Reseña Histórica – Un día como hoy 2 de Septiembre

2 de Septiembre 1898

El 2 de Septiembre 1898. Falleció Wilford Woodruff en San Francisco California a la edad de 91 años, Wilford dio su último discurso de conferencia general el 10 de abril de 1898. Había celebrado el aniversario número 50 de la llegada de los santos al valle de Utah el año anterior y su última aparición pública fue el 24 de julio de 1898 en la dedicación del parque Pioneer, el mismo lugar en el que construyó un fuerte en 1847.  El 2 de septiembre de 1898. Falleció en San Francisco California a la edad de 91 años, seis semanas después de la dedicación. Sus tres esposas lloraron su muerte, así como sus veinte hijos, 103 nietos, dieciséis bisnietos y cientos de miles de santos.

Wilford creía en que el Salvador había organizado a huestes terrenales previo a su muerte. Organizó a sus seguidores en la tierra, a los apóstoles, para predicar el Evangelio a los vivos. Así como enseñó Pedro a los santos de antaño por medio de epístolas, Wilford enseñó que durante el tiempo entre la muerte y la resurrección del Salvador, Jesucristo comenzó el proceso de compartir la luz del Evangelio a quienes estaban en la obscuridad en el mundo de los espíritus. Además, dijo que la obra de Jesucristo en el mundo de los espíritus, era en preparación para el llamado de los santos de representar vicariamente a quienes vivan según los mandatos de Dios en el espíritu, y que serán juzgados según el hombre en la carne. Para Wilford, la participación de los santos en la redención de los muertos era evidencia de la creencia que tenían en la expiación infinita de Jesucristo y en la resurrección universal: de que en Cristo todos serán vivificados.

Testificó de la segunda venida de Jesucristo y de lo que esperaba de los Santos de los Últimos Días con respecto a la salvación de todos los hijos de Dios antes de su venida. Alentó a los santos a que tomaran estas cosas con seriedad y les pidió que continuaran reuniendo registros familiares rectamente ante Dios. Les prometió que Dios los bendeciría y que los que han sido redimidos, los bendecirían en días futuros. Explicó que, Si atendemos esta obra, conoceremos a nuestros amigos en el reino celestial y nos dirán, Eres mi salvador, tuviste el poder para hacerlo. Trabajaste en las ordenanzas que Dios ha requerido. En contraste dijo, Si no hacemos lo que se requiere de nosotros en esta obra, estamos bajo condenación.

Su ruego era que los ojos de los santos se abrieran y que sus corazones entendieran la gran obra que descansaba sobre sus hombros, ya que consideraba que era más importante de lo que se podían imaginar.


2 de Septiembre 1906

El 2 de Septiembre de 1906. David Bruce Haight nació, en Oakley, Idaho, hijo de Héctor C. y Clara Tuttle Haight. Su padre murió cuando tenía 9 años de edad, y fue criado principalmente por su madre y sus hermanos y hermanas mayores.

Después de asistir a Oakley High School y Albion State Normal School en Idaho, el élder Haight completó sus estudios en la Universidad Estatal de Utah en Logan, Utah.

En 1978, el élder Haight recibió el “Distinguished Alumnus Award” de la Utah State University por su servicio a la universidad. El 11 de julio de 1991, el David B. Haight Alumni Center fue dedicado en el campus de la Universidad Estatal de Utah. Recibió un doctorado honorario de la Universidad Brigham Young en agosto de 1998.

Se casó con Ruby Olson de Salt Lake City el 4 de septiembre de 1930 en el Templo de Salt Lake.Juntos, se deleitaron con sus tres hijos, 18 nietos y 78 bisnietos.

Testigos especiales de Cristo – Élder David B. Haight

Amenudo pienso en el momento en que, hace algunos años, el presidente Spencer W. Kimball me llamó para que fuera al templo. En ese tiempo yo era Ayudante de los Doce, y él me telefoneó para que fuera a verlo al cuarto piso del templo. Me dijo: “David, ¿puedes venir ahora mismo?”. Le dije: “Sí, Presidente”, y él replicó: “Ahora mismo”. Mientras me dirigía al templo, el corazón me empezó a latir más rápido, pues no sabía para qué me había pedido el presidente Kimball ir allí.

Me llevó a un cuarto en el que yo nunca había estado, y ahí el presidente Kimball me entrevistó en cuanto a mi dignidad; y, naturalmente, me quedé sorprendido de que me hablara de todo eso, puesto que no tenía idea del porqué me encontraba allí. Luego me indicó que nos pusiéramos de pie, y mientras me encontraba al lado de ese hombre maravilloso que me tomaba de las manos, me dijo: “Con todo el amor que poseo, lo llamo para que ocupe la vacante en el Quórum de los Doce Apóstoles”. Cuando dijo eso, pensé que me iba a desmayar, ¡tal fue el asombro que me produjo!

Después de ese llamamiento, pasé noches en vela; meditaba en lo ocurrido y le daba vueltas al asunto en mi mente una y otra vez. Él no dijo: “Como Presidente de la Iglesia”, ni “como el profeta” ni “por mi autoridad”, sino que dijo, con el modo tan humilde de él: “Con todo el amor que poseo”. Me estaba enseñando que el amor es esencial —el amor que el Salvador espera que adquiramos—, que debemos demostrar, que debemos poner de manifiesto, que debemos sentir en nuestros corazones y nuestras almas con objeto de enseñar el Evangelio debidamente.

Al visitar a la gente de otras partes del mundo y dar testimonio de un Dios viviente, siento en mi corazón el cálido y reconfortante sentimiento de que Él es real, de que Dios vive, de que Él es nuestro Padre Celestial y de que Jesús es el Cristo, el Hijo Unigénito en la carne; sé que eso es verdadero. De esas cosas doy mi afirmación, mi testimonio, mi conocimiento y el fervor que llevo en mi corazón de que esto es verdadero, en el nombre de Jesucristo, nuestro Salvador. Amén.

El élder David B. Haight  — Y su gozo por edificar a los demás

Discursos del élder David B. Haight