Una Temporada Desafiadora Una Temporada Maravillosa

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UNA TEMPORADA MARAVILLOSA
Presidente Gordon B. Hinckley

Charla fogonera SEI: una noche con una autoridad general viernes 7 de febrero de 2003

gordon-b-hinckley-mormonMis queridos hermanos y hermanas, vengo a ustedes con amor, aprecio y respeto. Estoy agradecido por lo que el hermano Eyring ha expresado y lo encomiendo a ustedes.

Creo que no es necesario decirles que ustedes tienen una responsabilidad única e importante en esta Iglesia. Les agradecemos a todos su dedicado servicio. Deseo agradecer especialmente a los hermanos en el Instituto, así como a sus colegas, quienes han sido una tremenda ayuda en la administración del Fondo Perpetuo para la Educación.

En esta reunión, ustedes representan varias categorías de maestros: miembros de la plana docente de los tres campus de la universidad Brigham Young, directores y maestros de instituto, y maestros de seminario, tanto de tiempo completo como de tiempo parcial, pero todos comprometidos en una labor común, la de cultivar en el corazón de los jóvenes amor hacia el Salvador del mundo y el deseo de seguir Sus enseñanzas.

La otra noche asistí a un concierto ofrecido por varios grupos musicales de la universidad Brigham Young. Fue maravilloso; una gran ocasión. La actuación fue formidable y contó con cerca de 500 participantes, todos estudiantes.

Al contemplarlos, pensé en lo grandioso que son esos jóvenes; demostraron mucho talento y todos actuaron en perfecta armonía. Luego pensé en que cada uno de ellos es un alumno de ustedes, que aprenden acerca de esta Iglesia, su doctrina, su historia y sus prácticas. Pensé en el gran desafío que ustedes tienen de enseñar de tal manera que no sea sólo para impartir conocimiento, sino, lo que es más importante, para inspirar.

Al mirarlos, me imaginé a los muchos miles más que están bajo el liderazgo de ustedes en los institutos de religión en otras universidades y colegios universitarios en todo el mundo. También pensé en los seminarios que ustedes representan, tanto maestros remunerados, como voluntarios. No creo que haya nada que se le compare en ninguna parte. Seguir leyendo

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Un maestro de los hijos de Dios

UN MAESTRO DE LOS HIJOS DE DIOS logo pdf
Presidente Dieter F. Uchtdorf
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Discurso dirigido a los instructores de religión del SEI • 28 de enero de 2011 • Tabernáculo de Salt Lake

imgresQué placer es estar aquí con ustedes el día de hoy. Los amo y los honro. Estoy agradecido al presidente Monson por darme esta asignación, y les expreso a ustedes el amor y la gratitud de la Primera Presidencia y los Doce Apóstoles por la recta influencia que ejercen en la juventud de la Iglesia de todo el mundo. Es mi ruego que el Espíritu Santo nos bendiga y edifique al compartir juntos este momento especial.

Además de los que están aquí en el hermoso e histórico Tabernáculo, nos acompañan más de 42.000 maestros de seminario y de instituto en más de 150 países, con traducción a 23 idiomas. Muchos están viendo esta transmisión en vivo y algunos la verán en DVD más adelante. Todo esto es un milagro moderno. Pero más que nada, es nuestra fe en el Señor nuestro Dios y el milagro de Su evangelio restaurado lo que nos acerca, superando todo tipo de fronteras, para ser edificados, elevados y unificados por el poder del Espíritu.

Mi corazón se extiende con gratitud hacia ustedes que han elegido la enseñanza como su profesión y a todos los que enseñan en respuesta a un llamamiento de sus líderes del sacerdocio. El presidente David O. McKay en una ocasión dijo: «Ningún hombre [o mujer] puede tener una responsabilidad más grande que la de ser maestro de los hijos de Dios»1.

Hace unos años tuve el privilegio de acompañar al presidente Boyd K. Packer en un viaje por Europa. Cuando llegamos al hotel y empezamos a llenar los formularios de rigor, tuve curiosidad por saber lo que el presidente Packer anotaría como su ocupación. En ese tiempo era el Presidente en Funciones de los Doce, tenía un doctorado, había servido como miembro de mesas directivas de varias corporaciones, y había sido piloto. Había tantas ocupaciones que habría podido anotar. Me conmovió, pero no me sorprendió, que anotara «Maestro».

Cada uno de nosotros, en algún momento como miembros de la Iglesia, seremos maestros. Ésa es una de las bellezas de esta Iglesia. El llamado a enseñar es una oportunidad de seguir a Jesucristo, el Maestro de maestros. Seguir leyendo

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No prediquéis sino el arrepentimiento a esta generación

NO PREDIQUÉIS SINO EL ARREPENTIMIENTO logo pdf
A ESTA GENERACIÓN
Elaine S. Dalton
Presidenta General de las Mujeres Jóvenes

Transmisión vía satélite para Seminarios e Institutos de Religión • 3 de agosto de 2010 • Teatro del Centro de Conferencias

Sister Elaine S. DaltonMi corazón rebosa con enorme gratitud hacia ustedes y todo lo que hacen para contribuir a la edificación del reino de Dios en la tierra. Sin duda, el Señor está muy complacido con el tiempo consagrado, el amor y el generoso esfuerzo de tantos alrededor del mundo para fortalecer a esta generación de jóvenes tan especial. Ésta no es una época común y ustedes no son hombres y mujeres corrientes. Su influencia en esta nueva generación fue pre-ordenada. No están donde se encuentran ni hacen lo que hacen ahora por casualidad. Para empezar, volveré a familiarizarlos con su identidad divina —quiénes son y dónde están en este momento en el gran plan de felicidad del Señor.

Su identidad divina

«Aun antes de nacer, [ustedes], con muchos otros, recibieron sus primeras lecciones en el mundo de los espíritus y fueron preparados para venir en el debido tiempo del Señor a obrar en su viña en bien de la salvación de las almas de los hombres» (D. y C. 138:56). Alma nos dice que fueron «llamados y preparados desde la fundación del mundo de acuerdo con la presciencia de Dios, por causa de [su] fe excepcional y buenas obras…» (Alma 13:3). Esa «fe excepcional» era en el plan de felicidad ordenado por nuestro Padre Celestial y en la capacidad del Salvador para hacer posible nuestro regreso a Dios mediante la Expiación infinita de nuestro Redentor. Sus «buenas obras» se demostraron al utilizar su albedrío para testificar a otros del plan y del papel del Salvador en el plan.

Sabían que el plan era bueno y que el Salvador haría lo que había dicho que haría—¡porque ustedes Lo conocían! Ahora, ustedes y yo nos volvemos a reunir para aprender mejor la manera de hacer lo quedijimos que haríamos y de utilizar rectamente nuestro albedrío durante nuestra breve estancia en la tierra. Ruego que el Espíritu hable a su corazón y mente para que experimenten un vivido recuerdo de su identidad. Seguir leyendo

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Rasgar el velo de la incredulidad

Rasgar el velo de la incredulidad

Jeffrey R. Holland

por Jeffrey R. Holland
del Cuórum de los Doce Apóstoles

El élder Jeffrey R. Holland es miembro del Quórum de los Doce Apóstoles. Discurso pronunciado en el Simposio Sidney B. Sperry en la Universidad Brigham Young el 7 de octubre de 1995.


Si a un lector ocasional del Libro de Mormón le pidiéramos que nombrara al personaje principal del libro, indudablemente las respuestas serían distintas. Es porque en cualquier registro que abarque mas de mil años de historia-con todas las personas que incluyera tal registro-no es muy fácil que surja en todo ese período de tiempo un solo personaje central. No obstante y reconociendo dicha limitación, quizás se puedan nombrar a algunas personas favoritas o al menos memorables. Nombres como Mormón, el compilador del libro que lleva su nombre; o Nefi, el primer y muy reconocible joven profeta; o Alma, a quien se le dedican tantas páginas; o Moroni, el audaz capitán que levantó el estandarte de la libertad; o su homónimo que terminó el libro y lo entregó cerca de mil cuatrocientos años después al joven José Smith-estos serían algunos de los personajes mencionados.

Todas esas respuestas nos harían reflexionar, pero también todas estarían incorrectas. El personaje principal y central en el Libro de Mormón, desde el primero hasta el último capítulo es el Señor Jesucristo, de quien el libro verdaderamente es «otro testamento.» Desde la primera página-de hecho, desde la introducción-hasta la última declaración en el libro, este testamento revela, demuestra, examina y recalca la misión divina de Jesucristo tal como se encuentra en las relaciones sagradas de dos dispensaciones del Nuevo Mundo, relaciones escritas para el beneficio de una tercera dispensación, la última y más grande de todas las dispensaciones, la dispensación del cumplimiento de los tiempos. Este registro sagrado, escrito por profetas y preservado por ángeles se escribió con un propósito fundamental y eternamente esencial: «convencer al judío y al gentil de que JESúS es el CRISTO, el ETERNO DIOS, que se manifiesta a sí mismo a todas las naciones» (portada del Libro de Mormón). Seguir leyendo

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Matrimonio y Divorcio

Matrimonio y Divorcio

por Presidente Spencer W. Kimball
Universidad Brigham Young 7 de Septiembre,  1976

Mis amados hermanos y hermanas:
Esta es una situación sobrecogedora. Nací en Lago Salado, pero crecí en Thatcher, Arizona, en un lugar grande e importante del cual pocos saben. Muchas cosas ocurrieron en ese pequeño pueblito. Tuvimos las experiencias normales y usuales. Celebrábamos el cuatro de julio, teníamos competencias, actividades del colegio y todas las cosas que puede tener un pueblito de esa medida.

Era una vida gloriosa.  Muchos maravillosos jóvenes eran mis compañe­ros o  Siempre estuve orgulloso del pueblo y estaba contento de vivir allí. Por algo de cuarenta años fue mi hogar y entonces lo cambié por la ciudad de Lago Salado.

Es un real placer estar con Uds. hoy.  Vengo humildemente ante Uds. para decirles algunas palabras.  No les voy a dar ningún sermón espectacular, pero espero llamar vuestra atención a algunas de las cosas que nos perturban, algunos de los problemas que encaramos.  No me disculpo, por lo tanto, por discutir el tema que he venido a discutir.  No he venido, para entretenerles, sino que estoy aquí con una misión muy seria.  Deseo hablarles de asuntos que ciento son de extrema im­portancia para Uds., para la gente, para el mundo y para la Iglesia.

La persona que entretiene a la gente les da lo que desean, el líder verdadero entrega a la gente lo que estos necesitan.  Como Pablo, soy presionado por el Espíritu para advertirles, exhortarles y fortalecerles.  Que pueda tener las bendiciones de Nuestro Padre Celestial para así hablarles.

Me doy cuenta que muchos de Uds. son casados, algunos están conside­rando el matrimonio y es probable que se casen los próximos años.

En otros discursos que he dado a este cuerpo estudiantil en ocasiones previas, he advertido a la juventud de Sión en contra de los pecados y vicios que tanto prevalecen en nuestra sociedad, aquellos de la im­pureza sexual y todos sus horribles enfoques.  He hablado de la falta de modestia en los vestidos y acciones como de un proceso de ablanda­miento por parte de Lucífero Aquí deseo expresar aprecio a todos aquellos que han respondido cuidadosamente a esas exhortaciones y readvierto a aquellos que las han ignorado. Seguir leyendo

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El cosmos de nuestro creador

El cosmos de nuestro creador

Élder Neal A. Maxwell

Este discurso se dio en la conferencia anual número veintiséis de educadores religiosos del Sistema Educativo de la Iglesia, el 13 de agosto de 2002, en la Universidad Brigham Young.


La educación religiosa de nuestros jóvenes y jóvenes adultos en nuestros seminarios e institutos de religión, y en nuestras escuelas, escuelas superiores y universidades de la Iglesia, es uno de los programas más eficaces y productivos de la Iglesia.

Aunque el deber de ustedes es servir a la “nuevas generaciones”, confío en que su deber desde hace mucho tiempo ya se haya convertido en su placer. Gracias, ¡desde lo más profundo de mi corazón! Y gracias también al hermano Randy McMurdie, quien ayudó tanto con los arreglos de las ayudas visuales especiales.

Quiero agradecerle al Profesor Eric G. Hintz de la Universidad Brigham Young, astrónomo observacional, por sus sugerencias tan útiles y sustanciales en cuanto a estos comentarios. Por medio de él, he tenido el placer de tener conocimiento del creciente número de alumnos Santos de los Últimos Días que están estudiando astronomía y astrofísica avanzadas. Para ellos y para todos nosotros, estas palabras de Anselmo constituyen un buen consejo: “Creer a fin de entender”, en lugar de “Entender a fin de creer.” Yo, y sólo yo, soy responsable de lo que digo. Mi tema es “El cosmos de nuestro Creador”.

Suplico la ayuda vital del Espíritu al hablarles como Apóstol y no como astrofísico. Como testigo especial, hablaré del testificante universo: “Las Escrituras están delante de ti; sí, y todas las cosas indican que hay un Dios, sí, aun la tierra y todo cuanto hay sobre ella, sí, y su movimiento, sí, y también todos los planetas que se mueven en su orden regular testifican que hay un Creador Supremo” (Alma 30:44; cursiva agregada).

Que lo que viene a continuación —no mis palabras, sino las contundentes palabras de las escrituras junto con algunas impresionantes imágenes— aporte asombro y reverencia acerca de las maravillas que han efectuado el Padre y el Hijo para bendecirnos.

Bajo la dirección del Padre, Cristo fue y es el Señor del universo, “el mismo que contempló la vasta expansión de la eternidad” (DyC 38:1; cursiva agregada).

El difunto Carl Sagan, quien impartió conocimientos eficazmente sobre la ciencia y el universo, perspicazmente observó que

En algunos aspectos, el asombro provocado por la ciencia ha superado con creces al de la religión. ¿Cómo es que casi ninguna de las principales religiones ha contemplado a la ciencia y llegado a la siguiente conclusión: “¡Esto es mejor de lo que pensamos! El Universo es mucho más grande de lo que dijeron nuestros profetas, más grandioso, más sutil, más refinado. Dios debe ser incluso más grande de lo que hemos soñado”? En cambio, dicen, “¡No, no, no! Mi Dios es un Dios pequeño, y quiero que permanezca así”. Una religión, antigua o nueva, que resaltara la magnificencia del Universo según lo revela la ciencia moderna podría extraer reservas de reverencia y asombro apenas explotadas por las religiones convencionales. Tarde o temprano, surgirá tal religión. 

A los Santos de los Últimos Días ciertamente no nos debe faltar reverencia y asombro, especialmente cuando contemplamos el universo en el contexto de las verdades divinamente reveladas. Sí, el cosmos “según lo revela la ciencia moderna” es “refinado”, como escribió Sagan. ¡Pero el universo también late con un propósito divino, de manera que nuestro asombro es mayor, brindando aun mayores razones de reverencial asombro respecto a “la magnificencia del universo”!

Claro está que la Iglesia no se alinea con los astrofísicos del 2002, ni tampoco aprueba ninguna teoría científica particular acerca de la creación el universo.

Al llevar a cabo su importante labor, los astrofísicos usan el método científico y no buscan respuestas espirituales. Algunos científicos comparten nuestra creencia en explicaciones religiosas acerca de estas vastas creaciones, pero algunos ven nuestro universo como un universo sin creador. Privados de la creencia en significado cósmico, algunos, como los describe un escritor, ven a los humanos como que son “forzados a entrar lloriqueando en un universo extraño.” 

¡Las escrituras nos dicen rotundamente lo contrario!

No obstante, ¿nos estimulan lo suficiente las grandiosas palabras de las escrituras con las que hemos sido bendecidos? ¿Nos estamos convirtiendo gradual y constantemente en la “clase de gente” que refleja tales elevadas doctrinas con nuestra aumentada santificación espiritual? Hermanos y hermanas, Dios está regalando los secretos espirituales del universo; ¿estamos escuchando?

En la vida diaria como discípulos, se nos instruye: “Levantad las manos caídas” (Hebreos 12:12). ¿Por qué no esforzarse también en “levantar” las a veces pasivas y limitadas mentes que también están “caídas”, ajenas al asombroso panorama del todo?

Dado todo lo que Dios ha hecho para preparar un lugar para nosotros en el vasto universo, ¿no podríamos desarrollar y mostrar mayor fe? En las perplejidades y complicaciones de la vida, ¿tendremos fe en que el Creador haya “proveído todo lo necesario” para llevar a cabo todos Sus propósitos?

Hace años, el presidente J. Reuben Clark, hijo, hizo este reconfortante comentario: “Nuestro Señor no es un novato, Él no es un amateur; Él ha recurrido esta vía una y otra y otra vez.”

Hermanos y hermanas, ¿no ha descrito el Señor Sus vías como “un giro eterno”? (DyC 35:1; véase también 1 Nefi 10:19; Alma 7:20; DyC 3:2).

Un mayor aprecio por el gran universo nos ayudará también a vivir una vida más recta en nuestros propios y pequeños universos de la vida cotidiana. Asimismo, un mejor entendimiento del gobierno de Dios de las vastas galaxias puede conducirnos a un mejor autogobierno.

Ahora pasemos a una mezcla de escrituras, ilustraciones y comentarios científicos.

Consideren esta foto de nuestra hermosa tierra con nuestra luna en primer plano:

La tierra desde la luna

Reflexionen sobre cuánto tiempo le costo al hombre llegar a la luna, ¡y sin embargo ésta está en nuestro propio patio trasero!

Los recursos tan necesarios para mantener la vida humana se proporcionan muy generosamente en este particular planeta; a menos que sean mal administrados, se nos dice que hay “suficiente y de sobra” (DyC 104:17). Sin embargo, con todo lo grande que es esta tierra —y todos los viajeros podemos atestiguar de ello— Stephen W. Hawking nos ha proporcionado una perspectiva aleccionadora: “[Nuestra] tierra es un planeta de tamaño medio, orbitando alrededor de una estrella normal en las afueras de una galaxia espiral común y corriente, la cual de por sí es una de un millón de millones de galaxias en el universo observable.”

Un científico que no cree en el designio divino notó, no obstante, que “al contemplar el universo e identificar los muchos accidentes […] que han obrado para nuestro beneficio, parece casi como que el universo de alguna manera sabía que veníamos.”

Las condiciones en esta tierra aparentemente son más favorables que en cualquier otro sistema solar.

El sistema solar

Si, por ejemplo, el planeta tierra estuviera más cerca del sol, nos quemaríamos, y si estuviera más lejos, nos congelaríamos.

Ahora fíjense en la flecha, que señala aproximadamente donde está situado nuestro sistema solar en medio de la increíble extensión de nuestra propia galaxia, La Vía Láctea.

El sistema solar

En esta imagen, aunque nuestro sistema solar se extiende millones de millones de millas, ¡es demasiado pequeño como para poder verlo! ¡Oh, el asombroso alcance de todo!

En una noche despejada, ustedes y yo podemos ver algunas partes de la Vía Láctea, pero imagínense: ¿cómo reaccionaríamos si el hecho de ver las estrellas sucediera sólo una vez cada mil años? Ralph Waldo Emerson escribió de cómo entonces “los hombres creerían y adorarían; y conservarían por muchas generaciones el recuerdo de la ciudad de Dios que se les había mostrado.”

Con razón las escrituras nos indican lo amplio y variado que es el testimonio de Dios para nosotros: “Y he aquí… se han creado y hecho todas las cosas para que den testimonio de [Dios] […] cosas que hay arriba en los cielos, cosas que están sobre la tierra […] todas las cosas testifican de [Dios]” (Moisés 6:63; cursiva agregada).

Ahora, contemplen lo que constituye tan sólo una sección dentro de nuestra vasta galaxia, la Vía Láctea:

Una galaxia

¿No es asombroso? ¡Especialmente cuando nos damos cuenta que las distancias entre esos puntitos brillantes son tan grandes!

Sea cual sea el cómo del proceso de creación de Dios, se plantean cosas espiritualmente reconfortantes acerca del principio, “más allá del más allá”, de hace tanto tiempo. “Y estaba entre ellos uno que era semejante a Dios, y dijo a los que se hallaban con él: “Descenderemos, pues hay espacio allá, y tomaremos de estos materiales y haremos una tierra sobre la cual éstos puedan morar […] Y descendieron en el principio, y ellos […] organizaron y formaron los cielos y la tierra” (Abraham 3:24; 4:1; cursiva agregada).

Notablemente, según algunos científicos, “Nuestra galaxia, la Vía Láctea, está situada en uno de los espacios relativamente vacíos entre las Grandes Murallas.” 

Hay espacio allí.

A medida que los científicos continúan explorando más allá de nuestra galaxia con el telescopio espacial Hubble, descubren cosas asombrosas como la “Keyhole Nebula” con sus propias estrellas.

Una galaxia

El telescopio Hubble nos ha mostrado muchísimo más; y, utilizando una de las palabras favoritas de sus estudiantes, ¡es impresionante!

La siguiente imagen es de una región de estrellas en formación que contiene material no organizado.

Una galaxia

“Y así como dejará de existir una tierra con sus cielos, así aparecerá otra” (Moisés 1:38).

Ahora vemos una imagen de “los restos” después de morir una estrella.

Una galaxia

“Porque he aquí, hay muchos mundos que por la palabra de mi poder han dejado de ser” (Moisés 1:35).

En la letra del himno “Grande Eres Tú”, sobre el universo y la Expiación, cantamos, “le adoraré cantando la grandeza de Su poder y Su infinito amor.”

Fuera cual fuera la manera en que Dios inició el proceso, aparentemente hubo supervisión divina: “Y los Dioses vigilaron aquellas cosas que habían ordenado hasta que obedecieron” (Abraham 4:18; cursiva agregada).

De una manera significativa, nosotros aquí en la tierra no estamos solos en el universo. En Doctrina y Convenios, que será el enfoque de su estudio en este año escolar, leemos “que por [Cristo], por medio de él y de él los mundos son y fueron creados, y sus habitantes son engendrados hijos e hijas para Dios” (DyC 76:24; cursiva agregada; véase también Moisés 1:35).

No sabemos dónde están o cuántos otros planetas habitados existen, aunque parece que estamos solos en nuestro propio sistema solar.

En cuanto al papel continuo del Señor entre Sus muchas creaciones, se ha revelado muy poco. Hay indicios, sin embargo, de reinos y habitantes.

“Por consiguiente, compararé todos estos reinos y sus habitantes a esta parábola, cada reino en su hora y en su tiempo y su sazón, de acuerdo con el decreto que Dios ha establecido” (DyC 88:61).

El Señor incluso nos invita a que “[meditemos] en [nuestro] corazón” esa particular parábola (v. 62). Tal meditación no significa hacer conjeturas inútiles, sino más bien tener la expectativa paciente y mansa de revelaciones adicionales. Además, Dios dio sólo información parcial —porque “no todas” sus obras fueron reveladas— a Moisés, con “sólo […] un relato de esta tierra y sus habitantes” (Moisés 1:4, 35), pero Moisés aún aprendió cosas que “nunca [se] había imaginado” (v. 10). No obstante, ¡no adoramos a un Dios de sólo un planeta!

Ahora contemplen esta imagen de lo que se llama “el espacio profundo”:

Una galaxia

Casi cada punto que ven en este cuadro, cortesía del telescopio Hubble, ¡es una galaxia! Piensen en nuestra propia galaxia, la Vía Láctea. Se me informó que cada galaxia aquí tiene del orden de cien mil millones de estrellas. Sólo este pequeño rinconcito del universo tiene casi incontables mundos.

Anteriores creyentes en los designios divinos incluyen a Alexander Pope. Así se expresó acerca de las maravillas de este universo:

Un grandioso laberinto, mas no carente de plan…

Por mundos incontables aunque el Dios sea conocido,

En el nuestro debemos descubrirlo a Él…

[Aunque] otros planetas giran alrededor de otros soles. 

Felizmente para nosotros, hermanos y hermanas, ¡lo vasto de las creaciones del Señor se compara con lo personal de Sus propósitos!

“Porque así dijo Jehová, que creó los cielos; él es Dios, el que formó la tierra, el que la hizo y la compuso; no la creó en vano, para que fuese habitada la creó” (Isaías 45:18; véase también Efesios 3:9; Hebreos 1:2).

“Y he creado incontables mundos, y también los he creado para mi propio fin […] Porque he aquí, hay muchos mundos que por la palabra de mi poder han dejado de ser. Y hay muchos que hoy existen, y son incontables para el hombre; pero para mí todas las cosas están contadas, porque son mías y las conozco” (Moisés 1:33, 35).

Uno se podría preguntar, ¿cuál es el propósito de Dios para los habitantes de la tierra? Queda mejor expresado en ese lacónico versículo con el que todos están tan familiarizados: “Porque, he aquí, ésta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39).

Por consiguiente, en la vasta expansión del espacio, existe un asombroso sentido de lo personal, ¡pues Dios conoce y ama a cada uno de nosotros! (véase 1 Nefi 11:17). ¡No somos una mera cifra en el espacio inexplicable! Mientras que la pregunta del Salmista era, “¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria?” (Salmos 8:4), la humanidad constituye el mismo centro de la obra de Dios. Somos las ovejas de Su mano y el pueblo de Su pastoreo (véase Salmos 79:13; 95:7; 100:3). Su obra incluye nuestra inmortalización, ¡lograda mediante la gloriosa Expiación de Cristo! Piensen en ello, hermanos y hermanas: aun con toda su extensa longevidad las estrellas no son inmortales, pero ustedes sí.

Las revelaciones nos aportan muy poca información acerca de cómo el Señor lo creó todo. Los científicos, mientras tanto, se centran en cómoqué y cuando. No obstante, algunos de ellos reconocen la perplejidad ante el por qué. Hawking dijo: “Aunque la ciencia resuelva el problema de cómo comenzó el universo, no puede contestar la pregunta: ¿Por qué el universo se toma la molestia de existir? Yo no sé la respuesta de eso.” 

Albert Einstein comentó acerca de sus deseos: “Quiero saber cómo creó Dios este mundo. No me interesa este o aquel fenómeno, en el espectro de este o aquel elemento. Quiero conocer Sus pensamientos; el resto son meros detalles.”

El Dr. Allen Sandage, un creyente de diseño inteligente, fue ayudante de Edwin Hubble. Sandage escribió: “La ciencia… está preocupada con el qué, cuándo cómo. No contesta, ni puede contestar, dentro de su método (por muy poderoso que sea ese método), el por qué.

Misericordiosamente, se nos dan respuestas vitales y cruciales a las preguntas de por qué en revelaciones que contienen las respuestas que más nos interesan. Enoc, habiendo visto cosas vastas y espectaculares, se regocijó, ¿pero en qué? Se regocijó en su seguridad personal acerca de Dios: “Y tú todavía estás allí” (Moisés 7:30). Enoc incluso vio a Dios llorar por innecesarios sufrimientos humanos, lo cual nos dice mucho sobre el carácter divino (véanse los versículos 28–29). Pero ése es un tema para otro momento.

Desgraciadamente, aun con las extraordinarias revelaciones sobre el cosmos y los propósitos de Dios, la gente puede alejarse. Esta gente se alejó: “Y sucedió que […] el pueblo comenzó a olvidarse de aquellas señales y prodigios que había presenciado, y a asombrarse cada vez menos de una señal o prodigio del cielo, de tal modo que comenzaron a endurecer sus corazones, y a cegar sus mentes, y a no creer todo lo que habían visto y oído” (3 Nefi 2:1).

De manera que, al meditar sobre la grandeza creativa de Dios, se nos dice también que consideremos la belleza de los lirios del campo. Recuerden, ¡“todas las cosas” dan testimonio de Él! (véase Alma 30:44).

Flores

En esta imagen vemos lirios, y luego, de cerca, designio divino. El mismo designio divino del universo se encuentra en miniatura en los lirios del campo (véase Mateo 6:28–29; 3 Nefi 13:28–29; DyC 84:82).

Una flor

El milagro de este planeta tiene muchas continuas y maravillosas sutilezas. Wendell Berry escribió:

“Quien realmente haya considerado los lirios del campo o los pájaros del aire y meditado en la improbabilidad de su existencia en este cálido mundo dentro de las frías y vacías distancias estelares apenas se sorprenderá de que el agua se volviera vino, lo cual, después de todo, es un milagro muy pequeño. Nos olvidamos del milagro mayor y continuo por el cual el agua (con tierra y luz solar) se convierte en uvas.”

Al dar reverencia a lo que el Señor ha creado, hemos de darle reverencia a Él y a Su carácter lo bastante como para esforzarnos a ser más como Él, tal como Él lo ha mandado (véase Mateo 5:48; 3 Nefi 12:48; 27:27). Por tanto, no es de sorprender que el poder de la deidad que se revela en los lirios asimismo se revela en las ordenanzas de Su Evangelio (véase DyC 84:20). Temáticamente, estas ordenanzas tienen que ver con nuestros convenios, limpieza, obediencia y preparación, todas conductualmente necesarias para que tengamos el poder de realizar el viaje de regreso a casa.

Estas expresiones personalizadas de amor y poder divinos de todos modos nos importan mucho más que intentar enumerar las asombrosas galaxias o comparar el número de planetas con el de estrellas. Nosotros los profanos en la materia no lo podríamos comprender de todas formas. El obtener santificación espiritual importa muchísimo más que las cuantificaciones cósmicas.

Así que, al ensanchar nuestra visión, tanto del universo como de los extensos propósitos de Dios, nosotros también podemos exclamar reverentemente, “¡Oh cuán grande es el plan de nuestro Dios!” (2 Nefi 9:13).

Por tanto, al explorar, meditar y aprender, ciertamente debemos estar llenos de asombro, así como también debemos ser intelectualmente mansos. El rey Benjamín nos aconsejó con estas palabras simples y a la vez profundas:

“Creed en Dios; creed que él existe, y que creó todas las cosas, tanto en el cielo como en la tierra; creed que él tiene toda sabiduría y todo poder, tanto en el cielo como en la tierra; creed que el hombre no comprende todas las cosas que el Señor puede comprender” (Mosíah 4:9; cursiva agregada).

Desgraciadamente, en nuestra época, hermanos y hermanas, hay algunos que creen que si no pueden comprender algo, entonces Dios tampoco puede comprenderlo. Irónicamente, algunos en realidad prefieren a un “Dios pequeño”. Lo que sería mejor para todos nosotros, tanto los científicos como los no científicos, en lugar de tratar de hacer de menos a la divinidad, es ¡tratar de dar más importancia a nuestra humildad personal!

El universo

Con todo lo espectacular de lo que la ciencia ha aprendido acerca del universo hasta ahora, aún así es muy poco. De la imagen de 1995 del Hubble de un “campo profundo”, se dijo que “dicha muestra, la más profunda que jamás se haya tomado de los cielos, cubría […] ‘una partícula del cielo de sólo la anchura de una moneda de diez centavos de dólar situada a unos 23 metros.’”

¡El alma se conmueve, hermanos y hermanas!

Sea cual sea la propia muestra que recibió Moisés, no es de extrañar que se sintió sobrecogido y “cayó a tierra” diciendo que “el hombre no es nada” (Moisés 1:9–10).

Misericordiosamente la revelaciones, aunque nos asombran, nos dan certeza del amor de Dios: “Ahora bien, hermanos míos, vemos que Dios se acuerda de todo pueblo, sea cual fuere la tierra en que se hallaren; sí, él tiene contado a su pueblo, y sus entrañas de misericordia cubren toda la tierra. Éste es mi gozo y mi gran agradecimiento; sí, y daré gracias a mi Dios para siempre. Amén.” (Alma 26:37).

De modo que, hermanos y hermanas, el Señor se acuerda de cada una de Sus muchas creaciones. Fíjense una vez más en los muchos “puntitos” en sólo un sector de nuestra galaxia de tamaño común y corriente, la Vía Láctea:

El universo

Él las conoce todas. Piénsenlo. Así como el Señor conoce cada una de estas creaciones, también conoce y ama a cada uno de los que se encuentran en este grupo, o en cualquier grupo; de hecho, ¡a cada miembro de la humanidad! (véase 1 Nefi 11:17).

una multitud

La determinación divina es muy tranquilizante, tal como lo indican estas palabras en Abraham: “No hay nada que el Señor tu Dios disponga en su corazón hacer que él no haga” (Abra­ham 3:17). Su capacidad es tan extraordinaria que dos veces en dos versículos del Libro de Mormón nos recuerda cortés y a la vez determinadamente que Él realmente es “capaz” de efectuar su propia obra (véase 2 Nefi 27:20–21). ¡Y sí que lo es!

Además, ¡el orden se refleja en las creaciones de Dios!

“Y vi las estrellas, y que eran muy grandes, y que una de ellas se hallaba más próxima al trono de Dios; y había muchas de las grandes que estaban cerca […]

“Y así habrá la computación del tiempo de un planeta sobre otro, hasta acercarte a Kólob, el cual es según la computación del tiempo del Señor. Este Kólob está colocado cerca del trono de Dios para gobernar a todos aquellos planetas que pertenecen al mismo orden que aquel sobre el cual estás” (Abraham 3:2, 9; cursiva agregada).

Un científico dijo de la configuración cósmica, “Puede que estemos viviendo entre gigantescas estructuras de panales o células.” Algunos científicos dicen que ciertas galaxias “parecen estar organizadas en una red de hilos, o filamentos, rodeando regiones del espacio grandes y relativamente vacías, conocidas como huecos.” Otros astrónomos dicen que han descubierto un “enorme […] muro de galaxias […] la mayor estructura observada del universo hasta la fecha.” Encomiablemente, esos científicos siguen adelante.

Sin embargo, claro está que para nosotros la tierra nunca fue el centro del universo, ¡como muchos una vez creyeron ingenuamente! Tampoco hace muchas décadas que muchos también pensaban que la Vía Láctea era la única galaxia en el universo.

Pero cuanto más sabemos, más vitales se hacen las preguntas de por qué y sus correspondientes respuestas. Sin embargo, las respuestas a las preguntas de por qué se obtienen sólo mediante revelación dada por Dios el Creador, y todavía hay más por venir:

Todos los tronos y dominios, principados y potestades, serán revelados y señalados a todos los que valientemente hayan perseverado en el evangelio de Jesucristo.

Y también, si se han fijado límites a los cielos, los mares o la tierra seca, o el sol, la luna o las estrellas,

todos los tiempos de sus revoluciones, todos los días, meses y años señalados; y todos los días de sus días, meses y años, y todas sus glorias, leyes y tiempos fijos, serán revelados en los días de la dispensación del cumplimiento de los tiempos (DyC 121:29–31).

Por lo tanto, hermanos y hermanas, al contemplar el universo, no vemos un caos inexplicable o agitación cósmica. En cambio, los fieles ven a Dios “obrando en su majestad y poder” (DyC 88:47). Es como ver un ballet cósmico divinamente coreografiado, ¡espectacular, tenue y tranquilizante!

Aun así, en medio de nuestro sentimiento sobrecogido por la maravilla y el asombro, “los afanes del mundo” pueden vencernos (véase DyC 39:9). La rutina aburrida y la repetición pueden causar que miremos indiferentemente hacia abajo en lugar de reverentemente hacia arriba y afuera. Podemos quedarnos separados del Creador, quien en esos momentos parece una estrella lejana y distante: “Porque ¿cómo conoce un hombre al amo a quien no ha servido, que es un extraño para él, y se halla lejos de los pensamientos y de las intenciones de su corazón?” (Mosíah 5:13).

Sabemos que el Creador del universo también es el Autor del plan de felicidad. Podemos confiar en Él. Él sabe perfectamente qué es lo que trae felicidad a Sus hijos (véase Mosíah 2:41; Alma 41:10).

Mientras tanto, a medida que algunos experimentan situaciones de la vida diaria en las que sienten falta de amor y de aprecio, aún pueden saber que Dios sí los ama. Sus creaciones así lo testifican.

Por tanto, podemos confesar Su mano en nuestras vidas individuales al igual que podemos confesar Su mano en el asombroso universo (véase DyC 59:21). Si confesamos Su mano ahora, algún día nosotros que somos “mecidos” entre Sus creaciones podremos incluso saber cómo es ser recibidos “en los brazos de Jesús” (Mormón 5:11).

El reverente regocijo, alentado ahora por estas palabras, existió hace mucho, mucho tiempo. Cuando el plan del Creador se presentó en la vida premortal, algunos “se regocijaban” (Job 38:7). ¿Por qué no? pues “existen los hombres para que tengan gozo” (2 Nefi 2:25). Que sean bendecidos para poder transmitir a sus alumnos lo contagioso de su reverencia y asombro acerca de las creaciones del Señor y de Su plan para nosotros.

Para terminar, testifico que la asombrosa obra de Dios es más grande que el universo conocido. Además, testifico que los planes de Dios para Sus hijos anteceden a Su provisión de este hermoso planeta para nosotros. En el santo nombre de Jesucristo, amén.


En su discurso, Maxwell resalta la importancia de la educación religiosa de los jóvenes y jóvenes adultos en seminarios, institutos y universidades de la Iglesia, considerándola uno de los programas más eficaces y productivos. Agradece a varios colaboradores y expertos, incluyendo al Profesor Eric G. Hintz por sus contribuciones científicas.

El orador aborda el tema del universo como una creación divina, enfatizando que el cosmos testifica la existencia de un Creador Supremo. Utiliza escrituras y citas de científicos como Carl Sagan para ilustrar que el universo, tal como lo revela la ciencia moderna, debe incrementar nuestra reverencia hacia Dios. Menciona que, aunque la ciencia puede explicar el «cómo» del universo, sólo la revelación divina puede responder al «por qué».

Se destaca la posición única de la Tierra en el universo y cómo está perfectamente situada para sustentar la vida. A través de imágenes del telescopio espacial Hubble, muestra la vastedad del cosmos y el papel continuo de Cristo en las creaciones divinas.

El discurso invita a meditar sobre la creación y el propósito divino del universo, sugiriendo que un mayor aprecio por el cosmos puede llevar a una vida más recta y espiritual. Se subraya la importancia de creer en Dios, confiar en Su sabiduría y reconocer Su poder, advirtiendo contra la arrogancia intelectual y fomentando la humildad y la reverencia.

Finalmente, el orador testifica la grandeza de la obra de Dios, tanto en el cosmos como en el plan de salvación para la humanidad, invitando a transmitir a los alumnos la reverencia y el asombro por las creaciones del Señor y Su plan divino.

«La educación religiosa de nuestros jóvenes y jóvenes adultos en nuestros seminarios e institutos de religión, y en nuestras escuelas, escuelas superiores y universidades de la Iglesia, es uno de los programas más eficaces y productivos de la Iglesia.»

«Creer a fin de entender, en lugar de entender a fin de creer.»

«Bajo la dirección del Padre, Cristo fue y es el Señor del universo, ‘el mismo que contempló la vasta expansión de la eternidad’ (DyC 38:1).»

«En algunos aspectos, el asombro provocado por la ciencia ha superado con creces al de la religión… El Universo es mucho más grande de lo que dijeron nuestros profetas, más grandioso, más sutil, más refinado. Dios debe ser incluso más grande de lo que hemos soñado.»

«Las escrituras nos dicen rotundamente lo contrario: ‘Y he aquí… se han creado y hecho todas las cosas para que den testimonio de [Dios]’ (Moisés 6:63).»

«Sea cual sea el cómo del proceso de creación de Dios, se plantean cosas espiritualmente reconfortantes acerca del principio, ‘más allá del más allá’, de hace tanto tiempo.»

«En la letra del himno ‘Grande Eres Tú’, sobre el universo y la Expiación, cantamos, ‘le adoraré cantando la grandeza de Su poder y Su infinito amor’.»

«Nosotros aquí en la tierra no estamos solos en el universo. En Doctrina y Convenios, que será el enfoque de su estudio en este año escolar, leemos ‘que por [Cristo], por medio de él y de él los mundos son y fueron creados, y sus habitantes son engendrados hijos e hijas para Dios’ (DyC 76:24).»

«El obtener santificación espiritual importa muchísimo más que las cuantificaciones cósmicas.»

«Desgraciadamente, en nuestra época, hermanos y hermanas, hay algunos que creen que si no pueden comprender algo, entonces Dios tampoco puede comprenderlo.»

«Podemos confiar en Él. Él sabe perfectamente qué es lo que trae felicidad a Sus hijos (véase Mosíah 2:41; Alma 41:10).»

«El reverente regocijo, alentado ahora por estas palabras, existió hace mucho, mucho tiempo. Cuando el plan del Creador se presentó en la vida premortal, algunos ‘se regocijaban’ (Job 38:7).»

«Que sean bendecidos para poder transmitir a sus alumnos lo contagioso de su reverencia y asombro acerca de las creaciones del Señor y de Su plan para nosotros.»

Notas

  1. Saint Anselm: Basic Writings, trans. Sidney Norton Deane, 2nd ed. (La Salle, IL: Open Court Publishing, 1962), 7.
  2. Carl Sagan, Pale Blue Dot: A Vision of the Human Future in Space (New York: Ballantine Books, 1994), 50.
  3. Morris L. West, The Tower of Babel (New York: William Morrow, 1968), 183.
  4. José Smith, Enseñazas del Profeta José Smith, comp. Joseph Fielding Smith (Salt Lake City: Deseret Book, 1976), 267.
  5. J. Reuben Clark Jr., Behold the Lamb of God (Salt Lake City: Deseret Book, 1962), 17.
  6. Stephen W. Hawking, A Brief History of Time: From the Big Bang to Black Holes (New York: Bantam Books, 1988), 126.
  7. Freeman J. Dyson, “Energy in the Universe,” Scientific American 224, no. 3 (September 1971)
  8. Ralph Waldo Emerson, “Nature,” in The Complete Works of Ralph Waldo Emer­son, centenary edition, 12 vols. (Boston: Houghton Mifflin, 1903), 1:7.
  9. Stephen Strauss, “Universe May Have Regular Pattern of Galaxies, New Find­ings Suggest,” Deseret News, March 4, 1990,
  10. Stuart K. Hine, “How Great Thou Art,” Hymns (Salt Lake City: The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, 1985)
  11. Alexander Pope, “Essay on Man,” in The Poems of Alexander Pope, ed. John Butt (New Haven, CT: Yale University Press, 1963)
  12. Stephen Hawking, Black Holes and Baby Universes and Other Essays (New York: Bantam Books, 1993)
  13. Albert Einstein, in Ronald W. Clark, Einstein: The Life and Times (New York: World Publishing Company, 1971)
  14. Allen Sandage, “A Scientist Reflects on Religious Belief,” Truth Journal, Internet edition, vol. 1 (1985), leaderu.com/truth/1truth15.html.
  15. Wendell Berry, “Christianity and the Survival of Creation,” in Sex, Economy, Freedom, and Community: Eight Essays (New York and San Francisco: Pantheon Books, 1993)
  16. Michael Benson, “A Space in Time,” Atlantic Monthly 290, no. 1 (July–August 2002)
  17. David Koo, in Strauss, “Universe May Have Regular Pattern,”.
  18. Chaisson and Steve McMillan, Astronomy Today (Englewood Cliffs, NJ: Pren­tice Hall, 1993).
  19. Corey S. Powell, “Up against the Wall,” Scientific American 262, no. 2 (February 1990): 19.
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El cómo estudiar las escrituras

El «cómo» estudiar las escrituras

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por Joseph Fielding McConkie

Joseph Fielding McConkie  es profesor emérito de escrituras antiguas en la Universidad de Brigham Young. Este discurso fue dado en la Semana de Educación de la Universidad de Brigham Young en agosto de 2006.


Si los cielos se abrieran hoy y Dios nos hablara, ¿no quisieran escuchar lo que Él tiene que decir? De igual manera, ¿si un mensajero viniera en Su lugar, sería de igual interés? Si el mensaje se escribiera, ¿no quisieran leerlo?

Muchas personas fieles han dado sus vidas para que la palabra del Señor tal como se ha dado a Su pueblo antiguamente se preservara para nosotros. El estudio cuidadoso de este registro solamente puede ser la fuente de una gran bendición para nosotros, mientras el fracaso para conocerlo sería una pérdida.

HAY QUE PERMITIR QUE LOS PRINCIPIOS CORRECTOS, NO LAS TÉCNICAS, DIRIJAN NUESTRO ESTUDIO

A través de los años muchos de mis alumnos y otros han llegado a mi oficina preguntándome cómo pueden llegar a ser mejores estudiantes de las escrituras. A menudo se me ha preguntado la manera que los hombres como mi padre, el élder Bruce R. McConkie, y mi abuelo el presidente Joseph Fielding Smith, ambos de los cuales tenían la reputación de ser estudiosos del evangelio, han estudiado las escrituras. Implícito en tales preguntas está la idea que hay alguna metodología o secreto conocido por algunos o pocos, y que aquel secreto da a aquellos que lo conocen, una ventaja distinta en el entendimiento de las escrituras. De hecho, voy a revelar el gran secreto; es que no hay ningún secreto.

En cuanto a mi padre y mi abuelo, su método consistía en no tener ningún método. ¡Los métodos no son la respuesta! El estudio eficaz de las escrituras no tiene nada que ver con el sistema de marcar que usas. No tiene nada que ver con la decisión de usar un marcador azul o uno rojo. No tiene nada que ver con que si estudias un tema particular cronológicamente o por temas. No tiene nada que ver con tu uso de la cuádruple (que contienen cuatro libros) en vez de una combinación triple. No tiene nada que ver con el tamaño de las escrituras a menos que estés envejeciendo.

Tiene todo que ver con la intensidad y la consistencia con que tú estudias. No hay atajos; no hay secretos. Seguir leyendo

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El arrepentimiento conduce al perdón

El arrepentimiento conduce al perdón

Por el presidente Spencer W. Kimball
 
Adaptación de un mensaje dado a los alumnos de la Universidad Brigham Young el 4 de mayo de 1954

Spencer W. Kimball2Una joven pareja tocó a la puerta de la casa de su obispo. Éste, que estaba solo en casa, les invitó a pasar. La voz gruesa y agradable del joven era precisamente la que se espera de un hombre alto y deportista como él.

Lo acompañaba una hermosa señorita de cabellera negra y brillante, figura esbelta y cara agraciada. Una vez sentados todos, el joven empezó a hablar con voz baja y titubeante: «Hemos violado la ley de castidad. Estamos muy afligidos y pensamos que teníamos que acudir a usted».

Después de un breve silencio, la señorita dijo: «Yo creía que jamás cometería este pecado. He escuchado en la Iglesia que el besuqueo y las cari­cias impúdicas son pecados, pero no le di mucha importancia».

El obispo escuchaba sin interrumpir.

El joven tomó de nuevo la palabra. «Aquella vez que fuimos a la feria era una ocasión muy especial, pero fue el principio de nuestras dificultades. Cuando fui por ella aquel día, pensaba que no había ninguna mujer más dulce y más bella. Después de pasear, nos quedamos un rato juntos antes de que ella entrara a su casa, y empezamos a besarnos y a acariciarnos.

«De repente, y casi sin darnos cuenta de lo que pasaba, estábamos acariciándonos demasiado íntimamente. Después, seguimos acariciándonos de este modo cada vez que nos reuníamos. Nos decíamos que no había nada de malo en ello puesto que nos pertenecíamos el uno al otro.

«Siguió empeorándose la situación, hasta que finalmente sucedió el terrible desenlace. Nunca creímos llegar a eso y sólo después del hecho empezamos a darnos cuenta del grave error. Nos aborrecíamos a nosotros mismos. Ella sugirió la oración, pero yo le dije que no me sentía digno. Quería esconderme del Señor y de todo el mundo». Seguir leyendo

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Cristo en America

CRISTO EN AMERICAlogo pdf
El Gran Dios Blanco fue una realidad
por Mark E. Petersen
del Consejo de los Doce

ensignlp.nfo-o-2a4c¡El Gran Dios Blanco de la antigua América vive aún! Hoy sobresale como una realidad inexpugnable en los descubrimientos y documentos de arqueólogos e historiadores. El misterio que por tanto tiempo» cubrió como un velo las enigmáticas tradiciones de Jos naturales, cede ahora el paso a la investigación moderna y a documentos recién descubiertos, pero de fecha antiquísima, los cuales permiten una consideración ampliamente extensa de esta divinidad y sus obras en el hemisferio occidental.

¡Existió tal Dios!

Efectivamente vino al hemisferio americano mucho antes de la época de Colón.

Enseñó su religión verdadera a los antiguos, resucitó a algunos de sus muertos, sanó a muchos de sus enfermos, les enseñó nuevos métodos más productivos de agricultura y estableció un gobierno de igualdad y paz.

Llegó repentinamente en una manera sobrenatural, y en igual forma partió. Para los antiguos era el Creador, venido a la tierra en forma corporal.

¿Quién puede dudar de la evidencia que ahora se ha acumulado tan copiosamente?

Nadie puede negar con éxito que fue una divinidad cristiana. Son muchos los que hoy admiten sin reparo que sus enseñanzas fueron análogas a las de la Biblia; y es un hecho reconocido, basado en las Escrituras y bien documentado por narraciones históricas subsiguientes, que prometió volver en una segunda venida. Seguir leyendo

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Lo mejor aún está por venir

Lo mejor aún está por venir

jeffrey-r-holland-largePor el élder Jeffrey R. Holland
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Tomado de un discurso pronunciado en la Universidad Brigham Young
el 13 de enero de 2009.

Miren hacia delante y recuerden que la fe siempre señala hacia el futuro.
La fe pone los cimientos en el pasado pero nunca anhela quedarse allá. La fe confía en que Dios tiene grandes cosas reservadas para cada uno de nosotros.


El comienzo de un nuevo año es la época tradicional para hacer un inventario de nuestra vida y ver hacia dónde nos dirigimos comparándolo con el antecedente de dónde hemos estado hasta ese momento. No quiero hablar de las resoluciones de Año Nuevo, pero deseo referirme al pasado y al futuro, con la mira puesta en cualquier período de transición y cambio que ocurra en nuestra vida, y esos momentos nos sobrevienen casi todos los días.

Como tema bíblico para este análisis, he elegido el pasaje de Lucas 17:32, donde el Salvador advierte: “Acordaos de la mujer de Lot”. ¿Qué quiso decir con esa breve frase tan enigmática? Para saberlo, hagamos lo que Él dijo: acordémonos de quién era la esposa de Lot.

La historia, por supuesto, se desarrolla en los días de Sodoma y Gomorra cuando, después de haber tolerado todo lo que le fue posible soportar de lo peor que hombres y mujeres podían hacer, el Señor le dijo a Lot y a su familia que huyeran porque esas ciudades iban a ser destruidas. “Escapa por tu vida”, le dijo, “no mires tras ti… escapa al monte, no sea que perezcas” (Génesis 19:17; cursiva agregada).

Con algo menos que una obediencia inmediata y algo más que un intento de negociar, Lot y su familia abandonaron al fin la ciudad, pero lo hicieron a último momento. Las Escrituras nos dicen lo que pasó al amanecer del día siguiente: Seguir leyendo

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De líderes a gerentes: el cambio fatal

«DE LÍDERES A GERENTES: EL CAMBIO FATAL»logo pdf
Por Hugh W. Nibley

 Este discurso fue dado en la Universidad Brigham Young (BYU), en la ceremonia de inicio, el día 19 de Agosto de 1983, después que Nibley recibiera un doctorado honorario en Letras. Se publicó con el título «De Líderes a Gerentes: el cambio fatal» DJMT 16/4 (Winter 1983): 12-21.

NibleyHughHace hoy veintitrés años, en esta misma ocasión, yo ofrecí la oración de apertura en la cual dije: «Nos hemos reunido hoy aquí, vestidos con las togas negras de un falso sacerdocio . . .» Muchos me han preguntado desde aquella vez, si yo realmente dije algo tan chocante, pero nadie jamás me ha preguntado lo que yo quise decir con eso. ¿Por qué no?. Bueno, algunos ya conocen la respuesta; y en cuanto al resto, nosotros no cuestionamos cosas en «la BYU.» Pero para mi propio alivio, aprovecho esta oportunidad para explicarlo.

¿Por qué un sacerdocio?. Porque estas togas originalmente distinguían a aquellos que formaban parte del clero; y un colegio o claustro era un «misterio», con todos los ritos, secretos, juramentos, grados, pruebas, festejos y solemnidades que iban con la iniciación a un conocimiento superior.

Pero ¿por qué falso? Porque es un adorno prestado, que desciende hasta nosotros a través de una larga línea de imitadores desautorizados. No fue sino hasta 1893 que «una comisión intercolegial fue formada . . . para delinear un código uniforme para las togas y los birretes» en los Estados Unidos.1

Antes de eso no había ninguna reglamentación. Uno podía diseñar su propia indumentaria; y esa libertad proviene desde los tiempos más remotos que se conocen de estos accesorios. Los últimos emperadores romanos, como aprendemos del infalible DuCange, marcaron cada paso en el declive de su poder y gloria, añadiendo algún nuevo ornamento a las resplandecientes vestimentas que proclamaban su sagrado oficio y dominio. En las divisiones que les subsiguieron, los reyes de las tribus que heredaron las tierras, y las pretensiones del imperio, compitieron entre sí imitando a los maestros romanos, decididos a superar aún a éstos en la variedad y riqueza teatral de sus togas y birretes. Seguir leyendo

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Los cinco principios de la estabilidad económica

Los cinco principios de la estabilidad económica

ensignlp.nfo-o-2c64por el presidente N. Eldon Tanner
Primer Consejero en la Primera Presidencia

Durante la Segunda Guerra Mundial, el élder Albert E. Bowen, entonces miembro del Consejo de los Doce Apósto­les, recopiló una serie de mensajes radiales en un libro, que tituló: La constancia en medio del cambio. Esos men­sajes eran muy apropiados para la época; estábamos en medio de una conflagración y la gente de todo el mundo necesitaba un mensaje de segundad, calma y estbilidad.

Nuestros días actuales son en muchas maneras similares a aquellos turbulentos años de la guerra. También ahora nos enfrentamos a problemas que nos dejan perplejos y, además de los evidentes conflictos en política internacional, estamos atra­vesando uno de los períodos económicos más difíciles que hemos visto en muchas décadas, con los problemas que traen aparejados la inflación y la administración económica personal.

Quisiera usar el título del libro del élder Bowen, y compartir con vosotros algunas de las experien­cias por las que he pasado y las conclusiones a las que he llegado en los sesenta años que llevo traba­jando. He vivido todas las fases del ciclo econó­mico. Cuando era joven y estaba en mis principios, pasé por una depresión económica personal. He visto la depresión nacional e internacional, así como los períodos de inflación; he observado cómo en cada ciclo económico se han creado lo que han dado en llamar «soluciones», que han pasado sin pena ni gloria. Estas experiencias me han llevado a la misma convicción que hizo al poeta Robert Frost escribir: «La mayoría de los cambios que creemos ver en el mundo, están en relación directa con la tendencia popular de aceptar o rechazar ciertas verdades».

Lo que hoy quisiera compartir con vosotros son mis obervaciones sobre los principios constantes y fundamentales que pueden traernos seguridad financiera y tranquilidad de conciencia, bajo cual­quier circunstancia económica.

Primeramente, quiero establecer una base y una perspectiva dentro de las cuales se puedan aplicar esos principios.

BUSCAD PRIMERAMENTE EL REINO DE DIOS

Un día, se me acercó uno de mis nietos y me dijo: «Te he estado observando, y también me he fijado en otros hombres que han tenido éxito en la vida, y estoy decidido a tratar de lograr lo mismo. Quisiera entrevistar a todas las personas que pueda, a fin de descubrir qué es lo que los ha llevado al éxito. Abuelo, de acuerdo con tu experiencia personal, ¿cuál dirías que es el elemento más importante para obtenerlo?» Le dije entonces que el Señor nos dio la fórmula más segura para el éxito cuando dijo:

«Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.» (Mat. 6:33.)

Hay quienes nos afirmarán que muchos que no buscan primeramente el reino de Dios, prosperan de todos modos; y esto es cierto. Pero al decir esas palabras el Señor no nos prometía solamente ri­quezas materiales; y por experiencia propia os puedo asegurar que es así. Como lo dijo Enrique Ibsen, el famoso escritor noruego:

«El dinero quizás sea la cascara de muchas cosas, pero no el grano. Puede brindarnos la co­mida, pero no el apetito; puede conseguirnos me­dicinas, pero no salud; puede atraernos conocidos, pero no comprar amigos; puede pagar sirvientes, pero no fidelidad; días de gozo, pero no la paz ni la felicidad.» (Traducción libre)

LAS BENDICIONES MATERIALES

Las bendiciones materiales son parte del evangelio, si se consiguen en la forma apropiada y por razones justas. Me viene a la memoria una experiencia del élder Hugh B. Brown, cuando era un joven soldado durante la Primera Guerra Mundial. Un día fue a visitar a un amigo ya mayor, que estaba en el hospi­tal; era varias veces millonario, tenía ochenta años y estaba al borde de la muerte. Ni su ex esposa, y ni siquiera uno de sus cinco hijos se preocuparon por él lo suficiente como para ir a visitarlo. Al pensar en lo que su amigo había perdido, cosas que el dinero no podía comprar, comprendió la trágica situación en que se encontraba y le preguntó qué cambiaría en su vida si pudiera volver a vivirla. El caballero, que unos días más tarde falleció, le respondió:

«Al examinar mi vida, pienso que la posesión más valiosa e importante que pude haber tenido, pero que perdí en el proceso de acumular millones, fue la sencilla fe que mi madre tenía en Dios y en la inmortalidad del alma. Me preguntas cuál es la po­sesión de más valor que se puede tener, y no tengo para responderte palabras mejores que las de un poeta.»

Entonces le indicó al élder Brown que tomara un libro de su portafolios y leyera un poema titulado «Soy un extraño», que dice así:

Soy un extraño a la fe que mi madre me enseñó. Soy un extraño al Dios que escuchaba sus súplicas y llanto. Soy un extraño al consuelo de las oraciones que aprendí de niño, A los brazos eternos que recibieron a mi padre cuando partió. Cuando el gran mundo me llamó con sus señuelos, lo abandoné todo para seguirlo, Sin notar jamás en mi ceguera que mi mano ya no estaba en la Suya. Jamás soñé en mi aturdimiento que la fama es una gran burbuja, un vacío, Que la riqueza del oro no es más que oropel. Mas ahora lo sé.

He pasado una vida buscando lo que luego des­deñé, He luchado y recibido muchas recompensas. Pero todo lo daría, fama y fortuna, y todos los pla­ceres que las acompañan, Si pudiera tener la fe que modeló el carácter de mi madre.

El presidente Brown añade: «Este fue el testi­monio de un hombre que había nacido en una fa­milia de la Iglesia, pero se había apartado de ella; era el grito angustiado de un hombre solitario que tenía todo lo que el dinero puede comprar, pero que para lograrlo había perdido lo más importante de la vida.» (Continuing the quest, págs. 32-35.)

En el Libro de Mormón se encuentra un impor­tante consejo que nos dejó el profeta Jacob con respecto a ese tema:

«Pero antes de buscar las riquezas, buscad el reino de Dios.

Y después de haber logrado una esperanza en Cristo, obtendréis riquezas, si las buscáis; y las buscaréis con el fin de hacer bien: para vestir al desnudo, alimentar al hambriento, libertar al cautivo y administrar consuelo al enfermo y al afligido.» (Jacob 2:18-19.)

La base y la perspectiva son, entonces, las siguientes: debemos buscar primeramente el reino, trabajar, planificar y gastar sabiamente, preparar­nos para el futuro, y utilizar las riquezas con que somos bendecidos para ayudar a edificar ese reino. Al dejarnos guiar por esta perspectiva eterna, y al edificar sobre este firme cimiento, podemos dedi­carnos con confianza a las tareas diarias y a nuestro trabajo. Dentro de este esquema, me gustaría ex­plicar los cinco principios de la estabilidad econó­mica.

PRINCIPIO 1
PAGAR HONESTAMENTE EL DIEZMO

A menudo me pregunto si nos damos cuenta de que el pagar nuestro diezmo no es hacer una donación a la Iglesia, sino cumplir con una deuda que tenemos con el Señor. El es la fuente de todas nuestras ben­diciones, incluyendo nuestra vida. El pago del diezmo es un mandamiento que lleva aparejada una promesa; si lo obedecemos, se nos promete que recibiremos «de la abundancia de la tierra». Esta prosperidad consiste en algo más que bienes materiales; puede referirse a gozar de salud y de una mente alerta, a tener solidaridad familiar y progreso espiritual. Espero que si hay al­guno de vosotros que no esté pagando su diezmo honestamente, procure encontrar la fe y fortaleza para hacerlo. Al cumplir con esta obligación hacia nuestro Hacedor, encontramos una grande y mara­villosa felicidad, una felicidad que sólo llegan a co­nocer aquellos que son fieles a este mandamiento.

PRINCIPIO 2
GASTAR MENOS DE LO QUE SE GANA

He descubierto que no hay nin­guna forma de ganar más de lo que podemos gastar, y estoy convencido de que lo que nos brinda paz de conciencia no es la cantidad de dinero que ga­nemos, sino el tener control sobre él. El dinero puede ser un siervo obediente; pero también puede ser un exi­gente tirano. Aquellos que son capaces de planifi­car su nivel de vida a fin de tener siempre su pequeño sobrante, tienen absoluto control de su si­tuación; pero los que gastan más de lo que ganan, son controlados por su situación, son como escla­vos de la misma.

El presidente Heber J. Grant dijo: «Si hay algo que puede traer paz y contenta­miento, personal y familiar, es vivir dentro de los limites de nuestros ingresos. Y si hay algo desalen­tador y que corroe el espíritu, es tener deudas y obligaciones que no podemos cumplir.» (Gospel Standards, pág. 111.)

La clave para gastar menos de lo que ganamos es simple; se llama disciplina. Ya sea que lo apren­damos temprano o tarde en la vida, todos tenemos que aprender a disciplinarnos, controlar nuestros apetitos y nuestras tentaciones económicas. Ben­decido es aquel que aprende a controlar sus gastos y puede ahorrar para cuando lleguen tiempos difí­ciles.

PRINCIPIO 3
APRENDER A DISTINGUIR ENTRE LAS NECESIDADES Y LOS CAPRICHOS

Los deseos del consumidor son resultado de la propaganda; el sistema de competencia de la libre empresa produce artícu­los y servicios ilimitados a fin de estimularnos a adquirir más bienes materiales. No estoy criticando el sistema ni la disponibilidad de todas estas cosas; pero mi deseo es que nuestra gente  utilice el buen criterio al hacer sus compras. Debe­mos aprender que el sacrificio es una parte esencial de nuestra disciplina eterna.

En este país y en varias otras naciones del mundo ha habido y hay muchas oportunidades de trabajo para todo el que esté capacitado. Muchas personas nacidas después de la Segunda Guerra Mundial han conocido solamente la prosperidad; por ello, hay quienes están acostumbrados a la sa­tisfacción instantánea de sus deseos. Lo que ayer era un lujo, hoy se considera una necesidad.

Hay parejas jóvenes que esperan poder amue­blar su casa y adquirir muchas cosas extra apenas se han casado, cosas que sus padres lograron ob­tener después de muchos años de luchar y sacrifi­carse. Al querer demasiadas cosas demasiado pronto, estas parejas sucumben a planes de crédito aparentemente fáciles, hundiéndose así en deudas; y el estar endeudados les impide cumplir con los planes preventivos que la Iglesia sugiere, como por ejemplo el de almacenamiento de alimentos.

La satisfacción de todos los deseos y la mala administración económica son un lastre para las relaciones matrimoniales. La mayoría de los pro­blemas maritales tienen su origen en problemas económicos; a veces se trata de que las entradas son insuficientes para la mantención de la familia, y otras de que no se sabe cómo administrarlas.

Una vez, un joven padre fue a hablar con el obispo y le dijo algo que se oye muy frecuente­mente:

«Obispo, he recibido una buena capacitación como ingeniero y gano un buen sueldo. Durante todo el tiempo que estuve estudiando me enseñaron a ganar dinero, pero nadie jamás me enseñó a ad­ministrarlo.»

LAS DEUDAS FINANCIERAS

Reconocemos que es bueno que los estudiantes tomen clases para aprender todo lo referente al consumo; pero la primordial responsabilidad des­cansa en los padres. Estos no pueden dejar al azar tan vital capacitación, ni transferir toda la responsa­bilidad a las universidades. Una parte importante de ella es explicar los diferentes tipos de deudas; para la mayoría de nosotros existen dos clases: la deuda común y la deuda por inversiones o negocios. La deuda común es la que se contrae al comprar a crédito cosas de uso o consumo diario, como por ejemplo, ropa, artículos para el hogar, muebles, etc. Este tipo de deuda está respaldado por nuestras entradas futuras, y puede ser muy peligroso; si perdemos el trabajo o quedamos inhabilitados para hacerlo, o nos encontramos en una situación de emergencia cualquiera, podemos tener serias difi­cultades para cumplir con nuestras obligaciones económicas. Cuando pagamos en cuotas, estamos utilizando la forma más cara de compra, pues al precio de los artículos debemos agregar el alto interés que nos cobran.

Comprendo que a veces, ésta es la única forma en que un matrimonio joven puede llenar sus nece­sidades; pero queremos advertiros que no compréis más que lo estrictamente necesario, y que paguéis vuestras deudas a la brevedad posible. Cuando el dinero es escaso, tratad de evitar la carga extra que representan los intereses.

En cuanto a contraer deudas por inversiones o negocios, éstas deben tener un respaldo tal que no pongan en peligro la seguridad económica de la familia. No invirtáis en aventuras de especulación. Esta forma de inversión puede convertirse en un vicio. Muchas son las fortunas que han desapare­cido por causa del apetito incontrolable de acumu­lar cada vez más riquezas. Podemos aprender de errores del pasado y evitar esclavizarnos con nues­tro tiempo, energías y salud a un apetito voraz por adquirir bienes materiales.

El presidente Kimball nos ha dado este consejo, digno de que lo meditemos profundamente:

«El Señor nos ha bendecido como pueblo con una prosperidad inigualada en la historia. Los re­cursos puestos a nuestra disposición son buenos y necesarios para nuestro trabajo aquí sobre la tierra. Pero, me temo que muchos de nosotros hemos acumulado rebaños, manadas, tierras, graneros y toda clase de riquezas, habiendo comenzado a adorarlos como dioses falsos que cada vez ejercen un poder más firme y determinado sobre nosotros. ¿Poseemos acaso más bienes que los que nuestra fe puede soportar? Mucha es la gente que dedica la mayor parte de su tiempo laborando al servicio de una imagen que incluye suficiente dinero, acciones, inversiones, propiedades, créditos, mobiliario, au­tomóviles y riquezas similares, que les garantizan la seguridad carnal a Lo largo de lo que esperan sea una vida larga y feliz.

Se olvida así el hecho de que nuestra asigna­ción es la de utilizar esa abundancia de recursos en nuestra familia y quórumes para desarrollar el reino de Dios…» (Liahona, agosto de 1977, pág. 3.)

Como testimonio personal, quisiera agregar a las palabras del presidente Kimball lo siguiente: no conozco ningún caso en el que se hayan obtenido o aumentado la paz de conciencia y la felicidad por amasar una fortuna que sobrepase las necesidades y los deseos razonables de una familia.

PRINCIPIO 4
ORGANIZAR UN PRESUPUESTO Y VIVIR DENTRO DE SUS LÍMITES

Un amigo mío tiene una hija que viajó al extranjero con un grupo de estudiantes de la Universi­dad de Brigham Young. Esta joven estaba constantemente escribiéndole a su padre para pedirle dinero; esto lo preo­cupó a tal punto que decidió llamarla por teléfono e inquirir sobre los gastos que le exigían tanto dinero extra. La hija le dijo: «Pero papá, te puedo dar cuenta de cada centavo que he gastado», a lo que él replicó: «No es eso lo que me interesa. Lo que deseo es que te hagas un presu­puesto, un plan de gastos, no un diario donde regis­tres adonde se ha ido el dinero».

Quizás todos los padres debieran imitar el ejemplo del que, al recibir un telegrama de su hijo estudiante diciendo: «Sin plata, aburrimiento de fijo. Tu hijo», le respondió con otro en el que le decía: «Gran pena da. Hijo aburrido estará. Papá».

A través de los años, al entrevistar a mucha gente, he observado que hay muchas personas que no tienen un presupuesto de gastos, ni la disciplina necesaria para limitarse a tal; hay quienes piensan que el hacerlo les coarta su libertad, mas por el contrario, toda persona que ha tenido éxito en la vida ha aprendido que un presupuesto ayuda a obtener libertad económica.

No es necesario complicarse ni emplear de­masiado tiempo para administrar bien el dinero. Se cuenta la historia de un inmigrante que guardaba las cuentas que tenía que pagar en una caja de zapa­tos, las que había pagado en un gancho, y el dinero en efectivo en una caja fuerte. «No sé cómo puedes mantener el negocio en esta forma», le dijo uno de sus hijos. «¿Cómo sabes si tienes o no ganancias?» «Hijo», le repuso el comerciante, «cuando bajé del barco, mi única posesión eran los pantalones que tenía puestos. Actualmente, tu hermana es maestra de arte, tu hermano es médico y tú eres contador. Yo tengo auto, casa propia y un buen negocio, y no debo nada a nadie. Suma todo eso, réstale los pan­talones que traje, y ahí tienes mi ganancia.»

LOS ELEMENTOS DE UN BUEN PRESUPUESTO

Los consejeros en materia económica nos enseñan que en un buen presupuesto hay cuatro elementos: Primero, se debe proveer para las necesidades bá­sicas como ropa, comida, etc.; segundo, para el pago del alquiler o cuota de la casa; tercero, para necesidades tales como seguro médico, medicinas y ahorros; y cuarto, para invertir sabiamente y tener almacenamiento de alimentos.

Quisiera hacer algunos comentarios sobre dos de estos elementos. En realidad, nada hay que sea tan seguro en nuestra vida como los acontecimientos inesperados. Con el costo de la atención médica constantemente en aumento, las sociedades mé­dicas o seguros de salud son la única forma en que la mayoría de las familias pueden enfrentar gastos de accidentes, enfermedades y maternidad, en este último caso, los nacimientos prematuros en parti­cular. Cuando es posible tener un seguro de vida, esto proveerá para la familia en caso de que el padre muera inesperadamente. Toda familia debe estar preparada para estos casos de emergencia.

Después de atender a estas necesidades bá­sicas, debemos tratar de ahorrar mediante una ad­ministración frugal de dinero; y si es posible, inver­tirlo. He notado que muy pocas personas que no tengan el hábito de ahorrar tienen éxito en las inver­siones; este hábito requiere disciplina y sentido común.

Hay muchas maneras de invertir dinero; mi único consejo al respecto es que se debe elegir un buen asesor, que tenga un registro de inversiones limpio y de éxito.

PRINCIPIO 5
TENER HONESTIDAD EN TODOS LOS ASUNTOS FINANCIEROS

El ideal de la integridad jamás pasará de moda, y se aplica a todo lo que hacemos. Como líderes y miembros de la Iglesia debemos dar el ejemplo perfecto de integridad. Mis hermanos, por medio de estos cinco principios he tra­tado de bosquejar lo que se podría llamar un modelo de administración financiera. Espero que cada uno de nosotros se beneficie con su aplicación. Os testífico que son verdaderos y que esta Iglesia y la obra en la cual estamos embarcados también son verda­deras, en el nombre de Jesucristo. Amén.

 

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Lo que todo élder debe saber; y una hermana también

“Lo que todo élder debe saber; y toda hermana también:
Un compendio de los principios de la administración del sacerdocio”

por el presidente Boyd K. Packer

En una sesión de capacitación de las Autoridades Generales en la conferencia general de abril de 1992.


Menos de un año después de la organización de la Iglesia, el profeta José Smith recibió una revelación que decía: «Escuchad, oh élderes de mi iglesia a quienes he llamado; he aquí, os doy el mandamiento de congregaros para que os pongáis de acuerdo en cuanto a mi palabra; y por vuestra oración de fe recibiréis mi ley para que sepáis cómo gobernar mi iglesia y poner todas las cosas en orden delante de mí» (D y C 41:2-3).

Hay ciertas cosas acerca del sacerdocio que todo élder debe saber a fin de comprender cómo se gobierna la Iglesia para poner todas las cosas en orden ante el Señor. Existen principios, preceptos y leyes que frecuentemente se pasan por alto y que rara vez se enseñan. Algunos de esos principios se encuentran en las Escrituras, otros en los manuales y algunos de ellos en ninguna de las dos partes; pero sí se encuentran en la Iglesia. Ustedes pueden llamarlos tradiciones, pero son más que eso; son revelaciones que se recibieron cuando las Autoridades Generales pasadas se reunían y se ponían de acuerdo en cuanto a la palabra de Dios y ofrecían oraciones con fe.

El Señor entonces les mostraba lo que debían hacer y recibían, por medio de la revelación, «línea sobre línea, precepto tras precepto» los principios verdaderos que constituyen la manera de administrar el sacerdocio (Isaías 28: 13; 2Nefi 28:30; D y C 98:12). Esta es la forma en que actuamos para poner las cosas en orden delante el Señor. Seguir leyendo

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Cómo enseñar la expiación

Cómo enseñar la expiación

Tad R. Callisterpor el Élder Tad R. Callister

Cómo podemos nosotros, como maestros del Evangelio restaurado, enseñar eficazmente la sublime y profunda doctrina de la Expiación? ¿Cómo lo han hecho los Profetas? ¿Y qué podemos aprender de ellos?1

Aunque a lo largo del tiempo los profetas han reflejado diversos talentos y singulares habilidades para enseñar, se repiten una y otra vez ciertos principios básicos en sus ministerios docentes. A continuación se presentan algunas técnicas de enseñanza y recursos, que utilizaron los profetas para explicar la doctrina de la Expiación y sus infinitas implicaciones.ómo podemos nosotros, como maestros del Evangelio restaurado, enseñar eficazmente la sublime y profunda doctrina de la Expiación? ¿Cómo lo han hecho los Profetas? ¿Y qué podemos aprender de ellos?1

UN TIRO ESPIRITUAL CON EL ARCO

El Rey Benjamín convocó a sus súbditos, pero no para pasar un día de diversión. Si alguno había venido con dedales espirituales para recibir su palabra, él se apresuró a informarles de la necesidad de contar con recipientes mucho más grandes: “no os he mandado subir hasta aquí para tratar livianamente las palabras que os hable, sino para que me escuchéis, y abráis vuestros oídos para que podáis oír, y vuestros corazones para que podáis entender, y vuestras mentes para que los misterios de Dios sean desplegados a vuestra vista” (Mosíah 2:9; énfasis añadido). Su introducción fue un tiro de advertencia de que los oídos debían estar en sintonía espiritual y los corazones enternecidos para recibir el mensaje de importancia suprema que estaba a punto de darse. Entonces dio uno de los sermones más magistrales jamás ofrecidos acerca de la Expiación. Años después, el élder Bruce R. McConkie comenzó su inolvidable sermón sobre el sacrificio expiatorio con estas profundas palabras: “Siento, y el Espíritu parece afirmar, que la doctrina más importante que puedo declarar y el testimonio más poderoso que puedo dar, es el del sacrificio expiatorio del Señor Jesucristo”. 2 Seguir leyendo

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Albedrío y libertad

Traducido de Dallin H. Oaks, «Agency and Freedom» in A Book of Mormon Treasury: Gospel Insights from General Authorities and Religious Educators (Provo and Salt Lake City: Religious Studies Center and Deseret Book, 2003), 32-46.

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Élder Dallin H. Oaks
del Quórum de los Doce Apóstoles.

El segundo libro de Nefi, el tema de este simposio, proporciona algunos de nuestros conocimientos doctrinales más importantes en cuanto al significado del albedrío en el plan del evangelio. Por lo tanto, he decidido hablar sobre el albedrío y la libertad.

Los términos doctrinales son albedrío y libre. Cuando hablamos de albedrío, algunas veces combinamos ambas palabras y decimos libre albedrío. Pero algunas veces usamos el término cuando nos referimos a la libertad así como al albedrío. En las escrituras, el término libre algunas veces significa albedrío y otras veces significa libertad.

En vista de esta confusión, necesito definir los términos que usaré. Cuando digo albedrío, me refiero a un ejercicio de la voluntad, el poder de escoger. Cuando digo libertad me refiero a la capacidad y el privilegio de llevar adelante nuestras decisiones. Esto incluye todo, desde los pensamientos, tales como el odio, hasta las acciones, tales como el correr.

En la primera parte de este mensaje comentaré la doctrina de la Iglesia. En la segunda parte describiré algunas aplicaciones de esa doctrina.

  1. Doctrina

Mi mejor crítico es la hermana Oaks. Me dice que cuando hablo de doctrina mis discursos son algo áridos, y que probablemente se entienden mejor si se leen que si se escuchan. Quizás ayudaría si empezara con un bosquejo de los nueve temas de las escrituras que trataré.

  1. Existimos en la presencia de Dios, antes de que el mundo fuera creado.
  2. El albedrío es un don de Dios.
  3. En la existencia pre-mortal, tuvimos el albedrío.
  4. Allí, Satanás presentó un plan que nos habría quitado el albedrío.
  5. Cuando Dios rechazó el plan de Satanás, éste y los que lo siguieron fueron expulsados del cielo.
  6. Adán y Eva, siguiendo el plan de Dios, tomaron la decisión que ocasionó la caída, haciendo que, en este mundo, la humanidad quedara sujeta a la muerte y al pecado.
  7. Estamos aquí para ser probados, y esto no puede suceder sin oposición en todas las cosas.
  8. Para que se dé esa oposición, se le permite a Satanás que trate de persuadirnos a usar nuestro albedrío para escoger el mal.
  9. Si escogemos lo malo y no nos arrepentimos, terminaremos siendo cautivos de Satanás.

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