C. G. Abril 1970
Las bendiciones de la obediencia
por el presidente N. Eldon Tanner
Segundo Consejero en la Primera Presidencia
En esta hermosa mañana sabática, es un privilegio y placer para mí extender los saludos de la Primera Presidencia y mis colegas a vosotros que estáis aquí congregados y a todos los que nos estén escuchando.
La semana pasada conmemoramos la resurrección de nuestro Señor y Salvador, lo cual brinda esperanza y promesa a todos aquellos que lo aceptan y estamos preparados para guardar sus mandamientos. En una ocasión dijo:
«… yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia » (Juan 10:10).
«Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto vivirá.
Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente» (Juan 11:25-26).
Entonces nos dio gran seguridad con estas palabras:
«… ésta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre» (Moisés 1:39).
El dio su vida por nosotros, y también el plan, el cual, si se sigue, hará posible que gocemos de todas las bendiciones prometidas a aquellos que guarden sus mandamientos.
En estos últimos días, dijo estas palabras:
«Hay una ley, irrevocablemente decretada en el cielo antes de la fundación de este mundo, sobre la cual todas las bendiciones se basan;
«Y cuando recibimos una bendición de Dios, es porque se obedece aquella ley sobre la cual se basa» (D. y C. 130:20-21).
Todos estamos preocupados por las condiciones del mundo actual, y estamos buscando respuestas a los muchos problemas que están afectando nuestra vida personal; nuestras comunidades y países por todo el mundo. A pesar de que el rumbo que éste lleva actualmente es hacia la desobediencia a la ley, los desórdenes y la rebelión, estamos hartos de que se le preste tanta atención, tanto en la conversación como en los medios noticiosos. Nosotros, con una manera positiva de encarar el asunto, necesitamos centrar nuestros esfuerzos en vivir y enseñar el evangelio, eliminando de ese modo la causa y mejorando las condiciones. Todo hombre, incluyendo el rebelde, que sea honesto consigo mismo, debe admitir que lo que esencialmente busca es la felicidad y una manera de vivir.
Teniendo esto en cuenta, deseo dirigir mis observaciones al tema «Las bendiciones de la obediencia»; mientras lo hago, ruego que el Espíritu del Señor nos acompañe y nos guíe. Recordemos las palabras que Samuel dirigió a Saúl: «… el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros» (1 Samuel 15:22).
También recordemos que «por la expiación de Cristo todo el género humano puede salvarse, mediante la obediencia a las leyes y ordenanzas del evangelio» (Tercer Artículo de Fe). Seguir leyendo











Por el presidente J. Rubén Clark Jr.


























