El obispo y su deber en el Sacerdocio Aarónico

Conferencia General Octubre 1982

El obispo y su deber en el Sacerdocio Aarónico

C. Frederiek Pingel

por el obispo C. Frederiek Pingel
Obispo del Barrio Beavercreek, Estaca Dayton Este, Ohio


Hermanos, estoy por cierto agradecido por la oportunidad de estar con vosotros esta noche, y se lo agradezco a nuestro Padre Celestial. Ruego que mis palabras puedan servir para la edificación y el fortalecimiento de nuestros varones jóvenes.

Tengo como asignación describir lo que estamos haciendo en mi barrio para activar a los jóvenes del Sacerdocio Aarónico.

Primero, todo barrio necesita una hermana McManaway

Quisiera hablaros sobre la hermana McManaway, presidenta de las Mujeres Jóvenes en mi barrio. Obispos, espero que todos tengáis alguien como esta hermana. El día en que ella leyó que la responsabilidad más importante del obispo es la juventud del barrio. . . realmente lo creyó. Cuando me lo indicó, le respondí que yo también lo creía. Ella entonces me dijo:

-Pues no lo parece.

-¿Qué quiere decir? -le pregunté.

-Obispo -me contestó-, usted nunca hace nada con los jóvenes; no los entrevista; nunca asiste a los ejercicios de apertura; y, mientras tenemos nuestras reuniones, usted se dedica a entrevistar a los adultos.

Un día. esta hermana llamó a la puerta de mi oficina y me dijo:

-Mire, obispo, tengo un libro para usted. No tiene que leerlo todo, sólo las partes que le he subrayado.

El autor del libro era el élder Vaughn Featherstone, y su titulo, La generación de la excelencia.

Primeramente, leí las partes subrayadas y luego lo leí todo. Aquel libro hizo un gran impacto en mi y le estoy agradecido al élder Featherstone por haber dedicado tiempo a escribirlo; pero igualmente agradecido estoy a la hermana McManaway por tener un interés tan grande en la juventud, interés que le dio el valor para decirme: «Obispo, usted necesita leer este libro».

Había otra hermana ya de cierta edad, de quien fui maestro orientador en un tiempo, que tenia la franqueza de decir llanamente lo que pensaba. Una noche le dije que la quería mucho y que ella era muy importante para mí; su respuesta, franca como siempre, me dejo aplastado: «Hablar no cuesta nada». Quizás, al atender las necesidades de los jóvenes de mi barrio, también yo haya sido culpable de utilizar sólo palabras que «no cuestan nada».

Segundo, el comité ejecutivo del sacerdocio y la Sociedad de Socorro.

A medida que nosotros, como obispado, hemos enfocado mas la atención en los jóvenes, han aumentado las responsabilidades y la esfera de acción del comité ejecutivo del sacerdocio y de la Sociedad de Socorro; en particular, las del presidente del quórum de élderes. En la misma forma en que todo barrio necesita una hermana McManaway, también necesita que los hermanos de dicho comité acepten las responsabilidades que, después de todo, tienen por revelación. Sin la ayuda de estos hermanos, el obispado no podría considerar primero a la juventud por orden de prioridad.

Tercero, el programa para los jóvenes tiene que contar con gente de primera calidad.

He oído decir que lo primero que debe hacer el obispo al organizar un barrio es elegir al hombre mejor y darle el cargo de maestro scout. Nuestro maestro scout es un ex obispo; el presidente de los Hombres Jóvenes fue miembro del sumo consejo; todos nuestros lideres en el programa de los Hombres Jóvenes han sido misioneros, y todos tienen la recomendación para el templo. Hermanos, no sacrifiquéis este programa; no podría deciros que podéis sacrificar, pero no lo hagáis con el programa de los jóvenes. Poned vuestra mejor gente al servicio de la juventud, sujetándoos siempre a la aprobación del Señor.

Cuarto, la Primaria

Por favor, no paséis por alto la Primaria. Seleccionad a los líderes de los Lobatos y Marcadores con el mismo cuidado e interés con que lo hacéis para la organización de los Hombres Jóvenes.

Al cumplir los doce años, los jovencitos ya han tenido en la Primaria una introducción al sacerdocio; mediante el programa de los Lobatos se ha establecido una base firme para el programa Scout, y, al tener once años, estos niños ya han hecho considerables progresos en él.

Quinto, el rango de Aguila scout. * (*Aguila  El rango mas alto del programa scout en los Estados Unidos.)

No hay nada como tener un poco de éxito para lograr mas éxito. En nuestro barrio, el programa para los Aguilas data de la época en que el barrio fue organizado, y el haberlo «heredado» es algo por lo cual me siento agradecido.

El ver a los maestros y presbíteros esforzándose todavía para lograr su rango de Aguila es muy satisfactorio. Uno de mis primeros ayudantes en el quórum lo consiguió poco antes de cumplir los dieciocho años, (** Edad limite en el programa para los jóvenes.) pero lo principal es que lo consiguió; y fue maravilloso. Me encanta rodearlos con mis brazos en la corte de honor . . . y abochornarlos un poquito diciéndoles lo maravillosos que son. Esa es una oportunidad en que oyen lo que les digo.

Sexto, ser misionero, un paso tradicional

La lista de nombres de los jóvenes que participan en el programa Scout y la de los misioneros es casi siempre la misma. Hay excepciones, como los casos de dos jóvenes de nuestro barrio que se convirtieron a la Iglesia hace menos de 18 meses, y ambos son misioneros regulares. El espíritu del servicio misional puede ayudar a fortalecer mucho los programas para los jóvenes.

Séptimo, la responsabilidad.

Es importante que los lideres de los jóvenes tengan la oportunidad de dar un informe de sus responsabilidades. Las entrevistas personales del sacerdocio generalmente las hace el miembro del obispado que se encarga de esa clase o quórum; pero cada tres meses me gusta sentarme con los presidentes de los quórumes y repasar con ellos sus responsabilidades. Esto me da la oportunidad de saber lo que hacen y al mismo tiempo, alentarlos, fortalecerlos y capacitarlos. También hago el llamamiento a los presidentes y me encargo de apartarlos cuando llega el momento.

Octavo, las entrevistas.

Uno de los grandes medios que tiene el obispo de conocer a sus jóvenes es la entrevista; los jovencitos deben tener dos buenas entrevistas por año, una con el obispo y la otra con el miembro del obispado encargado de su grupo en particular. Cada una de estas es importante y en ellas pueden hablar de sus metas y su progreso; también puede el joven recibir entonces el consejo que necesite.

No vaciléis en llamar a los inactivos. Yo he recibido agradables sorpresas en estas entrevistas; en realidad, en varios casos la entrevista ha sido el primer paso importante hacia la reactivación.

Noveno el seminario.

Estoy convencido de que las clases de seminario son el instrumento más eficaz para darle al joven un testimonio de que Jesús es el Cristo. Cuando Mike (Se refiere a Michael Nicholas.) venga a hablaros -y quiero que sepas, el joven que hablo después de él y que es de su barrio. (Véase el discurso que aparece a continuación.)

Mike, que estoy muy orgulloso de ti y que disfruto mucho trabajando contigo en el barrio-, el os dirá cual es la clave de la reactivación. Esa clave esta en que uno que tiene el espíritu de amor, interés, paciencia-a menudo, macha paciencia-, ablanda el corazón de otro que esta pasando dificultades.

Hay muchos recursos que se pueden usar junto con esta gran clave para la reactivación, y hemos hablado de varios esta noche. Pero ninguno de ellos en si puede reemplazar a la clave. Hemos tenido hermosas actividades, como el paseo en bicicleta desde Kirtland hasta Dayton, en el cual siguieron el curso que llevaron los santos en 1834 cuando se mudaron de Kirtland al condado de Jackson. Todas las noches los muchachos oían historias sacadas de los diarios de los santos. Después de pedalear unos 80 kilómetros por día, tenían una mejor comprensión del sacrificio que aquellos hicieron.

Esta experiencia dio lugar a una gran evolución en ellos. Reconocieron la importancia del esfuerzo unido y sus testimonios se fortalecieron; pero lo principal de este viaje fue la total participación de varios jóvenes del quórum que antes habían permanecido en la periferia de la actividad.

También hemos hecho algunas cosas desusadas. Teníamos en el quórum dos presbíteros que no parecían sobreponerse a la atracción de la cama los domingos por la mañana, y casi nunca asistían a la reunión. Al fin decidimos que si ellos no iban a las reuniones del sacerdocio, nosotros les llevaríamos la reunión del sacerdocio a ellos. Después de determinar a cual de los dos visitaríamos primero, salimos de la capilla y fuimos a su casa. Yo estaba realmente preocupado por el recibimiento que tendríamos de parte del padre, al vernos a todos en su casa a las ocho de la mañana; es mas, mientras esperábamos en la puerta, pensaba que hubiera sido mucho más sabio si lo hubiese llamado la noche anterior para decirle lo que pensábamos hacer. El padre nos abrió la puerta y le explicamos lo que nos proponíamos hacer. Hermanos, aquel hombre no podía haberse mostrado más amable. Después de subir las escaleras hasta el cuarto que él nos indicó, nos encontramos a nuestro joven durmiendo plácidamente. Nunca olvidare lo sorprendido que se quedo al despertarse y vernos a todos alrededor de su cama. Os diré que tuvimos una hermosa reunión en la cual tratamos los asuntos del quórum, dimos una lección y terminamos con algunas ideas sobre la reactivación. Llegamos a la conclusión de que habíamos dado en el clavo con una técnica de activación bastante eficaz, v tomamos la decisión de utilizarla con el otro joven a la semana siguiente. Pero durante esa semana se corrió la voz sobre lo que íbamos a hacer y el domingo, por primera vez desde que yo era obispo, tuvimos un cien por ciento de asistencia en nuestra reunión de sacerdocio. Hoy puedo deciros que uno de aquellos jóvenes esta ya sirviendo en una misión, y el otro se esta preparando para hacerlo muy pronto.

¿Recordáis lo que me dijo aquella hermana a quien visitaba como maestro orientador de que «hablar no cuesta nada»? Bueno, hermanos, no recurráis a las palabras, gratuitas y vacías, con vuestros jóvenes. Participad con ellos, activadlos, estableced con ellos una relación personal e individual. Esta es una gran clave para la activación. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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