Reseña Histórica – Un día como Hoy 5 de Mayo

Campo de Sión

José Marcha a la Cabeza del Campo de Sión

El lunes 5 de mayo de 1834, la principal compañía del Campo de Sión, que consistió de ochenta y cinco hombres bajo la dirección del Profeta, salió de Kirtland. Los vagones estaban cargados con abastecimientos, provisiones, armamentos, municiones y “ropa y otras cosas necesarias para llevarlos a [quienes] habían sido saqueados de casi todas sus pertenencias.” Casualmente, el mismo día que la compañía del Profeta salió de Kirtland, un grupo más pequeño, que consistía de diecisiete personas salió de Pontiac, Michigan, bajo la dirección de Hyrum Smith y Lyman Wight, con la intención de juntarse con el cuerpo principal en la ruta.  Es de importancia saber que, al menos doce mujeres y nueve niños viajaron con ambas divisiones.

Durante un poco más de un mes, se unieron a la compañía hombres y voluntarios adicionales, lo que aumentó sus filas y sus números. El principal reclutador era Parley P. Pratt. Él escribió: “Me ocupé principalmente como oficial de reclutamiento, y, por no haber estado con el campo mucho tiempo, solamente puedo dar un poco de su historia. Visité las ramas de la Iglesia en Ohio, Indiana, Illinois y Missouri, y obtuve todos los hombres y medios que pude, llegué al campo de vez en cuando con hombres, armas, víveres y dinero adicionales.”

El Campo de Sión fue una marcha de larga distancia, y la mayoría de los miembros de la compañía caminaron toda la distancia desde Ohio hasta Missouri y de regreso. La mayor parte de los días la expedición cubrió entre veinte y treinta millas; sin embargo, en algunos días viajaron hasta cuarenta. Los días calurosos y húmedos, las lluvias torrenciales, el lodo, las condiciones incómodas para dormir, el equipo que se quebraba y la escasez de alimentos, sumados a los alimentos no saludables, aumentaban sus sufrimientos. Los registros que han sobrevivido indican claramente que la fatiga física, la incomodidad, las enfermedades, el hambre y la sed, fueron sus experiencias mas desafiantes.

Uno podría esperar que José Smith, siendo el oficial al mando, se habría atendido mejor que a los demás. Sin embargo, se tomó, si acaso, muy pocos privilegios. George A. Smith reportó: “El Profeta José Smith llevó su porción completa de las fatigas de todo el viaje; además de la responsabilidad de proveer para el Campo y presidir sobre el, caminó la mayor parte del tiempo y tuvo su proporción completa de piés ampollados, sangrantes y adoloridos.” Heber C. Kimball escribió: “Con frecuencia invité al Profeta a que viajara en mi carromato ya que lo veía cojear debido a sus pies ampollados. En tales ocasiones él nos bendecía a mí y a mis animales con buena voluntad y sinceridad.” George A. recordó además que el Profeta mantuvo un optimismo constante, sin expresar nunca la mínima insatisfacción; “Durante todo el viaje nunca murmuró o expresó una queja, mientras que la mayoría de los hombres se quejaban con él porque sus dedos de los pies estaban adoloridos, por sus pies ampollados, por las largas jornadas, por la escasez de privisiones, por la mala calidad del pan, por la mantequilla rancia, por la miel fermentada, por el tocino y el queso agusanados, . . . ni siquiera un perro les podía ladrar a algunos hombres sin que murmuraran contra José.”