La adoración por medio de la música

Conferencia General Octubre 1982

La adoración por medio de la música

Franklin D. Richards

por el élder Franklin D. Richards
de la Presidencia del Primer Quórum de los Setenta


Mis amados hermanos y hermanas, al igual que vosotros me regocijo por el espíritu de esta gran conferencia y oro para poder recibir la guía del Espíritu Santo.

De acuerdo con las Escrituras, después que el Salvador instituyó el sacramento de la Santa Cena con los Apóstoles, y luego que «hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos» (Mateo 26:30). Este pasaje pone en evidencia el hecho de que cantar himnos era parte de los servicios religiosos de aquel tiempo.

Hoy, una de las partes mas importantes de nuestros servicios de adoración es el canto de los himnos por la congregación, además de la bella música que nos brindan los coros.

Al empezar cada una de nuestras reuniones religiosas con un himno y una oración, queda establecido el espíritu de devoción y se percibe un maravilloso sentimiento de hermandad. En esta ocasión me gustaría destacar la importancia y el valor de participar en el canto de la congregación.

Los Santos de los Ultimos Días cantamos en nuestros himnos alabanzas al Señor, le suplicamos, y recitamos grandes verdades religiosas que son cual sermones; en consecuencia, se elevan y se alimentan nuestra mente y espíritu.

El presidente Heber J. Grant, al hablar al respecto, dijo lo siguiente:

«Ningún cantante u organización coral de la Iglesia debe entonar nunca una composición musical a menos que las palabras estén en armonía con las verdades del evangelio y el que canta pueda expresarlas desde lo mas intimo de su ser. En otras palabras, nuestros himnos deben ser, en verdad, oraciones para el Señor.» (Improvement Era, julio de 1912 págs. 786-787.)

El presidente Spencer W. Kimball, al referirse al canto de los himnos, dijo lo siguiente:

«Algunos de los mas grandes sermones que se han predicado se han expresado por medio del canto de un himno. Hay muchos himnos maravillosos . . . Si, cantadlos del principio al fin.» (Conferencia de área en Nueva Zelanda, Conference Report, feb. de 1976, pág. 27.)

En julio de 1830, apenas tres meses después de la organización de la Iglesia, Emma Smith recibió una revelación del Señor por medio de su esposo, el profeta José Smith, en la cual El declaraba:

«Porque mi alma se deleita en el canto del corazón; si, la canción de los justos es una oración para mi, y será contestada con una bendición sobre su cabeza.» (D. y C. 25:12.)

Por medio de esta revelación Emma Smith recibió la responsabilidad de recopilar un himnario para el uso de la Iglesia. Se designó al hermano W. W. Phelps, uno de los mas grandes escritores de himnos de esta dispensación, para que ayudara e hiciera los arreglos de la impresión. Se recopilaron noventa himnos, y en 1835 se publicó la primera edición.

Para ilustrar la doctrina, las profecías y gran inspiración que contienen nuestros himnos, permitidme citar algunos.

«Yo sé que vive mi Señor». Este himno se seleccionó como uno de los noventa del primer himnario; la letra la compuso Samuel Medley. En el cantamos:

Yo sé que vive mi Señor,
consuelo es poder saber,
que vive aunque muerto fue,
y siempre su amor tendré.
que vive para bendecir;
y ante Dios por mi pedir;
que vive el sostén a dar,
y a mi alma alentar.
cuan grato es oír sonar:
yo se que vive mi señor
(Himnos, 170.)

Al comentarlo, Spencer Cornwall escribió algo totalmente cierto:

«Escuchar este hermoso himno entonado por una congregación de fieles Santos de los Ultimos Días es un bautismo espiritual.» (Stories of Our Mormon Hymns, Salt Lake City: Deseret Books Co., 1968, pág. 108.)

¡Que gran verdad! Este es uno de nuestros cánticos mas populares en el cual expresamos las gracias por el sacrificio expiatorio de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

«Loor al Profeta» (Himnos, 190). Es una de las composiciones inspiradas del hermano Phelps y un magnífico tributo al profeta José Smith.

Este bello himno no s610 incorpora los elementos de regocijo y profecía, sino que también contiene doctrina básica tal como lo pone en evidencia la afirmación: «Por sacrificios se dan bendiciones». La ley del sacrificio es una parta importante del Evangelio de Jesucristo, que contribuye a la edificación de la fe, el amor, y muchas otras virtudes.

En la misma estrofa también cantamos, junto con la doctrina del sacrificio, la declaración profética: «El conocido por miles será». En el tiempo en que el hermano Phelps escribió el himno, sólo había un puñado de miembros de la Iglesia; hoy se cuentan por millones los que saben que José Smith fue y es un Profeta de Dios, y, sin duda alguna, millones mas obtendrán tal testimonio. En verdad, me estremezco de emoción cada vez que canto este magnífico himno.

«Te damos, Señor nuestras gracias» (Himnos, 178). Las palabras de este himno fueron escritas por William Fowler, y se publicó en 1863; básicamente reconoce nuestra gratitud al Padre Celestial por haber restaurado el evangelio en su plenitud y por haber establecido su Iglesia con profetas para guiarnos en estos últimos días. Esta preciosa composición es una de las mas populares que las congregaciones de santos cantan al reunirse en muchas partes del mundo.

«¡Oh, esta todo bien!». Lo compuso William Clayton el 15 de abril de 1846. En una antigua edición de la Revista de la Sociedad de Socorro, se cuenta el siguiente relato en cuanto al origen:

«El presidente Brigham Young, sintiéndose sumamente angustiado debido a que había descontento en la caravana de santos, llamó al élder William Clayton y le dijo: ‘Hermano Clayton, quiero que escriba un himno que los miembros puedan cantar frente a sus fogatas por la noche; algo que les de aliento y fortaleza, y les ayude a vencer los problemas y las pruebas del camino’. El élder Clayton se retiró del campamento y al cabo de dos horas regresó con el himno titulado ‘¡Oh, esta todo bien!’ Su testimonio personal en cuanto a esto es que ‘fue escrito contando con el poder y la inspiración del Señor’.» (Enero de 1921, pág. 58.)

En este himno cantamos:

¿Por qué decís es dura la porción?
Es error; no temáis.
¿Por qué pensáis ganar gran galardón,
si luchar evitáis?
Ceñid los lomos con valor,
Jamás os puede Dios dejar.
Y el refrán ya cantaréis
¡Oh está todo bien!
(Himnos, 214.)

Muchos relatos conmovedores se han contado con referencia a como esta sensible suplica conmovió el corazón de muchos santos y los llenó de animo y consuelo.

En una misión de los estados del Sur, en los Estados Unidos, una jovencita iba de camino a su casa con una amiga y comenzó a tararear la música de este himno. Su amiga le dijo: «¡Oye, que melodía tan bonita! ¿Qué es?» La joven le contó de que se trataba, y fijó un día para llevarla a una reunión de la Iglesia. Después de asistir algunas veces, la amiga hizo los arreglos para que los misioneros le enseñaran a su familia. La familia entera se bautizo y se encuentran felices contribuyendo a la edificación del reino.

Este excelente himno verdaderamente resume la gran fe y el valor de nuestros pioneros, y hoy es promotor de la fe y el valor en la generación actual, a medida que llevamos a cabo la obra pionera de esta época.

Oh mi Padre. Lo escribió Eliza R. Snow en Nauvoo, en 1843, v es otro de los grandes himnos de los santos. En el se describe nuestra vida en la preexistencia con el Padre y la Madre de nuestros espíritus. Posteriormente, en la ultima estrofa, cantamos:

Cuando yo me desvanezca,
Cuando salga del mortal,
Padre, Madre ¿puedo veros
En la corte celestial?
Si, después que ya acabe
Cuanto haya que hacer;
Dadme vuestra santa venia
Con vosotros a morar.
(Himnos 208.)

Este himno en verdad expone el gran drama de la vida eterna, de acuerdo con lo revelado por el Evangelio restaurado de Jesucristo. Al cantar sus maravillosas palabras, comprendemos mejor la real paternidad de Dios, nuestro Padre Eterno.

«El Espíritu de Dios.» También lo compuso el hermano W. W. Phelps y se publicó en el primer himnario de los santos.

El impacto emocional y la fuerza espiritual que este himno genera al cantarse quedó de manifiesto en el punto cumbre de la reunión para la dedicación del Templo de Kirtland, el 27 de marzo de 1836.

Tengo entendido que este himno se ha venido cantando en la reunión para la dedicación de cada uno de los templos que se han construido después del de Kirtland. Por supuesto, también se ha cantado en la dedicación de capillas de barrios y estacas.

Su letra anuncia la restauración del evangelio, la apertura del velo, sobre la tierra, y la visitación de ángeles a este mundo. El coro es una exclamación de gran gozo:

Cantemos, gritemos con huestes del cielo,
¡Hosanna, hosanna al Dios de Belén!
A él sea dado, poder y dominio,
De hoy para siempre, ¡Amén   y amén!
(Himnos 128)

El magnifico Coro del Tabernáculo v el Coro de la Juventud Mormona han sido por muchos años una inspiración, no solo para los miembros de la Iglesia, sino también para millones de otras personas en sus interpretaciones de este y otros himnos.

Los coros de barrios y estacas también desempeñan una función importante en nuestros servicios de adoración; forman parte de ellos miles de miembros que reciben gran gozo v progreso espiritual con su participación.

De nuevo me gustaría destacar el valor y la importancia de cantar con la congregación. Al ver miembros que no cantan en nuestras reuniones de adoración, a menudo me pregunto si se estarán perdiendo una maravillosa experiencia inspiradora.

Al cantar los mensajes inspirados que se encuentran en nuestros himnos, se ha fortalecido mi testimonio de Dios como Padre de nuestros espíritus y de la divinidad de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Nuestros himnos también dan testimonio de que Dios el Padre y su Hijo Jesucristo en verdad se aparecieron al profeta José Smith, y que el era y es un gran Profeta por medio del cual se restauró el evangelio en su plenitud.

Mi gratitud por nuestro Profeta, Spencer W. Kimball, se intensifica cuando canto, «Te damos, Señor, nuestras gracias». Que el Señor lo siga bendiciendo y lo sostenga.

Al entonar nuestros himnos, seamos conscientes de la belleza e importancia de cada uno de ellos y al hacerlo, nuestros cantos penetraran profundamente nuestra alma, nos ayudaran a tener mas armonía con el Espíritu Santo, y nuestro testimonio se fortalecerá. En el nombre de Jesucristo. Amén

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