El Sacerdocio

Conferencia General Abril 1982logo pdf
El sacerdocio
por el presidente Marion G. Romney
Segundo Consejero en la Primera Presidencia

Marion G. RomneyQueridos hermanos, mis estudios me han confirmado que el sacerdocio equivale a poder. En mi discurso de esta noche quisiera que recordásemos la importancia de honrar nuestros llamamientos en el sacerdocio. (D. y C. 84:33.)

Al ser ordenados al sacerdocio, se nos otorga el más grande honor que se puede alcanzar entre los hombres, pero al mismo tiempo contraemos una gran responsabilidad. Por medio de la oración, el estudio y el desempeño fiel de nuestras responsabilidades en este orden, debemos esforzarnos para aprender todo lo que más podamos acerca de ese poder sagrado. Aun cuando no seamos capaces en esta vida mortal de comprender todo su significado, podemos, sin embargo, comprender que el sacerdocio es poder: Poder por medio del cual Dios el Padre da vida y gobierna todas sus creaciones. El presidente Brigham Young dijo:

«El Sacerdocio del Hijo de Dios es . . . la ley por medio de la cual los mundos son, fueron y continuaran siendo para siempre jamás. Es aquel sistema que da vida a los mundos y sus habitantes, les da las revoluciones, los días, las semanas, los meses, los años, las estaciones, y por medio del cual esos mundos se desplegaran como un papiro, tal como era en un comienzo, y todo pasara a un nivel de existencia más elevado»* (Discourses of Brigham Young, Salt Lake City, Deseret Book, 1941, pág. 130.)

Una y otra vez Jesucristo nos demostró el poder del sacerdocio. En el primer milagro que se menciona en las Escrituras, transformó el agua en vino (Juan 2:1-11).

Mateo nos dice que mientras Jesucristo dormía en una barca, se levantó una gran tempestad, tan grande que las olas cubrían la barca. Tan preocupados estaban sus discípulos que lo despertaron y le dijeron:

«¡Señor, sálvanos, que perecemos. . . !

«Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza.

«Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es este, que aun los vientos y el mar le obedecen?» (Mateo 8:25-27.)

En otra oportunidad, Jesús le dio de comer a la multitud con cinco panes y dos pescados.

«Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que sobro de los pedazos, doce cestas llenas.

«Y los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.» (Mateo 14:19, 21.)

Por medio del poder del sacerdocio, Jesucristo devolvió la vista a los ciegos, hizo oír a los sordos, dio fuerzas a los inválidos, y curo toda clase de enfermedades. Devolvió la vida al hijo de la viuda de la ciudad de Naín. (Lucas 7:11-15.)

Incluso, por medio del poder del sacerdocio, tuvo la facultad de resucitar.

El y su Padre emplean el sacerdocio de acuerdo con sus designios y con toda potestad, por ser un poder que se origina en ellos mismos. Cuando Jesús quiso que Lázaro saliera de la tumba, simplemente «clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera! Y el que había muerto salió . . . » (Juan 11:43-44.)

El sacerdocio que los mortales poseemos no es un poder que emana de nosotros, como en el caso de Jesús, sino que nos fue delegado, y por lo tanto, solamente podemos emplearlo dentro de los límites que el Señor ha fijado, bajo las condiciones que Él ha establecido, y en su nombre. Pero podemos hacer muchas de las obras que El hizo si magnificamos plenamente nuestros llamamientos.

El Señor dijo a sus Apóstoles en el último gran discurso que les dirigió luego de la Ultima Cena y antes de ir a Getsemaní:

«Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras.» (Juan 14:11.)

El sacerdocio, como llegue a comprenderlo después de estudiarlo, es poder, Es el poder que Dios utilizo en la Creación; el que usó para darle de comer al pueblo en los días de Moisés. Es un poder que podemos ejercer por medio del Espíritu Santo, si tenemos fe y aprendemos a seguir la inspiración que viene de los cielos. (Véase La doctrina del sacerdocio, en este mismo número.)

Es un poder que podemos utilizar en nuestros llamamientos en la Iglesia, si somos humildes, estudiamos, y somos dignos de poseer el Santo Sacerdocio y de ser guiados por la influencia del Señor en nuestras responsabilidades y en las asignaciones que se nos den. (Véase La doctrina del sacerdocio, en este mismo número.)

Ruego que todos podamos honrar el sacerdocio viviendo el evangelio, a fin de que lo utilicemos para ayudar el progreso de la obra de la Iglesia y perfeccionemos nuestra vida en el camino hacia la eternidad. Lo ruego humildemente, dejándoos mi testimonio, en el nombre de Jesucristo. Amén.

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