Pasado, presente y futuro de los servicios de bienestar

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Pasado, presente y futuro de los servicios de Bienestar
Por el Obispo Victor L. Brown
Obispo Presidente de la Iglesia.

Victor L. BrownMis queridos hermanos y hermanas, siempre es una experiencia inspiradora reunirme con vosotros en la sesión de los Servicios de Bienestar de la Conferencia General.  Cuando consideramos el significado de reunirnos en esta conferencia en el 150 aniversario de la organización de la Iglesia, parece apropiado hablar sobre este tema.  Los principios eternos sobre los cuales se basan los Servicios de Bienestar hoy día, fueron dados a Adán por el Señor.  No han cambiado a través de los siglos, y no van a cambiar en el futuro.  El Señor con el siguiente mandato instruyó a Adán para que sojuzgara la tierra: «Con el sudor de tu rostro comerás el pan» (Génesis 3:19).

Así desde un comienzo, el Señor enseñó el principio del trabajo y de la autosuficiencia, y en las Escrituras modernas declaró: «No serás ocioso; porque el ocioso no comerá el pan, ni vestirá el vestido del trabajador’ (D. y C. 42:42).

Al padre de familia El da un mandato en los últimos días: «Y además, de cierto os digo, todo hombre que tiene que mantener a su propia familia, hágalo; …y de ninguna manera perderá su corona» (D. y C. 75:28).

Después de proporcionar lo necesario para nosotros mismos, el Señor explica que nuestro próximo deber es para con los pobres y necesitados que habitan entre nosotros.  En la sección 44 de las Doctrinas y Convenios leemos:

«He aquí, os digo que debéis visitar a los pobres y a los necesitados, y suministrarles auxilio.» (D. y C. 44:6.)

Administrar auxilio a nuestros semejantes nace de un amor puro o caridad.  En su memorable carta a los corintios, Pablo dijo: «Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe» (1 Corintios 13:1).

Moroni añadió además: «… la caridad es el amor puro de Cristo, y permanece para siempre; y a quien la posea en el postrer día, le irá bien» (Moroni 7:47).

Al seguir los impulsos de la caridad, los miembros contribuyen a la Iglesia recursos que el obispo puede utilizar para ayudar a los necesitados.  El mandato del Señor al obispo Whitney fue: «viajar por entre las ramas de la Iglesia buscando a los pobres para suministrarles sus necesidades mediante la humildad de los ricos y orgullosos»(D. y C. 84:112).

De estas escrituras aprendemos que el Señor espera varias cosas básicas de su pueblo:

  1. Que cada persona trabaje y provea lo necesario para sí mismo.
  2. Que cada familia trabaje unida para ser independiente y así alcanzar la autosuficiencia.
  3. Que el esposo y padre provea para su familia.
  4. Que nosotros como individuos y familias compartamos de nuestra abundancia con los pobres y necesitados.
  5. Que el obispo busque a los pobres y enfermos y se preocupe de sus necesidades.
  6. Y sobre todo, que su pueblo tenga en su corazón caridad hacia sus semejantes.

Dado que los Servicios de Bienestar son el evangelio en acción, sabemos que estos principios divinos no cambian, sino que son eternos.  El profeta José Smith enseñó estos grandes principios hace 150 años.

Aunque los primeros miembros practicaron los principios de bienestar aplicándolos rudimentariamente, no fue sino hasta alrededor de 1930 que este programa empezó a funcionar como lo conocemos en la actualidad.  Las estacas de Sión, que en ese entonces estaban en su mayor parte en el oeste de los Estados Unidos y Canadá, establecieron entre la gente proyectos de producción, almacenamiento y envase de alimentos.  Hoy día, aun cuando queda mucho por hacer, las actividades de los Servicios de Bienestar en los Estados Unidos y Canadá están alcanzando casi su objetivo final.

Aproximadamente a fines de 1982, casi cada obispo de las áreas mencionadas tendrá acceso a un almacén del obispo.  En la actualidad hay en operación 802 proyectos de producción, 51 almacenes de obispo tanto en áreas locales como regionales, 20 Industrias Deseret, 24 centros de empleo y 35 agencias de Servicios Sociales de la Iglesia.  Estos sirven como recursos para que los obispos puedan ayudar a los santos a llegar a ser autosuficientes, y también para ayudar a los que son incapaces de proveer para sí mismos.

El crecimiento de la Iglesia en el resto del mundo en los últimos diez años ha sido fenomenal y el número de estacas ha aumentado de 41 a 269.  Con tal crecimiento, el programa de los Servicios de Bienestar se está introduciendo en una forma ordenada.

Aunque cada miembro nuevo puede y debe vivir los convenios del evangelio que se refieren al programa de bienestar, no esperamos que las ramas y los barrios nuevos implementen el programa en su totalidad sino hasta que tengan la capacidad de hacerlo.  Se han necesitado más de cuarenta años para que los Servicios de Bienestar hayan podido llegar al nivel en que ahora se encuentran en los Estados Unidos y Canadá.  Anhelamos ver el día cuando toda la Iglesia pueda tener todo el programa completamente en operación.  Será necesario la sabia enseñanza de los principios básicos junto con una planificación cuidadosa para que ocurra un crecimiento uniforme y oportuno.  Los principios básicos discutidos anteriormente deben enseñarse y vivirse antes que el programa pueda progresar apropiadamente.

Habrá quienes desearían establecer inmediatamente el programa en su totalidad.  Hace algún tiempo, los líderes de la Iglesia de un país preguntaron: «¿Cuándo van a traernos el programa completo?  Nuestra gente lo necesita con desesperación.» Lo que no entendieron fue que no sólo llevamos un programa a las estacas, sino que éste es una parte de» plan completo del evangelio y se desarrolla paso por paso; como en el caso de una escalera, uno no empieza en el último escalón, sino en el primero.

Es motivo de regocijo ver los proyectos que se llevan a cabo en las diversas partes del mundo.  Se han recibido planes maestros de los Servicios de Bienestar de Inglaterra, Nueva Zelanda, Australia, Argentina, Uruguay y Paraguay programados para un largo plazo.  Las estacas en las áreas donde se han aprobado dichos planes están progresando bajo la dirección de los consejos de área, los cuales están bien organizados y funcionando con éxito.

En Inglaterra, los hermanos de la localidad acaban de comprar un proyecto de lechería para complementar dos proyectos de plantaciones agrícolas.  Además están en el proceso de adquirir instalaciones para un almacén del obispo.

En Australia han adquirido cinco proyectos de producción y están produciendo naranjas y muchas otras frutas, como también toda clase de verduras.  Están planeando este año obtener terrenos para almacenes del obispo en varias ciudades importantes.

En Uruguay le están dando énfasis especial a la preparación personal y familiar.  Dado que existe un alto porcentaje de desempleo en el país, fueron autorizados el año pasado para establecer un centro donde se proporciona trabajo a quienes lo solicitan.  Un maravilloso matrimonio misionero de los Servicios de Bienestar, junto con voluntarios locales, están trabajando diligentemente para ayudar a los miembros a encontrar o a mejorar sus empleos.

Poco a poco, pero con certeza, se siguen dando pasos de progreso hacia la preparación de la Iglesia.  Sin embargo, todavía nos preocupa el hecho de que como pueblo nos falta mucho para lograr una preparación total.  El centro del éxito de los Servicios de Bienestar no está en la preparación de la Iglesia, sino en la de los miembros.  El aumento de la demanda que existe de parte de los obispos por los recursos del sistema de almacenes del obispo, es una muestra de que mucha de nuestra gente no está almacenando lo necesario para subsistir y consecuentemente es incapaz de proveer para sus propias necesidades básicas.  Temo que algunos miembros estén trabajando bajo la ilusión de que en las épocas difíciles la Iglesia se ocupará de ellos, pero esto no es verdad.  La Iglesia está preparada para cuidar de una cantidad limitada de miembros durante un período de tiempo relativamente corto.

No debe haber mal entendimiento sobre este punto.  El principio fundamental de los Servicios de Bienestar es que todos proveernos lo necesario para satisfacer nuestras propias necesidades. Si fuera a suceder una calamidad económica, la Iglesia haría todo lo que estuviera a su alcance para aliviar el sufrimiento suplementando de esa forma los esfuerzos de los miembros.  Sin embargo, no podría hacer por los santos lo que se nos ha estado enseñando durante cuarenta años que hagamos por nosotros mismos, esto es, tener un abastecimiento de comida, ropa y donde sea posible combustible para un año; tener ahorros; y poseer habilidades básicas que se puedan usar en la producción.  Este consejo se ha dado por lo menos en cada conferencia durante todos estos años.  Algunos han seguido este consejo de las Autoridades Generales y están preparados como lo estaban las «cinco vírgenes prudentes», más algunos, como las «vírgenes insensatas», no tienen aceite suficiente para sus lámparas (Mateo 25:1-13).

Una encuesta reciente que la Iglesia realizó y en la que participó cierto número de miembros en los Estados Unidos se dio a conocer que en circunstancias de emergencia, tales como la pérdida de trabajo, enfermedad o desastres naturales, una familia promedio tenía el siguiente almacenamiento: alimentos, 26 semanas; ropa, 52 semanas; agua, 2 semanas; y combustible, 4 días.  Esto ni siquiera se acerca a un año de almacenamiento. Además, la encuesta indica que las reservas financieras son bajas.  Sólo el 17 por ciento podría vivir por más de un año de sus reservas financieras si se le terminaran sus ingresos, y 45 por ciento informó que solo subsistiría tres meses.  El Señor ha dicho: …mas si estáis preparados, no temeréis» (D. y C. 38:30).  Supongo que cada uno de nosotros sabemos en que categoría estamos. ¡Qué cosa maravillosa sería si todos estuviéramos preparados!

Nuestra meta para el futuro es estar preparados y perfeccionarnos a nosotros mismos por medio de la obediencia a los mandamientos.  Podemos dar de nuestro tiempo y talentos en servicio a la familia, vecinos, Iglesia y comunidad.  Por medio de los diezmos y de las ofrendas de ayuno generosas, podemos compartir nuestros medios para edificar la Iglesia y ayudar a los pobres y a los necesitados.  El Señor nos ha dado estas instrucciones en la sección 88 de Doctrinas y Convenios:

«Mirad que os améis los unos a los otros; cesad de ser codiciosos; aprended a impartiros el uno al otro como el evangelio lo requiere.  Cesad de ser ociosos; cesad de ser inmundos; cesad de criticaros el uno al otro; cesad de dormir más de lo necesario; acostaos temprano, para que no os fatiguéis; levantaos temprano, para que vuestros cuerpos y vuestras mentes sean vigorizados.

Y sobre todo, vestíos con el vínculo de la caridad, como con un manto, el cual  vínculo es el de la perfección y la paz.

Orad siempre, para que no desmayéis, hasta que yo venga.  He aquí, pues, yo vendré presto, y os tomaré para mí.» (D. y C. 88:123126)

Es mi oración que seamos bendecidos para proporcionar el liderazgo en la Iglesia en todo el mundo, que permita que los miembros estén preparados para ser recibidos por el Señor cuando El venga, y la dejo en el nombre de Jesucristo.  Amén.

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