáis?

Mucho de nuestro tiempo lo dedicamos al vano apresuramiento, sin pensar siempre lo que debemos llegar a ser, ni qué es lo que más importa.

A veces ponemos todo nuestro corazón en cosas que creemos que debemos tener, y una vez que las logramos nos damos cuenta de que no significan para nosotros tanto como nos pareció en otro tiempo.

Y así pasan los años, y aun en nuestra juventud, nos apercibimos de que somos más viejos de lo que éramos.

Más de la mitad de este año ya ha pasado, del cual tal vez una parte lo hemos usado buscando cosas que no tienen mucha importancia, y eso nos recuerda aquel sueño que John Ruskin dijo que tuvo en una oportunidad:

«Soñé», dijo, «que me encontraba en una fiesta infantil, en la cual había disponibles todos los medios de entretenimiento imaginables… preparados por un sabio y bondadoso anfitrión… Los niños obraban a su antojo en los cuartos y jardines, sin ninguna otra preocupación más que pasar la tarde divirtiéndose… Había música toda clase de libros de entretenimiento un taller de juegos… una mesa literalmente cargada con todas las golosinas y manjares y todo lo que un niño pudiera desear.  Pero en medio de todo esto, a dos o tres de los niños más ‘prácticos; se les ocurrió que querían algunos de los clavos de bronce del tapizado de las sillas, e inmediatamente pusieron manos a la obra para arrancarlos de su lugar.  Al cabo de un momento, prácticamente todos los niños se encontraban trabajando afanosamente con sus dedos, tratando de arrancar los clavos de bronce.  Con todos los clavos que podían sacar, aún así no se encontraban satisfechos; e inmediatamente después, cada uno quería algunos de los que los otros tenían.  Y finalmente, aquellos que realmente eran ‘prácticos y sensibles’, declararon que nada era más importante ni tendría consecuencias más eficaces esa tarde, que acaparar todos los clavos de bronce que pudieran… Y por último, aun comenzaron a pelear por los clavos de bronce… cuando sabían que no podrían llevarse más que uno solo para la casa. ¡Pero no!  Se trataba de ‘quién tenía más clavos… Debo tener el mismo número de clavos que tú antes de que nos vayamos de aquí, o no podré estar tranquilo.’ Finalmente, hicieron tanto ruido que desperté, y pensé: ‘¡Qué sueño tan falso. . . los niños nunca hacen cosas tan tontas.  Sólo los hombres las hacen!’ «(1) Seguir leyendo

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Escogeos hoy a quien Sirvais

Conferencia General Abril 1971

Escogeos hoy a quien Sirvais

N. Eldon Tanner

Por el presidente N. Eldon Tanner
Segundo Consejero en la Primera Presidencia


Ultimamente hemos oído hablar mucho acerca de las series intituladas «Mi Última Disertación», en las cuales las personas seleccionan su tema como si fuera el último discurso que fueran a presentar.  Teniendo esto presente, he seleccionado mi tema para esta conferencia como si fuera a ser mi último discurso, el mensaje más importante que podría dejar a las personas.

Mi tema, por tanto, proviene de Josué: … escogeos hoy a quién sirváis; …pero yo y mi casa serviremos a Jehová» (Josué 24:15).  Poco después de pronunciar estas palabras, Josué, que tenía ciento diez años de edad, falleció, dejando éste como su último mensaje.

Al haber escuchado los maravillosos discursos pronunciados en esta conferencia, y al escuchar a aquellos que seguirán, estoy seguro de que nos daremos cuenta que todos ellos recalcan la importancia de servir al Señor.

Todos recordamos cómo Moisés sacó del cautiverio a los hijos de Israel, y cómo los egipcios fueron destruidos por el Mar Rojo; cómo el Señor les entregó en sus manos a los amorreos y a los habitantes de Jericó, a fin de que pudiesen poseer sus tierras, y la manera en que Josué le recordó a su gente las palabras del Señor: «Y os di la tierra por la cual nada trabajasteis, y las ciudades que no edificasteis, en las cuales moráis; y de las viñas y olivares que no plantasteis, coméis.»

Entonces Josué dijo: «Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová.

«Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.»

Luego los amonestó: «Si dejareis a Jehová y sirvierais a dioses ajenos, Él se volverá y os hará mal, y os consumirá, después que os ha hecho bien. «Y atemorizados, respondieron: «A Jehová nuestro Dios serviremos, y a su voz obedeceremos» (Josué 24:13-15, 20, 24).

Un incidente semejante se encuentra en la historia de los antecesores pioneros, quienes a causa de sus convicciones religiosas se vieron obligados a abandonar su hermosa ciudad y hogares.  Pese a sus muchos sufrimientos, y al fallecimiento de muchos, permanecieron fieles a su fe, y aun ante todas las tribulaciones que soportaron al cruzar las praderas, cantaron: «Aunque morir nos toca sin llegar, qué feliz al sentir.» Alabaron el nombre del Señor, su Dios, y continuaron sirviéndole, y a través de sus justos esfuerzos, Él los ha bendecido y prosperado en su posteridad. Seguir leyendo

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En el monte de la casa del Señor

Conferencia General Abril 1971

En el monte de la casa del Señor

LeGrand Richards

Por el élder LeGrand Richards
Del Consejo de los Doce


Hermanos y hermanas: Al pararme aquí ante ustedes en la sesión que cierra esta grande e inspirativa conferencia, expreso mi amor por mi Padre Celestial y agradezco el gran amor que nos mostró por medio de su Hijo Unigénito, por el gran sacrificio expiatorio de Cristo y por el gran honor y privilegio que he tenido, a través de los años, al servirle siendo uno de sus embajadores de la eterna verdad, por ser un testigo de su divinidad.  Testifico ante ustedes, que yo sé que Cristo vive, que El es el Redentor del mundo, y que ha dado su Iglesia por medio de la restauración en esta última dispensación, a través del profeta José Smith y un modelo de vida para vivir por él a causa de su evangelio, que nos traerá gozo y felicidad en esta vida y exaltación a través de los mundos venideros.

El viernes pasado en nuestra reunión de los Representantes Regionales de los Doce, el hermano Marion D. Hanks, quien, como ustedes saben, es un maravilloso narrador, como pudimos atestiguar nuevamente esta mañana, dio este ejemplo al hablar a los hermanos.  El dijo que las hojas marchitas deben caer de las ramas de los árboles para dejar lugar a las nuevas hojas que vendrán.

Apliqué esto a mí mismo, y pienso que soy una de esas hojas marchitas en esta Iglesia.  Soy uno de los hombres más viejos.  Pienso que puedo decir con certeza que no hay ningún otro hombre sobre la faz de la tierra, excepto el Presidente Joseph Fielding Smith, que se haya parado ante este púlpito, tantas veces como yo lo he hecho en una Conferencia General de la Iglesia.  Si mis cuentas son correctas, está es la setenta y cuatroava Conferencia General en que he tenido el privilegio de hablar.

Al escuchar los testimonios de mis hermanos, vienen a mí las palabras del himno que entonamos:

«Escucha al profeta que predica la verdad;
Y en la vía del Señor su nombre alabad.
La vía ya se encontró de la antigüedad;
Profeta nuevo Dios mandó a darnos la verdad.
Obscuridad tan densa, que por siglos dominó,
Por Cristo disipada es, y Dios su faz mostró.
Por asechanzas del error, el mundo se cegó;
mas hoy a hombres el Señor la senda aclaró.”
Himnos de Sión núm. 69

Me pregunto en qué parte de este mundo actual podría el hombre escuchar los sermones de los que hemos participado aquí, los cuales exaltan a hombres y mujeres brindándoles felicidad en esta vida y exaltación eterna en el mundo venidero, con sus seres queridos y con los hijos de nuestro Padre, santificados y redimidos. Seguir leyendo

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El espíritu da testimonio

Conferencia General Abril 1971

El espíritu da testimonio

President Boyd K. Packer

por el élder Boyd K. Packer
del Consejo de los Doce


Fue hace un año exactamente, en una asamblea solemne, que tuvimos el privilegio de levantar nuestras manos para sostener a las Autoridades de la Iglesia, de la misma forma que lo hemos hecho esta mañana.  Fue en esa mañana de abril que escuché mi nombre al ser presentado para vuestro sostenimiento como miembro del Quórum de los Doce Apóstoles.  Recayó sobre mí la obligación de permanecer junto con los otros hombres que habían sido llamados como testigos especiales del Señor Jesucristo sobre la tierra.

Quizás os habréis preguntado, como yo lo he hecho, por qué debía venirme a mí este llamamiento.  A veces parecía cosa accidental el haber recibido ayuda para mantenerme digno; sin embargo, siempre prevalecía en mí el sentimiento constante, tranquilo, de que era guiado y preparado.

Esta mañana ha sido nuestro privilegio levantar nuestras manos para sostener al Presidente de la Iglesia.  Considero eso como un gran privilegio y una obligación especial, ya que poseo un testimonio sobre él.

Unas semanas antes de la reunión efectuada en el mes de abril pasado, salí de la oficina un viernes por la tarde pensando en la asignación que tenía para la conferencia ese fin de semana.  Esperé que el ascensor bajara del quinto piso; al abrirse lentamente las puertas del mismo, vi que se encontraba ahí el presidente José Fielding Smith.  Por un momento me sorprendí al verlo, ya que su oficina se encuentra un piso más abajo.

Al verlo bajo el marco de la puerta, me sobrevino un poderoso testimonio; he ahí el Profeta de Dios.  Esa dulce voz del Espíritu que es semejante a la luz que tiene algo que ver con la inteligencia pura, me afirmó que éste era el Profeta de Dios.

No es necesario tratar de definir esta experiencia a los Santos de los Ultimos Días; esa clase de testimonio es característica de esta Iglesia.  No es algo reservado para los que ocupan altos puestos; es un testimonio que no solamente está disponible sino que es vital para cada miembro.

Y así como es con el Presidente, así es con sus consejeros.

Al norte de donde nos encontramos, en la cordillera de Wasatch, se encuentran tres grandes montañas.  El poeta las describiría como poderosas pirámides de piedra.  La del centro, la más alta de las tres, el mapa la identifica como Willard Peak, pero los pioneros la llamaban «La Presidencia».  Si algún día llegaréis a pasar por Willard, mirad hacia el este, y en lo alto, muy alto, se encuentra «La Presidencia.» Seguir leyendo

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Buscad a los errantes

Conferencia General Abril 1971

Buscad a los errantes

N. Eldon TannerPor el presidente N. Eldon Tanner
Segundo Consejero en la Primera Presidencia


Me siento siempre muy feliz, mis hermanos, por el privilegio de reunirme con el sacerdocio.  Como lo he mencionado antes, me he reunido en diferentes países con hombres de elevada posición, con cargos de responsabilidad, líderes, ejecutivos y otros, pero nunca me siento igual como cuando me reúno con el sacerdocio.

Mientras escuchábamos estos excelentes discursos y disfrutábamos de ellos, y mientras contemplaba esta audiencia y pensaba en todos los que se han reunido esta noche —el presidente Lee dijo que son 170,’000— disfrutando de la amistad y el compañerismo de nuestros hermanos en el sacerdocio, he estado pensando y preguntándome sobre el muchacho que no está con nosotros, que no forma parte de este grupo, porque piensa que nadie lo comprende, ni lo acepta, ni lo quiere.

En cada barrio hay muchachos cuyas edades varían entre los doce y los setenta años que, aunque ellos lo negarían, están hambrientos de atención, hermandad, y una vida activa en la Iglesia.

Recordemos nosotros como líderes, recordémoslo todos nosotros siempre y nunca lo olvidemos, que todos estamos en busca de la felicidad.  Cada persona desea ser feliz, y nosotros tenemos el gran privilegio y la responsabilidad de mostrarle el camino hacia la felicidad y el éxito.  A menudo, un pequeño detalle, un desaire o mal entendimiento son causa de que alguien se vuelva inactivo; hay quienes están desanimados e inactivos porque se han sentido abandonados u ofendidos; o son culpables de alguna transgresión y como resultado, se sienten desechados, les parece que no hay lugar para ellos en la Iglesia, que no son dignos ni queridos.  Se sienten perdidos y piensan que no pueden recibir perdón.  Nosotros, como líderes, debemos hacerles saber y comprender que los queremos, ayudarles a entender que el Señor los ama y los perdonará si verdaderamente se arrepienten. Seguir leyendo

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Batallones perdidos

Conferencia General Abril 1971

Batallones perdidos

Thomas S. Monson

Por el élder Thomas S. Monson
Del Consejo de los Doce


El pasado mes de noviembre estuve sobre un viejo puente que se extiende sobre el río Somme que sigue su constante pero sereno recorrido por el corazón de Francia.  De pronto, me di cuenta de que cincuenta y dos años habían pasado desde que en 1918 se firmó el Armisticio y el fin de la Gran Guerra.  Traté de imaginarme cómo sería el río Somme cincuenta y dos años atrás. ¿Cuántos miles de soldados habrían cruzado este mismo puente?  Algunos habían vuelto; para otros, el Somme fue verdaderamente un río que no volverían a ver, porque las batallas de Vimy Ridge, Armentieres y Nueve Chappelle tomaron un espantoso número de vidas.  Extensas hectáreas llenas de cruces limpias y blancas, sirven como un recuerdo inolvidable.

Me encontré diciéndome suavemente: «Qué extraño que la guerra traiga consigo el salvajismo del combate, y no obstante, inspire hazañas de valor, algunas de ellas impulsadas por el amor.»

Cuando era niño, me gustaba leer la historia del «batallón perdido», una unidad de la 77a.  División de Infantería durante la Primera Guerra Mundial.  Durante la batalla francesa del Meuse-Argonne, un mayor del ejército dirigió a este batallón a través de una brecha en las líneas enemigas pero a las tropas de los costados les fue imposible avanzar.  El batallón entero se vio rodeado; los alimentos y el agua eran escasos; las víctimas no podían ser evacuadas, y los ataques eran constantes.  Ignoraron las peticiones del enemigo en las que les solicitaba que se rindieran; los periódicos alababan la tenacidad del batallón, y los hombres de visión dudaban de su suerte.  Después de un breve pero desesperado período de aislamiento total, otras unidades de la 77a.  División avanzaron y ayudaron al «batallón perdido».  En sus avisos, los corresponsales indicaron que las fuerzas de relevo parecían estar determinadas en una cruzada de amor para rescatar a sus camaradas.  Los hombres se ofrecieron voluntariamente, lucharon más heroicamente y murieron con más valentía.  Un tributo muy apropiado resalta del antiguo sermón predicado años atrás en el Monte de los Olivos: «Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos» (Juan 15:13). Seguir leyendo

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Advertencias del pasado

Conferencia General Abril 1971

Advertencias del pasado

Mark E. Petersen

Por el élder Mark E. Petersen
Del Consejo de los Doce


Han existido tres grandes civilizaciones en el Hemisferio Occidental, de las cuales dos han pasado al olvido.

Las que desaparecieron murieron casi en forma suicida, pues causaron su propia extinción al profanar la tierra y su Dios mediante el crimen, las aberraciones sexuales y otros pecados abominables de casi todas las clases.

Ahora nuestras naciones modernas han ocupado su lugar en este Hemisferio.  Gran parte de nuestra actual corrupción se asemeja detalladamente a la que afligió a estas civilizaciones.

En gran parte de América, por ejemplo, tenemos un ascendente índice criminalístico alarmante, costando al público más de 40 billones de dólares anuales únicamente en los Estados Unidos de Norteamérica.

Nuestro hundimiento moral es aterrador, pero muchos tratan de justificarlo.  Hace unas semanas apareció en los periódicos internacionales que uno de los oficiales más altos de una de las principales sectas cristianas habla anunciado públicamente que las relaciones premaritales entre los jóvenes son favorables.

Debido a la promiscuidad, las temidas enfermedades venéreas han alcanzado proporciones epidémicas. Un oficial de sanidad ha declarado que la etapa epidémica ya pasó y que ahora ya constituye una verdadera plaga.  Estas enfermedades sociales afectan a más personas que cualquier otra enfermedad contagiosa, con la excepción del resfriado común.

En una de las ciudades occidentales de los Estados Unidos, los oficiales de sanidad estiman que una de cada diez personas entre los catorce y veinticinco años de edad han contraído una enfermedad venérea.  Casi es increíble.

Actualmente, la facilidad que se da al aborto ha quitado el estigma de la inmoralidad, haciendo el amor libre más libre aún. Seguir leyendo

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Vislumbrando el cielo

Conferencia General Octubre 1971

Vislumbrando el cielo

Spencer W. Kimball2Por el presidente Spencer W.  Kimball
Presidente en Funciones del Consejo de los Doce


Mis amados hermanos, hermanas y amigos: Mucho es lo que se dice del tenebroso crimen que opaca las ventanas de los cielos.  Nos estremecemos ante las inmoralidades que nos llenan de espanto.  Casi nos dejamos llevar por el pánico a causa del gran número de divorcios, hogares disueltos y niños delincuentes que nos rodean; pero tal vez en ocasiones deberíamos detenernos a reflexionar que no todos son criminales, ni todos son malos y ni todos son rebeldes.

En más de una ocasión he repetido algo que me sucedió cuando se estaba pintando mi retrato.

En el cuarto piso del Templo está la sala del Consejo de los Doce Apóstoles en semicírculo, y donde se efectúan las reuniones importantes de dicho grupo.  Alrededor de las paredes cuelgan los retratos de los Hermanos, y cuando entré en este servicio, los contemplé con admiración y cariño, porque éstos, con quienes me iba a asociar, eran verdaderamente hombres grandes.

Con el transcurso del tiempo, la Primera Presidencia de la Iglesia concedió la autorización para que mi retrato formara parte de los otros.

Se escogió como artista a Lee Greene Richards, y empezamos inmediatamente.  Yo me sentaba en una silla sobre una plataforma elevada y me esforzaba por presentar una apariencia simpática, así como algunos de los otros hermanos.  Con sus pinturas, pinceles y paleta en mano, el artista alternativamente examinaba mis facciones y pintaba sobre el lienzo.  Volví muchas veces al estudio y después de algunas semanas se mostró el retrato a la Primera Presidencia, y más tarde a mi esposa e hija.

No fue aceptado, y tuve que volver para que se hiciera de nuevo.

Cambiamos de postura, pasaron las horas —muchas de ellas— y por fin el retrato estaba llegando a su fin.  Este día particularmente había sido de muchas ocupaciones, igual que los otros.  Supongo que yo estaba pensando en otra cosa muy ajena al asunto, y aparentemente al artista le era difícil transportar al lienzo mi distante mirada.  Vi que puso su paleta y pinturas a un lado, se cruzó de brazos y me miró directamente.  Salí sobresaltado de mi embeleso con esta abrupta pregunta: «Hermano Kimball, ¿ha estado usted alguna vez en el cielo?» Seguir leyendo

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Velad, pues, para que estéis listos

Conferencia General Octubre 1971

Velad, pues, para que estéis listos

harold b. lee

Por el élder Harold B. Lee
Primer Consejero en la Primera Presidencia


Mis amados hermanos y hermanas; y aquellos de nuestros amigos que nos estén escuchando.  Oro por la guía del Espíritu durante estos momentos que estoy ante ustedes.

Hace algún tiempo, me visitó un periodista de una gran cadena de periódicos, la cual venía a informarse acerca de la actividad misional de la Iglesia.  Después que le explicamos nuestras actividades mundiales respecto a las misiones que se estaban formando en nuevas áreas tales como las Islas Fidji, Corea, Hong-Kong, Indonesia, Tailandia, España, Italia y anteriormente en lejanos lugares de Latinoamérica y entre las tribus indias; preguntó, mientras contemplaba las actividades misionales a nivel mundial en toda su magnitud: «¿Ustedes tratan de convertir al mundo entero?» Le respondí citando la comisión que dio el Maestro a sus primeros discípulos:

«Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

«El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.»

El Maestro entonces habló de las señales que darían evidencia de la divinidad en sus llamamientos:

«Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo…

Entonces, como los evangelios registran: «Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor, y confirmando la palabra con las señales que la seguían» (Marcos 16:15-16, 19-20).

Entonces, le recordé las palabras de una revelación dada a los discípulos del Señor, en los primeros años de esta dispensación, que por medio de su administración, «salga la palabra hasta los cabos de la tierra, primero a los gentiles, y entonces, he aquí, se tornarán a los judíos. Seguir leyendo

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Si quisiereis y oyereis

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Por el élder Gordon B. Hinckley
Del Consejo de los Doce
Conferencia General Octubre 1971

Gordon_B._HinckleyRecientemente visité la Plaza de Trafalgar en Londres, donde admiré la estatua de Lord Nelson (1). Al pie de la columna se encuentran las palabras que pronunció en la mañana de la Batalla de Trafalgar: «Inglaterra espera que todo hombre cumpla con su deber.» Lord Nelson murió en esa histórica batalla en 1805, así como muchos otros; pero Inglaterra fue salvada como nación, y Bretaña se convirtió en un imperio.

Desde aquel entonces la imagen del deber y la obediencia ha disminuido notablemente. Esto no es exactamente nuevo; es tan antiguo como la historia humana. Isaías le declaró al antiguo Israel:

«Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra;

«Si no quisiereis y fuereis rebeldes, seréis consumidos a espada; porque la boca de Jehová lo ha dicho» (Isaías 1:19-20).

Recuerdo haberme sentado en este Tabernáculo cuando tenía 14 0 15 años de edad —en el balcón detrás del reloj— y oír al presidente Heber J. Grant cantar su experiencia al leer El Libro de Mormón durante su niñez. Habló acerca de Nefi y de la gran influencia que éste había sido en su vida; luego, con una voz que vibraba llena de convicción, la cual nunca olvidaré, citó estas ilustres palabras de Nefi: «Iré y haré lo que el Señor ha mandado porque sé que él nunca da ningún mandamiento a los hijos de los hombres sin prepararles la vía para que puedan cumplir lo que les ha mandado» (1 Nefi 3:7).

En aquella ocasión nació en mi tierno corazón la firme decisión de tratar de hacer lo que el Señor ha mandado. Ruego que a través del Espíritu del Señor pueda tener el poder de impresionar en forma similar el corazón de alguien que se encuentre en esta congregación.

¡Qué cosas tan maravillosas suceden cuando los hombres caminan con fe y obediencia a lo que se requiere de ellos! Recientemente leí la interesante historia del comandante William Robert Anderson, el oficial naval que llevó el submarino Nautilus (2) debajo del hielo polar, desde el Océano Pacífico al Océano Atlántico, una hazaña intrépida y peligrosa. Relató otras hazañas de riesgos similares. Concluyó con una declaración que llevaba en su billetera, escrita sobre una maltratada tarjeta y que tenía estas palabras, las cuales os recomiendo: Seguir leyendo

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Sé que mi redentor vive

Conferencia General Octubre 1971

Sé que mi redentor vive

Joseph Fielding Smith

Por el presidente Joseph Fielding Smith


Mis queridos hermanos y hermanas, os doy la bienvenida a otra conferencia general de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días, y me regocijo por el privilegio que tengo de ponerme de pie ante vosotros y dar testimonio de la verdad y divinidad de esta gran obra de los postreros días.

Nosotros, los Santos de los Ultimos Días, somos un pueblo bendecido y favorecido.  Es nuestro el privilegio de llegar a ser «un reino de sacerdotes, y gente santa» (Exodo 19:6).  El Señor nos ha elegido, como eligió a nuestros padres en la antigüedad «para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra» (Deuteronomio 7:6).

Nuestra posición es una de fuerza, porque se funda sobre la verdad eterna.  No hay necesidad de temer los dardos encendidos del enemigo, ni acongojarnos por las condiciones del mundo, en tanto que andemos de acuerdo con la luz que un Padre bondadoso ha derramado sobre nosotros tan abundantemente en esta dispensación final del evangelio.

En su infinita sabiduría, y para cumplir las promesas y convenios que concertó con los profetas de la antigüedad, el Señor ha restaurado en estos postreros días la plenitud de su evangelio eterno.  Este evangelio es el plan de salvación; se ordenó y estableció en los concilios de la eternidad antes de ser puestos los fundamentos de esta tierra, y se ha revelado de nuevo en nuestra época para la salvación y bendición de todos los hijos de nuestro Padre en todas partes.

De acuerdo con este gran y eterno plan, la salvación está en Cristo.  Viene por motivo de la expiación infinita y eterna que El llevó a efecto derramando su sangre.  Es el Hijo de Dios, y vino al mundo para rescatar a los hombres de la muerte temporal y espiritual que sobrevino a causa de lo que llamamos la Caída. Seguir leyendo

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Satanás acomete a la juventud

Conferencia General Octubre 1971

Satanás acomete a la juventud

Ezra Taft BensonPor le élder Ezra Taft Benson
Del Consejo de los Doce


Bien se ha dicho que «llega un momento en que la corrupción general de la sociedad es tal, que la generación en desarrollo queda expuesta a excesivas presiones y no se puede decir que tenga muchas posibilidades de elección entre el camino de luz y el de las tinieblas» (Hugh Nibley, An Approach to the Book of Mormon, 1957).

Vivimos en un mundo corrompido, en el cual las fuerzas de la maldad jamás han estado mejor ataviadas y ordenadas para la batalla; Satanás está bien organizado, Y nunca había tenido tantos emisarios trabajando a sus órdenes.  A través de sus muchos agentes, su maldad satánica ha proclamado sus intenciones de destruir toda una generación de nuestra escogida juventud.

Las muestras del miserable trabajo de las fuerzas del mal se hacen cada día más evidentes.  En todos lados podemos ver los tristes resultados de su obra.

Las destructores fuerzas de diabólica inspiración se encuentran presentes en nuestra literatura, el arte, las películas, la radio, la moda, los bailes, la televisión, y hasta en nuestra música moderna, llamada música «pop».  Satanás utiliza muchas herramientas para debilitar y destruir el hogar y la familia, y especialmente a nuestros jóvenes; hoy más que nunca, se hace evidente que su acometida está especialmente dirigida hacia la juventud.

La carta de un preocupado padre, acerca de los malignos afectos de la música popular, constituye un buen ejemplo; deseo mencionar algunas palabras de este bien informado maestro de la juventud:

«La música crea la atmósfera, la atmósfera crea el medio ambiente; el medio ambiente ejerce una poderosa influencia en la personalidad y la conducta. ¿Cuál es la mecánica de este proceso?

«El ritmo constituye el elemento más físico de la música, y es el único, que puede existir en el movimiento corporal aun sin gozar del beneficio del sonido.  Hasta una mente embotada por las drogas o el alcohol, puede responder a los efectos de la percusión y el ritmo.

«El alto volumen de la música también contribuye al aturdimiento mental.  El sonido, aumentado hasta llegar a los umbrales del dolor, produce un violento efecto físico que interfiere con el más alto proceso del pensamiento y la razón. (Y bajar el volumen de esta destructiva música no elimina los otros elementos maléficos…) Seguir leyendo

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Responsabilidad del sacerdocio

Conferencia General Octubre 1971

Responsabilidad del sacerdocio

harold b. lee

Por el élder Harold B. Lee
Primer Consejero en la Primera Presidencia


Durante la semana pasada, hemos pasado un día y medio con nuestros Representantes Regionales de (os Doce, dirigiendo su atención hacia el tema: «La Iglesia tiene necesidad de cada miembro, para que todos se edifiquen juntamente.» Hemos descubierto algunas estadísticas que ahora han sido reducidas a gráficas que llevarán los Representantes Regionales a las diversas reuniones regionales, con el propósito de recalcar la necesidad de comunicarnos con aquellos que actualmente no se encuentran activos en la Iglesia.

Usaré las cifras de una gráfica para recalcar la importancia de lo que estamos tratando: tenemos 353.000 poseedores del Sacerdocio de Melquisedec en la Iglesia, la mayoría de ellos padres, y solamente 187.000 son activos, utilizando como base la asistencia a una reunión sacramental y una reunión de sacerdocio por mes. 0, en otras palabras, se consideran activos con hacer solamente eso. De los 184.000 hombres, mayores de 21 años, que poseen el Sacerdocio Aarónico, la mayoría de los cuales también son padres de familia, únicamente 17.000 son activos. Hay también 48.000 miembros varones adultos que no han sido ordenados, y 117.480 esposos que no son miembros, la mayoría de los cuales también son padres de familia Por tanto, de aproximadamente 700.000 adultos varones, muchos de los cuales son padres, casi 500.000 basándonos en estas cifras, son inactivos, si incluimos a los varones que no han sido ordenados y a los esposos que no son miembros, al describir esta perspectiva de nuestro desafío.

Ahora, hermanos, estamos resueltos con una actividad determinada, a traer a estos hermanos nuevamente a la actividad, a cualquier clase de actividad. Hace algunos años, un presidente de misión, junto con un grupo de sus misioneros de la misión de los Estados del Este, se encontraban reunidos en un salón con pilares que atravesaban el centro del recinto, y éste le dijo a uno de loa misioneros:

—Póngase de pie y empuje ese pilar.

—Pero, — respondió el misionero, —no puedo.

—¿Por qué?

—Porque el peso del techo recae totalmente en el pilar.

Entonces el presidente preguntó:

—Suponga que ese peso fuese quitado. ¿Podría empujar el pilar?

El misionero replicó: —Claro que sí, creo que podría.

El presidente contestó: —Hermanos, vosotros y yo somos semejantes a uno de esos pilares. Siempre que tengamos un peso de responsabilidad en esta Iglesia, nada podrá movernos; pero tan pronto como se quite ese peso, la mayoría de nosotros nos convertimos en blancos fáciles para loa poderes que nos arrastran. Seguir leyendo

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